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jueves, 29 de febrero de 2024

EN ESTO PENSAD - marzo 2024

 EJERCÍTATE

“Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Ti. 4.7-8).

El ejercicio físico es saludable por sus beneficios para el cuerpo, y muchos lo practican de alguna manera. Pagan una cuota por asistir a un gimnasio, y van cada semana a hacer sus rutinas de ejercicios con las pesas y otras máquinas. Algunos aprovechan de un entrenador que les aconseja y supervisa sus ejercicios, para sacar más provecho. También se cuidan de la dieta. Procuran comer cosas naturales, y evitan el consumo de cosas que no favorecen la salud.
    Curiosamente, pocos cristianos se ejercitan para la piedad. Solemos creer que la piedad es algo que Dios nos da, pero no es así. La salvación es solo de Dios, por la gracia, no por obras. No podemos contribuir a ella, y por eso estamos eternamente seguros, porque es obra Suya. En cambio, la piedad requiere nuestra participación. Pablo enseña que, para adquirir la piedad, uno debe ejercitarse. Para ilustrar el punto, menciona el ejercicio corporal que “para poco es provechoso”. Tiene sus beneficios, pero solo “para poco”.
    Cuánto tiempo y dinero gastan algunos en gimnasios, máquinas de ejercicio y comidas especiales, y todo es para poco provecho a plazo corto. Desembolsan más para todo eso que para ofrendar al Señor. En cambio, con la palabra “Pero” – contraste – declara que “la piedad para todo aprovecha”. La piedad es provechosa en dos tiempos: “esta vida presente” y “la venidera”.

    
Para sacar ese provecho, hay que ejercitarse. Hay que involucrarse y disciplinarse, como uno hace en el ejercicio corporal. Gastan dinero en gimnasios, porque si no, no pueden entrar. ¿Qué pasaría si tuvieran que pagar por entrar a un estudio bíblico? No que quisiéramos cobrarles, pero es extraño que pagan por algo de poco provecho, y desatienden lo que para todo es provechoso. Se hacen un horario estructurado para ejercicios y sueño, y usan sus relojes inteligentes para ver cuántos pasos dan y cuántas horas de sueño de calidad tienen. Pero en la esfera espiritual, hay un gran descuido, y quizás tienen un concepto equivocado de su propia madurez espiritual. No tienen un horario estructurado de ejercicios espirituales. No tienen una rutina para crecer en la piedad. Por ejemplo, a penas leen la Biblia, y aunque la lean un poco, no se esfuerzan para estudiarla. Son más fieles en asistir al gimnasio que en asistir a las reuniones de la congregación. Saben que, en el gimnasio, no se trata de estar presente, sino de esforzarse para cumplir los ejercicios. Pero en la vida espiritual, a lo mejor solo están presentes en algunas reuniones. A pocos se les ocurriría buscar el consejo de un “entrenador” (anciano, o maestro de la Palabra), para mejorar – el discipulado. Al salir de una reunión, no podrían decir qué provecho específico han sacado para su vida espiritual. En casa, y durante la semana, se esfuerzan poco. No es sorpresa que no crecen, que no adquieren más conocimiento, sabiduría y fortaleza espiritual para crecer en la piedad. Algunos tienen “manos caídas” y “rodillas paralizadas” (He. 12.12).
    El apóstol Juan escribió: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Jn. 2). Es un deseo comprometedor. ¡Si nuestra salud física dependiera de nuestra salud espiritual, muchos estarían débiles o enfermos, y otros estarían muertos! Esto es porque no se ejercitan para la piedad.
    Sabemos que si uno come bien, pero no hace ejercicio, el cuerpo no puede aprovechar las calorías y los nutrientes. Entonces, o lo elimina, o lo convierte en grasa y así lo almacena. Piensa en la cantidad de creyentes que asisten continuamente a reuniones y estudios bíblicos, pero solo para ver y oír. Parece que su idea de ser espiritual es tener muchas reuniones y conferencias. Pero ni eso es para muchos un ejercicio para la piedad, pues solo asisten, oyen, luego participan del refrigerio o las comidas servidas, y se despiden. ¿Qué provecho han sacado para la piedad? La degustación de sermones ha venido a ser para algunos como una diversión, o una actividad social que toma el lugar del cine, el estadio o las fiestas. Pero si no se ejercitan, si no lo aprovechan para crecer en algo específico, ¿de qué les sirve? Pueden estar presentes físicamente, pero en muy mala salud espiritual, por falta de ejercicio personal en la piedad.
    El escritor de Hebreos nos advierte que “es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos” (He. 2.1). Cristo dijo a Nicodemo: “Os es necesario nacer de nuevo”, y al oír esto decimos: “¡Amén!” Pero aparentemente pensamos que, si somos creyentes, poco nos es necesario. Decimos que somos salvos por la gracia, no por obras, y no vemos la importancia y el valor de las obras en la vida cristiana (véase Ef. 2.10). Según Hebreos 2.1, nos es necesario ser diligentes en oír y aplicar la sana enseñanza. Esto es, no solo escuchar, sino atender con diligencia. También el apóstol Pedro nos aconseja así: “poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor” (2 P. 1.5-7). Dios no nos da la diligencia. Nosotros la debemos poner. Dios no añade a nuestra fe las cosas nombradas. Nos toca a nosotros. Tenemos que añadirlas, y para eso hay que poner toda diligencia – es nuestra responsabilidad. Son ejemplos de cómo ejercitarse para la piedad. Si no hacemos los ejercicios, no tendremos más piedad en nuestro carácter y nuestra vida. No vale la excusa: “es que soy así”, para explicar por qué no hay mejora en nuestro carácter y conducta. Debemos ejercitarnos para añadir a nuestra vida la virtud, el conocimiento, el dominio propio, la paciencia, la piedad, el afecto fraternal y el amor. Reflexionemos: ¿qué ejercicios, que esfuerzos realizamos para crecer en estos aspectos de la vida cristiana? ¿Tenemos metas, un plan estructurado, y una rutina? ¿Nos analizamos, “medimos” o “pesamos” para ver si hemos crecido?

Carlos Tomás Knott,   continuará, d.v., en el número siguiente

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¿HOY REALMENTE EXISTEN APÓSTOLES?

“Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (2 Co. 11.13). Observa bien, que de los 120 creyentes reunidos en Jerusalén, solo dos satisficieron los requisitos declarados en Hechos 1.21-22. El Señor escogió uno de ellos: Matías (Hch. 1.26), para unirse con los otros 11 apóstoles. Más adelante,  el Señor llamó de manera especial a Pablo (1 Co. 9.1), pero después de él, no hay más (Hch. 20.29-30). Los que hoy presumen de serlo son falsos, fraudulentos y engañadores.

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  LA TRIBULACIÓN

parte 5
por Jeff Brown

viene del número anterior


Los Dos Testigos (Ap. 11.3-12)

 
Entendemos que estos dos individuos entran en el escenario durante la primera mitad de la Tribulación, y son grandemente usados por Dios durante tres años y medio (Ap. 11.3); este verso dice 1.260 días. Quizás relata el tiempo en días porque Dios valora cada día de su testimonio y también de las pruebas que enfrentan los Suyos. Es aun posible que su ministerio colabore en la salvación de los 144.000 que salen a predicar. Cuando los dos testigos cumplan el tiempo de testimonio, la Bestia estará supremo en el cenit de su reinado, y habrá tremenda persecución de los santos salvados durante la Tribulación. ¿Quiénes son esos dos testigos? No lo sabemos porque la Biblia no lo declara. Se vestirán de cilicio (v. 3), y eso nos recuerda los profetas del Antiguo Testamento que en el Nombre de Dios proclamaron aflicción y tristeza, dando también un mensaje de esperanza. Los poderes de esos testigos y sus milagros son similares a los hechos de Moisés y Elías (Ap. 11.5-6), que aparecieron juntos con Cristo en el monte de la transfiguración (Mt. 17.3). Al final de los 1260 días, la Bestia los vencerá y los matará. Sus cuerpos quedarán en la plaza de Jerusalén durante tres días y medio, y su muerte será causa de gran regocijo en todo el mundo. Pero serán resucitados públicamente, y un terremoto destruirá la décima parte de Jerusalén y matará a 7.000 personas (Ap. 11.11-13). Los demás se aterrorizarán y darán gloria “al Dios del cielo”.

Los Últimos Tres Años y Medio

 
    Los primeros tres años y medio serán “principio de dolores” (Mt. 24.8), y entonces llegará el tiempo de la “gran tribulación” (Mt. 24.21). ¿Qué provocará este cambio? La primera bestia, el Anticristo, demandará la adoración universal, y pondrá su imagen en el templo. Así comenzará el peor tiempo de persecución en la historia, para el pueblo de Dios y los que creen el evangelio del reino (los santos de la Tribulación). Dios establece que la segunda mitad de la Tribulación será tres años y medio, 1.260 días (Ap. 11.3), o 42 meses de 30 días (Ap. 13.5). En la primera mitad de la Tribulación comenzaron los juicios divinos, pero en la segunda mitad se extenderán geográficamente, y aumentarán en intensidad. Estos son los juicios de los sellos, las trompetas y las copas.

Los Juicios de la Tribulación

 
    Durante el tiempo de la Tribulación, Dios mandará a la tierra tres grupos de juicios sucesivos: los sellos, las trompetas y las copas. Cada juicio en su turno será más intenso, devastador y extenso que el anterior. Podemos entender que los juicios de las trompetas saldrán del séptimo sello, y los juicios de las copas saldrán de la séptima trompeta. El comienzo de estos juicios (los sellos) viene temprano en el periodo de la Tribulación (Ap. 6), cuando se abra el libro sellado (Ap. 5). Ese libro representa las escrituras – el título de propiedad – del planeta. Satanás el usurpador se adueñó del mundo, pero solo Cristo es digno de abrir esos sellos y el libro (Ap. 10.2, 8).

¿Qué Son Esos Juicios?

1. Los Sellos 

    El Anticristo establecerá con diplomacia su gobierno mundial al comienzo, cuando se abrirá el primer sello de la Tribulación (Ap. 6.1-2). A partir de entonces, Cristo seguirá abriendo los demás sellos. Los juicios de esos sellos incluyen una masiva guerra mundial, y un hambre mundial, quizás como resultado de la guerra. Luego, y posiblemente debido a esos dos sellos, el mundo será visitado de gran mortandad. Como resultado de la guerra y el hambre, las fieras y la muerte, morirá 25% de la población del mundo (Ap. 6.4-8). Si basamos el cálculo sobre la población mundial corriente, ¡serían 2 mil millones de personas! Después de eso habrá un gran terremoto, seguido por cataclismos nunca vistos, en los cielos (sol, luna, estrellas) y en la tierra (montañas e islas), (Ap. 6.12-17). Es interesante notar que los 144.000 siervos/testigos serán sellados y protegidos de esos juicios (Ap. 7.2-4). La apertura del séptimo sello introducirá los juicios de las siete trompetas (Ap. 8.1.-2).


2. Las Trompetas

     Con el avance del tiempo los juicios aumentarán en severidad y extensión. Los juicios de las trompetas comenzarán con la destrucción de 33% de los árboles y toda la hierba verde (v. 7), y 33% del mar se convertirá en sangre (vv. 8-9). Después de esto, 33% de los ríos y las fuentes de las aguas serán convertidas en ajenjo (vv. 10-11). Entonces habrá convulsiones en los cielos que apagarán 33% de la luz del sol, la luna y las estrellas, y eso afectará el día y la noche (Ap. 8.12). Apocalipsis 9.1-12 describe el juicio de la quinta trompeta, cuando criaturas como demonios, parecidos a escorpiones y langostas, subirán del pozo del abismo. Se les prohibirá matar a las personas, pues las atormentarán tanto que muchos desearán la muerte – pero no será permitido. La sexta trompeta traerá como juicio 200 millones de jinetes que matarán al 33% de la humanidad. Ya que antes murieron 25% de la población en los juicios previos, eso significa que del 75% que queda, morirán 33% de ellos. Esto significa que en ese momento solo quedará vivo 50% de la población anterior del mundo.  Sin embargo, increíblemente, los que quedan todavía rehusarán arrepentirse (Ap. 9.13-21). Entonces la séptima trompeta traerá los juicios más severos que jamás han azotado al mundo: las copas de ira.

3. Las Copas de Ira

    Apocalipsis 16 revela la extensión e intensidad de los juicios de esas copas de ira. Jamás ha habido juicios tan fuertes en la historia del mundo. Comenzarán con llagas malignas que aparecerán en todos los que reciben la marca de la bestia. Luego todos los mares se cambiarán en sangre y morirá todo ser viviente que hay en el mar. Después, las aguas dulces (ríos, lagos, etc.) serán cambiados en sangre. El calor del sol aumentará, se quemarán los hombres, y sin embargo blasfemarán y no se arrepentirán. Entonces llegarán tinieblas densas con dolores continuos. Se secará el río Éufrates (v. 12), y eso abrirá paso para la venida de grandes ejércitos del oriente, para unirse a los demás en el conflicto final de Armagedón. Al secarse el río, serán activados espíritus inmundos, espíritus de demonios (vv. 13-14). La séptima y final copa causa gran devastación y prepara el escenario para la segunda venida de Cristo en poder y gloria.  El más grande terremoto en la historia tendrá efectos globales, destruirá enteramente al sistema mundial y juzgará severamente a todos los inconversos. Causará grandes cambios topográficos en la tierra (islas y montañas, v. 20) y caerá un enorme granizo. Sin embargo, habrá resistencia, no arrepentimiento.
    Estimado lector, si eres creyente, ¿no sientes gozo de saber que estás a salvo? No solo eres salvo de los terrores y horrores de los siete años de la Tribulación, sino también de una eternidad en el lago de fuego. Y si no eres creyente, reconoce ahora el terrible rumbo de tu vida, y arrepiéntete mientras haya tiempo.

continuará, d.v.

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 Manasés el Malvado  

parte 2
Lucas Batalla

viene del número anterior
Textos:

2 Reyes 21.1-18;

 2 Crónicas 33.1-2


El problema hoy con las iglesias que aflojan y cambian con el mundo, es que, como Manasés, no les importa cómo parecen las cosas “ante los ojos de Jehová”, sino actúan por lo que quiere el pueblo, y para complacer a sus esposas e hijos. Copian lo que ven en otras iglesias “exitosas”, y piensan que si vienen más personas y hay más libertad, todo estará bien. Manasés también quiso complacer a los hombres y no a Dios. El resultado final se ve en 2 Crónicas 33.6, “se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Jehová, hasta encender su ira”. 2 Reyes 21.16 añade: “derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo; además de su pecado con que hizo pecar a Judá, para que hiciese lo malo ante los ojos de Jehová”. El rey malvado no solo hizo mal, sino, porque era rey, afectó malamente a toda la nación. 2 Crónicas 33.9 explica: “Manasés, pues, hizo extraviarse a Judá y a los moradores de Jerusalén, para hacer más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel”. Es el pecado de hacer a otros pecar, como había hecho Jeroboam en el reino del norte: “y Jeroboam apartó a Israel de en pos de Jehová, y les hizo cometer gran pecado” (2 R. 17.21). Hoy también los líderes de las iglesias que no se ciñen a la Palabra de Dios son culpables de hacer pecar al pueblo de Dios. 2 Crónicas 33.10 dice que Dios les habló, pero no escucharon. Por eso, el duro castigo llegó (v. 11). Los asirios aprisionaron con grillos a Manasés, lo ataron con cadenas y lo llevaron a Babilonia. Nuestras decisiones y hechos tienen consecuencias. El pueblo que aprobaba lo que hacía Manasés no podía protegerlo de los asirios que Dios mandó como castigo.
    Entonces, el malvado rey reaccionó, cuando fue humillado. “Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres” (v. 12). No se humilló, sino fue humillado por Dios. Siempre es mejor humillarse que ser humillado (Stg. 4.10; 1 P. 5.6), pero algunos solo aprenden a base de golpes. Alguien dijo: “Si Dios te trata duramente, no es porque Él sea duro, sino porque tú eres duro”. Ahora bien, analizando el caso de Manasés, es cierto que se humilló, pero no está muy claro si se convirtió o no. Debemos recordar que el malvado rey Acab también se humilló (1 R. 21.27-29), y eso no fue una conversión. Nabucodonosor y Darío también reconocieron y temieron al Dios de Israel, pero sin convertirse. Así que, es bueno que Manasés se humillara, y por eso leemos: “Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios”. Dios le restauró a su trono (2 Cr. 33.13). Pero queda la duda acerca de su condición espiritual, pues no dice que tuviera fe, ni que fuera justificado como Abraham o David.
    En los versos 14-16 leemos de sus buenas obras, que manifestaron un nuevo temor de Dios de parte del rey. Pero esas reformas quedaron incompletas en dos sentidos. Primero, quitó algo, principalmente limpió al templo y la ciudad de Jerusalén, pero no deshizo todo lo que había hecho para los dioses falsos en los versos 3-7.  Segundo, leemos en el verso 17 que no consiguió reformar al pueblo: “Pero el pueblo aún sacrificaba en los lugares altos, aunque lo hacía para Jehová su Dios”. No querían cambiar, pues eran sinceros pero equivocados. Por la maldad de Manasés el pueblo había pecado de tal manera que pasó el punto de no retorno. Años después, el profeta Jeremías declaró esta triste noticia de parte de Dios: “Y enviaré sobre ellos cuatro géneros de castigo, dice Jehová: espada para matar, y perros para despedazar, y aves del cielo y bestias de la tierra para devorar y destruir. Y los entregaré para terror a todos los reinos de la tierra, a causa de Manasés hijo de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén” (Jer. 15.3-4). Generaciones futuras iban a sufrir el castigo divino en parte debida al mal ejemplo y el mal liderazgo de Manasés. Lo mismo pasará en las iglesias, cuando en el tribunal de Cristo algunos sufrirán pérdida porque siguieron al liderazgo malo y equivocado, en lugar de obedecer a Dios. Otros, engañados por una falsa profesión de fe, ni siquiera llegarán al tribunal, pues irán al castigo eterno.
    Los versos 18-19 (2 Cr. 33) resumen “los demás hechos de Manasés”, diciendo: “he aquí todo está escrito en las actas de los reyes de Israel” (v. 18).  El verso 19 dice: “Su oración también, y cómo fue oído, todos sus pecados, y su prevaricación, los sitios donde edificó lugares altos y erigió imágenes de Asera e ídolos, antes que se humillase, he aquí estas cosas están escritas en las palabras de los videntes”. Todo está escrito para nuestra enseñanza, para que no repitamos esa triste historia.
    Finalmente, “durmió Manasés con sus padres, y lo sepultaron en su casa” (v. 20), “en el huerto de su casa” (2 R. 21.18), no con los otros reyes, porque su vida era una desgracia. Pero el efecto malo de Manasés no cesó con su muerte, pues había sembrado la maldad en el corazón de muchos, y además, le sucedió su malvado hijo Amón. Debemos reflexionar bien en el temor de Dios antes de actuar, porque para bien o para mal, influiremos a otros. ¡Que el Señor nos guarde de ser como Manasés!       

Lucas Batalla, de un estudio dado en agosto, 2023

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La Voz de Dios

Mervyn Wishart

1. En las tinieblas
No hay mejor capítulo que Génesis 1 para comenzar nuestro estudio sobre la voz de Dios. En sus 31 versos leemos nueve veces: “y dijo Dios”.
    Las primeras palabras habladas en la creación y la inspiración están en el verso 3. “Y dijo Dios: Sea la luz”. Aunque la luz tarda ocho minutos del sol a la tierra, cuando Dios habló, la iluminación llegó instantáneamente: “y fue la luz”. El sol y la luna no fueron creados hasta el día cuatro. Dios creó luz antes de crear la fuente de luz. El escéptico diría: “eso nunca podría suceder”, pero el creyente lo acepta exactamente como la Biblia dice.
    Hay tres textos bíblicos que hablan con sencillez y poder de la obra de creación. Cuando era creyente joven, me ayudaba pensar en ellos juntos.


    ¿Quién es el Creador del mundo?
    “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gn. 1.1).
 

    ¿Cómo fue creado el mundo?
    “Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió” (Sal. 33.9).
 

    ¿Cómo podemos entender esto?
    “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios” (He. 11.3).
    

    Al sonido de Su voz en aquel primer día de la creación, Dios hizo resplandecer la luz en las tinieblas. Otro día llegó, cuando en las tinieblas del Calvario se escuchó la voz del Hijo de Dios, que gritó: “Consumado es” (Jn. 19.30). En ese momento las tinieblas espirituales desaparecieron y nuevamente la luz brilló.

2. En el huerto
    La primera ocasión de oír un ser humano la voz de Dios fue en el huerto de Edén. Fue un ambiente perfecto, un huerto planificado y plantado por el Jardinero celestial. “Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer” (Gn. 2.9). Primero menciona lo placentero – delicioso a la vista, y luego lo necesario – para comer. Para completar la escena idílica, el verso 10 informa: “Y salía de Edén un río para regar el huerto…”. El huerto era perfectamente ordenado. Adán todavía estaba solo, y Jehová Dios le dio la responsabilidad de labrarlo y guardarlo (Gn. 2.15). Notamos que aun antes de la caída, la intención divina era que el hombre trabajara diariamente.
    No nos informa cuánto tiempo Adán y Eva pasaron en feliz comunión diaria con Dios durante el tiempo de su inocencia. El pecado nos roba el gozo de la comunión con Dios, y en cuanto a Adán, esa dulce comunión dio lugar al miedo. “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día” (Gn. 3.8). El Señor llamó a Adán diciendo: “¿Dónde estás tú?” (Gn. 3.9). Adán respondió: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí” (Gn. 3.10). Fue una experiencia nueva; una emoción que antes desconocía. Por primera vez en su vida, sabía lo que era tener miedo. A pesar de su hermosura, Edén llegó a ser un huerto de derrota y fracaso.
    En contraste glorioso, la Escritura habla de otro huerto cerca de Jerusalén (Jn. 19.41). Allí el Señor Jesús resucitó el tercer día, muy de mañana, del sepulcro nuevo de José (Mt. 27.58-60). Era un huerto de victoria y triunfo.

continuará, d.v., en el número siguiente

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  DOS COSAS

Hay dos cosas que cada cristiano, si puede, debe hacer cada primer día de la semana. La primera es: recordar al Señor en el partimiento del pan. “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan” (Hch. 20.7). La segunda es: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado” (1 Co. 16.2). Esto es llamado: “la ofrenda para los santos” (v. 1). El mandamiento tiene la misma fuerza para ambas cosas.                                                                                      

Mervyn Wishart

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NICODEMO,
Y EL NUEVO NACIMIENTO


La prioridad
“Nicodemo…vino a Jesús de noche” (Juan 3.1-2).

¿Por qué “de noche”? ¿Estaba demasiado ocupado de día? ¿No quería que nadie lo viera con Cristo? ¿No quería esperar hasta la mañana? Sea lo que fuere, el punto importante es que vino. Amigo, no posponga más venir a Cristo. Él dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6.37).

La eternidad
“No puede ver el reino de Dios” (Juan 3.3).

Pareciera que Cristo sorprendió a Nicodemo al decirle: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3.3, 7). O sea, sin ser hijo, uno no será ciudadano. El futuro con Dios es para la familia de Dios. Si Nicodemo hubiera muerto en ese momento, no habría ido al cielo.

La necesidad
“No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3.7).

En el versículo 3 aprendimos que el nuevo nacimiento es la preparación para ir al cielo. Ahora, en el versículo 7, vemos la solución para el problema de la carne. “Lo que es nacido de la carne, carne es” (v. 6). La “carne” a veces es física, pero otras veces habla del principio pecaminoso que opera en todos nosotros (Romanos 7.23). La carne es incorregible. Por eso, Dios la soluciona con “lo que es nacido del Espíritu” (v. 6). Es un requisito, no una recomendación. Solo Dios (el Espíritu) puede dar la vida y la victoria (v. 8).

La responsabilidad
“¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?” (Juan 3.10).

Nicodemo no se puso a la defensiva al descubrir su falta (vv 3-7). Ahora entiende su falla: no sabía (v. 10), no había recibido (v. 11) y no creía (v. 12). Cristo lo confrontó con su ignorancia, su indisposición y su incredulidad. Era una irresponsabilidad para un “maestro de Israel” (v. 10), porque “si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15.14).

La finalidad
“Es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3.14-15).

Irónicamente, para este nacimiento se necesitaba una muerte, la de Cristo. Las personas mordidas por las víboras en el desierto, al mirar a la serpiente de bronce, vivían al instante (vea Números 21.6-9). Amelia Hull lo expresa así en su himno:

“La mirada de fe al que ha muerto en la cruz infalible la vida nos da.
Mira, pues, pecador, mira pronto a Jesús, y tu alma la vida hallará”.

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3.16), lo cual significa nacer de nuevo.

Tomás Kember
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miércoles, 31 de enero de 2024

EN ESTO PENSAD - diciembre 2023

NOTA: Pedimos disculpas por el despiste de no publicar el nº de diciembre 2023. Para rectificar, lo presentamos aquí, aunque tarde y fuera de secuencia en el blog. 


¿TE IMPORTA
EL SEGUNDO MANDAMIENTO?


“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra” (Éxodo 20.4).

Alguien preguntó: ¿Qué opinas de poner un belén? Pero, a fin de cuentas, ¿qué importa nuestra opinión o la de otra persona? La pregunta correcta es: ¿Qué piensa Dios? o ¿Qué dice la Escritura? Dios prohibe el uso de imágenes. Los católicos romanos se suelen justificar diciendo que no las adoran, sino que son ayudas para la memoria. Es la misma excusa que usan los evangélicos cuando decoran sus casas o locales con el belén (nacimiento). Dios no dice: “no te harás ciertas clases de imágenes”, sino “No te harás imágen, ni ninguna semejanza...”. Lo repite en Levítico 26.1, “No haréis para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros a ella; porque yo soy Jehová vuestro Dios”. Algunos dicen que solo lo hacen en su casa, fuera de la vista de otros, para no ofender. Pero ofenden a Dios. La Palabra de Dios responde: “Maldito el hombre que hiciere escultura o imagen de fundición, abominación a Jehová, obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto” (Dt. 27.15).  
    ¿Qué dijo el apóstol Pablo a los de Atenas? “...No debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres” (Hch. 17.29). No es correcto usar arte e imaginación de hombres para representar a Dios. No, ni siquiera un belén.

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Las Hazañas de la Oración

“La oración ha partido el mar y parado las aguas de ríos, de peñas ha sacado torrentes de aguas, apagó fuegos impetuosos, tapó bocas de leones, desarmó víboras y su veneno, juntó las estrellas contra los malos, paró la luna, detuvo el sol en su carrera, abrió puertas de hierro, soltó almas de la eternidad, conquistó a fuertes demonios y trajo legiones de ángeles del cielo. La oración ha controlado las pasiones ardientes del hombre, y ha puesto en fuga y destruido vastos ejércitos de ateos soberbios y valientes. La oración ha resucitado a muertos, y otros vivos por ella han evitado filo de espada. La oración hizo a un hombre subir de lo profundo del mar, y llevó a otro al cielo en un carro de fuego. ¿Qué no ha hecho la oración?”

– autor desconocido


    Realmente es Dios que hace todas esas cosas, por Su gran poder, pero las hace en respuesta a nuestras oraciones.

    Cuando el Señor Jesús enseñó a los discípulos a orar, dijo: "Padre nuestro, que estás en los cielos". Nunca les enseñó a orar a María, los santos, los ángeles o los muertos. El rosario no está en la Biblia. Ningún santo en ningún lugar en la Biblia jamás oró a otro sino a Dios. El rey David, en un Salmo dijo a Dios: "Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne" (Sal. 65.2).  

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La  Autoridad

Jesucristo declaró: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra" (Mt. 28.18 NBLA). Por lo tanto, "les enseñaba como quien tiene autoridad" (Mt. 7.29). La gente decía: "Con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen" (Lc. 4.36). Hablando de sí mismo, el Salvador dijo que Dios "le dio autoridad de hacer juicio" (Jn. 17.2 NBLA). Incluso en cuanto a Su propia vida Él dijo: "Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo" (Jn. 10:18 NBLA). La autoridad es algo precioso en las manos de una persona responsable.

Juan Dennison, Devoción A Diario, lectura para el 30 de julio

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 La Herejía “Amigable”   

La Importancia de la Impecabilidad de Cristo,  parte 2

viene del número anterior

¿Podemos dudar, entonces, que esta “pequeña” y “amigable” herejía no es una de las favoritas del diablo? Pues por medio de ella puede meter un pie por la puerta de muchos que nunca admitirían una falsa doctrina más obvia. Muchos que nunca aceptarían un atentado directo contra la deidad de Cristo, por ejemplo, abrazarán esta aparentemente inofensiva enseñanza que, en principio, la niega. El adversario, que se deleita sobre todas las cosas en reducir la estima de los hombres a Cristo, debe sentir un vivo placer viendo a cristianos que abrazan en forma de semilla algo que repudiarían con vehemencia si estuviera en plena floración.
    Pero a veces surge la pregunta, ¿podría Cristo ser plenamente humano si no podía pecar? La respuesta, naturalmente, es que sí. Nuestro Señor tomó en sí mismo forma de verdadera humanidad—cuerpo, alma, y espíritu—y esta naturaleza humana Él la retendrá durante toda la eternidad. Pero la humanidad que Él tomó no fue una humanidad caída, como la nuestra, ni siquiera una humanidad inocente, como la de Adán, que fue inicialmente sin pecado, pero, como bien sabemos, tenía la capacidad de pecar. Más bien, nuestro Señor tomó forma de una humanidad santa.
    Su humanidad fue única, la del “santo ser” nacido de una virgen (Lc. 1.35). No había ni un rasgo de pecado, ni la posibilidad de pecar en Él. Esto sólo pudo ser por la unión inseparable a Su naturaleza divina en una Persona gloriosa, sin mancha, e inefablemente santa.
    Pero entonces, objetan algunos, las tentaciones no eran reales si no había posibilidad de pecar. Ah, piensa de nuevo. Si te estoy vendiendo un diamante que sé que es auténtico, y se lo llevamos al joyero para que lo inspeccione para tu beneficio, ¿hay alguna posibilidad de que falle la prueba? Ninguna. ¿Es real la prueba? Por supuesto. Pero, ¿cuál es el propósito de la prueba? No para saber si el diamante es o no auténtico—pues eso ya lo sé—sino para demostrar que es auténtico.
    Y esto es lo que fue la tentación de Cristo. ¿Fue real la prueba? Ciertamente. Pero, ¿había alguna posibilidad de que Él no la pasara? Ninguna, pues Su santidad prístina brilla un millón de veces más que el diamante más intachable del mundo. La prueba fue real, pero su propósito no fue ver si Él podía fallar o no, sino demostrar que, al contrario del primer Adán, Él no podía fallar, ni fallaría.
    Hermanos, ¿no hace bien a nuestros corazones el pensar en Él de esta manera? A Él no se le llama el “segundo Adán”, sino el “postrer Adán”, porque no hacen falta más. Los consejos eternos de Dios no pendían de un hilo de contingencia, pues la obra de la redención estaba en manos que no podían fallar.
    Pero, ¿cómo puede Cristo simpatizar con nosotros en nuestras tentaciones si Él fue incapaz de pecar? La verdad es, (aunque a algunos no les guste oírlo), que Él no simpatiza con nuestras inclinaciones pecaminosas, si eso es lo que entendemos por tentaciones. Un Dios santo nunca puede simpatizar con el pecado. La cruz fue una prueba de ello. Más bien, Él “condenó al pecado en la carne” (Ro. 8:3).
    Nuestro Señor, como el gran Sumo Sacerdote, simpatiza con nuestras debilidades. Él fue el “varón de dolores”. Él sabe lo que es estar cansado, y tener hambre, y ser rechazado. Él comprende el dolor físico y el dolor más profundo de un corazón afligido. Él sintió la punzada del dolor y lloró sobre la tumba de un ser querido. Sí, Él simpatiza con nuestras debilidades y pruebas, pero nunca, nunca con nuestras inclinaciones al mal.
    Este es un punto vital, pues aquellos que desean tener un Salvador cuya experiencia en la tentación refleja precisamente la suya, no se dan cuenta de que si esto fuera así, Cristo debería haber poseído una naturaleza pecaminosa. En Santiago 1:14 está más claro que el agua que, para nosotros, la tentación implica atracción por las concupiscencias de nuestra naturaleza pecaminosa. ¿Nos rebajaremos hasta tal bajeza al declarar que nuestro Señor conoce por experiencia lo que esto es? ¡Perezca el pensamiento!
    Hebreos 4:15 nos dice que el Señor Jesús fue tentado, o probado, en todo según nuestra semejanza, “pero sin pecado”, o, literalmente, “excluido del pecado”. La frase es la misma empleada en Hebreos 9:28, donde se habla de Cristo ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos, pero que aparecerá por segunda vez “sin relación al pecado”. Esto es, en Su segunda venida, al contrario de la primera, el pecado no será el asunto en cuestión.
    También, cuando leemos que fue tentado en todo según nuestra semejanza, “excluido del pecado”, sabemos que en Su tentación, o prueba, el pecado no era lo que tenía en mente. Él soportó toda manera de prueba, pero nunca hubo ninguna cuestión de inclinaciones al mal o de la posibilidad de pecar.
    ¿Y cómo puede ser? Porque Él fue, y es, y siempre será, santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores. A Él el serafín en los días de Isaías atribuyó tres veces la absoluta santidad. Es Dios manifestado en carne—nuestro glorioso e impecable Señor y Salvador Jesucristo.

Mark Frees, de la revista Uplook, octubre 1994,
traducido con permiso

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  Levítico: “Sed Santos”


Hoy son pocos los creyentes que leen y entienden el libro de Levítico, pero es de gran importancia. Su importancia y relevancia hoy se ven en que es citado más de cuarenta veces en el Nuevo Testamento. Además, hay textos en el Nuevo Testamento que nos enseñan la importancia de conocer el Antiguo Testamento, pues fue escrito para nosotros (1 Co. 10:6, 11; Ro. 15:4). En el libro de Hebreos, todas las citas dadas son del Antiguo Testamento. El Tabernáculo, los sacrificios y el sacerdocio figuran en la enseñanza.
    Podríamos decir que Levítico es un manual de sacerdotes, y además tiene instrucciones para todo el pueblo de Dios. La palabra hebrea: “godesh”, que significa “santo” o “santidad”, aparece más de 150 veces en el libro. La santidad es muy importante en nuestra relación con Dios, pues Él es santo (Lv. 11.44-45). Todo aspecto de nuestra vida debe ser gobernado por este mandato: “sed santos”. Algunos hoy descartarían eso, diciendo que no estamos bajo la ley, y que Levítico fue escrito para Israel, no para la iglesia. Pero hablar así es una muestra de ignorancia, pues el apóstol Pedro, inspirado por Dios, citó Levítico cuando escribió a las iglesias: “como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 P. 1.14-16).
    Observa que, en Levítico, el sacerdocio es introducido para un pueblo ya redimido. En Éxodo Dios redimió al pueblo, sacándolo de Egipto, y lo consagró para sí. Luego, en Sinaí, estableció el sacerdocio y las ordenanzas para los sacrificios y la santidad. Los sacerdotes no eran para el mundo – por ejemplo, los egipcios, sino para el pueblo redimido por la sangre de la pascua. Dios no establece sacerdotes para el público general, ni como mediadores, pues un sacerdote no puede salvar a nadie. Su ministerio es a Dios, y a favor de los redimidos, no para los inconversos. En nada se parece como los sacerdotes romanos, cuyo origen es pagano, no bíblico.
    El libro contiene muchísimas instrucciones para los sacerdotes, y para los que traen los sacrificios. Todos esos detalles indican que Dios tiene derecho a decirnos cómo debemos acercarnos a Él para adorarle, y para recibir perdón. No deja las cosas a nuestras ideas, opiniones o interpretaciones. No hay lugar para modificar Sus instrucciones. Todavía en nuestro tiempo, la adoración “en espíritu y en verdad” (Jn. 4.24) debe ser como Dios dice. Esta importantísima lección divina ha sido enfatizada desde Génesis 4, cuando Caín intentó presentar lo que le pareció bien, en lugar de lo que Dios había señalado. No fue aceptado, porque no hizo bien. En Levítico 10, veremos que, a dos hijos de Aarón, Nadab y Abihú, se les ocurrió ofrecer espontáneamente fuego extraño a Dios. Por ese atrevimiento, murieron repentinamente. Hay que hacer las cosas cómo Dios manda, sin modificaciones ni improvisaciones. Ofni y Finees, los hijos malvados del sumo sacerdote Elí, pecaron y causaron blasfemia, pero su padre no les estorbó. Con su debilidad, parcialidad e infidelidad Elí honró a sus hijos, no a Dios. No siguieron las instrucciones divinas en Levítico, así que, Dios intervino con muerte repentina (1 S. 2.12-36). Murieron el padre y los dos hijos en el mismo día (1 S. 4). Dios no puede ser burlado.
    Aunque no estamos bajo la ley, las enseñanzas e instrucciones en Levítico tienen gran valor hoy para la iglesia. Todo creyente es un sacerdote, como escribió el apóstol Pedro: “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 P. 2.5). “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1 P. 2.9-10).
    Además, en el Nuevo Testamento tenemos claramente expuesto el patrón divino para la iglesia, y nos incumbe estar atentos (2 P. 1.19), y ser fieles a Dios en todo lo que nos ha mostrado. Seamos santos.

Carlos

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"En Memoria De Mí"

En la Cena del Señor, cuando Cristo dijo: “haced esto en memoria de mí” (1 Co. 11.24), habló de traer a la memoria. En esa reunión no debemos ocupar la mente con otras cosas, sino exclusivamente con Él. La adoración es ocupación con la Persona y obra de Dios, no con otras cosas.
    Para ser mejores adoradores, necesitamos disciplinar nuestra mente para pensar solo en Cristo, y eliminar toda otra idea. La Cena del Señor no es una reunión libre en la que uno puede compartir cualquier cosa, dar un testimonio o dar a conocer unos motivos de oración, o pedir himnos favoritos para complacerse. No es tiempo de orar intercediendo por otros hermanos o dando gracias por otras cosas. Los pensamientos y las palabras deben ocuparse con el Señor, Su Persona y Su obra redentora. Todo debe hacerse “trayendo a la memoria” a nuestro Señor Jesucristo. Si lo que piensas decir no es "en memoria de Él", mejor guardarlo para otro momento.

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 No Su Nacimiento, Sino Su Muerte

Según 1 Corintios 15.3-4, el evangelio que predicamos es: "Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras". Gracias a Dios, Cristo nació. Pero el tema no es Su nacimiento, sino Su muerte y resurrección. Juan Dennison escribe lo siguiente:
"Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis" (1 Co. 11.26). Pero, ¿por qué usar pan y vino? ¿Por qué no un mini-pesebre para recordar "que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores" (1 Ti. 1.15)? ¿Por qué no un martillo de bronce para recordar su vida en Nazaret como carpintero (Mr. 6.3)? ¿Por qué no una roca para recordar que "No está aquí, sino que ha resucitado" (Lc. 24.6)? ¿Por qué no una trompeta de oro para recordar que Él dijo: "Vendré otra vez" (Jn. 14.3)? Lo demás no tendría sentido si no fuera cierto que "Cristo murió por nuestros pecados" (1 Co. 15.3). Pero cada domingo, los ángeles (1 Co. 11.10), y Dios mismo escucharán una y otra vez la proclamación simbólica de que "Cristo... murió por los impíos" (Ro. 5.6). ¡Qué proclamación! ¡Qué privilegio!

John Dennison, Devoción A Diario, lectura para 16 de febrero.

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    La Tribulación,  parte 2
Jeff Brown


viene del número anterior
La Terminología de la Tribulación

 
    Las Escrituras se refieren a la Tribulación directa e indirectamente. Aun tan temprano como en Deuteronomio 4.27-31 (una vista profética de la historia de Israel), Dios revela a Su pueblo que serán esparcidos y posteriormente restaurados a la tierra cuando busquen al Señor. Sin embargo, tendrá un tiempo de angustia/tribulación, “en los postreros días”. Otros escritores describen la Tribulación de diferentes maneras: “tiempo de angustia para Jacob” (Jer. 30.7); “otra semana” (Dn. 9.27); “la ira venidera” e “ira” (1 Ts. 1.10; 5.9); “tiempo de angustia” (Dn. 12.1) y “día de angustia… aprieto… alboroto… asolamiento… tiniebla… oscuridad… y de entenebrecimiento” (Sof. 1.15). El periodo de la Tribulación marca el comienzo del “día de Jehová” o “... del Señor” (Sof. 1.14-15; 1 Ts. 5.2; 2 Ts. 2.2).
    Ahora, en el día de la Gracia, Dios ha estado indirectamente en control, pero en la Tribulación Dios intervendrá directa y visiblemente en los asuntos de este mundo. El lector haría bien en leer ciertos pasajes de las Escrituras para entender mejor este tema. Los principales pasajes que ayudarían son: Daniel 7-10, especialmente la profecía de las 70 semanas en Daniel 9.24-27; el sermón del Monte de los Olivos (Mt. 24.4-28) donde el Señor habla de la primera mitad de la Tribulación en versos 4-14, y la segunda mitad (“la gran Tribulación”) en versos 15-28. También ayuda 2 Tesalonicenses 2.1-12, y finalmente, la descripción más amplia y detallada de la Tribulación está en Apocalipsis capítulos 6-19.

El Propósito de la Tribulación

 
    Este periodo es todavía futuro en la historia del mundo, y será un tiempo de grandes juicios, sufrimientos y trastornos mundiales. Sin embargo, al mismo tiempo será una gran oportunidad para anunciar el evangelio. Los juicios de la Tribulación aumentarán en extensión e intensidad durante los siete años. Será un tiempo de juicio divino sobre el mundo pecador que en gran parte ha rechazado a Dios y a Su Hijo. Una vez en los días de Noé el mundo entero fue juzgado por el diluvio (Mt. 24.37-39). Pero también será un periodo de misericordia y gracia cuando posiblemente millones serán salvos como resultado del testimonio de los 144.000 testigos (Jl. 2.30-32; Mt. 24.14; Ap. 7, 9). La Tribulación también será para preparar la nación de Israel para su conversión y el establecimiento del reino. La Biblia la describe como “dolores de parto” (Jer. 30.5-7; Mt. 24.8). Un parto normal es precedido por muchos dolores (como la Tribulación), pero después, hay gozo y contentamiento (como en el reino milenario de Cristo).

La Profecía de Daniel

 
    El Señor Jesús citó como auténtico el libro de Daniel en Mateo 24.15. Si vamos a entender el orden de los acontecimientos en la profecía, es necesario estudiar este libro. Gabriel reveló a Daniel cosas del plan profético de Dios para con Israel y las naciones. Otras revelaciones posteriores en el Nuevo Testamento apoyan la profecía de Daniel y predicen esos eventos futuros (el sermón de Mt. 24, “el día del Señor” en 2 Tesalonicenses 2, y los capítulos 6-19 de Apocalipsis).

Interpretación Bíblica

 
    En las Escrituras hay varias maneras de expresar periodos de tiempo: horas, días, semanas, años, etc. En la interpretación de la Palabra de Dios, la regla básica es que, si el texto puede entenderse en sentido ordinario y literal, así debemos entenderlo, salvo cuando indica otro sentido. Por ejemplo, los días de creación en Génesis 1 son literalmente días de 24 horas, mientras que el día del Señor es un periodo de tiempo que dura mucho más que 24 horas, y está asociado con el juicio (Jl. 2.11; Jer. 46.10). Así que, al estudiar las “semanas” de Daniel 9.24-27, debemos determinar qué quiere decir “semana”; qué tiempo indica. Al pueblo judío la expresión “setenta semanas” podría significar igualmente una semana de días o de años (Éx. 21.2; Lv. 25.8; Dt. 15.1; 31.10-13).

continuará, d.v., en el siguiente número

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Advertencia a los que Todavía no son Salvos

Dios no tiene la culpa, sino tú. Dios dijo a través del profeta Isaías, "Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra" (Isaías 45.22). Ya tienes la invitación, pues estás incluido en "todos". No le toca a Dios actuar ahora, sino a ti. Si sigues incrédulo, no digas que Dios no te ha llamado, pues al hablar así le harías mentiroso. Cristo dijo: "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo" (Juan 12.32). Cristo hizo esto, pues eres uno de "todos", sin embargo, no has confiado en Cristo para ser salvo. Por tu culpa. El apóstol Pablo declaró: "Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego" (Romanos 1.16). No eres salvo porque no crees. No demores más, ni eches la culpa a Dios. El año se acaba. Reflexiona y actúa.

Medita Que Has Perdido
    1. Medita que has perdido por siempre un año más,
    un año de tu vida que nunca volverá.
    Sus horas han marchado, llevándose al volar
    las huellas del pecado que te han de condenar.

        Veloz el año pasa; ¡quizás tu última ocasión!
        Sé salvo mientras dura el día de salvación.

    2. Medita que pasaron al mundo eternal
    mil seres que empezaron contigo el año actual.
    Son almas que abandonan la humana vanidad;
    son voces que pregonan cercana eternidad.

    3. Medita que el Maestro, brindando salvación,
    mil veces a la puerta llamó del corazón.
    Quizás la voz que hubiste así de rechazar,
    por vez postrera insiste, cansada de llamar.
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  El Carcelero: Salvo y Seguro

La historia de la conversión del carcelero en Filipos es singular. Nos cuenta cómo un hombre funcionario del imperio romano se convirtió a Cristo repentinamente, cambiando su destino eterno para siempre. Pablo y Silas, dos predicadores del evangelio, fueron acusados falsamente, azotados y encarcelados. El carcelero, tomando su trabajo muy en serio, los metió en el calabozo de más adentro. Veamos ahora algunas cosas en cuanto a este hombre.

Su sueño

El carcelero, aunque estaba de guardia, se quedó dormido. Desconocía lo que estaba sucediendo en la cárcel: que Pablo y Silas cantaban himnos a Dios. Pero de pronto ocurrió un gran terremoto que en seguida despertó al carcelero de su sueño. Quizás usted también se encuentra como ese carcelero, sin darse cuenta de lo que sucede a su alrededor, de su proximidad a la eternidad, y de la pronta venida del Señor Jesucristo. Las Escrituras lo exhortan: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado” (Isaías 55.6).

Su suposición

Después del terremoto, y viendo todas las puertas de la cárcel abiertas, el carcelero supuso que los presos se habían escapado. Aunque la idea era bastante lógica, no era cierta, ¡y casi le costó la vida, pues desesperado, sacó su espada y se iba a matar! A lo mejor usted también ha hecho ciertas conjeturas en cuanto a la eternidad, que podrían parecerle lógicas y correctas, pero que le costarán no solo su vida, sino su alma. Unos creen que no hay nada después de la muerte. Se equivocan. Otra creencia muy común es que la entrada al cielo se logra mediante las buenas obras. La Biblia es muy clara al respecto: “Todas nuestras obras justas son como trapo de inmundicia” (Isaías 64.6 RVA). El cielo es demasiado puro como para entrar de esa manera.

Su salvación

Temiendo las consecuencias de no haber guardado la cárcel con seguridad, el carcelero estaba a punto de quitarse la vida. Pero Pablo clamó a gran voz: “No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí” (Hechos 16.28). Lo dijo porque suicidarse es hacer mal. Pocos presos le hubieran dicho eso al carcelero, pero gracias a Dios, Pablo le habló así, deseando su bienestar. Así que, en ese momento, entendiendo que su suposición era incorrecta, y que sería un error quitarse la vida, aquel carcelero entonces comenzó a pensar en su condición espiritual, y ansioso preguntó: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16.30). Obviamente, habló así porque había escuchado el mensaje que Pablo y Silas predicaban en Filipos, ya que trabajaba y vivía ahí. El carcelero entonces se tomó en serio el mensaje, sabía que Dios ofrece salvación y que él no era salvo. Su pregunta fue honesta, directa y urgente: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” La respuesta fue clara y sencilla. No le mandó hacer varias cosas, como hacer obras, cumplir los sacramentos, hacer un peregrinaje, diezmar, bautizarse, y cosas parecidas. Simplemente dijo: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16.31). Es el evangelio en breve, y acto seguido le explicaron bien las cosas, pues el siguiente verso dice: “Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa”. Hoy el mensaje no ha cambiado, y si usted, con la conciencia despierta respecto a su culpabilidad delante de Dios por ser pecador, pone su fe y confianza en Cristo, también será salvo.

Su seguridad

“Serás salvo”. ¡Qué confianza y seguridad! Muchos creen que no es posible saber en esta vida que uno irá al cielo, pero el apóstol le aseguró: “serás salvo”. Habiendo confiado en el Señor Jesucristo como su Salvador, este hombre tuvo la confianza de que su salvación estaba asegurada. ¿Por qué? ¿Qué hay en el hecho de confiar en Cristo que hace que la salvación sea tan segura? Es porque el sacrificio de Cristo por el pecador ha satisfecho las demandas del justo juicio de Dios contra el pecado. Dios lo resucitó de los muertos, y lo ha sentado en el lugar más alto del cielo. Por eso, todos los que confían en Él serán salvos por la eternidad.
Samuel Chesney
 adaptado de su tratado publicado por Publicaciones Pescadores
hallarás muchos folletos digitales en su web:

domingo, 31 de diciembre de 2023

EN ESTO PENSAD - febrero 2024

 LA TRIBULACIÓN

parte 4, por Jeff Brown

EL ANTICRISTO

viene del número anterior

¿Qué Significa Anticristo?
    El prefijo “anti” puede significar “contra” (oposición) o bien “en lugar de” (sustitución). ¿Es esa persona el enemigo de Cristo (contra) o es un falso cristo (sustitución)? Las Escrituras dan a entender que será ambas cosas. Al comienzo del periodo de la Tribulación hará un pacto con la nación de Israel para protegerla (Dn. 9.27). No lo hará por amor a la nación, sino porque desea el poder y la manipulación política. A muchos les parecerá que es el Mesías que tanto esperaban. Cuando rompe el pacto a mediados de la Tribulación (Dn. 9.27), entonces verán claramente que odia a la nación. Comenzará a perseguir a los judíos en lugar de defenderlos.

Anticristo – Su Carácter General
    Muchos lugares en la Biblia describen el carácter del anticristo. Por ejemplo, es llamado “el hombre de pecado” (2 Ts. 2.3), “el pastor inútil” (Zac. 11.17), y el “príncipe que ha de venir” (Dn. 9.26). En el estudio cuidadoso de Daniel 2.31-49 con Daniel 7, apreciamos a un personaje con diez cuernos. En las Escrituras los cuernos siempre indican poder (p.e. Zac. 1.18-21), y el número diez está asociado con la administración. La Biblia describe los diez cuernos como diez reyes que darán su autoridad y poder al anticristo (Ap. 17.12-13). Por eso, hablamos de una persona que tendrá poder como dictador del mundo (Ap. 13.7), con un G-10 de naciones bajo su control. El sistema mundial, en este momento, está siendo preparado por manipulación satánica para ser entregado al control de un solo hombre literal. Controlará la mayor parte del dinero, educación, comida, sistema sanitario, fuerzas armadas y sistemas políticas del mundo. Será el más grande dictador en la historia del mundo. Será tan grande que hombres como Hitler y Stalin no tendrán punto de comparación. Éste será el último imperio gentil antes del final de “los tiempos de los gentiles” (Lc. 21.24).
    
Anticristo – Su Carácter Personal
     El escenario corriente en el mundo es de globalización y fusión. Al parecer hay cierta urgencia en el mundo para hallar a un líder fuerte que garantizará la paz y la prosperidad. Las Escrituras revelan muchas facetas del carácter del anticristo, que quizás nunca se han visto antes en una sola persona. Tendrá grandes poderes oratorios, gran inteligencia y además, buena apariencia (Dn. 7.20). También tendrá gran habilidad militar (Dn. 8.24), será un genio en el comercio (Dn. 8.25) y tendrá gran autoridad (Ap. 13.2). Subirá al poder con adulación o intriga, diciendo “Paz y seguridad” (1 Ts. 5.3), y engañará a muchos. Por lo tanto, es el maestro de la decepción (2 Ts. 2.9). La economía y el gobierno mundial serán controlados por el anticristo, con la ayuda y aprobación del líder de la religión mundial, el falso profeta – la segunda bestia (Ap. 13.11-18; 19.20).

¿Quién Podría Ser el Anticristo? ¿Vive Hoy?
    Es peligroso e inútil intentar predecir lo impredecible. Satanás, a lo largo de los siglos, ha preparado muchos posibles “candidatos” para llevar a cabo sus planes malvados. Muchos hombres han aparecido y desaparecido, porque Satanás no puede mover antes del tiempo de Dios, cuando el poder que detiene sea quitado (2 Ts. 2.6-7). No es útil ni provechoso calcular o sugerir fechas y candidatos como “posibles anticristos”. Ciertamente sabemos qué es, pero no sabemos quién es, ni lo sabremos. Tristemente, los millones de personas dejadas atrás después del rapto pronto conocerán al anticristo. Como creyentes, buscamos el retorno inminente de Cristo, en al aire, para llevar a los santos (el rapto). Si eso sucediera en nuestra vida, entonces el anticristo estaría vivo hoy en algún lugar. Pero es pura especulación cuando intentamos ver el futuro con ojos que miran al tiempo presente, sin inspiración divina. La respuesta es, no sabemos quién es el anticristo, ni si ya está vivo en la tierra. En lugar de especular, dejemos esos asuntos en manos de Dios.

continuará, d.v.

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Pablo, Siervo de Jesucristo

“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios”.   Romanos 1.1
 

 Aun la salutación del apóstol fue inspirada y tiene provecho para nosotros. Al dirigirse a los creyentes en Roma, Pablo emplea tres términos para darse a conocer. Hoy la gente llamaría esto su perfil personal.
    Primero: “siervo de Jesucristo”. Un siervo (gr. doulos) es alguien que vive para hacer la voluntad de su amo. No hace las cosas como le parece, ni para agradar a terceros, sino como le manda aquel a quien sirve. Nuestro Señor era así para con Su Padre celestial. “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mr. 10.45). Siervo malo es aquel que hace su propia voluntad. Pablo tomó el yugo de Cristo y aprendió de Él. Su vida era un continuo servicio a Dios. La dio como sacrificio vivo (Ro. 12.1). Vivimos tiempos caracterizados por el egoísmo, la independencia y la auto estima. No así los siervos de Jesucristo. El que desea servir primero debe morir a sí mismo, y presentar su cuerpo a Dios en sacrificio vivo. En otros textos Pablo lo expresó así: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gá. 2.20). “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús” (2 Co. 4.5). “…ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte. Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1.20-21). Estos textos indican las demandas innegociables de Dios sobre todo siervo Suyo.
    Segundo: “llamado a ser apóstol”. Pablo no escogió ser apóstol, como una vocación. A las familias católicas tradicionalmente les gustaba tener a un hijo sacerdote o una hija monja, y solían animarlos a escoger esa vocación. Pero no es así en la verdadera fe y servicio cristiano. Uno no escoge predicar porque su padre o abuelo predicaba, o porque su familia es una de las principales de la iglesia, o porque sus padres o su esposa le animan. No es cuestión de sueños, antojos, aspiraciones o sugerencias de otros. Pablo era un enemigo, e iba por otro camino, pero Cristo le llamó. “Llamado” – llamar (gr. kaleo), significa clamar, invitar, convocar. Dios intervino y llamó a Pablo, como antes había llamado a Samuel (1 S. 3.1-10). No es cuestión de decir: “Me gustaría dedicarme a la obra de Dios” o “…ser un misionero”. Dios siempre toma la iniciativa, conforme a Su voluntad, no la nuestra. El Señor dijo a Sus discípulos: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto” (Jn. 15.16). No es elección para ser salvo, sino para servir y llevar fruto. Con Pablo, Cristo le salió al encuentro inesperadamente en el camino a Damasco. Le paró sorprendentemente, interrumpió sus planes, le convirtió y le envió a predicar el evangelio. El Señor le puso en el ministerio (1 Ti. 1.12). Nada estaba más lejos de la mente de Pablo cuando se levantó esa mañana. Pero el llamamiento divino le dio propósito, estabilidad y perseverancia a lo largo de sus años de servicio y en medio de todas sus tribulaciones. El que se aventura sin llamamiento divino, pronto fracasará y tirará la toalla. “Apóstol” (gr. apostolos), significa delegado, o mensajero; uno enviado con órdenes. Cristo llamó así a los doce discípulos (Lc. 6.13). Luego Matías (Hch. 1.26), y Pablo. El mensajero que entrega una carta o decreto o telegrama no lo debe modificar, sino entregarlo tal cual. Cuando enseñó sobre la Cena del Señor, Pablo dijo: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado” (1 Co. 11.23). Fue mensajero fiel. Hoy no hay apóstoles,
1  sino evangelistas, pastores y maestros (Ef. 4.11-12). Todo anciano debe ser “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada” (Tit. 1.9). No hay lugar para inventar ni modificar.
    Tercero: Pablo fue “apartado para el evangelio de Dios”. “Apartar” (gr. aforismenos), determinar, señalar, apartar con un propósito, por ejemplo, para servir. En Hechos 13.1-2 leemos cómo el Espíritu Santo mandó apartarle. Cuando Dios llama a uno a Su servicio, ese hombre no se encomienda ni se aparta a sí mismo,
2 ni tiene porqué anunciar ni protagonizar su llamamiento, pues Dios lo hace saber a la iglesia. Gálatas 1.15 indica que ése era siempre el plan de Dios para Pablo, lo cual indica Su presciencia. Saulo de Tarso, un judío celoso y perseguidor de los cristianos, estaba en su propio camino y carrera, cuando el Señor se le apareció. Las autoridades en Jerusalén le dieron cartas autorizando la búsqueda, detención y el trasporte a Jerusalén de los cristianos, para ser juzgados. Asolaba la iglesia (Hch. 8.3). Pero el Señor lo paró, lo convirtió y constituyó predicador, apóstol y maestro de los gentiles (Ro. 11.13; 1 Ti. 2.7; 2 Ti. 1.11). De modo que los cristianos decían: “Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba” (Gá. 1.23).
    Pablo había llegado a entender bien el propósito de su vida, y a cada creyente le debe interesar saber eso, y no andar a tientas por la vida, sin propósito (Sal. 119.105; Pr. 3.5-6; Mt. 6.33). Amigo lector, ¿Cuál es la voluntad de Dios para tu vida?

Carlos Tomás Knott, del comentario sobre Romanos,
próximamente disponible, d.v.

1. En Hechos 1.21-23 vemos los requisitos de los apóstoles: “…que de estos hombres [gr. aner, comenta Vine: “no se usa nunca del sexo femenino”] que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección”. De todos los creyentes presentes solo había dos varones que cumplieron esos requisitos, y solo uno, Matías, fue escogido. Hoy hay “falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (2 Co. 11.13). Como Simón Mago, se hacen pasar por algún grande (Hch. 8.9). 

2. Sobre este tema recomendamos el libro de W.E.Vine: El Plan Divino Para Las Misiones, capítulo 5, “El Llamado a la Obra”. Publicado por Libros Berea.    

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 Manasés el Malvado
Lucas Batalla


Textos:
2 Reyes 21.1-18; 2 Crónicas 33.1-2

Solemos estudiar más los reyes buenos que los malos, pero es necesario saber también de ellos, y por eso el Espíritu Santo los incluye en los libros de Reyes y Crónicas. Hay lecciones importantes que aprender, para evitar sus desvíos y errores. Aunque pensemos que no haríamos como ellos, 1 Corintios 10.12 nos exhorta: “el que piensa estar firme, mire que no caiga”.
    El nombre “Manasés” significa “olvidar”, y fue el nombre del primogénito de José en Egipto. “Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre” (Gn. 41.51). Pero el rey Manasés cumplió el significado de su nombre en otro sentido, pues se olvidó de la ley de Jehová de modo que fue el peor de los reyes de Judá. Era hijo malo de padre piadoso – el rey Ezequías. No apreció ni imitó la piedad de su padre, sino que le deshonró.  Comenzó a reinar con 12 años de edad, por lo que estamos seguros de que tenía consejeros, buenos y malos. Lastimosamente, se encaminó pronto hacia el mal, por su propia culpa, pues escogió lo que quiso hacer, y manifestó que no temía ni amaba a Jehová. Reinó cincuenta y cinco años, más que otro rey de Judá, y en sus días abundó la maldad.
    2 Crónicas 33.2 informa que “hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a las abominaciones de las naciones”. El único análisis correcto del comportamiento es cómo lo ve Dios, cómo es ante Sus ojos. Así debemos evaluar todo. Pero se suele preguntar: “¿qué opinas de tal cosa?” en lugar de “¿qué enseña la Biblia?” Lo que importa no es nuestra opinión ni la voz de la mayoría, sino “¿qué dice la Escritura?” Muchos piensan que hacen bien cuando realmente no es así, pues miran las cosas desde otro punto de vista, no como Dios. Los aplausos y la aprobación de los hombres no tienen peso ante el Señor. Pero Manasés no reconoció esto, y siguió el rumbo de las naciones, esto es, el mundo.
    El verso 3 dice que “volvió a edificar los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a Baal, e hizo una imagen de Asera, y adoró a todo el ejército de los cielos, y rindió culto a aquellas cosas”. Sus obras eran una contrarreforma, en la que deshizo y cambió todo lo que su padre Ezequías había establecido, y excedió en hacer mal (vv. 3-5). Su desobediencia e infidelidad ganaron ímpetu, y resultaron en más desenfreno. “Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gá. 5.9). No consultó la Palabra de Dios sino hizo lo que le pareció. Si se le preguntara a Manasés en qué parte de la ley de Dios se basaba para hacer esos cambios, no habría respuesta. Él no podía decir: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (Sal. 119.97).

    Algo similar ha pasado en las iglesias hoy, que, llegando una nueva generación a tomar el liderazgo, han efectuado cambios que no son para volver al patrón apostólico, sino para ser más contemporáneas. Como Manasés, no pueden decir:  “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación”. No consultan la Palabra de Dios ni desean ceñirse a ella, y a eso lo llaman “libertad”, y llaman “legalistas” a los que insisten en obedecer a la Palabra. Pero si se les pregunta hoy de qué parte de la Biblia sacan el feminismo, los conciertos, u otras cosas, no habría respuesta bíblica. El mundo evangélico es en gran parte mundano, regido por los valores del mundo, no por la Palabra de Dios. La sociedad promulga la ley de igualdad, pero la iglesia no debe andar al son del mundo. Esos grupos, como los homosexuales, o incluso como los feministas, primero quieren ser tolerados, después respetados, y después quieren ocupar puestos de poder e influencia, y cuando lleguen al poder, se vuelven todavía más exigentes. No respetan ni toleran a los que no son como ellos, sino demandan que todo cambie a gusto suyo, y sancionan a los que se resisten. No debemos ceder, sino seguir firmes hasta el fin, ceñidos a la Palabra de Dios.  

                                       continuará, d.v. en el próximo número

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LOS 144.000   ¿Quiénes Son?


El último libro de la Biblia habla de un grupo especial de personas, conocidas como “los 144.000”. Este grupo fascinante está compuesto de doce mil judíos, de cada una de doce tribus de Israel, que serán siervos de Dios.
    Durante la tribulación, un período de sufrimiento y juicio mundial que durará siete años y vendrá después del arrebatamiento de la Iglesia, ese grupo de judíos será preservado mediante un sello que tendrán en sus frentes. En los capítulos 7 y 14 de Apocalipsis aprendemos que serán “redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero (Cristo)” (Apocalipsis 14.4). Parece que su propósito como “siervos” será dar testimonio, lo cual resultará en la salvación de una multitud innumerable (Apocalipsis 7.9).
    Hay una secta activa hoy que niega la deidad de Cristo, y enseña que los 144.000 se componen solamente de los miembros más fieles de su organización multinacional. Hagamos una comparación entre los Mitos Humanos, y las Verdades Bíblicas:
 

MH: Cristo el Cordero, no es Dios, sino un ser creado.
VB: “Todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1.16).


MH: La mención del número de los testigos sellados es literal, pero su nacionalidad no.
VB: Cuando la Biblia habla de judíos según su tribu, siempre son judíos literales (Apocalipsis 7.5-9).

MH: Los más fieles son sellados, pero si fallan, pierden el sello.
VB: El sello de los 144,000 será divino y permanente. Asimismo, los creyentes en Cristo hoy, “después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia” (Efesios 1.13-14 NBLA).

MH: Los 144,000 son los únicos que van al cielo, por su fidelidad.
VB: Aunque con responsabilidad sobre la tierra nueva, todo creyente en Cristo de esta época irá al cielo primero, bien sea por la muerte (2 Corintios 5.8), o por el rapto (1 Tesalonicenses 4.14-17). Cristo salva a “todo aquel que en Él cree… por gracia… por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Juan 3.16; Efesios 2.8-9).

MH: No es posible saber con exactitud quiénes son los sellados.
VB: Los 144,000 serán sellados visiblemente con “el nombre de él (el Cordero) y el de su Padre escrito en la frente” (Apocalipsis 14.1). Los creyentes verdaderos hoy no tienen dudas, porque “el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8.16).

¿Y usted, amigo? ¿Como responderá hoy al Evangelio? Solamente la salvación en Cristo da protección del juicio venidero contra los pecadores. Usted puede ser sellado, no por un ángel, sino por el Espíritu Santo; no por ser fiel, sino por creer en Cristo. Sea sabio y confíe en “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1.29).

Timoteo Woodford, Hermosillo, México
Publicaciones Pescadores


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Sé Diligente En Conocer Bien 

La Palabra De Dios


 

William MacDonald

Textos: Proverbios 2.3-9; 2 Timoteo 2.15

Todo creyente debe ser estudiante de la Biblia. Demasiados cristianos piensan que el estudio serio de las sagradas Escrituras es algo sólo para un pastor, anciano u obrero, y que no es necesario para los demás. Es un error colosal. Cada hijo de Dios necesita y debe diligentemente leer, estudiar y apropiar para sí la Palabra de Dios.
    Un segundo error es pensar que para estudiar la Biblia necesitas ir a aprender en un seminario o instituto. ¡Incorrecto! C. H. Spurgeon nunca tuvo formación formal en la Biblia, ni tampoco lo tuvieron G. Campbell Morgan ni Harry A. Ironside, ni A. W. Tozer, ni otros.
 

  “Eran estudiantes devotos de la Palabra, y aprendieron sus profundas verdades a través de horas de estudiar, meditar y orar. El primer paso hacia la plenitud de vida es la inteligencia espiritual—creciendo en la voluntad de Dios mediante el conocimiento de la Palabra de Dios”.

    Aprende a disciplinar tu uso del tiempo. Aparta un tiempo específico, y un lugar donde puedes estudiar sin distracción. Apaga el teléfono. Algunos encuentran que las horas tempranas del día son las mejores. Otros prefieren la tarde o la noche. Pero lo importante es que cada vez que guardes esta cita, fortaleces el hábito. Cada vez que fallas, lo debilitas. También puedes disciplinarte a utilizar los ratos libres para continuar los estudios donde antes habías parado. Pero eso no toma el lugar del tiempo dedicado.
    La motivación es tremendamente importante. El incentivo más grande para estudiar la Biblia es el hecho de que ella es la Palabra de Dios. En ella oyes a Dios hablándote, y podrás conocerle mejor. Cuando vivas consciente de eso, estudiar la Biblia se convierte en gozo, no una tarea pesada.
    ... Ahora bien, no debes pensar que estudiar la Biblia va a ser algo fácil. Es trabajo, pero merece la pena. Prepárate para profundizar, buscar, comparar e investigar. Determina poner por obra lo que aprendas, como Esdras. (Esd. 7.10)
    Comienza con oración. Pide a Dios que Su Espíritu Santo te guíe al leer la Palabra, y te enseñe cosas maravillosas en Su Palabra (Sal. 119:18). Sométete a Él como tu Maestro, y dispónte a aprender.
    Entonces, decide cuál libro de la Biblia vas a estudiar. Eso dependerá en parte de dónde estás en tu vida cristiana, si eres creyente nuevo o si ya tienes algún conocimiento de las Escrituras.
    No intentes hacer demasiado en una sesión. Es mejor tomar pocos versículos y sacar algo provechoso de ellos que leer un capítulo y olvidar de pronto lo que habías leído. Generalmente un capítulo es demasiado.
    Lee el pasaje una y otra vez hasta que llegue a ser parte de ti. La familiaridad íntima con las mismas palabras de la Biblia es una cosa invaluable.
    Apunta cosas que no entiendes y preguntas o dudas que tengas. Cuando me preguntan cómo estudio la Biblia, digo: “con la mente hecha un interrogante”. Eso no quiere decir que dudes de la veracidad de la Palabra de Dios. Simplemente significa que al leer y estudiar, siempre preguntas: “¿Qué significa esto?”
    Escribe tus propias notas y observaciones sobre cada versículo. Realmente no has captado el sentido hasta que puedas explicarlo en palabras sencillas y fáciles de entender... A menos que las personas puedan expresarse bien usando un vocabulario ordinario de su idioma, realmente no conocen bien el tema que tratan.
    Luego, toma ayuda de los comentarios de confianza, los diccionarios bíblicos, las enciclopedias, buenas traducciones de la Biblia, las versiones parafraseadas, libros de estudios de palabras y otras obras de consulta. Yo acepto toda la buena ayuda que encuentre. Pero un comentario no debe usarse como un atajo. Leer un comentario no es suficiente para decir que has estudiado.
    Sigue buscando respuestas a tus preguntas. Algunas preguntas serán contestadas durante el tiempo de tu estudio de la Biblia, otras quizás sean contestadas después de un tiempo, al hablar del tema con otras personas, o más adelante en tus lecturas y estudios. Puede que a algunas no halles respuesta completa.
    A veces los eventos de la vida cotidiana arrojan luz sobre las Escrituras. Podemos aprender en las pruebas y tribulaciones. Por ejemplo, los creyentes en un campo de concentración perciben tesoros en la Biblia que los demás no ven.
 
  Aprovecha con ánimo las oportunidades que tengas para compartir los resultados de tus estudios. Esto puede bendecir y ayudar a otros, y además, te librará de vivir en un mundo de cosas triviales. Ahora, ¡manos a la obra!

William MacDonald
adaptado de su libro: Manual del Discípulo

 

 

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Pedro: de Pescador a Predicador



Su Condición
    Pedro era un hombre trabajador. Había trabajado toda la vida en su oficio, la pesca, que aprendió de su padre. Vivía en un pueblo cerca del mar de Galilea. No había máquinas ni motores para los pescadores. Tenía que remar y subir una vela para mover el barco, y manualmente lanzaban y recogían las redes. Vivía en su pueblo y se ocupaba en ese oficio hasta que vio y oyó a Jesucristo, y entonces, quizás por primera vez se dio cuenta de su problema.
    “Soy hombre pecador” (Lucas 5.8), confesó en presencia de Cristo. Muchos, como él, se comparan con sus vecinos o compañeros y creen que están más o menos bien. Pero si se comparan con Cristo, son pecadores. Pedro, al decir eso, describió la condición que heredó de Adán, así como todos nosotros. Dice Romanos 5.12, “Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. Aunque no es nuestra culpa que hayamos nacido en esa condición espiritual, sí somos culpables por lo que hemos hecho desde entonces. ¿Ha entendido usted la gravedad de su condición pecaminosa delante de Dios?

Su Conocimiento
    En su segunda carta, Pedro habla de personas que tienen un “conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 2.20), pero no son creyentes. Su conocimiento de Cristo y su historia es intelectual y superficial, pues no lo han aplicado personalmente para ser perdonados. Pedro describe la condición de ellos, diciendo que “su postrer estado viene a ser peor que el primero” (2 Pedro 2.20). Por un tiempo en su vida, Pedro también tenía cierto conocimiento de Cristo, pero sin ser creyente ni seguidor. Era como muchos hoy que tienen la religión de su familia o cultura, pero sin una fe personal en Cristo. ¿Qué tipo de conocimiento tiene usted del Señor Jesucristo?


Su conversión
    Andrés, el hermano de Pedro, oyó a Juan el Bautista proclamar: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1.29). Andrés creyó en Cristo, el Cordero de Dios, y luego halló a Pedro y “le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús” (Juan 1.41-42). Ese fue el momento de su conversión. Pedro, al reconocer al Señor Jesucristo como su Salvador, recibió el perdón de sus pecados y fue convertido.  Ese pescador pasó varios años con Cristo, y luego fue enviado a predicar. Años después, él mismo predicó en Hechos 10.43, “Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre”. ¿Usted se ha arrepentido y confiado en Cristo para ser perdonado y convertido?

Su consideración
    Pasados algunos años, Pedro escribe en su primera carta lo que creyó para ser perdonado y tener vida nueva. Había considerado la crucifixión y resurrección de Jesucristo, su Salvador. “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3.18). Es cierto que hay mucho sufrimiento en el mundo, pero solo hay Uno que sufrió por los pecados de los demás. Es cierto que muchos han muerto, pero Uno solo murió por los pecadores de todo el mundo. Pedro declaró acerca de Cristo: “Quien llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2.24). ¿Ha considerado usted la muerte de Cristo en la cruz, que fue por ti? ¿Ha considerado Su sepulcro vació?

Su convicción
    Pedro estaba convencido de que la salvación de su alma no se hallaba en sí mismo, ni mucho menos en una religión, sino en el Señor y Salvador Jesucristo. Por eso predicó en Hechos 4.11-12, “Este Jesús... y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. La salvación no está en una religión, ni en los sacramentos, ni en la devoción a los santos, sino solo en Jesucristo. Solo Él es “el Salvador”. El Señor fue paciente “con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3.9). ¿Cuál es su respuesta a la noticia de que Jesucristo padeció en la cruz llevando sus pecados? ¿Se ha arrepentido para confiar en Él y ser salvo?

Timoteo Stevenson
adaptado del tratado de Publicaciones Pescadores
otros tratados en formato digital: https://publicacionespescadores.com/folletos

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