Entradas populares

Mostrando entradas con la etiqueta Milagro del Libro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Milagro del Libro. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de diciembre de 2014

EN ESTO PENSAD -- diciembre 2014

UN MUNDO CRUEL

Cuando Jesucristo nació: “Dios...manifestado en carne”, este mundo no le dio lugar (Lc. 2:7). Su primera cama era un pesebre, en un establo. Juan 1:11 dice: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”. Herodes intentó matarlo. Vino a ser “despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto” (Is. 53:3). Ante el gobernador Pilato la turba hostil gritaba: “¡Fuera, fuera, crucifícale!” (Jn. 19:15). Después, le crucificaron, y le escarnecían aún en la cruz, meneando la cabeza, y le injuriaban (Mt. 27:39, 41).
    Este mundo es culpable de la muerte de Jesucristo, el Hijo de Dios. Roma, el estado, participó, e Israel, la religión, también (1 Co. 2:8). El pueblo dijo: “Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos” (Mt. 27:25).
    Se deshicieron de Él, y ahora, sin haberse arrepentido, sin doblar la rodilla, sin fe, ellos se gozan y se alegran, pero sin amarle a Cristo. Se envían regalos los unos a los otros y disfrutan comidas especiales (véase Ap. 11:10). El nombre de Cristo sólo es la excusa para una fiesta pagana. Éste es el mismo principio que el Señor citó al decir: “adornaís los monumentos de los justos” que anteriormente habían matado (Mt. 23:29-31). ¡Cómo si Caín, después de asesinar a su hermano, hubiera declarado el nacimiento de Abel un día de fiesta! Asimismo, el mundo que rechazó a Cristo ahora pretende celebrar el día de Su supuesto nacimiento – usan y profanan Su Santo Nombre para gratificar sus placeres carnales. “No tomaréis el nombre de Jehová tu Dios en vano” (Éx. 20:7).
    Así son las vanidades de este mundo. Pero “No os engañéis, Dios no puede ser burlado” (Gá. 6:7). Pronto Él tomará venganza por la sangre de Su Hijo. "...cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo" (2 Ts. 1:7-8).

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Ocho Razones De Peso

Por las cuales un cristiano que desea agradar al Señor no debería observar la fiesta de la navidad:

1. Porque ni es mandado, ni enseñado ni practicado en todo el Nuevo Testamento. No forma parte de la "doctrina apostólica". Su origen no es bíblico. Los siervos del Señor deben dar buen ejemplo de ceñirse a lo bíblico, y no enseñar ni practicar cosas del mundo.
 
2. Porque Dios prohíbe el culto a los astros, y el 25 de diciembre era entre los paganos el día del “nacimiento del sol”, y no del Señor Jesús.  (Dt. 4:19-20; 17:2-5; 2 R. 23:5; Ez. 8:16).
 
3. Porque entonces debe guardar también todas las demás festividades introducidas en el oscuro siglo IV por el Papa-Emperador Constantino y por la Roma papal hasta hoy, como “viernes santo”, “corpus Cristi”, “reyes”, “la asunción de María”, etc. (1 R. 12:26-33; 14:16).
 
4. Porque Dios ha ocultado la fecha exacta del nacimiento del Señor, posiblemente para que no demos la gloria a lo carnal (y no debemos añadir a la Escritura): “Y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no le conocemos así” (2 Co. 5:16-17; Pr. 30:6; Ap. 22:18).
 
5. Porque cuando nació el Señor no podía ser diciembre, pues los pastores guardaban el ganado en el monte, cosa que no hacían entre octubre y marzo por el frío y las nevadas (Lc. 2:8).
 
6. Porque debemos manifestar un marcado contraste con el mundo que festeja comiendo y bebiendo el supuesto nacimiento del Redentor en quien no cree y al que no se somete. El creyente debe comer y beber para la gloria de Dios (Jn. 17:14-17; 1 Co. 10:21, 31), y no imitar ni copiar a los del mundo.
 
7. Porque Dios nos exhorta a no guardar “los días, los meses y los tiempos, y los años”. No es nuestra devoción ni obligación el cumplir con un calendario religioso inventado por los hombres (Gá. 4:1-12). ¿Por qué no cristianizar y celebrar también cosas como Halloween? Curioso es que algunos cristianos rechazan Halloween pero celebran Navidad.
 
8. Porque el Señor nos ha dejando un sólo día para observar en memoria de Él: el “día del Señor”, eso es, el primer día de la semana. En ese día le recordamos con los símbolos que Él nos dio, no un árbol ni regalos para nosotros, sino el pan y el vino en la Cena del Señor. Así anunciamos Su muerte, no su natividad, hasta que Él venga (1 Co. 11:23-26; Sal. 118:24; Jn. 20:1, 19, 26; Hch. 20:7; 1 Co. 16:2; Ap. 1:10).
 
“No aprendáis el camino de las naciones...porque las costumbres de los pueblos son vanidad” (Jer. 10:2-3).
 
“Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas; sino más bien reprendedlas” (Ef. 5:11).
autor desconocido
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -


¿Cuál Es El Propósito De Nuestra Vida?

En 2 Corintios 5:17 Pablo dice: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es..." Si somos nuevas criaturas, parte de una nueva creación, entonces surge la inevitable pregunta: "¿Para qué nos creó Dios?" ¿Estamos aquí para amontonar dinero? ¿Para hacer un nombre para nosotros mismos? ¿Para acumular posesiones materiales? ¿Para tener casas y jardines lujosos? ¿Para beber de la copa del placer? ¿Para ir en pos de lo trivial? ¿Acaso nuestros planes deben terminar en la tumba? ¿Acaso no tenemos un destino más elevado que el de construir un nido en un árbol que está destinado a la destrucción?
    La respuesta, por supuesto, es que estamos aquí para glorificar a Dios y representar al Señor Jesucristo en la guerra. Somos la sal de la tierra y la luz del mundo...somos embajadores de Dios. Todo lo demás es una distracción. Todo lo demás es irrelevante.
                     

           William MacDonald, del Manual del Discípulo

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 SIETE MILAGROS DEL LIBRO
 
Dyson Hague
 
(viene del número anterior)

7. Revela Cristo
    Pero el mayor milagro de la Biblia es Cristo. El es su plenitud, su centro, su gran Tema. Todo trata de El. Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo hablan de Jesús; El es el gran hecho consumado de la historia, su principio, su centro y su meta. De este Libro es licito decir: “la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (Ap.21:23).
    Mientras haya hombres sobre esta tierra, este Libro, que habla de esta encumbradísima persona–de Jesús, el centro de la expectación del mundo, del Alfa y Omega de todas las profecías, de Jesús, la revelación de Dios, del Redentor, del Señor resucitado, que está por venir y glorificado–, igual que un imán atraerá a sí los corazones de los hombres, y se pugnará por él, vivirá y morirá por él.

Una palabra final
    Piensa en esto, a saber que a la Biblia, este precioso Libro, no se la debe leer uno como se lee cualquier otro libro, ni como algún libro de literatura o ciencias. ¡Eso nunca! Acércate a este Libro con respeto, leelo pidiendo a la vez la ayuda del Espíritu Santo. “Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es” (Éx. 3:5).
    Otros libros son de la tierra, pero las Escrituras son del Cielo. Piensa y no digas que este Libro tan solo contiene la Palabra de Dios: este Libro es la Palabra de Dios. No lo aprecies por ser un buen libro o un libro mejor, sino que tengas aprecio por él mismo en tu corazón y en tu fe altamente, no como palabra de hombres, sino como aquello, que en verdad lo es, la Palabra de Dios, aun más – la Palabra viva del Dios vivo: sobrenatural en su origen, eterno en su duración, inapreciable en su valor, sin límite en su alcanze, dado de Dios, aun cuando ha sido redactado por hombres, vivificador en su fuerza, infalible en su autoridad, personal en su aplicación, inspirado en su conjunto.
    “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (He. 4:12-13).
    “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 P. 1:19-21).

Dyson Hague (1857-1935)

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 ¿A ESTO LO LLAMAS ÉXITO?

En el año 1923, en Chicago (EE. UU.), en un hotel de lujo, hubo una reunión del grupo de financieros que habían tenido más éxito en todo el mundo. Entre ellos controlaban más dinero en total que el que había en el Ministerio de Hacienda de los Estados Unidos. ¡Sólo podemos imaginar cuánto dinero pasaba por sus manos ! Durante años los periódicos y las revistas publicaron muy a menudo artículos destacando los éxitos de esos seis hombres, imprimiendo sus consejos en cuanto a finanzas para los demás, y también chafardeando en sus vidas privadas. ¿Cómo no?, para saber lo bien que se lo pasaban estos hombres que eran sumamente ricos. De esa manera muchas personas fueron animadas y persuadidas a seguir el ejemplo de "los seis de Chicago". Pero dejaron de seguirles y dar reportajes sobre sus vidas... y por alguna razón se les olvidó contar el resto de la historia de los seis. ¿Sabes por qué? Sigue leyendo y sabrás el resto de la historia de esos seis.

1. CHARLES SCHWAB: el presidente de la más grande de las empresas de acero. El se mantuvo viviendo del crédito los últimos cinco años de su vida, y murió sin ni siquiera un centavo.

2. RICHARD WHITNEY: el presidente de la famosa bolsa de valores de Nueva York ("Wall Street"). El pasó sus postreros años en la cárcel de Sing Sing.

3. ALBERT FALL: miembro del Consejo de Ministros del Presidente de los Estados Unidos. Recibió un indulto para poder salir de la cárcel y morir en su casa.

4. JESSE LIVERMORE: el inversionista más grande y potente en toda la bolsa de valores. Se suicidó.

5. LEON FRASER: el presidente del Banco de Finanzas Internacionales. Se suicidó.

6. IVAR KREUGER: el dueño y gerente del monopolio más grande del mundo. Se suicidó.

    El resto de la historia de sus vidas la prensa no lo publicó como lo había hecho con la primera parte. El final de sus vidas manifiesta que todo su esmero y afán por el dinero y el poder fue un error y un engaño. El final de la vida de "los seis" da la razón a la Biblia, porque ella dice algo respecto al asunto de dinero, que es como una profecía que siempre se cumple:
    "Porque los que quieren enriquecerse, caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición" (1 Timoteo 6:9).
    Y si tú, amigo lector, te involucras en una vida de codicia, materialismo y avaricia, envidiando a los demás y tratando de acumular tesoros para ti, acabarás como estos seis hombres. Por cierto, ellos eran más ricos y poderosos de lo que tú o yo podríamos lograr ser, pero a pesar de todo acabaron sus vidas en ruinas y ellos tenían que morir igual que los demás, e irse al encuentro con Dios, después de haber ignorado las advertencias de su Palabra. ¿Y eso es éxito? "Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?" (S. Marcos 8:36-37).

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 Las Características De Un Cristiano Inmaduro

A. W. Tozer


“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo”.       
1 Corintios 3:1Algunas personas piensan que un cristiano espiritual es una persona bastante trágica, anémica, apocada, suave, amable e inofensiva, que va por ahí con una sonrisa permanente en su rostro, y a la que nada puede provocar una indignación espiritual. No creo que ésta sea la definición bíblica de la espiritualidad. Si así fuera, no podríamos decir que Jesucristo, Juan el Bautista y Juan y Pedro fueron hombres espirituales.
    El cristiano inmaduro ha sido regenerado, pero es inmaduro y espiritualmente imperfecto, con un desarrollo retardado. Es tan posible ser retrasado espiritualmente como lo es padecer de un retraso físico, espiritual y mental, es decir, tener las características de un bebé. Pablo usa la palabra “niño” en 1 Corintios 3:1, lo cual es una descripción anónima, como es la frase “niños en Cristo”.
    Una iglesia de Cristo puede incluir al menos cuatro clases de personas. Tenemos al asistente medio, que viene siempre pero nunca se convierte. Viene y parece disfrutar, tiene amigos entre los cristianos, pero nunca ha pasado de muerte a vida. Ésa es una clase.
    Hay otra, que es la de aquellos formados para ser cristianos pero que no lo son. Parecen cristianos porque han aprendido el lenguaje cristiano y pueden hacer determinadas cosas, dando a todos la impresión de que son cristianos de verdad. Por lo general los vemos a cargo de todas las actividades de la iglesia local.
    Luego están los verdaderos cristianos, pero que son inmaduros. Nunca se han desarrollado para ser cristianos maduros, funcionales. Se encuentran en el mismo punto en que estaban cuando fueron salvos.
    Afortunadamente, también hay cristianos verdaderos que además son espirituales. Lo triste es que en la mayor parte de las iglesias parecen ser una minoría.

Las características de un cristiano inmaduro

    Quiero concentrarme en el cristiano inmaduro. Éste parece formar parte del grupo más grande de la Iglesia contemporánea. Sus miembros arrebatan a la Iglesia el poder y la influencia, contradiciendo la enseñanza clara de la Biblia. Pablo dijo que esas características no eran espirituales, sino inmaduras, y cuando esos rasgos figuran en los cristianos, son personas no espiriutales. La mejor manera de comprender esto es comparar al cristiano inmaduro con las características que tiene un bebé.

Egocéntricos

    Permítame comparar a esos cristianos inmaduros con los bebés. Todo el mundo conoce bien las encantadoras payasadas de los bebés. Personalmente, me encantan los bebés. En nuestro hogar ya hemos tenido unos cuantos pequeñines adorables. Pero lo primero que detectamos en los bebés es su egoísmo.
    El bebé dispone de un pequeño mundo propio, y no tiene ni idea de que existe otro mundo fuera del suyo. Es una personita egocéntrica, y todos los demás – mamá, papá, hermanos y hermanas – giran en torno a ese pequeño sol central. Todos los demás son sólo cuerpos insignificantes para el bebé. Define su mundo con las palabras “yo”, “mío” y otras parecidas.
    Este es el concepto paulino del cristiano inmaduro, alguien que es egocéntrico, que vive una vida cristiana centrada en sí mismo. Está claro que ha nacido de nuevo, pero vive de tal manera que todo gira en torno a él o ella. La única importancia que tienen los demás está en función de las necesidades del bebé.
  
Oreintados hacia los sentimientos


    Otra característica de un bebé es que se ve afectado indebidamente por sus sentimientos. La calidad de vida de un bebé gira en torno a sus sentimientos. El más leve cambio en ellos tendrá una gran repercusión sobre la vida en general. Todo bebé reclama un entorno perfecto, entendiendo como tal, sencillamente, aquel que [sigue] completamente sus sentimientos. Un instante es un muchachito feliz, y al siguiente berrea como si se hubiera acabado su mundo. La evidencia siempre da paso a los sentimientos y a las emociones.
    Normalmente sacamos una conclusión basada en la evidencia, en lugar de dejarnos llevar por los sentimientos. Los cristianos inmaduros tienden a vivir según sus emociones. Primero, deben tener lo que ellos llaman “un buen ambiente” en la iglesia, y entonces sí disfrutan. Si no hay buen ambiente, no lo pasan bien. Si eso sigue igual, buscarán otro lugar donde lo pasen mejor. Son más o menos víctimas y marioinetas de su entorno.
    Un bebé es víctima de su entorno, una víctima voluntaria, porque berrea como un toro cuando algo sale mal. Aunque a un bebé haya dejado de dolerle un dedo, seguirá llorando mucho después de que se le haya olvidado o ya no le duela, porque se ve afectado indebidamente por sus temores; o bien se divierte y se ríe porque sí, sin más motivo.
    Con nuestra nieta Judith descubrí que si apoyaba mi nariz en la suya y balbuceaba, ella también balbuceaba y se reía la mar de divertida, y nos lo pasábamos bien juntos. Me pregunto qué tendrá eso de gracioso. No sé qué tiene de divertido, pero ella lo considera uno de los mejores ejemplos de humor que haya penetrado en su pequeño círculo de interés o de atención durante su año de vida. Ella y yo hacemos ese numerito y nos lo pasamos muy bien. Yo no creo que sea gracioso, pero es divertido ver lo bien que se lo pasa ella.
    Los bebés están abatidos o se ríen a carcajadas sin motivo. Son víctimas de sus sentimientos y de sus sentidos, porque son inmaduros. Éste es también el rasgo distintivo de un cristiano inmaduro. Se anima y se desanima con demasiada facilidad. Llora cuando no hay motivo para ello y ríe cuando no es divertido. Al cabo de un tiempo, un cristiano debería aprender que las cosas no deben ser así.

Dependientes de lo externo
    La tercera característica de un bebé es su propensión a descansar en todo lo externo. Un bebé carece de vida interior. Los psicólogos dicen que los bebés nacen sin mente, que van desarrollando a medida que crecen. No sé si será así, pero sí sé que nacen con capacidad intelectual, aunque sus pequeñas mentes estén vacías. Déle a un bebé un sonajero de colores y se entretendrá durante horas. A medida que se hacen mayores, su capacidad va aumentando, pero aun así no tienen vida interior. Descansan por completo en lo externo.
    Éste es también un rasgo de un cristiano inmaduro. Vive demasiado en la religión visible, y depende de las circunstancias externas. Le gustan las luces de colores y los sonidos curiosos o atractivos, y el aspecto de determinados uniformes o decoraciones; todo lo que alimente su mente infantil llamándola desde fuera, de lo interno a lo externo.
    Podemos estar tan seguros como de que estamos vivos que, en proporción al modo en que nos afecten las circunstancias externas, somos inmaduros. Porque Jesús dijo: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Jn. 4:23) No hay otro modo de que lo externo puede adorar perfectamente al Padre. El cristiano inmaduro no puede adorar sin sonajeros y juguetes religiosos; si no los tiene, se aburre y pierde interés.
    Para un cristiano maduro, cualquier lugar desapacible es propicio para adorar si tiene el corazón en su sitio y el Espíritu habita en él. La adoración y la comunión con Dios pueden ser reales y sinceras, y la tranquilidad ser la misma, porque el cristiano espiritual no depende de lo externo.

Carentes de propósito

    Otra característica de un bebé es su ausencia total de propósito. Un bebé ve una pelota y la quiere. No sabe qué es la pelota o qué hará una vez la consiga; pero quiere esa pelota roja que está justo fuera de su alcance. Aún no ha aprendido a gatear, de modo que debe pedirla llorando, y cuando la obtiene, se decepciona. No quería la pelota con ningún propósito concreto, y una vez la tiene no cumplirá ninguno. Por supuesto, esto es característico de los bebés.
    Aunque son muy dulces –no querría que fuesen de otro modo, porque son lo más encantador del mundo– carecen de propósito en la vida. Pero cuando un niño crece un poco más y empieza a gatear y a decir cosas, comienza a apartar los objetos o a avanzar hacia uno determinado. Cuando llega a la adolescencia, ya habrá elaborado un propósito para su vida.
    De la misma manera que un bebé no tiene propósito, veo que el cristiano inmaduro tampoco lo tiene. Vive para la siguiente lección. Quiere saber dónde estará el buen predicador, y va a escucharle. Quiere enterarse de dónde cantará ese coro tan estupendo, y va, se sienta y halaga su inmadurez escuchando a los mejores cantantes que encuentre. O bien quiere saber dónde se reúne el mayor número de personas, y la multitud le carga las baterías. Aquí no hay propósito alguno; nunca entró y cayó de rodillas para decir: “Dios, ¿para qué he nacido, y por qué he sido redimido? ¿Qué sentido tiene todo?” Su vida carece totalmente de propósito.

continuará d.v. en el número siguiente
A. W. Tozer, capítulo 8 del libro Fe Auténtica, Editorial Portavoz

jueves, 2 de octubre de 2014

En Esto Pensad -- octubre 2014

BENDICIONES SON DE NUESTRO DIOS
 
Cuando tempestades surgen alredor,
Y desanimados sois, y con temor,
Ved las bendiciones que el Señor os da,
Y contadlas todas: son de Jehová.

CORO:
//Ved lo mucho que el Señor os da.//
¡Bendiciones, son de nuestro Dios!
Ved las bendiciones que el Señor os da.

Cuando veis a otros con su rico haber,
Y tenéis tan poco en vuestro poder,
Ved las bendiciones que el Señor os da,
Y contadlas todas: son de Jehová.

Cuando estáis en lucha con el tentador,
Recordad a Cristo y Su gran amor;
Ved las bendiciones que el Señor os da,
Y contadlas todas: son de Jehová.

“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos”.

Colosenses 3:15

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 
SIETE MILAGROS DEL LIBRO
Dyson Hague

1. Se acredita a sí mismo

    No se necesita el concurso de un crítico de la historia o de un catedrático para comprobar que la Biblia es la propia Palabra de Dios. Solo el Espíritu Santo otorga esta convicción. Si uno solamente escucha Su voz, uno quedará más profundamente convencido que por cualquier demostración imaginable de que este Libro es la propia Palabra de Dios. Los hombres hasta hoy intentan desvirtuar la fuerza de la Palabra y de destruirla. El Espíritu Santo sin embargo ratifica la Palabra con tal certidumbre como nunca se podría lograr por medio del simple sentido racional y resiste a todo asalto de duda.
    Quizás se conoce el relato de Spurgeon acerca de aquella pobre mujer, a quien un moderno detractor de Dios le hizo esta pregunta: “Qué lee usted allí?” La respuesta: “Leo la Palabra de Dios”. “¿La Palabra de Dios? ¿Quién le dice que lo es?” “El mismo me lo ha dicho”. “¿El mismo? ¿Cómo puede usted probar eso?” Ella señaló hacia el Cielo y preguntó: “¿Puede usted probarme que allá en el cielo se halla un sol?” “¡Por supuesto! La mejor prueba es que me calienta y que puedo ver su luz”. “¡Precisamente eso!” exclamó alegremente. “La mejor prueba de que este Libro es la Palabra de Dios, estriba en esto, a saber que calienta e ilumina mi alma” (Compárese con 1 Co. 2:12). Esa es una profunda y real verdad, que no requiere más explicación.

2. Es inagotable

    Las bellotas de un roble se dejan contar, pero nadie puede decir cuántos robles se hallan encerrados en la semilla de un roble. De ese modo cada árbol procede de una semilla y por su parte produce las semillas para otros árboles, miles de semillas, y cada semilla encierra el germen para miles de árboles. ¡Así sucede respeto a las Escrituras! Su profundidad no tiene limites, no se puede medir su altura. Millones de lectores y escritores a través de los siglos han cavado en su tesoro y no obstante no lo han agotado. Siglo tras siglo y con creciente fuerza creadora viene produciendo pensamientos, planos, investigaciones, hasta incluso libros enteros. Sí, los cerebros más destacados pertenecen a sus expositores, un número incontable de estudiantes lo han explorado, y sus lectores diarios se cifran en millones. Los tomos que se han escrito sobre la Biblia, sobre aislados capítulos o también versículos de ella, podrían llenar los estantes de más de una biblioteca. A menudo aun hoy son de tanta actualidad, tan substanciosos y fructiferos como en el día cuando fueron escritos. Aun así no queda agotada la Palabra divina. Los tesoros, que todavía han de descubrirse, son como las estrellas del cielo en número y en brillantez. Eso también es un milagro.

3. Es inmejorable

    Otro milagro más es que las Escrituras son inmejorables. No es cuestión de dorar el oro. No se añade colorido a los rubies, y diamantes cortados correctamente no se pueden aumentar en su resplandor. Así tampoco ningún artista está en condiciones para perfeccionar la ya terminada Palabra de Dios mediante un último pulimento. Nuestro orgulloso y confiado siglo no tiene nada que añadir a esta Palabra. Se situa cual el sol en el firmamento. De haber los más grandes detractores de la Biblia de todos los siglos intentado mejorarlo,su obra habría surtido el efecto que produciría un remiendo inoportuno, habría practicado una deformación. Este Libro despide el fulgor de la gloria de Dios.

4. Tiene autoridad
    Maravillosa es también su irrestisible autoridad. Penetra ésta en uno como una voz desde el Cielo. Por quinientas veces comienzan or terminan tan solo las explicaciones en el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia, escritos por Moisés) con estas excelsas palabras: “Dijo el Señor”. En los libros que siguen estas afirmaciones concretas se repiten tres cientas veces, y en los libros proféticos aparecen mil dos cientas veces expresiones como ésta: “¡Oíd la Palabra del Señor!” o “Así dice el Señor”. Ningún otro libro se atreve dirigirse de esta forma a la conciencia del hombre, ningún otro habla con sentencias tan comprometedoras o exige de tal manera la obediencia de la humanidad. Todas las partes de la Biblia tienen igual inspiración y poseen la misma reivindicación perentoria de autoridad. Digno de notar es el hecho que hombres de cualquier siglo y de todos los países reconocen esto. Ellos encuentran que este Libro habla a su conciencia con una autoridad, que es la autoridad misma de Dios.
    Aquello era un mensaje para mí. Dio conmigo una voz directamente del Cielo. Me enderezó, y ningún hombre jamás me podrá aparter de la convicción inconmovible de que el mensaje de aquel día era la propia Palabra de Dios dirigida a mí, inspirando porque ella misma fue inspirada. Inspirada, porque ella misma inspiraba.

5. Es vivo y eficaz (He. 4:12)
    Sabemos que fue inspirada la Biblia, pero lo maravilloso es que la Biblia hoy y ahora vivifica y es eficaz. Desde los tiempos más remotos la Palabra de Dios se abre paso en los corazones de los hombres, y el mismo hálito de Dios que inspiró en ellos la vida misteriosa la mantiene también hoy en día viva y eficaz. Es la Palabra viva, equipada con la vida del Dios viviente, que le dio y da esta fuerza.
    El Salmo 23 por ejemplo, inspirado como todas las Escrituras–todavía hoy, cuando en la quietud de una cámara mortuoria se lo susura o de otra manera se lo lee con este pensamiento: “¡Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley!” (Sal. 119:18), tiene renovada eficacia; el Espíritu lo vuelve a dar vida.
    Este es el más destacado y singular rasgo de la Biblia: siento dentro de mí que es mía. Sus promesas me pertenecen. El Salmo 103 para mí no tiene nada de antiguo hebreo, es fuerza actual, que con su lectura me subyuga y me hace exclamar lleno de agradecimiento: “¡Bendice, oh alma mía, a Jehová!”



continuará, d.v. en el siguiente número

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

 “¿Qué pensáis del Cristo?”   Mateo 22:42  
    Cada domingo tenemos oportunidad de contestar esta pregunta en la Cena del Señor. ¡Qué pena si no venimos preparados y desaprovechamos la oportunidad. Con himnos, la lectura de las Escrituras y oraciones de adoración y gratitud, ¡díle al Señor qué piensas de Él! Prepárate durante la semana, leyendo cada día la Palabra, meditando, orando y adorando. Cuando más pensemos en Cristo, menos pensamos en nosotros. Juan el Bautista dijo: "Es necesario que él crezca pero que yo mengüe". Así es también con nosotros.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Los Dominios del Señorío de Cristo1. Señor de la Mies (Mt. 9:38)

2. Señor del Día de Reposo (Mt. 12:8)

3. Señor Mío (Jn. 20:28)

4. Señor del Cielo y de la Tierra (Mt. 28:18)

5. Señor de Todos (Hch. 10:36; Ro. 10:12)

6. Señor de Vivos y Muertos (Ro. 14:9)

7. Señor de Señores (Ap. 17:14; 19:16)
L.P.R., tomado de un viejo nº de la revista “Congregados En Mi Nombre”, 
editada en Chile por D. Ernesto Moore.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 Manchas Indelebles

    “León es león, por lindo que sea el cachorro”.
    Cierto domador de fieras de apellido Becwith tenía su propio parque zoológico y criaba fieras en cautiverio. Se le ocurrió ver cómo podía criar leones mansos y para este fin usó un nuevo método de alimentación para un par de cachorros. La leche de vaca, y nada de carne en su dieta, parecía dar buenos resultados. Pero él contó—
    Mi primera desilusión fue cuando los cachorros tenían unos diez meses. Mi esposa me llamó con urgencia y, al llegar a la ventana, vi a nuestro burro a una distancia de quince metros comiendo paja.
    Arrastrándose silenciosamente hacia él estaba uno de los cachorros que habíamos criado cariñosamente con biberón.
    Con una facilidad como si fuera costumbre en él, brincó encima del burro, agarró con una pata la crin, extendió la otra hacia el hocico del burro y entonces lo haló hacia atrás. En seguida el burro cayó a tierra y el cachorro, con sus colmillos pelados, no perdió tiempo en buscar la vena. En fin, era sangre lo que quería.
    Aquel cachorro había recibido un cuidado especial, fue criado con técnica por un profesional, vivía protegido y nunca le faltaba comida. No obstante, se mostró tan feroz como cualquier cachorro de la selva. Por nacimiento tenía la naturaleza de león y ninguna crianza, ninguna dieta y ninguna comodidad de parque zoológico iba a cambiarla. “En fin, era sangre lo que quería”.
    Usted y yo tenemos también nuestra naturaleza propia. “El corazón es engañoso más que todas las cosas, y perverso”, Jeremías 17:9. Por esto dijo Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto os digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”, Juan 3:3. Nicodemo se sorprendió y no pudo entender cómo un hombre maduro podía volver a nacer.
    El Señor le explicó que lo que es nacido de la carne, carne es. Es necesario un nuevo nacimiento, uno espiritual, para entrar en el reino de Dios. “Lo que es nacido del Espíritu”, dijo, “espíritu es”. Es el Espíritu Santo de Dios que obra en uno para que nazca de nuevo, para que sea nueva creación en la estima de Dios.
    Es una ley fundamental, tanto en lo natural como en lo espiritual, que lo superior no puede evolucionar de lo inferior. El vegetal es materia y nada más; nunca puede producir ánimo. El animal es a la vez materia y ánimo; no puede producirse de vegetal, ni producir espíritu. Sin embargo, el hombre es materia, ánimo y espíritu, y no se desarrolló de lo animal.
    Por tanto, si el hombre pecador —como somos usted y yo— va a “ver” o “entrar” en el reino de Dios, tiene que nacer otra vez, o nacer de arriba. Esto puede hacerlo sólo el Espíritu Santo.
    El profeta Jeremías pregunta retóricamente: “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?” Tal como aquel lindo cachorro de león quería sangre, usted y yo no podemos erradicar la naturaleza que recibimos de nuestros padres. ¡Pero podemos recibir una nueva!
    Podemos ser “participantes de la naturaleza divina”, 2 Pedro 1.4, y ser hechos nueva creación en Cristo Jesús, 2 Corintios 5.17. Esto es lo que hace el Espíritu Santo con todo aquel que por sincera, sencilla fe recibe a Jesús como Salvador. En el Calvario, Él dio su vida terrenal para dar la vida espiritual al que cree en Él.

 S. J. Saword
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
¿Cuándo Realmente Nació El Señor Jesucristo?(Parte II)
Nieve en Belén en diciembre

Notas de la Biblia Textual, Sociedad Bíblica Iberoamericana:

viene del nº anterior

    2. Lo que según la Escritura, pudo suceder: Otro punto para establecer la fecha del nacimiento de Jesús el Mesías, es establecer el tiempo en que Elisabet quedó embarazada, pues la Escritura nos da precisa información de que Juan era seis meses mayor que Jesús (Lc. 1:26, 36). Para ubicar esta fecha, detengámonos en el relato de Lucas 1:5, específicamente en la frase del grupo de Abías. El sacerdote Zacarías se encontraba ministrando en el templo, cuando se le apareció un ángel del Señor, anunciándole el nacimiento de su hijo, y relacionándolo con el profeta Elías (Lc. 1:17), cuyo advenimiento (Mal. 4:5) según la tradición judía, tenía que ser en la Pascua, celebración que se hacía el 14 de Abib (Nisán)
el primer mes del año lunar hebreo. Mas tarde, el mismo Jesús se habría de referir a Juan como Elías (Mt. 11:14). Ahora bien, unos mil años antes de estos acontecimientos, el rey David había establecido 24 órdenes sacerdotales para ministrar en el templo. La clase (o grupo) sacerdotal al cual pertenecía Zacarías había caído en la octava suerte (1 Cr. 24:10), y así, le tocaba servir durante el cuarto mes del año lunar. Es previsible inferir entonces que, tan pronto como Zacarías regresó a su hogar, Elizabet quedara embarazada. Esto debió haber sucedido a mediados del mes Tammuz, que corresponde a Junio-Julio. Nueve meses más tarde, a mediados del mes de Nisán del siguiente año, es decir, durante la Pascua hebrea, nació su hijo, y seis meses después, nació Jesús, el Salvador del mundo. En el mismo Evangelio según Lucas se informa la fecha en que la virgen Miriam se halló encinta: Después de estos días, su mujer Elisabet concibió; y se mantenía en reclusión cinco meses...al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, cuyo nombre era Nazaret, a una virgen... y el nombre de la virgen era Miriam. Después de anunciarle que quedaría encinta, el ángel Gabriel añadió: Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido un hijo en su vejez; y para ella, la llamada estéril, éste es ciertamente el sexto mes; pues de parte de Dios ninguna cosa será imposible (Lc. 1:36-37).
   Es muy probable que la virgen quedara encinta en el momento mismo de aceptar la voluntad de Dios. Fue entonces cuando la sombra del Omnipotente vino sobre aquella jovencita de la cual habría de nacer el Mesías. Era el sexto mes de embarazo para Elisabet que corresponde a Tevet, décimo mes del año lunar, es decir, a diciembre-enero. En ese tiempo Miriam fue a visitar a su pariente Elisabet, y se quedó con ella tres meses, hasta el nacimiento de Juan que, como hemos visto, corresponde a los meses de marzo-abril (Lc. 1:56). Las 40 semanas del embarazo de Miriam se cumplieron a mediados de Tishrei, séptimo mes del calendario hebreo, que corresponde a septiembre-octubre.
    3. Lo que, según la Escritura, sucedió: Continuando la pesquisa, nuestra atención es para la fecha del año nuevo ordenado por Dios: 1º de Abib (Nisán) (Éx. 12:2), que corresponde a los meses marzo-abril del calendario gregoriano. A pesar de ser un mandato tan claro y específico de Dios, con tristeza vemos que ni Israel ni la verdadera Iglesia han puesto la debida atención a este mandato, antes ...han aprendido el camino de las naciones (Jer. 10:2). Basta decir aquí que, para el Dios Único, en año comienza en la fecha antes mencionada. A partir de allí, Él señaló las Solemnidades que Israel debía celebrar en sus tiempos durante el año, y que son: a) la Pascua, símbolo de Cristo, nuestro Redentor (1 Co. 5:7; 1 P. 1:19); b) los panes sin levadura, símbolo de la Cena Dominical (Hch. 20:7; 1 Co. 11:20-26); c) las Primicias, símbolo de Cristo en su resurrección (1 Co. 15:23); d) los panes con levadura, símbolo de la Iglesia de Cristo (Hch. 2:1-47); e) las Trompetas, símbolo del arrebatamiento de la Iglesia (1 Co. 15:51-52; 1 Ts. 4:13-17); f) día de Expiación, símbolo del Advenimiento (Mt. 24:27-31; Lc. 2:1-28); y g) los Tabernáculos (tipo del reino milenario de Cristo en la tierra) (Mr. 9:2-13; Ap. 20:4, 6).
    Una atención especial a esta última fiesta (Lv. 23:5-41), arroja suficiente luz sobre la fecha que tratamos de determinar: La solemnidad de los Tabernáculos, última de las celebraciones del año, pone fin a la serie de fiestas solemnes instauradas por Dios. En su orden profético, esta fiesta corresponde a los acontecimientos que sucederán inmediatamente después del Advenimiento. Desde la instauración del Reino Milenario, hasta la creación de los nuevos cielos y tierra, es decir, durante mil años literales, la humanidad vivirá la gloriosa experiencia de ver a Dios... morará en Sión (Jl. 3:21).
    Ahora bien, el Evangelio según Juan (1:14) dice textualmente: "Y el Verbo se hizo carne, y tabernaculizó entre nosotros". De donde la palabra griega eskénosen (traducida tradicionalmente habitó) es en realidad un verbo que literalmente significa asentar tabernáculo. A su vez, dicho término griego es una traducción de la palabra hebrea sucot que se usa para definir tabernáculos o cabañas. Así, el verbo griego ejskήvnωsen →§ 74, que usa el evangelista Juan, nos da una clave muy precisa para formular la siguiente pregunta: ¿Qué fecha podía escoger Dios, para que su Hijo naciera en la tierra, sino en la fiesta de los Tabernáculos? ¿Cuál otra solemnidad podría ser más apropiada para que el Verbo descendiera a tabernaculizar entre los hombres, sino en la solemnidad misma de los Tabernáculos? Festividad ésta que se encuentra directamente relacionada con el hecho de que Dios llegaría a habitar en Sión. El registro del Evangelio según Mateo, en donde el Salvador recibe el nombre de Emmanuel, es en extremo significativo, porque uno de sus nombres es Jesús, por el cual es llamado. Su otro nombre, Emmanuel = Dios con nosotros se cumplió con la presencia de Jesús con la raza humana. De allí las palabras del evangelista: el Verbo se hizo carne y tabernaculizó entre nosotros. ¿Y cuándo se celebra la fiesta solemne de los Tabernáculos? El día 15 del mes séptimo... ¡exactamente seis meses después del nacimiento de Juan!
   
  
  Cita de La Biblia Textual, Sociedad Bíblica Iberoamericana, 1999,
publicado por Holman Bible Publishers, notas en págs. 1303-1304
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Una calle de Belén, Israel, en el invierno
¿POR QUÉ VAS A CELEBRAR 
UNA FIESTA NO CRISTIANA?
Mucha gente celebra este día sin conocer las historias relacionadas a la navidad. Muchos “cristianos” se apresuran a celebrarla sin saber nada de su origen, y lo peor es que no quieren saber porque no quieren cambiar. Son adictos de la fiesta. El cuerpo y las emociones se la piden.
    Los cristianos sinceros se preocupan y se entristecen al ver a sus hermanos y hermanas ocupados y preocupados por las apariencias externas de la navidad. Las iglesias bíblicas deben preocuparse de que los cristianos no se enreden en esas costumbres paganas. ¡Pero hoy en día hay congregaciones que hasta tienen el arbolito puesto en su lugar de culto!
    Muchos de nosotros desde niño hemos guardado la fiesta de la navidad. Hemos intercambiado regalos, hemos enviado tarjetas, hemos encendido candelas, hemos roto las piñatas, y hemos comido las ricas comidas navideñas. Mas ahora estamos viendo la insensatez de todo esto. Las palabras de Dios que debemos aplicar aquí son: “No os conforméis a este siglo” (Romanos 12:2), y “no améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Jn. 2:15).
   
extracto de un tratado escrito por Aden Gingerich

lunes, 1 de septiembre de 2014

EN ESTO PENSAD -- septiembre 2014

EL MILAGRO DEL LIBRO (III)


Dyson Hague

(viene del nº anterior)

El milagro de su idioma
    Otro hecho notable es que la Biblia no se compuso en Atenas, sede de la erudición, en Grecia, como tampoco en Alejandría en Egipto. Sus escritores recibieron su inspiración no de las antiguas fuentes de la sabiduría humana. Unos vivían en Palestina. A muchos de los escritores se les llamarían incultos hoy. No habían frecuentado ninguna universidad, no eran eruditos ni pensadores originales, ni siquiera hablaban su propio idioma con toda corrección. Que nos conste solamente que Pedro se traicionó por su dialecto. Habló al estilo de los Galileos. Igual era el caso de Juan (Mt. 26:73; Hch. 2:7; 4:13). Eran gente inculta, como otros muchos también, que escribieron porciones enteras de la Biblia–hombres sin cualquier vocación literaria. Así y todo por semejantes hombres fue escrito el Libro que, bajo la secreta operación divina, se encuentra totalmente exento de cualquier rastro de provincialismo, de modo que llegó a ser la obra modelo para las lenguas de las más cultas naciones del mundo.
    Es un libro que se ha abierto paso hacia el norte y el sur, hacia el oeste y el este. En la influencia que ejercían las mayores naciones del occidente progresista, fue el factor más fuerte, y no obstante procedía del pueblo más iliberal y conservador del más anti-progresista oriente. Sus autores fueron mayormente Judíos, y los Judíos eran por instinto y tradición, por educación y sentimientos el más iliberal de todos los pueblos. El Judío no solo era iliberal, ni siquiera tenía algún interés por otras naciones. Jonás tuvo que ser obligado para que fuera a predicar en la ciudad de Ninive el Mensaje de Dios. ¡Cuánto esfuerzo era necesario para crear en Pedro un interés por la salvación de los Gentiles y que les llevara el Evangelio! (Hch. 10:14; Gá. 2:11-14). Solo un milagro y una revelación especial obraron este cambio total de actitud.
    ¿Cómo pues se ha de explicar que esta gente tan segregacionista estuviese en condiciones para escribir un libro que no es solo el libro de los Judíos, sino el de toda persona, sí, el Libro por excelencia del mundo entero? Ha sido escrito para el mundo, para cada ser humano en particular. Si la Iglesia de Roma se precia de poseer tan solo una lengua, y ésta por cierto una lengua muerta–la lengua latina–es un hecho que las sociedades bíblicas pueden señalar que ellas han hecho impresiones de la Biblia en más de 1.200 idiomas vivientes, para poner la viva Palabra de Dios a disposición de toda nación bajo el Cielo y que cada individuo pueda leer en su propia lengua las maravillosas palabras de Dios. Realmente es un milagro el que en la previsión de Dios, un viejo libro hebreo fuese así liberado de sus particularidades rabínicas y orientales, de modo que millones de muchachos y muchachas, hombres y mujeres que lo leen, nunca lo aprecian por ser una obra literaria hebrea o producto de una antigua raza oriental, sino por ser “lo mejor que nuestra literatura puede dar en prosa sencilla y noble”, como una vez lo dijo Frederico Starison en una conferencia en Oxford referiéndose a la edición inglesa de la Biblia. Y sin embargo resulta asombroso–el que el Alemán exactamente por igual aprecia la versión alemana de la Biblia como siendo “la Biblia suya”.

El milagro de su conservación

    Milagroso también es el hecho que la Biblia como Libro único a través de los siglos, sin interrupción, ha resistido a los asaltos de los más altamente críticos. Siglo tras siglo hombres han procurado quemar y destruirla. Cruzada tras cruzada se organizaron para apagarla. Reyes de la tierra se echaron a la tarea, conductores de la Iglesia lo tomaron sobre sí, el  barrerla de la tierra.
    Diocleciano, césar romano, en el año 303, condujo el más terrible ataque que el mundo ha experimentado contra un libro. Las Biblias casi sin interrupción fueron destruidas, incontables cristianos murieron, y se eregió una columna de triunfo con esta inscripción: Extincto nomine christianorum, esto es, borrado es el nombre de los cristianos. Y no obstante, pocos años después, volvió a aparecer la Biblia tal como en su día Noé había vuelto a salir del arca y se esparció por la tierra, hasta que Constantino la elevó, en el año 325 cuando el primer concilio general, a la posición de autoridad infalible.
    Luego siguió la larga noche de la edad media. La Iglesia romana negaba al pueblo las Sagradas Escrituras. Por siglos enteros era prácticamente un Libro desconocido. El mismo Lutero, siendo ya hombre cuando lo dijo, afirmó que nunca había visto una Biblia. Ningún carcelero mantenía en prisiones con la mayor seguridad, que lo hizo la Iglesia romana con la Biblia, frente al pueblo.
    Además, a raiz de decretos conciliares, anatemas y bulas papales, fureron quemadas las Biblias, y sus lectores condenados por la inquisición al suplicio y a ser quemados vivos. Algunos de nosotros hemos visto en la vieja Londres la plaza donde cestos llenos de Testamentos ingleses, con gran pompa por orden de Roma fueron quemados.
    El peor de todos los asaltos probablemente se lanzó durante los últimos 150 años. Extrañamente, los más amargos enemigos de la Biblia se revelaban ser hombres que exegían la libertad del pensamiento. Bolingbroke, Hume y Voltaire veían la aniquilación de la Biblia como cosa tan cierta que el frances afirmó que en 100 años, la Biblia a lo más se encontraría como una rareza anticuaria.
    Entonces siguió el ejército de los racionalistas alemanes con los ataques más salvajes y peligrosos de todos. Bauer, Strauss y la escuela Tubinger adoptaron el grito de los hijos de Edom: “¡Arrasadla, arrasadla hasta el suelo!” Esto no obstante, Aquel que en silencio está sentado en el Cielo se ríe; el Señor se burla de ellos. Pues que todavía hoy existen las Escrituras, más divulgadas que nunca antes. Allí está y allí permanecerá. Los contrarios le han echado lo peor de su arsenal, arrojado su más fuerte armamento–¡en balde! Sean lo que sean los inesperados contrarios que el futuro pueda aun traer–más perniciosamente que Julian, Celsus, Porplyrios, que Voltaire, Strauss, Renan, que Eichhorn, Wellhausen, Kuenen (y ahora Bultmann y su escuela*). Con todo, la Palabra sigue su carrera, y nadie puede retenerla. Unos 25 millones de ejemplares se esparcen cada año por toda la tierra. ¡Qué respuesta–también a nuestro siglo orgulloso! Cómo ella recuerda de modo análogo la llamada retadora de Moisés: “Pues infórmate, si quieres, de los primeros tiempos, que eran antes de tí, desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra, y desde un cabo de los cielos hasta el otro cabo de los cielos, si alguna vez ha habido cosa parecida a esta gran cosa, o si se ha oído hablar de otra parecida a ésta” (Dt. 4:32).

*su libro "The Wonder of the Book" fue impreso del discurso que dio en Toronto, Canadá en 1912
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

¿Dónde Ponemos La Mira?

Como soldados cristianos deberíamos poner nuestros afectos en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Col. 3:1-2). Lo mejor que podemos hacer acerca de nuestro pretendido futuro financiero es olvidarlo. Citando al mismo "Comandante" (El Señor Jesucristo): "No os afanéis por el día de mañana..." (Mt. 6:34), específicamente por cosas como qué comeremos o qué beberemos o vestiremos. Él promete cuidarse del futuro de cada uno de los Suyos. Esto nos libera para trabajar más duro para suplir nuestras actuales necesidades, dar todo el resto para la obra del Evangelio –el conflicto espiritual– y confiar en Dios para el futuro. Muchos han errado de la fe y se han traspasado con muchos dolores por olvidar o tratar de racionalizar esta instrucción – ¡cuidado!
     Nos será de ayuda a los que somos estudiantes o aspiramos a serlo, reexaminar la necesidad de tanta educación, de otro grado, de otro certificado, cuando realmente ya tenemos suficiente competencia para trabajar de alguna manera para suplir nuestras necesidades. No es ninguna desgracia tomar un trabajo de "cuello azul". De todas maneras, ¡el azul es el color del cielo! Ahora bien, puede que el Señor dirija a algunos de nosotros al campo educativo es estratégico para nuestra situación en el campo de batalla donde Él nos quiera. Si es así, deberíamos trabajar duro en ello, sin perder el tiempo, y terminar pronto. Pero estemos seguros de que es el Señor quien nos dirige y de que tenemos una guía específica de Él para tales pasos, y no que sea simplemente que nos guste tener más conocimientos y títulos cuando realmente podríamos servir bien sin ellos.
Carlos Tomás Knott, del libro ¿Soldados o Blandengues?

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

EL TIEMPO

El tiempo es un recurso que Dios da a todos. Nos pedirá cuentas de cómo lo usamos. Cada uno tiene 24 horas en cada día y 168 horas en cada semana. Malgastar el tiempo es un error, es necio y además es pecado.

"el tiempo es corto"  (1 Co. 7:29)
"...aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos" (Ef. 5:16)
"redimiendo el tiempo"  (Col. 4:5)
"el tiempo está cerca" (Ap. 22:10)

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -


Hay un estudio conversacional sobre el libro de Rut en la asamblea en Gibraltar, del 12 al 14 de septiembre. Oremos por la guía y bendición del Señor en esas reuniones.



- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -


      - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

 "LA CUENTA POR FAVOR"

Si sales a comer afuera, miras el menú y los precios de lo que consumirás, porque al final hay que pagar, y pides lo que has decidido. Mientras tanto, tú y tus acompañantes coméis felices, habláis, os reís, os lo pasáis bien, y entonces al final toca pedir la cuenta. Si no la pides, de todos modos te la traerán al final. 
Entonces hay tres preguntas:

1. ¿Cuánto es?  2. ¿Quién la paga? 3. ¿De qué modo paga?
 
     En la vida también tenemos una cuenta. Durante toda la vida cada uno está acumulando su cuenta ante Dios. Él nos advierte de la paga del pecado (Romanos 6:23). Amigo, puedes pasarlo bien con tus acompañantes, hablar, divertirte, reírte, etc. pero al final toca pagar la cuenta. Mira bien lo que haces, amigo, y piensa si merece la pena, porque al final hay que pagar. Aunque quisieras evadirla, no pedirla y escaparte, no podrás. Al final Dios te pasará la cuenta. Romanos 2:5 habla de los que atesoran para sí ira. Con cada pecado de hecho, pensamiento, actitud, palabra u omisión estás cargando la cuenta. Todos los días crece. Apliquemos las tres preguntas:
    ¿Cuánto es?  "La paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23).
    ¿Quién la paga? "El alma que pecare, ésa morirá" (Ezequiel 18:4). El que peca, paga su cuenta con Dios. Romanos 14:12 dice: "cada uno de nosotros dará a  Dios cuenta de sí".
    ¿De qué modo paga?  No con obras, ni sacramentos, ni sinceridad. Sólo la muerte paga esa cuenta. Es la muerte segunda, el juicio eterno en el lago de fuego. Pero Dios ha provisto un sustituto, el Señor Jesucristo, para pagar esa cuenta terrible. Él llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero, sufrió en nuestro lugar y pagó lo que debíamos. Todo el que arrepentido confía en el Señor Jesús, recibirá perdón y vida eterna, en lugar de condenación y muerte eterna. Así es la gracia y misericordia de Dios. Alguien pagó tu cuenta por ti, y si lo reconoces y confías en Él, vivirás. En el libro del profeta Isaías leemos: "Venid...estemos a cuenta" (1:18). Dios ha provisto para saldar la cuenta, porque envió a Su Hijo Jesucristo a pagarla. Por eso Él gritó en la cruz: "¡Consumado es!", porque terminó de pagar.
    Naturalmente la gente quiere disfrutar la vida, gustar de todo, tener placer, probar cosas nuevas, reírse y pasarlo bien, pero es todo a plazo corto, porque cuando llegue al final hay una cuenta terrible que pagar. No digas: "Que me quiten lo bailado" porque Dios te quitará todo en el juicio, y pagarás tu cuenta de pecado por toda la eternidad. Él tiene todo apuntado en "los libros" de las obras (Apocalipsis 20:12-13). Arrepiéntete y clama al Señor Jesucristo, que murió para pagar tu cuenta de pecado, y que vive eternamente para perdonar y dar vida a los que en Él confían.

  - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Belén nevada en diciembre

 ¿Cuándo Realmente Nació 
El Señor Jesucristo?
 
Notas de La Biblia Textual, Sociedad Bíblica Iberoamericana

Lc. 1:5 “De la clase de Abías”. Asombra que un registro bíblico tan sencillo y desapercibido tenga una connotación de tanta importancia teológica, doctrinal y devocional, como es el hecho de que, a partir de esa corta frase, sea posible trazar en la Escritura el camino que establece, nada más y nada menos que... ¡la fecha natal del Señor Jesucristo! Es evidente que los intentos para determinar el día, mes y año del nacimiento de Jesús han resultado infructuosos. La razón de ese fracaso es debe a que las propuestas, afirmaciones e imposiciones hechas acerca de la fecha de nacimiento de la Persona más importante en la historia del Universo, han estado siempre relacionadas al sistema religioso mundano y pagano en que vivimos, y en pocas, o quizás ninguna oportunidad, se intentaron utilizando los recursos del único instrumento que Dios nos ha dado para que entendamos lo que Él quiere que entendamos, esto es: su Palabra; la cual, como veremos, incluye el registro de la fecha del nacimiento de su Hijo. ¿Y por qué algo tan sencillo como indagar en las Escrituras la fecha del nacimiento de Cristo no ha sido propuesta hasta el presente? ¿Es que acaso alguna energía de invisible poder aleja al hombre de su única fuente de verdad? La respuesta es que todos los intentos por determinar la fecha de nacimiento de Jesús fueron siempre auspiciados y dirigidos en las altas esferas del paganismo religioso. Si alguna respuesta provechosa, fiel y exacta hemos de hallar en un asunto de tanta importancia, solamente la hallaremos en los registros de las Sagradas Escrituras.
    En primer lugar, tenemos que reconocer que hasta hoy, ni Israel ni la Iglesia obedecen fielmente el calendario bíbilico ordenado por Dios. Y es evidente que existe un especial interés por parte del príncipe del mundo en este asunto, toda vez que una gran confusión y un error tan grande se manifiesta sobre un asunto que puede resolverse mediante apreciaciones bíblicias relativamente sencillas. Esto no puede provenir sino de parte del Confundidor, para que ni Israel ni la Iglesia obedezca los claros mandamientos que Dios da en su Palabra. Con el propósito de poner fin a la polémica mediante la autoridad de la Palabra de Dios, el trazado bíblico que expondremos a continuación, determinará sin lugar a dudas la fecha del nacimiento del Señor Jesús. Dividiremos este asunto en tres consideraciones básicas:
    1. Lo que según la Escritura no pudo suceder: ya de entrada diremos que, el estudio detenido de ciertos pasajes del registro del nacimiento de Jesús, nos llevará a la conclusión de que el Mesías jamás pudo haber nacido en invierno. El relato del Evangelio según Lucas (2:1-21) declara que en las cercanías de Bet-léhem había pastores, los cuales velaban y guardaban a sus rebaños durante las vigilias de la noche. Por el trasfondo histórico, se sabe que los rebaños de aquella región eran llevados más tarde al templo en Jerusalén para cumplir con las leyes del sacrificio. Los corderos de Bet-léhem eran famosos por ser los únicos sin manchas ni defectos, y estos pastores sabían muy bien que su misión no era simplemente cuidar ovejas. Ellos estaban conscientes de que servían de esa manera al Dios de Israel, cuidando unos pequeños animales que tipificaban al Cordero de Dios que habría de quitar el pecado del mundo. Estos humildes pastores eran judíos creyentes, y aquella noche, cuando estaban en el campo guardando los rebaños, vieron la aparición de un ángel que les daba las buenas noticias de que en ese día había nacido el tan esperado Mesías: "No temáis, porque he aquí os anuncio buenas nuevas de gran gozo que será para todo el pueblo: Que hoy os nació en la ciudad de David un Salvador, que es el Mesías Señor". Más tarde, y celebrándolo con ellos, apareció “...una multitud de las huestes celestiales que alababan a Dios y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, entre los hombres de su elección” (Lc. 2:8-14). Tales acontecimientos no pudieron pasar jamás a finales del mes de diciembre. ¿Por qué? Simplemente porque por ser sumamente frío, los pastores jamás sacaban (ni sacan) sus rebaños fuera de sus cuadras durante los meses invernales. De esta forma, el primer hecho cierto que determinan las Sagradas Escrituras es que el Señor Jesús no pudo haber nacido en invierno.

continuará, d.v. en el nº siguiente

Cita de La Biblia Textual, Sociedad Bíblica Iberoamericana, 1999,
publicado por Holman Bible Publishers, notas en págs. 1303-1304

NOTA: Presentamos esta primera parte de esas valiosas notas bien antes del tiempo de las fiestas navideñas, para dar tiempo a nuestros lectores a ir considerando el asunto sin la presión emocional de las fechas de esa tradición tan fuertemente arraigada. Y les recordamos amablemente que no hay que aprender ni seguir los caminos ni las costumbres de las naciones (Jer. 10:2-5).


Nieve en las calles de Jerusalén

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 nieve en Jerusalén en diciembre

Otro Comentario Sobre La Fecha Del Nacimiento De Cristo

    Actualmente, los más serios estudiosos y eruditos de la Biblia coinciden en que Jesús no nació el 25 de diciembre como la tradición cristiana nos dice. ¿Por qué? Es sencillo. Porque para empezar los pastores tenían a sus rebaños fuera, en el campo (1) lo que implica que esto sucedió antes de Octubre. Belén se encuentra a una altura de unos 775 msnm, 30 metros más elevada que la vecina Jerusalén. De noviembre a marzo las temperaturas bajan y puede haber nieve, como se ve en las fotos adjuntas.
    Y asimismo hay que tener en cuenta de que la razón del peregrinaje de José y su esposa embarazada, María, fue para ser censado. Ningún administrador romano que se respetara, hubiera requerido hacer un censo que implicara el viajar por Judea en la temporada en que ésta era intransitable (2).
  
Notas:
1. Lucas 2:8.
2. Mateo 24:20.

sábado, 2 de agosto de 2014

EN ESTO PENSAD -- agosto 2014

 
La Biblia impresa por Gutenberg cerca del año 1450
EL MILAGRO DEL LIBRO
(II)
Dyson Hague

El milagro de su unidad

    Hablamos de la Biblia como siendo un libro, pero raramente o nunca se nos ocurre que tenemos ante nosotros una biblioteca. Poco se nos consta, que este Libro se compone de 66 libros diferentes y que fue escrito por 30 o 40 autores en 3 idiomas distintos, teniendo un contenido muy diverso y escrito en circunstancias de las más variadas,. Los redactores escribieron sobre la historia, la teologia, la filosofía, el derecho, la genealogía, la etnología, escribieron profecías, biografías e interesantes experiencias de viaje. Si estos 66 libros fuesen impresos individualmente con letra grande y sobre papel fuerte y encuadernados en cuero, resultaría de ello todo una biblioteca. De hecho la totalidad de 66 tomos queda constituida en un libro de tamaño reducido, pudiéndolo sostener en su manita un niño. Aunque sus temas son tan variados y tan arduos –los más arduos y profundos que uno se pueda imaginar– y que no hubo posibilidad alguna de sintonizarlos simultaneamente–era imposible que el primer escritor pudiese adivinar lo que se iba a escribir 1500 años más tarde–así y todo este vasto conjunto de escritos variados se unió con toda armonía en una obra total –y eso no solo de parte de los hombres, sino de Dios, el Autor– resultando el que a la Biblia la tratamos como un solo libro. Es un libro deslucido – en su formación, pero el milagro de una unidad literaria.
 
El milagro de su edad

    También resulta milagroso, que la Biblia a pesar de su edad es de constante actualidad. El tiempo es un toque de prueba fundamental del valor de un libro. ¿Hay acaso un libro más, que escrito desde hace 1.000 años y aun hoy se lee por parte de un amplio público? Libros, que pocos años hace despertaban el interés, hoy quedan olvidados. Aparecieron, clamorosamente fueron celebrados, y desaparecieron del conocimiento; la fría mano del olvido se posaba sobre ellos, su fuerza se retiraba, su influencia desapareció sin gloria. ¿Dónde hay algún libro, que habiendose escrito desde hace 500 o más años aun hoy se lee de las masas? Horacio y Homero pueden ser objetos de estudio por parte de estudiantes, Virgilio y Xenofón pueden inculcarse en el cerebro de escolares, pero ¿a quién se le ocurre leer para sí estos libros? Sus obras son libros muertos en lenguas muertas. Por contraste la Biblia es el único libro del mundo, que ha franqueado la barrera del tiempo, pero también –y esto no es accidental– ha saltado la influencia limitadora de la nacionalidad. El libro de un español sólo pocas veces es leído por un alemán. Los alemanes generalmente leen libros alemanes, los ingleses libros ingleses. La Biblia se concibió mayormente en una lengua muerta, y sin embargo es el libro más vulgarizado del mundo.

El milagro de su incomparable venta

    ¿Acaso no resulta ser un milagro, el que este viejo Libro es el que más se compra? A un librero se le preguntó qué libro gozaba de la más alta cifra de negocios. Aquel hombre citó no los últimos relatos o la más reciente obra científica como “Bestseller”, sino la Biblia. El movimiento de otros libros se cifra en miles, el de la Biblia en millones. Cada año se traduce en otras lenguas y dialectos.

El milagro de su círculo de interés

    La Biblia es el único libro en el mundo que lee la gente de todas las clases, de toda edad y de todo grado de madurez. Personas de formación literaria raras veces se enfrascarán en un libro infantil, esto es palmario, y tampoco los niños leerán un libro sobre la ciencia y la filosofía, aun si pudiesen hacerlo. He aquí, sin embargo, un libro que se distingue de todos los demás, un libro que se lee a un niño y que un hombre cargado de años, hallándose en el umbral del más allá, también lo lee.
    Años atrás oí una vez, como la niñera de mi pequeña le iba leyendo algo; le pregunté: “¿Qué es eso que está usted leyendo?” “Estoy leyendo la historia de José de la Biblia”, dijo ella, cuando excitada se interpuso la niña: “¡Por favor, Papá, no nos interrumpas!” Con interés devorador seguía un historia, que hacia unos 3500 años se había escrito en hebreo. Y no lejos de la habitación, en donde estaba escuchando la niña de corta edad, se hallaba sentado uno de los más grandes y modernos científicos, el destacado erudito canadiense Sir William Sawson, presidente del colegio universitario de McGill en Montreal. Leía en el mismo libro maravilloso con profunda reverencia y gozo. ¿Acaso no es eso un milagro? Uno de los más competentes letrados modernos encuentra su delicia en el mismo libro que la niñita.
    Ello realmente queda sin par en la literatura. En miles de hogares y escuelas dominicales es leído por parte de nuestros jóvenes, chicos y chicas. Grandes eruditos, como Newton, Herschel, Faraday y Brewster, grandes militares, como Gustavo-Adolfo, Gordon y Stonewall Jackson, y grandes estadistas, como Gladstone y Lincoln, veían en este Libro el gozo y la guía para su vida.

continuará, d.v. en el siguiente número

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

"No podemos cerrar nuestros ojos a la verdad de que la Iglesia de Dios no está progresando como debiera, en santidad de vida, ni en obra ferviente. Como el señor Moody dijo hace años en una carta circular anunciando una conferencia en Northfield: 'Hay en las iglesias reservas de riquezas no consagradas, talentos no empleados o mal empleados, multitudes reposados en Sion, testigos que no dan ningún testimonio de su Señor, obreros sin el poder vencedor del Espíritu, maestros que hablan sin autoridad, discípulos que siguen de lejos, formas sin vida, maquinaria de iglesias que sustituye vida y poder interior'".

Escrito por F. E. Marsh (1858-1919), en The Discipler's Manual ("El Manual del Discipulador"). Aunque escrito al principio del siglo XX, parece más verdad ahora que en aquel entonces. Hoy hay urgente necesidad de quebrantamiento, contrición, confesión de pecado y arrepentimiento en muchas congregaciones. "Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos; porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres" (Sal. 12:1).

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

EL CRISTIANISMO NOMINAL

    Algunos creen el evangelio, pero sólo por encima. Nuestro Señor Jesús enseñó esto en Israel; dijo: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad" (Mt. 23:27-28).
    Se miraron unos a otros, estiraron sus largas barbas y decidieron que, a la mayor brevedad posible, y sin provocar disturbios callejeros, matarían a Jesús. Al final lo lograron, pero Dios le resucitó de entre los muertos al tercer día y le sentó a Su diestra. Ellos pensaban que estaban enviando a un hombre a la muerte, pero era Dios quien ofrecía un sacrificio. Ésta es la diferencia. Éste es el aspecto irónico de lucar contra el Señor Jesucristo.
    La consecuencia de ser un cristiano nominal, sólo de nombre, es la tendencia a usar las palabras de manera equivocada, liarse con juegos de palabras religiosas. Hoy día, en demasiados lugares, la religión cristiana ha quedado reducida a un juego de palabras....
    Pero el Espíritu Santo no habla de liberales ni de personas que niegan la verdad de las Escrituras. Habla de personas que admiten la verdad dela Biblia y reciben el evangelio como un hecho, y no lo niegan, sino que lo respaldan... Los que no, su religión no es más que un juego de palabras. 
A. W. Tozer, de su libro: FE AUTÉNTICA

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Entrando En El Repsoso de Dios (II)
David Gooding

Texto: Hebreos 3-4

Dejemos a un lado esos usos del término en Hebreos 3 y 4, y veamos  ejemplos de otros contextos. En 11:31, el escritor observa que Rahab la ramera: “por la fe...no pereció juntamente con los desobedientes...” ¿Y quiénes eran esos desobedientes que murieron cuando los israelitas destruyeron a Jericó? ¿Eran verdaderos y genuinos creyentes que recientemente habían sido vencidos por alguna tentación o algo así? Por supuesto que no. Rahab había oído del Dios verdadero y lo que Él hacía a través de Israel; y ella creyó y mostró su fe recibiendo a los espías (Jos. 2:8-13). Sus conciudadanos de Jericó habían oído tanto como ella acerca del Dios verdadero; pero en contraste, ellos rehusaron creer y arrepentirse; y cuando ella fue salvada, ellos perecieron.
    Tomemos un ejemplo típico de Hechos. Leemos en 14:1-2 que Pablo y Bernabé: “hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos. Mas los judíos que no creían [literalmente “que desobedecían”] excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles contra los hermanos”. ¿Quiénes entonces eran esos judíos que desobedecían? ¿Eran verdaderos y genuinos creyentes que estaban mal de salud espiritual y culpables de desobedecer uno de los mandamientos del Señor? No, de ninguna manera. Ellos eran judíos que, cuando escucharon la predicación del evangelio, “rehusaron creer”, como traduce la Nueva Versión Internacional.
    O tomemos el argumento de Pablo en Romanos 10. Él anhela, así lo declara, que sean salvos sus compatriotas de Israel, y le pesa que la mayoría de ellos no se salve. ¿Entonces por qué no son salvos? Pablo apunta un número de razones, y termina citando las palabras de Dios: “Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor” (v. 21; Is. 65:2). Aquí también “rebelde” [desobediente] significa rehusar creer el evangelio. Y no hay salvación para el que rehúsa creer el evangelio. Escucha al evangelio de Juan: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece [literalmente “desobedece”] al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él” (Jn. 3:36 Biblia de las Américas). Entonces, “desobedecer al Hijo” es lo contrario de “creer en el Hijo”. Lo que denota no es un creyente que momentáneamente desobedece, sino uno que es incrédulo; y es por eso que la Nueva Versión Internacional traduce aquí la frase como: “cualquiera que rechaza al Hijo”. Y Pedro nos advierte acerca de la gravedad de hacer esto: “¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?”
    Sería laborioso estudiar en este momento todos los lugares donde se emplea esta palabra. Pero un ejemplo final servirá para nuestro propósito porque es especialmente iluminador. En la epístola a Tito, 1:15-16, Pablo comenta así: “...mas para los corrompidos e incrédulos, nada les es puro... profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes [desobedientes], reprobados en cuanto a toda buena obra”. En el contexto ha estado hablando de los falsos maestros. Ahora habla acerca de los que “profesan conocer a Dios”. Pero su profesión es falsa, dice Pablo. No creen; son desobedientes. Observamos que los dos términos son prácticamente sinónimos.
    Con esto volvemos a nuestro pasaje en Hebreos, y notamos que nuestro escritor emplea estos mismos dos términos. Los antiguos israelitas profesaron creer cuando salieron de Egipto; pero su rebelión subsecuente y el rehusar entrar en Canaán mostraron que ellos nunca habían creído verdaderamente el evangelio. Ellos “desobedecieron”, dice en el 3:18. “No pudieron entrar a causa de la incredulidad”, añade en el 3:19.
    “Sí”, puede decir alguno, “pero no estás siendo justo con estos antiguos israelitas. Admitimos que se rebelaron contra Dios y Moisés después de haber viajado una larga distancia por medio del desierto, al llegar a la frontera de la tierra prometida. Y ciertamente rehusaron creer a Caleb y a Josué cuando les aseguraron de que Dios les daría la tierra. Así que, claramente, ellos al final habían perdido totalmente la fe. Pero no es justo decir que nunca fueron creyentes. Fueron redimidos por la sangre del cordero pascual en Egipto; fueron rociados con la sangre del pacto en Sinaí. Es obvio que eran verdaderos y genuinos creyentes al principio, sólo que después perdieron su fe y la desecharon, y así perecieron”.

El Veredicto de Dios

    Pues, lo mejor que podemos hacer para resolver el asunto es consultar a Dios mismo. ¿Estará de acuerdo que al comienzo en Egipto y después, durante algún tiempo ellos fueron verdaderos y genuinos creyentes, y que solamente después perdieron su fe? He aquí el veredicto de Dios: “¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho?...todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres” (Nm. 14:11, 22-23).
    Según Dios, entonces, a pesar de haber visto todos los milagros en Egipto al principio y después en el desierto, este pueblo había mostrado consistente incredulidad y desobediencia en todo el camino, y además una actitud de menosprecio hacia Dios y Su gloria. Habían salido de Egipto en medio de mucha emoción y fervor religioso; pero en cuanto a la fe genuina y personal en Dios, muy claramente ellos nunca la tuvieron. Los siguientes sucesos en el desierto meramente expusieron la verdad acerca de ellos que siempre yacía debajo de la superficie.
    El Salmo 106 rinde el mismo veredicto. Israel no pensaba en los milagros de Dios en Egipto. La nación olvidó Su grandeza, Sus obras, y se rebeló al lado del Mar Rojo (v. 7). Dios le salvó,  pese a esto, por causa de Su nombre (v. 8). El prodigio innegable e impresionante hecho en el Mar Rojo causó en ellos una fe superficial y temporal (vv. 9-12), como hicieron los milagros de nuestro Señor en algunos de Sus contemporáneos (Jn. 2:23-25). Pero después de esto, en el desierto, pronto volvieron a su comportamiento normal de falta de comprensión, ingratitud, incredulidad, rebelión e idolatría abierta (vv. 13-43).

La Advertencia Aplicada

    Hasta aquí hemos estado considerando el caso de los israelitas en el desierto; pero ahora debemos escuchar mientras que nuestro escritor saca de esta historia una advertencia para aquellos a quienes escribe.
    Puede que digas: “Pero no cabe duda acerca de ellos. Debieron ser verdaderos creyentes porque al principio del capítulo 3 el escritor se dirige a ellos llamándoles ‘hermanos santos, participantes del llamamiento celestial’”.
    Pues, ciertamente, si ellos genuinamente creían el evangelio cuando lo oyeron, podrían estar absolutamente seguros de que serían salvados eternamente. Observa lo que el escritor dice en el 4:6 y contrasta esto con lo que dice en el 4:3. “Aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron”, dice él, “por causa de desobediencia” (4:6). En contraste, “los que hemos creído entramos en el reposo”. No cabe duda. Una vez que la persona cree real y genuinamente (observa el tiempo del verbo: “hemos creído”) no queda incertidumbre, esta persona entra. Es una de las afirmaciones gloriosas de Dios, de la certidumbre invariable e inquebrantable. Tal como dos y dos son cuatro, no a veces sino siempre con constancia infalible, así la Palabra de Dios afirma que “los que hemos creído”, sí, “entramos en el reposo”. Podemos estar tan seguros así como de la otra afirmación: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Jn. 3:36).
    Como vimos antes, el escritor exhorta a sus lectores a asegurarse de que verdaderamente hayan creído el evangelio, de que sean creyentes genuinos, no sea que simplemente hayan caminado con los demás emocionados con fervor religioso pero sin  creer  personalmente en el Señor Jesús. Si no han creído personalmente, o si no están seguros de ello, que crean ahora. Todavía está abierta la puerta de oportunidad, y les cita de nuevo  el Salmo 95:7-8 (como en He. 3:13,15), para asegurarles que todavía es su día de oportunidad. “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”.
    “Mirad, hermanos”, les exhorta, “que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo” (v. 12); y entonces añade una advertencia especial. El pecado es engañador, y sin que el incrédulo lo reconozca, puede endurecer su corazón.

El Pecado Fundamental

    Todo pecado, por supuesto, es malo, y si uno continúa en ello, puede endurecerse su corazón; pero el pecado en el cual el escritor está pensando aquí, como el contexto hace abundantemente patente, es el pecado de incredulidad, el pecado de escuchar el evangelio, pero rebelarse contra él (3:16), el pecado de rehusar entrar en la tierra prometida, por lo cual Dios estuvo airado con Israel cuarenta años (3:17); el pecado de desobediencia e incredulidad (3:18-19). Nota que todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés eran culpables de esta rebelión, todos, es decir, excepto las personas como Caleb y Josué (3:16). Como hemos visto, desde el principio ellos nunca habían creído el evangelio; pero este pecado de incredulidad les engañó y finalmente endureció tanto sus corazones que se rebelaron abiertamente contra Dios, rechazaron el liderazgo de Moisés y hablaron de nombrarse otro capitán y volverse a Egipto (Nm. 14:2, 4).
    La incredulidad, el rehusar creer, es por supuesto el pecado cardinal, tanto que a veces la Escritura emplea el término “pecado” en el sentido de fallar o rehusar creer el evangelio. Por ejemplo, así dice nuestro Señor en Juan 16:8-9 que cuando el Espíritu Santo venga, “convencerá al mundo de pecado... de pecado por cuanto no creen en mí”. En otras palabras, Él no habla de los pecados puntuales cometidos ocasionalmente por los verdaderos creyentes (que tienen perdón cuando el creyente confiesa su pecado), sino de ese pecado básico, cardinal, de no creer al Salvador.
    Y este pecado fundamental es muy engañador y fácilmente endurece el corazón. Sucede así con demasiada frecuencia, que las personas entran en una iglesia como miembros sin ninguna experiencia personal del Salvador, o son llevadas a una profesión de fe en base a alguna emoción o experiencia de éxtasis, sin haber nacido de nuevo genuinamente. El tiempo pasa, y el fervor desaparece, y llegan a reconocer que realmente Cristo, Su Palabra y obra significan poco o nada para ellas. Pero, en lugar de estar alarmadas, confesar su estado y buscar al Salvador para recibirle personalmente, estas personas permiten que el pecado de incredulidad les decepcione y que les haga pensar que si mantienen las apariencias externas de decencia y religión, su falta de experiencia personal de Cristo y la salvación no importa. Con el paso del tiempo su incredulidad les endurece tanto el corazón que ninguna predicación del evangelio puede despertarles respecto a su peligro ni conducirles al arrepentimiento y la fe en el Salvador. ¡Qué tragedia!


Extracto traducido del libro del hermano David Gooding,
An Unshakeable Kingdom ("Un Reino Inconmovible",
1989, Eerdmans Publishing, págs. 112-121)
 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
EL RECUERDO FASCINANTE
DE LAS PALABRAS MUERTAS
(II)
A. W. Tozer

(viene del nº de junio)
Las palabras muertas en la Iglesia actual

    Voy a mencionar solamente dos de esas palabras muertas. Una de ellas es el verbo “aceptar”. Esta palabra enseña la doctrina de la pasividad moral. La otra palabra es “recibir”, que enseña la doctrina de la inactividad espiritual.
    “Aceptar” fue un buen término en determinada época. De paso diré que la palabra “aceptar”, en el sentido de “aceptar a Jesús”, no aparece en la Biblia. Pero hubo un momento en que fue una idea viva. Describía un conjunto de circunstancias con experiencias espirituales circunscritas a una generación concreta. Se alzaron voces vivas que dijeron: “Usted no es salvo por obras, sino por aceptar a Cristo”; era un mensaje dotado de vida. Los hombres que habían intentado trepar por la escalera de Jacob de las buenas obras descubrieron de repente que podían aceptar a Jesús en su corazón y así, sencillamente, convertirse. En su época fue un término maravilloso. Durante las grandes campañas de una generación anterior, se convirtió en le lema del movimiento evangélico, el fundamentalismo, el evangelismo a fondo y las misiones mundiales. Contenía una verdad poderosa que ya hace mucho que murió, pero el vocablo perdura. Se mantiene dentro del espectro teológico, y produce una generación de cristianos –o autoproclamados cristianos– que tienen corazones impenitentes, espíritus frivolos y una conducta mundana. Dicen a las personas que vienen a nosotros para convertirse: “Acepta a Jesús”, de modo que ellas dicen: “Muy bien, aceptaré a Jesús”. En consecuencia, aceptan a Jesús y ahí acaba el asunto. No se produce una transformación, ni se sana una sola raíz impenitente de su ser. Hay un orgullo que jamás se ha crucificado, una mundanalidad a la que nunca han podido vencer y una frivolidad espiritual más allá de toda descripción. Hoy día, hay toda una generación cuyos miembros son las víctimas de esta palabra teológica ya muerta, “aceptar”.
    Para darle una ilustración de lo que quiero decir, existe un centro especializado en alcanzar a los jóvenes soldados y hablarles del Señor. Tienen un personal que, se supone, les da testimonio del Señor Jesús antes de que a los jóvenes los envíen al extranjero.
    Cierto día, uno de esos trabajadores, predicador bautista, vino a visitarme a mi oficina. Se dejó caer en un sofá viejo y grande y me dijo: “Hermano Tozer, estoy muy angustiado. Trabajo en tal y cual centro. ¿Sabe cuál es el problema que tenemos? No me dejan mencionar el arrepentimiento. Lo único que puedo decir a esos muchachos que van a morir es que acepten a Jesús. El resultado es que inclinan sus cabezas y dicen, “Sí, le acepto”, se ponen de pie sonriendo con cierta tristeza y me estrechan la mano. Algunos de ellos, cuando salen, están asustados. Es posible que no vuelvan jamás y ni siquiera puedo atreverme a hablarles del arrepentimiento, del pecado ni de la tristeza que éste genera. Solo me permiten decir que acepten a Jesús”.
    El perjuicio de esta práctica será evidente en las generaciones futuras, cuando tengamos una Iglesia anémica y orientada al mundo en todas sus facetas. “Aceptar” a Jesús sin exigir la transformación del hombre o de la mujer da como resultado rechazar al Cristo del Nuevo Testamento. Por todo el país hay evangelistas que proclaman el mensaje “Acepten a Jesús”, que en nuestros días no pasa de ser un muerto teológico, una voz desde la tumba que no significa nada para esta generación.
    La segunda palabra es el verbo “recibir”. Este término enseña la doctrina de la inactividad espiritual. Tanto “aceptar” como “recibir” son términos pasivos, y el resultado práctico de esta doctrina de recibir es, ni más ni menos, toda una tragedia en nuestro país.
    Cuando yo era joven conocí a una mujer anciana, ¡qué Dios la bendiga! No dominaba mucha teología, pero creía que la forma de ser llenos del Espíritu Santo consistía en ponerse de rodillas, morir al mundo y abrir el corazón. Como en aquella época yo tampoco dominaba mucho la teología, la obedecí, gracias a Dios. El resultado fue que el Espíritu Santo invadió mi naturaleza como en los tiempos antiguos. Por eso no puedo predicar ningún sermón sin mencionar al Espíritu Santo ni su bautismo, porque yo lo recibí.
    No pasó mucho tiempo después de eso cuando la Iglesia empezó a decir “Reciba al Espíritu Santo”. Venía algún joven, con el corazón hambriento y una mirada reflexiva, y preguntaba:
“¡Cómo puedo recibir al Espíritu Santo?”, y su profesor respondía: “Bueno, pues recíbelo, simplemente recíbelo, joven. ¿Le recibes?”.
    “Sí, le recibo”.
    La tragedia es que aquel joven, y otros como él, no le recibieron. Y hemos enviado a docenas de hombres a los campos de misión que no tienen otra cosa que ofrecer que la doctrina de la pasividad espiritual.
    Éstas palabras son muertas, aunque dadas otras circunstancias, en otra época, es posible que vuelvan a la vida y se conviertan en palabras del propio Dios para otra generación.

El peligro de las palabras muertas

    Estos dos vocablos, “aceptar” y “recibir”, se han explotado y luego se ha permitido que mueran, y además han fallecido en la misma casa de sus amigos. El resultado es que no “recibiimos” y cualquier tipo de credo que tengamos no transforma nuestra vida.
    Una vez recibí una llamada de larga distancia de una mujer que vivía en Boston. Me dijo: “Acabo de terminar su libro La Conquista Divina, y mi esposo y yo queremos ir a Chicago y ser llenos del Espíritu Santo”.
    “Bueno”, le respondí, “para ser llenos del Espíritu Santo no tienen que venir aquí”.
    Me dijo: “No, un momento, es que no conozco a nadie en esta ciudad que me diga cómo ser llena del Espíritu”.
    Yo no supe decirle adónde ir; supongo que había personas que podrían haberles ayudado, pero uno no puede hablar mucho rato por teléfono. Le dije: “Hermana, no puedo permitir que vengan. Vayan y lean de rodillas La Conquista Divina, los dos, y sigan leyendo hasta que el fuego descienda”.
    Ella me dijo: “¿Cree que eso funcionará?”.
    Le dije: “Seguro que sí”.
    No sé lo que sucedió, per espero que fuera eso.
    Podría mencionar otras muchas palabras como ejemplos de términos muertos para esta generación particular de cristianos, pero los verbos “aceptar” y “recibir” están destruyendo la naturaleza misma de la Iglesia. Si no se hace nada para corregir esto, la siguiente generación de cristianos sufrirá profundas enfermedades espirituales que impedirán que sus miembros sean el testimonio a su generación que Dios espera que sean.  
   

Bellas palabras de vida
Philip P. Bliss (1838-1876)

¡Oh, cantádmelas otra vez!
Bellas palabras de vida;
Hallo en ellas mi gozo y luz,
Bellas palabras de vida.
Sí, de luz y vida
Son sostén y guía.

CORO:
¡Qué bellas son, qué bellas son!
Bellas palabras de vida.
¡Qué bellas son, qué bellas son!
Bellas palabras de vida.

Jesucristo a todos da
Bellas palabras de vida;
Él llamándote hoy está.
Bellas palabras de vida.
Bondadoso te salva,
Y al cielo te llama.

Grato el cántico sonará,
Bellas palabras de vida;
Tus pecados perdonará,
Bellas palabras de vida.
Sí, de luz y vida,
Son sostén y guía.



tomado del capítulo 11 del libro: FE AUTÉNTICA, por A W. Tozer, 2011,
Editorial Portavoz, Grand Rapids, MI, EE.UU.