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martes, 30 de junio de 2026

EN ESTO PENSAD -- julio 2026

 Jesucristo: 
El Deseado de todas las naciones

Texto: Hageo 2.7

En la actualidad, las naciones, en mayor o menor medida, desprecian al Señor Jesucristo. Pero llegará el día en que Él será “el Deseado de todas las naciones”. Los hombres rechazan al gran emancipador y se encuentran atrapados en un mundo académico, político y económico sin Dios. Hoy en día, los seres humanos se agotan haciendo el mal, y buscan a un hombre o al diablo que los guíe hacia la paz. Todavía se aliarán con el hombre de Satanás.
    Cuando eso haya seguido su curso, el Señor Jesucristo vendrá a esta tierra para establecer su reino. Juan nos dice: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén” (Ap. 1.7). El derrocamiento del gobierno del maligno y el establecimiento de un reino justo son descritos por Hageo: 

“Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Hag. 2.6-7).

    Aunque a lo largo de la historia algunos creyentes parecen haber sido utilizados por Dios en asuntos gubernamentales y políticos, es difícil concebir cómo un verdadero cristiano puede participar eficazmente en política. Nos enfrentamos a un sistema corrupto que acaba corrompiendo al creyente con el tiempo.
    Sin embargo, según Mateo 13, el reino de los cielos está funcionando ahora en ausencia del Rey. No es visible en los asuntos de los hombres, pero existe y la Iglesia opera bajo su gobierno. En un mundo que odia a Dios, vivimos bajo los principios de justicia que rigen su reino, lo que a menudo va en contra de la forma de pensar del mundo. Los creyentes son considerados necios por abrazar estos valores. Pero lo hacemos porque sabemos que el Rey vendrá finalmente. Pablo dice: “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio” (2 Ti. 2.8). Es el “linaje de David... resucitado de los muertos” quien reinará visiblemente en los asuntos de este mundo, y lo afirmamos ahora viviendo según Su gobierno.
    En última instancia, el Señor Jesucristo, el Salvador del mundo que ahora predicamos será “el Deseado de todas las naciones”.

Brian Gunning, del libro Day By Day Christ Foreshadowed, 
(“De Día en Día, Cristo Presagiado”) p. 368

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Más Bienaventurado Es Dar Que Recibir

Donald Norbie   parte 3

viene del número anterior
Los Obreros del Señor

   Hoy en día, a menudo decimos “vive por fe” cuando alguien deja un empleo estable para dedicarse a servir al Señor de una manera más amplia.  Reconocemos que todos los creyentes deben vivir por fe en su trabajo, en su vida familiar y en su relación cotidiana con Dios. Sin fe, nadie puede agradar a Dios (He. 11.6). No obstante, es cierto que supone una prueba adicional de nuestra fe cuando alguien deja la seguridad de un sueldo fijo. Quienes menosprecian esto deberían probarlo primero.
    Quien sale así para servir al Señor debe tener claro que Dios lo ha llamado. Pablo reconoció que había sido apartado desde el vientre de su madre (Gá. 1.15). Compartía la convicción ardiente de los profetas del Antiguo Testamento (Jer. 1.5). No fue él quien escogió su ministerio, sino que fue ordenado por Dios. Se deleitaba en llamarse siervo y esclavo de Dios. Ahora bien, debemos reconocer que el dinero otorga la posibilidad del control. Por eso, no se podía alquilar ni contratar a ningún profeta de Dios; ya que era Su portavoz. Por tanto, tanto los profetas del Antiguo como los del Nuevo Testamento se mostraron desinteresados por el dinero. Que les apoyaran quienes confiaban en ellos. No eran hombres que solicitaran un trabajo o apoyo económico. Para estar libres del control de los hombres, deben estar libres de salarios y otros compromisos para recibir el apoyo de ellos. Pablo dijo: “Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado” (Hch. 20.33).
    Su apoyo era variado, y no dependía de ningún hombre. Ayudaban en varias asambleas y a veces viajaban (2 Co. 11.26). Como dependía del Señor, y no de una sola fuente humana, podían viajar cuando era necesario, ayudar a las asambleas débiles, y establecer iglesias nuevas. Pablo habló de cómo las ofrendas de otras iglesias hicieron posible que él ayudara en Corinto cuando los propios corintios no eran dadivosos (2 Co. 11.8).
     Pero eso no quiere decir que sea un camino fácil. A veces, en la vida de fe, uno puede sentirse como alguien que está en una pequeña barca al pie en medio de un mar embravecido. Eso le obligará a orar, a examinar sus motivos, y a clamar a Dios y esperar en Él. No enviará cartas de oración que expongan sus necesidades, ni de pedir descaradamente como hacen algunos hoy en día. Está en juego el honor de Dios, y él llamará humildemente a Dios para que honre la fe de Su siervo (un amo está obligado a cuidar de sus siervos). A Dios le gusta que le recordemos Su honor. Moisés hizo esto repetidas veces (Éx. 32.11-13).
     Si por las circunstancias un siervo de Dios tiene que trabajar con sus manos, no es nada vergonzoso (Hch. 20.34-35). De hecho, puede demostrar su sinceridad, humildad y devoción a Dios y a Su obra. Pablo se negó a abandonar Éfeso en busca de pastos más verdes cuando no había fondos. No formaba parte de un clero profesional, ni buscaba una iglesia más grande que pagara un salario más alto. Su corazón era el de un verdadero pastor, que trabajaba desinteresadamente para el bien de las ovejas.
    En un mundo con una tecnología tan avanzada, es fácil desviarse del camino de la fe. Algunos buscan subvenciones del gobierno para sus proyectos. Los hombres pueden construir vastos imperios religiosos con listas de correo informatizadas y anuncios en los medios de comunicación. Suelen incluir sus datos bancarios al pie de las cartas para facilitar los ingresos. En realidad, estas personas no necesitan a Dios para obtener financiación, y Dios no controla sus operaciones. Su maquinaria masiva y bien engrasada sigue adelante, produciendo sus propias finanzas.
    Recordemos esto: en la vida de fe todos están involucrados, tanto los que ofrendan como los que reciben. Esto produce fruto espiritual y crecimiento personal (Fil. 4.17). También permite que sea Dios, y no los hombres, quien controle Su obra. Si no hay fondos suficientes para un proyecto, Su siervo puede descansar tranquilo. Hágase la voluntad de Dios. Las ofrendas espirituales dan como resultado obras espirituales. Sé selectivo con tus ofrendas y apoya solo a las personas y las obras que se ajustan a las Escrituras. Que Dios nos dé más fe para Su obra, y más interés en hacer tesoros en el cielo, no en la tierra.

Donald Norbie (1923-2017)
Libros Berea ofrece sus libros: La Iglesia Primitiva y Sé Un Hombre

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La Verdad No Es Negociable
Lucas Batalla   
parte 2

viene del número anterior 

En 2 Juan versos 5 y 6 vemos que se repite el mismo mandamiento que el Señor dio a Sus discípulos en Juan 13.34-35. Como dice el verso 6, amar la verdad produce una vida que obedece Sus mandamientos. En 1 Juan  5.1-3 el amor no es una emoción, sino que consiste en guardar la Palabra de Dios, es decir, que nuestra obediencia está motivada por amor a Dios.
    En los versos del  7 al 11, hay una advertencia acerca de los engañadores, que son aquellos que no aman la verdad. Hoy hay más de ellos que cuando se escribió la epístola. Hay un montón de denominaciones y además, sectas como la iglesia católica, los testigos, los mormones, los adventistas, los “cristianos liberales” y otros. El verso 7 advierte que “muchos engañadores han salido”, y han pasado más de dos mil años, con que imagínate cuán grande es este problema ahora. Un problema en las iglesias hoy es que el mundo con sus mentiras se ha colado en ellas. Necesitamos mucho discernimiento espiritual. A Juan especialmente le preocupaba la difusión de doctrinas que niegan la deidad de Cristo, como el gnosticismo, que afirma que Jesús era solo un hombre al que se le apareció un espíritu llamado “Cristo”, un poder místico o esotérico que le dio conocimientos y poderes. Esto es falso, pues Jesucristo es Dios y “ha venido en carne”, no se divide en dos personas: “Jesús” y “Cristo”. Dios fue manifestado en carne (1 Ti. 3.16). El Verbo era con Dios y el Verbo era Dios (Jn. 1.1-2). Pero el anticristo y el engañador no aceptan esta verdad, sino que creen la mentira.
    Por eso el verso 8 dice “Mirad por vosotros mismos”, porque debían estar alerta y tener cuidado y discernimiento. No se puede perder la salvación, pero sí se puede perder el fruto y el galardón si nos dejamos engañar. Hay que mirar bien y estar atentos, porque el verso 9 habla de la persona que se extravía y no permanece en la doctrina de Cristo. Las cosas pequeñas pueden causar mucho daño, como un virus por ejemplo. Pero la doctrina de Cristo no es pequeña ni negociable, sino es el fundamento de nuestra fe. Hay que perseverar en ella y no tolerar cambios. El espíritu del anticristo opera en los que objetan diciendo que no seamos tan radicales, que no hay que creer a rajatabla, ni debemos juzgar. Hermanos, no cedamos a estas cosas que dicen. El verso 10 instruye sobre qué hacer si alguno “viene a vosotros” sin la doctrina de Cristo. ¿Cómo sabemos qué doctrina lleva? Hay que tomarse el tiempo para preguntar, y no hacer suposiciones. Aunque digan que son cristianos evangélicos, necesitamos saber más. El Sr. Vine dice en su comentario que “la doctrina de Cristo” incluye más que Su deidad, pues incluye toda Su doctrina, todo lo que Él enseñó y mandó a Sus discípulos (Mt. 28.19-20). 
    Por tanto, no es correcto ni saludable recibir y dar la bienvenida a todas las personas que vengan. La pureza de la doctrina y la fidelidad a nuestro Señor Jesucristo son más importantes que tener una iglesia numerosa. No debemos ser cómplices de quienes traen errores, pues “el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras” (v. 11). De ahí la importancia de la carta de recomendación cuando visitamos a una iglesia.
    Hermanos, el mundo está en contra de Dios. Ya lo demostró cuando crucificó al Señor. 1 Juan 2.15-17 nos instruye a no amar el mundo, porque es mentira, no verdad, porque es maldad.
    En el verso 12 se indica que el apóstol tenía muchas otras cosas que decirles, pero que prefería verles y hablar con ellos cara a cara. La visita personal y la conversación cara a cara son importantes para la comunión. El apóstol tendría que viajar para verles, lo que le supondría tiempo y esfuerzo, pero merecería la pena poder hablar con ellos en persona. Este deseo se repite en su tercera epístola (3 Jn. 14). Es mejor hablar en persona cuando se pueda, aunque no debemos menospreciar la importancia de la palabra escrita. Tampoco debemos limitar la comunión al tiempo de las reuniones de la iglesia. Que el Señor nos ayude a vivir en la verdad de Dios, a amarle y a nuestros hermanos, para dar gozo al Señor y a los demás.                       
L. B.

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Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior
9. Los Pecados Ocultos y la Hipocresía
 

     Los ancianos velan por las almas de los creyentes en la asamblea (He. 13:17). Pero ¿quién vela por ellos mismos? La exhortación de Pablo a Timoteo es: “Ten cuidado de ti mismo” (1 Ti. 4:16). El diablo ataca a los que están al frente del pueblo, porque si los derrota o desvía, hace mayor daño al testimonio y muchos son afectados.
    Volviendo al primer peligro: el descuido personal, por ello algunos han caído en inmoralidad. Es una de las trampas favoritas del diablo. Sansón y David cayeron en inmoralidad. Salomón en Proverbios advirtió acerca de la mujer extraña (Pr. 2:16; 5:3-20; 6:24-35; 7:5-27; 22:14; 23:27-28). Ahora con las redes sociales se dan casos de hombres que secretamente excitan sus pasiones e incluso arreglan citas inmorales. Todo anciano debe hacer pacto con sus ojos, como Job, para no mirar (Job 31:1), y declarar: “No pondré delante de mis ojos cosa injusta” (Sal. 101:3). Pablo manda: “Huid de la fornicación” (1 Co. 6:18).
    Por eso es doblemente importante que los ancianos tengan cuidado de sí mismos, anden siempre en la luz, velen y estén siempre alertas respecto de su vida personal y espiritual. Deben aplicar los mismos criterios a sí mismos que aplican al resto del pueblo, e incluso deben ser más estrictos consigo mismos. No deben recurrir a la excusa egoísta y débil: “tenemos nuestros fallos, pero somos los ancianos”. Los que así hablan, ¿qué fallos tienen, y qué deben hacer para corregirlos? Es necesario que sean irreprensibles (1 Ti. 3:2; Tit. 1:6-7). ¡Pongan ejemplo, sean ejemplos de la grey! (1 P. 5:3). Recordemos la advertencia de Santiago 3:1. “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación”. 
    En Ezequiel 8 el profeta fue llevado en visiones a Jerusalén, y Dios le enseñó los pecados de los líderes espirituales de la nación (vv. 11-12, 16). En el capítulo 34 declaró Su oposición a los pastores de Israel. Sus pecados eran conocidos por Dios. Alguien dijo que pecado oculto en la tierra es escándalo abierto en el cielo. 
    Considera el ejemplo de Pablo: 
“golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Co. 9:27). “No satisfagáis los deseos de la carne” (Gá. 5:16). 
    El que es anciano debe andar en el Espíritu, y ser vigilante contra esos deseos, pues han arruinado el testimonio de más de uno. Todo creyente debe ejercer dominio propio (2 Ti. 1:7; 2 P. 1:6), pero especialmente los ancianos de la asamblea. Los que son “ejemplos de la grey” no pueden permitirse la pereza, la mundanalidad, ni la liviandad. Por ejemplo, si ellos pasan horas en cosas frívolas, ¿qué pueden esperar de los demás hermanos? 
    Cuando no se cuidan, sino permiten discrepancias y pecados en su propia vida o su casa, esto conduce a la hipocresía y la doblez. El Señor Jesucristo reservó Sus denuncias más duras para los fariseos y escribas, por su hipocresía y doblez. En Mateo 23:1-7 leemos lo que Él dijo públicamente:


“Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí”. 

 
    El Señor siguió denunciando a los fariseos y escribas y en los versículos 13-36 pronunció ocho “ayes” sobre ellos por sus hipocresías. Además, los llamó públicamente insensatos y ciegos, necios y ciegos, guías ciegos, serpientes y generación de víboras. En Mateo 15 los acusó de invalidar la Palabra de Dios con sus enseñanzas. Por todas esas reprensiones se ofendieron los fariseos (Mt. 15:12), pues al hipócrita nada le duele más que ser expuesto y visto por lo que realmente es. Pero Cristo no se retractó. Eso no es maledicencia, sino reprensión bíblica. Alguien dirá que sólo el Señor puede hablar así. Pero Pablo mandó a Timoteo: “repréndelos delante de todos” (1 Ti. 5:20), y a  Tito dijo: “a los cuales es preciso tapar la boca” y “repréndelos duramente” (Tit. 1:11, 13). 
    El Señor no les trató en privado para evitarles la vergüenza, sino reprendió públicamente su mal ejemplo y su falsa espiritualidad. Hermanos míos, ¡cuán importante es cuidar bien la propia vida espiritual, y no permitir la doblez! Alguien dijo: “Lo que eres donde nadie te ve, eso es realmente lo que eres”.
    Todo creyente y especialmente los ancianos deben leer, meditar y orar en el lenguaje del Salmo 139. 


“Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos” (vv. 1-3). 


Este excelente salmo termina así:


“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (vv. 23-24). 


    Todo creyente debe orar así todos los días, pero especialmente los ancianos. “Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros...” (1 Jn. 1:7).
continuará, d.v. en el siguiente número

                       del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea

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Distinciones Importantes entre  
el Cuerpo de Cristo y una Asamblea Local

 Norman Crawford


El tema de este capítulo ha ocupado muchas mentes durante muchos años. Lo que tenemos que decir no resolverá la cuestión para algunos, pero invitamos al lector a examinar la Palabra de Dios por su cuenta, y de ella discernir la mente de Dios. Procuremos siempre tener un espíritu recto respecto a otros hermanos que puedan diferir con nosotros sobre este tema. Con el deseo de ayudar a los creyentes, consideraremos ahora las distinciones en el Nuevo Testamento entre “el cuerpo de Cristo” y una asamblea local.

El Problema
    Muchas veces cuando creyentes intentan enseñar acerca de la asamblea, surge una pregunta expresada algo así: “¿No querrás decir que crees en una comunión cerrada?” Sabemos que “comunión cerrada” es una expresión religiosa, pero no está en la Biblia. Comprendemos que los que así preguntan se refieren solo a la recepción a la Cena del Señor. El Nuevo Testamento ciertamente enseña que todos los creyentes deben participar de la Cena del Señor, y hay una manera correcta de disfrutar este privilegio. Pero sin duda el que pregunta quiere decir: “Si procedo de otra asamblea distinta de la tuya, sin carta de presentación o recomendación, ¿podría participar en la Cena del Señor como visitante ocasional?” La respuesta bíblica a esta pregunta es: No. Entonces viene la objeción: “Si no recibís a todo miembro del cuerpo de Cristo, os convertís en una secta”. Lo he expresado intencionadamente de esta forma, sin rodeos, para que claramente veamos la cuestión.
    Para empezar, en el Nuevo Testamento no existe la práctica de recibir a una persona a la Cena del Señor. Recibimos a los creyentes a la comunión de la asamblea, que nunca es una cosa ocasional (Hch. 2:42). En esa comunión, gozan de todos los privilegios de la asamblea, y también comparten igualmente las responsabilidades. Pero todavía queda mucho por decir.
    Examinemos la acusación: “Si no recibís a todo miembro del cuerpo de Cristo, os convertís en una secta”. Es incorrecta, y no sería aceptada por muchas personas que leen la Biblia. Hay claras razones bíblicas por las que una persona puede ser miembro del cuerpo de Cristo y sin embargo no estar en condiciones para ser recibida en una asamblea. Muchos estaremos de acuerdo que el que profesa ser cristiano, pero vive en inmoralidad (1 Co. 5:11), o practica el pecado (1 Jn. 3:8-9), o tiene mala doctrina acerca de Dios o la Persona de Cristo (1 Ti. 1:20), no es apto para la comunión de la asamblea. Aun la mayoría de las grandes denominaciones creen así, o bien ahora o en otro tiempo de su historia. Así que, hay quienes modifican la acusación, y dicen: “Si alguien es verdaderamente regenerado y sano doctrinal y moralmente, no debe ser rehusado, aunque solo desee participar en una ocasión en la Cena del Señor. Rehusarlo no es bíblico sino sectario”.
    Los que así afirman, se basan en que hay un Cuerpo, y que la asamblea local debe reconocer la unidad del Cuerpo y obedecer la exhortación: “recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios” (Ro. 15:7). Esta enseñanza aparece en muchos libros y panfletos. Alegan que si uno está en el cuerpo de Cristo, y es sano en doctrina y santo en conducta, automáticamente tiene derecho de participar en la comunión de una asamblea cuando así desee. Esto suena bien a los sentimientos, pero no se basa en la Palabra de Dios, porque estar en el cuerpo es muy distinto a estar en una asamblea.
    Con la ayuda de Dios, y la Biblia abierta en nuestras manos, nos gustaría dirigirnos a cada uno de los puntos arriba mencionados. He leído frecuente y cuidadosamente los escritos de hermanos que insisten que todos los que están regenerados y sanos en doctrina y vida deben ser recibidos en cualquier momento para partir el pan con una asamblea. He buscado en vano en sus escritos alguna instrucción que guiaría a los hermanos de una asamblea acerca de cómo determinar si los visitantes reúnen esos requisitos mínimos. Si una persona que desconocen se presenta en la puerta y desea partir el pan, ¿cómo pueden determinar en pocos minutos si la persona es verdaderamente regenerada?
1 Por ejemplo, un sondeo reciente en los Estados Unidos estima que 70% de los estadounidenses se llaman “evangélicos” y 50% de la población profesa haber tenido alguna experiencia espiritual. En el primer siglo, la asamblea en Jerusalén dudaba la realidad de la conversión de Saulo, hasta que recibieron confirmación de ella. Reconozco que él tenía fama de perseguidor, pero ¿creemos que somos más sabios o que tenemos más discernimiento que los apóstoles y profetas que formaron parte de esa asamblea?
    Requiere su tiempo saber si una persona es verdaderamente salva. La regla única dada por el Señor Jesucristo fue: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:20). El fruto es producido por el crecimiento y requiere tiempo. Es verdad que el contexto tiene que ver con falsos profetas, pero el contexto más amplio del capítulo es que el verdadero juicio se hace por los frutos, no por juzgar motivos o pensamientos, ya que eso queda más allá de nuestra habilidad. La dificultad es más cuando consideramos que ninguno de los otros dos requisitos que esos hermanos dan –vida sana y doctrina sana– pueden ser apreciadas a través de una breve conversación en la puerta del local.
    El capítulo 12 de este libro trata la recepción a la asamblea. Pero debemos añadir aquí que los ancianos piadosos harán todo lo que pueden para ayudar a los que desean entrar en una asamblea. No les juzgarán por el grado de su conocimiento, sino buscarán un espíritu receptivo y el deseo de aprender, y entonces tratarán de enseñar y animar a tales personas.

1 No es correcto limitarse a preguntar a un visitante: "¿Es usted un cristiano bautizado?" con el fin de determinar si debe recibir la comunión. Quizás las intenciones sean buenas, pero este procedimiento es ingenuo y superficial. Además, como demuestra la historia, ha causado errores, daños y contribuye a la confusión y la debilidad espiritual de la asamblea. Ed.

continuará, d.v. en el siguiente número

Norman Crawford. capítulo 3 del libro, Congregados A Su Nombre, Libros Berea

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EL NOVENO MANDAMIENTO

"NO MENTIRÁS"

 


Más precisamente: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”. Es un pecado muy común, pero especialmente reprochable, porque con una mentira el diablo engañó a Eva en el huerto del Edén, induciéndola a pecar, pues dijo: “no moriréis” (Génesis 3.4 Nácar-Colunga). Dios es verdad, y veraz, y la mentira le ofende y le afrenta. El Señor Jesucristo llamó a Satanás “mentiroso y  padre de la mentira” (Evangelio según S. Juan 8.44, Nácar-Colunga). Por tanto, no existe ninguna mentira piadosa. Dios no miente, y no nos da permiso para mentir.
    Se trata de cualquier uso de la boca para mentir. La mentira pasiva es callarse en lugar de decir la verdad. Caín dijo la primera mentira humana cuando Dios le preguntó dónde estaba su hermano y respondió, “no sé” (Génesis 4.9). Fingir ignorancia es mentir. Incluso el hecho de chismear puede ser falso testimonio, y cuando daña el buen nombre o la reputación de otra persona, además de mentir, también es robar. ¿Dice siempre la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? ¿Se ha puesto alguna vez a criticar a los demás, hablando mal de todos, y diciendo cosas que no puede asegurar que son ciertas? ¿Ha escuchado algún rumor sobre alguien, y lo ha repetido después a otros? ¿Ha exagerado los detalles de algo que contaba a otra persona? ¿Ha chismeado o escuchado a otros chismear? ¿Ha llamado al trabajo diciendo que estaba enfermo cuando realmente no era así? ¿Se ha fingido enfermo para evitar un examen en la escuela? ¿Ha copiado en un examen o ha utilizado algún método deshonesto para aprobar? ¿Ha mentido al decir su edad, peso o estado matrimonial?
    ¿Ha rezado el Padrenuestro sin haber nacido de nuevo? Esto es grave, porque si no ha nacido de nuevo, Dios no es su Padre y ha mentido al decir “Padre nuestro”. 
    ¿Ha ocultado la verdad sobre sus finanzas al declarar la renta? ¿Intenta engañar y así aprovecharse de la seguridad social? Ha entrado ilegalmente en un país para buscar trabajo sin permiso? ¿Ha entrado como turista en un país cuando realmente su plan era quedarse? ¿Ha engañado a los oficiales de la imigración o la policía?
    ¿Nunca ha dicho una mentirijilla, lo que llaman una “mentira piadosa”? (¡Aunque realmente todas son diabólicas!) ¿No sabe que una verdad a medias es también media mentira? ¿No ha dicho: “No sé” cuando sí sabía, o “se me olvidó” para librarse de la culpa, cuando en realidad no se le olvidó? Si le preguntan con quién habla, ¿dice “nadie”?, o acerca de qué ha hablado, ¿responde: “nada”? 
    ¿No ha dicho: “no tengo dinero” cuando lo tenía pero no quería gastarlo? ¿Nunca se ha hecho el sordo o despistado, cuando realmente ha oído o visto a la persona? Cuando suena el teléfono, ¿dice “Si es tal persona, no estoy”?
    Hay quienes mienten cuando no quieren comer algo, y dicen: “El médico no me deja”, o cuando quieren las cosas de cierta manera invocan “la ley”; en realidad no se trata de la ley, sino de sus propios gustos o manías. Esa deshonestidad es una forma de mentir.
    Los políticos a menudo prometen cosas que no tienen intención de cumplir y hacen afirmaciones que saben que no son ciertas. Manipulan al público en su beneficio. Toda esa deshonestidad, insinceridad, mentira y engaño no son más que una estrategia para ganar las elecciones y hacerse con el título, la fama, el poder y el salario.
    Pero no son los únicos. ¿Cuántos han hecho los votos matrimoniales prometiendo ante Dios y testigos:“hasta que la muerte nos separe”, y luego  se divorcian? Para muchas personas su “sí” no es sí, y su “no” no es no. Su palabra no vale nada porque mienten.
    Se oye decir que está permitido mentir y ocultar la verdad para no hacer daño o desalentar a una persona. Por ejemplo, si tiene una enfermedad terminal, no se le debe decir eso, sino que tiene un virus y que se recuperará.
    El islam permite la mentira en ocasiones de peligro, por ejemplo, en guerra, para librarse de los enemigos y así poder vencerlos (el concepto de Taquiyya). Sin embargo, la mentira es una herramienta del diablo, no de Dios.
    Dios no miente ni permite la mentira; al contrario, Su mandamiento es sencillo y claro: “no mentirás”. No hace falta saber hebreo, griego o latín para entenderlo. No es necesario ser filósofo ni teólogo. Sencillamente, Dios aborrece la mentira y no la utiliza; pero el diablo la ama y la usa. Así que, amigo lector, si ha mentido, ha vuelto a romper la Ley de Dios en el noveno mandamiento. ¡Otro eslabón 
roto y se esfuma la esperanza de llegar al cielo cumpliendo los mandamientos!

                                          ¡CULPABLE!





domingo, 31 de mayo de 2026

EN ESTO PENSAD -- junio 2026


“El Señor Está Contigo” 

Brian Gunning

Texto: Sofonías 3.14-20 

Es probable que esta Escritura se refiera al reinado milenario de Cristo, cuando establecerá su reino mundial. En lugar de ser objeto del odio de las naciones, Israel será cabeza de las naciones. En ese día, Israel cantará y conocerá la bendición y la comunión con Dios como nunca antes las había conocido. Se cumplirán las promesas.

 Incluso hoy, Israel sigue estando en los planes del Señor y Él no lo ha olvidado. Aunque se encuentra en la ceguera y sin la luz de las Escrituras, Dios no ha terminado con Israel. En la actualidad, el Señor Jesucristo está edificando Su Iglesia (Mt. 16.18). Cuando eso termine, la Iglesia será arrebatada y Dios reanudará Su plan para Israel, cumpliendo todas las promesas pendientes. 

 No podemos dejar de notar el paralelismo entre estas promesas a Israel en un día futuro y las promesas del día presente para el creyente cristiano. 

 Por ejemplo, “Jehová ha apartado tus juicios” (v. 15), nos recuerda que “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro. 8.1). “Ha echado fuera tus enemigos” (v. 15), se repite en las palabras del escritor hebreo: “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (He. 2.14). “Nunca más verás el mal” (v. 15), contiene la conocida verdad: “porque el pecado no se enseñoreará de vosotros” (Ro. 6.14). El “No temas” del verso 16 se refleja en las palabras de Pablo a Timoteo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía” (2 Ti. 1.7). El gozo de la comunión (v. 17), el consuelo para los afligidos (v. 18), la superación de las dificultades y el sufrimiento para bien (v. 19) y la promesa de reunir a Su pueblo (v. 20) tienen su contrapartida en el Nuevo Testamento para nosotros hoy en día. 

Probablemente Israel se siente abandonado por Dios. Si nos fijamos solo en las circunstancias, sus sentimientos estarían justificados. Del mismo modo, los cristianos de hoy pueden pasar por momentos en los que sienten que el Señor no está con ellos. Las personas, las familias y las asambleas de creyentes pueden pensar que Él los ha olvidado. Tan seguro como que Él cumplirá Su promesa a Israel, hoy podemos confiar en nuestro Señor Jesucristo, que dice: “No te desampararé, ni te dejaré” (He. 13.5). 

Brian Gunning, del libro Day By Day Christ Foreshadowed

(“De Día en Día, Cristo Presagiado”) p. 367

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El Que Todo Lo Puede

Las limitaciones humanas pueden resultar frustrantes. Un hombre discapacitado pasó 38 años sentado junto a un estanque esperando ser sanado. Él lo explicó así: “No tengo a NADIE que me meta en el estanque” (Juan 5.7 NBLA). El Salvador también conoció a un hombre endemoniado y salvaje. Era un caso perdido, pues “NADIE podía atarle, ni aun con cadenas” (Marcos 5.3). El hijo pródigo estaba tan mal que “NADIE le daba nada” (Lucas 15.16 NBLA). Pero el Señor Jesús nunca se sintió frustrado;  no tenía limitaciones en cuanto a sus recursos y capacidad. En cuanto a la salvación, Él dijo: “NADIE viene al Padre” (Juan 14.6). Cuando tratamos de ser salvos chocamos con el muro de nuestra incapacidad porque “éramos débiles” (Romanos 5.6). Agradece al Señor que Él puede hacer lo que nosotros no podemos. Él puede “llevarnos a Dios” (1 Pedro 3.18). 

Juan Dennison, Devoción a Diario, lectura para el 2 de junio,
disponible de Libros Berea y de Publicaciones Pescadores


“Él puede, Él puede, yo sé que Él puede,
Yo sé que todo puede mi Señor.
Salvó a desalentados, cautivos Él libró.
También sanó a los ciegos, y a los muertos levantó.
Yo sé que todo puede mi Señor”. 

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 Más Bienaventurado Es Dar Que Recibir
Donald Norbie
parte 2

viene del número anterior
Los Creyentes Como Dadores

    Cuando uno recibe al Señor Jesucristo, también recibe al Espíritu Santo en su vida. Su cuerpo viene a ser templo de Dios para irradiar la gloria divina (1 Co. 6.20). El Espíritu de Cristo que mora en él (Ro. 8.9)  también se caracteriza por dar. La misma vida generosa que caracterizaba a Cristo en este mundo se manifiesta ahora en Su cuerpo, la Iglesia.
    Aquellos a quienes Cristo tocó se convirtieron en dadores generosos. Zaqueo recibió a Cristo (Lc. 19.8) y emocionado, proclamó: “La mitad de mis bienes doy a los pobres”. ¡La salvación llegó a su cartera! Hoy en día no muchos ofrendan así como ese publicano.
    El día de Pentecostés, una gran multitud creyó y fue bautizada. Cuando se reunían, el amor rebosaba.“Vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hch. 2.45). No es de extrañar que los observadores se sintieran sobrecogidos por el asombro (Hch. 2.43).
    En el Antiguo Testamento, se instruía a los israelitas para que dieran el diez por ciento de todo lo que adquirían (Lv. 27.30). De esta manera, reconocían que todo realmente pertenece a Dios. Cuando no lo hacían, era una señal de malestar espiritual y los profetas los reprendieron fuertemente por ello. “¿Robará el hombre a Dios?” fue el clamor del profeta Malaquías (Mal. 3.8).
    Cuando el Señor estaba en este mundo, Él habló bien del diezmo, aunque si se trataba de algo desvinculado de la práctica de la piedad, lo reprendía (Mt. 23.23). La ofrenda no debe considerarse una forma de pagar por los pecados. No podemos comprar a Dios. El Señor Jesús alabó la forma sacrificada en que la viuda ofrendó (Lc. 21.1-4).
    Las iglesias primitivas se caracterizaban por las ofrendas generosas, y se exhortaba a los fieles a realizarlas: “Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9.7). Las ofrendas debían realizarse en secreto, esto es, sin manifestación abierta, para que no surgieran motivos incorrectos en el corazón (Mt. 6.3-4). La ofrenda debe ser algo planificado, regular y proporcional (1 Co. 16.2).    
    ¿Cuánto debemos ofrendar? No estamos obligados a dar el diezmo como los israelitas bajo la ley de Moisés. Sin embargo, A. P. Gibbs solía decir: “Si bajo la Ley se daba el diez por ciento, sería una desgracia dar menos que esto bajo la gracia!” Puede que algunos encuentren que el diez por ciento es un buen punto de referencia para empezar a ofrendar, pero no deben diezmar porque están bajo la gracia, no bajo la ley. Y si alguien siente que no puede dar esta cantidad con alegría, entonces debe decidir cuánto puede dar y pedir a Dios que aumente su fe. Siempre debemos reservar una parte para Dios cuando recibimos la nómina, aunque sea para distribuirla más tarde. 
    Así sabremos que estamos dando a Dios las primicias y no las sobras. No es correcto esperar a ver cómo nos va el mes y después ofrendar a Dios solo lo que sobre. Lo primero y lo mejor para Dios.
    Entonces,¿cómo deben distribuir estos fondos las iglesias y los creyentes? El dinero de las ofrendas no es simplemente para aumentar el saldo de la cuenta bancaria de la iglesia. “No os hagáis tesoros en la tierra” (Mt. 6.19) también se aplica a las iglesias locales. Pero algunas tiene mucho dinero ahorrado “por sí a caso”, y no lo distribuyen. Hay necesidades en la asamblea local que deben tener prioridad. Por ejemplo, la Palabra de Dios manda: “El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye” (Gá. 6.6). También hay creyentes necesitados en nuestra localidad y en otros lugares a los que debemos ayudar (Hch. 2.45; 11.29-30; 1 Ti. 5.3-10). En aquellos primeros días de la Iglesia hablaban del hambre que había, oraban por esa situación, y enviaron ayuda. 
    Las iglesias y los particulares también ayudaban a los obreros del Señor. Lidia abrió su casa a Pablo y sus compañeros (Hch. 16.15). La hospitalidad es una forma de ofrendar que sale costosa; ya que implica dar de sí mismo. Los cristianos de Filipos enviaban con frecuencia fondos a Pablo, no por obligación sino por amor e interés personal. Tales ofrendas nacían de la oración y del profundo interés por ayudar a los siervos de Dios. No se trataba de un mero ejercicio contable, ni de dar “una ayudita” simbólica que en realidad no ayuda mucho. Es importante tener comunión de esta manera práctica, y mostrarse agradecido.
    Aquellas iglesias primitivas nunca prometieron un apoyo económico, pues ¿cómo podían ellas saber el futuro? No se contrataba a ningún obrero, ni nadie recibía un salario. Tal pensamiento habría sido repugnante. Eran siervos del Señor. Sin embargo, había oración, preocupación y ofrendas regulares por parte de las iglesias. Esa era la obra de Dios. 
    Lamentablemente, los corintios eran tacaños o descuidados con respecto a las necesidades de Pablo. Él servía incansablemente entre ellos, pero aparentemente no recibía nada. Por eso leemos: “He despojado a otras iglesias, recibiendo salario para serviros a vosotros” (2 Co. 11.8). También les preguntó: “Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?” (1 Co. 9.11). Algunos piensan que su ofrenda es gran cosa, pero el ministerio espiritual es mayor que el material. El precepto bíblico que debemos seguir es: “El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye” (Gá. 6.6). No debemos tratarlos como dijo cierto hombre en oración: “Señor, mantén humilde a tu siervo, y yo lo mantendré pobre”. El que hace tesoros en la tierra y no tiene cuidado de su hermano, peca (1 Jn. 3.17).
continuará, d.v. en el siguiente número

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Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior
8. La Falta de Oración

Otro peligro que parece ser un defecto común es la falta de oración – no necesariamente porque no ore, sino porque no dedica el tiempo debido a la oración, ni espera pacientemente la respuesta de Dios. Tenemos muchas actividades y compromisos – no todos ellos son espirituales – y la oración suele ser reducida a unos breves momentos al principio y al final del día. Los efectos secundarios de la falta de oración son prioridades incorrectas, decisiones no acertadas, y obras en el poder de la carne. Mal asunto es cuando los que cuidan de una asamblea no son hombres de oración.
    En Hechos 6 vemos la importancia dada a la oración por los que guiaban la asamblea en Jerusalén. 
“Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (Hch. 6:3-4). 
    La oración es uno de los temas destacados en el libro de Hechos. Uno aprende esto si hace una lectura seguida del libro y solo apunta los textos que mencionan la oración. ¡Siempre estaban orando!
    Observamos que dos veces en su vida Josué no oró debidamente, y esto causó confusión y pérdida en el pueblo de Dios. En Josué 7, no hubo oración antes de atacar a Hai, y por eso no supo del pecado en el campamento. De haberse detenido para orar y esperar que Dios indicara Su voluntad, habrían conocido el pecado. De ese modo habrían podido rectificar y evitar el fracaso ante los de Hai.
    Otro error de Josué y los otros príncipes en Israel fue su decisión acerca de los hombres de Gabaón. Josué 9 relata cómo los gabaonitas “usaron de astucia” (v. 4), y engañaron a los hombres de Israel. Contaron una historia fabricada para engañar. Sabían lo que los israelitas querían oír y se lo dijeron. Se fingieron viajeros de un país lejano, y presentaron sus “pruebas” para engañar la vista: “zapatos viejos y recosidos”, “vestidos viejos” y pan “seco y mohoso” (v. 5). Tristemente los hombres de Israel se dejaron engañar por lo que oyeron y vieron. No debieron confiar en sus cinco sentidos, ni en la lógica, sino consultar a Dios en oración y esperar Su respuesta. Pero los versículos 14-15 relatan el error de Israel: “Y los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová. Y Josué hizo paz con ellos...”
    A veces los ancianos sienten presiones a tomar decisiones o actuar. No es bueno demorar cuando hay que actuar. Pero tampoco hay que actuar antes de tiempo. El pueblo de Israel quiso un dios “ya”, pero Aarón podía haber dicho “no” y mandado que esperasen. Los gabaonitas querían una decisión en aquel mismo momento, y todo el pueblo estaba mirando y esperando. Pero en lugar de dejarse presionar, debieron responder: “Volved luego, y nosotros consultaremos a Jehová”
    Después de la caída de Jerusalén el pueblo quiso ir a refugiarse en Egipto, y consultó a Jeremías. El profeta tomó diez días (Jer. 42:4, 7) para orar y consultar a Dios antes de responder al pueblo. Los siervos de Dios no deben dejarse presionar por el pueblo. Antes de tomar decisiones, ora y espera conocer la voluntad de Dios. Hoy tenemos toda Su Palabra para consultar y saber Su voluntad.
    Sansón era un hombre activo, de gran poder y hazañas, pero impulsivo y poco reflexivo. Por su poder logró muchas cosas, pero por su falta de espiritualidad fracasó. No es ejemplo a seguir, sino más bien ilustra una conducta que debemos evitar. No notamos en él nada de la importancia de la oración. Parece que se gozaba más de sus músculos y su poder físico que de la presencia y comunión de Dios. Obraba más bien por impulsos carnales: lujuria, enojo y venganza, y murió preso en Filistea.
    Satanás anda alrededor, buscando a quién devorar (1 P. 5:8). Especialmente acecha a los ancianos para arruinarles si puede. Por eso el consejo: “Sed sobrios y velad en oración”.
continuará, d.v. en el siguiente número

                       del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea 

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 La Verdad No Es Negociable
Lucas Batalla

Texto: 2 Juan

    La verdad es el antídoto contra la mentira que abunda en el mundo.  No tenemos excusa para filosofar como Pilato que preguntó evasivamente: “¿Qué es la verdad?” (Jn. 18.38). Jesucristo declaró acerca de las Escrituras: “Tú palabra es verdad” (Jn. 17.17). Así que, salgamos de dudas, porque conocer a Dios y la Biblia es conocer la verdad. Hoy en día escuchamos expresiones como “tu verdad” y “mi verdad”, como si la verdad fuera relativa o negociable. Muchos no saben a quién creer, hay mucha desconfianza e incertidumbre, pero lo extraño es que no cree a Dios “que no miente” (Tit. 1.2). Los creyentes tenemos el gran privilegio de conocer la verdad. La Iglesia del Señor tiene una respuesta clara y firme, y una verdad divina y segura. El Señor prometió: “conoceréis la verdad” (Jn. 8.32), y Su promesa se cumple en nosotros los creyentes. Además, declaró: “Yo soy... la verdad” (Jn. 14.6). En el mundo hay mucho error, engaño y mentira. Las noticias encubren la verdad. Las religiones también mienten: el bautismo de los bebés, la salvación por obras, la devoción a los santos y el uso de imágenes. Aunque proclamamos la verdad del Evangelio, resulta extraño que el mundo crea más en la mentira que en la verdad.
    El apóstol comienza en el primer verso con un saludo a la “señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad” (v. 1). Se trata del ámbito sano del amor cristiano: “en la verdad”, quiere decir, conforme a la verdad de Dios. Algunos creen que la señora se refiere a una iglesia local, y que los hijos serían los creyentes. Otros creen que se refiere a una familia de la iglesia, una hermana creyente y sus hijos. Ambas cosas son posibles, pero no tenemos más información para resolver la duda. Pero el amor cristiano es sano y edificante porque se basa en la verdad de Dios y Él ha derramado Su amor en nosotros por medio del Espíritu Santo (Ro. 5.5).
    El mismo apóstol Juan describe al creyente en su Evangelio como alguien que practica la verdad y viene a la luz (Jn. 3.21). En 1 Juan 3.18, se nos manda así: “no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”. Esto es amar en la verdad. En esta segunda epístola de Juan podemos observar lo siguiente acerca de la verdad:
    v. 1    amar en la verdad, y conocer la verdad
    v. 2    la verdad que permanece en nosotros
    v. 3    Cristo es el Hijo del Padre en verdad y en amor
    v. 4    andar en la verdad
    El verso 2 indica que la verdad permanece en los creyentes, y “estará para siempre con nosotros”. La verdad no cambia, porque viene del Dios inmutable. Además, el hecho de que la verdad permanezca en nosotros es un testimonio a favor de la seguridad de la salvación. 
    El verso 3 expresa su deseo de que gocen de gracia, misericordia y paz, cosas que provienen del Padre y del Hijo, pero no de María ni de la Iglesia. Los apóstoles no enviaban dinero a las iglesias, sino que ofrecían tesoros espirituales, que son más ricos y permanentes. 
    En el verso 4 se menciona el gozo que produce la obediencia. Debemos mencionar las cosas buenas que vemos, y no ser conocidos como quejosos o criticones. Es importante expresar lo positivo. “Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre”. Los hijos que andan en la verdad traen alegría. Proverbios 23.24-25 lo expresa así: “Mucho se alegrará el padre del justo, y el que engendra sabio se gozará con él. Alégrense tu padre y tu madre, y gócese la que te dio a luz”. En cambio, Proverbios 17.25 dice “El hijo necio es pesadumbre de su padre, y amargura a la que lo dio a luz”. Los hijos infieles y desobedientes, o no se dan cuenta, o no les importa la tristeza que causan a sus padres. Y en la iglesia, si los creyentes son fieles y obedientes al Señor, hay gozo, pero si son infieles y desobedientes, hay tristeza. Nuestro comportamiento afecta a los demás.       
 

          continuará, d.v. en el siguiente número

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La Noche de San Juan: 

Una Festividad Pagana


Las palabras “solsticio” y “equinoccio” son términos astronómicos, no astrológicos. El solsticio de invierno y el de verano son los días más cortos y más largos del año, respectivamente, cuando el sol se halla en uno de los trópicos. Sucede del 21 al 22 de junio y del 21 al 22 de diciembre. En estas dos fechas, la diferencia entre la duración del día y de la noche es mayor. El equinoccio se refiere a los dos momentos anuales en los que, al encontrarse el sol sobre el ecuador, la duración del día y de la noche es igual en todo el mundo. Esto ocurre del 20 al 21 de marzo y del 22 al 23 de septiembre. 
     La Biblia declara que el sol y la luna fueron creados por Dios el cuarto día de la creación (Gn. 1.14-19). Son parte de la creación inanimada de Dios. Debemos adorar al Creador, no a la creación. Dios prohibió terminantemente rendir culto al sol, la luna o las estrellas. “No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas impulsado, y te inclines a ellos y les sirvas; porque Jehová tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos” (Dt. 4.19).
 
Helios
   Sin embargo, las antiguas religiones paganas veneraban al sol y a la luna como dioses y les rendían culto (2 R. 23.5, 11; 2 Cr. 34.4). Atribuían poderes divinos a los planetas y las estrellas. Esta práctica se realizaba en la antigua Babilonia, donde se utilizaba la torre de Babel para observar los cielos. Allí nacieron el zodiaco y la astrología. Cuando Dios juzgó y dispersó a la humanidad, esta se fue de Babel a todas las partes del mundo llevándose consigo sus creencias paganas. Por eso hay torres, pirámides y astrología en diferentes partes del mundo. En Egipto, el sol se asociaba con dioses como Atum-Ra y Amón-Ra. Los romanos rendían culto al Sol Invictus. Para los griegos, el dios del sol era Helios. La cultura inca tenía como deidad más importante al dios sol, llamado Inti, y el inca era considerado su hijo. En Asiria, Assur era el dios principal y se simbolizaba con un disco alado del que emanaban rayos. Un dato que muchos ignoran es que la cruz era un símbolo del dios sol reconocido y usado durante siglos antes del cristianismo. No es un símbolo cristiano, sino pagano. En la revista National Geographic, J. M. Sadurní escribe: 


     “Junto a la Noche de Reyes, la de San Juan (23-24 junio) es considerada una de las noches más mágicas del año, y aunque sus orígenes son inciertos, es muy posible que estos se hallen en los cultos solares celebrados por distintas culturas desde hace miles de años. Para dar una explicación a la noche más corta del año (que tiene lugar el día 21 de junio), en algunas antiguas leyendas se contaba que eso sucedía porque el Sol, enamorado de la Tierra, se negaba a abandonarla.
          A partir de ese día, cuando el Sol se mostraba en todo esplendor, era el momento en que los celtas celebraban el “Alban Heurin”, una festividad en la que se encendían hogueras para dar la bienvenida al buen tiempo, para pedirle al Sol que no abandonara el cielo y para ahuyentar los malos presagios y atraer la fertilidad de la Tierra”.

     La noche de San Juan coincide con el solsticio de verano, la noche más corta del año, que es muy importante para las religiones místicas y paganas. En Stonehenge (Inglaterra) se celebra con danzas y música para honrar la luz y la naturaleza. En muchos lugares se queman objetos para renovarse y atraer buena suerte, y se saltan hogueras para alejar lo malo. Es una noche mágica de fuego, agua, música y comunidad, que se celebra con hogueras en plazas y playas, quemando deseos y buscando protección para el nuevo ciclo. En resumen, hacen todo lo que Dios prohíbe y condena. En lugar de reconocer al Creador, rinden culto a las cosas que Él creó con Su gran poder y sabiduría. 
     ¿Cuál debe ser la postura del creyente ante tales cosas? Dios manda: “no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones… porque es abominación” (Dt. 18.9, 12). No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad” (Jer. 10.2-3). Romanos 12.2 exhorta: “no os conforméis a este siglo”. Por tanto, no cabe duda de que el cristiano debe apartarse por completo de cualquier objeto o práctica relacionado con las ideas paganas acerca del sol, la luna o las estrellas. No debemos asistir ni participar en sus festividades, sino separarnos y marcar claramente la diferencia. 
      El apóstol Pablo escribe:
“Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor” (2 Co. 6.15-17).
 

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EL OCTAVO MANDAMIENTO 

"No robarás"

Dios mandó: “No hurtarás” (Éxodo 20.15). Según la Real Academia la
palabra “hurtar” significa “Tomar o retener bienes ajenos contra la voluntad de su dueño”. Algunos sinónimos son: robar, sustraer, quitar, bolsear. 
    Sin embargo, es otro eslabón de los mandamientos que a menudo se rompe. Antes de decir “yo no robo”, recuerda que este mandamiento también se aplica en sentido absoluto. Significa: “No hurtarás ni robarás de ninguna manera en absoluto”.
    No hay que pensar solo en atracos, porque la Palabra de Dios va mucho más allá. No se puede robar nada, ni siquiera una vez, por poca cosa que sea. Robar es tomar sin permiso algo que es de otra persona. Da igual si se trata de un bolígrafo de la oficina, unos clavos del taller, unos ladrillos de una obra, un poco de pintura o pegamento, o cualquier otra cosa. 
    Algunos dicen que es una enfermedad o un trastorno mental llamado cleptomanía. Alegan que la persona no es responsable, y que no puede controlar sus impulsos. La tratan de víctima en lugar de responsable y culpable. Pero, ante Dios, no se trata de una enfermedad, sino de un pecado. Ante la ley de los hombres es un delito. Nunca está permitido tomar lo que no es tuyo.
    Hay quienes filosofan y dicen que no han robado, simplemente porque no lo definen como Dios. Se crean su propia definición con la intención de declararse inocentes, pero esto no tiene valor ante Dios. Roban el tiempo de los demás, por lo que les están defraudando. Por ejemplo, ¿llega tarde al trabajo alguna vez o se excede en el tiempo de descanso? Si se le permite media hora para comer, ¿se excede tomándose unos minutos más? ¿Luego apunta más horas de las que realmente trabajó en su hoja de trabajo? ¿Utiliza sin permiso el teléfono de alguien? ¿Intenta viajar en autobús o tren sin pagar?
 
 Algunos niños hurtan de sus padres, burlándose de la confianza que se les tienen. Hay jóvenes que consideran divertido el entrar en una tienda para robar algo.
    Las empresas y los contratistas que cobran de más o que defraudan a sus empleados pagándoles menos también roban. Con los contratos laborales, la Seguridad Social y los impuestos hay mucho chantaje, es decir, engaño y robo.
    Los del gobierno roban cuando utilizan fraudulentamente los fondos. Cada año salen a la luz nuevos casos de corrupción. Además de esto, los funcionarios tienen tanta mala fama de inercia que en el siglo XIX Mariano José de Larra escribió sobre ellos el libro Vuélva Usted Mañana. Sabemos que no se aplica a todos indiscriminadamente, pero “si el río suena...”. 
    Pero, en lo que respecta al gobierno, ¿ha sido siempre honesto en su declaración de la renta, pagando todo lo que debía? Si tiene un negocio, ¿utiliza dos juegos de libros y una contabilidad doble, para engañar al gobierno? 
    ¿Ha entrado ilegalmente en un país para vivir y trabajar? ¿Ha trabajado sin un contrato en regla, sin permiso de trabajo y sin pagar la Seguridad Social que marca la ley? ¿Paga los impuestos de sus compras o realiza compras sin factura para evitarlos? ¿Ha cobrado el paro o una pensión del gobierno mientras trabajaba en negro? 
    ¿Ha intentado alguna vez pasar la aduana con algo escondido, sin declarar honesta y abiertamente todos los objetos comprados? 
    ¿Ha copiado o descargado del internet copias de música, películas, programas o juegos sin pagar, o ha aceptado copias de estos para su uso personal? Ha hecho fotocopias de libros en lugar de comprarlos, sin permiso del autor? Hay quien intenta filosofar sobre las leyes de derechos de autor y dice que son leyes injustas porque favorecen a los ricos, pero, amigo mío, la ley es la ley, y Dios dice:  “Someteos a toda institución humana” (Primera Epístola de Pedro, 2.13). 
   
 Algunos intentan justificarse, diciendo que los precios son injustos y abusivos. Pero el hecho de no poder pagar una casa no da derecho a ocupar la casa de otro. Si no se puede comprar un vehículo, eso no justifica el delito de robo, y lo mismo se aplica a las copias ilegales. El latrocinio es un crimen. Toda clase de hurto y robo es pecado. Las 
excusas no le libran de su responsabilidad ante Dios. Si ha hecho alguna de esas cosas, el veredicto es:                       ¡CULPABLE!


jueves, 30 de abril de 2026

EN ESTO PENSAD - mayo 2026

 La Trompeta del Arrebatamiento
H. A. Ironside


Hoy en día existe confusión entre la trompeta que anuncia el rapto de la Iglesia, y las siete trompetas halladas en el capítulo 8 de Apocalipsis, pero son muy diferentes. En este artículo, el hermano Ironside explica las diferencias entre ambas.

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4.16-17).

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”   (1 Co. 15.51-52).

    El arrebatamiento de la Iglesia tendrá lugar al sonar la final trompeta. Esto en 1 Tesalonicenses 4 se llama “la trompeta de Dios”, y debe distinguirse muy definitivamente de la última de las siete trompetas de los ángeles, los juicios mencionados en Apocalipsis (8.2, 6; 11.15). Esas siete trompetas tocadas por siete ángeles sonarán durante la septuagésima semana de Daniel, y la séptima de ellas anuncia la llegada del glorioso reino de nuestro Señor Jesucristo. Pero, nuevamente, hay que leer con atención. “La trompeta de Dios” es algo totalmente diferente.
1 Se llama “la final trompeta” (1 Co. 15.52) porque cerrará la presente edad de gracia y concluirá los caminos de Dios con Su pueblo la Iglesia en esta dispensación.   
      No me cabe duda de que tienen razón los expositores que entienden la expresión “la final trompeta” como una alusión a la tercera trompeta de las legiones romanas. Cuando sonaba la primera trompeta, ya fuera de noche o de día, los soldados se levantaban de un salto y golpeaban sus tiendas. Cuando sonó la segunda, se pusieron en fila. Al sonar la tercera, marcharon. 
    Así nosotros, los creyentes, ya hemos oído la primera trompeta, que nos ha despertado cuando estábamos dormidos en nuestros pecados. La segunda trompeta nos ha llamado a reconocer la autoridad de nuestro Señor Jesucristo. Ahora esperamos el sonido de la última trompeta, momento en que seremos arrebatados para estar con Él para siempre. Entonces, aquellos que todavía estén vivos en sus cuerpos naturales y mortales se vestirán repentinamente de inmortalidad. En otras palabras, el cuerpo se transformará en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, y se convertirá en un cuerpo glorioso como el de resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Los creyentes que han muerto y cuyos cuerpos se han corrompido en la tumba, serán resucitados a la incorruptibilidad y, con sus nuevos cuerpos estarán, con Cristo para siempre. Esta es nuestra esperanza bienaventurada, que el Señor Jesús puede venir en cualquier momento para llevarnos y cumplir así estas Escrituras. ¡Qué bendición estar preparados para aclamarlo con alegría en Su advenimiento!  

extracto adaptado del libro El Gran Paréntesis, Libros Berea

1 La falta de distinguir entre las diferentes trompetas ha hecho a algunos concluir equivocadamente que la Iglesia será arrebatada después de la séptima trompeta (Ap. 11.15), es decir, a la mitad de la Tribulación. Nada tiene que ver ésta con la trompeta mencionada en 1 Tesalonicenses 4 y 1 Corintios 15, que anuncia el arrebatamiento de la Iglesia. Ed. 

 

 "Grata noticia, viene Jesús por los salvados mediante Su cruz,
para llevarlos al trono de luz. Sí, pronto vuelve el Señor.

Cristo Jesús de los cielos vendrá, pronto en Su gloria vendrá;
Para el creyente ¡qué gozo será ver al amado Señor!

Con alegría y aclamación, voz del arcángel, trompeta de Dios,
viene Jesús con cabal salvación. Sí, pronto vuelve el Señor". 

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  “Mas Bienaventurado Es Dar Que Recibir”
Hechos 20.35

Donald Norbie

No cabe duda que Dios es un dador generoso. Pero, ¿cómo somos nosotros? ¿Realmente creemos que es más bienaventurado dar que recibir?
    El dios que cada uno adora forjará su carácter. Quienes adoran a ídolos acabarán siendo como ellos. “Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos” (Sal. 115.8). Serán insensibles a Dios, egoístas y con una vida moral degradada (Ro. 1.23-25). En cambio, los que confían en el Dios verdadero y santo y le adoran se irán pareciendo más a Él, y formarán un pueblo santo.
    Pero Él también es la fuente de toda vida espiritual. Al pecador se le describe como muerto espiritualmente, separado de Dios y quebrantado por el pecado. A los que reciben a Cristo como Señor y Salvador, Él les da vida espiritual (Ef. 2.5). Dios comienza a obrar poderosamente en su interior (Fil. 2.13). Se cumple fielmente la promesa de Cristo, de dar vida abundante (Jn. 10.10).
    Todas nuestras habilidades naturales y espirituales provienen de Dios. Pablo pregunta: “¿o qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co. 4.7). Ya sea intelecto, cualquier talento bueno o habilidad mecánica, todo proviene de Dios. Los ricos recursos de la personalidad humana provienen del Creador, y esto debería humillarnos.    
    Las “cosas”, las posesiones materiales de esta vida, vienen de Dios. El apóstol manda recordarle al rico que es “el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Ti. 6.17). Pero la manera de disfrutarlas no debe ser egoísta. “Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos” (v. 18). Ten cuidado con el egoismo en lo referente a tus posesiones. Son de Dios, y tú solo eres un administrador. 
    El Señor Jesús vivía entregado al servicio de los demás. Siempre pensaba en otros, no en sí mismo. Era una vida de renuncia a sí mismo, coronada con el sacrificio en la cruz (Mr. 10.45). El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se unieron en aquel don asombroso e inefable (2 Co. 9.15).
    Nuestro Dios es un dador muy generoso y misericordioso, y quienes le adoran también serán dadores generosos.
continuará, d.v., en el siguiente número

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 El Creciente Énfasis en la Música
Parte 4
Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior
Permíteme hablar francamente acerca de la cuestión de “conservar a nuestros jóvenes a todo coste”. 

     En primer lugar, durante mi juventud nunca recuerdo que los jóvenes tuviéramos la actitud de que la asamblea giraba en torno a nosotros. Según recuerdo, los jóvenes no queríamos traer “nuestra música” a la asamblea. “Nuestra música”, si la teníamos, era secular, y la asamblea claramente no era el lugar para ella. Sin embargo, ahora la cristiandad ha “bautizado” la música secular con “letra cristiana”, que no solo ha sido aceptada por los jóvenes de hoy como si fuese “música cristiana”, sino que también desean traerla a la asamblea. Durante las últimas décadas, la iglesia se ha ido “acondicionando” para aceptarla. Lenta pero seguramente ha ido entrando hasta que, al final, lo ha hecho como una inundación.

 

El coro de la iglesia catolica 

en Pasadena, California

 
coro de la iglesia presbiteriana


Coro del Tabernáculo Mormón
Coro luterano

Coro adventista

Coro de monjes en un monasterio

    En segundo lugar, si cedemos a los deseos de los jóvenes y adaptamos la asamblea a su gusto, ¿qué tipo de asamblea les dejaremos? ¿Cuál será su futuro? ¿Qué tipo de jóvenes estamos criando cuando cedemos a sus deseos en detrimento de quienes durante muchos años gastaron sangre, sudor, lágrimas y fondos con el deseo de glorificar a Dios? Lo que estamos criando son jóvenes egoístas que consiguen lo que quieren amenazando con irse de la asamblea, sin importarles cómo afecte a los demás. Serán jóvenes (y luego adultos) que habrán aprendido a conseguir lo que quieren sin el trabajo y el ejercicio espiritual que las generaciones anteriores tuvieron fielmente.
    En tercer lugar, y quizá la más difícil de aprender para todos nosotros, está la lección que vemos en la parábola del hijo pródigo. Recuerda que el hijo pródigo exigió su parte de la herencia. Fue una actitud descarada, pero su padre se la concedió. (A veces Dios hace esto con nosotros también, para que maduremos, pero siempre es una lección costosa). Esta es una lección poderosa, pero difícil de aprender. “Si nuestros hijos quieren irse de casa, ¡asegurémonos de que tendrán que hacerlo!”  (Obviamente, no me refiero a hijos muy jóvenes). La falta de aprendizaje de esta lección ha provocado que muchos padres traigan el mundo a su casa, intentando así que sus hijos no se marchen, sin darse cuenta de que simplemente los están entrenando para el mundo en su propio hogar.
    Tras haber trabajado con jóvenes durante tres décadas y haberles querido mucho, sinceramente creo que, en ocasiones, sería mejor que algunos jóvenes abandonaran la asamblea para seguir sus propios deseos, incluso en lo referente a ciertos tipos de música. No me sorprendería si después volvieran habiendo madurado y habiendo descubierto que las cisternas tan deseadas no sacian el espíritu. Dejarles marchar así requiere mucha fe, domino propio, y tiempo intercediendo por ellos en oración. Supone un dolor que no estamos dispuestos a sufrir con frecuencia y que va en contra de la sabiduría humana. El padre no estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para que su hijo se quedara en casa; al contrario, le permitió salir a gran coste, ¡y al final resultó en gran gozo!
    Ahora bien, habiendo hablado con franqueza sobre esto, permíteme también decir que el padre no se alegró de que su hijo se fuera. Tampoco tuvo una mala actitud. Actuó con amor, pero también con firmeza, pensando en el bien de su hijo, y no permitió que se comportara en casa como le diera la gana. Eso no significa que el padre fuera un viejo duro e inflexible que gobernaba con látigo. Está muy claro que deseaba que su hijo volviera, ya que cada día miraba al horizonte y, cuando finalmente lo vio de lejos, salió corriendo para recibirlo con besos y lágrimas (Lc. 15.20).
    No es nada fuera de lo normal que los jóvenes abandonen el hogar o la asamblea en busca de aquello que no encuentran en ellos. Sin embargo, cuando maduren, no ofrecerán a sus hijos lo que ellos buscaban en su juventud. No se trata de dureza ni legalismo, sino de amor en su sentido más verdadero. El Señor no es duro cuando no nos concede lo que queremos, o cuando nos permite tenerlo y sufrir las consecuencias.
    La idea de que una asamblea debe reformarse y cambiar para adaptarse a los deseos de los jóvenes es, sencillamente, el concepto de una generación llena de amor propio y autoestima. Ciertamente, la asamblea debe expresar su amor genuino y su preocupación por los jóvenes, educándolos en el temor y la admonición del Señor, pero no es el patrón bíblico traer el mundo a la asamblea para que los jóvenes no se vayan. Debemos creer con firmeza que “el obedecer es mejor que los sacrificios”. El rey Saúl fracasó al no ver esta verdad, y perdió su reino como resultado (1 S. 15.22-23).
    Que el Señor nos ayude a avanzar siguiéndole ceñidos a Su Palabra, sin estancarnos ni jactarnos de nuestra ortodoxia, sino trabajando juntos para la gloria de nuestro Señor venidero y para el crecimiento de Su pueblo y Su Iglesia.           
          
Steve Hulshizer, de la revista Milk & Honey (“Leche y Miel”) enero, 2008

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 Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior


7. El Amor al Dinero


Es raíz de todos los males (1 Ti. 6.10). No estamos en este mundo para hacer tesoros (Mt. 6.19-21). Dios ahora llama a Su pueblo a peregrinar – somos extranjeros y peregrinos en el mundo (He. 11.13; 1 P. 2.11). William MacDonald bien dijo que acumular riquezas en esta vida es tan contrario a la voluntad de Dios como la fornicación y el adulterio. Del mundo se escucha la crítica: “las iglesias solo quieren tu dinero”, y desafortunadamente respecto a muchas iglesias es verdad. Enfatizan “las bendiciones del dinero”, y dicen que si uno da una ofrenda de fe Dios le devolverá mucho más. Los tele-evangelistas viven en grandes casas con toda comodidad, tienen sus escoltas, viajan de acá para allá en sus aviones particulares y se quedan en hoteles de lujo. No sabemos si algunos de ellos realmente creen en Dios, pero sí, creen en el dinero. Pedro advierte: “Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (2 P. 2.3).
    Pero los siervos del Señor en una asamblea local no deben ser así. El amor al dinero está tajantemente prohibido. El Señor Jesucristo dejó las riquezas del cielo y se encarnó: “se hizo pobre” (2 Co. 8.9). Nació en un establo y tuvo por cama un pesebre. No fue director de ninguna gran empresa. No vivió de las labores de otros, ni siquiera tuvo una cuenta bancaria. Trabajaba humildemente con Sus manos, como carpintero, hasta aproximadamente treinta años de edad. Durante Su breve ministerio público dijo a un discípulo prospectivo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Lc. 9.58). En Hechos 3.6 el apóstol Pedro dijo: “No tengo plata ni oro”. Es una gran incongruencia que Sus siervos vivan como ricos, acomodados en el mundo donde Él fue pobre. Todo creyente debe  considerar y meditar sobre el ejemplo de los apóstoles en 1 Corintios 4.8-16, que termina así: “os ruego que me imitéis”.
    Por eso la Palabra de Dios manda acerca de cualquiera que desea ser anciano: “no codicioso de ganancias deshonestas” y “no avaro” (1 Ti. 3.3; Tit. 1.7). El amor al dinero ciega los ojos del entendimiento, y causa una fuga de poder espiritual. Desvía a los hombres, y les motiva y capacita para hacer lo que Dios no quisiera. La avaricia es motivo de excomunión (1 Co. 5.11), pero excomulgamos más a los fornicarios y los ladrones o borrachos que a los avaros. William MacDonald dijo que en toda su vida no conoció ni un solo caso de excomunión por avaricia, pero no por falta de avaros en las iglesias.
    Hay hombres que usan el ministerio para encubrir avaricia (1 Ts. 2.5), pero Pablo y sus colegas no eran así. A los filipenses dijo: “No es que busque dádivas” (Fil. 4.17). El problema con el amor al dinero en un siervo de Dios es que afectará lo que predica y cómo lo predica. Afectará a quién disciplina y a quién no, porque estará tentado a pensar qué pasará si reprende a un hermano afluente, o si predica ciertas cosas. No quiere ofender a los que ofrendan y ayudan a mantener la obra, porque confía más en ellos que en Dios. Nunca deben dejar que el dinero figure en las decisiones espirituales, ni que afecte la obediencia a la Palabra de Dios.
    El remedio es confiar en el Padre celestial, que sabe de qué cosas tenemos necesidad. Ante las necesidades debe entrar en su aposento, cerrar la puerta, y orar a su Padre que está en los cielos (Mt. 6.6).  La prioridad en la vida personal y en la asamblea es: “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6.33).
continuará, d.v. en el siguiente número

                       del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea

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Gran Ganancia 

“Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6.6). Por eso el Señor Jesucristo no era posesivo ni controlador en su manejo del dinero. Él jamás codició el dinero; más bien dejó que Judas tuviera “la bolsa del dinero” (Juan 12.6 NBLA). Cuando quería ver la imagen de César, dijo: “Traedme la moneda” (Marcos 12.15); obviamente no tenía ninguna. Jamás pidió ni tomó prestado dinero. Él les enseñó a sus discípulos a orar: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Lucas 11.3) y vivió hablando solo con Dios de sus necesidades. Cuando había que pagar los impuestos, le dijo a Pedro que tomara el dinero y se lo diera “por mí y por ti” (Mateo 17.27). Cumplió con sus responsabilidades financieras y, además, ayudó a otros. Dios lo vio y lo amó, porque “Dios ama al dador alegre” (2  Corintios 9.7). ¿Sigues tú su magnífico ejemplo de administración del dinero?

Juan Dennison, Devoción a Diario, lectura del 17 de junio, 
Libros Berea y Publicaciones Pescadores

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 Matrimonio, Divorcio, Adulterio

Curtis Thigpen

La Palabra de Dios expresa claramente el origen divino y la santidad del matrimonio:
· Dios lo diseñó y originó (Gn. 2.21-24).
· Dios prohíbe su disolución por el ser humano (Mr. 10.9).
· Dios declara que aborrece el repudio (Mal. 2.15-16).
· El matrimonio ilustra la relación entre Cristo y Su Iglesia  (Ef. 5.22-33; Ap. 19.7-8), que es permanente.

    Según Marcos 10.6-9 es bastante obvio que desde el principio la intención divina es que la unión matrimonial sea permanente, y que solo pueda terminarse legítimamente por la muerte.

“pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”.

    Además, uno de los propósitos principales del matrimonio es la institución y el establecimiento del hogar, que es la base de una sociedad ordenada. Cuando se mina la dignidad y santidad de esa unión y del hogar, las consecuencias son trágicas y tristes. Esto no solo ocurre en las familias afectadas, sino que también afecta al bienestar de la sociedad en general y contribuye a la desintegración y el colapso de naciones fuertes.  
    En el Antiguo Testamento, Dios estableció unas normas sobre el divorcio y otros asuntos relacionados en el libro del Deuteronomio (capítulos 22 y 24). Se permitía el divorcio en caso de decepción respecto a la pureza moral, pero solo si la contaminación había ocurrido antes de la consumación del matrimonio (Dt. 24.1). Por otra parte, si había pruebas de inmoralidad después del matrimonio, se apedreaba a ambos culpables (Dt. 22.22). La excepción mencionada por nuestro Señor en Mateo 5.32 y 19.9 evidentemente se basa en estos principios.
    Sin embargo, algunos estimados maestros de la Biblia han deducido de las palabras del Señor que, cuando el matrimonio se ha visto contaminado por el adulterio, el divorcio está permitido por la Biblia y la parte supuestamente “inocente” puede volver a casarse. Sin embargo, un examen honesto de los términos empleados por el Señor revela que el adulterio no es la excepción. Observa que en los siguientes pasajes no se admiten excepciones.

“y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio
(Mr. 10.11-12).

Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera(Lc. 16.18).

    En general, el Nuevo Testamento no hace concesiones al concepto común del divorcio y el nuevo matrimonio de personas divorciadas. El precepto del Nuevo Testamento está claramente expresado en pasajes como Romanos 7.2-3 y 1 Corintios 7.39, y lógicamente plantea la siguiente pregunta: “¿Respira aún el esposo?” Porque mientras viva, ante Dios sigue en vigor el matrimonio. La violación de este precepto es el pecado  llamado “adulterio”. Según 1 Corintios 6.9-10 los adúlteros “no heredarán el reino de Dios”, pues los juzgará Dios (He. 13.4).      

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Algunas Excusas que Suelen Utilizarse 
para Romper el Matrimonio

“Realmente no existe diálogo” (falta de comunicación entre nosotros).
“Somos tan diferentes”.
“Me decepcionó. Soy víctima".
“Somos incompatibles”.
“No estamos felices, sino siempre estamos peleando”.
“No nos entendemos”.
“Ya no nos amamos como antes”.
“No nos soportamos”.
“No pensamos ni actuamos igual”.
“Me siento atrapado/a en un matrimonio sin amor”. 

Pero las Escrituras no aceptan estas cosas como razones para el divorcio.

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  El Séptimo Mandamiento

 “No adulterarás”


 El mundo habla de la revolución sexual, pero ante Dios es la rebeldía sexual. ¿Cree usted que la moralidad es una cuestión de gustos, algo relativo? Se llevará una gran sorpresa y amarga el día que descubra que Dios afirma que es algo absoluto. No importa lo que piensa la sociedad, ni los psicólogos, ni los profes de ética, porque ninguno de ellos le acompañará en el juicio ante el trono de Dios.
    El séptimo mandamiento menciona específicamente el adulterio, que se refiere a actos sexuales entre una persona casada y alguien que no sea su cónyuge. Sin embargo, el adulterio es solo un tipo de práctica inmoral, y la ley de Dios prohíbe toda clase de fornicación.
1 La palabra “fornicación” se traduce de la palabra griega “porneo”, (de donde viene nuestra palabra “pornografía”). Significa toda y cualquier actividad sexual ilícita, es decir, fuera del matrimonio. Incluye cualquier tipo de inmoralidad sexual. El paso del tiempo y la evolución de la sociedad no pueden cambiar la ley divina. El Nuevo Testamento también anuncia que “a los fornicarios y los adúlteros los juzgará Dios” (Epístola a los Hebreos, 13.4).
    Hay quienes afirman que no son adúlteros ni inmorales, pero si se dijera toda la verdad, tienen pensamientos y deseos inmorales, e incluso de cometer actos inmorales. Se recrean leyendo novelas, viendo películas o fotos en Internet y a través de su teléfono, e imaginan estar en esas situaciones, soñando en privado sin que nadie vea la pantalla de su mente. Pero Dios lo ve y sabe que eso es fornicación y adulterio en el corazón. Jesucristo dijo: “Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” (S. Mateo 5.27-28, Nácar-Colunga). 
    El precepto incluye las  mujeres que miran con deseo a los hombres. La sociedad no lo considera malo, pero la sociedad no es Dios, y Dios lo condena.
¿Ha sido infiel a su cónyuge, aunque haya sido una sola vez y nadie lo sepa? Dios lo sabe. Aunque solo haya sido en pensamientos y deseos, esto demuestra que su corazón es pecaminoso y quebranta la Ley de Dios.
    ¿Se ha casado con una persona divorciada? Esto es adulterio según la enseñanza de Cristo.
“Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio (Evangelio según S. Marcos, 10.11-12).
    La Iglesia Católica inventó “la anulación”, que es un truco filosófico. Alega que, aunque la Iglesia los casó en el sacramento del santo matrimonio, el matrimonio nunca llegó a existir en el corazón de los dos cónyuges, por lo que la Iglesia “anula” el matrimonio. De este modo, pueden decir que no se trata de un divorcio y que, por tanto, no están cometiendo adulterio, ya que, según razonan, ¡nunca estuvieron casados! Sin embargo, en ese caso serían fornicarios. Píntanlo como quieran, pero la ley de Dios queda rota. Las Sagradas Escrituras no cambian. En lugar de excusarnos por las modas de una sociedad permisiva, debemos obedecer a Dios. Cristo declaró: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Evangelio según S. Mateo, 24.35).
    Hoy en día están de moda las parejas de hecho, y se dice que hay que aceptarlo y no juzgar. Sin embargo, Dios considera fornicación toda actividad sexual fuera del matrimonio. La Biblia dice: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Epístola a los Hebreos 13.4). Ante Dios sigue siendo pecado. Los santos apóstoles mandan que los fornicarios y adúlteros no deben ser admitidos en ninguna iglesia (Primera Epístola a los Corintios, 5.11). Incluso la ley humana distingue entre matrimonios y parejas de hecho. Dios aún distingue más, y condena a las parejas que conviven sin casarse, pues cometen fornicación y serán juzgadas. Juntarse en pareja es fornicación, y según la Biblia, los hijos nacidos de la fornicación son bastardos (Deuteronomio 23.2; Epístola a los Hebreos 12.8).
    Ha contemplado actos inmorales en la tele, el teléfono o el cine, para divertirse? Eso es la inmoralidad mental, son pensamientos impuros. Recuerde el texto de Romanos 1:32 sobre el pecado vicario, es decir, el pecado que se disfruta a través de otras personas.
  
 Francamente, vivimos en una sociedad inmoral y perversa que va de mal en peor. Pero recuerda que no será la sociedad, sino el individuo, quien rendirá cuentas ante Dios. Sea quien sea, cualquier persona que haya deseado, pensado o cometido alguna de estas cosas es culpable de adulterio y de romper el séptimo mandamiento de la Ley de Dios.                                                           - - -                                                                                 ¡Culpable!

1  Lea los capítulos 18 y 20 de Levítico.

2 En el Evangelio según San Juan, 4.18, Cristo le dijo a una mujer que convivía con un hombre: “el que ahora tienes no es tu marido”. Quienes se juntan y luego se casan dicen que así se arregla todo. Pero la ceremonia no borra la fornicación de su relación anterior.