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jueves, 31 de julio de 2008

En Esto Pensad -- Julio 2008

31 Reyes: Victoria Sobre el Yo
Parte V

XXI. LOS TEMORES Y ANSIEDADES EGOÍSTAS
Casi todos nuestros afanes y ansiedades brotan de puro egoísmo.
Si estuviéramos enteramente rendidos a Dios, reconociendo que cada parte de nuestra vida es absolutamente Suya, no tendríamos ansiedad. Nos veríamos como propiedad Suya y bajo Su seguro cuidado y constante protección. El Señor ha dicho:“ninguno puede servir a dos señores” (Mt. 6:24), y añade, en una
curiosa indicación lógica: “por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida” (Mt. 6:25). Esa pequeña expresión: “por tanto”, descubre e interconecta el amor al dinero y el afán ansioso.

XXII. LAS PENAS EGOÍSTAS
Muchas de nuestras penas y congojas proceden de puro egoísmo, orgullo dañado, ambición, amor propio o la pérdida de algo que no deberíamos de haber llamado nuestro.

La muerte del yo borra un universo de desdicha y trae un cielo de gozo.

XXIII. LOS SACRIFICIOS Y ABNEGACIONES EGOÍSTAS
Son tan reales como paradójicos. Uno puede repartir todos sus bienes para dar de comer a los pobres, y entregar su cuerpo para ser quemado, y no tener amor (1 Co. 13:3). Puede que lo haga para halagar su vanidad o relucir su ortodoxia y propagar sus creencias y opiniones.
Simón el estilita (390-459 d.C.), después de haber pasado un cuarto de siglo sentado sobre una columna viviendo de raíces y las limosnas de los pobres fue, quizás, la más exagerada encarnación de auto-justicia y auto-conciencia en todo el mundo. Se había negado a sí mismo para satisfacerse a sí mismo, exaltarse a sí mismo y salvarse a sí mismo. Fue nada más que la vieja corriente de su vida dirigiéndose por un nuevo canal. De la misma manera puede haber:

XXIV. LA VIRTUD Y MORALIDAD EGOÍSTA
Los fariseos eran virtuosos, pero su virtud era un manto egoísta, para exposición, y por tanto sin valor o peor. Era simplemente una propaganda, y su motivo destruyó su valor.
La señora que camina por la calle con sus faldas recogidas cuidadosamente para evitar contacto con su hermana caída puede ser un carámbano de decoro egoísta. Mientras tanto su pobre hermana con todas sus faltas puede tener un corazón generoso, y hasta puede que esté pecando por algún motivo de amor equivocado y sacrificándose por otro. Y aunque esto no mitiga su pecado, puede darle más noble carácter que el de la virtuosa que la desprecia. Así también está la

XXV. LA JUSTICIA PROPIA
Ésta osa justificarse ante Dios a través de sus obras religiosas y así
pierde Su justicia y salvación. Pues no son sólo nuestros pecados, sino también nuestras justicias, que Él ha descrito como "trapos de inmundicia” (Is. 64:6). Deben ser desechadas y nosotros como pecadores impotentes y sin ningún valor, debemos aceptar la justicia de Cristo para nuestra justificación ante Dios.

XXVI. LA CONSAGRACIÓN Y SANTIFICACIÓN EGOÍSTA
Podemos tener estas cosas y estar tan ensimismados con nuestra experiencia religiosa que nuestros ojos se apartan de Jesús y se centran sobre nosotros mismos. Así nos volvemos exhibiciones ofensivas de auto-conciencia religiosa y lo mejor de nosotros se estropea por nuestra introversión y falta de dirección.
La verdadera santificación olvida el yo y vive en constante dependencia del Señor Jesucristo como su Justicia y completa Suficiencia.

XXVII. LA CARIDAD Y OFRENDAS EGOÍSTAS
La más grande generosidad y las ofrendas de dinero más amplias pueden ser nada más que anuncios de nosotros mismos, impulsadas por algún motivo que termina sobre nuestro propio interés u honor.
Alguna gente da con liberalidad, y luego entorpece sus ofrendas poniendo muchas condiciones y se mete tanto en la administración de su caridad que todo desinterés es echado a perder. Parece ser nada más que auto-satisfacción, que su caridad es para su disfrute y alabanza más que para el bien de otros.

XXVIII. NUESTRO TRABAJO CRISTIANO PUEDE SER EGOÍSTA
Podemos predicar por el placer intelectual que nos da. Podemos trabajar para la iglesia porque nos gusta la iglesia, el pastor o la gente. Podemos involucrarnos en alguna profesión benévola o cristiana porque nos proporciona una vida cómoda y empleo agradable. O podemos hacer nuestro trabajo religioso por egoísmo religioso y con principios egoístas.
La iglesia de Dios hoy está arruinada por el egoísmo de su obra evangelística. Está gastando en su propia gente 700 veces lo que gasta para el mundo pagano, y el espíritu de egoísmo religioso tiñe todos sus planes.
A.B. Simpson (continuará, d.v., en el próximo número)

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UN KILO DE DIOS


“Yo quisiera comprar un Kg. de Dios, por 2 euros. O sea, que no deseo demasiado, como para industrializar mi alma, aniquilando mi vida y mi tranquilidad. No, sólo quiero lo justo como para sentirme satisfecho, como el sueño tras la buena tisana. No quiero tanto como para amar a aquellos a los que no amo; sólo ansío una pequeña sensación cálida en mi espalda, pero nunca una transformación de mi corazón...Busco una nueva impresión, nunca un Nuevo Nacimiento. Bueno, yo quiero un kilogramo de Dios en una bolsa de plástico... y todo por 2 euros. ¡Nada más!”

Ignoro quién escribió estas líneas, cuyo autor pudiera ser cualquiera; cualquier creyente de nombre, que mariposea por las diversas iglesias, para celebrar ritos, tradiciones, convencionalismos, o a la búsqueda de una espiritualidad o una emoción, tan en boga en la actualidad.
Yo creo que ya pasó la época en la que ser ATEO estaba en boga; hoy todo el mundo se confiesa creyente, religioso, practicante... y es que las costumbres han evolucionado y todo parece explicable. Ya no se hace el ridículo al declarar que se cree en los misterios, en las cosas invisibles, en los fenómenos irracionales, o en las fuerzas, a las que se las llama “dios”. Nada de esto choca a nadie; todos buscan lo trascendente, para dar un sentido a sus vida, pero huyendo de Dios. Así, la huida en avalancha hacia las experiencias paranormales, hacia las terapias esotéricas y la Meditación Trascendental, pero ignorando hacia dónde se va, y en quién se confía, es la MODA corriente. ¡Pobre Onda Espiritual!
Lamentablemente, esta espiritualidad no se funda en la Biblia, que nos revela un Dios Personal, que Ama y Exige a la vez. La multitud prefiere un dios impersonal, indefinible, un pelele siempre a nuestra disposición, a nuestro servicio...Servirse de Dios, manipularle, utilizarle, pareciera ser la norma de estos pseudo-espirituales, que recurren p.e. a la sofrología en vistas a un parto sin dolor, que se hacen tratar con curanderos y se asocian con clubs de extraterrestres, con la mira de preparar un mundo mejor...
En resumen: Lo que caracteriza estas búsquedas espirituales es que están centradas en el “YO”, y su práctica tiene un propósito egoísta, carnal, teatralero. El Yo se vuelve Dios y le quita Su Gloria, por lo que el YO decide y dirige. Pero “el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura” (1 Co. 2:14 Reina Valera versión 1909).
Y como consecuencia, donde esté la “mecánica” sustituyendo al Espíritu de Dios, allí no estará DIOS (Zac. 4:6; Jn. 15:5). En otras palabras: “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él” (Ro. 8:9b).
AMIGO/HNO/a.: ¿En qué bando estás...? Te invito a SALIR con Cristo, llevando Su vituperio, os sea, la CRUZ (He. 13:13). Y quedo a tu disposición.

Gracias al hermano d. Benedicto L. Alonso, Apartado 2389, 46080 Valencia por enviarnos este artículo

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4 Cosas Necesarias En Juan 3


1. La Necesidad del Pecador
v. 7 “os es necesario nacer de nuevo” (Jn. 3:3-8)

2. La Necesidad del Salvador
v. 14 “es necesario que el Hijo del hombre sea levantado” (He. 9:22)

3. La Necesidad del Soberano
v. 30 “es necesario que él crezca” (Col. 1:18)

4. La Necesidad del Siervo
v. 30 “pero que yo mengüe” (Gá. 2:20; Fil. 1:20)





lunes, 2 de junio de 2008

En Esto Pensad -- Junio 2008

31 Reyes: Victoria Sobre el Yo -- Parte IV

XII. UNA PERSPECTIVA EGOÍSTA
Hay algunas personas que siempre y sólo ven las cosas desde su propio lado. ¿Cómo me afecta a mí?
Ves tu propio lado de las cosas, pero si esperaras y vieras el lado de tu hermano, y estuvieras dispuesto a creer que hay otro lado, tú mismo te salvarías de mil punzadas, y a otros de mil malentendidos.
“No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Fil. 2:4). Ponte en el lugar de tu hermano. Considera sus puntos de vista. Piensa en cómo actuarías si sintieras lo que él siente, si vieras con sus ojos, si estuvieras en su lugar. Te sorprenderá cuán diferentemente verás las cosas. Y sin embargo esto es sólo uno de los primeros pasos en el arte santo del auto-olvido.

XIII. LA INTROSPECCIÓN
Nuestro morboso y excesivo auto-examen es una forma de la vida egoísta que causa mucho dolor y daño en nuestra vida cristiana.
Hay un auto-examen bueno, pero también hay un auto-examen malo. Sólo Dios puede escudriñarnos y examinarnos en verdad. Si lo intentamos solos, tendemos a envenenarnos con el hedor del sepulcro en el cual penetramos.
El mismo apóstol Pablo dijo: “Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor” (1 Co. 4:4). Encomendemos nuestro camino a Él y digamos honestamente: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Sal. 139:23-24).
Caminemos así con Él, confiemos en Él para que nos muestre todo lo que necesitamos ver y confiemos que “ si otra cosa sentís, esto también os lo revelará

XIV. EL AMOR PROPIO

Es la raíz de todas las formas de la vida egoísta. Es el corazón centrado en sí mismo y mientras que esto sea el caso, cada afecto y cada poder de nuestro ser se enfoca en y hacia nosotros mismos. Y el carácter entero se deforma por el error de enfoque; tanto como lo haría el ojo si se volviera adentro en lugar de mirar para afuera al mundo que fue hecho para percibir.
Dios, quien es ejemplo para todos los seres, es en esencia amor y no vive para sí sino para otros. Cuando nos centramos en nosotros mismos, somos lo contrario de lo que es Dios, y en realidad asumimos Su trono y nos volvemos nuestros propios dioses.
Es la ruina y perversión del alma el amar y vivir para uno mismo.

XV. LOS AFECTOS EGOÍSTAS
Son el fruto natural de la vida egoísta.
Amamos a nuestros propios amigos y familias y a las personas que nos proporcionan placer. Pero no amamos tanto por la bendición que podemos ser para ellos como por el placer que ellos nos proporcionan.
El amor que termina enfocado sobre nosotros mismos es egoísta y degradante. El amor que busca la bendición de otro es elevador y divino.

XVI. LOS MOTIVOS EGOÍSTAS
Pueden colarse en los mejores hechos y estropear y pervertirlos hasta el núcleo.
No es sólo lo que decimos o hacemos, sino el porqué. Dios ve los pensamientos y propósitos, y Él juzga el hecho por su intención.
El corazón natural no puede hacer bien sin algún objetivo egoísta que pervierta y destruya su pureza.

XVII. LOS DESEOS EGOÍSTAS
Estos siempre surgen en el viejo corazón natural. Aunque nunca se cumplan ni se vuelvan decisiones, hechos o realidad, queremos ser libres de ellos y que nuestros deseos fluyan de Dios y Su amor sea lo que los dirija.
El espíritu codicioso es simplemente un deseo egoísta, y Dios lo ha pronunciado idolatría y terrible pecado.

XVIII. LAS DECISIONES EGOÍSTAS
Son todavía más serias, pues la voluntad es el manantial de los hechos humanos y determina todas nuestras palabras y hechos.
Debemos desear una voluntad rectamente dirigida, que escoge no para su propia satisfacción sino porque “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil. 2:13).

XIX. LOS PLACERES EGOÍSTAS
Hay dos clases de placer: uno es el que buscamos simplemente por amor al mismo, lo cual es egoísta. El otro es el placer que se produce en nosotros cuando hacemos bien y estamos en armonía con Dios, lo cual es el mayor placer.
El placer egoísta, que busca lo suyo y tiene a uno mismo como objeto, es terrenal, transitorio e incorrecto.

XX. LAS POSESIONES EGOÍSTAS
La persona mundana busca ganar el mundo y llamar suyo todo lo que tiene. El verdadero hijo de Dios no posee nada, sino que tiene todo como un fondo sagrado de Dios. “Ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía” (Hch. 4:32).
El verdadero concepto cristiano acerca de la propiedad es el de administración; el de tener el regalo de Dios para Su servicio, sujeto a Su dirección y para Su gloria.
Este es el remedio soberano para la avaricia y el espíritu codicioso del mundo, y nunca seremos consagrados hasta que dejemos todo, absolutamente y para siempre a Sus pies, y lo mantengamos constantemente sujeto a Su bendita voluntad.

A.B. Simpson (continuará, d.v., en el próximo número)


EL CONTRASTE ENTRE
LA BIBLIA Y EL CORÁN

Hay una unidad sorprendente en el texto de la Sagrada Biblia a pesar de sus muchos “autores”. ¿Cómo fue posible esto con 40 autores que escribieron durante un período de 1.500 años, en muchos lugares distintos en tres continentes? Fue posible solamente porque el único verdadero DIOS les dio la revelación, porque evidentemente ellos no pudieron colaborar ni consultarse unos a otros como escritores. La pluralidad de escritores, en lugar de ser una debilidad o desventaja, es en realidad una prueba del origen divino de la Biblia, cuyo Autor es únicamente Dios.
En cambio, notamos como defecto que el Corán sólo tuvo un autor, Maho
ma, y que su libro sólo fue escrito durante un período de 20 años en Meca y Medina. En lugar de ser esto una ventaja o punto a favor del Corán, realmente expone su debilidad. Precisamente porque no tuvo más de un sólo autor, nos encontramos frente a un libro que se supone que debemos aceptar “porque sí”, porque lo dice Mahoma, y ya está. Además el Corán no contiene profecías como las de la Biblia, sino carece de pruebas internas de su veracidad (Is. 41:21-23). El resultado es que el Corán sólo puede ser aceptado por una “fe ciega” o por obligación o presión de otros. Literariamente, como supuesto “libro santo”, es un libro incompleto y sospechoso, porque le faltan las evidencias o pruebas externas para poder ser puesto a una prueba objetiva.
La Sagrada Biblia El Corán
1. 40 escritores. 1. Sólo 1 escritor.
2. Durantee 1.500 años. 2. Durante 20 años.
3. En tres continentes: 3. Sólo en Meca y Medina
Europa, Asia y África

Además, el Corán cae en el mismo error que el Libro de Mormón, que fue escrito totalmente por José Smith quien, como Mahoma, se dijo ser profeta de Dios, y también alegó que Dios le dirigió a escribir su libro. Otra vez, el problema que encontramos es el de tener que aceptar su palabra sin ninguna prueba. El argumento de que es un libro único y que nadie puede producir otro libro como él, es algo que francamente carece de poder, es subjetivo e inaceptable. Nadie tampoco puede pintar un “Rembrandt”. Entonces, ¿esto quiere decir que su arte es divina?

traducido y adaptado de un artículo por R.E.Harlow
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"Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor" (1 Ti. 1:2; 2 Ti. 1:2; Tit. 1:4; 1 Jn. 3).Estas tres bendiciones importantísimas las desea todo el mundo, pero sólo los creyentes en el Señor Jesucristo las tienen. La gracia es favor inmerecido, es recibir lo que no merecemos. La misericordia es NO recibir lo que merecemos. El resultado de estas dos cosas es paz con Dios (Ro. 5:1). ¡Amén!



viernes, 18 de abril de 2008

EN ESTO PENSAD -- ABRIL 2008 -- Nº 64

31 Reyes: Victoria Sobre el Yo -- Parte II

III. AUTO-INTERÉS
Es otra de las formas de la vida egoísta que debe ser rendida. El amor “no busca lo suyo” (1 Co. 13:5). Su objetivo no es alcanzar algún fin personal, sino beneficiar a otros y glorificar a Dios. La gran ocupación de la gente de este mundo es buscar sus propios fines, engrandecimientos, honores y placeres. Pero la vida consagrada tiene un sólo propósito: el de buscar “primeramente el reino de Dios y su justicia”, y descansar en Su voluntad, sabiendo que “todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:33).


IV. AUTO-COMPLACENCIA

Este es el espíritu de Anac, el del cuello largo. Es el espíritu orgulloso – el orgullo que nos lleva a deleitarnos en nuestras propias cualidades y apoyarnos satisfechos en nosotros mismos.
Es muy distinta a la vanidad, la cual busca la aprobación de otros. El espíritu de auto-complacencia está tan satisfecho consigo mismo que le importa poco la opinión de otros y tiene una independencia altiva que has
ta desprecia su crítica y se eleva por encima de su alabanza. Es su propio dios.
Es una de las formas más sutiles de la vida egoísta y tiene una grandeza altiva que ciega a su posesor en cuanto a su peligro y su profunda pecaminosidad.

V. AUTO-GLORIFICACIÓN
Esto es lo inverso a la auto-complacencia. Es el protagonismo de buscar alabanza de otros antes que de uno mismo. Uno puede ser muy pequeño en sus propios ojos y, por esta misma razón, intentar brillar en los ojos de los demás.
Una señora de alto rango no depende de su ropa o sus adornos para su posición, sino que suele ser muy sencilla. Es la falta de verdadera grandeza que hace a la presumida mariposa social ir de flor en flor en la sociedad, ansiosa por atraer atención por su llamativa exhibición.
La auto-glorificación hace alarde de sí misma e infla su burbujita porque es tan pequeña. No hay criatura tan diminutiva en sus verdaderas prop
orciones, cuando mermada a sus dimensiones reales, como el presumido.
La vida verdaderamente consagrada no desea nada de esto. Es consciente de que no es nada y sabe que depende únicamente de Dios para todo lo que pueda poseer. Por eso cubre su rostro con el velo de Su hermosura, y se viste de Su justicia y se esconde en Su seno, diciendo: “Ya no vivo yo, mas
vive Cristo en mí” (Gá. 2:20).

VI. AUTO-CONFIANZA
Esta es una forma de vida egoísta que depende de su propia sabiduría, fuerza y justicia. Es Simón Pedro diciendo: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré” (Mt. 26:33).
Es el hombre de fuerte sentido común y auto-dependencia. Cree en su propia opinión. Se fía de su propio juicio. Se ríe de los que hablan de la dirección divina y la guía del Espíritu Santo.
Este espíritu debe morir antes que podamos establecernos en la fu
erza de Cristo. Por eso, las naturalezas más fuertes tendrán que fallar muchas veces para llegar al fin de sí mismos y ser guiados, como Pedro, a apoyarse en Dios, y como Jacob con el muslo herido, a proseguir dependientes de allí en adelante de la fuerza de Dios.
Estrechamente aliada con la auto-confianza está la

VII. AUTO-CONCIENCIA
La auto-conciencia siempre piensa en sí misma y siempre está cubierta con su propia sombra. Cada hecho y mirada y palabra es estudiada. Cada sentimiento y estado interno es morbosamente fotografiado sobre los sentidos internos.

A veces nos volvemos conscientes de nuestro propio organismo físico. Vigilamos nuestra respiración, nuestro pulso, nuestra temperatura y nuestro estado físico. Llevamos continuamente una conciencia morbosa de nuestras funciones y condiciones. Toda la sencillez desaparece. Estamos atados a nosotros mismos como un hombre con la mano en su propio cuello intentando de arrastrarse de un lugar a otro.
Es una terrible esclavitud. Dios quiere que tengamos la libertad d
e un niño sencillo, que sin pensar actúa de sus impulsos espontáneos con hermosa libertad. No quiere que veamos el resplandor de nuestros rostros, ni que seamos conscientes de nuestros hechos santos ni que tomemos nota de cada sacrificio y servicio; sino que quiere que, cuando al fin venga y nos diga: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber” (Mt. 25:35), seamos tan olvidadizos de nosotros mismos que respondamos “¿Cuándo te vimos hambriento…o sediento?” (Mt. 25:37).
¿Cómo deshacernos de esta miserable auto-conciencia? Sólo adquiriendo una conciencia más alta: la presencia de nuestro Señor, y un propósito y objetivo más allá de nosotros mismos: vivir para Dios y para los demás. Reconocer que Él vive por nosotros y en nosotros, en esos dulces impulsos espontáneos q
ue son los verdaderos fuentes de los hechos.
A.B. Simpson (continuará, d.v., en el próximo número)


¿Hacedores o Engañados?

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente
oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Stg. 1:22).

Algunos tienen la idea equivocada de que si asisten a reuniones, conferencias, encuentros y retiros cristianos están haciendo la obra de Dios. Desde el púlpito y en todas partes se habla de lo que debemos hacer y, a pesar de esto, nos engañamos frecuentemente pensando que hacemos Su voluntad. Lo que en realidad sucede es que aumentamos nuestra responsabilidad y nos engañamos a nosotros mismos, pensando que somos espirituales cuando en realidad somos muy carnales. Nos engañamos al suponer que estamos creciendo espiritualmente cuando la verdad es que estamos estancados y nos engañamos imaginando que somos sabios cuando somos patéticamente necios.
El Señor Jesús dijo que el hombre sabio es aquel que escucha Sus palabras y las hace. El hombre necio también las escucha, pero no las hace.
No basta con escuchar un sermón y luego marcharse diciendo: “Q
ué mensaje tan maravilloso”. Lo apropiado es decir: “Haré algo con lo que he oído”. Un buen sermón no sólo ilumina la mente, calienta el corazón y nos reprende y conmueve, sino que también provoca la voluntad a la acción.
Un domingo, cierto predicador interrumpió su sermón para preguntar a su congregación cuál era el nombre del primer himno que habían cantado esa mañana, y nadie lo supo. Luego preguntó qué pasaje de la Biblia se había leído, pero nadie pudo recordarlo. Preguntó qué anuncios se habían dado, y un gran silencio se hizo en el lugar. La gente estaba jugando a iglesia.
Antes de cada reunión, haríamos bien en hacernos estas preguntas: ¿A qué vine? ¿Estoy dispuesto a que Dios me hable? Y si me habla, ¿le obedeceré?
El Mar Muerto se ha ganado justamente su nombre por la entrada constante de aguas sin tener una salida correspondiente. En nuestra vida, la información sin aplicación nos conduce al estancamiento. La pregunta persistente del Salvado
r nos apremia: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”
William MacDonald, de la lectura para el 6 de febrero en su libro DE DÍA EN DÍA, CLIE.

El Cabello Largo de las Mujeres Creyentes

“Las Escrituras exigen dos cosas de la mujer como señales de su sujeción al marido, como asimismo de la Iglesia del Señor:
(a) Que ore con la cabeza cubierta: 1 Co. 11:5, 13
(b) Que conserve su pelo largo, esto es, no cortado: 1 Co. 11:5, 6, 10
...En vista de que la mujer es figura de la iglesia, ella lo expresa llevando su cabello largo y cubriendo su cabeza cuando ora... el cabello largo y la cabeza cubierta son símbolos de sujeción a Cristo. Eso le dará gozo a la mujer, acordándose que es su privilegio particular enseñar así la sumisión de la iglesia al Señor Jesucristo”.
J. R. Littleproud, Una Asamblea Cristiana, pág. 137

“¿Debe una cristiana dejarse crecer el cabello y llevarlo largo? Tres verdades deben ser consideradas al contestar esta pregunta. Primero, Pablo no manda que las mujeres tengan el cabello largo, sino hace un comentario acerca del cabello largo: “...a la mujer dejarse crecer el cabello...” Segundo, Dios quiere que los varones sean varones, y que las mujeres sean mujeres. Si Dios hubiera querido un estilo “unisex”, habría creado la raza humana en esa forma desde el principio. “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace” (Dt. 22:5). Desgraciadamente, hoy en día en el occidente queda muy poca distinción entre cómo se visten los varones y las mujeres. A pesar de cuál sea la cultura o la moda, las mujeres cristianas deben ser sabias y evitar aquello que es masculino. Finalmente, Dios ha dado a la mujer el privilegio de llevar su cabello largo. Esto le es “gloria”; es algo honroso. Aquello que Dios ha dado debe ser recibido. Cada mujer cristiana debe considerar esto cuidadosamente antes de elegir el modo de arreglar su cabello”.
J. G. McCarthy, La Doctrina Apostólica del Velo, pags. 27-28.

Esta verdad no es sólo para mujeres jóvenes sino para todas las que profesan piedad. La exhortación: “gloirficad a Dios en vuestro cuerpo...” incluye la forma de llevar el cabello. Agrademos al Señor.


miércoles, 5 de marzo de 2008

EN ESTO PENSAD - MARZO 2008


31 Reyes: Victoria Sobre el Yo Parte I

A.B. Simpson

Estos son los reyes de la tierra que fue conquistada por Josué y los israelitas hacia el occidente del Jordán… “treinta y un reyes por todos” (Jos. 12:7-24).
“Y Caleb echó de allí a los tres hijos de Anac, a Sesai, Ahimán y Talmai, hijos de Anac” (Jos. 15:14).
“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Co. 5:14-15).
Estas palabras describen el gran conflicto del nivel superior de la vida cristiana en la Tierra Prometida. No es un conflicto con los pecados más groseros, pues estos los dejamos atrás cuando pasamos el Jordán y entramos en la tierra de santidad, obediencia y descanso.
Sin duda sobra decir que ningún creyente consagrado osaría permitirse la desobediencia o el pecado deliberado. Pero hay otros enemigos más sutiles, los cuales son simbolizados, creemos, por estos reyes contra quienes Josué hizo guerra durante tanto tiempo.
Hay varias formas de la vida egoísta que, mientras quizás no sean directa y deliberadamente pecaminosas, en el sentido más amplio tienen la misma necesidad de ser sometidas y destruidas, antes que el alma pueda estar en perfecta armonía con la divina voluntad. Todas ellas son tiranas, quienes, si las permitimos permanecer, al final nos llevarán a la sujeción al pecado y nos alejarán del Señor.
Estos reyes pertenecen a una sola familia, y el progenitor de todos ellos es Arba, el padre de Anac; y su primogénito, Anac, ha perpetuado su generación a través de muchos hijos, y su prole numerosa cuenta con 31 descendientes, no menos; así que hay un enemigo para cada día del mes en el calendario del creyente.
El nombre Arba significa “la fuerza de Baal”. Representa la fuerza del corazón natural. Baal era el viejo dios de la naturaleza que adoraban los sidonios, y Arba representa el corazón natural en toda su auto-voluntad y autosuficiencia.
El nombre de su hijo, Anac, significa “cuello largo” en hebreo, y todos saben que un cuello largo insinúa orgullo y auto-voluntad; de modo que estos dos nombres expresan el carácter de la familia entera.
Los otros tres hijos cuyos nombres se mencionan, Sesai, Ahimán y Talmai, llevan el parecido familiar.
Sesai significa “libre”, y sugiere la idea de la licencia en la que se deleita el egoísmo.
Talmai significa “audaz”, representando la independencia de la vida egoísta, que no tolera el control.
Ahimán significa “hermano de hombres”, y expresa acertadamente el humanitarismo que ignora a Dios e intenta hacer a la humanidad su propio dios, expresando la autosuficiencia de la raza, en lugar de la del individuo.
Miremos a estos reyes de la antigua Dinastía del Yo y veamos si reconocemos a alguno de ellos en nuestra propia experiencia.

I. AUTO-VOLUNTAD
Este es el viejo Arba, cabeza de la dinastía. Expresa sus decretos con el pronombre personal y el verbo activo “yo haré”. No reconoce a ningún otro rey fuera de su propia elección imperativa.
Arba debe morir antes que Caleb pueda ganar a Hebrón. La voluntad egoísta debe ser muerta antes que pueda reinar el amor.
“Someteos, pues, a Dios” es el lema y la contraseña en la puerta de la santidad y la paz.
No es solamente la mala voluntad, sino la voluntad propia que debe morir. Cosas que nos serían legítimas, Dios no nos las puede dar cuando las deseamos obstinadamente, y muchas veces nos tiene que crucificar para quebrantarnos y hacernos auto-rendidos y enteramente sometidos a Su control.
En nuestras vidas, por tanto, muchas veces hemos tenido que rendir algo al Señor que Él realmente deseaba que tuviéramos; y más tarde, cuando ya no lo queríamos porque lo queríamos, sino porque era Su voluntad para nosotros, Él nos lo pudo dar sin temor a daño, y nos lo dio por gracia, una vez que pudimos recibirlo ya no como un ídolo egoísta sino como algo divinamente confiado.
Así Dios tuvo que quitar a Isaac de Abraham, y luego devolvérselo ya no como el Isaac de Abraham, sino de Dios.
La voluntad así rendida se vuelve aun más fuerte, porque de ese momento en adelante ya no es nuestra voluntad, sino Su voluntad en nosotros; y cuando escogemos, escogemos con la fuerza de Dios y para siempre.
¿Hemos rendido nuestra voluntad y recibido la Suya a cambio? ¿Se ha vuelto la ciudad de Arba en la ciudad de Hebrón y el hogar de Su amor?

II. AUTO-INDULGENCIA
Esto es la gratificación del yo en cualquiera de sus formas.
¿Es incorrecto comer y beber y satisfacer nuestros apetitos? No, puede que el hecho en sí no sea malo, pero se vuelve malo cuando lo hacemos con el motivo de la auto-indulgencia. No debo comer porque me satisface comer; no debo beber porque es algo que disfruto; sino que debo comer y beber para la gloria de Dios – esto es, con el definido pensamiento y propósito de agradarle a Él y atender a las necesidades de mi cuerpo para estar fuerte para servirle y glorificarle.
Es el pensamiento de agradarse a uno mismo que contamina un hecho que en sí es correcto, pero cuyo motivo puede ser totalmente egoísta y pecaminoso.
Los hechos más comunes de la vida cotidiana deben ser enteramente consagrados a Él y hechos para Él, de manera que sean sagrados y santos.
¿Hemos aprendido el secreto de morir a nosotros mismos y de vivir así para Su gloria?
(traducido por Elisabeth Knott. Continuará, d.v., en el próximo número)

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EL PUEDE

“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Ef. 3:20).

Cuando miramos a Dios buscando cualquier tipo de socorro, solemos intentar descubrir qué material tiene Él a mano para usar al venir a nuestra ayuda. Si estamos orando por ayuda económica, solemos mirar la comunidad para ver si hay alguien que nos parece que el Señor podría usar apara proveernos con dinero. Si no vemos aparentes probabilidades, nos resulta difícil confiar en el Señor para el dinero.
Si buscamos empleo para asegurar la continuación del pan de cada día, inquirimos diligentes en los centros industriales. Y si hallamos que las tiendas, los talleres y las fábricas tienen todos los empleados que necesitan de momento, nos resulta duro trabajo mantener la esperanza de que vayamos a hallar un empleo. Si estamos enfermos y nuestro médico se ha quedado sin ideas de cómo ayudarnos a mejorar, no es nada fácil creer que vayamos a recuperar rápidamente.
Es muy humano mirar y anhelar algo visible que pueda ser de ayuda al Señor. En tiempos de necesidad, si sólo podemos encontrar un poquito de algo que Dios podría emplear, estaríamos mucho más satisfechos. Si uno necesita una cantidad de dinero y no puede pensar en ningún amigo, hombre o institución de donde podría obtenerlo, esto da un trasfondo oscuro a la escena.
Si uno necesita trabajo y encuentra que hay muchas otras personas que igualmente necesitan trabajo y no lo tienen, esto tiende a apagar su esperanza. Si uno está enfermo y en cama día tras día, sin sentirse mejor, antes al contrario, peor, y las facturas del médico aumentan, su empleo o negocio sufre y su paciencia se acaba, estas cosas hacen una situación en que el alivio no parece probable. El problema en todos estos casos es que no aparece ningún ser humano con quien Dios puede comenzar a ayudarnos. A nuestra vista sólo aparecen problemas y deudas sin recursos para ayudarnos.
Ahora bien, para el hijo de Dios, ¿cuál es la situación actual? ¿No hay nada más que problemas y deudas? Hay muchos. ¿No hay recursos? Sí, ¡hay miles, millones, billones y trillones! ¿Dónde están? Encima, debajo y alrededor tuyo. La tierra y el cielo están llenos de riquezas incontables. ¿No las puedes ver? No necesitas verlas. Mantén tu ojo puesto en Él.
Piensa por un momento. No es de ninguna manera necesaria que tú veas la ayuda que Dios empleará, ni siquiera es necesario que Dios tenga a mano algo con qué aliviarte. Él no necesita nada con que empezar. En el principio Dios creó los cielos y la tierra. ¿De qué los hizo? ¡De nada! La tierra está bastante bien para ser hecha de nada, ¿verdad? Recuerda, Él no empleó ni una pizca de nada para hacerla. “Cuelga la tierra sobre nada” (Job 26:7).
Y cuelga bien, ¿no es así? Muy bien, entonces, el Dios que puede hacer una tierra, un sol, una luna y unas estrellas de nada, y mantenerlos colgados sobre nada, también puede suplir todas tus necesidades, y no importa si tiene algo con qué empezar a trabajar o no. ¡Maravilloso! ¿No es así? Confía en Él y Él te sostendrá, aunque tenga que suplir tu necesidad de la nada.
Autor desconocido, traducido por Carlos Tomás Knott