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jueves, 31 de agosto de 2017

EN ESTO PENSAD -- septiembre 2017

Las Cartas de Recomendación
por Alan Maunder, Cardiff, Gales, Reino Unido

Textos: Hch. 18:24-28; Romanos 16:1-2;
              2 Corintios 3:1-3
Está claro en los textos citados que la práctica de la iglesia apostólica era proveer de cartas de recomendación a los que se trasladaron permanentemente de un lugar a otro, o cuando visitaron temporalmente. Considero que en Hechos 18 Apolos deseaba residir en la región de Acaya durante un tiempo, y por eso los hermanos escribieron una carta recomendándole a los creyentes de esa zona. En Romanos 16, parece que Febe sólo estuvo de visita de Cencrea a Roma, y su carta era temporal. Lo mismo se aplicaría a lo que Pablo dijo en 2 Corintios 3, ya que él sólo estuvo visitando durante un tiempo. No obstante, vemos que las cartas de recomendación fueron empleadas para circunstancias permanentes y temporales.

¿Son Necesarias Esas Cartas?
    Ya que se hallan en las Escrituras como práctica de la iglesia primitiva, es apropiado que hoy también se empleen. De lo que Pablo escribe en 2 Corintios 3:1-2, vemos que reconocía el principio – los que visitaban en Corinto necesitaban traer consigo una carta de recomendación. Pero porque Pablo había sido usado por Dios para dar comienzo a la asamblea en Corinto, él no requería una carta para ellos.

¿Quién Hace La Recomendación?
 
    En circunstancias normales, la respuesta es: “la asamblea” a la que pertenece la persona. No son los ancianos que encomiendan, sino la asamblea o iglesia local. Normalmente los ancianos escriben y firman la carta, pero lo hacen de parte de toda la asamblea, y eso suele expresarse al final de la carta. Observamos que en Hechos 18 no eran Aquila y Priscila quienes encomendaron a Apolo, sino los hermanos que escribieron exhortando a los discípulos a recibirle (v. 27). Sería una práctica sabia que los ancianos responsables escribiesen la carta y que al menos dos de ellos firmasen de parte de la asamblea. Si la encomendación es permanente, deben hacerlo saber a la asamblea. El principio operativo siempre es: “hágase todo decentemente y con orden” (1 Co. 14:40).    
    También hay veces cuando un individuo recomienda a otro. Por ejemplo, vemos eso cuando Pablo escribió en Romanos 16:1, “Os recomiendo además nuestra hermana Febe...” Debe decirse que él tenía autoridad apostólica, y hoy nadie tiene esa autoridad. Sin embargo, vemos otro caso de un individuo hablando para recomendar a otro que deseaba ser recibido a la comunión – Saulo de Tarsis en Hechos 9 – “trataba de juntarse con los discípulos” (v. 26). Claramente la asamblea no estaba dispuesta a recibirle basado en su propia recomendación, pero Bernabé intervino a favor suyo, conociendo su caso, y les contó cómo se había convertido. Si por alguna razón no ha sido posible tener una carta, no debe haber por qué un hermano de confianza no puede avalar al que busca la comunión, siempre que conozca a la persona en cuestión.
   
¿Qué Información Debe Aportar La Carta?
 
    De Romanos 16 es evidente que la carta para Febe era especial. Pablo menciona cosas acerca de ella que no se aplicarían siempre a otros. El ejemplo que vemos en las Escrituras es que cada carta debe recomendar a la persona de manera personal, y mencionar algo de su experiencia espiritual y servicio. Semejante carta daría confianza a la asamblea receptora para que le brindara toda oportunidad para servir y ejercer su don.
    Una carta de recomendación también es una oportunidad para enviar los saludos de la asamblea a los hermanos en otro lugar. Es aconsejable poner fecha a tales cartas, para evitar abusos.                 
(continuará en el siguiente número)

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EL FIEL AMOR DEL SEÑOR

"¡Cuán dulce es conocer el amor del Salvador cuando nadie nos ama! ¡Cuando los amigos huyen, qué bendita cosa es ver que el Salvador no nos abandona y que, además, nos mantiene y nos sostiene con firmeza y se aferra a nosotros y no nos suelta!"
C. H. Spurgeon
 
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No Te Metas En La Política

Carta de John Newton, compusor del himno "Sublime Gracia", a un amigo que expresó interés en la política:
Apreciado amigo,
      Permíteme decir que oír que un ministro cristiano como usted piensa que merece la pena intentar reformas politicas, me ha causado asombro y preocupación. Cuando veo alrededor mío el estado de la nación, semejante intento me parece nada menos que vano y necio,¡como sería pintar la cabina mientras se hunde el barco!
         Cuando nuestro Señor Jesús estuvo sobre la tierra, Él rehusó meterse en disputas o la política: “¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?” (Lc. 12:14). “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Jn. 18:36). Los hijos de Dios pertenecen a un reino que no es de este mundo; son extranjeros y peregrinos sobre la tierra, y parte de su carácter bíblico es que son “los mansos de la tierra” (Sal. 35:20).
          ¡Satanás tiene muchos artilugios e inventos para divertir y ocupar a la gente, para ocultar de sus pensamientos el verdadero peligro en que están!
         Mi apreciado señor, mi oración a Dios por usted es – que Él le induzca a emplear los talentos que le ha dado para señalar al pecado como la gran causa y origen de todo mal que existe, y para motivar a los que le aman a suspirar y llorar por nuestras abundantes abominaciones, en lugar de malgastar el tiempo en especulaciones políticas por las cuales pocos de ellos son competentes. Anímeles a ponerse en la brecha orando que pueda ser detenida la ira de Dios y prolongada Su misericordia a nuestra nación. Esto, creo yo, es el patriotismo verdadero – la mejor manera en que los ciudadanos privados pueden servir a su patria”.

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 El Anciano Modelo
 
En 1 Pedro 5:1, Pedro se llama “anciano”, no “Papa”. “Anciano” no es en el sentido de haber sido “ordenado”, porque el Señor Jesús le ordenó ser apóstol y esto fue mucho más que anciano. Pero era anciano en otro sentido; un creyente viejo, porque eso fue aproximadamente treinta años después de que el Señor Jesús le llamó a dejar su barca y redes. Dice a los otros ancianos: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros”. ¡Qué hermoso es ver a los ancianos en medio de la grey, y la grey en medio de ellos. No tienen señorío sobre la herencia de Dios, sino como pastores y trabajadores, apacientan y guían este rebaño en el cual Dios les ha puesto, porque lo aman y aman a su Dueño.
    El Señor dijo a Pedro: “¿Me amas?... pastorea mis ovejas”. El rebaño es de Cristo, no de los ancianos. Él lo compró con Su sangre, y no lo ha dado a otros. Los que le sirven en Su rebaño deben obedecerle y hacer bien el trabajo. Deben hablar de Él, Sus virtudes y la importancia de seguirle.
    ¿Qué recompensa hay para tal servicio? En este mundo, quizá ninguno, a veces ni el reconocimiento y la estimación que el Señor manda. Sin embargo, como Pablo, pueden decir: “Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos” (2 Co. 12:15). Sirven motivados por amor, y no se quejan de tener que gastar lo suyo y a sí mismos, puesto que al que ama el sacrificio es un placer. Pero cuando aparezca el Príncipe de los pastores, entonces ellos serán recompensados (1 P. 5:4). ¿Qué recompensa habrá? No dinero, sino algo mucho mejor: “La corona incorruptible de gloria”.
    A los demás creyentes, y aquí especialmente a los jóvenes, se les exhorta a sujetarse a los ancianos. Esto agrada a Dios, especialmente en este día de autonomía, insumisión, injusticia y egoísmo cuando muchos se jactan diciendo que no se sujetan a nadie.
    En 1 Timoteo 3:1-7 tenemos el carácter de los que aspiran a semejante trabajo. ¿Dice alguien: “me gustaría ser anciano”? He aquí los requisitos en los versículos del 2 al 7, las cualidades necesarias. Según Dios, ninguno de los que les faltan estas cosas es obispo..
    ¡Qué lugar más importante y responsable! ¡Qué temor reverente debe llenarle a cualquiera que sirve así, y este temor debe marcar todo lo que hace! ¡Su actitud y forma de proceder, lejos de enfatizar su propia importancia, deben ser como quienes quitan el calzado de sus pies en la casa de Dios!
 
W. S., de un viejo ejemplar de la revista Counsel (“Consejos”).
 
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EL LIBRO DEL MES


Lobos Vestidos de Ovejas,                                                       por Carlos Tomás Knott
No sólo hay lobos carnívoros que no perdonan las ovejas, sino también los que no perdonan los rebaños del Señor (Hch. 20:29). Entran encubiertamente en iglesias (Jud. 4), fingiéndose hermanos, pero sus intenciones son malévolas. ¡Hoy más que nunca necesitamos buen discernimiento espiritual!                                    
precio 5 euros



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¡Ay de ti, el Infierno te espera!


El infierno no es un cuento. No es una nebulosa posibilidad del futuro. No es simplemente un relato en la Biblia. El infierno es MUY real, y ahora mismo, mientras lees este artículo, sus llamas arden y su humo sube. En este momento hay personas en el Hades, la antesala del Infierno, condenadas,perdidas, sufriendo tormentos y esperando el día del gran juicio y la condena eterna al lago de fuego, el infierno. Es un lugar real, de agonías indecibles e interminables. Todos los perdidos, durante su vida mortal, pensaban en el infierno tal vez como una exageración, una historia para asustar a la gente, o como mínimo un futuro muy lejano del cual había tiempo sobrante para evitar. Pero ahora el castigo eterno es realidad para ellos.
     Y como a ellos les llegó su momento, también a tí te llegará, amigo. Por muy larga que sea tu vida, inevitablemente llegará tu partida a la eternidad. No hay escapatoria. No importa que la gente no crea en el juicio de Dios. El que ellos lo ignoren no lo cambia para nada. Tristemente se encontrarán un día tarde o temprano con la realidad.
    Te advierto de parte de Dios, recapacita mientras puedas. Mientras todavía habites en el mundo donde hay misericordia, mientras aún la mano de Cristo se extiende hacia ti, ¡aprovéchate! ¡No seas necio! Recuerda, vivirás con tu propia decisión por toda la eternidad.
    Si consiguieras todo lo que anhelas, hasta el colmo de tus ilusiones, con cada deseo cumplido – y perdieras tu alma, te pregunto: ¿de qué te servirá? Cuando hayas pasado de este mundo al mundo del cual acabas de leer, ¿para qué te valdrá todo lo que conseguiste? Un título... una carrera... una posición... una amistad... un amor... unos placeres... la comodidad... un buen nombre... libertad.... Piensa en ellos, o lo que sea que te importe sobre todo, por un momento, y haz los cálculos. ¿Hay algo en esa lista, aún la lista entera combinada, que puede valer más que tu alma? ¿Algo que puede quitar el juicio que le espera a cada humano, algo que puede acaso pagar la condena?
    ¿Vale más para ti cualquiera de estas cosas que Cristo? ¿Tan bajo concepto tienes tú del Hijo de Dios, como para preferir antes tu propia “comodidad”? ¿Acaso no te das cuenta de quién es Él?
    Te ruego como si Dios mismo te rogase por medio de mí, reconcíliate con Dios. Y hoy que has oído de nuevo Su voz llamándote con la intensidad de la urgencia de tu situación, no endurezcas tu corazón.
 

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El Cristiano Y La Política,  Capítulo 2

Los Agujeros Negros



Muchos de nosotros hemos oído de los “agujeros negros” u hoyos negros en el espacio. Son el resultado de estrellas colapsadas o contraídas, extremadamente densas, y su atracción gravitacional chupa aun la luz de estrellas cercanas, que entra y desaparece para siempre. Nada que entra un agujero negro aparece otra vez.
    Esto parece ilustrar lo que sucede cuando los cristianos son atraidos y se meten en la política, entregando todo su tiempo y energía. Es un esfuerzo vano y desesperado, destinado al fracaso. Pensemos en esto. ¿Cuántos años de historia registrada hay en el planeta? Algo como cuatro mil años. Y en esos años, ¿cuántos de los problemas básicos de la humanidad son los mismos que al principio? La respuesta es, todos. Selah. No hablamos de inventos o medicinas, sino de problemas básicos. ¿Cuántos pecados han sido eliminados por el hombre en esos miles de años? Ninguno.
    Es impresionante pensar en las miríadas de reyes, gobernadores, presidentes, dictadores, parlamentos, congresos, tribunales, legisladores, policías, oficiales y otras formas de gobierno que ha habido. En todo el mundo, en todas las edades y cada circunstancia concebible, han experimentado con la política en toda forma posible para seres humanos, y todavía no han podido solucionar los problemas básicos de la humanidad.
    Amado creyente, la política no merece ni un centavo de dinero ni un segundo del tiempo que Dios nos ha entregado como mayordomos Suyos que un día daremos cuenta a Él. Todo ese tiempo y dinero, toda esa energía y todos esos recursos desaparecen en el agujero negro de la política, y el mundo sigue hacia abajo en su rumbo al imperio de la bestia y al gran día del juicio de Dios.
    En contraste, pensemos en el evangelio. ¿Cuántos de los problemas básicos de la humanidad soluciona el evangelio? Dejemos contestar las Escrituras: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17). ¿Qué puede transformar a las personas, hacerles honestas, rectas y benignas? El evangelio. ¿Qué puede salvar y reparar matrimonios? El evangelio. ¿Que puede reformar para siempre a los presos? El evangelio. ¿Qué puede afectar para bien las relaciones entre los empleados y los gerentes? El evangelio. ¿Qué puede garantizar el cuidado de los ancianos y enfermos? El evangelio. ¿Qué puede transformar el corazón del ser humano? ¡El evangelio! Toda persona salva por la gracia, en ese mismo momento viene a ser templo del Espíritu Santo, y los cambios no son sólo internos sino también externos. Por eso, sus cambios afectan a los de su alrededor. Considera, entonces, cuál es la mejor inversión de tiempo y otros recursos para tratar al mundo y sus problemas, ¿la política o el evangelio? Pero no te equivoques tratando de mezclarlos, porque son como aceite y agua, o más biblicamente dicho, como luz y tinieblas (2 Co. 6:14-7:1).
    A continuación traducimos el comentario de David Hunt en la página 85 de su libro: Whatever Happened To Heaven? (¿Qué Pasó Con El Cielo?)

    ...La eternidad siempre debe tener máxima prioridad en la distribución de tiempo y recursos.
    Nuestra compasión natural y el deseo de hacer algo en concreto para mejorar este mundo caído puede conducirnos a actitudes y hechos que al momento parecen ayudar, pero en verdad pueden ser insensatas a largo plazo, especialmente para la eternidad. Sin embargo, no hay enseñanza en la Escritura – explícita o implicada– a favor de esfuerzos organizados para influir la postura y las prácticas del gobierno.

    En las páginas 119-120 del mismo libro, comenta acerca de las raíces católica romanas del activismo político.

    Los activistas cristianas de hoy pueden argumentar que la separación y piedad que ellos combaten con su activismo eran las cosas que causaron el colapso del imperio romano. Se equivocan porque no toman en cuenta la corrupción que la “cristianización” del imperio trajo a la iglesia. El imperio fue debilitado por su alianza con el cristianismo. El genuino cristianismo del Nuevo Testamento no está diseñado para gobernar a una sociedad secular, y nunca fue la intención divina que la iglesia entrara en colaboración con el mundo para hacer eso. Nada parecido en absoluto puede ser hallado en la conducta de Cristo, y Él es nuestro ejemplo perfecto.
    En algunos aspectos, la iglesia del siglo IV estaba mejor que en los siglos previos cuando sufría persecución. Los cristianos podían congregarse libremente para adorar juntos, edificar y animarse unos a otros. Antes no era así, pues tenían que hacer todo en secreto y bajo circunstancias difíciles. Ahora era también posible predicar libremente el evangelio...
    Pero pese a tales ventajas, a la larga la asociación entre la iglesia y el mundo romano no fue bueno ni para el cristianismo ni para el imperio. Lo que al principio parecía a muchos como una bendición otorgada a la iglesia, realmente resultó ser una oportunidad única aprovechada por Satanás para pervertir la verdad. Con la asociación entre la política y la religión, lo que beneficiaba a uno también beneficiaba al otro. Como consecuencia, consideraciones políticas comenzaron sutilmente a influir la vida y doctrina cristiana, porque lo que favorecía al estado ocupaba un lugar prominente en asuntos eclesiásticos. La iglesia segaría el fruto amargo de descuidar la solemne advertencia de Santiago: “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Stg. 4:4).                                
    Ningún sistema político o religioso puede erradicar el pecado, cambiar la naturaleza humana ni jamás traerá el Milenio, aquel glorioso y literal reino de mil años de Cristo. El posmilenarismo y el reconstruccionismo enseñan que los cristianos deben tomar control del mundo y reformarlo mediante el esfuerzo unido de la iglesia y el estado. Proponen algo parecido al experimento de Juan Calvino con el gobierno de Ginebra, olvidando los errores, abusos y fracasos de ese sistema. También ignoran u ofrecen interpretaciones erroneas de las claras afirmaciones bíblicas acerca del rumbo descendiente de la historia y la ruina final de todo sistema de este mundo. ¡La corriente de la historia de este mundo avanza constantemente hacia el anticristo! Todo sistema político es un río tributario que desemboca al final en el gobierno de la trinidad satánica. Cuando eso suceda, Dios no hará una campaña de publicidad para persuadir a la mayoría a cambiar, sino traerá un final violento al sistema de este mundo, diseñado y encabezado por el diablo, e instalará el reino eterno prometido en Daniel 2:44, “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. ¡El Milenio sólo será el comienzo! El futuro de la política es ser despedazado, desmenuzado y consumido. La escritura está sobre la pared, y dice: “MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN... Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin... Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto”. Excepto esta vez no será dado a los medos y persas, sino al Rey de reyes y Señor de señores, el Señor Jesucristo.
    Citamos nuevamente del excelente libro de John Walvoord: The Millennial Kingdom (“El Reino Milenario”), pág. 134:

    El concepto premilenario de la edad corriente hace del periodo entreadvenimiento algo único e impredecible en el Antiguo Testamento. La edad presente es cuando el evangelio es predicado a todo el mundo. Relativamente pocos son salvos. De hecho, marchando el tiempo, el mundo se vuelve todavía más malo. La vista premilenario no alberga ideas de una edad de oro antes de la segunda venida, ni presenta mandamiento alguno a mejorar la sociedad. Los apóstoles particularmente guardan silencio resepecto a programas políticos, sociales, morales o de mejora física del mundo inconverso. Pablo no realizó ningún esfuerzo para corregir los abusos sociales ni para influir para bien al gobierno político. El programa de la iglesia primitiva consistía en evangelización y enseñanza de las Escrituras. La misión era salvar almas y rescatarlas del mundo, no rescatar al mundo. No era posible ni estaba en el programa de Dios que esta edad llegara a ser el reino de Dios en la tierra.
    El mismo Señor Jesucristo personalmente introducirá aquella era bendita cuando venga a reinar con gran poder y gloria, y Sus santos con Él. Hasta entonces nos toca evangelizar, enseñar y esperar. Dios ya ha decidido qué hacer y lo ha decretado (Sal. 2:6-7). En el Salmo 110:2 leemos: “Domina en medio de tus enemigos”. No nos toca a nosotros ahora dominar en medio de nuestros enemigos. Los versículos 5 y 6 dicen: “Quebrantará a los reyes en el día de su ira. Juzgará entre las naciones”. Al creyente no le toca quebrantar reyes y gobiernos, ni participar en revoluciones. Lo suyo es orar, pagar tributos, honrar y obedecer. Pero un día Dios mandará al Rey y le pondrá sobre Su santo monte de Sión. No consultará a la O.N.U. ni el “grupo de ocho” (G-8) ni a ningún otro grupo. No habrá campaña, referendum, ni acuerdos y pactos a puerta cerrada con los corredores de poder. Las oraciones de los creyentes a lo largo de los siglos serán por fin contestadas. “Venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mt. 6:10).
    La historia demuestra que los políticos reorganizan los problemas, los dan un sesgo positivo, o echan la culpa a otros. Tal vez por eso escuchamos dichos como éste: “Los políticos son los mismos perros llevando distintos collares”. Como mucho pueden tratar los síntomas del pecado, y a plazo corto tal vez impedir un poco el avance del mal, pero no lo pueden eliminar. Por lo tanto, el creyente que se involucra en la política y el gobierno de este mundo verá todo su tiempo, dinero y eficacia espiritual desaparecer en ese “agujero negro”, cuando podía haber invertido todo en el evangelio que es el poder de Dios para salvación (Ro. 1:16) y da resultados eternos. La política no puede dar resultados así. ¿Por qué? Porque el problema básico de la humanidad es de naturaleza espiritual, y no tiene relación alguna con la ciencia política. Si alguien tiene pulmonía, necesita medicina interna, no un parche. El evangelio ofrece la medicina interna tan necesitada, pero la política sólo ofrece una cajita de parches.
 
Carlos Tomás Knott, del libro El Cristiano Y La Política
www.editorial-berea.com

viernes, 30 de octubre de 2015

EN ESTO PENSAD -- noviembre 2015

Dios Dará La Recompensa

Lucas Batalla

Texto: Efesios 6:7-8

El buen servicio es importante para el Señor. “Sirviendo de buena voluntad” habla no sólo de nuestro servicio sino también de la actitud con la que servimos. La buena voluntad es la disposición a servir, el deseo, el ánimo, la atención a la calidad del servicio y el interés sincero en agradar a aquel que es servido. En el último análisis, servimos al Señor, y con esto cualquiera debe tener suficiente motivación. Servimos al Señor en cosas sencillas como nuestros tareas cotidianas, y le servimos cuando asistimos a las reuniones con los hermanos para la alabanza, la oración y el estudio de Su Palabra. Le servimos cuando testificamos, y cuando dedicamos tiempo diariamente a la lectura de Su Palabra y la oración privada. Además de esto, surgen oportunidades para servir al Señor todos los días, en nuestro roce con los demás en el curso de la vida. Nos gustaría ver en seguida la recompensa, pero no siempre es así.
    Se cuenta de un pobre hombre campesino que un día caminaba en el campo oyó voces pidiendo socorro, y rescató a un joven, salvándole la vida. Resulta que el padre del joven era un nombre rico, un noble,  que vino a expresar su gratitud y a recompensarle. Pero aquel campesino dijo que no hacía falta ninuna recompensa ya que sólo había cumplida con su deber, lo que cualquiera hubiera hecho. Entonces el noble ofreció costear la educación del hijo del campesino, y éste aceptó. Su hijo, gracias a esta recompensa, llegó a cursar estudios universitarios y se hizo médico. Luego en sus investigaciones descubrió una medicina que salvó muchas vidas. Así que, sea parábola o historia verídica, esto ilustra la ley de la recompensa, de la siembra y la cosecha.
    No hay nada que hagamos sirviendo de buena voluntad que quede sin recompensa. La ley de la siembre y la cosecha funciona, pero no siempre da fruto instantáneamente. No obstante, aunque tarde en venir, la recompensa llegará, porque Dios lo promete. El versículo 8 promete: “el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor”. No siempre vamos a recoger de donde hemos sembrado, pero el Señor asegura que recogeremos, y Su promesa no falla.
    Hebreos 6:10 dice que “Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún”. Como creyentes servimos al Señor sirviendo a los santos. Y hermanos, tenemos tantas oportunidades todos los días, que nadie tiene excusa para ir al cielo con las manos vacías. Quitemos nuestros ojos de nosotros mismos y miremos alrededor las oportunidades que todos los días tenemos. Lucas 6:38 exhorta: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. También está hablando de la recompensa. Dios dice que “con la misma medida” nos recompensará, y esto debe hacernos pensar. Es una promesa y también una advertencia. Si somos parcos y mezquinos, entonces en la misma manera que hemos dado o rehusado, nos volverán a medir. ¡Cuidado! Es una lección que nos urge aprender, pero aparentemente hay quienes no creen, o no quieren aprenderla. Dios nos manda ser generosos y dar con buena medida. “Dad, y se os dará”.
    Habrá reconocimiento y recompensa, a veces aquí y ciertamente en el cielo. El que siembra abundantemente va a recibir de la misma manera. Dios explicó en Malaquías que no pudo bendecir a Su pueblo porque ellos eran mezquinos, engañadores y ladrones en las ofrendas y los diezmos. Hoy hay iglesias que Dios no puede bendecir porque no ofrendan como deberían, y no cuidan bien a los siervos de Dios. 2 Corintios 9:6-11 señala un principio importante para las iglesias. El versículo 6 afirma: “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. No podemos sembrar un grano de trigo y luego esperar cosechar todo un campo de trigo. Ni podemos ofrendar de forma “simbólica”, negar el cuidado de los siervos de Dios y luego esperar una gran recompensa. Dios es generoso y quiere que Su pueblo también lo sea. En el versículo 7 aprendemos que Dios ama al dador alegre. Esto sigue la idea de Efesios 6:7, de la "buena voluntad”. En el versículo 8 habla de abundar para toda buena obra. Los versículos 9-10 prometen que Dios proveerá y multiplicará el fruto si sembramos así. El versículo 11 habla de “liberalidad” y asegura que las ofrendas que son así producirán acciones de gracias. La recompensa será como el servicio, y una de las maneras de servir a Dios es con nuestras ofrendas.
    Es cierto que va a redundar si hacemos lo que Dios dice. Gálatas 6:9-10 nos instruye: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”. No nos cansemos de hacer bien, ni de servir bien. Aprovechemos todas las oportunidades que tenemos. “A todos” dice, y aunque no lo agradecen los del mundo, Dios sí, y en el cielo nos recompensará. Los hombres olvidan, pero Dios nunca lo hace. Y termina diciendo: “mayormente a los de la familia de la fe”. Porque la casa del Señor debe tener gran prioridad en nuestro servicio, incluso en nuestras ofrendas. Ser tacaños con nuestros hermanos, dejándolos pobres y necesitados, es una señal de problemas de corazón. Que el Señor nos ayude a recordar que en nuestro servicio le estamos sirviendo a Él, para que lo hagamos de buena manera y de buena voluntad. Él nos ayudará, si tomamos este compromiso. Que así sea para Su gloria. Amén.
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¿REALMENTE CREEMOS 
QUE ÉL VIENE PRONTO?

“Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados” (1 Jn. 2:28).
    La fecha de esa venida nos es ocultada. Ningún hombre puede decir cuándo Él vendrá. Vela y está siempre preparado, para que no seas avergonzado en Su venida. ¿Debe el cristiano entrar en la compañía y las diversiones mundanas? ¿No estaría avergonzado si viniera su Señor y le hallara entre los enemigos de la cruz? No debo ir a donde me daría vergüenza ser hallado cuando venga repentinamente mi Señor”.

C. H. Spurgeon, 12 Sermones Sobre La Segunda Venida de Cristo, Baker, pág. 134.

“La venida inminente de Cristo debe tener un efecto práctico increíble en las vidas de cristianos individuales y también la iglesia como entidad. El hecho de que el glorificado y santo Hijo de Dios podría venir por la puerta del cielo en cualquier momento, debería según Dios ser una motivación fuerte e incesanta para vivir en santidad y servirle agresivamente (incluso misiones, evangelización e instrucción bíblica). También debería ser gran remedio para la letargia y apatía. Debería hacer una gran diferencia en los valores, las prioridades y las metas de todo cristiano”.

Renald Showers, págs. 255-6 del libro, Maranatha, Our Lord Come! 
(“Maranata, ¡Ven Señor Nuestro!”)
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 LA CRUZ Y LA VARA: COSAS DISTINTAS
 
A. W. Tozer
La cruz y la disciplina están muchas veces juntas en las Escrituras, pero no son la misma cosa. La disciplina es impuesta sin el consentimiento del que la sufre. La cruz no puede ser impuesta por otro. Aun Cristo sufrió la cruz por Su sola y libre elección. Hablando de su vida que pondría en la cruz dijo: "Nadie me la quita; yo la pongo de mi mismo". El tuvo muchas oportunidades de escapar de la cruz, "pero afirmó su rostro como diamante, y se encaminó a Jerusalén". La única compulsión que conoció fue la compulsión del amor.
        El castigo es un acto de Dios; el llevar la cruz es un acto del cristiano. Cuando Dios en su amor pone la vara de corrección en las espaldas de Sus hijos, no les pide permiso. El castigo sobre el creyente no es voluntario, excepto en que él acepta la voluntad de Dios con el consentimiento de que la voluntad de Dios incluye castigo. "Porque Dios al que ama, castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo. Si soportáis el castigo. Dios se os presenta como a hijos, porque, ¿qué padre es aquel que a su hijo no castiga?"
         La cruz nunca viene insolicitada; la vara siempre lo hace. "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz, y sígame". Aquí hay una clara, inteligente decisión, una decisión que debe ser hecha por el individuo con determinación y reflexión. En el reino de Dios nadie se encuentra de sorpresa con una cruz.
         Pero, ¿qué es la cruz para el cristiano? Obviamente no es el instrumento de madera que los romanos usaban para ejecutar la sentencia de muerte a los acusados de crímenes capitales. La cruz es el sufrimiento que el cristiano soporta como consecuencia de seguir a Cristo en perfecta obediencia. Cristo eligió la cruz al elegir el camino que conducía a ella: y así es con Sus seguidores. En el camino de la obediencia encontramos la cruz, y tomamos la cruz cuando entramos en ese camino.

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EL INFIERNO

¡Infierno! La prisión del desespero,
Voy a mostrarte algunas cosas que no encontrarás allí:
No habrá flores que se abran a los lados del Infierno,
Ni bellezas naturales a las que aquí tanto amamos,
No hay consuelos hogareños, músicas ni canciones,
No hallarás gozo amistoso entre aquellas multitudes;
Ni chiquillos que alegren la pesada y larga noche;
Ni una cariñosa sonrisa en la región de las noches;
No hay gracia, no hay perdón, misericordia y compasión.
Tampoco hay agua, oh Dios, ¡qué terrible lugar!
Los remordimientos del perdido nadie puede explicar,
Ni un momento de alivio,
¡No hay descanso en el Infierno!

¡Infierno! La prisión del desespero,
Te mostraré algunas cosas que allí estarán:
Fuego y azufre sabemos que hay,
Pues Dios en Su Palabra nos dice así,
Memoria, remordimiento, dolor y sufrimiento,
Llanto y gemido, mas todo en vano;
Blasfemos, maldicientes, aborrecedores de Dios,
Los que a Cristo rechazaron mientras en la tierra andaban;
Asesinos, jugadores, borrachos y mentirosos,
Tendrán en el lago de fuego su parte;
El sucio, el vil, el cruel y mezquino,
¡Qué horrorosa multitud será vista en el Infierno!
Sí, más que lo que cualquier humano 
sobre la tierra pueda describir,
¡Son los tormentos y desgracias del Infierno eterno!


                                                                                          - autor desconocido -


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 LAS CONTRIBUCIONES DE
LAS HERMANAS EN LA IGLESIA

 
Robert Gessner (1930-2014)

Introducción

    Si miramos en los libros acerca de la historia de la Iglesia, vemos nombres como Ignacio, Policarpo, Orígenes, Agustín, Wyclif, Tyndale, Lutero, Zwinglio, Darby, Wesley, Edwards, Spurgeon, Moody y la lista sigue. Los nombres mencionados son casi exclusivamente los de hombres, y rara vez hallamos el nombre de una mujer. Basándonos en esto, podríamos concluir que las mujeres han tenido un papel muy insignificante en los planes de Dios para avanzar Su programa. ¿Es válida tal conclusión? En primer lugar, nadie sino Cristo ocupa un lugar significativo en el programa eterno de Dios. Los siervos de Cristo, sean hombres o mujeres, deben esconderse en Él. Sin Su poder, sabiduría y guía, el siervo se vuelve un débil vaso de barro. “Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Col 1:18).
    Al estudiar en la Biblia los vasos humanos que Dios ha empleado, nos damos mucha cuenta de que Dios ha empleado a mujeres de muchas maneras maravillosas. Al principio, Dios declaró a la serpiente: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya” (Gn. 3:15). Y esa Simiente herirá la cabeza de la serpiente. Aunque la mujer fue hecha de la costilla del hombre, el varón Simiente que librará a la humanidad caída vendría de la mujer. Pasaron siglos, y Elisabet, llena del Espíritu Santo, dijo a María: “Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre” (Lc. 1:42). Y fue dada a aquella mujer humilde y apacible el ministerio más privilegiado que jamás ser humano alguno ha recibido de Dios. Ella dio a luz al Hijo de Dios, nuestro Redentor y la Fuente de toda nuestra bendición. Estudiando, se nos aclara también los que buscan el lugar más humilde son los instrumentos humanos del poder y la gloria de Dios que Él usa más y mejor. A diferencia de los imperios políticos y comerciales de este mundo, la grandeza en el reino de Dios viene a los que se humillan y están dispuestos a servir sin reconocimiento. Hay miles de mujeres que han servido en esta capacidad. Jesucristo dijo: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (Mt. 20:25-27). El siguiente relato ilustra por lo menos catorce maneras en que Dios ha usado a mujeres en la Biblia y sigue usándolas así hoy en la iglesia.
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    Donna, una muchacha de 15 años de edad, asistía a la reunión de jóvenes cada mes en su congregación, como era su costumbre, el último sábado de cada mes. Sus padres estaban en casa esperando su llegada, y disfrutaban escuchándole contar acerca de la reunión. Generalmente, llegaba a casa animada y con ganas de hablar. Pero esa noche abrió la puerta silenciosamente y caminaba hacia su habitación sin decir nada. Viendo que algo pasaba, su padre le invitó a sentarse y hablar de lo que le pasaba.  Entonces les contó que su amiga Luisa había venido a la reunión. Luisa y su familia siempre venían a todas las reuniones, pero hacía tres meses que dejaron de venir, y ahora asistían a una iglesia evangélica muy grande en otra parte de la ciudad. Donna dijo a sus padres: “Luisa me dijo esta noche la verdadera razón por la que se fueron de nuestra asamblea. Dijo que su madre opina que nuestra asamblea ha degradado a la mujer y le ha hecho una ciudadana de segunda categoría. No se le permite hablar en público; no puede ocupar ningún puesto de liderazgo; tiene que sentarse con las manos juntas en las reuniones, y con su cabeza cubierta como una esclava romana. Volviendo a casa, empezaba a pensar en esto, y Papá, realmente me molesta. Sé que la madre de Luisa rehusa aceptar el lugar de la mujer en la iglesia como la Biblia enseña. Sé lo que la Biblia dice, y no quiero tomar el lugar de los hombres en la asamblea. Pero, Papá, ¿qué debo hacer? ¡Me estoy haciendo mayor y quiero hacer algo para el Señor!”
    Papá pensaba en las veces que había tratado ese tema con Donna en sus devociones familiares a lo largo de los años. Su reacción inmediata era molestarse porque pensaba que ella debía saber las respuestas a esa cuestión. Como muchos padres, pensaba que si él lo había enseñado, entonces debe ser claramente entendido. Pero al levantar su corazón a Dios, dejó de sentir molestia, y el Espíritu de Dios le hizo ver la necesidad en la vida de Donna. Su amiga Luisa le había planteado un problema, un reto, y era su responsabilidad fortalecerla mediante la Palabra de Dios. “¿Sabes lo que me gustaría hacer, Donna? Me gustaría tomar las siguientes dos semanas en nuestro tiempo devocional de familia para hablar de algunas de las hermanas que yo he conocido en las asambleas y hablarte de cómo Dios las ha usado. Quizás al oir de ellas, Dios pondrá en tu corazón algo que podrás hacer para Él”. Y así acordaron que durante las siguientes dos semanas meditarían ese tema. Sentámonos con ellos para escuchar las historias contadas.

    LA PRIMERA NOCHE: Leyeron de Lucas 8, acerca de dos mujeres llamadas Juana y Susana que servían al Señor de sus bienes. “Conocí una vez a una mujer como Juana”, dijo Papá. “Cuando preparaba una comida, solía hacer extra y llevarla a la casa de algún hermano o hermana necesitada en la iglesia. Fue de su mesa a otra mesa. Y también conocí a una Susana. Cuando visitaba una casa y veía algún trabajo que necesitaba hacerse allí, puso manos a la obra y lo hizo como mejor podía”. Esas son mujeres que usan cualquier recurso que Dios les ha dado para ministrar a las necesidades de los demás. Son las “Florence Nightingale” de hoy, y muchos santos escuchan para oir sus pisadas acercándose a su puerta, y susurran una oración de gratitud a Dios por el toque de esas manos que alivian las necesidades en la vida.

    LA SEGUNDA NOCHE: Esa noche leyeron la historia de Dorcas en Hechos 9. Esa mujer estaba llena de buenas obras y limosnas. Cuando murió, las viudas estuvieron a su lado llorando y mostrando los vestidos que Dorcas les había hecho cuando estaba con ellas. Algunas hermanas se hacen distribuidores de ropa nueva y usada en la asamblea, a niños y también a adultos. “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino...Porque ...estuve desnudo, y me cubristeis...Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos ...desnudo, y te cubrimos?... Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mt. 25:34-40).

    LA TERCERA NOCHE: Leyeron juntos el pequeño relato acerca de Febe en Romanos 16:1-2. El apóstol Pablo se refiere a ella como: “nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea...ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo”. Ahora bien, la palabra “diaconisa” simplemente significa: “servidora”, no es un oficio ni título en la iglesia. No dice de cuántas maneras Febe ayudó, pero Papá recordó a Donna un hogar de ancianos no muy lejos de la casa de ellos llamado: “Hogar de Febe”. Estaba lleno de personas enfermas y parece que recordaban a Febe como persona que pasaba horas visitando a los enfermos. Sólo la eternidad revelará cuántas personas que sufrían de enfermedades han sido consoladas por el toque de la mano de una hermana, por sus oraciones o por una lectura de una porción de las Escrituras.

    LA CUARTA NOCHE: Hechos 18 fue leído en esa ocasión, y a Donna se le explicó el ministerio de Priscila, la esposa de Aquila. Dondequiera que iba Aquila, Priscila le seguía. Servía acompañando y ayudando a su marido, y Pablo los llamó: “mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles” (Ro. 16:3-4). Las hermanas casadas pueden aportar un ministerio muy importante si animan a sus maridos a seguir adelante en los caminos del Señor. Papá contó a Donna que él creía que había una esposa apoyando a cada hermano que servía en su asamblea. La esposa puede ayudar o impedir a un hombre respecto a su ministerio en la asamblea.

    LA QUINTA NOCHE: Esa vez leyeron algunos pasajes bíblicos acerca de la vida de Marta. “...Y una mujer llamada Marta le recibió en su casa” (Lc. 10:38). “Y le hicieron allí una cena; Marta servía” (Jn. 12:2). Era una mujer dada a la hospitalidad, y buena cocinera dispuesta a servir. Papá señaló que uno de los requisitos de un anciano es que sea hospitalario (1 Ti. 3:2). Esto sería imposible sin una esposa hospitalaria. Dicen que el camino al corazón del hombre es por el estómago, y sólo Dios sabe cuántos santos han sido calentados y bendecidos alrededor de la mesa, disfrutando de la comida preparada por las manos de una hermana amante.
continuará, d.v. en el siguiente número


El amado y estimado hermano Gessner, además de profesor en escuela pública, era maestro de la Palabra de Dios y anciano en la asamblea en Allentown, Pennsylvania durante muchos años.
Escribió varios libros y muchos artículos de edificacón.

sábado, 2 de julio de 2011

EN ESTO PENSAD -- JULIO 2011

El Hades Y El Infierno

William MacDonald


Hay una diferencia entre el Hades y el infierno. Las palabras en el idioma original del Nuevo Testamento son distintas y tienen sentidos distintos. No pueden ser empleadas intercambiablemente. El Hades es temporal, mientras que el infierno es eterno. “Hades” es la misma palabra que seol en el Antiguo Testamento, pero “infierno” es lo mismo que Gehena y el lago de fuego. El Hades ha sido comparado a una cárcel municipal donde los presos son guardados hasta el juicio. Es un lugar de detención temporal. El infierno es como el centro penitenciario donde se lleva a cabo la sentencia judicial.
El Hades
Primero, consideremos el Hades. A veces parece referirse a un lugar de sufrimiento, a veces a la tumba, y a veces al estado incorpóreo. Si es un lugar, no hay nada que indique dónde está. El trato más completo del Hades está en Lucas 16:19-31 donde leemos que un rico incrédulo abrió sus ojos en el Hades. Obviamente su cuerpo estaba en el sepulcro, y su alma estaba en el Hades. Sin embargo, en esta condición consciente, tenía inteligencia, memoria y podía ver el otro lado de una gran sima y ver el cielo o el paraíso. Estaba sufriendo tormento del calor y de la sed. Tenía celo evangelístico porque deseaba que alguien testificara a sus cinco hermanos para que ellos no fuesen a aquel lugar de tormento. Aquí se dice específicamente que el Hades es un lugar de tormento. No hay escapatoria de él.
Pero en Hechos 2:27, no es tanto un lugar como un estado o condición. Pedro cita el Salmo 16:10 y lo refiere a la resurrección de Cristo.
“Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción”. 
Aquí el Hades no puede ser un lugar porque cuando el Señor Jesucristo murió, Su espíritu y alma fueron al paraíso (Lc. 23:43), que es lo mismo que el tercer cielo (2 Co. 12:2; compare el v. 4), que es la morada de Dios. Pero podría referirse al estado incorpóreo. Dios no permitió que Su alma quedara en esta condición, ni permitió que Su Santo, esto es, el cuerpo del Salvador, viera corrupción. La expresión: “su Santo”, debe referirse al cuerpo porque es la única parte del hombre que se corrompe cuando muere. Pedro anunció con denuedo que el alma del Señor no fue dejada en el Hades (Hch. 2:31). Al tercer día Su espíritu y alma fueron reunidos con Su cuerpo glorificado.
Otro pasaje que retrata el Hades como el estado incorpóreo es Apocalipsis 20:13-14.“Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Ésta es la muerte segunda”. 
La escena es el juicio final de los malos. El Señor Jesucristo es el Juez, el que tiene las llaves de la muerte y el Hades (Ap. 1:18). La muerte aquí se refiere a sus cuerpos, y el Hades se refiere a sus espíritus y almas. Los espíritus y las almas de todos los incrédulos son reunidos con sus cuerpos en el Juicio del Gran Trono Blanco, y las personas enteras son lanzadas al lago de fuego.
Otro pasaje en la que el Hades podría referirse al estado incorpóreo es 1 Corintios 15:55, aunque en la Reina Valera se traduce “sepulcro”. Unos manuscritos griegos ponen “thanatos” (muerte) y en otros la palabra griega es: “hades”, así que sepulcro es una traducción de una de estas dos palabras. “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro [hades], tu victoria?”
El texto parece un cántico de mofa que cantarán los creyentes en la venida de Cristo. Al subir sus cuerpos de la tumba, ellos recordarán a la Muerte que, sí, los tuvo por un tiempo, pero no podía retenerlos más. Y aunque el Hades retuvo sus espíritus y almas separados de sus cuerpos, su victoria fue fugaz.
En Apocalipsis 6:8, se nos presenta un jinete montando un caballo amarillo llamado Muerte, y el Hades le seguía. El resto del versículo explica que a la Muerte y al Hades fue dado poder para matar la cuarta parte de la población de la tierra. Aquí nuevamente la Muerte y el Hades parecen representar figuradamente la separación del alma y el espíritu del cuerpo, lo cual es la muerte.
A veces la palabra Hades es una metáfora para representar las profundidades de la humillación. Por ejemplo, la cuidad de Capernaum fue alzada al cielo en privilegio. Pero no apreció la presencia del Hijo de Dios, así que se le dijo que sería humillada hasta el Hades en vergüenza y destrucción (Mt. 11:23; Lc. 10:15).
La única otra referencia al Hades está en Mateo 16:18, donde Jesucristo garantizó que las puertas del Hades no prevalecerán contra la Iglesia que Él establece. Ningún ataque contra la Iglesia tendrá éxito final, mientras que se asegura la victoria de la Iglesia contra el Hades.

El Infierno
De las doce veces que aparece la palabra “infierno” en el Nuevo Testamento en la versión Reina Valera, once salen de los labios del Señor Jesús, el más compasivo de todas las personas. Después es nombrado por Santiago, el medio-hermano del Señor.
¿Qué podemos saber acerca de este terrible lugar? No fue preparado para el hombre, sino para el diablo y sus ángeles (Mt. 25:41). Dios no escoge este juicio para ninguna persona; al rehusar la gracia de Dios, la gente escoge para sí el infierno. Es un lugar donde hay lloro, llanto y crujir de dientes (Mt. 8:12; 22:13; 24:51; 25:30; Lc. 13:28). Se dice de los habitantes del infierno que su gusano (tormento) no muere (no cesa) y el fuego no se apaga (Mr. 9:46). El humo de su tormento asciende por los siglos de los siglos (Ap. 14:11).
El Señor Jesús repetidamente enfatizaba que es mejor entrar en la vida faltando parte del cuerpo que ser echado al infierno con el cuerpo entero (Mt. 5:29-30; 18:9; Mr. 9:43, 45, 47). Por supuesto que esto no significa que habrá mancos en el cielo. Significa que es mejor ejercer disciplina rígida sobre los apetitos del cuerpo en esta vida que mimar el cuerpo y sus pasiones y ser condenado eternamente.
Los creyentes no deben temer a los que pueden destruir el cuerpo, sino a Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno (Mt. 10:28; Lc. 12:5).
Cualquiera que mnifiesta un odio albergado hacia su hermano, llamándolo necio, está en peligro del fuego de infierno (Mt. 5:22). El ser mal hablado es como un infierno en su carácter (Stg. 3:6). Los pecados de los fariseos los hacían aptos para el infierno (Mt. 23:15, 33).

Tártaros
La palabra griega “tártaros”, traducida “infierno” a veces en 2 Pedro 2:4, parece tener un sentido especial para los ángeles caídos que pecaron. En Tártarus ellos son entregados a cadenas de oscuridad y reservados para el juicio.

El Purgatorio
Según la iglesia católica romana, “el purgatorio” es un estado o lugar de castigo después de la muerte, donde la persona que muere en la gracia de Dios puede expiar el “castigo temporal” que merecen sus pecados y así limpiarse para ganar entrada al cielo. Los fuegos del purgatorio deben tener un efecto purificador sobre el alma. También alegan que el tiempo en el purgatorio puede ser abreviado por las oraciones de los vivos y las misas celebradas por los difuntos. La Biblia jamás menciona un estado o lugar como el purgatorio. La palabra nunca aparece en la Biblia y la enseñanza es totalmente contraria a la verdad de plena salvación por la gracia por medio de la fe en nuestro Señor Jesucristo.
William MacDonald, de su libro: Here’s The Difference (“¿Cuál Es La Diferencia?”), capítulos de la 2º versión en inglés que no están en  español. Traducido por Carlos Tomás Knott
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"Sólo un a vida, pronto pasará,
Sólo lo hecho para Cristo durará".
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¿A QUIÉN HONRAMOS?

"Honrar" significa asignar un precio o valor, esto es, valorar o estimar, primero en la actitud y luego en los hechos. Consideremos unos ejemplos:
El Padre honra a Cristo.  Jn. 8:49
El Padre honrará a los que sirven a Cristo.  Jn. 12:26
Todos deben honrar al Hijo como al Padre.  Jn. 5:23
Los hijos deben honrar a sus padres con actitudes y hechos de obediencia.  Mt 15:4; 19:19; Mr. 7:10; 10:19; Lc. 18:20; Ef. 6:1-3
Los creyentes debemos honrar al rey y a todos los hombres.  1 P. 2:17
El matrimonio debe ser honroso en todos. He. 13:4
Los creyentes deben honrar a las viudas, cuidándolas. 1 Ti. 5:3
Los maridos deben honrar a sus esposas. 1 Ts. 4:4; 1 P. 3:7
Los ancianos de la iglesia, y los que "gobiernan bien", que reciban doble honor. 1 Ti. 5:17 
Los siervos (o empleados) cristianos deben honrar a sus amos (o jefes).  1 Ti. 6:1

Muchos practican el error de la mera profesión externa de honrar a Dios . Mt. 15:8; Mr. 7:6. Es fácil cantar cosas bonitas al Señor el domingo y decir altilocuencias, pero¿qué de la actitud y los hechos el resto de la semana? En la familia, hay hijos que sólo honran a sus padres el día de la madre o del padre, pero no diariamente en su actitud ni con sus hechos. Algunos maridos honran a su esposa sólo con la boca delante de otros, para dar una apariencia. Lo mismo suele pasar respecto a las viudas, los ancianos, los amos, el matrimonio, etc. Honrar comienza en el corazón. ¿Realmente honramos de corazón, con la actitud y el trato, o sólo de boca? Hermanos, Dios ama la verdád en lo íntimo, y Él no puede ser burlado.
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EL ÚNICO LIBRO PARA VIDA ETERNA


Durante un fuerte temporal, un barco alemán zozobró cerca de la costa española del Golfo de Vizcaya. Dias más tarde fueron hallados unos restos del barco hundido y ropas de marineros. En una chaqueta se halló un Nuevo Testamento, en el que estaba escrito: “Marcus Rottmann, Kolkwiese, 12, Hamburgo. Leído por primera vez por la súplica de mi hermana Lotte. Leído por segunda vez por el temor del juicio de Dios. Leído la tercera y todas las demás veces por amor a mi Salvador Jesucristo”.
Amigo, hay muchos libros y muchas filosofías que pretenden explicar el propósito de nuestra existencia y cómo debemos vivir. Pero fíjate en esto sólo hay un libro para vida eterna. Es la Sagrada Biblia. No es un libro escrito por hombres en el sentido de ser ellos los autores, sino el único libro que Dios comunicó y guió a los hombres a escribir conforme a Su voluntad para comunicar sólo y exactamente lo que Él quiere decirnos. En este libro no hay filosofías, es decir, teorías, sino verdades para ahora y para más allá de la muerte.
En el Evangelio según S. Juan, 8:12, dice:
“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.
Y en S. Juan 5:24 leemos:
“El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida”.
Y hay muchísimo más. Lo triste es que muchos tienen una Biblia o saben dónde encontrar una, pero no se toman la molestia de leerla, y sin embargo expresan sus opiniones sobre ella, ciertamente opiniones ignorantes aunque quizás bien intencionadas. Se dice que en España hay dos libros que casi todos tienen en sus casas pero casi nadie lee: El Quijote, y La Biblia. Siendo que en la Biblia hay promesas y consejos para la vida eterna, ¿por qué no decides hoy que la vas a leer? No te dejes guiar por lo que otros (tal vez también ignorantes) opinan sobre ella, sino leela por tu cuenta y luego decide. Podrías empezar leyendo en el mismo Evangelio según S. Juan. O atrévete a leer, como en marinero Marcus Rottmann, todo el Nuevo Testamento desde el principio hasta el final. No te va a hacer ningún daño, al contrario, encontrarás por qué decimos que es el único libro para vida eterna. ¡Anímate a hacerlo y comienza hoy, y que Dios te bendiga!

NO SOMOS LLAMADOS ni Testigos de Jehová, ni Mormones, ni Adventistas, ni otros. Somos cristianos según la Palabra de Dios, que amamos y confiamos en el Señor Jesucristo.
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LOS ORÍGENES OCULTISTAS 
DE LOS CUATRO TEMPERAMENTOS

Una investigación breve de la historia de los cuatro temperamentos es todo lo que se requiere para descubrir que sus orígenes yacen en mitos antiguos y prácticas del ocultismo. Desde los tiempos antiguos hasta la edad media, los médicos y los filósofos emplearon su comprensión de los cuatro “humores” (líquidos del cuerpo humano), los cuatro temperamentos y los signos del zodíaco para tratar las enfermedades y para comprender las diferencias entre las personas.
Los cuatro elementos básicos de la cosmología griega son fundamentales para la teoría de los cuatro temperamentos de la personalidad humana. Empédocles (495-425 a.C.), un filósofo griego, enseñaba que había cuatro elementos básicos en el universo: fuego, aire, tierra y agua. Cada uno de ellos tenía cualidades específicas que medían su nivel de calor, frío, sequedad y humedad. El fuego era caliente y seco; el aire era caliente y húmedo, la tierra era fría y seca y el agua era fría y húmeda.1 Debido a la mezcla de cosmología con mitología, cada elemento también tenía su dios o diosa correspondiente. Escribiendo acerca de los cuatro elementos, Empédocles dijo: “Por lo tanto, primero déjame informarte acerca de todo lo que hay en esas cuatro raíces: Zeus el resplandeciente; Hera, la que trae vida, Aïdoneus, y Nestis quien en sus lágrimas está derramando para el hombre una fuente de vida”.2
Zeus es el fuego, Hera es el aire, Aïdoneus es la tierra y Nestis es el agua. Los cuatro elementos básicos y sus cualidades también formaban parte de la astrología griega primitiva.3
Más tarde, Hipócrates (460-336 a.C.) amplió la teoría de Empedocles acerca de cuatro elementos, y enseñaba que había cuatro líquidos (o humores) del cuerpo que corresponden a los cuatro elementos: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema. Según su teoría, la salud dependía del equilibrio de esos humores en el cuerpo y las enfermedades procedían de un desequilibro entre los mismos.4 Hipócrates también enseñaba que existía una relación entre los líquidos del cuerpo y las estaciones del año, junto con variaciones de cada líquido correspondiente a las diferencias entre las estaciones. Por ejemplo, alegaba que se observaba un aumento en flema durante el invierno y que su temporada baja era el verano 5 (¿Tal vez una teoría primitiva acerca del resfriado común?).
Hipócrates creía que la gente tenía proporciones diferentes de los humores y que un humor era más o menos dominante. Así que en su esquema de las relaciones entre los elementos y sus cualidades, los líquidos (humores) y las estaciones estarían organizados así:

Elemento Cualidades                 Humor              Tipo Estación
Aire                Caliente/Húmedo     Sangre              Sanguinario Primavera
Fuego Caliente/Seco            Bilis Amarilla   Colérico Verano
Tierra Fría/Seca                   Bilis Negra        Melancólico Otoño
Agua Fría/Húmeda              Flema                Flemático Invierno

Generalmente es a Hipócrates a quien se le atribuye la teoría humoral-temperamental de la personalidad, debido a que él conectó los tipos con los estados mentales y físicos. Por ejemplo, la sangre, siendo caliente y húmeda, daba el color rosado a la cara y proporcionaba un temperamento alegre (sanguinario).  En cambio, la flema, siendo fría y húmeda, producía en la piel un aspecto pálido, sin color, como agua, y un temperamento blandengue o perezoso. Pero Hipócrates se dedicó principalmente a la relación entre los humores y las enfermedades. Y aunque  desarrolló el concepto original de una correspondencia entre los líquidos del cuerpo y los cuatro elementos y veía relación entre los humores y el temperamento, no desarrolló plenamente la teoría de los temperamentos de personalidad.
Otras personas continuaban usando esa teoría como base y edificando sobre las tesis originales de Hipócrates. Por ejemplo, Platón (427-347 a.C.), quien había estudiado bajo Sócrates, contendía que el estar fuera de sí resultaba de contacto de los humores malos con el alma mortal del hombre.6 Platón enseñaba que las cualidades de los elementos y la constitución de los humores tenía una relación directa con el comportamiento. Alegaba que: “La verdad es que la intemperancia del amor es una enfermedad del alma que es debida principalmente a la humedad y la viscosidad que es producida en uno de los elementos por la poca consistencia de los huesos”.7
Platón continuaba así en su diálogo erróneo, argumentando que el mal comportamiento era debido al menos en parte a la condición del cuerpo: “Porque ningún hombre es malo voluntariamente; sino que los malos llegan a ser así debido a una disposición mala del cuerpo, y la mala educación; cosas que son desagradables pero que acontecen a cada hombre en contra de su propia voluntad”.8
A continuación Platón explicaba cómo acontecía eso: “Porque donde el ácido y salado flema y otros humores amargos y bilosos vagan en el cuerpo sin encontrar salida ni escape, sino que están encerrados allí y mezclan sus propios vapores con la moción del alma, y son mezclados...siendo llevados a los tres lugares del alma...ellos ocasionan una variedad infinita de mal humor, estado melancólico, imprudencia y cobardía, el ser olvidadizo y los estados de estupor”.9
Aristóteles (384-322 a.C.),  alumno de Platón, creía que la forma del cuerpo reflejaba también las actividades del alma. Él se interesaba por cómo los humores estaban involucrados en la formación del cuerpo y de la mente. Asociaba la sangre caliente y espesa con fuerza y la sangre fría y menos espesa con inteligencia.10
Aristóteles también escribía extensamente sobre la relación entre la bilis negra y un temperamento melancólico.11 Debido a que estaba muy convencido de la teoría humoral de Hipócrates, Aristóteles concluía que los males mentales y emocionales tenían un origen físico.12
Claudio Galen de Pérgamo (130-200 d.C.) fue el médico que avanzó en la teoría de Hipócrates y las difundió en el mundo romano. Él edificaba sobre las teorías originales de Hipócrates y escribía más extensamente sobre la relación entre los humores y los temperamentos. Buscaba explicar las diferencias de emociones y conducta entre las personas y desarrollar tratamientos adecuados para los distintos temperamentos.13 De hecho, algunas de sus descripciones de características fisiológicas y su relación con la personalidad eran bastante detalladas. Supuestamente, todo podía ser explicado mediante un equilibrio entre los humores y las cualidades de calor, frío, sequedad y humedad. Por ejemplo, Galen escribió así:
“Los que son más calurosos también son más peludos e irascibles... Si sus muslos manifiestan pelo denso entonces son muy lujuriosos... Pero si alguien tiene mucho pelo sobre su pecho, no es que su cuerpo sea necesariamente más caluroso, porque la mayor parte de su calor está en su corazón y por eso él es más apasionado... Pero si su piel es lampiña, lisa y blanca, entonces viene a ser cobarde, tímido y pasivo”.14
Galen combinó las cualidades elementales y los humores corporales con características más específicas de la personalidad. Brevemente, su esquema parecería así:
Elemento        Cualidad                    Humor              Tipo Rasgos
Aire                   Caliente/Húmedo  Sangre              Sanguinario Alegre, caluroso
Fuego               Caliente/Seco          Bilis amarilla   Colérico Enojado
Tierra              Fría/Seca                   Bilis Negra       Melancólico Melancólico, triste
Agua                Fría/Húmeda            Flema                Flemático Plácido, perezoso

La misma palabra temperamento viene de la palabra latina, temperamentum, que significa “mezcla correcta”. La idea era que si los líquidos del cuerpo son templados, es decir, reducidos en su intensidad mediante un equilibrio entre los humores, entonces el resultado es la salud. Ya que los primeros griegos y los romanos creían que los líquidos corporales eran influídos por la presencia universal de los cuatro elementos (aire, fuego, tierra y agua), ellos también creían que el equilibrio personal podría ser alterado por los cambios atmosféricos. Incluso pensaban que la posición de los planetas alteraba los líquidos en el cuerpo para bien o para mal porque creían que existía “una relación directa entre el macrocosmos del universo y el microcosmos del organismo”. Además, ellos creían que “los contrarios deben ser curados por sus contrarios”.15 Esto es muy similar al concepto astrológico de las polaridades y los intentos modernos de equilibrar los rasgos negativos de la personalidad con los rasgos contrarios u opuestos.

Asociación Temprana Con La Astrología

La teoría de la personalidad asociada con los cuatro temperamentos fue enlazada íntimamente con otro sistema correspondiente de personalidad: los signos astrológicos del zodíaco. La Enciclopedia de Psicología afirma:
“Aunque los cambios en la presentación de los astros fueron estudiados primeramente para hallar en ellos algo que afecta la vida del grupo, una racional para la relación entre tipos de personalidad y la fecha de nacimiento comenzaba a evolucionarse bien antes del principio de la era cristiana. En el centro de la panorámica astrológica de la personalidad está el sistema de 12 patrones o tipos que corresponden a los 12 signos del zodíaco. Los 12 tipos pueden ser considerados como teniendo tres modos de expresión de cada uno de los cuatro elementos apuntados por Empédocles, como para decir que hay tres signos para aire, tres para tierra, tres para fuego y tres para agua. Esa tipología ha gozado de popularidad por más de 2.000 años”.16
Los  doce tipos de personalidad zodíacos son arreglados en cuatro grupos conteniendo tres signos en cada grupo. Esos son llamados trigones o triplícitos. Cada triplícito corresponde a uno de los cuatro elementos de Empédocles. Además, cada triplícito corresponde a uno de los cuatro humores de Hipócrates. Y cada triplícito corresponde a uno de los cuatro temperamentos. De Empédocles a Galen, cada persona que desarrollaba esas categorías creía también en las influencias de los planetas y los astros sobre los elementos, los humores y los temperamentos. Todo esto sigue hasta hoy, y vergonzosamente, ¡entre los cristianos evangélicos!

traducido de artículos presentados por Martín y Diedre Bobgan
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Notas:
1. R.W. Lundin, “Humoral Theory” (Teoría Humoral), Enclyclopedia of Psychology, Tomo II.  Raymond Corsini, ed. Nueva York: John Wiley & Sons, 1984, p. 167.
2. Felix M. Cleve.  The Giants of Pre-Sophistic Greek Philosophy: An Attempt to Reconstruct Their Thoughts (Los Gigantes De La Filosofía Griega Pre-Sofista: Intentando Reconstruir Sus Pensamientos), Tomo II, The Hague, Países Bajos: Martinus Nijhoff, 1965, pp.342-343.
3. Louis MacNeice. Astrology (Astrología).  Londres: Bloomsbury Books, 1989, p.120.
4. Lundin, op.cit., p.167
5. Edwin Burton Levine.  Hippocrates.  Nueva York: Twayne Publishers, Inc., 1971, p.46.
6. K. J. Shapiro, “Mental Illness: Early History.” (Enfermedad Mental: Historia Antigua), Encyclopedia of Psychology, Tomo II, Raymond Corsini, ed. Nueva York: John Wiley & Sons, 1984, p.360.
7. The Dialogues of Plato (Los Diálogos de Platón), Tomo II, B. Jowett, trans. Nueva York: Random House, 1937, p.63.
8. Ibid.
9. Ibid.
10. Rudolph E. Siegel.  Galen on Psychology, Psychopathology, and Function and Diseases of the Nervous System (Galen sobre la Psicología, la Psicopatología, y Función y Enfermedades del Sistema Nervioso). Nueva York: S. Karger, 1973, p.174.
11. Stanley W. Jackson.  Melancholia and Depression: From Hippocratic Times To Modern Times (Melancolia y Depresión: De los Tiempos De Hippócrates a los Tiempos Modernos.). New Haven: Yale University Press, 1986, p. 5.
12. Shapiro, op. cit., p. 361.
13. Lundin, op. cit., p. 167
14. Siegel, op. cit., p.178.
15. Henry Sigerist.  A History of Medicine (Una Historia de la Medicina).  Nueva York: Oxford University Press, 1986, p.5.
16. R. W. Coan, “Personality Types” (“Tipos de Personalidad”).  Encyclopedia of Psychology, Tomo III.  Raymond Corsini, ed. Nueva York: John Wiley & Sons, 1984, p.24.


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