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sábado, 1 de mayo de 2021

EN ESTO PENSAD - mayo 2021

  GLORIA E IMPERIO

por Carlos Knott

Toda la gloria de este mundo es en realidad vanagloria, falsa y efímera, porque nace de la raza descrita así en Romanos 3:12. “Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. Por eso viene el día de juicio divino cuando “la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 P. 3:10).
    En cambio, gran gloria e imperio eterno son del Señor Jesucristo, y gozarán de ellos todos los que confían en Él. Considera lo que enseñan las Escrituras:


Isaías 9:7  “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite...ahora y para siempre”.
    ¿De quién es ese imperio universal e sin límite? El profeta Isaías le identifica.  El versículo anterior lo aclara: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. El Mesías de Israel, el Señor Jesucristo, el Verbo hecho carne, es ese niño nacido e hijo dado. El Hijo eterno del Padre se encarnó y nació de María. Luego le vemos en Apocalipsis, no en humildad sino con gran gloria y gran poder (Mt. 24:30; Mr. 13:26), viniendo para juzgar la tierra, tomarla y reinar para siempre. “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Ap. 11:15).

1 Timoteo 6:16  “...al cual sea la honra y el imperio sempiterno”.
 

    El apóstol Pablo aclara que él que tendrá honra e imperio sempiterno es el Señor Jesucristo. Los versículos 14 y 15 del mismo texto lo identifican claramente: “...hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores”. ¡Hermosos títulos que no pertenecen a ningún otro! “El bienaventurado y solo Soberano” es Jesucristo. El Rey de reyes y Señor de señores también es Él. Los del mundo pelearán contra Él para resistir Su reino, pero será inútil. Dios le ha dado el reino. “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes” (Ap. 17:14). Cuando Él sea revelado en el cielo, viniendo para conquistar y reinar, llevará este título: “REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Ap. 19:16).

1 Pedro 4:11 “...Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el  imperio por los siglos de los siglos. Amén”.

    El apóstol Pedro declara que además, la gloria y el impero le pertenecen, son Suyos, por la eternidad.  Por eso llama Su reino: “...el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 P. 1:11). La gloria nunca pertenece a los hombres, sino solo a Dios, eso es, al Señor Jesucristo. De ahí que los apóstoles sabían no gloriarse. “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gá. 6:14) Si bien Dios enseña que demos “...al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Ro. 13:7), pero nunca debemos dar gloria a los hombres.


continuará, d.v., en el número siguiente

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“Conquista la Voluntad del Niño”
 
Consejo que la madre de Juan Wesley le dio:

Para formar la mente de los niños, la primera cosa que hacer es conquistar su voluntad y traerlos a una disposición obediente. Informar el entendimiento es un trabajo que requiere su tiempo, y con niños debe proceder lenta y gradualmente según puedan soportarlo. Pero la sujeción de la voluntad es algo que debe hacerse en seguida, y cuanto antes, mejor. Porque si descuidamos la corrección a tiempo, ellos contraerán una terquedad y obstinación que después a penas serán conquistadas, y nunca sin usar tal severidad que sería tan dolorosa a mí como al niño. En la estimación del mundo pasan por benignos e indulgentes aquellos a quienes yo llamo padres crueles, que permiten que sus hijos formen hábitos los cuales ellos saben que después tendrán que ser quebrantados. Además, algunos son tan neciamente dispuestos como para enseñar en broma a sus hijos a hacer cosas que más tarde los castigarán severamente si los hacen.
    Cuando se corrige a un niño, debe ser conquistado; y esto no será demasiado difícil si no se ha vuelto cabezón debido a demasiada permisividad. Y cuando la voluntad del niño es totalmente sojuzgada, y traída a reverenciar y respetar a sus padres, entonces muchas tonterías de niños e inadvertencias pueden ser evitadas. Algunas deberían ser pasadas por alto sin echarles cuenta, y otras reprendidas suavemente, pero ninguna transgresión voluntariosa debe serles perdonado a los niños sin castigo, más o menos según la naturaleza y circunstancias de la ofensa.
    Insisto en conquistar siempre la voluntad de los niños, porque es el único fundamento fuerte y razonable de una educación religiosa, y sin esto tanto precepto como ejemplo serán ineficaces. Pero cuando sea bien hecho, entonces el niño es capaz de ser gobernado por la razón y piedad de sus padres hasta que su propia comprensión llegue a madurez y los principios de la religión se hayan arraigado en su mente.
    Aún no puedo despedir este tema. Debido a que la voluntad propia es la raíz de todo pecado y miseria, cualquier cosa que favorezca o nutra esta voluntad en los niños asegura su mal estar y falta de piedad en el futuro. Lo que sirva para parar y hacer morir la voluntad propia también promueve su futura alegría y piedad. Esto está todavía más claro si consideramos además que la religión no es otra cosa que hacer la voluntad de Dios y no la nuestra. El gran impedimento singular a nuestra felicidad temporal y eterna es esta voluntad propia, así que ninguna indulgencia de ella puede ser trivial, y ninguna negación de ella carece de beneficio. El cielo y el infierno dependen sólo de esto. Por esto, el padre o la madre que estudia sojuzgarla en sus hijos colabora con Dios en la renovación y salvación de un alma. El padre que trata con permisividad e indulgencia a sus hijos hace el trabajo del diablo, hace impracticable la religión, inaccesible la salvación, y hace todo lo posible para condenar a sus hijos, alma y cuerpo, para siempre.


Susanna Wesley tuvo 19 hijos, de los cuales son Juan y Carlos que fueron predicadores del evangelio y compositores de himnos. Ella escribió estas y muchas otras instrucciones a su hijo Juan y aparecen en el libro The Journal of John Wesley (“El Diario de John Wesley”), Moody Press.
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"Hasta que la muerte nos separe".
 
Dios ha creado el matrimonio para que lo edifiquemos a la luz del Manual que el Diseñador nos ha dejado. Si lo leemos y lo obedecemos, de seguro que nuestra unión perdurará y seremos felices, y el amor entre nosotros irá en aumento. “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Dios es sabio y en Su sabiduría dejó tajantemente escrito: NO al adulterio y NO al divorcio...

EXCUSAS PARA ROMPER NUESTRO MATRIMONIO
“Realmente no existe diálogo” (falta de comunicación entre nosotros)
“Somos tan diferentes”
“Somos incompatibles”
“No nos entendemos”
“No nos soportamos”
“No pensamos ni actuamos igual”

Éstas son sólo algunas de las muchas excusas que ponemos a la hora de desobedecer a Dios. Esto rompe la unidad del matrimonio, cosa que Él ha dicho que no hagamos. La desobediencia es pecado y trae serias complicaciones, porque repercute en los hijos que tienen que pagar las consecuencias de nuestras rebeldías y de nuestros pecados.


Pedro Martín, EL AMOR QUE TRANSFORMA LOS CORAZONES, págs. 102-103 
 
en Marcos 10:9 el Señor manda: 
"lo que Dios juntó, no lo separe el hombre"
 
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La Importancia de la Asamblea
y Nuestro Compromiso con Ella
parte 4


por David Rodgers





viene del número anterior
5. Carta de Cristo (2 Corintios 3:1-3)

“¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón”.

     Cuando pusieron en tela de juicio su apostolado, Pablo afirmó a los corintios que ellos mismos constituían su carta de recomendación. Podemos ir un poco más adelante y ver que cada asamblea es también carta de Cristo, y debemos preguntarnos: ¿Cómo es Cristo, según nosotros? Si Cristo es exhibido y evidenciado a través de Su pueblo, ¿qué leen las personas en las “letras y páginas” de nuestros hechos, dichos y actitudes? Me repitieron hace poco un comentario de un hermano disgustado que dijo: “No quiero ir a la reunión de la iglesia, porque en ella encuentro gente igual como en el mundo”. No sé hasta qué punto él aportaba un carácter diferente; no creo que fuese tan superior a quienes criticaba tan ácidamente. Sin embargo, todos y cada uno de nosotros debemos confesar que en alguna medida es la verdad.
     Un hermano obrero del Señor en Canadá nos relató una vez que estaba tratando con un matrimonio nuevo. Decidió repasar las Escrituras para saber cómo presentarles la enseñanza bíblica de la iglesia local. Se sorprendió al ver que la primera mención de la asamblea, la iglesia local, en el conocido pasaje de Mateo 18, ¡está en el contexto de un conflicto entre hermanos! ¡No era exactamente lo que tenía en mente para impresionar al matrimonio nuevo! Luego comentó: “El problema somos nosotros, con nuestro orgullo y espíritu indispuesto a someternos a la transformación por la Palabra de Dios como demanda Romanos 12:1-2. “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.
    Este proceso de ser conformado al mundo, metido a la fuerza en su molde, comienza prácticamente al nacer y sin que nos demos cuenta. Satanás es “el dios de este siglo” (2 Co. 4:4) y desea tenernos como instrumentos para sus fines. ¡Este proceso debe parar! Ha de reemplazarse por un proceso nuevo, en base a la renovación de nuestro entendimiento por la Palabra de Dios, bajo la guía y obra del Espíritu Santo en nosotros. El producto será nuestra transformación – “hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Ro. 8:29).   
    Hermanos, para que Cristo sea formado en nosotros (Gá. 4:19), es necesario que Su Palabra permanezca en nosotros y nos transforme a la imagen de Él. Así seríamos carta verídica de Cristo, dando testimonio fiel de Sus características. Las personas verán en nosotros un reflejo hermoso de Cristo.
    Es en el contexto de la asamblea con su nutrición en la Palabra, la actividad de adoración y servicio, que Su carácter es formado en nosotros, para que seamos “carta de Cristo”. Si esto realmente nos interesa, permaneceremos en comunión cada vez más activa en nuestra propia asamblea, dándonos cuenta de su suma importancia.
 
6. Virgen pura (2 Corintios 11:2)

“Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo”.

    “Celo de Dios” es el celo del Padre protegiendo al Hijo. ¡¿Qué sentiría yo como padre hacia alguna persona cuya intención era de terciar en el matrimonio de mi hijo o hija?!
    El concepto de pureza en el testimonio del pueblo de Israel tenía que ver con su enseñanza y consecuente práctica religiosa. El ir tras la idolatría de las naciones paganas era espiritualmente adulterio (Jer. 3:9; Ez. 16:38) y fornicación (Ez. 6:9; Os. 1:2; 2:2; 4:15).
    Al parecer el concepto aquí es similar. Pablo teme que los corintios estuvieran prestando sus oídos y mentes a otros enseñadores, y asimilando lo contrario a la fidelidad a Cristo. ¿Es una posibilidad para una asamblea hoy? ¡Sí! Hay más error que nunca, y a menudo se disfraza en un manto de cristiandad. Peligramos cuando quitamos los ojos del Señor y Su Palabra y empezamos a mirar alrededor. El apóstol aquí advierte de la astucia de la Serpiente que engañó a Eva con “media mentiras”, con todas sus consecuencias nefastas. Hay suficiente actividad en la evangelización, en el cuidado mutuo, y el hacer bien al prójimo para ocuparnos por los pocos años que dura nuestra vida. La doctrina y práctica apostólica contenidas en las Escrituras, y traspasadas a nosotros por fieles siervos de Dios, han de ser nuestra ocupación. Lo que necesitamos hacer en lugar de andar buscando algo entretenido, novedoso o polémico es ocuparnos activamente en lo que sabemos y tenemos que hacer.
    A veces nos desalentamos ante la aparente falta de fruto. Jeremías en el capítulo 15 de su libro se desanimó al ver resultados magros en su ministerio, y se quejó de los reproches que había cosechado: “¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió curación? ¿Serás para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?” (Jer. 15:18). Estaba a punto de tirar la toalla. Pero el Señor le respondió: “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos (Jer. 15:19).
    La doctrina y práctica del patrón bíblico en la asamblea son buenas. Lo que falta es que nosotros nos ocupemos en ellas, no por tradición, sino con verdadero amor y consagración, como a lo que es nuestro primer amor e interés. Hemos de estudiarlas, asimilarlas y hacerlas nuestras en convicción personal. Luego debemos practicarlas y promulgarlas dondequiera que estemos. Así la asamblea será preservada como virgen pura, no contaminada por religión extraña, ni arrimada al mundo, como hoy está tan de moda. La asamblea se verá como virgen pura, desposada con Cristo, ocupada y viviendo en la gozosa expectación de la llegada de su amado Señor y Novio.

continuará, d.v. en el siguiente número 
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TIEMPOS MALOS
Lucas Batalla


“Destruction” por Thomas Cole

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón”.
Génesis 6:5-6

Hay un refrán que dice: “Cuánto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”. No es difícil de entender, porque hay mucha maldad y engaño en los seres humanos, tanto hombres como mujeres, jóvenes y ancianos.
    El mundo no siempre ha sido así, pero casi siempre. Llegó a esta triste condición en las generaciones después del pecado de Adán y Eva. Primero Caín mató a su hermano. Luego vino la arrogancia, la violencia, y otros pecados en sus descendientes. El pecado corrió y arruinó la raza humana como un virus agresivo contra el cual no hay defensas naturales. El versículo 5 dice que la maldad de los hombres era mucha en la tierra. El versículo 11 dice: “Y se corrompió la tierra delante de Dios, y la tierra estaba llena de violencia”. Así que, en pocas generaciones el mundo llegó a corromperse de tal manera que Dios resolvió castigarlo con el diluvio. Los versículos 6 y 7 documentan el disgusto y el propósito de Dios.
    Si la lectura terminara allí, no habría esperanza, pero no es así. El versículo 8 comienza con la palabra “pero”, la cual indica un cambio, un contraste. Contra este trasfondo de corrupción, maldad, violencia y el juicio inminente, luce la gracia de Dios. “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová”. Cuando el hombre ha fracasado del todo, Dios viene buscándolo para salvarlo porque no quiere su perdición. Por esto, aparece la gracia de Dios en el versículo 8, en este momento de la historia. La gracia de Dios no es cosa sólo del Nuevo Testamento como algunos suponen. Como atributo de Dios siempre ha estado presente. Como vocablo divino, aparece por primera vez en la Biblia en nuestro texto.
    Miremos otra vez el contexto histórico en el cual aparece por primera vez la gracia de Dios. El versículo 11 dice: “se corrompió la tierra”. El versículo 12 informa que “toda carne había corrompido su camino”. En el versículo 13 Dios declara que “la tierra está llena de violencia” y que había decidido “el fin de todo ser”. Es decir, se acabó el tiempo de la paciencia. Otra vez pasará esto en el futuro no lejano, cuando en cumplimiento de Apocalipsis 10:6 el cielo declara que “el tiempo no sería más”, esto es: “no más tiempo”.
    Hermanos míos, hoy vivimos en medio de un mundo tan corrompido y violento como en los días de Noé. El Señor dijo que así serían los tiempos de Su segunda venida (Mt. 24:37; Lc. 17:26). Por un lado esto debe llenar nuestro corazón de esperanza, sabiendo que antes del retorno de Cristo viene el arrebatamiento de la iglesia, cosa que está a punto de suceder en cualquier momento. Como el Señor arrebató a Enoc antes del diluvio, así hará con la Iglesia. Por otro lado, nos debe dar un sentido de urgencia respecto a la proclamación del evangelio, porque al mundo no le queda mucho tiempo.
    Noé era varón justo, declara el versículo 9, y “con Dios caminó Noé”. Así describe la Biblia a Enoc en Génesis 5:22-24, “Enoc caminó con Dios”. Las circunstancias eran malísimas, pero caminaron con Dios, y ambos fueron usados por Él para predicar y advertir a los de su generación. En el mundo antediluviano, se veían las cosas en blanco y negro, no en medias tintas. Uno andaba con Dios o con el mundo. No podía nadar y guardar la ropa, ni entonces ni ahora. Dios estaba disgustado con el mundo, y podemos estar seguros de que los que caminaban con Él también sentían lo mismo. No amaban al mundo ni deseaban sus placeres superficiales.
    Todavía eso es así, y ahora cada uno de nosotros debe hacerse la pregunta: “¿Con quién camino yo?” Aquí se aplica otro refrán: “Dime con quien andas, y te diré quién eres”.  ¿Quiénes son nuestros compañeros?
    El cristiano verdadero no puede tener comunión con el mundo. El mundo está corrompido, denunciado y a punto de ser juzgado por Dios. El príncipe de este mundo no es nadie menos que el mismo diablo. Él y el mundo son enemigos de Dios. ¿No sabemos que la amistad del mundo es enemistad con Dios? (Stg. 4:4) ¿No sabemos que la Palabra de Dios nos manda: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”? (1 Jn. 2:15). ¿No sabemos que porque pertenecemos a Cristo, el mundo nos aborrece y que esto tiene que ser así? (Jn. 15:18-19). Lo que el mundo necesita no es lo que quiere. Necesita a personas que como Enoc y Noé, predicarán y anunciarán el juicio venidero, y llamarán a los hombres al arrepentimiento y la fe. Porque el juicio viene, pero el Dios de toda gracia ofrece perdón y vida nueva en Cristo Jesús. Dios ama a los pecadores, pero sólo busca amistad con ellos a través de la cruz de Cristo y el evangelio. Sin arrepentimiento y fe, no hay amistad con Dios, ni escapatoria del juicio que pronto será desencadenado.
    Hermanos, ante la maldad de nuestros tiempos, vivamos en separación y santidad, y con amor divino derramado en nuestro corazón por el Espíritu Santo, prediquemos el evangelio y advirtamos a los hombres, poniendo delante suyo la verdad de que el tiempo es corto y el Señor viene con sus santas decenas de millares para juzgar a los impíos. Vivimos en el tiempo justo antes de otro gran juicio de Dios, la tribulación. Seamos fieles a Dios hasta que Él venga a sacarnos de aquí.
Lucas Batalla dio este estudio a la asamblea en Sevilla
 
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La Pregunta de Job
 
"Perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?"  Job 14:10

Apreciado lector, ¿dónde pasarás la eternidad? Debes afrontar esta pregunta, porque a la velocidad de sesenta segundos por minuto te acercas a la muerte. Los días pasan rápidamente. Pronto entrarás en la eternidad, y ¿dónde estarás?
    No hablo de tu cuerpo, sino de ti. Moras en tu cuerpo, pero no eres un cuerpo, sino mucho más. Al expirarse el cuerpo, lo abandonarás instantáneamente. ¿Dónde estarás tú cuando tu cuerpo exale su último? Los creyentes en el Señor Jesucristo tenemos una segura y firme esperanza: "ausentes del cuerpo, y presentes al Señor" (2 Corintios 5:8). Pero si no te has arrepentido de tus pecados y creído en el Señor Jesucristo que murió por ti para darte perdón y vida eterna, entonces al abandonar el cuerpo irás al lugar de tormentos. Jesucristo explicó esto en Lucas 16:22-24. No hay más opciones. No existe el purgatorio. No hay nirvana. No hay reencarnación. Hay cielo e infierno. Perecerás, ¿y dónde estarás tú?
    Dios guarda libros en el cielo. ¿En cuál de ellos aparece tu nombre? Tu nombre puede estar escrito en la lista de los bautizados en una iglesia, o de los galardonados y reconocidos en la sociedad, pero esos libros no estarán en la eternidad. Solo vale lo que está escrito en el cielo. Ahí está el libro de la vida del Cordero (Apocalipsis 13:8; 21:27). Jesucristo dijo que los que confían en Él tienen vida eterna. Son los únicos inscritos en ese libro.
    Los demás libros que Dios guarda son los registros de las obras (Apocalipsis 20:12). Éstos serán consultados en el juicio de todos los que no creen en el Señor Jesucristo. Ahí están escritos todos tus pecados, y esos libros con horrible detalle demostrarán que eres pecador. "La paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23). "El alma que pecare, esa morira" (Ezequiel 18:4). Todo está escrito en los libros de Dios.
    Amigo, no hay misterio acerca de qué te pasará después de la muerte. Dios lo deja todo claro, para que no te confundas. "Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio" (Hebreos 9:27). No son opiniones, teorías, filosofías ni puntos de vista, sino cosas divinamente establecidas y ciertas. Prepárate ahora. Arrepiéntete y confía en el Señor Jesucristo.
 

miércoles, 31 de marzo de 2021

EN ESTO PENSAD - abril 2021

 DIOS PRIMERO



“Hazme a mí primero...”
1 R. 17:13   

         
     El profeta Elías habló así no por egoísmo sino por mandato divino (véase 1 R. 17:9), y actuando oficialmente en Nombre de Dios. Dios nunca jamás aceptará el segundo lugar. La doctrina del señorío nos enseña que Él es Señor de todo, o no es Señor. El primer mandamiento del decálogo enfatizó esa lección a Israel. “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éx. 20:3). La viuda en Sarepta puso a Dios primero, y fue recompensada.
    Tristemente para muchos de nosotros, nuestros propios intereses egoístas toman preferencia sobre las cosas de Dios, y colocamos los asuntos más importantes más abajo en nuestra lista de prioridades. ¿Es extraño, entonces, que en nuestras vidas faltan el poder y la bendición de Dios? Una vida egoísta es una vida malgastada, pero la vida consagrada, rendida al Señor, satisface.
    La plenitud de esta grata devoción se ve en la vida del más grande y perfecto Siervo de Dios, Su propio Hijo, que dijo: “...he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Jn. 6:38). Para seguir bien al Señor Jesucristo cada uno de nosotros debe aprender esta lección, que la voluntad de Dios es la que vale. No podemos aprender esto sin sacrificio. Pablo dijo a los romanos: “...que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:1-2).
    Meditemos en el ejemplo de nuestro Señor. Aunque agonizaba en el huerto de Getsemaní, y afrontaba los horrores de Gólgota, dijo: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc. 22:42).
    Dios primero es la ley del cielo. "Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Mt. 6:10). Esta gran verdad es celebrada en el Salmo 103:20-21. "Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, obedeciendo a la voz de su precepto. Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos, que hacéis su voluntad".

    Toma mi vida, Cristo Señor,
    Tuya es la gloria, Tuyo el honor.
    Dueño absoluto Tú quieres ser;
    Transfórmame pues por Tu poder.
                        

adaptado de la revista Assembly Testimony, marzo/abril 2020, pág. 41

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¿Somos Todos Hijos De Dios?
parte III

viene del número anterior    

El apóstol Juan declara: “El que practica el pecado es del diablo” (1 Jn. 3:8). Todos los inconversos en el mundo, es decir, todo aquel que no ha nacido de nuevo, están en esta categoría. No importa que sean muy religiosos, pues aun la religion falsa es pecado. En el versículo 10 del mismo capítulo, tras una clara descripción, dice:  “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo”. El versículo 12 indica que Caín “era del maligno”, no un hijo de Dios.
    Pese a la opinión popular, está claro en la Biblia que no todos son hijos de Dios. De hecho, todos por naturaleza somos solamente carne, hijos de desobediencia, hijos de ira, hijos del diablo e hijos de este siglo sin futuro celestial. Es la condición de todo ser humano que no ha nacido de nuevo, y como Cristo afirma: “os es necesario nacer de nuevo”. Hay cosas opcionales, y cosas necesarias, y es necesario nacer de nuevo. Solo así podemos llegar a ser hijos de Dios. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Jn. 1:12-13). Observa, si son “hechos hijos de Dios”, es que no lo eran antes. Pero la voluntad de Dios no es un misterio. Él no predestina a nadie, sino soberanamente determina salvar a “todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre”. ¿Quieres ser salvo y ser hijo de Dios? Recibe al Señor Jesucristo, como tu único y suficiente Salvador. Confía en Él, no en religiones, ritos, sacramentos u obras. Ninguna iglesia ni filosofía puede hacerte hijo de Dios. Para que le digas en verdad: "Padre nuestro", debes nacer de nuevo.
    Resumiendo, solo los que nacen de nuevo por fe en el Señor Jesucristo, tienen vida espiritual, son hijos de Dios e irán al cielo. Los demás solo son carne. Pueden ser religiosos o no, pero solo son carne. “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn. 3:3). Hay lugar en el corazón y la casa de Dios para todos, pero solo entrarán los que nacen de nuevo. El quiere “llevar muchos hijos a la gloria” (He. 2:10). ¿Quieres ser uno de ellos?

Carlos Tomás Knott

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 "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.  Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad".  Mateo 7:21-23

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La Compañía de los Humildes

 “Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir despojos con los soberbios” (Pr. 16:19).   

 
    La humildad y la compañía de los humildes es preferible a la compañía de los soberbios, aunque ellos tengan despojos – bienes materiales. Siempre recordaremos al Señor Jesucristo, con amor y admiración, cómo se humilló a sí mismo, en la encarnación, en Su vida y ministerio, y en Su muerte en la cruz. No fue humillado – Él se humilló. Dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde”. Romanos 12:16 nos exhorta así: “...no altivos, sino asociándoos con los humildes”. Es una calidad de carácter muy atractiva a Dios, porque es lo que Jesucristo hizo; vino y se asoció con nosotros, hasta morir por nuestros pecados.

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 Los Ídolos En El Armario

    “¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” Por supuesto que lo es, pero nosotros no lo sabríamos a juzgar por la propaganda de hoy y por lo que la gente piensa que necesita conseguir.
    Hay muchas personas en nuestra sociedad cuya mayor preocupación es su propio cuerpo —lo adornan, lo preparan, lo visten, lo ponen en un bonito coche, lo hacen vivir en una hermosa casa, lo llenan de comida, lo sientan en un confortable sofá, cuelgan de él un montón de joyas, lo suben en un yate, o a nadar, le enseñan a esquiar, lo llevan a un crucero y otras cosas más. Sin embargo, la esencia de la vida no está contenida en estas cosas, sino que trasciende todo lo externo. La vida viene de Dios —y la plenitud de ella, de Cristo Jesús...
    ...Para algunas personas, el lugar más importante es su armario. En lugar de tener miedo a no tener nada que ponerse —una preocupación común en los tiempos bíblicos— estas personas temen que no puedan lucir lo mejor de la última moda. La manía por la ropa cara y de marca es un pecado muy común en nuestra sociedad actual.
    Siempre que camino por un centro comercial, me asombro mirando cuántas cosas hay en las tiendas. No sé cómo estas casas pueden hacer sus inventarios. Hemos hechos de la moda un dios. Nos permitimos gastar una verdadera fortuna en vestir nuestros cuerpos con cosas que no tienen nada que ver con la belleza de carácter: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el ser interior de la persona, en el incorruptible ornato de un espíritu manso y apacible, que es de gran valor delante de Dios” (1 P. 3:3-4).

J. MacArthur, Enfrentando La Ansiedad, págs. 21, 28

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La Importancia de la Asamblea
y Nuestro Compromiso con Ella

parte 3

 
por David Rodgers

 

viene del número anterior
3. Edificio de Dios, Templo de Dios (1 Corintios 3:9; 16-17),

“Vosotros sois...edificio de Dios” ... “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”.

    Otra vez vemos la actividad de Dios y la colaboración humana. La figura del edificio se une con la del templo. Un principio común entre las dos figuras es la necesidad de componer las piedras vivas en esta estructura espiritual. Cada creyente es una piedra viva, y forma parte automáticamente de la Iglesia en su aspecto universal. Pero aquí el contexto habla de la iglesia local, la asamblea.
    Para que puedan estar en comunión real y práctica, las piezas deben ajustarse de tal forma que configuran algo sólido y operante, cada una bajo la guía del Espíritu, y sometidas las unas a las otras. Si no es así, no habrá una forma ni un trabajo armonioso.
    Cuando estudiamos el templo de Salomón, nos fijamos en la elaboración prolija de las grandes piedras, hechas con tal precisión que calzaban precisamente la una con la otra en su lugar en el edificio. Las piedras no se producen así solas. Hablamos de cómo el Espíritu Santo trabaja con nuestro carácter, despuntando, puliendo, transformándonos para que podamos calzar bien con los demás hermanos en la asamblea. Nuestros problemas raramente son por diferencias de doctrina, sino más bien por conflicto de carácter. Tantas veces se escucha: “Bueno, así soy yo, y los demás me tienen que aceptar así”. Lo único que tal declaración exhibe es un concepto agrandado y atropellador de la importancia propia de cada uno. Niega el señorío de Cristo, y desprecia a los demás hermanos. Tales personas tienden a marcharse de la asamblea frente a algún conflicto de opinión con otros hermanos. Exhortamos a los hermanos que cuando se encuentren frente a tales situaciones, se sometan al Señor y permitan que Él proceda con Su obra de moldearnos, ajustando nuestras personas para que calcemos con los demás en la asamblea.
    Leemos en Romanos 12:3, “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. La idea de “medida” no es tanto la cantidad de fe – como mucha o poca – sino la “dimensión o calce”, dado que Dios ha equipado a cada uno para servicio particular en la asamblea. Un ejemplo sería de una pieza precisa de una máquina. Las dimensiones deben ser precisas para que el conjunto funcione. Otro ejemplo es la idea que vimos antes, de una piedra elaborada para estar en un lugar específico, calzando con precisión, y así contribuyendo a la estabilidad estructural, utilidad y hermosura del edificio. Si permanecemos en la asamblea, permanecemos en Su lugar de actividad, bajo los cinceles del Señor, porque nos interesa serle útiles en la prosperidad de lo que más le importa – la asamblea
la entidad corporativa más importante en el mundo para Dios.
    Con respecto a la asamblea como “templo de Dios”, es importante agregar que el vocablo griego es “naos” o santuario interior, el lugar santísimo. ¡Qué tremenda solemnidad y privilegio encierra esta figura! Dios mismo mora en la asamblea, y nuestro aprecio y participación han de corresponder a aquella gran verdad, como se desarrolla a continuación en el mismo capítulo. Salmo 93:5 exclama: “La santidad conviene a tu casa, Oh Jehová”.
 
4. Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27)

“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”.

    Es posible que esta figura suscite algo de confusión, puesto que la frase: “el cuerpo de Cristo” (con artículo) se refiere a la iglesia en su aspecto global. Sin embargo, en este texto en griego la palabra “cuerpo” se encuentra sin artículo antecedente. Esto señala la verdad preciosa que la asamblea tiene carácter de cuerpo de Cristo, con mucha enseñanza paralela a la que se aplica a la Iglesia universal. Cuando digo “carácter de cuerpo de Cristo”, quiero decir la misma naturaleza o esencia. Tiempo atrás me invitaron a conocer una crianza de jabalís. Mirándolos, era evidente que aunque no eran el típico cerdo doméstico, ni el “supercerdo” que promociona Agrosuper, eran de hecho porcinos, no bovinos ni equinos, etc. Así podríamos decir que nosotros, como creyentes, como asambleas cristianas, debemos ser reconocibles como “cuerpo de Cristo”. ¡Qué hermoso sería si al observar nuestro proceder como asamblea, los de afuera comentasen: “son realmente cuerpo de Cristo”!
    Los miembros de un cuerpo vivo son necesariamente diferentes, y algunos más atractivos que otros. Tienen que ser diferentes para cumplir las diversas funciones, y todos los miembros son necesarios para el bienestar del conjunto, la asamblea. Si falta un miembro, todo se debilita, cojea o deja de funcionar de la manera deseada. Un punto de gran importancia en esta consideración es que este cuerpo carece de cabeza humana y terrenal. La Cabeza es el mismo Señor Jesucristo, tanto de la Iglesia en su aspecto universal, así como en su aspecto local, la asamblea. Él debe dirigir, y todos nos sujetamos a Él. ¡Cuán grande es nuestro privilegio de ser miembros aquí en la tierra. Somos Sus manos para servir y seguir haciendo bienes en el mundo, como Él hacía. Somos Sus pies, para seguir llevando el evangelio a todas partes. Ya vimos el pasaje en Tito 2:14 donde nombra la característica de “pueblo propio” de Dios que es “celoso de buenas obras”.
    Hace poco una hermana nos compartió una experiencia. Ella acompañaba a los hermanos a una predicación al aire libre en una población humilde cerca del local. Allí vio a un grupo de madres cuyos niños asistían a la Escuela Dominical. Se acercó para saludarle. Una le preguntó: “¿Ustedes no hacen nada más sino solo predicar?” La pregunta le sorprendió a nuestra hermana, pero aprovechó la ocasión y preguntó de vuelta: “¿Qué más le gustaría que hiciéramos?” “Bueno”, respondió la madre, “Me gustaría aprender a coser. Así podría proveer ropa mejor para mi familia”. Resulta que nuestra hermana es una costurera experta, y pensó que sería una excelente oportunidad para trabajar con las mujeres del vecindario. Pero cuando conversó con los hermanos, planteándoles la posibilidad de usar el amplio sótano del local para eso, ellos solo pusieron pegas, obstáculos (no querían máquinas de coser en el local, etc. etc.), y le pusieron otras condiciones que hicieron imposible el trabajo. La hermana terminó consiguiendo el uso de un centro comunitario, y algo pudo hacer, pero la asamblea perdió la oportunidad de forjar una conexión inmediata entre el testimonio y los vecinos.
    Conviene que siempre nos preguntemos: “¿Qué haría el Señor Jesús?” En países de habla inglesa se puso de moda entre ciertos evangélicos llevar algo con los iniciales WWJD, que representan en inglés esa pregunta: “¿Qué haría el Señor Jesús?” No digo que lo llevemos puesto como prenda o adorno, pero sí, sería muy saludable que recordáramos siempre esta pregunta. La asamblea ha de manifestar fielmente las bondades, la voluntad y los designios de Cristo, funcionando como Sus miembros aquí en la tierra. Y nosotros debemos respetar profundamente a cada hermano y hermana, como indispensable miembro del mismo cuerpo.
    Otra vez enfatizo que el contexto del servicio contemplado es la asamblea, la iglesia local. Los hechos de bondad y misericordia abren paso a un testimonio positivo en la comunidad.

continuará, d.v., en el siguiente número
David Rogers sirve al Señor en Chile

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Distinciones Importantes entre
el Cuerpo de Cristo y una Asamblea
por Norman Crawford

1. “El cuerpo” es espiritual, y las verdades relacionadas con él son posicionales. En cambio, una asamblea es geográfica – una localidad, y las verdades relacionadas con ella conciernen sus prácticas (Ef. 1:22-23; 1 Co. 1:1-2).

2. Entramos en “el cuerpo” en el momento de la conversión, pero el patrón para entrar en una asamblea es que después de la conversión los creyentes deben bautizarse y entonces son añadidos a la comunión de la asamblea (1 Co. 12:13; Hch. 2:41-42).

3. En “el cuerpo” no hay varón ni hembra (Gá. 3:28), pero en una asamblea sí, hay muy claras distinciones entre varones y mujeres (1 Co. 11:1-16; 14:34; 1 Ti. 2:12-15) y sus funciones.

4. Damos gracias a Dios que ningún creyente puede ser separado del “cuerpo” (Ro. 8:38-39). Pero puede ser necesario sacar a una persona de una asamblea (1 Co. 5:11).

5. “El cuerpo” en Efesios es llamado “mi iglesia” por Cristo en Mateo 16:18. Nada falso puede entrar ahí, ni puede Satanás prevalecer contra ella. En cambio, lobos rapaces pueden entrar en una asamblea (Hch. 20:29), y Satanás puede corromperla (2 Co. 11:1-3).

6. Hay perfecta unidad en “el cuerpo” (Ef. 4:4), pero una asamblea puede ser dividida por disensiones (1 Co. 3:3).

7. La novia será presentada, sin falta, santa y sin mancha (Ef. 5:25-27), pero una asamblea puede ser quitada en juicio (Ap. 2:5).

8. La esposa será eternamente (Ap. 21:1-2), pero una asamblea continua solo “hasta que él venga” (1 Co. 11:26; Ap. 2:25).

9. Todo “el cuerpo” nunca está presente en un lugar hasta que venga el Señor y se reúna con Él (2 Ts. 2:1). Pero toda una asamblea debe congregarse regularmente (1 Co. 14:23; He. 10:25).

10. El Señor Jesús declaró: “edificaré mi iglesia” (Mt. 16:18), pero Pablo dijo que los hombres edifican una asamblea y que él mismo era perito arquitecto (1 Co. 3:10).

    Se podría apuntar más distinciones, pero con éstas tenemos bastante para enfatizar las diferencias. De esas claras distinciones debemos sacar ciertas conclusiones. Primero, creemos que muchos amados hermanos han comprendido la gran verdad de “un cuerpo”, pero nunca han comprendido las distinciones entre él y una asamblea. Dios ha dado la los hombres la responsabilidad de mantener la pureza de una asamblea, pero la novia (aspecto futuro de la iglesia) es guardada sin mancha por Cristo en virtud de Su sangre. Entramos en “el cuerpo” como pecadores totalmente indignos que solamente merecen el juicio eterno del Dios santo. Pero un creyente entra en la comunión de una asamblea cuando da evidencia de vida nueva en Cristo. Debe estar claro a todos los que entienden la verdad de la comunión, que una asamblea recibe al creyente y que ese creyente también recibe a la asamblea. A eso el finado señor Fisher Hunter lo llamó “la recepción mutua”. Si recibimos a personas que no reciben a la asamblea, llámese como se llame, eso no es comunión. Lucas 5:10 describe a Jacobo y Juan como “compañeros” de Simón – eso es – socios suyos en el negocio. La palabra “compañeros” viene de la misma palabra traducida “comunión” , y sugiere que esa comunión es una colaboración completa y bilateral. No es ocasional ni con doblez.
    Mencionamos antes el texto de Romanos 15:7, “Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios”. Es empleado para intentar demostrar que la recepción al cuerpo es todo lo que se requiere para ser recibido en una asamblea. Pero si queremos entender correctamente este texto, debemos examinar su contexto. Había al menos tres asambleas en Roma (Ro. 16:5, 14 y 15). En ellas había judíos y gentiles (Ro. 15:5-21), con fondos y normas muy distintos acerca de la dieta y días sagrados. Surgieron muchos conflictos sobre esas diferencias (vv. 1-7). Pablo escribió a las personas en esas asambleas para que tuviesen “un mismo sentir según Cristo Jesús” (v. 5). Ése es el contexto, y por eso nos asombra cuántas veces hermanos que son lectores cuidadosos de la Palabra de Dios usan esto para la recepción a la asamblea. Seguramente “los unos a los otros” en el versículo 7 significa lo mismo que las otras veces que aparece en el mismo pasaje (Ro. 14:13; 15:7, 14). En todos los otros casos habla de los creyentes que están en la comunión de la asamblea. ¿Puede significar algo distinto aquí? Es otro ejemplo de la importancia de siempre entender un texto en su contexto. La recepción de Febe en Romanos 16:2 es la recepción a una asamblea, y ahí el verbo “recibid” es diferente del verbo usado en 15:7.
    A menudo se emplea una ilustración que creemos equivocada. Dicen que el cuerpo es como una naranja o una manzana dividida entre varias personas. Nadie tiene toda la naranja, pero todos tienen naranja. Sueña bien, y parece basarse en 1 Corintios 12:27, pero en la ilustración cada uno tiene una parte de la naranja y si se juntaran todas las partes la naranja estaría entera. ¿Esto realmente se aplica al “cuerpo de Cristo” y las asambleas? ¿Es una asamblea “una parte del cuerpo”? Y si se juntaran todas esas asambleas, ¿tendríamos “el cuerpo”?


Del libro CONGREGADOS A SU NOMBRE, por Norman Crawford
próximanente disponible, d.v.,  de Libros Berea
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¡EL VIVE!
“No está aquí, pues ha resucitado, como dijo”.  Mateo 28:6

Esas gloriosas palabras del ángel, causaron temor y gran gozo en los que las oyeron. Las últimas semanas fueron inolvidables para ellos. Vieron al Señor Jesús resucitar a Lázaro, entrar en triunfo en Jerusalén con aclamación, y luego ser traicionado, detenido, golpeado y colgado en una cruz para morir entre dos criminales. Pensaban que Él les libraría de sus enemigos e inauguraría el reino. Pero ese día temprano habían ido a Su sepulcro.
    Oír que Él estaba vivo no debía haberles sorprendido. Muchas veces Él predecía Su crucifixión y resurrección. La importancia de Su resurrección es tan grande como la de Su muerte. Jesucristo “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25). En Su muerte pagó por nuestros pecados. Su resurrección nos da una esperanza viva, la prueba de que Sus promesas son verdad (1 Pedro 1:3). Sin un Salvador vivo, no habría esperanza. “Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (1 Corintios 15:17). ¡El vive! “Yo soy... el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:17-18).
    Jesucristo resucitado es el Señor y Salvador de los creyentes, pero el Juez de los incrédulos. ¿Cuál es tu relación con Jesucristo? ¿Es solo un personaje histórico para ti? ¿Te has arrepentido de tus pecados y confiado en Él para tener perdón y vida eterna? “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Un mero personaje histórico no puede cambiar tu vida ni prometerte nada, pero Jesucristo vive, y está sentado a la diestra de Dios en la gloria. Hebreos 7:16 afirma que Él vive en "el poder de una vida indestructible".
    Él vive, y es el único que puede salvarte. "Puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos" (Hebreos 7:25).