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martes, 30 de junio de 2026

EN ESTO PENSAD -- julio 2026

 Jesucristo: 
El Deseado de todas las naciones

Texto: Hageo 2.7

En la actualidad, las naciones, en mayor o menor medida, desprecian al Señor Jesucristo. Pero llegará el día en que Él será “el Deseado de todas las naciones”. Los hombres rechazan al gran emancipador y se encuentran atrapados en un mundo académico, político y económico sin Dios. Hoy en día, los seres humanos se agotan haciendo el mal, y buscan a un hombre o al diablo que los guíe hacia la paz. Todavía se aliarán con el hombre de Satanás.
    Cuando eso haya seguido su curso, el Señor Jesucristo vendrá a esta tierra para establecer su reino. Juan nos dice: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén” (Ap. 1.7). El derrocamiento del gobierno del maligno y el establecimiento de un reino justo son descritos por Hageo: 

“Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Hag. 2.6-7).

    Aunque a lo largo de la historia algunos creyentes parecen haber sido utilizados por Dios en asuntos gubernamentales y políticos, es difícil concebir cómo un verdadero cristiano puede participar eficazmente en política. Nos enfrentamos a un sistema corrupto que acaba corrompiendo al creyente con el tiempo.
    Sin embargo, según Mateo 13, el reino de los cielos está funcionando ahora en ausencia del Rey. No es visible en los asuntos de los hombres, pero existe y la Iglesia opera bajo su gobierno. En un mundo que odia a Dios, vivimos bajo los principios de justicia que rigen su reino, lo que a menudo va en contra de la forma de pensar del mundo. Los creyentes son considerados necios por abrazar estos valores. Pero lo hacemos porque sabemos que el Rey vendrá finalmente. Pablo dice: “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio” (2 Ti. 2.8). Es el “linaje de David... resucitado de los muertos” quien reinará visiblemente en los asuntos de este mundo, y lo afirmamos ahora viviendo según Su gobierno.
    En última instancia, el Señor Jesucristo, el Salvador del mundo que ahora predicamos será “el Deseado de todas las naciones”.

Brian Gunning, del libro Day By Day Christ Foreshadowed, 
(“De Día en Día, Cristo Presagiado”) p. 368

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Más Bienaventurado Es Dar Que Recibir

Donald Norbie   parte 3

viene del número anterior
Los Obreros del Señor

   Hoy en día, a menudo decimos “vive por fe” cuando alguien deja un empleo estable para dedicarse a servir al Señor de una manera más amplia.  Reconocemos que todos los creyentes deben vivir por fe en su trabajo, en su vida familiar y en su relación cotidiana con Dios. Sin fe, nadie puede agradar a Dios (He. 11.6). No obstante, es cierto que supone una prueba adicional de nuestra fe cuando alguien deja la seguridad de un sueldo fijo. Quienes menosprecian esto deberían probarlo primero.
    Quien sale así para servir al Señor debe tener claro que Dios lo ha llamado. Pablo reconoció que había sido apartado desde el vientre de su madre (Gá. 1.15). Compartía la convicción ardiente de los profetas del Antiguo Testamento (Jer. 1.5). No fue él quien escogió su ministerio, sino que fue ordenado por Dios. Se deleitaba en llamarse siervo y esclavo de Dios. Ahora bien, debemos reconocer que el dinero otorga la posibilidad del control. Por eso, no se podía alquilar ni contratar a ningún profeta de Dios; ya que era Su portavoz. Por tanto, tanto los profetas del Antiguo como los del Nuevo Testamento se mostraron desinteresados por el dinero. Que les apoyaran quienes confiaban en ellos. No eran hombres que solicitaran un trabajo o apoyo económico. Para estar libres del control de los hombres, deben estar libres de salarios y otros compromisos para recibir el apoyo de ellos. Pablo dijo: “Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado” (Hch. 20.33).
    Su apoyo era variado, y no dependía de ningún hombre. Ayudaban en varias asambleas y a veces viajaban (2 Co. 11.26). Como dependía del Señor, y no de una sola fuente humana, podían viajar cuando era necesario, ayudar a las asambleas débiles, y establecer iglesias nuevas. Pablo habló de cómo las ofrendas de otras iglesias hicieron posible que él ayudara en Corinto cuando los propios corintios no eran dadivosos (2 Co. 11.8).
     Pero eso no quiere decir que sea un camino fácil. A veces, en la vida de fe, uno puede sentirse como alguien que está en una pequeña barca al pie en medio de un mar embravecido. Eso le obligará a orar, a examinar sus motivos, y a clamar a Dios y esperar en Él. No enviará cartas de oración que expongan sus necesidades, ni de pedir descaradamente como hacen algunos hoy en día. Está en juego el honor de Dios, y él llamará humildemente a Dios para que honre la fe de Su siervo (un amo está obligado a cuidar de sus siervos). A Dios le gusta que le recordemos Su honor. Moisés hizo esto repetidas veces (Éx. 32.11-13).
     Si por las circunstancias un siervo de Dios tiene que trabajar con sus manos, no es nada vergonzoso (Hch. 20.34-35). De hecho, puede demostrar su sinceridad, humildad y devoción a Dios y a Su obra. Pablo se negó a abandonar Éfeso en busca de pastos más verdes cuando no había fondos. No formaba parte de un clero profesional, ni buscaba una iglesia más grande que pagara un salario más alto. Su corazón era el de un verdadero pastor, que trabajaba desinteresadamente para el bien de las ovejas.
    En un mundo con una tecnología tan avanzada, es fácil desviarse del camino de la fe. Algunos buscan subvenciones del gobierno para sus proyectos. Los hombres pueden construir vastos imperios religiosos con listas de correo informatizadas y anuncios en los medios de comunicación. Suelen incluir sus datos bancarios al pie de las cartas para facilitar los ingresos. En realidad, estas personas no necesitan a Dios para obtener financiación, y Dios no controla sus operaciones. Su maquinaria masiva y bien engrasada sigue adelante, produciendo sus propias finanzas.
    Recordemos esto: en la vida de fe todos están involucrados, tanto los que ofrendan como los que reciben. Esto produce fruto espiritual y crecimiento personal (Fil. 4.17). También permite que sea Dios, y no los hombres, quien controle Su obra. Si no hay fondos suficientes para un proyecto, Su siervo puede descansar tranquilo. Hágase la voluntad de Dios. Las ofrendas espirituales dan como resultado obras espirituales. Sé selectivo con tus ofrendas y apoya solo a las personas y las obras que se ajustan a las Escrituras. Que Dios nos dé más fe para Su obra, y más interés en hacer tesoros en el cielo, no en la tierra.

Donald Norbie (1923-2017)
Libros Berea ofrece sus libros: La Iglesia Primitiva y Sé Un Hombre

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La Verdad No Es Negociable
Lucas Batalla   
parte 2

viene del número anterior 

En 2 Juan versos 5 y 6 vemos que se repite el mismo mandamiento que el Señor dio a Sus discípulos en Juan 13.34-35. Como dice el verso 6, amar la verdad produce una vida que obedece Sus mandamientos. En 1 Juan  5.1-3 el amor no es una emoción, sino que consiste en guardar la Palabra de Dios, es decir, que nuestra obediencia está motivada por amor a Dios.
    En los versos del  7 al 11, hay una advertencia acerca de los engañadores, que son aquellos que no aman la verdad. Hoy hay más de ellos que cuando se escribió la epístola. Hay un montón de denominaciones y además, sectas como la iglesia católica, los testigos, los mormones, los adventistas, los “cristianos liberales” y otros. El verso 7 advierte que “muchos engañadores han salido”, y han pasado más de dos mil años, con que imagínate cuán grande es este problema ahora. Un problema en las iglesias hoy es que el mundo con sus mentiras se ha colado en ellas. Necesitamos mucho discernimiento espiritual. A Juan especialmente le preocupaba la difusión de doctrinas que niegan la deidad de Cristo, como el gnosticismo, que afirma que Jesús era solo un hombre al que se le apareció un espíritu llamado “Cristo”, un poder místico o esotérico que le dio conocimientos y poderes. Esto es falso, pues Jesucristo es Dios y “ha venido en carne”, no se divide en dos personas: “Jesús” y “Cristo”. Dios fue manifestado en carne (1 Ti. 3.16). El Verbo era con Dios y el Verbo era Dios (Jn. 1.1-2). Pero el anticristo y el engañador no aceptan esta verdad, sino que creen la mentira.
    Por eso el verso 8 dice “Mirad por vosotros mismos”, porque debían estar alerta y tener cuidado y discernimiento. No se puede perder la salvación, pero sí se puede perder el fruto y el galardón si nos dejamos engañar. Hay que mirar bien y estar atentos, porque el verso 9 habla de la persona que se extravía y no permanece en la doctrina de Cristo. Las cosas pequeñas pueden causar mucho daño, como un virus por ejemplo. Pero la doctrina de Cristo no es pequeña ni negociable, sino es el fundamento de nuestra fe. Hay que perseverar en ella y no tolerar cambios. El espíritu del anticristo opera en los que objetan diciendo que no seamos tan radicales, que no hay que creer a rajatabla, ni debemos juzgar. Hermanos, no cedamos a estas cosas que dicen. El verso 10 instruye sobre qué hacer si alguno “viene a vosotros” sin la doctrina de Cristo. ¿Cómo sabemos qué doctrina lleva? Hay que tomarse el tiempo para preguntar, y no hacer suposiciones. Aunque digan que son cristianos evangélicos, necesitamos saber más. El Sr. Vine dice en su comentario que “la doctrina de Cristo” incluye más que Su deidad, pues incluye toda Su doctrina, todo lo que Él enseñó y mandó a Sus discípulos (Mt. 28.19-20). 
    Por tanto, no es correcto ni saludable recibir y dar la bienvenida a todas las personas que vengan. La pureza de la doctrina y la fidelidad a nuestro Señor Jesucristo son más importantes que tener una iglesia numerosa. No debemos ser cómplices de quienes traen errores, pues “el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras” (v. 11). De ahí la importancia de la carta de recomendación cuando visitamos a una iglesia.
    Hermanos, el mundo está en contra de Dios. Ya lo demostró cuando crucificó al Señor. 1 Juan 2.15-17 nos instruye a no amar el mundo, porque es mentira, no verdad, porque es maldad.
    En el verso 12 se indica que el apóstol tenía muchas otras cosas que decirles, pero que prefería verles y hablar con ellos cara a cara. La visita personal y la conversación cara a cara son importantes para la comunión. El apóstol tendría que viajar para verles, lo que le supondría tiempo y esfuerzo, pero merecería la pena poder hablar con ellos en persona. Este deseo se repite en su tercera epístola (3 Jn. 14). Es mejor hablar en persona cuando se pueda, aunque no debemos menospreciar la importancia de la palabra escrita. Tampoco debemos limitar la comunión al tiempo de las reuniones de la iglesia. Que el Señor nos ayude a vivir en la verdad de Dios, a amarle y a nuestros hermanos, para dar gozo al Señor y a los demás.                       
L. B.

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Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior
9. Los Pecados Ocultos y la Hipocresía
 

     Los ancianos velan por las almas de los creyentes en la asamblea (He. 13:17). Pero ¿quién vela por ellos mismos? La exhortación de Pablo a Timoteo es: “Ten cuidado de ti mismo” (1 Ti. 4:16). El diablo ataca a los que están al frente del pueblo, porque si los derrota o desvía, hace mayor daño al testimonio y muchos son afectados.
    Volviendo al primer peligro: el descuido personal, por ello algunos han caído en inmoralidad. Es una de las trampas favoritas del diablo. Sansón y David cayeron en inmoralidad. Salomón en Proverbios advirtió acerca de la mujer extraña (Pr. 2:16; 5:3-20; 6:24-35; 7:5-27; 22:14; 23:27-28). Ahora con las redes sociales se dan casos de hombres que secretamente excitan sus pasiones e incluso arreglan citas inmorales. Todo anciano debe hacer pacto con sus ojos, como Job, para no mirar (Job 31:1), y declarar: “No pondré delante de mis ojos cosa injusta” (Sal. 101:3). Pablo manda: “Huid de la fornicación” (1 Co. 6:18).
    Por eso es doblemente importante que los ancianos tengan cuidado de sí mismos, anden siempre en la luz, velen y estén siempre alertas respecto de su vida personal y espiritual. Deben aplicar los mismos criterios a sí mismos que aplican al resto del pueblo, e incluso deben ser más estrictos consigo mismos. No deben recurrir a la excusa egoísta y débil: “tenemos nuestros fallos, pero somos los ancianos”. Los que así hablan, ¿qué fallos tienen, y qué deben hacer para corregirlos? Es necesario que sean irreprensibles (1 Ti. 3:2; Tit. 1:6-7). ¡Pongan ejemplo, sean ejemplos de la grey! (1 P. 5:3). Recordemos la advertencia de Santiago 3:1. “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación”. 
    En Ezequiel 8 el profeta fue llevado en visiones a Jerusalén, y Dios le enseñó los pecados de los líderes espirituales de la nación (vv. 11-12, 16). En el capítulo 34 declaró Su oposición a los pastores de Israel. Sus pecados eran conocidos por Dios. Alguien dijo que pecado oculto en la tierra es escándalo abierto en el cielo. 
    Considera el ejemplo de Pablo: 
“golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Co. 9:27). “No satisfagáis los deseos de la carne” (Gá. 5:16). 
    El que es anciano debe andar en el Espíritu, y ser vigilante contra esos deseos, pues han arruinado el testimonio de más de uno. Todo creyente debe ejercer dominio propio (2 Ti. 1:7; 2 P. 1:6), pero especialmente los ancianos de la asamblea. Los que son “ejemplos de la grey” no pueden permitirse la pereza, la mundanalidad, ni la liviandad. Por ejemplo, si ellos pasan horas en cosas frívolas, ¿qué pueden esperar de los demás hermanos? 
    Cuando no se cuidan, sino permiten discrepancias y pecados en su propia vida o su casa, esto conduce a la hipocresía y la doblez. El Señor Jesucristo reservó Sus denuncias más duras para los fariseos y escribas, por su hipocresía y doblez. En Mateo 23:1-7 leemos lo que Él dijo públicamente:


“Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí”. 

 
    El Señor siguió denunciando a los fariseos y escribas y en los versículos 13-36 pronunció ocho “ayes” sobre ellos por sus hipocresías. Además, los llamó públicamente insensatos y ciegos, necios y ciegos, guías ciegos, serpientes y generación de víboras. En Mateo 15 los acusó de invalidar la Palabra de Dios con sus enseñanzas. Por todas esas reprensiones se ofendieron los fariseos (Mt. 15:12), pues al hipócrita nada le duele más que ser expuesto y visto por lo que realmente es. Pero Cristo no se retractó. Eso no es maledicencia, sino reprensión bíblica. Alguien dirá que sólo el Señor puede hablar así. Pero Pablo mandó a Timoteo: “repréndelos delante de todos” (1 Ti. 5:20), y a  Tito dijo: “a los cuales es preciso tapar la boca” y “repréndelos duramente” (Tit. 1:11, 13). 
    El Señor no les trató en privado para evitarles la vergüenza, sino reprendió públicamente su mal ejemplo y su falsa espiritualidad. Hermanos míos, ¡cuán importante es cuidar bien la propia vida espiritual, y no permitir la doblez! Alguien dijo: “Lo que eres donde nadie te ve, eso es realmente lo que eres”.
    Todo creyente y especialmente los ancianos deben leer, meditar y orar en el lenguaje del Salmo 139. 


“Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos” (vv. 1-3). 


Este excelente salmo termina así:


“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (vv. 23-24). 


    Todo creyente debe orar así todos los días, pero especialmente los ancianos. “Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros...” (1 Jn. 1:7).
continuará, d.v. en el siguiente número

                       del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea

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Distinciones Importantes entre  
el Cuerpo de Cristo y una Asamblea Local

 Norman Crawford


El tema de este capítulo ha ocupado muchas mentes durante muchos años. Lo que tenemos que decir no resolverá la cuestión para algunos, pero invitamos al lector a examinar la Palabra de Dios por su cuenta, y de ella discernir la mente de Dios. Procuremos siempre tener un espíritu recto respecto a otros hermanos que puedan diferir con nosotros sobre este tema. Con el deseo de ayudar a los creyentes, consideraremos ahora las distinciones en el Nuevo Testamento entre “el cuerpo de Cristo” y una asamblea local.

El Problema
    Muchas veces cuando creyentes intentan enseñar acerca de la asamblea, surge una pregunta expresada algo así: “¿No querrás decir que crees en una comunión cerrada?” Sabemos que “comunión cerrada” es una expresión religiosa, pero no está en la Biblia. Comprendemos que los que así preguntan se refieren solo a la recepción a la Cena del Señor. El Nuevo Testamento ciertamente enseña que todos los creyentes deben participar de la Cena del Señor, y hay una manera correcta de disfrutar este privilegio. Pero sin duda el que pregunta quiere decir: “Si procedo de otra asamblea distinta de la tuya, sin carta de presentación o recomendación, ¿podría participar en la Cena del Señor como visitante ocasional?” La respuesta bíblica a esta pregunta es: No. Entonces viene la objeción: “Si no recibís a todo miembro del cuerpo de Cristo, os convertís en una secta”. Lo he expresado intencionadamente de esta forma, sin rodeos, para que claramente veamos la cuestión.
    Para empezar, en el Nuevo Testamento no existe la práctica de recibir a una persona a la Cena del Señor. Recibimos a los creyentes a la comunión de la asamblea, que nunca es una cosa ocasional (Hch. 2:42). En esa comunión, gozan de todos los privilegios de la asamblea, y también comparten igualmente las responsabilidades. Pero todavía queda mucho por decir.
    Examinemos la acusación: “Si no recibís a todo miembro del cuerpo de Cristo, os convertís en una secta”. Es incorrecta, y no sería aceptada por muchas personas que leen la Biblia. Hay claras razones bíblicas por las que una persona puede ser miembro del cuerpo de Cristo y sin embargo no estar en condiciones para ser recibida en una asamblea. Muchos estaremos de acuerdo que el que profesa ser cristiano, pero vive en inmoralidad (1 Co. 5:11), o practica el pecado (1 Jn. 3:8-9), o tiene mala doctrina acerca de Dios o la Persona de Cristo (1 Ti. 1:20), no es apto para la comunión de la asamblea. Aun la mayoría de las grandes denominaciones creen así, o bien ahora o en otro tiempo de su historia. Así que, hay quienes modifican la acusación, y dicen: “Si alguien es verdaderamente regenerado y sano doctrinal y moralmente, no debe ser rehusado, aunque solo desee participar en una ocasión en la Cena del Señor. Rehusarlo no es bíblico sino sectario”.
    Los que así afirman, se basan en que hay un Cuerpo, y que la asamblea local debe reconocer la unidad del Cuerpo y obedecer la exhortación: “recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios” (Ro. 15:7). Esta enseñanza aparece en muchos libros y panfletos. Alegan que si uno está en el cuerpo de Cristo, y es sano en doctrina y santo en conducta, automáticamente tiene derecho de participar en la comunión de una asamblea cuando así desee. Esto suena bien a los sentimientos, pero no se basa en la Palabra de Dios, porque estar en el cuerpo es muy distinto a estar en una asamblea.
    Con la ayuda de Dios, y la Biblia abierta en nuestras manos, nos gustaría dirigirnos a cada uno de los puntos arriba mencionados. He leído frecuente y cuidadosamente los escritos de hermanos que insisten que todos los que están regenerados y sanos en doctrina y vida deben ser recibidos en cualquier momento para partir el pan con una asamblea. He buscado en vano en sus escritos alguna instrucción que guiaría a los hermanos de una asamblea acerca de cómo determinar si los visitantes reúnen esos requisitos mínimos. Si una persona que desconocen se presenta en la puerta y desea partir el pan, ¿cómo pueden determinar en pocos minutos si la persona es verdaderamente regenerada?
1 Por ejemplo, un sondeo reciente en los Estados Unidos estima que 70% de los estadounidenses se llaman “evangélicos” y 50% de la población profesa haber tenido alguna experiencia espiritual. En el primer siglo, la asamblea en Jerusalén dudaba la realidad de la conversión de Saulo, hasta que recibieron confirmación de ella. Reconozco que él tenía fama de perseguidor, pero ¿creemos que somos más sabios o que tenemos más discernimiento que los apóstoles y profetas que formaron parte de esa asamblea?
    Requiere su tiempo saber si una persona es verdaderamente salva. La regla única dada por el Señor Jesucristo fue: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:20). El fruto es producido por el crecimiento y requiere tiempo. Es verdad que el contexto tiene que ver con falsos profetas, pero el contexto más amplio del capítulo es que el verdadero juicio se hace por los frutos, no por juzgar motivos o pensamientos, ya que eso queda más allá de nuestra habilidad. La dificultad es más cuando consideramos que ninguno de los otros dos requisitos que esos hermanos dan –vida sana y doctrina sana– pueden ser apreciadas a través de una breve conversación en la puerta del local.
    El capítulo 12 de este libro trata la recepción a la asamblea. Pero debemos añadir aquí que los ancianos piadosos harán todo lo que pueden para ayudar a los que desean entrar en una asamblea. No les juzgarán por el grado de su conocimiento, sino buscarán un espíritu receptivo y el deseo de aprender, y entonces tratarán de enseñar y animar a tales personas.

1 No es correcto limitarse a preguntar a un visitante: "¿Es usted un cristiano bautizado?" con el fin de determinar si debe recibir la comunión. Quizás las intenciones sean buenas, pero este procedimiento es ingenuo y superficial. Además, como demuestra la historia, ha causado errores, daños y contribuye a la confusión y la debilidad espiritual de la asamblea. Ed.

continuará, d.v. en el siguiente número

Norman Crawford. capítulo 3 del libro, Congregados A Su Nombre, Libros Berea

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EL NOVENO MANDAMIENTO

"NO MENTIRÁS"

 


Más precisamente: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”. Es un pecado muy común, pero especialmente reprochable, porque con una mentira el diablo engañó a Eva en el huerto del Edén, induciéndola a pecar, pues dijo: “no moriréis” (Génesis 3.4 Nácar-Colunga). Dios es verdad, y veraz, y la mentira le ofende y le afrenta. El Señor Jesucristo llamó a Satanás “mentiroso y  padre de la mentira” (Evangelio según S. Juan 8.44, Nácar-Colunga). Por tanto, no existe ninguna mentira piadosa. Dios no miente, y no nos da permiso para mentir.
    Se trata de cualquier uso de la boca para mentir. La mentira pasiva es callarse en lugar de decir la verdad. Caín dijo la primera mentira humana cuando Dios le preguntó dónde estaba su hermano y respondió, “no sé” (Génesis 4.9). Fingir ignorancia es mentir. Incluso el hecho de chismear puede ser falso testimonio, y cuando daña el buen nombre o la reputación de otra persona, además de mentir, también es robar. ¿Dice siempre la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? ¿Se ha puesto alguna vez a criticar a los demás, hablando mal de todos, y diciendo cosas que no puede asegurar que son ciertas? ¿Ha escuchado algún rumor sobre alguien, y lo ha repetido después a otros? ¿Ha exagerado los detalles de algo que contaba a otra persona? ¿Ha chismeado o escuchado a otros chismear? ¿Ha llamado al trabajo diciendo que estaba enfermo cuando realmente no era así? ¿Se ha fingido enfermo para evitar un examen en la escuela? ¿Ha copiado en un examen o ha utilizado algún método deshonesto para aprobar? ¿Ha mentido al decir su edad, peso o estado matrimonial?
    ¿Ha rezado el Padrenuestro sin haber nacido de nuevo? Esto es grave, porque si no ha nacido de nuevo, Dios no es su Padre y ha mentido al decir “Padre nuestro”. 
    ¿Ha ocultado la verdad sobre sus finanzas al declarar la renta? ¿Intenta engañar y así aprovecharse de la seguridad social? Ha entrado ilegalmente en un país para buscar trabajo sin permiso? ¿Ha entrado como turista en un país cuando realmente su plan era quedarse? ¿Ha engañado a los oficiales de la imigración o la policía?
    ¿Nunca ha dicho una mentirijilla, lo que llaman una “mentira piadosa”? (¡Aunque realmente todas son diabólicas!) ¿No sabe que una verdad a medias es también media mentira? ¿No ha dicho: “No sé” cuando sí sabía, o “se me olvidó” para librarse de la culpa, cuando en realidad no se le olvidó? Si le preguntan con quién habla, ¿dice “nadie”?, o acerca de qué ha hablado, ¿responde: “nada”? 
    ¿No ha dicho: “no tengo dinero” cuando lo tenía pero no quería gastarlo? ¿Nunca se ha hecho el sordo o despistado, cuando realmente ha oído o visto a la persona? Cuando suena el teléfono, ¿dice “Si es tal persona, no estoy”?
    Hay quienes mienten cuando no quieren comer algo, y dicen: “El médico no me deja”, o cuando quieren las cosas de cierta manera invocan “la ley”; en realidad no se trata de la ley, sino de sus propios gustos o manías. Esa deshonestidad es una forma de mentir.
    Los políticos a menudo prometen cosas que no tienen intención de cumplir y hacen afirmaciones que saben que no son ciertas. Manipulan al público en su beneficio. Toda esa deshonestidad, insinceridad, mentira y engaño no son más que una estrategia para ganar las elecciones y hacerse con el título, la fama, el poder y el salario.
    Pero no son los únicos. ¿Cuántos han hecho los votos matrimoniales prometiendo ante Dios y testigos:“hasta que la muerte nos separe”, y luego  se divorcian? Para muchas personas su “sí” no es sí, y su “no” no es no. Su palabra no vale nada porque mienten.
    Se oye decir que está permitido mentir y ocultar la verdad para no hacer daño o desalentar a una persona. Por ejemplo, si tiene una enfermedad terminal, no se le debe decir eso, sino que tiene un virus y que se recuperará.
    El islam permite la mentira en ocasiones de peligro, por ejemplo, en guerra, para librarse de los enemigos y así poder vencerlos (el concepto de Taquiyya). Sin embargo, la mentira es una herramienta del diablo, no de Dios.
    Dios no miente ni permite la mentira; al contrario, Su mandamiento es sencillo y claro: “no mentirás”. No hace falta saber hebreo, griego o latín para entenderlo. No es necesario ser filósofo ni teólogo. Sencillamente, Dios aborrece la mentira y no la utiliza; pero el diablo la ama y la usa. Así que, amigo lector, si ha mentido, ha vuelto a romper la Ley de Dios en el noveno mandamiento. ¡Otro eslabón 
roto y se esfuma la esperanza de llegar al cielo cumpliendo los mandamientos!

                                          ¡CULPABLE!





lunes, 3 de mayo de 2010

EN ESTO PENSAD -- MAYO 2010

La Santidad

Santo es aquello que puede considerarse que está limpio, libre de pecado, apartado para uso especial. La palabra santidad alude a la excelsa virtud que perteneciendo a Dios, Él la confiera a los Suyos. Los creyentes son santos porque Dios les hace así. El que no es santo no es de Dios. El uso indebido de esta palabra ha hecho que muchos crean que proviene de un esfuerzo meritorio del ser humano.
El diccionario secular indica que la santificación es un acto de la gracia de Dios. En realidad se trata de un título divino dado por el mismo Dios a quienes reciben Su Hijo Jesucristo como Señor y Salvador personal. Él es el santificador de los seres humanos, por Su sangre. Y el medio de esa santificación es el Espíritu Santo que recibe quien cree, en el momento de hacerlo.
El apóstol Pablo llamaba “santos y fieles en Cristo Jesús” a los creyentes de las iglesias a las cuales escribía. Eso no quería decir que fueran literalmente perfectos, sino que así lo eran a la vista de Dios, en razón de la obra redentora del Señor Jesucristo.
Al ser justificados por la sangre preciosa del Señor de la gloria, los creyentes somos santificados,.
Sin embargo, siempre en esta vida ha de quedar en los santificados un resquicio en donde está agazapado el viejo ser corruptible, que ha sido vencido pero que no está muerto, y que inclina o busca inclinar hacia el pecado.
Si se obedece a este impulso, y se peca, debe haber inmediato arrepentimiento, sabiendo que Abogado hay ante el Padre, y es el mismo Señor que dio Su sangre preciosa para justificar al pecador – lee 1 Juan 2:1.
Cada creyente ha sido declarado santificado para siempre, y no por sus propios méritos, sino por la sangre derramada en el altar del Calvario por el Cordero perfecto y sin mancha en sacrificio agradable a Dios, Juez justo (He. 10:14).
El santificado por la gracia de Dios nunca habrá de perder esa santificación, que significa haber cambiado de naturaleza, pero es necesario que procure constantemente tener una separación práctica de toda inmundicia y mundanalidad.
Es importante por ello que cada día y a cada instante busque ponerse en las manos del Señor, para que Él le dirija y le encamine, y además, al final de cada jornada, pida ser limpiado de los pecados de contaminación que le rodean constantemente en este mundo.
El Señor, que es la fuente de la santidad, al respecto indica a los Suyos: “Sed santos, porque yo soy santo” (Lv. 20:7; 1 P. 1:15-16). No es una sugerencia sino un mandamiento, y por lo tanto, es nuestra responsabilidad personal. Pero pérmiteme preguntar: ¿eres santo en toda tu manera de vivir?
adaptado de “Manzanas de Oro”, agosto 1998, pág. 21
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LA DOBLE PREDESTINACIÓN:
DOCTRINA ERRÓNEA DE CALVINO Y CALVINISTAS


No somos calvinistas, por muchas razones de peso. Entre ellas está la doctrina no bíblica que pronunció Juan Calvino, y los calvinistas la creen casi de pies juntitos: que Dios predestinó no sólo a algunos a la salvación sino que también predestinó a todos los demás a la perdición y éstos no pueden ser salvos. Calvino escribió:

"La predestinación es el decreto eterno de Dios por el que ha determinado lo que quiere hacer de cada uno de los hombres. Porque Él no los crea a todos con la misma condición, sino que ordena a unos para la vida eterna y a otros para condenación perpetua. Por tanto, según el fin para el cual el hombre es creado, decimos que está predestinado a vida o a muerte".
"En conformidad con la clara doctrina de la Escritura, afirmamos que por un consejo eterno e inmutable, Dios ha determinado una vez y para siempre a quiénes admitirá a la salvación y a quiénes condenará a la destrucción".
Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, III, XXI, 5, págs. 728, 729, 733

A continuación citamos la respuesta de los sres. Martínez y Trenchard:

"...el Evangelio y su proclamación constituyen el medio ordenado por Dios para la salvación del hombre...basado sobre una obra redentora de posibilidades infinitas. Por lo tanto, podemos ponernos delante de cualquier hombre o mujer en el mundo declarando en el Nombre de Cristo que el amor de Dios quiere la salvación de todo pecador, habiéndose hecho amplia provisión para esta salvación, de modo que todo aquel que cree recibe vida eterna. Al mismo tiempo, el que rechaza manifiesta ser indigno del don de vida provisto por la gracia divina y se pierde. El que cree en la doble predestinación —la predestinación para vida y la reprobación— no puede dirigirse con sencillez y sinceridad a todo aquel que le escucha, pues está convencido de que la suerte de las almas que tiene delante se ha fijado por secreta decisión divina desde la eternidad".
José M. Martínez y Ernesto Trenchard, Escogido en Cristo, CLIE, pág. 78-79
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Ofrendas de Gran Valor

“Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto agradable a Dios” (Filipenses 4:18).

La carta de Pablo a los filipenses fue un reconocimiento a la ofrenda de amor que había recibido de los creyentes de Filipo. Probablemente se trataba de dinero. Lo sorprendente es la manera en la que el apóstol magnifica este obsequio. Lo describe como: “olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios”. En Efesios 5:2 utiliza una expresión similar para describir el gran don de Cristo ofrecido en el Calvario: “ofrenda y sacrificio de olor fragante”. Es impresionante pensar que una ofrenda dada por los hombres a un siervo del Señor se festeje con un lenguaje similar a aquel con el que se describe al Don Inefable. J. H. Jowett comenta con gran elegancia al respecto: “¡Qué inmenso es, entonces, el significado de una bondad aparentemente local! Pensaban que ministraban tan sólo a un hombre pobre, y en realidad acudieron en ayuda del mismo Rey. Imaginaron que la fragancia estaría confinada a un estrecho e insignificante vecindario, y he aquí, el dulce aroma se esparció por todo el universo. Creían que trataban solamente con Pablo, y encontraron que ministraban al Salvador y Señor de Pablo”. Cuando comprendemos la verdadera naturaleza espiritual de las ofrendas cristianas y su amplio alcance de influencia, dejamos de dar a regañadientes o por necesidad. Nos inmunizamos para siempre contra los trucos de aquellos profesionales que extorsionan las conciencias de muchos levantando fondos recurriendo a toda clase de zalamería, patetismo o comedia. Descubrimos que dar es una forma de servicio sacerdotal y no una imposición legalista. Damos porque amamos, y amamos dar. La verdad admirable de que mi minúscula ofrenda al Gran Dios llena de fragancia el salón del trono del universo, debe llevarme a adorarle humildemente y a ofrendar jubilosamente. La oportunidad de entregar mi ofrenda el domingo ya jamás será un deber aburrido o pesado, sino un medio verdadero de dar directamente al Señor Jesús como si estuviera corporalmente presente.
William MacDonald, de su libro De Día en Día, CLIE
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DIOS AMA AL DADOR ALEGRE

"Las obras de caridad, como todas las demás buenas obras, deben hacerse de manera reflexiva e intencionada...La ayuda debe darse con generosidad, sea más o menos, no con renuencia, sino con alegría. Mientras algunos desparraman y aun así crecen, otros retienen más de lo que se ve y eso lleva a la pobreza. Si tuviésemos más fe y amor desperdiciaríamos menos en nosotros mismos, y sembraríamos más con la esperanza de un crecimiento abundante".
extracto del Comentario de Matthew Henry sobre 2 Corintios 9:6-15
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La Danza y La Iglesia
Si alguien, pues, se refiere al ejemplo de David para elevar la danza, para que pase a ser una parte integral y normal del culto, hay que responderle que todo estaría en orden si bailara tantas veces como David. Pero, en este caso, se entresaca un evento único y se concluye de él la norma de conducta para una forma de culto definitiva. Este método es un ejemplo de la falta de sobriedad en el manejo de la interpretación de la Biblia... La Biblia no reconoce la danza en el culto. Para el Nuevo Testamento la danza es algo ajeno. La Iglesia no bailó, tampoco los grupos de creyentes o los hermanos individuales, ni los discípulos en el acontecimiento de Pentecostés, ni la Iglesia cuando miles se convirtieron por las predicaciones de Pedro. Pablo no bailó, tampoco Juan después de recibir por revelación el último libro de la Biblia. El Señor no bailó y tampoco Sus apóstoles, los discípulos o la Iglesia... Aunque el dictamen de la Biblia es muy claro, seríamos ingenuos si pensáramos que esta generación de creyentes se deja impresionar por ello. Estos pensamientos no encontrarán solamente una respuesta positiva. Vivimos en los días en que los creyentes se amontonan maestros conforme a sus propias concupiscencias (2 Ti. 4:3-4), y hoy no existe casi ningún comportamiento erróneo que no se pueda, aparentemente, justificar con ciertos pasajes bíblicos. Por eso, termino con esta lamentación, no muy optimista, de Jeremías: “Abrazaron el engaño, y no ha querido volverse” (Jer. 8:5).

Alexander Seibel, Música y Danza, (Llamada de Medianoche), págs. 21, 30-31
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EL CAMINO ROMANO

Tenía una opinión buena de mí mismo hasta que un amigo me invitó a dar un paseo en el camino romano. No sabía yo qué era esto. Se trata del libro en el Nuevo Testamento llamado “Romanos”. Mi amigo usó sólo este libro para abrir mis ojos a mi relación con Dios, y desde entonces no he sido lo mismo. Me advirtió que podría dolerme el paseo, y tenía razón porque empezó esclareciendo mi verdadera condición delante de Dios.
“Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios...” Romanos 3:23
Esto sonaba fatídico, especialmente cuando me enteré de la paga del pecado.
“La paga del pecado es muerte...” Romanos 6:23a, y no hay rebajas.
Mi futuro parecía negro, porque como pecador ví que estaba condenado y que Dios me iba a juzgar. Entonces, me explicó que Dios en amor había provisto para“vida eterna”.
“Mas la dádiva de Dios es vida eterna en Jesucristo Señor nuestro” Romanos 6:23b
Entonces me mostró cómo Dios dio a Su Hijo Jesucristo en sacrificio expiatorio por mi pecado. ¡Jesucristo tomó mi culpa y sufrió por mí el castigo que merezco!
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Romanos 5:8
Yo me preguntaba si Dios me aceptaría. Mi amigo me aseguró con más buenas noticias.
“Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. Romanos 10:13
Él veía que me conmovía lo que estaba aprendiendo, así que me enseñó lo que debía hacer para recibir el perdón de Dios y la vida eterna.
“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. Romanos 10:9
Entonces pasó algo dentro de mí. Me impactó el saber que soy pecador culpable y que Dios como juez justo iba a juzgar mi pecado. Pero todavía más me impactó ver Su amor al enviar a Su Hijo a morir en la cruz sufriendo mi castigo por mí, y levantándolo de los muertos al tercer día. Entendí que Jesucristo vive y que por medio de Él Dios quiere perdonarme y darme vida eterna. Entonces, arrepentido de mis pecados, deposité mi confianza en el Señor Jesucristo y Su sacrificio por mi en la cruz. Creí de corazón y le confesé con mi boca, aceptando la dádiva de Dios, vida eterna, en Jesucristo. Fue el momento más grande de mi vida, y por supuesto que estaba emocionado. Luego pregunté a mi amigo si había algo en el libro de Romanos que podría ayudarme en mi nueva vida de creyente. Me dirigió la atención a los primeros dos versículos de Romanos 12.
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.
Me explicó que si doy primer lugar a Dios en mi vida, las demás cosas se arreglarían según el plan de Dios para mí. Leo la Biblia mucho desde ese día, y mi amigo tenía razón. Mi vida ha sido transformada por el Señor Jesucristo y la Palabra de Dios.
Veía mucho a mi amigo después de esto, porque fui con él a congregarme con otros creyentes, y me bauticé públicamente para anunciar a todos mi nueva vida en Cristo. Ahora hay muchos versículos subrayados en mi Biblia, pero nunca olvidaré el camino de Romanos porque mi amigo lo usó para mostrarme el camino de vida eterna.
Es por esto que comparto esto, para que Ud. también pueda conocer el camino romano y la vida eterna. Porque las buenas noticias, hay que compartirlas.
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¡ A L E L U Y A ! ... ¿ ?

“Según el Nuevo Testamento, ¿cuántas veces resuena el ALELUYA sobre la Tierra?” Esta pregunta la hizo un predicador amigo a un hermano que con impertinencia interrumpía sus prédicas voceando de voz en cuello “¡A l e e e l u u u y a!” en los momentos más inoportunos durante el sermón.
“¿Qué cuántas veces resuena el aleluya en la tierra?” “Pues... muchas, muchas veces”, respondió el hermanito. “Pues vea”, le dijo el predicador, “Aleluya no resuena en al tierra ni una sola vez en el Nuevo Testamento. Resuena sólo en el cielo y esto únicamente en un solo capítulo del último libro de la Biblia”.
No obstante este limitado uso, aquí en la tierra escuchamos el "A l e -
l u y e o" en cantidades astronómicas. Algunos lo usan superficialmente como si se tratara de un estribillo o de un refrán. Otros para hacer demostraciones de espiritualidad. Predicadores hay que cuando se les acaba la gasolina apelan al Aleluya como relleno para tomar impulso; como una pausa de punto y coma en lo que se les va ocurriendo más palabrerío para proseguir. Hay quienes lanzan aleluyas repetidamente, fuertemente, atronadoramente, como si fueran saetas incendiarias. Las envían para incitar emotivamente a los oyentes. En turno, éstos se las devuelven con estrepitosas andanadas como si se tratase de un ametrallamiento entre dos bandos. La gritería sube tanto de volumen y de color que es capaz de intimidar al más bravucón o de ensordecer a cualquiera.
El modelo de predicadores, Jesucristo, pronunció su sin igual Sermón del Monte de los capítulos 5, 6 y 7 de Mateo sin usar el recurso de los Aleluyas ni una sola vez. Los Aleluyas estuvieron ausentes de su brillante Sermón del Monte Olivar del capítulo 24. Lo mismo hizo su fogoso discípulo Pedro cuando le tocó predicar el histórico sermón del día de Pentecostés y su productivo mensaje en la casa del centurión Cornelio. Notamos la ausencia de los Aleluyas en el sermón de San Pablo a los filósofos sobre el Areópago ateniense y en sus discursos de defensa frente a los gobernadores Félix y Porcio Festo y ante los reyes Agripa y Berenice. Los predicadores contemporáneos más destacados, sustanciosos y fructíferos, tampoco incluyen los Aleluyas en sus mensajes.
Con amargo espíritu de juicio hay quienes se permiten clasificar de “fríos” los cultos donde el Aleluya brilla por su ausencia. Para ellos la temperatura de un culto se mide A l e l u y a m e n t e. Aún los creyentes individualmente son enjuiciados de “fríos” o absueltos como “calientes” dependiendo del número y del volumen con que truenen sus A l e l u y a s en el culto. Esta desafortunada consigna arroja resultados negativos. Promueve entre los nuevos convertidos un aceleramiento desproporcionado por aprender rápido lo que ellos perciben ser las leyes del juego y el carnet de pase a la aceptación. ¿Resultado? que muy pronto se les ve en el pleno descargue de Aleluyas al por mayor y detalle.
Este estado de cosas es por demás triste, deprimente e innecesario. Se hace intolerable al que llega a discernir que se puede llegar a este y a cualquier otro aspaviento sin tener raíz, ni profundidad en la vida espiritual. Cualquiera puede hacer esto. No es tan difícil condicionar la emoción, ni descargarla por el tubo de la rutina.
Resulta contraproducente cuando en medio de un sermón en el que el predicador dice “si no te arrepientes irás al infierno”, la gritería responda: “¡Amén! ¡Aleluya!” como si dijera: “¡Qué bueno que ése va para el infierno! ¡Así sea alabado Dios por ello!” A veces el orador narra con destreza e intensidad emocional una volcadura de automóvil en la que pierden la vida sus ocupantes. Ilustraciones de esta naturaleza suponen evocar en el auditorio un profundo sentimiento de pena, de identificación con la desdicha de los accidentados, pero...¿cómo se responde? “¡Aleluya, gloria a Dios!”
Quede claro que no estamos inculpando a los que A l e l u y a n como quienes hacen estas inapropiadas intervenciones con intenciones de producir efectos negativos. Eso nunca. Todo lo que este asunto demuestra es que se puede ser víctima de psicosis, y que ésta puede estar barrenada tan hondamente, que ésta apriete el gatillo inconscientemente. Una vez sale este disparo, ya no se le puede hacer regresar. Pero es el caso que el uso inoportuno, inapropiado, indiscriminado de esta significativa palabra de alabanza, además de ser absurdo, deja impresiones muy desfavorables en el ánimo de las gentes. El sabio Salomón en Proverbios capítulo 25, versículo 11 exhorta: “Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene”. Las palabras dichas con sazón en el tiempo adecuado son como la combinación de estos dos metales preciosos cuando se confecciona un ornamento. Son palabras sobre ruedas que se mueven, ensanchan su benéfica influencia, y no mueren. El proverbista subraya en su libro de que bajo el sol hay tiempo oportuno para todo. Esta filosofía debía servir como una saludable lección. San Pablo por su parte anima a los cristianos Colosenses a “andar sabiamente para con los de afuera” y para ello les recomienda: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal” [4:5-6].

¿QUÉ SIGNIFICA ALELUYA?

Aleluya es un vocablo hebreo compuesto del verbo Alelu que significa load y el nombre Ya que es una abreviación de Yavéh, Yaué, Yajué o Jehová. El nombre de la Deidad que invoca la palabra Aleluya, hace de ella una palabra de un significado profundo, muy profundo. Tan profundo como la inmensidad del Ser que forma parte de su estructura. Aleluya es tan sublime como el Dios a quien supone va dirigida su alabanza. El nombre de Yavéh que incluye la invocación de este vocablo debe hacernos pensar dos veces antes de ametrallar a mansalva a un auditorio con esta sagrada palabra. A l e l u y a r sin ninguna consideración, sin ninguna ciencia o discriminación, sólo para darnos a conocer como cristianos o quizás sólo para ser vistos u oídos, o para producir ruido, o para impresionar a otros de nuestra espiritualidad, para aparentar que “estamos en la cosa” o para “calentar” un culto, nos pone en el riesgo de usar el nombre de Yavéh en vano. Aleluya, repito, significa alabad a Yavéh. Yavéh es Dios, alto, sublimado, y su carácter es reverendo o reverenciable.
Los judíos tenían un concepto tan elevado y un escrúpulo tan profundo en cuanto al uso del Nombre del Inefable, que eran en demasía puntillares observando la prohibición del tercer mandamiento de la ley de Dios. Este mandamiento dice: “No tomarás el nombre de Yavéh tu Dios en vano; porque no dará por inocente Yavéh al que tomare su nombre en vano” [Éxodo 20:7]. Poseídos de un profundo sentimiento de reverencia al Nombre de Yavéh, los judíos se abstenían de pronunciar este nombre y preferían substituirlo con otras designaciones como Adonai o Elohim. Al transcribir las Sagradas Escrituras cuando estas contenían el nombre Yavéh, los escribas pausaban y se lavaban mucho las manos antes de transcribir el nombre de la Deidad.
La única porción del Nuevo Testamento que contiene la palabra Aleluya es el capítulo 19 de Apocalipsis. En sus primeros seis versículos encontramos una gran multitud en el cielo que la trae a colación cuatro veces. La primera vez se encuentra en el versículo uno y dice: “Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honor y gloria y poder son del Señor Dios nuestro”. Como bien señala el predicador canadiense, Boyd Nicholson, este es el Aleluya de redención o de salvación si se quiere. Lo entonan con regocijo los redimidos por la sangre del Cordero que ahora moran en la casa celestial.
La segunda vez se halla en el versículo tres donde se lee: “Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos”. Este es el Aleluya de retribución o de juicio sobre la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, vengando la sangre de sus siervos de la mano de ella.
La tercera mención de la palabra se hace en el versículo 4 y éste dice: “Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya!” Este es el Aleluya de adoración que entonan los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes que se postran ante el trono de Yavéh —Yavéh — para adorarlo.
La cuarta y última mención de Aleluya la hace el versículo 6 en estos términos: “Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!” Este es el Aleluya de subordinación a la majestad, al señorío, al reinado del Señor Dios Todopoderoso.
Aleluya, amigo nuestro, es una palabra para el uso exclusivo de los redimidos, de los que conocen al Señor, le aman, y le reverencian. Si usted lee este tratado ahora y todavía no ha sido redimido de sus pecados por la sangre preciosísima de Jesucristo, quiero invitarle a arrodillarse en cuerpo, y a inclinarse en espíritu ante la majestad de Dios, y allí, arrepentido de sus pecados, pídale a Él que lo perdone y lo reciba en su familia. La Biblia nos asegura que a los que reciben al Hijo de Dios como Salvador, Él los hace hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Acepte a Jesucristo hoy y aprenda en la sinceridad y en la profundidad de su corazón a decirle: ¡ALELU - YA!

Mariano González V.

Si desea más copias de este tratado para repartir, fotocopie o reproduzca en una imprenta tantas copias como necesite.

Apartado 2153, Santo Domingo, República Dominicana




martes, 20 de abril de 2010

EN ESTO PENSAD -- ABRIL, 2010


¿A QUIÉN AYUDARÉ?
(Parte II)
Donald Norbie

La verdadera fe obra en silencio con respecto a sus necesidades. Hay una dignidad asociada con el camino de fe. El que anda en dependencia sencilla del Dios del cielo no abarata a Su Dios mendigando y publicando sus necesidades. Pablo podía decir: “Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado” (Hch. 20:33). Prefería trabajar con sus manos antes que deshonrar al evangelio pidiendo dinero.
Cuando el siervo de Dios ve menguar sus provisiones, como Elías veía secarse el arroyo, su único recurso es Dios. Puede que clame a Dios en oración de corazón torturado por dudas e inquietudes, pero ante los hombres sus labios no emitirán ni una palabra. A sus hermanos les puede parecer que no tenga necesidad, porque no la publica excepto a Dios en oración. En consecuencia, los que deseamos ofrendar a estos hermanos necesitamos ejercitar espiritualmente nuestros corazones delante de Dios, y tomar compromiso respeto a los que realmente viven por fe. El que vive así está comprometido con un camino de silencio, excepto delante de Dios. Dios sabe, y esto es suficiente.
Quizá el que ofrenda diga: “¡Pero si sólo supiera sus necesidades!” ¿No puede el Dios que llamó a Su siervo guiar tu corazón a lo que debes ofrendar? Pero esto requiere ejercicio en oración. Siempre es más fácil leer una carta de alguien que pide y da el número de su cuenta bancaria y entonces enviar un cheque o giro. ¡Qué vergüenza deberíamos sentir por nuestra pereza espiritual!
¿Cuánto debo ofrendar? ¿Por qué no considerar las circunstancias del obrero? ¿Está casado? ¿Tiene hijos? ¿Tiene necesidades especiales, quizá gastos de hospital o médico? ¿Dónde trabaja, en la obra pionera o en asambleas establecidas? Considera estas cosas antes de ofrendar.
¿Por qué no pides al Señor que ponga sobre tu corazón uno o dos obreros en tu país y en el extranjero, para que puedas fortalecer sus manos? Escríbeles e intenta conocerles mejor. Pide una foto y ora por ellos. Entreteje tu vida con la suya para que de veras compartas con ellos en la obra de Dios. Entonces, al orar, Dios puede dirigir tu corazón respecto a tus ofrendas. Haciendo esto, descubrirás que es verdad la Palabra cuando cita al Señor Jesús: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hch. 20:35).
del su libro LA IGLESIA PRIMITIVA, Editorial Berea

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Acerca del Evolucionismo

“Preferiría creer en las hadas que en unas especulaciones tan desenfrenadas. He dicho durante años que las especulaciones acerca del origen de la vida no nos llevan a ningún buen propósito, por cuanto incluso el más simple sistema vivo es excesivamente complejo para poder ser comprendido en términos de la química extremadamente primitiva que los científicos han empleado en sus intentos de explicar lo inexplicable. Dios no puede ser desechado con pensamientos tan superficiales”.
Ernst B. Chain, citado por Ronald W. Clark, The Life Of Ernst Chain: Penicillin and Beyond (“La vida de Ernst Chain: Penicilina y más allá”), Londres: Weidenfeld & Nicholson, 1985, págs. 147-148. Bioquímico. Premio Nobel.

“Se nos dice dogmáticamente que la evolución es un hecho establecido, pero nunca se nos dice quién lo estableció ni por qué medios. Se nos dice, bien a menudo, que la doctrina está basada sobre evidencia, y que lo cierto es que esta evidencia está desde ahora más allá de toda verificación, así como inmune a cualquier posterior contradicción por parte de la experiencia, pero se nos deja totalmente a oscuras acerca de la cuestión crucial: ¿Cuál es precisamente esta evidencia?”

J. Wolfgang Smith, Ph.D. en matemáticas, Universidad de Columbia, Oregon State University, MIT (Instituto Technológico de Massachusetts). Teilhardism and the New Religion: A Thorough Analysis of the Teachings of Pierre Teilhard de Chardin (“El Teilhardismo y la Nueva Religión: Un Análisis Exhaustivo de las Enseñanzas de Pierre Teilhard de Chardin”). Tan Books & Publishers, Inc., 1988).


“Ya hemos tenido bastante de la falacia darwinista. Es hora ya de gritar: “¡El emperador va desnudo!”
K. Hsu, geólogo en el Instituto Geológico de Zurich, “Darwin’s Three Mistakes” (Los Tres Errores de Darwin), Geology, Vol. 14 (1986), pág. 534.


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EL HOGAR, POR FIN
William Macdonald

No hay palabras que si quiera se aproximen a una descripción adecuada de las glorias del cielo. Ninguna mente mortal puede comprenderlo. Pero Dios nos ha dicho suficiente al respecto como para que tengamos cada vez más añoranza de ir allá. Spurgeon dijo:

“Si no tuvieras añoranza del cielo, seguramente podrías cuestionar si el cielo te pertenece o no. Si alguna vez has gustado el gozo de los santos, como seguramente los creyentes hacen en la tierra, entonces cantarás con el alma llena:

Mi espíritu sediento desfallece,
Deseando llegar a la tierra que amo,
La herencia radiante de los santos,
La Jerusalén de arriba”.

J. Sidlow Baxter presenta una vista con diez facetas de la salvación final en las huestes incontables de pecadores salvados y transplantados en el cielo como santos glorificados:

“Delante del trono” — visión bendita
“Vestiduras blancas” — santidad sin mancha
“Palmeras” — victoria finalizada
“Le sirven” — ministerio sublime
“Él les cubre” — seguridad eterna
“Jamás tendrán hambre” — satisfacción eterna
“El sol no les fatigará” — felicidad sin fallo
“Él les pastoreará” — serenidad en Su amor
“Aguas vivas” — inmortalidad perfecta
“Toda lágrima enjugada” — gozo perfecto sin caducidad

Robert G. Lee llamó al cielo “el lugar más hermoso que la sabiduría de Dios puede concebir y el poder de Dios puede preparar”. Dio en el blanco cuando dijo:

“Un día, cuando entremos por aquellas puertas de perlas, y veamos por primera vez la hermosura asombrosa alrededor nuestro, pienso que buscaremos a Juan y diremos: “Juan, ¿por qué no nos dijiste que es tan hermoso?” Y Juan responderá: “Intenté decíroslo cuando escribí los capítulos veintiuno y veintidós del último libro de la Biblia, después de tener la visión, pero no pude”.

Cuando nuestros parientes y amigos creyentes son llevados para estar con el Señor, nos es un consuelo inexpresable saber que ellos están en el lugar del día eterno, conscientemente disfrutando la presencia del Señor y las glorias del cielo. No quisiéramos hacerles volver a este desierto de pecado y tristeza.
Para nosotros los que estamos en Cristo, ¡qué esperanza y qué perspectiva! Pronto, muy pronto, el Salvador vendrá para llevarnos a la casa del Padre que tiene muchas moradas. Nosotros también, por fin, estaremos en nuestro hogar.


del libro EL CIELO, por William MacDonald

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EL SEÑOR JESUCRISTO

El Señor Jesucristo es el único ejemplo real y totalmente digno de seguir. Los padres deben presentarle a sus hijos en lugar de los héroes o exitosos del mundo. Los predicadores deben presentarle a sus oidores en lugar de insistir en ser seguidos ellos mismos. Los jóvenes y no tan jóvenes deben tomar compromiso con Él como su Ejemplo y Guía con todo lo que aquello implica en sus vidas, carreras, ambiciones, pasatiempos, aficiones y relaciones sociales, etc.
del libro JESUCRISTO, SEÑOR Y MAESTRO, por G. Harding Wood

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EL CRISTO DE DALÍ

“Hermosear a Cristo es sacarlo de la realidad.
Es colocarlo sobre una pared...”


Hay un óleo famoso que fue pintado en 1951 por Salvador Dalí. Se titula: “Cristo de San Juan de la Cruz”, y su ejecución fue inspirada en un dibujo hecho por un místico español, el monje carmelito Juan de Yepes, que vivió en el siglo XVI. Cualquiera que haya sido el propósito de ese hombre piadoso al hacer ese dibujo, lo cierto es que Dalí sacó de su obra una interpretación muy personal de la crucifixión. Su cuadro muestra a un Cristo crucificado, suspendido en el cielo e inclinado hacia el mundo, que está allí representado por el retrato de los dos pescadores con su red y pequeño barco. Lo que nos llama la atención es el Cristo, que no muestra ninguna señal de sufrimiento. Su cuerpo no está lacerado ni lastimado, no se ve sangre ni defecto físico alguno.No hay tensión ni fatiga en ese Cristo, quien más bien descansa sobre la cruz. Dalí mismo dice acerca de su obra: “Mi ambición estética fue completamente opuesta a todos los Cristos pintados por la mayoría de los pintores contemporáneos... Mi Cristo sería hermoso, como el Dios que Él es”. La preocupación por un Dios hermoso no permite al pintor la libertad de representar los sufrimientos de Cristo, quien en verdad es Dios. En el citado óleo, hasta la cruz es hermosa, de buena madera lustrada. El cartel que hizo burla a Su dignidad divina, queda en blanco. Si pensamos en los pescadores a la orilla del mar, como son representados por Dalí, estaríamos ante un Cristo divorciado de la realidad humana, un Cristo sin sangre, sin dolor, sin lágrimas; un Cristo demasiado bello. Muchas personas sienten emoción profunda al estudiar la obra. ¿A quién no le agrada estar en un culto religioso haciendo armonizar sus sentimientos y reflexiones con los actos solemnes allí realizados? Sin embargo, con tal actitud podemos caer en el peligro de hermosear a Cristo, reconociéndolo como un elemento más de una obra artística o de un culto religioso, sin aceptarlo como una persona histórica que aún vive. La Biblia dice de Cristo que “no hay parecer en él, ni hermosura”. El Cristo hermoso del óleo, que no vertió ni gota de sangre, ni sudó, ni derramó una sola lágrima, carece de la vida necesaria para ser el Salvador de los hombres. Por eso, vez tras vez, las Sagradas Escrituras subrayan que “Jesucristo vino en carne”, o sea que Cristo es Dios con cuerpo humano, la segunda persona de la Trinidad. Lo hizo para acercarse a la condición humana y expresar el amor de Dios en términos que pudiéramos comprender. Él sufrió en carne propia el drama de la vida común: el desengaño, el cansancio, las lágrimas, la muerte. Colgado en la cruz, lo que le desfiguró tanto fue el hecho de ser contado como un pecador, siendo que Él era perfecto en todo; ser castigado por nuestros pecados, siendo Él inocente de toda culpa. Hermosear a Cristo de esta manera, es sacarlo de la realidad, es colocarlo sobre una pared y olvidarnos que nuestra salvación requería que Él padeciera todo el furor de Dios por nuestra infracción a la ley divina. El Cristo verdadero está vivo en el cielo desde donde ofrece, a todos los que, arrepentidos, confían en Él, la salvación y la vida eterna.
“...Puede también salvar perpetuamente alos que por él se acercan a Dios” (Hebreos 7:25).

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