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viernes, 30 de junio de 2023

EN ESTO PENSAD - julio 2023

 Una Vez En Cristo, Para Siempre En Él
William MacDonald

Desde temprano en la historia de la Iglesia, esta cuestión crucial ha sido debatida: ¿Es el creyente salvado eternamente, o puede perder su salvación mediante el pecado? En un lado están los calvinistas,1 que enseñan la perseverancia de los santos,2 o mejor dicho, la perseverancia de Cristo. En el otro lado están los arminianos,3 que enseñan que la salvación es condicional o probacional. Esta disputa doctrinal seguirá tanto tiempo como la Iglesia esté en este mundo.
    Siendo perfectamente franco, hay Escrituras que parecen apoyar cada lado. Hay versículos, que si los tomamos aislados, confirman a un metodista o un pentecostal cuando por ejemplo cree lo que a veces se llama “la doctrina de caer de la gracia”. Y hay muchos otros pasajes que aseguran a los bautistas conservadores y muchos otros creyentes que su salvación está segura para siempre.
    Encontrarás a verdaderos creyentes en ambos lados. Juan Wesley era un arminiano fuerte, y más adelante Charles Spurgeon era de tendencia calvinista. Tomaron puntos de vista opuestos sobre la cuestión. Sin embargo, ¿quién dudaría de la realidad de su experiencia de conversión? Ambos eran verdaderos cristianos. Ningún lado puede jactarse de un monopolio en el nuevo nacimiento.
    Y ningún lado puede jactarse de un monopolio en la santidad. Las vidas piadosas de hombres y mujeres de ambas escuelas de pensamiento deben hacernos ser prudentes, para no rechazarlos sin causa ni hablar de ellos sin amor.
    Por lo tanto, al hablar del tema, es inútil intentar establecer nuestro punto mediante referencias a cristianos prominentes. El otro lado puede hacer esto también con igual eficacia. Aun el hecho de citar palabras de esos líderes carece de valor, a menos que sus palabras sean basadas en las Escrituras y ayuden a ilustrarlas.
    Otra forma inútil de argumentar es apelar a la experiencia humana. A menudo escuchamos este tipo de argumento, como si fuera definitivamente: “Pues, yo conozco a alguien que...” Pero esta forma de proceder descuida el hecho de que hay muchas clases de experiencia humana. Y todavía más importante, olvida que, para tener valor como prueba de algo, toda experiencia espiritual debe conformarse a la Palabra de Dios.
    Al formar nuestras convicciones sobre el asunto, debemos acercarnos a las Escrituras en humildad. Hay problemas en ambos lados de la cuestión de seguridad, condicional o incondicional. Debemos enfrentarlos honestamente.
    Debemos acercarnos a las Escrituras con una actitud de oración, pidiendo al Espíritu Santo que nos  guíe e ilumine con la verdad mientras leemos y estudiamos la Palabra.
    Y debemos mirar las Escrituras objetivamente. En lugar de meramente buscar argumentos que apoyen nuestra posición preconcebida, o tradicional, debemos estar constantemente abiertos a la enseñanza del Espíritu, en la Palabra de Dios. De acuerdo que esto es difícil. Una vez que hayamos tomado públicamente una posición sobre un tema controversial, es difícil cambiar, porque nos hace quedar mal.
    Al estudiar objetivamente, debemos seguir estas cuatro normas sencillas:
    1. Un versículo debe estudiarse en su contexto inmediato. Si el contexto tiene que ver con servicio, no debemos aplicarlo a salvación.
    2. Un versículo debe interpretarse a la luz de todo el resto de la Palabra de Dios. Ningún pasaje solo, cuando es correctamente entendido, va a contradecir docenas de otros versículos.
     3. Las definiciones deben incluir todo uso principal de la palabra.
    4. Toda doctrina debe basarse sobre todo lo que la Biblia enseña acerca de la cuestión.
 
   Está claro por el mismo título de este libro que el autor está persuadido de que el creyente está eternamente seguro. En el resto del libro, procura demostrar la base bíblica de esta posición. Pero también examinará y explicará aquellos pasajes bíblicos que son empleados más comúnmente para alegar que un cristiano puede perder la salvación.
    Algunos se preguntarán por qué citamos tan pocos textos del Antiguo Testamento para apoyar la seguridad eterna, y por qué tan poco espacio es dado a explicar textos del Antiguo Testamento que se usan para apoyar la salvación condicional. ¿Por qué es así?
    La razón es que éstos no son temas claramente desarrollados en el Antiguo Testamento, Por ejemplo, hay muy pocos pasajes que tratan el tema de vida en el cielo después de la muerte. No cabe duda que los judíos creyentes fueron salvados por la fe en el Señor. Y no tengo ninguna duda de que era una salvación eterna. Aunque el pueblo del Señor tenía una esperanza celestial (He. 11:16), su expectación principal era el reino del Mesías aquí en la tierra. El tema del más allá se quedaba en nubes de oscuridad. Esto da sentido especial al anuncio de Pablo: “...nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti. 1:10). Verdades que existían solo en forma semilla en el Antiguo Testamento están completamente desarrolladas en el Nuevo.
    Para que nadie piense que al no tratar los pasajes del Antiguo Testamento, quisiéramos evitar dificultades, debemos mencionar que algunas de las obras definitivas sobre la salvación condicional también limitan su atención al Nuevo Testamento.

1 Los calvinistas siguen las enseñanzas de Juan Calvino, un teólogo francés (1509-1564). Él vino a ser el líder principal de la reforma en Suiza y puso gran énfasis sobre la soberanía de Dios. Extrañamente, muchos calvinistas consideran que la seguridad de la salvación es una doctrina peligrosa. 

2 La perseverancia de los santos no significa que sean salvados mediante su perseverancia, sino que los verdaderamente salvos perseverarán hasta el fin. Curiosamente, muchos de ellos no creen que es posible saber si uno es salvo hasta que llegue al final. Pero Dios dice que el que tiene al Hijo tiene la vida (1 Jn. 5:12), así que, no es presunción que un creyente sepa que tiene vida eterna.

3 Los arminianos siguen las enseñanzas desarrolladas por el teólogo holandés Jacobus Arminius (1560-1609). Enfatizaba la libre voluntad del hombre como el factor principal en la salvación, y que podría luego perderse.

Capítulo 1 del libro: Una Vez en Cristo, Para Siempre en Él, disponible de Libros Berea

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“Y Jehová le cerró la puerta” (Gn. 7.16).
Los que iban en el arca estaban seguros, porque Dios, no ellos, cerró la puerta. De igual manera nuestra salvación depende de Dios.

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Hablaron Desde El Infierno  (parte 2)

Sr. Dives Rico:  Lucas 16.19-31

Nota del entrevistador.
Al tratar de sostener una entrevista con el señor Rico, me encontré en la zona más densamente ocupada del Hades. Aparentemente, el número de aquellos que han descuidado una salvación tan grande,   excede de lejos al de los que eran culpables de crímenes violentos de abierta hostilidad a Dios y de rechazo de Su gracia.
    Pero aun aquí, en circunstancias tan amontonadas, no había ninguna comunión en el sufrimiento o simpatía mutua. Cada alma perdida estaba sola en su condenación. Era una paradoja extraña: ¡solos en multitud!
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    Mientras me abría paso a través de las multitudes de almas atormentadas en mi búsqueda del señor Rico, una y otra vez oí palabras que repetían su eco en aquellas cámaras de horror: “¡Demasiado tarde! ¡Demasiado tarde!”
    Finalmente localicé al señor Rico. Me impresionó su apariencia. Si no hubiera sabido nada de su existencia mortal, habría presumido que era un hombre delicado, exitoso, honesto y de disposición gentil.
    De lo que he observado en el Hades, el abuso y la corrupción del cuerpo en la vida terrena, necesariamente lleva una deformación del alma. Y mientras pasaba de una cámara de tormento a otra, en mi búsqueda del señor Rico, vi almas tan horriblemente grotescas y bestiales que tenía que darme vuelta, a la vista del horrible cuadro.
    Ahora, al fin, estoy delante del señor Rico. Y entonces, ¿cómo se saluda a uno encarcelado en el Hades? Esto era una nueva experiencia para mí.
    Por supuesto, era imposible estrechar la mano. Y hubiera sido algo ridículo decir: “Buen día, señor”. No hay auroras de esperanza en un nuevo día. No hay nada bueno o hermoso o alentador en el Hades. Es un lugar de noche sin fin, en medio de llamas de tormento. No hay valor en los lamentos ni hay períodos de gracia. Los cielos nunca son azules, y no hay pájaros para anunciar la llegada de la primavera con sus hermosas flores y suaves brisas. La única música es el clamor de desesperación y la única canción el continuo y discordante lamento del fútil remordimiento.
    Acercándome lo más cerca que era posible, dije:
—Señor Rico, he recibido permiso para venir aquí y pedirle que me conceda una entrevista. La decisión depende de usted, pero sentiría mucha gratitud si me permitiera hacerle varias preguntas. Usted puede terminar la conversación en cualquier momento y, por supuesto, negarse a contestar cualquier pregunta que le parezca demasiado personal o penosa. ¿Qué me dice, señor?
    Por un largo tiempo, me miró fijamente sin contestar. Comencé a sentir que era él quien quería hacer la entrevista, de modo que él fuera quién tuviera preguntas que quería hacer. Más tarde descubrí qué era lo que tenía en mente.
    Hubo un ligero asentimiento con su cabeza. Y entonces dijo:
—Si usted quiere, puede seguir con sus preguntas, y contestaré lo mejor que pueda dentro de mi capacidad, y dentro de los límites de la Sagrada Escritura. Pues bien, ¿por dónde empezamos?
—Quisiera empezar con el fondo de su vida mortal, pero cuando dijo que contestaría “dentro de los límites de la Sagrada Escritura”, eso me puso una definida restricción sobre lo que pueda preguntarle en cuanto a su historia terrena. Vea, cuando el Señor Jesús usó su trágico destino para ilustrar su experiencia, dijo más sobre su experiencia después de la muerte que sobre su existencia en vida terrena. De hecho, todo lo que sabemos sobre usted es que era rico, usaba ropas espléndidas, vivía alegremente, hacía fiestas sin inhibiciones y cuidaba bien de sus perros. ¿Le importaría decirme cómo acumuló su riqueza? Excuse mi rudeza, pero, ¿fue honestamente?
—No necesita disculparse —dijo—. Aun cuando yo era mortal, la mayoría de la gente pensaba que no se puede ser rico y honesto a la vez. Para contestar su primera pregunta, diré que no acumulé yo mi riqueza. La heredé. Mi padre era un hombre muy rico y yo era su hijo favorito. De modo que me llegó honestamente.
   “Inclusive cuando era niño, no supe nunca lo que era la necesidad o falta de algo. Mis padres me concedieron todos los deseos y peticiones. Para mí, la opulencia y el lujo eran la norma. La gente sin riqueza y abundancia era anormal. Eran inferiores y no merecían mi atención o amistad.
—Señor Rico, permítame otra pregunta sobre su riqueza. ¿Tienen algo que ver su riqueza y posesiones con su encarcelamiento en este lugar de tormento?
—No exactamente —respondió—. No fue por el dinero que yo poseí que vine aquí, sino por mi amor y mi mal uso de él. ¿Entiende lo que quiero decir?
    —Sí, creo que sí —contesté—. De hecho, la Sagrada Escritura declara que no es el dinero, sino el amor a él que es la fuente de una variedad de males.   De modo que usted está diciendo que no es el montón de las riquezas que poseía, sino su apego a ellas lo que le impidió cumplir la voluntad de Dios para su vida.
—Así es. Durante mis días mortales, conocí unos pocos hombres que poseían muchas más riquezas que yo, pero que nunca permitieron que su riqueza afectara su relación con el señor Dios. De paso, quizás usted haya oído hablar de uno de ellos. Su nombre era José y venía de la ciudad de Arimatea.  
“Si, señor, puede que la gente que es muy rica no ame al dinero más que la gente que es muy pobre. Si yo hubiese sido un mendigo, es probable que hubiese sido infectado por el mismo vicio. Parece que…”
—Perdóneme, señor Rico —le interrumpí—, pero estoy algo confundido. Nunca pensé que la gente pobre fuese culpable de “amor al dinero”. Y a la vez, ¿por qué esa debilidad es tan seria como para contribuir a su confinamiento en este horrible lugar?
Por un momento, no contesto. Luego dijo:
—Primero, déjeme decirle que usted se sorprendería del número de gente que está aquí en estas llamas del tormento, cuya caída comenzó con el amor al dinero. Y la mayoría de ellos, mientras era mortales, eran gente pobre. Es posible amar el dinero que uno no tiene, tanto como el que sí tiene. ¿Ha pensado alguna vez en eso?
—Para decir la verdad, no —respondí—. Pero usted aún no ha contestado mi pregunta. ¿Por qué esa debilidad de amar al dinero tiene consecuencias tan serias?
El señor Rico dudó antes de contestar.
—El amor al dinero no es, como usted dice, una debilidad; es un pecado. Me he dado cuenta que, cuando era mortal, era ciego y necio. Me hubiera horrorizado de encontrar un ídolo o imagen sobre cualquiera de mis propiedades. Sin embargo, todo el tiempo estaba poniendo mi riqueza por encima de Dios. ¡Había llegado a ser mi ídolo! Al amar al dinero, no estaba amando a Dios con el amor que Él merece y requiere. ¿He sido claro?

 

del c. 1 de Hablaron Desde El Infierno, por C. Leslie Miller. continuará, d.v., en el siguiente número.

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Jesucristo El Renuevo


“He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová. Él edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos”
(Zac. 6.12-13).

Este texto habla proféticamente del Señor Jesucristo, el Mesías que un día salvará a Israel y reinará sobre todo el mundo.

1. “He aquí el varón”
    Es hombre. También fueron las palabras de Pilato cuando sacó a Cristo ante la multitud. “¡He aquí el hombre!” Enfatizan la humanidad de Cristo, que es Dios manifestado en carne (1 Ti. 3.16).

2. “Cuyo nombre es el Renuevo”
“He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo” (Zac. 3.8). Isaías profetizó de este siervo de Jehová: “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones” (Is. 42.1). En Su primera venida no reinó, sino fue rechazado y condenado a muerte. Pero resucitó, vive a la diestra del Padre, y volverá al mundo – el Renuevo – para reinar sobre las naciones.

3. “El cual brotará de sus raíces”
Significa literalmente: “de sí mismo”. Crecerá por Su propio poder. Intentaron acabar con Él, pero como predicó Pedro en el día de Pentecostés: “al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella” (Hch. 2.24).

4. “Y edificará el templo de Jehová”
El profeta Amós mencionó ese templo: “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado” (Am. 9.11). Desde que el segundo templo fue destruido por los romanos, Israel no tiene templo. Ahora un edificio pagano – la mezquita de Omar – ocupa el monte santo. Los judíos tienen deseos y planes de edificar otro templo, pero aunque consigan hacerlo, será de corta duración. Cuando venga el Mesías, Él edificará el templo milenario (Ez. 40-44).

5. “Él llevará gloria”
La gloria de Dios que salió en Ezequiel 9-10, volverá en la Persona del Mesías Jesucristo. Vendrá “con poder y gran gloria” (Mt. 24.30). “…Vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Hag. 2.7).

6. “Y se sentará y dominará en su trono”
Esta frase anticipa el reino literal y visible de Cristo sobre todo el mundo, desde Jerusalén. El Salmo 110 declara: “Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder; domina en medio de tus enemigos” (v. 2).  Con razón Dios declara en el Salmo 2, “Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte” (Sal. 2.6). El asunto ha sido decidido soberana y unilateralmente por Dios. No habrá referéndum en las naciones, ni hará falta el permiso de las Naciones Unidas, ni de ningún otro grupo. Él dominará. “Su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra” (Zac. 9.10).

7. “Será sacerdote sobre su trono” (Biblia de las Américas).
Es una mejor traducción, en lugar de “Y habrá sacerdote a su lado” como dice la Reina Valera. No es que habrá un sacerdote con Él, sino que Él es el sacerdote. “Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (Sal. 110.4). El Renuevo, el Señor Jesucristo, es Sacerdote, Profeta y Rey.

8. “Y consejo de paz habrá”.
Solo cuando Él reine habrá paz, pues es el “Príncipe de paz” (Is. 9.6). El premio Nobel es un invento vano, porque lo dan a hombres pecadores que nunca han podido traer paz al mundo. Pero en cuanto a Jesucristo: “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (Is. 9.7).
    ¡Gran día y único en la historia del mundo será aquel cuando venga el Señor Jesucristo a reinar y administrar con justicia los asuntos del planeta! “En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel” (Is. 4.2) “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra” (Jer. 23.5). “En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra” (Jer. 33.15).
    Por eso seguimos esperando en Su reino y gobierno, separados del mundo y sin involucrarnos en la política y los movimientos sociales. Con razón nos enseñó a orar así: “Venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mt. 6.10). Solo cuando venga el Renuevo habrá justicia y paz.

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 A Dios Le Importan Nuestras Lágrimas

“Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro?”  Salmo 56.8

¡Cuántas lágrimas han caído a lo largo de la historia humana! ¿Ha habido siquiera una cara que no se ha mojado de lágrimas? No podemos olvidar al patriarca anciano, Abraham, que había conocido tantas tristezas durante su vida. Se inclinó sobre el cuerpo muerto de su amada Sara, y lloró la despedida de una amiga de toda la vida, que había compartido con él tantas experiencias en la senda peregrina (Gn. 23.2). ¿Quién no se conmovería por las lágrimas de un padre? Cuando el rey David oyó de la muerte trágica de Absalón, su hijo rebelde, lloraba desconsoladamente (2 S. 18.33). ¡Qué lágrimas se soltaron cuando Herodes cruelmente causó la muerte de los niños en el tiempo del nacimiento de Cristo (Mt. 2.16-18). “Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron” (v. 18). Esas escenas desgarradoras se han repetido millones de veces durante la triste historia de la raza humana. En verdad el mundo que atravesamos es un valle de lágrimas.
    Hermanos, al Señor le importan nuestros dolores y tristezas, y los comprende, pues “no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades” (He. 4.15). Él no descarta la aflicción y el dolor que causan nuestras lágrimas. La primera pregunta que el Señor Jesús hizo a la triste María que se detenía ante el sepulcro fue: “Mujer, ¿por qué lloras?” (Jn. 20.15). Cobremos ánimo, pues pronto toda tristeza pasará. “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Ap. 21.4-5). Entonces exclamaremos: “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría”, y le alabaremos para siempre (Sal. 30.11).

Roy Reynolds (Irlanda del Norte), de la revista “Assembly Testimony”
(enero/febrero 2023). Traducido y adaptado

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El Precio de la Redención


“Los que confían en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (Porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás)” Salmo 49:6-8

    La redención no es por plata ni oro. Sería injusto si fuera así, porque entonces los ricos tendrían más posibilidad de salvarse que los pobres. Pero Dios no hace acepción de personas. Ninguna ofrenda puede comprar el perdón. Las riquezas y el rango social no pueden conseguir consideración especial ante Dios.
    La raza humana no tiene a ningún redentor en sus filas – nadie hay que pueda pagar el alto precio demandando por el Dios Santo y Justo. Pero el eterno Hijo de Dios se hizo hombre: "Dios manifestado en carne". En ese cuerpo se sacrificó – dio Su vida para pagar ese gran precio que mencionó arriba el salmista. Terrible precio de incontables agonías bajo el juicio de Dios durante aquellas de tinieblas cuando estaba en la cruz. Pagó el gran precio.Nuestra redención es solo por la preciosa sangre de Jesucristo (1 P. 1:18-19).

"Precioso es el raudal,
Que limpia todo mal,
No hay otro manantial;
Solo de Jesús la sangre".

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El Huerto
Craig Munro

 

Todo comenzó en un huerto

Dios hizo un huerto hermoso, y puso ahí a los primeros seres humanos. El huerto se llamó Edén, y leemos la historia en Génesis 2. Ahí estaba toda delicia, y además, abundaron paz, gozo y amor. En ese lugar Adán y Eva tenían comunión con Dios.

Todo se arruinó en un huerto

Pero el pecado entró en aquel huerto. Génesis 3 nos da la historia de cómo sucedió. Solamente había una prohibición, y Adán y Eva la violaron. Y Dios dijo: “morirás”. Dios expulsó del huerto a Adán y Eva. Muchos animales se tornaron carnívoros, y la raza humana comenzó a matar, hurtar y mentir. Todo el dolor que vemos en el mundo hoy, y en nuestros propios corazones, comenzó en ese huerto.

Todo fue resuelto en un huerto


El Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, entró en un huerto, Getsemaní, justo antes de ir a la cruz para morir (Jn. 18.1). Su oración fue profunda, marcada por tremenda presión, pero pese a eso, dijo: “hágase tu voluntad”. En el Calvario Dios iba a tratar en su totalidad la cuestión del pecado. Todo lo horrible de ese juicio fue anticipado en el huerto de Getsemaní. El Señor Jesús salió de ese huerto para morir por la raza humana, para que nuestros pecados nos fuesen perdonados. Después de Su muerte voluntaria, fue sepultado en un huerto (Jn. 19.41). De ese huerto Él resucitó al tercer día. El poder del pecado había sido destruido, la muerte había sido derrotada, y Él vive. Ahora toda la humanidad puede gozarse de la paz con Dios, la hermosura y el gozo de la salvación, mediante el arrepentimiento y la fe en nuestro Señor Jesucristo.     
       
Todo terminará en un huerto

    Dijo el Señor al ladrón moribundo que se arrepintió y confió en Él: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23.43). En su raíz, la palabra “paraíso” conlleva la idea de un huerto. El Cielo es comparado a un huerto. La Biblia describe el Cielo como una ciudad jardín: “me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto” (Ap. 22.1-2). Todo creyente anhela estar en ese huerto. Cuando María Magdalena vio a Cristo resucitado, supuso erróneamente que era el hortelano de aquel lugar (Jn 20.15).
    Pero en otro sentido tenía razón, porque el Señor Jesús es el Hortelano de las almas de los seres humanos. ¿Conoces al Hortelano? ¿Estarás en Su huerto celestial? Permítele restaurar en tu vida la hermosura, paz y gozo de Edén, y no pierdas todo el bien que Dios tiene preparado, porque entonces acabarás en el lugar de juicio eterno, que no es un huerto sino el lago de fuego.

De la revista Present Truth, Fife, Escocia, agosto 2022, www.truthdefended.com

domingo, 31 de mayo de 2020

EN ESTO PENSAD - junio 2020

¿QUÉ HERENCIA DEJARÁS?

William MacDonald


“El bueno dejará herederos a los hijos de sus hijos” (Proverbios 13:22).
Cuando leemos este versículo, no debemos llegar a la conclusión de que se trata de una herencia financiera o material, pues ¡solo serían buenos los ricos! Es mucho más probable que el Espíritu de Dios se refiera a una herencia espiritual. Una persona pudo haber sido educada por padres que eran pobres pero piadosos; esta persona estará eternamente agradecida por la memoria de un padre y una madre que diariamente leían la Biblia, oraban juntos en familia y le criaron en el temor y amonestación del Señor, aunque no le hayan dejado dinero o bienes raíces al morir. La herencia espiritual es la mejor.
    Realmente un hijo o hija podría arruinarse espiritualmente si heredaran una gran cantidad de dinero. La riqueza que llega de repente es intoxicante y pocos son capaces de administrarla con sabiduría. Son pocos los que heredan fortunas y siguen bien para el Señor.
    Otra consideración es que las familias a menudo se rompen por celos y contiendas cuando se reparte una herencia. Es verdad lo que dice el refrán: “donde hay testamento, hay muchos parientes”. Los miembros de familias que han vivido en paz durante muchos años repentinamente se vuelven enemigos por una  casa o unas cuantas joyas, porcelana o muebles.
    Con mucha frecuencia los padres cristianos dejan su riqueza a hijos inconversos, a parientes que están en religiones falsas o a hijos ingratos, cuando ese dinero podría haberse usado mejor para la difusión del evangelio.
    Algunas veces esta cuestión de dejar dinero a los hijos es una forma velada de egoísmo. Los padres en realidad desean retenerlo para ellos mismos mientras puedan. Saben que la muerte un día lo arrancará de su mano, de modo que siguen la tradición de darlo en herencia a sus hijos.
    Nadie ha legado todavía un testamento que no pueda romperse o disminuirse a causa de impuestos, cuotas y honorarios. Un padre no puede estar seguro de que sus deseos se cumplirán después que haya partido de este mundo.
    Por eso el mejor proceder es dar generosamente a la obra del Señor mientras estamos todavía vivos. Como reza el dicho: “Ofrenda mientras vivas porque así sabrás a dónde fue”.
    Y la mejor manera de hacer un testamento es decir: “Estando en mis facultades mentales pongo mi dinero a trabajar ya para Dios en esta vida. Dejo a mis hijos la herencia de un trasfondo cristiano, un hogar donde Cristo fue honrado y la Palabra de Dios fue reverenciada. Les encomiendo a Dios y a la Palabra de Su gracia, que es capaz de edificarles y darles una herencia entre los santificados”.
del libro DE DÍA EN DÍA, Editorial CLIE
 
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Vanidad y Amargura
 
"¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande".  Eclesiastés 2:21  

"Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador quedará en ella preso".  
Eclesiastés 7:26 
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SIEMPRE PUNTUAL

William Yuille

Desde el primer siglo, generaciones de cristianos han vivido con la expectación de la pronta venida del Señor. Pero aquí estamos en el siglo 21 y todavía no ha venido. ¿Por qué?  Pedro comenta esto en el capítulo 3 de su segunda epístola.
    Dios no calcula el tiempo como nosotros. “No ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (v. 8).  Algunos cristianos, desde el siglo después de los apóstoles, han interpretado esto como una fórmula y lo aplican a la historia de la humanidad – diciendo que es un periodo de una semana, o siete mil años.
    Según los cálculos de Ussher, Adán fue creado cerca de 4.000 a.C., así que hubo cuatro días antes de la venida de Cristo; con otros dos días llegamos al año 2.000 d.C., y a ese tiempo debe llegar el séptimo día, la edad del milenio. Pero ya estamos en el 2012 (fecha de este artículo), y esa teoría no parece muy factible. En todo caso, si Pedro hubiera escuchado esa interpretación del versículo, seguramente se habría asombrado. No es una fórmula, sino simplemente una declaración de que Dios no calcula el tiempo como nosotros. Él está totalmente fuera del tiempo – es eterno – y lo que a nosotros nos parece largo tiempo no le parece así a Él.    Dios es paciente. “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9). En su primera epístola, Pedro utilizó esta palabra “paciencia” en conexión con el diluvio: “cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca” (1 P. 3:20). Esperó largo tiempo, 120 años, porque Dios es paciente. El salmista dice: “Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia” (Sal. 103:8)
    Dios actúa según Su propio horario. “Pero el día del Señor vendrá...” (2 P. 3:10). No es indiferente respecto al tiempo. Al contrario, siempre sigue Su plan, calendario y horario. Considera, por ejemplo, cómo eso se ve en el Señor Jesucristo:
· Nació al tiempo preciso: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo...” (Gá. 4:4).
· Comenzó Su ministerio en el momento preciso. Durante 30 años estuvo ocultado, desapercibido en Su vida y trabajo en Nazaret, de los cuales no sabemos casi nada. Pero “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: el tiempo se ha cumplido...” (Mr. 1:14-15).
· Subió a la fiesta en el momento correcto. Sus hermanos le instaron a subir a la fiesta de los tabernáculos, pero Él respondió: “Mi tiempo aún no ha llegado...” (Jn. 7:6). Luego Él subió a Jerusalén aproximadamente a mediados de la fiesta.
· Murió en el tiempo indicado: Repetidas veces decía que Su hora no había llegado. Pero finalmente se fue a Jerusalén y declaró: “Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado” (Jn. 12:23). Juan añade: “sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre” (Jn. 13:1). Pablo escribe que Cristo “a su tiempo murió por los impíos” (Ro. 5:6).
· Volverá cuando sea tiempo. El escritor de Hebreos aplica las palabras de Habacuc al retorno del Señor Jesucristo: “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (He. 10:37).
· Juzgará al mundo cuando llegue el tiempo: “por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó” (Hch. 17:31).
    A veces nos preguntamos por qué el Señor tarda tanto en venir, pero lo cierto es que vendrá. Desconocemos el momento exacto de Su intervención de nuevo en este mundo, pero no cabe dude de que el programa de Dios se ejecutará puntualmente. Luego añade Pedro: “¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir...!” (2 P. 3:11).
 
 
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La Biblia tiene poder para:
   
1. Convencer de pecado           Hch. 2:37
2. Regenerar el corazón            Sal. 19:7; 1 P. 1:23
3. Estimular la fe                      Ro. 10:17
4. Limpiar la vida                     Sal. 119:9; Jn. 15:3
5. Aconsejar y edificar al creyente    Sal. 119:24; Hch. 20:32
6. Renovar el entendimiento    Sal. 119:130; Ro. 12:2
7. Discernir el corazón             He. 4:12
8. Dar sabiduría                        Sal. 119:98-100
9. Equipar para servir               2 Ti. 3:17
10. Alegrar el corazón              Sal. 19:8

La necesitamos todos los días, todas las horas y en toda situación.
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Sistemas de Seguridad

Hoy se invierte mucho dinero en toda clase de sistemas de seguridad para vigilar y proteger nuestras empresas, casas, vehículos y sobre todo nuestras personas. Pero pocos conocen el peculiar sistema de seguridad que tenía el General Comandante japonés del siglo 17. El castillo de Nijo en Kioto, Japón, es una obra maestra que demuestra el esplendor oriental de aquel tiempo. Los visitantes que caminan por los pisos de ese edificio pueden constatar que han sido costruidos para chirriar como pájaros aun con las pisadas más suaves. Esto servía como medida de seguridad para el General, pues nadie podía acercarse siligosamente para asesinarlo.
    Esa característica ingeniosa resalta dos cosas que preocupaban al gobernante: el temor a lo desconocido y su seguridad personal. Estas preocupaciones no se limitan a los jefes de estado; son innatas en el corazón de toda persona. Por eso, aun hoy se emplea la más sofisticada tecnología para diseñar sistemas de seguridad.
    Lo más extraño es que la mayoría de las personas no toman ninguna precaución para proteger su posesión más valiosa, e ignoran que a su disposición está una seguridad absoluta. Si protegemos y aseguramos lo que no podemos guardar para siempre, ¿no deberíamos cuidar mucho más lo que es eterno? Si tememos lo desconocido que puede afectar solamente nuestro bienestar físico o financiero, ¿no deberíamos temer aun más las consecuencias eternas que afectan el cuerpo y el alma? Cristo pregunto: “¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36).
    La Biblia claramente enseña que lo que los hombres llaman “desconocido” puede conocerse plenamente. Dios ha revelado en Su Palabra que hay una eternidad después de esta vida. Hay vida eterna y cielo para todos los que confían en Su Hijo Jesucristo como Señor y Salvador. Pero hay castigo eterno y separación de Dios para todos los que escogen su propio camino y rehusan creer en Jesucristo. El destino de cada uno puede conocerse en este lado del sepulcro, ahora, evitando el espectro de lo “desconocido”.
    Además, Dios dice en Su Palabra cómo podemos estar seguros de cuál será nuestro destino eterno. La Biblia declara que hemos pecado y somos dignos de muerte (Romanos 1:29-32), pero que “Cristo... murió por los impíos” (Romanos 5:6) y “el que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36).
    El General japonés usó el mejor método del siglo 17 para garantizar su seguridad físico. Pero de todos modos murió al final, como todo ser humano. Usted también, amigo, morirá un día. ¡Qué trágico es depender de religión o filosofía y no del único medio fiable de seguridad espiritual! Dios no le pide que dependa de experiencias o sentimientos, sino de la certeza de la obra de Su Hijo Jesucristo que murió tomando en su lugar el castigo eterno que merece. El apóstol Pedro escribió: “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). En base al sacrificio de Cristo, si confías en Él, estarás seguro ahora y por toda la eternidad. El apóstol Juan declaró: “Estas cosas os he escrito...para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13). Cristo declaró acerca de los que confían en Él: “Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás” (Juan 10:28). ¡Esta es máxima seguridad!
Adaptado de un tratado por el Dr. A. J. Higgins 
 
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El Término Confuso: “Enfermedad Mental”

Es hora de preguntar: ¿Qué significa esta expresión: “enfermedad mental”? Sostenemos que “enfermedad mental” es un nombre poco apropiado que no solo confunde sino también engaña. Es cierto que las personas tienen enfermedades y trastornos físicos que afectan la mente. Pero esos no deben ser llamados “enfermedades mentales”, porque la mente en sí, aunque puede estar gravemente afectada, no puede enfermarse. Los cristianos deben recordar que el cerebro es tremendamente complejo en sí, y todavía más en su relación con el resto del cuerpo. Alguien puede sufrir horrendamente debido a una condición del cerebro que no halla su causa en el cuerpo. Es demasiado simplista pensar que la miseria emocional de alguien no tiene relación con problemas físicos solo porque un reconocimiento médico no revela nada. Los que sufren mentalmente debido a condiciones biológicas necesitan amor, cuidado y compasión además de cuidado médico. Nadie debe quitar importancia a esas serias condiciones debilitadoras que causan mucho sufrimiento.
    Sin embargo, el término “enfermedad mental” acaba siendo de multifunción para incluir toda clase de problemas que tienen poco o nada que ver con una enfermedad. La mente es inmaterial y no puede enfermarse. Además, el concepto de “enfermedad mental” abre la puerta a la psicoterapia en el mundo, y al caballo de Troya que llamamos “psicoherejía” en la iglesia. Esta confusión entre el cerebro y la mente ha causado muchos errores en las iglesias, y los psicoterapeutas han convencido a pastores que ni ellos ni otros cristianos pueden ayudar a personas con serios problemas. Esos terapeutas – profesionales – raramente confiesan que lo único que ofrece la psicoterapia es conversación cargada con secularidad. En los Estados Unidos el gobierno, al licenciar a cristianos como consejeros psicológicos, limita el ámbito y alcance de sus trabajos. Por eso, lo más que pueden hacer es educar y motivar al hombre natural, en lugar de enseñar la Palabra de Dios, edificar la fe y nutrir la vida espiritual.  Afrontémoslo: la mayoría de la terapia se ocupa de repasar ofensas del pasado, quejarse de otras personas que a menudo no están presentes, y ocuparse de otras formas de maledicencia que proveen para la carne e impiden crecimiento espiritual.
    Este caballo de Troya parece benigno y útil, pero está lleno del mundo, la carne y aun el diablo que tentó a Eva a cuestionar la Palabra de Dios. Y es por eso que los cristianos se van a la consejería psicológica. Están cuestionando la Palabra de Dios, su suficiencia y lo que dice de sí misma y de ellos. Por ejemplo, la Palabra dice claramente: “Toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16-17).
    Piensa en la diferencia entre la “inspiración de Dios” y las opiniones y teorías de los hombres. La psicoterapia y sus subyacentes psicologías se basan en ideas humanas organizadas en teorías sobre la condición humana. Considera la diferencia entre la Palabra de Dios (verdad) y las doctrinas de hombres (opiniones) respecto a cómo debemos vivir y cómo efectuar cambios. ¿Cuál es el sistema psicológico que trae a las personas a la madurez espiritual en esta vida y a la perfección en la siguiente? ¿Qué sistema psicológico puede equipar a alguien para las buenas obras que solo Cristo realiza en el creyente? Sin embargo, pese a esos grandes contrastes, numerosos pastores y misioneros envían a las personas a su cuidado a gente que le da terapia psicológica, y numerosos cristianos siguen el camino psicológico.
    Sostenemos que la psicoterapia, incluso todo consejero psicológico profesionalmente licenciado, están en el camino del mundo y no en el camino del Señor. Jesucristo es “el camino, y la verdad, y la vida” (Jn. 14:6). Recuerda que la terapia psicológica es conversación y sentimientos, no ciencia ni medicina. La terapia psicológica habla del alma, pero es incapaz de transformarla ni puede dar vida nueva al espíritu. De hecho, las investigaciones acerca de la psicoterapia no apoyan la fe que la gente tiene en ella. Como mucho ofrece una ayuda muy limitada, y en el peor caso es dañina. En todo caso es espiritualmente perjudicial.
    La psicoterapia no es ciencia médica, aunque una rama de medicina, la psiquiatría, erróneamente emplea la psicoterapia debido a la influencia de hombres como Sigmund Freud. Durante muchos años la psiquiatría seguía la idea de Freud de “la conversación curativa”, en lugar de investigar y tratar posibles causas físicas de inquietantes síntomas mentales. Por eso, durante muchos años los psiquiatras meramente hablaban con sus pacientes. Principalmente en su búsqueda de las causas de los síntomas, hablaban de la vida freudiana temprana del paciente, las etapas del desarrollo psicosexual. Algunos de los primeros psiquiatras intentaron curar el cerebro a través de horribles lobotomías frontales, extracción de dientes, baños fríos y otros medios, había mucho daño y poco éxito. Las únicas personas aparentemente curadas eran las que eventualmente recuperaron naturalmente, a pesar de los tratamientos y no debido a ellos.

Egas Monitz, inventor de la lobotomía.

    Puede que las investigaciones acerca del cerebro provean algunas respuestas para los que sufren de condiciones difíciles que ahora son etiquetadas esquizofrenia, autismo, desorden bipolar, la enfermedad de Huntingdon y las graves depresiones. Mientras tanto, los cristianos no deben enviar a la psicoterapia las personas que padecen de esas cosas. Hay que ministrar Cristo en Su compasión, sabiduría, misericordia y amor a todos los que sufren. Debemos ministrar Su Palabra a los que buscan dirección y corrección en la vida. Los que padecen enfermedades incurables o de larga duración necesitan gran consuelo y ánimo. Pero no deben sucumbir a la terapia psicológica.
 
Traducido de: PsychoHeresy Awareness Letter, (“Periódico del Conocimiento de la Psicoherejía”; September-October  2017, Vol. 25, No. 5). Ilustraciones añadidas.

Para más artículos e información:
 http://www.psychoheresy-aware.org/mainpage.html
 
 
 "...se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios...
Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada"

Romanos 1:21-22, 28