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lunes, 29 de abril de 2019

EN ESTO PENSAD - mayo 2019

Débora, Mujer Excepcional

Texto: Jueces 4:1-9

Debemos notar que después de veinte años bajo la opresión cananea, “los hijos de Israel clamaron a Jehová” (v. 3). Solamente después de años de adversidad Israel se volvió a Dios. Sin dudar la sinceridad de su clamor, no podemos evitar la conclusión que sólo clamaron a Dios en situaciones de emergencia. Esto resulta ser un insulto para Él. Tristemente, es posible que aun el pueblo del Señor le olvide en tiempos buenos, y sólo se acuerde de Él en tiempos malos. Nunca debería ser el caso: “Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. Selah” (Sal. 62:8).
    En esa ocasión, Dios libró a Israel de los cananeos opresores mediante Débora y Barac. Débora era una mujer fuerte, ¡y Barac un hombre débil! Pero Débora no era la fundadora de “derechos iguales para las mujeres”. Era una mujer muy espiritual. “Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidot; y acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a juicio” (Jue. 4:4-5). Débora (significa: “como abeja”) estaba casada con Lapidot (“antorcha”): así que la actividad estaba casada con la luz. ¡Debió ser un matrimonio bien ordenado!
    Débora era a la vez jueza y profetisa. Podríamos compararla a Miriam (Éx. 15:20), Hulda (2 R. 22:14), Ana (Lc. 2:36) y las cuatro hijas de Felipe (Hch. 21:8-9). Ella se describe como “madre en Israel” (Jue. 5:7). Los judíos extraviados eran sus hijos, y ella los recibía y aconsejaba. Débora era una excepcional mujer de fe, pero ciertamente no era oportunista. No intentó entrar en una esfera que Dios no le había asignado. Debemos observar lo siguiente:
 
Las Circunstancias de Su Ministerio
    El hecho de que ella “gobernaba en aquel tiempo a Israel” (Jue. 4:4) era un comentario triste sobre la vida de la nación. Compara Isaías 3:12, “Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él”. Como observa Wiersbe: “Dios, al dar a Su pueblo una mujer para juzgarles les trató como niños pequeños, que es exactamente lo que eran en las cosas espirituales”. Pero debemos enfatizar que eso no fue un descrédito para Débora. Alguien bien ha dicho que el fracaso de los hombres fue suplido por la fidelidad de la mujer.

El Carácter de Su Ministerio
    Ella era profetisa y jueza. Un profeta, o en ese caso una profetisa, era una persona que recibía un mensaje directamente de Dios y lo comunicaba al pueblo. El profeta “estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra” (Jer. 23:18). Fue en base a eso que Débora podía gobernar a Israel en aquel tiempo.

La Ubicación de Su Ministerio
    “Y acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a juicio” (Jue. 4:5). No hizo como Samuel, que “iba y daba vuelta a Bet-el, a Gilgal y a Mizpa, y juzgaba a Israel en todos estos lugares” (1 S. 7:16). No fue como Aod que “tocó el cuerno en el monte de Efraín” (Jue. 3:27), ni se puso a la cabeza del ejército. Israel subía a ella a juicio. Ella no tomaba la iniciativa para ir a ellos. Estaba contenta de morar bajo la palmera. Fue Barac que le persuadió a salir y acompañarle. También debemos notar que de acuerdo a los papeles de hombre y mujer en la Escritura, es Barac y no Débora que Hebreos 11 menciona. “¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas” (He. 11:32). Sara y Rahab son nombradas en Hebreos 11 porque, en su caso, no se trataba de servicio en público.

La Convicción de Su Ministerio
    “¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Ve, junta a tu gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón; y yo atraeré hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus carros y su ejército, y lo entregaré en tus manos?” (Jue. 4:6-7). Aquí vemos a la profetisa ejerciendo su ministerio. Ella comunicó la Palabra de Dios. Dijo en efecto: “Así dice Jehová”.
 
El Ánimo de Su Ministerio
    Ellá animó a Barac a liderar al pueblo de Dios contra el enemigo. El Señor no le había dicho a ella que llevara al ejército contra Sísara. Al contrario: “¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Ve, junta a tu gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres... y yo atraeré hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara... y lo entregaré en tus manos?” Las palabras: “¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel?” podrían significar que Dios ya había mandado a Barac a atacar, pero que él no lo había hecho. Todos necesitamos ánimo. ¡Absténgase los cenizos! Israel ciertamente los había tenido en Cades-barnea (Dt. 1:28) A. M. S. Gooding tiene razon al decir: “Gracias a Dios por las hermanas detrás de los hombres que los apoyan y animan cuando fallan y manifiestan debilidad”.

John Riddle, Inglaterra, del capítulo 3 del libro The Glory of Godly Women (“La Gloria de Mujeres Piadosas”), Assembly Testimony Publications, 2013.   www.assemblytestimony.org

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¿Hermanas Predicadoras Y Maestras?
 
   ¿Deben las hermanas reunirse para que una mujer les enseñe la Biblia? Esto está de moda ahora entre los evangélicos, e incluso ha invadido las asambleas. Algunas incluso intentan citar a Débora como justificación. Están equivocadas, porque en primer lugar no había reuniones de mujeres en tiempos de Débora ni daba ella estudios ni predicaciones. 
    Segundo, hoy no hay escasez de varones dispuestos a servir al Señor, tomar el liderazgo y enseñar la Palabra de Dios. En los días de los jueces había escasez de varones de Dios, hombres espirituales y dispuestos a servir. Como una irregularidad surgió el caso de Débora y aun ella intentó animar al hombre Barac a tomar el liderazgo.
    Tercero, no es sabio sino algo desesperado cuando uno intenta sacar doctrina eclesial del libro de Jueces. La iglesia no está en el Antiguo Testamento, pues en aquel entonces era un misterio escondido en tiempo pasado (Ro. 16:25) y revelado a los apóstoles y profetas en el tiempo del Nuevo Testamento (Ef. 3:5). Es así que el apóstol Pablo declaró: “Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1 Ti. 3:14-15). La iglesia no es un local, sino el cuerpo de Cristo.Todas las instrucciones para ella están en el Nuevo Testamento.

continuará, d.v. en el número siguiente
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 La Cizaña Sembrada En El Trigo
S. Michelen
 
 

   Antes que la Iglesia fuese fundada en el día de Pentecostés, el Señor advirtió a Sus discípulos que Satanás trataría de corromperlos desde dentro introduciendo cizaña entre el trigo. Esta comunidad de creyentes se vio afectada desde sus inicios por aquellos que se introdujeron en la vida de la Iglesia, sin ser orgánicamente de ella.
    Veamos el ejemplo de Judas. Durante todo el tiempo que estuvo junto al Señor no mostró ningún rasgo que previera su deserción final. Los demás nunca dudaron de él. De hecho, más bien confiaron tanto en Judas que llegó a ser el tesorero del grupo. La noche que el Señor les reveló que uno de ellos sería un traidor, nadie pensó en Judas, más bien comenzó “cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor?” (Mt. 26:22). Aun cuando Cristo se dirigió directamente a él para decirle: “Lo que vas a hacer, hazlo más pronto”, nos cuenta el apóstol Juan “que ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres” (Jn. 13:27-29).
    Sin embargo, Judas era del maligno desde el principio (Jn. 6:70); siempre fue un “hijo de perdición” (Jn. 17:12). Satanás oculta a sus emisarios a través de disfraces de santidad; su labor es introducir a los falsos apóstoles como “apóstoles de Cristo” y como “ministros de justicia” (2 Co. 11:13-15).
    Pablo advirtió a los ancianos de Éfeso que velaran debidamente, en primer lugar por ellos mismos, y luego “por todo el rebaño” en que el Espíritu Santo los había colocado: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hch. 20:29-30).
    Esta cizaña, introducida por Satanás en la iglesia de Cristo (comp. Mateo 13:36-39) tiene como meta principal “arrastrar tras sí a los discípulos”, seducir a “los que verdaderamente habían huido de los que viven en error”. El diablo sabe perfectamente que si logra engañar a los creyentes con falsas doctrinas, o seducirlos con tentaciones hasta llevarlos a sucumbir, está anulando sus capacidades para servir a Cristo.


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Debemos velar, escuchar atentamente, comparar todo con las Escrituras y pedir al Señor discernir bien y no ser engañados. Considera Tito 1:16 y 2 Pedro 2:1
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NO EN LAS REUNIONES 

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 AMIGO, CON EL DINERO  
PUEDES COMPRAR:


Casa, pero no hogar. 
Libros, pero no sabiduría.
Lujo, pero no belleza. 
Diversión, pero no felicidad.
Sexo, pero no amor. 
Cama, pero no sueño.
Alimento, pero no apetito. 
Comodidad, pero no paz.
Compañero, pero no amistad. 
Medicina, pero no salud.
Velas, pero no bendición. 
Misa, pero no perdón.
Religión, pero no salvación. 
Nicho, pero no el cielo.


¡Qué vanidad es el vivir para el dinero! El dinero es el pasaporte universal a todos los lugares menos al cielo. Hay muchas religiones que cobran y recaudan, y ninguna de ellas es de Dios. No podemos comprar el favor de Dios. Sólo Jesucristo da lo que el dinero no puede obtener. Él dijo: "¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?" (Marcos 8:36). ¿Sabes la respuesta? "Nada aprovechará". El dinero puede hacerte sentir importante o poderoso, pero no puede salvarte. No vale en la eternidad, a dónde tú vas. La salvación no es "con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo", dice el apóstol Pedro. Dios no salva a nadie por dinero. Nadie obtiene Su favor a cambio de ofrendas o limosnas, sino por la preciosa sangre de Su Hijo (1 Pedro 1:18-19). Pero si no te arrepientes y confías en Él, pagarás por tus pecados por toda la eternidad, pues "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23).
    Cierto es que "nada hemos traído a este mundo, y sin duda NADA podremos sacar" (1 Timoteo 6:7). Así la Palabra de Dios advierte a todos los que aman al dinero y las cosas materiales, sean ricos o pobres, caciques o criados. El coche fúnebre no lleva remolque. La muerte es la "igualatoria divina". Sin el Señor Jesucristo morirás en tus pecados e irás a la eterna perdición.
 
Desamparado y sin querer, llegaste al mundo tú;
Sólo algunos años pasarás aquí,
Y pronto el tiempo acabará, llegarás a tu final,
Para presentarte delante de Dios.
Los cortos años pasarán, mucho planeaste hacer,
Trabajando te labraste un porvenir.
Pero, ¿de qué te vale, si posees todo aquí,
Y al final tu alma eterna perderas?

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 DIOS EL ESPÍRITU
Parte 4
Camilo Vásquez Vivano, Punta Arenas, Chile



 viene del número anterior


EL ESPÍRITU SANTO Y SU MANIFESTACIÓN CUAL EL SOPLO DIVINO

    Dios el Padre y El Hijo soplan Su Espíritu, sin embargo el Espíritu no es un fluido o cosa derramada. Las expresiones bíblicas alusivas al Espíritu como “derramar” (Hch. 2:33; Tit. 3:5-6), "llenar" (Lc. 1:67; 4:1; Hch. 4:8; 7:55; Ef. 5:18, etc.), no indican que sea un fluido energético sino que aluden al tipo de libaciones usadas en el tabernáculo por las cuales el Espíritu era representado (Gn. 35:14; Éx. 30:31-32, etc.). Nunca hemos de referirnos a Su Persona como si fuese un objeto o sustancia usando expresiones como “ello” sino “Él”, tal como se refirió el Señor: “él os guiará” (Jn. 16:13), “Él me glorificará” (v. 14). De este error surge el “Modalismo” al considerar tanto al Verbo como al Espíritu como simples modos de manifestación de la divinidad (1). La palabra Espíritu en hebreo es “ruach” y en griego es “pneuma” encerrando la idea de viento, soplo o aliento. Así Job escribe: “El espíritu (ruach) de Dios me hizo, y el soplo (ruach) del Omnipotente me dio vida” (Job 33:4). No cabe duda de que en sus variados usos de esta palabra es usada para referirse al “aliento del Señor”; “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca” (Sal. 33:6). Es por esto que Dios sopla sobre Adán para que sea un ser viviente (Gn. 2:7) y del mismo modo sopló el Señor Jesús sobre Sus apóstoles para que recibiesen el Espíritu Santo (Jn. 20:22) y pudiesen soportar la persecución hasta que fuesen bautizados, sellados y ser morada del Espíritu (Hch. 1:8).
    En un sentido exacto estos once apóstoles fueron hecho morada solo en el día de Pentecostés cuando el Espíritu Santo desciende y bautiza en Él a los 120 creyentes reunidos en el aposento alto. Antes ellos solo eran nacidos de Dios y ahora son habitados por el Espíritu Santo. A esto se refirió el Señor al decirles: “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Jn. 14:17). Después de Pentecostés el Espíritu Santo permanece para siempre en los nacidos de Dios.   
    Estas son las manifestaciones del Espíritu al ser comparado con el viento cuando regenera un alma que pone su fe en la obra redentora de Cristo (Jn. 3:5). El que es nacido del Espíritu posee libertad como el viento para obedecer a Dios sin las obras de la ley: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Jn. 3:8). Es sobresaliente que la época del Espíritu en la iglesia sea iniciada con un viento recio: “...vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba” (Hch. 2:2). Tal estruendo hecho por el Espíritu equivalía a señalar que nuestro gran sumo sacerdote había entrado en el cielo triunfante y sin ningún defecto. Así era como antiguamente se sabía de la aceptación del oficio de Aarón por el sonido de sus campanillas en su vestido sacerdotal (Ex. 28:34-35). Entonces el Espíritu da su sonora aprobación tras la muerte y resurrección del Señor de otro modo no habría descendido para formar la iglesia del Señor.


LOS TÍTULOS DEL ESPÍRITU SANTO

“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:24).
    Que el Espíritu sea una Persona suele ser algo desconocido para el creyente. Usualmente se piensa que es una influencia, un poder o un atributo posible de ser utilizado, lo cual conduce al orgullo de quien podría lograr tener su control. Si se descubre que es una Persona divina, el secreto de Su poder consiste en que Él nos controle a nosotros llevándonos a humillarnos y a someternos a Su control. Los títulos usados para describir Su Persona indican Su procedencia como Su obra divina. Hay al menos treinta de estos términos en las Escrituras, cada uno con su significado propio. Algunos de estos títulos divinos son estos: El Espíritu (Is. 32:15; Mt. 4:1) donde es el nombre básico e indica lo singular de Su ser; no hay otro como Él llamado: “el Espíritu de Dios” (Gn. 1:2; Mt. 12:28; Ro. 8:9). Hemos de entender que la Biblia no fue escrita diferenciando mayúsculas ni minúsculas sino que algunos manuscritos están todos o en letras cursivas mayúsculas, o todo en cursivas minúsculas. Así el vocablo “espíritu” traducido como “soplo” o “viento” puede usarse para el Espíritu de Dios, o para el espíritu humano, o para un espíritu inmundo. Incluso para catalogar el espíritu de esclavitud (Ro. 8:15) propio del inconverso. Los traductores deben entonces diferenciar cuando se está refiriendo al Espíritu de Dios dando el sentido adecuado al texto. Por ejemplo se traduce con minúsculas en Isaías 30:1; 63:10 como también en Juan 6:63; Romanos 8:15; Filipenses 3:3, etc., etc. En otros casos la Escritura es enfática en declarar a quién se refiere, por ejemplo se usa para indicar Su procedencia del Padre como “el Espíritu de Jehová” (2 S. 23:2; Is. 61:1; 63:14); Su procedencia del Hijo como “el Espíritu de su Hijo” (Gá. 4:6) y también como “el Espíritu de Cristo” (Ro. 8:9; 1 P. 1:11). Estos títulos indican que siempre las tres Personas de la Trinidad actúan juntas y en una completa unidad, es decir son inseparables. Se le llama también el Santo Espíritu (Sal. 51:11; Ef. 4:30), este es el nombre usado con mayor frecuencia. “El Espíritu Santo” (Jn. 14:26), este título es aun más enfático pues el artículo “el” figura dos veces aquí.  El Espíritu de gracia (He. 10:29). El Espíritu de verdad (Jn. 14:17), El Espíritu de santidad (Ro. 1:4). El Espíritu Santo de la promesa (Ef. 1:13). El Espíritu de sabiduría (Ef. 1:17), El Espíritu de adopción (Ro. 8:15). El glorioso Espíritu de Dios (1 P. 4:14). El Espíritu de la profecía (Ap. 19:10) que no es otra cosa que el testimonio dado por el Espíritu relativo a la gloriosa Persona del Hijo. La descripción séxtupla de Isaías 11:2, “Reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia; espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová”. Esto es una descripción de la perfección y Santidad del Espíritu obrando en la vida de Cristo pues tiene que ver con “los siete espíritus que están delante de su trono” (Ap. 1:4).

EL OTRO CONSOLADOR

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Jn. 14:16).
    La palabra “Consolador” se corresponde con el nombre “Menahem”, que dan los hebreos al Mesías (d) y en su sentido más amplio este vocablo significa uno que socorre, que consuela, y Cristo fue esto para Sus discípulos durante Su estadía con ellos. La palabra “otro” usada por el Señor para referirse a quién enviaría viene del griego “allos” y significa idéntico, no diferente (“heteros”). El Espíritu que los discípulos recibirían sería idéntico al Señor en Su Personalidad y en todos Sus atributos ya que fue Él quién estuvo primero asistiéndoles en todas sus pruebas. John Ritchie (1853-1930), en sus comentarios sobre el Espíritu Santo dice: “De todos sus nombres, quizás el que más apela a nosotros es aquél que le fue enseñado cuatro veces por el Señor Jesucristo como “el Consolador”. Véanse Juan 14 al 16. Es un término muy expresivo e inclusivo, y desconozco palabra que exprese cabalmente todo su sentido” (c).
    Ese vocablo “consolador” se traduce “abogado” en 1 Juan 2:1 con referencia al Señor Jesús quién estando ahora en el cielo realiza este oficio cual Sumo Sacerdote. Esa abogacía es hecha delante del Padre y la del Espíritu es en nuestro corazón. La abogacía del Señor en el cielo es después que hemos pecado, y la del Espíritu es antes que pequemos. Por la experiencia de Pedro sabemos que incluso el Señor intercede antes que pequemos (Lc. 22:32) y frente a la tentación abre una puerta para que abandonemos la idea de pecar (1 Co. 10:13).
    Podemos decir que este término griego “parakletos” significa “uno llamado a ponerse al lado de otro”. Nosotros entendemos la idea de “abogado” en términos jurídicos de alguien que conoce las leyes, conoce mi causa y puede defenderme sin embargo cualquier abogado no posee la facultad de consolar como lo hace el Espíritu Santo. El hecho que sea de la misma naturaleza que el Señor significa que conoce todo de nosotros y todo de Dios (1 Co. 2:10-11). Su tarea como abogado que consuela es ayudarnos frente al combate contra el pecado, por esto el apóstol Pablo explica la gran ayuda del Espíritu guiándonos a buscar aquello que nos aleje de las obras de la carne: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro. 8:26). La definición de “Consolador” usada para el Espíritu vemos que está asociada a la actividad constante de un abogado, pues ha venido para estar con nosotros de una forma muy íntima tal como el Señor anunció a Sus discípulos: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Jn. 14:18). Este ministerio de acompañar al creyente defendiéndolo frente al mal se ve claramente en lo que el Señor les adelantó como persecución a Sus discípulos: “Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo” (Mr. 13:11). No debemos sacar de contexto este pasaje para decir que hoy el Espíritu comunica qué decir en las reuniones sin haber estudiado la Biblia. El contexto se trata sobre las persecuciones futuras que recibirían estos discípulos de parte de sus propios hermanos judíos como lo vivieron los primeros cristianos. Pedro nos narra de estas persecuciones y nos cuenta cómo el Espíritu estuvo sobre ellos ministrándoles Su gracia en medio del sufrimiento: “Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros...” (1 P. 4:14). Hoy esta ayuda la está haciendo el Espíritu en aquellos hermanos que combaten con el evangelio sembrando la Palabra de Dios en medio de la idolatría imperante. Pero también la puede vivir usted frente a cualquier incrédulo que demande razón de su fe y de su esperanza. Para esto el Espíritu tomará de lo que usted ha estudiado de la Palabra de Dios y querrá manifestar por medio de usted un testimonio digno de templanza y buenos modales (1 P. 3:15).                                          
continuará, d.v. en el siguiente número

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¿Podemos Rehusar La Cena Del Señor
A Un Verdadero Creyente?

por Norman Crawford


 Le place al Espíritu Santo, Persona divina, hacer Su residencia en la tierra en la asamblea. Su carácter is santo. “El templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Co. 3:17).
    ¿Podemos rehusar la cena del Señor a un verdadero creyente? Frecuentamente surge esta pregunta. Para algunos, les parece un método más benigno recibir a todos los que vengan, pero ¿es bíblico? Ha sido sugerido que al rehusar a alguien la comunión, profesamos un nivel más alto de piedad que los demás creyentes. Esto no es verdad. Creemos que hay muchos creyentes en las denominaciones y que algunos podrían tener una devoción más profunda al Señor que la nuestra. No obstante, la recepción a una asamblea no es una calle de sentido único. No sólo es una recepción a la asamblea, sino  indica que el que es recibido también recibe a la asamblea, sus creencias y prácticas.

¿Qué Pasa Si Un Creyente Desconocido Viene A Partir El Pan?

    Debemos tratar a todo creyente con amor y amabilidad. Pero si una persona desconocida se presenta y desea ser recibida a la asamblea, ¿cómo sabemos si es un creyente genuino? Algunos dicen que debemos recibir a todo persona que es verdaderamente salva, santa en vida y sana en doctrina. Bien, pero no explican cómo podemos saber si estas cosas son así en la vida de una persona desconocida que aparece en la puerta. Sólo los frutos de la vida demuestran la realidad (Mt. 7:20).
    Existe un segundo problema. Tal persona desea este día partir el pan con nosotros, pero ¿qué hace en los otros 51 días del Señor durante el año? Esto introduce el tema de perseverar continuamente en la doctrina de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones (Hch. 2:41-42). Está claro en el Nuevo Testamento que la Cena del Señor no es un privilegio individual sin congregacional – de la asamblea. Es importante aprender esto y recordarlo: No recibimos a las personas a la Cena del Señor, sino a la asamblea. Esta comunión es constante y continua, no espasmódica.

Una Asamblea Es Una Entidad

    Una asamblea cristiana está compuesta de un número de creyentes en cierto lugar. Tiene dos posiciones: “dentro” y “fuera” (1 Co. 5:12-13). Tiene pastores que son conocidos por la asamblea y que conocen a toda oveja y cordero en el rebaño (1 Ts. 5:12-13); 1 P. 5:1-4). ¿Cómo podrían esos pastores enseñar y guiar a creyentes que ni siquiera conocen? ¿Cómo podrían actuar debidamente en disciplina? Un profesado creyente podría venir y presentarse estando fuera de otra asamblea o porque ha sido sacado (1 Co. 5:9-13), o porque es indocto (1 Co. 14:24-25).

Haciendo Preguntas

    ¿Tenemos derecho a entrevistar y preguntar a una persona acerca de su testimonio de salvación, sus creencias y su vida? Observa que la asamblea en Jerusalén tenía apóstoles en ella, y sin embargo con precaución rehusaron la comunión a Pablo hasta que estas tres preguntas fueron completamente contestadas (Hch. 9:26-28). Entonces él “estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía” (Hch. 9:28).

Distinciones Entre El Cuerpo Y Una Asamblea

    Ha sido enseñado que todos los que están en el gran Cuerpo espiritual de Cristo están automáticamente en comunión en una asamblea. Pero no es así, pues hay numerosas distinciones entre el Cuerpo y una asamblea local. Uno entra en el Cuerpo en el momento de la conversión, pero entra en la asamblea mediante la recepción (1 Co. 12:13; Hch. 2:41). Todo verdadero creyente está en el Cuerpo, pero hay creyentes que están fuera de una asamblea (1 Co. 5:11; 14:25). En el Cuerpo no hay varón ni hembra (Gá. 3:28). Pero en una asamblea sí hay varones y mujeres, porque en ella las mujeres guardan silencio (1 Co. 14:34). Es imposible estar separado del Cuerpo de Cristo (Ro. 8:38-39), pero es posible ser expulsado de una asamblea (1 Co. 5:11-13). Nada falso puede jamás entrar en el Cuerpo (Mt. 16:18), pero se le advierte a la asamblea respecto a los lobos y falsos maestros que entrarán (Hch. 20:29). El Cuerpo de Cristo tiene perfecta unidad (Jn. 17:21), pero una asamblea local puede tener divisiones (1 Co. 3:3). Estas sólo son algunas de las distinciones que existen.
Traducido de la revista Truth & Tidings, noviembre 1999

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Algunas Preguntas  Importantes A Considerar Antes De Recibir A Alguien A La Comunión De La Asamblea

¿Quién es, y de dónde viene?

¿Con qué motivo viene: para quedarse o de visita?

¿Trae carta de recomendación de una asamblea cristiana
que da fe de su condición espiritual?

Si no, puede observar hasta que se aclaren estas cosas:
¿Por qué desea ser recibido?

¿Cuál es su testimonio de conversión?

¿Cuál es su estado matrimonial?

¿Está o ha estado asociado con alguna iglesia?

¿Ha estado bajo disciplina eclesial por alguna cuestion?

¿Está huyendo de alguna iglesia o problema?

¿Entiende la verdad de la iglesia o es indocto?

¿Qué entiende por la doctrina de Cristo?

¿Cómo es su vida personal respecto a la santidad?

¿Entiende los privilegios y responsabilidades de
la comunión en la asamblea, y los acepta sin reserva?


 

sábado, 30 de mayo de 2015

EN ESTO PENSAD -- junio 2015

La Cizaña

Texto: Mateo 13:24-30

El otro día hablé con un vecino después de que los Testigos de Jehová estuvieron repartiendo en todo nuestro barrio. A él se le ha muerto la esposa, y antes había tenido a varias personas hispanoamericanas trabajando en su casa, personas que decían que eran cristianos evangélicos, pero no daban muy buen testimonio en su trabajo. Es una lástima, porque mi vecino y su familia son católicos de toda la vida, y nunca han conocido otra cosa. Por desgracia, el único contacto que han tenido con gente así ha resultado una experiencia negativa.
    Así que hablando, él me preguntó si soy Testigo de Jehová, y por supuesto le dije que no, sino cristiano evangélico. Entonces dijo que había visto en la tele cosas raras de los evangélicos, como que gritan en sus reuniones, la gente se desmaya y cae al suelo, etc. Pero le expliqué que nosotros no de éstos, y cómo somos y qué creemos. Le expliqué que hay orden en nuestras reuniones, que no tenemos escenas de descontrol ni desorden, que hay himnos, luego un hermano da un estudio en la Palabra de Dios, que no se levantan las mujeres chillando, hablando de visiones ni nada así.Y aclaradas estas cosas, él se fue.
    Todo esto me hizo pensar en esta parábola, porque demuestra que no todos los que dicen son. 1 Juan 2:19 dice: “salieron de nosotros, pero no eran de nosotros”. En la parábola aquí en Mateo 13 aprendemos que en el campo siempre habrá problemas porque el enemigo está allí. Todo lo que es presentado aquí sucede en el mismo terreno. El campo es el mundo, y el príncipe del mundo es Satanás. La cizaña brota en el mismo campo que el trigo, se parece al trigo, sobre todo al principio, y crece a la par con el trigo e incluso más rápido, porque no lleva nada de valor. Sube pronto y es quizás más vistosa pero no tiene nada al final. Su trayecto es corto y termina siendo desechada.
    Alguien pregunta: “¿Cómo pudo ser sembrada?”  La respuesta es que el enemigo busca el momento oportuno para hacerlo y lo halló como dice el versículo 25, “mientras dormían los hombres”. Uno no puede vigilar cuando duerme, así que dormido es no orar, ni vigilar, ni velar. Es una condición espiritual en la que uno no lee ni conoce la Palabra de Dios, ni juzga bien, ni discierne. Todos los gatos son pardos. Todo le parece más o menos bien. El versículo 39 explica que el enemigo es el diablo y trabaja con astucia para meter entre el trigo algo que confunde y no tiene valor: la cizaña.
    Hoy en día muchas iglesias piensan que si hay música bonita pues todo está bien. Todos se sienten bien. A la gente le gusta y por eso viene, y viendo a la gente allí piensan que todo anda bien. No tengo nada contra el uso piadoso de música, pero de eso no se trata, sino de música para divertirse y crear ambiente. Pero los que así proceden se equivocan. Sólo se emocionan carnalmente, es algo de sentimientos, no de espíritu. Se sienten bien, levantan las manos, mueven los cuerpos con el ritmo de la música y piensan que Dios está en todo esto, pero no siguen al Señor. Son cizaña – las denominaciones, religiones, sectas, cada uno con sus cosas, cada loco con su tema, y en iglesias así hay para todos los gustos menos los del Señor y los que le siguen. Al final todo eso está destinado a ser quemado. Se alegran de tener locales llenos, pero ¿de qué? ¡De cizaña! Uno que no sabe puede mirar un campo de cizaña y pensar que está viendo un campo de trigo. Pero al final la cizaña dará su fruto, y el trigo el suyo.
    Al trigo le cuesta su tiempo llegar a la madurez. No da fruto en seguida, sino cuando sea el tiempo. Pero la cizaña viene y se va y no da ningún fruto. ¿Cuántos hemos visto entrar, profesar fe, incluso bautizarse y luego desaparecer sin dar ningún fruto? Muchos. No todo el que profesa ser creyente lo es. La cizaña parece como trigo pero no lo es.
    El Señor no la arranca todavía, sino que la deja crecer, pero en el mundo, no en la iglesia. Recordemos: el campo es el mundo. Sin embargo, hoy muchas iglesias permiten la cizaña y muchas no hacen ninguna distinción entre el que profesa y el que cree.
    ¡Cuán importante es cuidarnos de aun los desvíos pequeños! Por desviarse un avión sólo un punto de la brújula, no llega a su destino. A corto plazo parece poca cosa pero cuanto más lejos anda más grande es la diferencia y la desviación. Al final en lugar de llegar a su ciudad de destino se estrella en el mar. Hoy en las iglesias evangélicas dicen que hay doctrinas que no son importantes, que son pormenores, pero no lo son. Cuidado con el desvío más pequeño porque conduce a errores más grandes. El Espíritu Santo, dijo el Señor, nos guia a toda la verdad, y lo hace mediante la Palabra inspirada.
    Debemos orar siempre, pidiendo la guía del Señor, y estar mucho en Su Palabra, leyendo, estudiando, meditándola y poniéndola por obra. Debemos rodearnos de los que tienen una fe igualmente preciosa, como dice 2 Pedro 1:1. Debemos tener cuidado de nosotros mismos y de la doctrina. Necesitamos discernimiento y firmeza hasta que venga el Señor. Que Él nos ayude. Amén 

de un estudio dado por Lucas Batalla
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 ¿BUDA o JESUCRISTO?


El budismo es una religión antigua algo parecida al hinduismo de donde salió. Viene del estado de Bihar en la India. El budismo no acepta las castas y las vedas (las escrituras hindúes), pero sí busca la nirvana. Originó con Sidarta Guatama Buda (“buda” es un título, que significa “iluminado”). Nació en 560 a.C. Un día salió del palacio de su padre y fue profundamente impactado por el sufrimiento y la pobreza que vio. Hizo “la gran renuncia”, abandonando su familia y vida cómoda, para vagar en busca de la iluminación espiritual y la sabiduría. Profesó haber alcanzado la nirvana durante siete días de meditación debajo de una higuera. Por supuesto que no existe ninguna prueba de sus afirmaciones. A partir de entonces, y comenzando con su “sermón de Benarés” enseñaba a la gente a evitar los extremos: los placeres, los lujos, la tortura y el dolor. Enseñaba que hay que seguir lo que llamaba el “noble sendero óctuple”, de las ocho virtudes que conducen al nirvana: la iluminación que trasciende todo sufrimiento y logra la paz. Los budistas tratan de ser equilibrados, pacíficos y ocuparse de buenas obras. Según el erudito Dr. John Noss: “No hay en el budismo ninguna Persona Soberana en los cielos manteniéndolo todo unido”.
    PERO la Biblia afirma que Dios existe y no hay más dioses (Is. 45:22). El Salmo 14:1 declara: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios”. No sólo existe, sino que es el Creador de todo (Gn. 1:1) y sustenta todas las cosas con la palabra de Su poder (He. 1:3). Él se reveló a lo seres humanos en Jesucristo (Jn. 1:1-14). Dios ha establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto, el juicio (He. 9:27). No hay karma, ni reincarnación, ni nirvana. El Señor Jesucristo es el único Salvador (Hch. 4:12) de la humanidad. Él es el camino, la verdad y la vida (Jn. 14:6) y el único acceso al Padre, al cielo (Jn. 14:6). Los que creen (confían) en el Señor Jesucristo serán salvos. Jesucristo declaró: “Nadie viene al Padre sino por mí”. ¡Buda se equivocó!
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EL ÚNICO LIBRO PARA LA VIDA ETERNA

No falta material para leer. Los periódicos nos dan las noticias. Las novelas nos divierten. Los libros de texto nos educan. Hay muchísimos libros en el mundo. Algunos enseñan matemática, otros ciencia, otros filosofía, otros historia, otros lengua, otros religión y muchas otras cosas. Hay de todo, y para todos los gustos.
    Dicen que en España hay dos libros que están en casi todas las casas, pero que casi nadie los lee: la Biblia y el Quijote. Don Quijote de la Mancha es famoso, pero la Biblia es el único libro para la vida eterna.
    Así que, si lo que se busca es la vida eterna, sólo hay un libro que leer: La Sagrada Biblia. Ella es el libro de Dios. Sólo hay que leerla para darse cuenta de que no es un libro cualquiera. Nos da la mejor educación, porque nos enseña lo que somos en el interior, el porqué de los problemas y cuál es su solución. Nos explica cosas que serían imposibles de saber sin la Biblia. Habla del cielo y del infierno, de Dios y del diablo, del problema del pecado y de cómo obtener el perdón y la vida nueva.
    JUNIO ha sido designado: “el mes del libro” y en Madrid hay una gran feria del libro. Bien, pero todos los meses son buenos para leer algo que tanto bien puede hacerle. Obtenga una Biblia y comience a leerla. Es un libro compuesto de 66 libros, desde Génesis hasta Apocalipsis. ¿Sabía que el apóstol San Juan pronunció una bendición sobre los que leen el libro de Apocalipsis? Así es. Y el mismo apóstol dijo en el Evangelio según S. Juan que el propósito de lo que escribió es que los lectores crean y tengan vida eterna. La Biblia está llena de promesas y bendiciones, pero hay que leerla para encontrarlas.
   
Si lo hace, comenzará a descubrir cosas maravillosas. No se quede con las ganas. Hágalo. Apaga la tele y el internet, y lee un buen libro: la Biblia.


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 LA GENEROSIDAD


Dios es generoso, no mezquino, y Él quiere que también Su pueblo sea generoso, no mezquino. Decía William MacDonald que un cristiano mezquino es una contradicción, porque la mezquindad viene del egoísmo, del amor propio. Un cristiano egoísta y mendigo, que piensa en lo que podría obtener de los demás, en lugar de lo que podría dar, no refleja la imagen de Cristo. El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar (Mr. 10:45). A pesar de que Dios es generoso, y que nos gusta que Él sea así con nosotros mismos, la obsesión con recibir en lugar de dar parece ser un problema perenne con el pueblo de Dios.
    Cuando Dios redimió a Su pueblo, sacándolo de Egipto, lo enseñó a ofrendar: Dice Éxodo 35:5, “Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová”. Al hablar de la ofrenda para el Tabernáculo, la enfocó como asunto del corazón (véase 2 Co. 9:7), como lo es también la generosidad. La raíz del asunto está en el corazón. El pueblo dio de tal manera que sobró material. En Éxodo 36:6-7 leemos: "Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más; pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba". No se escuchan anuncios de este tipo hoy en día porque faltan recursos para la obra y los obreros del Señor en muchos lugares. No es que no haya ofrendas, porque las tomamos cada domingo. Tal vez faltan generosos de corazón, o falta consagración al Señor, o falta la disposición a sacrificar, o falta amar a Dios por encima de todas las cosas.
    D. Ernesto Trenchard dijo (en su libro: Arimética Divina), que en manos de los hermanos españoles había ampliamente todo lo necesario para la obra de Dios en España. No es necesario buscar ayuda fuera del país. El problema hoy no es tanto la escasez de recursos, sino la falta de generosidad en la obra de Dios. Muchos piensan que los ricos deberían dar y costear la obra de Dios. Pero en 2 Corintios 8:1-5 los que destacaron por su ofrenda eran los pobres macedonios. Los pobres también deben ser generosos, y no pensar en recibir sino en dar. Cada uno debe ser generoso, consagrado y sacrificado, y no mirar a otros esperando que ellos lo sean.
    Pasamos a 2 Crónicas 29:31 donde leemos: “Y la multitud presentó sacrificios y alabanzas; y todos los generosos de corazón trajeron holocaustos”.  Durante el reino de Ezequías hubo un gran avivamiento, y uno de los resultados se mostró en los sacrificios presentados al Señor. Vemos la generosidad de los que trajeron holocaustos – la ofrenda enteramente dedicada al Señor – como evidencia de la obra del Espíritu de Dios en ellos. La clave de la generosidad no está en la cantidad de los recursos, sino en la actitud de corazón.
    Proverbios 11:25 promete: “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado”. Aquí entra en el interior del ser humano para descubrir de dónde viene la generosidad. Comienza en el alma con una actitud y un deseo, y luego se manifiesta en dádivas generosas, tan generosas que sacian a los que tienen necesidad. Esto no es una ofrenda simbólica, pues usa la palabra "saciar". Hay una diferencia entre el que está saciado y el que todavía tiene hambre. Cuando vemos a los que han salido para predicar el evangelio viviendo sin tener a penas sus necesidades básicas cubiertas, pasando necesidad y escasez, en lugar de estar saciados por nuestras ofrendas, debemos preguntarnos cuál es el motivo de nuestra ofrenda. Ironside habla del diácono que dijo al Señor: "Mantén a Tu siervo humilde y yo le mantendré pobre".  Es triste, pero hay personas que podrían dar más, podrían quitar a otros de la pobreza, pero no lo hacen. Ofrendan, pero los mantienen pobres. ¿Cambiaríamos lugar con aquellos que mantenemos viviendo de mano a boca? Puede que Dios castigue con escasez a los que teniendo, no son generosos.
    Isaías 32:8 dice: “Pero el generoso pensará generosidades, y por generosidades será exaltado”. Aquí vemos que la generosidad está en los pensamientos. Allí comienza y se manifiesta en los hechos. Es primero un pensamiento, un deseo e inclinación del corazón. Él que lo desee encontrará cómo llevarlo a cabo. El ser humano por naturaleza es más generoso consigo mismo que con los demás. Pero, ¿cómo nos gustaría si Dios nos diera de la forma que procedemos con Él, dándonos lo mínimo o ni siquiera esto?
    2 Corintios 8:2 nos cuenta acerca de los macedonios: “...que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad”. Observamos que la pobreza no es excusa para no ser generoso. Los pobres macedonios manifestaron “riquezas de su generosidad”. La generosidad de los pobres tal vez no sea tanta como la de los ricos, pero realmente en la historia de la obra del Señor han sido los pobres, no los ricos, quienes han apoyado la obra. Muchos ricos dan de sus riquezas”, pero no según sus riquezas. Cuando en el evangelio leemos de cómo el Señor miró las ofrendas en el templo, y "muchos ricos echaron mucho", recuerda que Él dijo que la pobre viuda había dado más que todos ellos. Esto fue porque después de ofrendar, les quedaba mucho, dieron de lo que les sobró.  El que no ofrenda según y más allá de sus posibilidades, no necesita depender del Señor porque tiene mucho más guardado. Pero la viuda ofrendó por fe, echó todo lo que tenía. Hay algunos hermanos pobres que son como aquella viuda. Dios no sólo ve la cantidad sino la proporción. Pero hay muchos otros pobres que no son como aquella viuda. Se disculpan diciendo: “soy pobre”. Piensan que toca a otros ser generosos, no a ellos. Esto es un error y tal vez también un pecado.
    En 2 Corintios 9:5 Pablo escribe: “Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra”. Los corintios prometieron ayudar con una ofrenda a los pobres en Jerusalén, pero no llevaron a cabo con prontitud su promesa. Pensemos en esto, que Dios escucha nuestros promesas de ayuda a los hermanos, y Él quiere que seamos generosos, no simbólicos, en hacerlo.
    En 2 Corintios 9:6 leemos la promesa: “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. Es un principio: la ley de la siembra y la cosecha. Si somos escasos, no generosos, en la ofrenda, echando cualquier monedita allí en lugar de preparar y traer una ofrenda generosa como sacrificio a Dios, pués Él lo tendrá en cuenta luego con nosotros. Allí vemos a veces nuestra doblez. Queremos que Dios nos dé de modo que supla nuestra necesidad, y sabemos que Él puede. ¿Pero, hermanos, ofrendamos así?
    La exhortación a los ricos en 1 Timoteo 6:18 es: “Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos”. Dios habla así a los ricos y no se equivoca. Suelen amar sus riquezas y desear siempre tenerlas. Por eso su tendencia al ofrendar es dar lo que no necesitan, y que realmente pueden vivir bien sin ella. Aunque los demás con menos recursos podrían considerar grande la ofrenda del rico, por la cantidad, recuerda, Dios mira la proporción, la relación entre lo que dan y lo que les queda. Sabe cuánto les queda en sus cuentas y sabe si han sido generosos según sus posibilidades. Ricos en buenas obras significa muchas buenas obras. Dadivosos significa muchas dádivas, continuamente como práctica y norma de su vida, y generosos significa que den de acuerdo con sus posiblidades que son mayores que los demás. Es el uso correcto de los bienes, para el Señor en el tiempo presente, y no haciendo tesoros en la tierra (Mt. 6:19-21).
    En Hechos vemos que "todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido" (Hch. 4:34). En lugar de comprar y adquirir más casas, tierras, vehículos, etc. de lo que necesitamos, podríamos vender algo de nuestros bienes y traer el precio como ofrenda. Por ejemplo, con lo que algunos gastan en viajes y vacaciones, o simplemente cosas como televisores de gran pantalla, algunos pobres siervos de Dios tendrían cubiertas sus necesidades económicas y podrían obtener materiales evangelísticos.
    Al leer estos textos vemos claramente que en nuestros días tantos pobres como ricos necesitan arrepentirse de la falta de generosidad, y ser imitadores de Dios en este hermoso atributo Suyo. Dios ama al dador alegre, y le agradaría ver ese espíritu otra vez en las iglesias.
    El libro de Malaquías nos enseña que Dios no puede bendecir a un pueblo tacaño y mezquino porque no le honra con sus ofrendas. Él es Dios grande, y nuestras ofrendas deben reflejar que apreciamos esto. Pero es más, porque si no ofrendamos como debemos, le estamos robando, y esto es pecado. Robamos a Dios cuando no suplimos lo suficiente para Su obra y Sus obreros. Queremos que Dios nos dé billetes, pero no le ofrendamos los nuestros, sino sólo monedas. Queremos que Él sostenga a Sus obreros, pero no queremos ofrendar abundancia para esto. Queremos que Él abra las ventanas del cielo y derrame bendición, pero no queremos abrir nuestros bolsillos y cuentas para derramar ofrendas (Mal. 3:10).
    Proverbios 3:9 nos llama a honrarle con las primicias de todo. Las ofrendas no son cosas para cumplir, echando algo en la bolsa, sino son una oportunidad para honrar al Dios que puede ver muy bien las cuentas de cada uno, y la actitud con que ofrenda (2 Co. 9:7).
    Nuestro Señor Jesucristo, en Lucas 6:38, mandó así: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Hermanos, ¿realmente podría el Señor decir de nosotros lo que dijo de la mujer que ungió Sus pies con su perfume? "Esta ha hecho lo que podía" (Mr. 14:8). Esto está entre cada uno y Dios, claro, pero, cuando ofrendas, ¿puede el Señor decir esto de ti? Aunque hayas ofrendado mucho, ¿podías haber hecho más? ¿Hemos sido generosos como individuos y como asambleas? Damos para saciar, o sólo para un bocado? ¿Damos como nos gustaría recibir? (Lc. 6:31). Si es así, ¡gloria a Dios!
    Pero donde no ha habido la debida generosidad con el Señor a nivel personal, debemos postrarnos arrepentidos y confesarlo con el pecado de egoísmo, mezquindad, falta de fe y amor al dinero. Donde no ha habido generosidad a nivel de congregación, sería bueno convocarla para que haya un acto de arrepentimiento público, confesando y apartándose de este pecado, y presentando al Señor ofrendas generosas. Amados hermanos, no pongamos más excusas ni explicaciones para justificarnos. Dios es generoso. Si somos de Su familia, y Su Espíritu opera en nosotros, debemos ser generosos como nuestro Padre celestial. No hagamos tesoros en la tierra (Mt. 6:19-21), ni nos afanemos, porque: "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Fil 4:19).
Carlos Tomás Knott
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