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jueves, 30 de abril de 2026

EN ESTO PENSAD - mayo 2026

 La Trompeta del Arrebatamiento
H. A. Ironside


Hoy en día existe confusión entre la trompeta que anuncia el rapto de la Iglesia, y las siete trompetas halladas en el capítulo 8 de Apocalipsis, pero son muy diferentes. En este artículo, el hermano Ironside explica las diferencias entre ambas.

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4.16-17).

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”   (1 Co. 15.51-52).

    El arrebatamiento de la Iglesia tendrá lugar al sonar la final trompeta. Esto en 1 Tesalonicenses 4 se llama “la trompeta de Dios”, y debe distinguirse muy definitivamente de la última de las siete trompetas de los ángeles, los juicios mencionados en Apocalipsis (8.2, 6; 11.15). Esas siete trompetas tocadas por siete ángeles sonarán durante la septuagésima semana de Daniel, y la séptima de ellas anuncia la llegada del glorioso reino de nuestro Señor Jesucristo. Pero, nuevamente, hay que leer con atención. “La trompeta de Dios” es algo totalmente diferente.
1 Se llama “la final trompeta” (1 Co. 15.52) porque cerrará la presente edad de gracia y concluirá los caminos de Dios con Su pueblo la Iglesia en esta dispensación.   
      No me cabe duda de que tienen razón los expositores que entienden la expresión “la final trompeta” como una alusión a la tercera trompeta de las legiones romanas. Cuando sonaba la primera trompeta, ya fuera de noche o de día, los soldados se levantaban de un salto y golpeaban sus tiendas. Cuando sonó la segunda, se pusieron en fila. Al sonar la tercera, marcharon. 
    Así nosotros, los creyentes, ya hemos oído la primera trompeta, que nos ha despertado cuando estábamos dormidos en nuestros pecados. La segunda trompeta nos ha llamado a reconocer la autoridad de nuestro Señor Jesucristo. Ahora esperamos el sonido de la última trompeta, momento en que seremos arrebatados para estar con Él para siempre. Entonces, aquellos que todavía estén vivos en sus cuerpos naturales y mortales se vestirán repentinamente de inmortalidad. En otras palabras, el cuerpo se transformará en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, y se convertirá en un cuerpo glorioso como el de resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Los creyentes que han muerto y cuyos cuerpos se han corrompido en la tumba, serán resucitados a la incorruptibilidad y, con sus nuevos cuerpos estarán, con Cristo para siempre. Esta es nuestra esperanza bienaventurada, que el Señor Jesús puede venir en cualquier momento para llevarnos y cumplir así estas Escrituras. ¡Qué bendición estar preparados para aclamarlo con alegría en Su advenimiento!  

extracto adaptado del libro El Gran Paréntesis, Libros Berea

1 La falta de distinguir entre las diferentes trompetas ha hecho a algunos concluir equivocadamente que la Iglesia será arrebatada después de la séptima trompeta (Ap. 11.15), es decir, a la mitad de la Tribulación. Nada tiene que ver ésta con la trompeta mencionada en 1 Tesalonicenses 4 y 1 Corintios 15, que anuncia el arrebatamiento de la Iglesia. Ed. 

 

 "Grata noticia, viene Jesús por los salvados mediante Su cruz,
para llevarlos al trono de luz. Sí, pronto vuelve el Señor.

Cristo Jesús de los cielos vendrá, pronto en Su gloria vendrá;
Para el creyente ¡qué gozo será ver al amado Señor!

Con alegría y aclamación, voz del arcángel, trompeta de Dios,
viene Jesús con cabal salvación. Sí, pronto vuelve el Señor". 

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  “Mas Bienaventurado Es Dar Que Recibir”
Hechos 20.35

Donald Norbie

No cabe duda que Dios es un dador generoso. Pero, ¿cómo somos nosotros? ¿Realmente creemos que es más bienaventurado dar que recibir?
    El dios que cada uno adora forjará su carácter. Quienes adoran a ídolos acabarán siendo como ellos. “Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos” (Sal. 115.8). Serán insensibles a Dios, egoístas y con una vida moral degradada (Ro. 1.23-25). En cambio, los que confían en el Dios verdadero y santo y le adoran se irán pareciendo más a Él, y formarán un pueblo santo.
    Pero Él también es la fuente de toda vida espiritual. Al pecador se le describe como muerto espiritualmente, separado de Dios y quebrantado por el pecado. A los que reciben a Cristo como Señor y Salvador, Él les da vida espiritual (Ef. 2.5). Dios comienza a obrar poderosamente en su interior (Fil. 2.13). Se cumple fielmente la promesa de Cristo, de dar vida abundante (Jn. 10.10).
    Todas nuestras habilidades naturales y espirituales provienen de Dios. Pablo pregunta: “¿o qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co. 4.7). Ya sea intelecto, cualquier talento bueno o habilidad mecánica, todo proviene de Dios. Los ricos recursos de la personalidad humana provienen del Creador, y esto debería humillarnos.    
    Las “cosas”, las posesiones materiales de esta vida, vienen de Dios. El apóstol manda recordarle al rico que es “el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Ti. 6.17). Pero la manera de disfrutarlas no debe ser egoísta. “Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos” (v. 18). Ten cuidado con el egoismo en lo referente a tus posesiones. Son de Dios, y tú solo eres un administrador. 
    El Señor Jesús vivía entregado al servicio de los demás. Siempre pensaba en otros, no en sí mismo. Era una vida de renuncia a sí mismo, coronada con el sacrificio en la cruz (Mr. 10.45). El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se unieron en aquel don asombroso e inefable (2 Co. 9.15).
    Nuestro Dios es un dador muy generoso y misericordioso, y quienes le adoran también serán dadores generosos.
continuará, d.v., en el siguiente número

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 El Creciente Énfasis en la Música
Parte 4
Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior
Permíteme hablar francamente acerca de la cuestión de “conservar a nuestros jóvenes a todo coste”. 

     En primer lugar, durante mi juventud nunca recuerdo que los jóvenes tuviéramos la actitud de que la asamblea giraba en torno a nosotros. Según recuerdo, los jóvenes no queríamos traer “nuestra música” a la asamblea. “Nuestra música”, si la teníamos, era secular, y la asamblea claramente no era el lugar para ella. Sin embargo, ahora la cristiandad ha “bautizado” la música secular con “letra cristiana”, que no solo ha sido aceptada por los jóvenes de hoy como si fuese “música cristiana”, sino que también desean traerla a la asamblea. Durante las últimas décadas, la iglesia se ha ido “acondicionando” para aceptarla. Lenta pero seguramente ha ido entrando hasta que, al final, lo ha hecho como una inundación.

 

El coro de la iglesia catolica 

en Pasadena, California

 
coro de la iglesia presbiteriana


Coro del Tabernáculo Mormón
Coro luterano

Coro adventista

Coro de monjes en un monasterio

    En segundo lugar, si cedemos a los deseos de los jóvenes y adaptamos la asamblea a su gusto, ¿qué tipo de asamblea les dejaremos? ¿Cuál será su futuro? ¿Qué tipo de jóvenes estamos criando cuando cedemos a sus deseos en detrimento de quienes durante muchos años gastaron sangre, sudor, lágrimas y fondos con el deseo de glorificar a Dios? Lo que estamos criando son jóvenes egoístas que consiguen lo que quieren amenazando con irse de la asamblea, sin importarles cómo afecte a los demás. Serán jóvenes (y luego adultos) que habrán aprendido a conseguir lo que quieren sin el trabajo y el ejercicio espiritual que las generaciones anteriores tuvieron fielmente.
    En tercer lugar, y quizá la más difícil de aprender para todos nosotros, está la lección que vemos en la parábola del hijo pródigo. Recuerda que el hijo pródigo exigió su parte de la herencia. Fue una actitud descarada, pero su padre se la concedió. (A veces Dios hace esto con nosotros también, para que maduremos, pero siempre es una lección costosa). Esta es una lección poderosa, pero difícil de aprender. “Si nuestros hijos quieren irse de casa, ¡asegurémonos de que tendrán que hacerlo!”  (Obviamente, no me refiero a hijos muy jóvenes). La falta de aprendizaje de esta lección ha provocado que muchos padres traigan el mundo a su casa, intentando así que sus hijos no se marchen, sin darse cuenta de que simplemente los están entrenando para el mundo en su propio hogar.
    Tras haber trabajado con jóvenes durante tres décadas y haberles querido mucho, sinceramente creo que, en ocasiones, sería mejor que algunos jóvenes abandonaran la asamblea para seguir sus propios deseos, incluso en lo referente a ciertos tipos de música. No me sorprendería si después volvieran habiendo madurado y habiendo descubierto que las cisternas tan deseadas no sacian el espíritu. Dejarles marchar así requiere mucha fe, domino propio, y tiempo intercediendo por ellos en oración. Supone un dolor que no estamos dispuestos a sufrir con frecuencia y que va en contra de la sabiduría humana. El padre no estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para que su hijo se quedara en casa; al contrario, le permitió salir a gran coste, ¡y al final resultó en gran gozo!
    Ahora bien, habiendo hablado con franqueza sobre esto, permíteme también decir que el padre no se alegró de que su hijo se fuera. Tampoco tuvo una mala actitud. Actuó con amor, pero también con firmeza, pensando en el bien de su hijo, y no permitió que se comportara en casa como le diera la gana. Eso no significa que el padre fuera un viejo duro e inflexible que gobernaba con látigo. Está muy claro que deseaba que su hijo volviera, ya que cada día miraba al horizonte y, cuando finalmente lo vio de lejos, salió corriendo para recibirlo con besos y lágrimas (Lc. 15.20).
    No es nada fuera de lo normal que los jóvenes abandonen el hogar o la asamblea en busca de aquello que no encuentran en ellos. Sin embargo, cuando maduren, no ofrecerán a sus hijos lo que ellos buscaban en su juventud. No se trata de dureza ni legalismo, sino de amor en su sentido más verdadero. El Señor no es duro cuando no nos concede lo que queremos, o cuando nos permite tenerlo y sufrir las consecuencias.
    La idea de que una asamblea debe reformarse y cambiar para adaptarse a los deseos de los jóvenes es, sencillamente, el concepto de una generación llena de amor propio y autoestima. Ciertamente, la asamblea debe expresar su amor genuino y su preocupación por los jóvenes, educándolos en el temor y la admonición del Señor, pero no es el patrón bíblico traer el mundo a la asamblea para que los jóvenes no se vayan. Debemos creer con firmeza que “el obedecer es mejor que los sacrificios”. El rey Saúl fracasó al no ver esta verdad, y perdió su reino como resultado (1 S. 15.22-23).
    Que el Señor nos ayude a avanzar siguiéndole ceñidos a Su Palabra, sin estancarnos ni jactarnos de nuestra ortodoxia, sino trabajando juntos para la gloria de nuestro Señor venidero y para el crecimiento de Su pueblo y Su Iglesia.           
          
Steve Hulshizer, de la revista Milk & Honey (“Leche y Miel”) enero, 2008

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 Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior


7. El Amor al Dinero


Es raíz de todos los males (1 Ti. 6.10). No estamos en este mundo para hacer tesoros (Mt. 6.19-21). Dios ahora llama a Su pueblo a peregrinar – somos extranjeros y peregrinos en el mundo (He. 11.13; 1 P. 2.11). William MacDonald bien dijo que acumular riquezas en esta vida es tan contrario a la voluntad de Dios como la fornicación y el adulterio. Del mundo se escucha la crítica: “las iglesias solo quieren tu dinero”, y desafortunadamente respecto a muchas iglesias es verdad. Enfatizan “las bendiciones del dinero”, y dicen que si uno da una ofrenda de fe Dios le devolverá mucho más. Los tele-evangelistas viven en grandes casas con toda comodidad, tienen sus escoltas, viajan de acá para allá en sus aviones particulares y se quedan en hoteles de lujo. No sabemos si algunos de ellos realmente creen en Dios, pero sí, creen en el dinero. Pedro advierte: “Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (2 P. 2.3).
    Pero los siervos del Señor en una asamblea local no deben ser así. El amor al dinero está tajantemente prohibido. El Señor Jesucristo dejó las riquezas del cielo y se encarnó: “se hizo pobre” (2 Co. 8.9). Nació en un establo y tuvo por cama un pesebre. No fue director de ninguna gran empresa. No vivió de las labores de otros, ni siquiera tuvo una cuenta bancaria. Trabajaba humildemente con Sus manos, como carpintero, hasta aproximadamente treinta años de edad. Durante Su breve ministerio público dijo a un discípulo prospectivo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Lc. 9.58). En Hechos 3.6 el apóstol Pedro dijo: “No tengo plata ni oro”. Es una gran incongruencia que Sus siervos vivan como ricos, acomodados en el mundo donde Él fue pobre. Todo creyente debe  considerar y meditar sobre el ejemplo de los apóstoles en 1 Corintios 4.8-16, que termina así: “os ruego que me imitéis”.
    Por eso la Palabra de Dios manda acerca de cualquiera que desea ser anciano: “no codicioso de ganancias deshonestas” y “no avaro” (1 Ti. 3.3; Tit. 1.7). El amor al dinero ciega los ojos del entendimiento, y causa una fuga de poder espiritual. Desvía a los hombres, y les motiva y capacita para hacer lo que Dios no quisiera. La avaricia es motivo de excomunión (1 Co. 5.11), pero excomulgamos más a los fornicarios y los ladrones o borrachos que a los avaros. William MacDonald dijo que en toda su vida no conoció ni un solo caso de excomunión por avaricia, pero no por falta de avaros en las iglesias.
    Hay hombres que usan el ministerio para encubrir avaricia (1 Ts. 2.5), pero Pablo y sus colegas no eran así. A los filipenses dijo: “No es que busque dádivas” (Fil. 4.17). El problema con el amor al dinero en un siervo de Dios es que afectará lo que predica y cómo lo predica. Afectará a quién disciplina y a quién no, porque estará tentado a pensar qué pasará si reprende a un hermano afluente, o si predica ciertas cosas. No quiere ofender a los que ofrendan y ayudan a mantener la obra, porque confía más en ellos que en Dios. Nunca deben dejar que el dinero figure en las decisiones espirituales, ni que afecte la obediencia a la Palabra de Dios.
    El remedio es confiar en el Padre celestial, que sabe de qué cosas tenemos necesidad. Ante las necesidades debe entrar en su aposento, cerrar la puerta, y orar a su Padre que está en los cielos (Mt. 6.6).  La prioridad en la vida personal y en la asamblea es: “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6.33).
continuará, d.v. en el siguiente número

                       del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea

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Gran Ganancia 

“Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6.6). Por eso el Señor Jesucristo no era posesivo ni controlador en su manejo del dinero. Él jamás codició el dinero; más bien dejó que Judas tuviera “la bolsa del dinero” (Juan 12.6 NBLA). Cuando quería ver la imagen de César, dijo: “Traedme la moneda” (Marcos 12.15); obviamente no tenía ninguna. Jamás pidió ni tomó prestado dinero. Él les enseñó a sus discípulos a orar: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Lucas 11.3) y vivió hablando solo con Dios de sus necesidades. Cuando había que pagar los impuestos, le dijo a Pedro que tomara el dinero y se lo diera “por mí y por ti” (Mateo 17.27). Cumplió con sus responsabilidades financieras y, además, ayudó a otros. Dios lo vio y lo amó, porque “Dios ama al dador alegre” (2  Corintios 9.7). ¿Sigues tú su magnífico ejemplo de administración del dinero?

Juan Dennison, Devoción a Diario, lectura del 17 de junio, 
Libros Berea y Publicaciones Pescadores

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 Matrimonio, Divorcio, Adulterio

Curtis Thigpen

La Palabra de Dios expresa claramente el origen divino y la santidad del matrimonio:
· Dios lo diseñó y originó (Gn. 2.21-24).
· Dios prohíbe su disolución por el ser humano (Mr. 10.9).
· Dios declara que aborrece el repudio (Mal. 2.15-16).
· El matrimonio ilustra la relación entre Cristo y Su Iglesia  (Ef. 5.22-33; Ap. 19.7-8), que es permanente.

    Según Marcos 10.6-9 es bastante obvio que desde el principio la intención divina es que la unión matrimonial sea permanente, y que solo pueda terminarse legítimamente por la muerte.

“pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”.

    Además, uno de los propósitos principales del matrimonio es la institución y el establecimiento del hogar, que es la base de una sociedad ordenada. Cuando se mina la dignidad y santidad de esa unión y del hogar, las consecuencias son trágicas y tristes. Esto no solo ocurre en las familias afectadas, sino que también afecta al bienestar de la sociedad en general y contribuye a la desintegración y el colapso de naciones fuertes.  
    En el Antiguo Testamento, Dios estableció unas normas sobre el divorcio y otros asuntos relacionados en el libro del Deuteronomio (capítulos 22 y 24). Se permitía el divorcio en caso de decepción respecto a la pureza moral, pero solo si la contaminación había ocurrido antes de la consumación del matrimonio (Dt. 24.1). Por otra parte, si había pruebas de inmoralidad después del matrimonio, se apedreaba a ambos culpables (Dt. 22.22). La excepción mencionada por nuestro Señor en Mateo 5.32 y 19.9 evidentemente se basa en estos principios.
    Sin embargo, algunos estimados maestros de la Biblia han deducido de las palabras del Señor que, cuando el matrimonio se ha visto contaminado por el adulterio, el divorcio está permitido por la Biblia y la parte supuestamente “inocente” puede volver a casarse. Sin embargo, un examen honesto de los términos empleados por el Señor revela que el adulterio no es la excepción. Observa que en los siguientes pasajes no se admiten excepciones.

“y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio
(Mr. 10.11-12).

Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera(Lc. 16.18).

    En general, el Nuevo Testamento no hace concesiones al concepto común del divorcio y el nuevo matrimonio de personas divorciadas. El precepto del Nuevo Testamento está claramente expresado en pasajes como Romanos 7.2-3 y 1 Corintios 7.39, y lógicamente plantea la siguiente pregunta: “¿Respira aún el esposo?” Porque mientras viva, ante Dios sigue en vigor el matrimonio. La violación de este precepto es el pecado  llamado “adulterio”. Según 1 Corintios 6.9-10 los adúlteros “no heredarán el reino de Dios”, pues los juzgará Dios (He. 13.4).      

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Algunas Excusas que Suelen Utilizarse 
para Romper el Matrimonio

“Realmente no existe diálogo” (falta de comunicación entre nosotros).
“Somos tan diferentes”.
“Me decepcionó. Soy víctima".
“Somos incompatibles”.
“No estamos felices, sino siempre estamos peleando”.
“No nos entendemos”.
“Ya no nos amamos como antes”.
“No nos soportamos”.
“No pensamos ni actuamos igual”.
“Me siento atrapado/a en un matrimonio sin amor”. 

Pero las Escrituras no aceptan estas cosas como razones para el divorcio.

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  El Séptimo Mandamiento

 “No adulterarás”


 El mundo habla de la revolución sexual, pero ante Dios es la rebeldía sexual. ¿Cree usted que la moralidad es una cuestión de gustos, algo relativo? Se llevará una gran sorpresa y amarga el día que descubra que Dios afirma que es algo absoluto. No importa lo que piensa la sociedad, ni los psicólogos, ni los profes de ética, porque ninguno de ellos le acompañará en el juicio ante el trono de Dios.
    El séptimo mandamiento menciona específicamente el adulterio, que se refiere a actos sexuales entre una persona casada y alguien que no sea su cónyuge. Sin embargo, el adulterio es solo un tipo de práctica inmoral, y la ley de Dios prohíbe toda clase de fornicación.
1 La palabra “fornicación” se traduce de la palabra griega “porneo”, (de donde viene nuestra palabra “pornografía”). Significa toda y cualquier actividad sexual ilícita, es decir, fuera del matrimonio. Incluye cualquier tipo de inmoralidad sexual. El paso del tiempo y la evolución de la sociedad no pueden cambiar la ley divina. El Nuevo Testamento también anuncia que “a los fornicarios y los adúlteros los juzgará Dios” (Epístola a los Hebreos, 13.4).
    Hay quienes afirman que no son adúlteros ni inmorales, pero si se dijera toda la verdad, tienen pensamientos y deseos inmorales, e incluso de cometer actos inmorales. Se recrean leyendo novelas, viendo películas o fotos en Internet y a través de su teléfono, e imaginan estar en esas situaciones, soñando en privado sin que nadie vea la pantalla de su mente. Pero Dios lo ve y sabe que eso es fornicación y adulterio en el corazón. Jesucristo dijo: “Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” (S. Mateo 5.27-28, Nácar-Colunga). 
    El precepto incluye las  mujeres que miran con deseo a los hombres. La sociedad no lo considera malo, pero la sociedad no es Dios, y Dios lo condena.
¿Ha sido infiel a su cónyuge, aunque haya sido una sola vez y nadie lo sepa? Dios lo sabe. Aunque solo haya sido en pensamientos y deseos, esto demuestra que su corazón es pecaminoso y quebranta la Ley de Dios.
    ¿Se ha casado con una persona divorciada? Esto es adulterio según la enseñanza de Cristo.
“Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio (Evangelio según S. Marcos, 10.11-12).
    La Iglesia Católica inventó “la anulación”, que es un truco filosófico. Alega que, aunque la Iglesia los casó en el sacramento del santo matrimonio, el matrimonio nunca llegó a existir en el corazón de los dos cónyuges, por lo que la Iglesia “anula” el matrimonio. De este modo, pueden decir que no se trata de un divorcio y que, por tanto, no están cometiendo adulterio, ya que, según razonan, ¡nunca estuvieron casados! Sin embargo, en ese caso serían fornicarios. Píntanlo como quieran, pero la ley de Dios queda rota. Las Sagradas Escrituras no cambian. En lugar de excusarnos por las modas de una sociedad permisiva, debemos obedecer a Dios. Cristo declaró: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Evangelio según S. Mateo, 24.35).
    Hoy en día están de moda las parejas de hecho, y se dice que hay que aceptarlo y no juzgar. Sin embargo, Dios considera fornicación toda actividad sexual fuera del matrimonio. La Biblia dice: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Epístola a los Hebreos 13.4). Ante Dios sigue siendo pecado. Los santos apóstoles mandan que los fornicarios y adúlteros no deben ser admitidos en ninguna iglesia (Primera Epístola a los Corintios, 5.11). Incluso la ley humana distingue entre matrimonios y parejas de hecho. Dios aún distingue más, y condena a las parejas que conviven sin casarse, pues cometen fornicación y serán juzgadas. Juntarse en pareja es fornicación, y según la Biblia, los hijos nacidos de la fornicación son bastardos (Deuteronomio 23.2; Epístola a los Hebreos 12.8).
    Ha contemplado actos inmorales en la tele, el teléfono o el cine, para divertirse? Eso es la inmoralidad mental, son pensamientos impuros. Recuerde el texto de Romanos 1:32 sobre el pecado vicario, es decir, el pecado que se disfruta a través de otras personas.
  
 Francamente, vivimos en una sociedad inmoral y perversa que va de mal en peor. Pero recuerda que no será la sociedad, sino el individuo, quien rendirá cuentas ante Dios. Sea quien sea, cualquier persona que haya deseado, pensado o cometido alguna de estas cosas es culpable de adulterio y de romper el séptimo mandamiento de la Ley de Dios.                                                           - - -                                                                                 ¡Culpable!

1  Lea los capítulos 18 y 20 de Levítico.

2 En el Evangelio según San Juan, 4.18, Cristo le dijo a una mujer que convivía con un hombre: “el que ahora tienes no es tu marido”. Quienes se juntan y luego se casan dicen que así se arregla todo. Pero la ceremonia no borra la fornicación de su relación anterior. 

 

sábado, 30 de abril de 2022

EN ESTO PENSAD mayo 2022

 ¿Debemos Ser Vegetarianos?


Personalmente, me encanta casi toda clase de vegetales. Espero impaciente la llegada del verano y la abundancia de verduras. Pero, ¿debo rehusar la carne? El vegetarianismo está de moda hoy, y crece la forma más estricta: el veganismo. Los veganos rehúsan no solo la carne, sino el pescado y todo producto animal. Hoy es popular como una filosofía de vida, de no violencia, y casi diría que es una religión naturalista de convivir en paz con los animales y en armonía con el planeta. No sé por qué los que piensan así se permiten matar a plantas y comerlas, ¡pero supongo que tienen que comer algo! ¿Cuál debe ser la postura del cristiano?
    Algunos citan Génesis 1-2 y la dieta sin carne en Edén. Pero de los 1.188 capítulos en la Biblia, tienen que limitarse a esos dos primeros. En el capítulo 3, tras la entrada del pecado en el mundo, todo cambió. Observamos que Dios hizo túnicas de pieles de animales para Adán y Eva (v. 21), y ¿de dónde sacó esas pieles si no de animales que Él mató? Se supone que fue entonces que Dios los enseñó cómo matar y sacrificar un animal. En Génesis 4.3 Caín presentó a Dios una ofrenda “vegetariana” – “los frutos de la tierra”, y Dios no lo aceptó. En el siguiente verso Abel trajo el sacrificio “de los primogénitos de sus ovejas”, y Dios lo aceptó. Como reacción, Caín, el “vegetariano”, se enojó y mató a Abel. Probablemente le degolló cómo había visto hacer a los animales. No mataba a un animal, pero a su hermano sí. Caín fue el primer homicida y fratricida.
    Luego en Génesis 9.3-4, después del Diluvio, Dios enseñó a Noé y sus descendientes acerca de su dieta. No les instituyó la dieta de Edén, sino ésta: “Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” (vv. 3-4). Es decir, podían comer de todo.
    Cuando el ángel de Jehová y dos otros ángeles visitaron a Abraham, él les invitó a comer y preparó “un becerro tierno y bueno”, mantequilla y leche, y lo comieron (Gn. 18.7-8). No eran vegetarianos. No rehusaron la comida, ni le reprocharon por ofrecerles tales cosas.
    Siglos después, en el libro de Levítico, enseñó a Israel acerca de los sacrificios que deberían presentar a Dios. La oblación (Lv. 2) era de pan, y la libación (Lv. 23.13) era de vino, pero los demás eran animales que debían ser degollados y quemados sobre el altar: becerros, ovejas, cabras, tórtolas, palominos, vacas, bueyes, machos cabríos y corderos. No solamente los sacrificaban, sino debían comer parte de ciertos sacrificios.
    En Levítico 11 y Deuteronomio 14 Dios prohibió que los israelitas comiesen ciertos animales designados como inmundos, pero no prohibió comer carne. Esos textos de la Ley enseñan qué animales, peces y aves, ellos  podían comer.
    El Señor Jesucristo, cuando estuvo en el mundo, comió carne (el cordero de la pascua) y pescado. Además, en Marcos 7.19 declaró limpios todos los alimentos. Es decir, quitó toda restricción dietética. Enseñó así a los apóstoles: “Comed lo que os pongan delante” (Lc. 10.8).
    El apóstol Pablo advirtió que en los postreros tiempos algunos apostarían de la fe, escuchando a espíritus engañadores y doctrinas de demonios (1 Ti. 4.1). Dijo: “y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad” (1 Ti. 4.3). La verdad es que los creyentes no son vegetarianos, sino deben comer de todo, porque, dice el apóstol: “todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias”. Está claro que la Biblia no enseña el vegetarianismo. Se comprende que por alergias o cuestiones médicas algunos deben evitar ciertos alimentos. Por ejemplo, algunos no pueden consumir nada con glúten. Son necesarias dietas especiales para los que tiene problemas sobrepeso, de cloresterol, o de azúcar en la sangre. Pero esa clase de dieta es por razones médicas, no por el veganismo, y son excepciones. La norma es “todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse”. Es normal que cada uno tenga sus gustos y preferencias, pero a pesar de eso deben comer lo que le den, excepto cuando sería perjudicial. No debemos tratar de asignamos valores espirituales a ciertas comidas. Aceptemos la instrucción apostólica, demos gracias, y comamos, “para la gloria de Dios” (1 Co. 10.31).     

                                                                                                                                                          Carlos

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Gedeón:Un Joven Transformado En Un Siervo De Dios
parte 6
Camilo Vásquez Vivanco

viene del número anterior
GEDEÓN PUESTO A PRUEBA
    

“...le dijo Jehová: Toma un toro del hato de tu padre, el segundo toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también la imagen de Asera que está junto a él”  (Jue. 6:25).
    
Siempre Dios pondrá a prueba nuestra integridad. Gedeón no podía servir en público antes de enfrentar el mal en su casa y acabar con él. Dios prueba a Gedeón ordenándole tres cosas claras, sacrificar el segundo toro de su padre, derribar el altar de Baal de su padre y destruir él mismo la imagen de Asera que existía en su propia casa.
    Gedeón no participaba de esta idolatría pero no había tenido coraje para testificar contra ese mal. Inicialmente Gedeón había edificado un altar para Dios, llamándolo “Jehová salom” (“El Señor es paz”, Jue. 6:24). Pero había otro altar en su hogar, un altar a Baal, y tenía que ser quitado. Los dos no podían existir a la vez y veremos que Dios demanda una clara definición también para nosotros en nuestro servicio espiritual: “No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios” (1 Co. 10:21). Un verdadero siervo de Dios debe saber que la obediencia a Dios está por encima de las costumbres familiares. Por muy amados que sean los padres es necesario antes obedecer a Dios. Así dijo el Señor: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14:26).
    Su padre y Gedeón mismo habían tolerado esa idolatría en su propia casa, ¿Porqué lo hicieron? Viendo el contexto de Jueces es lo que estaba de moda y así les permitía tener más gente en el culto a Dios. Existía una mezcla entre lo que ellos conocían del verdadero culto a Dios y de esta tradición popular a Baal. Posiblemente nosotros nos hemos deslizado en lo mismo con el culto a Dios mezclado con tradiciones del mundo que hacen más popular el culto a Dios. Revisemos qué cosas hemos traído a nuestras vidas y a la iglesia que no son del agrado de Dios. Sucede que muchas de esas cosas que traemos a la iglesia son copias de otros lados. Hemos ido de visita a conferencias y hemos visto algo novedoso y lo copiamos como si eso ayudara a tener más popularidad y éxito. Así hizo el rey Acaz (2 R. 16:7-12), no solo sacó la plata y el oro del templo sino que copió el diseño del Altar de los asirios. Cambió las glorias de la redención representadas por El Oro y la plata en el templo por algo llamativo y popular. ¿Es esto lo que está pasando en su vida o en su iglesia?
    Imagínemos si Gedeón venciese a los madianitas teniendo esos ídolos en su casa ¿A quien atribuirían éxito los familiares de Gedeón? ¿A Baal o a Dios? Evidentemente a Baal y habrían seguido en su idolatría. Si nosotros confiamos en las estrategias humanas en nuestras reuniones como la entretención, la música instrumental, las actividades sociales, etc., ¿a quién atribuiríamos éxito en nuestro testimonio? Evidentemente a los agregados y no a Dios. ¿Qué nos aconseja Dios? “...Ésta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zac. 4:6). Por favor no vayamos a pensar que es necesario un “proyector” para el funcionamiento de las reuniones en la iglesia, ni ningún otro implemento tecnológico. Pueden ser útiles, pero no son necesarios ni deben ser la atracción de una reunión, pues la edificación espiritual de un alma descansa en el poder del Espíritu Santo. Él usa al hombre que ha pasado tiempo en oración, y estudia y obedece a la Palabra de Dios. Sin esto, la tecnología es una vana diversión.
    Hoy existen muchos buenos cristianos ineficaces por no ser valientes en sus iglesias y en sus hogares enfrentando la idolatría o algún pecado permisivo, como también por vivir en una mezcla con el mundo.  Están con sus labios sellados por ser cobardes y no ser luz en sus lugares de trabajo, en su oficina o en su propias casas. ¿Por qué esto? Por el miedo a perder la aprobación de sus conocidos además de  perder la paz familiar. Permítame decirle que los creyentes más infelices son los cobardes pues han inutilizado sus vidas por el miedo a perder la seguridad familiar. El Señor fue claro en decirnos: “Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?...¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión. Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra” (Lc. 12:49-53).
    Es cobardía no identificarnos con nuestra fe dando un claro testimonio del Señor, y eso nos coloca entre los que niegan al Señor (Mt. 10:32-33). Por su parte quien sea valiente y coloque en primer lugar al Señor y su fe en Él, recibirá la corona de la vida (Ap. 2:10). Todo esto será el precio a pagar por ser fieles al Señor, evitarlo será colocarse al lado de Satanás para ayudarle a llevar al infierno a nuestros seres queridos. Gedeón obedeció a pesar de su temor, y derribó el altar pagano de su padre. “...Mas temiendo hacerlo de día, por la familia de su padre y por los hombres de la ciudad, lo hizo de noche” (Jue. 6:27). No importó el modo de romper con aquella idolatría pero actuó en fe con el peligro de perder su propia vida.
    Ahora había que sacrificar primero el segundo toro y esto significaba mucho para una familia de trabajo en el campo. Posiblemente el primer toro había sido ya sacrificado a Baal o se lo habían llevado los madianitas que saqueaban no solo los graneros, sino que también los corrales llevándose los animales. Dios le pide el segundo toro, ¿No es mucho pedir? Es un toro de siete años con toda su vitalidad y años de cuidado en que sacrificarlo aparentemente es una gran pérdida. Sin embargo la obediencia a Dios incluye sacrificar aquello que nos da seguridad pues Dios no solo es digno de lo mejor de nuestras vidas, sino que debe tener el primer lugar como pidió Dios por Elías a aquella viuda que tenía solo un puñado de harina y un poco de aceite (1 R. 17:12-14). Además ese segundo toro es del todo probable que sería sacrificado a Baal demostrándonos que casi siempre lo más vital y mejor de nuestras vidas lo sacrificamos al mundo y no a Dios. Quien quiera honrar y servir a Dios deberá aprender primero a gastar todo lo que posee en la obra de Dios, pues no solo es digno de esto, sino que Él mismo se encargará de sostenernos y proveer para nuestro sustento. Es sugerente el hecho que los hombres que siguieron al Señor “lo dejaron todo” (Lc. 5:11 y 28), y esto incluía el bienestar y comodidad totalmente lícito.
    Fijemonos que por este acto de obediencia a Dios, Gedeón ganó a su padre para Dios (Jue. 6:29-31). Es el mismo padre de Gedeón que encara a sus amigos de idolatría para que digan a Baal que si es Dios que se defienda solo. Lo que parecía imposible Dios lo revierte en una bendición pues su padre de idólatra pasó a ser un creyente en el único Dios verdadero. Esto ha ocurrido con muchos hombres rescatados de la religión popular debido al testimonio de sus esposas o de sus hijos, “porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Ts. 1:9). No seamos cobardes y atrevámonos a ser luz donde quiera que estemos.
    Además se nos relata que Gedeón fue apodado “Jerobaal”, esto es, enemigo de Baal (Jue. 6:32) y es solo entonces que el Espíritu de Dios embiste a Gedeón dotándole de gracia para que un gran segmento de Israelitas se unieran a su causa (Jue. 6:34-35). No se nos dice que fue lleno del Espíritu, experiencia solo hecha realidad tras la resurrección del Señor y solo efectiva para la iglesia (Ef. 5:18). La experiencia de Gedeón, como la de todos los creyentes del Antiguo Testamento, no indica que el Espíritu Santo moraba en ellos (Sal. 51:11), sino solo les capacitaba puntualmente, ayudándoles en su servicio a Dios (Nm.11:17; Jue. 3:10; 11:29; 14:6). El Antiguo Testamento registra solo a algunos creyentes llenos del Espíritu y tal experiencia fue soberana de Dios con un motivo especial (Éx.31:2-5; 35:30-35; Dt.34:9). La llenura del Espíritu es un mandamiento solo para la iglesia, pues ahora el Espíritu mora en el creyente, y Él solo actúa en quién se predispone a ser controlado por Su Persona, y obedece a la Palabra de Dios.

continuará, d.v. en el número siguiente

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Buen Consejo De Los Proverbios

“El simple todo lo cree; mas el avisado mira bien sus pasos” (Pr. 14.15).
En la vida estamos constantemente bombardeados con las ideas, teorías y opiniones de personas: en conversación, en los medios de comunicación, en la prensa y en el internet. Suelen ser presentadas con confianza y fuerza, y el mensaje implicado es: “Créeme, porque sé lo que digo”. Ya sea el que habla un incrédulo que ofrece sabiduría mundana, o un profesado cristiano que habla de lo que él cree es doctrina bíblica, no debemos ser crédulos. No debemos aceptar ingenuamente la palabra de un hombre, ni siquiera de la mayoría, aunque hable con aparente autoridad o experiencia. Cada uno de nosotros debe ser “el avisado” que, en lugar de creer todo lo que oye, examina todo a la luz de la Palabra de Dios, que es la única norma. No deben figurar emociones ni amistades, ni cuántas personas piensan así, sino lo que Dios ha dicho. Solo debemos aceptar lo que oímos cuando así estemos convencidos de que es verdad. Esto es como mirar bien nuestros pasos y encaminarnos bien, y evitar los errores y sus consecuencias. 

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Crezcamos en el Conocimiento de Dios

parte 2
Lucas Batalla

En cuanto al apóstol, aunque tenía mayor conocimiento de Dios que nosotros, es impresionante que deseaba conocer más y mejor al Señor. Consideramos sus palabras en Filpenses 3:8, “aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor”. Y en el verso 10, “a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos”.
    Debemos pensar, hermanos, si realmente conocemos a Dios como debemos. El conocimiento de Dios viene por medio de Su Palabra, pues en el evangelio se manifiesta la justicia de Dios (Ro. 1:17). El verdadero creyente tiene este conocimiento de Dios, es decir, del Señor y Salvador Jesucristo, a quién conocer es vida eterna. En Su oración en Juan 17, el Señor dijo: “Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn. 17:3). Jeremías profetizó así acerca de la conversión de Israel: “Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo” (Jer. 24:7). Cuando habló del nuevo pacto que hará con Israel, dijo: “todos me conocerán” (Jer. 31:34). Esto es conocer a Dios por medio de la salvación, y tener la iluminación del Espíritu Santo. Nosotros por la fe ya experimentamos esto, y un día será así con la nación de Israel. El que realmente conoce a Dios por el evangelio, por la fe, lo manifiesta con una vida cambiada – no intachable – pero sí marcadamente diferente a su vida de antes. “Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Jn. 2:3-4). Decir: “yo le conozco” es profesar ser creyente. Pero si realmente conocemos a Dios, nuestra vida lo demuestra. Tito 1:16 advierte de personas peligrosas en las iglesias: “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan”. Esto es así porque el conocimiento de Dios nos cambia. Tito 1:1 habla del “conocimiento de la verdad que es según la piedad”. Es más que saber información teológica.
    Pero además del conocimiento fundamental mediante el evangelio y la conversión, debemos seguir creciendo en el conocimiento de Dios. Ahí es donde muchos fallan. Creen, se bautizan, asisten a las reuniones, y más o menos esto es todo. No crecen espiritualmente, no profundizan, no maduran, no progresan mucho porque su conocimiento de Dios y Su Palabra es – sin ánimo a ofender a nadie – infantil. Son inmaduros en su conocimiento de Dios. Son inexpertos en la palabra de justicia, y niño (He. 5:13). Pedro exhorta a los cristianos a esforzarse y aplicarse para seguir creciendo: “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento” (2 P. 1:5). En éste y los siguientes versos nos hace ver la importancia del desarrollo del conocimiento de Dios y de crecer en nuestro carácter y conducta como cristianos. “Poniendo toda diligencia” dice, no a los predicadores sino a cada creyente, y por eso cada uno debe preguntarse: “¿Qué hago, qué diligencia pongo para añadir a mi fe? ¿Cómo y en qué estoy creciendo en el conocimiento de Dios?”
    La Biblia tiene mucho más que decir acerca del conocimiento de Dios y lo importante que es. Es más importante que conocer a las personas. Si queremos conocer a una persona, sabemos que tenemos que pasar tiempo con ella, conversar, observar, y a través de ese acercamiento y contacto vamos aprendiendo. Pues lo mismo pasa con el conocimiento de Dios. Es importante recordar cómo Pedro termina su segunda epístola, porque es una exhortación que todos necesitamos. Debe ser una meta principal en nuestra vida en este año nuevo – el conocimiento de Dios. “Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (2 P. 3:18).

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 ESCOGE LO MEJOR


En Proverbios aparece mucho la expresión "mejor es", para ayudarnos a escoger bien.
"Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino" (Pr. 3.14). Habla de la sabiduría y la inteligencia (v. 12), que solo vienen de Dios (Pr. 2.6). Nuestra prioridad debe ser obtener la sabiduría antes que bienes materiales, porque puede hacer cosas que la plata no puede. Pero hay que buscarla y obtenerla como el capítulo 2 enseña. Léela y verás.
"Mejor es la sabiduría que las piedras preciosas" (Pr. 8.11). He aquí el valor sublime de la sabiduría. Muchos desean joyas, pero no el adorno interno de la sabiduría. ¿Qué valor práctico tienen las joyas? Ninguno. ¿Qué joyas llevaba Cristo? Ninguna. Pero la sabiduría nos ayuda cada día de nuestra vida, ¡y también en la eternidad! Es mejor, pero ¿qué prioridad tiene en tu vida? 

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Matrimonio, Divorcio y Adulterio

Curtis Thigpen

La Palabra de Dios expresa claramente la santidad del matrimonio:
    · Dios lo diseñó y originó (Gn. 2.21-24).
    · Dios prohíbe su disolución por el hombre
       (Mr. 10.9).
    · Dios declara que aborrece el repudio
      (Mal. 2.15-16).
    · El matrimonio ilustra la relación entre
      Cristo y Su iglesia (Ef. 5.22-33; Ap. 19.7-8)


    Según Marcos 10.6-9 es bastante obvio que desde el principio la intención divina es que la unión matrimonial sea permanente, y que solo podía terminarse legítimamente por la muerte.

“pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”.

    Además, uno de los propósitos principales del matrimonio es la institución y el establecimiento del hogar, que es la base de una sociedad ordenada. Cuando es minada la dignidad y santidad de esa unión y del hogar, los resultados son trágicos y tristes. Es así no solo en las familias afectadas, sino también afecta el bienestar de la sociedad en general, y contribuye a la desintegración y el colapso de naciones fuertes.
    En el Antiguo Testamento, Dios estableció reglas acerca del divorcio y asuntos relacionados, en Deuteronomio 22-24. Se permitía el divorcio en el caso de la decepción en cuanto a la pureza moral, pero solo si se había contaminado antes de consumar el matrimonio (Dt. 24.1). Por otra parte, si había pruebas de inmoralidad después del matrimonio, ambas personas debían ser apedreadas (Dt. 22.22). La excepción mencionada por nuestro Señor en Mateo 5.32 y 19.9 evidentemente se basa en estos principios.
    De esas palabras del Señor, algunos estimados maestros de la Biblia han deducido y enseñado que cuando el matrimonio ha sido contaminado por el adulterio, se permite bíblicamente el divorcio, y que la parte “inocente” está libre para casarse nuevamente. Pero, un examen honesto de los términos empleados por el Señor revela que esa excepción no es el adulterio. Observa que Sus declaraciones en los siguientes pasajes no admiten excepciones.

“y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio” (Mr. 10.11-12).

“Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera” (Lc. 16.18).

    En general el Nuevo Testamento obviamente no hace concesiones para el concepto corriente del divorcio y nuevo matrimonio de personas divorciadas. El precepto del Nuevo Testamento está claramente expresado en pasajes como Romanos 7.2-3 y 1 Corintios 7.39, y lógicamente alza la pregunta: “¿Respira aún el esposo?”, porque mientras viva, ante Dios sigue en vigor el matrimonio. La violación de este precepto es el pecado  llamado “adulterio”. Según 1 Corintios 6.9-10 los adúlteros “no heredarán el reino de Dios”, pues los juzgará Dios (He. 13.4).
    Algunos piensan que 1 Corintios 7.11 implica, y por lo tanto, permite el divorcio. Pero podría ser simplemente una separación física que no disuelve del matrimonio. Debe notarse que no es mencionado como una solución a los posibles casos citados en los versos 10-16. Ha sido observado que en la ruptura matrimonial, es muy posible que la pareja haya descuidado las instrucciones dadas en 1 Corintios 7.1-6, y en la mayoría de los casos ninguno de los dos puede afirmar con razón que es la “parte inocente”.
    1 Corintios 7.12-16 trata el caso del cónyuge incrédulo que se separa, y el verso 15 declara que “no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso”. Pero interpretar que eso significa que el hermano o la hermana entonces estaría libre del lazo matrimonial es algo opuesto a las declaraciones de Romanos 7.2-3 y 1 Corintios 7.39. Según el Diccionario Expositivo de W. E. Vine, la palabra “servidumbre” significa esclavizar. Así que una interpretación probable es que el esposo o la esposa creyente no está bíblicamente obligada a servir al incrédulo que se separó. Etimológicamente las palabras “sujeta” en Romanos 7.2-3 y “ligado” 1 Corintios 7.27 no tienen relación alguna con la frase “sujeto a servidumbre” en 1 Corintios 7.15 que puede indicar cualquier tipo de atadura u obligación. (véanse otros ejemplos en Mt. 13.30 “atadla”; Jn. 18.12 “ataron”; Hch. 20.22 “ligado”). Algunos alegan que al entrar en una nueva relación matrimonial, queda automáticamente disuelto el lazo matrimonial de la unión original. Pero no pueden citar ninguna Escritura para justificar esa conclusión.
    Alabado sea el Señor, “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro. 8.1). Sin embargo, a menudo permanecen las cicatrices del pecado. Esto es verdad respecto al divorcio, y el nuevo matrimonio de personas divorciadas. En muchos casos la acción del divorcio es instigada por egoísmo y resentimiento, deseando huir de algo desagradable y olvidando los votos hechos ante Dios y testigos. Causa daño a terceros, pues deja a los niños dolidos, frustrados, desconfiados y rebeldes. También mancha el nombre de la familia y la iglesia, y todos los involucrados tendrán una conciencia culpable. Además, divorciarse es hacer algo que Dios aborrece. Es bastante obvio que el divorcio crea más problemas que los que soluciona. Por eso, los que están contemplando el divorcio deberían parar, reflexionar cuidadosamente a la luz de las Escrituras, y hacer de su parte todo lo posible para preservar su matrimonio.
    Si una persona divorciada contempla la posibilidad de volverse a casar, debe parar y hacer caso de la Palabra de Dios – Hebreos 13.4 y Proverbios 13.15b, “El camino de los transgresores es duro”.
    El divorcio y el matrimonio de personas divorciadas están generalizados hoy en nuestra sociedad. En la sabiduría del mundo son consideradas como alternativas aceptables, y aun muchas iglesias se han dejado influir por el mundo y ahora permite esas cosas. No es sorprendente que los egoístas del mundo recurran al divorcio, pero es chocante que haya llegado a ser común entre los que profesan ser cristianos.
    No obstante, según las normas de Dios esas cosas son PECADO. Si los creyentes y las iglesias desean ser fieles al Señor, no deberían andar modificando la definición del pecado. Las iglesias no deben envanecerse ni jactarse de permitir algo que Dios aborrece. “Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Ro. 3.4).

Curtis Thigpen sirve fielmente al Señor durante muchos años en la asamblea en Avera, Georgia, EEUU. Su matrimonio duró 67 años, hasta la muerte de su esposa Agnes con 102 años de edad. Su tratado original en inglés se titula: Divorce: Solution or Problem? (“El Divorcio: ¿Solución o Problema?”)


Para leer más, recomendamos el libro Fornicación y Adulterio, Libros Berea 

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EL DINERO HABLA... ¿QUÉ DICE?


 “El dinero habla” es simplemente una versión moderna del antiguo proverbio: “El dinero sirve para todo” (Eclesiastés 10.19). Es el lenguaje internacional. ¿Sabes algo de japonés? ¿No? Pero conoces la palabra “yen”. ¿Y hebreo? Todos reconocemos la palabra “shekel”. Lo mismo pasa con “peso”, “euro" y “dollar”. Los viajeros que no pueden comunicarse por medio del dialecto local, simplemente tienen que alargar sus carteras... e instantáneamente, ¡todo el mundo comprende!
    El dinero habla, pero ¿qué dice? El rey Salomón fue la persona que más dinero tenía para escucharlo hablar, y esto es lo que él oyó:
    1. El dinero no puede evitar que el “gran evento” suceda. Aunque el sabio va a la muerte con los ojos abiertos y el necio se hunde en la oscuridad, el último enemigo es insobornable. “Un mismo suceso acontecerá al uno como al otro” (Eclesiastés 2:14). El dinero habla elocuentemente en la sala de juntas, es adulador en el banquete, pero mudo en el lecho de muerte.
    2. El dinero no puede acompañarnos en nuestro viaje final (1 Timoteo 6.7). Dejamos el mundo con las mismas posesiones que cuando llegamos (Eclesiastés 5.15). Y así es trágicamente posible ser sabio para este mundo pero necio para la eternidad.
    3. Cuanto más dinero tengas, más importancia parece tener. Si el dinero va tomando más y más lugar en mi vida, entonces a esta misma medida él va expulsando gozo, amor y contentamiento de mi vida. El dinero hace un buen siervo, ¡pero un maestro cruel!
    El hombre que “lo tenía todo” declaró: “todo es vanidad”. Luego, ¿es malo el dinero? Pues, lo necesitamos para funcionar. ¿Es malo vivir para el dinero? Claro que sí. Es la manera más segura de convertirse en uno que vive en la pobreza espiritual. Escucha a tu dinero y verás.
    Un refrán dice: Cuando el dinero habla, la verdad calla, porque el dinero ha interferido muchas veces con la verdad, aun en las iglesias.
    Jesucristo preguntó: “¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8.36). ¿Quieres ser realmente rico?  “La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6.23).

sábado, 1 de mayo de 2021

EN ESTO PENSAD - mayo 2021

  GLORIA E IMPERIO

por Carlos Knott

Toda la gloria de este mundo es en realidad vanagloria, falsa y efímera, porque nace de la raza descrita así en Romanos 3:12. “Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. Por eso viene el día de juicio divino cuando “la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 P. 3:10).
    En cambio, gran gloria e imperio eterno son del Señor Jesucristo, y gozarán de ellos todos los que confían en Él. Considera lo que enseñan las Escrituras:


Isaías 9:7  “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite...ahora y para siempre”.
    ¿De quién es ese imperio universal e sin límite? El profeta Isaías le identifica.  El versículo anterior lo aclara: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. El Mesías de Israel, el Señor Jesucristo, el Verbo hecho carne, es ese niño nacido e hijo dado. El Hijo eterno del Padre se encarnó y nació de María. Luego le vemos en Apocalipsis, no en humildad sino con gran gloria y gran poder (Mt. 24:30; Mr. 13:26), viniendo para juzgar la tierra, tomarla y reinar para siempre. “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Ap. 11:15).

1 Timoteo 6:16  “...al cual sea la honra y el imperio sempiterno”.
 

    El apóstol Pablo aclara que él que tendrá honra e imperio sempiterno es el Señor Jesucristo. Los versículos 14 y 15 del mismo texto lo identifican claramente: “...hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores”. ¡Hermosos títulos que no pertenecen a ningún otro! “El bienaventurado y solo Soberano” es Jesucristo. El Rey de reyes y Señor de señores también es Él. Los del mundo pelearán contra Él para resistir Su reino, pero será inútil. Dios le ha dado el reino. “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes” (Ap. 17:14). Cuando Él sea revelado en el cielo, viniendo para conquistar y reinar, llevará este título: “REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Ap. 19:16).

1 Pedro 4:11 “...Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el  imperio por los siglos de los siglos. Amén”.

    El apóstol Pedro declara que además, la gloria y el impero le pertenecen, son Suyos, por la eternidad.  Por eso llama Su reino: “...el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 P. 1:11). La gloria nunca pertenece a los hombres, sino solo a Dios, eso es, al Señor Jesucristo. De ahí que los apóstoles sabían no gloriarse. “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gá. 6:14) Si bien Dios enseña que demos “...al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Ro. 13:7), pero nunca debemos dar gloria a los hombres.


continuará, d.v., en el número siguiente

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“Conquista la Voluntad del Niño”
 
Consejo que la madre de Juan Wesley le dio:

Para formar la mente de los niños, la primera cosa que hacer es conquistar su voluntad y traerlos a una disposición obediente. Informar el entendimiento es un trabajo que requiere su tiempo, y con niños debe proceder lenta y gradualmente según puedan soportarlo. Pero la sujeción de la voluntad es algo que debe hacerse en seguida, y cuanto antes, mejor. Porque si descuidamos la corrección a tiempo, ellos contraerán una terquedad y obstinación que después a penas serán conquistadas, y nunca sin usar tal severidad que sería tan dolorosa a mí como al niño. En la estimación del mundo pasan por benignos e indulgentes aquellos a quienes yo llamo padres crueles, que permiten que sus hijos formen hábitos los cuales ellos saben que después tendrán que ser quebrantados. Además, algunos son tan neciamente dispuestos como para enseñar en broma a sus hijos a hacer cosas que más tarde los castigarán severamente si los hacen.
    Cuando se corrige a un niño, debe ser conquistado; y esto no será demasiado difícil si no se ha vuelto cabezón debido a demasiada permisividad. Y cuando la voluntad del niño es totalmente sojuzgada, y traída a reverenciar y respetar a sus padres, entonces muchas tonterías de niños e inadvertencias pueden ser evitadas. Algunas deberían ser pasadas por alto sin echarles cuenta, y otras reprendidas suavemente, pero ninguna transgresión voluntariosa debe serles perdonado a los niños sin castigo, más o menos según la naturaleza y circunstancias de la ofensa.
    Insisto en conquistar siempre la voluntad de los niños, porque es el único fundamento fuerte y razonable de una educación religiosa, y sin esto tanto precepto como ejemplo serán ineficaces. Pero cuando sea bien hecho, entonces el niño es capaz de ser gobernado por la razón y piedad de sus padres hasta que su propia comprensión llegue a madurez y los principios de la religión se hayan arraigado en su mente.
    Aún no puedo despedir este tema. Debido a que la voluntad propia es la raíz de todo pecado y miseria, cualquier cosa que favorezca o nutra esta voluntad en los niños asegura su mal estar y falta de piedad en el futuro. Lo que sirva para parar y hacer morir la voluntad propia también promueve su futura alegría y piedad. Esto está todavía más claro si consideramos además que la religión no es otra cosa que hacer la voluntad de Dios y no la nuestra. El gran impedimento singular a nuestra felicidad temporal y eterna es esta voluntad propia, así que ninguna indulgencia de ella puede ser trivial, y ninguna negación de ella carece de beneficio. El cielo y el infierno dependen sólo de esto. Por esto, el padre o la madre que estudia sojuzgarla en sus hijos colabora con Dios en la renovación y salvación de un alma. El padre que trata con permisividad e indulgencia a sus hijos hace el trabajo del diablo, hace impracticable la religión, inaccesible la salvación, y hace todo lo posible para condenar a sus hijos, alma y cuerpo, para siempre.


Susanna Wesley tuvo 19 hijos, de los cuales son Juan y Carlos que fueron predicadores del evangelio y compositores de himnos. Ella escribió estas y muchas otras instrucciones a su hijo Juan y aparecen en el libro The Journal of John Wesley (“El Diario de John Wesley”), Moody Press.
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"Hasta que la muerte nos separe".
 
Dios ha creado el matrimonio para que lo edifiquemos a la luz del Manual que el Diseñador nos ha dejado. Si lo leemos y lo obedecemos, de seguro que nuestra unión perdurará y seremos felices, y el amor entre nosotros irá en aumento. “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Dios es sabio y en Su sabiduría dejó tajantemente escrito: NO al adulterio y NO al divorcio...

EXCUSAS PARA ROMPER NUESTRO MATRIMONIO
“Realmente no existe diálogo” (falta de comunicación entre nosotros)
“Somos tan diferentes”
“Somos incompatibles”
“No nos entendemos”
“No nos soportamos”
“No pensamos ni actuamos igual”

Éstas son sólo algunas de las muchas excusas que ponemos a la hora de desobedecer a Dios. Esto rompe la unidad del matrimonio, cosa que Él ha dicho que no hagamos. La desobediencia es pecado y trae serias complicaciones, porque repercute en los hijos que tienen que pagar las consecuencias de nuestras rebeldías y de nuestros pecados.


Pedro Martín, EL AMOR QUE TRANSFORMA LOS CORAZONES, págs. 102-103 
 
en Marcos 10:9 el Señor manda: 
"lo que Dios juntó, no lo separe el hombre"
 
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La Importancia de la Asamblea
y Nuestro Compromiso con Ella
parte 4


por David Rodgers





viene del número anterior
5. Carta de Cristo (2 Corintios 3:1-3)

“¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón”.

     Cuando pusieron en tela de juicio su apostolado, Pablo afirmó a los corintios que ellos mismos constituían su carta de recomendación. Podemos ir un poco más adelante y ver que cada asamblea es también carta de Cristo, y debemos preguntarnos: ¿Cómo es Cristo, según nosotros? Si Cristo es exhibido y evidenciado a través de Su pueblo, ¿qué leen las personas en las “letras y páginas” de nuestros hechos, dichos y actitudes? Me repitieron hace poco un comentario de un hermano disgustado que dijo: “No quiero ir a la reunión de la iglesia, porque en ella encuentro gente igual como en el mundo”. No sé hasta qué punto él aportaba un carácter diferente; no creo que fuese tan superior a quienes criticaba tan ácidamente. Sin embargo, todos y cada uno de nosotros debemos confesar que en alguna medida es la verdad.
     Un hermano obrero del Señor en Canadá nos relató una vez que estaba tratando con un matrimonio nuevo. Decidió repasar las Escrituras para saber cómo presentarles la enseñanza bíblica de la iglesia local. Se sorprendió al ver que la primera mención de la asamblea, la iglesia local, en el conocido pasaje de Mateo 18, ¡está en el contexto de un conflicto entre hermanos! ¡No era exactamente lo que tenía en mente para impresionar al matrimonio nuevo! Luego comentó: “El problema somos nosotros, con nuestro orgullo y espíritu indispuesto a someternos a la transformación por la Palabra de Dios como demanda Romanos 12:1-2. “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.
    Este proceso de ser conformado al mundo, metido a la fuerza en su molde, comienza prácticamente al nacer y sin que nos demos cuenta. Satanás es “el dios de este siglo” (2 Co. 4:4) y desea tenernos como instrumentos para sus fines. ¡Este proceso debe parar! Ha de reemplazarse por un proceso nuevo, en base a la renovación de nuestro entendimiento por la Palabra de Dios, bajo la guía y obra del Espíritu Santo en nosotros. El producto será nuestra transformación – “hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Ro. 8:29).   
    Hermanos, para que Cristo sea formado en nosotros (Gá. 4:19), es necesario que Su Palabra permanezca en nosotros y nos transforme a la imagen de Él. Así seríamos carta verídica de Cristo, dando testimonio fiel de Sus características. Las personas verán en nosotros un reflejo hermoso de Cristo.
    Es en el contexto de la asamblea con su nutrición en la Palabra, la actividad de adoración y servicio, que Su carácter es formado en nosotros, para que seamos “carta de Cristo”. Si esto realmente nos interesa, permaneceremos en comunión cada vez más activa en nuestra propia asamblea, dándonos cuenta de su suma importancia.
 
6. Virgen pura (2 Corintios 11:2)

“Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo”.

    “Celo de Dios” es el celo del Padre protegiendo al Hijo. ¡¿Qué sentiría yo como padre hacia alguna persona cuya intención era de terciar en el matrimonio de mi hijo o hija?!
    El concepto de pureza en el testimonio del pueblo de Israel tenía que ver con su enseñanza y consecuente práctica religiosa. El ir tras la idolatría de las naciones paganas era espiritualmente adulterio (Jer. 3:9; Ez. 16:38) y fornicación (Ez. 6:9; Os. 1:2; 2:2; 4:15).
    Al parecer el concepto aquí es similar. Pablo teme que los corintios estuvieran prestando sus oídos y mentes a otros enseñadores, y asimilando lo contrario a la fidelidad a Cristo. ¿Es una posibilidad para una asamblea hoy? ¡Sí! Hay más error que nunca, y a menudo se disfraza en un manto de cristiandad. Peligramos cuando quitamos los ojos del Señor y Su Palabra y empezamos a mirar alrededor. El apóstol aquí advierte de la astucia de la Serpiente que engañó a Eva con “media mentiras”, con todas sus consecuencias nefastas. Hay suficiente actividad en la evangelización, en el cuidado mutuo, y el hacer bien al prójimo para ocuparnos por los pocos años que dura nuestra vida. La doctrina y práctica apostólica contenidas en las Escrituras, y traspasadas a nosotros por fieles siervos de Dios, han de ser nuestra ocupación. Lo que necesitamos hacer en lugar de andar buscando algo entretenido, novedoso o polémico es ocuparnos activamente en lo que sabemos y tenemos que hacer.
    A veces nos desalentamos ante la aparente falta de fruto. Jeremías en el capítulo 15 de su libro se desanimó al ver resultados magros en su ministerio, y se quejó de los reproches que había cosechado: “¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió curación? ¿Serás para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?” (Jer. 15:18). Estaba a punto de tirar la toalla. Pero el Señor le respondió: “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos (Jer. 15:19).
    La doctrina y práctica del patrón bíblico en la asamblea son buenas. Lo que falta es que nosotros nos ocupemos en ellas, no por tradición, sino con verdadero amor y consagración, como a lo que es nuestro primer amor e interés. Hemos de estudiarlas, asimilarlas y hacerlas nuestras en convicción personal. Luego debemos practicarlas y promulgarlas dondequiera que estemos. Así la asamblea será preservada como virgen pura, no contaminada por religión extraña, ni arrimada al mundo, como hoy está tan de moda. La asamblea se verá como virgen pura, desposada con Cristo, ocupada y viviendo en la gozosa expectación de la llegada de su amado Señor y Novio.

continuará, d.v. en el siguiente número 
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TIEMPOS MALOS
Lucas Batalla


“Destruction” por Thomas Cole

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón”.
Génesis 6:5-6

Hay un refrán que dice: “Cuánto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”. No es difícil de entender, porque hay mucha maldad y engaño en los seres humanos, tanto hombres como mujeres, jóvenes y ancianos.
    El mundo no siempre ha sido así, pero casi siempre. Llegó a esta triste condición en las generaciones después del pecado de Adán y Eva. Primero Caín mató a su hermano. Luego vino la arrogancia, la violencia, y otros pecados en sus descendientes. El pecado corrió y arruinó la raza humana como un virus agresivo contra el cual no hay defensas naturales. El versículo 5 dice que la maldad de los hombres era mucha en la tierra. El versículo 11 dice: “Y se corrompió la tierra delante de Dios, y la tierra estaba llena de violencia”. Así que, en pocas generaciones el mundo llegó a corromperse de tal manera que Dios resolvió castigarlo con el diluvio. Los versículos 6 y 7 documentan el disgusto y el propósito de Dios.
    Si la lectura terminara allí, no habría esperanza, pero no es así. El versículo 8 comienza con la palabra “pero”, la cual indica un cambio, un contraste. Contra este trasfondo de corrupción, maldad, violencia y el juicio inminente, luce la gracia de Dios. “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová”. Cuando el hombre ha fracasado del todo, Dios viene buscándolo para salvarlo porque no quiere su perdición. Por esto, aparece la gracia de Dios en el versículo 8, en este momento de la historia. La gracia de Dios no es cosa sólo del Nuevo Testamento como algunos suponen. Como atributo de Dios siempre ha estado presente. Como vocablo divino, aparece por primera vez en la Biblia en nuestro texto.
    Miremos otra vez el contexto histórico en el cual aparece por primera vez la gracia de Dios. El versículo 11 dice: “se corrompió la tierra”. El versículo 12 informa que “toda carne había corrompido su camino”. En el versículo 13 Dios declara que “la tierra está llena de violencia” y que había decidido “el fin de todo ser”. Es decir, se acabó el tiempo de la paciencia. Otra vez pasará esto en el futuro no lejano, cuando en cumplimiento de Apocalipsis 10:6 el cielo declara que “el tiempo no sería más”, esto es: “no más tiempo”.
    Hermanos míos, hoy vivimos en medio de un mundo tan corrompido y violento como en los días de Noé. El Señor dijo que así serían los tiempos de Su segunda venida (Mt. 24:37; Lc. 17:26). Por un lado esto debe llenar nuestro corazón de esperanza, sabiendo que antes del retorno de Cristo viene el arrebatamiento de la iglesia, cosa que está a punto de suceder en cualquier momento. Como el Señor arrebató a Enoc antes del diluvio, así hará con la Iglesia. Por otro lado, nos debe dar un sentido de urgencia respecto a la proclamación del evangelio, porque al mundo no le queda mucho tiempo.
    Noé era varón justo, declara el versículo 9, y “con Dios caminó Noé”. Así describe la Biblia a Enoc en Génesis 5:22-24, “Enoc caminó con Dios”. Las circunstancias eran malísimas, pero caminaron con Dios, y ambos fueron usados por Él para predicar y advertir a los de su generación. En el mundo antediluviano, se veían las cosas en blanco y negro, no en medias tintas. Uno andaba con Dios o con el mundo. No podía nadar y guardar la ropa, ni entonces ni ahora. Dios estaba disgustado con el mundo, y podemos estar seguros de que los que caminaban con Él también sentían lo mismo. No amaban al mundo ni deseaban sus placeres superficiales.
    Todavía eso es así, y ahora cada uno de nosotros debe hacerse la pregunta: “¿Con quién camino yo?” Aquí se aplica otro refrán: “Dime con quien andas, y te diré quién eres”.  ¿Quiénes son nuestros compañeros?
    El cristiano verdadero no puede tener comunión con el mundo. El mundo está corrompido, denunciado y a punto de ser juzgado por Dios. El príncipe de este mundo no es nadie menos que el mismo diablo. Él y el mundo son enemigos de Dios. ¿No sabemos que la amistad del mundo es enemistad con Dios? (Stg. 4:4) ¿No sabemos que la Palabra de Dios nos manda: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”? (1 Jn. 2:15). ¿No sabemos que porque pertenecemos a Cristo, el mundo nos aborrece y que esto tiene que ser así? (Jn. 15:18-19). Lo que el mundo necesita no es lo que quiere. Necesita a personas que como Enoc y Noé, predicarán y anunciarán el juicio venidero, y llamarán a los hombres al arrepentimiento y la fe. Porque el juicio viene, pero el Dios de toda gracia ofrece perdón y vida nueva en Cristo Jesús. Dios ama a los pecadores, pero sólo busca amistad con ellos a través de la cruz de Cristo y el evangelio. Sin arrepentimiento y fe, no hay amistad con Dios, ni escapatoria del juicio que pronto será desencadenado.
    Hermanos, ante la maldad de nuestros tiempos, vivamos en separación y santidad, y con amor divino derramado en nuestro corazón por el Espíritu Santo, prediquemos el evangelio y advirtamos a los hombres, poniendo delante suyo la verdad de que el tiempo es corto y el Señor viene con sus santas decenas de millares para juzgar a los impíos. Vivimos en el tiempo justo antes de otro gran juicio de Dios, la tribulación. Seamos fieles a Dios hasta que Él venga a sacarnos de aquí.
Lucas Batalla dio este estudio a la asamblea en Sevilla
 
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La Pregunta de Job
 
"Perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?"  Job 14:10

Apreciado lector, ¿dónde pasarás la eternidad? Debes afrontar esta pregunta, porque a la velocidad de sesenta segundos por minuto te acercas a la muerte. Los días pasan rápidamente. Pronto entrarás en la eternidad, y ¿dónde estarás?
    No hablo de tu cuerpo, sino de ti. Moras en tu cuerpo, pero no eres un cuerpo, sino mucho más. Al expirarse el cuerpo, lo abandonarás instantáneamente. ¿Dónde estarás tú cuando tu cuerpo exale su último? Los creyentes en el Señor Jesucristo tenemos una segura y firme esperanza: "ausentes del cuerpo, y presentes al Señor" (2 Corintios 5:8). Pero si no te has arrepentido de tus pecados y creído en el Señor Jesucristo que murió por ti para darte perdón y vida eterna, entonces al abandonar el cuerpo irás al lugar de tormentos. Jesucristo explicó esto en Lucas 16:22-24. No hay más opciones. No existe el purgatorio. No hay nirvana. No hay reencarnación. Hay cielo e infierno. Perecerás, ¿y dónde estarás tú?
    Dios guarda libros en el cielo. ¿En cuál de ellos aparece tu nombre? Tu nombre puede estar escrito en la lista de los bautizados en una iglesia, o de los galardonados y reconocidos en la sociedad, pero esos libros no estarán en la eternidad. Solo vale lo que está escrito en el cielo. Ahí está el libro de la vida del Cordero (Apocalipsis 13:8; 21:27). Jesucristo dijo que los que confían en Él tienen vida eterna. Son los únicos inscritos en ese libro.
    Los demás libros que Dios guarda son los registros de las obras (Apocalipsis 20:12). Éstos serán consultados en el juicio de todos los que no creen en el Señor Jesucristo. Ahí están escritos todos tus pecados, y esos libros con horrible detalle demostrarán que eres pecador. "La paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23). "El alma que pecare, esa morira" (Ezequiel 18:4). Todo está escrito en los libros de Dios.
    Amigo, no hay misterio acerca de qué te pasará después de la muerte. Dios lo deja todo claro, para que no te confundas. "Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio" (Hebreos 9:27). No son opiniones, teorías, filosofías ni puntos de vista, sino cosas divinamente establecidas y ciertas. Prepárate ahora. Arrepiéntete y confía en el Señor Jesucristo.