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miércoles, 31 de julio de 2024

EN ESTO PENSAD - agosto 2024

 Cristo en los Panes sin Levadura


Textos: Lv. 23.4-8; 2 Co. 5.21; 1 Jn. 3.5

El finado Sr. Arthur Gilmour ecribió que el Señor mencionó tres tipos de levadura. La levadura de los fariseos es la hipocresía; la de los saduceos es la incredulidad; la de Herodes es el poder mundano. Ninguna de esas cosas estaba en el Señor Jesucristo. Su vida y ministerio eran un ejemplo de integridad y confianza. Nunca disminuía Su confianza en Dios, y Su reino no era de este mundo.
    Su vida era una manifestación constante de la santidad práctica, y toda ella ascendía a Dios como olor grato. Era una vida de excelencia moral, sin igual y totalmente única. Él era el pan sin levadura, sin corrupción y sin el elemento del orgullo de la carne – un Hombre en constante armonía con la voluntad de Dios, en quién la desobediencia no pudo entrar. Aceptó voluntariamente la vida de dependencia en Dios, y los repetidos asaltos del príncipe del mundo no consiguieron nada en el Cristo impecable.
    La fiesta de los panes sin levadura transmite unas lecciones muy prácticas. El mandamiento dado fue: “siete días comeréis panes sin levadura” (Lv. 23.6). No se permitía la manifestación del mal en ningún día. Esto es un gran reto hoy para el pueblo de Dios. Vivimos en un mundo vil, y los postreros días son probablemente los peores en la historia del mundo. En ese ambiente todavía suena claramente el mandamiento de Dios: “siete días comeréis panes sin levadura”. Debemos fijarnos en el ejemplo puesto por el Salvador, y seguirlo: “Sed santos, porque yo soy santo”.
    Conviene notar la conexión entre la Pascua y la fiesta de los panes sin levadura. En Lucas 22 son presentadas juntas, como una misma cosa. Cuando apreciamos nuestra redención, entonces podemos apreciar plenamente a Cristo. En las Escrituras, el pecado siempre entra cuando mengua el amor. Procuremos cada día mantener el calor de nuestro desposorio a Cristo (Jer. 2.2). Entonces, cualquier mal que se nos presente parecerá como nada en la luz de la gloria de Su impecable y perfecta humanidad.

Del libro, Christ in the Old Testament (Cristo en el Antiguo Testamento), Precious Seed Publications, lectura para el 7 de abril

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 El Rey Saúl y las Consecuencias
de su Altivez y Desobediencia

Parte 3

 por Lucas Batalla Maraver y Carlos Tomás Knott

 

viene del número anterior
  En los versos 20-21 de 1 Samuel 5, Saúl intentó nuevamente justificarse. Declaró: “Antes bien he obedecido la voz de Jehová...” (v. 20) pero era mentira. Obedecer es hacer todo – no la mayor parte. En lenguaje de hoy, los que dividen las doctrinas en varias categorías: “principales” o “fundamentales”, y “secundarias” o “no esenciales”, son culpables de fomentar el desprecio y la desobediencia. Saúl nuevamente intentó escabullirse, echando la culpa al pueblo, y no tomando responsabilidad (v. 21) como rey.
    Entonces Samuel le interrumpió y declaró el gran precepto de la obediencia a Dios (vv. 22-23). Saúl había desobedecido, pero no quiso reconocerlo. Escuchemos y tomemos al corazón las palabras del profeta.
    (1) Samuel pregunta: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová?” El propósito de su pregunta es causar reflexión e identificar una verdad. ¿Está bien adorar a Dios de cualquier manera? ¿Tiene Dios que aceptar cualquier cosa? Lee detenidamente el libro de Malaquías para ver la respuesta. Los sacrificios y la alabanza sin la obediencia son completamente inútiles, y además, desagradan a Dios. Alguien dijo: “En los sacrificios el hombre ofrece solo la carne de animales irracionales, mientras que en la obediencia ofrece su propia voluntad, que es nuestro culto racional (Ro. 12.1)”.
    Samuel contesta su propia pregunta y declara un gran precepto bíblico, válido en todo tiempo: “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (v. 22). “Ciertamente” indica que no cabe duda. Aquellos animales debieron ser matados en juicio, no ofrecidos en sacrificio. No es posible glorificar a Dios sin hacer lo que Él manda. El sincero deseo de la mayoría no triunfó entonces, ni hoy toma precedencia sobre la obediencia a las palabras de Dios. Todavía “es mejor” prestar atención a la Palabra de Dios y obedecerla. No importa que otros nos llamen creyentes anticuados, legalistas o intransigentes. No hay que transigir la Palabra de Dios. “Compra la verdad y no la vendas” (Pr. 23.23). El mandato a Israel fue: “Mirad, pues, que hagáis como Jehová vuestro Dios os ha mandado; no os apartéis a diestra ni a siniestra” (Dt. 5.32; véase también 17.11, 20; 28.14; Jos. 1.7; 23.6). Y el Nuevo Testamento nos enseña a obedecer a Dios, no a modificar Sus palabras. Nuestro Señor protestó: “¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lc. 6.46). Es Su pregunta más embarazosa. ¿Cómo responderían los que cambian las cosas en las iglesias para no seguir la doctrina y práctica de los apóstoles? (Hch. 2.42). Santiago 1.22 demanda: “Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. Hoy muchos autoengañados hay en las iglesias. Piensan que son cristianos, que conocen a Dios, pero son impuros, corrompidos, incrédulos, abominables, rebeldes y reprobados (Tit. 1.15-16). Si en verdad conociesen a Dios, sabrían cuánto Él valora la obediencia. Son como los de Laodicea, y piensan que todo va bien, cuando realmente desagradan a Dios (Ap. 3.17).
    En cambio, Cristo enseñó a Sus discípulos que la obediencia es cómo manifestar amor. “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Jn. 14.15). “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama” (Jn. 14.21).  “El que me ama, mi palabra guardará” (Jn. 14.23). “El que no me ama, no guarda mis palabras” (Jn. 14.24). No se trata de cantar que le amamos, sino demostrarlo obedeciendo a Su Palabra. Es así que mostramos fe y amor. Saúl fracasó en esto, porque no amó a Dios, sino a sí mismo y su posición como rey. Pero apliquémoslo a nosotros. Siendo ésa la medida que Cristo da del amor, ¿dónde está el amor a Él en nuestras vidas personales, y en las iglesias? Por ejemplo, muchas iglesias desechan las instrucciones sobre el carácter y la conducta de las mujeres, y las distinciones como el velo, el silencio y la sumisión. Desprecian esos textos y los tildan de cosas culturales. Pero en su primera epístola a los corintios, Pablo insistió que las cosas que escribió “son mandamientos del Señor” (1 Co. 14.37), no cuestiones culturales ni opiniones suyas. De modo que, los que no obedecen a la Palabra de Dios, no lo aman realmente, por mucho que afirmen que sí. El Señor expresó Su aprobación y placer a la iglesia en Filadelfia con estas palabras: “... aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre” (Ap. 3.8). No habló así a ninguna otra iglesia. ¿Qué diría a nosotros?
    (2) Samuel explica cómo Dios ve la desobediencia. “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación” (1 S. 15.23). Las palabras divinas son: “pecado”, “adivinación”, “rebelión”, “ídolos e idolatría”, y “obstinación”. Recuerda que “desobediencia” es como Dios evalúa el comportamiento de Saúl, aunque mató a todos menos Agag, y mató también todo el ganado excepto los mejores que pretendió ofrecer a Jehová. Humanamente alguno diría que obedeció en casi todo, pero Dios no lo felicitó. No dijo: “Hasta ahí hiciste bien en gran parte, solo que fallaste en dos puntos”. Dios no lo vio así. Había una orden: matar y destruir todo (v. 3), y no lo hizo. No es parte obediente y parte desobediente. Conocer a Dios es entender que Sus caminos y pensamientos no son como los nuestros, sino más altos (Is. 55.9). La desobediencia nunca es cosa leve, sino muy grave. Desobedecer es rebelarse contra Dios, queriendo hacer nuestra voluntad en lugar de la Suya. Dios la considera como adivinación – el ocultismo, el consultar a espíritus, a demonios. Desobedecer Su Palabra es la obstinación. En lugar de humillarse, confiar en Dios, ceder y decir: “Hágase tu voluntad”, nos empeñamos en hacer otra cosa. Es resistirse y oponerse a Dios, y es una carrera perdida de entrada. Saúl, a perdonar la vida a un solo hombre, y unos animales para sacrificar a Dios, desobedeció, se rebeló, y fue obstinado. Ofendió a Dios como si hubiese practicado adivinación – cosa que luego hizo (1 S. 28). Insultó a Dios y le deshonró como si hubiese sido idólatra. En efecto, Saúl desechó la Palabra de Jehová, pues no la cumplió enteramente sino se permitió el lujo de dos pequeñas modificaciones: el rey Agag y lo mejor del ganado.
    (3) Samuel anuncia el veredicto divino: “Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 S. 15.23). Cuando Samuel servía como niño al lado de Elí en el tabernáculo, un profeta anónimo reprendió a Elí y declaró estas palabras de Dios: “...yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco” (1 S. 2.30). Luego, cuando Dios le llamó a servir, el primer mensaje revelado fue de juicio contra Elí, el sumo sacerdote. Vio el cumplimiento de ese terrible juicio, en la muerte trágica de Elí y sus hijos en un solo día. Pero en el capítulo 15 fue dirigido a declarar a Saúl que Dios lo había desechado. No era una profecía, sino un hecho cumplido. No “te desechará”, es decir, no en el futuro, sino ya “te ha desechado”. Pero Saúl seguía obstinado, y rehusó soltar las riendas. No quiso humillarse ni dimitir, probablemente porque no soportaría la gran humillación y vergüenza, pero es lo que Dios mandó. En eso también resistió la voluntad de Dios, pues el resto de 1 Samuel es evidencia de los problemas que causó Saúl porque no aceptó el juicio de Dios, sino perseguía al que Dios había escogido y ungido para tomar su lugar. Eclesiastés 4.13 menciona al “rey viejo y necio que no admite consejos”, y Saúl fue así. Desobedeció a Dios en esto también, pues se agarró del trono cuando había sido desechado, mostrando rebelión y obstinación. Es triste cuando los fieles tienen que esperar la muerte de uno que rehúsa retirarse.

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  El Amor de Dios

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Jn. 4.10).
   El amor verdadero es caracterizado por el sacrificio propio. En ningún lugar es esto más evidente que con el amor de Dios (Jn. 3:16). Es un amor sin causa, en el sentido de que no hay nada en los objetos amados que causara que Dios les amara. No somos amables por naturaleza, sino más bien aborrecibles (Tit. 3.3). Sin embargo,  Él nos amó porque Él es amor, y porque Él escogió amarnos.

   Este amor de Dios es incondicional. Con esto queremos decir que el amor divino no se basa en el amor del individuo a Él. No es un amor recíproco. Nuestro amor normalmente responde al amor que otro nos manifiesta. Pero en el caso del amor de Dios, Él nos ha amado pese a la ausencia de amor y amabilidad de nuestra parte. Su amor no se condiciona sobre el amor nuestro a Él.
    El amor de Dios es inmerecido. Ya que es incondicional, no hay nada que podamos hacer para merecerlo. Muchos quieren creer que si se enderezan, o si limpian y arreglan sus vidas, entonces Dios les amará, porque le serán más atractivos. Es una idea equivocada.
    Para apreciar el amor de Dios debemos lograr comprender más cuál es nuestra propia gran pecaminosidad. Qué lástima que muchas personas, y entre ellas muchos creyentes, tienen un concepto muy pobre de lo pecaminoso que es el ser humano no regenerado. Se fijan en los pecados obvios de los demás, y encuentran cosas que ellos afirman: “yo nunca haría esto”, o “yo no he hecho esto”. Y así no comienzan a ver lo pecaminoso que es su propio corazón. No es tanto lo que hemos hecho, sino lo que somos por naturaleza. Somos pecadores. El pecado mora en nosotros; somos torcidos, contaminados y perversos por naturaleza (Mr. 7.20-23). Así que, amados, el pecado no es sólo una cosa que hacemos, sino el estado natural de nuestro corazón, es nuestra forma de ser, nuestra naturaleza. No somos pecadores porque pecamos, antes al contrario, pecamos porque somos pecadores. Debemos meditar en esto, porque la diferencia entre las dos formas de pensar es muy grande. Con demasiada frecuencia  no comprendemos que la carne no es mejor hoy que el día cuando nos convertimos. No sólo necesitamos perdón de nuestros pecados cometidos, sino también necesitamos ser limpiados y cambiados por dentro. La salvación hace más que perdonar unos cuantos hechos malos, porque es la conversión de la persona. Dios nos perdona, nos limpia, y nos transforma, nos da una naturaleza nueva, de modo que somos nuevas criaturas en Cristo (2 Co. 5.17).
    Así que, aquellos que conocen su propia gran pecaminosidad son los que llegan a conocer y apreciar el amor de Dios (Lc. 15.21; Ro. 5.8). Los que sienten que no merecen el amor de Dios, llegan a conocerlo y ahora pueden apreciarlo (1 Jn. 4.16). “Conservaos en el amor de Dios” (Jud. 21).

Steve Hulshizer
traducido y adaptado de “Milk and Honey”, febrero 2002, con permiso

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 1 CORINTIOS Y LA CUESTIÓN CULTURAL


Muchos enseñan que las instrucciones del apóstol Pablo en 1 Corintios tienen que ver con cuestiones culturales en Corinto en aquel entonces, y por eso,  hoy no son relevantes. Pero, ¿realmente es correcto usar la cultura para limitar la aplicación de la doctrina apostólica? Podemos disculparnos hoy de la obligación a guardarlas en las iglesias?
    Hay muchas respuestas y opiniones que se dan. Pero lo principal es leer bien el texto bíblico, y dejar que ella nos conteste y enseñe. Si queremos ser buenos discípulos del Señor Jesucristo, debemos respetar Su Palabra, y no descontarla diciendo: “Pablo dijo eso”, o “eso era para los corintios”. “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil” (2 Ti. 3.16). Digamos con el salmista: “tus testimonios son mis delicias y mis consejeros” (Sal. 119.24). En lugar de mirar lo que otras personas e iglesias hacen, nuestro punto de referencia debe ser la Palabra de Dios. (Sal. 119.105).
    Si creemos estos versos, ¿cómo podríamos decir que 1 Corintios habla de cultura, o pensar que sus enseñanzas eran solo para aquel lugar en aquel entonces? Pensar así es dar un paso de alejamiento de la autoridad de las Escrituras.
    ¿Enseñaba el apóstol unas doctrinas y prácticas en un lugar, y otras en otros lugares? Ya sabemos que algunos piensan que sí, pero ¿qué dicen las Escrituras? Dejemos que el mismo libro de 1 Corintios responda:

1.2   “llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro”.
4.17  “él os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias”.

7.17   “esto ordeno en todas las iglesias.”

11.10  “Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles”

11.16  “nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.”

14.33-34 “Como en todas las iglesias de los santos, vuestras  mujeres callen en las congregaciones.

14.37  “Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor.”

16.1   “haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia.”

    Si uno desea saber lo que la Biblia enseña sobre el asunto, ahí lo tiene. Si se dispone a creer y ser hacedor de la Palabra (Stg. 1.22), en eso demuestra que es una persona espiritual, y un discípulo del Señor Jesucristo. De otra manera, que crea lo que quiera, pero no diga que su creencia o práctica es bíblica, pues en los textos arriba citados vemos claramente lo bíblico.
    De la cultura griega o romana, la Biblia no menciona ni enseña nada. Las consideraciones culturales no son parte de la instrucción apostólica. Por eso, si no hablasen de eso ciertos maestros,  no lo sabríamos, porque no está en la Biblia. Presentan sus explicaciones y lucen conocimientos de la cultura en Corinto: las prostitutas del templo con la cabeza rapada, y cosas por el estilo.1 Pero, nada de eso está en la epístola. Debemos recordar que las enseñanzas de 1 Corintios valen para todas las iglesias de Dios, para todas las iglesias de los santos, y eso incluye las iglesias en nuestros días. Fueron enseñadas en todas las iglesias, como mandamientos del Señor de la Iglesia, y de las iglesias. Reconozcamos Su señorío y seamos obedientes.

                                                                              Carlos Tomás Knott

1 Por ejemplo, John MacArthur, en su comentario, comete este error. “En la cultura de Corinto, la cabeza cubierta de una mujer mientras ministraba o adoraba era un símbolo que indicaba su actitud de sumisión y humildad para con su esposo. El apóstol no impone aquí una ley absoluta para que las mujeres se pongan velos o sombreros en todas las iglesias para todos los tiempos...” De los versos citados arriba, vemos lo contrario, que son enseñanzas para todas las iglesias. Nada tiene que ver con la cultura de Corinto y sus miles de prostitutas de Afrodita. En este punto, su exposición no es sana porque contradice la Escritura.

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Advertencia a los Enemigos de Israel

Hacerse enemigo de Israel es un pecado y error fatal. Cuando Dios dio claras promesas al patriarca Abraham, le prometió así: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré” (Gn. 12.3). El pacto de Dios con Abraham y su descendencia fue unilateral, es decir, que solo Dios actúa y se compromete en ese pacto. No depende de Abraham ni sus descendientes. No tienen obligación en este pacto. Por eso, esas promesas no caducan y no pueden ser invalidadas. Esto es un aviso a las naciones, los políticos y los activistas – cualquiera que maldiga a Israel o sea su enemigo. Serán malditos por Dios. La historia de la humanidad demuestra que es así – son muchas las ruinas, los destrozos, y muchos los muertos de los que maldijeron y atacaron a Israel.
    Dios ama a Israel con amor eterno (Jer. 31.3). La promesa divina no caducó cuando murió Abraham, sino pasó de él a Isaac (no Ismael), y de Isaac a Jacob (no Esaú): “Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren” (Gn. 27:29).
    A la nación de Israel salida de Egipto Dios prometió: “Seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren” (Éx. 23.22). ¿Quieres tener a Dios por enemigo? La manera más segura de conseguirlo es hacerte enemigo de Israel. La historia demuestra sobradamente que es así. Pero, ¡parece que hoy las naciones quieren apuntarse a la lista de los afligidos!
    Balac, rey de Moab, trajo a Balaam a sueldo para maldecir a Israel, pero éste no pudo.

“¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado?” (Nm. 23.8). 

¡Buenas preguntas!, y las naciones del mundo, especialmente las del medio oriente como Irán, por ejemplo, deberían reflexionar y arrepentirse. Cometen el error de maldecir al que Dios no maldijo, y execran al que Dios no ha execrado. Balaam terminó repitiendo la promesa divina dada a Abraham, Isaac y Jacob y sus descendientes. “Benditos los que te bendijeren, y malditos los que te maldijeren” (Nm. 24.9).
    Es impresionante que hay naciones como Amalec, Moab, Edom, Asiria y Babilonia que existen principalmente en museos y libros de historia. Egipto, que antes era una gran potencia en el mundo es un pueblo bajo y débil.
    Dios toma nota de los que desprecian y odian a Israel, y promete darles el pago. Considera por ejemplo Sus palabras a Amón.

“Porque así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto batiste tus manos, y golpeaste con tu pie, y te gozaste en el alma con todo tu menosprecio para la tierra de Israel, por tanto, he aquí yo extenderé mi mano contra ti, y te entregaré a las naciones para ser saqueada; te cortaré de entre los pueblos, y te destruiré de entre las tierras; te exterminaré, y sabrás que yo soy Jehová” (Ez. 25.6-7).

Y a Edom, otro enemigo perpetuo de Israel en el Mediooriente, dijo:

“Por la injuria a tu hermano Jacob te cubrirá vergüenza, y serás cortado para siempre” (Abd. 10).

Todos los que hoy injurian a Israel deberían reflexionar en eso, porque:

Menospreciar, maldecir o atacar a Israel
es invitar el juicio de Dios.


    En el tiempo del imperio persa, el malvado Amán intentó exterminar a los judíos, pero Dios usó la intervención de Ester, y el rey Asuero (Jerjes) ahorcó a Amán y también a sus hijos, y dio su casa a los judíos. Decretó que los judíos tienen derecho a defenderse. En eso fue más justo que algunas naciones hoy que quieren que Israel no responda a los crueles ataques de los islamistas. Aparentemente, los persas modernos, la nación de Irán, no han aprendido nada de la historia. 

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La Advertencia Ignorada

El Sr. Truman vivía al lado del lago Spirit, a 8 kilómetros del monte Santa Helena, en el estado de Washington, EE.UU. Los expertos anticipaban la erupción del volcán en cualquier momento y advertían repetidamente a los residentes del gran peligro de quedarse. Pero a pesar de muchas advertencias, el Sr. Truman se quedó. Quizás pensaba que no pasaría nada, o que estaría bien en su casa.
    El domingo 18 de mayo, 1980, sucedió. Hubo una explosión catastrófica, reduciendo su cumbre de 2.950 a 2.550 metros, y reemplazándola con un cráter en forma de herradura de 1,5 km de ancho. 400 millones de toneladas de ceniza se lanzaron al atmósfera. A una distancia de 20 kilómetros los enormes árboles de 50 metros de altura fueron arrancados como palillos. Una avalancha masiva expulsó el agua del lago haciendo una ola de 61 metros de altura que bajó el valle causando destrucción.
    Una nube de gases extremadamente calientes, cenizas y piedras yendo 320 km/hora destruía todo lo que estaba delante. Automóviles que estaban a kilómetros de ahí fueron enterrados en ceniza y sus pasajeros sofocados. Murieron dos fotógrafos que estaban a más de 10 kilómetros. La ciudad de Yakima, a 136 kilómetros, estaba oscurecida como a medianoche a las 9:30 de la mañana. La columna de nube de cenizas llegó a más de 16 kilómetros de altura.
    Y sí, aquel hombre Truman murió, y su casa fue destrozada. De hecho, nunca hallaron ni a él ni su casa. Por la razón que fuera, él no hizo caso de las advertencias y lo pagó caro.
    Permítame hacerle una pregunta: ¿Ignora usted las advertencias que Dios le da? La Biblia repetidamente nos advierte del juicio venidero. Como el Sr. Truman, muchos sencillamente no piensan que sucederá. Noé advirtió a la gente de su día que un juicio de diluvio mundial venía, y se burlaban de él. Pensaban que era un viejo necio. Pero escucha lo que Jesucristo dijo acerca de los días de Noé y cómo los compara al tiempo cuando Cristo volverá al mundo para juzgarlo:
    “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos” (Lucas 17.26-27).
    Así como con el monte Santa Helena, se dieron advertencias pero la gente las ignoraba. Entonces, repentinamente y sin más aviso, el juicio vino. Será así cuando Jesucristo venga otra vez en juicio.
    Cristo no sólo juzgará al mundo, sino a todo aquel que le haya rechazado como Salvador – será su Juez. “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9.27).
    Amigo, ¿aplaza ud. los preparativos para ese día? ¿Cree que de alguna manera no le afectará, que de algún modo saldrá bien? Como el Sr. Truman, también sería insensato si ignoraras las advertencias del juicio venidero. Vendrá repentinamente, sin más aviso. ¡Podría entrar hoy en la eternidad!
    ¿Por qué no consulta la Biblia para ver cómo puede ser salvo del justo juicio de Dios? Deje de un lado sus prejuicios u objeciones acerca de la Biblia y por lo menos lee ud. mismo lo que dice – ¡infórmese! En los días de Noé, Dios proveyó el arca, y en nuestros tiempos ha provisto una escapatoria y un refugio del juicio eterno venidero. Los siguientes versos de la Biblia le ayudarán a comenzar. Después de leerlos, recomendamos que lea el Evangelio según San Juan.
    “Y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1.21).
    “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19.10).
    “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3.16).
    “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5.24).
    “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16.30-31).
    “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2.8-9).
 

domingo, 31 de diciembre de 2017

EN ESTO PENSAD -- enero 2018

¿Conciertos Cristianos?

En todo el Nuevo Testamento, ¿dónde vemos un concierto cristiano? En Hechos 16:25 Pablo y Silas, heridos y encarcelados, oraban y cantaban himnos a medianoche en el calabozo, y los presos los oían, pero eso no fue un concierto. ¿Andaban los apóstoles en sus viajes misioneros con instrumentos musicales para tocar y cantar en las plazas para atraer a la gente? ¿En las listas de dones espirituales aparece “músico” o “cantante”? Es importante preguntar, porque el Nuevo Testamento es nuestro patrón para doctrina y práctica en nuestra vida personal y en la iglesia.
    Hasta la última mitad del siglo XX no se metió esa clase de música en las iglesias. Estaba en el mundo, en los bares, las discotecas, los pubs, los clubs nocturnos donde la gente podía cenar y mirar un espectáculo. En las iglesias, la congregación cantaba para la gloria del Señor. No había espectáculo. No había show. No había una actuación de unos cantando y los demás escuchando y admirando. Pero el mundo viene metiéndose en las iglesias, porque más y más de los que asisten son religiosos pero mundanos, probablemente ni siquiera convertidos. Les apetece lo del mundo. La cabra tira al monte.
    Otros consideran que para atraer a la gente del mundo hay que hacer esas cosas – tener una buena música marchosa, una actuación de cantantes profesionales, un escenario adecuado, con tarima, excelente acústica, luces, etc. Pero se equivocan, porque la iglesia no debe ser atractiva al mundo sino al Señor, pues es Su novia y no debe andar coqueteando. Los conciertos son puro invento mundano, por gente que quiere divertirse en el camino al infierno. Los del mundo quieren ser felices sin Dios. Sus diversiones no caben en la Iglesia.
    Los creyentes no necesitamos un concierto “Soulstock” para rivalizar al famoso concierto “Woodstock”, ni conjuntos “cristianos” para reemplazar los Rolling Stones. Romanos 12:2 es aplicable aquí: “No os conforméis a este siglo”. Cristo nos llama a seguirle a Él, no al mundo. ¿Qué concierto dio Él? ¡Ninguno!
    Y eso no es opinión de viejos como a algunos les gustaría clasificarlo. Hasta un creyente joven observó el problema con los conciertos, y escribió lo siguiente:

    "Desde luego que eso de hacer conciertos y recibir aplausos es totalmente ajeno a algo que glorifica a Dios. Eso es ensalzarse a sí mismo, jactarse uno de su propia voz y talento y éxito; hacer un show de uno mismo. Hasta el mundo sabe eso. No glorifica a Dios, y es puramente humano, carnal y egoísta. Un cristiano no debe hacer conciertos de música cristiana, ni buscar ni aceptar aplausos por ella. Si su intención es glorificar a Dios, buscará un método que no tenga el efecto opuesto, se supone. Dar un concierto es ponerse a uno mismo como el protagonista, y los aplausos son señal de aprobación y admiración, y gritar “Aleluya” o “Gloria a Dios” no es una frase mágica para protegerse contra gusanos (Hechos 12:23)".

- Carlos
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"El que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso". 1 Jn. 5:10
Adan y Eva son el primer ejemplo de personas que creen en Dios pero no a Dios.
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El Uso Legítimo De La Ley


"Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente" 
1 Ti. 1:8
     Como toda herramienta, tiene su uso correcto por el cual fue diseñado. Así también la Ley. Considera lo que dijo C.H. Spurgeon al respecto:

"Rebaja la Ley, y disminuyes la luz por la cual el hombre percibe su culpa. Para un pecador, esto es una pérdida muy grande, antes de una ganancia; puesto que disminuye la probabilidad de su convicción y conversión... Digo que has privado al evangelio de su arma más potente cuando depones la Ley. Has alejado su ayo, su profesor que ha de llevar a los hombres a Cristo... Nunca aceptarán la gracia a menos que tiemblen delante de la justa y santa Ley. Por lo tanto la Ley cumple un propósito imprescindible y bendito, y no debe ser quitada de su lugar y función".

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Dios Demanda Arrepentimiento


Es alarmante que haya seminarios y escuelas "bíblicas" de supuesto corte conservador pero que enseñan que el arrepentimiento era sólo para los judíos y no hay que predicarlo hoy. ¿Cuál ha sido el resultado de ese error? Probablemente nunca en la historia del cristianismo han estado tantos rebeldes religiosos en las iglesias. Falsamente profesan creer,  pero nunca se han arrepentido. Y como la cabra tira al monte, ésos no hacen otra cosa que traer problemas e intentar "legalizar" la mundanalidad en la iglesia.
    El testimonio de la Palabra de Dios está clarísimo. Sin arrepentimiento no hay conversión ni salvación:

El Rey David: 
Sal. 7:12  “Si no se arrepiente...”
 
Juan el bautista: 
Mt. 3:2  “Arrepentios...”

El Señor Jesucristo:  
Mr. 1:15  “Arrepentíos y creed en el evangelio”
 
Los 12 Apóstoles: 
Mr. 6:12  “predicaban que los hombres se arrepintiesen”

El Apóstol Pedro:
Hch. 3:19 “Arrepentíos y convertíos”
2 P. 3:9  “...que todos procedan al arrepentimiento”

El Apóstol Pablo:
Hch. 17:30 “Dios...ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”.
Hch. 20:21 “testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo”.
Hch. 26:20 “y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento”.

El arrepentimiento debe seguir la convicción del pecado, y ser acompañado de fe en el Señor Jesucristo como tu Señor y Salvador: Aquel que al morir en el Calvario tomó todo el juicio de Dios por tus pecados. Él murió por ti, resucitó y vive para siempre. Si arrepentido confías en Él, te perdonará y te salvará. “En ningún otro hay salvación” (Hch. 4:12).

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 El Amor de Dios

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Jn. 4:10).

El amor verdadero es caracterizado por el sacrificio propio. En ningún lugar es esto más evidente que con el amor de Dios (Jn. 3:16). Es un amor sin causa, en el sentido de que no hay nada en los objetos amados que causara que Dios les amara. No somos amables por naturaleza, sino más bien aborrecibles (Tit. 3:3). Sin embargo,  Él nos amó porque Él es amor, y porque Él escogió amarnos.
    Este amor de Dios es incondicional. Con esto queremos decir que el amor divino no se basa en el amor del individuo a Él. No es un amor recíproco. Nuestro amor normalmente responde al amor que otro nos manifiesta. Pero en el caso del amor de Dios, Él nos ha amado pese a la ausencia de amor y amabilidad de nuestra parte. Su amor no se condiciona sobre el amor nuestro a Él.
    El amor de Dios es inmerecido. Ya que es incondicional, no hay nada que podamos hacer para merecerlo. Muchos quieren creer que si se enderezan, si limpian o arreglan sus vidas, entonces Dios les amará porque serán más atractivos. Ésta es una enseñanza errónea y muy típica en las religiones incluso en la cristiandad.
    Para apreciar el amor de Dios debemos lograr comprender más cuál es nuestra propia gran pecaminosidad. Qué lástima que muchas personas, y entre ellas muchos creyentes, tienen un concepto muy pobre de lo pecaminoso que es el ser humano no regenerado. Se fijan en los pecados obvios de los demás, y encuentran cosas que ellos afirman: “yo nunca haría esto”, o “yo no he hecho esto”. Y así no comienzan a ver lo pecaminoso que es su propio corazón. No es tanto lo que hemos hecho, sino lo que somos por naturaleza. Somos pecadores. El pecado mora en nosotros; somos torcidos, contaminados y perversos por naturaleza (véase Mr. 7:20-23). Así que, amados, el pecado no es sólo algo que hacemos, sino el estado natural de nuestro corazón,  nuestra forma de ser, nuestra naturaleza. No somos pecadores porque pecamos, antes al contrario, pecamos porque somos pecadores. Debemos meditar en esto, porque la diferencia entra las dos formas de pensar es muy grande. Con demasiada frecuencia  no comprendemos que la carne no es mejor hoy que el día cuando nos convertimos. No sólo necesitamos perdón de nuestros pecados cometidos, sino también necesitamos ser limpiados y cambiados por dentro. La salvación hace más que perdonar unos cuantos hechos malos, porque es la conversión de la persona. Dios nos perdona, nos limpia, y nos transforma, nos da una naturaleza nueva, de modo que somos nuevas criaturas en Cristo (2 Co. 5:17).
    Así que, aquellos que conocen su propia gran pecaminosidad son los que llegan a conocer y apreciar el amor de Dios (Lc. 15:21; Ro. 5:8). Los que sienten que no merecen el amor de Dios, llegan a conocerlo y ahora pueden apreciarlo (1 Jn. 4:16). “Conservaos en el amor de Dios” (Jud. 21).
Steve Hulshizer, de la revista "Milk & Honey" (Leche y Miel), febrero 2002
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Atestados de Pecados 

El ser humano, sea adulto o niño, no es bueno ni en el fondo. En Romanos 1:29 Dios describe a la raza humana así: “estando atestados de toda injusticia...” "Atestado" significa lleno hasta no caber más. "Atestar" es hinchar, llenar una cosa apretando mucho el contenido hasta que no cabe más. Llenar hasta rebosar (Lucas 6:38). La humanidad está atestada de toda clase de pecado. Romanos 1:29-31 da un retrato detallado. Nadie se libra. Son pecados de:

1. La mente, los pensamientos, la actitud:
    avaricia          soberbios
    maldad           sin misericordia
    envidia           inventores de males
    necios            malignidades
    desleales        aborrecedores de Dios
    altivos            sin afecto natural
    implacables

2. La lengua, la boca, el hablar:
    contiendas     detractores
    engaños         injuriosos
    murmuradores

3. Los hechos:
    toda injusticia    homicidios
    fornicación        desobedientes a los padres
    perversidad
   
    ¿Te ves retratado en ese análisis divino? No son fallos, errores ni problemillas, sino PECADOS. La humanidad está tan llena, hinchada, que está a punto de reventar espiritualmente! Dios declara: 
“No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:12). Él nos ve y sabe toda nuestra maldad mejor que nosotros. Hay muchos que se creen buenos, pero es porque no se conocen a la luz de Dios. Sólo Dios es bueno, santo y justo, y Él está a punto de mandar ira por nuestros pecados. Romanos 1:32 da la sentencia divina: “los que practican tales cosas son dignos de muerte”.
    Así que, no digas que esperas recibir de Dios lo que te mereces, porque eso sería la muerte. Amigo, no eres bueno, sino fundamentalmente malo, y hay abundantes pruebas de eso en la Biblia. Estás condenado y no te puedes salvar. Pero la buena nueva es que Dios quiere y puede salvarte. Sólo Él puede rescatarte de una condición desesperadamente mala, y de tu “vana manera de vivir”. ¿Cómo? Él mandó a Su Hijo Jesucristo al mundo, para hacer un solo sacrificio por los pecados (Hebreos 10:12). Cristo llevó todos tus pecados, sufrió todo tu castigo, satisfizo la justicia divina, resucitó y ascendió vivo al cielo. Él puede salvarte ahora mismo, para siempre, si arrepentido confías en Él.
 

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La Música Hoy:  Síntoma de un Gran Problema en las Asambleas


En septiembre de 1994 la portada de una revista de las asambleas norteamericanas (“Interest”) destacó un cantante contemporáneo bien conocido en muchos círculos cristianos. La portada y los artículos presentados en la revista son indicativos del creciente interés en la música hoy en las congregaciones que profesan ser cristianas.
    En tiempo pasado, la portada hubiera destacado una foto de una asamblea nueva o quizás un obrero pionero que sacrificó mucho para predicar el evangelio de Cristo. El nombre de la revista: “Interest” – es abreviado de “Cartas de Interés de Obreros”. Pero eso se les ha olvidado. Hoy muchos cristianos saben más de artistas contemporáneos y su música que de la obra del Señor. Para muchos, esos artistas y celebridades son los nuevos gigantes de la fe.
    No toda música contemporánea es ofensiva ni inaceptable, pero mucho de ella es simplemente el mundo entrando en la iglesia bajo la etiqueta “cristiano”. El llamado “rock cristiano” y “rap cristiano” son ejemplos primarios de eso, pero hay mucha otra música que también cabe en la categoría de “mundana”. De hecho, casi todo tipo de música cristiana contemporánea es sospechosa debido a la gran ganancia económica de los que quieren llamarla un “ministerio”, cuando realmente es un negocio.
    La música tiene su lugar correcto y apropiado en la Iglesia y en la vida del creyente.  Eliminar toda música está lejos de la mente de Dios. Es importante cantar en la congregación himnos de alabanza y testimonio. Pero en algunas asambleas al comienzo de las reuniones la gente a penas canta, y el tiempo de cánticos es considerado como un periodo de gracia para los que llegan tarde. En la cena del Señor los himnos deben ser de alabanza y adoración, centrados en Cristo, y no de testimonio, invitación o consagración personal. Antes del estudido bíblico o la prédica del evangelio, los himnos bien seleccionados establecen el tono para el mensaje que viene a continuación. Pero en muchas congregaciones la pobre participación y mala forma de cantar simplemente indican falta de interés de parte del pueblo del Señor. Por otra parte, cantar bien glorifica al Señor y es un estímulo para cualquier predicador.
    También los cánticos son importantes en la vida personal del creyente. La música puede ser edificante y dar ánimo, cuando es producto de un corazón que rebosa de la bondad y gracia de Dios. Un santo sin música en su corazón es uno que falta en el gozo del Señor y Sus bendiciones (Ef. 5:18-20). Pero una cosa es cantar de corazón para el Señor, y otra es andar con auriculares puestos escuchando “los 40 principales canciones cristianos”, que simplemente imita lo que hacen los del mundo. La música no es para divertirnos.
    Esto nos conduce a ver un problema común con mucha música “cristiana” en nuestros tiempos. No ha sido compuesta para ser cantada por creyentes normales y corrientes, ni por una asamblea de creyentes. ¡La componen para ser interpretada por artistas profesionales! Está pensada como espectáculo, para diversión, para que uno con talento especial cante y los demás oigan y admiren. Muchas canciones no pueden ser cantadas por la congregación simplemente porque la música es demasiada difícil de seguir.
    Hoy muchos cristianos francamente no se dan cuenta del aspecto comercial de la “música cristiana”. Muchos jóvenes y jóvenes adultos, habiendo sido criado en ese ambiente de música contemporánea al estilo del mundo, lo consideran normal porque es lo que siempre han visto. Pero “común” y “bíblico” son cosas distintas. Miles de cristianos han viajado miles de kilómetros y pagado millones para asistir a “conciertos cristianos”. Pero muchas de esas personas no son capaces de llegar a las reuniones normales de la asamblea, ni de sentarse para escuchar un estudio bíblico que dure más de veinte minutos. ¡Se aburren!  Y gastan millones en CDs, más de lo que ofrendan para el progreso del evangelio, y tienen una colección enorme de música, pero a penas tienen un libro de edificación espiritual.
    Pese a esos grandes gastos disproporcionados, hay multitudes de bebés espirituales en las iglesias hoy. Andan con los auriculares puestos divirtiéndose con su musica, pero no crecen ni maduran porque es imposible hacer esto mediante la música. Tienen poco conocimiento de Dios, y su diesta espiritual, lenguaje, intereses, prioridades y diversiones son iguales o muy similares a los del mundo. Muchas cosas pueden contribuir a su falta de crecimiento, pero alguien bien ha dicho que somos lo que comemos. Cuando uno escucha constantemente la música que tan a menudo es escuchada hoy, con letra superficial, más romántica que bíblica, no es extraño que no crezca mucho. Su música favorita no solamente copia al mundo, sino que en algunos casos su mensaje es biblicamente incorrecto. Una dieta de esa música liviana dejará a la persona malnutrida e inmadura.
 
concierto de Marcos Vidal y Danilo Montero -- no apto para consumo de creyentes
Muchos artistas dirigen su llamado “ministerio de música” más como un negocio que otra cosa. ¿Cómo se sentirían los creyentes si los predicadores vendieran entradas y demandaran garantías de ingresos y “gastos por adelantado” antes de compremeterse a predicar? ¿Cómo sería si se pidiera cinco o diez mil dólares por “actuación” como hace un bien conocido grupo de cantantes “cristianos”? Son obvias las respuestas, sin embargo mucho evangélicos no acaban de ver cuánto comercio tienen montado los músicatraficantes. Se han metido en congregaciones como los cambistas y vendedores de aves y ovejas en el templo, a los que el Señor sacó dos veces a latigazos y con violencia y enojo.
    No hay que decir mucho acerca de la apariencia de muchos “artistas evangélicos”. Muchos de los que aparecieron en los “Christian Music Awards” – el programa de los premios de música cristiana –  parecían copias calcadas de las super-estrellas del mundo. ¡Es una escena penosa que nada tiene que ver con el cristianismo bíblico!
    Pero existe ahora un interés quizás más grande que él de la música. F. B. Meyer bien dijo acerca del declive espiritual: “una fase del declive espiritual es cuando intentan negar toda sugerencia de su existencia”. Así es también hoy con muchos respecto a la música cristiana. No ven el problema. A pesar de la preocupación expresada por hermanos maduros y veteranos, muchos defienden la misma música que contribuye a su inmadurez y superficialidad, y a menudo desprecian a los que les animan a guardar un régimen más espiritual (Pr. 9:8). Tristemente, andan adulando las virtudes de lo que les esclaviza, e insisten fuertemente que esa música es espiritualmente edificante. Pero su falta de crecimiento espiritual demuestra que lo contrario es la verdad (He. 5:14).
   
Se podría pasar mucho tiempo debatiendo la música como si fuera el problema principal hoy en la Iglesia. Pero la verdad es que ella sólo es síntoma de otro problema mayor – el de la iglesia de Laodicea – la cegüera espiritual. Una iglesia superficial y ciega profesa tenerlo todo, y no ve que necesita el consejo y discernimiento de la generación de sus ancianos. Muchos hoy piensan que la iglesia avanza y están ciegos respecto a su horrible condición. Su infatuación con la diversión musical y su falta de hacer caso a las señales de aviso indican su falta de salud espiritual.
    Una música mejor no curará a la Iglesia de esa enfermedad. La curará la confesión de su orgullo y mundanalidad, y un retorno a Dios y Su Palabra. Muy francamente, hasta que sucedan esas cosas, no tendrán éxito los intentos de persuadir a la iglesia laodiceana.

Steve Hulshizer, tradicido y adaptado del artículo en “Milk & Honey” (“Leche y Miel”) en noviembre de 1994.
 
 
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“Sólo una vida, pronto pasará,
Sólo lo hecho para Cristo durará”.

C. T. Studd

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  “Para Dios, un anciano en una asamblea significa más                que el gobernante de una nación”.

“La iglesia local es más importante para Dios y Su pueblo 

que el imperio más grande del mundo”.
William MacDonald

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EL CRISTIANO Y LA POLÍTICA
Capítulo 4

 Nuestra Obligación Y Responsabilidad

Los políticos son impotentes e incapaces de lograr victoria sobre el pecado. La historia nos enseña esto. Algunos hacen sus campañas publicitarias y programas de obras sociales, declarando una guerra contra la pobreza, o contra la droga, o contra el analfabetismo, pero no contra el pecado.
    Recordemos, el problema fundamental es el pecado, y está arraigado en el corazón humano. Todos los demás son síntomas del pecado, su fruto amargo. Generalmente los políticos conceden que no pueden eliminar el pecado, pero todavía insisten que los cristianos tienen una responsabilidad humana u obligación moral a involucrarse (enredarse) en el gobierno y la política como medio de restringir la maldad. En algunos países el gobierno requiere por ley que los ciudadanos voten, aunque en la mayor parte del mundo votar es opcional.
    Pero según los activistas, votar y apoyar a los candidatos no es opcional. Insisten que es obligación, y amenazan que si no te metes, prevalecerá el mal. Uno de sus dichos frecuentemente empleado es la cita de Edmund Burke: “Para que triunfe el mal basta que los hombres de buena voluntad no hagan nada”. Con eso quieren culparnos del triunfo del mal si no nos metemos en la política, si no intentamos reformar para bien el gobierno. Tiene un fallo muy gordo, y es que supone que los creyentes separados de la política no hacemos nada. ¡Incorrecto! Y otro gran fallo es que no podemos cambiar el mundo (véase apéndice 3 del libro). Irá de mal en peor, cada vez más degenerado, hasta que venga el Señor. Así que, hacemos lo que el Señor manda, y eso es, según Mateo 28:19-20, ocuparnos de predicar el evangelio y hacer discípulos. ¡El Titanic se hunde, y hay que salvar a cuantos podamos antes del triste final!
    ¿Qué proponen ellos? Asistir a un banquete donde cobran como mil dólares o más por persona para recaudar fondos. Repartir literatura para el partido. Contribuir tu tiempo trabajando en la campaña. Poner un letrero delante de tu casa, o en el parachoques de tu automóvil. Ir puerta a puerta y animar a la gente a votar. Presentarte tú como candidato, ¡pues podrías hacer mucho bien a mayor número de personas en el gobierno que en tu congregación! Dicen: “Necesitamos a buenos cristianos en el gobierno”. ¿Tenemos los cristianos tales obligaciones? ¿Qué dicen las Escrituras?
    La Biblia nos declara con palabras llanas que como cristianos tenemos la obligación de obedecer las leyes (Ro. 13:1; 1 P. 2:13), orar por los que están en autoridad (1 Ti. 2:1-2), respetar y honrarles (Ro. 13:7; 1 P. 2:17), y pagar nuestros impuestos (Ro. 13:7). Pero no hay ni un texto bíblico que diga que tenemos una “obligación moral” de meternos en la política o en el gobierno. No hay ni siquiera uno. Por encima de esas obligaciones al gobierno, el Señor nos llama a proclamar las buenas nuevas del evangelio. Pensemos un poco en nuestras obligaciones a orar y proclamar el evangelio.
    En primer lugar, es la responsabilidad, obligación y privilegio de todo creyente ORAR como el Señor nos enseña en 1 Timoteo 2:1-2 y otros pasajes. Esta tremenda responsabilidad es a menudo descuidado por muchos que profesan creer. Para vergüenza nuestra, la reunión de oración es la reunión menos asistida de la iglesia, y no hay buena excusa para eso. Muchos simplemente no tienen interés. Otros dicen que están cansados o no tienen tiempo, pero no usan esas excusas para no votar. Preguntamos a los activistas cristianos, ¿cuán regular, consistente y fervorosas son sus vidas de oración en privado? ¿Se dedican continuamente a la reunión de oración en su congregación? Si no, deberían tener vergüenza de hablar a los demás de responsabilidades y obligaciones. Pero los activistas describen la participación en la política o el gobierno como “poner pies a sus oraciones”, o “a Dios rogando y con el mazo dando” – dichos populares pero no  bíblicos. ¿Pero cuántos activistas asisten con regularidad a la reunión de oración? E. M. Bounds escribió un libro excelente titulado: El Arsenal de la Oración. Pero aun las armas más potentes no hacen nada si no las usamos.
    En lugar de poner pies a las oraciones, pongamos rodillas. ¿Qué si también ayunamos? Dios nos manda y anima a orar, pero no a votar. Piensa en esto: podríamos hacer más en cinco minutos de rodillas orando a Dios que en cinco minutos en una cabina de votación. Como bien dijo William MacDonald: “Cambiamos el equilibro del poder a través de la oración”. Así que, ¿por qué ofrecen los activistas transporte a las reuniones políticas y centros de votación, pero no a las reuniones de oración? Si miramos la oración en la vida personal de muchos, y su asistencia y participación en los cultos de oración, sabremos por qué los que profesan ser cristianos se van a la política. Francamente, porque creen que la política da resultado, y la oración no. ¿Qué clase de cristianismo es ése?
    Segundo, creemos firmemente que es nuestra responsabilidad humana y obligación moral ir a todo el mundo y predicar el evangelio a toda persona (Mr. 16:15). Como mencionamos antes, debemos seguir el ejemplo de los primeros cristianos, que según Hechos 8:4 “iban por todas partes anunciando el evangelio”. Si realmente creemos esto, también creemos que podemos hacer más yendo a las puertas para hablar de Cristo, o repartiendo literatura evangelística, que yendo a las puertas o distribuyendo literatura a favor de un partido o candidato. ¿Para cuál campaña debemos trabajar y dedicar recursos? ¡La del evangelio!
    Sentimos tristeza y vergüenza ajena al ver a los que han sido engatusados a gastar tiempo, dinero y fuerzas en la política. Trabajan incansablemente, hablan con devoción y fervor del partido, sus proyectos, los candidatos y los votos. Lo hacen de manera tan buena que no tienen a penas tiempo para testificar para Cristo como hacían los primeros cristianos. Se han dejado enredar. ¿Cómo puede un hombre pretender ser misionero, o anciano en una iglesia, cuando se enreda en la política y el gobierno? Debe escoger entre la obra del Señor, y la del mundo, y comprometerse exclusivamente de una vez. Es aun peor cuando su propia congregación está en dificultades y necesita ayuda, o cuando consideramos la tremenda cantidad de trabajo que queda por hacer, estableciendo y edificando asambleas del pueblo de Dios en todo el mundo. La Palabra de Dios manda claramente: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mt. 6:33), pero los que se entregan a la política no pueden ser obedientes, por mucho que digan que sí. “Ninguno puede servir a dos señores” (Lc. 16:13).

    No daré al mundo mi corazón
    Y luego profesar Tu amor;
    No gastaré en otros mis fuerzas,
    Y entonces dedicarme a Tu servicio.

    No iré con celo y rapidez
    A hacer los mandados del mundo,
    Y luego cansado subir hacia ti,
    Con pies cansados y paso lento.
Traducido del himno “Lord, In The Fullness of My Might”, por Thomas H. Gill (1869)

    Insisten que debemos participar en la política y el gobierno para combatir el humanismo. Podemos estar de acuerdo que ningún verdadero discípulo de Cristo puede favorecer cualquier forma ni credo del humanismo. Sin embargo, es un proceder favorito de los activistas alarmar a los cristianos con reportajes y estadísticas de cómo los humanistas están tomando control del gobierno y qué pasará cuando logren esto. Proponen entonces que todos debemos movilizarnos. Los mejores preparados deben presentarse para puestos en el gobierno, y todos como mínimo deben votar a los candidatos cristianos o pro cristianos. La idea es organizar un poderoso bloque de votadores. Con esa finalidad publican informes y guías para los votadores cristianos, dando el perfíl y la posición política de cada candidato. Esto, por supuesto, sólo sucede en paises donde hay libres elecciones y el llamado “proceso democrático”. Los Estados Unidos, desgraciadamente, nos provee de multiples ejemplos del activismo cristiano equivocado. ¡No deben ser imitados por otros países! Por ejemplo, se les dijo a los profesados cristianos en la década de los 80 que deberían votarle a Reagan, porque era buen cristiano, favorecía la oración en las escuelas públicas, y se oponía al aborto. Así que, tras no cuatro sino ocho años en la Casa Blanca, ¿cuál de esos dos asuntos fue resuelto a favor de los cristianos? ¡Ninguno! Además, nadie sabía hasta después que el presidente solía someter su agenda y la de la nación a la influencia oculta de la astrología, porque su esposa Nancy echaba cartas astrales para guiarle. Es sólo un ejemplo. Otro sería el infame presidente inmoral y mentiroso Bill Clinton. Antes de la elección dijeron que era un creyente bautizado y miembro de una iglesia bautista. Después de la elección comenzaron a salir los escándalos. Abundan ejemplos de ignorancia e incredulidad en el gobierno. En otros países preguntan: “¿Realmente creen los estadounidenses que todos sus presidentes, senadores y estrellas de deporte son cristianos? ¿Son tan ingenuos y fáciles de manipular?”
    Frecuentemente se escucha publicidad para atraer el voto de la “comunidad cristiana” o “bloque evangélico” (¡quién sabe qué son esos!). Dicen que tal candidato es “un cristiano”. Algunos activistas sí parecen creer que todos los candidatos de su partido son cristianos. ¿Qué harán cuando un musulman, mormón, ateo o creyente en la nueva era representa su partido? Países como Australia, Alemania e Italia tienen partidos llamados: “Cristiano Demócrata”. Pero me desvío del tema.
    El problema principal no es las sorpresas que dan los oficiales elegidos. Es algo peor: la idea básica de luchar contra el humanismo en el gobierno empleando lo que equivale al humanismo cristiano – es decir – presentando otros hombres como la solución. El ser humano tiene ideas, esperanzas y promesas, pero ¿tiene respuestas? La historia humana da una respuesta.
    Pero siguen tocando el tambor de la responsabilidad humana, usando un argumento de reducción al absurdo. “¿Qué debemos hacer entonces, quedarnos sentados en la congregación y dejar que el mundo vaya de mal en peor?” Insisten que no podemos tomar una postura tan pasiva e ingenua frente a los problemas. Dicen que nuestra responsabilidad es votar, hacer campaña para ciertos candidatos, y aun presentarnos como candidatos, para que haya cristianos en el gobierno. Gritan: “responsabilidad humana”, y “obligación moral” con el propósito de presionarnos y movernos a participar en el proceso político. A ojos de ellos, si no lo hacemos somos ciudadanos irresponsables. Nos acusan de tomar posiciones extremistas porque nos separamos del sistema de este mundo y dedicamos nuestros esfuerzos a la propagación del evangelio.
    Dicen que padecemos de corta vista y desequilibro, que somos demasiado espirituales. En estos días de “equilibro” y lo “políticamente correcto”, llamarle a alguien extremista o desequilibrado es como si le dijeras: “hereje” o le colgaras el sambenito. Pero al leer el Nuevo Testamento, encontramos que los cristianos primitivos, en los días de los apóstoles, no se metían en partidos y gobiernos, no sólo porque no podían sino porque sus amores y prioridades eran otros. Repetimos: “...iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hch. 8:4).   
    Otro argumento de activistas es: “Si no votas, entonces luego no te quejes del gobierno”. Es otro cliché de la ciencia política, usado para meternos vergüenza y motivarnos a enredarnos. Pero respondemos que no nos quejaremos, porque es pecado quejarse, murmurar y maldecir al príncipe (Éx. 22:28). ¡Ni los que votan tienen derecho a hablar así! Oraremos y clamaremos al Señor. Haremos conocidas nuestras peticiones y quejas delante de Él. Nuestro lugar es el salón de oración, no la cabina de votación, la reunión de oración, no el mitín político. ¿Y no es curioso que los que tanto se animan en las campañas y la votación son los que más vocalizan sus quejas? Piénsalo.
    Otra táctica es el uso de ese refrán que mencionamos antes, de Edmund Burke, escritor, filósofo y político, considerado el padre del liberalismo-conservadurismo británico: “Para que triunfe el mal basta con que los hombres de buena voluntad no hagan nada”. Este dicho deja a algunos buscando una respuesta adecuada, pero no el hermano William MacDonald, que escribió lo siguiente:

    "Los que dicen “sí” a la política invariablemente citan el aforismo familiar: “Para que triunfe el mal basta con que los hombres de buena voluntad no hagan nada”. Si eso no les gana el argumento, entonces citan a José, Moisés y Daniel como ejemplos de creyentes que estaban metidos en el sistema político".
    "Aunque suena convencedor el maxim, debemos recordar que es un dicho de sabiduría humana, no revelación divina. No debemos otorgarlo la autoridad de las Escrituras. Y respecto a José y Daniel, nunca se presentaron como candidatos para una elección, sino sirvieron, como cautivos, como empleados del gobierno. Moisés fue más un tábano al gobierno que parte de él".

"La Respuesta Bíblica
    Si vamos a la Palabra buscando respuesta, ¿qué hallamos? El Señor Jesús no se involucró en la política. Realmente se encontró en relación adversa al sistema. Sus discípulos tampoco se metieron en la política. ¿Perdieron lo mejor que Dios tenía para ellos porque concentraron en el evangelio? El apóstol Pablo no participó en la política. Su fidelidad a su llamamiento y su mensaje le puso en contra de la sociedad farisaíca".
    "Jesucristo enseñó que Su reino no es de este mundo (Jn. 18:36). Dijo a sus hermanos incrédulos: “No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas” (Jn. 7:7). El apóstol Juan nos recuerda que “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). Y la política es parte del sistema del mundo".
    "Tenemos que separarnos del mundo para influirlo (2 Co. 6:17). Arquimedes dijo que podría mover el mundo si consiguiera un fulcro fuera del mundo. Debemos colocarnos fuera del sistema del mundo si queremos moverlo para Dios".
    "Pablo insistió que “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Ti. 2:4). Todo creyente está o debe estar en servicio activo. No debe dejarse distraer ni enredar por las cosas de la vida".
    "La política es corrupta. Es un sistema de concesiones y transigencias. Se toman decisiones en base a lo que es expediente, en lugar de lo que es correcto. Se basa en principios humanos, no divinos, y funciona por ellos. El finado senador Vandenburg de Michigan (EE.UU.) dijo: “La política es por naturaleza corrupta. La iglesia no debe olvidar su verdadera misión ni intentar participar en la arena de asuntos humanos donde será un competidor pobre...perderá su pureza de propósito si participa”.
    "Creemos de todo corazón que debemos ser cristianos responsables, y que ser irresponsable sería un pecado. Pero recuerda, la Biblia define esa responsabilidad, no los profesores universitarios, los filósofos, los de ciencia política ni la publicidad de una campaña. “Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso” (Ro. 3:4)".

Del libro El Cristiano Y La Política, por Carlos Tomás Knott
para obtener un ejemplar del libro en español o inglés: www.editorial-berea.com