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viernes, 31 de marzo de 2017

EN ESTO PENSAD -- abril 2017

La Elección del Cónyuge (II)
J. Graf

viene del nº anterior
 
El amor
¿No es el amor la condición primordial para que una unión sea feliz? Al menos esto es lo que se dice a menudo. Es cierto que el afecto natural entre prometidos, entre esposos, entre padres e hijos, es algo que Dios pone en el corazón humano. Estos sentimientos son un lazo precioso entre dos seres estrechamente unidos el uno al otro.
    Pero desde la antigüedad pagana, tal amor fue desnaturalizado por la desobediencia del hombre y cayó bajo el imperio de la ley del pecado y de la muerte. La ausencia de afecto natural caracteriza también a la cristiandad sin Cristo en estos últimos tiempos (Ro. 1:31; 2 Ti. 3:3).
    El amor es algo natural en las relaciones entre esposos, pero debiera ser santificado para que no fuera un simple amor carnal, el cual se manifiesta ante todo por sus exigencias, por su egoísmo, su deseo de poseer, sin preocuparse de la voluntad de Dios. Ejemplos muy solemnes de todo esto los encontramos en Sansón (Jue. 14:3, 16; 16:4, 15) y Amnón (2 S. 13). Tal amor no puede ser nunca el fundamento seguro de una unión dichosa, ya que desaparece al haber conseguido lo que se buscaba en la persona amada. El creyente no está exento de este peligro, por lo que la vigilancia le es necesaria.
    El amor que Dios pone en el corazón, a la vez da y se entrega. No busca su propio interés (1 Co. 13:5). Encuentra su medida en Cristo, quien ha amado a la Asamblea y se entregó a sí mismo por ella (Ef. 5:25). Fue su amor y su obediencia al Padre, lo que le indujo a descender del cielo y darse por la Iglesia, del mismo modo que un hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su mujer.
    Toda peticion de matrimonio, requiere según Dios un afecto santo hacia la novia. “Cristo amó a la iglesia”. Siguiendo su ejemplo, le corresponde al hombre, desempeñar el papel activo y pedir a su prometida en matrimonio. Una actitud pasiva de parte del novio o la iniciativa de la futura esposa estarían en desacuerdo con los pensamientos divinos.
    El verdadero amor no actúa nunca en oposición a Dios. El amor no debe cegarnos, ya que es necesario examinarse a sí mismo delante del Señor, para saber si el motivo que nos mueve está de acuerdo con la voluntad de Dios.

La petición de una compañera a Dios
    El siervo de Abraham nos proporciona un ejemplo muy hermoso. No era una joven agraciada o rica la que él buscaba para Isaac, sino una muchacha que quisiera servir a un extranjero como él y que cuidase de sus camellos fatigados. Habiendo Dios respondido a su petición al instante, el siervo, primeramente, se contentó con mirar, sorprendido y en silencio. Profundamente emocionado por la respuesta divina, no dice ni una sola palabra a la muchacha, sino que empieza por expresar su gratitud a Dios (Gn. 24:12, 21, 27). Fue de esta manera que recibió de la mano del Señor la mujer que Dios destinaba a Isaac.

¿En qué momento casarse?       
    Hay un orden que conviene observar y que nos es indicado claramente en Génesis 2:24 y vuelto a citar por el Señor Jesús en Mateo 19:5, “El hombre dejará a su padre y madre”. Nos habla de la autonomía unida a la responsabilidad.
    A continuación viene “el estar unido a su mujer”, unión pública delante de Dios y de los hombres, la cual es realizada en nuestra sociedad actual [en algunos países] por la inscripción en el registro civil. [en otros: por la iglesia].
    Es solamente después, y no antes, “que los dos serán una sola carne”.
    Otra condición precedente a la fundación de un hogar es el ejercicio de un oficio que tras una formación profesional o un aprendizaje suficiente, permita al hombre proveer a las necesidades de la familia. “Prepara tus labores fuera, y disponlas en tus campos, y después edificarás tu casa” (Pr. 24:27).
    El tiempo escogido por Dios no corresponde siempre a nuestros deseos. “En tu mano están mis tiempos” (Sal. 31:15).
    Las hijas de Zelofehad nos ofrecen un ejemplo estimulante (Nm. 27 y 36). Experimentaron por sí mismas las dificultades que muchas jóvenes creyentes encuentran en nuestros días, las cuales deben comprobar que hay muy pocos jóvenes varones a su alrededor resueltos a seguir a Cristo. Las hijas de Zelofehad hubieran podido suplicar a Moisés que les ayudase a buscar un esposo; pero ellas amaban y deseaban, ante todo, conseguir su herencia (figura de nuestras bendiciones espirituales), y Dios respondió simultáneamente a sus dos deseos.

El lugar del encuentro
    El siervo de Abraham encontró a Rebeca cerca de un pozo. De él surgía el agua, figura de la Palabra de Dios aplicada por el Espíritu Santo.
    Jóvenes: ¿Dónde deseáis encontrar a vuestro futuro cónyuge? ¿En el mundo estéril, sin agua, o en este lugar escogido por Dios, donde su Palabra refresca el corazón?
   
Una decisión firme
    Rebeca no obró ligeramente hacia su futuro esposo. “Yo iré”, dijo ella decidida.

Una ayuda idónea
    Dios quería dar a Adán una ayuda idónea. Las grandes diferencias de edad, educación, lengua, raza, etc., no son contrarias a la Palabra, pero pueden constituir en el curso de los años, una carga en la vida común. “El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová” (Pr. 18:22).

J. Graf, Juventud, matrimonio, familia, Ediciones Bíblicas, Perroy, Suiza.

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 ¿QUIÉN ESTÁ EN LAS REUNIONES?

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).

Cuando el Señor Jesucristo pronunció estas palabras, se estaba refiriendo a una reunión de la iglesia convocada para tratar con un miembro pecador que rehúsa arrepentirse. Otros esfuerzos para con el ofensor han fallado y ahora es llevado ante la asamblea. Si aún rehúsa arrepentirse, debe ser excomulgado: puesto fuera de comunión. El Señor Jesús promete Su presencia en tal reunión convocada para tratar con un asunto de disciplina de la iglesia.
     Pero el versículo ciertamente tiene una aplicación más amplia. Se cumple dondequiera y cada vez que dos o tres se reúnen en Su Nombre. Reunirse en Su Nombre significa juntarse como asamblea cristiana; congregarse con y por Su autoridad, actuando de Su parte; reunirse en torno a Él como cabeza y centro de atracción; congregarse de acuerdo con la práctica de los cristianos primitivos en doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones (Hch. 2:42). Quiere decir congregarse con Cristo como el centro, congregarse en Él (Gn. 49:10; Sal. 50:5).
     Dondequiera que los creyentes se reúnen de este modo a la Persona del Señor Jesús, Él promete estar presente. Mas alguien podría preguntar: “¿No está Él presente en todas partes? Siendo Él Omnipresente, ¿no está en todos los lugares al mismo tiempo?” La respuesta es, por supuesto que sí. Pero promete estar presente de una manera especial cuando los santos se congregan en Su Nombre: “...allí estoy yo en medio de ellos”. Esa es, por sí misma, la razón más fuerte por la que debemos ser fieles asistiendo a todas las reuniones de la asamblea local. El Señor Jesús está ahí de una manera especial. Muchas veces podemos no estar conscientes de Su prometida presencia. En otras ocasiones aceptamos el hecho por la fe, basados en Su promesa. Pero hay otras veces cuando se nos manifiesta a Sí mismo de una manera singular. . . Nunca sabemos cuándo ocurrirán estas sagradas visitas. Llegan inesperadamente y sin anuncio y si no estamos presentes las perdemos. Sufrimos una pérdida parecida a la de Tomás, que no estaba presente cuando el Señor Jesús resucitado y glorificado apareció a los discípulos la tarde de Su resurrección (Jn. 20:24). Éste fue un momento de gloria que jamás pudo recuperar.   
     Si realmente creemos que Cristo está presente cuando Su pueblo se reúne en Su Nombre, estaremos mucho más motivados y determinados a asistir que si el rey o el presidente estuviera allí. Nada aparte de la muerte o una enfermedad grave impedirá nuestra presencia.
William MacDonald, De Día En Día, Editorial CLIE

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William MacDonald Comenta Sobre El Mundo

     "El apóstol Juan nos dice que todo lo que hay en el mundo es los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida (1 Jn. 2:16). Traducción: el mundo glorifica al sexo, a la pasión, a la violencia, a la guerra, a la riqueza, a la posición social y al poder. La gente del mundo vive para el presente, no para la eternidad; para las cosas pasajeras, no para los demás; para el yo, no para Dios. Todos sus placeres tienen su fin en el sepulcro".    pág. 74
     "El mundo tiene formas diferentes. Hay el mundo de la política: por su propia naturaleza, es corrompido. Hay el mundo del comercio: está impregnado de prácticas nada éticas. Hay el mundo religioso: tiene las manos manchadas con la sangre de Jesús. Hay el mundo del arte, la música y la cultura: el nombre de Cristo es excluido porque causa desasosiego. Y hay el mundo del espectáculo, con su inmundicia, insinuaciones sexuales, dobles sentidos. Hollywood y la televisión son retratos de este mundo a todo color..." pág. 75

del libro EL MANDAMIENTO OLVIDADO: SED SANTOS
 
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¿IRÉ AL CIELO?

Para ir al cielo, ¿que es necesario?                   
☐ 1. Guardar los Diez Mandamientos
☐ 2. Hacer buenas obras. “Haz bien y no mires a quién”.
☐ 3. Los sacramentos: el bautismo, la penitencia, la eucaristía, la confirmación, la extremaunción, etc.
☐ 4. Dar limosnas a la iglesia, a los pobres, a las obras de caridad.
☐ 5. Arrepentirse y dejar de pecar.
☐ 6. Ser sincero y procurar siempre lo mejor.
☐ 7. Amar a Dios y al prójimo.
☐ 8. Asistir a una iglesia evangélica o protestante y hacerse miembro.
☐ 9. Arrepentirse y confiar sólo en el Señor Jesucristo para el perdón y la vida eterna.
☐ 10. Nada, porque no existe ni cielo ni infierno.

¿Cuáles ha escogido?
    Si ha escogido alguno del nº1 al nº8, lamentamos decirle que se ha equivocado. Dios dice en Su Palabra que la salvación es: “por gracia...por medio de la fe...no por obras para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).
    Si ha escogido el nº10, también se ha equivocado. El Señor Jesucristo no miente ni se equivoca, y Él habló y enseñó acerca del cielo y del infierno. Si usted no lo cree, es su problema, pero el cielo y el infierno existen, y usted irá a uno de estos lugares para siempre.
    Si ha escogido sólo el nº 9, ha acertado. El obstáculo que impide que vayamos al cielo, la morada de Dios, es nuestro pecado, y todos hemos pecado. “La paga del pecado es muerte” dice la Biblia. Por eso vino Jesucristo y murió en la cruz del Calvario, para sustituirle a usted ante Dios y tomar en su lugar el castigo que sus pecados merecen. Y cuando expiró en la cruz, gritó: “¡Consumado es!”. Jesucristo no sigue sufriendo ni muerto, porque ya lo  pagó todo. Resucitó y está sentado a la diestra de la majestad en el cielo. Jesucristo es el único que puede perdonar los pecados y dar vida eterna. Sólo por Él podemos ir al cielo. Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (S. Juan 14:6).
    Si desea saber más acerca de Jesucristo y cómo recibir vida eterna e ir al cielo, acérquese y pregunta. Con gusto le ayudaremos. 

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 ¿Qué Pensáis Del Cristo?

 Hay muchas preguntas en la Biblia, pero esta es la más importante, porque de la respuesta a ella depende el destino de cada persona: “¿Qué pensáis del Cristo?”
    Si preguntamos a la gente, habrá muchas respuestas, porque a muchos les encanta expresar su opinión. Unos hablarán a favor y otros en contra. Hay gente que tiene religión pero no tiene a Cristo, y que practica culto pero no le conoce. En nuestro mundo se hacen encuestas públicas y preguntan: “¿Qué piensa de esto o lo otro?” Pero esta pregunta es infinitamente más importante. No se trata de meras opiniones, sino de cómo evalua y qué entiende acerca de Jesucristo. Vamos al Nuevo Testamento para preguntar a los que convivieron con Él.
    En Juan 7:46 los alguaciles del templo no le trajeron a las autoridades como se les había mandado, porque quedaron impresionados de Su manera de hablar. Exclamaron: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” Habían oído a muchos hablar en el templo, pero Cristo predicaba con poder y razón y Sus palabras tocaron el corazón de los que le oyeron. Jamás en la vida oirás otras palabras como las de Jesucristo.
    En Mateo 4:24-25 vemos a los del otro lado del Jordán, oyéndole y viendo las señales que hacía. ¿Qué pensaron de Él? Se quedaron admirados. “Y se difundió su fama por toda Siria”. Había gente siguiéndole de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán. Pero amigo, una cosa es estar impresionado, y otra es creer, confiar en Él. En Mateo 5:1-3, a esas multitudes Él les enseñaba el reino de Dios, no de políticos ni obras sociales sino de Dios, el que quiere gobernar en el corazón. El gran evangelista Moody dijo: “prefiero estar cinco minutos a los pies de Cristo que escuchar toda la vida a los sabios de este mundo”.
    Vamos a Marcos 1:30-31 para entrevistar a la suegra de Simón Pedro. Ella había caído enferma, tenía fiebre y estaba acostada. Hablaron al Señor explicando la condición de ella, y Él se acercó y la tomó de la mano. La levantó de la cama e inmediatamente le dejó la fiebre. Se curó de tal manera que podía servir a sus huéspedes. Ella diría: “Él me quitó la fiebre; me sanó”. Jesucristo tiene poder para levantarnos, curar nuestras males y habilitarnos para servir. ¿Quién desea dejarle entrar en su casa y su corazón?
    Preguntemos en Marcos 2:2-12 a los cuatro que trajeron a un paralítico al Señor, y lo bajaron en su lecho delante del Señor. Ellos, el enfermo y todos los demás que estaban en la casa vieron el poder del Señor sobre la parálisis y sobre el pecado. Se asombraron, glorificaron a Dios y dijeron que nunca habían visto tal cosa. El Cristo tiene poder y compasión, puede restaurar los nervios y perdonar los pecados.
    Los discípulos pescadores, después de la gran pesca en Lucas 5:1-8, quedaron asombrados también. Eran pescadores de oficio, pero el Señor les enseñó cómo pescar mejor. Pedro se arrodilló y rogó al Señor que se apartara de él, diciendo: “porque soy hombre pecador”. Probablemente había tenido mala actitud y malos pensamientos acerca de la instrucción que Cristo les dio en el v. 4, “echad las redes...” Pero la sencilla obediencia puede vencer la incredulidad, porque cuando hacemos lo que el Señor dice, entonces vemos resultados que de otra manera no se puede. Se quedaron impresionados con la santidad y el poder del Señor.
    En Lucas 15:2 los fariseos y escribas expresaron su baja opinión de Cristo cuando murmuraron: “este a los pecadores recibe y con ellos come”. Lo dijeron para denigrarle, pero nos hace admirarle porque si no hubiera recibido a los pecadores, ¿dónde estaríamos nosotros? La crítica de los líderes religiosos se convierte en palabras de esperanza para nosotros. ¿Quién es Cristo? Es uno que recibe a los pecadores. Vino para buscar y salvar a los que se habían perdido.
    Otra vez escuchamos opinión negativa de parte del establecemiento religioso, en Mateo 27:41-43. “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar”. Aquí vemos el conflicto entre la religión organizada y pomposa, y la fe sencilla en el Señor Jesucristo. Esos hombres no estaban allí para compadecerse sino para burlarse. Pero llevaron razón en lo que dijeron. Cristo no podía salvarse a sí mismo, ni falta hacía porque era santísimo y en este momento sufría por nosotros. Él entregó Su vida por la tuya y la mía. No vino para salvarse, sino para salvarnos a nosotros.
    Si preguntamos a Caifás, el sumo sacerdote, veremos su opinión de Cristo en Mateo 26:57-64. Sólo obraba para quitar a Cristo de en medio, porque le veía como competencia y quería para sí el poder sobre el pueblo. Así que procedió deshonestamente, buscando testigos falsos para condenarlo. Al final le conjuró: “que nos digas si eres tú el Cristo”. Pero no lo dijo porque no sabía qué pensar, sino para provocarle a decir algo condenable. Y cuando Cristo le respondió, le acusó de blasfemia (v. 65). Caifás pensaba que Cristo blasfemaba y que merecía morir. Jesucristo tiene muchos enemigos todavía hoy que le resienten.
    Otro hombre que opinó públicamente sobre Cristo fue Poncio Pilato (Mt. 27:1-2; 11-26; Jn. 18:28-19:6). Era un hombre duro y cruel. Pilato, ¿qué opinas de Cristo? Declaró en Juan 19:4 que ningún delito halló en Él. Los judíos en el versículo 7 acusaron: “se hizo a sí mismo Hijo de Dios”.  Pilato le llamó hombre inocente, pero le condenó, manifestando el fracaso del sistema judicial de este mundo. Condenó al Santo y Justo. En Mateo 27:22 preguntó: “¿Qué queréis...que haga con Jesús...?” (véase Mr. 15:12). ¿Qué importaba lo que ellos querían? ¡Él debió actuar con justicia y equidad, pero no lo hizo! “¡Crucifícale!” respondieron a gritos, y así fue. Había recibido correo de su esposa rogándole que no tuviera nada que ver con “ese justo”, pero ni a eso hizo caso. Al final Pilato se lavó las manos, pero tenía que haber lavado su corazón pecaminoso. Fracasó y no hizo justicia, porque se dejó guiar por la opinión y la voz de la multitud. Como muchos, a Pilato le preocupaba el “¿qué dirán?” más que la verdad. Dicen algunos historiadores que luego volvió a Roma y fue castigado con exilio, durante el cual se deprimió y se suicidió. Otros dicen que el emperador Calígula le condenó a muerte por ejecución o suicidio. El caso es que murió en el año 39 d.C., y un día Pilato tendrá que comparecer ante Cristo. ¡Qué momento más terrible será!
    ¿Qué pensaba Judas Iscariote de Cristo? En Mateo 27:4 dijo: “he pecado entregando sangre inocente”. Sabía que el Señor era inocente y que él le había traicionado. Devolvió el dinero arrepentido – esto es – triste por las consecuencias. Pero Judas no se arrepintió debidamente, y murió como un pecador desgraciado. Había andado con Cristo y con los demás apóstoles durante tres años, día y noche. Había escuchado las mismas enseñanzas y visto los mismos milagros. Recibió más atención personal del Señor que muchos. Pero pese a todo eso, y aunque había hecho milagros y predicado el evangelio,vemos que no había creído en el corazón. Hasta qué punto llegan los “cristianos” modernos que asisten a reuniones pero que no permiten que el Señor cambie sus vidas, y los predicadores que hacen campañas y milagros y recogen dinero, como Judas, pero Cristo para ellos es más que nada una manera de tener fama y hacer dinero.
    Tenemos que invitar a la gente a tener una buena opinión de Cristo, y esto se hace también con nuestra vida. Nuestra manera de vivir como cristianos influye a la gente en su opinión de Cristo. Que Él nos ayude a enmendar nuestra manera de hablar y vivir, para que reprensentemos bien al Señor. Pablo dijo: “Sed imitadores de mí así como yo de Cristo”. Cuando imitamos al Señor, cuando le seguimos en nuestra manera de vivir, ayudamos a la gente a entender realmente quién es Cristo y qué es el evangelio.


continuará, d.v. en el siguiente número
de un estudio dado por Lucas Batalla
 
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  Dios Cumple Toda Su Palabra

"...no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas" (Jos. 23:14).
 
    Los que dividen la Palabra de Dios en doctrinas fundamentales y no esenciales, o culturales, deben reflexionar y arrepentirse de su pecado. Desean que Dios cumpla todas Sus promesas, toda Su Palabra, y se alegran de que Él sea fiel en todo. Pero ellos no desean guardar todo. Esquivan su deber de enseñar y guardar todo, con sus inventos y excusas de "no esencial", frase no hallada en toda la Biblia. Se alegran de que "no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras" de Dios, pero ellos sí son hallados faltos. ¿Qué sería de nosotros si Dios no cumpliera todas Sus promesas? Pero tranquilos, porque en Cristo todas las promesas de Dios son Sí, y en Él Amén (2 Co. 1:20).
    Y somos mandados a enseñar y obedecer TODO. "Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mt. 28:20). "Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad" (Jn. 16:13), no "a las doctrinas más importantes". (!) Dios cumple toda Su buena Palabra. Dejemos de dividir y clasificarla, y seamos obedientes a todo.
Carlos

miércoles, 22 de junio de 2016

EN ESTO PENSAD - julio 2016

Consejos Acerca Del Noviazgo


El Contacto Físico Antes De Casarse

    1 Timoteo 5:2 manda a los jovenes a tratar a las jovencitas "como a hermanas, con toda pureza". Las caricias físicas son privilegio de los casados (Gn. 26:8-9), además, provocan emociones y pasiones sexuales y así forman parte de los actos preliminares al sexo. No tienen lugar alguno en una relación entre jóvenes cristianos fuera del matrimonio. Es una forma de ser egoísta, carnal e irresponsable, y no es un acto de amor cristiano entre la pareja. Si estás preparado para el matrimonio (no sólo en tu propia opinión) y has hallado a la persona idónea (no sólo porque tú lo sientas, sino porque se ha demostrado que es la voluntad de Dios), y no puedes esperar más para esas expresiones de amor, entonces cásate. El matrimonio es la provisión divina para la satisfacción de los deseos físicos (y es muchísimo más, pero también incluye eso). El mundo no lo cree, pero el mundo anda y razona malamente, y millones de vidas han sido arruinadas siguiendo el rumbo y las costumbres del mundo.
    Considera seriamente la respuesta correcta a esta pregunta: ¿Qué base bíblica tendrías para manifestar afecto físico a una mujer que no es tu esposa?
    Si entras en un noviazgo, un compromiso formal, ¿es lo mismo que estar casado, tienes los mismos privilegios y responsabilidades? ¿Cuándo comienza el matrimonio? Tus respuestas deben ser bíblicas.

Criterio Para Escoger A Una Esposa
1. Debe ser creyente bautizada y en comunión (2 Co. 6:14).
2. Debe ser la mujer que Dios escoge, esto es "en el Señor" (1 Co. 7:39), o sea, según Su voluntad, no sólo una cuya apariencia te agrade, o que alguien te haya sugerido y puesto en la mente, tratando de hacer parejas, ni una persona que porque sueñas con ella, o sientes cierta atracción, deduces que debe ser la mujer para ti. Hay muchos matrimonios fracasados que comenzaron así.
3. Debe ser una mujer con carácter cristiano demostrado (piadosa, modesta, casta, afable, apacible, sobria), una mujer de oración y devota del Señor que demuestra que es coheredera de la gracia de Dios. No una que ha estado buscando a un hombre, coqueta, parpadeando, apareciendo arreglada en todos los lugares “correctos” pero con su atención en los solteros.
4. Debe ser una mujer que toma el lugar de sumisión que Dios le asigna, no a regañadientes, ni de fachada, sino en verdad. Observa especialmente cómo es en su propia casa con la familia, en relación con sus padres. ¿Cómo es ella en la iglesia con respecto a los ancianos y los demás hermanos? ¿Cómo es en su forma de hablar y tratar contigo? Que no dé señales de un carácter dominante, o de querer mandar o manipular. (¿Expresa en privado que está en desacuerdo o fastidiada con sus padres, los ancianos, u otros en lugares de autoridad? ¿Es agresiva o dominante, tiene que expresar su opinión sobre todo, te aconseja o trata de sugerir qué decisiones has de tomar?)
5. Debe ser una mujer que sabe cuidar una casa, cosas como cocinar, coser, mantener la casa limpia, ordenada y atractiva.
6. Debe ser una mujer servicial, dada a la hospitalidad.
7. Debe ser una mujer no adicta a cosas materiales, no codiciosa, no desea tener lo que los demás tienen, sin ambiciones sociales.
8. Debe ser una mujer dispuesta a moverse en la vida cuando el Señor llame.
9. Debe ser una mujer que será una buena madre de hijos, que cumplirá con amor y ánimo pronto las tareas de una madre, sin malcriar a sus hijos.
10. Debe ser una mujer dispuesta a aceptar y tener por suyos los objetivos de su marido, y orientarse a él, no tratar de orientarle a ella.
11. Lo físico no es de gran importancia, ya que no te casarás con un rostro o cuerpo, sino con una persona y el carácter y conducta de esa persona.
* El hecho de que hayas encontrado a una mujer así NO indica que debería ser la tuya, porque hay más de una que es así. Es un tema para poner en oración, no solamente tú a solas con Dios, sino también y muy importante: ante los ancianos de la iglesia para su oración y consejo, antes de llegar a ninguna conclusión. Y por supuesto, antes de comenzar deberías hablar con los padres tuyos y los de la mujer pidiendo sus oraciones, consejos y permiso. No te fíes de tus sentimientos. Cierto es que si es la voluntad de Dios, alguien más que tú lo verá claro.

O. J. Gibson, de sus notas tituladas: MAN TO MAN, "De Hombre a Hombre"

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¿Qué Es El Arrepentimiento?

Tomás Kember, misionero en Obregón, México
    
La maravilla del Evangelio es que no nos manda a cambiar nuestras vidas. Sin embargo, para ser salvos nos manda a arrepentirnos. Cristo dijo: “Arrepentíos, y creed en el evangelio” (Mr. 1.15). Pedro dijo: “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hch. 3.19). Pablo testificaba “acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hch. 20.21). Comúnmente se oye que el arrepentimiento significa cambiar el comportamiento, volverse a Dios, confesarle sus pecados, darle un giro a su vida, o darle la espalda al pecado, entre otras explicaciones. ¿Son expresiones correctas, o hacen que el inconverso se confunda aun más?
    El énfasis en los resultados del arrepentimiento se debe muy probablemente a la frustración de personas “salvas” cuyas vidas dan poca evidencia de un verdadero arrepentimiento. Pensamos que si enfatizamos este lado del arrepentimiento, veremos más verdadero arrepentimiento. Pero, si una persona encamada por una enfermedad no puede caminar, decirle que se esfuerce a caminar no lo hará más posible. Primero necesita ser sanada.
    Juan el Bautista predicó: “Haced... frutos dignos de arrepentimiento” (Mt. 3.8). Si bien los frutos son evidencia del arrepentimiento, hay por lo menos cuatro diferencias entre el arrepentimiento y su fruto. El primero es invisible; el otro, visible. Uno tiene que ver con la actitud; el otro con las acciones. Uno se hace en un momento; el otro de por vida. Uno es la postura adoptada por el inconverso; el otro se realiza a partir de ser salvo por el poder del Espíritu Santo. Aun la palabra en griego traducida como “arrepentimiento” significa lo mismo: metanoia  – pensamiento posterior, cambio de parecer (Diccionario Expositivo Vine).
    Si se trata de cambiar el comportamiento para poder ser salvo, entonces estamos diciendo que la salvación está condicionada a las buenas obras. La Biblia dice que la salvación no es por obras, “para que nadie se gloríe” (Ef. 2.9). No deberíamos poner condiciones si la Biblia no las pone. El arrepentimiento involucra la fe. Es creer lo que Dios está diciendo en contra de usted respecto a sus pecados y lo que ellos merecen. ¿Puede leer Romanos 3.9-19 y aceptar que cada una de estas acusaciones se aplica a usted? Esto es arrepentirse y darle la razón a Dios. “Antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Ro. 3.4). Luego añade: “Para que seas (Dios) justificado en tus palabras”. Justificar a Dios es darle a Él toda la razón.
    El arrepentimiento no es confesarle a Dios los pecados. En este caso la salvación dependería de una buena memoria. ¿Acaso piensa usted que podría recordar todos sus pecados? Basta con reconocer que es un pecador digno de la ira eterna de Dios. Tal vez esta noción de confesar los pecados se debe a que se malentiende lo siguiente: “Si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Jn. 1.9). ¿Estas palabras son para quién? “Nosotros” se refiere al apóstol Juan y a sus lectores, personas ya salvas. Se trata de la confesión de un hijo a su Padre Dios en la familia, no de un condenado ante Dios como Juez en la corte.
    No intente cambiar su vida, estimado lector, sino reconozca su vergonzosa pecaminosidad y, ya arrepentido, descanse en esta preciosa verdad: Cristo “llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 P. 2.24). Después verá los gratos resultados del arrepentimiento en su vida.

del Mensajero Mexicano, junio, 2016, usado con permiso
www.mensajeromexicano.com
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Los hijos desobedientes
deshonran a Dios y a sus padres.

La desobediencia no debe ser permitida, consentida, disculplada, explicada, pasada por alto, porque:

· Es pecado

· Desagrada a Dios

· Deshonra a los padres

· Radica en una actitud

· Incluye la demora

· Es de los necios

· No tiene bendición

· Será castigada

p.d.  Los padres que ni enseñan ni corrigen 
a sus hijos desobedecen a Dios. 

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La  Formación del Carácter de los Niños
parte II
Philip Doddridge (1702-1751)

Hay que enseñar a los niños a ser humildes. Esta es una gracia que el Señor nos invita particularmente a aprender de él y lo que con más frecuencia nos recomienda, sabiendo muy bien que sin ella un plan tan humillante como el que vino a presentar nunca hubiera sido recibido. Y en cuanto a la vida presente, es un adorno muy hermoso que se gana la estima y el afecto universal, de modo que antes de la honra viene la humildad (Prov. 15:33). En general, encontramos que el que se exalta a sí mismo será humillado, y el que se humilla a sí mismo será exaltado, tanto por Dios como por el hombre.

    Por lo tanto, querer el bienestar, la honra y la felicidad de nuestros hijos debiera llevarnos a un esforzarnos tempranamente a frenar ese orgullo que fue el primer pecado y la ruina de nuestra naturaleza y que se extiende tan ampliamente y se hunde tan profundamente en todo lo que tiene su origen en la degeneración de Adán. Debemos enseñarles a expresar humildad y modestia en toda su manera de ser con todos.

    Hay que enseñarles que traten a sus superiores con especial respeto y, en los momentos debidos, acostumbrase a guardar silencio y ser prudentes ante ellos. De este modo aprenderán en algún grado a gobernar su lengua, una rama de la sabiduría que, al ir avanzando la vida, será de gran importancia para la tranquilidad de otros y para su propio confort y reputación.

    Tampoco debe permitirles ser insolentes con sus pares, sino enseñarles a ceder, a favorecer y a renunciar a sus derechos para mantener la paz. Para lograrlo, pienso que es de desear que por lo general se acostumbren a tratarse unos a otros con respeto y en conformidad con los modales de las personas bien educadas de su clase. Sé que estas cosas son en sí mismas meras insignificancias, pero son los guardias de la humanidad y la amistad, e impiden eficazmente muchos ataques groseros que puedan surgir por cualquier pequeñez con posibles consecuencias fatales...

    En último lugar, hay que enseñar a los niños a negarse a sí mismos. Sin un grado de esta cualidad, no podemos seguir a Cristo ni esperar ser suyos como discípulos, ni podemos pasar tranquilos por el mundo. Pero, no obstante lo que pueda soñar el joven sin experiencia, muchas circunstancias desagradables y mortificantes ocurrirán en su vida que descontrolarán su mente continuamente si no puede negar sus apetitos, pasiones y su temperamento. Por lo tanto, hemos de esforzarnos por enseñar inmediatemente esta importante lección a nuestros hijos, y, si tenemos éxito en hacerlo, los dejaremos mucho más ricos y felices por ser dueños de sus propios espíritus, que si les dejáramos los bienes materiales más abundantes o el poder ilimitado que el poder sobre otros pudiera producir.

    Cuando un ser racional se convierte en el esclavo del apetito, pierde la dignidad de su naturaleza humana al igual que la profesión de su fe cristiana. Es, por lo tanto, digno de notar que cuando el Apóstol menciona las tres ramas grandiosas de la religión práctica, pone la sobriedad primero, quizá sugiriendo que donde ésta se descuida lo demás no puede ser practicado. La gracia de Dios, es decir, el evangelio, nos enseña a vivir sobria, recta y piadosamente. Por lo tanto, hay que exhortar a los niños, al igual que a los jóvenes, a ser sobrios, y hay que enseñarles desde temprano a negarse a sí mismos. Es un hecho que sus propios apetitos y gustos determinarán el tipo y la cantidad de sus alimentos, muchos de ellos destruirían rápidamente su salud y quizá su vida, dado que con frecuencia el antojo más grande es por las cosas que son más dañinas. Y parece muy acertada la observación de un hombre muy sabio (quien era él mismo un triste ejemplo de ello) que el cariño de las madres por sus hijos, por el que los dejan comer y beber lo que quieran, pone el fundamento de la mayoría de las calamidades en la vida humana que proceden de la mala condición de sus cuerpos. Más aún, agregaré que es parte de la sabiduría y del amor no sólo negar lo que sería dañino, sino también tener cuidado de no consentirlos con respecto a los alimentos ni la ropa. Las personas con sentido común no pueden menos que ver, si reflexionaran, que saber ser sencillos, y a veces, un poco sacrificados, ayuda a enfrentar muchas circunstancias en la vida que el lujo y los manjares harían casi imposible hacerlo.

    El control de las pasiones es otra rama del negarse a sí mismo a la que deben habituarse temprano los niños, y especialmente porque en una edad cuando la razón es tan débil, las pasiones pueden aparecer con una fuerza y violencia única. Por lo tanto, hay que tener un cuidado prudencial para impedir sus excesos. Con ese propósito, es de suma importancia que nunca permita que hagan sus caprichos por su obstinación, sus gritos y clamores, permitirlo sería recompensarlos por una falta que merece una severa reprimenda. Es más, me atrevo a agregar que es muy inhumano disfrutar de incomodarles con mortificaciones innecesarias, no obstante, cuando anhelan irrazonablemente alguna insignificancia, por esa misma razón, a veces se les debe negar, a fin de enseñarles algo de moderación para el futuro. Y si, por dichos métodos, aprenden gradualmente a dominaar su genio y antojos, aprenden un aspecto considerable de verdadera fuerza y sabiduría...
traducido de The Godly Family

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    "El sauce crece con rapidez, y lo mismo sucede con los creyentes jóvenes. Si quiere ver hombres de nota en la iglesia de Dios, búsquelos entre los que se convirtieron en su juventud...nuestros Samuel y Timoteo surgen de los que conocen las Escrituras desde su juventud. ¡Oh Señor! Envíanos muchos así cuyo crecimiento y desarrollo nos sorprenda tanto como lo hace el crecimiento de los sauces junto a los ríos".
–Charles Spurgeon (1834-1892)

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“Conquista la Voluntad del Niño”

Para formar la mente de los niños, la primera cosa que hacer es conquistar su voluntad y traerlos a una disposición obediente. Informar el entendimiento es un trabajo que requiere su tiempo, y con niños debe proceder lenta y gradualmente según puedan soportarlo.  Pero la sujeción de la voluntad es algo que debe hacerse en seguida, y cuanto antes, mejor. Porque si descuidamos la corrección a tiempo, ellos contraerán una terquedad y obstinación que después a penas serán conquistadas, y nunca sin usar tal severidad que sería tan dolorosa a mí como al niño. En la estimación del mundo pasan por benignos e indulgentes aquellos a quienes yo llamo padres crueles, que permiten que sus hijos formen hábitos los cuales ellos saben que después tendrán que ser quebrantados. Además, algunos son tan neciamente dispuestos como para enseñar en broma a sus hijos a hacer cosas que más tarde los castigarán severamente si los hacen.
    Cuando un niño es corregido, debe ser conquistado; y esto no será demasiado difícil si no se ha vuelto cabezón debido a demasiada permisividad. Y cuando la voluntad del niño es totalmente sojuzgada, y traída a reverenciar y respetar a sus padres, entonces muchas tonterías de niños e inadvertencias pueden ser evitadas. Algunas deberían ser pasadas por alto sin echarles cuenta, y otras reprendidas suavemente, pero ninguna transgresión voluntariosa debe serles perdonada a los niños sin castigo, más o menos según la naturaleza y circunstancias de la ofensa.
    Insisto en conquistar siempre la voluntad de los niños, porque es el único fundamento fuerte y razonable de una educación religiosa, y sin esto tanto precepto como ejemplo serán ineficaces.  Pero cuando sea bien hecho, entonces el niño es capaz de ser gobernado por la razón y piedad de sus padres hasta que su propia comprensión llegue a madurez y los principios de la religión se hayan arraigado en su mente.
    Aún no puedo despedir este tema. Debido a que la voluntad propia es la raíz de todo pecado y miseria, cualquier cosa que favorezca o nutra esta voluntad en los niños asegura su mal estar y falta de piedad en el futuro. Lo que sirva para parar y hacer morir la voluntad propia también promueve su futura alegría y piedad. Esto está todavía más claro si consideramos además que la religión no es otra cosa que hacer la voluntad de Dios y no la nuestra.  El gran impedimento singular a nuestra felicidad temporal y eterna es esta voluntad propia, así que ninguna indulgencia de ella puede ser trivial, y ninguna negación de ella carece de beneficio.  El cielo y el infierno dependen sólo de esto. Por esto, el padre o la madre que estudia sojuzgarla en sus hijos colabora con Dios en la renovación y salvación de un alma. El padre que trata con permisividad e indulgencia a sus hijos hace el trabajo del diablo, hace impracticable la religión, inaccesible la salvación, y hace todo lo posible para condenar a sus hijos, alma y cuerpo, para siempre.
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    Susanna Wesley tuvo 19 hijos, de los cuales son Juan y Carlos a quienes conocemos como predicadores del evangelio y compositores de himnos. Ella escribió estas y muchas otras instrucciones a su hijo Juan y aparecen en el libro: The Journal of John Wesley (“El Diario de John Wesley”), Moody Press