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martes, 4 de agosto de 2009

EN ESTO PENSAD -- AGOSTO 2009

La Expiación: Antes y Ahora (Parte II)

William MacDonald

Una Excepción A La Norma

Hay al menos un lugar en el Antiguo Testamento donde la palabra "expiar" puede significar claramente quitar el pecado:

“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos” (Dn. 9:24).

En este versículo “expiar la iniquidad” es correctamente traducido en la Reina Valera, la Biblia de las Américas y la Nueva Versión Internacional. En algunas traducciones en otros idiomas, pone lo equivalente a “hacer reconciliación por el pecado”, que es la idea, pero “expiar” lo expresa más claramente.
El pasaje anticipa la segunda venida del Señor Jesús cuando la iniquidad de Su pueblo Israel por fin será solucionada. Realmente el sacrificio necesario fue ofrecido en el Calvario, pero Israel como entidad no entra en el bien de esto hasta que miren a Aquel que traspasaron, lloren y se aflijan por Él como uno se aflige por su unigénito (véanse Zac. 12:10; Jn. 19:37). Lo que la expiación cubrió en el Antiguo Testamento, Cristo quitó completamente y para siempre en la Cruz.

El Sentido Adquirido

“Expiación” no es una palabra neotestamentaria, y “expiar” sólo aparece en Hebreos 2:17 donde quizás sería mejor traducida “hacer propiciación”, “ser propicio” o “hacer reconciliación”. La idea de la expiación como en el Antiguo Testamento nunca se halla en el Nuevo Testamento. Nunca menciona nada hecho para cubrir ni a personas ni a cosas inanimadas.
En nuestros días la palabra expiación tiene un sentido adquirido. Hablamos de la expiación de Cristo, queriendo decir que mediante Su muerte, sepultura y resurrección hay satisfacción respecto al pecado. En sermones y canciones nos regocijamos en que mediante Su sangre expiatoria nuestros pecados han sido quitados de una vez por todas. Pero recordemos que este sentido es completamente poético, y que no tiene conexión alguna con el sentido usual de la palabra en el Antiguo Testamento.
Nos ahorrará mucha confusión y malentendidos si distinguimos entre el significado de expiación en el Antiguo Testamento y el significado que ha adquirido hoy en día por el uso que se da. No es incorrecto hablar de la obra expiatoria de Cristo, siempre que reconozcamos que Su obra fue perfecta, final e interna, mientras que la expiación en el Antiguo Testamento fue, salvo la excepción notada, imperfecta, repetida y externa.

La Expiación en el Reino

Ezequiel emplea la palabra en relación con los servicios en el futuro templo milenario (Ez. 43:21, 26; 45:15, 17, 20). Anticipando el reino, Ezequiel habla de expiar el altar, el pueblo, es decir, la casa de Israel, y el templo. Esto representa un problema para algunos, porque parece que contradice Hebreos 10:12, “pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”, y Hebreos 10:18, “Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado”.
El problema surge porque damos al término “expiar” su definición del diccionario moderno en lugar de su significado básico. No sugiere que los sacrificios en el templo milenario sean eficaces en quitar la culpa y la pena del pecado, como tampoco eran en la época del Antiguo Testamento. Simplemente formarán parte del rito del templo. Al cumplir las ceremonias, Israel redimido verá la debilidad de los ritos contrastada con la perfección de la obra de Cristo. Reconocerá que los sacrificios eran sombras, mientras que la realidad es Cristo. Como los sacrificios del Antiguo Testamento ilustraban anticipadamente la obra de Cristo, así los del milenio recordarán el sacrificio hecho en el Calvario, como hace la Cena del Señor en nuestro caso. Simplemente serán memoriales.
traducido por Carlos Tomás Knott
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HUDSON TAYLOR: LA OBEDIENCIA A LOS PADRES

"Nunca he conocido un caso de desobediencia a un mandamiento definitivo de un padre que no trajera retribución, aun en el caso de que ese padre estuviese equivocado. Conquista através del Señor. Él puede abrir cualquier puerta. En tal caso la responsabilidad es del padre, y es una responsabilidad grave. Cuando el hijo o la hija puede decir en toda sinceridad: “Estoy esperando, Señor, a que Tú abras el camino”; el asunto está en Sus manos y Él lo resolverá".

Hudson Taylor (1832-1905) fue misionero a China. Esta cita viene de su libro Hudson Taylor's Spiritual Secret (El Secreto Espiritual De Hudson Taylor).
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NO EXISTE LA MÚSICA "NEUTRAL

Según el testimonio de la Biblia hay una música que estáal servicio de Dios, para Su gloria, marcada y determinada por el Espíritu de Dios; y hay una música que está al servicio de Satanás y del hombre caído, marcada y determinada por el espíritu de este mundo. Por eso tenemos que distinguir muy bien la clase de música que permitimos en la Iglesia de Dios. En el antiguo pacto, era impensable utilizar la música de los pueblos paganos, dedicada a la idolatría y al desenfreno sensual, para la adoración del Señor.
La Biblia nos enseña que todo lo que sale del hombre pecador separado de Dios, pertenece a este mundo. Como este mundo está espiritualmente en tinieblas, y no en la luz, y bajo el dominio y la influencia del príncipe de este mundo, todas las expresiones culturales del hombre pecador, por consiguiente, están influenciadas en mayor o menor grado por el pecado y las tinieblas espirituales del corazón de los que las producen, ya la pintura, la literatura, el teatro o el cine, y, naturalmente, también la música (comp. Mt. 12:34-35; 15:18-20; Jn. 8:34-47; Ro. 3:9-18; 8:5-8; 1 Co. 2:6-16; Ef. 2:1-3; 4:17-19; 1 Jn. 2:15-17; 4:5).
La capacidad del hombre de componer y escuchar música es un don de Dios, y los elementos musicales básicos, en cierto sentido, se pueden calificar de "neutrales"; pero la música que el hombre produce utilizando estos elementos, ya no es neutral, pues es la expresión de su ser y pensamiento. Es corriente suponer que toda clase de música es un don de Dios y que cada estilo musical puede servir para las canciones espirituales de los hijos de Dios. Pero, como hemos visto, esto no tiene fundamento bíblico y abre una puerta peligrosa por la que puede introducirse la influencia del mundo en la Iglesia de Dios.

Rudolf Ebertshäuser, pág. 21 de su libro, La "alabanza" carismática y la adoración bíblica en Espíritu y en verdad. Ediciones Cristianas Bibliques
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Algunos Beneficios de Memorizar
Porciones de la Biblia

Muchos ni siquiera estudian la Biblia, pero entre los que sí lo hacen, los estudiantes livianos de la Biblia son olvidadizos. Pero los estudiantes cuidadosos memorizan las cosas que estudian y así recuerdan mejor las lecciones y sacan más provecho. He aquí algunos beneficios de memorizar versículos bíblicos.

Prevención de Pecado: El Salmo 119:11 dice: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”. Como dice el refrán: “Más vale prevenir que curar”.

Victoria sobre Satanás: Efesios 6:17 nos llama a combatir con “la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (véase el ejemplo del Señor Jesús en Mateo 4:1-10).

Prosperidad Espiritual: Salmo 1:2-3 describe la bienaventuranza del que medita en la Palabra de Dios día y noche: “será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará”.

Consejo Personal: Salmo 119:24 dice: “Tus testimonios son mis delicias y mis consejeros”. Isaías 25:1 declara: “Tus consejos antiguos son verdad y firmeza”.

Ayuda para Otros: En Proverbios 22:20-21 leemos: “¿No te he escrito tres veces en consejos y en ciencia, para hacerte saber la certidumbre de las palabras de verdad, a fin de que vuelvas a llevar palabras de verdad a los que te enviaron?”

Adaptado de Lorne Sanny, citado en el libro Turning Toward Integrity (“Volviendo a la Integridad”), por David Jeremiah, págs 53-54.

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LA MEJOR INVERSIÓN

Queremos ayudarle a invertir su dinero. No, no se preocupe. No le vamos a hablar de porcentajes, intereses u otros números. Sólo queremos orientarle citando unas palabras de uno de los hombres más ricos que han existido jamás. Era conocedor a fondo del mercado “exportar-importar” de su país y un sabio y hábil inversor, y dijo así: “El que ama el dinero no se saciará de dinero y el que ama el tener mucho no sacará beneficios; esto es frustración. Dulce es el sueño del obrero – coma mucho o poco –, pero al rico no le deja dormir la riqueza”. Luego continuó diciendo: “El hombre, tal como salió del vientre de su madre, (desnudo), así vuelve, yéndose tal como vino. Y nada saca de su trabajo para llevarse consigo. Esto es un gran mal; ¿de qué le aprovechó trabajar en vano?”. Evidentemente hay quien entiende muy bien de finanzas, y es la muerte. ¿Por qué digo la muerte? Porque ella se queda con todo lo que dejamos cuando volvemos –desnudos, como vinimos– al polvo. La muerte sabe que usted está invirtiendo a su cuenta durante toda su vida. Su negocio no falla.
Por último, ese hábil inversor dijo: “El fin de todo el discurso oído es éste, Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre, porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala”.
Este hombre, ya es hora que lo digamos, fue Salomón, rey de Israel y uno de los hombres más ricos, sabios y poderosos que jamás han existido.
Estas palabras están registradas en la Sagrada Biblia junto con muchos otros escritos que le pueden ayudar a invertir bien no sólo su dinero, sino también su tiempo, persona, en una palabra: su vida. Sólo tiene una vida, y pronto pasará. Y después, no le importará lo que haya acumulado en esta vida, porque lo dejará todo. Amigo, busca a Dios mientras haya tiempo, y déjele gobernar su vida. Será la mejor inversión que habrá hecho en la tierra y que seguirá proporcionando rentas por toda la eternidad.
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Una Oportunidad Única de Testificar al Mundo

D. M. Lloyd-Jones (1899-1981)

El apóstol nos recuerda que en las épocas de apostasía, en las épocas de gran impiedad e irreligiosidad, cuando los fundamentos mismos tiemblan, una de las manifestaciones más destacadas de desorden es ser “desobedientes a los padres” (2 Ti. 3:2)... ¿Cuándo aprenderán las autoridades civiles de que existe una conexión indisoluble entre la impiedad y la falta de moralidad y de conducta decente?... La tragedia es que las autoridades civiles – sea cual fuere el partido político que esté en el poder – parecen estar todas gobernadas por la psicología moderna en lugar de las Escrituras. Todos están convencidos que pueden solucionar directamente y solos la falta de justicia y de rectitud. Pero eso es imposible.
La falta de justicia y rectitud es siempre el resultado de la impiedad, y la única esperanza de volver a tener alguna medida de justicia y rectitud en la vida es tener un avivamiento de la piedad. Eso es precisamente lo que les está diciendo el apóstol a los efesios y nos está diciendo a nosotros (Ef. 6:14). Los mejores y más morales periodos en la historia de este país, y de cualquier otro país, siempre han sido esos periodos después de poderosos avivamientos religiosos. Este problema de anarquismo y falta de disciplina, el problema de niños y jóvenes, no existía hace cincuenta años como existe ahora. ¿Por qué? Porque todavía operaba la gran tradición del avivamiento evangélico del Siglo XVIII. Pero como ya ha desaparecido, estos terribles problemas morales y sociales están volviendo, como nos enseña el apóstol, y como siempre han vuelto a lo largo de los siglos.
Por lo tanto, las condiciones presentes demandan que observemos la declaración del apóstol. Yo creo que los padres e hijos cristianos y las familias cristianas tienen una oportunidad única de testificar al mundo en la actualidad siendo simplemente distintos. Podemos ser verdaderos evangelistas al mostrar esta disciplina, esta ley y este orden, esta relación auténtica entre padres e hijos. Podríamos ser los medios, bajo la mano de Dios, de lleva a muchos al conocimiento de la Verdad. Por lo tanto, creamos que así es.

Tomado de Life in the Spirit in Marriage, Home & Work: An Exposition of Ephesians 5:18-6:9. Artículo publicado en Portavoz de la Gracia, nº 204s

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lunes, 13 de julio de 2009

EN ESTO PENSAD -- JULIO 2009


La Expiación: Antes y Ahora (Parte I)

William MacDonald

Expiación es una de estas fascinantes palabras bíblicas que tiene variedad de usos. Su significado en cualquier texto de l
as Escrituras debe determinarse por el contexto. Viendo cómo es usada la palabra, aprendemos los diferentes sentidos que tiene.
Pero antes, es menester recordar el camino de la salvación en el Antiguo Testamento. La gente fue salva al poner su fe en el Señor. Cuando Dios reveló algo y le creyeron, entonces fueron contados justos. Así cuando Dios prometió a Abraham que tendría descendientes tan numerosos como las estrellas, el patriarca “creyó a Dios, y le fue contado por justicia” (Gn. 15:6). Abraham fue justificado en base a la todavía futura obra de Cristo en la cruz. Es dudoso que Abraham supiera mucho acerca de aquella obra, pero Dios sabía, y puso todo el valor de aquella obra a la cuenta de Abraham. El Señor le otorgó el perdón judicial de todos sus pecados en base a la preciosa sangre del Salvador derramada en el Calvario. En cada época la salvación es por la fe en el Señor y en base a la obra sustitutiva del Señor Jesucristo. Se establece una relación eterna.

Sin embargo, cuando un israelita creyente cometía pecado después de su conversión, esto rompió su comunión con Dios y le hizo inmundo. También había ciertos actos (como tocar un cuerpo muerto) que en sí no eran pecaminosos, pero que le hacía inmundo ceremonialmente. Estas cosas le impedían adorar en el tabernáculo o templo. Esto es cuando hacía falta la expiación, y ahora consideraremos este tema.

El Significado en el Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento, expiación es la traducción de una palabra hebrea que significa “cubrir”. Así que, cuando Dios mandó a Noé a cubrir el arca (“calafatearás”) por dentro y por fuera (Gn. 6:14), es la misma raíz que la palabra traducida “expiar”. La expiación era una forma de cubrir el pecado hasta que fuera tratado completa, perfecta y finalmente por la obra de Cristo en el Calvario.
En algunos casos, “cubrir” puede comunicar la idea de enmendar, limpiar, eximir de castigo, y consagrar.

La palabra se empleaba generalmente de personas, sacerdotes y la nación de Israel. Pero casi nunca significaba expiación de pecados, esto es, hacer satisfacción por ellos. El escritor de Hebreos aclara que los sacrificios del Antiguo Testamento nunca quitaron ni un sólo pecado. Si el sentido primario de expiación es quitar el pecado, entonces los sacrificios eran fracasos. “Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados” (He. 10:4). Cada año en el día de expiación hacían memoria de los pecados (He. 10:3). Por esta razón el sistema de sacrificios nunca dio al pueblo de Dios una conciencia limpia respecto al pecado. “De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado” (He. 10:2).
A veces hacían expiación por cosas inanimadas – el altar, el lugar santo, el lugar santísimo, el tabernáculo de reunión y el templo. Obviamente esto no tenía nada que ver con quitar o expiar pecados, porque las cosas inanimadas no pueden pecar. Un altar que había sido expiado estaba apto para usar en el servicio divino porque era limpio ritualmente. No es adecuada cualquier definición de expiación que no explica por qué ciertas “cosas” debieron ser expiadas.
Empleada respecto a las personas, la expiación significa limpieza ceremonial. Cuando un judío creyente que había pecado traía el sacrificio requerido, en efecto confesaba su pecado. Tan pronto como confesaba, fue perdonado. Su perdón no vino mediante el sacrificio animal sino mediante el sacrificio de Cristo. El sacrificio animal era figura o tipo del sacrifi
cio de Cristo. La pena eterna de su pecado ya había sido cancelada cuando creyó en el Señor, pero la confesión renovaba su comunión con Dios. El sacrificio que trajo le hizo apto externa y ceremonialmente para participar nuevamente en la adoración y los servicios de Jehová. Ya estaba en una relación de pacto con Dios, pero ahora estaba limpio ritualmente. Los sacrificios levíticos santificaron para la purificación de la carne (He. 9:13), esto es, proveyeron una purificación externa, ritual. Sólo la obra de Cristo puede limpiar la conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo (He. 9:14).
continuará en el número siguiente, d.v.
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El Proceder De Cristo
Con El Joven Rico

Una sola mirada al joven rico que se acercó a Jesús indica que era una persona digna de ser estimada y digna de confianza. Era un joven respetable, con apariencia educada y de buenos modales. Saludó al Señor con cortesía, hincando la rodilla delante de Él y llamándole: “Maestro bueno”. Su profundo interés en la religión demanda nuestro respeto. Vino corriendo a Cristo, persiguiendo con entusiasmo Su ayuda espiritual. Tanta ansiedad sentía sobre el tema de la vida eterna que no podía esperar una conversación privada. Allí mismo, en el camino, ignoraba la atención del público y arrodillado inquiría por el bienestar de su alma.
Además, era un hombre de acción moral. Cuando Jesús empezaba a recordarle los mandamientos, él respondió: “todos estos he guardado desde la juventud”. Su vida era externamente limpia y aceptable. Cuando Jesús le dijo: “No cometerás adulterio”, él podía responder sinceramente que se había guardado fiel. Al mandamiento de nuestro Señor: “No hurtarás”, podía responder que en el negocio había sido honesto. Sus riquezas no fueron ganadas por medio del fraude. No perjuraba. Tal integridad no fue ocasional ni recientemente adquirida. Al contrario, la moralidad había sido entretejida en su vida “desde la juventud”.
Marcos 10:22 nos dice que ese hombre tenía grandes posesiones. Tenía éxito en el mundo. Lucas 18:18 le llama: “un principal” ... se refiere a un noble con autoridad e influencia. Mateo 19:20 dice que era “joven”, lo cual hace que sus logros fueran todavía más sorprendentes. Fácilmente alguien pensaría: “Éste es digno del premio de Ciudadano del Año”. Y por cierto te gustaría tenerle como un trofeo para Cristo. Te alegraría verle confesar a Cristo e integrarse en tu congregación. ¿No da vergüenza reconocer que parte del interés que tendrías en tal hombre es debido a la idea carnal que uno tan importante en el mundo sería una gran ventaja para el reino de Dios?
¿Cuál sería tu reacción en semejantes circunstancias? ¡Aquí estaba un hombre literalmente rogando de rodillas para que alguien le dijera cómo llegar al cielo! ¡Debe ser el sueño de cada evangelista! ¿No abrirías la Biblia para hacerle las preguntas esenciales?
– “¿Crees que eres un pecador?”
– “¿Crees que Cristo murió por los pecadores?”
– “¿Aceptas a Jesús como tu Salvador personal?”
– “Ora conmigo ahora, repitiendo sinceramente mis palabras...”
Él respondería en afirmativo a cada pregunta con muy poca instrucción. Sólo habría que enseñarle los versículos usuales. Este hombre rico estaba como fruto maduro, listo para ser recogido en nuestra “canasta evangélica”. En nuestras salas le hubiéramos sacado una “decisión” en poco tiempo, y le habríamos asegurado de que tenía vida eterna y que no debía dudarlo. Entonces, su nombre sería añadido a la hoja de estadística y la nueva de su conversión anunciada a todos. ¡Semejante persona influyente merecería un artículo de entrevista personal en algún periódico o alguna revista evangélica!
Sé honesto. ¿No te molesta, no te desanima un poquito ver a Jesús tratar a ese joven tierno con tanta rudeza? Más de uno pensaría: “¿Cómo podría nuestro Señor emplear unas tácticas tan pobres, tan bruscas y carentes de consideración con un pecador? Empezaba con una reprensión, y de ahí se fue a hablar de los Diez Mandamientos (¡vaya!). ¿No demandaba un sacrificio inmenso como condición para recibir la vida eterna, dejando al “pez gordo” escaparse? ¿No sabía cómo conducir a un alma a Sí mismo?” Pero amigo, si estás sorprendido, seguro que eres tú. no Cristo, quien no entiende cómo evangelizar.


Walter Chantry, Today’s Gospel, Authentic or Synthetic (El Evangelio de Hoy, ¿Auténtico o Sintético?), The Banner of Truth Trust (El Estandarte de la Verdad), 1970, pp.19-21

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¿A DÓNDE IRÉ CUANDO MUERA?

LA BIBLIA contesta esta pregunta. Nos dice que Dios nos creó buenos y nos puso en un mundo perfecto. Pero, cuando a Dios le desobedecimos y le dimos la espalda, decidiendo vivir sin contar con Él, entonces el pecado, el dolor y la muerte entraron en nuestro mundo.
Dios vio con dolor nuestra rebelión y las consecuencias. Dios es justo y santo, y no puede pasar por alto el pecado. Entonces no sería mejor que Sus criaturas. Hemos arruinado el mundo que Él creó, y además nos hemos arruinado a nosotros mismos. Esto tiene que ser castigado. Pero en Su misericordia Él envió a Su Hijo Jesucristo para tomar el castigo que el pecado merece y la justicia demanda. Aunque Jesucristo vivió una vida sin pecado, Él murió en nuestro lugar, resucitó de los muertos, y ahora vive en el cielo.
Todo aquel que confía personalmente en el Señor Jesucristo que murió y resucitó, será salvo del castigo de Dios e irá a estar con Él después de la muerte. Los que no creen no verán el cielo, sino que pasarán la eternidad separados de Dios en el lugar de castigo que su rebelión merece.
Ser buenos no nos salva. Practicar una religión tampoco. Nada de esto nos puede otorgar perdón y vida eterna. Debemos ponernos en manos del Salvador, el Señor Jesucristo. Es un acto personal de fe. Confiar en Jesucristo como nuestra única salvación no sólo nos otorga perdón y nos salva del castigo eterno, sino que nos da nueva vida ahora y llena nuestra vida de propósito.
Amigo, si deseas confiar en el Señor Jesucristo y depositar tu vida en Sus manos, debes arrepentirte de tus pecados y de corazón depositar tu confianza única y enteramente en Jesucristo, quien murió en paga de tus pecados y resucitó para justificarte cuando creas en Él. Confiésale con tu boca, como tu Señor y Salvador. Él es el único que puede salvarte. Lo hará instantáneamente y de una vez para siempre cuando confíes en Él. Las religiones y filosofías de los hombres te fallarán, pero Jesucristo nunca ha fallado a ninguna de los que en Él confían.

VERSÍCULOS CLAVES EN LA BIBLIA QUE DEBES CONSIDERAR:
1 Pedro 3:18 “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”.
Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Romanos 10:9 “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”.
Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.
Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.
Hebreos 2:3 “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”