Entradas populares

martes, 20 de abril de 2010

EN ESTO PENSAD -- ABRIL, 2010


¿A QUIÉN AYUDARÉ?
(Parte II)
Donald Norbie

La verdadera fe obra en silencio con respecto a sus necesidades. Hay una dignidad asociada con el camino de fe. El que anda en dependencia sencilla del Dios del cielo no abarata a Su Dios mendigando y publicando sus necesidades. Pablo podía decir: “Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado” (Hch. 20:33). Prefería trabajar con sus manos antes que deshonrar al evangelio pidiendo dinero.
Cuando el siervo de Dios ve menguar sus provisiones, como Elías veía secarse el arroyo, su único recurso es Dios. Puede que clame a Dios en oración de corazón torturado por dudas e inquietudes, pero ante los hombres sus labios no emitirán ni una palabra. A sus hermanos les puede parecer que no tenga necesidad, porque no la publica excepto a Dios en oración. En consecuencia, los que deseamos ofrendar a estos hermanos necesitamos ejercitar espiritualmente nuestros corazones delante de Dios, y tomar compromiso respeto a los que realmente viven por fe. El que vive así está comprometido con un camino de silencio, excepto delante de Dios. Dios sabe, y esto es suficiente.
Quizá el que ofrenda diga: “¡Pero si sólo supiera sus necesidades!” ¿No puede el Dios que llamó a Su siervo guiar tu corazón a lo que debes ofrendar? Pero esto requiere ejercicio en oración. Siempre es más fácil leer una carta de alguien que pide y da el número de su cuenta bancaria y entonces enviar un cheque o giro. ¡Qué vergüenza deberíamos sentir por nuestra pereza espiritual!
¿Cuánto debo ofrendar? ¿Por qué no considerar las circunstancias del obrero? ¿Está casado? ¿Tiene hijos? ¿Tiene necesidades especiales, quizá gastos de hospital o médico? ¿Dónde trabaja, en la obra pionera o en asambleas establecidas? Considera estas cosas antes de ofrendar.
¿Por qué no pides al Señor que ponga sobre tu corazón uno o dos obreros en tu país y en el extranjero, para que puedas fortalecer sus manos? Escríbeles e intenta conocerles mejor. Pide una foto y ora por ellos. Entreteje tu vida con la suya para que de veras compartas con ellos en la obra de Dios. Entonces, al orar, Dios puede dirigir tu corazón respecto a tus ofrendas. Haciendo esto, descubrirás que es verdad la Palabra cuando cita al Señor Jesús: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hch. 20:35).
del su libro LA IGLESIA PRIMITIVA, Editorial Berea

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Acerca del Evolucionismo

“Preferiría creer en las hadas que en unas especulaciones tan desenfrenadas. He dicho durante años que las especulaciones acerca del origen de la vida no nos llevan a ningún buen propósito, por cuanto incluso el más simple sistema vivo es excesivamente complejo para poder ser comprendido en términos de la química extremadamente primitiva que los científicos han empleado en sus intentos de explicar lo inexplicable. Dios no puede ser desechado con pensamientos tan superficiales”.
Ernst B. Chain, citado por Ronald W. Clark, The Life Of Ernst Chain: Penicillin and Beyond (“La vida de Ernst Chain: Penicilina y más allá”), Londres: Weidenfeld & Nicholson, 1985, págs. 147-148. Bioquímico. Premio Nobel.

“Se nos dice dogmáticamente que la evolución es un hecho establecido, pero nunca se nos dice quién lo estableció ni por qué medios. Se nos dice, bien a menudo, que la doctrina está basada sobre evidencia, y que lo cierto es que esta evidencia está desde ahora más allá de toda verificación, así como inmune a cualquier posterior contradicción por parte de la experiencia, pero se nos deja totalmente a oscuras acerca de la cuestión crucial: ¿Cuál es precisamente esta evidencia?”

J. Wolfgang Smith, Ph.D. en matemáticas, Universidad de Columbia, Oregon State University, MIT (Instituto Technológico de Massachusetts). Teilhardism and the New Religion: A Thorough Analysis of the Teachings of Pierre Teilhard de Chardin (“El Teilhardismo y la Nueva Religión: Un Análisis Exhaustivo de las Enseñanzas de Pierre Teilhard de Chardin”). Tan Books & Publishers, Inc., 1988).


“Ya hemos tenido bastante de la falacia darwinista. Es hora ya de gritar: “¡El emperador va desnudo!”
K. Hsu, geólogo en el Instituto Geológico de Zurich, “Darwin’s Three Mistakes” (Los Tres Errores de Darwin), Geology, Vol. 14 (1986), pág. 534.


- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
EL HOGAR, POR FIN
William Macdonald

No hay palabras que si quiera se aproximen a una descripción adecuada de las glorias del cielo. Ninguna mente mortal puede comprenderlo. Pero Dios nos ha dicho suficiente al respecto como para que tengamos cada vez más añoranza de ir allá. Spurgeon dijo:

“Si no tuvieras añoranza del cielo, seguramente podrías cuestionar si el cielo te pertenece o no. Si alguna vez has gustado el gozo de los santos, como seguramente los creyentes hacen en la tierra, entonces cantarás con el alma llena:

Mi espíritu sediento desfallece,
Deseando llegar a la tierra que amo,
La herencia radiante de los santos,
La Jerusalén de arriba”.

J. Sidlow Baxter presenta una vista con diez facetas de la salvación final en las huestes incontables de pecadores salvados y transplantados en el cielo como santos glorificados:

“Delante del trono” — visión bendita
“Vestiduras blancas” — santidad sin mancha
“Palmeras” — victoria finalizada
“Le sirven” — ministerio sublime
“Él les cubre” — seguridad eterna
“Jamás tendrán hambre” — satisfacción eterna
“El sol no les fatigará” — felicidad sin fallo
“Él les pastoreará” — serenidad en Su amor
“Aguas vivas” — inmortalidad perfecta
“Toda lágrima enjugada” — gozo perfecto sin caducidad

Robert G. Lee llamó al cielo “el lugar más hermoso que la sabiduría de Dios puede concebir y el poder de Dios puede preparar”. Dio en el blanco cuando dijo:

“Un día, cuando entremos por aquellas puertas de perlas, y veamos por primera vez la hermosura asombrosa alrededor nuestro, pienso que buscaremos a Juan y diremos: “Juan, ¿por qué no nos dijiste que es tan hermoso?” Y Juan responderá: “Intenté decíroslo cuando escribí los capítulos veintiuno y veintidós del último libro de la Biblia, después de tener la visión, pero no pude”.

Cuando nuestros parientes y amigos creyentes son llevados para estar con el Señor, nos es un consuelo inexpresable saber que ellos están en el lugar del día eterno, conscientemente disfrutando la presencia del Señor y las glorias del cielo. No quisiéramos hacerles volver a este desierto de pecado y tristeza.
Para nosotros los que estamos en Cristo, ¡qué esperanza y qué perspectiva! Pronto, muy pronto, el Salvador vendrá para llevarnos a la casa del Padre que tiene muchas moradas. Nosotros también, por fin, estaremos en nuestro hogar.


del libro EL CIELO, por William MacDonald

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
EL SEÑOR JESUCRISTO

El Señor Jesucristo es el único ejemplo real y totalmente digno de seguir. Los padres deben presentarle a sus hijos en lugar de los héroes o exitosos del mundo. Los predicadores deben presentarle a sus oidores en lugar de insistir en ser seguidos ellos mismos. Los jóvenes y no tan jóvenes deben tomar compromiso con Él como su Ejemplo y Guía con todo lo que aquello implica en sus vidas, carreras, ambiciones, pasatiempos, aficiones y relaciones sociales, etc.
del libro JESUCRISTO, SEÑOR Y MAESTRO, por G. Harding Wood

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
EL CRISTO DE DALÍ

“Hermosear a Cristo es sacarlo de la realidad.
Es colocarlo sobre una pared...”


Hay un óleo famoso que fue pintado en 1951 por Salvador Dalí. Se titula: “Cristo de San Juan de la Cruz”, y su ejecución fue inspirada en un dibujo hecho por un místico español, el monje carmelito Juan de Yepes, que vivió en el siglo XVI. Cualquiera que haya sido el propósito de ese hombre piadoso al hacer ese dibujo, lo cierto es que Dalí sacó de su obra una interpretación muy personal de la crucifixión. Su cuadro muestra a un Cristo crucificado, suspendido en el cielo e inclinado hacia el mundo, que está allí representado por el retrato de los dos pescadores con su red y pequeño barco. Lo que nos llama la atención es el Cristo, que no muestra ninguna señal de sufrimiento. Su cuerpo no está lacerado ni lastimado, no se ve sangre ni defecto físico alguno.No hay tensión ni fatiga en ese Cristo, quien más bien descansa sobre la cruz. Dalí mismo dice acerca de su obra: “Mi ambición estética fue completamente opuesta a todos los Cristos pintados por la mayoría de los pintores contemporáneos... Mi Cristo sería hermoso, como el Dios que Él es”. La preocupación por un Dios hermoso no permite al pintor la libertad de representar los sufrimientos de Cristo, quien en verdad es Dios. En el citado óleo, hasta la cruz es hermosa, de buena madera lustrada. El cartel que hizo burla a Su dignidad divina, queda en blanco. Si pensamos en los pescadores a la orilla del mar, como son representados por Dalí, estaríamos ante un Cristo divorciado de la realidad humana, un Cristo sin sangre, sin dolor, sin lágrimas; un Cristo demasiado bello. Muchas personas sienten emoción profunda al estudiar la obra. ¿A quién no le agrada estar en un culto religioso haciendo armonizar sus sentimientos y reflexiones con los actos solemnes allí realizados? Sin embargo, con tal actitud podemos caer en el peligro de hermosear a Cristo, reconociéndolo como un elemento más de una obra artística o de un culto religioso, sin aceptarlo como una persona histórica que aún vive. La Biblia dice de Cristo que “no hay parecer en él, ni hermosura”. El Cristo hermoso del óleo, que no vertió ni gota de sangre, ni sudó, ni derramó una sola lágrima, carece de la vida necesaria para ser el Salvador de los hombres. Por eso, vez tras vez, las Sagradas Escrituras subrayan que “Jesucristo vino en carne”, o sea que Cristo es Dios con cuerpo humano, la segunda persona de la Trinidad. Lo hizo para acercarse a la condición humana y expresar el amor de Dios en términos que pudiéramos comprender. Él sufrió en carne propia el drama de la vida común: el desengaño, el cansancio, las lágrimas, la muerte. Colgado en la cruz, lo que le desfiguró tanto fue el hecho de ser contado como un pecador, siendo que Él era perfecto en todo; ser castigado por nuestros pecados, siendo Él inocente de toda culpa. Hermosear a Cristo de esta manera, es sacarlo de la realidad, es colocarlo sobre una pared y olvidarnos que nuestra salvación requería que Él padeciera todo el furor de Dios por nuestra infracción a la ley divina. El Cristo verdadero está vivo en el cielo desde donde ofrece, a todos los que, arrepentidos, confían en Él, la salvación y la vida eterna.
“...Puede también salvar perpetuamente alos que por él se acercan a Dios” (Hebreos 7:25).

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

EN ESTO PENSAD -- MARZO 2010

¿A QUIÉN AYUDARÉ?
por Donald Norbie
Acabo de recibir el correo, y como muchas veces sucede, veo una cantidad de cartas de obreros u organizaciones cristianos. Al abrir las cartas una por una, voces urgentes claman pidiendo atención y ayuda. Un movimiento estudiantil pide tu interés y ayuda. Caras patéticas y marcadas por la pobreza te miran desde otras cartas, y piden con elocuencia: “¡Dame!” Un hospital necesita ayuda; un orfanato está pasando por pruebas difíciles; un obrero nacional va a tirar la toalla a menos que le mandes una ofrenda. Cada carta tiene un mensaje conmovedor. Un programa de radio está atrasado en sus pagos mensuales, y si no mandas dinero la gente no escuchará el evangelio. La lista parece infinita.
Sin embargo, tus recursos están limitados. Amas al Señor y en lo secreto de tu corazón te has dispuesto a dar cierta proporción de tus ingresos a la obra de Dios. Ahora viene la pregunta: “¿A quién debo ofrendar? Mis ingresos tienen límite; no puedo dar a todos”.
Uno tiene que ser realista. No puede apoyar económicamente cada obra que se lleva a cabo en nombre de Cristo. Puede dar gracias a Dios por cada uno que proclama el evangelio en su sencillez, sin sentir obligación a ofrendar a todos ellos. Los motivos y métodos de estos predicadores son muchos y variados. ¿A quién debo ofrendar? ¿Cuáles son los principios que pueden guiarme a la hora de ofrendar?
En primer lugar, el cristiano debe sentir una responsabilidad prioritaria a la obra de su asamblea local de la cual él forma parte. Es la unidad básica de la comunión y el trabajo de los creyentes, y es absolutamente vital para la obra de Dios. Las Escrituras describen a la iglesia local como “columna y baluarte (soporte) de la verdad” (1 Ti. 3:15). Si esto es verdad, y estás convencido de que la asamblea donde estás en comunión es obra de Dios, entonces da lo mejor a ella, tanto en tiempo como en finanzas. Es lógico que la mayoría de lo que ofrendas irá a ella. De hecho, muchos ofrendan todo a través de ella, aun designando ofrendas a obreros por medio de la asamblea local. Aunque hay muchas formas de ofrendar, debemos recordar que el tiempo que damos al Señor o el dinero que gastamos en Su trabajo para ir de un lugar a otro, estas cosas son “extras” y no deben tomar el lugar de ofrendar en la asamblea.
¿Qué factores debes considerar para decidir qué obras vas a apoyar? En primer lugar, ¿hay principios que guían la obra que estoy considerando? ¿Son principios que gobernaban la obra de Dios en los días del Nuevo Testamento? ¿Es su meta el ver salvadas las almas perdidas y entonces congregarlas en la sencillez de la iglesia primitiva? “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios” (1 S. 15:22). Asegúrate de que tu ofrenda va a una obra marcada por obediencia a la Palabra de Dios y que sigue el patrón del Nuevo Testamento. Hay mucho pensamiento indefinido sobre esta tema. Muchos piensan que una obra evangelística debe ser apoyada a pesar de los métodos que emplee, y cualquier iglesia que predique la Palabra es digna de nuestra colaboración. ¿Es así que Dios estima la obediencia?
¿Qué sabes del carácter moral del obrero? Se dan casos como el de un radio evangelista que fue matado en un motel por el marido de una mujer con quien él tenía relaciones ilícitas. Y muchas personas habían enviado ofrendas del dinero que sudaban para ganar, en respuesta a sus peticiones de fondos en la radio, mientras que él bebía vodka y vivía en adulterio. Todavía hay quienes hacen negocio con el evangelio (2 Co. 2:17), ¡y no sólo dan el número de su cuenta bancaria, sino que también piden los datos de las cuentas de los hermanos para tomar las ofrendas que quieran de ellos! Ofrendamos a aquellos cuyas vidas son una recomendación del evangelio.
¿La obra se lleva a cabo por fe genuina en el Dios vivo? Hoy en día tantas obras que profesan ser “por fe” no muestran más fe que Caritas o “Manos Unidas”, a menos que quieran decir fe en la generosidad de la naturaleza humana. Se considera que la publicidad es la clave del éxito en la obra cristiana. Hay competencia aguda para recibir el dinero de los creyentes. Si es un “pastor” con salario o “misionero” con una paga mensual de un equipo de apoyo, los que valoramos la vida de fe y el principio de fe en la obra de Dios debemos reservar nuestras ofrendas para los que así viven y trabajan. Si no apoyamos la obra de las asambleas neotestamentarias,¿quién lo hará?
continuará, d.v., en el siguiente número

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

LA GENEROSIDAD


Dios es generoso, no mezquino. Él desea que también Su pueblo sea generoso, no mezquino. Un cristiano mezquino es una contradicción, porque la mezquindad viene del egoísmo y es pecado. Nos gusta que los demás sean generosos para con nosotros, pero nos cuesta mucho ser generosos con otros. Generalmente, el pueblo de Dios peca de mezquindad en su trato con sus hermanos. Pero las Escrituras claramente enseñan que seamos generosos:
Éxodo 35:5 dice: “...todo generoso de corazón la traerá a Jehová”. Al hablar Dios de la ofrenda para el Tabernáculo, apuntó que la ofrenda es asunto del corazón (2 Co. 9:7), como lo es también la generosidad. La raíz del asunto está en el corazón.
2 Crónicas 29:31 dice: “...y todos los generosos de corazón trajeron holocaustos”. Durante el reino de Ezequías hubo avivamiento, y una de las formas de manifestarlo fue en los sacrificios presentados al Señor. Vemos la generosidad de los que trajeron holocaustos – ofrendas enteramente dedicadas al Señor – como evidencia de la obra del Espíritu de Dios en ellos.
Proverbios 11:25 dice:“El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado”. Entra de nuevo en nuestro interior para enseñarnos de dónde viene la generosidad. Comienza en el alma con una actitud y un deseo, y luego se manifiesta en dádivas generosas que sacian a los que tienen necesidad. Cuando vemos a los que han salido para predicar el evangelio viviendo sin tener a penas sus necesidades básicas cubiertas, sufriendo escasez de cosas básicas en lugar de ser saciados por nuestras ofrendas, debemos preguntarnos si nos gustaría vivir como les hacemos vivir a ellos. Puede que Dios castigue con escasez a personas e iglesias que no son generosas, dándoles conforme a sus obras.
Isaías 32:8 afirma:“Pero el generoso pensará generosidades, y por generosidades será exaltado”. La generosidad comienza en los pensamientos. A partir de allí se manifiesta en los hechos, según nuestras posibilidades por supuesto. ¿Qué pasaría si Dios nos diera como damos a otros?
2 Corintos 8:2 manifiesta:“...que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad”. Los pobres macedonios manifestaron “riquezas de su generosidad”. La generosidad de los pobres tal vez no sea tanta como la de los ricos, pero realmente en la historia de la obra del Señor han sido los pobres, más que los ricos, quienes la han apoyado. Los ricos suelen dar “de sus riquezas” y aún les queda – no necesitan depender del Señor porque tienen mucho más guardado. Los pobres que son como la viuda con sus dos blancas, dan mucho más y confían en el Señor para suplir sus necesidades. En cambio, hay otros que siempre se disculpan diciendo: “soy pobre”, y piensan que les toca a otros ser generosos, porque tienen más (¿los extranjeros?). Mis hermanos, esto es un error y tal vez un pecado.
2 Corintios 9:5 declara: “Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra”. Los corintios prometieron ayudar con una ofrenda a los pobres en Jerusalén, pero no llevaron a cabo con prontitud su promesa. Pensemos en esto, que Dios escucha nuestros promesas de ayuda a los hermanos, y Él quiere que seamos generosos, no simbólicos, en hacerlo.
2 Corintios 9:6 promete: “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. Es la ley de la siembra y la cosecha. Si somos escasos, no generosos, en la ofrenda, echando cualquier monedita allí en lugar de preparar y traer una ofrenda generosa como sacrificio a Dios, pués Él lo tendrá en cuenta luego con nosotros.
1 Timoteo 6:18 instruye: “Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos”. Es una exhortación muy necesaria a los ricos. Suelen amar a sus riquezas y desear siempre tenerlas. Entonces cuando ofrendan, dan una parte que ellos no necesitan, sin la que realmente pueden vivir bien. Aunque los demás consideren esa ofrenda de mucha ayuda, Dios ve cuánto les queda en sus cuentas y sabe que no han sido generosos según sus posibilidades. Ricos en buenas obras significa muchas buenas obras. "Dadivosos" significa muchas dádivas, continuamente como práctica y norma de su vida, y "generosos" significa que den de acuerdo con sus posiblidades que son mayores que las de los demás. Esto es el uso correcto de los bienes, para el Señor en el tiempo presente, y no haciendo tesoros en la tierra (Mt. 6:19-21). Y recordemos: "Dios ama al dador alegre".
En estos textos vemos claramente lo que Dios quiere de Su pueblo. Hermanos, debemos arrepentirnos de la mezquindad, confesarla como pecado, y ser imitadores del Dios generoso.El profeta Malaquías enseña que Dios no puede bendecir al pueblo tacaño y mezquino que no le honra con sus ofrendas. Él es Dios grande, y nuestras ofrendas deben reflejar que apreciamos esto. Proverbios 3:9 nos llama a honrarle con las primicias de todo. Nuestro Señor en Lucas 6:38 mandó así: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Si personalmente no hemos sido generosos con el Señor, debemos postrarnos arrepentidos y confesar nuestro egoísmo, mezquindad, falta de fe y amor al dinero.Si como iglesia no hemos hecho bien, tal vez sería bueno que hubiera una reunión de arrepentimiento, confesando y apartándonos de este pecado, y presentando al Señor ofrendas generosas. No pongamos más excusas ni demos explicaciones justificándonos. Si somos de la familia de Dios, y Su Espíritu opera en nosotros, seamos generosos, como nuestro Padre celestial. "Más bienaventurado es dar que recibir".

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

¿COOPERAMOS CON LA VERDAD?


Cuesta creerlo y entenderlo, pero hay asambleas en ciertas regiones que dan la diestra de comunión a hermanos para que salgan a hacer obra pionera, y luego no los apoyan. Algunos se disculpan alegando que técnicamente no son obreros porque no han sido encomendados. ¿Por eso son abandonados? De estos hermanos que han salido poniéndose en la brecha, hay quienes pasan grandes apuros; hablamos de necesidades básicas. Están casi desamparados por las iglesias de donde salieron, y a nadie le gustaría vivir como algunos de ellos viven por causa del evangelio. Gracias a Dios por los sacrificios vivos de ellos, pero, no está justificada la falta de apoyo hacia ellos. No es siempre por falta de recursos, sino a veces por neglilencia y descuido. 1 Corintios 9:7-10 dice: "¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió..." Pero en nuestros tiempos hay asambleas que obligan a hermanos servir a sus propias expensas, y esto no es correcto. Son culpables de poner bozal al buey que trilla, y de esto deberían arrepentirse. En 1 Juan 3:16-18 leemos: "En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad". El que no obedece esta clara instrucción del Señor está pecando y contristando al Señor. 3 Juan 6-8 dice: "...harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles. Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad". Permíteme preguntar: ¿Qué haces tú, querido lector, y qué hace tu asamblea, para apoyar y ayudar a los que han salido para predicar y enseñar la Palabra de Dios? ¿Cooperáis con la verdad, o dejáis desamparados a vuestros hermanos que están en la brecha sirviendo al Señor? No lo digo por mí, ni muchísimo menos, sino por ELLOS.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
La Soberanía de Jesucristo el Redentor


El Espíritu Santo también enfatiza el señorío de Cristo en relación con el sacrificio de eterna redención en el Calvario. En la cruz, le vemos cumpliendo el gran objetivo por el cual vino al mundo. Afrontando de una vez por todas el problema del pecado, logró un grandioso triunfo sobre el príncipe de la muerte. Muchos textos de la Escritura dan testimonio inequívoco de Su soberanía. ¿Quién es esta gloriosa Persona que pende de una cruz romana, cubierta de vergüenza e ignominia, sufriendo tortura indecible de cuerpo y espíritu? Es “CRISTO... [el Ungido] el que murió” (Ro. 8:34). Fue mucho más que un fallecimiento común, más que la simple muerte de una persona maravillosa llamada Jesús. Fue “la muerte del SEÑOR” (1 Co. 11:26). Fue el Dios Hombre el que descendió a los terribles abismos de la cruz.
No fue una cruz cualquiera. Muchos criminales han sufrido muertes ignominiosas. Pero esta cruz es única, y su gloria sin par brilla en el hecho de que la Persona que pendió de ella fue el soberano Señor. Fue “la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gá. 6:14). Gracias a la gloria y soberanía sin igual de Aquel que llevó la cruz, el monte fuera de la ciudad ha sido un lugar de encuentro a través de las edades para multitudes de cada región, color y nación. Es sólo aquí donde el Dios Santo puede reunirse con los pecadores. A este lugar sagrado se han dirigido muchos pies manchados por el pecado, cargados y cansados del peregrinaje de la vida, para reemprender su viaje con corazones ligeros y rostros iluminados. ¿Y por qué? Porque es el lugar del perdón, la paz y la limpieza. Es el lugar “donde también nuestro Señor fue crucificado” (Ap. 11:8). Fue en el momento de Su humillación extrema, cuando parecía que Su muerte sería el jaque mate del diablo, que incluso Sus enemigos se vieron obligados a reconocer Su soberanía. “Verdaderamente éste era Hijo de Dios” (Mt. 27:54). No le quitaron la vida al soberano Señor (Jn. 10:18) – Él mismo escogió darla.
Es maravillosa la estrategia divina que arranca de Sus antagonistas la verdad, expresada en el título colgado sobre Su cabeza: “ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS” (Lc. 23: 38). Cuando los principales sacerdotes reconvinieron a Pilato por esa afirmación incondicional, su respuesta puso fin al asunto: “Lo que he escrito, he escrito”. Antes, Pilato había preguntado: “¿Qué es verdad?” ¡Ahora la estaba declarando!
Pero los que visitan este lugar para mirar al Crucificado, después de inclinar sus cabezas en asombro reverencial, ven que la cruz está vacía. Su humanidad inmaculada y deidad reconocida han proclamado Su soberanía sobre la muerte, y en la gloriosa mañana de la resurrección tanto la cruz como la tumba estaban desiertas.
¿Quién despedazó las rejas de la muerte, y venció para siempre la tumba? ¡Cuántos textos del registro apostólico irrumpen en nuestra memoria! Tendremos ocasión más tarde de hacer referencia al testimonio de Pedro en el día de Pentecostés. “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho SEÑOR Y CRISTO” (Hch. 2:36). Quien resucitó de los muertos es EL SEÑOR. “Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús” (Hch. 4:33). Él ascendió en triunfo glorioso al trono del Padre, fue hecho el centro de admiración y adoración del cielo, y divinamente nombrado como “CABEZA sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo” (Ef. 1:22-23).
Sí, ¡Él es Señor! El mayor que David derrotó al mayor que Goliat, y por Su muerte destruyó “al que tenía el imperio de la muerte” (He. 2:14). A lo largo de este programa invencible, desde el humilde pesebre hasta la conquista majestuosa, Él nunca dejó de establecer la gloria divina de Su Persona.
Entonces, hecha la obra de la expiación, el Espíritu Santo procede a establecer la supremacía del Señor resucitado mediante la constitución de un doble Reino. La soberanía recuperada ha de encontrar digna expresión a través del tiempo y de la eternidad. Durante esta era de la gracia, el Reino puede definirse como un misterio, puesto que Dios está tomando del mundo un “pueblo para su nombre” (Hch. 15:14). El señorío de Cristo se manifiesta ahora por medio del Espíritu Santo en un organismo espiritual llamado la Iglesia, como también en el corazón de cada creyente incorporado a esa Iglesia por la regeneración (Ef. 4:4-6). “Para nosotros,” dice el apóstol: “hay..UN SEÑOR, Jesucristo” (1 Co. 8:6).
Dada la naturaleza de esta cuestión, el Hijo de Dios ha de venir otra vez, manifestando así incluso más Su soberanía por medio de la liberación de Su pueblo, la transformación de lo mortal a lo inmortal, y lo corruptible a lo incorruptible. Tal como ilustró Su soberanía sobre la muerte ante la tumba de Lázaro, volverá para dar un grito de victoria universal: “SAL FUERA”. Los muertos serán resucitados y los vivos serán transformados. ¿A quién, entonces, esperamos? Volvamos a observar el testimonio del Espíritu Santo respecto a Su soberanía. Mientras que sea “este mismo Jesús” – el Hombre de Galilea y del Calvario – aquel que vendrá otra vez, el evento glorioso será nada menos que “la venida del SEÑOR” (Stg. 5:7). Él es “el bienaventurado y solo Soberano, REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (1 Ti. 6:15). (Léanse también Fil. 3:20, 4:5; 1 Ts. 4:15-17; Jud. 14; Ap. 22:20.) Es el mismo que “en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Ap. 19:16). La oración a la que la Iglesia hace eco es: “Amén; sí, ven, Señor Jesús” (Ap. 22:20).

del libro: THE NEW SOVEREIGNTY ("La Nueva Soberanía"), capítulo 4,
por Reginald Wallis, traducido por Emily Knott de González

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Dios Dará La Recompensa
Texto: Efesios 6:7-8

El buen servicio es importante para el Señor. “Sirviendo de buena voluntad” habla no sólo de nuestro servicio sino también de la actitud con la que servimos. La buena voluntad es la disposición a servir, el deseo, el ánimo, la atención a la calidad del servicio y el interés sincero en agradar a aquel que es servido. En el último análisis, servimos al Señor, y con esto cualquiera debe tener suficiente motivación. Servimos al Señor en cosas sencillas como nuestros tareas cotidianas, y le servimos cuando asistimos a las reuniones con los hermanos para la alabanza, la oración y el estudio de Su Palabra. Le servimos cuando testificamos, y cuando dedicamos tiempo diariamente a la lectura de Su Palabra y la oración privada. Además de esto, surgen oportunidades para servir al Señor todos los días, en nuestro roce con los demás en el curso de la vida. Nos gustaría ver en seguida la recompensa, pero no siempre es así.
Se cuenta de un pobre hombre campesino que un día caminaba en el campo oyó voces pidiendo socorro, y rescató a un joven, salvándole la vida. Resulta que el padre del joven era un nombre rico, un noble, que vino a expresar su gratitud y a recompensarle. Pero aquel campesino dijo que no hacía falta ninuna recompensa ya que sólo había cumplida con su deber, lo que cualquiera hubiera hecho. Entonces el noble ofreció costear la educación del hijo del campesino, y éste aceptó. Su hijo, gracias a esta recompensa, llegó a cursar estudios universitarios y se hizo médico. Luego en sus investigaciones descubrió una medicina que salvó muchas vidas. Así que, sea parábola o historia verídica, esto ilustra la ley de la recompensa, de la siembra y la cosecha.
No hay nada que hagamos sirviendo de buena voluntad que quede sin recompensa. La ley de la siembre y la cosecha funciona, pero no siempre da fruto instantáneamente. No obstante, aunque tarde en venir, la recompensa llegará, porque Dios lo promete. El versículo 8 promete: “el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor”. No siempre vamos a recoger de donde hemos sembrado, pero el Señor asegura que recogeremos, y Su promesa no falla.
Hebreos 6:10 dice que “Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún”. Como creyentes servimos al Señor sirviendo a los santos. Y hermanos, tenemos tantas oportunidades todos los días, que nadie tiene excusa para ir al cielo con las manos vacías. Quitemos nuestros ojos de nosotros mismos y miremos alrededor las oportunidades que todos los días tenemos.
Lucas 6:38 exhorta: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. También está hablando de la recompensa. Dios dice que “con la misma medida” nos recompensará, y esto debe hacernos pensar. Es una promesa y también una advertencia. Si somos parcos y mezquinos, entonces en la misma manera que hemos dado o rehusado, nos volverán a medir. ¡Cuidado! Es una lección que nos urge aprender, pero aparentemente hay quienes no lo creen o no lo quieren aprender. Dios nos manda ser generosos y dar con buena medida. “Dad, y se os dará”.
Habrá reconocimiento y recompensa en el cielo. El que siembra abundantemente va a recibir de la misma manera. 2 Corintios 9:6-11 lo asegura. El versículo 6 afirma: “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. No podemos sembrar un grano de trigo y luego esperar cosechar todo un campo de trigo. Ni podemos ofrendar de forma “simbólica” y esperar gran recompensa. Dios es generoso y quiere que Su pueblo también lo sea. En el versículo 7 aprendemos que Dios ama al dador alegre. Esto sigue la idea de Efesios 6:7, de la "buena voluntad”. En el versículo 8 habla de abundar para toda buena obra. Los versículos 9-10 prometen que Dios proveerá y multiplicará el fruto si sembramos así. El versículo 11 habla de “liberalidad” y asegura que las ofrendas que son así producirán acciones de gracias. La recompensa será como el servicio, y una de las maneras de servir a Dios es con nuestras ofrendas.
Es cierto que va a redundar si hacemos lo que Dios dice. Gálatas 6:9-10 nos instruye: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”. No nos cansemos de hacer bien, ni de servir bien. Aprovechemos las oportunidades que tenemos. “A todos” dice, y aunque no lo agradecen los del mundo, Dios sí, y en el cielo nos recompensará. Los hombres olvidan, pero Dios nunca lo hace. Y termina diciendo: “mayormente a los de la familia de la fe”. Porque la casa del Señor debe tener gran prioridad en nuestro servicio, incluso en nuestras ofrendas. Ser tacaños con nuestros hermanos es una señal de problemas de corazón. Que el Señor nos ayude a recordar que en nuestro servicio le estamos sirviendo a Él, para que lo hagamos de buena manera y de buena voluntad. Él nos ayudará, si tomamos este compromiso. Que así sea para Su gloria. Amén.

de un estudio dado por Lucas Batalla, el 25 de febrero, 2010

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

sábado, 6 de febrero de 2010

EN ESTO PENSAD -- FEBRERO 2010

LA FILOSOFÍA Y EL INTELECTUALISMO
William MacDonald

“Tened cuidado, que nadie estropee vuestra fe con intelectualismo o locuras grandilocuentes. ¡Éstas están fundadas en las ideas que tienen los hombres acerca de la naturaleza del mundo y no toman en cuenta a Cristo!” (Col. 2:8 parafraseado por Phillips).

La palabra griega que Phillips traduce como “intelectualismo” es la misma de la que proviene la palabra “filosofía”. Básicamente significa amor por la sabiduría, pero más tarde adquirió otro significado, es decir, la búsqueda de la realidad y el propósito de la vida.
La mayoría de los filósofos se expresan en un lenguaje complicado y grandilocuente. Sus palabras, incomprensibles para una persona normal; apelan a aquellos que les gusta emplear su poder intelectual para revestir las especulaciones humanas con palabras difíciles de entender.
Francamente, las filosofías humanas no sirven de mucho. Phillips se refiere a ellas como “intelectualismo y locuras grandilocuentes”. Están basadas en las ideas que tienen los hombres acerca de la naturaleza de las cosas, y ellos no hacen caso de Cristo. Se cita al famoso filósofo Bertrand Russell, que decía al final de su vida: “La filosofía ha demostrado ser un fracaso para mí”.
Al cristiano sabio no se le puede engañar con las locuras grandilocuentes del seudo intelectualismo de este mundo. Se niega a inclinarse ante el altar de la sabiduría humana. Por el contrario, sabe bien que todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento se encuentran en Cristo. Así que, pone a prueba todas las filosofías humanas por medio de la Palabra de Dios y como resultado, las rechaza porque ve que se oponen a las Escrituras.
No cambia de parecer cuando los filósofos salen en primera plana con algún nuevo ataque contra la fe cristiana. Es suficientemente maduro para juzgar y percatarse de que no puede esperar nada mejor de ellos.
No se siente inferior por no poder conversar con los filósofos utilizando palabras de muchas sílabas o seguirles en sus razonamientos complicados. Se siente desconfiado ante la incapacidad de ellos para dar a conocer su mensaje con sencillez y se regocija de que el evangelio puede entenderlo el hombre común, por ignorante que éste sea.
Detecta en los filósofos la trampa de la serpiente: “...seréis como Dios” (Gn. 3:5). El hombre es tentado a exaltar su mente y sus poderes intelectuales por encima de la mente de Dios. Pero el cristiano sabio rechaza la mentira del diablo. Derriba argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios (2 Co. 10:5).
de su libro DE DÍA EN DÍA, Editorial CLIE

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
AVISO: "MIRAD LO QUE OÍS" (Mr. 4:24)

El Señor Jesús nos amonesta a que seamos cuidadosos con lo que oímos. Somos responsables de controlar lo que entra a través de la puerta del oído, así como de emplear lo que escuchamos como es debido.
No debemos dar oído a lo que es manifiestamente falso. Las sectas están vomitando su propaganda en volumen sin precedente. Siempre están buscando a alguien que esté dispuesto a escuchar. Juan dice que no debemos recibir en nuestra casa a los sectarios, ni siquiera saludarles, porque están contra Cristo.
No debemos escuchar lo que es engañosamente subversivo. Los jóvenes en colegios, universidades y seminarios están expuestos cada día a una andanada de comentarios que ponen en duda y niegan la Palabra de Dios. Escuchan explicaciones poco convincentes de los milagros y deforman el sentido simple de la Escritura. Se esfuerzan en minimizar la persona del Señor con alabanzas descoloridas. Aun si no logran destruir la fe del estudiante, sí desfiguran su pensamiento. Es imposible escuchar enseñanza subversiva y no ser afectado por ella. “¿Tomará el hombre fuego en su seno, sin que sus vestidos ardan? ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen?” (Pr. 6:27-28). La respuesta es obvia: “No”.
No debemos escuchar lo que es impuro o indecente. En la sociedad de hoy, la peor forma de contaminación es la de la mente. La palabra “inmundicia” es la que describe mejor a la mayoría de los periódicos, revistas, libros, programas de radio, televisión, películas de cine y conversaciones. Al estar constantemente expuesto a esto, el cristiano corre el riesgo de perder el sentido de la enorme maldad del pecado. ¡Y éste no es el único peligro! Cuando escuchamos historias viles y provocativas, éstas regresan una y otra vez para atormentarnos en nuestros momentos más santos.
No debemos llenar nuestras mentes con baratijas y cosas indignas o frívolas. La vida es demasiado breve y la tarea demasiado urgente como para entregarnos a estas cosas. “En un mundo como el nuestro, todos debemos ser celosos”.
Viéndolo de manera positiva, debemos ser cuidadosos para oír la Palabra de Dios. Cuanto más nos saturemos de ella y obedezcamos sus sagrados preceptos, más pensaremos según los pensamientos de Dios, más seremos transformados a la imagen de Cristo, y estaremos más alejados de la contaminación moral de nuestro medio ambiente.

William MacDonald, de su libro DE DÍA EN DÍA, Editorial CLIE

Align Center- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

¿A ESTO LO LLAMAS SABIDURÍA?

Pensemos ahora en la sabiduría del mundo, contrastándola con la sabiduría de nuestro Rey y Su reino. Por su propia sabiduría, el hombre nunca puede llegar a conocer a Dios. Piensa que la predicación del evangelio es una verdadera locura, pero Dios en Su sabiduría lo usa para salvar a los que creen (1 Co. 1:21). El hombre jamás escogería cosas necias, débiles, viles, menospreciadas o insignificantes para realizar sus propósitos. Pero Dios las ha escogido así, y con ellas avergüenza a lo sabio y a lo fuerte, reduciendo el tamaño de aquellos a los que el mundo considera grandes (1 Co. 1:27-28).
De éstas y otras maneras, Él enloquece la sabiduría del mundo. No es de extrañar que Pablo dijese: “la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: Él prende a los sabios en la astucia de ellos” (1 Co. 3:19). Y la afirmación de Traill es también muy fuerte; él dijo: “La sabiduría fuera de Cristo es locura fatal”.
La locura más grande del mundo es la manera en la que rechaza la Palabra de Dios. Esto le priva de una autoridad infalible y le obliga a ir a la deriva en un mar de opiniones humanas. No nos confundamos: el hombre, o acepta la verdad de Dios o acepta la opinión humana. Y si se inclina por la opinión, surge la pregunta: “¿Cuál es la opinión correcta?” Son las ideas de uno en contra de las de otro. Suelen ser las opiniones vocales las que más arrastran, por muy incoherentes o extravagantes que sean.
El cristiano tiene un fundamento firme: la Palabra de Dios. Tiene un criterio absoluto para juzgar las palabras, los pensamientos y los hechos. Examina todo a la luz de las Sagradas Escrituras. Las opiniones humanas pueden oscilar, pero la ley de Dios no.
Con la Biblia, existen absolutos. Hay cosas que están bien y cosas que están mal. Pero al rechazar la Biblia, todo es relativo; y así no se puede calificar algo como malo. Emborracharse y drogarse puede ser un problema genético o nada más que una enfermedad. La homosexualidad es un estilo de vida aceptable. La fornicación está bien mientras se haga en amor. La vida humana es sagrada excepto en lo tocante al aborto. La disciplina de los niños es tabú. El matrimonio no es más que un papel legal que se puede romper por cualquier causa. La puerta está abierta de par en par invitando al feminismo, la seducción psicológica, el humanismo, el misticismo oriental, el ocultismo y la idolatría. Lo que importa es la opinión que tenga la gente acerca de estas cosas.
El mundo exalta al hombre y a su intelecto. El creyente exalta la Palabra de Dios, y sabe que el principio de la sabiduría es el temor de Dios (Sal. 111:10). El mundo calcula la riqueza según la abundancia de sus posesiones. El creyente la calcula según sus pocas necesidades. El rico necio acumula cosas materiales. El cristiano sabio lo deja todo por Cristo. El mundano hace tesoros en la tierra, el discípulo los hace en el cielo.
Dios considera necedad la sabiduría del mundo. Lo insensato de Dios es más sabio que los hombres.
No obstante, el Señor Jesús pronunció la sorprendente declaración de que hay un aspecto en que: “los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz” (Lc. 16:8). Los incrédulos hacen provisión para el futuro; el futuro, en lo que a ellos respecta, está aquí en la tierra. Los hijos de luz no hacen provisión para su futuro en el cielo; sino que viven para las cosas presentes en lugar de vivir para realidades eternas como debieran.
William MacDonald, de su libro: MUNDOS OPUESTOS

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

"Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros
de la sabiduría y del conocimiento"
(Col. 2:2-3).

Para mi gran sorpresa hallé en la casa de un creyente estos libros: "El Poder de la Mente sobre la Sabiduría", "Las Edades Esotéricas del Hombre", (colección "perlas de sabiduría") y de la escuela de filosofía: "De Sócrates a Sartre". ¿Por qué no está satisfecho con Cristo y la Palabra de Dios y se tiene que meter en pensamientos vanos de hombres perdidos? (1 Co. 3:20) Hermanos, Dios nos ha dado en Cristo un gran tesoro de divina sabiduría, ¡y Él es más que suficiente! No sea hallado más entre nosotros la sabiduría vana de este mundo. ¡Hagamos una buena limpieza!

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

¡VIDA NUEVA!

Cuando una persona ha fracasado daría cualquier cosa por volver a empezar. Y es que hay errores que dejan un sabor amargo y doloroso, especialmente aquellos que nos afectan a nivel íntimo y personal.
Hay quienes al comenzar el año se proponen hacer que las cosas cambien, pero pasan los días y los meses y las cosas no cambian, y si lo hacen es para peor. A menudo no hacemos el bien que queremos, sino el mal que no queremos hacer.
El problema es nuestra naturaleza. Hay algo que nos aleja de nuestros ideales más nobles. Y el paso de los años agranda las frustraciones y los desengaños. ¿Qué podemos hacer?
Lo ideal sería empezar una vida nueva, sin los errores del pasado. Ser una persona nueva, diferente. ¡Se puede volver a empezar! ¿Te parece un deseo imposible? No lo es.
HOY PUEDES EMPEZAR UNA NUEVA VIDA SI DEJAS QUE JESUCRISTO TE TRANSFORME.
¿Te preguntas cómo? Eso mismo nos hemos preguntado todos los que hemos experimentado el poder transformador de Jesucristo. Eso mismo preguntó Nicodemo, un maestro de Israel a quien Jesucristo le dijo que tenía que nacer de nuevo para ver el reino de Dios. “¿Cómo puede hacerse esto?” (S. Juan 3:9)
La respuesta es creer que Jesucristo ha venido a sustituirnos en la cruz; donde al morir, siendo Él inocente y sin pecado, sufrió como sustituto el castigo de los pecados de cada uno de nosotros. Él pagó por nosotros en la cruz, y al final gritó: “¡Consumado es!” (S. Juan 19:30), significando que todo estaba hecho. Nosotros no podemos pagar por nuestros pecados ni hacer nada para anularlos. Jesucristo hizo todo esto. A nosotros nos toca arrepentirnos, confiar en Él como nuestro Señor y Salvador para que nos dé una vida nueva, y entonces obedecer Su Palabra y seguir Su ejemplo.
Si crees que Jesucristo murió pagando por tus pecados, fue sepultado y resucitó el tercer día, esto es el Evangelio*, y recibiendo a Cristo como tu Señor y Salvador, podrás empezar una vida nueva, cuyos frutos irás viendo poco a poco.
Jesucristo es el único que puede cambiarte, el único que puede hacer de ti una persona nueva.
Se trata de una transformación interior, de un cambio profundo que quitará la raíz de la mayoría de tus problemas personales.
Muchos hemos encontrado en Cristo la oportunidad que buscábamos. Cristo nos enseña a valorar las cosas en su justa medida y nos libera de las cargas que nos agobian.
Amigo, ¿Quieres disfrutar de una VIDA NUEVA?

* 1 Corintios 15:1-4 dice: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”.

Manuel Fernández

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

¿CITA CON LA AMADA?

Eran las nueve y veinte de la mañana del domingo y Mari oyó que llamaban con insistencia a su puerta. Abrió y allí estaba John, todo sonriente. Mari le dio la bienvenida y él, entrando rápidamente, se sentó en su lugar preferido. Siempre se sentaba en el mismo lugar. Mari se sentó en el sofá y se quedó esperando en silencio. No podía evitar fijarse en lo guapo que estaba John esta mañana. Vestía un traje caro, de corte muy elegante; llevaba los zapatos lustrosos, y la corbata y los calcetines eran del mejor gusto. Se había peinado con esmero y, además de ser alto, estaba sentado bien erguido.
Mari esperó. Sabía que en el momento indicado John empezaría, porque siempre era puntual. Y así fue; él seguía mirando el reloj hasta las las nueve y media en punto, y entonces se puso de pie y empezó a hablar.
“Mari, no te imaginas cuánto significa esto para mí. Toda la semana he estado esperando este momento, deseándolo con todo mi corazón. Por fin ha llegado la hora y aquí estoy, para decirte cuánto te quiero. Mari, sólo vivo para disfrutar de este ratito contigo cada semana”.
“Oh, Mari; estaba recordando el día que te conocí. Mi corazón se estremeció y enseguida supe que estabas hecha para mí. Los días de nuestro noviazgo, nuestra boda... ¡Qué recuerdos tan dulces...!”
“Me acuerdo de cuando estuve enfermo y tú me cuidabas. perdiendo sueño mientras me atendías con aquella delicadeza. Y recuerdo cómo tus cariñosos labios rozaban mi frente cuando la fiebre se apoderaba de mí. Era como una fresca brisa del cielo. Cuidaste de mí hasta devolverme la salud y la fuerza. Sin ti habría muerto, Mari”, no hay nadie como tú".
En ese momento los ojos de John se humedecieron. Cesó de hablar, luchando por controlar sus emociones. Sacando un pañuelo, se enjugó las lágrimas y se sonó la nariz con fuerza. Tras unos momentos esforzándose por contener la emoción, recobró la compostura y continuó:
“Mari, aquí sentado esta mañana de domingo, te veo más hermosa que nunca. Tus ojos parecen limpios estanques de agua azul. Tu rostro es un espejo de encanto. Tu carácter me maravilla. Jamás he conocido a alguien tan amable, encantador, considerado, justo y recto como tú. Mari, eres sencillamente maravillosa”.
“Y sobre todo, Mari, te amo por lo que has hecho por mí. Has estado a mi lado en lo bueno y en lo malo. Cuando más te necesité te sacrificaste para salvarme la vida. Mari, jamás podré agradecerte bastante lo que has hecho por mí. Significas mucho para mí; más que cualquier otra cosa”. Luego sacó su libro de poemas y leyó uno que le gustaba mucho. Siempre leía de su libro uno de los mismos dos o tres poemas.
“Bueno Mari, es casi hora de irme. Son cerca de las diez y media según mi reloj. ¡Cuán agradecido estoy por esta oportunidad de estar contigo cada semana!. Sólo vivo para esta hora. Y ahora que me marcho quiero darte algo que expresa mi profundo amor y mi gratitud”.
En ese momento John sacó la cartera con cierto ademán de esplendidez. Dejando a un lado varios billetes de más valor, cogió uno inferior, pero muy nuevo, y con una tierna sonrisa se lo dejó sobre la mesa.
“Mari, me tengo que marchar ya. Ha sido maravilloso estar contigo, mirarte a los ojos y decirte cuánto te amo. Adiós. Hasta la semana que viene. Te quiero.”
Los vecinos vieron salir a John de la casa, montarse en su lujoso automóvil nuevo y alejarse. Mari se quedó a la puerta, mirando con los ojos empañados en lágrimas. Era un matrimonio realmente extraño. Este breve ritual se repetía cada domingo por la mañana.
Los comentarios corrían por todo el vecindario. Una hora a la semana no parecía suficiente para pasar con su mujer. John parecía tener tiempo para sus amigos; siempre estaba yendo a la playa o a la montaña, le encantaban el golf y los bolos. Luego, con sus clubs y sus asociaciones cívicas completaba las tardes. Y algunos fines de semana, ocupado como estaba con tantos viajes, incluso se mostraba impaciente en casa de Mari, esperando la hora en que había quedado con sus amigos para salir a comer al campo.
Durante la semana John nunca llamaba a Mari por teléfono, ni le escribía. Se diría que vivían en mundos diferentes, a pesar de tener un buen sistema de comunicación entre ellos.
Se rumoreaba que John ni siquiera se sentía orgulloso de su matrimonio. Cuando le preguntaban si estaba casado, procuraba cambiar de tema y se sentía molesto. Es más, le habían visto a veces con otras mujeres, o eso al menos se decía. Lo que sí es cierto, es que parecía querer aparentar no estar casado.
Él vivía bien. Se ufanaba de su indumentaria y su vehículo, claro que en su trabajo uno tiene que causar buena impresión. Uno tiene que poner altas sus miras si quiere ascender en este mundo y lograr mejor “standing”. Tiene que asociarse con los grandes si quiere llegar a ser uno de ellos. John, en realidad, vivía un poco más allá de sus posibilidades en su afán de mantenerse a la altura de los demás.
A veces pensaba un poco en Mari y en sus necesidades, pero, al fin y al cabo, él le pagaba religiosamente cada domingo. Verdad es que llevaba veinte años dándole la misma cantidad, si bien sus ingresos se habían triplicado... ¡Pero también sus gastos se habían multiplicado por tres! Pero así es la vida. Y él no cabe duda que amaba a Mari. Cada domingo reservaba una hora para hablarle de su amor por ella. Bien podría dedicar ese tiempo a sí mismo si quisiera. Madrugaba en vez de quedarse en la cama y combatía el tráfico con tal de ir a ver a Mari. Debería sentirse muy agradecida. Ese esfuerzo probaba su inmarcesible amor por ella.
Hace mucho Cristo dijo: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí” (Mt. 15:8). ¿Puede decirse esto de alguno de nosotros?

Donald L. Norbie

Traducido y adaptadode una antigua copia de “Light & Liberty” (Luz y Libertad)
El hermano Norbie es obrero y anciano en una asamblea en Greeley, Colorado, EE.UU.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

SIN TIEMPO

Me arrodillé a orar, pero no mucho,
¡Tanto tenía que hacer!
Tenía que apresurarme e ir al trabajo,
Porque las facturas pronto debía pagar.
Así que apresuré una oración,
Y pronto de mis rodillas me levanté.
Mi deber cristiano ya cumplido,
My alma en paz podía quedar.

Todo el día no tuve tiempo
Para dar una palabra de aliento
Ni para hablar de Cristo a los amigos,
Se reirían de mí, o así temía.
Ni tiempo para Dios o Su iglesia,
Por toda la vida este mi clamor era.
Ni tiempo que darle a Él o a ellos,
Y finalmente me tocó el tiempo de morir.

Y cuando ante el Señor llegué,
Me presenté mustio y cabizbajo.
En Sus manos Él un libro sostenía,
De los que una corona habían ganado.
En el libro miró y me dijo:
“Tu nombre aquí no lo puedo encontrar.
Una vez lo iba a escribir,
Pero nunca encontré el tiempo.


(Citado en el libro de la serie “LA MIES”, titulado
“Soldados o blandengues” - Carlos Tomás Knott)

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

miércoles, 20 de enero de 2010

EN ESTO PENSAD -- ENERO 2010

¿QUIERES UN GALARDÓN GRANDE?

“...prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande” (Lc. 6:35).

Estos mandamientos de nuestro Señor se refieren a nuestra conducta hacia todos los hombres conversos o inconversos, pero vamos a considerar particularmente los tratos financieros entre individuos cristianos. Es tristemente cierto que algunos de los conflictos más serios entre creyentes surgen por asuntos monetarios. Esto no debe ser así, pero desafortunadamente el viejo adagio todavía vale: cuando el dinero entra por la puerta, el amor sale por la ventana.
Una solución simple podría ser prohibir todo trato financiero entre los santos, pero no podemos hacer esto, porque la Biblia dice: “A cualquiera que te pida, dale” y “...prestad, no esperando de ello nada” (Lc. 6:30, 35). De modo que debemos adoptar varias directrices que nos permitan obedecer a la Palabra y evitar disputas y amistades rotas.
Debemos dar en cualquier caso de necesidad genuina. El don debe ser incondicional. Si damos a otro, éste no debe sentirse obligado de ninguna forma a votar por nosotros en una reunión de la iglesia o a defendernos cuando estamos equivocados. No debemos tratar de “comprar” a la gente con nuestras bondades.
El mandamiento de dar tiene sus excepciones. No debemos dar a nadie para financiar apuestas, bebidas o cigarros. No debemos dar para facilitar algún plan necio de hacerse rico que provea para la codicia del hombre.
Cuando prestamos para una causa digna, debemos hacerlo con la actitud de que no nos importa si el dinero será devuelto. La falta de pago no deberá afectar nuestra amistad y no debemos cobrar intereses por el préstamo. Si un judío, viviendo bajo la ley no podía cobrar intereses a otro compañero judío (Lv. 25:35-37), cuánto menos debe un cristiano, viviendo bajo la gracia, cobrar intereses a un compañero creyente.
Si surge un caso donde no estamos muy seguros de que la necesidad es genuina, generalmente es mejor buscar el suplir la necesidad. Si vamos a equivocarnos, es mejor hacerlo del lado de la gracia.
Al dar a los demás, debemos afrontar el hecho de que los recipientes de la caridad a menudo sienten resentimiento hacia el donante. Este es un precio que debemos estar dispuestos a pagar. Cuando a Disraeli se le recordó una vez que cierto hombre lo odiaba, dijo: “No se porqué. Últimamente no le he hecho ningún favor”.
William MacDonald, de su libro DE DÍA EN DÍA, Editorial CLIE

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

SED HACEDORES DE LA PALABRA

"Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos" (Stg. 1:22)

Es fácil escuchar un buen mensaje o leer un buen pensamiento, y aun comentar sobre su calidad, pero seguir sin que seamos cambiados por lo que hemos oído o leído. Esto es como el que comenta que una medicina es buena, pero no la toma. Si actuamos así no podemos echar la culpa a la medicina porque ella no nos benefició. La Palabra de Dios, fielmente ministrada, es una medicina espiritual buena y necesaria. Pero debemos hacer más que meramente aplaudirla o comentar que es buena. Debemos recibirla, admitirla en nuestra vida y permitir que nos cambie. Nos engañamos si pensamos bien de nosotros mismos porque meramente oímos lo que es bueno, pero no llegamos a ser hacedores.
Doug Kazen, del un calendario devocional

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Herido en Casa de Sus Amigos
La triste realidad es que Cristo ha sufrido enormemente por causa de las vidas de los que profesan ser sus discípulos. Ha sido herido en casa de sus amigos. Dice James Spink: "Es mayor el daño hecho a la causa del cristianismo por sus partidarios que por sus enemigos, porque el mundo frecuentemente contrasta la profesión de un cristiano con su práctica. Argumentan con razón que si el cristianismo es lo que decimos que es, debería influir en la vida que llevamos".
Hudson Taylor estaba de acuerdo con lo anterior. "Las inconsecuencias de los cristianos, que en tanto que profesan creer sus Biblias se contentan con vivir como si ese Libro no existiese, ha sido uno de los más poderosos argumentos de mis compañeros escépticos".
William MacDonald, El Mandamiento Olvidado: Sed Santos, Editorial Portavoz, págs. 11-12

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Tu Apariencia Externa

“Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino a Faraón” (Génesis 41:14).
“Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió”(2 Samuel 12:20)

“Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Timoteo 2:9-10).

La apariencia es una expresión externa de respeto interior hacia el hombre y de reverencia hacia Dios. La modestia es una expresión de humilidad, piedad y santidad, porque no atrae la atención sobre uno mismo.
de "Milk & Honey" ("Leche y Miel"), septiembre, 2009.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

LOS DEL MUNDO NO TIENEN POR QUÉ CANTAR

“Recuerdo que en una conferencia uno de los predicadores dijo: “Por lo general, los cristianos son los únicos que se reúnen para cantar”. Puedes por supuesto encontrar alguna excepción, pero esto no quita el punto que él hacía. No escuchando la música, sino cantándola, es mucho más una parte de la vida del creyente que lo es en la vida del incrédulo.
Realmente esto no debe sorprendernos. ¡Tenemos más razones por las que cantar! Tenemos un Salvador cuyo amor es tan grande que Él voluntariamente sufrió el tormento y la vergüenza de la cruz por Sus enemigos... Cantamos acerca de Él, y a Él, porque le amamos. Y la Biblia, de portada a portada, tiene muchas canciones acerca del Hijo de Dios.”
J.B.Nicholson Jr, de la revista “Uplook”, enero-febrero 2008

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -


¿Arrepentimiento o Remordimiento?

“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2 Co. 7:10).

Generalmente se cree que cuando alguien expresa tristeza o llora sobre un pecado, manifiesta arrepentimiento. Las lágrimas y la tristeza pueden ser parte del arrepentimiento, pero no siempre indican un arrepentimiento piadoso. Las Escrituras nos ilustran esta realidad en varias ocasiones.
Hablando de Esaú, dice: “Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas” (He. 12:17). Escribiendo sobre esta porción, el hermano Flanigan comentó: “La tristeza de Esaú, sin embargo, no era la sabiduría del arrepentimiento. Era la tristeza de autocompasión porque neciamente había perdido tanto. Lo que Esaú buscó con lágrimas no fue el arrepentirse de lo que había hecho mal, que es lo que algunos entienden al leer este texto. Lo que buscó era recuperar la bendición que había perdido a manos de Jacob (Gn. 27:1-40)”.
Acán confesó pero sólo después de ser identificado como el culpable de la derrota de Israel ante Ai (Jos. 7:20-21). Ocultó su pecado hasta que no le quedó más remedio que confesarlo. Fue el Señor que señaló a Acán. Entonces, y sólo entonces, descubierto, Josué le conjuró, y él confesó. Alguien ha dicho que la confesión de Acán fue del “remordimiento de ser descubierto”. Frecuentemente se dice que cuando son detenidos los ladrones, se entristezen, pero su tristeza es porque han sido detenidos y ahora saben que serán castigados. Judas también puede caer en esta categoría de tristeza (Mt. 27:3). El hermano McShane añade: “No toda tristeza es de Dios, porque hay una tristeza del mundo que produce muerte”. Ciertamente fue así con Judas.
En nuestro texto prinicipal Pablo parece decir que hay arrepentimiento que conduce a salvación, o liberación del pecado indicado. Este arrepentimiento es genuino, del corazón, y no es abandonado con el paso del tiempo. Como en el caso del hijo pródigo, es una convicción, una tristeza respecto al pecado. Trae restauración y un cambio de sentido en la vida. Puede que haya o no haya lágrimas, pero sí habrá un cambio que con tiempo demuestra que es real.
Steve Hulshizer, Milk & Honey ("Leche y Miel"), enero, 2010

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Las Etiquetas

La rosa, si es llamada otra cosa, todavía huele bien, es verdad.
Pero si de “rosa” etiquetamos, a petunias y geranios,
Siguen siendo lo que son, la etiqueta nada cambia.

Nos gustan las etiquetas, porque nos ahorran el trabajo de pensar. Muchos se llaman socialistas o demócratas o republicanos sin saber qué significa la etiqueta. Uno puede llevar la etiqueta de “éxito” si ha ganado mucho dinero, aunque su vida personal sea un fracaso colosal.
Una etiqueta popular pero poco precisa es la de “cristiano”. Mucha gente, si le pregunta: “¿es usted cristiano?” diría que “sí”. Esto es porque la etiqueta incluye a tales como:

1. Cristianos Hereditarios. Personas cuyos padres eran cristianos y por lo tanto ellas piensan que también lo son. Puede que asistan ocasionalmente a una iglesia, o quizá van con regularidad, especialmente a la iglesia de sus padres.
2. Cristianos Éticos. Personas que son buenas. Viven vidas decentes y quieren que los demás también vivan así. Son ciudadanos respetuosos, buenos vecinos, buena gente. Les gusta la Regla de Oro que enseñó Jesús. Piensan que si uno hace lo mejor que puede, eso es todo lo que se puede pedir.
3. Cristianos Culturales. Personas que viven en una comunidad o nación que se llama “cristiana”, donde predomina una religión “cristiana”. Les gustan la música y las ceremonias, especialmente para bautizos, bodas y entierros.
4. Cristianos Sociales. Personas que les gusta encontrar a sus amigos en los cultos de la iglesia. Les gusta que sus hijos hagan buenas y sanas amistades allí, y disfrutan las actividades sociales. Los hombres de negocio encuentran que asociarse con una iglesia va bien para el negocio.
5. Cristianos Verdaderos. Personas que creen que Jesucristo es el Hijo de Dios que murió en la cruz para obtener el perdón de sus pecados. Creen como dijo uno: “yo soy el pecador por quien Cristo murió en la cruz”. Los cristianos verdaderos han reconocido que son pecadores, se han arrepentido y le han aceptado como su Señor y Salvador.

Puede que este último grupo también tenga padres cristianos, intenten vivir vidas decentes, asistan a los cultos de una iglesia y disfruten actividades culturales y sociales de cristianos. Pero reconocen que ninguna de estas cosas les constituye “cristiano”. Un cristiano ha experimentado un cambio tan radical y completo que es llamado “nacer de nuevo”.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

MI CORAZÓN: HOGAR DE CRISTO

Una tarde abrí mi corazón a Cristo y ¡qué entrada hizo! No fue nada espectacular ni emocional, pero sí real. Algo sucedió en mi vida. Él cambió en luz las tinieblas de mi corazón. Encendió un fuego que despachó el frío. Comenzó la música donde siempre había habido silencio, y llenó el vacío con Su maravillosa comunión. Nunca me he arrepentido de haberle abierto la puerta a Cristo, y no me arrepentiré nunca, ¡jamás! En el gozo de esta nueva relación, le dije a Cristo: “Señor, quiero que mi corazón sea Tuyo. Quiero que Te establezcas aquí y que este sea Tu hogar. Todo lo que tengo Te pertenece. Déjame que Te enseñe lo que hay por aquí”.
El primer cuarto era el estudio – la biblioteca. En mi hogar, este "cuarto" de mi mente es muy pequeña, con unas paredes muy gruesas, pero es muy importante. En un sentido, es la central de mi casa. Él entró conmigo y echó una mirada a los libros en la estantería, las revistas que había encima de la mesa y los cuadros de la pared. Tan pronto como noté la intensidad de Su mirada, comencé a sentirme incómodo. Extrañamente, no me había sentido cohibido por esto antes, pero ahora que Él estaba mirando todas esas cosas, estaba avergonzado. Sus ojos eran tan puros, que no podía contemplar algunos de los libros que había allí. Había un montón de basura y de literatura encima de la mesa, en la cual un cristiano no debería tener interés en leer; lo mismo ocurrió con los cuadros que había en la pared – los pensamientos e imaginaciones de la mente – algunos eran vergonzosos.

CUELGA ESTE CUADRO EN TU MENTE
Me volví hacia Él y le dije: “Maestro, sé que esta habitación necesita algunos cambios radicales. ¿Me ayudarás a hacerlo como debe ser, y que cada pensamiento esté enfocado hacia Ti?” “¡Por supuesto!” dijo. “Antes de nada, toma todo lo que miras y lees que no es útil, puro ni verdadero, y tíralo. Ahora, en los estantes vacíos pon los libros de la Biblia. Llena la biblioteca con la Escritura y medita en ella día y noche (Josué 1:8). Haz lo mismo con los cuadros; tendrás dificultad en controlar todas estas imágenes, pero aquí tienes una ayuda”. Me dio un retrato Suyo de tamaño natural. “Cuélgalo en el centro”, me dijo: “en la pared de tu mente”. Así lo hice, y he descubierto a través de los años que cuando mi atención está centrada en la persona de Cristo, Su pureza y poder hacen que las imágenes impuras se retiren. Así me ha ayudado a enfocar hacia Él mis pensamientos.
Pasamos a la cocina y el comedor. Aquí había gastado mucho tiempo y me había esforzado mucho para satisfacer mis deseos. Le dije: “Este comedor es un lugar comodísimo, y estoy muy seguro de que te gustará y estarás complacido con lo que servimos”. Se sentó en la mesa conmigo y me preguntó: “¿Qué hay para cenar?” “Bueno”, le dije: “mis platos favoritos: huesos viejos, cáscaras de maíz, basura agria, puerros, cebollas, y ajos de Egipto”. Esas eran las cosas que me gustaban – la comida mundana.
Cuando se le sirvió la comida, no dijo nada, pero observé que Él no estaba comiendo. Le dije: “Maestro, ¿no te gusta la comida? ¿Cuál es el problema?” Me contestó: “Tengo una comida que tú no conoces...si quieres comida que realmente satisfaga, busca la voluntad del Padre, no tus propios placeres, no tus deseos, no tus satisfacciones, sino busca lo que Me agrada. Ésta es la comida que satisface”. Allí en la mesa, Él me dio a probar el gozo de hacer la voluntad de Dios. ¡Qué gusto! ¡Qué sustento y vitalidad da al alma! No hay comida como esta en todo el mundo. Sólo ella satisface.

HORAS MARAVILLOSAS EN ESTE CUARTO
Del comedor nos dirigimos al salón. Era bien acabado, y cómodo y me gustaba mucho. Tenía un hogar, unas sillas tapizadas, un sofá, y su atmósfera era tranquila. Él dijo: “Sin duda que esta sala de estar es encantadora. Vengamos aquí a menudo, para tener comunión”. Bueno, como un joven cristiano, estaba yo emocionado. No podía pensar en otra cosa que podría hacer más que tener unos minutos de comunión íntima con Cristo. Me prometió: “Estaré aquí cada mañana temprano. Reúnete aquí conmigo, y comenzaremos el día juntos”.
Así que, mañana tras mañana, bajaba al salón. Él tomaba un libro de la Biblia, lo abríamos y lo leíamos juntos. Me contaba de Su riqueza y me revelaba Sus verdades. Mi corazón ardía cuando me revelaba el amor y la gracia que tenía hacia mí. Eran horas maravillosas.
Pero poco a poco, bajo la presión de muchas responsabilidades, el tiempo comenzó a acortarse. Por qué, no lo sé, pero pensaba que estaba demasiado ocupado para pasar tiempo con Cristo. No lo hacía intencionadamente, ¿sabes? Simplemente ocurrió de esta manera. Finalmente, no sólo se acortó el tiempo, sino que empecé a fallar un día ahora, otro después... Entonces llegué a faltar dos días seguidos, y cada vez más a menudo.
Recuerdo una mañana que me estaba apresurando por las escaleras, impaciente por seguir mi camino, y al pasar al lado del salón noté que la puerta estaba entreabierta. Eché una mirada, y vi el fuego ardiendo en el hogar y el Maestro sentado al lado. De repente pensé consternado: “Él es mi huesped. ¡Le he invitado a venir a mi corazón! Él ha venido y le estoy desatendiendo”. Abatido, le dije: “Bendito Maestro, perdóname. ¿Has estado aquí todas estas mañanas?” “Sí”, me dijo: “Te dije que lo haría. Recuerda, te amo. Te he redimido a gran coste. Deseo tu comunión. Aunque no reserves este tiempo por ti, hazlo por Mí”.
La verdad de que Cristo desea mi compañía, de que quiere que esté con Él, y que me espera, ha hecho más para transformar mi tranquilo tiempo con Dios que ningún otro factor. No le dejes a Cristo esperar solo en el salón de tu corazón, sino cada día, encuentra tiempo, cuando con tu Biblia y en oración, puedes tener comunión con Él.

¿JUGUETES PARA EL REINO DE DIOS?
Antes de que pasara mucho tiempo, me preguntó: “¿Tienes un taller en tu casa?” Abajo, en el sótano de la casa de mi corazón tenía una banqueta con varias herramientas, pero no hacía muchas cosas con ellas. Alguna vez bajaba y hacía bulla con unos pocos aparatitos, pero no estaba produciendo nada de provecho. Le llevé allí. Echó una mirada al banco de trabajo y dijo: “Bueno, esto está muy bien equipado. ¿Qué estás produciendo para el Reino de Dios?” Miró un par de juguetes que había tirado encima de la banqueta. Levantó uno y me dijo: “¿Son estos juguetitos lo que estás produciendo en tu vida cristiana?” “Bueno”, dije: “Señor, ya sé que esto no es mucho, y realmente quiero hacer más, pero después de todo, parece que no tengo suficiente fuerza para hacer más”. “¿Te gustaría hacerlo mejor?”, preguntó. “Desde luego”, repliqué. “Bien, dame tus manos. Ahora relájate en Mí y deja que mi Espíritu trabaje en ti. Ya sé que eres un poquito torpe, pero no importa, porque el Espíritu Santo es el Maestro del hombre trabajador, y si Él controla tus manos y tu corazón, trabajará por medio de ti”. Poniéndose detrás mío y con Sus manos fuertes sobre las mías, tomando las herramientas con Sus dedos, comenzó a trabajar en mí. Cuanto más me relajaba y confiaba en Él, más podía hacer Él con mi vida.

PERDÓN POR TENER ESTE LÍO EN LA HABITACIÓN

Me preguntó si tenía una sala de juegos. Estaba esperando que no me preguntara nada acerca de eso. Había ciertas asociaciones, amistades, actividades y diversiones que quería guardármelas para mi mismo. Una tarde, cuando me estaba marchando para unirme con algunos compañeros de la universidad, Él me paró y preguntó, “¿Vas a salir esta tarde?” “Sí”. “Bien”, dijo: “Me gustaría ir contigo”. “Oh”, contesté torpemente: “Señor Jesús, realmente pienso que no quieres venir conmigo. Salgamos mañana por la noche. Mañana por la noche iremos a la reunión de oración, pero hoy tengo otra cita”. “Lo siento”, me dijo: “Cuando vine a tu hogar pensé que todo lo íbamos a hacer juntos, para ser compañeros. Quiero que sepas que deseo ir contigo”. “Bueno”, refunfuñé, deslizándome fuera de la puerta: “Iremos a algún sitio mañana por la noche”.
Esa tarde pasé unas horas horribles. Me sentía miserable. ¿qué clase de amigo era yo para Cristo, cuando le dejaba fuera de mis asociaciones, haciendo cosas y yendo a lugares que sabía que Él no disfrutaría? Cuando volví esa tarde, había luz en Su habitación, y entré para hablar con Él. “Señor, he aprendido la lección. No puedo pasar buen tiempo sin Ti. Lo haremos todo juntos”. Entonces bajamos a la habitación desordenada de la casa y Él la transformó. Trajo nuevas amistades a mi vida, nuevas satisfacciones, gozos nuevos y duraderos. La música y la risa del contentamiento han estado sonando en la casa desde entonces.

EN ESTA CASA HAY ALGO MUERTO

Un día le encontré esperándome en la puerta. Con una mirada de reproche en Sus ojos, y me dijo tan pronto como entré: “Hay un olor peculiar en esta casa.
Hay algo muerto por aquí. Viene de arriba, seguro que está en el desván”. Nada más decir estas palabras, yo sabía de qué estaba hablando. Sí, había un pequeño desván en el rellano, de unos cuantos metros cuadrados. En este desván, bajo llave y candado, tenía una o dos cositas personales que no quería que Cristo las viese. Yo sabía que estaban podridas, y tanto las quería para mi, que temía admitir que estaban allí.
Subí con Él, y cuanto más subíamos las escaleras, más fuerte se hacía el olor. Él señaló la puerta. Yo estaba muy molesto. Es la única manera en que lo puedo decir. Le había dejado entrar a la biblioteca, al salón, al sótano, y ahora me pedía aquel pequeño desván. Me dije a mi mismo: “Esto es demasiado. No le voy a dar la llave”. Leyendo mis pensamientos, me dijo: “Si piensas que voy a estar aquí con este olor, estás equivocado. Voy a salir al patio”.
Observé como empezaba a bajar las escaleras. Mi resistencia cedió. Cuando uno llega a conocer y amar a Cristo, la peor cosa que le puede pasar es sentir la rotura de la comunión con Él. Tuve que rendirme. “Te daré la llave”, dije tristemente: “Pero Tú tendrás que abrir el desván y limpiarlo. Yo no tengo fuerzas para hacerlo”. “Simplemente dame la llave”, dijo. “Dame permiso para encargarme del desván y lo haré”.

DIRÍGELO TODO
Con dedos temblorosos le pasé la llave. Él la tomó, se acercó a la puerta, la abrió, entró, tomó las porquerías y cosas podridas y las tiró. Entonces limpió y pintó el desván. Estuvo hecho en un abrir y cerrar de ojos. ¡Qué victoria fue para mí el echar fuera de mi vida algo muerto! Me vino un pensamiento: “Señor, ¿hay posibilidad de que tomes la dirección de toda la casa y operes en toda mi vida de la misma manera que lo has hecho con el desván? ¿Tomarías la responsabilidad de hacer de mi vida lo que debe ser?”
Su rostro se iluminó al tiempo que replicaba: “Por supuesto, eso es lo que quiero hacer. No puedes ser un cristiano victorioso mediante tu propia fuerza. Déjame actuar a través de ti y a favor tuyo. ¡Así se hace! Pero”, añadió lentamente: “No soy más que un huésped. No puedo proceder con autoridad, puesto que la propiedad no es mía”.
Arrodillándome, le dije: “Señor, Tú has estado siendo el huésped y yo el anfitrión. Desde ahora yo seré el siervo y Tú serás el Señor”. Corrí tan rápido como pude para llegar a la caja fuerte. Tomé las escrituras de las propiedades, posesiones, y responsabilidades mías, y con ánimo pronto firmé el traspaso sólo para Él por toda la eternidad. “Señor”, le dije, “Tómalo. Aquí está, todo lo que soy y tengo, para siempre. Dirige Tú la casa. Yo simplemente me quedaré contigo como siervo y amigo”.
Las cosas han cambiado desde que Jesucristo se estableció así e hizo Su morada en mi corazón.

Robert Boyd Munger, originalmente publicado en inglés por Intervarsity Press ("My Heart, Christ's Home).

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

ASAMBLEA BÍBLICA "BETEL"
Calle Torreblanca, nº6 (detrás de la muralla Macarena), 41003 Sevilla
Correspondencia: Apartado 1313, 41080 Sevilla, España
Internet: http://asambleabetel.blogspot.com

Horario de cultos semanales:
domingo: 11:00 mañana Cena del Señor y luego una Exposición Bíblica
7:00 tarde Predicación de la Palabra de Dios
jueves: 8:00 tarde Oración y Reflexión de la Palabra


"Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones". Hechos 2:42