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viernes, 29 de noviembre de 2019

EN ESTO PENSAD -- diciembre 2019

¡PREPARA A TUS SUCESORES!
William MacDonald

    “Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés” (Deuteronomio 34:9).   
  

Una importante lección que resulta de este versículo es que Moisés, sabiendo que su propio ministerio estaba llegando a su fin, designó a Josué como su sucesor, poniendo así un buen ejemplo a los  que están en lugares de liderazgo espiritual. Algunos pueden pensar que esto es demasiado elemental como para enfatizarlo, pero el hecho es que es frecuente este gran fracaso: no preparan sucesores ni pasan el testigo a nadie. Parece haber una resistencia innata a la idea de que somos reemplazables.
    Éste es un problema que enfrentan los ancianos y obreros en las iglesias locales. Es triste que los que enseñan bien o saben hacer obra pionera, a menudo mueren sin haber discipulado a nadie. Dejan “herederos” pero no discípulos. Por ejemplo, un anciano ha servido fielmente durante muchos años, pero se acerca el día cuando ya no podrá pastorear más el rebaño. No obstante, le es difícil enseñar a un hombre más joven para que ocupe su lugar. Quizá ve a los jóvenes como una amenaza para su posición o contrasta su inexperiencia con su propia madurez y concluye que no son idóneos. Se le olvida que una vez fue inexperto pero llegó a la madurez siendo enseñado para hacer obra de sobreveedor.
    Éste puede ser también el problema en el campo misionero. El misionero que establece una iglesia sabe que debe entrenar a algunos del lugar para que asuman la responsabilidad del liderazgo espiritual. Pero piensa que no pueden hacerlo tan bien como él, que cometen muchos errores y la congregación disminuirá si él deja a otros predicar. Y de todos modos, no son buenos líderes, pues no saben dirigir bien. La respuesta a todos estos argumentos es que debe verse a sí mismo como un ser prescindible, no como la clave para la obra. Debe discipular a hermanos y delegarles autoridad mientras que busca trabajo en otra área del ministerio en otro lugar. Siempre hay campos sin cultivar en otras partes. No tiene porqué estar desocupado.
    Cuando Moisés nombró a Josué como sucesor, la transición fue muy suave. No hubo falta de liderazgo. La causa de Dios no sufrió trauma. Así es como debe ser.
    Todos los siervos de Dios deben regocijarse cuando ven a los más jóvenes levantarse para ocupar lugares de liderazgo. Deberían considerar como un gran privilegio compartir su conocimiento y experiencia con estos discípulos, y pasarles el testigo antes de verse forzados a hacerlo. Debe existir la actitud desinteresada que mostró Moisés en otra ocasión cuando dijo: “Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta” (Nm. 11:29).
de su libro De Día en Dia, CLIE

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 Algunas Bendiciones de Dios

Texto: Efesios 1:1-23   El apóstol habla de las misericordias de Dios en Romanos 12, y aquí el Efesios 1 habla de las bendiciones de Dios. Es un texto muy conocido por nosotros, pero nos conviene leerlo otra vez, detenidamente, fijándonos en las palabras y meditando lo que leemos. Es así que sacaremos más provecho para nuestras vidas. El versículo 3 dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”.
    Primero observamos en cuanto a las bendiciones de Dios que dice: “nos bendijo”. Fijémonos en el tiempo del verbo. Habla en el pasado, no que nos bendecirá en el cielo, sino que ya nos ha bendecido. No se trata de lo que recibiremos, sino lo que hemos recibido, y es mucho: “toda bendición espiritual”. Ahora bien, “toda” es un adjetivo de cantidad, y es un absoluto. No hay más. Toda bendición espiritual ya nos ha sido dada. Por esto cuando alguien dice: “Dios te bendiga”, podríamos responder: “‘Gracias, ya lo ha hecho!”
    Pasando por un momento al versículo 13, leemos estas palabras: “habiendo creído”, que son muy importantes porque sin fe no entramos en estas bendiciones. En el incidente de la higuera maldita que se secó, en Marcos 11:20-24 el Señor Jesús enfatiza a Sus discípulos la importancia de la fe. En el versículo 22 dice: “tened fe”. En el versículo 23 dice “creyere”, y en el versículo 24 otra vez exhorta: “creed que lo recibiréis”, o según la versión hispano-americana: “...creed que ya lo recibisteis”. El principio de la fe es de suma importancia para el creyente, no sólo respecto a la salvación, sino también respecto a la vida cristiana. “El justo vivirá por fe”. La fe la define el autor de Hebreos en el capítulo 11, donde dice que “es la certeza de lo que no se ve”. Estamos convencidos de algo que no vemos.
    Volviendo a Efesios 1:4, allí somos informados que “nos escogió en Él”. Con esto empieza a desgranar las bendiciones espirituales que ya hemos recibido. Es una de las bendiciones, que Él nos haya escogido. ¿Para qué nos escogió? No para ser salvos unos y perdidos otros. Habla de creyentes en el Señor: “nos escogió en Él”, no "para estar en Él", y a continuación aclara que es “para que fuésemos santos y sin mancha”. El propósito es la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (He. 12:14). Entonces la santidad es una bendición espiritual.
    En el versículo 5 leemos: “en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”. La predestinación bíblica es para los que creen. Ellos serán adoptados hijos suyos. “Adoptados” quiere decir que habiendo creído, pasamos a ser de la familia de Dios, y por lo tanto, herederos de Dios. Somos hijos de Dios, como 1 Juan 3:1 declara. ¡Qué bendición más grande es ésta! También el amor de Dios y el puro afecto de Su voluntad son bendiciones que hemos recibido. Y fijémonos que en este verso cuando habla de la predestinación, también habla de la buena voluntad de Dios – el puro afecto de Su voluntad. Nuestra mente especulativa y sabiduría limitada no pueden entrar en la predestinación. No podemos desmenuzar cosas que son demasiado altas o profundas para nosotros. Ante tales bendiciones debemos creer y adorar.
    El versículo 6 declara que “nos hizo aceptos en el Amado”, esto es, en el Señor Jesucristo. Somos aceptos delante de Dios porque estamos en Jesucristo Su Hijo, el Amado. Es otra de las bendiciones espirituales  que hemos recibido. Y todo esto, todas estas bendiciones, son “para alabanza de la gloria de su gracia” (repetido en los versículos 12 y 14).
    Es una bendición que estemos reunidos los domingos por la mañana recordando y alabando a Dios por Su obra en la cruz. Es una ocupación privilegiada, como la de los del cielo en Apocalipsis 4 y 5. Es un privilegio ser escogido para alabar a Dios – unos pocos reunidos en Su Nombre y recordando lo que Él ha hecho por nosotros.
de apuntes tomadas durante un estudio dado por J. Álvarez
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El Calvinismo Distorciona la Doctrina de Dios

    "Hemos hallado que la visión calvinista de la soberanía de Dios pone en duda el carácter santo de Dios. Pone límites injustificados y no bíblicos sobre la gracia, la justicia, el amor y la misericordia de Dios. Estos aspectos del carácter de Dios se extienden también a los incrédulos y no solamente a los creyentes. El calvinismo invierte la doctrina bíblica de Dios. El amor de Dios viene a ser odio para los no escogidos. La muerte de Cristo por todos los hombres viene a ser la muerte de Cristo por los pocos escogidos. El Dios justo se vuelve injusto. El Dios del calvinista no es el Dios descrito por la Palabra de Dios. Por lo tanto, el calvinismo socava y pone en ridículo al objeto de la adoración del cristiano, su consuelo en las pruebas y la esperanza de eterna salvación".
    "Los cristianos deben velar celosamente contra todo ataque sutil contra la naturaleza santa y el carácter de Dios, aunque venga formulado en palabras teológicas altilocuentes".


David Dunlap, Limitando Al Omnipotente, pág. 54
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PREPARADOS PARA SU VENIDA

“Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados” (1 Jn. 2:28).
 
La fecha de esa venida nos es ocultada. Ningún hombre puede decir cuándo Él vendrá. Hay que velar y estar siempre preparado, para que no seas avergonzado en Su venida. ¿Debe el cristiano entrar en la compañía y las diversiones mundanas? ¿No estaría avergonzado si viniera su Señor y le hallara entre los enemigos de la cruz? No debo ir a donde me daría vergüenza ser hallado cuando venga repentinamente mi Señor”.


C. H. Spurgeon, 12 Sermons On The Second Coming of Christ
(“12 Sermones Sobre La Segunda Venida de Cristo”), Baker Book House, pág. 134.
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¿ESTÁ EN LA BIBLIA?

     Alguien criticó a un hermano en Inglaterra porque no celebra la Navidad, y le dijo: "¡Está en la Biblia!" 
     Sí? ¿Dónde? ¡No la hemos encontrado! En la Biblia no hay árbol de navidad, fiestas con regalos, belénes (nacimientos), etc. Está en la Biblia que Jesucristo nació, murió, resucitó y ascendió. Cada domingo recordamos Su muerte hasta que Él venga, porque esto sí, ¡está en la Biblia!   

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MUCHO PARA NADA

Un día se me acercó un hombre diciéndome como debería vivir mi vida. Después de platicar con él un tiempo, llegué a la conclusión de que él estaba muy confundido. Obviamente tenía conocimiento de la Biblia porque me citaba versículo tras versículo. Pero no pude tomar su consejo en serio.
    La confusión de aquel hombre era que decía que Dios era su Padre, y profesaba amar al Señor Jesucristo, pero la realidad era otra. Su vida declaraba algo muy diferente, porque ese hombre era un borracho. En vez de aconsejarme a mí, le hubiera servido mejor obedecer lo que él sabía de la Palabra de Dios. Mejor le hubiera servido prestar atención a las advertencias en la Palabra de Dios sobre la embriaguez. "Ni los borrachos...heredarán el reino de Dios" (1 Corintios 6:10).
    Aunque quedé agradecido porque él se preocupaba por mi bienestar, me dio pesar porque todo el conocimiento que tenía no le servía. Ese hombre no tenía "el conocimiento de la verdad que es según piedad" (Tito 1:1). Más bien con su vida él llamaba a Satanás su padre y profesaba amar la bebida.
    En otra ocasión, un hombre llamó a la puerta de nuestra casa, queriendo platicar conmigo. Me preguntó si podría enseñarle la Palabra de Dios. Le invité a las reuniones de enseñanza bíblica que tenemos, pero él se molestó e insistió que quería una clase privada. Le pregunté por qué quería saber más de la Biblia, y dijo que su propósito era enseñar a otros. Preguntándole más sobre el asunto, me di cuenta de que él no leía la Biblia por su cuenta. Solamente abría la Biblia cuando estaba delante de otros en una reunión.
    Lo que él quería era conocimiento intelectual, superficial, para lucir delante de otros y aparentar un maestro. Quería tener en su cabeza datos bíblicos para decir a los demás. Luego me dijo que su meta era establecer una iglesia donde podría predicar la Biblia y ganarse la vida. Sus fines eran lucrativos, egoistas.
    El Señor Jesucristo culpó a los religiosos en Su día de esto mismo: tener conocimiento sin entendimiento. "Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo" (Mateo 15:14). El conocimiento sin la obediencia a la fe no sirve para nada. El Señor Jesucristo describió esta condición vana de los religiosos: "Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí" (Mateo 15:8). Amigo, Dios quiere que seas salvo y vengas al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4)
tomado de un tratado escrito por Mitch Parent

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 DIOS EL ESPÍRITU
Parte 11
Camilo Vásquez Vivanco, Punta Arenas, Chile
 

viene del número anterior (La Renovación Del Espíritu)

    Aún así la Biblia nos dice: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:2). Cuán semejantes seamos a Él, no es sólo lo que la regeneración nos ha dado, sino que depende también de la vida privada de cada creyente (1 Co. 13:12; Fil. 3:8-11; Ap. 19:8). En esa renovación está involucrada la “santificación”, obra que el creyente debe iniciar lo más pronto posible, separándose de sus viejas amistades y de sus viejos hábitos: “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna” (Ro. 6:22). Es vital entender que en la regeneración no existe progreso alguno, así como tampoco lo existe en la justificación. Es decir nadie es más regenerado y justificado de lo que fue desde el día de su conversión, pero en la renovación y en la santificación si hay progresos y avances. La santificación muestra cuán eficaz es la renovación cuando el creyente es obediente a la Palabra de Dios. Sansón es una figura de un creyente que atrofió su renovación echando por el suelo su santificación. Sin embargo como era un hijo de Dios (He. 11:32), y glorificó a Dios más con su muerte que con su vida (Jue. 16:30), cumpliéndose lo señalado por Dios: “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Ro. 11:29). Además es bueno resaltar que la santificación no es un grado más sobre los demás (Is. 65:5), sino que es un grado más sobre nuestra propia carnalidad. En esta santificación no sabe uno cuanto avance puede lograr. Si Sansón no sabía cuán bajo había llegado por su carnalidad (Jue. 16:20), del mismo modo el creyente obediente a la Palabra de Dios no sabrá el grado de su santificación como Moisés que no sabía que su rostro relucía de luz (Éx. 34:29) por su comunión con Dios.

LA ADOPCIÓN DEL ESPÍRITU

“Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gá. 4:6).

    Es el mismo Espíritu que clama “¡Abba, Padre!” Y lo hace en nuestro corazón, es decir, nos enseña a acercarnos a Dios como nuestro Padre. Esta expresión dicha en arameo (Abba) procede de los labios balbuceantes de un recién nacido y la expresión griega que le acompaña (Pather) es la voz de un adulto dirigiéndose a Dios como Padre. Es la relación de confianza y seguridad que nos enseña el Espíritu ya que somos hijos de Dios con plenos derechos de adopción.
    La justificación satisface las demandas de Dios como Juez justo (Ro. 3:26) al dar a Su Hijo para que seamos justificados, no justos en la práctica, pues nadie de los santos ha sido hecho justo, sólo declarados justos (Ro. 5:19). Por Su parte la regeneración obrada por el Espíritu interiormente e inmediatamente con la justificación, no antes de ella, nos hace hijos legítimos de Dios (Jn. 1:12-13;Tit. 3:4-5), impartiéndonos su naturaleza divina (2 P. 1:4). La adopción nos es dada por el Espíritu como consecuencia de lo anterior por el hecho de haber sido hechos hijos, no para ser hijos, y nos coloca y prepara para ser herederos de Dios.
    Es preciso destacar que la adopción de Dios no nos hace hijos como sucede hoy en nuestra legislación sobre la adopción. Dios nos da “la adopción de hijos” no el “ser hijos adoptados”. Podemos decir que ningún creyente es hijo de Dios por adopción.  Lo somos por regeneración en el nuevo nacimiento obrado por el Espíritu. Es un error decir que Dios es un Padre adoptivo del nacido de nuevo (Jn. 1:12-13). La adopción bíblica como lo expresa el significado de su término griego (juiothesia) es muy distinto de la adopción de hoy y significa: “colocar en lugar y condición de hijo” a quién ya es un hijo. Por esto la idea relevante de Pablo a los Gálatas es la verdad de que cada creyente no está bajo la ley ni bajo tutores esperando la adopción sino que “hemos recibido la adopción de hijos” (Gá. 4:5). Aún más hoy nosotros podemos adoptar un niño y darle una nueva familia, pero nunca podremos darle nuestra naturaleza. La adopción de Dios no es recibir a un extraño; es colocar a un miembro de la familia en posición de gozar de los privilegios y bendiciones del adulto. Esto significa que incluso el cristiano más joven tiene todo lo que Cristo tiene y es rico en gracia. En la legislación romana un niño por ser menor de 12 años no se diferenciaba en nada de un esclavo: “…Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo” (Gá. 4:1). Sólo al cumplir los 12 años se realizaba una ceremonia que lo colocaba como hijo verdadero y como heredero de su padre. A esa edad era adoptado como hijo legítimo, antes era considerado un “niño” solo un hijo de sangre de su padre y potencialmente un heredero, pero no gozaba del estado de verdadero hijo.
    El apóstol Pablo toma esta figura de adopción para señalar UNA DIFERENCIA Y NO UNA IGUALDAD respecto de la iglesia. Cada creyente siendo hijo de Dios por haber nacido de nuevo, no tiene que esperar la madurez, ni siquiera necesita guardar la ley (Gá. 4:9-11) para ser adoptado y reconocido como hijo legítimo de Dios. Este estado de ser miembro de la familia de Dios se nos es dado junto con el nuevo nacimiento (la regeneración), por eso se dice: “…a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” (Gá. 4:5). Como somos hijos legítimos por la fe en Cristo (Gá. 3:26), entonces Dios nos dio inmediatamente la calidad de hijos por Su Espíritu, es decir, todos los derechos de ser herederos suyos. Esto es lo que diferencia el hecho de estar bajo la ley respecto de estar bajo la gracia (Gá. 4:3). El estar bajo la ley es sinónimo de no poseer la calidad de heredero: “el estar bajo la gracia es sinónimo de dignidad y madurez para heredar”.  Siendo que el Espíritu de Dios que está en cada creyente es el Espíritu del Hijo (Ro. 8:15), viene a ser en ellos el “Espíritu de Adopción”, esto produce en ellos los sentimientos de hijos para con Dios, y les asegura  la  dignidad y los privilegios como Sus hijos adultos. El nuevo nacimiento obrado al ejercer fe en el sacrificio de Cristo, nos hizo hijos de Dios y legítimos herederos de Dios. Tal asunto nunca se podría obtener bajo la ley. Cualquier creyente por muy imperfecto que sea es un genuino hijo de Dios y goza de una relación filial con Dios que lo sostiene para siempre. Esto el apóstol lo llama: “espíritu de adopción”, que es el estado de verdadero hijo aun cuando pequemos por error y seamos débiles en la fe. “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Ro. 8:15). Aquí somos nosotros quienes clamamos seguros de ser escuchados porque poseemos el Espíritu de Dios.
    La Biblia nos dice que Los israelitas llegaron a ser hijos por adopción y no la iglesia: “Que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Ro. 9:4). Israel llegó a tener esta posición de hijos por adopción cuando Dios los eligió de entre las naciones (Éx. 4:22-23; Is. 1:2; Os. 11:1). Así Dios tiene actualmente una relación con esta nación como Creador (Dt. 32:6) y como Padre (Jer. 31:9; 1 Cr. 29.10), ya que Él los eligió de entre las naciones para ser Su pueblo terrenal (Dt. 7:6-7). Llegará un tiempo para que ellos nazcan como hijos verdaderos por el Espíritu de Dios tras pasar por los dolores de la semana 70 que le llevaran al arrepentimiento (Ap. 12:1-5). Ellos recibirán de Él el espíritu de adopción, que hará que clamen: ¡“Padre mío”! (Jer. 3:19). Como ya hemos señalado a diferencia de Israel nosotros en el nuevo nacimiento recibimos la adopción “la toga viril” y poseemos la condición de herederos. El apóstol Juan lo describe así: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Jn. 3:1). Horacio Alonso en sus comentarios sobre este texto nos dice: “Dos aspectos tienen que ser subrayados aquí. El primero es que Dios nos ha dado no solamente el nombre sino también el carácter de hijos (“y eso somos”). El segundo es no menos importante, porque la expresión “nos ha dado” está en un tiempo verbal que indica que el don viene a ser una posesión permanente del que lo recibe. La consecuencia es enorme. Los santos han venido a ser el objeto permanente del amor de Dios” (j).


continuará, d.v., en el siguiente número

jueves, 2 de octubre de 2014

En Esto Pensad -- octubre 2014

BENDICIONES SON DE NUESTRO DIOS
 
Cuando tempestades surgen alredor,
Y desanimados sois, y con temor,
Ved las bendiciones que el Señor os da,
Y contadlas todas: son de Jehová.

CORO:
//Ved lo mucho que el Señor os da.//
¡Bendiciones, son de nuestro Dios!
Ved las bendiciones que el Señor os da.

Cuando veis a otros con su rico haber,
Y tenéis tan poco en vuestro poder,
Ved las bendiciones que el Señor os da,
Y contadlas todas: son de Jehová.

Cuando estáis en lucha con el tentador,
Recordad a Cristo y Su gran amor;
Ved las bendiciones que el Señor os da,
Y contadlas todas: son de Jehová.

“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos”.

Colosenses 3:15

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SIETE MILAGROS DEL LIBRO
Dyson Hague

1. Se acredita a sí mismo

    No se necesita el concurso de un crítico de la historia o de un catedrático para comprobar que la Biblia es la propia Palabra de Dios. Solo el Espíritu Santo otorga esta convicción. Si uno solamente escucha Su voz, uno quedará más profundamente convencido que por cualquier demostración imaginable de que este Libro es la propia Palabra de Dios. Los hombres hasta hoy intentan desvirtuar la fuerza de la Palabra y de destruirla. El Espíritu Santo sin embargo ratifica la Palabra con tal certidumbre como nunca se podría lograr por medio del simple sentido racional y resiste a todo asalto de duda.
    Quizás se conoce el relato de Spurgeon acerca de aquella pobre mujer, a quien un moderno detractor de Dios le hizo esta pregunta: “Qué lee usted allí?” La respuesta: “Leo la Palabra de Dios”. “¿La Palabra de Dios? ¿Quién le dice que lo es?” “El mismo me lo ha dicho”. “¿El mismo? ¿Cómo puede usted probar eso?” Ella señaló hacia el Cielo y preguntó: “¿Puede usted probarme que allá en el cielo se halla un sol?” “¡Por supuesto! La mejor prueba es que me calienta y que puedo ver su luz”. “¡Precisamente eso!” exclamó alegremente. “La mejor prueba de que este Libro es la Palabra de Dios, estriba en esto, a saber que calienta e ilumina mi alma” (Compárese con 1 Co. 2:12). Esa es una profunda y real verdad, que no requiere más explicación.

2. Es inagotable

    Las bellotas de un roble se dejan contar, pero nadie puede decir cuántos robles se hallan encerrados en la semilla de un roble. De ese modo cada árbol procede de una semilla y por su parte produce las semillas para otros árboles, miles de semillas, y cada semilla encierra el germen para miles de árboles. ¡Así sucede respeto a las Escrituras! Su profundidad no tiene limites, no se puede medir su altura. Millones de lectores y escritores a través de los siglos han cavado en su tesoro y no obstante no lo han agotado. Siglo tras siglo y con creciente fuerza creadora viene produciendo pensamientos, planos, investigaciones, hasta incluso libros enteros. Sí, los cerebros más destacados pertenecen a sus expositores, un número incontable de estudiantes lo han explorado, y sus lectores diarios se cifran en millones. Los tomos que se han escrito sobre la Biblia, sobre aislados capítulos o también versículos de ella, podrían llenar los estantes de más de una biblioteca. A menudo aun hoy son de tanta actualidad, tan substanciosos y fructiferos como en el día cuando fueron escritos. Aun así no queda agotada la Palabra divina. Los tesoros, que todavía han de descubrirse, son como las estrellas del cielo en número y en brillantez. Eso también es un milagro.

3. Es inmejorable

    Otro milagro más es que las Escrituras son inmejorables. No es cuestión de dorar el oro. No se añade colorido a los rubies, y diamantes cortados correctamente no se pueden aumentar en su resplandor. Así tampoco ningún artista está en condiciones para perfeccionar la ya terminada Palabra de Dios mediante un último pulimento. Nuestro orgulloso y confiado siglo no tiene nada que añadir a esta Palabra. Se situa cual el sol en el firmamento. De haber los más grandes detractores de la Biblia de todos los siglos intentado mejorarlo,su obra habría surtido el efecto que produciría un remiendo inoportuno, habría practicado una deformación. Este Libro despide el fulgor de la gloria de Dios.

4. Tiene autoridad
    Maravillosa es también su irrestisible autoridad. Penetra ésta en uno como una voz desde el Cielo. Por quinientas veces comienzan or terminan tan solo las explicaciones en el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia, escritos por Moisés) con estas excelsas palabras: “Dijo el Señor”. En los libros que siguen estas afirmaciones concretas se repiten tres cientas veces, y en los libros proféticos aparecen mil dos cientas veces expresiones como ésta: “¡Oíd la Palabra del Señor!” o “Así dice el Señor”. Ningún otro libro se atreve dirigirse de esta forma a la conciencia del hombre, ningún otro habla con sentencias tan comprometedoras o exige de tal manera la obediencia de la humanidad. Todas las partes de la Biblia tienen igual inspiración y poseen la misma reivindicación perentoria de autoridad. Digno de notar es el hecho que hombres de cualquier siglo y de todos los países reconocen esto. Ellos encuentran que este Libro habla a su conciencia con una autoridad, que es la autoridad misma de Dios.
    Aquello era un mensaje para mí. Dio conmigo una voz directamente del Cielo. Me enderezó, y ningún hombre jamás me podrá aparter de la convicción inconmovible de que el mensaje de aquel día era la propia Palabra de Dios dirigida a mí, inspirando porque ella misma fue inspirada. Inspirada, porque ella misma inspiraba.

5. Es vivo y eficaz (He. 4:12)
    Sabemos que fue inspirada la Biblia, pero lo maravilloso es que la Biblia hoy y ahora vivifica y es eficaz. Desde los tiempos más remotos la Palabra de Dios se abre paso en los corazones de los hombres, y el mismo hálito de Dios que inspiró en ellos la vida misteriosa la mantiene también hoy en día viva y eficaz. Es la Palabra viva, equipada con la vida del Dios viviente, que le dio y da esta fuerza.
    El Salmo 23 por ejemplo, inspirado como todas las Escrituras–todavía hoy, cuando en la quietud de una cámara mortuoria se lo susura o de otra manera se lo lee con este pensamiento: “¡Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley!” (Sal. 119:18), tiene renovada eficacia; el Espíritu lo vuelve a dar vida.
    Este es el más destacado y singular rasgo de la Biblia: siento dentro de mí que es mía. Sus promesas me pertenecen. El Salmo 103 para mí no tiene nada de antiguo hebreo, es fuerza actual, que con su lectura me subyuga y me hace exclamar lleno de agradecimiento: “¡Bendice, oh alma mía, a Jehová!”



continuará, d.v. en el siguiente número

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 “¿Qué pensáis del Cristo?”   Mateo 22:42  
    Cada domingo tenemos oportunidad de contestar esta pregunta en la Cena del Señor. ¡Qué pena si no venimos preparados y desaprovechamos la oportunidad. Con himnos, la lectura de las Escrituras y oraciones de adoración y gratitud, ¡díle al Señor qué piensas de Él! Prepárate durante la semana, leyendo cada día la Palabra, meditando, orando y adorando. Cuando más pensemos en Cristo, menos pensamos en nosotros. Juan el Bautista dijo: "Es necesario que él crezca pero que yo mengüe". Así es también con nosotros.

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Los Dominios del Señorío de Cristo1. Señor de la Mies (Mt. 9:38)

2. Señor del Día de Reposo (Mt. 12:8)

3. Señor Mío (Jn. 20:28)

4. Señor del Cielo y de la Tierra (Mt. 28:18)

5. Señor de Todos (Hch. 10:36; Ro. 10:12)

6. Señor de Vivos y Muertos (Ro. 14:9)

7. Señor de Señores (Ap. 17:14; 19:16)
L.P.R., tomado de un viejo nº de la revista “Congregados En Mi Nombre”, 
editada en Chile por D. Ernesto Moore.

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 Manchas Indelebles

    “León es león, por lindo que sea el cachorro”.
    Cierto domador de fieras de apellido Becwith tenía su propio parque zoológico y criaba fieras en cautiverio. Se le ocurrió ver cómo podía criar leones mansos y para este fin usó un nuevo método de alimentación para un par de cachorros. La leche de vaca, y nada de carne en su dieta, parecía dar buenos resultados. Pero él contó—
    Mi primera desilusión fue cuando los cachorros tenían unos diez meses. Mi esposa me llamó con urgencia y, al llegar a la ventana, vi a nuestro burro a una distancia de quince metros comiendo paja.
    Arrastrándose silenciosamente hacia él estaba uno de los cachorros que habíamos criado cariñosamente con biberón.
    Con una facilidad como si fuera costumbre en él, brincó encima del burro, agarró con una pata la crin, extendió la otra hacia el hocico del burro y entonces lo haló hacia atrás. En seguida el burro cayó a tierra y el cachorro, con sus colmillos pelados, no perdió tiempo en buscar la vena. En fin, era sangre lo que quería.
    Aquel cachorro había recibido un cuidado especial, fue criado con técnica por un profesional, vivía protegido y nunca le faltaba comida. No obstante, se mostró tan feroz como cualquier cachorro de la selva. Por nacimiento tenía la naturaleza de león y ninguna crianza, ninguna dieta y ninguna comodidad de parque zoológico iba a cambiarla. “En fin, era sangre lo que quería”.
    Usted y yo tenemos también nuestra naturaleza propia. “El corazón es engañoso más que todas las cosas, y perverso”, Jeremías 17:9. Por esto dijo Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto os digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”, Juan 3:3. Nicodemo se sorprendió y no pudo entender cómo un hombre maduro podía volver a nacer.
    El Señor le explicó que lo que es nacido de la carne, carne es. Es necesario un nuevo nacimiento, uno espiritual, para entrar en el reino de Dios. “Lo que es nacido del Espíritu”, dijo, “espíritu es”. Es el Espíritu Santo de Dios que obra en uno para que nazca de nuevo, para que sea nueva creación en la estima de Dios.
    Es una ley fundamental, tanto en lo natural como en lo espiritual, que lo superior no puede evolucionar de lo inferior. El vegetal es materia y nada más; nunca puede producir ánimo. El animal es a la vez materia y ánimo; no puede producirse de vegetal, ni producir espíritu. Sin embargo, el hombre es materia, ánimo y espíritu, y no se desarrolló de lo animal.
    Por tanto, si el hombre pecador —como somos usted y yo— va a “ver” o “entrar” en el reino de Dios, tiene que nacer otra vez, o nacer de arriba. Esto puede hacerlo sólo el Espíritu Santo.
    El profeta Jeremías pregunta retóricamente: “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?” Tal como aquel lindo cachorro de león quería sangre, usted y yo no podemos erradicar la naturaleza que recibimos de nuestros padres. ¡Pero podemos recibir una nueva!
    Podemos ser “participantes de la naturaleza divina”, 2 Pedro 1.4, y ser hechos nueva creación en Cristo Jesús, 2 Corintios 5.17. Esto es lo que hace el Espíritu Santo con todo aquel que por sincera, sencilla fe recibe a Jesús como Salvador. En el Calvario, Él dio su vida terrenal para dar la vida espiritual al que cree en Él.

 S. J. Saword
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¿Cuándo Realmente Nació El Señor Jesucristo?(Parte II)
Nieve en Belén en diciembre

Notas de la Biblia Textual, Sociedad Bíblica Iberoamericana:

viene del nº anterior

    2. Lo que según la Escritura, pudo suceder: Otro punto para establecer la fecha del nacimiento de Jesús el Mesías, es establecer el tiempo en que Elisabet quedó embarazada, pues la Escritura nos da precisa información de que Juan era seis meses mayor que Jesús (Lc. 1:26, 36). Para ubicar esta fecha, detengámonos en el relato de Lucas 1:5, específicamente en la frase del grupo de Abías. El sacerdote Zacarías se encontraba ministrando en el templo, cuando se le apareció un ángel del Señor, anunciándole el nacimiento de su hijo, y relacionándolo con el profeta Elías (Lc. 1:17), cuyo advenimiento (Mal. 4:5) según la tradición judía, tenía que ser en la Pascua, celebración que se hacía el 14 de Abib (Nisán)
el primer mes del año lunar hebreo. Mas tarde, el mismo Jesús se habría de referir a Juan como Elías (Mt. 11:14). Ahora bien, unos mil años antes de estos acontecimientos, el rey David había establecido 24 órdenes sacerdotales para ministrar en el templo. La clase (o grupo) sacerdotal al cual pertenecía Zacarías había caído en la octava suerte (1 Cr. 24:10), y así, le tocaba servir durante el cuarto mes del año lunar. Es previsible inferir entonces que, tan pronto como Zacarías regresó a su hogar, Elizabet quedara embarazada. Esto debió haber sucedido a mediados del mes Tammuz, que corresponde a Junio-Julio. Nueve meses más tarde, a mediados del mes de Nisán del siguiente año, es decir, durante la Pascua hebrea, nació su hijo, y seis meses después, nació Jesús, el Salvador del mundo. En el mismo Evangelio según Lucas se informa la fecha en que la virgen Miriam se halló encinta: Después de estos días, su mujer Elisabet concibió; y se mantenía en reclusión cinco meses...al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, cuyo nombre era Nazaret, a una virgen... y el nombre de la virgen era Miriam. Después de anunciarle que quedaría encinta, el ángel Gabriel añadió: Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido un hijo en su vejez; y para ella, la llamada estéril, éste es ciertamente el sexto mes; pues de parte de Dios ninguna cosa será imposible (Lc. 1:36-37).
   Es muy probable que la virgen quedara encinta en el momento mismo de aceptar la voluntad de Dios. Fue entonces cuando la sombra del Omnipotente vino sobre aquella jovencita de la cual habría de nacer el Mesías. Era el sexto mes de embarazo para Elisabet que corresponde a Tevet, décimo mes del año lunar, es decir, a diciembre-enero. En ese tiempo Miriam fue a visitar a su pariente Elisabet, y se quedó con ella tres meses, hasta el nacimiento de Juan que, como hemos visto, corresponde a los meses de marzo-abril (Lc. 1:56). Las 40 semanas del embarazo de Miriam se cumplieron a mediados de Tishrei, séptimo mes del calendario hebreo, que corresponde a septiembre-octubre.
    3. Lo que, según la Escritura, sucedió: Continuando la pesquisa, nuestra atención es para la fecha del año nuevo ordenado por Dios: 1º de Abib (Nisán) (Éx. 12:2), que corresponde a los meses marzo-abril del calendario gregoriano. A pesar de ser un mandato tan claro y específico de Dios, con tristeza vemos que ni Israel ni la verdadera Iglesia han puesto la debida atención a este mandato, antes ...han aprendido el camino de las naciones (Jer. 10:2). Basta decir aquí que, para el Dios Único, en año comienza en la fecha antes mencionada. A partir de allí, Él señaló las Solemnidades que Israel debía celebrar en sus tiempos durante el año, y que son: a) la Pascua, símbolo de Cristo, nuestro Redentor (1 Co. 5:7; 1 P. 1:19); b) los panes sin levadura, símbolo de la Cena Dominical (Hch. 20:7; 1 Co. 11:20-26); c) las Primicias, símbolo de Cristo en su resurrección (1 Co. 15:23); d) los panes con levadura, símbolo de la Iglesia de Cristo (Hch. 2:1-47); e) las Trompetas, símbolo del arrebatamiento de la Iglesia (1 Co. 15:51-52; 1 Ts. 4:13-17); f) día de Expiación, símbolo del Advenimiento (Mt. 24:27-31; Lc. 2:1-28); y g) los Tabernáculos (tipo del reino milenario de Cristo en la tierra) (Mr. 9:2-13; Ap. 20:4, 6).
    Una atención especial a esta última fiesta (Lv. 23:5-41), arroja suficiente luz sobre la fecha que tratamos de determinar: La solemnidad de los Tabernáculos, última de las celebraciones del año, pone fin a la serie de fiestas solemnes instauradas por Dios. En su orden profético, esta fiesta corresponde a los acontecimientos que sucederán inmediatamente después del Advenimiento. Desde la instauración del Reino Milenario, hasta la creación de los nuevos cielos y tierra, es decir, durante mil años literales, la humanidad vivirá la gloriosa experiencia de ver a Dios... morará en Sión (Jl. 3:21).
    Ahora bien, el Evangelio según Juan (1:14) dice textualmente: "Y el Verbo se hizo carne, y tabernaculizó entre nosotros". De donde la palabra griega eskénosen (traducida tradicionalmente habitó) es en realidad un verbo que literalmente significa asentar tabernáculo. A su vez, dicho término griego es una traducción de la palabra hebrea sucot que se usa para definir tabernáculos o cabañas. Así, el verbo griego ejskήvnωsen →§ 74, que usa el evangelista Juan, nos da una clave muy precisa para formular la siguiente pregunta: ¿Qué fecha podía escoger Dios, para que su Hijo naciera en la tierra, sino en la fiesta de los Tabernáculos? ¿Cuál otra solemnidad podría ser más apropiada para que el Verbo descendiera a tabernaculizar entre los hombres, sino en la solemnidad misma de los Tabernáculos? Festividad ésta que se encuentra directamente relacionada con el hecho de que Dios llegaría a habitar en Sión. El registro del Evangelio según Mateo, en donde el Salvador recibe el nombre de Emmanuel, es en extremo significativo, porque uno de sus nombres es Jesús, por el cual es llamado. Su otro nombre, Emmanuel = Dios con nosotros se cumplió con la presencia de Jesús con la raza humana. De allí las palabras del evangelista: el Verbo se hizo carne y tabernaculizó entre nosotros. ¿Y cuándo se celebra la fiesta solemne de los Tabernáculos? El día 15 del mes séptimo... ¡exactamente seis meses después del nacimiento de Juan!
   
  
  Cita de La Biblia Textual, Sociedad Bíblica Iberoamericana, 1999,
publicado por Holman Bible Publishers, notas en págs. 1303-1304
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Una calle de Belén, Israel, en el invierno
¿POR QUÉ VAS A CELEBRAR 
UNA FIESTA NO CRISTIANA?
Mucha gente celebra este día sin conocer las historias relacionadas a la navidad. Muchos “cristianos” se apresuran a celebrarla sin saber nada de su origen, y lo peor es que no quieren saber porque no quieren cambiar. Son adictos de la fiesta. El cuerpo y las emociones se la piden.
    Los cristianos sinceros se preocupan y se entristecen al ver a sus hermanos y hermanas ocupados y preocupados por las apariencias externas de la navidad. Las iglesias bíblicas deben preocuparse de que los cristianos no se enreden en esas costumbres paganas. ¡Pero hoy en día hay congregaciones que hasta tienen el arbolito puesto en su lugar de culto!
    Muchos de nosotros desde niño hemos guardado la fiesta de la navidad. Hemos intercambiado regalos, hemos enviado tarjetas, hemos encendido candelas, hemos roto las piñatas, y hemos comido las ricas comidas navideñas. Mas ahora estamos viendo la insensatez de todo esto. Las palabras de Dios que debemos aplicar aquí son: “No os conforméis a este siglo” (Romanos 12:2), y “no améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Jn. 2:15).
   
extracto de un tratado escrito por Aden Gingerich