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domingo, 31 de agosto de 2025

En Esto Pensad - septiembre 2025

 Enoc

por J. Alan Davidson


Enoc agradó a Dios (He. 11.5)

El primer hombre, Adán, se escondió de Dios. El “séptimo desde Adán” (Jud. 14), caminó con Dios. “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto” (Gn. 3.8). Adán tenía todas las oportunidades para caminar con Dios en las circunstancias más agradables, pues su entorno era el Paraíso.  Podía explorar los verdes prados del jardín, los valles de hierbas que daban semillas, las aguas llenas de vida, el cielo poblado de todo tipo de aves y los árboles que daban frutos. Podía oír la voz de Dios y caminar con Él, el Creador, junto a los ríos que salían del Edén. Adán debía labrar y guardar ese hermoso huerto (Gn. 2.8).Dios le concedió el privilegio de poner nombre a los seres vivos. La tierra producía oro, bedelio y ónice (Gn. 2.12). Dios declaró que todo lo que había hecho antes de crear al hombre era “bueno” (Gn. 1.25). Sin embargo, cuando creó al hombre y a la mujer, dijo “bueno en gran manera” (Gn. 1.31). Proporcionó a Adán una ayuda idónea, que había sido formada por la mano de Dios y probablemente era la mujer más hermosa que jamás había existido. Sin embargo, a pesar de todas estas ventajas, Adán pecó. “El Señor Dios llamó al hombre y le dijo. ¿Dónde estás tú?” (Gn. 3.9). Pero, “el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto” (Gn. 3.8).



“Caminó Enoc con Dios” (Gn. 5.22)

    Enoc caminaba con Dios habitualmente. Esta sencilla y breve afirmación revela la integridad de su vida. Vivía bajo la mirada de Dios, hablaba con Dios y no daba un paso sin apoyarse en Él. Dios era su guía en cada paso, por lo que no dio ninguno en falso ni se desvió de su camino. No tenía un corazón dividido por la doblez, ni doble ánimo (Stg. 1.8; 4.8), ni hablaba con doblez (Sal. 12.2), ni era hipócrita, ni cambiadizo. La compañía de Enoc era cercana, su comunión era dulce, su enfoque era claro y su camino con Dios era recto. Adán vivió 308 años después del nacimiento de Enoc. Es posible que Adán le contara la experiencia del Edén, pero Enoc vivió en circunstancias completamente diferentes.  La humanidad estaba ahora marcada por una gran maldad, había una rebelión abierta contra Dios y una manifiesta perversión sexual. En aquellos días de los antediluvianos, hubo una explosión demográfica de gente vil, tiranos y violencia.

“Caminó, pues, Enoc con Dios” (Gn. 5.24, repetido para enfatizar)

    Esto contrastaba enormemente con Caín, que era un fugitivo y un vagabundo que se apartó y habitaba en la tierra de Nod (que significa “errante”) al este del Edén. La gente buscaba migrar, vivir aventuras y sentir emoción. El desarrollo de la sociedad trajo consigo la construcción, el comercio, las artes, la música ruidosa, el placer y el entretenimiento. Estaban llenos de odio e inventaban armas de destrucción desafiando el castigo de Dios por el pecado. Enoc era como un oasis verde en medio de este desierto de corrupción. “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado” (Sal. 1.1).

Dios dijo:
“Anda delante de mí y sé perfecto” (Gn. 17.1), es andar con sinceridad; 

“En pos de Jehová vuestro Dios andaréis” (Dt. 13.4), es decir, andar con obediencia);

“Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él” (Col. 2.6), es decir, andar en comunión. 


    Así, en el Nuevo Testamento leemos: 
    “Por fe andamos” (2 Co. 5.7)
    “Andad en el Espíritu” (Gá. 5.16)
    “Andad en amor” (Ef.  5.2)
    “Andad sabiamente” (Col. 4.5)
    “Andamos en luz” (1 Jn. 1.7); y “en la verdad” (3 Jn. 4)

    En esta referencia a Enoc hay algo más que una mera conformidad exterior. Se trata de la dicha de la compañía celestial. “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Am. 3.3). Esto evoca la idea de intimidad, de comunión con Dios, de gozo abundante y de descanso perfecto, como ante el propiciatorio. Esta es la realidad del verdadero sacerdocio. A Enoc podemos aplicar las palabras de Malaquías sobre su relación con Dios: “La ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad” (Mal. 2.6). Enoc vivía en aquel mundo malvado y miserable de la época anterior al diluvio. Era un sacerdote y adorador, y vivía en comunión con Dios. 

    Querido amigo lector y apreciado compañero creyente: ¿Lamentas tu distancia de Dios? A menudo nuestra vida de oración es infrecuente, vaga y carente de sentido. Nuestra adoración no se centra en Cristo. El corazón está frío y el Espíritu se entristece.  De alguna manera, nos hemos desviado del camino, nuestros pensamientos se han alejado y nuestra mirada se ha vuelto mundana. No nos disculpemos diciendo que nadie es perfecto. Recordemos que, aunque era un ser humano como nosotros: “Enoc caminó con Dios”.    continuará, d.v. en el número siguiente

el hermano J. Alan Davidson reside en Irlanda del Norte
su artículo fue traducido de la revista Assembly Testimony

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 Suposiciones erróneas sobre la psicoterapia


viene del número anterior 

Un refrán español dice: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Tiene muchas aplicaciones, y una de ellas es sobre la psicología. Martin Bobgan apunta las siguientes falsas suposiciones sobre la psicología y la psicoterapia:
    “Un primer paso para evitar ser intimidados o engañados por la psicología es el de contemplar con seriedad alguna de las falsas asunciones de la misma. Las personas que creen en estas asunciones populares sobre la psicología a menudo no saben dónde se originaron ni que estás ideas son meramente opiniones humanas. Por lo tanto, cuando estas ideas son combinadas con la Escritura, la gente asume erróneamente que son bíblicas. Las siguientes son algunas asunciones falsas que no tienen base bíblica ni científica.


· El id, ego y superego son partes reales de la psiquis humana.
· La mente inconsciente de la persona dirige su comportamiento más de lo que lo hace la mente consciente.
· Los sueños son indicios para entender al inconsciente, y a la persona misma por lo tanto.
· El comportamiento actual es determinado por conflictos no resueltos de la niñez.
· Las personas se encuentran en una negación debido a que han reprimido memorias no placenteras hacia el inconsciente.
· Se debe culpar a los padres por la mayoría de los problemas.
· La gente necesita conocer su pasado para poder realizar cambios significativos en sus pensamientos, actitudes, y acciones.
· Los niños deben pasar exitosamente a través de sus “etapas psicosexuales” de desarrollo, de lo contrario más adelante sufrirán una neurosis.
· Si es que voy a experimentar un cambio significativo, debo recordar y reexperimentar los incidentes dolorosos del pasado.
· Los primeros cinco años de vida determinan lo que la persona será cuando crezca.
· Todo lo que me ha sucedido está localizado en mi inconsciente.
· La gente utiliza mecanismos de defensa inconscientes para afrontar la vida.
· La gente necesita atribuirse valor a sí misma.
· La gente necesita una autoimagen positiva.
· La mayoría de los problemas se deben a la baja autoestima.
·La gente necesita una autoestima alta. Necesita sentirse bien consigo misma.
· El propósito principal de Dios es el de satisfacer las necesidades que las personas sienten.
· Los cristianos pueden aprender mucho sobre sí mismos estudiando a teóricos de la psicología como Sigmund Freud, Carl Jung, Alfred Adler, Carl Rogers, y Albert Ellis.
· Los cristianos deben formarse en psicología para poder ayudar de verdad a las personas.
· La gente necesita formarse, cursar estudios en consejería bíblica, ya que conocer la Biblia no es suficiente para ayudar a las personas con problemas graves.
· El mejor consejero es el que usa tanto la psicología como la Biblia.
· Alcohólicos Anónimos fue iniciado por cristianos y se basa en principios cristianos.
· Alcohólicos Anónimos y otros grupos de recuperación son necesarios para que los cristianos superen sus adicciones.
· El conocimiento de los tipos y los test del temperamento puede ayudar a los cristianos a entenderse mejor.
· Los psicólogos y terapeutas profesionales son mejores que los amateurs al lidiar con los problemas mentales, emocionales y de comportamiento.
· La gente debe pagar para obtener la mejor ayuda posible para los problemas mentales, emocionales y de comportamiento.
· Pagar por la consejería y terapia profesional motiva eficazmente a la gente a mejorar.
· La capacitación, credenciales y experiencia del psicoterapeuta son factores importantes para ayudar eficazmente a los demás con los problemas de la vida.

 

Fragmento del libro por Martin y Deidre Bobgan, Competent to Minister: 
The Biblical Care of  Souls 

(Santa Barbara, CA: EastGate Publishers, 1996), pp. 200-201.

 


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 El Hombre Bendito


 J. B. Nicholson Jr.

Las imágenes de nuestro Señor en la Palabra son muchas y variadas, tomadas de todos los ámbitos. Él es el sol y la estrella de la astronomía; el león, el cordero, el gorrión y la cierva de la zoología; la piedra cortada sin manos y la roca golpeada de la geología. Sus títulos provienen de la medicina y la arquitectura, de la cocina y el ejército, de la realeza y el servicio.
    La botánica aporta más de lo que le corresponde. Él es “la raíz y el linaje de David” (Ap. 22.16); “el Renuevo” (Zac. 6.12); “la vid verdadera” (Jn. 15.1); el grano de trigo (Jn. 12.24) y la planta de renombre (Ez. 34.29). Podemos añadir la rosa de Sarón y el lirio de los valles (Cant. 2.1); un manojo de mirra y un racimo de flores de alheña (Cant. 1.13-14); así como Su condición de “primicias de los que durmieron” (1 Co. 15.20).
    En el Salmo 1, se le describe como un árbol. ¿Podría alguien objetar nuestra sugerencia de que esta descripción del Hombre Bendito es una representación del Señor Jesús? Si bien es benditamente posible que todo creyente confíe en los recursos espirituales que nos hacen semejantes al Hombre Bendito, ¿quién más podría ser descrito como un hombre que no se desvía por nada, agrada a Dios en todo y prospera en todo?
    El salmo se divide fácilmente en dos partes. Los versículos 1 al 3 describen cómo es el hombre bendito; los versículos 4 y 5 muestran en qué no se parece, y el versículo 6 presenta la conclusión de Dios. En el versículo 1, se le conoce por tomar las decisiones correctas: “Has amado la justicia y aborrecido la maldad” (He. 1.9). En el versículo 2, se le conoce por tener los deseos correctos. Se deleita en lo que Dios dice y piensa en Su palabra a todas horas. En el versículo 3, ha encontrado el lugar adecuado para florecer en su temporada, siempre verde. Este es el triple secreto del éxito: todo lo que hace prospera.
    Los impíos no son dignos: son paja sin valor en lugar de árboles fructíferos; son esparcidos por el viento en lugar de ser alimentados por el agua; son expulsados de los salones de la justicia y de la comunión de los justos en lugar de elegir alejarse de las asociaciones pecaminosas. Su destino es la perdición. Demos gracias a Dios por el hombre bendito. Todos éramos impíos antes de conocerlo. Ahora Él nos ha bendecido con Su propia vida, y nosotros también podemos mostrar nuestra lealtad, conocer Su Palabra, crecer y dar fruto para Él junto al río que sale de Su trono.

J. B. Nicholson Jr., del libro Day by Day Christ Foreshadowed 
(“Figuras de Cristo de día en día”), Precious Seed Publications.

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El Peregrino y los Peligros  (parte 2)
Lucas Batalla


viene del número anterior

Texto: Génesis 12.10-20
El verso 17 informa de que Jehová tuvo que intervenir para poner fin a la locura de Faraón y de Abraham. “Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram”. Si Dios no hubiera intervenido Dios, la situación y el fracaso habrían sido mucho peores.  Estas fueron las primeras plagas de Egipto, que provocaron la salida de Abraham y Sara del país.
    Así que, Faraón el pagano reprendió a Abraham el patriarca (vv. 18-19), y lo hizo a través de tres preguntas:  


    1) “¿Qué es esto que has hecho conmigo?”  
    2) “¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?” 
    3) “¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer?” 

 
Y el rey de Egipto le dijo: “Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete” (v. 19). Dios utilizó la voz de Faraón, un incrédulo, para guiar a Abraham, pues le dijo: “Vete”. El verso 20 dice que le acompañaron, es decir, hasta la frontera, para asegurarse de que se fuera. Parece que incluso esos egipcios entendían el valor de la separación.
    Al ir a Egipto y practicar el engaño, le salió el tiro por la culata. Podríamos describir el resultado con otra figura, y decir que salió de Egipto, rumbo a Israel, como un perro con el rabo entre las piernas. Fue avergonzado por sus errores. Ahora bien, en nuestro caso debemos recordar que, cuando cometemos errores, no basta con decir que no somos perfectos, para disculparnos, ni debemos atacar a otros y señalar sus errores, sino que debemos corregir los nuestros. Si estamos en un lugar o una situación como resultado de nuestra propia lógica e insistencia, y no porque Dios nos haya guiado, debemos volver al lugar donde Él quiere que estemos.
     “Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev”  (Gn. 13.1), a la tierra a la que Dios le había enviado. Volvió a la voluntad de Dios, como dice el verso 4, “al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová”. Durante su estancia en Egipto, no oraba ni edificaba altares. Estaba fuera de comunión. Pero Dios no lo abandonó, sino que lo corrigió y enseñó, como hará también con nosotros.
    Pero en la tierra prometida, tenía dos problemas: 1) “y con él Lot” (13.1), alguien que no debía estar ahí, y  2) las riquezas que había adquirido en Egipto: “todo lo que tenía” (v. 1). Los versos 6 y 7 relatan que “la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar” (v. 6), y a raíz de eso hubo contienda. Pero recordamos que la tierra era suficiente para Abraham, pues Dios no había invitado a Lot. Esos problemas venían en parte por las riquezas de Egipto, y también por la presencia de Lot, que fue la desobediencia mencionada en Génesis 12.4. Quizás fue una decisión sentimental, pues son muchos los creyentes que favorecen indebidamente a sus familiares y amigos. Entonces parece que Abraham comenzó a ver este problema, y por eso dijo a Lot (vv. 8-9) que escogiera otro lugar y que se apartara de él. Estaba rectificando su error que cometió años atrás y que finalmente llevó a su separación.
    El verso 11 informa de que Lot, en lugar de actuar con desinterés y deferencia, “escogió para sí” todo lo que le parecía bonito y provechoso en la llanura del Jordán. Anduvo por la vista, no por fe, pues recordamos que no siquiera debía estar ahí, ya que debía haberse quedado en Ur de los caldeos. Lot salió de Ur, fue a Egipto, y luego se fue acercando cada vez más a Sodoma, donde al final dejó de vivir en una tienda y se instaló en una casa. El verso 13 dice: “Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera”. Vemos a Lot y a su mujer como personas sin criterio espiritual, y conocemos el triste final de su historia.
    Sin embargo, en los versos 14-17, Jehová volvió a hablar con Abraham después de separarse de Lot. Nunca habló a Lot, pero a Abraham le bendijo, y le prometió toda la tierra (vv. 14-15), una descendencia innumerable (v. 16), y le mandó: “Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré” (v. 17). No habló con Lot ni le dio nada. Esta tierra no se la ha prometido nunca a nadie más. Los llamados “palestinos”
1 son como los “ocupa” en España que invaden y viven en lugares que no son suyos. Dios da la tierra solamente a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob. 
    Finalmente, en el verso 18 se lee: “Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová”. Vivía siempre en tiendas, como peregrino, y ahí edificó otro altar, que simboliza su testimonio y comunión con Dios. Hebreos 11 describe su vida de fe: “Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (vv. 9-10). Lot no habító por la fe en ningún lugar. Vivió en una casa en la ciudad perversa de Sodoma, pero Abraham seguía como peregrino, esperando la ciudad celestial que Dios prepara para todos los Suyos. Hermanos, no nos dejemos enredar en las cosas de este mundo, ni en amistades o relaciones familiares que perjudiquen nuestra vida espiritual.

de un estudio dado por Lucas Batalla 

  No hay ningún grupo étnico identificado como "palestino", pues los que han asumido ese título proceden de los países árabes alrededor de Israel, a veces expulsados de esos países, y se les mantiene en la tierra de Israel como una entidad política y religiosa para oponerse a Israel.

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El Divorcio Viola los Votos Matrimoniales

La palabra “desleales” (Ro. 1.31) describe a los que no cumplen los pactos o las promesas. Son traidores, personas cuya palabra no vale; en las que no se puede confiar. Las naciones firman tratados de paz y luego las incumplen. En 1938 los nazis firmaron el Acuerdo de Múnich, y el primer ministro del Reino Unido, Chamberlain, lo aclamó sonriente con las palabras: “Paz para nuestro tiempo”. Menos de un año después, las tropas de Hitler invadieron Polonia, y comenzó la Segunda Guerra Mundial. 
    Los matrimonios se dan el “sí, quiero” ante Dios y los testigos con la promesa de permanecer juntos “hasta que la muerte los separe”, pero luego rompen ese compromiso con la infidelidad, se divorcian y se vuelven a casar, tomando otros “votos” que entran en conflicto con los primeros, por lo que cometen adulterio (Mr. 10.11-12). Luego hablan de su “ex”, como si fuera algo totalmente normal, aunque su situación desagrada a Dios. En España se producen más de 100.000 divorcios al año. En Estados Unidos se calcula que el 50% de los matrimonios termina en divorcio, y en el Reino Unido, el 42% .

Carlos Tomás Knott, Romanos, La Justicia de Dios, Tomo 1, pág. 70

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¿Debemos perdonarnos a nosotros mismos?


El autoperdón es un concepto equivocado y egoísta. Se oye decir: "No puedo perdonarme a mí mismo", pero la Biblia ni siquiera menciona esta idea. El perdón judicial viene de Dios y se recibe por la fe (Hch. 10.43; Ef. 1.7; Col. 1.14). El perdón paterno, que mantiene la comunión con Dios, también proviene de Él (1 Jn. 1.9). Los creyentes también pueden y deben perdonar a los demás sus ofensas y no guardar rencor  ni animosidad (Mt. 6.14-15; 18.35; Lc. 17.4-5). Sin embargo, es egoísta pensar que uno se tenga que perdonar a sí mismo, ya que el perdón debe venir de los demás. Si Dios o un hermano nos perdona, ¿quiénes somos nosotros para no aceptarlo y dejar el asunto? 

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 ¿Contiendes con Dios?

“¡Ay del que pleitea con su Hacedor!"  Is. 45.9. 

 

Hoy en día hay hombres que quieren ser mujeres, y dicen que “se identifican como mujeres”, y mujeres que quieren ser hombres, y dicen que “se identifican como hombres”.1 Si los gobiernos “dictan leyes injustas” (Is. 10.1) son culpables de legalizar lo que Dios abomina. “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Is. 5.20). En las iglesias hay mujeres que desean predicar y liderar como hombres, y rechazan el papel que Dios sabiamente en Su soberanía les asignó. Cualquier cosa parecida a este tipo de pensamiento es absurda y perversa. En Génesis 1.27 y 5.2 se declara: “varón y hembra los creó”. Así nos ha hecho y no se ha equivocado. El tema del género de sexo no es un asunto relativo que se deje a la elección de cada uno. Romanos 1.24-28 presenta el origen de esos razonamientos vanos y pasiones vergonzosas.

de Romanos: La Justicia de Dios, Tomo 3, 2ª edición, 
pág. 52, Carlos Tomás Knott, Libros Berea

  No hay ninguna base bíblica para la ideología “Woke” (un extranjerismo que significa “concienciado”), que es una desviación que, entre otras cosas, protagoniza la libertad e igualdad en cuestiones de género y orientación sexual (LGBTQ).

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 ¡Qué Mundo Nos Ha Tocado!



Vivimos en un mundo enojado.
El mundo está en ebullición: la guerra entre Ucrania y Rusia, los enfrentamientos en la Franja de Gaza e Israel, y los disturbios en el Congo, el conflicto entre Corea del Norte y Corea del Sur, y las tensiones entre China, Taiwán y las Filipinas son ejemplos de cuatro zonas de conflicto actual en cuatro continentes diferentes. Las tensiones entre Oriente y Occidente son más profundas que nunca, y la hostilidad entre las naciones aumenta. El Señor Jesús nos advirtió de esta ira al decir que: “se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares” (Mateo 24.7).
    Vivimos en un mundo lleno de incertidumbre y temor. No se sabe cuándo se producirá un apagón y nos quedaremos sin luz ni agua. Se teme el colapso del sistema bancario, y la posibilidad de que se desate otra pandemia. A nivel personal, no se puede confiar en la palabra de nadie. Hoy se casan y mañana se divorcian. Hoy son amigos, pero mañana ya no lo son. Por eso, “No me fío” es el lema de muchos. Nuestro mundo está lleno de maldad. Hoy los gobiernos y la sociedad llaman malo lo que es bueno, y bueno lo que es malo. Hay corrupción y perversidad en todos los niveles de la sociedad. Cristo predijo esto: “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24.12)
     Todos estos problemas han venido porque hemos arruinado el mundo con nuestros pecados. La culpa no es de Dios, sino nuestra. La respuesta no está en los políticos, la ciencia o las religiones. En cambio, Jesucristo promete, no a todos sino solo a aquellos que acudan a Él en busca de salvación, que podrán tener gozo aun en las pruebas de este mundo, sabiendo que pronto volverá para traer la paz a este mundo: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16.33).
    Vivimos en un mundo egoísta. Para muchos, las palabras “yo”, “mío” y “mía” parecen ser la norma. Hoy en día el amor propio se considera una virtud, a pesar de haber causado mucho daño. La gente ignora incluso las relaciones familiares y las amistades legítimas para perseguir sus propios intereses: ser el número uno, aunque eso suponga romper corazones. Pero el Señor Jesucristo dice: “Venid a mí... y yo os haré descansar” (Mateo 11.28). Su corazón está con todos los hombres y mujeres y quiere bendecirlos con el perdón de los pecados. El Señor Jesús estuvo dispuesto a morir, “el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3.18). Está dispuesto a aceptar a todos los que vienen a Él con arrepentimiento y fe, y darles la vida eterna como un regalo gratuito.
    Vivimos en un mundo perdido e infeliz. Es el resultado de la entrada del pecado. El pecado engaña a la gente, pues promete “deleites temporales” (Hebreos 11.25). Los que se complacen en los pecados se lo pasan bien a corto plazo, pero no se dan cuenta de que es un engaño que les conduce a un fin amargo.  Dios advierte: “la pasión, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1.15 RVR95). La gente está realmente confundida y asustada, y a menudo siente que no sabe a dónde acudir. El Señor Jesús nos dijo que no había venido al mundo para cambiarlo, ya que está destinado al juicio, sino para salvarnos del mundo: “para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3.17). Él no quiere que te pierdas, sino que seas salvo para toda la eternidad. La gente parece infeliz con su suerte en la vida y descontenta. Hay una falta de paz interior. Pero el Señor Jesús da paz interior a todos los que acuden a Él con fe. A los Suyos Cristo promete: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14.27).
    Es cierto que el panorama actual del mundo es preocupante. El mundo está abocado a la destrucción y no mejorará. El pronóstico divino es: “los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (2 Timoteo 3.13). La religión, la filosofía, la psicología y la sociología son impotentes para erradicar la maldad que hay en el corazón humano. No podemos salvar el planeta. ¡Es una misión imposible!
    Sin embargo, pronto cada uno de nosotros se presentará ante el Dios santo y justo, para rendir cuentas. No nos corresponde arreglar el mundo, pues solo Dios puede hacerlo. Lo que Él quiere hacer contigo ahora es salvarte y darte una nueva vida y una nueva esperanza. ¿Por qué no acudir ahora al Señor Jesús para obtener la salvación?


domingo, 31 de mayo de 2020

EN ESTO PENSAD - junio 2020

¿QUÉ HERENCIA DEJARÁS?

William MacDonald


“El bueno dejará herederos a los hijos de sus hijos” (Proverbios 13:22).
Cuando leemos este versículo, no debemos llegar a la conclusión de que se trata de una herencia financiera o material, pues ¡solo serían buenos los ricos! Es mucho más probable que el Espíritu de Dios se refiera a una herencia espiritual. Una persona pudo haber sido educada por padres que eran pobres pero piadosos; esta persona estará eternamente agradecida por la memoria de un padre y una madre que diariamente leían la Biblia, oraban juntos en familia y le criaron en el temor y amonestación del Señor, aunque no le hayan dejado dinero o bienes raíces al morir. La herencia espiritual es la mejor.
    Realmente un hijo o hija podría arruinarse espiritualmente si heredaran una gran cantidad de dinero. La riqueza que llega de repente es intoxicante y pocos son capaces de administrarla con sabiduría. Son pocos los que heredan fortunas y siguen bien para el Señor.
    Otra consideración es que las familias a menudo se rompen por celos y contiendas cuando se reparte una herencia. Es verdad lo que dice el refrán: “donde hay testamento, hay muchos parientes”. Los miembros de familias que han vivido en paz durante muchos años repentinamente se vuelven enemigos por una  casa o unas cuantas joyas, porcelana o muebles.
    Con mucha frecuencia los padres cristianos dejan su riqueza a hijos inconversos, a parientes que están en religiones falsas o a hijos ingratos, cuando ese dinero podría haberse usado mejor para la difusión del evangelio.
    Algunas veces esta cuestión de dejar dinero a los hijos es una forma velada de egoísmo. Los padres en realidad desean retenerlo para ellos mismos mientras puedan. Saben que la muerte un día lo arrancará de su mano, de modo que siguen la tradición de darlo en herencia a sus hijos.
    Nadie ha legado todavía un testamento que no pueda romperse o disminuirse a causa de impuestos, cuotas y honorarios. Un padre no puede estar seguro de que sus deseos se cumplirán después que haya partido de este mundo.
    Por eso el mejor proceder es dar generosamente a la obra del Señor mientras estamos todavía vivos. Como reza el dicho: “Ofrenda mientras vivas porque así sabrás a dónde fue”.
    Y la mejor manera de hacer un testamento es decir: “Estando en mis facultades mentales pongo mi dinero a trabajar ya para Dios en esta vida. Dejo a mis hijos la herencia de un trasfondo cristiano, un hogar donde Cristo fue honrado y la Palabra de Dios fue reverenciada. Les encomiendo a Dios y a la Palabra de Su gracia, que es capaz de edificarles y darles una herencia entre los santificados”.
del libro DE DÍA EN DÍA, Editorial CLIE
 
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Vanidad y Amargura
 
"¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande".  Eclesiastés 2:21  

"Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador quedará en ella preso".  
Eclesiastés 7:26 
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SIEMPRE PUNTUAL

William Yuille

Desde el primer siglo, generaciones de cristianos han vivido con la expectación de la pronta venida del Señor. Pero aquí estamos en el siglo 21 y todavía no ha venido. ¿Por qué?  Pedro comenta esto en el capítulo 3 de su segunda epístola.
    Dios no calcula el tiempo como nosotros. “No ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (v. 8).  Algunos cristianos, desde el siglo después de los apóstoles, han interpretado esto como una fórmula y lo aplican a la historia de la humanidad – diciendo que es un periodo de una semana, o siete mil años.
    Según los cálculos de Ussher, Adán fue creado cerca de 4.000 a.C., así que hubo cuatro días antes de la venida de Cristo; con otros dos días llegamos al año 2.000 d.C., y a ese tiempo debe llegar el séptimo día, la edad del milenio. Pero ya estamos en el 2012 (fecha de este artículo), y esa teoría no parece muy factible. En todo caso, si Pedro hubiera escuchado esa interpretación del versículo, seguramente se habría asombrado. No es una fórmula, sino simplemente una declaración de que Dios no calcula el tiempo como nosotros. Él está totalmente fuera del tiempo – es eterno – y lo que a nosotros nos parece largo tiempo no le parece así a Él.    Dios es paciente. “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9). En su primera epístola, Pedro utilizó esta palabra “paciencia” en conexión con el diluvio: “cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca” (1 P. 3:20). Esperó largo tiempo, 120 años, porque Dios es paciente. El salmista dice: “Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia” (Sal. 103:8)
    Dios actúa según Su propio horario. “Pero el día del Señor vendrá...” (2 P. 3:10). No es indiferente respecto al tiempo. Al contrario, siempre sigue Su plan, calendario y horario. Considera, por ejemplo, cómo eso se ve en el Señor Jesucristo:
· Nació al tiempo preciso: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo...” (Gá. 4:4).
· Comenzó Su ministerio en el momento preciso. Durante 30 años estuvo ocultado, desapercibido en Su vida y trabajo en Nazaret, de los cuales no sabemos casi nada. Pero “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: el tiempo se ha cumplido...” (Mr. 1:14-15).
· Subió a la fiesta en el momento correcto. Sus hermanos le instaron a subir a la fiesta de los tabernáculos, pero Él respondió: “Mi tiempo aún no ha llegado...” (Jn. 7:6). Luego Él subió a Jerusalén aproximadamente a mediados de la fiesta.
· Murió en el tiempo indicado: Repetidas veces decía que Su hora no había llegado. Pero finalmente se fue a Jerusalén y declaró: “Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado” (Jn. 12:23). Juan añade: “sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre” (Jn. 13:1). Pablo escribe que Cristo “a su tiempo murió por los impíos” (Ro. 5:6).
· Volverá cuando sea tiempo. El escritor de Hebreos aplica las palabras de Habacuc al retorno del Señor Jesucristo: “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (He. 10:37).
· Juzgará al mundo cuando llegue el tiempo: “por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó” (Hch. 17:31).
    A veces nos preguntamos por qué el Señor tarda tanto en venir, pero lo cierto es que vendrá. Desconocemos el momento exacto de Su intervención de nuevo en este mundo, pero no cabe dude de que el programa de Dios se ejecutará puntualmente. Luego añade Pedro: “¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir...!” (2 P. 3:11).
 
 
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La Biblia tiene poder para:
   
1. Convencer de pecado           Hch. 2:37
2. Regenerar el corazón            Sal. 19:7; 1 P. 1:23
3. Estimular la fe                      Ro. 10:17
4. Limpiar la vida                     Sal. 119:9; Jn. 15:3
5. Aconsejar y edificar al creyente    Sal. 119:24; Hch. 20:32
6. Renovar el entendimiento    Sal. 119:130; Ro. 12:2
7. Discernir el corazón             He. 4:12
8. Dar sabiduría                        Sal. 119:98-100
9. Equipar para servir               2 Ti. 3:17
10. Alegrar el corazón              Sal. 19:8

La necesitamos todos los días, todas las horas y en toda situación.
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Sistemas de Seguridad

Hoy se invierte mucho dinero en toda clase de sistemas de seguridad para vigilar y proteger nuestras empresas, casas, vehículos y sobre todo nuestras personas. Pero pocos conocen el peculiar sistema de seguridad que tenía el General Comandante japonés del siglo 17. El castillo de Nijo en Kioto, Japón, es una obra maestra que demuestra el esplendor oriental de aquel tiempo. Los visitantes que caminan por los pisos de ese edificio pueden constatar que han sido costruidos para chirriar como pájaros aun con las pisadas más suaves. Esto servía como medida de seguridad para el General, pues nadie podía acercarse siligosamente para asesinarlo.
    Esa característica ingeniosa resalta dos cosas que preocupaban al gobernante: el temor a lo desconocido y su seguridad personal. Estas preocupaciones no se limitan a los jefes de estado; son innatas en el corazón de toda persona. Por eso, aun hoy se emplea la más sofisticada tecnología para diseñar sistemas de seguridad.
    Lo más extraño es que la mayoría de las personas no toman ninguna precaución para proteger su posesión más valiosa, e ignoran que a su disposición está una seguridad absoluta. Si protegemos y aseguramos lo que no podemos guardar para siempre, ¿no deberíamos cuidar mucho más lo que es eterno? Si tememos lo desconocido que puede afectar solamente nuestro bienestar físico o financiero, ¿no deberíamos temer aun más las consecuencias eternas que afectan el cuerpo y el alma? Cristo pregunto: “¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36).
    La Biblia claramente enseña que lo que los hombres llaman “desconocido” puede conocerse plenamente. Dios ha revelado en Su Palabra que hay una eternidad después de esta vida. Hay vida eterna y cielo para todos los que confían en Su Hijo Jesucristo como Señor y Salvador. Pero hay castigo eterno y separación de Dios para todos los que escogen su propio camino y rehusan creer en Jesucristo. El destino de cada uno puede conocerse en este lado del sepulcro, ahora, evitando el espectro de lo “desconocido”.
    Además, Dios dice en Su Palabra cómo podemos estar seguros de cuál será nuestro destino eterno. La Biblia declara que hemos pecado y somos dignos de muerte (Romanos 1:29-32), pero que “Cristo... murió por los impíos” (Romanos 5:6) y “el que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36).
    El General japonés usó el mejor método del siglo 17 para garantizar su seguridad físico. Pero de todos modos murió al final, como todo ser humano. Usted también, amigo, morirá un día. ¡Qué trágico es depender de religión o filosofía y no del único medio fiable de seguridad espiritual! Dios no le pide que dependa de experiencias o sentimientos, sino de la certeza de la obra de Su Hijo Jesucristo que murió tomando en su lugar el castigo eterno que merece. El apóstol Pedro escribió: “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). En base al sacrificio de Cristo, si confías en Él, estarás seguro ahora y por toda la eternidad. El apóstol Juan declaró: “Estas cosas os he escrito...para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13). Cristo declaró acerca de los que confían en Él: “Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás” (Juan 10:28). ¡Esta es máxima seguridad!
Adaptado de un tratado por el Dr. A. J. Higgins 
 
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El Término Confuso: “Enfermedad Mental”

Es hora de preguntar: ¿Qué significa esta expresión: “enfermedad mental”? Sostenemos que “enfermedad mental” es un nombre poco apropiado que no solo confunde sino también engaña. Es cierto que las personas tienen enfermedades y trastornos físicos que afectan la mente. Pero esos no deben ser llamados “enfermedades mentales”, porque la mente en sí, aunque puede estar gravemente afectada, no puede enfermarse. Los cristianos deben recordar que el cerebro es tremendamente complejo en sí, y todavía más en su relación con el resto del cuerpo. Alguien puede sufrir horrendamente debido a una condición del cerebro que no halla su causa en el cuerpo. Es demasiado simplista pensar que la miseria emocional de alguien no tiene relación con problemas físicos solo porque un reconocimiento médico no revela nada. Los que sufren mentalmente debido a condiciones biológicas necesitan amor, cuidado y compasión además de cuidado médico. Nadie debe quitar importancia a esas serias condiciones debilitadoras que causan mucho sufrimiento.
    Sin embargo, el término “enfermedad mental” acaba siendo de multifunción para incluir toda clase de problemas que tienen poco o nada que ver con una enfermedad. La mente es inmaterial y no puede enfermarse. Además, el concepto de “enfermedad mental” abre la puerta a la psicoterapia en el mundo, y al caballo de Troya que llamamos “psicoherejía” en la iglesia. Esta confusión entre el cerebro y la mente ha causado muchos errores en las iglesias, y los psicoterapeutas han convencido a pastores que ni ellos ni otros cristianos pueden ayudar a personas con serios problemas. Esos terapeutas – profesionales – raramente confiesan que lo único que ofrece la psicoterapia es conversación cargada con secularidad. En los Estados Unidos el gobierno, al licenciar a cristianos como consejeros psicológicos, limita el ámbito y alcance de sus trabajos. Por eso, lo más que pueden hacer es educar y motivar al hombre natural, en lugar de enseñar la Palabra de Dios, edificar la fe y nutrir la vida espiritual.  Afrontémoslo: la mayoría de la terapia se ocupa de repasar ofensas del pasado, quejarse de otras personas que a menudo no están presentes, y ocuparse de otras formas de maledicencia que proveen para la carne e impiden crecimiento espiritual.
    Este caballo de Troya parece benigno y útil, pero está lleno del mundo, la carne y aun el diablo que tentó a Eva a cuestionar la Palabra de Dios. Y es por eso que los cristianos se van a la consejería psicológica. Están cuestionando la Palabra de Dios, su suficiencia y lo que dice de sí misma y de ellos. Por ejemplo, la Palabra dice claramente: “Toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16-17).
    Piensa en la diferencia entre la “inspiración de Dios” y las opiniones y teorías de los hombres. La psicoterapia y sus subyacentes psicologías se basan en ideas humanas organizadas en teorías sobre la condición humana. Considera la diferencia entre la Palabra de Dios (verdad) y las doctrinas de hombres (opiniones) respecto a cómo debemos vivir y cómo efectuar cambios. ¿Cuál es el sistema psicológico que trae a las personas a la madurez espiritual en esta vida y a la perfección en la siguiente? ¿Qué sistema psicológico puede equipar a alguien para las buenas obras que solo Cristo realiza en el creyente? Sin embargo, pese a esos grandes contrastes, numerosos pastores y misioneros envían a las personas a su cuidado a gente que le da terapia psicológica, y numerosos cristianos siguen el camino psicológico.
    Sostenemos que la psicoterapia, incluso todo consejero psicológico profesionalmente licenciado, están en el camino del mundo y no en el camino del Señor. Jesucristo es “el camino, y la verdad, y la vida” (Jn. 14:6). Recuerda que la terapia psicológica es conversación y sentimientos, no ciencia ni medicina. La terapia psicológica habla del alma, pero es incapaz de transformarla ni puede dar vida nueva al espíritu. De hecho, las investigaciones acerca de la psicoterapia no apoyan la fe que la gente tiene en ella. Como mucho ofrece una ayuda muy limitada, y en el peor caso es dañina. En todo caso es espiritualmente perjudicial.
    La psicoterapia no es ciencia médica, aunque una rama de medicina, la psiquiatría, erróneamente emplea la psicoterapia debido a la influencia de hombres como Sigmund Freud. Durante muchos años la psiquiatría seguía la idea de Freud de “la conversación curativa”, en lugar de investigar y tratar posibles causas físicas de inquietantes síntomas mentales. Por eso, durante muchos años los psiquiatras meramente hablaban con sus pacientes. Principalmente en su búsqueda de las causas de los síntomas, hablaban de la vida freudiana temprana del paciente, las etapas del desarrollo psicosexual. Algunos de los primeros psiquiatras intentaron curar el cerebro a través de horribles lobotomías frontales, extracción de dientes, baños fríos y otros medios, había mucho daño y poco éxito. Las únicas personas aparentemente curadas eran las que eventualmente recuperaron naturalmente, a pesar de los tratamientos y no debido a ellos.

Egas Monitz, inventor de la lobotomía.

    Puede que las investigaciones acerca del cerebro provean algunas respuestas para los que sufren de condiciones difíciles que ahora son etiquetadas esquizofrenia, autismo, desorden bipolar, la enfermedad de Huntingdon y las graves depresiones. Mientras tanto, los cristianos no deben enviar a la psicoterapia las personas que padecen de esas cosas. Hay que ministrar Cristo en Su compasión, sabiduría, misericordia y amor a todos los que sufren. Debemos ministrar Su Palabra a los que buscan dirección y corrección en la vida. Los que padecen enfermedades incurables o de larga duración necesitan gran consuelo y ánimo. Pero no deben sucumbir a la terapia psicológica.
 
Traducido de: PsychoHeresy Awareness Letter, (“Periódico del Conocimiento de la Psicoherejía”; September-October  2017, Vol. 25, No. 5). Ilustraciones añadidas.

Para más artículos e información:
 http://www.psychoheresy-aware.org/mainpage.html
 
 
 "...se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios...
Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada"

Romanos 1:21-22, 28

sábado, 29 de junio de 2019

EN ESTO PENSAD - julio 2019

LA MÁS GRANDE INVERSIÓN
William MacDonald

“Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna” (Marcos 10:29-30).

     La más grande de todas las inversiones es la de la propia vida por la causa de Jesucristo. Las consideraciones más importantes en cualquier inversión son la seguridad del capital y el porcentaje de ganancia. Visto desde este ángulo, ninguna inversión se puede comparar con la vida que se vive para Dios. El capital está absolutamente seguro porque Él es poderoso para guardar nuestro depósito para "aquel día" (2 Ti. 1:12). En lo que toca a las ganancias, éstas sobrecogen la mente por su inmensidad. En el texto citado arriba el Señor Jesús promete reembolsar cien veces más. Esto equivale a una tasa de interés del 10.000 %, algo inaudito en el mundo. ¡Y eso no es todo!
    A los que han abandonado las comodidades de un hogar para servir al Señor Jesucristo se les promete el calor y las comodidades de muchos hogares, donde se les mostrará la bondad de Dios por causa de Jesús.
    A aquellos que renuncian a los deleites del matrimonio y a una familia o que rompen otros tiernos lazos terrenales por causa del evangelio, se les promete una familia mundial, muchos de los cuales en verdad vienen a ser más cercanos que los parientes de sangre.
    A quienes abandonan tierras se les prometen tierras. Dejan atrás el privilegio de poseer unas cuantas hectáreas de propiedad, obtendrán el privilegio inmensamente más grande de reclamar países y aun continentes en el precioso Nombre de Jesús.
    Se les prometen también persecuciones. De entrada, ésta parece ser una nota agria en medio de una armoniosa sinfonía. Pero Jesús incluye las persecuciones como una ganancia positiva sobre nuestra inversión. Compartir el vituperio de Cristo es un tesoro más grande que todas las riquezas de Egipto (He. 11:26).
    Estos son los dividendos en esta vida. Luego el Señor añade: “...y en el siglo venidero la vida eterna”. Esto nos hace esperar la vida eterna en su plenitud. Aunque la vida eterna en sí es un don recibido por la fe, habrá diferentes capacidades para disfrutarla. Aquellos que lo han dejado todo para seguir a Jesús tendrán un grado mayor de recompensa en la Ciudad Cuadrangular.
    Cuando consideramos las ganancias trascendentes de una vida invertida para Dios, es extraño que la mayoría de la gente no participe. Los inversores pueden ser muy astutos cuando se trata de acciones y bonos, pero extrañamente torpes cuando se trata de la mejor inversión de todas.
del libro DE DÍA EN DÍA, CLIE
 
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DIEZ MUJERES 
QUE SIRVIERON A JESUCRISTO


1.  María Magdalena (de Magdala – “torre”).
    Mt. 27:56, 61; 28:1; Mr. 15:40, 47; 16:1, 9; Lc. 8:2; 24:10;
    Jn. 19:25; 20:1-2, 11-18
2.  Marta (dama), de Betania
    Lc. 10:38-42; Jn. 11, 12:2
3.  María (varios significados diferentes, incluyendo amargura,
    rebelión o fuerte), de Betania
    Lc. 10:39-42; Jn. 11, 12:3-8
4.  Juana (dada por Dios)
    Lc. 8:3; 24:10
5.  Susana (lirio)
    Lc. 8:3
6.  María la madre de Jacobo
    Mt. 27:56, 61; 28:1; Mr. 15:40, 47; 16:1; Lc. 24:10
7.  Salomé (fortaleza)
    Mr. 15:40; 16:1
8.  María mujer de Cleofas
    Jn. 19:25 (y Lc. 24:18)
9.  La suegra de Pedro
    Mr. 1:30-31
10. La mujer no identificada que ungió al Señor Jesús en casa de Simón en Betania.
    Mt. 26:6-13; Mr. 14:3-9

Este estudio nos revela el cuidado especial y la devoción con que mujeres piadosas sirvieron al Señor Jesús en Su peregrinación aquí en la tierra, la que se caracterizó por la pobreza, la soledad y el rechazo. Ellas reconocieron que sólo Él podía entender plenamente el corazón de la mujer y sabía satisfacer sus anhelos más profundos. El ministerio del Señor Jesús a las mujeres y a sus problemas fue sin igual.
Ernesto Moore (Chile), de su libro Mujeres que Profesan Piedad
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Los Padres (y Abuelos) Psicologizados

    Los padres de Sansón no se lo dijeron (Jue. 14). David probablemente no se lo dijo muchas veces a Absalón. Samuel tampoco empleó la palabra con sus hijos (1 S. 2). ¿Qué palabra es esta que estos padres no dijeron a sus hijos? Es la palabra: “no”.
    Con todo el énfasis puesto en los hijos durante las últimas décadas, y de ello algo era necesario, el péndulo se ha ido demasiado a un lado. La verdad es que en muchas familias los hijos, y los nietos, ahora son el centro de atención, y en demasiadas familias ellos realmente mandan. Como resultado, la disciplina falta completamente, o muchas veces es simplemente una amenaza que nunca se materializa, se dice pero no se administra. En algunos casos los hijos realmente vienen antes del propio matrimonio, es decir, antes de la pareja misma.
    Demasiados padres tienen miedo de ofender al niño diciéndole: “no”. Los psicólogos han enfatizado tanto que los hijos necesitan amor, y los padres deben dedicarles tiempo de calidad, que muchos padres harían cualquier cosa porque temen privar a su hijo de sus deseos. El resultado es una familia que va entorno a los hijos, y ellos marcan la pauta de la familia. Todo tiene su explicación: “a favor del niño”. Con frecuencia el tiempo demuestra que hacer esto es un error, pero claro, entonces es tarde para quienes lo han practicado.
    Los hijos (y nietos) deciden regularmente qué se les dará de comer, dónde irá la familia para sus vacaciones, o si la familia comprará esto o lo otro. Dictan tales cosas como la marca de ropa que llevarán, el corte de su pelo y el horario de la familia. Hay familias que dejan de comer juntos porque: “a los hijos les es difícil”. Actividades como la gimnasia, el fútbol, clases de música y otras parecidas ocupan el centro de la vida familiar como si fuesen las consideraciones más importantes, y el horario de todos los demás tiene que ajustarse y ponerse en raya para que los hijos puedan hacer lo que les apetece.
    A menudo este proceder también entra en los asuntos de la asamblea, donde a los jóvenes se les permite hacer todo lo que quieren, y pronto la asamblea encuentra que ellos determinan su dirección y marcan la pauta. Los ancianos temen actuar con firmeza o tomar ciertas decisiones por miedo a la reacción de los jóvenes (o sus padres).
    Habiendo dicho esto, ¿queremos decir que simplemente hay que ignorar a nuestros hijos y a los jóvenes en la asamblea? ¡Por supuesto que no! No obstante, sí, debemos mantener todo en su perspectiva correcta, y los hijos y los jóvenes necesitan aprender que el mundo no gira en torno a ellos. (El hombre natural ya está en el centro sin que nosotros animemos más el asunto.) Una de las grandes lecciones que debemos aprender para crecer espiritualmente es: “mirando...cada cual... por lo de los otros” (Fil. 2:4). “Yo” y “mi” deben tomar el último lugar. Esto significa el preocuparse por los intereses de los demás, y quitar la mirada de uno mismo. Es difícil enseñar esto a los hijos, sobre todo, cuando los padres mismos (y los abuelos) son los primeros que los colocan en el centro, en un pedestal, los miman y encuentran excusas y explicaciones para todo lo que ellos hacen. Pero hermanos, el “yo” tiene que ir para abajo y es importante empezar en la niñez aprendiendo esto. Ésta es exactamente la actitud que se enfatiza en el texto hermoso que describe: “la mente de Cristo”. Él pensaba en los demás.
    El poner a los hijos por encima de los demás y darles todo lo que desean y demandan, simplemente permitiéndoles ir casi sin riendas, es en realidad una expresión de falta de amor y será causa de vergüenza al final (Pr. 29:15).                                                         
  Steve Hulshizer, de la revista Milk & Honey ("Leche y Miel")
traducido y adaptado
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Los Días De Noé —  Déjà Vu

     Lo de Noé y el diluvio no es una leyenda. No fue un mero desastre ecológico, sino un juicio de Dios sobre un mundo impío – como el nuestro. Génesis 6:5 dice: “la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. Más adelante, el versículo 12 relata que “miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”.
    Cuando la desobediencia y la maldad llegan a esos niveles de desenfreno y se extienden por todo el mundo, hasta tal punto que los gobiernos legalizan el pecado y la gente pierde la vergüenza y el temor de Dios, son otra vez los días de Noé. De eso habló Jesucristo, de la vuelta de “los días de Noé”. Son nuestros tiempos. Dios prometió no juzgar el mundo por agua otra vez, pero no prometió no juzgar al mundo. Eso sí lo hará y bien pronto. El tiempo se acaba. La fecha del juicio divino se avecina. Dios intervendrá en la historia otra vez para juzgar la maldad desenfrenada, la desobediencia y la impiedad que abundan. Cuando venga Jesucristo por segunda vez, no será en forma de bebé, ni manso y humilde, sino como Rey con gran poder y gloria. Lee en S. Mateo capítulo 24, y en el libro de Apocalipsis, capítulo 19, y lo verás. Prepárate amigo, créelo, tómalo muy en serio, reacciona, porque el juicio viene, como vino en los días de Noé.
    El apóstol Pablo advirtió de la próxima venida de Jesucristo para juzgar al mundo, no con agua, sino con fuego. ¡Habrá terribles juicios! En su 2ª Epístola a los Tesalonicenses, 1:7-9 dice: "cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder..."
    Como Noé en su día, nosotros anunciamos el juicio venidero y predicamos el perdón de pecados y la salvación, gratuitamente, por la gracia de Dios, sin obras, por la fe en el Señor Jesucristo. Amigo, si no te arrepientes y confías en el Señor Jesucristo, perecerás como los que perecieron en los días de Noé. Cristo dijo: “vino el diluvio y los destruyó a todos” (Lucas 17:27).

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EL ESPÍRITU CUAL SEÑOR
Parte 6
por Camilo Vásquez Vivanco, Punta Arenas, Chile

viene del número anterior
 
“Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Co. 3:17).

     Esta declaración no sólo prueba la Deidad del Espíritu Santo sino que también Su señorío en la presente dispensación. El señorío de Cristo en la iglesia tiene que ver con la actividad del Espíritu desde que el Señor Jesús fue glorificado (Jn. 7:39). Ya hemos mencionado que el Padre es Señor (Sal. 109:21), que el Hijo es Señor (1 Co. 8:6) y que también el Espíritu es Señor, pero esto no significa que existan tres señores. Existe un solo Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de Él. Ahora el Espíritu es Señor en la iglesia porque el Hijo lo ha enviado para ocupar Su lugar entre los hombres (2 Co. 3:17) y debemos obedecer los cuatro mandamientos de la libertad del Espíritu. Esta declaración no significa que el Espíritu sea igual que el Señor, como tampoco es igual el Padre que el Hijo, según sostienen los unitarios. Ellos tres son más que un mismo propósito, pues son una misma substancia (Jn. 10:30), pero son diferentes en Sus funciones, pues son tres Personas distintivas (Mt. 28:19). El Hijo ha dado paso a Su Espíritu para ser el Cofundador de la iglesia embelleciéndola y preparándola para ser la esposa de Cristo. Lo mismo hizo el Padre al colocar en el Hijo toda Su autoridad y declarar que Jesús es el Señor (Hch. 2:36). Del mismo modo el Hijo ha colocado en el Espíritu Santo toda Su autoridad y lo denomina Señor. Nunca somos exhortados a orar en el nombre del Espíritu pero si en el Espíritu (Ef. 6:18); del mismo modo nunca somos invitados a adorar al Espíritu pero sí a ser guiados en la adoración en el Espíritu (Jn. 4:23). Del mismo modo nunca somos invitados a servir al Espíritu pero si a servir en el Espíritu (Fil. 3:3). Entonces la idea del señorío del Espíritu en la vida del creyente y en la iglesia tiene que ver con Su guía para que glorifiquemos al Señor. Esto quiere decir que la iglesia es invitada a tener comunión con el Espíritu (2 Co. 13:14), a ser llena del Espíritu (Ef. 5:18; Ro. 15:13), a orar en el Espíritu (Ef. 6:18). En la medida que la iglesia mantenga esta comunión con el Espíritu será una iglesia guiada por el Señor pues el Espíritu tiene como obra principal glorificar al Señor: “El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Jn. 16:14).
    Las obras presentes del Espíritu Santo que nunca antes fueron hechas, son, el bautismo del Espíritu Santo o incorporación en el cuerpo la iglesia, la morada y el sellamiento. En todas las dispensaciones ha ocurrido en nuevo nacimiento o la regeneración de lo contrario nadie habría podido obedecer a Dios. Sin embargo ninguno de los Santos del antiguo testamento fue hecho morada permanente, ni sellado por el Espíritu Santo, ni menos hecho parte de la iglesia. Existe un caso de llanura del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento: “Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte” (Éx. 31:2-3). Sin embargo esa llanura no fue para recibir algún don espiritual, sino un equipamiento natural para la confección del tabernáculo. Los dones espirituales son sólo recibidos por la iglesia. Tales obras hoy ocurren en la conversión del creyente regenerando su espíritu (Tit. 3:5), habitando en él (Hch. 19:2; 1 Co. 6:19) y sellándolo para el día de la redención (Ef. 1:13-14).
    Este señorío del Espíritu se nota en ser el dador de los dones necesarios para glorificar al Señor: “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Co. 12:11).
    Por el Espíritu vienen las cosas más esenciales del poder espiritual de la vida colectiva de la iglesia, y la personal de cada creyente. Él como cofundador posee todo poder para suministrar constantemente el amor vital, el gozo indispensable, la fortaleza necesaria y la guía que reconforta el alma (Fil. 1:19).

Respecto del amor:
    “y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Ro. 5:5).
    “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios” (Ro. 15:30).
    “quien también nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu” (Col. 1:8).
    Sí, la Biblia nos exhorta: “andad en amor...” (Ef. 5:2). Esto es sinónimo de andar en el Espíritu (Gá. 5:16); pues el verdadero amor es comunicado por el Espíritu. Nosotros solemos amar por interés y siempre y cuando alguien lo merezca, además respondemos con una supuesta muestra de amor siempre y cuando nos acordemos. El amor en el Espíritu es el que promueve el bien incondicional para el pueblo de Dios y cimenta la unidad ya efectuada por el Espíritu (Ef. 3:17; 4:2-3). No sólo este amor hace nada indebido sino que es capaz de ejercerse naturalmente en toda ocasión ya que es fruto del Espíritu: “de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Ef. 4:16). Tal cosa es el camino más excelente mencionado por el apóstol Pablo: “...Mas yo os muestro un camino aun más excelente” (1 Co. 12:31).

Respecto del gozo
    “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Ro. 14:17).
    “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Ro. 15:13).
    “Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo” (1 Ts. 1:6).
    El gozo viene del Espíritu Santo en medio de la tribulación y también está presente en periodos de paz. Ese gozo celestial no se acomoda a las circunstancias sino que se cimenta en la esperanza del retorno del Señor y Su futura gloria. Se puede estar siempre gozoso (Fil. 4:4; 1 Ts. 5:16) y regocijarse en el Señor, dado la salvación que poseemos y el futuro glorioso que nos aguarda, pues nada puede opacar la realidad de semejante esperanza.

Respecto de la fortaleza (Consuelo)
    “Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas (estimuladas), andando en el temor del Señor, y se acrecentaban (aumentaban) fortalecidas (consoladas) por el Espíritu Santo” (Hch. 9:31).
    Una iglesia fortalecida por el Espíritu Santo no es una iglesia sin problemas. La fortaleza espiritual es la capacidad de levantarse con una lección aprendida. Después de la dura persecución obrada por Satanás usando a Saulo, este se convirtió y eso trajo paz y consuelo. La lección aprendida fue la extensión del evangelio que ayudó a mover el letargo de muchos en la naciente iglesia (Hch. 11:19). No solo nació la iglesia de Antioquia sino que el Espíritu llamó de allí a los misioneros para los gentiles con el legado doctrinal incalculable que hoy poseemos. Los problemas de una iglesia son transformados por el Espíritu Santo; pues los que no son aprobados se descubren pronto (1 Co. 11:19) y quedan los aprobados en Cristo (Ro. 16:10). Se puede decir que las crisis de una asamblea son ocasiones para que el Espíritu de Dios produzca Su fruto y ayuda a que emprendamos aquel camino más excelente (1 Co. 12:31), “para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder (aumentar en vigor) en el hombre interior (dentro) por su Espíritu” (Ef. 3:16).
    Este hombre interior no es necesariamente el creyente convertido con su nueva naturaleza, se trata más bien de la iglesia fortalecida como cuerpo, pues el nuevo hombre es el cuerpo de Cristo, la iglesia: “y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 4:24). No somos invitados a vestirnos de algo creado en nuestro interior como la nueva naturaleza, sino de algo corporativo efectuado por el Espíritu. El nuevo hombre está creado, acción efectuada por el Espíritu: “...para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz” (Ef. 2:15). Aquellas riquezas de Su gloria las posee el Espíritu (Juan 16:13-15) y son comunicadas por la Palabra de Dios a toda la iglesia por el ministerio del Espíritu. La mayoría de los intérpretes ven el nuevo hombre como aquella nueva naturaleza creada en la regeneración según sostiene por ejemplo John Owen (f), sin embargo en rigor del contexto de las cartas a los efesios y a los colosenses la aplicación de estos conceptos como “nuevo hombre” y “viejo hombre” (Col. 3:9-10) apuntan a la iglesia de quién Cristo es su cabeza (Ef. 1:22; Col. 1:18; 2:19).
    Entonces la iglesia en su seno, en su interior, necesita el poder del Espíritu Santo y esto no es cuestión de organización sino del vigor que produce el amor del Espíritu. Es por esto que somos invitados a vestirnos del nuevo hombre, es decir, de la realidad existente de la iglesia a la cual pertenecemos. Nada se avanza fuera de la comunión con los hermanos, ni existe fortaleza alguna del Espíritu separado de los hermanos pues el Espíritu Santo nos incluyó, nos bautizó en ese nuevo hombre (1 Co. 12:13). Si el Señor enseñó: “...porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:5), lo hizo en el contexto de Él como la vid y nosotros los pámpanos ilustrando la realidad de la iglesia como aquel nuevo hombre. No existe ninguna otra alegoría que explique mejor lo que signifique la unidad del Espíritu a la cual somos invitados a guardar: “con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar (custodiar) la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef. 4:2-3). La unidad está hecha y solo debemos guardarla sin crear rivalidades y malestares entre hermanos que rompen la paz. No se trata de ponerse de acuerdo sobre qué creer o qué practicar sino de guardar lo revelado por el Espíritu como la fe una vez dada a los santos: “un Señor, una fe, un bautismo” Ef. 4:5; “...que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 1:3).                                                    
 continuará, d.v., en el siguiente número