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martes, 30 de noviembre de 2021

En Esto Pensad, diciembre 2021

 CRISTO VIENE

William MacDonald

“Ciertamente vengo en breve”.   Apocalipsis 22:20

A medida que nos acercamos al fin de esta era, es predecible que muchos abandonarán la esperanza del regreso inesperado de Cristo. Pero la verdad sigue en pie, aunque los hombres no la crean.
    El hecho es que el Señor Jesús puede venir en cualquier momento. No sabemos el día o la hora del regreso del Novio a por Su novia; esto significa que podría venir hoy. No hay profecía que tenga que cumplirse antes de escuchar la voz de mando del Señor, la voz del arcángel y la trompeta de Dios. Cierto, la iglesia espera experimentar tribulación en toda su duración sobre la tierra, pero los horrores del periodo de la Tribulación no son parte de su destino. Si la iglesia debiera pasar por la Tribulación, eso significaría que el Señor no podría venir por lo menos en siete años, porque ciertamente ahora no estamos en la Tribulación y cuando ésta venga, durará siete años. Hay un gran número de textos en la Escritura que nos enseñan que debemos estar listos en todo tiempo para la aparición del Salvador. Consideremos los siguientes:

    “...está más cerca... que cuando creímos” (Ro. 13:11).
    “La noche está avanzada, y se acerca el día” (Ro. 13:12).
    “El Señor está cerca” (Fil. 4:5).
    “...aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (He. 10:37).
    “...la venida del Señor se acerca” (Stg. 5:8).
    “...el juez está delante de la puerta” (Stg. 5:9).
    “Mas el fin de todas las cosas se acerca” (1 P. 4:7).

    Parece que estos versículos fueron escritos para que cale en la mente que la venida del Señor es inminente y que se trata de un evento por el que debemos estar velando y esperando. Debemos estar ocupados sirviéndole fielmente como buenos administradores.
    R. A. Torrey dijo una vez: “El inminente retorno de nuestro Señor es el gran argumento bíblico para llevar una vida activa de servicio, pura, desinteresada, consagrada y no mundana. Con mucha frecuencia en nuestra predicación apremiamos a la gente a vivir santamente y a trabajar con diligencia porque la muerte llega de improviso, pero éste no es el argumento de la Biblia. El argumento bíblico es siempre: “Cristo viene; estad preparados para cuando Él venga”.
    Nuestra responsabilidad es clara. Nuestros lomos deben estar ceñidos, nuestras lámparas encendidas y debemos ser semejantes a hombres que aguardan a su Señor cuando regrese (ver Lc. 12:35-36). No sucumbamos ante aquellos que enseñan que no tenemos derecho a esperar que regrese en cualquier momento. Por el contrario, creamos en Su retorno inminente, enseñémoslo entusiastamente y dejemos que esta verdad brille en nuestras vidas.

de su libro: De Día En Día, CLIE

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Dios Nos Ha Acercado


En Génesis 21:10 Sara dijo a Abraham: “Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo”. A Abraham esto le pareció grave (v. 11), pero Dios confirmó que así debía ser (v. 12). Ismael no era el hijo de la promesa, sino el resultado carnal de la impaciencia y manipulación humana. No tenía derecho a la herencia y la bendición. Luego Gálatas 4:30 cita el mismo texto para enseñar la separación e incompatibilidad entre la ley y la gracia: “Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre”.
    De alguna manera estas palabras también describen nuestra condición como gentiles. Es como si Dios nos dijera: “¡Fuera!” Venimos a este mundo sin ninguna relación con Dios ni derecho a nada de Sus promesas y bendiciones. Efesios 2:11-12 dice:


    “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo”.
 

Israel tenía las bendiciones y promesas, y nosotros nada. “¡Fuera!”. Mira nuestras grandes carencias:
    · sin Cristo
    · alejados de la ciudadanía de Israel
    · ajenos a los pactos de la promesa
    · sin esperanza
    · sin Dios en el mundo

    Pero, a nuestras vidas desdichadas llegó el evangelio. Habiendo oído y creído, fuimos sellados con el Espíritu Santo de la promesa (Ef. 1:13-14). Ahora, como creyentes, Dios no nos dice “¡Fuera!” sino nos invita a acercarnos en plena certidumbre de fe (He. 10:22). Hebreos 4:16 nos invita: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. ¡Grandes bendiciones tenemos! Dios ha enviado el Espíritu de Su Hijo a nuestros corazones, clamando “Abba, Padre” (Gá. 4:6).
    Todas esas bendiciones nos vienen a precio muy caro. El Hijo de Dios se humilló, se encarnó y después de una vida perfecta Él llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero. Efesios 2:13 nos recuerda lo que le costó: “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”. El resultado es: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Ef. 2:19).
    Los gentiles creyentes no somos de Israel. No somos “judíos espirituales”, ni “el Israel de Dios”. El texto dice que somos conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios. Esta es la dicha de todo judío creyente y todo gentil creyente. Estamos “en Cristo” y benditos para siempre. Por la gracia de Dios, mediante la fe somos hijos de Dios (Ro. 8:16), herederos de Dios y coherederos con Cristo (Ro. 8:17).

Carlos

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“Sean vuestras costumbres sin avaricia,
contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo:
No te desampararé, ni te dejaré”
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Hebreos 13:5

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DISCIPLINA POR AVARICIA

Norman Crawford


El “avaro”1  actúa por amor a ganancia u obtención de bienes materiales. No es posible que hombres espirituales juzguen los motivos o pensamientos internos, pero cuando alguien roba, o se involucra en actividades deshonestas o dudosas para obtener dinero o bienes, es culpable de avaricia o codicia y debe ser excomulgado.2 Los hermanos sabios deben examinar con cuidado el caso para determinar el grado de responsabilidad.
    En nuestros días los juegos de azar han sido legalizados, por ejemplo, las loterías, las quinielas y las apuestas sobre cosas como los deportes. Pero si un creyente de la asamblea se involucra en esas prácticas, es culpable de avaricia y debe ser juzgado por la asamblea donde está en comunión, según 1 Corintios 5:11. Es necesario que los hermanos sean sabios acerca de esos problemas modernos acerca de los cuales la sociedad es tan permisiva. Puede que los recién convertidos no hayan sido enseñados acerca de la maldad de esas prácticas. Pero si después de enseñarle y advertirle, alguien sigue voluntariamente en eso, y por ejemplo compra o acepta un cupón de lotería, seguramente debería ser disciplinado – sacado fuera – con cuidado sincero y oraciones fervientes para su restauración.

tomado del capítulo 19 del libro Congregados A Su Nombre

disponible de Libros Berea

1.  “avaro” – gr. pleonektes – adjetivo, 1 Co. 5:10-11; 6:10; Ef. 5:5. Según Vine: “ansioso de tener más...de ahí, ansioso de posesiones, codicioso. El sustantivo, pleonexia, según Vine: “codicia o avaricia, lit. deseo de tener más, siempre en mal sentido. Marcos 7:22 en plural, lit. “avaricias”. 

2. William MacDonald dijo que la avaricia es el pecado que nadie confiesa y que las asambleas no disciplinan, que durante toda su vida nunca conoció a un caso de excomunión por avaricia, pero había conocido a muchos avaros. Sin embargo, este pecado es tan malo como la fornicación.

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GEDEÓN
La historia de un joven transformado en un siervo de Dios.

por Camilo Vásquez Vivanco


“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto” Proverbios 4:18.

Gedeón: Talador y Guerrero 

     “¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas”  (He. 11:32).
    El nombre de este joven en hebreo significa talador (cortador) o guerrero y posiblemente aluda al corazón valiente y esforzado que lo caracterizará durante toda su vida. De ser un granjero Dios lo transformó en un soldado, de un hombre que titubea Dios lo hizo un hombre de fe. Así es la escuela de Dios donde llegamos para estar en la lista de los héroes de la fe.
    Gedeón es el quinto juez de los 14 levantados por Dios, si es que incluimos en ese listado a Samuel (Hch 13:20). Fueron más de 450 años de tiempos en que “...no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jue. 21:25; 17:6). Este ejemplo de Gedeón nos servirá para conocer lo que el Nuevo Testamento llama como “aprobados”, tal como nos dice Dios de Apeles un creyente de origen griego: “Saludad a Apeles, aprobado (aceptable – resiste la prueba) en Cristo. Saludad a los de la casa de Aristóbulo” (Ro. 16:10). Del mismo modo para la iglesia local se precisa de hermanos aprobados: “Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados” (1 Co. 11:19). Descubriremos que Dios necesita este tipo de creyentes y las dificultades que puedan presentarse como lo fueron en la iglesia de Corinto, con divisiones y mundanalidad, permitieron que se vieran los que verdaderamente son más que creyentes, sino que aprobados por Dios.
    Debemos distinguir entre ser aceptos y ser aceptables a Dios en que lo primero tiene que ver con la obra de Cristo que nos hace aceptos en Él (Ef. 1:6-7) y lo segundo tiene que ver con hacer lo que agrada a Dios (Ro. 14:17-18; Ef. 5:10; He. 13:20-21). Gracias a Dios que nada puede modificar el hecho de que somos aceptos en el Amado, no obstante, eso no significa que Dios es un abuelo bonachón que acepta todas nuestras tonteras. Si usted es de los que piensan que la vida cristiana es para hacer lo que quiera, descubrirá que si bien entrará al cielo por ser acepto por la sangre del Señor, sin embargo, allí en el cielo habrá pérdidas de coronas por no vivir para el agrado de aquel que pagó tan alto precio por nuestra salvación (2 Jn. 1:8; Ap. 3:11).
    La doctrina de los aprobados para la iglesia está en el NT, y nos dice: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15). Debemos también aprender que quien más es digno de toda aprobación decidió vivir una vida para agradar al Padre. Él es el Señor Jesús que como hombre dijo de sí: “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn. 8:29). Por esto, Pedro en su discurso de Pentecostés se refirió al Señor como “varón aprobado por Dios” (Hch. 2:22). Esto significaba realizar la voluntad de Dios (He. 10:7), cumplir la obra de guardar la ley de Dios (Mt. 5:17), dar a conocer Su Nombre (Jn. 17:6) y quitar de la presencia de Dios el pecado de la humanidad con Su propio sacrificio (He. 9:26). Nosotros debemos buscar vivir para agradar a Dios imitando a nuestro Salvador (2 Co. 5:9-10) y tal búsqueda tiene que ver con la verdad de que los hombres tendemos a desagradar a Dios aun siendo hijos de Dios. Así sucedió con Salomón a quien Dios bendijo con tanta sabiduría y tanta gracia para que fuese uno de los reyes más grandes de la tierra. “E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre ...Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le, había aparecido dos veces” (1 R. 11:6, 9).
    Los ejemplos de esta doctrina, de ser aprobados, los encontramos en el Antiguo Testamento como es el caso de Gedeón. En este libro de Jueces se hallan LAS TRES “A”:

    1.  Anarquía (espiritual y moral)
    2.  Apatía (La indiferencia)
    3.  Autosuficiencia (La justificación del pecado)

    Además, encontramos en este libro de Jueces las “Siete espirales de la desobediencia”, las cuales son señaladas por la cláusula: “los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová”. Vea esta expresión en Jueces 2:11; 3:7,12; 4:1; 6:1; 10:6; 13:1. En contraste de estas tendencias encontramos en Gedeón las tres “A” de un hombre de Dios, a saber, AMOR (por el pueblo de Dios), ABNEGACIÓN (en la obra de Dios), Aptitud (preparado por Dios).

Gedeón Y El Ángel De Jehová

    “Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas” (Jue. 6:11).
    Este visitante forastero no es un ser creado ni un ser alado sino alguien con la apariencia de hombre que viene caminando y busca la sombra debajo de esta encina o roble. El título “el ángel de Jehová” alude a su oficio como el Eterno enviado del Padre. Incluso en el relato se deja ver como si fuera Dios mismo hablando con Gedeón: “Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?” (Jue. 6:14).
    Es el Señor Jesús, el Hijo eterno, que aparece en estas llamadas Cristofanías o apariciones antes de Su encarnación. No queremos decir que sea un ángel como malinterpretan los falsos Testigos de Jehová, sino que como significa el vocablo ángel o mensajero, corresponde a la divina Persona del Hijo eterno tomando forma en la historia del hombre. Él trae directamente la palabra de Dios pues no solo es su representante, sino que goza de su misma naturaleza, por esto es Dios mismo hablando por Él: “Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre” (Jue. 6:16).
    Una Cristofanía es una aparición de Cristo preencarnado, como después de Su resurrección y corresponde a lo conocido también como Teofanía, la aparición de Dios entre los hombres. ¿Quién más puede estar presente y ser Dios a la vez? Sin lugar a dudas solo el Hijo eternamente engendrado. Él aseguró a Sus discípulos poseer una unión y naturaleza indivisible con el Padre, aun siendo hombre. “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Jn. 14:10).
    En cada una de estas apariciones como el mensajero o ángel de Jehová, el personaje aludido habla como siendo el mismo Dios y Su Persona parece confundirse con la de Dios (Gn. 16:7, 10; 18:10, 13-14, 33; 22:11-12, 15-16; 31:11, 13; Ex. 3:2, 4; Jos. 5:13-15; 6:2; Jue. 6:12-22; 13:13-22; Zac. 1:10-13; 3:1-2). El vocablo ángel, como hemos dicho es “mensajero” y aquí se refiere al eterno mensajero de la deidad. Él no es una criatura ni el primer ser creado como mal suponía “Arrio” sacerdote libio que incorporó la aberración de sostener que Jesús es la primera criatura creada por Dios. De tal pensamiento proceden los falsos testigos de Jehová (TJ) en sus afirmaciones de que Jesús es un ángel confundiéndolo con el arcángel Miguel.
    Sus apariciones como “el ángel de Jehová” nos hablan de Su eterna forma de hacerse visible como mensajero divino. Si el apóstol Pablo nos dice que el Señor es el “primogénito de toda creación” (Col. 1:15), eso no indica que es la primera criatura, sino que es lo que da origen a “toda creación”. De hecho, aquí el vocablo “primogénito” (gr. prototókos) no debe aplicarse en su sentido usual como “primero en nacer” (Mt. 1:25), sino como “supremo” o “principal”. Él es el supremo sobre toda creación pues es el Creador de todo lo que existe: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col 1:16). Es así como se traduce para referirse al reinado de David: “Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra” (Sal 89:27). Este mismo concepto de “supremo” aparece referido a Su Persona como el “primogénito de los muertos” (Ap. 1:5) es decir el más importante “el primogénito de entre los muertos” (Col.1:18) donde dicha supremacía se debe a que Él no murió como los otros hombres por su propio pecado, pues no tenía ningúno, y además, resucitó debido a Su santidad y poder sobre la muerte.

Gedeón En Lo Privado

    “Los ojos de Jehová contemplan la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él...” (2 Cr. 16:9).
    ¿Qué hacía Gedeón en lo privado?  “... Estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas” (Jue. 6:11).
    Mientras todos van en una escalada de desobediencia hay uno que está siendo fiel en medio de la crisis que se describe así: “Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová...” (Jue. 6:1). Era muy fácil ser arrastrado por la mundanalidad y la desobediencia, pero Gedeón no es arrastrado por esa deslealtad a Dios. Trabaja para su familia con abnegada preocupación y esconde el trigo de los madianitas. No está sacudiendo el trigo con el uso de algún animal que usualmente pisa el trigo para separar el grano de su cáscara. Está haciéndolo en un lugar inusual, en un lagar escondido, sin hacer mayor ruido para no ser visto por los enemigos. Además, trabaja por amor a su pueblo y quiere hacerlo disponible a los necesitados. Este carácter abnegado en medio de la crisis nacional no queda oculto de la mirada de Dios que envía su mensajero Santo: “Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra...” (Jue. 6:11).
    Aprendamos esta lección que Dios está evaluando nuestra vida privada cuando nadie nos ve. Ser fiel y ser santo a Dios en lo privado atrae Su mirada. La razón de esto es que es en lo privado cuando demostramos a Dios quiénes somos, “no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios” (Ef. 6:6). Así el tiempo que ocupamos en oración o las horas que usamos en privado para meditar en Su Palabra dicen mucho a Dios de quiénes somos; “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal” (1 P. 3:12). Pero no solo esto sino también el tiempo y dedicación que usamos para bendecir privadamente al pueblo de Dios sin la mirada de otros.
     Qué hermoso es lo que escribe el Apóstol Pablo sobre Onesíforo: “sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló” (2 Ti. 1:17). Este acto silencioso y oculto de la mirada de los hombres no quedó olvidado por aquel que todo lo observa y es así que Pablo asegura que Dios recompensará un día a Onesíforo por este gesto silencioso: “Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto nos ayudó en Éfeso, tú lo sabes mejor” (2 Ti. 1:18). No nos olvidemos además de la necesidad de llevar el trigo celestial a aquellas almas que no conocen al Señor, y que podemos hacer silenciosamente sin que otros se enteren. Como vemos hermanos, todo esto está siendo observado por aquel a quién hemos de dar cuenta.  

continuará, d.v., en el siguiente número

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 La Amistad De Cristo
Lucas Batalla

Texto: Juan 15:12-20


La amistad de Cristo aquí tiene una condición: “si hacéis lo que yo os mando” (v. 14). La palabra amistad significa afecto compartido con otra persona, cariño, entrañabilidad, apego. En este pasaje está la mejor amistad – la de Cristo. Está abierta a todos, pero muy pocos entran en ella. En Proverbios 18:24 leemos: “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano”. La expresión: “amigo hay más unido que un hermano” indica que la familia no es todo, ni podemos siempre fiarnos de ella. Puede haber otros amigos más unidos, más fieles. Pero más allá de todo amigo humano, está el Señor. Su amistad es mejor que la familia, y debemos cultivarla como dice el texto: “ha de mostrarse amigo”. Hermano, hermana, ¿te muestras amigo de Cristo? ¿Sabes cómo hacerlo? Cristo es tu Salvador, pero ¿es tu mejor amigo? En muchos casos lo dudo seriamente. Apliquémonos este texto en Proverbios a Juan 15:12. Si queremos a Cristo como Amigo, hay que mostrarnos amigos – esto es – quererle más que todo ser humano, serle obedientes y leales, y así mostrarle nuestro afecto. En Juan 14:15 es Cristo que habla y pone la condición: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”.
    La amistad de Jesucristo es un aliento al corazón. Pero le cuesta al ser humano recibirla porque intervienen otros amores e intereses. La amistad de Cristo es sobre todo espiritual, no carnal. En Juan 15:13 el Señor declara: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”. Cristo hizo precisamente esto, pero ¿qué de nosotros? ¿Sólo recibimos este amor, y no lo damos? ¿No estamos dispuestos a sacrificar nada para Él? Entonces, ¿cómo pensamos tener Su amistad? Muchos que profesan ser cristianos no quieren sacrificar nada, ni dejar nada ni nadie, ni serle obedientes, ni darle ninguna prioridad en su vida. Entonces, ¿quiénes realmente son tales personas? No son amigos de Cristo, y sin temor a equivocarme os digo que Él no es amigo de ellas.

    Muchas veces la misma familia es donde origina el conflicto. La gente suele decir: “la familia antes que los demás” y vemos en los hechos que ponen a la familia antes que Dios. Es un error muy popular y que pocos están dispuestos a reconocer y arrepentirse de él. Pero en la Biblia tenemos instrucción y advertencias sobre este conflicto entre la familia y Dios. Primero, en Edén, Adán escuchó la voz de su esposa en lugar de ser fiel a lo que Dios le había dicho (Gn. 3:17). ¡Ese error de anteponer el matrimonio o la familia ha costado caro a la raza humana hasta el día de hoy. Más adelante en Génesis tenemos otros ejemplos. Caín mató a su hermano Abel (Gn. 4). El conflicto entre Ismael e Isaac enseña la lucha que hay muchas veces en la familia (Gn. 21:9; Gá. 4:29).  Hay que meditar esto y tener claro que ser fiel a Dios y obedecerle puede costarnos la familia. Muchos no parecen dispuestos a pagar tan alto precio por ser amigos de Dios. Triste es eso, porque las amistades humanas y aun la familia pueden fallarnos, pero Dios nunca. Él es siempre fiel.

       continuará, d.v. 

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 El 25 de Diciembre – Fecha y Fiesta Pagana
W. E. Vine


Las iglesias ya habían comenzado en gran medida a observar los días de fiestas paganos... Como hemos observado, el 25 de diciembre era observado en todo el mundo pagano como el nacimiento del dios sol. Fue una de las fiestas más importantes de los romanos, y se celebraba con grandes juegos del circo romano. Pero la Iglesia llena de ambiciones mundanas no quería quedarse atrás. Así que decretó que el nacimiento de Cristo debía celebrarse ese mismo día. Crisóstomo (347-407 d.C.) comentó que Roma fijó ese día como el “nacimiento de Cristo”, y él apoyó la decisión. Argumentó que como los paganos llamaron el día “el nacimiento del Sol Invictus”, el dios sol, era razonable que la Iglesia lo observara porque Cristo, como “sol de justicia”, venció la muerte.
    Pero cierto es que el 25 de diciembre no fue cuando nació nuestro Señor. El establecimiento de ese día en el calendario religioso de Roma fue causa de tantos abusos que a mediados del siglo V Leo el Grande acusó a los cristianos de causar tropiezo a los débiles con sus festividades. No que celebrasen el nacimiento de Cristo, pues la celebración era del nacimiento del sol.  ¿Pero qué más se podía esperar cuando todo el rumbo y la política del día era la combinación del cristianismo y el paganismo?
    ¡Qué poca atención habían prestado a las advertencias del apóstol Pablo con referencia a la apostasía de Israel de la Palabra de Dios en otros tiempos! Se volvieron de Dios a las tradiciones y costumbres de las naciones paganas alrededor de ellos, y adoraron a los ídolos. “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Co. 10:11).
    Hoy, hermanos, tenemos la doble advertencia, de Israel y de la Iglesia. Ahora vemos de modo especial los efectos malignos de tan temprana salida de las iglesias de la voluntad de Dios que Él reveló por Sus apóstoles... Nos urge atender nuevamente la advertencia: “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor” (2 Co. 6:17). Seguramente el Señor nos está llamando muy encarecidamente hoy a separarnos de la mundanalidad y de la apostasía religiosa de la Palabra de Dios. 
  

Del capítulo 4 de: The Origen and Rise of Ecclesiasticism and the Papal System (“El Origen y Auge del Ecelsiasticismo y el Sistema Papal”).W.E. Vine, págs. 26-30, disponible en Libros Berea. 

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 ¿Qué Parte No Entiendes De 

"No Te Harás Imagen"?           

El escenario llamado "belén" o "nacimiento" no viene de los apóstoles. Fue protagonizado por Francisco de Asís en 1223 d.C., en Greccio, Italia. Pero es una violación de la ley de Dios: "no te harás imagen". El belén no tiene apoyo bíblico. No es de los verdaderos cristianos, sino de paganos e idólatras.
    Pero algunos, empeñados en defenderlo y practicarlo en lugar de admitir y corregir su error, se excusan diciendo: “No lo adoro como un ídolo. No significa esto para mí. Simplemente me recuerda el Señor”. A los tales les recordamos dos cosas. Primero, que ésa es la misma excusa que usan los católicos para cualquier imágen (ídolo) suyo, que “solo es una ayuda para la memoria”. Segundo, que el Señor ya nos dijo claramente qué debemos hacer en memoria de Él. “Haced esto en memoria de mí”, dijo cuando instituyó la Cena del Señor (Lc. 22:19; 1 Co. 11:24-25). ¿Puede los belenistas producir un texto bíblico que enseña o apoya su uso de figuras?
    Imagínete que uno tuviera una imagen de Baal o de Buda en su casa, y dijera: “solo es arte, no es un ídolo para mí”.  Tales excusas no valen. Al Señor le es un ídolo, una imagen de algo en el cielo, la tierra o debajo de la tierra. No dijo que prohibía “algunos tipos de imágenes”, sino cualquiera y todas ellas. La frase “No te harás imagen”  (Éx. 20:4) no es difícil de entender.
    En la Epístola a los Romanos leemos como los hombres insultaron y ofendieron a Dios, provocándole a ira con sus imágenes. “Y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (Ro. 1:23). ¡Parece un belén! “...Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (Ro. 1:25). ¿Con qué posible razón quisiera un supuesto cristiano imitar cosas tan aborrecibles? El mandamiento esá claro: “Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén” (1 Jn. 5:21).
 

 


domingo, 31 de octubre de 2021

En Esto Pensad -- noviembre 2021

 

Lecciones de la Obediencia de Cristo
Parte II
Andrés Murray

viene del mes de septiembre
4. En Cristo, esta obediencia fue hasta la muerte.

    Cuando Él dijo: “...he descendido...no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Jn. 6:38), estaba preparado ya hasta lo extremo en la negación de Su propia voluntad y en cumplir la voluntad del Padre. Se lo proponía. “No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Jn. 5:30).
    Él nos invita a vivir esa obediencia y nos da poder para ello. La verdadera obediencia es la que resulta de una entrega total, una disposición a obedecer en todo, de corazón. Es lo único que nos podrá ayudar en nuestro tránsito por este mundo. ¡Quiera Dios hacer que los cristianos comprendan que nada menos que esto es lo que regocija y fortalece nuestra alma!
    Mientras dudemos que esa obediencia deba ser total, y por ende exista en nosotros un oculto sentimiento de posibilidad de fracasar, estaremos perdiendo esa confianza que es necesaria para asegurar la victoria. Pero una vez que pongamos a Dios delante nuestro, como invocando realmente una plena obediencia, y dispuestos a ponerla por obra, sin atrevernos a ofrecerle nada menos, nos rendimos y permitimos que el Padre divino obre en nosotros. Es la manera en que el Espíritu Santo puede gobernar toda nuestra vida.

5. En Cristo, esta obediencia surgió de la más profunda humildad.

“Haya, pues, en vostros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:5-8).

    Todo hombre que aspire a ver revelado el escondido secreto y la celestial belleza de la obediencia de Cristo y de Su poder, debe estar dispuesto a sufrir el más completo anonadamiento, a ser y vivir como un “siervo de la obediencia”, y a humillarse profundamente delante de Dios y los hombres. Puede darse el caso de una fuerte voluntad, que secretamente confía en sí mismo, que porfía por llegar a la obediencia y, sin embargo, fracasa. La revelación de que obedecer a este glorioso Dios es el único deber, y la única bendición de una criatura, nos será hecha en la medida en que nos dejamos caer profundamente delante de Dios en humildad, mansedumbre, paciencia y resignación total a Su voluntad. También será conforme a la medida en que estamos dispuestos a inclinarnos en absoluta impotencia y dependencia de Él.

6) En Cristo, esta obediencia fue de fe, en completa dependencia del poder de Dios.

    “Nada hago por mí mismo...” (Jn. 8:28). “...El Padre que mora en mí, él hace las obras” (Jn. 14:10). La entrega incondicional del Hijo a la voluntad del Padre tuvo como respuesta que el Padre le confiriera Su poder para que obrara sobre Él de forma incesante y sin reservas.
    De la misma manera será con nosotros. Debemos aprender que ceder nuestra voluntad a la de Dios será siempre la medida en que Él nos transmita Su poder. Entonces veremos que nuestra disposición a una plena obediencia no es nada más que un acto de fe que Dios obrará en nosotros. Justamente es en esto que se basan todas las promesas de Dios en el Nuevo Pacto:
    “Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón... para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón... y oirás [obedecerás] la voz de Jehová” (Dt. 30:6, 8).
    “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ez. 36:27).
    Debemos creer, tal como lo hizo el Hijo, que Dios obra en nosotros, y de esta manera obtendremos el coraje para someternos a una obediencia sin reservas, hasta la muerte. Ese someternos a la voluntad de Dios llegará a ser la entrada a la bendita experiencia de conformidad al Hijo de Dios en la ejecución de la voluntad del Padre. Él en Su perfecta humanidad y como siervo contó con la potencia del Padre. Entreguemos nuestro todo a Dios. Él obrará Su todo en nosotros.
    ¿No sabéis que vosotros, constituidos justos por la gracia por medio de la fe, en base a la obediencia de uno, sois como Él y en Él siervos de la obediencia para justicia? Es en la obediencia del Uno que la obediencia de muchos tendrá su raíz, vida y seguridad. Volvámonos, contemplemos, meditemos y creamos en Cristo como el Obediente. ¡Qué éste sea el Cristo que recibimos y amamos, y que procuremos conformarnos a Él! Así como Su justicia es nuestra única esperanza, sea el obedecerle nuestro único deseo.
    Debemos probar la sinceridad de nuestra fe en Él, y la confianza en el poder sobrenatural de Dios obrando en nosotros, aceptando a Cristo el Obediente, como el Cristo que es nuestra vida, como el Cristo que mora en nosotros.

del capítulo 2 del libro La Escuela de la Obediencia, Andrés Murray, Editorial Moody

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El Pecado de la Auto Estima


   “‘¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?’ (1 Co. 3:16). El Dagón de la carne debe caer postrado ante Su presencia (1 S. 5:3); las cosas de este mundo, el amor al dinero, la auto glorificación, el egoísmo, el amor propio y la auto-estima deben ser quitados de delante Suyo, tal como Cristo purificó al templo echando de ahí a los cambistas. Entonces Él vendrá y llenará Su templo con Su gloria, para que el “yo” no pueda estar allí, así como Moisés no pudo entrar en el tabernáculo y los sacerdotes, en la dedicación del templo de Salomón, tampoco pudieron estar ante la gloria del Señor. Entonces se dirá: ‘En Su templo todo proclama Su gloria’ (Sal. 29:9)... No perdonemos a nuestros ídolos. Es para nuestro bien que los despedacemos”.

F. E. Marsh (1859-1919) The Discipler’s Manual (“Manual del Discipulador”).

      ¡Cómo han cambiado las cosas en las iglesias evangélicas! Ahora alaban y aconsejan el amor propio y la auto estima, cuando antes los siervos de Dios denunciaban  como “Dagón” estas cosas. Hoy, disfrazado de “psicología cristiana”,  Dagón dirige en no pocas iglesias, y aun en el campo misionero, para la vergüenza de ellas. Los que no paran ni preguntan por las sendas antiguas (Jer.  6:16) ignoran que las doctrinas y los consejos dados hoy en día no son más que los pecados denunciados antes por varones de Dios. El Señor  nos aconseja: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras, pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Ap. 2:5).

del libro ¿Psicología?, por Carlos Tomás Knott, Libros Berea

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El Cristiano, la Tecnología y las Redes Sociales
Marcus Cain

 
    Estar “conectado” parece ser algo sumamente importante en el mundo en que ahora vivimos. Más que la mitad de la población mundial está conectada en alguna manera u otra, y este porcentaje asciende mucho en muchísimos países. Pero debemos preguntarnos, ¿a qué costo?  Hay una nueva generación de creyentes que no sabe cómo era la vida sin tener la posibilidad de estar conectado con los amigos las 24 horas al día. Cada vez hay más posibilidades de aplicaciones para su teléfono móvil. Obviamente estas redes se pueden acceder en cualquier computadora o tablet, pero el mayor uso se da en los teléfonos por motivos que veremos.

La tecnología

    Para nada está uno en contra del avance de la tecnología. Tanto la tecnología como varias redes sociales son herramientas para usar, pero el peligro es que puedan tomar el control de uno y su tiempo. A la vez no queremos volver a vivir como nuestros abuelos o bisabuelos (dependiendo de la edad de mi estimado lector), y de hecho sería bastante difícil. Para muchos estudiantes es necesario estar en grupos para estar al día con sus tareas, por ejemplo. El correo electrónico se usa menos cada vez por los más jóvenes. Para los que trabajan sería casi imposible llevar a cabo sus responsabilidades sin estar disponible por lo menos las horas laborales para contestar mensajes y una que otra llamada.

La tentación

    No pensamos nombrar cada red social, pero todo creyente que ha usado la tecnología bien reconoce que la tentación abunda. Recordemos lo que escribió el apóstol ya de anciano: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Jn. 2.16). Las redes ofrecen mucho para la carne y para los ojos, y la carne no sabe decir: “Basta, estoy satisfecha”. Nos hace pensar en lo que escribió Agur: “La sanguijuela tiene dos hijas que dicen: ¡Dame! ¡dame!  Tres cosas hay que nunca se sacian; aun la cuarta nunca dice: ¡Basta!” (Pr. 30.15). “La vanagloria de la vida” se ve cuando uno quiere fomentar una imagen pública que no representa la verdad de la vida, llenándose de orgullo y soberbia por los “Me gusta” que le llegan en Facebook, o por las veces que se comparte la imagen en Instagram, o por los comentarios compartidos por los amigos: “Qué bella”, “Qué guapo”, etcétera.
    Aparte, recuerde que muchos inconversos van a presentar un lado muy provocativo y sensual a veces, proveyendo algo no saludable para los ojos y corazones de los creyentes. Por eso es esencial tener mucho cuidado en elegir a quién seguir, o en aceptar solicitudes para amistad. SnapChat también tiene la supuesta ventaja de tomar y subir fotos que desaparecen de forma automática después de un tiempo limitado. Puede dar lugar a que uno comparta fotos que no quisiera ver en otras redes, sabiendo que pronto no estarán disponibles, y eso crea un falso sentido de seguridad.

La tristeza
 
   En un mundo tan lleno de tristeza, muchos piensan que estar conectado ayuda a los jóvenes a sentirse más alegres y contentos. Pero la verdad es que hay muchos estudios que muestran un vínculo estrecho entre el uso de las redes y el desaliento y la ansiedad. En parte esto es causado por la envidia, porque casi todo el mundo que sube publicaciones sube lo bonito de su vida, no la realidad de luchas y problemas. Esto puede causar envidia en el corazón del creyente, y cierta insatisfacción con las circunstancias en que Dios le ha puesto, y más allá una tristeza profunda que puede causar el desánimo. No estamos diciendo que la cura para todo caso semejante sea desconectarse de las redes, pero sí que hay una conexión entre el tiempo pasado en ellas y el estado de ánimo. ¡Tenga cuidado!

El temor

    El miedo a perdértelo es real (F.O.M.O. por sus siglas en inglés – “fear of missing out”). Muchos jóvenes y no tan jóvenes tienen miedo de llegar a la escuela, al colegio, a la reunión de la iglesia sin saber lo que “todo el mundo sabe”. Puede ser el anuncio de un nuevo noviazgo, por ejemplo, que hace que uno piense en revisar las redes en la noche justo antes de dormir y también en cuanto se levante, y luego muchísimas veces durante el día. El usuario medio de un móvil lo revisa más que 60 veces al día, y muchos lo hacen hasta 160 veces cada 24 horas. Si usted duerme 7 horas cada noche, ¿será que mira su móvil casi 10 veces cada hora, o sea, cada 6 minutos?  O, ¿será más frecuente aún? Parte de este temor también tiene que ver con los grupos de chat, sea WhatsApp, Signal u otro. No quiere uno ser el último en enterarse de alguna novedad — ¡qué horror!
    Una recomendación es apagar las notificaciones en su móvil. Si no lo puede hacer siempre, procure hacerlo cuando va a estar a solas con Dios. Apague su teléfono en la noche, o al menos no vea nada de las redes y los mensajes hasta después de haber tenido un tiempo con Dios en oración y lectura bíblica; esto ayudará a enfocarse correctamente en lo que es realmente importante en la vida.
    Aparte de eso, piense que cuanto más revise las redes, más aumenta la ansiedad en la vida. En cambio, cuanto menos las ve y más tiempo con el Señor sucederá exactamente lo opuesto: la paz y tranquilidad que no existen en este mundo. ¡No las busque en los lugares equivocados!

Las trampas

    Hay una trampa económica. Fácil es hacer compras en el internet ahora, con no más oprimir uno o dos botones, el paquete llegará en pocos días a la puerta de su casa. Otra trampa es la falta de satisfacción con el móvil que tiene: la pantalla está chica, o el sistema ya no se puede actualizar, o todos los demás tienen algo mucho más moderno, y aunque aún funciona lo suyo, es tiempo de comprar otro. Es parte del gran plan — tener aplicaciones que funcionan solo con el sistema operativo más nuevo. Luego los que fabrican los teléfonos quieren vender más aparatos y el sistema operativo deja de funcionar en los más antiguos. ¡Algunos piensan que “necesitan” un teléfono nuevo cada año!   
    En sí las aplicaciones son diseñadas como trampas, haciendo que uno tenga pocas ganas de salirse de ella. Movimientos visibles al ojo (aunque el teléfono está a una corta distancia), anuncios deliberadamente elegidos para llamar la atención, y hasta los colores mismos hacen que uno pase mucho más tiempo de lo que pensaba hacer.
    Hay muchos estudios ahora también que demuestran la conexión entre la falta de poder concentrarse y el uso del teléfono móvil. Las redes sociales terminan cambiando los circuitos de su cerebro, haciendo que haya un aumento en los niveles de dopamina en él mientras esté usando las redes. El cerebro llega a querer estos mismos niveles siempre — es un sistema de recompensa, pero está recompensando algo que no se puede duplicar en su tiempo devocional con Dios, por ejemplo. Roba no solo su tiempo (como veremos) sino también su capacidad de concentración, y muchos expertos aseveran que son cambios difíciles a anular.
    Otra trampa es la tremenda cantidad de desinformación disponible en las redes. Quien quiera ahora tiene una voz, y el creyente necesita ser prudente en saber que es una fuente confiable. No es sabio verla y menos sabio aun compartirla antes de asegurar que es certera.

El tiempo
    Casi todo el tiempo que uno está utilizando su teléfono se encuentra dentro de una aplicación. Lo que es el “Internet” en sí, o sea, el navegador se usa menos cada vez. Los que producen sus aplicaciones trabajan para que a usted le guste su aplicación y que pase cada vez más tiempo en ella. Ahora bien, repetimos que hay cosas necesarias para muchos de nosotros que tenemos que hacer en nuestros móviles, relacionadas con el trabajo o los estudios, pero sería muy prudente revisar cuánto tiempo usa a diario o semanalmente su teléfono. Recientemente él que escribe leyó un libro llamado “Deep Work” ("Obra profunda") donde el autor lamentaba el hecho que pocos saben concentrarse. En parte se debe al hecho que el teléfono provee una constante distracción — cada vez que vibra o timbra, o no más llega una notificación a la pantalla, lo “tenemos” que ver. Estas constantes interrupciones no ayudan a nadie, mucho menos al creyente cuando quiere estar en sus momentos de comunión con su Padre celestial.
    Varía de país en país, pero se estima que un adulto pasa casi seis horas al día con su móvil en la mano, y que un 15% de los milenios los usan hasta doce horas. Sería bueno hacer caso a lo que dijo el apóstol Pablo: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5.15-16). Como creyentes somos considerados mayordomos de todo lo que Dios nos ha prestado, y esto incluye nuestro tiempo. Fácil puede ser pasar un buen rato viendo videos en YouTube, chateando con los amigos en SnapChat, o viendo fotos en Instagram, pero difícil pasar una media hora leyendo la Palabra de Dios u orando a nuestro Padre celestial. “Hermanos míos, esto no debe ser así” (Stg. 3:10).

    Para su meditación: si pasa tres horas de su día en su móvil, en los últimos ocho años ha pasado un año en ello; si fueren seis horas al día, serían dos años de su vida viendo la pantalla. Hermanos míos, ¿no debemos tomar una pausa y preguntarse qué tan útiles han sido estos “momentos”?

El testimonio
 
   Hay que ver dos lados de la moneda aquí. Es muy cierto que muchos creyentes, e incluso iglesias locales, han usado las redes sociales con el debido cuidado para anunciar el Evangelio. Textos bíblicos, videos de predicaciones, mensajes devocionales se han compartido con buena receptividad y la aparente bendición de Dios, hasta en la salvación de almas.
    Pero debemos entender a la vez que hay creyentes que no han cuidado su imagen pública en las redes, y que han visto su testimonio tristemente afectado por publicaciones y fotos compartidas. Puede ser fácil hacerlo sin pensar — una foto comprometedora puede hacer mucho daño, por ejemplo, al testimonio de un joven. Cabe mencionar que, si uno no estuviera en tal lugar, ¡tal foto no se habría tomado! Puede ser un comentario no muy bien pensado que afecta el testimonio. En un mundo de tanta rapidez, tomemos una pausa y pensemos antes de publicar.
    Resumiendo lo que hemos dicho, la tecnología y las redes presentan un tremendo reto para el creyente hoy en día. Hay tentaciones y trampas latentes. Pueden causar tristeza y provocar un temor. Consumen demasiado tiempo y pueden afetctar el testimonio de uno, pero reconocemos que pueden, usadas con sumo cuidado, ser una fuente de bendición en el avance del reino de Dios.

Marcus Cain sirve al Señor en Hermosillo, México

jueves, 30 de septiembre de 2021

En Esto Pensad -- octubre 2021


 CUANDO MUERE UN CREYENTE

William MacDonald

“...los que durmieron en él” (1 Tesalonicenses 4:14).

    ¿Cómo debemos reaccionar cuando uno de nuestros seres queridos muere en el Señor? Algunos cristianos se derrumban emocionalmente. Otros, aunque afligidos, son capaces de sostenerse heroicamente. Todo depende de cuán profundamente estemos arraigados en Dios y hasta qué punto nos hayamos apropiado de  las grandes verdades de nuestra fe.
        En primer lugar, debemos ver la muerte desde el punto de vista del Salvador.  Es una respuesta a lo que Él oró en Juan 17:24, “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria...” Cuando nuestros seres queridos van a estar con Él, Él ve el fruto de Su aflicción y queda satisfecho (Is. 53:11). “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos”  (Sal. 116:15).
        En segundo lugar, debemos tomar en consideración qué significa la muerte para aquel que la experimenta. Se le permite ver al Rey en Su hermosura. Es librado para siempre del pecado, la enfermedad, el sufrimiento y las penas. Es arrebatado de la aflicción (Is. 57:1). “Nada se compara con la partida de un santo de Dios ...llegar a la casa del Padre, dejar atrás aquellos viejos terrones de lodo, ser libertado de la esclavitud de lo material, recibido por la innumerable compañía de ángeles”. Ryle escribió: “En el mismo momento en que los creyentes mueren, entran al paraíso. Han peleado la batalla, su contienda ha terminado. Por fin tocan el otro lado de ese valle tenebroso por el que un día hemos de caminar. Desembarcan en la otra orilla de ese oscuro río por el que algún día tenemos que cruzar. Han bebido esa última copa amarga que el pecado ha mezclado y preparado para el hombre. Han llegado a aquel lugar donde la pena y el gemido ya no existen más. ¡Ciertamente no debemos desear que regresen otra vez!  Es por nosotros mismos y no por ellos que tenemos que llorar”. La fe se apropia esta verdad y se fortalece como árbol plantado junto a corrientes de aguas.
        Para nosotros, la muerte de un ser querido va acompañada de tristeza. Pero no debemos entristecernos como los demás que no tienen esperanza (1 Ts. 4:13). Sabemos que nuestros seres queridos están con Cristo, lo que es muchísimo mejor. Sabemos que la separación es tan sólo por un poco de tiempo. Después nos reuniremos en las laderas de la tierra de Emanuel, y nos volveremos a ver en mejores circunstancias que en las que nos conocimos aquí abajo. Esperamos con ansia la venida del Señor cuando los muertos en Cristo resucitarán primero, luego nosotros los que vivamos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para salir al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor (1 Ts. 4:16,17). Esta esperanza hace la diferencia.
        El consuelo de Dios no es demasiado pequeño (Job 15:11). Nuestra tristeza está mezclada con gozo, y nuestro sentido de pérdida está más que compensado con la promesa de una bendición eterna.

del libro DE DÍA EN DÍA, CLIE

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 “CIERTAMENTE MORIRÁS”


La muerte no es una teoría, sino una triste realidad bien conocida en todo el mundo. Ha causado temor, dolor y lágrimas, separación, pérdida y tristeza en todo el mundo. Muchos filosofan sobre la muerte, y algunos quisieran ignorarla, pero todos mueren. Alguien dijo que la muerte es el igualatorio divino, porque anivela toda raza y clase humana, todo rango social y económico. La gran pregunta no es “¿moriremos?” ni siquiera “¿cuándo o cómo?” sino “¿por qué morimos?” Se suele decir filosóficamente que es simplemente parte natural del ciclo de la vida: nacemos, vivimos, morimos.
    La ciencia y la medicina pueden posponer a veces la muerte, pero no pueden pararla. Los forenses pueden explicar la causa de la muerte – que es porque para el corazón, o porque se asfixia, o por trauma de un golpe fatal, por hemorragia interna, etcétera. Emplean términos médicos o biológicos. Hasta allí llegan, y no más. Sus consejos, medicinas y operaciones pueden alargar la vida un poco, pero moriremos. Se oye decir: “De algo hay que morir”, pero la cuestión es, ¿por qué? Pero la Biblia da la historia y el origen de la muerte, la razón de ella, y la presenta desde el punto de vista de Dios el Creador. No había muerte en el mundo perfecto que Él creó. Todo era “bueno en gran manera” (Gn. 1:31). La muerte entró después, pero ¿por qué y cómo?
    La primera vez que la Biblia menciona la muerte, sale de la boca de Dios en Génesis 2, cuando dijo a Adán: “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gn. 2:17). Incluye, pero es más que la muerte física. Génesis 5 da amplio testimonio de la muerte física. Es llamado el cementerio de Génesis, o el campanario de la muerte, porque se repite la frase: “y murió”. El libro de Génesis – orígenes – que comienza con vida en Edén, termina “en un ataúd en Egipto”, porque intervino el pecado de incredulidad y desobediencia, con sus amargos frutos.
    Esto sigue por toda la Biblia – pecado y muerte. Porque como Dios advirtió a Adán en Génesis 2:17, “ciertamente morirás”. De ahí que la Palabra de Dios afirma que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez” (He. 9:27). “El alma que pecare, ésa morirá” (Ez. 18:4), porque “la paga del pecado es muerte” (Ro. 6:23). Los cementerios en todo el mundo testifican que la Palabra de Dios dice la verdad, pero eso solo es la primera muerte.
    Se puede morir dos veces. Hebreos 9:27 avisa de la muerte física, y dice: “y después de esto el juicio”. Podríamos decir que la muerte física solo es paga y señal de la gran, eterna y penosa segunda muerte. Los muertos serán juzgados, porque su fallecimiento físico no satisface la justicia divina. La segunda muerte viene después del juicio del gran trono blanco que Apocalipsis 20:11-15 describe. Los muertos inconversos serán resucitados, estarán de pie ante Dios, cada uno será juzgado por sus obras, condenado y lanzado al lago de fuego. “Ésta es la muerte segunda” (Ap. 20:14-15), y es eterna. “Los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21:8). Es eterno el cielo, y eterno el infierno. “Una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá” (Lc. 16:26).
    Aquí hay una lección sabia y sobria. Eclesiastés 7:2 aconseja: “Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón”. Esto es cierto, pero aún Salomón, en sus años de desvío, al considerar la muerte concluyó que la vida es vanidad. Cuando pensó y escribió así por su cuenta, omitió parte de la verdad. Hay mucha vanidad y vanagloria en el mundo, pero no todo es así.
    No es vana la vida de los que creen en el Señor Jesucristo y buscan el reino de Dios y Su justicia. El inspirado apóstol Juan nos comunica el mensaje celestial: “Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (Ap. 14:13). Hablando de la resurrección que espera a los creyentes, Pablo escribe: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).

Carlos
del libro Pena de Muerte, Libros Berea

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La Recompensa de los Fieles

El profeta Elías dijo: “sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida” (1 R. 19:10, 14). Dios no le dijo “pobrecito”, sino: “yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron” (1 R. 19:18).
El profeta Elías había gastado su vida en sacrificio vivo, sirviendo a Dios. Tuvo que ir contra la corriente popular para ser fiel a Dios, y Dios le sostuvo pese a las dificultades y la oposición. Pero aunque era fiel, solo era un hombre, y en ese momento sentía la soledad, enemistad y falta de apoyo, y estaba desanimado por la aparente falta de resultados. Luego el Señor le declaró que Él, no Elías, haría que quedaren en Israel siete mil fieles. ¿Fueron éstos en parte el resultado de ver el coraje y la fidelidad de Elías? Si estás desanimado, sigue adelante. Recuerda que hay mucho que no sabemos acerca de cómo Dios ha estado obrando por medio nuestro. Quizás no nos permite ver esos frutos para mantenernos humildes y dependientes de Él. Recibiremos galardón en el cielo, no aquí. Así que, lo que nos toca en esta vida es ser fieles hasta el fin. “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58). 

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¿Morirás Bien?

Una Meditación Sobre La Muerte Que Se Avecina

por Donald Norbie (1923-2017)


Moisés dijo en su salmo: “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos” (Sal. 90:10). Un himno dice: “Nuestra vida acabará, cual la hoja caerá”. Comparado con la eternidad, nuestra vida es un puntito minísculo en la pantalla del tiempo. Durante 2004 murió una señora a los 115 años de edad, y dijeron que era la mujer más vieja en los Estados Unidos. Antes de morir, dijo: “Morirse es difícil. ¡Espero hacerlo bien!” No se sabe si era cristiana o no. Hace años que Kenneth Hildebrand compuso una canción en la que dijo: “Si vivo bien, ¡alabado sea el Señor! Si muero bien, ¡alabado sea el Señor!”
    Es posible morir bien, en paz con Dios y los hombres, sabiendo que durante su vida uno ha hecho la voluntad de Dios. El apóstol Pablo escribió al final de su vida: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”(2 Ti. 4: 6-7). Fue ejecutado en Roma por su fe, probablemente le decapitaron. Suya fue una entrada triunfante en la gloria del cielo. Pablo murió bien.
    El predicador en Eclesiastés declaró: “Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento” (Ecl. 7:1).  Los padres se gozan en el nacimiento de su pequeñito. Es una vida nueva, vigorosa, radiante con esperanza. Pero, ¿quién sabe como resultará esa vida? Puede que aquel bebé, al crecer, confíe en el Señor y viva una vida productiva, en feliz matrimonio y sea bendecido con hijos. Pero también es posible que tome otro camino, sea rebelde, rechace a Dios y desprecie a sus prójimos. Puede morir joven, habiendo malgastado su vida. Recuerda los últimos días de Sansón, después de haber juzgado a Israel veinte años. El comienzo de la carrera es importante y emocionante, pero el final de la carrera es lo que determina quién corrió bien. El día de la muerte es más importante que el día del nacimiento. Entonces se conocerá la calidad de la vida de esa persona. ¡Cuán importante es vivir sabiamente!

Una Muerte Segura

    Considera bien las palabras de Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Ti. 4:7-8). Aunque afronta la muerte, rebosa confianza. Es un clamor de triunfo. Triunfó en la lucha contra el diablo, la carne y el mundo. Había sido una batalla larga y recia, pero la ganó. Su vida era una carrera de maratón, y le eran necesarios concentración y fuerte perseverancia. Pablo corrió bien y terminó la carrera. No claudicó en la verdad de Dios. Pudo exhortar a Timoteo: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús” (2 Ti. 1:13). Una vida triunfante es una vida fiel al Señor y a Su Palabra. ¿Podremos terminar la vida en triunfo como Pablo?

Prepárate Para Morir

    Desde el día de tu nacimiento debes preparar para el día de tu muerte. Escuché a un anciano rogando encarecidamente a los jóvenes a dedicarse al Señor temprano en la vida. Dijo: “No desperdicies tu vida. No esperes hasta la vejez para comenzar a servir a Dios. La vejez es un tiempo de deterioro de salud, energía y visión. Escoge sabiamente en tu juventud para que vivas una vida fructífera y significativa”. ¡Buen consejo! En la vida sabia habrá metas sabias. La decisión de poner a Dios en primer lugar en tu vida es la más importante decisión que harás después de la conversión. Afectará para bien todas las demás decisiones. Si determinas amar a Dios por encima de todo, esto te guiará a consagrarte a Él, no contaminarte en el mundo, y buscar cómo servirle. Pablo implora a los creyentes: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:1-2).
    Una vez en un encuentro un joven se me acercó después de la reunión y dijo: “Tío Donald (así le llamaron) hace años que creo en el Señor para salvación, pero siento que realmente no me he consagrado a Él. Quiero hacerlo ahora”. Oramos juntos y él derramó su corazón delante de Dios. Después, durante más de cuarenta años su vida ha sido una bendición al pueblo de Dios. Esa decisión dio rumbo bueno a su vida hacia Dios y las cosas del Señor.  
    Esa decisión te guiará a una vida disciplinada. Comenzarás a ver que la vida es preciosa y no debe ser desaprovechada. Hay que rechazar y evitar todo lo que estimularía a las tendencias pecaminosas en ti. Debes actuar sin misericordia en esto, y eliminar el contacto con cualquier cosa que despierta o provee para los deseos de la carne (Ro. 13:14). Debes someter tu vida interior de los pensamientos al control de Cristo (2 Co. 10:5). El pecado comienza en los pensamientos y los deseos (Stg. 1:14-16).
    En la vida disciplinada programarás tiempos regulares para leer, meditar y estudiar la Palabra de Dios, y para orar. No hay atajos para la espiritualidad y la madurez. Amar a Dios es amar Su Palabra. En la vida disciplinada aprovecharás sabiamente el tiempo. Habrá que escoger lo mejor antes que lo bueno. Un buen libro de agenda podría ayudarte. Siempre deben tener prioridad las cosas de Dios. Cada día se presentarán oportunidades que no debes perder. Para una vida sana debes apartar tiempo para ejercicio y relajamiento, pero no en demasía. “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Ef. 5:15-17).
    Una vida piadosa será marcada por una buena conciencia. “Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida” (1 Ti. 1:5). Para mantener una buena conciencia debes confesar y apartarte de todo pecado. Debes guardarte sin mancha del mundo (Stg. 1:27). Para morir bien, debes mantener pura tu conciencia. “Consérvate puro” (1 Ti. 5:22). Un espíritu perdonador también es vital para la salud espiritual y la bendición. Un espíritu resentido y no perdonador amargará tu vida y contaminará a otras personas (He. 12:14-15). Es seguro que durante los años de tu vida serás a veces ofendido por otros y también ofenderás. Necesitamos el perdón del Señor y de los demás, y también debemos perdonar, como Dios nos perdonó (Ef. 4:32). Para eso son necesarios la humildad, el arrepentimiento y la confesión. Es triste ver a un creyente llegar al final de su vida con un corazón cargado de amarguras.
    Para vivir y morir bien, debes aceptar tu situación en la vida. Pablo lo expresó así: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Fil. 4:11). En ese momento Pablo estaba preso en una cárcel en Roma, esperando un juicio.  Algunas personas siempre parecen infelices y quejosas de su trabajo, el clima, la iglesia, y casi cualquier cosa. Con la vejez llegarán algunas limitaciones físicas que son difíciles de aceptar, la sordera, problemas con los ojos, poca energía y muchos achaques y dolores. Quizás antes de la vejez tendrás una minusvalidez o discapacidad. Será difícil no mirar con envidia a los que tienen más salud. No es fácil someterse a las pruebas de la vida y aceptarlas como de la mano del Señor. Pero si resientes y lamentas tu situación, solo sufrirás más.  Siempre hay otros cuyas circunstancias son peores. Recuerdo a un hombre en una silla de ruedas que dijo: “Estoy tan agradecido que puedo usar mis brazos. Si me hubiera herido más arriba en la columna, estaría totalmente paralizado”. Su vida destacó la gratitud. Para morir bien, debes aceptar las circunstancias de la vida y reconocer que Dios está obrando a tu favor, para tu bien y Su gloria (Ro. 8:28).  Y la gloria celestial está adelante. El apóstol mismo declara: “pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Co. 5:8).  
    Aprovecha la gracia de Dios y comienza temprano en la vida a escoger bien, a tomar decisiones sabias en vista de la eternidad. Entonces, si el Señor no viene antes, morirás bien, ¡triunfantemente!
 
p.d. El amado hermano Norbie murió bien, y por su vida de fiel servicio dejó ejemplo que seguir, gracias a Dios. “Estimada es a los ojos de Jehová La muerte de sus santos” (Sal. 116:15).


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¿¿¿Oh, cuánto amo yo tu ley???

Si los creyentes tomaran todo el tiempo que pasan con el teléfono, el internet y el televisor, y lo usaran para leer y estudiar la Biblia y orar, su vida espiritual y la de su familia e iglesia mejorarían mucho. Decimos con la boca que la Biblia es la Palabra de Dios, pero ¿cómo demostramos que realmente lo creemos? 

Dios habla por la Biblia, no por la tele, ni por Facebook, ni por el teléfono

 


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 ¡Cuidado Con La Cizaña!

Lucas Batalla  

                                  
Texto: Mateo 13:24-30

Es una llamada de atención a los que no tienen discernimiento. No todo lo que sale es bueno. Los del Señor siembran la buena semilla, pero hermanos, hay un enemigo que siembra cizaña en todo el mundo, y el campo es el mundo. Su deseo es confundir, hacer daño y arruinar la cosecha.
    ¿Cómo puede suceder eso? El versículo 25 dice: “mientras dormían”, que es algo que no debemos espiritualmente, como creyentes, relajarnos y no mirar, no velar, no vigilar, no ser diligentes sino distraídos e indiferentes. El diablo aprovecha nuestra inatención y descuido para meter la cizaña. Tenemos que despertarnos y discernir. Entre evangélicos no todo es bueno, y teólogos y hombres letrados también traen la cizaña. Quieren cambiar las cosas y la gente lo permite porque no se da cuenta, ni estudia ni conoce bien la verdad, ni la ama. Así que aun en las iglesias vienen cambios en doctrina y evangelio, todo para que venga más gente, ¡aunque sea cizaña! Y por eso las iglesias de hoy no se parecen en nada a las iglesias de hace veinte años, y no estamos hablando de progreso sino degeneración y ruina.
    Y el grupo más grande de cizaña que profesa el cristianismo es la Iglesia Católica Romana, enorme y en todo el mundo, pero su tamaño y poder no son señales de éxito ni bendición. El Señor advierte acerca de estas cosas porque le importa la verdad. En Hechos 20:28-30 el apóstol Pablo guiado por el Espíritu Santo advierte de la posibilidad de que desde dentro de la iglesia se levanten hombres con errores. Deberían apacentar la iglesia del Señor, ¿con qué? Con la Palabra de Dios, no con filosofía, psicología, sociología, etc. sino con la sana doctrina. Advierte que vendrán lobos rapaces que no perdonarán al rebaño, que desvían al rebaño y (v. 30) arrastran tras sí a los discípulos, para que no sigan al Señor. Hablan quitando y modificando doctrinas y prácticas enseñadas y establecidas por los apóstoles, y la gente carnal y sin discernimiento les sigue.
    Por esto hay tantas iglesias hoy en día desviadas de la verdad. La gente sigue a los hombres más que a Dios. Busca comodidad, no la verdad. No compra la verdad sino que la vende a cambio de “éxito”. El enemigo así ataca a los discípulos. Hay guerra de engaño y desvío. El ataque desde adentro es difícil de defender. Se requiere discernimiento y valentía, amor a Cristo y a la verdad.
    En el versículo 31 el apóstol llama a los hermanos a velar y recordar las advertencias y enseñanzas que había recibido de él. Esto tiene aplicación para nosotros. No dejemos que nos seduzcan para ir cambiando la doctrina.
    El apóstol Juan, en 1 Juan 4:1-3 advierte acerca del discernimiento diciendo: “no creáis a todo espíritu”. Tenemos que examinar porque hay cizaña. El enemigo ha trabajado mucho y por siglos. El versículo 1 declara: “porque muchos falsos profetas han salido”, y esto fue en aquel tiempo y ahora han pasado más de veinte siglos. Entre los falsos profetas en nuestros tiempos están los llamados “Testigos de Jehová”, que no confiesan la divinidad del Señor Jesucristo.
    Filipenses 2:15 describe la situación de la iglesia. ¿Dónde estaba? En medio de la cizaña – una generación maligna. En Filipenses 3:18 dice: “porque por ahí andan muchos...que son enemigos de la cruz de Cristo”. En 1 Timoteo 4:1-3 habla de más cizaña en los postreros tiempos.
    Así que, no digamos que no tiene importancia, porque tiene mucha. Todo desvío conduce al mal, por pequeño que sea. El Señor quiere que nos demos cuenta de quién ha hecho esto. Mateo 13:28 lo declara: “un enemigo”. Es nuestro adversario el diablo. Tenemos la luz y la espada de la Palabra de Dios para ayudarnos en esta lucha y tarea del discernimiento.
    Pero leer la Biblia sin la ayuda del Espíritu Santo no tiene provecho porque es un libro espiritual. El Espíritu Santo quiere guiarnos a toda la verdad (Jn. 16:13). Guió a los apóstoles a escribir y completar las Escrituras: “toda la verdad”. Y hoy en día nos guia iluminándonos y ayudándonos a entender lo que fue escrito por inspiración en aquel entonces. Si andamos en comunión con el Señor, no contristando el Espíritu Santo sino permitiéndole guiarnos en la lectura, meditación y obediencia de la Palabra de Dios, esto nos ayuda a no caer en error.
    Los que ahora creemos y seguimos la Palabra de Dios tenemos como dice 2 Pedro 1:1, “una fe igualmente preciosa” – la misma que en tiempos apostólicos – y no la cambiemos por la cizaña del enemigo. Amén.


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¿Hasta Cuándo?


Es difícil esperar cuando sufrimos o pasamos tiempos de escasez, porque naturalmente queremos que acabe lo antes posible. Por eso es común la expresión: “¿Hasta cuándo?” Por ejemplo, en el Salmo 6:3 David gime: “Mi alma también está muy turbada; y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?” En el Salmo 13, impaciente y desesperado oró diciendo: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?” Sentía que le urgía una respuesta, pero Dios nunca responde tarde. El profeta Habacuc exclamó a Dios: “¿Hasta cuándo?”, porque sufría viendo toda la maldad alrededor suyo (Hab. 1:2). En Apocalipsis 6:9-10 aun las almas de los mártires clamaron “¿Hasta cuándo...?” y esperaban el juicio y la venganza de Dios. ¿Cuál fue la respuesta divina? “Se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo” (v. 11). Aunque ya habían muerto, todavía debían esperar. Dios siempre responde a tiempo – pero Su tiempo, no el nuestro. Santiago nos recuerda: “Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Stg. 1:4). Pidamos a Dios sabiduría (Stg. 1:5) y esperemos en Él.
    Sobre todo, esperemos en Dios. El salmista testifica: “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová” (Sal. 40:1-3). Otra vez en el Salmo 61 dice: “Oye, oh Dios, mi clamor; a mi oración atiende. Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare” (vv. 1-2).
    El profeta Jeremías lo expresó así: “Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel; Lo tendré aún en memoria, porque mi alma está abatida dentro de mí; Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová” (Lam. 3:19-26).

    Cristo está conmigo: ¡Qué consolación!
    Su presencia quita todo mi temor.
    Tengo la promesa de mi Salvador:
    “No te dejo nunca; siempre contigo estoy”
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Carlos, del libro DIVERSAS PRUEBAS, Libros Berea

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 LA MEJOR INVERSIÓN


Te queremos ayudar a invertir tu dinero. No te preocupes. No te vamos a hablar de porcentajes, intereses u otros números. Sólo queremos orientarte citando unas palabras de uno de los hombres más ricos que han existido jamás. Él era conocedor a fondo del mercado “export-import” de su país y un sabio y hábil inversor, y dijo así:

 “El que ama el dinero no se saciará de dinero y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad”.  

“Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia”.  

“Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su mal”

Luego continuó así: 

“Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano”. 

Evidentemente si alguien entiende de finanzas esa es la muerte. Ella se queda con todo lo que dejamos cuando volvemos –desnudos, como vinimos– al polvo. La muerte sabe que estás invirtiendo a su cuenta durante toda tu vida. Su negocio no falla.
    Por último, ese hábil inversor dijo: “El fin de todo el discurso oído es éste, Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre, porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala”.
    Este hombre, ya es hora que lo digamos, fue Salomón, rey de Israel y uno de los hombres más poderosos que han existido nunca.
    Estas palabras están registradas en el libro de Eclesiastés, en la Biblia, junto con muchos otros escritos que te pueden ayudar a invertir bien no sólo tu dinero, sino también tu tiempo, tu persona; en una palabra: tu vida. Sólo tienes una. Amigo, no vivas para acumular dinero y cosas. Busca a Dios mientras haya tiempo, y déjale gobernar tu vida. Será la mejor inversión que habrás hecho en la Tierra y que seguirá proporcionando rentas por toda la eternidad. "La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro".