Entradas populares

domingo, 31 de mayo de 2026

EN ESTO PENSAD -- junio 2026


“El Señor Está Contigo” 

Brian Gunning

Texto: Sofonías 3.14-20 

Es probable que esta Escritura se refiera al reinado milenario de Cristo, cuando establecerá su reino mundial. En lugar de ser objeto del odio de las naciones, Israel será cabeza de las naciones. En ese día, Israel cantará y conocerá la bendición y la comunión con Dios como nunca antes las había conocido. Se cumplirán las promesas.

 Incluso hoy, Israel sigue estando en los planes del Señor y Él no lo ha olvidado. Aunque se encuentra en la ceguera y sin la luz de las Escrituras, Dios no ha terminado con Israel. En la actualidad, el Señor Jesucristo está edificando Su Iglesia (Mt. 16.18). Cuando eso termine, la Iglesia será arrebatada y Dios reanudará Su plan para Israel, cumpliendo todas las promesas pendientes. 

 No podemos dejar de notar el paralelismo entre estas promesas a Israel en un día futuro y las promesas del día presente para el creyente cristiano. 

 Por ejemplo, “Jehová ha apartado tus juicios” (v. 15), nos recuerda que “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro. 8.1). “Ha echado fuera tus enemigos” (v. 15), se repite en las palabras del escritor hebreo: “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (He. 2.14). “Nunca más verás el mal” (v. 15), contiene la conocida verdad: “porque el pecado no se enseñoreará de vosotros” (Ro. 6.14). El “No temas” del verso 16 se refleja en las palabras de Pablo a Timoteo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía” (2 Ti. 1.7). El gozo de la comunión (v. 17), el consuelo para los afligidos (v. 18), la superación de las dificultades y el sufrimiento para bien (v. 19) y la promesa de reunir a Su pueblo (v. 20) tienen su contrapartida en el Nuevo Testamento para nosotros hoy en día. 

Probablemente Israel se siente abandonado por Dios. Si nos fijamos solo en las circunstancias, sus sentimientos estarían justificados. Del mismo modo, los cristianos de hoy pueden pasar por momentos en los que sienten que el Señor no está con ellos. Las personas, las familias y las asambleas de creyentes pueden pensar que Él los ha olvidado. Tan seguro como que Él cumplirá Su promesa a Israel, hoy podemos confiar en nuestro Señor Jesucristo, que dice: “No te desampararé, ni te dejaré” (He. 13.5). 

Brian Gunning, del libro Day By Day Christ Foreshadowed

(“De Día en Día, Cristo Presagiado”) p. 367

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

El Que Todo Lo Puede

Las limitaciones humanas pueden resultar frustrantes. Un hombre discapacitado pasó 38 años sentado junto a un estanque esperando ser sanado. Él lo explicó así: “No tengo a NADIE que me meta en el estanque” (Juan 5.7 NBLA). El Salvador también conoció a un hombre endemoniado y salvaje. Era un caso perdido, pues “NADIE podía atarle, ni aun con cadenas” (Marcos 5.3). El hijo pródigo estaba tan mal que “NADIE le daba nada” (Lucas 15.16 NBLA). Pero el Señor Jesús nunca se sintió frustrado;  no tenía limitaciones en cuanto a sus recursos y capacidad. En cuanto a la salvación, Él dijo: “NADIE viene al Padre” (Juan 14.6). Cuando tratamos de ser salvos chocamos con el muro de nuestra incapacidad porque “éramos débiles” (Romanos 5.6). Agradece al Señor que Él puede hacer lo que nosotros no podemos. Él puede “llevarnos a Dios” (1 Pedro 3.18). 

Juan Dennison, Devoción a Diario, lectura para el 2 de junio,
disponible de Libros Berea y de Publicaciones Pescadores


“Él puede, Él puede, yo sé que Él puede,
Yo sé que todo puede mi Señor.
Salvó a desalentados, cautivos Él libró.
También sanó a los ciegos, y a los muertos levantó.
Yo sé que todo puede mi Señor”. 

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 Más Bienaventurado Es Dar Que Recibir
Donald Norbie
parte 2

viene del número anterior
Los Creyentes Como Dadores

    Cuando uno recibe al Señor Jesucristo, también recibe al Espíritu Santo en su vida. Su cuerpo viene a ser templo de Dios para irradiar la gloria divina (1 Co. 6.20). El Espíritu de Cristo que mora en él (Ro. 8.9)  también se caracteriza por dar. La misma vida generosa que caracterizaba a Cristo en este mundo se manifiesta ahora en Su cuerpo, la Iglesia.
    Aquellos a quienes Cristo tocó se convirtieron en dadores generosos. Zaqueo recibió a Cristo (Lc. 19.8) y emocionado, proclamó: “La mitad de mis bienes doy a los pobres”. ¡La salvación llegó a su cartera! Hoy en día no muchos ofrendan así como ese publicano.
    El día de Pentecostés, una gran multitud creyó y fue bautizada. Cuando se reunían, el amor rebosaba.“Vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hch. 2.45). No es de extrañar que los observadores se sintieran sobrecogidos por el asombro (Hch. 2.43).
    En el Antiguo Testamento, se instruía a los israelitas para que dieran el diez por ciento de todo lo que adquirían (Lv. 27.30). De esta manera, reconocían que todo realmente pertenece a Dios. Cuando no lo hacían, era una señal de malestar espiritual y los profetas los reprendieron fuertemente por ello. “¿Robará el hombre a Dios?” fue el clamor del profeta Malaquías (Mal. 3.8).
    Cuando el Señor estaba en este mundo, Él habló bien del diezmo, aunque si se trataba de algo desvinculado de la práctica de la piedad, lo reprendía (Mt. 23.23). La ofrenda no debe considerarse una forma de pagar por los pecados. No podemos comprar a Dios. El Señor Jesús alabó la forma sacrificada en que la viuda ofrendó (Lc. 21.1-4).
    Las iglesias primitivas se caracterizaban por las ofrendas generosas, y se exhortaba a los fieles a realizarlas: “Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9.7). Las ofrendas debían realizarse en secreto, esto es, sin manifestación abierta, para que no surgieran motivos incorrectos en el corazón (Mt. 6.3-4). La ofrenda debe ser algo planificado, regular y proporcional (1 Co. 16.2).    
    ¿Cuánto debemos ofrendar? No estamos obligados a dar el diezmo como los israelitas bajo la ley de Moisés. Sin embargo, A. P. Gibbs solía decir: “Si bajo la Ley se daba el diez por ciento, sería una desgracia dar menos que esto bajo la gracia!” Puede que algunos encuentren que el diez por ciento es un buen punto de referencia para empezar a ofrendar, pero no deben diezmar porque están bajo la gracia, no bajo la ley. Y si alguien siente que no puede dar esta cantidad con alegría, entonces debe decidir cuánto puede dar y pedir a Dios que aumente su fe. Siempre debemos reservar una parte para Dios cuando recibimos la nómina, aunque sea para distribuirla más tarde. 
    Así sabremos que estamos dando a Dios las primicias y no las sobras. No es correcto esperar a ver cómo nos va el mes y después ofrendar a Dios solo lo que sobre. Lo primero y lo mejor para Dios.
    Entonces,¿cómo deben distribuir estos fondos las iglesias y los creyentes? El dinero de las ofrendas no es simplemente para aumentar el saldo de la cuenta bancaria de la iglesia. “No os hagáis tesoros en la tierra” (Mt. 6.19) también se aplica a las iglesias locales. Pero algunas tiene mucho dinero ahorrado “por sí a caso”, y no lo distribuyen. Hay necesidades en la asamblea local que deben tener prioridad. Por ejemplo, la Palabra de Dios manda: “El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye” (Gá. 6.6). También hay creyentes necesitados en nuestra localidad y en otros lugares a los que debemos ayudar (Hch. 2.45; 11.29-30; 1 Ti. 5.3-10). En aquellos primeros días de la Iglesia hablaban del hambre que había, oraban por esa situación, y enviaron ayuda. 
    Las iglesias y los particulares también ayudaban a los obreros del Señor. Lidia abrió su casa a Pablo y sus compañeros (Hch. 16.15). La hospitalidad es una forma de ofrendar que sale costosa; ya que implica dar de sí mismo. Los cristianos de Filipos enviaban con frecuencia fondos a Pablo, no por obligación sino por amor e interés personal. Tales ofrendas nacían de la oración y del profundo interés por ayudar a los siervos de Dios. No se trataba de un mero ejercicio contable, ni de dar “una ayudita” simbólica que en realidad no ayuda mucho. Es importante tener comunión de esta manera práctica, y mostrarse agradecido.
    Aquellas iglesias primitivas nunca prometieron un apoyo económico, pues ¿cómo podían ellas saber el futuro? No se contrataba a ningún obrero, ni nadie recibía un salario. Tal pensamiento habría sido repugnante. Eran siervos del Señor. Sin embargo, había oración, preocupación y ofrendas regulares por parte de las iglesias. Esa era la obra de Dios. 
    Lamentablemente, los corintios eran tacaños o descuidados con respecto a las necesidades de Pablo. Él servía incansablemente entre ellos, pero aparentemente no recibía nada. Por eso leemos: “He despojado a otras iglesias, recibiendo salario para serviros a vosotros” (2 Co. 11.8). También les preguntó: “Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?” (1 Co. 9.11). Algunos piensan que su ofrenda es gran cosa, pero el ministerio espiritual es mayor que el material. El precepto bíblico que debemos seguir es: “El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye” (Gá. 6.6). No debemos tratarlos como dijo cierto hombre en oración: “Señor, mantén humilde a tu siervo, y yo lo mantendré pobre”. El que hace tesoros en la tierra y no tiene cuidado de su hermano, peca (1 Jn. 3.17).
continuará, d.v. en el siguiente número

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior
8. La Falta de Oración

Otro peligro que parece ser un defecto común es la falta de oración – no necesariamente porque no ore, sino porque no dedica el tiempo debido a la oración, ni espera pacientemente la respuesta de Dios. Tenemos muchas actividades y compromisos – no todos ellos son espirituales – y la oración suele ser reducida a unos breves momentos al principio y al final del día. Los efectos secundarios de la falta de oración son prioridades incorrectas, decisiones no acertadas, y obras en el poder de la carne. Mal asunto es cuando los que cuidan de una asamblea no son hombres de oración.
    En Hechos 6 vemos la importancia dada a la oración por los que guiaban la asamblea en Jerusalén. 
“Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (Hch. 6:3-4). 
    La oración es uno de los temas destacados en el libro de Hechos. Uno aprende esto si hace una lectura seguida del libro y solo apunta los textos que mencionan la oración. ¡Siempre estaban orando!
    Observamos que dos veces en su vida Josué no oró debidamente, y esto causó confusión y pérdida en el pueblo de Dios. En Josué 7, no hubo oración antes de atacar a Hai, y por eso no supo del pecado en el campamento. De haberse detenido para orar y esperar que Dios indicara Su voluntad, habrían conocido el pecado. De ese modo habrían podido rectificar y evitar el fracaso ante los de Hai.
    Otro error de Josué y los otros príncipes en Israel fue su decisión acerca de los hombres de Gabaón. Josué 9 relata cómo los gabaonitas “usaron de astucia” (v. 4), y engañaron a los hombres de Israel. Contaron una historia fabricada para engañar. Sabían lo que los israelitas querían oír y se lo dijeron. Se fingieron viajeros de un país lejano, y presentaron sus “pruebas” para engañar la vista: “zapatos viejos y recosidos”, “vestidos viejos” y pan “seco y mohoso” (v. 5). Tristemente los hombres de Israel se dejaron engañar por lo que oyeron y vieron. No debieron confiar en sus cinco sentidos, ni en la lógica, sino consultar a Dios en oración y esperar Su respuesta. Pero los versículos 14-15 relatan el error de Israel: “Y los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová. Y Josué hizo paz con ellos...”
    A veces los ancianos sienten presiones a tomar decisiones o actuar. No es bueno demorar cuando hay que actuar. Pero tampoco hay que actuar antes de tiempo. El pueblo de Israel quiso un dios “ya”, pero Aarón podía haber dicho “no” y mandado que esperasen. Los gabaonitas querían una decisión en aquel mismo momento, y todo el pueblo estaba mirando y esperando. Pero en lugar de dejarse presionar, debieron responder: “Volved luego, y nosotros consultaremos a Jehová”
    Después de la caída de Jerusalén el pueblo quiso ir a refugiarse en Egipto, y consultó a Jeremías. El profeta tomó diez días (Jer. 42:4, 7) para orar y consultar a Dios antes de responder al pueblo. Los siervos de Dios no deben dejarse presionar por el pueblo. Antes de tomar decisiones, ora y espera conocer la voluntad de Dios. Hoy tenemos toda Su Palabra para consultar y saber Su voluntad.
    Sansón era un hombre activo, de gran poder y hazañas, pero impulsivo y poco reflexivo. Por su poder logró muchas cosas, pero por su falta de espiritualidad fracasó. No es ejemplo a seguir, sino más bien ilustra una conducta que debemos evitar. No notamos en él nada de la importancia de la oración. Parece que se gozaba más de sus músculos y su poder físico que de la presencia y comunión de Dios. Obraba más bien por impulsos carnales: lujuria, enojo y venganza, y murió preso en Filistea.
    Satanás anda alrededor, buscando a quién devorar (1 P. 5:8). Especialmente acecha a los ancianos para arruinarles si puede. Por eso el consejo: “Sed sobrios y velad en oración”.
continuará, d.v. en el siguiente número

                       del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea 

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 La Verdad No Es Negociable
Lucas Batalla

Texto: 2 Juan

    La verdad es el antídoto contra la mentira que abunda en el mundo.  No tenemos excusa para filosofar como Pilato que preguntó evasivamente: “¿Qué es la verdad?” (Jn. 18.38). Jesucristo declaró acerca de las Escrituras: “Tú palabra es verdad” (Jn. 17.17). Así que, salgamos de dudas, porque conocer a Dios y la Biblia es conocer la verdad. Hoy en día escuchamos expresiones como “tu verdad” y “mi verdad”, como si la verdad fuera relativa o negociable. Muchos no saben a quién creer, hay mucha desconfianza e incertidumbre, pero lo extraño es que no cree a Dios “que no miente” (Tit. 1.2). Los creyentes tenemos el gran privilegio de conocer la verdad. La Iglesia del Señor tiene una respuesta clara y firme, y una verdad divina y segura. El Señor prometió: “conoceréis la verdad” (Jn. 8.32), y Su promesa se cumple en nosotros los creyentes. Además, declaró: “Yo soy... la verdad” (Jn. 14.6). En el mundo hay mucho error, engaño y mentira. Las noticias encubren la verdad. Las religiones también mienten: el bautismo de los bebés, la salvación por obras, la devoción a los santos y el uso de imágenes. Aunque proclamamos la verdad del Evangelio, resulta extraño que el mundo crea más en la mentira que en la verdad.
    El apóstol comienza en el primer verso con un saludo a la “señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad” (v. 1). Se trata del ámbito sano del amor cristiano: “en la verdad”, quiere decir, conforme a la verdad de Dios. Algunos creen que la señora se refiere a una iglesia local, y que los hijos serían los creyentes. Otros creen que se refiere a una familia de la iglesia, una hermana creyente y sus hijos. Ambas cosas son posibles, pero no tenemos más información para resolver la duda. Pero el amor cristiano es sano y edificante porque se basa en la verdad de Dios y Él ha derramado Su amor en nosotros por medio del Espíritu Santo (Ro. 5.5).
    El mismo apóstol Juan describe al creyente en su Evangelio como alguien que practica la verdad y viene a la luz (Jn. 3.21). En 1 Juan 3.18, se nos manda así: “no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”. Esto es amar en la verdad. En esta segunda epístola de Juan podemos observar lo siguiente acerca de la verdad:
    v. 1    amar en la verdad, y conocer la verdad
    v. 2    la verdad que permanece en nosotros
    v. 3    Cristo es el Hijo del Padre en verdad y en amor
    v. 4    andar en la verdad
    El verso 2 indica que la verdad permanece en los creyentes, y “estará para siempre con nosotros”. La verdad no cambia, porque viene del Dios inmutable. Además, el hecho de que la verdad permanezca en nosotros es un testimonio a favor de la seguridad de la salvación. 
    El verso 3 expresa su deseo de que gocen de gracia, misericordia y paz, cosas que provienen del Padre y del Hijo, pero no de María ni de la Iglesia. Los apóstoles no enviaban dinero a las iglesias, sino que ofrecían tesoros espirituales, que son más ricos y permanentes. 
    En el verso 4 se menciona el gozo que produce la obediencia. Debemos mencionar las cosas buenas que vemos, y no ser conocidos como quejosos o criticones. Es importante expresar lo positivo. “Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre”. Los hijos que andan en la verdad traen alegría. Proverbios 23.24-25 lo expresa así: “Mucho se alegrará el padre del justo, y el que engendra sabio se gozará con él. Alégrense tu padre y tu madre, y gócese la que te dio a luz”. En cambio, Proverbios 17.25 dice “El hijo necio es pesadumbre de su padre, y amargura a la que lo dio a luz”. Los hijos infieles y desobedientes, o no se dan cuenta, o no les importa la tristeza que causan a sus padres. Y en la iglesia, si los creyentes son fieles y obedientes al Señor, hay gozo, pero si son infieles y desobedientes, hay tristeza. Nuestro comportamiento afecta a los demás.       
 

          continuará, d.v. en el siguiente número

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -  

La Noche de San Juan: 

Una Festividad Pagana


Las palabras “solsticio” y “equinoccio” son términos astronómicos, no astrológicos. El solsticio de invierno y el de verano son los días más cortos y más largos del año, respectivamente, cuando el sol se halla en uno de los trópicos. Sucede del 21 al 22 de junio y del 21 al 22 de diciembre. En estas dos fechas, la diferencia entre la duración del día y de la noche es mayor. El equinoccio se refiere a los dos momentos anuales en los que, al encontrarse el sol sobre el ecuador, la duración del día y de la noche es igual en todo el mundo. Esto ocurre del 20 al 21 de marzo y del 22 al 23 de septiembre. 
     La Biblia declara que el sol y la luna fueron creados por Dios el cuarto día de la creación (Gn. 1.14-19). Son parte de la creación inanimada de Dios. Debemos adorar al Creador, no a la creación. Dios prohibió terminantemente rendir culto al sol, la luna o las estrellas. “No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas impulsado, y te inclines a ellos y les sirvas; porque Jehová tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos” (Dt. 4.19).
 
Helios
   Sin embargo, las antiguas religiones paganas veneraban al sol y a la luna como dioses y les rendían culto (2 R. 23.5, 11; 2 Cr. 34.4). Atribuían poderes divinos a los planetas y las estrellas. Esta práctica se realizaba en la antigua Babilonia, donde se utilizaba la torre de Babel para observar los cielos. Allí nacieron el zodiaco y la astrología. Cuando Dios juzgó y dispersó a la humanidad, esta se fue de Babel a todas las partes del mundo llevándose consigo sus creencias paganas. Por eso hay torres, pirámides y astrología en diferentes partes del mundo. En Egipto, el sol se asociaba con dioses como Atum-Ra y Amón-Ra. Los romanos rendían culto al Sol Invictus. Para los griegos, el dios del sol era Helios. La cultura inca tenía como deidad más importante al dios sol, llamado Inti, y el inca era considerado su hijo. En Asiria, Assur era el dios principal y se simbolizaba con un disco alado del que emanaban rayos. Un dato que muchos ignoran es que la cruz era un símbolo del dios sol reconocido y usado durante siglos antes del cristianismo. No es un símbolo cristiano, sino pagano. En la revista National Geographic, J. M. Sadurní escribe: 


     “Junto a la Noche de Reyes, la de San Juan (23-24 junio) es considerada una de las noches más mágicas del año, y aunque sus orígenes son inciertos, es muy posible que estos se hallen en los cultos solares celebrados por distintas culturas desde hace miles de años. Para dar una explicación a la noche más corta del año (que tiene lugar el día 21 de junio), en algunas antiguas leyendas se contaba que eso sucedía porque el Sol, enamorado de la Tierra, se negaba a abandonarla.
          A partir de ese día, cuando el Sol se mostraba en todo esplendor, era el momento en que los celtas celebraban el “Alban Heurin”, una festividad en la que se encendían hogueras para dar la bienvenida al buen tiempo, para pedirle al Sol que no abandonara el cielo y para ahuyentar los malos presagios y atraer la fertilidad de la Tierra”.

     La noche de San Juan coincide con el solsticio de verano, la noche más corta del año, que es muy importante para las religiones místicas y paganas. En Stonehenge (Inglaterra) se celebra con danzas y música para honrar la luz y la naturaleza. En muchos lugares se queman objetos para renovarse y atraer buena suerte, y se saltan hogueras para alejar lo malo. Es una noche mágica de fuego, agua, música y comunidad, que se celebra con hogueras en plazas y playas, quemando deseos y buscando protección para el nuevo ciclo. En resumen, hacen todo lo que Dios prohíbe y condena. En lugar de reconocer al Creador, rinden culto a las cosas que Él creó con Su gran poder y sabiduría. 
     ¿Cuál debe ser la postura del creyente ante tales cosas? Dios manda: “no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones… porque es abominación” (Dt. 18.9, 12). No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad” (Jer. 10.2-3). Romanos 12.2 exhorta: “no os conforméis a este siglo”. Por tanto, no cabe duda de que el cristiano debe apartarse por completo de cualquier objeto o práctica relacionado con las ideas paganas acerca del sol, la luna o las estrellas. No debemos asistir ni participar en sus festividades, sino separarnos y marcar claramente la diferencia. 
      El apóstol Pablo escribe:
“Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor” (2 Co. 6.15-17).
 

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -  

EL OCTAVO MANDAMIENTO 

"No robarás"

Dios mandó: “No hurtarás” (Éxodo 20.15). Según la Real Academia la
palabra “hurtar” significa “Tomar o retener bienes ajenos contra la voluntad de su dueño”. Algunos sinónimos son: robar, sustraer, quitar, bolsear. 
    Sin embargo, es otro eslabón de los mandamientos que a menudo se rompe. Antes de decir “yo no robo”, recuerda que este mandamiento también se aplica en sentido absoluto. Significa: “No hurtarás ni robarás de ninguna manera en absoluto”.
    No hay que pensar solo en atracos, porque la Palabra de Dios va mucho más allá. No se puede robar nada, ni siquiera una vez, por poca cosa que sea. Robar es tomar sin permiso algo que es de otra persona. Da igual si se trata de un bolígrafo de la oficina, unos clavos del taller, unos ladrillos de una obra, un poco de pintura o pegamento, o cualquier otra cosa. 
    Algunos dicen que es una enfermedad o un trastorno mental llamado cleptomanía. Alegan que la persona no es responsable, y que no puede controlar sus impulsos. La tratan de víctima en lugar de responsable y culpable. Pero, ante Dios, no se trata de una enfermedad, sino de un pecado. Ante la ley de los hombres es un delito. Nunca está permitido tomar lo que no es tuyo.
    Hay quienes filosofan y dicen que no han robado, simplemente porque no lo definen como Dios. Se crean su propia definición con la intención de declararse inocentes, pero esto no tiene valor ante Dios. Roban el tiempo de los demás, por lo que les están defraudando. Por ejemplo, ¿llega tarde al trabajo alguna vez o se excede en el tiempo de descanso? Si se le permite media hora para comer, ¿se excede tomándose unos minutos más? ¿Luego apunta más horas de las que realmente trabajó en su hoja de trabajo? ¿Utiliza sin permiso el teléfono de alguien? ¿Intenta viajar en autobús o tren sin pagar?
 
 Algunos niños hurtan de sus padres, burlándose de la confianza que se les tienen. Hay jóvenes que consideran divertido el entrar en una tienda para robar algo.
    Las empresas y los contratistas que cobran de más o que defraudan a sus empleados pagándoles menos también roban. Con los contratos laborales, la Seguridad Social y los impuestos hay mucho chantaje, es decir, engaño y robo.
    Los del gobierno roban cuando utilizan fraudulentamente los fondos. Cada año salen a la luz nuevos casos de corrupción. Además de esto, los funcionarios tienen tanta mala fama de inercia que en el siglo XIX Mariano José de Larra escribió sobre ellos el libro Vuélva Usted Mañana. Sabemos que no se aplica a todos indiscriminadamente, pero “si el río suena...”. 
    Pero, en lo que respecta al gobierno, ¿ha sido siempre honesto en su declaración de la renta, pagando todo lo que debía? Si tiene un negocio, ¿utiliza dos juegos de libros y una contabilidad doble, para engañar al gobierno? 
    ¿Ha entrado ilegalmente en un país para vivir y trabajar? ¿Ha trabajado sin un contrato en regla, sin permiso de trabajo y sin pagar la Seguridad Social que marca la ley? ¿Paga los impuestos de sus compras o realiza compras sin factura para evitarlos? ¿Ha cobrado el paro o una pensión del gobierno mientras trabajaba en negro? 
    ¿Ha intentado alguna vez pasar la aduana con algo escondido, sin declarar honesta y abiertamente todos los objetos comprados? 
    ¿Ha copiado o descargado del internet copias de música, películas, programas o juegos sin pagar, o ha aceptado copias de estos para su uso personal? Ha hecho fotocopias de libros en lugar de comprarlos, sin permiso del autor? Hay quien intenta filosofar sobre las leyes de derechos de autor y dice que son leyes injustas porque favorecen a los ricos, pero, amigo mío, la ley es la ley, y Dios dice:  “Someteos a toda institución humana” (Primera Epístola de Pedro, 2.13). 
   
 Algunos intentan justificarse, diciendo que los precios son injustos y abusivos. Pero el hecho de no poder pagar una casa no da derecho a ocupar la casa de otro. Si no se puede comprar un vehículo, eso no justifica el delito de robo, y lo mismo se aplica a las copias ilegales. El latrocinio es un crimen. Toda clase de hurto y robo es pecado. Las 
excusas no le libran de su responsabilidad ante Dios. Si ha hecho alguna de esas cosas, el veredicto es:                       ¡CULPABLE!


jueves, 30 de abril de 2026

EN ESTO PENSAD - mayo 2026

 La Trompeta del Arrebatamiento
H. A. Ironside


Hoy en día existe confusión entre la trompeta que anuncia el rapto de la Iglesia, y las siete trompetas halladas en el capítulo 8 de Apocalipsis, pero son muy diferentes. En este artículo, el hermano Ironside explica las diferencias entre ambas.

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4.16-17).

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”   (1 Co. 15.51-52).

    El arrebatamiento de la Iglesia tendrá lugar al sonar la final trompeta. Esto en 1 Tesalonicenses 4 se llama “la trompeta de Dios”, y debe distinguirse muy definitivamente de la última de las siete trompetas de los ángeles, los juicios mencionados en Apocalipsis (8.2, 6; 11.15). Esas siete trompetas tocadas por siete ángeles sonarán durante la septuagésima semana de Daniel, y la séptima de ellas anuncia la llegada del glorioso reino de nuestro Señor Jesucristo. Pero, nuevamente, hay que leer con atención. “La trompeta de Dios” es algo totalmente diferente.
1 Se llama “la final trompeta” (1 Co. 15.52) porque cerrará la presente edad de gracia y concluirá los caminos de Dios con Su pueblo la Iglesia en esta dispensación.   
      No me cabe duda de que tienen razón los expositores que entienden la expresión “la final trompeta” como una alusión a la tercera trompeta de las legiones romanas. Cuando sonaba la primera trompeta, ya fuera de noche o de día, los soldados se levantaban de un salto y golpeaban sus tiendas. Cuando sonó la segunda, se pusieron en fila. Al sonar la tercera, marcharon. 
    Así nosotros, los creyentes, ya hemos oído la primera trompeta, que nos ha despertado cuando estábamos dormidos en nuestros pecados. La segunda trompeta nos ha llamado a reconocer la autoridad de nuestro Señor Jesucristo. Ahora esperamos el sonido de la última trompeta, momento en que seremos arrebatados para estar con Él para siempre. Entonces, aquellos que todavía estén vivos en sus cuerpos naturales y mortales se vestirán repentinamente de inmortalidad. En otras palabras, el cuerpo se transformará en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, y se convertirá en un cuerpo glorioso como el de resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Los creyentes que han muerto y cuyos cuerpos se han corrompido en la tumba, serán resucitados a la incorruptibilidad y, con sus nuevos cuerpos estarán, con Cristo para siempre. Esta es nuestra esperanza bienaventurada, que el Señor Jesús puede venir en cualquier momento para llevarnos y cumplir así estas Escrituras. ¡Qué bendición estar preparados para aclamarlo con alegría en Su advenimiento!  

extracto adaptado del libro El Gran Paréntesis, Libros Berea

1 La falta de distinguir entre las diferentes trompetas ha hecho a algunos concluir equivocadamente que la Iglesia será arrebatada después de la séptima trompeta (Ap. 11.15), es decir, a la mitad de la Tribulación. Nada tiene que ver ésta con la trompeta mencionada en 1 Tesalonicenses 4 y 1 Corintios 15, que anuncia el arrebatamiento de la Iglesia. Ed. 

 

 "Grata noticia, viene Jesús por los salvados mediante Su cruz,
para llevarlos al trono de luz. Sí, pronto vuelve el Señor.

Cristo Jesús de los cielos vendrá, pronto en Su gloria vendrá;
Para el creyente ¡qué gozo será ver al amado Señor!

Con alegría y aclamación, voz del arcángel, trompeta de Dios,
viene Jesús con cabal salvación. Sí, pronto vuelve el Señor". 

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

 

                             - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

  “Mas Bienaventurado Es Dar Que Recibir”
Hechos 20.35

Donald Norbie

No cabe duda que Dios es un dador generoso. Pero, ¿cómo somos nosotros? ¿Realmente creemos que es más bienaventurado dar que recibir?
    El dios que cada uno adora forjará su carácter. Quienes adoran a ídolos acabarán siendo como ellos. “Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos” (Sal. 115.8). Serán insensibles a Dios, egoístas y con una vida moral degradada (Ro. 1.23-25). En cambio, los que confían en el Dios verdadero y santo y le adoran se irán pareciendo más a Él, y formarán un pueblo santo.
    Pero Él también es la fuente de toda vida espiritual. Al pecador se le describe como muerto espiritualmente, separado de Dios y quebrantado por el pecado. A los que reciben a Cristo como Señor y Salvador, Él les da vida espiritual (Ef. 2.5). Dios comienza a obrar poderosamente en su interior (Fil. 2.13). Se cumple fielmente la promesa de Cristo, de dar vida abundante (Jn. 10.10).
    Todas nuestras habilidades naturales y espirituales provienen de Dios. Pablo pregunta: “¿o qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co. 4.7). Ya sea intelecto, cualquier talento bueno o habilidad mecánica, todo proviene de Dios. Los ricos recursos de la personalidad humana provienen del Creador, y esto debería humillarnos.    
    Las “cosas”, las posesiones materiales de esta vida, vienen de Dios. El apóstol manda recordarle al rico que es “el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Ti. 6.17). Pero la manera de disfrutarlas no debe ser egoísta. “Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos” (v. 18). Ten cuidado con el egoismo en lo referente a tus posesiones. Son de Dios, y tú solo eres un administrador. 
    El Señor Jesús vivía entregado al servicio de los demás. Siempre pensaba en otros, no en sí mismo. Era una vida de renuncia a sí mismo, coronada con el sacrificio en la cruz (Mr. 10.45). El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se unieron en aquel don asombroso e inefable (2 Co. 9.15).
    Nuestro Dios es un dador muy generoso y misericordioso, y quienes le adoran también serán dadores generosos.
continuará, d.v., en el siguiente número

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 El Creciente Énfasis en la Música
Parte 4
Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior
Permíteme hablar francamente acerca de la cuestión de “conservar a nuestros jóvenes a todo coste”. 

     En primer lugar, durante mi juventud nunca recuerdo que los jóvenes tuviéramos la actitud de que la asamblea giraba en torno a nosotros. Según recuerdo, los jóvenes no queríamos traer “nuestra música” a la asamblea. “Nuestra música”, si la teníamos, era secular, y la asamblea claramente no era el lugar para ella. Sin embargo, ahora la cristiandad ha “bautizado” la música secular con “letra cristiana”, que no solo ha sido aceptada por los jóvenes de hoy como si fuese “música cristiana”, sino que también desean traerla a la asamblea. Durante las últimas décadas, la iglesia se ha ido “acondicionando” para aceptarla. Lenta pero seguramente ha ido entrando hasta que, al final, lo ha hecho como una inundación.

 

El coro de la iglesia catolica 

en Pasadena, California

 
coro de la iglesia presbiteriana


Coro del Tabernáculo Mormón
Coro luterano

Coro adventista

Coro de monjes en un monasterio

    En segundo lugar, si cedemos a los deseos de los jóvenes y adaptamos la asamblea a su gusto, ¿qué tipo de asamblea les dejaremos? ¿Cuál será su futuro? ¿Qué tipo de jóvenes estamos criando cuando cedemos a sus deseos en detrimento de quienes durante muchos años gastaron sangre, sudor, lágrimas y fondos con el deseo de glorificar a Dios? Lo que estamos criando son jóvenes egoístas que consiguen lo que quieren amenazando con irse de la asamblea, sin importarles cómo afecte a los demás. Serán jóvenes (y luego adultos) que habrán aprendido a conseguir lo que quieren sin el trabajo y el ejercicio espiritual que las generaciones anteriores tuvieron fielmente.
    En tercer lugar, y quizá la más difícil de aprender para todos nosotros, está la lección que vemos en la parábola del hijo pródigo. Recuerda que el hijo pródigo exigió su parte de la herencia. Fue una actitud descarada, pero su padre se la concedió. (A veces Dios hace esto con nosotros también, para que maduremos, pero siempre es una lección costosa). Esta es una lección poderosa, pero difícil de aprender. “Si nuestros hijos quieren irse de casa, ¡asegurémonos de que tendrán que hacerlo!”  (Obviamente, no me refiero a hijos muy jóvenes). La falta de aprendizaje de esta lección ha provocado que muchos padres traigan el mundo a su casa, intentando así que sus hijos no se marchen, sin darse cuenta de que simplemente los están entrenando para el mundo en su propio hogar.
    Tras haber trabajado con jóvenes durante tres décadas y haberles querido mucho, sinceramente creo que, en ocasiones, sería mejor que algunos jóvenes abandonaran la asamblea para seguir sus propios deseos, incluso en lo referente a ciertos tipos de música. No me sorprendería si después volvieran habiendo madurado y habiendo descubierto que las cisternas tan deseadas no sacian el espíritu. Dejarles marchar así requiere mucha fe, domino propio, y tiempo intercediendo por ellos en oración. Supone un dolor que no estamos dispuestos a sufrir con frecuencia y que va en contra de la sabiduría humana. El padre no estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para que su hijo se quedara en casa; al contrario, le permitió salir a gran coste, ¡y al final resultó en gran gozo!
    Ahora bien, habiendo hablado con franqueza sobre esto, permíteme también decir que el padre no se alegró de que su hijo se fuera. Tampoco tuvo una mala actitud. Actuó con amor, pero también con firmeza, pensando en el bien de su hijo, y no permitió que se comportara en casa como le diera la gana. Eso no significa que el padre fuera un viejo duro e inflexible que gobernaba con látigo. Está muy claro que deseaba que su hijo volviera, ya que cada día miraba al horizonte y, cuando finalmente lo vio de lejos, salió corriendo para recibirlo con besos y lágrimas (Lc. 15.20).
    No es nada fuera de lo normal que los jóvenes abandonen el hogar o la asamblea en busca de aquello que no encuentran en ellos. Sin embargo, cuando maduren, no ofrecerán a sus hijos lo que ellos buscaban en su juventud. No se trata de dureza ni legalismo, sino de amor en su sentido más verdadero. El Señor no es duro cuando no nos concede lo que queremos, o cuando nos permite tenerlo y sufrir las consecuencias.
    La idea de que una asamblea debe reformarse y cambiar para adaptarse a los deseos de los jóvenes es, sencillamente, el concepto de una generación llena de amor propio y autoestima. Ciertamente, la asamblea debe expresar su amor genuino y su preocupación por los jóvenes, educándolos en el temor y la admonición del Señor, pero no es el patrón bíblico traer el mundo a la asamblea para que los jóvenes no se vayan. Debemos creer con firmeza que “el obedecer es mejor que los sacrificios”. El rey Saúl fracasó al no ver esta verdad, y perdió su reino como resultado (1 S. 15.22-23).
    Que el Señor nos ayude a avanzar siguiéndole ceñidos a Su Palabra, sin estancarnos ni jactarnos de nuestra ortodoxia, sino trabajando juntos para la gloria de nuestro Señor venidero y para el crecimiento de Su pueblo y Su Iglesia.           
          
Steve Hulshizer, de la revista Milk & Honey (“Leche y Miel”) enero, 2008

   - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

 Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior


7. El Amor al Dinero


Es raíz de todos los males (1 Ti. 6.10). No estamos en este mundo para hacer tesoros (Mt. 6.19-21). Dios ahora llama a Su pueblo a peregrinar – somos extranjeros y peregrinos en el mundo (He. 11.13; 1 P. 2.11). William MacDonald bien dijo que acumular riquezas en esta vida es tan contrario a la voluntad de Dios como la fornicación y el adulterio. Del mundo se escucha la crítica: “las iglesias solo quieren tu dinero”, y desafortunadamente respecto a muchas iglesias es verdad. Enfatizan “las bendiciones del dinero”, y dicen que si uno da una ofrenda de fe Dios le devolverá mucho más. Los tele-evangelistas viven en grandes casas con toda comodidad, tienen sus escoltas, viajan de acá para allá en sus aviones particulares y se quedan en hoteles de lujo. No sabemos si algunos de ellos realmente creen en Dios, pero sí, creen en el dinero. Pedro advierte: “Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (2 P. 2.3).
    Pero los siervos del Señor en una asamblea local no deben ser así. El amor al dinero está tajantemente prohibido. El Señor Jesucristo dejó las riquezas del cielo y se encarnó: “se hizo pobre” (2 Co. 8.9). Nació en un establo y tuvo por cama un pesebre. No fue director de ninguna gran empresa. No vivió de las labores de otros, ni siquiera tuvo una cuenta bancaria. Trabajaba humildemente con Sus manos, como carpintero, hasta aproximadamente treinta años de edad. Durante Su breve ministerio público dijo a un discípulo prospectivo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Lc. 9.58). En Hechos 3.6 el apóstol Pedro dijo: “No tengo plata ni oro”. Es una gran incongruencia que Sus siervos vivan como ricos, acomodados en el mundo donde Él fue pobre. Todo creyente debe  considerar y meditar sobre el ejemplo de los apóstoles en 1 Corintios 4.8-16, que termina así: “os ruego que me imitéis”.
    Por eso la Palabra de Dios manda acerca de cualquiera que desea ser anciano: “no codicioso de ganancias deshonestas” y “no avaro” (1 Ti. 3.3; Tit. 1.7). El amor al dinero ciega los ojos del entendimiento, y causa una fuga de poder espiritual. Desvía a los hombres, y les motiva y capacita para hacer lo que Dios no quisiera. La avaricia es motivo de excomunión (1 Co. 5.11), pero excomulgamos más a los fornicarios y los ladrones o borrachos que a los avaros. William MacDonald dijo que en toda su vida no conoció ni un solo caso de excomunión por avaricia, pero no por falta de avaros en las iglesias.
    Hay hombres que usan el ministerio para encubrir avaricia (1 Ts. 2.5), pero Pablo y sus colegas no eran así. A los filipenses dijo: “No es que busque dádivas” (Fil. 4.17). El problema con el amor al dinero en un siervo de Dios es que afectará lo que predica y cómo lo predica. Afectará a quién disciplina y a quién no, porque estará tentado a pensar qué pasará si reprende a un hermano afluente, o si predica ciertas cosas. No quiere ofender a los que ofrendan y ayudan a mantener la obra, porque confía más en ellos que en Dios. Nunca deben dejar que el dinero figure en las decisiones espirituales, ni que afecte la obediencia a la Palabra de Dios.
    El remedio es confiar en el Padre celestial, que sabe de qué cosas tenemos necesidad. Ante las necesidades debe entrar en su aposento, cerrar la puerta, y orar a su Padre que está en los cielos (Mt. 6.6).  La prioridad en la vida personal y en la asamblea es: “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6.33).
continuará, d.v. en el siguiente número

                       del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

Gran Ganancia 

“Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6.6). Por eso el Señor Jesucristo no era posesivo ni controlador en su manejo del dinero. Él jamás codició el dinero; más bien dejó que Judas tuviera “la bolsa del dinero” (Juan 12.6 NBLA). Cuando quería ver la imagen de César, dijo: “Traedme la moneda” (Marcos 12.15); obviamente no tenía ninguna. Jamás pidió ni tomó prestado dinero. Él les enseñó a sus discípulos a orar: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Lucas 11.3) y vivió hablando solo con Dios de sus necesidades. Cuando había que pagar los impuestos, le dijo a Pedro que tomara el dinero y se lo diera “por mí y por ti” (Mateo 17.27). Cumplió con sus responsabilidades financieras y, además, ayudó a otros. Dios lo vio y lo amó, porque “Dios ama al dador alegre” (2  Corintios 9.7). ¿Sigues tú su magnífico ejemplo de administración del dinero?

Juan Dennison, Devoción a Diario, lectura del 17 de junio, 
Libros Berea y Publicaciones Pescadores

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -  

 Matrimonio, Divorcio, Adulterio

Curtis Thigpen

La Palabra de Dios expresa claramente el origen divino y la santidad del matrimonio:
· Dios lo diseñó y originó (Gn. 2.21-24).
· Dios prohíbe su disolución por el ser humano (Mr. 10.9).
· Dios declara que aborrece el repudio (Mal. 2.15-16).
· El matrimonio ilustra la relación entre Cristo y Su Iglesia  (Ef. 5.22-33; Ap. 19.7-8), que es permanente.

    Según Marcos 10.6-9 es bastante obvio que desde el principio la intención divina es que la unión matrimonial sea permanente, y que solo pueda terminarse legítimamente por la muerte.

“pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”.

    Además, uno de los propósitos principales del matrimonio es la institución y el establecimiento del hogar, que es la base de una sociedad ordenada. Cuando se mina la dignidad y santidad de esa unión y del hogar, las consecuencias son trágicas y tristes. Esto no solo ocurre en las familias afectadas, sino que también afecta al bienestar de la sociedad en general y contribuye a la desintegración y el colapso de naciones fuertes.  
    En el Antiguo Testamento, Dios estableció unas normas sobre el divorcio y otros asuntos relacionados en el libro del Deuteronomio (capítulos 22 y 24). Se permitía el divorcio en caso de decepción respecto a la pureza moral, pero solo si la contaminación había ocurrido antes de la consumación del matrimonio (Dt. 24.1). Por otra parte, si había pruebas de inmoralidad después del matrimonio, se apedreaba a ambos culpables (Dt. 22.22). La excepción mencionada por nuestro Señor en Mateo 5.32 y 19.9 evidentemente se basa en estos principios.
    Sin embargo, algunos estimados maestros de la Biblia han deducido de las palabras del Señor que, cuando el matrimonio se ha visto contaminado por el adulterio, el divorcio está permitido por la Biblia y la parte supuestamente “inocente” puede volver a casarse. Sin embargo, un examen honesto de los términos empleados por el Señor revela que el adulterio no es la excepción. Observa que en los siguientes pasajes no se admiten excepciones.

“y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio
(Mr. 10.11-12).

Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera(Lc. 16.18).

    En general, el Nuevo Testamento no hace concesiones al concepto común del divorcio y el nuevo matrimonio de personas divorciadas. El precepto del Nuevo Testamento está claramente expresado en pasajes como Romanos 7.2-3 y 1 Corintios 7.39, y lógicamente plantea la siguiente pregunta: “¿Respira aún el esposo?” Porque mientras viva, ante Dios sigue en vigor el matrimonio. La violación de este precepto es el pecado  llamado “adulterio”. Según 1 Corintios 6.9-10 los adúlteros “no heredarán el reino de Dios”, pues los juzgará Dios (He. 13.4).      

  - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -  

Algunas Excusas que Suelen Utilizarse 
para Romper el Matrimonio

“Realmente no existe diálogo” (falta de comunicación entre nosotros).
“Somos tan diferentes”.
“Me decepcionó. Soy víctima".
“Somos incompatibles”.
“No estamos felices, sino siempre estamos peleando”.
“No nos entendemos”.
“Ya no nos amamos como antes”.
“No nos soportamos”.
“No pensamos ni actuamos igual”.
“Me siento atrapado/a en un matrimonio sin amor”. 

Pero las Escrituras no aceptan estas cosas como razones para el divorcio.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -  

  El Séptimo Mandamiento

 “No adulterarás”


 El mundo habla de la revolución sexual, pero ante Dios es la rebeldía sexual. ¿Cree usted que la moralidad es una cuestión de gustos, algo relativo? Se llevará una gran sorpresa y amarga el día que descubra que Dios afirma que es algo absoluto. No importa lo que piensa la sociedad, ni los psicólogos, ni los profes de ética, porque ninguno de ellos le acompañará en el juicio ante el trono de Dios.
    El séptimo mandamiento menciona específicamente el adulterio, que se refiere a actos sexuales entre una persona casada y alguien que no sea su cónyuge. Sin embargo, el adulterio es solo un tipo de práctica inmoral, y la ley de Dios prohíbe toda clase de fornicación.
1 La palabra “fornicación” se traduce de la palabra griega “porneo”, (de donde viene nuestra palabra “pornografía”). Significa toda y cualquier actividad sexual ilícita, es decir, fuera del matrimonio. Incluye cualquier tipo de inmoralidad sexual. El paso del tiempo y la evolución de la sociedad no pueden cambiar la ley divina. El Nuevo Testamento también anuncia que “a los fornicarios y los adúlteros los juzgará Dios” (Epístola a los Hebreos, 13.4).
    Hay quienes afirman que no son adúlteros ni inmorales, pero si se dijera toda la verdad, tienen pensamientos y deseos inmorales, e incluso de cometer actos inmorales. Se recrean leyendo novelas, viendo películas o fotos en Internet y a través de su teléfono, e imaginan estar en esas situaciones, soñando en privado sin que nadie vea la pantalla de su mente. Pero Dios lo ve y sabe que eso es fornicación y adulterio en el corazón. Jesucristo dijo: “Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” (S. Mateo 5.27-28, Nácar-Colunga). 
    El precepto incluye las  mujeres que miran con deseo a los hombres. La sociedad no lo considera malo, pero la sociedad no es Dios, y Dios lo condena.
¿Ha sido infiel a su cónyuge, aunque haya sido una sola vez y nadie lo sepa? Dios lo sabe. Aunque solo haya sido en pensamientos y deseos, esto demuestra que su corazón es pecaminoso y quebranta la Ley de Dios.
    ¿Se ha casado con una persona divorciada? Esto es adulterio según la enseñanza de Cristo.
“Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio (Evangelio según S. Marcos, 10.11-12).
    La Iglesia Católica inventó “la anulación”, que es un truco filosófico. Alega que, aunque la Iglesia los casó en el sacramento del santo matrimonio, el matrimonio nunca llegó a existir en el corazón de los dos cónyuges, por lo que la Iglesia “anula” el matrimonio. De este modo, pueden decir que no se trata de un divorcio y que, por tanto, no están cometiendo adulterio, ya que, según razonan, ¡nunca estuvieron casados! Sin embargo, en ese caso serían fornicarios. Píntanlo como quieran, pero la ley de Dios queda rota. Las Sagradas Escrituras no cambian. En lugar de excusarnos por las modas de una sociedad permisiva, debemos obedecer a Dios. Cristo declaró: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Evangelio según S. Mateo, 24.35).
    Hoy en día están de moda las parejas de hecho, y se dice que hay que aceptarlo y no juzgar. Sin embargo, Dios considera fornicación toda actividad sexual fuera del matrimonio. La Biblia dice: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Epístola a los Hebreos 13.4). Ante Dios sigue siendo pecado. Los santos apóstoles mandan que los fornicarios y adúlteros no deben ser admitidos en ninguna iglesia (Primera Epístola a los Corintios, 5.11). Incluso la ley humana distingue entre matrimonios y parejas de hecho. Dios aún distingue más, y condena a las parejas que conviven sin casarse, pues cometen fornicación y serán juzgadas. Juntarse en pareja es fornicación, y según la Biblia, los hijos nacidos de la fornicación son bastardos (Deuteronomio 23.2; Epístola a los Hebreos 12.8).
    Ha contemplado actos inmorales en la tele, el teléfono o el cine, para divertirse? Eso es la inmoralidad mental, son pensamientos impuros. Recuerde el texto de Romanos 1:32 sobre el pecado vicario, es decir, el pecado que se disfruta a través de otras personas.
  
 Francamente, vivimos en una sociedad inmoral y perversa que va de mal en peor. Pero recuerda que no será la sociedad, sino el individuo, quien rendirá cuentas ante Dios. Sea quien sea, cualquier persona que haya deseado, pensado o cometido alguna de estas cosas es culpable de adulterio y de romper el séptimo mandamiento de la Ley de Dios.                                                           - - -                                                                                 ¡Culpable!

1  Lea los capítulos 18 y 20 de Levítico.

2 En el Evangelio según San Juan, 4.18, Cristo le dijo a una mujer que convivía con un hombre: “el que ahora tienes no es tu marido”. Quienes se juntan y luego se casan dicen que así se arregla todo. Pero la ceremonia no borra la fornicación de su relación anterior. 

 

martes, 31 de marzo de 2026

EN ESTO PENSAD - abril 2026

 Jesucristo: Varón de Dolores

Nuestro Señor ciertamente experimentó alegría mientras estuvo en la tierra (Jn. 15.11; 17.13). Sabía lo que era regocijarse en espíritu (Lc. 10.21). Sin embargo, Él era verdaderamente el “Varón de dolores”. Hoy contemplamos al Monarca del dolor y el sufrimiento, cuyos dolores solo se intensificaron a medida que Su vida en la tierra llegaba a su fin. Estos dolores provenían de muchos frentes:

1) El mundo. Porque, aunque estaba en el mundo, no fue reconocido por él (Jn. 1.10). Él no era del mundo (Jn. 17.14, 16). Hoy quizás dirían, “No eres de aquí, ¿verdad?” Siempre fue un “forastero” en el mundo (Lc. 24.18). El Santo tuvo que respirar el aire contaminado de un mundo en guerra contra Dios.

2) Su nación. Porque fue rechazado, no solo por los samaritanos (Lc. 9.53), sino también por Su propio pueblo (Jn. 1.11). Y cuánto lo sintió. Lamentó y lloró por Jerusalén (Lc. 13.34; 19.41).

3) Sus hermanos. “Porque ni aun sus hermanos creían en él” (Jn. 7.5). En una ocasión, mientras enseñaba a una multitud, “los suyos vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí” (Mr. 3.21).

4) El sufrimiento de las personas que le rodeaban. Porque siempre fue sensible y comprensivo con el sufrimiento que le rodeaba, ya fuera en forma de enfermedad, angustia, dolor, pobreza o duelo. Las muchas penas de los demás pesaban mucho en Su espíritu. Por ejemplo, cuando habló con María después de la muerte de Lázaro, “al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió... Jesús lloró” (Jn 11.33, 35). Hizo Suyas las penas de los demás.

5) La condición espiritual de Sus enemigos también le dolía. Porque se entristecía por la dureza de sus corazones y suspiraba profundamente en su espíritu por su decidida incredulidad (Mr. 3.5; 8.12).

6) Aun Sus discípulos le causaron dolores, porque a menudo no le entendían a Él ni a Sus enseñanzas; por ejemplo, Mateo 15.6; 16.9; Juan 14.9. Una vez más, no solo muchos de los discípulos del círculo exterior se retiraron y dejaron de seguirle (Jn 6.66), y al final incluso los apóstoles le abandonaron y huyeron (Mr. 14.50). Y a nivel individual, Judas Iscariote le traicionó y entregó a Sus enemigos, y Simón Pedro le negó con juramentos.

7) Por encima de todo, la obra de la cruz fue dolorosa. En Getsemaní, la tormenta de la anticipación se desató con furia sobre Su cabeza. “Comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera...”, y les dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mt. 26.37-38).

El dolor de Sus discípulos (Lc. 22.45) no era nada en comparación con el Suyo. Durante las tres horas de oscuridad en la cruz, Él sondeó el abismo más profundo del dolor y la angustia. Verdaderamente Él es el Varón de dolores y experimentado en quebrantos. Con razón detectamos Su voz en el texto de Lamentaciones 1.12, “Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido”. Nos asombra ver que fue a favor nuestro que Él experimentó todos estos dolores. Debemos manifestarle nuestra gratitud, adoración y amor.

Malcom Horlock, Cardiff, Gales, Reino Unido, traducido y adaptado del libro Day By Day Christ Foreshadowed (Día A Día, Cristo Presagiado) lectura del 11 de octubre, 
Precious Seed Publications

"Tú sabes mi afrenta, mi confusión y mi oprobio; 
Delante de ti están todos mis adversarios.
El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado.       Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; 
Y consoladores, y ninguno hallé". 


Salmo 69.19-20 

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 
 

 Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior


6. La Popularidad

A nadie le gusta ser impopular o tenido en poco. El deseo de la amistad, aceptación y aprobación puede movernos a hacer cosas simplemente para agradar a otras personas. En las Escrituras hallamos a personas que fueron impulsadas por “el pueblo”. En 1 Samuel 15 Saúl intentó justificar su desobediencia y varias veces dijo “el pueblo”. 

“Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor” (v. 9). “De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas” (v. 15). “...He destruido a los amalecitas. Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal” (vv. 20-21). “...Temí al pueblo y consentí a la voz de ellos” (v. 24). 

Es el peligro del temor que Proverbios 29.25 menciona.
    Hallamos algo similar con Aarón. Moisés había subido el monte de Sinaí, y cuando tardó en volver, Aarón hizo el becerro de oro. Cuando Moisés descendió del monte y vio el ídolo y el desenfreno, rompió las tablas de la ley, destruyó el becerro de oro, y preguntó a Aarón:

 “¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?” Y respondió Aarón: “No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal. Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros...” (Éx. 32.21-23). 

    Otra vez vemos que un guía espiritual se dejó persuadir por el deseo del pueblo.
    En Apocalipsis 3.14-22 leemos la carta del Señor a la iglesia en Laodicea, que estaba en tan mala condición que la amenazó con vomitarla de Su boca. “Laodicea” significa “el pueblo gobierna” – la vox populi, la voluntad de la mayoría, la democracia. Pero los siervos de Dios, aunque han de ser amables y serviciales, no deben ceder a los deseos del pueblo, sino servir y agradar a Dios. La iglesia en Laodicea se había arruinado, en parte por los deseos del pueblo, y en parte por la falta de liderazgo espiritual. En contraste leemos las palabras del apóstol Pablo: 

“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gá. 1.10). 

A los tesalonicenses escribe así: “...según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones” (1 Ts. 2.4). Pablo no se dejaba guiar por deseos de ser aceptado por el pueblo, sino por el deseo de obedecer y agradar al Señor. En todas las cosas su prioridad era agradar a Dios y serle fiel (1 Ts. 4.1).
    El Señor Jesucristo no se dejó guiar por las opiniones y los deseos de los hombres, ni siquiera los de Su familia en la carne. Su prioridad era: “en los negocios de mi Padre me es necesario estar” (Lc. 2.49). Su familia le tenía por loco y quiso intervenir. “...los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí” (Mr. 3.21). Su madre estaba con ellos. “Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle” (Mr. 3.31). Pero el Señor rechazó su intervención: “Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre” (Mr. 3.35). En otra ocasión declaró: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Jn. 4.34). Que así sea con todos los que desean apacentar a Sus ovejas. Que obren siempre y solo para agradar al gran Pastor de las ovejas. Que el Señor les dé la gracia necesaria para obedecer a Su Palabra aun cuando sufran los reproches y las críticas de otros que resisten la voluntad de Dios.
continuará, d.v. en el siguiente número

                       del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea

"Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos" .
2 Corintios 12.15

 "¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?" 
Gálatas 4.16
 

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

  El Creciente Énfasis en la Música

Parte 3

Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior

Ningún coro hay en el Nuevo Testamento

Actualmente en gran parte de la cristiandad la música ha reducido el énfasis en la predicación de la Palabra (2 Ti. 4.3). Como hemos señalado anteriormente, la gente elige “su iglesia en función de la música, no de lo que se enseña y se cree. También está muy extendida la creencia de que toda la música es más o menos igual, y no se ve con buenos ojos a quienes emplean el discernimiento a la hora de seleccionarla.
    Sin embargo, la Palabra nos enseña que nuestro amor debe abundar en ciencia y en todo conocimiento (discernimiento), “para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo” (Fil. 1.9-10). Existen grandes diferencias entre los distintos tipos de música, en cuanto al contenido bíblico de sus letras, el ritmo, el volumen y la forma de interpretarla. Cuanto más la música reemplace, reduzca o quite el énfasis en la predicación de la Palabra, menos discernimiento habrá para distinguir estas diferencias.  Esto es especialmente cierto si la música tiene poca profundidad respecto a las Escrituras o si simplemente entretiene a la carne religiosa del hombre natural.
    Como se ha dicho muchas veces: “Lo que empleamos para ganar las personas, a eso serán leales”.Y en un sentido similar, otro ha comentado: “Lo que empleamos para ganar a la gente, tendremos que seguir empleándolo para que no se vaya, y la “dosis” tendría que ser mayor y mejor con el paso del tiempo”. Por el contrario, parece que la forma bíblica de ganar almas para Cristo es emplear la Palabra de Cristo. Si hacemos esto, no hace falta nada más.
    Ahora bien, no podemos justificarlo cuando cantamos mal o sin expresar gozo espiritual (He. 13.15). Cuando la Palabra de Dios se arraiga en nuestro corazón, surge un canto de gracia al Señor (Col. 3.16). Las cuerdas fabricadas pueden producir sonidos hermosos y otros no tanto, pero la música espiritual que no proviene de una interpretación profesional, sino de la verdad que mora en abundancia en el corazón de los santos, suena más dulce y llega al corazón de Dios (Hch. 16.25).
Ahora imitan a las discotecas y los bares
      Cantar sin entusiasmo es una muestra evidente de falta de gozo en el Señor y en su Palabra. A diferencia de lo que ocurre hoy en día, el Señor no se preocupa por la pericia de los que cantan, sino por la condición de sus corazones (Mt. 15.8). Del mismo modo, el verdadero gozo espiritual y la verdadera adoración no son fruto de la música externa, alta y con un ritmo rápido que literalmente golpea el cuerpo y al que responde el hombre sensual. Tampoco es la música suave de arpa que hace que se te salten las lágrimas, sino la respuesta interior y espiritual a la obra del Espíritu Santo en el corazón mediante la Palabra de Dios (Ef. 5.18-19; Col. 3.16).
    El tiempo ha demostrado ampliamente que las modas vienen y se van. Las modas en el vestir cambian con frecuencia y, a veces, cumplen un ciclo completo en la vida de una persona. También cambian las razones por las que la gente elige iglesias. No hace mucho tiempo, los “grupos celulares”, pequeños grupos que se reunen entresemana en casas para estudiar la Biblia, estaban de moda en el mundo evangélico. ¡Pero ahora está de moda pertenecer a una megaiglesia! Sin duda, una cosa es cierta: cuanto más cerca estemos del fin de esta dispensación, mayor será la atracción hacia aquellas cosas que reemplacen la Palabra viva de Dios, ya sea el drama, el humor, el talento o el calendario social (2 Ti. 4.3). Y, sin duda, cuando el tamaño de la iglesia se convierte en la medida de su éxito, lo que reemplaza a la Palabra de Dios resultará aún más atractivo para el hombre natural. 
    Hace varias décadas, el papel de la mujer en la Iglesia era el gran punto de discordia en el cristianismo. Muchas iglesias y denominaciones ya han rechazado la enseñanza de las Sagradas Escrituras en este ámbito, y ahora la música se está convirtiendo en una de las principales causas de división, si bien no la causa principal. Tristemente, esto no se limita a las denominaciones liberales, sino que sus tentáculos han alcanzado al mundo evangélico e incluso a muchas asambleas.
continuará, d.v. en el siguiente número

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -  

¿Choque Cultural En El Rapto?

R.E. Harlow (1908-2003)


El término “choque cultural” describe la sorpresa y la dificultad que suele sentir un misionero cuando entra en contacto con personas de un país distinto al suyo. Se recomienda a los futuros misioneros que aprendan algo sobre la cultura del país de destino con antelación.
    Todos los creyentes irán al cielo cuando el Señor vuelva. La resurrección de Cristo garantiza Su venida para llevarse a los suyos. Por tanto, nos conviene informarnos sobre cómo será la vida allí y considerar en qué se diferenciará de nuestro estilo de vida actual.

1. El nuevo cuerpo no causará dolor, fatiga ni debilidad. Este cambio supondrá una gran alegría para muchos.
2. No habrá lazos familiares. Tampoco habrá matrimonios ni bodas.
3. No habrá las distinciones sociales, económicas ni étnicas, ni lujo ni pobreza. Tampoco habrá deporte.
4. Sin embargo, habrá otras distinciones muy grandes en el cielo. Algunos recibirán coronas, y no todas las coronas son iguales. La Biblia no enseña que todos los creyentes recibirán todas las coronas. Si los galardones vienen en base a servicio en sacrificio, quizá algunos misioneros destacarán más por su arduo trabajo.
5. En el cielo no existirá el dinero, lo que supone un contraste fundamental con nuestra cultura actual. El cambio repentino de rango social podría ser una causa de sorpresa y choque en el rapto: muchos que se pensaban pobres descubrirán que son ricos porque hicieron tesoros en el cielo. Por el contrario, otros que estaban acostumbrados a la opulencia podrán encontrarse allí sin nada.
6. Lo más importante es que, en el cielo, el Señor Jesucristo ocupará un lugar central y supremo. Esto supondrá un choque para los creyentes egoístas. La alabanza y la adoración llenarán nuestras vidas. Debemos prepararnos para ello viviendo para Él y cediéndole el lugar supremo en nuestros corazones y vidas.
    Por un lado, por la sangre de Cristo nos prepara para el cielo, gracias a Dios, pero por el otro lado, debemos prepararnos meditando en la Palabra de Dios y viviendo según los valores  celestiales que ella enseña.  Amigo, ¿estás realmente preparado para el arrebatamiento?

traducido de un viejo número la revista "Missions" (“Misiones”) 

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -  

 El Gobierno de Dios 
y los Gobiernos Humanos


Lucas Batalla



Texto: Deuteronomio 17:14-20 

Dios al dar estas instrucciones indicaba que sabía que Israel le rechazaría y demandaría un rey como las naciones. En 1 Samuel 8.5 vemos que es lo que pasó en tiempos de Samuel. Es un error desear un gobierno como las naciones porque ninguno hay bueno – solo el de Dios.
    La democracia aunque muy popular hoy en día, no es cristiana. Es otro invento de los hombres. La soberanía no la tiene el pueblo, sino Dios. La democracia se ha metido en todo, la familia, la iglesia, las empresas, todo. Muchos dicen que el gobierno de monarcas es tiranía, y hay muchos casos que sí, pero el plan de Dios es una monarquía benigna y divina, una teocracia. Dios gobernará perfectamente. En el Antiguo Testamento el monarca piadoso y benigno era permitido por Dios como este texto en Deuteronomio bien enseña. Pero como Daniel 2.44 promete, un día Dios pondrá fin a los gobiernos humanos y establecerá un reino que jamás terminará.    

      
Las primeras generaciones después del diluvio se gobernaban por una especie de democracia, es decir, la voluntad del pueblo. Surgió Nimrod para liderar y decir democráticamente: “hagamos”, etc., y se edificó la ciudad y torre de Babel. Pero Dios los juzgó con confusión de lenguas, parando las pretensiones de Nimrod de unir a todo el mundo bajo su gobierno. Luego, en Daniel 7.1-14, vemos los gobiernos del mundo representados por cuatro bestias.
    La voluntad del pueblo es mala, porque como la Biblia describe la humanidad en Génesis 6, todavía el hombre es así: “la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”.  Cuando Dios mandó el diluvio para juzgar a la mayoría perversa, solo una menoría se salvó: Noé y siete más. Ocho personas estuvieron en la razón y todo el resto de mundo estaba equivocado. Y desde entonces no ha mejorado. Hoy, gracias a la democracia, mirad en qué mundo malo vivimos, que anda de mal en peor. Tenemos el aborto, la sodomía, la prostitución, las drogas, el asesinato, y a los que están en las cárceles se les da un sueldo, y los tratan como si tuviesen más derechos que otros. Así es “la voluntad del pueblo”.
    En Números 13 vemos la mayoría de los espías, diez hombres contra dos, y prevalecieron con el pueblo, y el resultado fue que Dios juzgó al pueblo (13.33; 14.1-4). La mayoría, el pueblo soberano, se rebeló contra la voluntad de Dios y pereció. Dios no respeta la mayoría. Fueron advertidos en el 14. 9, “no seáis rebeldes contra Jehová” – es terreno peligroso como pronto aprendieron.
    Otro caso está en Números 16, la rebelión de Coré, que es otro ejemplo de la mayoría. En el verso 3 hablaron democráticamente: “toda la congregación, todos ellos son santos y en medio de ellos está Jehová”. Pues no. Dios no estaba en medio de ellos, la mayoría. Dios no aprueba ni apoya esto. Dios no está con los más. No es así mis hermanos, ni ahora ni nunca en la historia ha sido así. No digamos esto. Dios está con los que le temen, confían en Él y le obedecen, y son pocos. Aun entre las iglesias hoy en día son pocos, porque hay muchas iglesias con mucha gente, y con clase alta y pudiente, sus médicos, abogados, políticos, etc., y mucha gente alegre, pero alegre porque se sale con la suya. Como se imponga la Palabra de Dios en estos lugares, todos estos se van. El Señor no está con ellos, y Dios tuvo que juzgar duramente a Coré y su séquito para parar esta idea de la voluntad del pueblo.
    En el Nuevo Testamento, Poncio Pilato escuchó la voz de la mayoría porque eran muchos, gritaban e imponían su voluntad. Querían la muerte del Señor Jesús –quitarle de en medio– como el Salmo 2 dice que su juntan y toman consejo contra el Señor. La historia de esta ignominia es triste, la voluntad del pueblo, la soberanía del pueblo.
    Recordemos que con Gedeón el Señor le redujo el gran ejército a una menoría pequeñísima, a trescientos hombres, y estos poquitos ganaron, vencieron a una gran muchedumbre.
    Al rey Amasías el Señor dijo que despidiera aquella gran multitud de impíos (2 Cr. 25.5-12), y así le condujo a la batalla y a la victoria.
    Entonces, ante estos ejemplos, ¿qué hacemos frente al gobierno? Nos sometemos y obedecemos. Pagamos el tributo y oramos. Allí termina nuestra responsabilidad. Los gobiernos son puestos y permitidos por Dios (Ro. 13:1-5), pero no para que participemos en ellos. Dios tiene otro plan para los Suyos. Lo nuestro es predicar el evangelio y seguir al Señor Jesucristo.
    La iglesia no puede crecer mucho en nuestro tiempo, porque crece la democracia y todos creen que tienen voz y voto y pueden hacer lo que quiere la mayoría. No se quieren someter al gobierno de Dios ni a los hombres que Él ha puesto para pastorear y guiar a los santos. Estamos viviendo tiempos como los de los jueces en Israel cuando cada uno hacía lo que le parecía. Eran tiempos malos entonces, y también son malos ahora.
    En las cosas de Dios tiene que haber un mismo sentir, pero guiado por la Palabra de Dios y el Espíritu Santo, no el espíritu del hombre y la lógica humana. Algunos citan Hechos 6 como ejemplo de democracia en la iglesia, pero aquello no era gobierno, sino distribución de comida y por eso la confianza de todos era necesaria porque por eso surgió el conflicto. No hay voz de mayoría en la iglesia, sino unanimidad guiado por el Espíritu Santo y la Palabra de Dios, siguiendo la doctrina apostólica (Hch. 15.22-23; Fil. 2.2; 1 Co. 1.10; Ef. 1.21-22; 5.21). 
    En la iglesia Jesucristo es el Señor; es la cabeza, es el Príncipe de los pastores, y Él gobierna. En 1 Corintios 12.12 vemos la unidad: el cuerpo es uno, no una mayoría. El Señor Jesucristo gobierna Su cuerpo. Así que, dejemos a un lado estas ideas de hacer sondeo de opinión de todos para ver cuál es la voluntad prevaleciente. No se va a decidir nada así. En la iglesia se debe hacer la voluntad de Dios, como en el cielo, así también en la tierra. Y un día será así en todo el mundo, porque toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre. Amén.

de un estudio dado por Lucas Batalla en 2011

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -  

  EL SEXTO MANDAMIENTO

  “No matarás”

Muchos afirmarían que no han matado a nadie, ¿verdad? Veamos a ver si realmente es así, porque existen más de una forma de matar. Sobre este tema Jesucristo dijo lo siguiente:

“Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el que matare será reo de juicio. Pero yo os digo que todo el que se irrita contra su hermano será reo de juicio; el que le dijera “raca”  será reo ante el sanedrín y el que le dijere “loco” [fatuo] será reo de la gehenna del fuego”. (El Evangelio según S. Mateo 5.21-22, Nácar-Colunga)
   


     Por lo tanto, este mandamiento incluye el enojo, las amenazas y los insultos, sin necesidad de llegar a cometer un asesinato físico. 
    Como bien se ha dicho, el odio y la ira del hombre son las semillas del homicidio. ¿Se ha enojado usted con alguien y le ha dicho que se vaya perdido, o sin llegar a decirlo, ha deseado que desapareciera? ¿Ha dicho acerca de alguien: “¡Si le veo, le mataré!” o “¡Que le parta un rayo!”? Esta ira y este desprecio violan el sexto mandamiento. ¿Se disculpa diciendo que “¡Todos lo hacen!”? La respuesta es sencillamente que, si todos lo hacen, todos pecan y rompen la Ley de Dios.
    Pero hay quienes van más allá, porque han matado, han quitado la vida a otra persona. Quien mata a un hermano es fratricida. Quien mata a uno de sus padres es parricida o matricida. Amenazar con violencia o con la muerte también viola este mandamiento: “No matarás”. La Ley de Dios declara: 
· “El que hiriere a su padre o a su madre, morirá”. (Éxodo 21.15). 
· “Igualmente, el que maldijere a su padre o a su madre, morirá” (Éxodo 21.17). 
· “Al que maldice a su padre o a su madre, Se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa” (Proverbios 20.20).
    Caín el primer hijo de Adán y Eva (Génesis 4.1), también fue el primer homicida, pues mató a su hermano (Génesis 4.8). Desde entonces, se han cometido innumerables homicidios. La historia de la humanidad está llena de amenazas, violencia y manchas de sangre. Una discusión, un arrebato de ira, un intercambio de insultos y amenazas, y la situación llega a un punto crítico en el que la ira se desborda y, en un instante, se comete el crimen. Con la rapidez del rayo y causando una destrucción repentina, se asesta el golpe, se aprieta el gatillo o se clava el cuchillo, y ya no hay vuelta atrás. Dios habló así acerca de Caín, el primer homicida:  “Caín, que era del maligno y mató a su hermano” (Primera Epístola de S. Juan, 3.12). A Caín le dijo: “la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4.10). 
    Pero hay más, el Nuevo Testamento añade: “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (Primera Epístola de S. Juan, 3.15). El odio es la semilla del homicidio. ¿Ha deseado alguna vez la muerte de alguien, quizás en secreto, en privado,  en su corazón, sin decírselo a nadie? 
    Otros han sido homicidas pasivos. Es decir, han causado la muerte de alguien sin mancharse las manos. Quienes trafican en la droga han provocado la muerte de muchas personas.
 
   Hoy en día, más que nunca, somos testigos de otro tipo de homicidio: el holocausto silencioso del aborto provocado, perpetrado por madres privadas de afecto natural que insisten en que tienen derecho a matar. Si lo que sufrieron los judíos en el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial fue terrible (más de seis millones de muertos), ¡cuánto más es el asesinato de millones de niños matados cruel y egoístamente en el vientre de sus madres, arrancados vivos, ahogados y tirados a la basura! Terminar así una vida también es matar.
    A veces, las personas religiosas matan, o bien en las llamadas: “guerras santas”, y en la “yihad” que promueve el islam. Durante siglos la Iglesia Católica Romana mataba a personas en la llamada “Santa Inquisición”. Habría que plantearse muy seriamente cómo pueden pertenecer a una religión que mata a los que no están de acuerdo con ella.
    Otro tipo de homicidio, el más egoísta, es el suicidio. Es Dios, no el ser humano, quien fija los límites de la vida. “No matarás” incluye “no te matarás”.
    El que disfruta de homicidios y matanzas en películas es culpable del pecado vicario. ¿Qué es esto? Es el pecado que se disfruta a través de un sustituto. Otro peca y usted lo observa para complacerse o distraerse. 
    Estimado lector, recuerde, los que han hecho cualquiera de estas cosas, u otras parecidas, han violado el sexto mandamiento. Solo hay perdón y salvación en el Señor Jesucristo, pues Él llevo sus pecados y murió por usted.                                                                                              ¡CULPABLE!