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jueves, 30 de abril de 2026

EN ESTO PENSAD - mayo 2026

 La Trompeta del Arrebatamiento
H. A. Ironside


Hoy en día existe confusión entre la trompeta que anuncia el rapto de la Iglesia, y las siete trompetas halladas en el capítulo 8 de Apocalipsis, pero son muy diferentes. En este artículo, el hermano Ironside explica las diferencias entre ambas.

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4.16-17).

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”   (1 Co. 15.51-52).

    El arrebatamiento de la Iglesia tendrá lugar al sonar la final trompeta. Esto en 1 Tesalonicenses 4 se llama “la trompeta de Dios”, y debe distinguirse muy definitivamente de la última de las siete trompetas de los ángeles, los juicios mencionados en Apocalipsis (8.2, 6; 11.15). Esas siete trompetas tocadas por siete ángeles sonarán durante la septuagésima semana de Daniel, y la séptima de ellas anuncia la llegada del glorioso reino de nuestro Señor Jesucristo. Pero, nuevamente, hay que leer con atención. “La trompeta de Dios” es algo totalmente diferente.
1 Se llama “la final trompeta” (1 Co. 15.52) porque cerrará la presente edad de gracia y concluirá los caminos de Dios con Su pueblo la Iglesia en esta dispensación.   
      No me cabe duda de que tienen razón los expositores que entienden la expresión “la final trompeta” como una alusión a la tercera trompeta de las legiones romanas. Cuando sonaba la primera trompeta, ya fuera de noche o de día, los soldados se levantaban de un salto y golpeaban sus tiendas. Cuando sonó la segunda, se pusieron en fila. Al sonar la tercera, marcharon. 
    Así nosotros, los creyentes, ya hemos oído la primera trompeta, que nos ha despertado cuando estábamos dormidos en nuestros pecados. La segunda trompeta nos ha llamado a reconocer la autoridad de nuestro Señor Jesucristo. Ahora esperamos el sonido de la última trompeta, momento en que seremos arrebatados para estar con Él para siempre. Entonces, aquellos que todavía estén vivos en sus cuerpos naturales y mortales se vestirán repentinamente de inmortalidad. En otras palabras, el cuerpo se transformará en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, y se convertirá en un cuerpo glorioso como el de resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Los creyentes que han muerto y cuyos cuerpos se han corrompido en la tumba, serán resucitados a la incorruptibilidad y, con sus nuevos cuerpos estarán, con Cristo para siempre. Esta es nuestra esperanza bienaventurada, que el Señor Jesús puede venir en cualquier momento para llevarnos y cumplir así estas Escrituras. ¡Qué bendición estar preparados para aclamarlo con alegría en Su advenimiento!  

extracto adaptado del libro El Gran Paréntesis, Libros Berea

1 La falta de distinguir entre las diferentes trompetas ha hecho a algunos concluir equivocadamente que la Iglesia será arrebatada después de la séptima trompeta (Ap. 11.15), es decir, a la mitad de la Tribulación. Nada tiene que ver ésta con la trompeta mencionada en 1 Tesalonicenses 4 y 1 Corintios 15, que anuncia el arrebatamiento de la Iglesia. Ed. 

 

 "Grata noticia, viene Jesús por los salvados mediante Su cruz,
para llevarlos al trono de luz. Sí, pronto vuelve el Señor.

Cristo Jesús de los cielos vendrá, pronto en Su gloria vendrá;
Para el creyente ¡qué gozo será ver al amado Señor!

Con alegría y aclamación, voz del arcángel, trompeta de Dios,
viene Jesús con cabal salvación. Sí, pronto vuelve el Señor". 

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  “Mas Bienaventurado Es Dar Que Recibir”
Hechos 20.35

Donald Norbie

No cabe duda que Dios es un dador generoso. Pero, ¿cómo somos nosotros? ¿Realmente creemos que es más bienaventurado dar que recibir?
    El dios que cada uno adora forjará su carácter. Quienes adoran a ídolos acabarán siendo como ellos. “Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos” (Sal. 115.8). Serán insensibles a Dios, egoístas y con una vida moral degradada (Ro. 1.23-25). En cambio, los que confían en el Dios verdadero y santo y le adoran se irán pareciendo más a Él, y formarán un pueblo santo.
    Pero Él también es la fuente de toda vida espiritual. Al pecador se le describe como muerto espiritualmente, separado de Dios y quebrantado por el pecado. A los que reciben a Cristo como Señor y Salvador, Él les da vida espiritual (Ef. 2.5). Dios comienza a obrar poderosamente en su interior (Fil. 2.13). Se cumple fielmente la promesa de Cristo, de dar vida abundante (Jn. 10.10).
    Todas nuestras habilidades naturales y espirituales provienen de Dios. Pablo pregunta: “¿o qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co. 4.7). Ya sea intelecto, cualquier talento bueno o habilidad mecánica, todo proviene de Dios. Los ricos recursos de la personalidad humana provienen del Creador, y esto debería humillarnos.    
    Las “cosas”, las posesiones materiales de esta vida, vienen de Dios. El apóstol manda recordarle al rico que es “el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Ti. 6.17). Pero la manera de disfrutarlas no debe ser egoísta. “Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos” (v. 18). Ten cuidado con el egoismo en lo referente a tus posesiones. Son de Dios, y tú solo eres un administrador. 
    El Señor Jesús vivía entregado al servicio de los demás. Siempre pensaba en otros, no en sí mismo. Era una vida de renuncia a sí mismo, coronada con el sacrificio en la cruz (Mr. 10.45). El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se unieron en aquel don asombroso e inefable (2 Co. 9.15).
    Nuestro Dios es un dador muy generoso y misericordioso, y quienes le adoran también serán dadores generosos.
continuará, d.v., en el siguiente número

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 El Creciente Énfasis en la Música
Parte 4
Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior
Permíteme hablar francamente acerca de la cuestión de “conservar a nuestros jóvenes a todo coste”. 

     En primer lugar, durante mi juventud nunca recuerdo que los jóvenes tuviéramos la actitud de que la asamblea giraba en torno a nosotros. Según recuerdo, los jóvenes no queríamos traer “nuestra música” a la asamblea. “Nuestra música”, si la teníamos, era secular, y la asamblea claramente no era el lugar para ella. Sin embargo, ahora la cristiandad ha “bautizado” la música secular con “letra cristiana”, que no solo ha sido aceptada por los jóvenes de hoy como si fuese “música cristiana”, sino que también desean traerla a la asamblea. Durante las últimas décadas, la iglesia se ha ido “acondicionando” para aceptarla. Lenta pero seguramente ha ido entrando hasta que, al final, lo ha hecho como una inundación.

 

El coro de la iglesia catolica 

en Pasadena, California

 
coro de la iglesia presbiteriana


Coro del Tabernáculo Mormón
Coro luterano

Coro adventista

Coro de monjes en un monasterio

    En segundo lugar, si cedemos a los deseos de los jóvenes y adaptamos la asamblea a su gusto, ¿qué tipo de asamblea les dejaremos? ¿Cuál será su futuro? ¿Qué tipo de jóvenes estamos criando cuando cedemos a sus deseos en detrimento de quienes durante muchos años gastaron sangre, sudor, lágrimas y fondos con el deseo de glorificar a Dios? Lo que estamos criando son jóvenes egoístas que consiguen lo que quieren amenazando con irse de la asamblea, sin importarles cómo afecte a los demás. Serán jóvenes (y luego adultos) que habrán aprendido a conseguir lo que quieren sin el trabajo y el ejercicio espiritual que las generaciones anteriores tuvieron fielmente.
    En tercer lugar, y quizá la más difícil de aprender para todos nosotros, está la lección que vemos en la parábola del hijo pródigo. Recuerda que el hijo pródigo exigió su parte de la herencia. Fue una actitud descarada, pero su padre se la concedió. (A veces Dios hace esto con nosotros también, para que maduremos, pero siempre es una lección costosa). Esta es una lección poderosa, pero difícil de aprender. “Si nuestros hijos quieren irse de casa, ¡asegurémonos de que tendrán que hacerlo!”  (Obviamente, no me refiero a hijos muy jóvenes). La falta de aprendizaje de esta lección ha provocado que muchos padres traigan el mundo a su casa, intentando así que sus hijos no se marchen, sin darse cuenta de que simplemente los están entrenando para el mundo en su propio hogar.
    Tras haber trabajado con jóvenes durante tres décadas y haberles querido mucho, sinceramente creo que, en ocasiones, sería mejor que algunos jóvenes abandonaran la asamblea para seguir sus propios deseos, incluso en lo referente a ciertos tipos de música. No me sorprendería si después volvieran habiendo madurado y habiendo descubierto que las cisternas tan deseadas no sacian el espíritu. Dejarles marchar así requiere mucha fe, domino propio, y tiempo intercediendo por ellos en oración. Supone un dolor que no estamos dispuestos a sufrir con frecuencia y que va en contra de la sabiduría humana. El padre no estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para que su hijo se quedara en casa; al contrario, le permitió salir a gran coste, ¡y al final resultó en gran gozo!
    Ahora bien, habiendo hablado con franqueza sobre esto, permíteme también decir que el padre no se alegró de que su hijo se fuera. Tampoco tuvo una mala actitud. Actuó con amor, pero también con firmeza, pensando en el bien de su hijo, y no permitió que se comportara en casa como le diera la gana. Eso no significa que el padre fuera un viejo duro e inflexible que gobernaba con látigo. Está muy claro que deseaba que su hijo volviera, ya que cada día miraba al horizonte y, cuando finalmente lo vio de lejos, salió corriendo para recibirlo con besos y lágrimas (Lc. 15.20).
    No es nada fuera de lo normal que los jóvenes abandonen el hogar o la asamblea en busca de aquello que no encuentran en ellos. Sin embargo, cuando maduren, no ofrecerán a sus hijos lo que ellos buscaban en su juventud. No se trata de dureza ni legalismo, sino de amor en su sentido más verdadero. El Señor no es duro cuando no nos concede lo que queremos, o cuando nos permite tenerlo y sufrir las consecuencias.
    La idea de que una asamblea debe reformarse y cambiar para adaptarse a los deseos de los jóvenes es, sencillamente, el concepto de una generación llena de amor propio y autoestima. Ciertamente, la asamblea debe expresar su amor genuino y su preocupación por los jóvenes, educándolos en el temor y la admonición del Señor, pero no es el patrón bíblico traer el mundo a la asamblea para que los jóvenes no se vayan. Debemos creer con firmeza que “el obedecer es mejor que los sacrificios”. El rey Saúl fracasó al no ver esta verdad, y perdió su reino como resultado (1 S. 15.22-23).
    Que el Señor nos ayude a avanzar siguiéndole ceñidos a Su Palabra, sin estancarnos ni jactarnos de nuestra ortodoxia, sino trabajando juntos para la gloria de nuestro Señor venidero y para el crecimiento de Su pueblo y Su Iglesia.           
          
Steve Hulshizer, de la revista Milk & Honey (“Leche y Miel”) enero, 2008

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 Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior


7. El Amor al Dinero


Es raíz de todos los males (1 Ti. 6.10). No estamos en este mundo para hacer tesoros (Mt. 6.19-21). Dios ahora llama a Su pueblo a peregrinar – somos extranjeros y peregrinos en el mundo (He. 11.13; 1 P. 2.11). William MacDonald bien dijo que acumular riquezas en esta vida es tan contrario a la voluntad de Dios como la fornicación y el adulterio. Del mundo se escucha la crítica: “las iglesias solo quieren tu dinero”, y desafortunadamente respecto a muchas iglesias es verdad. Enfatizan “las bendiciones del dinero”, y dicen que si uno da una ofrenda de fe Dios le devolverá mucho más. Los tele-evangelistas viven en grandes casas con toda comodidad, tienen sus escoltas, viajan de acá para allá en sus aviones particulares y se quedan en hoteles de lujo. No sabemos si algunos de ellos realmente creen en Dios, pero sí, creen en el dinero. Pedro advierte: “Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (2 P. 2.3).
    Pero los siervos del Señor en una asamblea local no deben ser así. El amor al dinero está tajantemente prohibido. El Señor Jesucristo dejó las riquezas del cielo y se encarnó: “se hizo pobre” (2 Co. 8.9). Nació en un establo y tuvo por cama un pesebre. No fue director de ninguna gran empresa. No vivió de las labores de otros, ni siquiera tuvo una cuenta bancaria. Trabajaba humildemente con Sus manos, como carpintero, hasta aproximadamente treinta años de edad. Durante Su breve ministerio público dijo a un discípulo prospectivo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Lc. 9.58). En Hechos 3.6 el apóstol Pedro dijo: “No tengo plata ni oro”. Es una gran incongruencia que Sus siervos vivan como ricos, acomodados en el mundo donde Él fue pobre. Todo creyente debe  considerar y meditar sobre el ejemplo de los apóstoles en 1 Corintios 4.8-16, que termina así: “os ruego que me imitéis”.
    Por eso la Palabra de Dios manda acerca de cualquiera que desea ser anciano: “no codicioso de ganancias deshonestas” y “no avaro” (1 Ti. 3.3; Tit. 1.7). El amor al dinero ciega los ojos del entendimiento, y causa una fuga de poder espiritual. Desvía a los hombres, y les motiva y capacita para hacer lo que Dios no quisiera. La avaricia es motivo de excomunión (1 Co. 5.11), pero excomulgamos más a los fornicarios y los ladrones o borrachos que a los avaros. William MacDonald dijo que en toda su vida no conoció ni un solo caso de excomunión por avaricia, pero no por falta de avaros en las iglesias.
    Hay hombres que usan el ministerio para encubrir avaricia (1 Ts. 2.5), pero Pablo y sus colegas no eran así. A los filipenses dijo: “No es que busque dádivas” (Fil. 4.17). El problema con el amor al dinero en un siervo de Dios es que afectará lo que predica y cómo lo predica. Afectará a quién disciplina y a quién no, porque estará tentado a pensar qué pasará si reprende a un hermano afluente, o si predica ciertas cosas. No quiere ofender a los que ofrendan y ayudan a mantener la obra, porque confía más en ellos que en Dios. Nunca deben dejar que el dinero figure en las decisiones espirituales, ni que afecte la obediencia a la Palabra de Dios.
    El remedio es confiar en el Padre celestial, que sabe de qué cosas tenemos necesidad. Ante las necesidades debe entrar en su aposento, cerrar la puerta, y orar a su Padre que está en los cielos (Mt. 6.6).  La prioridad en la vida personal y en la asamblea es: “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6.33).
continuará, d.v. en el siguiente número

                       del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea

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Gran Ganancia 

“Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6.6). Por eso el Señor Jesucristo no era posesivo ni controlador en su manejo del dinero. Él jamás codició el dinero; más bien dejó que Judas tuviera “la bolsa del dinero” (Juan 12.6 NBLA). Cuando quería ver la imagen de César, dijo: “Traedme la moneda” (Marcos 12.15); obviamente no tenía ninguna. Jamás pidió ni tomó prestado dinero. Él les enseñó a sus discípulos a orar: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Lucas 11.3) y vivió hablando solo con Dios de sus necesidades. Cuando había que pagar los impuestos, le dijo a Pedro que tomara el dinero y se lo diera “por mí y por ti” (Mateo 17.27). Cumplió con sus responsabilidades financieras y, además, ayudó a otros. Dios lo vio y lo amó, porque “Dios ama al dador alegre” (2  Corintios 9.7). ¿Sigues tú su magnífico ejemplo de administración del dinero?

Juan Dennison, Devoción a Diario, lectura del 17 de junio, 
Libros Berea y Publicaciones Pescadores

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 Matrimonio, Divorcio, Adulterio

Curtis Thigpen

La Palabra de Dios expresa claramente el origen divino y la santidad del matrimonio:
· Dios lo diseñó y originó (Gn. 2.21-24).
· Dios prohíbe su disolución por el ser humano (Mr. 10.9).
· Dios declara que aborrece el repudio (Mal. 2.15-16).
· El matrimonio ilustra la relación entre Cristo y Su Iglesia  (Ef. 5.22-33; Ap. 19.7-8), que es permanente.

    Según Marcos 10.6-9 es bastante obvio que desde el principio la intención divina es que la unión matrimonial sea permanente, y que solo pueda terminarse legítimamente por la muerte.

“pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”.

    Además, uno de los propósitos principales del matrimonio es la institución y el establecimiento del hogar, que es la base de una sociedad ordenada. Cuando se mina la dignidad y santidad de esa unión y del hogar, las consecuencias son trágicas y tristes. Esto no solo ocurre en las familias afectadas, sino que también afecta al bienestar de la sociedad en general y contribuye a la desintegración y el colapso de naciones fuertes.  
    En el Antiguo Testamento, Dios estableció unas normas sobre el divorcio y otros asuntos relacionados en el libro del Deuteronomio (capítulos 22 y 24). Se permitía el divorcio en caso de decepción respecto a la pureza moral, pero solo si la contaminación había ocurrido antes de la consumación del matrimonio (Dt. 24.1). Por otra parte, si había pruebas de inmoralidad después del matrimonio, se apedreaba a ambos culpables (Dt. 22.22). La excepción mencionada por nuestro Señor en Mateo 5.32 y 19.9 evidentemente se basa en estos principios.
    Sin embargo, algunos estimados maestros de la Biblia han deducido de las palabras del Señor que, cuando el matrimonio se ha visto contaminado por el adulterio, el divorcio está permitido por la Biblia y la parte supuestamente “inocente” puede volver a casarse. Sin embargo, un examen honesto de los términos empleados por el Señor revela que el adulterio no es la excepción. Observa que en los siguientes pasajes no se admiten excepciones.

“y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”
(Mr. 10.11-12).

“Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera” (Lc. 16.18).

    En general, el Nuevo Testamento no hace concesiones al concepto común del divorcio y el nuevo matrimonio de personas divorciadas. El precepto del Nuevo Testamento está claramente expresado en pasajes como Romanos 7.2-3 y 1 Corintios 7.39, y lógicamente plantea la siguiente pregunta: “¿Respira aún el esposo?” Porque mientras viva, ante Dios sigue en vigor el matrimonio. La violación de este precepto es el pecado  llamado “adulterio”. Según 1 Corintios 6.9-10 los adúlteros “no heredarán el reino de Dios”, pues los juzgará Dios (He. 13.4).      

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Algunas Excusas que Suelen Utilizarse 
para Romper el Matrimonio

“Realmente no existe diálogo” (falta de comunicación entre nosotros).
“Somos tan diferentes”.
“Me decepcionó. Soy víctima".
“Somos incompatibles”.
“No estamos felices, sino siempre estamos peleando”.
“No nos entendemos”.
“Ya no nos amamos como antes”.
“No nos soportamos”.
“No pensamos ni actuamos igual”.
“Me siento atrapado/a en un matrimonio sin amor”. 

Pero las Escrituras no aceptan estas cosas como razones para el divorcio.

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  El Séptimo Mandamiento

 “No adulterarás”


 El mundo habla de la revolución sexual, pero ante Dios es la rebeldía sexual. ¿Cree usted que la moralidad es una cuestión de gustos, algo relativo? Se llevará una gran sorpresa y amarga el día que descubra que Dios afirma que es algo absoluto. No importa lo que piensa la sociedad, ni los psicólogos, ni los profes de ética, porque ninguno de ellos le acompañará en el juicio ante el trono de Dios.
    El séptimo mandamiento menciona específicamente el adulterio, que se refiere a actos sexuales entre una persona casada y alguien que no sea su cónyuge. Sin embargo, el adulterio es solo un tipo de práctica inmoral, y la ley de Dios prohíbe toda clase de fornicación.
1 La palabra “fornicación” se traduce de la palabra griega “porneo”, (de donde viene nuestra palabra “pornografía”). Significa toda y cualquier actividad sexual ilícita, es decir, fuera del matrimonio. Incluye cualquier tipo de inmoralidad sexual. El paso del tiempo y la evolución de la sociedad no pueden cambiar la ley divina. El Nuevo Testamento también anuncia que “a los fornicarios y los adúlteros los juzgará Dios” (Epístola a los Hebreos, 13.4).
    Hay quienes afirman que no son adúlteros ni inmorales, pero si se dijera toda la verdad, tienen pensamientos y deseos inmorales, e incluso de cometer actos inmorales. Se recrean leyendo novelas, viendo películas o fotos en Internet y a través de su teléfono, e imaginan estar en esas situaciones, soñando en privado sin que nadie vea la pantalla de su mente. Pero Dios lo ve y sabe que eso es fornicación y adulterio en el corazón. Jesucristo dijo: “Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” (S. Mateo 5.27-28, Nácar-Colunga). 
    El precepto incluye las  mujeres que miran con deseo a los hombres. La sociedad no lo considera malo, pero la sociedad no es Dios, y Dios lo condena.
¿Ha sido infiel a su cónyuge, aunque haya sido una sola vez y nadie lo sepa? Dios lo sabe. Aunque solo haya sido en pensamientos y deseos, esto demuestra que su corazón es pecaminoso y quebranta la Ley de Dios.
    ¿Se ha casado con una persona divorciada? Esto es adulterio según la enseñanza de Cristo.
“Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio” (Evangelio según S. Marcos, 10.11-12).
    La Iglesia Católica inventó “la anulación”, que es un truco filosófico. Alega que, aunque la Iglesia los casó en el sacramento del santo matrimonio, el matrimonio nunca llegó a existir en el corazón de los dos cónyuges, por lo que la Iglesia “anula” el matrimonio. De este modo, pueden decir que no se trata de un divorcio y que, por tanto, no están cometiendo adulterio, ya que, según razonan, ¡nunca estuvieron casados! Sin embargo, en ese caso serían fornicarios. Píntanlo como quieran, pero la ley de Dios queda rota. Las Sagradas Escrituras no cambian. En lugar de excusarnos por las modas de una sociedad permisiva, debemos obedecer a Dios. Cristo declaró: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Evangelio según S. Mateo, 24.35).
    Hoy en día están de moda las parejas de hecho, y se dice que hay que aceptarlo y no juzgar. Sin embargo, Dios considera fornicación toda actividad sexual fuera del matrimonio. La Biblia dice: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Epístola a los Hebreos 13.4). Ante Dios sigue siendo pecado. Los santos apóstoles mandan que los fornicarios y adúlteros no deben ser admitidos en ninguna iglesia (Primera Epístola a los Corintios, 5.11). Incluso la ley humana distingue entre matrimonios y parejas de hecho. Dios aún distingue más, y condena a las parejas que conviven sin casarse, pues cometen fornicación y serán juzgadas. Juntarse en pareja es fornicación, y según la Biblia, los hijos nacidos de la fornicación son bastardos (Deuteronomio 23.2; Epístola a los Hebreos 12.8).
    Ha contemplado actos inmorales en la tele, el teléfono o el cine, para divertirse? Eso es la inmoralidad mental, son pensamientos impuros. Recuerde el texto de Romanos 1:32 sobre el pecado vicario, es decir, el pecado que se disfruta a través de otras personas.
  
 Francamente, vivimos en una sociedad inmoral y perversa que va de mal en peor. Pero recuerda que no será la sociedad, sino el individuo, quien rendirá cuentas ante Dios. Sea quien sea, cualquier persona que haya deseado, pensado o cometido alguna de estas cosas es culpable de adulterio y de romper el séptimo mandamiento de la Ley de Dios.                                                           - - -                                                                                 ¡Culpable!

1  Lea los capítulos 18 y 20 de Levítico.

2 En el Evangelio según San Juan, 4.18, Cristo le dijo a una mujer que convivía con un hombre: “el que ahora tienes no es tu marido”. Quienes se juntan y luego se casan dicen que así se arregla todo. Pero la ceremonia no borra la fornicación de su relación anterior. 

 

miércoles, 30 de noviembre de 2022

EN ESTO PENSAD - diciembre 2022

 Abraham y Lot
La Necesidad de la Separación
- parte 2
"Te ruego que te apartes de mí" (Gn. 13.9)

Lucas Batalla

 


viene del número anterior
Cuando Abraham inició la separación, Lot vio algo muy atractivo (vv. 10-11). Es interesante que el verso 10 dice que el verdor de la llanura del Jordán le pareció “como la tierra de Egipto”. Entonces, “escogió para sí” (v. 11). No tuvo deferencia para con su tío, sino escogió lo que le parecía lo mejor, pero sin saber que todo eso sería destruido. El creyente que escoge el mundo se equivoca como Lot, porque “el mundo pasa, y sus deseos” (1 Jn. 2.17). “Y se apartaron”. Era necesario para que Abraham recibiera la bendición de Dios. Después de separarse, cada día se alejaron más el uno del otro. Sin la influencia de Abraham, Lot fue de mal en peor.
    Abraham estuvo en el campo, pero Lot fue a las ciudades de la llanura, e iba acercándose a Sodoma (v. 12). ¿En qué tipo de ciudad querían estar Lot y su esposa? El verso 13 la describe así: “Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera”. Lo que entonces había en Sodoma y las ciudades vecinas, está hoy en todo el mundo. Este mundo se ha convertido en Sodoma, un lugar de perversidad que nos da vergüenza y asco. El gobierno de nuestro país legaliza la homosexualidad y el lesbianismo. Quieren borrar la distinción entre los sexos. Las mujeres se visten como hombres, y algunos hombres como mujeres. Pero aunque los gobiernos legalicen el pecado y la perversión, Dios nunca los legaliza. Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres. Dios tiene unas normas y hay que respetarlas. Por ejemplo, las mujeres no deben llevar pantalones y cortar el pelo como los hombres. Dicen que es la moda, pero eso no importa, sino la voluntad de Dios. En la iglesia debemos vestirnos como santos, no como mundanos. Hace años que me sorprendí en un campamento “cristiano”, cuando algunas mujeres vinieron al estudio en bikini. Les protesté, pero no les pareció bien ni a ellas ni a los varones, y poco después yo y mi esposa abandonamos ese lugar. No debemos imitar a Lot, el hombre que no se separó sino se integró, y perdió la santidad y su testimonio.
    Hay quienes desean imponer los valores del mundo en las iglesias, y muchas, incluso asambleas de hermanos, han copiado esas modas y valores. Pero eso digo, hermanos, que hay que resistir, porque no debemos meternos en ese molde (Ro. 12.1-2). Seamos santos y piadosos, y esto incluya nuestra forma de vestir y hablar. 2 Corintios 6.14-7.1 enseña y enfatiza la necesidad de practicar la separación. No hay comunión entre lo santo y lo mundano. Aunque le dolió a Abraham separarse de Lot, era para su salud y bienestar espiritual. Leemos que “después que Lot se apartó de él”, Dios habló con Abraham (v. 14). Le dijo que alzara los ojos, no como Lot, sino para mirar a los cuatro puntos cardinales y ver toda la tierra. Confirmó Su promesa: “toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (v. 15). Es unilateral, por lo que no puede ser invalidada por Israel. Es soberana, pues no depende de las naciones unidas ni otros. Y tampoco tiene fecha de caducidad, pues es “para siempre”. Lo que Lot escogió fue quemado y desapareció para siempre. Lo que Dios dio a Abraham será suyo eternamente, con gran bendición.  De eso aprendemos que Dios da lo mejor a los que no escogen para sí, como Lot, sino permitan que Dios escoja. Esto afecta todo área de nuestra vida. Dejemos a Dios dirigir nuestras vidas.
    Aunque la separación era necesaria, Abraham seguía amando a Lot. Cuando oyó que Lot había sido llevado cautivo (Gn. 14.12-16), armó a los de su casa y salió para atacar al enemigo y librar a su pariente. Arriesgó la vida por él, pero no volvieron a vivir juntos.
    El verso 18 relata que Abraham fue en sentido opuesto a Lot. Es otro resultado de la separación. Con el tiempo hay más distanciamiento. Se acercó a Hebrón, pero no moró en la ciudad sino en el campo, en el encinar de Mamre, y ahí edificó otro altar a Jehová.
    Hermanos, no estamos practicando debidamente hoy la línea divisora. Es bueno ser cortés y amable, pero no podemos andar con todos. No hay que esperar que se cansen y se vayan los que tienen otra línea de doctrina y práctica. Esas tensiones y conflictos pueden arruinar a una familia o iglesia, como las corrientes del mar que destruyeron la nave que llevaba a Pablo. “Pero dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría con la violencia del mar” (Hch. 27.41).
    Recordemos la pregunta de Amós 3.3, “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” Aunque nos duela, y aunque nos quedemos solos, tomemos la iniciativa y digamos: “te ruego que te apartes de mí”. La vida cristiana es una senda difícil, y ¿por qué no decirlo, de pocos amigos? Recordemos que es mejor estar solo que mal acompañado.
    Como aprendió Abraham, gran amigo es Dios de los que esperan en Él. Cuando se quedaron solos, Dios habló con Abraham para confirmar Sus promesas. Es como si dijera: “Hiciste bien. No te preocupes, yo soy tu amigo fiel”. Y Abraham tiene el apodo “Reuel” en hebreo (amigo de Dios), o “al Kalil” en árabe (el amigo). Es recordado con honor como amigo de Dios (véanse 2 Cr. 20.7; Is. 41.8; Stg. 2.23). Él escogió bien, y ahora queda preguntar si escogeremos como él.

de un estudio de Lucas Batalla   10 julio 2022

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El Cuerpo y la Piedad Práctica

Romanos 6.13 exhorta: "...presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia". Esta palabra "miembros" se refiere a nuestro cuerpo, a todas sus partes. Debe ser presentado a Dios en sacrificio vivo (Ro. 12.1-2). Solo así podemos comprobar la buena voluntad de Dios.
 

La boca:
David declaró: "He resuelto que mi boca no haga transgresión" (Sal. 17.3). ¿Podríamos decir lo mismo? Proverbios 4.24 aconseja a los hijos: "Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de los labios". Un refrán aconseja: "Si no tienes nada bueno que decir, mejor no hablar". Hermanos, presentemos nuestra boca a Dios para servirle. Debemos usarla para adorar, alabar, interceder y testificar.
 

Los ojos:
Job declaró: "Hice pacto con mis ojos; ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?" (Job 31.1). El mundo invita cada día a pecar con los ojos, mirando lo que no debemos. Digamos con el salmista: "No pondré delante de mis ojos cosa injusta" (Sal. 101.3). Pongamos este texto en nuestro corazón, y también sería bueno pegarlo a la pantalla de cualquier aparato que usamos para conectarnos al internet. Si realmente oramos así: "Aparta mis ojos, que no vean la vanidad" (Sal. 119.37), ¿no es cierto que debemos quitar de casa el televisor? Presentemos nuestros ojos a Dios para servirle. "Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley" (Sal. 119.18). ¡No están en la tele!
    Y así por el estilo, debemos presentar cada miembro de nuestro cuerpo al Señor, en sacrificio vivo (Ro. 12.1).
 

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Nuestro Tema Único En La Cena del Señor

Hermanos, la Cena del Señor no es una reunión libre donde se puede hablar de cualquier tema. A algunos les cuesta aprender esta sencilla verdad. No es tiempo para enseñanza, exhortaciones, reportajes de ministerio, motivos de oración, testimonio personal, etc. Tenemos un solo tema: El Señor Jesucristo. ¿Cómo sabemos esto? Porque Él mandó: "Haced esto en memoria de mí". No solo hacemos memoria al tomar de los símbolos, sino en todo lo que cantamos, oramos y decimos durante la Cena del Señor.
    Si pido un himno de evangelización, o sobre la oración o la consagración, no estoy haciendo memoria de Cristo. Si enseño un texto o exhorto, no hago memoria de Él sino me desvío, y desvío las mentes de los demás. Cristo, Su Persona y obra, debe ser mi tema. Mis palabras deben dirigirse a Él, en oración, con gratitud, adorando, expresando cómo le aprecio. Alguien dijo que la adoración es la ocupación entera con la Persona de Cristo.

“Éste es mi Hijo amado...”  (Mr. 9.7)

    Parecido a Pedro en aquel momento, parece que algunos no saben lo que hablan en la Cena del Señor. En el monte de la transfiguración, Pedro debía enfocar toda su atención en la gloriosa Persona del Señor en cuya presencia estaban. Y nosotros, en la Cena del Señor debemos enfocar toda nuestra atención en nuestro Señor, y hablar solo del Señor, no de otras cosas. Él está entre nosotros, y los símbolos de Su pasión están en la mesa para guiar nuestros pensamientos. Sean todas nuestras palabras solamente de adoración, gratitud y alabanza, es decir, NO de enseñanza, testimonio, exhortación ni motivos de oración. Como en Apocalipsis 5, no hay otro tema sino Cristo, el Cordero de Dios, y Su obra redentora. “Digno es el Cordero que fue inmolado”.
“Haced esto en memoria de mí”
(1 Co. 11.24-25)

    Esta sencilla frase no habla solo del acto de participar de los símbolos, sino de toda la Cena del Señor, pues todo debe hacerse en memoria de Él. “En memoria” significa “trayendo a la mente, recordando”. Es una disciplina espiritual y mental que a veces parece que nos cuesta practicar. Desde el comienzo hasta el final de la Cena del Señor, no debe haber palabras sino las que hacen memoria de Él. Los himnos que cantamos deben centrarse en Él, Su Persona y obra redentora. Las oraciones, y las Escrituras leídas deben traer a Cristo a nuestra mente – no deben ser para exhortar o enseñar. ¡Es Su hora! Hay otras reuniones para enseñar, exhortar y testificar. Ésta es para hacer memoria de Él.
continuará, d.v.

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 ¡Escoge lo Mejor!



Pr. 21:9  "Mejor es vivir en un rincón del terrado que con una mujer rencillosa en casa espaciosa".
    "Rencilla: Cuestión o riña que da lugar a un estado de hostilidad entre dos o más personas" (R.A.E.). Reñir es reprender, contender o corregir con rigor o amenaza, disputar, altercar. La mujer rencillosa procede así en su matrimonio y familia, y arruina su casa. Estar sólo es mejor que estar mal acompañado.

Pr. 21:19  "Mejor es morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda".
    La repetición de esta expresión en Proverbios es para dar énfasis al tema. Además de su actitud agresiva y pendenciera, y su lengua suelta y aguda, esta mujer es dada a la ira, el enojo, los enfados y el mal humor. Aun el desierto es preferible que una morada con una mujer así. Antes de entrar en noviazgo, es aconsejable observar y conocer el carácter de la persona, porque si es mala, por hermosa que sea la fachada, sería una tortura vivir con ella.
    ¿Qué carácter demanda Dios de las mujeres que profesan piedad? Afable y apacible (1 P. 3.4). Prudente, casta, sumisa, respetuosa (Tit. 2.5; 1 P. 3.2). Las madres cristianas deben enseñar esto a sus hijas mediante su ejemplo y sus consejos.

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  ¿Qué Son los Libros Apócrifos?


La palabra "apócrifo" viene del griego y significa escondido o oculto. Los libros apócrifos aparecen en las Biblias católicas. ¿Por qué? Brevemente, en el siglo XVI la Iglesia Católica Romana, en su controversia con los protestantes, cambió la Biblia, al añadir siete libros al Antiguo Testamento. Esos libros nunca estuvieron en la Biblia hebrea. Pero ahora, los católicos dicen que los "protestantes" cambiaron la Biblia. En realidad usamos la misma Biblia que siempre, la que antes usaban los católicos, pero Roma la cambió después de quince siglos. Y ahora, tristemente, las sociedades bíblicas colaboran con Roma y aceptan fondos para imprimir Biblias "interconfesionales", que quiere decir, católicas, que contienen esos libros.
    El asunto es importante, porque Dios nos manda no añadir a Sus palabras. Proverbios 30.6 dice: "No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso". Domingo Fernández nos informa acerca de esos libros espurios, en su obra: "Los Libros Apócrifos: Una Biblia Adulterada".  proximamente disponible de Libros Berea

¿Treinta y nueve o cuarenta y seis libros?

    En lo que se refiere al Nuevo Testamento no hay diferencia ninguna entre las versiones católicas y evangélicas. Pero en el Antiguo Testamento sí hay diferencia. Hasta ahora el Antiguo Testamento en las versiones evangélicas se componía de 39 libros. El Antiguo Testamento de las versiones católicas se compone de 46 libros; y varios capítulos añadidos a los libros de Ester y Daniel. Los siete libros añadidos son:

     Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 

     Primero y Segundo de Macabeos.

¿Por qué se les llama Apócrifos?

    El primero en calificarlos de apócrifos fue San Jerónimo, traductor de la Vulgata Latina. Dice un autor católico:

“el nombre apócrifos se aplica entre los católicos a escritos de carácter religioso no incluidos en el canon de la Escritura que, si bien no son inspirados, pretendieron tener origen divino o fueron algún tiempo considerados como sagrados”. (Verbum Dei, tomo 1, pág. 299.) 

La palabra “apócrifo” viene a ser sinónimo de falso. Los evangélicos nunca hemos aceptado los Libros Apócrifos como inspirados por Dios.

Los Libros Apócrifos nunca estuvieron en el canon

    Los libros inspirados que componen el Antiguo Testamento fueron escritos en hebreo, por profetas hebreos y dirigidos al pueblo hebreo. El apóstol Pablo afirma, bajo inspiración divina, que la Ley de Dios fue promulgada para el pueblo israelita (Ro. 9.4). Y que Dios encomendó al mencionado pueblo el cuidado o preservación de las Sagradas Escrituras (Ro. 3.1-2). Dice el autor católico M. Chasles lo siguiente:

“Para el pueblo judío fue escrito primeramente el Antiguo Testamento. Él lo recibió en depósito. Las Escrituras nos han sido transmitidas por Israel, y con ese espíritu escrupuloso que ha asegurado la conservación de las costumbres hebreas” (Qué es La Biblia, pág. 33). 

La confesión o declaración de este autor católico es de capital importancia en relación con el tema que estamos considerando.
    Esos llamados Libros Apócrifos no fueron escritos en hebreo, ni por profetas hebreos inspirados por Dios. Nunca formaron parte del Antiguo Testamento hebreo. Cuando los mencionados libros entraron a formar parte de la versión griega de la Biblia, los israelitas convocaron un concilio que se reunió en Jamnia, con el propósito de considerar la naturaleza de los libros agregados a la versión griega. Para determinar si un libro es o no inspirado, aquel Concilio estableció las bases siguientes:

    a) El libro debe estar de acuerdo con la Ley de Moisés.
    b) Debe haberse originado en Israel.
    c) Debe haber sido escrito en hebreo.
    d) Debe haberse escrito antes de la muerte de Esdras.

    Como los mencionados libros no llenaban los requisitos establecidos por el Concilio, éste determinó que no tenían derecho a formar parte del conjunto de libros inspirados por Dios. Los hebreos siempre han creído que fue Esdras quien fijó, bajo inspiración divina, el canon o catálogo de los libros inspirados del Antiguo Testamento. Y, en términos generales, se puede decir que los Libros Apócrifos fueron escritos entre el año 150 antes de Cristo y el año cien de la era cristiana. Por lo menos dos siglos después de la muerte de Esdras.
    El autor católico M. Chasles dice: “Siete libros del Antiguo Testamento (católico) no fueron admitidos en el número de las Escrituras por los doctores de la Ley en Jerusalén. En la época de Jesucristo y de los apóstoles, Jerusalén tenía su Biblia hebrea, treinta y nueve libros”. Los traductores de la versión griega comentan: “tradujeron del hebreo los 39 libros que componen la Biblia hebrea de Jerusalén, y luego agregaron otros siete libros de los que sólo tenían el original griego” (Qué es La Biblia, pág. 27 y 29).

    Esta sincera, franca y veraz declaración de un católico sitúa a los Libros Apócrifos fuera del catálogo de los libros inspirados. Fueron “agregados” por quienes no tenían autoridad para agregar.
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    Pero, amado lector, todo eso no debe quedarse como un mero tema intelectual. Tenemos la Biblia sin añadiduras, y es digna de nuestra fe. La bendición no está en tenerla, sino en leerla, conocerla, creer y obedecerla. Ése es el camino de la bendición (Stg. 1.22).

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 LOS HIJOS: ¿Alegría o Alboroto?

Hace poco, orando en casa, nuestro hijito de cuatro años dijo: “Señor, ayúdame a mirar Tus ojos y hacer lo que Tú dices”. Qué forma más sencilla de expresar la idea del Salmo 32, versículos 8 y 9: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y freno”. Así quisiéramos responder nosotros como padres a Dios; no como el mulo, carente de entendimiento, que ha de ser llevado de un lado para otro, sino con un corazón sumiso que ya resolvió obedecer, y sólo espera ser guiado por el ojo de su Señor. En oración pedimos esta calidad de obediencia para nosotros y para nuestros hijos.
    Toda victoria que Dios nos ha dado en nuestra experiencia surgió cuando, agotados nuestros recursos, reconocimos nuestra derrota personal. Sólo entonces tomó Él las riendas para realizar Su obra en nosotros. Es con nuestros hijos, más que nada, que nos vemos obligados a depender totalmente del Señor.

Educar Es Más Que Enseñar


    En Proverbios 22:6 Dios ordena y promete: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartar de él”. La palabra “instruye” en este pasaje debería traducirse “educa” porque en el original implica mucho más que la mera enseñanza del niño. Muchos de nosotros enseñamos el camino correcto a nuestros hijos, pero no los educamos para seguir ese camino. Al niño se le puede educar a obedecer voluntariamente a sus padres y a confiar en ellos.
    El diccionario da la siguiente definición: Educar es “desarrollar el vigor físico y la inteligencia; dirigir la voluntad”. Esto es lo que Dios quiere que hagamos con nuestros hijos.

Todos Los Padres Educan A Sus Hijos

    Consciente o inconsciedntemente, todos nosotros estamos educando a nuestros hijos. Cuando le pedimos a nuestro hijo que haga algo, y no lo hace, le estamos educando a esperar hasta oír la orden dos veces antes de obedecer, o hasta que levantemos la voz, o hasta que le amenacemos. Le podemos educar a obedecer inmediatamente después de pedirle algo una sola vez y en un tono de voz normal. La clave está en la educación.
    El niño a quien sólo se le ha enseñando “el camino a seguir”, puede oír otras enseñanzas y apartarse del camino. Pero, la promea al padre que educa a su hijo es: “CUANDO FUERE VIEJO NO SE APARTARÁ DE ÉL”.
    Vemos dos ejemplos en la Biblia. Uno, el de un niño que fue educado en el camino que debía seguir, y otro, el de dos hermanos a quienes solo se les enseñó el camino a seguir pero no se les educó.
    En 1 Samuel 1:11 Ana pidió al Señor un hijo. Su oración era en efecto: “Señor, dame un hijo y te lo dedicaré”. No dijo: “Señor, si me das un hijo haré todo lo que pueda para enseñarle que Te sirva, y si él quiere, si no se opone, lo llevaré al templo para que Te sirva”. No dudó, no por un instante, de que Samuel haría lo que ella decidiera. 1 Samuel 1:27-28 dice: “Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová”. Samuel fue al templo y sirvió y ayudaba de buena gana al sacerdote Elí. En 1 Samuel 3, es evidente que Samuel fue educado para obedecer; cuando era jovencito, se levantó tres veces de su cama para correr hacia Elí y preguntarle qué deseaba. Además, sirvió al Señor durante toda su vida.
    En contraste tenemos a los dos hijos del sacerdote Elí. 1 Samuel 2:12 dice: “los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová”. La Biblia nos dice que los hijos de Elí eran desobedientes e inmorales. Elí sabía lo que sus hijos estaban haciendo y sin duda les había enseñado a hacer el bien. En 1 Samuel 2:23-24 Elí los reprende: “Y Elí les dijo, ¿por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo, pues hacéis pecar al pueblo de Jehová”. Pero solo reprender no es educar.
    Elí descuidó [aparentemente] la educación de sus hijos: “ellos no oyeron la voz de su padre”. Y Jehová quitó el privilegio de ser sacerdotes a las generaciones subsiguientes de Elí. En 1 Samuel 3:13 dice: “Y le mostraré que yo juzgaré a su casa para siempre, por la iniquidad qu él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado”. Elí honró más a sus hijos que a Jehová (1 S. 2:29).
    Elí amaba al Señor, era honesto y sincero, despempeñaba correctamente su puesto sumosacerdotal, pero no educó a sus hijos a obedecer.

por A. Fabrizio y P. Fabrizio

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¿Feliz Cumpleaños?


Así me dijeron en enero, ¡pero yo nací en julio! “Gracias de todos modos”, dije, “pero hoy no es mi cumple”. “¿No? Cuándo es?” respondieron. Cuando supieron la fecha, dijeron, “Bueno, no importa la fecha, felicidades de todos modos”. Parece graciosa la respuesta. Así no dicen: “Oh, nos equivocamos de fecha”.
    Algo similar pasa en la Navidad. Cristo no nació en diciembre, pero les da igual, van a celebrar porque sí. Si alguien pregunta cuándo nació, la respuesta es que no sabemos la fecha. Es seguro que no nació en diciembre porque en los meses de frío, lluvias y nevadas en la zona de Belén, no hay pastores ni ovejas en el campo. Durante octubre empiezan a retirar los rebaños de los campos. Además, los primeros cristianos no celebraron Su nacimiento. No hay fiesta de Navidad en el Nuevo Testamento – los apóstoles no enseñaron a nadie a conmemorar el nacimiento de Cristo. ¡Busca en la Palabra y verás que es así!
    Y si lo pensamos fríamente, sabemos que no es nada especialmente cristiano, pues en todo el mundo millones de personas incrédulas se festejan en Navidad. La fiesta tiene sus orígenes, no en la Biblia, sino en tradiciones paganas – una fiesta de gran desenfreno para celebrar el solsticio de invierno – el comienzo del invierno (en el hemisferio del norte, y en el del sur, el comienzo del verano). Los romanos llamaron esas fiestas: “Saturnalia”, y si te informas sobre ellas, no te va a gustar lo que aprendes.
 
    Al Señor no le interesa eso de Su cumpleaños. Él nació para morir. Claro que estamos agradecidos que naciera. Pero no cabe duda que nuestra redención está basada en Su muerte y resurrección. Por eso, el Señor, la noche que fue entregado, instituyó “La Cena del Señor”, en memoria de Su muerte. Las Escrituras dicen así: “...la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Co. 11.26). Cada primer día de la semana es nuestro privilegio recordar Su muerte expiatoria, y anticipar Su venida.
    Sabemos que el mundo no va a cambiar, porque le gustan sus fiestas. Pero es extraño que un cristiano no cambie sino se aferre a las costumbres paganas. No celebra Halloween, porque reconoce que es pagano, pero ¿por qué no puede reconocer que la Navidad también tiene orígenes paganos? No puede ser "cristianizada". ¿Qué parte tenemos en toda su feria de vanidades? No debemos conformarnos al mundo, sino vivir para agradar al Señor.  
 
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¿Cuánto Dinero Necesitas?

CON EL DINERO PUEDES COMPRAR:
Casa, pero no hogar. Libros, pero no sabiduría.
Lujo, pero no belleza. Diversión, pero no felicidad.
Sexo, pero no amor. Cama, pero no sueño.
Alimento, pero no apetito. Comodidad, pero no paz.
Compañero, pero no amistad. Medicina, pero no salud.
Velas, pero no bendición. Misa, pero no perdón.
Religión, pero no salvación. Nicho, pero no el cielo.

Con dinero puedes impresionar e influir a los hombres, pero no a Dios. El Señor Jesucristo no tuvo nada bueno que decir de los ricos.
 
¡Qué vanidad es el vivir para el dinero! El dinero es el pasaporte universal a todos los lugares menos al cielo. Hay muchas religiones que cobran y recaudan, y ninguna de ellas es de Dios. No podemos comprar el favor de Dios. Sólo Jesucristo da lo que el dinero no puede obtener. Él dijo: "¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?" (Marcos 8:36). ¿Sabes la respuesta a esta pregunta del Señor? La respuesta es: "nada aprovechará", pero algunos no lo creen. Amigo, el dinero puede entretenerte, pero no puede salvarte, ni vale en la eternidad, que es a dónde  vas. "No con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo", dice el apóstol Pedro acerca de la salvación de Dios. Dios no salva a nadie por dinero. Nadie obtiene Su favor a cambio de ofrendas o limosnas. Dios no cobra por la sangre de Su Hijo (1 Pedro 1:18-19), y si cobrara, nadie tendría suficiente para pagar, porque su valor es infinito. ¡Acuérdate de esto la próxima vez que tengas que pagar una misa! El apóstol Pablo dice: "nada hemos traído a este mundo, y sin duda NADA podremos sacar" (1 Timoteo 6:7). Acuérdate de que "nada" es un absoluto. Así la Palabra de Dios advierte a todos los que aman al dinero y las cosas materiales, sean ricos o pobres, caciques o criados. El coche fúnebre no lleva remolque. La muerte es la "igualatoria divina".
    Acerca del dinero, Dios nos aconseja así: "No te afanes por hacerte rico; sé prudente y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo. No comas pan con el avaro, ni codicies sus manjares" (Proverbios 23:4-6).
    En cambio, la Palabra de Dios, y la vida eterna – son para siempre! "Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata" (Salmo 119:72).
 

lunes, 29 de abril de 2019

EN ESTO PENSAD - mayo 2019

Débora, Mujer Excepcional

Texto: Jueces 4:1-9

Debemos notar que después de veinte años bajo la opresión cananea, “los hijos de Israel clamaron a Jehová” (v. 3). Solamente después de años de adversidad Israel se volvió a Dios. Sin dudar la sinceridad de su clamor, no podemos evitar la conclusión que sólo clamaron a Dios en situaciones de emergencia. Esto resulta ser un insulto para Él. Tristemente, es posible que aun el pueblo del Señor le olvide en tiempos buenos, y sólo se acuerde de Él en tiempos malos. Nunca debería ser el caso: “Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. Selah” (Sal. 62:8).
    En esa ocasión, Dios libró a Israel de los cananeos opresores mediante Débora y Barac. Débora era una mujer fuerte, ¡y Barac un hombre débil! Pero Débora no era la fundadora de “derechos iguales para las mujeres”. Era una mujer muy espiritual. “Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidot; y acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a juicio” (Jue. 4:4-5). Débora (significa: “como abeja”) estaba casada con Lapidot (“antorcha”): así que la actividad estaba casada con la luz. ¡Debió ser un matrimonio bien ordenado!
    Débora era a la vez jueza y profetisa. Podríamos compararla a Miriam (Éx. 15:20), Hulda (2 R. 22:14), Ana (Lc. 2:36) y las cuatro hijas de Felipe (Hch. 21:8-9). Ella se describe como “madre en Israel” (Jue. 5:7). Los judíos extraviados eran sus hijos, y ella los recibía y aconsejaba. Débora era una excepcional mujer de fe, pero ciertamente no era oportunista. No intentó entrar en una esfera que Dios no le había asignado. Debemos observar lo siguiente:
 
Las Circunstancias de Su Ministerio
    El hecho de que ella “gobernaba en aquel tiempo a Israel” (Jue. 4:4) era un comentario triste sobre la vida de la nación. Compara Isaías 3:12, “Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él”. Como observa Wiersbe: “Dios, al dar a Su pueblo una mujer para juzgarles les trató como niños pequeños, que es exactamente lo que eran en las cosas espirituales”. Pero debemos enfatizar que eso no fue un descrédito para Débora. Alguien bien ha dicho que el fracaso de los hombres fue suplido por la fidelidad de la mujer.

El Carácter de Su Ministerio
    Ella era profetisa y jueza. Un profeta, o en ese caso una profetisa, era una persona que recibía un mensaje directamente de Dios y lo comunicaba al pueblo. El profeta “estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra” (Jer. 23:18). Fue en base a eso que Débora podía gobernar a Israel en aquel tiempo.

La Ubicación de Su Ministerio
    “Y acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a juicio” (Jue. 4:5). No hizo como Samuel, que “iba y daba vuelta a Bet-el, a Gilgal y a Mizpa, y juzgaba a Israel en todos estos lugares” (1 S. 7:16). No fue como Aod que “tocó el cuerno en el monte de Efraín” (Jue. 3:27), ni se puso a la cabeza del ejército. Israel subía a ella a juicio. Ella no tomaba la iniciativa para ir a ellos. Estaba contenta de morar bajo la palmera. Fue Barac que le persuadió a salir y acompañarle. También debemos notar que de acuerdo a los papeles de hombre y mujer en la Escritura, es Barac y no Débora que Hebreos 11 menciona. “¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas” (He. 11:32). Sara y Rahab son nombradas en Hebreos 11 porque, en su caso, no se trataba de servicio en público.

La Convicción de Su Ministerio
    “¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Ve, junta a tu gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón; y yo atraeré hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus carros y su ejército, y lo entregaré en tus manos?” (Jue. 4:6-7). Aquí vemos a la profetisa ejerciendo su ministerio. Ella comunicó la Palabra de Dios. Dijo en efecto: “Así dice Jehová”.
 
El Ánimo de Su Ministerio
    Ellá animó a Barac a liderar al pueblo de Dios contra el enemigo. El Señor no le había dicho a ella que llevara al ejército contra Sísara. Al contrario: “¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Ve, junta a tu gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres... y yo atraeré hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara... y lo entregaré en tus manos?” Las palabras: “¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel?” podrían significar que Dios ya había mandado a Barac a atacar, pero que él no lo había hecho. Todos necesitamos ánimo. ¡Absténgase los cenizos! Israel ciertamente los había tenido en Cades-barnea (Dt. 1:28) A. M. S. Gooding tiene razon al decir: “Gracias a Dios por las hermanas detrás de los hombres que los apoyan y animan cuando fallan y manifiestan debilidad”.

John Riddle, Inglaterra, del capítulo 3 del libro The Glory of Godly Women (“La Gloria de Mujeres Piadosas”), Assembly Testimony Publications, 2013.   www.assemblytestimony.org

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¿Hermanas Predicadoras Y Maestras?
 
   ¿Deben las hermanas reunirse para que una mujer les enseñe la Biblia? Esto está de moda ahora entre los evangélicos, e incluso ha invadido las asambleas. Algunas incluso intentan citar a Débora como justificación. Están equivocadas, porque en primer lugar no había reuniones de mujeres en tiempos de Débora ni daba ella estudios ni predicaciones. 
    Segundo, hoy no hay escasez de varones dispuestos a servir al Señor, tomar el liderazgo y enseñar la Palabra de Dios. En los días de los jueces había escasez de varones de Dios, hombres espirituales y dispuestos a servir. Como una irregularidad surgió el caso de Débora y aun ella intentó animar al hombre Barac a tomar el liderazgo.
    Tercero, no es sabio sino algo desesperado cuando uno intenta sacar doctrina eclesial del libro de Jueces. La iglesia no está en el Antiguo Testamento, pues en aquel entonces era un misterio escondido en tiempo pasado (Ro. 16:25) y revelado a los apóstoles y profetas en el tiempo del Nuevo Testamento (Ef. 3:5). Es así que el apóstol Pablo declaró: “Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1 Ti. 3:14-15). La iglesia no es un local, sino el cuerpo de Cristo.Todas las instrucciones para ella están en el Nuevo Testamento.

continuará, d.v. en el número siguiente
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 La Cizaña Sembrada En El Trigo
S. Michelen
 
 

   Antes que la Iglesia fuese fundada en el día de Pentecostés, el Señor advirtió a Sus discípulos que Satanás trataría de corromperlos desde dentro introduciendo cizaña entre el trigo. Esta comunidad de creyentes se vio afectada desde sus inicios por aquellos que se introdujeron en la vida de la Iglesia, sin ser orgánicamente de ella.
    Veamos el ejemplo de Judas. Durante todo el tiempo que estuvo junto al Señor no mostró ningún rasgo que previera su deserción final. Los demás nunca dudaron de él. De hecho, más bien confiaron tanto en Judas que llegó a ser el tesorero del grupo. La noche que el Señor les reveló que uno de ellos sería un traidor, nadie pensó en Judas, más bien comenzó “cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor?” (Mt. 26:22). Aun cuando Cristo se dirigió directamente a él para decirle: “Lo que vas a hacer, hazlo más pronto”, nos cuenta el apóstol Juan “que ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres” (Jn. 13:27-29).
    Sin embargo, Judas era del maligno desde el principio (Jn. 6:70); siempre fue un “hijo de perdición” (Jn. 17:12). Satanás oculta a sus emisarios a través de disfraces de santidad; su labor es introducir a los falsos apóstoles como “apóstoles de Cristo” y como “ministros de justicia” (2 Co. 11:13-15).
    Pablo advirtió a los ancianos de Éfeso que velaran debidamente, en primer lugar por ellos mismos, y luego “por todo el rebaño” en que el Espíritu Santo los había colocado: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hch. 20:29-30).
    Esta cizaña, introducida por Satanás en la iglesia de Cristo (comp. Mateo 13:36-39) tiene como meta principal “arrastrar tras sí a los discípulos”, seducir a “los que verdaderamente habían huido de los que viven en error”. El diablo sabe perfectamente que si logra engañar a los creyentes con falsas doctrinas, o seducirlos con tentaciones hasta llevarlos a sucumbir, está anulando sus capacidades para servir a Cristo.


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Debemos velar, escuchar atentamente, comparar todo con las Escrituras y pedir al Señor discernir bien y no ser engañados. Considera Tito 1:16 y 2 Pedro 2:1
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NO EN LAS REUNIONES 

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 AMIGO, CON EL DINERO  
PUEDES COMPRAR:


Casa, pero no hogar. 
Libros, pero no sabiduría.
Lujo, pero no belleza. 
Diversión, pero no felicidad.
Sexo, pero no amor. 
Cama, pero no sueño.
Alimento, pero no apetito. 
Comodidad, pero no paz.
Compañero, pero no amistad. 
Medicina, pero no salud.
Velas, pero no bendición. 
Misa, pero no perdón.
Religión, pero no salvación. 
Nicho, pero no el cielo.


¡Qué vanidad es el vivir para el dinero! El dinero es el pasaporte universal a todos los lugares menos al cielo. Hay muchas religiones que cobran y recaudan, y ninguna de ellas es de Dios. No podemos comprar el favor de Dios. Sólo Jesucristo da lo que el dinero no puede obtener. Él dijo: "¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?" (Marcos 8:36). ¿Sabes la respuesta? "Nada aprovechará". El dinero puede hacerte sentir importante o poderoso, pero no puede salvarte. No vale en la eternidad, a dónde tú vas. La salvación no es "con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo", dice el apóstol Pedro. Dios no salva a nadie por dinero. Nadie obtiene Su favor a cambio de ofrendas o limosnas, sino por la preciosa sangre de Su Hijo (1 Pedro 1:18-19). Pero si no te arrepientes y confías en Él, pagarás por tus pecados por toda la eternidad, pues "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23).
    Cierto es que "nada hemos traído a este mundo, y sin duda NADA podremos sacar" (1 Timoteo 6:7). Así la Palabra de Dios advierte a todos los que aman al dinero y las cosas materiales, sean ricos o pobres, caciques o criados. El coche fúnebre no lleva remolque. La muerte es la "igualatoria divina". Sin el Señor Jesucristo morirás en tus pecados e irás a la eterna perdición.
 
Desamparado y sin querer, llegaste al mundo tú;
Sólo algunos años pasarás aquí,
Y pronto el tiempo acabará, llegarás a tu final,
Para presentarte delante de Dios.
Los cortos años pasarán, mucho planeaste hacer,
Trabajando te labraste un porvenir.
Pero, ¿de qué te vale, si posees todo aquí,
Y al final tu alma eterna perderas?

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 DIOS EL ESPÍRITU
Parte 4
Camilo Vásquez Vivano, Punta Arenas, Chile



 viene del número anterior


EL ESPÍRITU SANTO Y SU MANIFESTACIÓN CUAL EL SOPLO DIVINO

    Dios el Padre y El Hijo soplan Su Espíritu, sin embargo el Espíritu no es un fluido o cosa derramada. Las expresiones bíblicas alusivas al Espíritu como “derramar” (Hch. 2:33; Tit. 3:5-6), "llenar" (Lc. 1:67; 4:1; Hch. 4:8; 7:55; Ef. 5:18, etc.), no indican que sea un fluido energético sino que aluden al tipo de libaciones usadas en el tabernáculo por las cuales el Espíritu era representado (Gn. 35:14; Éx. 30:31-32, etc.). Nunca hemos de referirnos a Su Persona como si fuese un objeto o sustancia usando expresiones como “ello” sino “Él”, tal como se refirió el Señor: “él os guiará” (Jn. 16:13), “Él me glorificará” (v. 14). De este error surge el “Modalismo” al considerar tanto al Verbo como al Espíritu como simples modos de manifestación de la divinidad (1). La palabra Espíritu en hebreo es “ruach” y en griego es “pneuma” encerrando la idea de viento, soplo o aliento. Así Job escribe: “El espíritu (ruach) de Dios me hizo, y el soplo (ruach) del Omnipotente me dio vida” (Job 33:4). No cabe duda de que en sus variados usos de esta palabra es usada para referirse al “aliento del Señor”; “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca” (Sal. 33:6). Es por esto que Dios sopla sobre Adán para que sea un ser viviente (Gn. 2:7) y del mismo modo sopló el Señor Jesús sobre Sus apóstoles para que recibiesen el Espíritu Santo (Jn. 20:22) y pudiesen soportar la persecución hasta que fuesen bautizados, sellados y ser morada del Espíritu (Hch. 1:8).
    En un sentido exacto estos once apóstoles fueron hecho morada solo en el día de Pentecostés cuando el Espíritu Santo desciende y bautiza en Él a los 120 creyentes reunidos en el aposento alto. Antes ellos solo eran nacidos de Dios y ahora son habitados por el Espíritu Santo. A esto se refirió el Señor al decirles: “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Jn. 14:17). Después de Pentecostés el Espíritu Santo permanece para siempre en los nacidos de Dios.   
    Estas son las manifestaciones del Espíritu al ser comparado con el viento cuando regenera un alma que pone su fe en la obra redentora de Cristo (Jn. 3:5). El que es nacido del Espíritu posee libertad como el viento para obedecer a Dios sin las obras de la ley: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Jn. 3:8). Es sobresaliente que la época del Espíritu en la iglesia sea iniciada con un viento recio: “...vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba” (Hch. 2:2). Tal estruendo hecho por el Espíritu equivalía a señalar que nuestro gran sumo sacerdote había entrado en el cielo triunfante y sin ningún defecto. Así era como antiguamente se sabía de la aceptación del oficio de Aarón por el sonido de sus campanillas en su vestido sacerdotal (Ex. 28:34-35). Entonces el Espíritu da su sonora aprobación tras la muerte y resurrección del Señor de otro modo no habría descendido para formar la iglesia del Señor.


LOS TÍTULOS DEL ESPÍRITU SANTO

“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:24).
    Que el Espíritu sea una Persona suele ser algo desconocido para el creyente. Usualmente se piensa que es una influencia, un poder o un atributo posible de ser utilizado, lo cual conduce al orgullo de quien podría lograr tener su control. Si se descubre que es una Persona divina, el secreto de Su poder consiste en que Él nos controle a nosotros llevándonos a humillarnos y a someternos a Su control. Los títulos usados para describir Su Persona indican Su procedencia como Su obra divina. Hay al menos treinta de estos términos en las Escrituras, cada uno con su significado propio. Algunos de estos títulos divinos son estos: El Espíritu (Is. 32:15; Mt. 4:1) donde es el nombre básico e indica lo singular de Su ser; no hay otro como Él llamado: “el Espíritu de Dios” (Gn. 1:2; Mt. 12:28; Ro. 8:9). Hemos de entender que la Biblia no fue escrita diferenciando mayúsculas ni minúsculas sino que algunos manuscritos están todos o en letras cursivas mayúsculas, o todo en cursivas minúsculas. Así el vocablo “espíritu” traducido como “soplo” o “viento” puede usarse para el Espíritu de Dios, o para el espíritu humano, o para un espíritu inmundo. Incluso para catalogar el espíritu de esclavitud (Ro. 8:15) propio del inconverso. Los traductores deben entonces diferenciar cuando se está refiriendo al Espíritu de Dios dando el sentido adecuado al texto. Por ejemplo se traduce con minúsculas en Isaías 30:1; 63:10 como también en Juan 6:63; Romanos 8:15; Filipenses 3:3, etc., etc. En otros casos la Escritura es enfática en declarar a quién se refiere, por ejemplo se usa para indicar Su procedencia del Padre como “el Espíritu de Jehová” (2 S. 23:2; Is. 61:1; 63:14); Su procedencia del Hijo como “el Espíritu de su Hijo” (Gá. 4:6) y también como “el Espíritu de Cristo” (Ro. 8:9; 1 P. 1:11). Estos títulos indican que siempre las tres Personas de la Trinidad actúan juntas y en una completa unidad, es decir son inseparables. Se le llama también el Santo Espíritu (Sal. 51:11; Ef. 4:30), este es el nombre usado con mayor frecuencia. “El Espíritu Santo” (Jn. 14:26), este título es aun más enfático pues el artículo “el” figura dos veces aquí.  El Espíritu de gracia (He. 10:29). El Espíritu de verdad (Jn. 14:17), El Espíritu de santidad (Ro. 1:4). El Espíritu Santo de la promesa (Ef. 1:13). El Espíritu de sabiduría (Ef. 1:17), El Espíritu de adopción (Ro. 8:15). El glorioso Espíritu de Dios (1 P. 4:14). El Espíritu de la profecía (Ap. 19:10) que no es otra cosa que el testimonio dado por el Espíritu relativo a la gloriosa Persona del Hijo. La descripción séxtupla de Isaías 11:2, “Reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia; espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová”. Esto es una descripción de la perfección y Santidad del Espíritu obrando en la vida de Cristo pues tiene que ver con “los siete espíritus que están delante de su trono” (Ap. 1:4).

EL OTRO CONSOLADOR

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Jn. 14:16).
    La palabra “Consolador” se corresponde con el nombre “Menahem”, que dan los hebreos al Mesías (d) y en su sentido más amplio este vocablo significa uno que socorre, que consuela, y Cristo fue esto para Sus discípulos durante Su estadía con ellos. La palabra “otro” usada por el Señor para referirse a quién enviaría viene del griego “allos” y significa idéntico, no diferente (“heteros”). El Espíritu que los discípulos recibirían sería idéntico al Señor en Su Personalidad y en todos Sus atributos ya que fue Él quién estuvo primero asistiéndoles en todas sus pruebas. John Ritchie (1853-1930), en sus comentarios sobre el Espíritu Santo dice: “De todos sus nombres, quizás el que más apela a nosotros es aquél que le fue enseñado cuatro veces por el Señor Jesucristo como “el Consolador”. Véanse Juan 14 al 16. Es un término muy expresivo e inclusivo, y desconozco palabra que exprese cabalmente todo su sentido” (c).
    Ese vocablo “consolador” se traduce “abogado” en 1 Juan 2:1 con referencia al Señor Jesús quién estando ahora en el cielo realiza este oficio cual Sumo Sacerdote. Esa abogacía es hecha delante del Padre y la del Espíritu es en nuestro corazón. La abogacía del Señor en el cielo es después que hemos pecado, y la del Espíritu es antes que pequemos. Por la experiencia de Pedro sabemos que incluso el Señor intercede antes que pequemos (Lc. 22:32) y frente a la tentación abre una puerta para que abandonemos la idea de pecar (1 Co. 10:13).
    Podemos decir que este término griego “parakletos” significa “uno llamado a ponerse al lado de otro”. Nosotros entendemos la idea de “abogado” en términos jurídicos de alguien que conoce las leyes, conoce mi causa y puede defenderme sin embargo cualquier abogado no posee la facultad de consolar como lo hace el Espíritu Santo. El hecho que sea de la misma naturaleza que el Señor significa que conoce todo de nosotros y todo de Dios (1 Co. 2:10-11). Su tarea como abogado que consuela es ayudarnos frente al combate contra el pecado, por esto el apóstol Pablo explica la gran ayuda del Espíritu guiándonos a buscar aquello que nos aleje de las obras de la carne: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro. 8:26). La definición de “Consolador” usada para el Espíritu vemos que está asociada a la actividad constante de un abogado, pues ha venido para estar con nosotros de una forma muy íntima tal como el Señor anunció a Sus discípulos: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Jn. 14:18). Este ministerio de acompañar al creyente defendiéndolo frente al mal se ve claramente en lo que el Señor les adelantó como persecución a Sus discípulos: “Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo” (Mr. 13:11). No debemos sacar de contexto este pasaje para decir que hoy el Espíritu comunica qué decir en las reuniones sin haber estudiado la Biblia. El contexto se trata sobre las persecuciones futuras que recibirían estos discípulos de parte de sus propios hermanos judíos como lo vivieron los primeros cristianos. Pedro nos narra de estas persecuciones y nos cuenta cómo el Espíritu estuvo sobre ellos ministrándoles Su gracia en medio del sufrimiento: “Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros...” (1 P. 4:14). Hoy esta ayuda la está haciendo el Espíritu en aquellos hermanos que combaten con el evangelio sembrando la Palabra de Dios en medio de la idolatría imperante. Pero también la puede vivir usted frente a cualquier incrédulo que demande razón de su fe y de su esperanza. Para esto el Espíritu tomará de lo que usted ha estudiado de la Palabra de Dios y querrá manifestar por medio de usted un testimonio digno de templanza y buenos modales (1 P. 3:15).                                          
continuará, d.v. en el siguiente número

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¿Podemos Rehusar La Cena Del Señor
A Un Verdadero Creyente?

por Norman Crawford


 Le place al Espíritu Santo, Persona divina, hacer Su residencia en la tierra en la asamblea. Su carácter is santo. “El templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Co. 3:17).
    ¿Podemos rehusar la cena del Señor a un verdadero creyente? Frecuentamente surge esta pregunta. Para algunos, les parece un método más benigno recibir a todos los que vengan, pero ¿es bíblico? Ha sido sugerido que al rehusar a alguien la comunión, profesamos un nivel más alto de piedad que los demás creyentes. Esto no es verdad. Creemos que hay muchos creyentes en las denominaciones y que algunos podrían tener una devoción más profunda al Señor que la nuestra. No obstante, la recepción a una asamblea no es una calle de sentido único. No sólo es una recepción a la asamblea, sino  indica que el que es recibido también recibe a la asamblea, sus creencias y prácticas.

¿Qué Pasa Si Un Creyente Desconocido Viene A Partir El Pan?

    Debemos tratar a todo creyente con amor y amabilidad. Pero si una persona desconocida se presenta y desea ser recibida a la asamblea, ¿cómo sabemos si es un creyente genuino? Algunos dicen que debemos recibir a todo persona que es verdaderamente salva, santa en vida y sana en doctrina. Bien, pero no explican cómo podemos saber si estas cosas son así en la vida de una persona desconocida que aparece en la puerta. Sólo los frutos de la vida demuestran la realidad (Mt. 7:20).
    Existe un segundo problema. Tal persona desea este día partir el pan con nosotros, pero ¿qué hace en los otros 51 días del Señor durante el año? Esto introduce el tema de perseverar continuamente en la doctrina de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones (Hch. 2:41-42). Está claro en el Nuevo Testamento que la Cena del Señor no es un privilegio individual sin congregacional – de la asamblea. Es importante aprender esto y recordarlo: No recibimos a las personas a la Cena del Señor, sino a la asamblea. Esta comunión es constante y continua, no espasmódica.

Una Asamblea Es Una Entidad

    Una asamblea cristiana está compuesta de un número de creyentes en cierto lugar. Tiene dos posiciones: “dentro” y “fuera” (1 Co. 5:12-13). Tiene pastores que son conocidos por la asamblea y que conocen a toda oveja y cordero en el rebaño (1 Ts. 5:12-13); 1 P. 5:1-4). ¿Cómo podrían esos pastores enseñar y guiar a creyentes que ni siquiera conocen? ¿Cómo podrían actuar debidamente en disciplina? Un profesado creyente podría venir y presentarse estando fuera de otra asamblea o porque ha sido sacado (1 Co. 5:9-13), o porque es indocto (1 Co. 14:24-25).

Haciendo Preguntas

    ¿Tenemos derecho a entrevistar y preguntar a una persona acerca de su testimonio de salvación, sus creencias y su vida? Observa que la asamblea en Jerusalén tenía apóstoles en ella, y sin embargo con precaución rehusaron la comunión a Pablo hasta que estas tres preguntas fueron completamente contestadas (Hch. 9:26-28). Entonces él “estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía” (Hch. 9:28).

Distinciones Entre El Cuerpo Y Una Asamblea

    Ha sido enseñado que todos los que están en el gran Cuerpo espiritual de Cristo están automáticamente en comunión en una asamblea. Pero no es así, pues hay numerosas distinciones entre el Cuerpo y una asamblea local. Uno entra en el Cuerpo en el momento de la conversión, pero entra en la asamblea mediante la recepción (1 Co. 12:13; Hch. 2:41). Todo verdadero creyente está en el Cuerpo, pero hay creyentes que están fuera de una asamblea (1 Co. 5:11; 14:25). En el Cuerpo no hay varón ni hembra (Gá. 3:28). Pero en una asamblea sí hay varones y mujeres, porque en ella las mujeres guardan silencio (1 Co. 14:34). Es imposible estar separado del Cuerpo de Cristo (Ro. 8:38-39), pero es posible ser expulsado de una asamblea (1 Co. 5:11-13). Nada falso puede jamás entrar en el Cuerpo (Mt. 16:18), pero se le advierte a la asamblea respecto a los lobos y falsos maestros que entrarán (Hch. 20:29). El Cuerpo de Cristo tiene perfecta unidad (Jn. 17:21), pero una asamblea local puede tener divisiones (1 Co. 3:3). Estas sólo son algunas de las distinciones que existen.
Traducido de la revista Truth & Tidings, noviembre 1999

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Algunas Preguntas  Importantes A Considerar Antes De Recibir A Alguien A La Comunión De La Asamblea

¿Quién es, y de dónde viene?

¿Con qué motivo viene: para quedarse o de visita?

¿Trae carta de recomendación de una asamblea cristiana
que da fe de su condición espiritual?

Si no, puede observar hasta que se aclaren estas cosas:
¿Por qué desea ser recibido?

¿Cuál es su testimonio de conversión?

¿Cuál es su estado matrimonial?

¿Está o ha estado asociado con alguna iglesia?

¿Ha estado bajo disciplina eclesial por alguna cuestion?

¿Está huyendo de alguna iglesia o problema?

¿Entiende la verdad de la iglesia o es indocto?

¿Qué entiende por la doctrina de Cristo?

¿Cómo es su vida personal respecto a la santidad?

¿Entiende los privilegios y responsabilidades de
la comunión en la asamblea, y los acepta sin reserva?