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martes, 30 de junio de 2026

EN ESTO PENSAD -- julio 2026

 Jesucristo: 
El Deseado de todas las naciones

Texto: Hageo 2.7

En la actualidad, las naciones, en mayor o menor medida, desprecian al Señor Jesucristo. Pero llegará el día en que Él será “el Deseado de todas las naciones”. Los hombres rechazan al gran emancipador y se encuentran atrapados en un mundo académico, político y económico sin Dios. Hoy en día, los seres humanos se agotan haciendo el mal, y buscan a un hombre o al diablo que los guíe hacia la paz. Todavía se aliarán con el hombre de Satanás.
    Cuando eso haya seguido su curso, el Señor Jesucristo vendrá a esta tierra para establecer su reino. Juan nos dice: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén” (Ap. 1.7). El derrocamiento del gobierno del maligno y el establecimiento de un reino justo son descritos por Hageo: 

“Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Hag. 2.6-7).

    Aunque a lo largo de la historia algunos creyentes parecen haber sido utilizados por Dios en asuntos gubernamentales y políticos, es difícil concebir cómo un verdadero cristiano puede participar eficazmente en política. Nos enfrentamos a un sistema corrupto que acaba corrompiendo al creyente con el tiempo.
    Sin embargo, según Mateo 13, el reino de los cielos está funcionando ahora en ausencia del Rey. No es visible en los asuntos de los hombres, pero existe y la Iglesia opera bajo su gobierno. En un mundo que odia a Dios, vivimos bajo los principios de justicia que rigen su reino, lo que a menudo va en contra de la forma de pensar del mundo. Los creyentes son considerados necios por abrazar estos valores. Pero lo hacemos porque sabemos que el Rey vendrá finalmente. Pablo dice: “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio” (2 Ti. 2.8). Es el “linaje de David... resucitado de los muertos” quien reinará visiblemente en los asuntos de este mundo, y lo afirmamos ahora viviendo según Su gobierno.
    En última instancia, el Señor Jesucristo, el Salvador del mundo que ahora predicamos será “el Deseado de todas las naciones”.

Brian Gunning, del libro Day By Day Christ Foreshadowed, 
(“De Día en Día, Cristo Presagiado”) p. 368

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Más Bienaventurado Es Dar Que Recibir

Donald Norbie   parte 3

viene del número anterior
Los Obreros del Señor

   Hoy en día, a menudo decimos “vive por fe” cuando alguien deja un empleo estable para dedicarse a servir al Señor de una manera más amplia.  Reconocemos que todos los creyentes deben vivir por fe en su trabajo, en su vida familiar y en su relación cotidiana con Dios. Sin fe, nadie puede agradar a Dios (He. 11.6). No obstante, es cierto que supone una prueba adicional de nuestra fe cuando alguien deja la seguridad de un sueldo fijo. Quienes menosprecian esto deberían probarlo primero.
    Quien sale así para servir al Señor debe tener claro que Dios lo ha llamado. Pablo reconoció que había sido apartado desde el vientre de su madre (Gá. 1.15). Compartía la convicción ardiente de los profetas del Antiguo Testamento (Jer. 1.5). No fue él quien escogió su ministerio, sino que fue ordenado por Dios. Se deleitaba en llamarse siervo y esclavo de Dios. Ahora bien, debemos reconocer que el dinero otorga la posibilidad del control. Por eso, no se podía alquilar ni contratar a ningún profeta de Dios; ya que era Su portavoz. Por tanto, tanto los profetas del Antiguo como los del Nuevo Testamento se mostraron desinteresados por el dinero. Que les apoyaran quienes confiaban en ellos. No eran hombres que solicitaran un trabajo o apoyo económico. Para estar libres del control de los hombres, deben estar libres de salarios y otros compromisos para recibir el apoyo de ellos. Pablo dijo: “Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado” (Hch. 20.33).
    Su apoyo era variado, y no dependía de ningún hombre. Ayudaban en varias asambleas y a veces viajaban (2 Co. 11.26). Como dependía del Señor, y no de una sola fuente humana, podían viajar cuando era necesario, ayudar a las asambleas débiles, y establecer iglesias nuevas. Pablo habló de cómo las ofrendas de otras iglesias hicieron posible que él ayudara en Corinto cuando los propios corintios no eran dadivosos (2 Co. 11.8).
     Pero eso no quiere decir que sea un camino fácil. A veces, en la vida de fe, uno puede sentirse como alguien que está en una pequeña barca al pie en medio de un mar embravecido. Eso le obligará a orar, a examinar sus motivos, y a clamar a Dios y esperar en Él. No enviará cartas de oración que expongan sus necesidades, ni de pedir descaradamente como hacen algunos hoy en día. Está en juego el honor de Dios, y él llamará humildemente a Dios para que honre la fe de Su siervo (un amo está obligado a cuidar de sus siervos). A Dios le gusta que le recordemos Su honor. Moisés hizo esto repetidas veces (Éx. 32.11-13).
     Si por las circunstancias un siervo de Dios tiene que trabajar con sus manos, no es nada vergonzoso (Hch. 20.34-35). De hecho, puede demostrar su sinceridad, humildad y devoción a Dios y a Su obra. Pablo se negó a abandonar Éfeso en busca de pastos más verdes cuando no había fondos. No formaba parte de un clero profesional, ni buscaba una iglesia más grande que pagara un salario más alto. Su corazón era el de un verdadero pastor, que trabajaba desinteresadamente para el bien de las ovejas.
    En un mundo con una tecnología tan avanzada, es fácil desviarse del camino de la fe. Algunos buscan subvenciones del gobierno para sus proyectos. Los hombres pueden construir vastos imperios religiosos con listas de correo informatizadas y anuncios en los medios de comunicación. Suelen incluir sus datos bancarios al pie de las cartas para facilitar los ingresos. En realidad, estas personas no necesitan a Dios para obtener financiación, y Dios no controla sus operaciones. Su maquinaria masiva y bien engrasada sigue adelante, produciendo sus propias finanzas.
    Recordemos esto: en la vida de fe todos están involucrados, tanto los que ofrendan como los que reciben. Esto produce fruto espiritual y crecimiento personal (Fil. 4.17). También permite que sea Dios, y no los hombres, quien controle Su obra. Si no hay fondos suficientes para un proyecto, Su siervo puede descansar tranquilo. Hágase la voluntad de Dios. Las ofrendas espirituales dan como resultado obras espirituales. Sé selectivo con tus ofrendas y apoya solo a las personas y las obras que se ajustan a las Escrituras. Que Dios nos dé más fe para Su obra, y más interés en hacer tesoros en el cielo, no en la tierra.

Donald Norbie (1923-2017)
Libros Berea ofrece sus libros: La Iglesia Primitiva y Sé Un Hombre

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La Verdad No Es Negociable
Lucas Batalla   
parte 2

viene del número anterior 

En 2 Juan versos 5 y 6 vemos que se repite el mismo mandamiento que el Señor dio a Sus discípulos en Juan 13.34-35. Como dice el verso 6, amar la verdad produce una vida que obedece Sus mandamientos. En 1 Juan  5.1-3 el amor no es una emoción, sino que consiste en guardar la Palabra de Dios, es decir, que nuestra obediencia está motivada por amor a Dios.
    En los versos del  7 al 11, hay una advertencia acerca de los engañadores, que son aquellos que no aman la verdad. Hoy hay más de ellos que cuando se escribió la epístola. Hay un montón de denominaciones y además, sectas como la iglesia católica, los testigos, los mormones, los adventistas, los “cristianos liberales” y otros. El verso 7 advierte que “muchos engañadores han salido”, y han pasado más de dos mil años, con que imagínate cuán grande es este problema ahora. Un problema en las iglesias hoy es que el mundo con sus mentiras se ha colado en ellas. Necesitamos mucho discernimiento espiritual. A Juan especialmente le preocupaba la difusión de doctrinas que niegan la deidad de Cristo, como el gnosticismo, que afirma que Jesús era solo un hombre al que se le apareció un espíritu llamado “Cristo”, un poder místico o esotérico que le dio conocimientos y poderes. Esto es falso, pues Jesucristo es Dios y “ha venido en carne”, no se divide en dos personas: “Jesús” y “Cristo”. Dios fue manifestado en carne (1 Ti. 3.16). El Verbo era con Dios y el Verbo era Dios (Jn. 1.1-2). Pero el anticristo y el engañador no aceptan esta verdad, sino que creen la mentira.
    Por eso el verso 8 dice “Mirad por vosotros mismos”, porque debían estar alerta y tener cuidado y discernimiento. No se puede perder la salvación, pero sí se puede perder el fruto y el galardón si nos dejamos engañar. Hay que mirar bien y estar atentos, porque el verso 9 habla de la persona que se extravía y no permanece en la doctrina de Cristo. Las cosas pequeñas pueden causar mucho daño, como un virus por ejemplo. Pero la doctrina de Cristo no es pequeña ni negociable, sino es el fundamento de nuestra fe. Hay que perseverar en ella y no tolerar cambios. El espíritu del anticristo opera en los que objetan diciendo que no seamos tan radicales, que no hay que creer a rajatabla, ni debemos juzgar. Hermanos, no cedamos a estas cosas que dicen. El verso 10 instruye sobre qué hacer si alguno “viene a vosotros” sin la doctrina de Cristo. ¿Cómo sabemos qué doctrina lleva? Hay que tomarse el tiempo para preguntar, y no hacer suposiciones. Aunque digan que son cristianos evangélicos, necesitamos saber más. El Sr. Vine dice en su comentario que “la doctrina de Cristo” incluye más que Su deidad, pues incluye toda Su doctrina, todo lo que Él enseñó y mandó a Sus discípulos (Mt. 28.19-20). 
    Por tanto, no es correcto ni saludable recibir y dar la bienvenida a todas las personas que vengan. La pureza de la doctrina y la fidelidad a nuestro Señor Jesucristo son más importantes que tener una iglesia numerosa. No debemos ser cómplices de quienes traen errores, pues “el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras” (v. 11). De ahí la importancia de la carta de recomendación cuando visitamos a una iglesia.
    Hermanos, el mundo está en contra de Dios. Ya lo demostró cuando crucificó al Señor. 1 Juan 2.15-17 nos instruye a no amar el mundo, porque es mentira, no verdad, porque es maldad.
    En el verso 12 se indica que el apóstol tenía muchas otras cosas que decirles, pero que prefería verles y hablar con ellos cara a cara. La visita personal y la conversación cara a cara son importantes para la comunión. El apóstol tendría que viajar para verles, lo que le supondría tiempo y esfuerzo, pero merecería la pena poder hablar con ellos en persona. Este deseo se repite en su tercera epístola (3 Jn. 14). Es mejor hablar en persona cuando se pueda, aunque no debemos menospreciar la importancia de la palabra escrita. Tampoco debemos limitar la comunión al tiempo de las reuniones de la iglesia. Que el Señor nos ayude a vivir en la verdad de Dios, a amarle y a nuestros hermanos, para dar gozo al Señor y a los demás.                       
L. B.

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Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior
9. Los Pecados Ocultos y la Hipocresía
 

     Los ancianos velan por las almas de los creyentes en la asamblea (He. 13:17). Pero ¿quién vela por ellos mismos? La exhortación de Pablo a Timoteo es: “Ten cuidado de ti mismo” (1 Ti. 4:16). El diablo ataca a los que están al frente del pueblo, porque si los derrota o desvía, hace mayor daño al testimonio y muchos son afectados.
    Volviendo al primer peligro: el descuido personal, por ello algunos han caído en inmoralidad. Es una de las trampas favoritas del diablo. Sansón y David cayeron en inmoralidad. Salomón en Proverbios advirtió acerca de la mujer extraña (Pr. 2:16; 5:3-20; 6:24-35; 7:5-27; 22:14; 23:27-28). Ahora con las redes sociales se dan casos de hombres que secretamente excitan sus pasiones e incluso arreglan citas inmorales. Todo anciano debe hacer pacto con sus ojos, como Job, para no mirar (Job 31:1), y declarar: “No pondré delante de mis ojos cosa injusta” (Sal. 101:3). Pablo manda: “Huid de la fornicación” (1 Co. 6:18).
    Por eso es doblemente importante que los ancianos tengan cuidado de sí mismos, anden siempre en la luz, velen y estén siempre alertas respecto de su vida personal y espiritual. Deben aplicar los mismos criterios a sí mismos que aplican al resto del pueblo, e incluso deben ser más estrictos consigo mismos. No deben recurrir a la excusa egoísta y débil: “tenemos nuestros fallos, pero somos los ancianos”. Los que así hablan, ¿qué fallos tienen, y qué deben hacer para corregirlos? Es necesario que sean irreprensibles (1 Ti. 3:2; Tit. 1:6-7). ¡Pongan ejemplo, sean ejemplos de la grey! (1 P. 5:3). Recordemos la advertencia de Santiago 3:1. “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación”. 
    En Ezequiel 8 el profeta fue llevado en visiones a Jerusalén, y Dios le enseñó los pecados de los líderes espirituales de la nación (vv. 11-12, 16). En el capítulo 34 declaró Su oposición a los pastores de Israel. Sus pecados eran conocidos por Dios. Alguien dijo que pecado oculto en la tierra es escándalo abierto en el cielo. 
    Considera el ejemplo de Pablo: 
“golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Co. 9:27). “No satisfagáis los deseos de la carne” (Gá. 5:16). 
    El que es anciano debe andar en el Espíritu, y ser vigilante contra esos deseos, pues han arruinado el testimonio de más de uno. Todo creyente debe ejercer dominio propio (2 Ti. 1:7; 2 P. 1:6), pero especialmente los ancianos de la asamblea. Los que son “ejemplos de la grey” no pueden permitirse la pereza, la mundanalidad, ni la liviandad. Por ejemplo, si ellos pasan horas en cosas frívolas, ¿qué pueden esperar de los demás hermanos? 
    Cuando no se cuidan, sino permiten discrepancias y pecados en su propia vida o su casa, esto conduce a la hipocresía y la doblez. El Señor Jesucristo reservó Sus denuncias más duras para los fariseos y escribas, por su hipocresía y doblez. En Mateo 23:1-7 leemos lo que Él dijo públicamente:


“Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí”. 

 
    El Señor siguió denunciando a los fariseos y escribas y en los versículos 13-36 pronunció ocho “ayes” sobre ellos por sus hipocresías. Además, los llamó públicamente insensatos y ciegos, necios y ciegos, guías ciegos, serpientes y generación de víboras. En Mateo 15 los acusó de invalidar la Palabra de Dios con sus enseñanzas. Por todas esas reprensiones se ofendieron los fariseos (Mt. 15:12), pues al hipócrita nada le duele más que ser expuesto y visto por lo que realmente es. Pero Cristo no se retractó. Eso no es maledicencia, sino reprensión bíblica. Alguien dirá que sólo el Señor puede hablar así. Pero Pablo mandó a Timoteo: “repréndelos delante de todos” (1 Ti. 5:20), y a  Tito dijo: “a los cuales es preciso tapar la boca” y “repréndelos duramente” (Tit. 1:11, 13). 
    El Señor no les trató en privado para evitarles la vergüenza, sino reprendió públicamente su mal ejemplo y su falsa espiritualidad. Hermanos míos, ¡cuán importante es cuidar bien la propia vida espiritual, y no permitir la doblez! Alguien dijo: “Lo que eres donde nadie te ve, eso es realmente lo que eres”.
    Todo creyente y especialmente los ancianos deben leer, meditar y orar en el lenguaje del Salmo 139. 


“Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos” (vv. 1-3). 


Este excelente salmo termina así:


“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (vv. 23-24). 


    Todo creyente debe orar así todos los días, pero especialmente los ancianos. “Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros...” (1 Jn. 1:7).
continuará, d.v. en el siguiente número

                       del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea

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Distinciones Importantes entre  
el Cuerpo de Cristo y una Asamblea Local

 Norman Crawford


El tema de este capítulo ha ocupado muchas mentes durante muchos años. Lo que tenemos que decir no resolverá la cuestión para algunos, pero invitamos al lector a examinar la Palabra de Dios por su cuenta, y de ella discernir la mente de Dios. Procuremos siempre tener un espíritu recto respecto a otros hermanos que puedan diferir con nosotros sobre este tema. Con el deseo de ayudar a los creyentes, consideraremos ahora las distinciones en el Nuevo Testamento entre “el cuerpo de Cristo” y una asamblea local.

El Problema
    Muchas veces cuando creyentes intentan enseñar acerca de la asamblea, surge una pregunta expresada algo así: “¿No querrás decir que crees en una comunión cerrada?” Sabemos que “comunión cerrada” es una expresión religiosa, pero no está en la Biblia. Comprendemos que los que así preguntan se refieren solo a la recepción a la Cena del Señor. El Nuevo Testamento ciertamente enseña que todos los creyentes deben participar de la Cena del Señor, y hay una manera correcta de disfrutar este privilegio. Pero sin duda el que pregunta quiere decir: “Si procedo de otra asamblea distinta de la tuya, sin carta de presentación o recomendación, ¿podría participar en la Cena del Señor como visitante ocasional?” La respuesta bíblica a esta pregunta es: No. Entonces viene la objeción: “Si no recibís a todo miembro del cuerpo de Cristo, os convertís en una secta”. Lo he expresado intencionadamente de esta forma, sin rodeos, para que claramente veamos la cuestión.
    Para empezar, en el Nuevo Testamento no existe la práctica de recibir a una persona a la Cena del Señor. Recibimos a los creyentes a la comunión de la asamblea, que nunca es una cosa ocasional (Hch. 2:42). En esa comunión, gozan de todos los privilegios de la asamblea, y también comparten igualmente las responsabilidades. Pero todavía queda mucho por decir.
    Examinemos la acusación: “Si no recibís a todo miembro del cuerpo de Cristo, os convertís en una secta”. Es incorrecta, y no sería aceptada por muchas personas que leen la Biblia. Hay claras razones bíblicas por las que una persona puede ser miembro del cuerpo de Cristo y sin embargo no estar en condiciones para ser recibida en una asamblea. Muchos estaremos de acuerdo que el que profesa ser cristiano, pero vive en inmoralidad (1 Co. 5:11), o practica el pecado (1 Jn. 3:8-9), o tiene mala doctrina acerca de Dios o la Persona de Cristo (1 Ti. 1:20), no es apto para la comunión de la asamblea. Aun la mayoría de las grandes denominaciones creen así, o bien ahora o en otro tiempo de su historia. Así que, hay quienes modifican la acusación, y dicen: “Si alguien es verdaderamente regenerado y sano doctrinal y moralmente, no debe ser rehusado, aunque solo desee participar en una ocasión en la Cena del Señor. Rehusarlo no es bíblico sino sectario”.
    Los que así afirman, se basan en que hay un Cuerpo, y que la asamblea local debe reconocer la unidad del Cuerpo y obedecer la exhortación: “recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios” (Ro. 15:7). Esta enseñanza aparece en muchos libros y panfletos. Alegan que si uno está en el cuerpo de Cristo, y es sano en doctrina y santo en conducta, automáticamente tiene derecho de participar en la comunión de una asamblea cuando así desee. Esto suena bien a los sentimientos, pero no se basa en la Palabra de Dios, porque estar en el cuerpo es muy distinto a estar en una asamblea.
    Con la ayuda de Dios, y la Biblia abierta en nuestras manos, nos gustaría dirigirnos a cada uno de los puntos arriba mencionados. He leído frecuente y cuidadosamente los escritos de hermanos que insisten que todos los que están regenerados y sanos en doctrina y vida deben ser recibidos en cualquier momento para partir el pan con una asamblea. He buscado en vano en sus escritos alguna instrucción que guiaría a los hermanos de una asamblea acerca de cómo determinar si los visitantes reúnen esos requisitos mínimos. Si una persona que desconocen se presenta en la puerta y desea partir el pan, ¿cómo pueden determinar en pocos minutos si la persona es verdaderamente regenerada?
1 Por ejemplo, un sondeo reciente en los Estados Unidos estima que 70% de los estadounidenses se llaman “evangélicos” y 50% de la población profesa haber tenido alguna experiencia espiritual. En el primer siglo, la asamblea en Jerusalén dudaba la realidad de la conversión de Saulo, hasta que recibieron confirmación de ella. Reconozco que él tenía fama de perseguidor, pero ¿creemos que somos más sabios o que tenemos más discernimiento que los apóstoles y profetas que formaron parte de esa asamblea?
    Requiere su tiempo saber si una persona es verdaderamente salva. La regla única dada por el Señor Jesucristo fue: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:20). El fruto es producido por el crecimiento y requiere tiempo. Es verdad que el contexto tiene que ver con falsos profetas, pero el contexto más amplio del capítulo es que el verdadero juicio se hace por los frutos, no por juzgar motivos o pensamientos, ya que eso queda más allá de nuestra habilidad. La dificultad es más cuando consideramos que ninguno de los otros dos requisitos que esos hermanos dan –vida sana y doctrina sana– pueden ser apreciadas a través de una breve conversación en la puerta del local.
    El capítulo 12 de este libro trata la recepción a la asamblea. Pero debemos añadir aquí que los ancianos piadosos harán todo lo que pueden para ayudar a los que desean entrar en una asamblea. No les juzgarán por el grado de su conocimiento, sino buscarán un espíritu receptivo y el deseo de aprender, y entonces tratarán de enseñar y animar a tales personas.

1 No es correcto limitarse a preguntar a un visitante: "¿Es usted un cristiano bautizado?" con el fin de determinar si debe recibir la comunión. Quizás las intenciones sean buenas, pero este procedimiento es ingenuo y superficial. Además, como demuestra la historia, ha causado errores, daños y contribuye a la confusión y la debilidad espiritual de la asamblea. Ed.

continuará, d.v. en el siguiente número

Norman Crawford. capítulo 3 del libro, Congregados A Su Nombre, Libros Berea

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EL NOVENO MANDAMIENTO

"NO MENTIRÁS"

 


Más precisamente: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”. Es un pecado muy común, pero especialmente reprochable, porque con una mentira el diablo engañó a Eva en el huerto del Edén, induciéndola a pecar, pues dijo: “no moriréis” (Génesis 3.4 Nácar-Colunga). Dios es verdad, y veraz, y la mentira le ofende y le afrenta. El Señor Jesucristo llamó a Satanás “mentiroso y  padre de la mentira” (Evangelio según S. Juan 8.44, Nácar-Colunga). Por tanto, no existe ninguna mentira piadosa. Dios no miente, y no nos da permiso para mentir.
    Se trata de cualquier uso de la boca para mentir. La mentira pasiva es callarse en lugar de decir la verdad. Caín dijo la primera mentira humana cuando Dios le preguntó dónde estaba su hermano y respondió, “no sé” (Génesis 4.9). Fingir ignorancia es mentir. Incluso el hecho de chismear puede ser falso testimonio, y cuando daña el buen nombre o la reputación de otra persona, además de mentir, también es robar. ¿Dice siempre la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? ¿Se ha puesto alguna vez a criticar a los demás, hablando mal de todos, y diciendo cosas que no puede asegurar que son ciertas? ¿Ha escuchado algún rumor sobre alguien, y lo ha repetido después a otros? ¿Ha exagerado los detalles de algo que contaba a otra persona? ¿Ha chismeado o escuchado a otros chismear? ¿Ha llamado al trabajo diciendo que estaba enfermo cuando realmente no era así? ¿Se ha fingido enfermo para evitar un examen en la escuela? ¿Ha copiado en un examen o ha utilizado algún método deshonesto para aprobar? ¿Ha mentido al decir su edad, peso o estado matrimonial?
    ¿Ha rezado el Padrenuestro sin haber nacido de nuevo? Esto es grave, porque si no ha nacido de nuevo, Dios no es su Padre y ha mentido al decir “Padre nuestro”. 
    ¿Ha ocultado la verdad sobre sus finanzas al declarar la renta? ¿Intenta engañar y así aprovecharse de la seguridad social? Ha entrado ilegalmente en un país para buscar trabajo sin permiso? ¿Ha entrado como turista en un país cuando realmente su plan era quedarse? ¿Ha engañado a los oficiales de la imigración o la policía?
    ¿Nunca ha dicho una mentirijilla, lo que llaman una “mentira piadosa”? (¡Aunque realmente todas son diabólicas!) ¿No sabe que una verdad a medias es también media mentira? ¿No ha dicho: “No sé” cuando sí sabía, o “se me olvidó” para librarse de la culpa, cuando en realidad no se le olvidó? Si le preguntan con quién habla, ¿dice “nadie”?, o acerca de qué ha hablado, ¿responde: “nada”? 
    ¿No ha dicho: “no tengo dinero” cuando lo tenía pero no quería gastarlo? ¿Nunca se ha hecho el sordo o despistado, cuando realmente ha oído o visto a la persona? Cuando suena el teléfono, ¿dice “Si es tal persona, no estoy”?
    Hay quienes mienten cuando no quieren comer algo, y dicen: “El médico no me deja”, o cuando quieren las cosas de cierta manera invocan “la ley”; en realidad no se trata de la ley, sino de sus propios gustos o manías. Esa deshonestidad es una forma de mentir.
    Los políticos a menudo prometen cosas que no tienen intención de cumplir y hacen afirmaciones que saben que no son ciertas. Manipulan al público en su beneficio. Toda esa deshonestidad, insinceridad, mentira y engaño no son más que una estrategia para ganar las elecciones y hacerse con el título, la fama, el poder y el salario.
    Pero no son los únicos. ¿Cuántos han hecho los votos matrimoniales prometiendo ante Dios y testigos:“hasta que la muerte nos separe”, y luego  se divorcian? Para muchas personas su “sí” no es sí, y su “no” no es no. Su palabra no vale nada porque mienten.
    Se oye decir que está permitido mentir y ocultar la verdad para no hacer daño o desalentar a una persona. Por ejemplo, si tiene una enfermedad terminal, no se le debe decir eso, sino que tiene un virus y que se recuperará.
    El islam permite la mentira en ocasiones de peligro, por ejemplo, en guerra, para librarse de los enemigos y así poder vencerlos (el concepto de Taquiyya). Sin embargo, la mentira es una herramienta del diablo, no de Dios.
    Dios no miente ni permite la mentira; al contrario, Su mandamiento es sencillo y claro: “no mentirás”. No hace falta saber hebreo, griego o latín para entenderlo. No es necesario ser filósofo ni teólogo. Sencillamente, Dios aborrece la mentira y no la utiliza; pero el diablo la ama y la usa. Así que, amigo lector, si ha mentido, ha vuelto a romper la Ley de Dios en el noveno mandamiento. ¡Otro eslabón 
roto y se esfuma la esperanza de llegar al cielo cumpliendo los mandamientos!

                                          ¡CULPABLE!