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miércoles, 30 de noviembre de 2022

EN ESTO PENSAD - diciembre 2022

 Abraham y Lot
La Necesidad de la Separación
- parte 2
"Te ruego que te apartes de mí" (Gn. 13.9)

Lucas Batalla

 


viene del número anterior
Cuando Abraham inició la separación, Lot vio algo muy atractivo (vv. 10-11). Es interesante que el verso 10 dice que el verdor de la llanura del Jordán le pareció “como la tierra de Egipto”. Entonces, “escogió para sí” (v. 11). No tuvo deferencia para con su tío, sino escogió lo que le parecía lo mejor, pero sin saber que todo eso sería destruido. El creyente que escoge el mundo se equivoca como Lot, porque “el mundo pasa, y sus deseos” (1 Jn. 2.17). “Y se apartaron”. Era necesario para que Abraham recibiera la bendición de Dios. Después de separarse, cada día se alejaron más el uno del otro. Sin la influencia de Abraham, Lot fue de mal en peor.
    Abraham estuvo en el campo, pero Lot fue a las ciudades de la llanura, e iba acercándose a Sodoma (v. 12). ¿En qué tipo de ciudad querían estar Lot y su esposa? El verso 13 la describe así: “Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera”. Lo que entonces había en Sodoma y las ciudades vecinas, está hoy en todo el mundo. Este mundo se ha convertido en Sodoma, un lugar de perversidad que nos da vergüenza y asco. El gobierno de nuestro país legaliza la homosexualidad y el lesbianismo. Quieren borrar la distinción entre los sexos. Las mujeres se visten como hombres, y algunos hombres como mujeres. Pero aunque los gobiernos legalicen el pecado y la perversión, Dios nunca los legaliza. Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres. Dios tiene unas normas y hay que respetarlas. Por ejemplo, las mujeres no deben llevar pantalones y cortar el pelo como los hombres. Dicen que es la moda, pero eso no importa, sino la voluntad de Dios. En la iglesia debemos vestirnos como santos, no como mundanos. Hace años que me sorprendí en un campamento “cristiano”, cuando algunas mujeres vinieron al estudio en bikini. Les protesté, pero no les pareció bien ni a ellas ni a los varones, y poco después yo y mi esposa abandonamos ese lugar. No debemos imitar a Lot, el hombre que no se separó sino se integró, y perdió la santidad y su testimonio.
    Hay quienes desean imponer los valores del mundo en las iglesias, y muchas, incluso asambleas de hermanos, han copiado esas modas y valores. Pero eso digo, hermanos, que hay que resistir, porque no debemos meternos en ese molde (Ro. 12.1-2). Seamos santos y piadosos, y esto incluya nuestra forma de vestir y hablar. 2 Corintios 6.14-7.1 enseña y enfatiza la necesidad de practicar la separación. No hay comunión entre lo santo y lo mundano. Aunque le dolió a Abraham separarse de Lot, era para su salud y bienestar espiritual. Leemos que “después que Lot se apartó de él”, Dios habló con Abraham (v. 14). Le dijo que alzara los ojos, no como Lot, sino para mirar a los cuatro puntos cardinales y ver toda la tierra. Confirmó Su promesa: “toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (v. 15). Es unilateral, por lo que no puede ser invalidada por Israel. Es soberana, pues no depende de las naciones unidas ni otros. Y tampoco tiene fecha de caducidad, pues es “para siempre”. Lo que Lot escogió fue quemado y desapareció para siempre. Lo que Dios dio a Abraham será suyo eternamente, con gran bendición.  De eso aprendemos que Dios da lo mejor a los que no escogen para sí, como Lot, sino permitan que Dios escoja. Esto afecta todo área de nuestra vida. Dejemos a Dios dirigir nuestras vidas.
    Aunque la separación era necesaria, Abraham seguía amando a Lot. Cuando oyó que Lot había sido llevado cautivo (Gn. 14.12-16), armó a los de su casa y salió para atacar al enemigo y librar a su pariente. Arriesgó la vida por él, pero no volvieron a vivir juntos.
    El verso 18 relata que Abraham fue en sentido opuesto a Lot. Es otro resultado de la separación. Con el tiempo hay más distanciamiento. Se acercó a Hebrón, pero no moró en la ciudad sino en el campo, en el encinar de Mamre, y ahí edificó otro altar a Jehová.
    Hermanos, no estamos practicando debidamente hoy la línea divisora. Es bueno ser cortés y amable, pero no podemos andar con todos. No hay que esperar que se cansen y se vayan los que tienen otra línea de doctrina y práctica. Esas tensiones y conflictos pueden arruinar a una familia o iglesia, como las corrientes del mar que destruyeron la nave que llevaba a Pablo. “Pero dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría con la violencia del mar” (Hch. 27.41).
    Recordemos la pregunta de Amós 3.3, “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” Aunque nos duela, y aunque nos quedemos solos, tomemos la iniciativa y digamos: “te ruego que te apartes de mí”. La vida cristiana es una senda difícil, y ¿por qué no decirlo, de pocos amigos? Recordemos que es mejor estar solo que mal acompañado.
    Como aprendió Abraham, gran amigo es Dios de los que esperan en Él. Cuando se quedaron solos, Dios habló con Abraham para confirmar Sus promesas. Es como si dijera: “Hiciste bien. No te preocupes, yo soy tu amigo fiel”. Y Abraham tiene el apodo “Reuel” en hebreo (amigo de Dios), o “al Kalil” en árabe (el amigo). Es recordado con honor como amigo de Dios (véanse 2 Cr. 20.7; Is. 41.8; Stg. 2.23). Él escogió bien, y ahora queda preguntar si escogeremos como él.

de un estudio de Lucas Batalla   10 julio 2022

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El Cuerpo y la Piedad Práctica

Romanos 6.13 exhorta: "...presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia". Esta palabra "miembros" se refiere a nuestro cuerpo, a todas sus partes. Debe ser presentado a Dios en sacrificio vivo (Ro. 12.1-2). Solo así podemos comprobar la buena voluntad de Dios.
 

La boca:
David declaró: "He resuelto que mi boca no haga transgresión" (Sal. 17.3). ¿Podríamos decir lo mismo? Proverbios 4.24 aconseja a los hijos: "Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de los labios". Un refrán aconseja: "Si no tienes nada bueno que decir, mejor no hablar". Hermanos, presentemos nuestra boca a Dios para servirle. Debemos usarla para adorar, alabar, interceder y testificar.
 

Los ojos:
Job declaró: "Hice pacto con mis ojos; ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?" (Job 31.1). El mundo invita cada día a pecar con los ojos, mirando lo que no debemos. Digamos con el salmista: "No pondré delante de mis ojos cosa injusta" (Sal. 101.3). Pongamos este texto en nuestro corazón, y también sería bueno pegarlo a la pantalla de cualquier aparato que usamos para conectarnos al internet. Si realmente oramos así: "Aparta mis ojos, que no vean la vanidad" (Sal. 119.37), ¿no es cierto que debemos quitar de casa el televisor? Presentemos nuestros ojos a Dios para servirle. "Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley" (Sal. 119.18). ¡No están en la tele!
    Y así por el estilo, debemos presentar cada miembro de nuestro cuerpo al Señor, en sacrificio vivo (Ro. 12.1).
 

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Nuestro Tema Único En La Cena del Señor

Hermanos, la Cena del Señor no es una reunión libre donde se puede hablar de cualquier tema. A algunos les cuesta aprender esta sencilla verdad. No es tiempo para enseñanza, exhortaciones, reportajes de ministerio, motivos de oración, testimonio personal, etc. Tenemos un solo tema: El Señor Jesucristo. ¿Cómo sabemos esto? Porque Él mandó: "Haced esto en memoria de mí". No solo hacemos memoria al tomar de los símbolos, sino en todo lo que cantamos, oramos y decimos durante la Cena del Señor.
    Si pido un himno de evangelización, o sobre la oración o la consagración, no estoy haciendo memoria de Cristo. Si enseño un texto o exhorto, no hago memoria de Él sino me desvío, y desvío las mentes de los demás. Cristo, Su Persona y obra, debe ser mi tema. Mis palabras deben dirigirse a Él, en oración, con gratitud, adorando, expresando cómo le aprecio. Alguien dijo que la adoración es la ocupación entera con la Persona de Cristo.

“Éste es mi Hijo amado...”  (Mr. 9.7)

    Parecido a Pedro en aquel momento, parece que algunos no saben lo que hablan en la Cena del Señor. En el monte de la transfiguración, Pedro debía enfocar toda su atención en la gloriosa Persona del Señor en cuya presencia estaban. Y nosotros, en la Cena del Señor debemos enfocar toda nuestra atención en nuestro Señor, y hablar solo del Señor, no de otras cosas. Él está entre nosotros, y los símbolos de Su pasión están en la mesa para guiar nuestros pensamientos. Sean todas nuestras palabras solamente de adoración, gratitud y alabanza, es decir, NO de enseñanza, testimonio, exhortación ni motivos de oración. Como en Apocalipsis 5, no hay otro tema sino Cristo, el Cordero de Dios, y Su obra redentora. “Digno es el Cordero que fue inmolado”.
“Haced esto en memoria de mí”
(1 Co. 11.24-25)

    Esta sencilla frase no habla solo del acto de participar de los símbolos, sino de toda la Cena del Señor, pues todo debe hacerse en memoria de Él. “En memoria” significa “trayendo a la mente, recordando”. Es una disciplina espiritual y mental que a veces parece que nos cuesta practicar. Desde el comienzo hasta el final de la Cena del Señor, no debe haber palabras sino las que hacen memoria de Él. Los himnos que cantamos deben centrarse en Él, Su Persona y obra redentora. Las oraciones, y las Escrituras leídas deben traer a Cristo a nuestra mente – no deben ser para exhortar o enseñar. ¡Es Su hora! Hay otras reuniones para enseñar, exhortar y testificar. Ésta es para hacer memoria de Él.
continuará, d.v.

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 ¡Escoge lo Mejor!



Pr. 21:9  "Mejor es vivir en un rincón del terrado que con una mujer rencillosa en casa espaciosa".
    "Rencilla: Cuestión o riña que da lugar a un estado de hostilidad entre dos o más personas" (R.A.E.). Reñir es reprender, contender o corregir con rigor o amenaza, disputar, altercar. La mujer rencillosa procede así en su matrimonio y familia, y arruina su casa. Estar sólo es mejor que estar mal acompañado.

Pr. 21:19  "Mejor es morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda".
    La repetición de esta expresión en Proverbios es para dar énfasis al tema. Además de su actitud agresiva y pendenciera, y su lengua suelta y aguda, esta mujer es dada a la ira, el enojo, los enfados y el mal humor. Aun el desierto es preferible que una morada con una mujer así. Antes de entrar en noviazgo, es aconsejable observar y conocer el carácter de la persona, porque si es mala, por hermosa que sea la fachada, sería una tortura vivir con ella.
    ¿Qué carácter demanda Dios de las mujeres que profesan piedad? Afable y apacible (1 P. 3.4). Prudente, casta, sumisa, respetuosa (Tit. 2.5; 1 P. 3.2). Las madres cristianas deben enseñar esto a sus hijas mediante su ejemplo y sus consejos.

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  ¿Qué Son los Libros Apócrifos?


La palabra "apócrifo" viene del griego y significa escondido o oculto. Los libros apócrifos aparecen en las Biblias católicas. ¿Por qué? Brevemente, en el siglo XVI la Iglesia Católica Romana, en su controversia con los protestantes, cambió la Biblia, al añadir siete libros al Antiguo Testamento. Esos libros nunca estuvieron en la Biblia hebrea. Pero ahora, los católicos dicen que los "protestantes" cambiaron la Biblia. En realidad usamos la misma Biblia que siempre, la que antes usaban los católicos, pero Roma la cambió después de quince siglos. Y ahora, tristemente, las sociedades bíblicas colaboran con Roma y aceptan fondos para imprimir Biblias "interconfesionales", que quiere decir, católicas, que contienen esos libros.
    El asunto es importante, porque Dios nos manda no añadir a Sus palabras. Proverbios 30.6 dice: "No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso". Domingo Fernández nos informa acerca de esos libros espurios, en su obra: "Los Libros Apócrifos: Una Biblia Adulterada".  proximamente disponible de Libros Berea

¿Treinta y nueve o cuarenta y seis libros?

    En lo que se refiere al Nuevo Testamento no hay diferencia ninguna entre las versiones católicas y evangélicas. Pero en el Antiguo Testamento sí hay diferencia. Hasta ahora el Antiguo Testamento en las versiones evangélicas se componía de 39 libros. El Antiguo Testamento de las versiones católicas se compone de 46 libros; y varios capítulos añadidos a los libros de Ester y Daniel. Los siete libros añadidos son:

     Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 

     Primero y Segundo de Macabeos.

¿Por qué se les llama Apócrifos?

    El primero en calificarlos de apócrifos fue San Jerónimo, traductor de la Vulgata Latina. Dice un autor católico:

“el nombre apócrifos se aplica entre los católicos a escritos de carácter religioso no incluidos en el canon de la Escritura que, si bien no son inspirados, pretendieron tener origen divino o fueron algún tiempo considerados como sagrados”. (Verbum Dei, tomo 1, pág. 299.) 

La palabra “apócrifo” viene a ser sinónimo de falso. Los evangélicos nunca hemos aceptado los Libros Apócrifos como inspirados por Dios.

Los Libros Apócrifos nunca estuvieron en el canon

    Los libros inspirados que componen el Antiguo Testamento fueron escritos en hebreo, por profetas hebreos y dirigidos al pueblo hebreo. El apóstol Pablo afirma, bajo inspiración divina, que la Ley de Dios fue promulgada para el pueblo israelita (Ro. 9.4). Y que Dios encomendó al mencionado pueblo el cuidado o preservación de las Sagradas Escrituras (Ro. 3.1-2). Dice el autor católico M. Chasles lo siguiente:

“Para el pueblo judío fue escrito primeramente el Antiguo Testamento. Él lo recibió en depósito. Las Escrituras nos han sido transmitidas por Israel, y con ese espíritu escrupuloso que ha asegurado la conservación de las costumbres hebreas” (Qué es La Biblia, pág. 33). 

La confesión o declaración de este autor católico es de capital importancia en relación con el tema que estamos considerando.
    Esos llamados Libros Apócrifos no fueron escritos en hebreo, ni por profetas hebreos inspirados por Dios. Nunca formaron parte del Antiguo Testamento hebreo. Cuando los mencionados libros entraron a formar parte de la versión griega de la Biblia, los israelitas convocaron un concilio que se reunió en Jamnia, con el propósito de considerar la naturaleza de los libros agregados a la versión griega. Para determinar si un libro es o no inspirado, aquel Concilio estableció las bases siguientes:

    a) El libro debe estar de acuerdo con la Ley de Moisés.
    b) Debe haberse originado en Israel.
    c) Debe haber sido escrito en hebreo.
    d) Debe haberse escrito antes de la muerte de Esdras.

    Como los mencionados libros no llenaban los requisitos establecidos por el Concilio, éste determinó que no tenían derecho a formar parte del conjunto de libros inspirados por Dios. Los hebreos siempre han creído que fue Esdras quien fijó, bajo inspiración divina, el canon o catálogo de los libros inspirados del Antiguo Testamento. Y, en términos generales, se puede decir que los Libros Apócrifos fueron escritos entre el año 150 antes de Cristo y el año cien de la era cristiana. Por lo menos dos siglos después de la muerte de Esdras.
    El autor católico M. Chasles dice: “Siete libros del Antiguo Testamento (católico) no fueron admitidos en el número de las Escrituras por los doctores de la Ley en Jerusalén. En la época de Jesucristo y de los apóstoles, Jerusalén tenía su Biblia hebrea, treinta y nueve libros”. Los traductores de la versión griega comentan: “tradujeron del hebreo los 39 libros que componen la Biblia hebrea de Jerusalén, y luego agregaron otros siete libros de los que sólo tenían el original griego” (Qué es La Biblia, pág. 27 y 29).

    Esta sincera, franca y veraz declaración de un católico sitúa a los Libros Apócrifos fuera del catálogo de los libros inspirados. Fueron “agregados” por quienes no tenían autoridad para agregar.
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    Pero, amado lector, todo eso no debe quedarse como un mero tema intelectual. Tenemos la Biblia sin añadiduras, y es digna de nuestra fe. La bendición no está en tenerla, sino en leerla, conocerla, creer y obedecerla. Ése es el camino de la bendición (Stg. 1.22).

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 LOS HIJOS: ¿Alegría o Alboroto?

Hace poco, orando en casa, nuestro hijito de cuatro años dijo: “Señor, ayúdame a mirar Tus ojos y hacer lo que Tú dices”. Qué forma más sencilla de expresar la idea del Salmo 32, versículos 8 y 9: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y freno”. Así quisiéramos responder nosotros como padres a Dios; no como el mulo, carente de entendimiento, que ha de ser llevado de un lado para otro, sino con un corazón sumiso que ya resolvió obedecer, y sólo espera ser guiado por el ojo de su Señor. En oración pedimos esta calidad de obediencia para nosotros y para nuestros hijos.
    Toda victoria que Dios nos ha dado en nuestra experiencia surgió cuando, agotados nuestros recursos, reconocimos nuestra derrota personal. Sólo entonces tomó Él las riendas para realizar Su obra en nosotros. Es con nuestros hijos, más que nada, que nos vemos obligados a depender totalmente del Señor.

Educar Es Más Que Enseñar


    En Proverbios 22:6 Dios ordena y promete: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartar de él”. La palabra “instruye” en este pasaje debería traducirse “educa” porque en el original implica mucho más que la mera enseñanza del niño. Muchos de nosotros enseñamos el camino correcto a nuestros hijos, pero no los educamos para seguir ese camino. Al niño se le puede educar a obedecer voluntariamente a sus padres y a confiar en ellos.
    El diccionario da la siguiente definición: Educar es “desarrollar el vigor físico y la inteligencia; dirigir la voluntad”. Esto es lo que Dios quiere que hagamos con nuestros hijos.

Todos Los Padres Educan A Sus Hijos

    Consciente o inconsciedntemente, todos nosotros estamos educando a nuestros hijos. Cuando le pedimos a nuestro hijo que haga algo, y no lo hace, le estamos educando a esperar hasta oír la orden dos veces antes de obedecer, o hasta que levantemos la voz, o hasta que le amenacemos. Le podemos educar a obedecer inmediatamente después de pedirle algo una sola vez y en un tono de voz normal. La clave está en la educación.
    El niño a quien sólo se le ha enseñando “el camino a seguir”, puede oír otras enseñanzas y apartarse del camino. Pero, la promea al padre que educa a su hijo es: “CUANDO FUERE VIEJO NO SE APARTARÁ DE ÉL”.
    Vemos dos ejemplos en la Biblia. Uno, el de un niño que fue educado en el camino que debía seguir, y otro, el de dos hermanos a quienes solo se les enseñó el camino a seguir pero no se les educó.
    En 1 Samuel 1:11 Ana pidió al Señor un hijo. Su oración era en efecto: “Señor, dame un hijo y te lo dedicaré”. No dijo: “Señor, si me das un hijo haré todo lo que pueda para enseñarle que Te sirva, y si él quiere, si no se opone, lo llevaré al templo para que Te sirva”. No dudó, no por un instante, de que Samuel haría lo que ella decidiera. 1 Samuel 1:27-28 dice: “Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová”. Samuel fue al templo y sirvió y ayudaba de buena gana al sacerdote Elí. En 1 Samuel 3, es evidente que Samuel fue educado para obedecer; cuando era jovencito, se levantó tres veces de su cama para correr hacia Elí y preguntarle qué deseaba. Además, sirvió al Señor durante toda su vida.
    En contraste tenemos a los dos hijos del sacerdote Elí. 1 Samuel 2:12 dice: “los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová”. La Biblia nos dice que los hijos de Elí eran desobedientes e inmorales. Elí sabía lo que sus hijos estaban haciendo y sin duda les había enseñado a hacer el bien. En 1 Samuel 2:23-24 Elí los reprende: “Y Elí les dijo, ¿por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo, pues hacéis pecar al pueblo de Jehová”. Pero solo reprender no es educar.
    Elí descuidó [aparentemente] la educación de sus hijos: “ellos no oyeron la voz de su padre”. Y Jehová quitó el privilegio de ser sacerdotes a las generaciones subsiguientes de Elí. En 1 Samuel 3:13 dice: “Y le mostraré que yo juzgaré a su casa para siempre, por la iniquidad qu él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado”. Elí honró más a sus hijos que a Jehová (1 S. 2:29).
    Elí amaba al Señor, era honesto y sincero, despempeñaba correctamente su puesto sumosacerdotal, pero no educó a sus hijos a obedecer.

por A. Fabrizio y P. Fabrizio

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¿Feliz Cumpleaños?


Así me dijeron en enero, ¡pero yo nací en julio! “Gracias de todos modos”, dije, “pero hoy no es mi cumple”. “¿No? Cuándo es?” respondieron. Cuando supieron la fecha, dijeron, “Bueno, no importa la fecha, felicidades de todos modos”. Parece graciosa la respuesta. Así no dicen: “Oh, nos equivocamos de fecha”.
    Algo similar pasa en la Navidad. Cristo no nació en diciembre, pero les da igual, van a celebrar porque sí. Si alguien pregunta cuándo nació, la respuesta es que no sabemos la fecha. Es seguro que no nació en diciembre porque en los meses de frío, lluvias y nevadas en la zona de Belén, no hay pastores ni ovejas en el campo. Durante octubre empiezan a retirar los rebaños de los campos. Además, los primeros cristianos no celebraron Su nacimiento. No hay fiesta de Navidad en el Nuevo Testamento – los apóstoles no enseñaron a nadie a conmemorar el nacimiento de Cristo. ¡Busca en la Palabra y verás que es así!
    Y si lo pensamos fríamente, sabemos que no es nada especialmente cristiano, pues en todo el mundo millones de personas incrédulas se festejan en Navidad. La fiesta tiene sus orígenes, no en la Biblia, sino en tradiciones paganas – una fiesta de gran desenfreno para celebrar el solsticio de invierno – el comienzo del invierno (en el hemisferio del norte, y en el del sur, el comienzo del verano). Los romanos llamaron esas fiestas: “Saturnalia”, y si te informas sobre ellas, no te va a gustar lo que aprendes.
 
    Al Señor no le interesa eso de Su cumpleaños. Él nació para morir. Claro que estamos agradecidos que naciera. Pero no cabe duda que nuestra redención está basada en Su muerte y resurrección. Por eso, el Señor, la noche que fue entregado, instituyó “La Cena del Señor”, en memoria de Su muerte. Las Escrituras dicen así: “...la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Co. 11.26). Cada primer día de la semana es nuestro privilegio recordar Su muerte expiatoria, y anticipar Su venida.
    Sabemos que el mundo no va a cambiar, porque le gustan sus fiestas. Pero es extraño que un cristiano no cambie sino se aferre a las costumbres paganas. No celebra Halloween, porque reconoce que es pagano, pero ¿por qué no puede reconocer que la Navidad también tiene orígenes paganos? No puede ser "cristianizada". ¿Qué parte tenemos en toda su feria de vanidades? No debemos conformarnos al mundo, sino vivir para agradar al Señor.  
 
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¿Cuánto Dinero Necesitas?

CON EL DINERO PUEDES COMPRAR:
Casa, pero no hogar. Libros, pero no sabiduría.
Lujo, pero no belleza. Diversión, pero no felicidad.
Sexo, pero no amor. Cama, pero no sueño.
Alimento, pero no apetito. Comodidad, pero no paz.
Compañero, pero no amistad. Medicina, pero no salud.
Velas, pero no bendición. Misa, pero no perdón.
Religión, pero no salvación. Nicho, pero no el cielo.

Con dinero puedes impresionar e influir a los hombres, pero no a Dios. El Señor Jesucristo no tuvo nada bueno que decir de los ricos.
 
¡Qué vanidad es el vivir para el dinero! El dinero es el pasaporte universal a todos los lugares menos al cielo. Hay muchas religiones que cobran y recaudan, y ninguna de ellas es de Dios. No podemos comprar el favor de Dios. Sólo Jesucristo da lo que el dinero no puede obtener. Él dijo: "¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?" (Marcos 8:36). ¿Sabes la respuesta a esta pregunta del Señor? La respuesta es: "nada aprovechará", pero algunos no lo creen. Amigo, el dinero puede entretenerte, pero no puede salvarte, ni vale en la eternidad, que es a dónde  vas. "No con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo", dice el apóstol Pedro acerca de la salvación de Dios. Dios no salva a nadie por dinero. Nadie obtiene Su favor a cambio de ofrendas o limosnas. Dios no cobra por la sangre de Su Hijo (1 Pedro 1:18-19), y si cobrara, nadie tendría suficiente para pagar, porque su valor es infinito. ¡Acuérdate de esto la próxima vez que tengas que pagar una misa! El apóstol Pablo dice: "nada hemos traído a este mundo, y sin duda NADA podremos sacar" (1 Timoteo 6:7). Acuérdate de que "nada" es un absoluto. Así la Palabra de Dios advierte a todos los que aman al dinero y las cosas materiales, sean ricos o pobres, caciques o criados. El coche fúnebre no lleva remolque. La muerte es la "igualatoria divina".
    Acerca del dinero, Dios nos aconseja así: "No te afanes por hacerte rico; sé prudente y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo. No comas pan con el avaro, ni codicies sus manjares" (Proverbios 23:4-6).
    En cambio, la Palabra de Dios, y la vida eterna – son para siempre! "Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata" (Salmo 119:72).
 

miércoles, 30 de octubre de 2019

EN ESTO PENSAD -- noviembre 2019


¿QUÉ HERENCIA DEJARÁS?


“El bueno dejará herederos a los hijos de sus hijos”
Proverbios 13:22

    Cuando leemos este versículo, no debemos llegar a la conclusión de que se trata de una herencia financiera. Es mucho más probable que el Espíritu de Dios se refiera a una herencia espiritual. Una persona pudo haber sido educada por padres que eran pobres pero piadosos; esta persona estará eternamente agradecida por la memoria de un padre y una madre que diariamente leían la Biblia, oraban juntos en familia y le criaron en el temor y amonestación del Señor, aunque no le hayan dejado dinero o bienes raíces al morir. La herencia espiritual es la mejor.
    Realmente un hijo o una hija podría arruinarse espiritualmente si heredara una gran cantidad de dinero. La riqueza que llega de repente es intoxicante y pocos son capaces de administrarla con sabiduría. Son pocos los que heredan fortunas y siguen bien para el Señor.
    Otra consideración es que las familias a menudo se rompen por celos y contiendas cuando se reparte una herencia. Es verdad lo que dice el refrán: “donde hay testamento, hay muchos parientes”. Los miembros de familias que han vivido en paz durante muchos años repentinamente se vuelven enemigos por unas cuantas joyas, porcelana o muebles.
    Con mucha frecuencia los padres cristianos dejan su riqueza a hijos inconversos, a parientes que están en religiones falsas o a hijos ingratos, cuando ese dinero podría haberse usado mejor para la difusión del evangelio.
    Algunas veces esta cuestión de dejar dinero a los hijos es una forma velada de egoísmo. Los padres en realidad desean retenerlo para ellos mismos mientras puedan. Saben que la muerte un día lo arrancará de su mano, de modo que siguen la tradición de darlo en herencia a sus hijos.
    Nadie ha legado todavía un testamento que no pueda romperse o disminuirse a causa de impuestos, cuotas y honorarios. Un padre no puede estar seguro de que sus deseos se cumplirán después que haya partido de este mundo.
    Por lo tanto la mejor política es dar generosamente a la obra del Señor mientras estamos todavía vivos. Como reza el dicho: “Da tu ofrenda en vida, porque así sabrás a dónde va”.
    Y la mejor manera de hacer un testamento es decir: “Estando en mis facultades mentales pongo mi dinero a trabajar ya para Dios en esta vida. Dejo a mis hijos la herencia de un trasfondo cristiano, un hogar donde Cristo fue honrado y la Palabra de Dios fue reverenciada. Les encomiendo a Dios y a la Palabra de Su gracia, que es capaz de edificarles y darles una herencia entre los santificados”.
William MacDonald, DE DÍA EN DÍA, Editorial CLIE

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¿Guardas Riquezas?

     En Lucas 12:19 aquel rico habló consigo mismo diciendo: “tienes guardados” – y eso indica que hizo lo contrario de lo que Cristo manda en Mateo 6:19, “No os hagáis tesoros en la tierra”. Hizo tesoro en la tierra. En vez de vivir humildemente y repartir todo lo demás, guardó lo que no necesitaba, y por lo visto era mucho. No pensó en nadie más. Tenía “muchos bienes... guardados para muchos años”. Ése no necesitaba orar pidiendo: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”, porque tenía mucho más de lo que necesitaba, y no vivía dependiente de Dios. Su caso no es el único, pues esto se repite diariamente en nuestros días en todas partes del mundo. 2 Corintios 8:13-15 enseña que Dios permite a algunos tener más para que lo compartan con los que tienen menos, y que “haya igualdad”. Pero la realidad es que no la hay. Los ricos suelen dar de lo que les sobra, y quedarse con la mayor parte, con más de lo que realmente necesitan. De este modo ellos siguen siendo ricos después de dar, y los pobres siguen pobres después de recibir. Los ricos podrían hacer mucho más, pero evidentemente no quieren. No hacen como Cristo que se hizo pobre para enriquecernos a nosotros (2 Co. 8:9), ni como la pobre viuda (Mr. 12:44) que de su pobreza echó todo su sustento. Meditemos en esto porque el Señor sabe no sólo cuánto damos en ofrenda y para ayudar a otros, sino cuánto nos queda después.

Lucas Batalla, de un estudio dado en 2017 sobre el rico insensato de Lucas 12
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  De Vuelta A Los Fundamentos
William MacDonald

     Nosotros enseñamos a nuestros hijos a acumular. Cristo los llama a renunciar a todo lo que poseen (Lc. 14:33).
    Nosotros les enseñamos que ser pobre no es loable. Jesús dijo: "Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios" (Lc. 6:20).
    Nosotros les decimos que se queden en casa y cumplan bien con todo. El Señor les dice: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio" (Mr. 16:15).
    Nosotros los inducimos a asegurar su vida terrenal. El Salvador los exhorta a hacerse tesoros en el cielo (Mt. 6:20).
    Nosotros les proponemos que vivan para dos mundos. Cristo dice que eso no es posible (Lc. 16:13).
    Nosotros les enseñamos a "andar por vista". La Palabra les enseña a "andar por fe" (2 Co. 5:7).
    Hermanos, es hora de que nos replanteemos las ambiciones que tenemos para nuestros hijos a la luz de estos hechos ineludibles:
1. Por todo el mundo, hombres y mujeres sin Cristo se están perdiendo.
2. Los cristianos tenemos lo que ellos necesitan: el evangelio.
3. Si les privamos del pan de la vida, somos culpables de negligencia criminal, de homicidio del alma, en definitiva.
4. No nos pertenecemos. Hemos sido comprados con la sangre del Señor Jesús (1 Co. 6:19-20).
5. No tenemos derecho a vivir de forma egoísta. Debemos vivir para Aquél que murió y resucitó por nosotros.
6. Si pretendemos salvar nuestras vidas, las perdemos. Si las perdemos por Su causa, entonces las hallaremos; la realidad será nuestra.
7. Dentro de cien años, sólo la vida vivida para Cristo tendrá valor.
 
las páginas 19-20 de su libro: Seguir Espejismos o Seguir a Jesús, Llamada de Medianoche 

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Las ruinas de Éfeso
Apocalipsis 2:4-5
"Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido".

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 La Humildad de Cristo

    El orgullo es el padre del pecado. Comenzó en el cielo cuando el apuesto Lucifer procuró destronar a su Creador y Dios. Inflado con su orgullo cayó en la condenacion (1 Ti. 3:6). Cristopher Marlowe dijo que "respiraba orgullo e insolencia, por lo cual Dios lo arrojó del cielo". No queriendo sufrir solo los resultados de su error, incitó a Adán y Eva para que pecasen. De esa forma el orgullo entró en la naturaleza humana, y el triste resultado es que cada uno de nosotros tiene lo suficiente como para hundir toda una flota.
    J. Oswald Sanders dijo que el orgullo es la deificación del yo. "Piensa en forma más elevada de sí mismo de lo que debería. Se atribuye el honor que le pertenece únicamente a Dios".
     Cualquier retrato genuino del Señor Jesús debe revelarle como aquel que es manso y humilde de corazón. La palabra manso contiene la idea de estar quebrantado. Es la palabra que se usa para describir a un caballo joven que ha aceptado el arnés y pacientemente ara. Su cabeza se mueve hacia arriba y abajo, y sus ojos miran derecho hacia adelante.
    Nuestro manso Señor nos invita a llevar Su yugo y aprender de Él. Esto significa una aceptación completa de Su voluntad. Cuando las circunstancias adversas nos sobrevengan podremos decir: "Sí...porque así te agradó".
    Jesucristo fue humilde al nacer en un pesebre, nacimiento que no tomó prestada gloria alguna de este mundo. Fue humilde durante Su vida, sin una pizca de orgullo o arrogancia, ni una fracción de un complejo de superioridad. El ejemplo supremo de Su humildad fue cuando "se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil. 2:8).

"Tú, Salvador, fuiste manso y humilde,
¿Y acaso un gusano como yo,
Débil, pecador e impuro,
Me atrevo a elevar mi cabeza?"
                (H. F. Lyte)

"Él se humilló al pesebre,
E incluso al madero del Calvario;
Pero yo soy tan orgulloso e indispuesto,
Como para ser su humilde discípulo"
                (Anónimo)

William MacDonald, Manual del Discípulo, págs. 123-124

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¿EN QUÉ CLASE VIAJAS?

Amigo, estás viajando a la eternidad, lo creas o no, y no sabes cuán cerca estás de llegar a la gran terminal. Por eso, pregúntate sinceramente: "¿En qué clase viajo?" Sólo hay tres:

Tercera Clase: Indiferentes

    Muchos son cautelosos en cuanto a sus intereses en este mundo, pero parecen estar ciegos respecto a la eternidad. A pesar del amor infinito de Dios, la brevedad de la vida, el juicio después de la muerte y la posibilidad de terminar en el infierno, siguen su loca carrera hacia un trágico final, como si no hubiera Dios, ni muerte, ni juicio, ni cielo ni infierno. Pero su indiferencia no cambia la realidad y el horror de su destino eterno sin Dios. "Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo".
    La salvación es urgente. No la posponga. La Biblia dice: “He aquí ahora el día de salvación”.

Segunda Clase: Inseguros
    Éstos tal vez sienten o piensan que son salvos, pero se ven asaltados por las dudas, como un barco azotado por las olas y sin ancla. Pero ¿alguna vez has visto a un marinero echar el ancla dentro del barco para asegurarlo? ¡Nunca! ¡Siempre la echa afuera! “Dios...interpuso juramento, para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros”. Hay quienes enseñan que nadie puede saber, que hay que esperar el día final del gran juicio. Esto es incorrecto y contribuye a la confusión e incertidumbre. Dios quiere que salgas de dudas. O eres salvo o no lo eres, y debes salir de la inseguridad y conocer tu verdadero estado.

Primera Clase: Seguros
    La infalible Palabra de Dios resuelve el asunto. “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13). El Señor Jesucristo mismo dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna”.
    Puedes saber ahora mismo que tus pecados han sido perdonados y que tienes vida eterna. Arrepiéntete y confía en la obra de Jesucristo en la cruz, y descansa en la promesa segura de la Palabra de Dios. No tiene letra menuda ni condiciones ocultadas. Dios quiere que seas salvo y que lo sepas. Así podrás decir como Pablo: “Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12).
    Amigo, ¿ahora en qué clase viajas?

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DIOS EL ESPÍRITU
Parte 10
Camilo Vásquez Vivanco, Punta Arenas, Chile


viene del número anterior (La Regeneración...)

    La regeneración fue prometida para Israel por el profeta Ezequiel y lo hizo en el contexto de la futura conversión de ellos a Cristo: “Esparciré sobre vosotros agua limpia...Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros...Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu...” (Ez. 36:25-27). La acción de la Palabra de Dios queda demostrada como “esparciré agua limpia” por esto Santiago nos dice: “Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Stg. 1:18). Además se señala por Ezequiel que Dios pondrá “espíritu nuevo dentro de vosotros”, lo cual equivale al nuevo nacimiento mencionado solo por Juan en su Evangelio: “...el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Jn. 3:5-6). Tal nuevo nacimiento o regeneración equivale a una nueva orientación de los apetitos y de la voluntad dando al creyente la posibilidad de renunciar al poder del pecado (Gá. 5:24). Pero no se crean nuevas facultades dentro de él sino que más bien se enriquecen sus facultades originales y éstas adquieren nobleza y poder (h). La carne como naturaleza propia del que cree no se convierte, pero recibe su herida mortal por el poder del Espíritu Santo y ese creyente tiene ahora la facultad de destruir el dominio  de la carne tal como Samuel terminó con el rey de Agag (1 S. 15:33). Que el pecador antes de ser regenerado este muerto en delitos y pecados (Ef. 2:1-5), no significa que no tenga espíritu y que todo cuanto hace sea corrupto, sino que está manchado por el pecado catalogado en su obrar como obras muertas (He. 9:14). El nuevo nacimiento regenera su espíritu y lo conecta con Dios colocando al que cree en la categoría de “hijo de Dios”, por lo cual Dios lo sella y lo habita con Su Espíritu como señaló Ezequiel al decir: “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu...”. La escritura del apóstol Pablo es enfática en enseñarnos: “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gá. 4:6). Así la regeneración en el presente da paso al sellamiento (Ef. 1:13), la habitación (1 Co. 6:19) y al  bautismo del Espíritu Santo incorporando al que cree en el cuerpo de Cristo, la iglesia (1 Co. 12:13). Ya señalaremos en el tema del “Bautismo del Espíritu”, que no es que se produzca el bautismo del Espíritu en la conversión, pero si se reciben los beneficios de ese evento ya ocurrido hace más de 2.000 años.
    Es indispensable notar que todos los creyentes de cada dispensación ha nacido de nuevo con la diferencia de que antes de Pentecostés no se recibía al Espíritu Santo como morada permanente, ni se producía el sellamiento ni el bautismo del Espíritu Santo, pues son realidades solo de la iglesia. Esto es aplicable en estricto rigor después que el Espíritu es enviado por el Padre para regenerar al que cree e incorporarlo a la iglesia. Los creyentes antes de Pentecostés gozaban de la calidad de hijos de Dios, esto por su fe en Su Persona y en el sacrificio futuro del Cordero. (Ap. 13:8; He. 11:4).
    Es solamente después de Pentecostés que el Espíritu comienza Su obra de creación para producir la iglesia como cuerpo celestial al cual pertenecen los nuevos “hijos de Dios” hechos semejantes al Hijo de Dios. Este concepto de “hijos de Dios” se usa en la Biblia en tres sentidos, a saber para los creyentes antes del diluvio, para los ángeles y para la iglesia (Gn. 6:2; Job 1:6; 2:1; 38:7; Lc. 20:36; Ro. 8:14-19). De ellos sólo la iglesia llega a ser “hijos de Dios” destinados a ser conforme al Hijo (Ro. 8:29). Los creyentes del Antiguo Testamento si bien fueron hijos de Dios por la fe en el sacrificio futuro del Redentor, no pertenecen al cuerpo de Cristo la iglesia. La razón de ser llamados así parece apuntar a una clase de creación originada directamente de Dios (2 Co. 5:17-18; Ef. 2:10; Gá. 6:15), y con el propósito de ser Sus administradores en la eternidad. En cuanto a los ángeles se nos dice que el mundo venidero no estará sometido a ellos (He. 2:5) y entendemos que lo estará a la iglesia (Ap. 5:9-10). De modo que es la iglesia el cuerpo especial planificado por Dios como “primicias de sus criaturas” (Stg. 1:18) con el cual Dios administrará Su nueva creación (Ap. 22:4-5). Tales “hijos de Dios” son predestinados para ser como lo es su Salvador, y siendo salvados por Él, inician esta transformación por el Espíritu de Dios. Debe quedar claro que la predestinación (Ro. 8:29), no es para ser salvos sino para ser como el Hijo, pues esto es lo que está “elegido”, una clase de vida que pertenece a los “hijos de Dios” (Ef.1:5-6). Nunca la elección ni la predestinación es para ser salvos, sino que es el estatus al cual están destinados  los que ya son salvos. En esta tarea es el Espíritu Santo quién está encargado de formar en el convertido esta imagen lo cual se llama “renovación”.
    Surge finalmente una pregunta sobre lo profetizado por Ez. 36:26. ¿Será regenerado en el futuro Israel? Evidentemente que sí pero no para ser parte de la esposa del Cordero, sino para ser la esposa de Jehová sobre la tierra nueva (Is. 54:5; Jer. 31:32; Os. 2:19). Así los convertidos de Israel como un remanente que será salvo (Ro. 9:27), disfrutarán de Dios como su esposo regocijándose sobre ellos: “Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos” (Sof.3:17). Tal regeneración futura para Israel será verdaderamente gloriosa descrita como “vida de entre los muertos” (Ro. 11:15).

LA RENOVACIÓN EN EL ESPÍRITU SANTO

    La renovación no está incluida en la justificación de nuestras almas, pero se deriva de ella porque el Espíritu que nos fue dado inicia esta obra de renovación: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Co. 3:18). Este mirar a cara descubierta la gloria del Señor procede de la Palabra de Dios en especial del Antiguo Testamento (Jn. 5:39; Lc. 24:25-27). Es en esencia el Antiguo Testamento el espejo que refleja la gloria del Señor. Esto incluye incluso la ley de Dios que testifica la santidad de Cristo en toda Su vida. Si Dios nos invita a ser santos como Él es santo (1 P. 1:15), es una referencia a la ley de Dios (Lv. 11:45; 19:2) y en primer lugar hemos de verlo en el Señor. Debemos tener claro que hemos sido salvados de la maldición de la ley como medio de justificación pero debemos recordar que es la ley que nos guarda del mal y es usada por el Espíritu Santo para renovar nuestra mente caída: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo” (Sal. 19:7). Santiago invitaba a su auditorio a recibir la Palabra implantada que puede salvar sus almas (Stg. 1:21), siendo esto una referencia al Antiguo Testamento pues era lo único que ellos tenían como Palabra sembrada en sus corazones. Es por esto que la Biblia en sus 66 libros es esencial en esta tarea de renovación sobre el creyente (2 Ti. 3:16-17). Esto prueba el papel fundamental del Antiguo Testamento para la renovación de nuestras almas, en primer lugar como enseñanza: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Ro. 15:4), y en segundo lugar como ejemplo: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Co. 10:11).
    Esta “renovación” se inicia inmediatamente ocurrida la regeneración o el nuevo nacimiento en el creyente (Tit. 3:5) y hemos de admitir que esta “renovación” puede ser atrofiada y detenida dada la negligencia del creyente.  La triste realidad es que tenemos en nuestra vida más “desemejanza” que semejanza respecto del Hijo, dada nuestra falta de consagración y por el dominio autorizado de la carne de nuestra parte.
    La “renovación” es efectuada por el Espíritu de Dios, pero requiere de la obediencia del creyente con una disposición voluntaria en su modo de pensar: “...en el espíritu de vuestra mente” (Ef. 4:23). Se trata por tanto de un cambio de modo de pensar cuya base es la Palabra de Dios: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:2). Para entender esto podemos imaginar un escultor que tiene en sus manos un grueso tronco de madera de lenga (nativa de Punta Arenas-Chile), y que cincel y martillo en mano comienza a tallar el busto de Caupolicán. Cuan parecido sea la obra al original marcará su grado de perfección. El Escultor en esta comparación es el Espíritu, la madera es el creyente y el boceto del cacique es Cristo. El trabajo del escultor será quitar todo lo que no se parezca al boceto original. Así en nuestra experiencia se combinan dolor, presión, sufrimiento, incomprensión, pruebas, enfermedades, sin sabores, postergaciones, abandonos, muerte, hambre, avances y retrocesos, cual medios del escultor para llegar a su fin. Como hemos indicado la colaboración del creyente es esencial. Es dejar que el Espíritu realice Su obra de renovación, y Pablo lo describe así: “...ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Fil. 2:12). Todo el deseo y la energía para realizar este trabajo vienen directamente de Dios: “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil. 2:13). Finalmente “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Ro. 8:28). La imagen final de Cristo en el creyente depende de la docilidad del material, al igual que la madera en manos del escultor. Debemos dejar entonces que el Espíritu realice Su obra de transformación y no estorbarla.

continuará, d.v., en el número siguiente 

 

jueves, 31 de marzo de 2016

EN ESTO PENSAD -- abril 2016

 LOS POBRES RICOS


“Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza” (Pr. 11:24).
El Espíritu Santo nos revela aquí un delicioso secreto. Es opuesto a todo lo que esperaríamos, pero invariablemente cierto. El secreto es éste: Cuanto más das, más tienes; cuanto más atesoras, menos tienes. La generosidad hace que tus bienes se multipliquen. La tacañería engendra pobreza. “Lo que di, tengo; lo que gasté, tuve; lo que guardé, perdí”.
    Esto no significa que cosechas la misma cantidad que siembras, ni que el mayordomo fiel vendrá a ser rico materialmente. Puede sembrar pesetas y cosechar algo mejor: almas. Puede sembrar bondad y recoger amigos, sembrar compasión y cosechar amor.
    Significa que una persona generosa cosecha recompensas que otros no pueden. Al abrir su correo y descubrir que la ofrenda que envió suplió una necesidad crítica en el momento oportuno y en la cantidad exacta. Se regocija al ver que el libro que le compró a un joven creyente fue utilizado por Dios para cambiar toda la dirección de su vida. Se entiende que una bondad que mostró en el Nombre de Jesús fue un eslabón en la cadena de la salvación de esa persona. Es sobremanera feliz. Su gozo no conoce límites. Nunca cambiaría su lugar con aquellos que parecen tener más que él.
    El otro lado de la verdad es que atesorar conduce a la pobreza. No hay placer en el dinero guardado en el banco. Puede engañarnos con un falso sentido de seguridad, pero no puede proveer un disfrute verdadero y perdurable. Cualquier precario interés que el dinero puede ganar es como calderilla  comparado con la emoción de ver el dinero usado para la gloria de Cristo y la bendición que éste trae a nuestro prójimo. El hombre que retiene más de lo que es necesario puede tener una enorme cuenta bancaria, pero, sólo una pequeña cuenta de gozo en esta vida y una todavía más pequeña en el banco del cielo.
    El versículo de hoy tiene no solamente el propósito de mostrar un principio divino, sino también de lanzar un desafío divino. El Señor nos está diciendo: “Pruébalo por ti mismo. Pon a mi disposición tus panes y tus peces. Yo sé que los traías para almorzar, pero si los pones en mis manos, habrá en abundancia para el tuyo y para el de otros miles. Te sentirías incómodo almorzando mientras que los de tu alrededor están sentados solamente viéndote comer. Pero piensa en la satisfacción de saber que utilicé tu almuerzo para alimentar a una multitud”.
 
Perdemos lo que en nosotros gastamos, 
mas como tesoro sin fin tenemos,
Todo lo que a Ti, Señor, prestamos, quien todo lo diste. 
 
                                          - Charles Wordsworth
 
William MacDonald, de su libro DE DÍA EN DÍA (Ed. CLIE), lectura del 28 de octubre.
 
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LA SERPIENTE ENGAÑADORA

"La serpiente me engañó, y comí”. 
(Gn. 3:13)

Así es todavía. La serpiente es encantadora y persuasiva. El pecado puede parecernos tan agradable, tan aparentemente legítimo. ¿No quiere Dios nuestra felicidad? Y en el momento de la tentación Satanás nos promete la felicidad. Pero es el padre de mentiras, y debemos rechazar su voz seductora y asirnos de la Palabra de Dios. No te engañes; Dios no puede ser burlado. El pecado trae tristeza y destrucción a tu vida. Dios te ama, claro, pero no por eso consiente el pecado. Él desea lo mejor para ti. Obedécelo.
 
Donald Norbie, traducido del calendario “Choice Gleanings”  
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EL LEGALISMO

¿Mandamientos? ¿En el Nuevo Testamento? Al escuchar la palabra: “mandamiento”, muchos evangélicos inmediatamente piensan: “legalismo”. Pero los dos términos no son sinónimos. Nadie habló de mandamientos más que el Señor Jesucristo, pero tampoco hay nadie menos legalista que Él.
    ¿Qué es legalismo? Aunque la palabra no está en el Nuevo Testamento, describe lo que en el hombre son sus esfuerzos incesantes para ganar o merecer el favor de Dios. Básicamente significa el intento de ganar justificación o santificación a través de guardar la Ley. Esto es su verdadero significado. Pero hoy en día la palabra es empleado en un sentido más amplio, para describir lo que uno piensa que son normas morales y rígidos. Cualquiera que intenta clasificar ciertas prácticas como tabú es etiquetado: “legalista”. De hecho, ahora emplean la palabra “legalista” como un mazo o palo para atacar casi toda y cualquiera restricción del comportamiento cristiano, o en contra de cualquier enseñanza “negativa”.  
           Cómo, entonces, debe un cristiano pensar, para evitar el peligro asociado con el “legalismo”? En primer lugar, es verdad que los cristianos estamos libres de la Ley, pero es importante añadir rápidamente que no estamos sin ley. Estamos bajo la ley de Cristo. No debemos hacer lo que nos plazca, sino lo que le place a Cristo.
    Segundo, debe recordarse que el Nuevo Testamento está lleno de mandamientos, incluso un buen número de negativas. La diferencia está en que estos mandamientos no son dados como Ley, es decir, no conllevan pena (no son punibles). Son dados como instrucción en justicia para el pueblo de Dios.
    Además de esto, hay cosas que pueden ser lícitas para el cristiano, pero que no le convienen. Puede que no sean cosas “ilegales” en ese sentido de ley, pero que esclavizan y por eso deben evitarse (1 Co. 6:12). Es posible que un creyente tenga libertad para hacer algo, pero por otra parte, si ejerce su libertad, podría ser culpable de escandalizar, herir o tropezar a otra persona. En ese caso, aunque está en su derecho, y es “legal”, no debe hacerse.
    El hecho de que alguien llame a una prohibición: “legalista”, no quiere decir que esté mal. La gente emplea la palabra “puritano” de forma despectiva, para describir ciertas normas de conducta, pero el comportamiento de los puritanos honraba a Cristo más que muchos de los que les critican.
    A menudo, cuando los cristianos castigan ciertos patrones de comportamiento piadoso como “legalista”, esto puede ser una indicación de que ellos mismos se están volviendo más permisivos, y deslizándose moralmente. Ingenuos, se imaginan que cuando atacan y critican a los llamados “legalistas” o “puritanos”, hacen que ellos mismos salgan con mejor apariencia, o que así encomiendan su propia posición y comportamiento a los demás.
    Nuestra seguridad está en quedarnos lo más cerca posible a las enseñanzas de las Escrituras, no en intentar ver cuán cerca del precipicio podemos llegar sin caer.

William MacDonald, traducido de la revista "Uplook"
 
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 ¿No Oran Vuestras Mujeres 
En Las Reuniones?

    Los que preguntan así a veces la expresan como una acusación: “No dejaís a las mujeres orar en las reuniones, ¿verdad?” Pero de cualquier modo, se equivocan. Aparentemente se creen que si no oyes a alguien orar, entonces no ora. Sin embargo, es Dios quien debe oir la oración.
    La Bibila da el ejemplo de una mujer piadosa que oraba en público pero nadie le oía. En 1 Samuel 1:12-13 leemos acerca de Ana, la madre de Samuel: “Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria”. Ana era una mujer creyente, y practicaba la oración. Su hijo Samuel fue una respuesta de oración – un poderoso varón de Dios. Pero oraba en silencio, y porque su voz no se oía, Elí sacó una conclusión erronea. De modo similar, hoy en día los que no oyen la voz de las hermanas en las reuniones suponen que ellas no participan. Los demás no oyen al que ora en silencio, pero Dios sí. A fin de cuentas por eso oramos – para que Dios nos oiga y conteste.
    Si una hermana no ora en una reunión de oración, hace mal, porque no se congrega sólo para hacer acto de presencia. Y si una hermana no adora, no da gracias, no alaba al Señor durante la Cena del Señor, ¿qué hace? Su corazón debe expresarse delante del Señor, y no hace falta voz alta para esto. Cuando las hermanas participan así en silencio, contribuyen al espíritu de intercesión o de adoración en una asamblea, y realizan su función sacerdotal. Hermana, el Señor te escucha cuando los hombres no pueden. 
            

    Carlos  
 
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"Vuestro atavío
no sea el externo de peinados
ostentosos, de adornos de oro o de vestidos
lujosos, sino el interno, el del corazón, en el
incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible,
que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas
mujeres que esperaban en Dios, estando
sujetas a sus maridos"
1 P. 3:3-5
 
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Tengamos consideración y no hagamos esperar al Señor ni a nuestros hermanos. No lleguemos ni tarde ni justo a la hora, sino antes. ¡Conquistemos las malas costumbres, la indisciplina, la pereza y el egoísmo! 
 
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EL LIBRO DEL MES:   "Yo Soy", 
por Carlos Tomás Knott
En Éxodo 3:14 Dios se reveló a Moisés diciendo: "Yo soy". Nadie más toma ese nombre. Cuando Jesucristo declaró: "yo soy", en el evangelio según Juan, se separó de todo otro ser. Él es único, Dios hecho hombre, y no tiene igual ni semejante en todo el mundo. Buda no es el "yo soy", ni lo es Mahoma, ni ningún santo católico. La única esperanza de la humanidad es el Señor y Salvador Jesucristo, el "yo soy".
precio: 4 euros
 
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DOS GRANDES DESCUBRIMIENTOS

1. La Convicción Ante Dios
    Amigo, ¿Has descubierto que eres un pecador culpable ante Dios? Puede que seas una persona moral, amable y religiosa ante los hombres, y en tu propia estimación inocente en la vida. Pero ante los ojos del Dios Santo y Justo, eres un pecador. No te ofendas, sino considera cabalmente lo que la Palabra de Dios dice: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”  Romanos 3:23. “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” Ecclesiastés 7:20.
    Leemos de algunos que reconocieron esa verdad, y así es cómo se expresaron:
· el apóstol Pedro: “Soy hombre pecador” Lucas 5:8
· el patriarca Job: “He aquí que yo soy vil” Job 40:4
· el profeta Isaías: “¡Ay de mí! que soy muerto...siendo hombre inmundo de labios” Isaías 6:5
· el apóstol Pablo: “...los pecadores, de los cuales yo soy el primero” 1 Timoteo 1:15
    ¿Te has visto así convicto de tu pecado ante Dios? ¿Lo has reconocido en Su presencia? Si es así, también puedes conocer el camino de limpieza del pecado. Pero si no lo has reconocido, debes ser hallado un día convicto y sin palabras (Mateo 22:12) ante el trono del juicio divino.

2. La Limpieza del Pecado
    Muchos tampoco han descubierto cómo realmente ser limpios de sus pecados. Hay una manera en que cualquier pecador puede ser totalmente perdonado y limpiado, y así hecho apto para estar en Su santísima presencia. No es por sinceridad, ni obras de justicia, ni por ocupación en las cosas de religión como por ejemplo los rezos, los sacramentos o la devoción a los santos.
“Hay generación limpia en su propia opinión, Si bien no se ha limpiado de su inmundicia” Proverbios 30:12.  Sólo hay un camino y medio por el cual el pecador puede ser limpio ante Dios, y es éste: La sangre de Jesucristo:
· “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos...que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre”   Apocalipsis 1:5
· “...la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”     1 Juan 1:7
· “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”  Juan 15:3
   
    El pecador que reconoce su pecado ante Dios (Salmo 32:5) y confía en la sangre de Jesucristo que fue derramada por sus pecados, y cree la Palabra de Dios, el Evangelio, recibe perdón y limpieza de Dios, como Cristo dijo: “está todo limpio” Juan 13:10.
Nunca en el infierno estará alma que no tuvo oportunidad,
Sea pagano, o de hogar cristiano, cada cual tiene responsabilidad.
 
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 Los Profetas: Verdaderos Y Falsos
Parte II

No siempre entendieron los profetas todo lo que dijeron (Dn. 7:28; 8:15-27; 10:7-15; 1 P. 1:10-12; Ap. 7:13-14; 17:6). En particular su dificultad fue en cuanto al Mesías. Cuando profetizaron en el mismo momento sobre los sufrimientos del Mesías y sobre Su gloria, les fue difícil de entender. No podían entender cómo el Cristo podría experimentar las dos cosas, porque no veían lo que nosotros desde nuestra posición y perspectiva en la historia vemos: las dos venidas del Señor Jesucristo - una en humildad y otra en gloria. Y junto con esas dobles referencias en cuanto al Mesías, hay que reconocer que existe y obra este principio de doble referencia en las predicciones de los profetas. Hay profecías que tienen un cumplimiento inmediato y parcial, seguido después por otro cumplimiento pleno y final. Por ejemplo, la profecía de Joel 2:28-31: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas... y daré prodigios en el cielo y en la tierra... el sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová...”. Hay un cumplimiento parcial de esta profecía el día de Pentecostés, cuando Pedro la cita para explicar el milagro de la venida del Espíritu y la predicación de los apóstoles en lenguas (Hch. 2:7-21). Fue parcial, por cierto, por cuanto no hubo prodigios en el cielo y en la tierra, el sol no se convirtió en tinieblas ni la luna en sangre. Pedro explicó que ellos hablaron así porque Dios les había derramado Su Espíritu como Joel dice, y no porque había venido el día de Jehová. Después, en la segunda venida de Cristo, con todas las señales y los prodigios que vemos en el libro de Apocalipsis, vendrá el Señor como Joel profetizó y se cumplirá plena y finalmente esta profecía. Otro ejemplo es Isaías 7:10-16 cuando Isaías da en los versículos 14-16 la profecía acerca del nacimiento virginal del Mesías: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno. Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada”. Esta profecía tenía un cumplimiento inmediato en los días de Acaz, con un niño que nació y fue llamado Emanuel. Antes de que creciera mucho ese niño, la alianza del norte, entre Siria e Israel, fue desecha y Acaz no tenía nada que temer de ellos. Pero este versículo también tuvo su cumplimiento pleno y final siglos después, cuando la virgen María concibió y dio a luz a “Emanuel, que traducido es Dios con nosotros”, el Señor Jesucristo (Mt. 1:23).
    En los libros de los profetas, la palabra “Israel” normalmente significa el reino del norte, es decir, el reino que Jeroboam estableció con las 10 tribus exceptuando a Judá y Benjamín. Hay ocasiones cuando la palabra es usada en su sentido más amplio, más general, para hacer referencia a Israel como todos los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob.  El contexto indica cuál es el sentido en cada caso. “Judá” significa las dos tribus del sur, el reino cuya capital era Jerusalén y cuyos reyes eran descendientes de David. “Efraín” es empleada no tanto para hablar de la tribu de Efraín, sino del reino del norte donde esta tribu tanto figuraba y controlaba. Esta palabra tanto como “la casa de José” se nota especialmente en la profecía de Oseas. “Samaria” se refiere a la capital del reino del norte, y en sentido figurado a todo el reino del norte. Otras capitales importantes en los libros proféticos son: Jerusalén de Judá, Nínive de Asiria, Damasco de Siria, y Babilonia de Babilonia.
    Entre los temas tratados por los profetas del Antiguo Testamento están los siguientes:

    1. La santidad y justicia de Dios y lo que Él opina acerca del pecado.
    2. El pecado y el fracaso del pueblo escogido por Dios.
    3. Un llamado al arrepentimiento y sus frutos.
    4. El juicio de Dios que vendría sobre los judíos obstinados: destrucción.
    5. El juicio de Dios sobre las naciones de los gentiles.
    6. La vuelta de la nación de Israel del cautiverio.
    7. La venida del Mesías, Su rechazo por Israel, Sus sufrimientos,                 muerte y resurrección.
    8. La venida del Mesías en poder y gloria para reinar.
    9. La restauración futura de Israel.
    10. El reino universal de Cristo.

    También es importante reconocer que la Iglesia no es el tema de las profecías del Antiguo Testamento, porque ellas hablan de Israel y el Mesías, de juicios divinos sobre las naciones, y aun cuando hablan de la conversión de gentiles no hablan de la Iglesia, su gobierno, su misión, etc. sino de que la gracia de Dios será extendida a los gentiles. Según Efesios 3:4-6 la Iglesia es un misterio que fue escondido en tiempos pasados, y revelado en el Nuevo Testamento.

El Coste de Ser Fiel

    Los profetas, porque fueron fieles a Dios, no fueron populares con la nación. Al pueblo de Dios no le gusta ser reprendido y corregido, aún en nuestros tiempos. Considera los sufrimientos de los profetas:

· El rey Amasías (2 Cr. 25:16) amenazó al profeta que Dios le envió, diciendo: “¿Te han puesto a ti por consejero del rey?  Déjate de eso. ¿Por qué quieres que te maten?”
· 2 Cr. 36:15-16 “ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas...”
· Los judíos dijeron a Jeremías: “No profetices en nombre de Jehová, para que no mueras a nuestras manos” (Jer.11:21).
· El sacerdote Pasur azotó y encarceló a Jeremías por profetizar contra Jerusalén (Jer. 20:1-2).
· Jeremías fue detenido, azotado y encarcelado porque intentó salir (Jer. 37:12-15)
· Los príncipes echaron a Jeremías en la cisterna por sus profecías (Jer. 38:4-6)
· El remanente acusó a Jeremías: “Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No vayáis a Egipto...” (43:2).
· Dios advirtió a Ezequiel de la dureza del pueblo: “...te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos” (Ez. 2:4-5).
· El pueblo venía y escuchaba, pero se mofaba de Ezequiel (Ez. 33:30-33) y no ponía por obra sus palabras. Como muchos que asisten hoy a conferencias.
· Daniel 9:6 “No hemos obedecido a tus siervos los profetas...”
· Amós 5:10 “Ellos aborrecieron al reprensor en la puerta de la ciudad, y al que hablaba lo recto abominaron”.
· El sacerdote Amasías ahuyenta a Amós: “vidente, vete, huye a la tierra de Judá... y no profetices más en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino” (Am. 7:12-13).
· Miqueas cita cómo el pueblo trataba de poner mordaza a los profetas: “No profeticéis, dicen a los que profetizan...” (Miq. 2:6).
· Juan el Bautista fue prendido y encadenado en la cárcel por reprender a Herodes acerca de su matrimonio ilícito (Mt. 14:3-5) y Herodías le odió y consiguió matarlo (Lc. 3:19-20)
· Mt. 5:11-12 Cristo dijo: “...os vituperen...persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros...porque así persiguieron a los profetas...” (Lc. 6:23, 26)
· Mt. 13:57 El mismo Señor sufrió: “Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa” (repetido en Mr. 6:4; Lc. 4:24; Jn. 4:44).
· Mt. 23:29-37 Cristo llamó a los fariseos, escribas "hipócritas" e hijos de los que mataron a los profetas (Compara con Lc. 11:47-51; Lc. 13:34)  
· Lc. 6:22-23 El Señor nuevamente señaló el maltrato de Sus profetas como típico de Israel: "porque así hacían sus padres con los profetas”.
· Ro. 11:3 cita la queja de Elías: “Señor, a tus profetas han dado muerte”.
· Hch. 7:52  Esteban, lleno del Espíritu Santo, acusó a Israel: “¿cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo”. Por eso le mataron también a él.
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· Gá. 1:10 El apóstol Pablo tenía claro cuál debe ser su actitud y manera de proceder: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”.
· Gá. 4:16 Sentía lo mismo que los profetas: el rechazo y la enemistad de la gente: “¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?”
· 2 Ti. 2:8-12 A su discípulo Timoteo le animó a ser fiel pese a todo: “Acuérdate de Jesucristo... si sufrimos, también reinaremos”.
· He. 13:6 La esperanza del siervo fiel: “El Señor es mi ayudador, no temeré lo que me pueda hacer el hombre”.

En Marcos 9:4 los tres discípulos vieron a Moisés y Elías con Cristo en el monte de transfiguración. Pero un día nosotros estaremos en el cielo con el Señor, y veremos a todos los profetas del Señor, estaremos con ellos y tendremos comunión con ellos. ¿Cómo será nuestra conversación con ellos? ¿Qué testimonio dan nuestras vidas? Amados hermanos, aunque suframos por ello, seamos ahora fieles al Señor como ellos lo fueron.
Carlos Tomás Knott