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martes, 31 de agosto de 2021

En Esto Pensad - septiembre 2021

 Lecciones de la Obediencia de Cristo

Andrés Murray


Estudiemos la obediencia de Cristo de tal manera que, como Él, vivamos como siervos de obediencia para justicia.


1) En Cristo, esta obediencia era un principio vital.
 

    La obediencia, para Él, no se reducía a hechos aislados de obediencia esporádica, ni siquiera a una serie de actos de obediencia, sino que era el espíritu que animaba Su vida entera. “He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad” (Jn. 6:38). “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (He. 10:9). Había venido al mundo en cumplimiento de un solo propósito. Vivió únicamente para hacer la voluntad de Dios. La obediencia era, en Su vida, el poder supremo y dominante.
    Su deseo es que así sea con nosotros. Esto es lo que prometió cuando dijo: “Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (Mt. 12:50). El vínculo de unión de una familia se revela cuando se hace vida en común con participación de todos sus componentes, y cuando hay una semejanza familiar. El vínculo de comunión con Cristo es que hagamos, justamente, la voluntad de Dios.

2) En Cristo, esta obediencia era un gozo.

 
    “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado” (Sal. 40:8). “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió” (Jn. 4:34). El alimento que ingerimos es nuestro refrigerio y nos vigoriza. El hombre sano come su pan con regocijo. Pero el alimento es más que placer; el alimento es indispensable para la subsistencia corporal. La comida que Cristo ansiaba era hacer la voluntad de Dios, desprovisto de la cual no podía vivir; era lo único que aplacaba Su hambre, lo único que le aliviaba y fortalecía, lo único que le regocijaba. Algo así era lo que David quería significar cuando expresaba que las palabras de Dios eran “dulces más que miel, y que la que destila del panal” (Sal. 19:10). Cuando hayamos comprendido y aceptado este principio, la necesidad de obedecer se nos tornará más natural y más necesaria, y de más sustento que nuestro alimento.

3) En Cristo, esta obediencia le impelía a ponerse al servicio de la voluntad de Dios.
 

    Dios no le reveló a Cristo encarnado toda Su voluntad de una sola vez, sino día a día, de acuerdo a las circunstancias de la hora [Is. 50:4]. Aunque era perfecto, en Su vida terrenal de obediencia había crecimiento y progreso, la lección más difícil fue la última. Cada acto de obediencia le capacitaba para un nuevo descubrimiento de las siguientes órdenes del Padre. Él dijo: “Has abierto mis oídos... el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado” (Sal. 40:6-8). Cuando  obedecer es la pasión de nuestra vida, desde entonces el Espíritu de Dios abrirá nuestros oídos para escuchar Sus enseñanzas, y no nos contentaremos con nada menos que ser guiados a conocer Su divina voluntad.

continuará, d.v. en el número de noviembre

del capítulo 2 del libro La Escuela de la Obediencia, Andrés Murray, Editorial Moody

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El Capitán del Titanic


¿Cuál de los dos hubieras preferido ser, el capitán del Titanic, o uno de los que ayudaba a meter a la gente en las barcas salvavidas – capitán de un fracaso gigantesco y tragedia, o remero en una pequeña barca que salvó vidas?
    Los que se presentan como candidatos para puestos políticos se hacen voluntarios para capitanear el Titanic. La política es un fracaso corrupto, sin Cristo, que pronto se hundirá con la tierra condenada. En lugar de buscar la distinción de ser un oficial del gobierno y hacer unas pocas cosas para acomodar a la gente en su viaje fatal, sería mejor meter a cuantos puedas en la barquita de rescate antes de que se hunda la gran nave. Cuando el Señor venga y Sus terribles juicios caigan sobre este mundo, ¿qué jactancia será decir: “Yo fui alcalde, miembro de congreso o presidente de aquel naufragio fatal”? ¡Tomen nota todos los aspirantes capitanes del Titanic! 

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Judas Iscariote,
El Peor De La Tribu De Judá

Posiblemente en el tiempo del nacimiento del Salvador, nació un niño en el pueblo de Queriot en Judá (Jos. 15:25), en la casa de un hombre llamado Simón. Dieron al niño el nombre relacionado con la tribu: “Judas”. Si duda esperaban que manifestaría las cualidades superiores de Judá: liderazgo, coraje y lealtad. Quizás luego cuando vino a ser discípulo de Jesús, cobraron ánimo las esperanzas de sus padres. Probablemente era el único de los doce que no era de Galilea.
    Aunque Judas llegó a ser el tesorero de la banda apostólica, nunca fue fiel. Pero sus condiscípulos no detectaron que él estaba vacío por dentro, ni se preguntaron por qué nunca llamaba a Jesús “Señor”. No descubrieron hasta después el hurto – que sustraía de la bolsa, ni vieron tras la fachada sutil de su personalidad disimulada. Pero con la marcha del tiempo Judas Iscariote (“Judas de Queriot”), regresó moralmente y se transformó de “hijo de Simón” (Jn. 6:71) en “hijo de perdición” (Jn. 17:12). Su nombre es injuriado; él es para siempre la encarnación de la traición e ingratitud – el traidor.
    Recordamos en Génesis 37 que el progenitor de la tribu, Judá, vendió a su hermano José como esclavo a los madianitas por veinte piezas de plata. Ahora nuestras mentes luchan con el descendiente más vil de Judá, porque con pleno conocimiento del Señor Jesucristo, porque “fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle” (Mt. 26:14-16). Recordamos las palabras del profeta: “Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata” (Zac. 11:12). Era el precio de compensación por un siervo muerto, según Éxodo 21:32.
    El beso de Judas añadió a su infamia. El hombre que besó a Aquel que es “la puerta” del cielo (Jn. 10:9), pronto se hundiría en el infierno. Judas fue el hombre en quien “Satanás entró” (Jn. 13:27, también Lc. 22:3). Judas, con Satanás a dentro, corrompió y degradó la muestra de afecto y lealtad cuando se atrevió a besar el rostro del Hijo de Dios. En ese beso lo diabólico tocó lo divino, pero la pureza prevaleció. Allá en la entrada de Getsemaní, por un breve momento, estuvieron cara a cara dos hombres de la tribu de Judá: Judas – lo absolutamente peor de la tribu, y el Señor Jesucristo: lo absolutamente mejor – divino, noble, dignificado, majestuoso, entristecido pero sereno. Decimos de nuestro Salvador: 

“Mil virtudes Suyas brillan, y de ellas la mejor,

Este Salvador es mío y yo sé que Suyo soy”.


    El Señor sintió profundamente la traición. En el aposento alto empleó las palabra de David cuando fue traicionado por Ahitofel: “El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar” (Jn. 13:18; Sal. 41:9).


Ian McKee, traducido de un artículo suyo sobre la tribu de Judá en la revista Assembly Testimony (“Testimonio de las Asambleas”), nº 410, noviembre-diciembre 2020.
www.assemblytestimony.org

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 “Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar” (Jn. 18:2).
    En ningún lugar es más grave y doloroso el engaño que en la salvación. Cuando una persona cree que es salva, y en realidad no lo es, esto es sumamente triste. Le puedes predicar, hablar, y advertir aun con lágrimas, y no te hará caso porque cree que no tiene necesidad. Es más, ¡se molestará si tratas de ayudarle!
    Judas viajaba con el Señor Jesús durante más o menos tres años. Como supuesto discípulo, tenía privilegios que los demás no tenían. Había visto todos los milagros y recibido las enseñanzas del Señor Jesús durante todo ese tiempo. Aun había llegado a ser el tesorero de la pequeña banda. Pero guardaba más que el dinero; guardaba malas actitudes en el corazón, que más tarde saldrían a la luz.
    Intelectualmente Judas sabía todas las frases correctas. Si hablaras con él, te podía convencer que era creyente. Estaba familiarizado con toda la jerga. Aun había predicado y sanado (Mt. 10:1, 4, 7). Conocía a toda la gente correcta. Viajaba con el Mesías y se codeaba con Pedro, Jacobo, Juan y los demás apóstoles. Si viviera hoy, sabría nombrar a todos los conferenciantes y contar anécdotas de sus visitas, dando la impresión de que él era del mismo corte. Pero sería engaño. Conocer a gente salva y sana en la fe no es lo mismo que ser salvo y sano en la fe. Conocía todos los lugares correctos. Estaba familiarizado con el templo y con Getsemaní, donde sin duda había escuchado al Señor Jesús más de una vez. Sabía dónde buscar a Jesús porque había viajado con Él y conocía los lugares que frecuentaba... excepto el cielo, la presencia del Padre. ¡Qué triste es pensar que hoy hay gente como Judas en las iglesias!  

Carlos  

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“MÁS BIENAVENTURADO 

ES DAR QUE RECIBIR”


DIOS ES DADOR GENEROSO. ¿Y NOSOTROS?

   
                                             Donald Norbie

El Dios que adoramos formará nuestro carácter. Los que adoran a los ídolos vendrán a ser como ellos (Sal. 115:8), egoístas y degradados en su vida moral (Ro. 1:23-25). Y los que confían en el Dios santo y le adoran vendrán a ser más como Él, un pueblo santo.
    ¿Cómo es nuestro Dios? Tiene muchos atributos, y todos son excelentes. Es un Dios de amor; es bondadoso,  generoso y dadivoso. Toda vida procede de Él, el sabio Creador. Cuando Pablo predicó en Atenas, proclamó: “él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas” (Hch. 17:25). Toda la creación refleja la gloria de Su diseño y Su generosidad.
    Pero Él también es la fuente de toda vida espiritual. Al pecador se le describe como muerto espiritualmente, separado de Dios y quebrantado por el pecado. A los que reciben a Cristo como Señor y Salvador, Él les da vida espiritual vibrante (Ef. 2:5). Dios comienza a obrar poderosamente en su interior (Fil. 2:13). Se cumple fielmente la promesa de Cristo, de dar vida abundante (Jn. 10:10).
    Todas nuestras habilidades naturales y espirituales provienen de Dios. Pablo pregunta: “¿o qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co. 4:7). Sea intelecto, talento musical, habilidad mecánica, todo proviene de Dios. Los recursos ricos de la personalidad humana fluyen del Creador, y esto debería humillarnos.
    Las “cosas”, las posesiones materiales de esta vida, vienen de Dios. Pablo quiere que se le recuerde al rico que es “el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Ti. 6:17). El espiritual disfruta compartiendo y usando el dinero para cosas espirituales, pero los del mundo solo quieren gastarlo en sí. Ten cuidado con el orgullo en lo referente a tus posesiones. Es Dios quien te las da.
    El Señor Jesús vivía una vida de entrega y servicio a los demás. Era una vida hermosa de auto negación, coronada con el sacrificio de sí mismo en la cruz (Mr. 10:45). El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se unieron en aquel don asombroso, el don inefable (2 Co. 9:15).
    Nuestro Dios es un dador generoso, y los que le adoran también vendrán a ser dadores generosos.


Los Creyentes Como Dadores
 

    Cuando uno recibe al Señor Jesucristo, también recibe al Espíritu Santo en su vida. Su cuerpo viene a ser templo de Dios para radiar la gloria divina (1 Co.6:20). El Espíritu de Cristo que mora en él (Ro. 8:9) se caracteriza también por el acto de dar. La misma vida que marcaba a Cristo en este mundo está vista ahora en Su Cuerpo, la Iglesia.
    Aquellos cuyas vidas fueron tocadas por Cristo fueron marcados por el hecho de ser dadores exuberantes. Zaqueo recibió a Cristo (Lc. 19:8) y proclamó excitado: “La mitad de mis bienes doy a los pobres”.
    En el día de Pentecostés una gran multitud creyó y fue bautizada. Cuando se reunían rebosaba el amor. “Y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hch. 2:45). No es extraño que una sensación de asombro sobrecogió a los que observaban (Hch. 2:43).
    En los días del Antiguo Testamento a los israelitas se les instruía a dar el diez por ciento de todo lo que adquirían (Lv. 27:30). Esto fue una forma de reconocer que todo realmente pertenece a Dios. Cuando no lo daban, era una señal de malestar espiritual y fue reprendido fuertemente por los profetas. “¿Robará el hombre a Dios?” fue el clamor de Malaquías (Mal. 3:8).
    Cuando el Señor estuvo en este mundo, Él habló bien del diezmo, aunque si se trataba de algo divorciado de la práctica de la piedad, lo reprendía (Mt. 23:23). El ofrendar no debe ser una forma de cubrir el pecado. No podemos comprar a Dios. Y el Señor Jesús alabó la forma sacrificada con que ofrendó la viuda (Lc. 21:1-4).
    Las iglesias primitivas fueron marcadas por ofrendas generosas, y se les exhortaba a tales ofrendas: “Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7). Las ofrendas debían realizarse en secreto, esto es, sin manifestación abierta, para que no surgieran motivos incorrectos en el corazón (Mt. 6:3-4). La ofrenda debe ser algo planificado, regular y proporcional (1 Co. 16:2).
    ¿Cuánto debemos ofrendar? No estamos obligados a dar el diezmo como Israel bajo la ley de Moisés. Pero el finado predicador A. P. Gibbs bien acostumbraba a decir: “Si bajo la Ley se daba el diez por ciento, ¡sería una desgracia dar menos que esto bajo la gracia!” Muchos encontrarán que el diez por ciento es un buen punto para empezar con las ofrendas, pero no deben diezmar porque están bajo gracia, no bajo ley. Y si uno siente que no puede ofrendar el diez por ciento con gozo, ¡entonces debe decidir cuánto menos y pedir a Dios que aumente su fe! Debemos apartarlo para Dios cuando recibimos la nómina, en este día, aunque sea para distribuir más tarde. De este modo sabemos que estamos dando a Dios las primicias y no las sobras. No es correcto esperar para ver cómo nos va el mes y después ofrendar a Dios solo lo que quede al final. A Dios lo primero y lo mejor.
    ¿Cómo deben las iglesias y los creyentes distribuir estos fondos? Hay necesidades en la asamblea local que deben tener prioridad. También hay creyentes necesitados en nuestra localidad y en otros lugares que deben ser ayudados (Hch. 2:45; 11:29-30; 1 Ti. 5:3-10). En aquellos primeros días de la iglesia hablaban del hambre y oraban por esa situación.
    Las iglesias y los individuos también daban a los obreros. Lidia abrió su hogar a Pablo y sus compañeros (Hch. 16:15). La hospitalidad es una forma cara de ofrendar; uno tiene que darse. Los cristianos en Filipos enviaban frecuentemente fondos a Pablo. Tales ofrendas nacieron de la oración y profunda preocupación. No era un ejercicio seco o rutinario de llevar la contabilidad.
    Aquellas iglesias primitivas nunca prometieron apoyo económico, ¿cómo podían ellas saber el futuro? No se contrataba a ningún obrero, ni nadie recibía salario. Tal pensamiento hubiera sido repugnante. Ellos eran los siervos del señor. Pero había oración, preocupación y ofrendas regulares de las iglesias. Esta era la obra de Dios.
    
El Obrero del Señor
 

    Hoy en día a menudo decimos que “vive por fe” aquel que deja un empleo para lanzarse a una esfera más amplia de servicio. En teoría admitimos que todos los creyentes deben vivir por fe, en su trabajo, vida familiar y relación cotidiana con Dios, pero no siempre practicamos eso. A veces no ofrendamos más porque no tenemos fe, y queremos guardar dinero “por si a caso”. Cierto es que sin fe nadie puede agradar a Dios (He. 11:6). En el caso de los obreros del Señor, tienen una prueba adicional de su fe al dejar la seguridad de una paga o nómina regular. Los que minusvaloran o desestiman esto deberían probarlo primero. Al menos deberían ponerse en el lugar de los que viven así, y pensar en lo que podrían necesitar. Así el Señor enseñó a los Suyos: “como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Lc. 6:31).
    El que sale así para servir al Señor debe tener un claro sentido del llamado de Dios. Pablo reconoció que había sido apartado desde el vientre de su madre (Gá. 1:15). En esto él compartía la convicción ardiente de los profetas del Antiguo Testamento (Jer. 1:5). Él no escogió su ministerio, sino que fue ordenado por Dios. Se deleitaba en llamarse el siervo de Dios, el esclavo de Dios.
    El dinero crea control. No se podía alquilar ni contratar a ningún profeta de Dios; era un portavoz de Dios, no de los hombres. Por lo tanto, así los profetas del Antiguo Testamento como los del Nuevo Testamento expresaron desdén hacia el dinero. Que les apoyaran los que tenían confianza en ellos. No eran hombres que solicitaban un trabajo o un apoyo económico. Para estar libre del control de los hombres, se debe estar libre del dinero del hombre. Pablo dijo: “Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado” (Hch. 20:33).  Pocos pueden hablar así, y los creyentes pobres son tan culpables como los demás. No es digno de un creyente, y especialmente si es siervo de Dios, que se arrime a un hermano rico para aprovecharse de sus ofrendas.
    Su apoyo era diversificado. Ayudaban en varias asambleas y a veces viajaban (2 Co. 11:26). Porque su apoyo no venía de una sola fuente, podían viajar cuando era necesario, para ayudar a asambleas débiles, y para evangelizar y comenzar iglesias nuevas. Pablo habló de cómo ofrendas de otras iglesias hicieron posible que él ayudara en Corinto (2 Co. 11:8).
    Esto no quiere decir que sea un camino fácil. A veces uno puede sentirse como el que va en una tabla de surfing al pie de una ola de 10 metros de altura. Le obliga a orar, a examinar sus motivos, y a clamar a Dios. Rehusará enviar cartas de oración que publican sus necesidades, o como algunos hacen hoy en día, pedir descaradamente. Rehusará proceder como los que cuando quieren algo, se acercan a un hermano adinerado y le hacen saber su necesidad, esperando que él les dé. Es una práctica común pero no bíblica, porque profesa confiar en Dios pero pone los ojos en hombres y espera en ellos. Pero para el hermano que desea vivir realmente por fe, está en juego el honor de Dios. Por eso él llamará humildemente a Dios para que honre la fe de Su siervo (un amo está obligado a cuidar de sus siervos). A Dios le gusta que le recordemos Su honor. Moisés hizo esto repetidas veces (Éx. 32:11-13).
    Si un siervo de Dios tiene que trabajar con sus manos, esto no es vergonzoso (Hch. 20:34-35). Puede probar la sinceridad del obrero y su devoción a Dios y Su obra. Pablo rehusó salir de Éfeso buscando pastos más verdes cuando no había fondos. No era parte de un clero profesional que buscaba una iglesia más grande que pagaría más salario. Su corazón era él de un verdadero pastor, trabajando desinteresadamente para el bien de las ovejas.
    En un mundo de tecnología magnífica, es fácil desviarse del camino de fe. Los hombres pueden edificar vastos imperios religiosos, con listas de mailings informatizadas y publicidad en los medios de comunicación. Ellos realmente no necesitan a Dios para traer fondos, y Dios no tiene control de sus operaciones. Su maquinaría masiva rueda adelante, produciendo su propio combustible.
    En la vida de fe todos están involucrados, tanto los que ofrendan como los que reciben. Esto produce fruto espiritual y crecimiento de carácter (Fil. 4:17). Eso también permite que Dios controle Su obra. Si los fondos no llegan para un proyecto que ha ideado, el siervo de Dios puede descansar tranquilo. Solo debe hacerse la voluntad de Dios, no la nuestra. Las ofrendas que proceden de vidas espirituales y corazones devotos,  resultan en obras espirituales. Sé discriminador en tus ofrendas, y apoya sola a aquellos obreros y obras que funcionan conforme al patrón que marca la Escritura. Que todos tengamos fe y seamos fieles respecto de Su obra.

Donald Norbie (1923-2017) servía al Señor en una asamblea en Colorado.
Recomendamos sus libros: Sé Un Hombre, y La Iglesia Primitiva 

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¿Realmente Quieres Ser Discípulo Del Señor?

O. Jean Gibson

Hoy muchos profesan valorar el individualismo, el ser su propia persona, pero constantemente están siendo moldeados por el mundo alrededor. De ahí la exhortación de Pablo en Romanos 12:1-2. Cristo no nos llama a vivir o hacer las cosas a nuestro estilo, sino a seguirle. La Escritura dice: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Co. 11:1; Ef. 5:1; 1 Ts. 1:6). Hay pocos imitadores del apóstol, y se ve esto en la condición corriente de la iglesia.
    Parte de la gloria de Israel que se desvaneció fue el decaimiento de los nazareos, el grupo de los especialmente separados seguidores de Dios. Ellos se habían consagrado voluntariamente, y eran santos al Señor. Le pertenecían y como Sus devotos se dedicaban a servirle. Dios estableció el nazareato por medio de Moisés (Nm. 6). Desde los tiempos de Samuel (1 S. 1:11), hasta Juan el Bautista (Lc. 1:15), eran parte de la gloria espiritual de la nación (Lam. 4:7; Am. 2:11). Desaparecieron de vista a la medida que la nación se iba apartando de Dios. De la misma manera, el verdadero discipulado se ha desvanecido en la iglesia. Algunos enseñan que era solo el celo especial de los tiempos apostólicos, una fase temporal, y creyendo esos errores la iglesia pierde su fervor, poder y bendición. Deja de impactar al mundo y se vuelve cada vez más como él. Gracias a Dios, todavía hoy existen algunos verdaderos discípulos, creyentes de toda edad que aman al Señor, sinceramente desean vivir para Él, y se disponen a obedecer Sus mandamientos aunque sean ellos los únicos. No siguen la muchedumbre, la corriente general de la cristiandad, pues tienen ojos solo para el Señor.
    Acerca de Jesucristo un salmo profetizó algo que se cumplió en el Nuevo Testamento: “El celo de tu casa me consume” (Sal. 69:9 – Jn. 2:17). Eso indica que el fuego santo del Espíritu de Dios ardía en Él mientras servía al Padre. El Señor dijo de Juan el Bautista: “Él era antorcha que ardía y alumbraba” (Jn. 5:35). Los que alumbran para Dios con el fervor de su sumisión a Él también pueden hacer temblar al mundo. Pero esa energía espiritual y bendición divina solo vienen a los que andan en comunión con Dios.
    La Biblia asegura que nuestros adversarios espirituales no son pocos. “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). ¿Cómo podemos prevalecer a no ser que sigamos al Señor como Sus discípulos? Hemos sido llamados a militar “la buena milicia” (1 Ti. 1:18) y a ser buenos soldados de Jesucristo (2 Ti. 2:3-4) que no se enredan en las cosas del mundo. La doblez es nociva en las cosas de Dios (Stg. 1:7-8; 4:8), pues le desagrada y Él no bendecirá al creyente de doble ánimo. ¿Cómo podremos gozarnos de Su guía, poder y bendición si no seguimos al Comandante? ¿Podría vencer en la guerra espiritual alguien que no anda en comunión íntima con Dios, o que no se niega a sí mismo? El Señor Jesús presentó Sus demandas a los que serían Sus discípulos, sabiendo que solo así pueden vencer. Todavía hoy debemos tomar en serio la orden que dio hace más de dos mil años. Debemos llamar a todo creyente – hombres y mujeres – viejos y jóvenes –  a tomar su cruz y negarse a sí mismo. Solo unos pocos responderán en verdad, tal como en aquellos días. Pero estos pocos pueden llegar a ser poderosos instrumentos de Dios para impactar al mundo para el Señor, al menos en la esfera donde ellos viven.
    Amigo lector, si hoy el Señor Jesucristo te dijera: “Sígueme”, ¿lo harías? ¿Te unirías con Él en la Gran Comisión a ser Su discípulo, para tener tu vida cambiada radicalmente, para dedicarte a aprender de Él cómo vivir y agradar a Dios y cómo proclamar el evangelio y hacer discípulos? ¿O tendrá Él que decirte: “No puedes ser mi discípulo”, porque le rechazaste? ¿Quieres solo creer información acerca de Cristo, o que Él solamente te perdone tus pecados, o de veras confías en Él como Señor y Salvador, y le seguirás?

 

O. Jean Gibson (1921-2006) servía al Señor en una asamblea en California

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Sirvamos, y Dios Dará la Recompensa
 

Lucas Batalla

Según Efesios 6:7-8, el buen servicio es importante para el Señor. “Sirviendo de buena voluntad” habla no sólo de nuestro servicio sino también de la actitud con la que servimos. La buena voluntad es la disposición a servir. Es el deseo, el ánimo, la atención a la calidad del servicio y el interés sincero en agradar a aquel que es servido. A fin de cuentas servimos al Señor, y esto debe motivarnos suficientemente. Le servimos en cosas sencillas como nuestras tareas cotidianas, y le servimos cuando asistimos a las reuniones con los hermanos para la alabanza, la oración y el estudio de Su Palabra. Le servimos cuando testificamos, y cuando dedicamos tiempo diariamente a la lectura de Su Palabra y la oración privada. Además de esto, surgen oportunidades para servir al Señor todos los días, en nuestro roce con los demás en el curso de la vida. Nos gustaría ver en seguida la recompensa, pero no siempre es así.
    Se cuenta de un pobre hombre campesino que un día caminaba en el campo y oía voces pidiendo socorro. Rescató a un joven, salvándole la vida. Resulta que el padre del joven era un hombre rico, un noble,  que vino a expresar su gratitud y a recompensarle. Pero aquel campesino dijo que no hacía falta ninguna recompensa ya que sólo había cumplido con su deber, lo que cualquiera hubiera hecho. Entonces el noble ofreció costear la educación del hijo del campesino, y éste aceptó. Su hijo, gracias a esta recompensa, llegó a cursar estudios universitarios y se hizo médico. Luego en sus investigaciones descubrió una medicina que salvó muchas vidas. Así que, sea parábola o historia verídica, esto ilustra la ley de la recompensa, de la siembra y la cosecha.
    No hay nada que hagamos sirviendo de buena voluntad que quede sin recompensa. La ley de la siembre y la cosecha funciona, pero no siempre da fruto instantáneamente. Los hombres no siempre recompensan el servicio como deberían, pero Dios no lo olvida. Aunque tarde en venir, la recompensa llegará, porque Dios lo promete. El versículo 8 promete: “el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor”. Su promesa no falla.
    Hebreos 6:10 dice que “Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún”. Como creyentes servimos al Señor sirviendo a los santos. Tenemos tantas oportunidades que nadie tiene excusa para irse al cielo con las manos vacías. Los hombres sí, olvidan y a veces son ingratos. No obstante, cuando veas una oportunidad para servir, tómala, y agradarás al Señor, el Siervo perfecto. De Él recibirás un día la recompensa.

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EL SECRETO DE LA FELICIDAD



Muchos buscan la felicidad en el dinero, los placeres, el conocimiento, la fama, el poder o la filosofía. Pero veamos las conclusiones de algunos hombres muy conocidos, y las consecuencias de buscarla como ellos

EL DINERO
Jay Gould, el prestigioso financiero norteamericano del siglo 19, que tenía 1.300 millones de dólares, admitió al morir: "Supongo que soy el diablo más miserable en la tierra".
George Eastman controlaba la industria fotográfica en los Estados Unidos a principios del siglo 20 (Eastman Kodak). Durante su vida dio más de mil millones de dólares para obras de caridad, pero estaba infeliz y se suicidó.

EL CONOCIMIENTO
Luis Álvarez, ganador del premio Nóbel de Física, la noche que recibió su homenaje pronuncio estas palabras: "No estamos libres de una catástrofe global en el futuro – otra edad de hielo – intensa actividad volcánica que deje una capa de polvo en la atmósfera – o el derritimiento de la capa polar en Antártida que inundaría la mayor parte de la tierra habitable". Se despidió deseando para sus oyentes mejor juicio y mejor suerte que la de su propia generación.

LA FAMA
Simón Bolívar, el celébre libertador de varios países, dijo al final de su vida: "Estoy viejo, enfermo, cansado, desengañado, hostigado, calumniado y mal pagado. No pido más recompensa que el reposo y la conservación de mi honor, que por desgracia es lo que no consigo". Otra frase célebre suya es: "He arado en el mar y he sembrado en el viento".
Salvador Dalí, famoso pintor español, pasó los últimos años de su vida solitario por decisión propia, y murió solo y triste.

EL PODER
Alejandro Magno, fue el joven general prodigioso que conquistó al mundo entero de su época. Lloró porque no había más mundos por conquistar. Se enfermó y murió a la edad de 32 años.

LA FILOSOFÍA
Voltaire era un enérgico opositor del evangelio de Jesucristo, y despreciaba la Biblia. Pero al final de su vida dijo: "¡Ojalá nunca hubiera nacido!" Tenía gran temor de la muerte y cuando llegó su momento, en gran agonía gritó: "¡Tengo que morir, abandonado de Dios y de los hombres!"
Cada uno de esos hombres confirmó lo que el rey Salomón dijo hace más de 3.000 años: "Todo es vanidad y aflicción de espíritu" (Eclesiastés 2:17).

LA VERDADERA FELICIDAD 

SOLO SE ENCUENTRA EN JESUCRISTO

    Él declaró: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás" (S. Juan 6:35). "Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto" (Salmo 4:7). Los deleites del pecado son temporales (Hebreos 11:25). La verdadera satisfacción, paz y gozo acompañan el perdón de pecados en los que se arrepienten y confían en el Señor Jesucristo.  

  

sábado, 31 de julio de 2021

En Esto Pensad - agosto 2021

NO SEAMOS TAN CRÉDULOS
William MacDonald


“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1).

Vivimos en una época cuando las sectas se multiplican con asombrosa rapidez. En realidad no hay nuevas sectas; son solamente variaciones de grupos heréticos que surgieron en los días del Nuevo Testamento. Es su variedad la que es nueva, no sus dogmas básicos.
        Cuando Juan dice que debemos probar los espíritus, quiere darnos a entender que debemos probar a todos los maestros por medio de la Palabra de Dios, para que podamos detectar a aquellos que son falsos. Hay tres áreas fundamentales donde las sectas quedan al descubierto como falsificaciones. Ninguna secta puede pasar estas tres pruebas.
        La mayoría de las sectas son fatalmente defectuosas en su enseñanza referente a la Biblia. No la aceptan como la inerrante Palabra de Dios, la revelación final de Dios al hombre. Igualan su autoridad con los escritos de sus propios líderes. Reclaman tener nuevas revelaciones del Señor y se jactan de esta “verdad nueva”.  Publican su propia traducción de las Escrituras que tuerce y pervierte la verdad. Aceptan la voz de la tradición a la par con la Biblia. Manejan la Palabra de Dios fraudulentamente.
        La mayoría de las sectas son heréticas en sus enseñanzas acerca de nuestro Señor. Niegan que es Dios, la segunda Persona de la Santa Trinidad. Admiten que es el Hijo de Dios, pero con esto dan a entender algo menos que igualdad con Dios el Padre. A menudo niegan que Jesús es el Cristo, enseñando que el Cristo es una influencia divina que vino sobre el hombre Jesús. Con frecuencia niegan la verdadera humanidad impecable del Salvador.
        Una tercera área en la que las sectas se condenan es en lo que enseñan tocante al camino de salvación. Niegan que la salvación es por gracia por medio de la fe en el Señor Jesucristo solamente. Cada una de ellas enseña otro evangelio, es decir, salvación por las buenas obras o buena conducta.
        Cuando los propagadores de estas sectas llegan a nuestra puerta, ¿cuál debe ser nuestra respuesta? Juan no nos deja en duda: “no lo recibáis en casa, ni le saludéis. Porque el que le saluda, participa en sus malas obras” (2 Juan 10:11 traducido de la Biblia parafraseada por Phillips).

"¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido".  Isaías 8:20  

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"Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren" (1 Ti. 4:16).

Esto fue dirigido en primer lugar a un joven adulto que tenía responsabilidad y ministerio en una asamblea. Pero es también aplicable a otros. ¡Cuán importante es guardar la integridad de nuestra vida personal mientras contendemos por las doctrinas de la fe. Todo creyente debe saber la importancia de estudiar las Escrituras (2 Ti. 2:15). Pero el conocimiento de la Palabra no garantiza nuestro éxito espiritual. Ni lo garantizan otras cosas como nuestra parentela, nuestros privilegios y nuestros logros en el pasado. Comenzar bien no es lo mismo que terminar bien. Muchos desvíos hay en el camino del peregrino.
    Devoción de corazón a Cristo, y el permanecer en comunión con Él, en Su amor, en obediencia a Su Palabra (Jn. 15:4, 7, 9) asegurarán nuestro bienestar espiritual y nos salvarán de muchas angustias. También salvarán "a los que te oyeren". Somos miembros de un cuerpo y tu vida y conducta afectan a los demás en la iglesia. Si a Timoteo le era necesaria una exhortación como ésta, ¡cuánto más a nosotros!

adaptado de un calendario devocional

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 Errores Populares Acerca de la Sana Doctrina


    Edward Carnell, 2º presidente de Fuller Seminario Teológico dijo: “Jesús nombra el amor, no la defensa de doctrina, como señal del verdadero discípulo”.
    Pastor Ted Haggard (New Life Church, Colorado Springs, y cabeza de la Asociación Nacional de Evangélicos) dijo: “Me gusta todo sabor de helado. A veces quiero vainilla con caramelo, nata, nueces y una guinda. A veces quiero banana o stracciatella. Por eso me gustan las heladerías de Baskin-Robbins. ... En Colorado Springs, Colorado, donde soy pastor, disfrutamos 90 sabores de iglesias... necesitamos apreciar las interpretacions respetadas de las Escrituras que existen en muchas denominaciones cristianas... creo que el Espíritu Santo nos está llamando a quitar nuestros muros y demostrar al mundo que estamos unidos” (de la revista “Carisma”, julio 1995).
    Joseph Stowell (presidente del Instituto Bíblico Moody), hablando en una conferencia de la Asociación Nacional de Evangélicos en marzo 1996, dijo: “Dios nunca deseó que nuestras diferencias nos dividieren. Si a Cristo le perteneces, estás por encima de las diferencias y todo lo demás viene a ser secundario. La conferencia para el clero, organizada por Promise Keepers (“Cumplidores de Promesas”), en Atlanta, mostró la unidad que es posible. Debemos arrepentirnos de nuestras actitudes como yo hice en Atlanta. Fui a un hombre que tenía diferente doctrina, y le pedí perdón... El avivamiento sucede cuando el pueblo de Dios trabaja unido”.
    Estos son solo unos ejemplos de los errores que circulan y tienen amplia aceptación entre los evangélicos. El hecho de que sean apoyados por personas de renombre no los valida. Vamos por partes:
    Primero, el señor Carnell, presidente del seminario Fuller, se equivocó. En primer lugar, habló de “Jesús”, no del Señor Jesucristo. En segundo lugar, nuestro Señor Jesucristo dijo otra cosa acerca del verdadero discipulado. Juan 8:31 dice: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”. El que se ciñe a la Palabra del Señor y la obedece es Su discípulo. Es señal de amor (Jn. 14:15). Debemos contender por la fe una vez dada a los santos (Jud. 3).
    Segundo, Ted Haggard confunde gustos personales de alimentos con la importancia de la doctrina. No hay diferentes sabores de sana doctrina. “Un mismo sentir” es lo que enseñaron los apóstoles (1 Co. 1:10; 2 Co. 13:11; 1 P. 3:8), y ellos, no el señor Haggard, hablaron inspirados por el Espíritu Santo.
    Tercero, el señor Stowell, aunque era presidente del gran Instituto Bíblico Moody, también se equivocó. El apóstol Pablo instruyó a Timoteo que mandase a personas en Éfeso a no enseñar “diferente doctrina” (1 Ti. 1:3). Enseñó a los cristianos en Roma a marcar y separarse de los que iban en contra de la doctrina de los apóstoles (Ro. 16:17). Y se equivocó acerca del avivamiento. Para que venga, tiene que haber arrepentimiento y vuelta a la Palabra de Dios.
    Pedro advierte que habrá entre nosotros “falsos maestros”, lo cual indica que hay que vigilar la doctrina que es enseñada. Efesios 4:14 nos enseña a no ser “niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”. Estos vientos de doctrina soplan aun en seminarios, institutos bíblicos y grandes iglesias. Seamos como los nobles creyentes en Berea, y escudriñemos cada día las Escrituras (Hch. 17:11).

Carlos

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 EL PODER DEL EJEMPLO

Los jóvenes no son tontos. Al contrario, son buenos jueces de la naturaleza humana. "Leen" a los adultos como a un libro abierto.
    Los creyentes adultos pueden predicar todo lo que quieran sobre la consagración, la dedicación y la devoción. Pueden hablar del campo misionero y de la dignidad del servicio cristiano. Pero, a juzgar por el modo en que viven, los jóvenes ven qué es lo que realmente valoran. Si ven a sus ancianos amasar una fortuna, dar prioridad a los negocios y vivir a todo lujo en grandes casas, no se sorprendan si ellos siguen el mismo ejemplo. Es inútil predicar el sacrificio cuando uno acumula tierras, casas y coches en lugar de dar todo al Señor. El joven rico no es el único que no obedece al Señor cuando manda: "vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz" (Mr. 10:21). Los hechos hablan más fuerte que las palabras.Y qué triste si algunos misioneros también viven en lujo, con grandes casas, siervos para atenderles, etc. ¡Quién no quisiera ser un misionero así!  Los jóvenes se fijan más que nada en el ejemplo que ven.
    Quizás pensemos que es nuestro derecho inalienable vivir así y retirarnos a una vida de inactividad después de cuarenta años de trabajo, ¡pero entonces no nos sorprendamos si nuestros hijos trabajan con el mismo objetivo mientras que el mundo se va al infierno! 
 

William MacDonald, Seguir Espejismos o Seguir a Jesús, adaptado

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RETORNO AL PAGANISMO

Domingo Fernández Suárez (1909-1999)


NO SE HA ENCONTRADO en el mundo un pueblo o nación sin religión. La historia nos enseña que cuando el hombre desconoce a Dios, al Dios vivo y verdadero, inventa un dios o una constelación de dioses y diosas, y crea un sistema de culto o forma de adoración. A estas religiones inventadas por el hombre se les ha dado el nombre de mitología o paganismo.
    La palabra mitología viene de mito que significa fábula o invención. Los pueblos que componían el Imperio Romano adoraban numerosos dioses y semidioses o dioses de diferentes categorías. Dioses que se caracterizaban por padecer de los mismos vicios y pasiones que sus inventores. Los griegos personificaban los elementos de la naturaleza: El aire, el agua, el trueno, el fuego y otros elementos. El término “paganismo” fue dado por los primeros cristianos a todos los adoradores de ídolos o dioses inventados por el hombre. De modo que el término paganismo es sinónimo de ignorancia, idolatría, superstición, falsedad, error y mentira.
    El paganismo religioso fue creado por hombres inspirados por el príncipe de las tinieblas. San Pablo se refiere al paganismo y a los paganos, diciendo: “Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia...ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (Ro. 1:22-25).
    Las últimas palabras del Señor Jesús a Sus discípulos, antes de ascender al cielo, fueron las siguientes: “Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8). “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere ... será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Mr. 16:15-16).
    Cuando el Señor dio esta orden a Sus discípulos cada pueblo o nación del mundo tenía su religión, sus dioses, y su sistema de adoración. Jesucristo estampó a todos los sistemas religiosos del mundo con el calificativo de mito, mentira e invención humana. El evangelio de Cristo es la única verdad religiosa debajo del cielo. El que quiera salvarse debe creer al evangelio y renunciar a todo otro sistema doctrinal de fabricación humana.
    Obedientes a la orden recibida, los discípulos del Salvador irrumpieron en la esfera del paganismo con impulso incontenible. Iban por todas partes predicando, enseñando y hablando del evangelio de Cristo. Habían visto al Salvador resucitado, vencedor de la muerte y del sepulcro, y habían oído el anuncio que Él vendría otra vez.
    El evangelio, como mensaje de salvación, estaba respaldado por un poder sobrenatural: una virtud iluminadora, vivificadora, regeneradora y transformadora que impartía nueva vida a los paganos que abrían su corazón a la gracia de Dios.
    Con el correr de los años las autoridades del paganismo se alarmaron. Sus templos se estaban quedando vacíos. Y como los gobernantes eran paganos apelaron a la persecución, a la intimidación, a la tortura, a las fieras del circo, a la decapitación y al fuego, tratando de ahogar y matar el avance del cristianismo.
    Por aquel tiempo un destacado apologista del cristianismo dijo a los paganos: “La sangre de los mártires es la sementera del cristianismo”. Cuantos más mataban más surgían por todas partes. Y después de 300 años de oposición a sangre y fuego las autoridades paganas del Imperio Romano se dieron cuenta de que el cristianismo era invencible, y se rindieron.
    Para el año 500 de la era actual los cristianos pensaron que habían llegado a la meta que les había fijado el Salvador. Pudieron decir que habían llevado el mensaje de la cruz hasta el último rincón de Europa y Asia Occidental. Y que todas las provincias o naciones que habían integrado el extenso Imperio Romano se consideraban nominalmente cristianas.
    De allí en adelante perdieron el interés y el celo misionero que había animado a las generaciones anteriores. No se lanzaron a nuevas empresas misioneras. Y por espacio de mil años se limitaron a mantener el territorio conquistado. Con la pérdida del interés misionero perdieron también la visión espiritual. Y se olvidaron de alimentar el alma con el pan de la Palabra de Dios. El cristianismo abrió las puertas a muchos errores procedentes del paganismo, y cayó en un ritualismo y ceremonialismo formalista y frío que no impartía vida espiritual a sus profesantes.
    Con el renacimiento de las letras y la invención de la imprenta en el siglo XV surgió también un despertar espiritual que culminó en la llamada Reforma Religiosa del siglo XVI. Aquella reforma sacó a muchas almas de las tinieblas a la luz, y de la muerte espiritual a la vida en Cristo. Y surgió de nuevo en el ánimo de las almas regeneradas la necesidad de dar testimonio de Cristo y predicar el evangelio. Pero aquel despertar misionero se limitó a los ámbitos que permanecían bajo la bandera del Vaticano. Y pronto se mezcló con la política y doctrinas erróneas, y desvaneció.
    A fines del siglo XVIII algunos cristianos evangélicos sintieron que pesaba sobre ellos el deber y la responsabilidad de ir a predicar el evangelio en aquellas regiones del mundo que permanecían sumidas en las tinieblas de la ignorancia, la superstición y el error. Y se inició una corriente de abnegados y valientes misioneros que partiendo de algunas naciones europeas y de Norte América se internaron en los diferentes países de Asia, África, y América Latina. Dios sabe cuántos sufrimientos tuvieron que afrontar aquellos pioneros de la obra misionera evangélica. La labor misionera se mantiene en todos los países donde se cree necesaria y es permitida.
    El paganismo se ha limitado siempre a los países donde se ha originado. En el pasado no han mostrado interés en paganizar a los llamados países cristianos. No han enviado misioneros a otros países. Pero ahora, por primera vez en la historia, el paganismo africano, asiático, y del Medio Oriente está invadiendo, con sus predicadores y agentes, a los países considerados nominalmente cristianos. ¿No constituye este fenómeno una señal de los tiempos?
    Vivimos en una ciudad que está siendo invadida por el más rústico paganismo africano. Hombres y mujeres que han nacido en un país llamado cristiano cierran sus ojos a la luz del cielo, desprecian el evangelio de Jesucristo, vuelven la espalda al Dios verdadero, y en lugar de buscar la verdad en las páginas de la Sagrada Escritura prefieren consultar a unos caracoles. Y en lugar de poner su confianza en el Dios vivo y verdadero que ha creado los cielos y la tierra, prefieren encomendarse a alguna de las llamadas “siete potencias africanas”: o a un coco o una piedra.
    La religión musulmana, que siempre se ha limitado a defender, por medio de la espada, los países conquistados hace siglos; ahora se ha lanzado a la conquista de adeptos fuera de sus fronteras naturales. Y pretende persuadirnos a que sustituyamos la Biblia por el Corán de Mahoma. No vienen a adaptarse, sino a conquistar. Actualmente levantan mezquitas en España y muchos otros países, que cuestan millones de euros, en terrenos a menudo regalados por los ayuntamientos.
    Los agentes de diferentes cultos hindúes y budistas se han lanzado a una activa labor proselitista en Europa y Norteamérica. Anunciando sus actos y prácticas (por ejemplo, meditación y yoga) por todos los medios de difusión que les brindan los modernos métodos de comunicación.
    El espiritismo, como arma del Diablo, se conoce desde hace miles de años. Pero La Historia de las Religiones toma el año 1848 como el punto de partida del moderno movimiento espiritista. La teosofía, prima hermana del espiritismo, constituye un sistema filosófico-espiritista de fabricación oriental o asiática. Surgió en 1875. Fue fundada por una mujer rusa llamada Elena Petrona de Blavatsky, que había ejercido durante varios años como médium espiritista. Al principio dijo que la teosofía era el mismo espiritismo pero con otro nombre.
    El movimiento Rosacruz o Rosacrucianismo, que en la práctica es pariente muy cercano de la teosofía, del espiritismo y del gnosticismo, fue creado en el siglo XVII. Pero hizo su entrada en los continentes americanos a mediados del siglo XIX (1842).
    En la primera mitad del Siglo XVIII nació la llamada Iglesia de Cristo que suena cristiana pero está bajo anatema porque predica y practica otro evangelio: la regeneración bautismal – dicen que sin bautizarse uno no es salvo.
    La organización llamada mormones o Santos de los Últimos Días fue fundada por José Smith en 1830. Esta organización, aunque de reciente invención, se presenta como la única agencia de Dios en la tierra. Como la organización que pretende tener en sus manos las llaves del cielo.
    El movimiento adventista del séptimo día, que tiene a una mujer (Elena White) como su profetisa, teóloga y legisladora, entró en la esfera religiosa en 1831, con profecías erróneas acerca de la fecha de la venida de Cristo, y doctrinas no bíblicas que Elena White propagó en sus libros que todo adventista debe leer.
    Charles Russell fundó en 1872 la organización conocida como Testigos de Jehová, y pocos saben que antes había estado con los adventistas. “La Sociedad Atalaya” a pesar de sus errores garrafales, las predicciones fallidas, y las contradicciones manifiestas, profesa ser profeta de Jehová, y pretende poseer el monopolio exclusivo de la interpretación de la Biblia, es decir, su propia versión de ella. Pocas son las puertas no visitadas por sus agentes que venden sus revistas: “Atalaya” y “Despertad”.
    Otra secta que hizo su aparición por la misma fecha —1875— es la llamada Ciencia Cristiana, fundada por una mujer: Mary Baker Eddy. El aspecto fundamental de esta “ciencia” consiste en negar la realidad de la materia, la enfermedad y el dolor. Expone el aspecto panteísta de que Dios es el conjunto de todos los seres que existen en el mundo. De manera que, según ellos, Dios y el hombre no son seres de existencia independiente, sino una misma cosa. La Ciencia Cristiana ni es cristiana, ni es ciencia.
    Otra organización de reciente creación es la llamada UNITY, rama desgajada de la llamada “Ciencia Cristiana”. El énfasis de este grupo estriba en la meditación o en concentrar la mente humana en lo que llaman la mente universal.
    A mediados del siglo XIX surgió en Persia un falso mesías llamado Baha Ullah, quien por supuesto fundó su propia religión:  Bahai. Tienen un templo en Haifa, Israel. Sus discípulos, poco conocidos, también intentan ganar adeptos en todos lados.
    También surgió en Norteamérica un movimiento que se caracteriza por sus extravagancias negativas y heréticas. La Iglesia de Dios Universal, gira en torno a la figura de un hombre, Herbert W. Armstrong, e inunda al mundo con ríos de literatura que distribuye gratis. El título más conocido de sus publicaciones es la revista “La Pura Verdad”, que es la verdad de su director, no la verdad de Dios.
    Y hay mucho más, pero por último, mencionamos el movimiento pagano que ha experimentado mayor crecimiento en los últimos años; movimiento que crece como la espuma; que cuenta con el respaldo publicitario gratuito de miles de periódicos y emisoras de radio. Nos referimos a la astrología, que no pasa de ser una farsa, una invención humana sin fundamento alguno, un engaño que está apartando a millones de la confianza en Dios e induciéndoles a poner su fe en objetos inanimados e insensibles.

    El paganismo está reviviendo y se está lanzando a la conquista del mundo. En los últimos 150 años han surgido numerosas organizaciones de fondo pagano. El paganismo de este siglo constituye un reto para el cristianismo. ¿Qué estamos haciendo los que creemos que el evangelio de Cristo es la verdad? Sí, ¿qué estamos haciendo? Es hora de despertar del letargo, de la modorra que nos enerva, mientras el paganismo avanza. Este resurgir del paganismo constituye una señal de los tiempos, una evidencia de que la venida del Señor se acerca.      

                                                    Domingo Fernández, adaptado

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 ¿Cuál Es Tu Santuario o Lugar De Adoración? 

Norman Crawford


Cuando un cristiano invita a un vecino a asistir a una reunión de la asamblea, suele oír algo así en respuesta: “Oh, ya tengo mi propia iglesia” o “...mi propio lugar de adoración”. El propósito de este capítulo es contestar con las Escrituras esta pregunta: “¿Cuál es el verdadero y bíblico lugar de adoración?”

    Alrededor nuestro en el mundo religioso hay muchos llamados “lugares de adoración”. A veces hemos podido entrar  entrar y ver cómo son esos lugares que la gente suele llamar “iglesias”. Quizás entonces nos preguntaban: “¿Queréis ver el santuario?” Nos conducen a un gran auditorio, con un altar y otros símbolos religiosos que caracterizan tales lugares. Es posible que alguna persona verdaderamente convertida que ignoran las verdades de la iglesia asista en alguno de esos lugares, y crea que está en un lugar consagrado, un santuario de Dios en la tierra.
    Dios tuvo un santuario en la tierra. Hebreos 9:1 dice: “Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal”. Este texto se refiere al tabernáculo que tenía Israel en el desierto (v. 2). El patrón y diseño de todo fue dado por Dios a Moisés (He. 3:2-5). Era una figura terrenal del verdadero santuario en el cielo (He. 9:23-24). Era terrenal, no en sentido negativo o moralmente malo, sino simplemente en sentido físico – hecho de materiales de esta creación (9:11). Dios escogió los materiales. Toda estaca, cuerda, columna, tabla, cortina, cubierta, vaso y mueble en el tabernáculo era figura de las glorias y hermosuras de Cristo. Todo su servicio y ritual representaban Su Persona y obra. Era una maravillosa parábola, un relato terrenal con un sentido celestial. Hebreos 9:9 dice: “Lo cual es símbolo para el tiempo presente”.
    Hubo otro santuario terrenal en el Antiguo Testamento que era todavía más atractivo al ojo y de mucho más valor material que el tabernáculo. Salomón lo edificó en Jerusalén. Dios también dio el diseño de todo ese templo (1 Cr. 28:19), y él a su vez lo dio a Salomón. Estiman en los precios de 1984 que el valor del oro y la plata en el templo sería 48,5 mil millones de dólares (EE.UU.), que hoy son más de 857 mil millones de euros. Así lo calculan los hebreos estudiosos en Israel. Ese hermoso templo fue destruido cuando Judá fue llevado cautivo a Babilonia. Años más tarde fue reedificado por el remanente que volvió bajo Zorobabel, pero no tenía el valor ni la gloria primera (Hag. 2:3). Cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra, llamó a aquel templo: “la casa de mi Padre” (Jn. 2:16), aunque había sido renovado y adornado por Herodes.
    Habrá santuarios terrenales en el futuro. Durante el periodo de la tribulación habrá un templo en el cual se colocará la abominación desoladora. En la tierra durante el milenio estará el templo que el profeta Ezequiel describió (Ez. 41-44). Entonces suman cinco santuarios en la tierra, pero la cuestión es: “¿Tenemos hoy un santuario físico que es nuestro lugar de adoración?”
    Una de las grandes verdades halladas en el libro de Hebreos es que el santuario terrenal ha sido reemplazado con otra cosa. La verdad de los capítulos 9 y 10 es que todo el sistema asociado con el santuario terrenal ha sido quitado. En el libro de Hebreos el Antiguo Testamento es visto como un bosquejo de verdades divinas que no se podían cumplir. Hebreos 7:18-19 declara: “Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios”. En esta epístola, al comparar las cosas del Antiguo Testamento y la ley con las verdades del Nuevo Testamento, aparecen palabras como “mejor”, “más alto” y “mayor”. Son expresiones comparativas, pero Hebreos no dice que la revelación del Nuevo Testamento solo se compara con el Antiguo, sino que aparece en contraste. La idea expresada por la frase “para siempre” es uno de los temas principales del libro*. En Cristo hay perfección – el bosquejo del Antiguo Testamento ha dado lugar a una revelación completa de Él.
* Nota del editor:“indestructible”, 7:16; “para siempre” 5:6; 6:20; 7:3, 17, 21, 24, 27, 28, etc., “eterna”, 5:9; 9:12, 15.
    Los sacerdotes antiguos tenían divinamente prescrito el modo de acercarse a Dios, y es mencionada en Hebreos 9. Una vez al año el Sumo Sacerdote entró en el lugar santísimo, en el día de expiación, pero no sin sangre (9:2-8). De Hebreos 9:17 que ya hemos citado, se ve que la introducción de una mejor esperanza ha dado un nuevo camino para acercarnos a Dios. Es importante reconocer que ese es el contexto del capítulo 9. Hay un camino nuevo para entrar en el santuario, pero ¿es el mismo velo y el mismo santuario? La respuesta es “no”.
    Éste es el tema del capítulo 9. El viejo santuario terrenal tenía ordenanzas de servicio divino. Relacionados con el tabernáculo había oro, plata, cobre, azul, púrpura, escarlata, lino fino y vestiduras de gloria y hermosura. Había joyas de gran precio, una mesa con panes, el incensario, un candelero de oro, la urna de oro que contenía el maná, el incienso sagrado, dos altares – uno de oro y el otro de bronce, y la fuente de bronce. Había sangre de toros, cabras, ovejas y aves. Había cenizas de la vaca alazana, trompetas de plata, bocinas, campanillas, címbalos y arpas. Todas esas cosas era figuras o sombras de cosas venideras. Todo ese sistema ha sido quitado, porque solo era una parábola – “símbolo” – para ese tiempo (9:9). Nunca podía hacer perfectos a los que así se acercaban, aunque todo fue instituido por Dios. Solo tenía valor hasta el tiempo de reformar las cosas (v. 10). En Hebreos éste es el punto al cual el Espíritu Santo quería llegar. Todo ha sido quitado para hacer lugar para Cristo. El verso 11 es enfático: “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación”. La última frase indica que el sumo sacerdocio del Señor Jesús está relacionado con un tabernáculo que es superior al santuario terrenal de Israel. Él no cumple Su ministerio sacerdotal en un santuario material. “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (v. 24).
    El capítulo 10 desarrolla más este gran tema, y describe el velo que efectivamente impidió el acceso de Israel a Dios. Fue un velo de restricción, y está contrastado con el camino que ahora está abierto. “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos....” (He. 10:19-22). El velo de restricción no está, y ahora el camino está abierto mediante la muerte de nuestro bendito Salvador. Podemos comprender las palabras “a través...de su carne” en sentido instrumental, es decir, el velo no es Su carne, pero fue mediante lo que sufrió en Su carne que podemos entrar en el santuario celestial. ¿Es este lugar santísimo donde entramos por la sangre de Cristo el mismo lugar donde entraba el sumo sacerdote de Israel en el día de expiación? Seguramente no. Aquel lugar era solo una sombra, o figura. Éste es el santuario.

tomado del capítulo 6 de su libro: Congregados A Su Nombre (Libros Berea)

Otros libros de interés sobre la iglesia, disponibles mediante Libros Berea:

El Pecado del Sectarismo, por Andrew Stenhouse        Iglesia y Familia, por Robert Gessner
Preparados para la Cena del Señor, vv.aa.                     Cristo Amó a la Iglesia, por Wm. MacDonald
Siguiendo el Patron, por John Smart                             Haced Esto En Memoria de Mí, por W. H.
La Asamblea Modelo, por Dr. E. A. Martin                 La Rebelión de Uzías, por Carlos Tomás Knott
La Iglesia Primitiva, por Donald Norbie                      Pastores y Siervos, por K.T.C. Morris           

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 "TENGO MI PROPIA RELIGIÓN"

"Cada uno puede creer lo que quiera: todo es válido".
"Todo el mundo tiene su propia creencia".
"Con tal que crea en algo, es suficiente".
 

Hoy se escuchan muchas expresiones como éstas. Suenan bien, y ayudan a la gente a sentirse bien, pero los que dicen tener "la verdad" son menospreciados como arrogantes e intolerantes. Por alguna razón, la gente acepta la idea de que cualquier religión es válida siempre y cuando no sea considerada como la única religión verdadera. ¿Sabes por qué? Así Satanás logra que la gente crea cualquier cosa excepto la única que le libraría de su control.
    No es cierto que todas las creencias son válidas. Ni es la sinceridad suficiente para validar algo. El hecho de que todo el mundo tenga su propia creencia es, según Dios, el problema más grande de los seres humanos. Hemos cambiado Su verdad por nuestras creencias. "Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino" (Isaías 53:6). Esto no es una virtud, sino un error, y pecado. El camino del hombre es amplio, tolerante, ignora el pecado y termina en destrucción. "El camino del necio es derecho en su opinión" (Proverbios 12:15). Cristo advirtió: "Espacioso [es] el camino que lleva a la perdición" (Mateo 7:13)
    En un sentido es cierto que no importa lo que tú creas. ¡Tus creencias no cambian la verdad de la Palabra de Dios! Creer algo no lo hace cierto. Saltar de un rascacielos te matará, sin importar cuán enfática o sinceramente creas lo contrario. Entrar a la eternidad confiando en que Dios no existe, o creyendo que tus prácticas religiosas y buenas obras son suficientes para merecer la aprobación divina, no cambiará el desenlace. "El que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego" (Apocalipsis 20:15).
    Amigo, no es cuestión de tu opinión ni de la mía. Jesucristo no dijo: "Yo soy un camino", sino "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6). No por filosofía ni religión, sino por Cristo.
    Nadie puede salvarse a sí mismo, porque la salvación no es por obras, y porque solo Jesucristo es el Salvador. Esta es la verdad, y si decides no creerla, sufrirás las consecuencias de tu decisión, eternamente. Jesucristo vino, murió como tu Sustituto, pagó por tus pecados, y está dispuesto ahora mismo a salvarte. No sigas en tu camino, en tus opiniones y tradiciones, si realmente quieres ser salvo. "Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte" (Proverbios 14:12).

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 LAS ETIQUETAS


 ¿Qué clase de "cristiano" eres?

Un verso popular de William Shakespeare en la obra Romeo y Julieta se convirtió en un aforismo: “La rosa no dejaría de ser rosa, y de esparcir su aroma, aunque se llamase de otro modo”. Esto es verdad, pero si un jardinero colocara etiquetas de “rosa” en petunias o begonias, eso no les convertiría en rosas.
    Nos gustan las etiquetas, porque nos ahorran el trabajo de pensar. Muchos usan etiquetas políticas sin saber realmente su significado. Puede que alguien sea llamado “exitoso” porque ha ganado mucho dinero, aunque su vida personal sea un gran fracaso.
    “Cristiano” es una etiqueta imprecisa. Si preguntamos: “¿Es usted cristiano?”, muchas personas responderían “sí”, aunque no tengan claro exactamente qué es un cristiano. Esto es porque hoy el término incluye:

1. Cristianos hereditarios
    Son personas cuyos padres eran cristianos, y por eso ellas también creen que siempre han sido cristianas. Podrían llamarse cristianos por tradición. Similares son los que piensan que son cristianos porque sus maridos o esposas lo son – por asociación. Es posible que hayan pertenecido a cierta iglesia desde su nacimiento, y que se hayan bautizado. Algunos aun tienen cargas religiosas en su iglesia. Algunos rezan y recitan el credo de los apóstoles, o son devotos de un santo. Quizás asisten ocasionalmente a las reuniones de una iglesia, o incluso sean miembros de una iglesias, especialmente la de sus padres.

2. Cristianos éticos
    Son personas que procuran ser buenas. Dicen que viven por “la regla de oro” y que procuran hacer bien y ser buenos vecinos y ciudadanos. Creen en “hacer el bien y no mirar a quién”, y que si uno hace lo mejor que puede, nadie puede pedirle más.

3. Cristianos culturales
    Son personas que viven en una nación o cultura que se considera “cristiana”. Cuando dicen “soy cristiano” quieren decir que no son musulmanes, hindúes u otros. Les gustan la música religiosa, el ambiente de la iglesia, y las ceremonias – especialmente para bodas y funerales.

4. Cristianos sociales
    Son personas que les gusta encontrar a sus amigos en las reuniones, y que sus hijos hagan buenas amistades y estén en ese círculo social. Los negociantes encuentran que asociarse con la iglesia les produce contactos y les favorece en el negocio.
    También son los que creen que el cristianismo consiste en obras sociales, programas para ayudar a los pobres, etc. Reparten ropa y comida, o ofrecen atención médica, y creen que eso es ser cristiano.

5. Cristianos emocionales
    Son los que han tenido una experiencia emocionante. Uno dijo que había estado de ánimo muy bajo, desilusionado con la vida, y luego pensó en Cristo y sintió alivio. Otro dijo que en un tiempo de desánimo comenzó a reírse y que eso era nacer de nuevo.
    De esos también son los que se han curado de una enfermedad grave, o han salido de una crisis en la vida, y creen que por eso son cristianos.

6. Cristianos confusos
    Son los que se llaman cristianos pero no entienden el evangelio ni saben cómo ser salvos. Uno de esos dijo que el evangelio es “Dios es amor”. Otro dijo que el evangelio es: “Mateo, Marcos, Lucas y Juan”. Otra persona que profesaba ser cristiana dijo que el evangelio es que Cristo murió por nuestros pecados”. Suena bien, pero cuando le preguntaron qué quiere decir esto, respondió: “¡No sé! Es lo que me dijeron en una iglesia. ¿No es verdad?”
    Estos “cristianos” son como alguien que tiene las piezas de un puzle, pero no sabe cómo juntarlas correctamente. Tienen Biblia, cierto vocabulario y costumbres que han aprendido, pero no acaban de entender realmente qué es un cristiano y cómo llegar a serlo.

7. Cristianos intelectuales
    Son los que conocen algo de la Biblia, o el evangelio. Han recibido enseñanzas, quizás de sus padres, o quizás de haber aprendido en una iglesia o de haber leído algunos libros cristianos. Quizás creen en la creación, no la evolución, y creen en Dios, Cristo, el cielo, etc. Quizás conocen a predicadores u otros cristianos. Pero son conocimientos sin vida. “El que tiene al Hijo, tiene la vida” (1 Juan 5:12). Sin fe es imposible agradar a Dios.

8. Cristianos verdaderos
    Son personas que creen a Dios, lo que dice en Su Palabra la Biblia. No solo saben específicamente qué es el evangelio, sino que lo creen. La Biblia declara que somos pecadores por naturaleza, alejados de Dios y sin poder para agradarle. La paga del pecado es muerte, y todos somos dignos de muerte. Pero el evangelio, la buena nueva, es que Jesucristo, el Hijo de Dios, vino para salvarnos. Él murió cargado con nuestros pecados, en sacrificio para pagar nuestra pena de muerte ante Dios. Los verdaderos cristianos son los que, viéndose perdidos y condenados, se arrepienten, confían en Cristo como su Señor y Salvador, y con su boca le confiesan como Señor. Como resultado, saben que tienen vida eterna.
    Asisten a las reuniones de una iglesia, para adorar, aprender de la Biblia, y gozarse de la comunión y amistad con otros cristianos verdaderos. Viven para agradar a Dios, y son honestos en el trabajo y considerados con sus prójimos. Pero reconocen que ninguna de esas cosas les constituye cristianos. Viven así porque por el evangelio han experimentado un cambio radical que es llamado nacer de nuevo.
    Amigo, si crees que eres un cristiano, ¿por qué lo crees? Si tuvieras hoy que presentarte ante Dios, y Él te preguntara: “¿Por qué debo permitirte entrar en el cielo?”, ¿cuál sería tu respuesta? Piénsalo bien. 

Resumiendo, un cristiano verdadero:
a. Sabe que por naturaleza era un pecador, separado de Dios.
b. Reconoce que es digno de muerte – el castigo eterno en el infierno.
c. Reconoce su propia culpa, y se arrepiente de sus pecados.
d. Sabe que no puede salvarse por reformas o buenas obras.
e. Reconoce que Jesucristo es Dios encarnado.
f. Sabe que Dios le ama tanto que envió a Su Hijo Jesucristo para salvarle.
g. Acepta la paga que Cristo efectuó por sus pecados cuando murió en la cruz.
h. Confiesa a Jesucristo como Señor, con la boca, y también en el bautismo.
i. Cree que la Biblia es la Palabra de Dios, y la obedece.
j. Vive agradecido por la salvación.
k. Es morada del Espíritu Santo, y vive en santidad, no en pecado.
l. Ama a los demás como Dios le ha amado.
m. Se congrega con otros verdaderos cristianos, como Hechos 2:42 indica.
n. Espera la venida del Señor para llevarle al cielo.

    Si no eres una de esas personas, no importa qué etiquetas llevas o qué piensan otras personas. Si no eres un cristiano verdadero, ninguna etiqueta te ayudará. Reflexiona seriamente en las palabras de Jesucristo: “Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:20-23).
    Jesucristo dijo: “Por sus frutos los conoceréis”. Proverbios 20:11 afirma: “Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta”. Por eso el apóstol Pablo escribió: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Si según esta descripción no eres un cristiano verdadero, te imploramos que te reconcilies con Dios.