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viernes, 30 de junio de 2023

EN ESTO PENSAD - julio 2023

 Una Vez En Cristo, Para Siempre En Él
William MacDonald

Desde temprano en la historia de la Iglesia, esta cuestión crucial ha sido debatida: ¿Es el creyente salvado eternamente, o puede perder su salvación mediante el pecado? En un lado están los calvinistas,1 que enseñan la perseverancia de los santos,2 o mejor dicho, la perseverancia de Cristo. En el otro lado están los arminianos,3 que enseñan que la salvación es condicional o probacional. Esta disputa doctrinal seguirá tanto tiempo como la Iglesia esté en este mundo.
    Siendo perfectamente franco, hay Escrituras que parecen apoyar cada lado. Hay versículos, que si los tomamos aislados, confirman a un metodista o un pentecostal cuando por ejemplo cree lo que a veces se llama “la doctrina de caer de la gracia”. Y hay muchos otros pasajes que aseguran a los bautistas conservadores y muchos otros creyentes que su salvación está segura para siempre.
    Encontrarás a verdaderos creyentes en ambos lados. Juan Wesley era un arminiano fuerte, y más adelante Charles Spurgeon era de tendencia calvinista. Tomaron puntos de vista opuestos sobre la cuestión. Sin embargo, ¿quién dudaría de la realidad de su experiencia de conversión? Ambos eran verdaderos cristianos. Ningún lado puede jactarse de un monopolio en el nuevo nacimiento.
    Y ningún lado puede jactarse de un monopolio en la santidad. Las vidas piadosas de hombres y mujeres de ambas escuelas de pensamiento deben hacernos ser prudentes, para no rechazarlos sin causa ni hablar de ellos sin amor.
    Por lo tanto, al hablar del tema, es inútil intentar establecer nuestro punto mediante referencias a cristianos prominentes. El otro lado puede hacer esto también con igual eficacia. Aun el hecho de citar palabras de esos líderes carece de valor, a menos que sus palabras sean basadas en las Escrituras y ayuden a ilustrarlas.
    Otra forma inútil de argumentar es apelar a la experiencia humana. A menudo escuchamos este tipo de argumento, como si fuera definitivamente: “Pues, yo conozco a alguien que...” Pero esta forma de proceder descuida el hecho de que hay muchas clases de experiencia humana. Y todavía más importante, olvida que, para tener valor como prueba de algo, toda experiencia espiritual debe conformarse a la Palabra de Dios.
    Al formar nuestras convicciones sobre el asunto, debemos acercarnos a las Escrituras en humildad. Hay problemas en ambos lados de la cuestión de seguridad, condicional o incondicional. Debemos enfrentarlos honestamente.
    Debemos acercarnos a las Escrituras con una actitud de oración, pidiendo al Espíritu Santo que nos  guíe e ilumine con la verdad mientras leemos y estudiamos la Palabra.
    Y debemos mirar las Escrituras objetivamente. En lugar de meramente buscar argumentos que apoyen nuestra posición preconcebida, o tradicional, debemos estar constantemente abiertos a la enseñanza del Espíritu, en la Palabra de Dios. De acuerdo que esto es difícil. Una vez que hayamos tomado públicamente una posición sobre un tema controversial, es difícil cambiar, porque nos hace quedar mal.
    Al estudiar objetivamente, debemos seguir estas cuatro normas sencillas:
    1. Un versículo debe estudiarse en su contexto inmediato. Si el contexto tiene que ver con servicio, no debemos aplicarlo a salvación.
    2. Un versículo debe interpretarse a la luz de todo el resto de la Palabra de Dios. Ningún pasaje solo, cuando es correctamente entendido, va a contradecir docenas de otros versículos.
     3. Las definiciones deben incluir todo uso principal de la palabra.
    4. Toda doctrina debe basarse sobre todo lo que la Biblia enseña acerca de la cuestión.
 
   Está claro por el mismo título de este libro que el autor está persuadido de que el creyente está eternamente seguro. En el resto del libro, procura demostrar la base bíblica de esta posición. Pero también examinará y explicará aquellos pasajes bíblicos que son empleados más comúnmente para alegar que un cristiano puede perder la salvación.
    Algunos se preguntarán por qué citamos tan pocos textos del Antiguo Testamento para apoyar la seguridad eterna, y por qué tan poco espacio es dado a explicar textos del Antiguo Testamento que se usan para apoyar la salvación condicional. ¿Por qué es así?
    La razón es que éstos no son temas claramente desarrollados en el Antiguo Testamento, Por ejemplo, hay muy pocos pasajes que tratan el tema de vida en el cielo después de la muerte. No cabe duda que los judíos creyentes fueron salvados por la fe en el Señor. Y no tengo ninguna duda de que era una salvación eterna. Aunque el pueblo del Señor tenía una esperanza celestial (He. 11:16), su expectación principal era el reino del Mesías aquí en la tierra. El tema del más allá se quedaba en nubes de oscuridad. Esto da sentido especial al anuncio de Pablo: “...nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti. 1:10). Verdades que existían solo en forma semilla en el Antiguo Testamento están completamente desarrolladas en el Nuevo.
    Para que nadie piense que al no tratar los pasajes del Antiguo Testamento, quisiéramos evitar dificultades, debemos mencionar que algunas de las obras definitivas sobre la salvación condicional también limitan su atención al Nuevo Testamento.

1 Los calvinistas siguen las enseñanzas de Juan Calvino, un teólogo francés (1509-1564). Él vino a ser el líder principal de la reforma en Suiza y puso gran énfasis sobre la soberanía de Dios. Extrañamente, muchos calvinistas consideran que la seguridad de la salvación es una doctrina peligrosa. 

2 La perseverancia de los santos no significa que sean salvados mediante su perseverancia, sino que los verdaderamente salvos perseverarán hasta el fin. Curiosamente, muchos de ellos no creen que es posible saber si uno es salvo hasta que llegue al final. Pero Dios dice que el que tiene al Hijo tiene la vida (1 Jn. 5:12), así que, no es presunción que un creyente sepa que tiene vida eterna.

3 Los arminianos siguen las enseñanzas desarrolladas por el teólogo holandés Jacobus Arminius (1560-1609). Enfatizaba la libre voluntad del hombre como el factor principal en la salvación, y que podría luego perderse.

Capítulo 1 del libro: Una Vez en Cristo, Para Siempre en Él, disponible de Libros Berea

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“Y Jehová le cerró la puerta” (Gn. 7.16).
Los que iban en el arca estaban seguros, porque Dios, no ellos, cerró la puerta. De igual manera nuestra salvación depende de Dios.

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Hablaron Desde El Infierno  (parte 2)

Sr. Dives Rico:  Lucas 16.19-31

Nota del entrevistador.
Al tratar de sostener una entrevista con el señor Rico, me encontré en la zona más densamente ocupada del Hades. Aparentemente, el número de aquellos que han descuidado una salvación tan grande,   excede de lejos al de los que eran culpables de crímenes violentos de abierta hostilidad a Dios y de rechazo de Su gracia.
    Pero aun aquí, en circunstancias tan amontonadas, no había ninguna comunión en el sufrimiento o simpatía mutua. Cada alma perdida estaba sola en su condenación. Era una paradoja extraña: ¡solos en multitud!
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    Mientras me abría paso a través de las multitudes de almas atormentadas en mi búsqueda del señor Rico, una y otra vez oí palabras que repetían su eco en aquellas cámaras de horror: “¡Demasiado tarde! ¡Demasiado tarde!”
    Finalmente localicé al señor Rico. Me impresionó su apariencia. Si no hubiera sabido nada de su existencia mortal, habría presumido que era un hombre delicado, exitoso, honesto y de disposición gentil.
    De lo que he observado en el Hades, el abuso y la corrupción del cuerpo en la vida terrena, necesariamente lleva una deformación del alma. Y mientras pasaba de una cámara de tormento a otra, en mi búsqueda del señor Rico, vi almas tan horriblemente grotescas y bestiales que tenía que darme vuelta, a la vista del horrible cuadro.
    Ahora, al fin, estoy delante del señor Rico. Y entonces, ¿cómo se saluda a uno encarcelado en el Hades? Esto era una nueva experiencia para mí.
    Por supuesto, era imposible estrechar la mano. Y hubiera sido algo ridículo decir: “Buen día, señor”. No hay auroras de esperanza en un nuevo día. No hay nada bueno o hermoso o alentador en el Hades. Es un lugar de noche sin fin, en medio de llamas de tormento. No hay valor en los lamentos ni hay períodos de gracia. Los cielos nunca son azules, y no hay pájaros para anunciar la llegada de la primavera con sus hermosas flores y suaves brisas. La única música es el clamor de desesperación y la única canción el continuo y discordante lamento del fútil remordimiento.
    Acercándome lo más cerca que era posible, dije:
—Señor Rico, he recibido permiso para venir aquí y pedirle que me conceda una entrevista. La decisión depende de usted, pero sentiría mucha gratitud si me permitiera hacerle varias preguntas. Usted puede terminar la conversación en cualquier momento y, por supuesto, negarse a contestar cualquier pregunta que le parezca demasiado personal o penosa. ¿Qué me dice, señor?
    Por un largo tiempo, me miró fijamente sin contestar. Comencé a sentir que era él quien quería hacer la entrevista, de modo que él fuera quién tuviera preguntas que quería hacer. Más tarde descubrí qué era lo que tenía en mente.
    Hubo un ligero asentimiento con su cabeza. Y entonces dijo:
—Si usted quiere, puede seguir con sus preguntas, y contestaré lo mejor que pueda dentro de mi capacidad, y dentro de los límites de la Sagrada Escritura. Pues bien, ¿por dónde empezamos?
—Quisiera empezar con el fondo de su vida mortal, pero cuando dijo que contestaría “dentro de los límites de la Sagrada Escritura”, eso me puso una definida restricción sobre lo que pueda preguntarle en cuanto a su historia terrena. Vea, cuando el Señor Jesús usó su trágico destino para ilustrar su experiencia, dijo más sobre su experiencia después de la muerte que sobre su existencia en vida terrena. De hecho, todo lo que sabemos sobre usted es que era rico, usaba ropas espléndidas, vivía alegremente, hacía fiestas sin inhibiciones y cuidaba bien de sus perros. ¿Le importaría decirme cómo acumuló su riqueza? Excuse mi rudeza, pero, ¿fue honestamente?
—No necesita disculparse —dijo—. Aun cuando yo era mortal, la mayoría de la gente pensaba que no se puede ser rico y honesto a la vez. Para contestar su primera pregunta, diré que no acumulé yo mi riqueza. La heredé. Mi padre era un hombre muy rico y yo era su hijo favorito. De modo que me llegó honestamente.
   “Inclusive cuando era niño, no supe nunca lo que era la necesidad o falta de algo. Mis padres me concedieron todos los deseos y peticiones. Para mí, la opulencia y el lujo eran la norma. La gente sin riqueza y abundancia era anormal. Eran inferiores y no merecían mi atención o amistad.
—Señor Rico, permítame otra pregunta sobre su riqueza. ¿Tienen algo que ver su riqueza y posesiones con su encarcelamiento en este lugar de tormento?
—No exactamente —respondió—. No fue por el dinero que yo poseí que vine aquí, sino por mi amor y mi mal uso de él. ¿Entiende lo que quiero decir?
    —Sí, creo que sí —contesté—. De hecho, la Sagrada Escritura declara que no es el dinero, sino el amor a él que es la fuente de una variedad de males.   De modo que usted está diciendo que no es el montón de las riquezas que poseía, sino su apego a ellas lo que le impidió cumplir la voluntad de Dios para su vida.
—Así es. Durante mis días mortales, conocí unos pocos hombres que poseían muchas más riquezas que yo, pero que nunca permitieron que su riqueza afectara su relación con el señor Dios. De paso, quizás usted haya oído hablar de uno de ellos. Su nombre era José y venía de la ciudad de Arimatea.  
“Si, señor, puede que la gente que es muy rica no ame al dinero más que la gente que es muy pobre. Si yo hubiese sido un mendigo, es probable que hubiese sido infectado por el mismo vicio. Parece que…”
—Perdóneme, señor Rico —le interrumpí—, pero estoy algo confundido. Nunca pensé que la gente pobre fuese culpable de “amor al dinero”. Y a la vez, ¿por qué esa debilidad es tan seria como para contribuir a su confinamiento en este horrible lugar?
Por un momento, no contesto. Luego dijo:
—Primero, déjeme decirle que usted se sorprendería del número de gente que está aquí en estas llamas del tormento, cuya caída comenzó con el amor al dinero. Y la mayoría de ellos, mientras era mortales, eran gente pobre. Es posible amar el dinero que uno no tiene, tanto como el que sí tiene. ¿Ha pensado alguna vez en eso?
—Para decir la verdad, no —respondí—. Pero usted aún no ha contestado mi pregunta. ¿Por qué esa debilidad de amar al dinero tiene consecuencias tan serias?
El señor Rico dudó antes de contestar.
—El amor al dinero no es, como usted dice, una debilidad; es un pecado. Me he dado cuenta que, cuando era mortal, era ciego y necio. Me hubiera horrorizado de encontrar un ídolo o imagen sobre cualquiera de mis propiedades. Sin embargo, todo el tiempo estaba poniendo mi riqueza por encima de Dios. ¡Había llegado a ser mi ídolo! Al amar al dinero, no estaba amando a Dios con el amor que Él merece y requiere. ¿He sido claro?

 

del c. 1 de Hablaron Desde El Infierno, por C. Leslie Miller. continuará, d.v., en el siguiente número.

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Jesucristo El Renuevo


“He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová. Él edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos”
(Zac. 6.12-13).

Este texto habla proféticamente del Señor Jesucristo, el Mesías que un día salvará a Israel y reinará sobre todo el mundo.

1. “He aquí el varón”
    Es hombre. También fueron las palabras de Pilato cuando sacó a Cristo ante la multitud. “¡He aquí el hombre!” Enfatizan la humanidad de Cristo, que es Dios manifestado en carne (1 Ti. 3.16).

2. “Cuyo nombre es el Renuevo”
“He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo” (Zac. 3.8). Isaías profetizó de este siervo de Jehová: “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones” (Is. 42.1). En Su primera venida no reinó, sino fue rechazado y condenado a muerte. Pero resucitó, vive a la diestra del Padre, y volverá al mundo – el Renuevo – para reinar sobre las naciones.

3. “El cual brotará de sus raíces”
Significa literalmente: “de sí mismo”. Crecerá por Su propio poder. Intentaron acabar con Él, pero como predicó Pedro en el día de Pentecostés: “al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella” (Hch. 2.24).

4. “Y edificará el templo de Jehová”
El profeta Amós mencionó ese templo: “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado” (Am. 9.11). Desde que el segundo templo fue destruido por los romanos, Israel no tiene templo. Ahora un edificio pagano – la mezquita de Omar – ocupa el monte santo. Los judíos tienen deseos y planes de edificar otro templo, pero aunque consigan hacerlo, será de corta duración. Cuando venga el Mesías, Él edificará el templo milenario (Ez. 40-44).

5. “Él llevará gloria”
La gloria de Dios que salió en Ezequiel 9-10, volverá en la Persona del Mesías Jesucristo. Vendrá “con poder y gran gloria” (Mt. 24.30). “…Vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Hag. 2.7).

6. “Y se sentará y dominará en su trono”
Esta frase anticipa el reino literal y visible de Cristo sobre todo el mundo, desde Jerusalén. El Salmo 110 declara: “Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder; domina en medio de tus enemigos” (v. 2).  Con razón Dios declara en el Salmo 2, “Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte” (Sal. 2.6). El asunto ha sido decidido soberana y unilateralmente por Dios. No habrá referéndum en las naciones, ni hará falta el permiso de las Naciones Unidas, ni de ningún otro grupo. Él dominará. “Su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra” (Zac. 9.10).

7. “Será sacerdote sobre su trono” (Biblia de las Américas).
Es una mejor traducción, en lugar de “Y habrá sacerdote a su lado” como dice la Reina Valera. No es que habrá un sacerdote con Él, sino que Él es el sacerdote. “Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (Sal. 110.4). El Renuevo, el Señor Jesucristo, es Sacerdote, Profeta y Rey.

8. “Y consejo de paz habrá”.
Solo cuando Él reine habrá paz, pues es el “Príncipe de paz” (Is. 9.6). El premio Nobel es un invento vano, porque lo dan a hombres pecadores que nunca han podido traer paz al mundo. Pero en cuanto a Jesucristo: “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (Is. 9.7).
    ¡Gran día y único en la historia del mundo será aquel cuando venga el Señor Jesucristo a reinar y administrar con justicia los asuntos del planeta! “En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel” (Is. 4.2) “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra” (Jer. 23.5). “En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra” (Jer. 33.15).
    Por eso seguimos esperando en Su reino y gobierno, separados del mundo y sin involucrarnos en la política y los movimientos sociales. Con razón nos enseñó a orar así: “Venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mt. 6.10). Solo cuando venga el Renuevo habrá justicia y paz.

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 A Dios Le Importan Nuestras Lágrimas

“Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro?”  Salmo 56.8

¡Cuántas lágrimas han caído a lo largo de la historia humana! ¿Ha habido siquiera una cara que no se ha mojado de lágrimas? No podemos olvidar al patriarca anciano, Abraham, que había conocido tantas tristezas durante su vida. Se inclinó sobre el cuerpo muerto de su amada Sara, y lloró la despedida de una amiga de toda la vida, que había compartido con él tantas experiencias en la senda peregrina (Gn. 23.2). ¿Quién no se conmovería por las lágrimas de un padre? Cuando el rey David oyó de la muerte trágica de Absalón, su hijo rebelde, lloraba desconsoladamente (2 S. 18.33). ¡Qué lágrimas se soltaron cuando Herodes cruelmente causó la muerte de los niños en el tiempo del nacimiento de Cristo (Mt. 2.16-18). “Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron” (v. 18). Esas escenas desgarradoras se han repetido millones de veces durante la triste historia de la raza humana. En verdad el mundo que atravesamos es un valle de lágrimas.
    Hermanos, al Señor le importan nuestros dolores y tristezas, y los comprende, pues “no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades” (He. 4.15). Él no descarta la aflicción y el dolor que causan nuestras lágrimas. La primera pregunta que el Señor Jesús hizo a la triste María que se detenía ante el sepulcro fue: “Mujer, ¿por qué lloras?” (Jn. 20.15). Cobremos ánimo, pues pronto toda tristeza pasará. “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Ap. 21.4-5). Entonces exclamaremos: “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría”, y le alabaremos para siempre (Sal. 30.11).

Roy Reynolds (Irlanda del Norte), de la revista “Assembly Testimony”
(enero/febrero 2023). Traducido y adaptado

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El Precio de la Redención


“Los que confían en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (Porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás)” Salmo 49:6-8

    La redención no es por plata ni oro. Sería injusto si fuera así, porque entonces los ricos tendrían más posibilidad de salvarse que los pobres. Pero Dios no hace acepción de personas. Ninguna ofrenda puede comprar el perdón. Las riquezas y el rango social no pueden conseguir consideración especial ante Dios.
    La raza humana no tiene a ningún redentor en sus filas – nadie hay que pueda pagar el alto precio demandando por el Dios Santo y Justo. Pero el eterno Hijo de Dios se hizo hombre: "Dios manifestado en carne". En ese cuerpo se sacrificó – dio Su vida para pagar ese gran precio que mencionó arriba el salmista. Terrible precio de incontables agonías bajo el juicio de Dios durante aquellas de tinieblas cuando estaba en la cruz. Pagó el gran precio.Nuestra redención es solo por la preciosa sangre de Jesucristo (1 P. 1:18-19).

"Precioso es el raudal,
Que limpia todo mal,
No hay otro manantial;
Solo de Jesús la sangre".

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El Huerto
Craig Munro

 

Todo comenzó en un huerto

Dios hizo un huerto hermoso, y puso ahí a los primeros seres humanos. El huerto se llamó Edén, y leemos la historia en Génesis 2. Ahí estaba toda delicia, y además, abundaron paz, gozo y amor. En ese lugar Adán y Eva tenían comunión con Dios.

Todo se arruinó en un huerto

Pero el pecado entró en aquel huerto. Génesis 3 nos da la historia de cómo sucedió. Solamente había una prohibición, y Adán y Eva la violaron. Y Dios dijo: “morirás”. Dios expulsó del huerto a Adán y Eva. Muchos animales se tornaron carnívoros, y la raza humana comenzó a matar, hurtar y mentir. Todo el dolor que vemos en el mundo hoy, y en nuestros propios corazones, comenzó en ese huerto.

Todo fue resuelto en un huerto


El Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, entró en un huerto, Getsemaní, justo antes de ir a la cruz para morir (Jn. 18.1). Su oración fue profunda, marcada por tremenda presión, pero pese a eso, dijo: “hágase tu voluntad”. En el Calvario Dios iba a tratar en su totalidad la cuestión del pecado. Todo lo horrible de ese juicio fue anticipado en el huerto de Getsemaní. El Señor Jesús salió de ese huerto para morir por la raza humana, para que nuestros pecados nos fuesen perdonados. Después de Su muerte voluntaria, fue sepultado en un huerto (Jn. 19.41). De ese huerto Él resucitó al tercer día. El poder del pecado había sido destruido, la muerte había sido derrotada, y Él vive. Ahora toda la humanidad puede gozarse de la paz con Dios, la hermosura y el gozo de la salvación, mediante el arrepentimiento y la fe en nuestro Señor Jesucristo.     
       
Todo terminará en un huerto

    Dijo el Señor al ladrón moribundo que se arrepintió y confió en Él: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23.43). En su raíz, la palabra “paraíso” conlleva la idea de un huerto. El Cielo es comparado a un huerto. La Biblia describe el Cielo como una ciudad jardín: “me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto” (Ap. 22.1-2). Todo creyente anhela estar en ese huerto. Cuando María Magdalena vio a Cristo resucitado, supuso erróneamente que era el hortelano de aquel lugar (Jn 20.15).
    Pero en otro sentido tenía razón, porque el Señor Jesús es el Hortelano de las almas de los seres humanos. ¿Conoces al Hortelano? ¿Estarás en Su huerto celestial? Permítele restaurar en tu vida la hermosura, paz y gozo de Edén, y no pierdas todo el bien que Dios tiene preparado, porque entonces acabarás en el lugar de juicio eterno, que no es un huerto sino el lago de fuego.

De la revista Present Truth, Fife, Escocia, agosto 2022, www.truthdefended.com

miércoles, 31 de mayo de 2023

EN ESTO PENSAD - junio 2023


Junio: Mes de Vergüenza
No Hay Orgullo En Lo Que Dios Condena

No se trata de odio, opiniones o juicios nuestros, sino de las Sagradas Escrituras.

Isaías 3.9
“La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos! porque amontonaron mal para sí”.


Isaías 3.11
“¡Ay del impío! Mal le irá, porque según las obras de sus manos le será pagado”.

Romanos 1.18
“... la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”.

Romanos 1.26-28
“Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen”. 

 
1 Corintios 6.9-10
“No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.

Colosenses 3.5-6
“...fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia”.

2 Pedro 2.6
“... condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente”.

El Consejo Bíblico: 

¡Arrepiéntete, porque viene el juicio de Dios!


Hechos 17.30-31
“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos”.

Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador y desea salvarlo.
Pero es necesario arrepentirse y creer en el Señor Jesucristo.

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 Predicar o Enseñar 

No Es Lo Mismo Que Adorar

1 Corintios 14.3 aclara que "el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación". Son cosas muy buenas y necesarias en toda asamblea: la edificación, la exhortación y la consolación. Todo creyente las necesita. Pero el momento apropiado para tales cosas no es la Cena del Señor, cuyo propósito es hacer memoria del Señor y anunciar Su muerte hasta que Él venga.
    Cuando una asamblea provee en la Cena del Señor un micrófono para que los hermanos se acerquen y den un pensamiento o una meditacion, se desvía del propósito de la reunión. Adorar no es predicar, enseñar, edificar, exhortar ni consolar. No es testificar. No es pedir motivos de oración. Es estar totalmente ocupado con la Persona gloriosa de nuestro Redentor, para alabarle, engrandecerle, y adorarle con acciones de gracias. Todo palabra se dirige a Él. En el cielo no predican, sino adoran. Aprendamos a hacer lo mismo.

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José Exaltado En Egipto  

(parte 2)
Lucas Batalla

viene del número anterior

Texto: Génesis 40-41

    Génesis 41.1 dice que pasaron dos años. ¿Qué hacía José durante todo ese tiempo? Seguía sirviendo como preso en la cárcel y comiendo su pan de cada día. Entonces, una noche soñó Faraón (41.1-7) acerca de las siete vacas gordas y las siete flacas. Cuando despertó, se dio cuenta que era sueño (v. 7) y estaba agitado su espíritu (v. 8). Pero cuando llamó a su gente, los consejeros y videntes profesionales (como hoy son los psicólogos), ninguno podía interpretar el sueño.
    Había llegado el momento clave en el plan de Dios. Entonces, el copero de repente se acordó de José. “Me acuerdo hoy de mis faltas” (v. 9). Muchos tendrían que hablar así, y cumplir sus promesas. Cuando Faraón oyó lo que había hecho José, lo llamó (vv. 10-14).
    Sacaron a José de la cárcel, y se afeitó y cambió de ropa, para presentarse ante el rey (v. 14). La apariencia es una forma de manifestar respeto y reverencia. En los versos 15-24 Faraón relató sus sueños y José hizo lo que siempre debemos hacer antes de hablar – escuchar atentamente y no interrumpir.
    José, cuando respondió, no intentó aprovechar la audiencia para quejarse de las injusticias que había sufrido y las condiciones en la cárcel. Interpretó los sueños del rey, y observamos que figura Dios, no José, en la interpretación (vv. 16, 25, 28, 32). “No está en mí” (v. 16), dijo humildemente. Explicó a Faraón el significado de los dos sueños, lo cual nos presenta una escena curiosa, en la que un esclavo hebreo enseña y aconseja al rey del país más potente del mundo de aquel entonces. ¡Admirables son los caminos de Dios y Sus obras providenciales! No solo explicó de los próximos siete años de prosperidad y los otros siete de hambre y escasez, sino también enunció un principio importante en el estudio de las Escrituras: el de la repetición. Cuando Dios repite las cosas, es para poner énfasis. En ese caso los dos sueños del mismo tema enfatizaron que pronto vendría lo que Faraón vio.
    Entonces José pasó de interpretar a aconsejar (vv. 33-36). “Por tanto” es una expresión que presenta una conclusión o aplicación. “Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto” (v. 33). Le aconsejó aprovechar el tiempo para preparar, ahorrando y administrando todo bien. “El avisado mira bien sus pasos” (Pr. 14.15). Faraón decidió en ese mismo momento qué hacer (vv. 37-45), pues no había tiempo que perder. ¿Quién más prudente y sabio que José, que le había interpretado los sueños?
     Exaltó a José, haciéndole segundo después de Faraón, y le puso sobre todo Egipto (vv. 40-41). Le dio su anillo de autoridad real, y le vistió ropas reales (v. 42). Le dio un carro real y ordenó que clamasen cuando pasaba: “¡Doblad la rodilla!” (v. 43). Aquella mañana José comenzó el día como preso en la cárcel, pero antes de ponerse el sol era señor de todo Egipto, la mano derecha de Faraón! Nos quedamos maravillados de los caminos de Dios, Su sabiduría y bondad para con José, que después de tantos años, sufrimientos, privaciones y lágrimas, fue bendecido más allá de todas sus imaginaciones. El rey le dio una esposa (v. 45), y le puso un nombre egipcio: “Zafnat-panea” (según el historiador Josefo, significa “interprete de misterios”). José tenía solo treinta años cuando fue exaltado (v. 46). Había sido fiel a Dios, y fue exaltado cuando fuere tiempo.
    Los versos 47-49 describen su trabajo durante los siete años de prosperidad, y los versos 50-52 informan del nacimiento de sus dos hijos: Manases (Dios me hizo olvidar) y Efraín (Dios me hizo fructificar). ¡Cómo había cambiado su vida en poco tiempo, no por sus esfuerzos sino porque Dios intervino a su favor! La voluntad de Dios siempre es mejor que la nuestra (Ro. 12.1-2).
    Termina el capítulo describiendo el comienzo de los siente años de hambre, y como Faraón remitió a todos a José para comprar comida. Todo Egipto conocía a José y estaba pendiente de él. Y un día pronto el Señor Jesucristo será exaltado en este mundo donde fue humillado. Tengamos claro que Él triunfará y será glorificado, y seamos fieles y leales a Él hasta que venga. Él no nos dejará ni nos desamparará, y sabe cómo y cuándo recompensar a Sus siervos. El Salmo 37.37 dice: “Considera al íntegro, y mira al justo; Porque hay un final dichoso para el hombre de paz”.

Lucas Batalla, de un estudio dado 11-9-22

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Hablaron Desde El Infierno

C. Leslie Miller

Introducción

Abel, Daniel, Noé, Abraham, David, Juan, Pedro, grandes hombres de Dios, héroes de la fe que conocieron a Dios y hablaron con Él. Allí los tenemos en las páginas de la Sagrada Escritura, mezclados con relatos de intrigas y romance, aventuras y poderosas impresas.
    Pero en las mismas páginas están los otros nombres – Caín, Faraón, Jezabel, Saúl, Judas– gente de carácter opuesto, cuya maldad sin límites ha dejado manchas indelebles sobre los registros de la historia humana.
    Ambos, los buenos y los malos, han vivido y han muerto. Así como ambos estuvieron divididos en la vida por su conducta, en la muerte están divididos por el destino. Lo que está implicado en esas áreas de división no es conocido en gran medida. Los velos de la muerte son muy opacos. De hecho, solo en la Palabra de Dios se pueden encontrar limitados indicios de lo que hay más allá del Valle de Sombra de Muerte.
    El apóstol Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, nos informa que, para el creyente, estar ausente del cuerpo es estar presente con el Señor. Luego hay una serie de detalles, que nos dejan en el deseo de saber más, pues revelan tan solo la sugestión de cosas maravillosas y de un lugar mejor.
    “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2.9).
    La Biblia solo corre algo el velo de la muerte para darnos un atisbo limitado de la existencia experimentada por aquellos que mueren sin Dios y sin esperanza. ¿Tienen conciencia? ¿Están en tormento? ¿Pueden hablar y recordar lo que les ocurrió cuando eran mortales? ¿Tienen alguna esperanza de reconsideración? ¿Están preocupados por los que aman y permanecen en la tierra de los vivientes? Si pudieran comunicarse con nosotros, ¿qué nos dirían?
    “Tratando de descubrir respuestas a estas preguntas, decidí ir directamente a los (lamentables) personajes de la historia bíblica, y usando el universal y permanente lenguaje de la imaginación, preguntarles si estarían dispuestos a una entrevista”.1  
    Cuando examino las cartas y mapas de las líneas de la vida y lo que hay más allá de ellas, descubro que están claramente marcadas hasta que entran al Valle de Sombra de Muerte.2 De allí en adelante, el camino a la derecha lleva hacia arriba hasta que se confunde con una nube de gloria que tiene la inscripción: “Paraíso”. Una nota al pie del mapa indica que, luego del descenso de Cristo a “las partes más bajas de la tierra”,3  el Paraíso ha sido removido del área del Hades al tercer cielo.4
    La línea que lleva a la izquierda del valle no ha sido marcada claramente, pero con certeza lleva hacia abajo. Inmediatamente más allá del Valle hay un cartel. Sobre él estaba impreso en hebreo: “Sheol” y más abajo, en griego: “Hades”.
    Pero la línea continúa más allá de esta señal, y finalmente termina en una ubicación identificada por una señal que tiene en grandes tipos una letra: “L”, y una “F”. Mirando más de cerca, se nota que las letras indican “Lago de Fuego”.5 No había más líneas ni señalas más allá de este punto. ¡Era el fin del camino!
    Yo no estaba realmente tan interesado en aprender sobre las condiciones de esa morada de tormento, mientras intentaba descubrir por qué se encontraban allí. Y más allá de todo ello, estaba la esperanza de que la información que pudiera obtener pudiera evitar que otros mortales alzaran sus ojos “estando en tormentos”. 6
    De modo que, para entrevistar a algunos de los deshonrosos personajes de la historia bíblica, tenía que viajar en la imaginación hasta el Hades, el punto final antes del Lago de Fuego para esas trágicas víctimas del pecado.
    Ciertos pasos preliminares eran necesarios. Primero, tenía que decidir a quiénes entrevistaría. En segundo lugar, era necesario obtener toda la información posible sobre su actual ambiente y su historia terrena. En tercer lugar, tenía que enfrentar la pregunta: ¿Era adecuado ir más allá del límite de la mortalidad y penetrar en los misterios y emociones que están en el otro lado de este Valle de Lágrimas? ¿O sería invadir territorio exclusivamente divino?
    También enfrenté el problema de credibilidad. Como la imaginación tendría que servirme de vehículo y medio de comunicación, ¿hasta dónde podría ir para identificar a los sujetos entrevistados? ¿Cómo podría decir que entrevisté a Caín en el Hades cuando la Biblia no declara que Caín está en el Hades?
    Debo admitir que solo por conjetura podía hacerlo, y que eso debería estar apoyado por evidencia bíblica directa, o por definidos principios bíblicos.
    En el caso de Caín, la Biblia declara específicamente que “era del maligno” (1 Juan 3.12).
    El principio general del tormento post-muerte de las personas malvadas es enfatizado repetidamente por medio de las Escrituras, por ejemplo:
Salmo 9.17 “Los malos serán trasladados al Seol”.
Mateo 8.12 “Los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”.                                  
Marcos 9.47-48 “Si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga”.

    Un estudio cuidadoso de lo que se ha registrado de la vida terrena de todos los que he planeado interrogar indica que en todos los casos hubo un desafío a Dios, una deliberada infracción de las leyes divinas, y ninguna indicación de arrepentimiento y cambió de actitud y conducta. De modo que si he identificado a cualquiera de los que he entrevistado como si estuvieran en el Hades y la eternidad demuestra que me he equivocado, será para mí un placer supremo poder disculparme con los implicados.
    Todas estas preguntas me llevaron a un cuidadoso estudio de hasta dónde llega la Sagrada Escritura para revelar lo que hay más allá de la crisis de la muerte. Para mi sorpresa, descubrí que se da considerablemente mas información relativa al Hades de la que se da sobre los que están concretamente en el Cielo. Esto fue alentador porque indica que Dios quiere que sepamos algo sobre el destino de aquellos que han ido barranco abajo.
    Fue difícil tomar la decisión sobre aquellos que había que entrevistar. Su fama o posición durante la vida no me resultaba de importancia. Quería descubrir lo que les hizo ignominiosos, las elecciones que hicieron, los pasos que llevaron al naufragio de sus almas. Quisiera volver con los hechos que pudieran servir de triste advertencia a aquellos que todavía viven de este lado del Valle de la Muerte.
    Y así empezó todo. No disfruté de la experiencia. Me llevó a una nueva comprensión de la extrema pecaminosidad del pecado. Salí de esas entrevistas algo serio, sorprendido de la amplitud de la gracia y justicia de Dios, y la amplitud de la arriesgada e insana rebelión del hombre contra las inmutables leyes del Creador. Ahora puedo concordar plenamente con el autor de Hebreos de que “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”.7

1 Hablaron con Dios. Publicado por Manna Books, 1975. Trad. Por CLIE, 1977.

2 Salmo 23.4

3 Efesios 4.8-10  nota del editor: este texto se refiere a la encarnación del Señor, en el vientre de María, como bien indica el Salmo 139.15.    

4 2 Corintios 12.1-4

5 Apocalipsis 19.20; 20.10, 14-15 

6 Lucas 16.23  

7 Hebreos 10.31 

continuará, d.v. en el siguiente número

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“En el principio...Dios...”  (Gn. 1.1)

Aparece en la primera página de la Biblia esta audaz afirmación de la realidad y existencia eterna de Dios. No presenta ni  necesita explicaciones. No requiere una presentación. Simplemente declara la más grande realidad, y Dios espera que nadie será tan necio como para dudar de Su existencia, ni siquiera por un momento. Toda la creación testifica acerca de su Creador Todopoderoso, y nos rodean evidencias de Su poder y sabiduría. “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal. 19.1). Los hombres, con sus teorías de evolución, le llaman mentiroso e intentan robarle Su gloria.
    Cuando todo comenzó, Dios ya estaba ahí. No había nadie ni nada antes que Dios. Nadie más puede testificar acerca de la creación, porque solo Él estaba.
    Pero para los creyentes, Él es más que el Creador. ¡Dichosos los que han nacido de nuevo y por eso legítimamente pueden llamar “Padre” a este Dios! Solo ellos conocen Su cuidado en gracia, Su amor y ayuda durante toda la vida y por las edades de la eternidad. No se adormecerá ni se dormirá Él que los guarda (Sal. 121.4). Su oído siempre está atento a nuestro clamor. Es maravilloso que seamos objetos de Su cuidado constante, y que Él siempre piense en nosotros. ¡Nunca nos ignora ni nos olvida!
    “Yo soy Dios, el Dios tuyo” (Sal. 50.7). Sea nuestro anhelo el conocerle más íntimamente, amarle más sinceramente y servirle más lealmente. 

Roy Reynolds, Irlanda del Norte, traducido y adaptado de la revista “Assembly Testimony”, enero/febrero 2023, pág. 20

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El Deber de la Pascua 

Cuando Dios libró a Israel de Egipto, lo conmemoró estableciendo la Pascua (Éx. 12), para que nunca olvidaran su liberación por intervención divina. “Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis” (Éx. 12.14). Los padres debieron enseñarlo a sus hijos, para que cada generación celebrara la Pascua (vv. 26-27). “Es noche de guardar para Jehová, por haberlos sacado en ella de la tierra de Egipto. Esta noche deben guardarla para Jehová todos los hijos de Israel en sus generaciones” (v. 42).
    Había que seguir cada detalle de las instrucciones divinas, sin improvisar ni modificar nada. Y el pueblo fue obediente. “Así lo hicieron todos los hijos de Israel; como mandó Jehová a Moisés y a Aarón, así lo hicieron” (v. 50).
    Había que celebrarlo a su tiempo, no en cualquier día, sino “a su tiempo” (Nm. 9.2), esto es, “en el mes primero, a los catorce días del mes, entre las dos tardes... conforme a todas las cosas que mandó Jehová a Moisés (Nm. 9.5). No daba lo mismo un día que otro. Los detalles inspirados son importantes.
    Solo había dos razones admisibles para faltar en la Pascua. (1) estar inmundo; (2) estar de viaje lejos. Dios hizo provisión para los que estaban inmundos en esa fecha, o de viaje lejos. Debieron celebrar la Pascua el mes segundo, a los catorce días (Nm. 9.6-11).
    Para todos los demás, no había excusa admisible para faltar en la Pascua. No era opcional para el pueblo de Dios. “Mas el que estuviere limpio, y no estuviere de viaje, si dejare de celebrar la pascua, la tal persona será cortada de entre su pueblo; por cuanto no ofreció a su tiempo la ofrenda de Jehová, el tal hombre llevará su pecado” (Nm. 9.13). La fiesta memorial de su liberación no era cualquier cosa.
    Pasando al Nuevo Testamento, vemos que el Señor Jesucristo instituyó la Cena del Señor en la misma noche de Pascua, reemplazando la Pascua con ella. A la iglesia, la Cena del Señor es tan importante que la Pascua es a Israel. Además, no se celebra una vez al año, ni una vez al mes, ni sábado por la noche, sino cada primer día de la semana, el día de la resurrección del Señor (Hch. 20.7; 1 Co. 16.2).
    Debemos seguir las instrucciones divinas, sin improvisaciones ni modificaciones. Hay que celebrarla a su tiempo, no en cualquier día. Siguiendo el patrón dada en la Palabra con respecto a la Pascua, diríamos que estar inmundo o estar de viaje lejos son las únicas razones por las que debemos faltar en la Cena del Señor. Si estamos limpios, y no estamos de viaje, no debemos dejar de celebrar la Cena del Señor, pues sería pecado. Cada semana este primer día es del Señor; no es nuestro para regalar a familia o amigos que visitan, ni para excursiones ni otras cosas. Ante lo que surja para el domingo, digamos que ya tenemos compromiso ese día. No debemos planificar otras cosas para ese día, porque ya tenemos compromiso con el Señor, y Él no falta en ninguna reunión. Por supuesto que en la edad de la gracia la iglesia nunca castiga con muerte a nadie, pero sí debe haber disciplina para aquellos que dejan de celebrar la Cena del Señor, pues es pecado y mal ejemplo.
    Pero ¿realmente es necesario decir esto? Nuestro Señor amado estableció la Cena del Señor en la noche que fue entregado (1 Co. 11.23). Se supone que cada creyente actuará por amor al Señor, y en ese amor guardará Sus mandamientos (Jn. 14.15). Además, el amor de Cristo debe constreñirnos a no vivir para nosotros mismos, “sino para aquel que murió y resucitó” (2 Co. 5.14-15). Él ha prometido estar en medio de nosotros cuando nos reunimos en Su nombre (Mt. 18.20). ¿Quién quisiera estar en otro lugar que aquel donde su Señor le espera?
    Los apóstoles enseñaron a los nuevos creyentes cómo convenía conducirse y agradar a Dios (1 Ts. 4.1). Aprendamos también esas importantes lecciones, y entre ellas está la importancia de la Cena del Señor.        

   Carlos

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 ¿Qué Es El Arrepentimiento?

 H. A. Ironside


El llamado al arrepentimiento es algo que falta en la predicación en tiempos modernos. Algunos de nuestros hermanos casi tienen miedo de hablar del arrepentimiento, porque hay gente que cree que es algo meritorio.
     Pero no es una obra de mérito. El arrepentimiento es reconocer que uno no tiene méritos, que en sí mismo es un pecador que no merece sino castigo, reo del juicio divino. El Dios santo y justo “manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hch. 17:30).
    El arrepentimiento no debe confundirse con la penitencia. La penitencia es contrición o tristeza por el pecado, pero somos advertidos que “la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse” (2 Co. 7:10). No es tan solamente tristeza por lo que hemos hecho. Puedo entristecer mi corazón al pensar de las cosas malas que he cometido, y de todo el daño que he causado a otros, pero a la vez no arrepentirme realmente para con Dios.
    El arrepentimiento tampoco debe ser confundido con los actos de penitencia. Esos son esfuerzos de expiación o reparación por cosas que uno ha hecho. Son una manera de sufrir voluntariamente; pero no hay sufrimiento físico ni negación propia que pueda pagar por lo malo que le hemos hecho a Dios o al hombre.
    El arrepentimiento no es una reforma personal. Algunos tienen la idea que el arrepentimiento es que uno intenta abandonar sus pecados, limpiarse y vivir justamente, es decir, obra para hacerse buena persona, para merecer la salvación. No es así. Cierto es que puede haber reformas personales sin el arrepentimiento, pero nunca puede haber un verdadero arrepentimiento que no produce cambios, pues si de veras me arrepiento y creo el evangelio, seguramente habrá cambios. La nueva naturaleza no es como la vieja. Ser guiado por la carne y el espíritu de desobediencia no es igual que ser guiado por el Espíritu. Cuando haya arrepentimiento y fe, la vida cambia.      

de su comentario sobre el Evangelio según Lucas, escrito en 1947

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W. E. Vine:
“En el NT el asunto tiene referencia principalmente al 'arrepentimiento' del pecado, y ese cambio de mente incluye tanto volverse del pecado como volverse a Dios”.

Diccionanrio Expositivo

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Tomás y sus Dudas

Tomás insistió que no creería en la resurrección del Señor Jesús sin tocar las heridas físicas de Cristo. Si no viera la evidencia, dijo: “no creeré” (Juan 20.25). Tomás no es el único, pero gracias a Dios, por medio de la fe, el que dudaba vino a ser Tomás el creyente.
    Podía haber creído la evidencia de las profecías bíblicas. Creía la Biblia, pero parece que se le olvidaba que múltiples veces la Biblia profetizaba la muerte y resurrección del Mesías.
    Podía haber creído el testimonio de las mujeres y sus condiscípulos.
     Respetaba grandemente a María, la madre del Señor Jesús, y sus amigos Pedro y Juan. Pero escogió ignorar la evidencia de su testimonio de haber visto a Cristo resucitado.
    Podía haber creído las propias palabras del Señor. Había estado tres años con Cristo, día y noche. Conocía Su vida perfecta y carácter impecable. En las semanas antes de la crucifixión, en tres ocasiones el Señor le había dicho que sería crucificado, pero que resucitaría el tercer día. Sabía que Jesucristo es “la verdad” (Juan 14.6), pero escogió ignorar esa evidencia.
    Podía haber creído la evidencia de sus propios ojos. Otros habían visto que la tumba vacía no fue invadida por ladrones, pues pareció que el cuerpo de Cristo, al resucitar, había atravesado los lienzos sin estorbarlos. Ésa fue la evidencia que convenció a Juan para que creyera (Juan 20.8), pero no a Tomás.
    Cuando luego el Señor le invitó a meter su mano en las heridas, no lo hizo. Simplemente se postró a los pies de Cristo y exclamó: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20.28). Tomás creyó en el Señor Jesús y recibió vida eterna por la Palabra del Señor. Su corazón se ablandó. Sus dudas e incredulidad fueron reemplazadas por gozo. El problema no fue falta de evidencia, sino un corazón incrédulo. Creer o no es una decisión nuestra. No digas “no puedo creer”, porque no es así. No puedo y no quiero son dos cosas muy diferentes. La fe no es un don, sino una responsabilidad. Dios nos ha hecho capaces de creer, y espera que ejerzamos nuestra responsabilidad. Nadie es más digno que Dios de nuestra confianza. El Señor dijo: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20.29). Ahora te pregunto: ¿Quieres esa bendición? ¿Crees, o no? 

domingo, 30 de abril de 2023

EN ESTO PENSAD - mayo 2023

 José Exaltado En Egipto

Lucas Batalla


viene del número anterior


 Texto: Génesis 40-41 

Al comenzar esta parte de la vida de José, conviene recordar las palabras de 1 Pedro 5.6-7. “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. Ciertamente José hizo esto durante largos años, cuando aparentemente no había esperanza, pero fue exaltado cuando llegó el tiempo del plan de Dios. Siempre es mejor el plan de Dios que el nuestro.
    Entramos en el capítulo 40 con José sirviendo en la cárcel. El verso 1 dice: “después de estas cosas”, es decir, andando el tiempo, y José estaba ocupado en su rutina diaria entre los presos. Dos oficiales de Faraón, rey de Egipto, delinquieron contra el rey (vv. 1-2). El jefe de los coperos y el jefe de los panaderos fueron implicados, por lo que es posible deducir que había algún complot contra la vida del rey, quizás con intención de envenenarlo, pero eso decimos como conjetura porque la Escritura no explica más. El caso es que fueron encarcelados, justo donde estaba preso José (v. 3). Aunque José estaba preso, servía como criado al capitán de la guardia, y éste los encargó a José para que les atendiera (v. 4). Pasaron varios días, y una noche esos dos hombres soñaron – cada uno su propio sueño (v. 5). Cuando José les vio la mañana siguiente, observó que los dos estaban tristes y preguntó por qué (vv. 6-7).
    Respondieron que era por los sueños, porque nadie sabía interpretarlos (v. 8). Observamos como José quiso ayudarles, pero tuvo cuidado de exaltar a Dios, no a sí mismo. “¿No son de Dios las interpretaciones? Contadmelo ahora”. No hacía alarde de sus habilidades, sino como hombre que andaba en comunión con Dios, sabía que contaba con Su ayuda. A diferencia de muchos hoy que pretenden traficar en revelaciones, interpretaciones, etc., José no les cobró. Sinceramente quería ayudarles.
      En los versos 9-15 el jefe de los coperos contó su sueño, y José le dio la interpretación. Dentro de tres días sería sacado, restaurado a su oficio, y serviría a Faraón como hacía antes. Sabiendo que volvería a estar delante de Faraón, José le pidió un favor. “Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa. Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel.” (Gn. 40.14-15). Mas el verso 23 relata que “el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó”. No seamos como ese hombre olvidadizo. Cumplamos nuestras promesas, y no dejemos abandonados a los que dependen de nosotros cuando está en nuestro poder hacerles bien. Hebreos 13.3 exhorta: “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo”.
    Entonces, el panadero cobró ánimo cuando oyó la buena interpretación del sueño de su compañero, y contó su sueño a José (vv. 16-19), pero no fue agradable la interpretación. José no intentó suavizar las palabras, sino le dijo francamente lo que estaba a punto de suceder. También nosotros deberíamos hablar acerca del pecado y el castigo de Dios cuando testificamos a los pecadores. No seamos como los familiares de uno enfermo con cáncer. Todos menos él saben que va a morir, sin embargo, no le dicen la verdad, sino que tiene un virus u otra cosa así. Efesios 4.25 exhorta así: “desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo”.
    Los versos 20-23 informan que las cosas sucedieron así como José había dicho. Después de tres días, Faraón restauró al copero, y ahorcó al panadero. El mensajero de Dios había sido fiel. No recibió recompensa alguna en el momento, pero eso también entraba en el plan de Dios, pues todavía debía pasar más tiempo esperando. El copero no se acordó de José, pero Dios sí. La impaciencia puede causarnos muchos problemas en la vida. Por ella podemos interpretar mal o saltar la voluntad de Dios, porque sentimos que nos urge hacer algo, cuando realmente deberíamos esperar. José esperó dos años más, pero no era tiempo perdido.

continuará, d.v. en el número siguiente 

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ESCOGE LO MEJOR


Salmo 37:16 "Mejor es lo poco del justo que las riquezas de muchos pecadores".
    La sabuduría humana no suele considerar que es mejor tener poco que tener mucho. Por lo general, estima más al rico que al pobre. Pero Dios valora la justicia de vida más que la cuenta bancaria y las posesiones.
    Hoy algunos predican que si tienes fe serás rico. He aquí el caso contrario: el justo tiene poco, y las riquezas son de los impíos (Sal. 17.14). El justo busca primeramente el reino de Dios y Su justicia. Tiene lo que necesita, pero no guarda sus bienes para el futuro, como hizo el rico insensato de Lucas 12.15-21. Su prioridad es vivir en justicia, rectitud y piedad, y estas cosas tienen su recompensa en esta vida y en la venidera (1 Ti. 4.8).

Salmo 63:3 "Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán".
    La vida es preciosa, pero andar con Dios y experimentar comunión con Él es mejor que todo lo que esta vida pueda ofrecer. La misericordia de Dios es una gran bendición, y dichosa la persona que la conoce. La contemplación de ella nos mantendrá humildes. Sin Su misericordia ni siquiera seguiríamos vivos. Dios es rico en misericordia (Ef. 2.4). El Salmo 136 celebra la grandeza de Su misericordia, y nos llama a alabarle por ella.

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No Os Hagáis Tesoros En La Tierra

Anthony Norris Groves

La comendación de Cristo a la viuda pobre enseña que desea que tomemos literalmente Su mandamiento.
    Pasamos de observar la conducta de aquel joven rico a considerar ahora el comentario notable del Señor sobre la caridad de la viuda pobre. En Marcos 12:41-44 leemos:
“Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento”.
     En la estimación del mundo, nada podría ser más imprudente o incorrecto que la conducta de ella; y me temo que pocos de nosotros tendrían el valor de elogiar o recomendar a uno que siguiera su ejemplo. Pero, ¿cómo juzga el asunto nuestro Señor, el que no juzga según las apariencias sino con justo juicio? Él observa que ella actúa muy de acuerdo con Su precepto de no guardar para sí. No señala a Sus discípulos el peligro de actuar como ella, ni que Sus palabras no sean tomados literalmente... Al contrario, señala cuidadosamente la peculiaridad y grandeza sin igual de su sacrificio. Les invita a admirar lo que ella hizo. Los ricos echaron de su abundancia, mucho. Pero después de sus ofrendas todavía eran ricos. En contraste, ella de su penuria echó poco, pero era todo lo que tenía, todo su sustento. Los ricos no suelen hacer esto.


págs. 31-32 del libro Devoción Cristiana, por A. N. Groves, Libros Berea

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La Iglesia:
Posesión de Cristo, No de los Hombres

parte 2

     W. E. Vine    

viene del nº de enero
Un Organismo Espiritual

    Pablo habla de la verdad de la iglesia como un misterio. Expone que ella fue formada por la incorporación de creyentes, judíos y gentiles, en un cuerpo del cual Cristo es la Cabeza. Un misterio es una verdad que ha estado “escondido desde los siglos en Dios” (véase Ef. 3.1-9), pero revelado a los santos en el tiempo divinamente indicado. Es algo que hasta ese momento “se ha mantenido oculto desde tiempos eternos” (Ro. 16.25).   
    La gran verdad de ese organismo espiritual con sus partes constituyentes fue especialmente entregada a Pablo (Ef. 3.9). Sin embargo, la primera declaración acerca de la iglesia vino en la ocasión cuando Pedro confesó al Señor como “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16.16). El Señor declaró que solo el Padre le había revelado esta verdad, que sobre el fundamento de esa revelación Cristo mismo edificaría Su iglesia,1 y que las puertas del Hades no prevalecerían contra ella. La revelación comunica las grandes verdades fundamentales de la Persona de Cristo, Su relación eterna con el Padre y Su resurrección. Él “fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Ro. 1:4). Siendo eternamente el Hijo de Dios, Su resurrección declaró enfáticamente esta verdad. Su lugar como Constructor de Su iglesia está conectado esencialmente con Su muerte y resurrección. Mediante éstas, Él venció todo lo que el Hades representa, pues las puertas representan el lugar del ejercicio de autoridad. Destruyó – dejó arruinado o impotente – “al que tenía el imperio de la muerte” (He. 2:14). La Iglesia está establecida sobre Cristo resucitado, victorioso, que da vida, el inmutable. “Nadie puede poner otro fundamento” (1 Co. 3.11).

Un Edificio Espiritual

    Entre las verdades relacionadas con la iglesia, expuestas por Cristo y Sus apóstoles, llaman la atención su establecimiento espiritual y su carácter y destino celestiales. El apóstol Pedro continúa la metáfora que el Señor usó, y describe a Cristo como “piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa” (1 P. 2.4). A continuación, se dirige a los creyentes: “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales...” (1 P. 2.5). “Todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor” (un santuario, un lugar santísimo espiritual), con los creyentes “juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Ef. 2.21-22).
    Los apóstoles no establecieron ningún sistema terrenal u organización de iglesias centralizadas en una sede eclesiástica. Esa política está notoriamente ausente en su doctrina y métodos. Lo que sucedió en Jerusalén en Hechos 15 no es un ejemplo de semejante sede. Hay quienes llaman aquella compañía un concilio apostólico. Fuera cual fuera su naturaleza, ningún apóstol lo presidió. Pedro y los otros apóstoles tomaron parte, Jacobo resumió todo en un discurso final, y escribieron una carta en nombre de los apóstoles y ancianos. Toda la iglesia escogió a varones para llevarla (v. 22). Pero esa reunión fue circunstancial, y no hubo intención de establecer un precedente. En los tiempos de los apóstoles no se menciona en ninguna parte otra reunión como ella. La decisión tampoco efectuó la resolución del problema. Posterior a esto Pedro mismo fue hallado conduciéndose de manera contraria al decreto (Gá. 2.11-14).
    Desde Antioquía salió una gran obra misionera, pero en lugar de conducirla bajo el patrocinio de Jerusalén, se llevó a cabo en total independencia de los apóstoles y aun de sus delegados (Hch. 13.1-3).

Sistemas No Autorizados

    Por lo tanto, los acontecimientos en Jerusalén no apoyan el establecimiento de una sede centralizada para una organización de iglesias. Buscaremos en vano en Hechos y las epístolas siquiera una intimación del establecimiento de semejante institución.
    Excepto en asuntos como ofrendas para los santos pobres en otras regiones, el único lazo que conectaba las iglesias era espiritual. Solo había lazos de la común vida en Cristo y la presencia del Espíritu Santo en los creyentes. No existía ninguna unidad externa ni organización como una federación, asociación o afiliación, ni de las iglesias en un área ni de todas las iglesias. El testimonio apostólico está en contra de la organización de iglesias en un sistema eclesial. En las Escrituras no existe ninguna expresión como: “La Iglesia en la Tierra”, ni contienen nada para justificar una idea como esa. La única Cabeza de la Iglesia es Cristo, y por Sus manos hay provisión para todas las necesidades espirituales de cada iglesia local. La Iglesia que consiste de todos los que están en Él que es la Cabeza, es una entidad visible solamente a Dios. En contraste, los sistemas eclesiásticos son visibles a los ojos del mundo, pero incluyen una mezcla de lo verdadero y lo falso. Son el producto de desviarse del diseño del Arquitecto y Constructor Divino, y son el resultado de la interferencia humana con la operación del Espíritu de Dios.
    Algunos enseñan que ciertos decretos de concilios eclesiales y potentados en los siglos después de los apóstoles eran simplemente el desarrollo de las enseñanzas apostólicas. Alegan que tales adiciones eran necesarias para afrontar las circunstancias de esos tiempos posteriores. La idea de que esos aumentos eran para desarrollar la iglesia es contraria a la verdad. Los que alegan que fueron necesarias contradicen el testimonio de Cristo y Sus apóstoles.
    En las páginas que siguen demostraremos algo del alejamiento de las instrucciones y los mandamientos que el Señor y Sus apóstoles dieron para las iglesias. Es manifiesta la diferencia radical entre lo que fue establecido en la cristiandad apóstata y las doctrinas de “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3). El auge de los sistemas eclesiásticos produjo una condición en las iglesias que estaba lejos de desarrollar la fe. Al contrario, esas condiciones eran (y son) totalmente opuestas a la fe. Semejante dejadez era el cumplimiento de lo que Cristo y Sus apóstoles había predicho, que se levantaría falsos maestros, hablando cosas perversas.
    En los postreros tiempos que nos tocan vivir, el Espíritu de Dios ha estado operando en los corazones de miles de Su pueblo, para que se vuelvan a las enseñanzas apostólicas.
 1 Si concedemos que las palabras “tú eres Pedro” representan correctamente el original, el Señor confirmaba un nombre que ya le había dado (Jn. 1.42). Asociaba su carácter con la verdad de su confesión. Sin embargo, hay considerable autoridad en los manuscritos para traducirlo así: “tú has dicho”. La diferencia es simplemente de espacios – a saber – su eips es “tú eres Pedro”, y su eips representa su eipas, “tú has dicho”. Agustín en su versión latina puso “tu dixisti” (tú has dicho), y debía ver apoyo para eso en los manuscritos. Jerónimo en un lugar cita el pasaje como su eipas. Además, cuando en este mismo Evangelio Caifás interrogó al Señor acerca de si era “el Cristo, el Hijo de Dios” (prácticamente el mismo título que en la confesión de Pedro), Él respondió inmediatamente: “Tú lo has dicho” (Mt. 26.64). 

del libro La Iglesia y las iglesias, por W. E. Vine,  publicado por Libros Berea

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Menos Hablar y Más Trabajar

“En toda labor hay fruto; mas las vanas palabras de los labios empobrecen”  Proverbios 14.23

Es fácil hablar de lo que queremos hacer en el futuro, o de lo que hicimos en el pasado, o de lo que hacen o no los demás. Pero eso no produce nada beneficioso para nosotros, ni para otros creyentes, ni para los inconversos. “Los obreros pocos” dijo el Señor. Hace falta labor y esfuerzo diligente, y hay muchas oportunidades para ello. Pablo habla de trabajar en el evangelio (Fil. 4.3), de colaborar en la edificación de la asamblea (1 Co. 3.8-9), de trabajar en predicar y enseñar (1 Ti. 5.17), de trabajar con las manos (Ef. 4.28), y de trabajar entre los santos, presidiendo y amonestando (1 Ts. 5.12). El ejemplo suyo era de trabajar “de noche y de día para no ser gravosos” (1 Ts. 2.9; Hch. 20.34). No conocía la pereza. Declaró: “su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Co. 15.10). En verdad hay trabajo para todos, y en todo ello hay fruto. Recordemos la exhortación de Pablo en 1 Corintios 15.58, que es para todo creyente: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”.

Traducido y adaptado de la revista “Assembly Testimony”, julio/agosto 2022

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Tus Días Están Contados

William MacDonald

Antes de llevar mucho tiempo viviendo, nos encontramos cara a cara con la realidad de que la vida es muy corta (Job 14.1-2). Es como la hierba —sembrada, crecida, cortada, llevada por el viento. Es como el viento y la niebla —desvaneciéndose y breve. Es como la lanzadera de un tejedor —abalanzándose por el telar como si le hubiesen dado un tiro con una pistola. Es como un palmo —el corto recorrido por la palma de la mano. Will Houghton tenía razón cuando dijo que la cuna y el ataúd son sacados del mismo árbol.
    Ahora vemos a una niña recién nacida con su sonrisa linda y graciosa, y la piel tan suave y delicada. Observando serenamente a sus admiradores, es un encanto con faldón rosa. Ponle unos años, y mírala con sus puntillas, volantes y lazos. Ya está dando de comer a su muñeca, o saltando a la comba en la calle. Antes de que te des cuenta, es una adolescente vivaracha, tremendamente consciente de la ropa y los accesorios, aventurándose en su primera cita. Luego llega a la etapa del matrimonio, y es una madre criando hijos, establecida y serena. Finalmente se jubila, siendo ya madura, plácida, llena de la sabiduría que ha adquirido por su experiencia.
    O pongamos un bebé, un bultito que se retuerce envuelto en azul. Poco después es un niño pequeño, equipado con un curso incorporado de psicología. Sabe cómo llegar hasta el límite de la paciencia de sus padres, y entonces retroceder con cautela. Con los bolsillos llenos de lombrices, ranas, tornillos y piedras, se tambalea en su primera bicicleta. Durante el día parece un demonio, pero una vez dormido en la cama, es un ángel sin lugar a dudas. En su adolescencia se desespera por conseguir la aprobación de sus superiores y es más consciente de su ropa y apariencia. Es a la vez atrevido y tímido, confiado e incierto, romántico y determinado soltero. Ya siendo hombre, es un trabajador compulsivo, llevando el peso de la familia y las responsabilidades del negocio. Intenta apretar 30 horas en las 24 que tiene el día, y estirar el dinero para suplir un presupuesto inflacionario. Cuando al fin consigue tenerlo todo arreglado, ya es abuelo. Y ahora ya es un viejo cuyo cuerpo no puede ir al paso que todavía va su espíritu. Mirando a los jóvenes, dice: “¡yo también fui así!”
    No es de extrañar que un crítico de 84 años se describiese a sí mismo como estando en la esquina de una calle, con el sombrero en la mano, mendigando a los transeúntes para que dejasen caer dentro del sombrero sus minutos ociosos.
    Si la brevedad de la vida nos enseña algo, esto es que si tenemos planes de hacer algo, más vale que nos demos prisa. ¡El tiempo no espera!

Ahora — Un Ensayo Para la Eternidad 

 
    Cada uno debe pensar ahora en la eternidad, porque dentro de no mucho, el tiempo acabará y entrará en ella.
    El pensamiento de la eternidad es uno de los más grandes que pueden ocupar la mente humana. No hay mente humana con la suficiente capacidad de comprenderlo plenamente.
    ¿Qué es eternidad? Es la vida de Dios. Es un océano sin orillas. Es la duración sin fin de la vida más allá. Es por siempre jamás. Si cada granito de arena de todas las playas del mundo representase un año, la suma de esos años no igualaría la eternidad. Su duración es incalculable y sin límite.
    Todos debemos afrontar el hecho de que vamos a vivir eternamente en alguna parte. Es un pensamiento asombroso. Nuestra mente, haciendo vanos esfuerzos, intenta estirarse para asimilarlo. Tenemos un alma inmortal.
    Esto, por supuesto, significa que la historia no se acaba en esta vida presente. Ésta no es más que un capítulo de un drama que continuará. Vivir como si esta vida fuese todo, es trocar lo finito por lo infinito. Es olvidar que tenemos tareas en el destino.
    “¿Creemos que el tiempo venidero es un tiempo mayor que este, y que el “más allá” es mucho más grande que el presente? ¿Que hay siglos y siglos por delante nuestro, y que, sean cuan largos sean, toda nuestra vida aquí en la tierra es tan solo un fragmento de lo que todavía ha de ser? ¿Creemos también que nuestro servicio en los siglos que vendrán es muchísimo más importante que lo que podamos hacer en este siglo?” (T. Austin-Sparks).

págs. 13-15 del libro Solo Una Vida, Libros Berea

Amigo lector, ¿Qué harás con esta breve vida que Dios te ha concedido? 

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Siete Copas De Ira Derramadas


La mayoría de la gente no sabe las terribles cosas que se avecinan. Piensan que el mundo va a seguir más o menos como está ahora, pero no es así. Horribles terrores, plagas y catástrofes están a la vuelta de la esquina. Dios tiene juicios preparados que sacudirán al planeta entero, y Cristo los soltará.Los últimos, conocidos como “las plagas postreras”, acabarán con toda resistencia humana y diabólica.
    En Apocalipsis 15 Juan vio siete ángeles con copas de oro, llenas de la ira de Dios (v. 7). Se derramarán sobre lo que quede del planeta rebelde. Dios no permitirá que nadie interceda, porque llegó la hora de Su ira (v. 8), y no hay marcha atrás. La voz de Dios manda derramar las copas de plagas (16.1). No importa en qué parte vivas, amigo, sentirás la plena medida de la ira de Dios que has ofendido y resistido.
    La primera copa producirá úlceras malignas y pestilentes (v. 2). Dios manda: “No te harás imagen… No te inclinarás a ellas, ni las honrarás” (Éxodo 20.4-5). Pero le desobedecen e insultan, y acostumbrados a hacer y rendir culto a imágenes, lo harán con la imagen del anticristo, y Dios los juzgará. Los labios idólatras se llenarán de úlceras.
    La segunda copa se derramará sobre los mares, se convertirán totalmente en sangre, y morirá todo ser vivo en ellos (v. 3). Los ecologistas serán impotentes para proteger al mundo de los juicios de Dios, pues no ellos sino Él es el Creador. No habrá pescado para comer, y el olor será terrible.
    La tercera copa (v. 4) cambiará en sangre los ríos y las fuentes – no más agua dulce. ¡Nada para beber! En los versos 5-7 los del cielo alabarán a Dios por Sus juicios – se acabó el tiempo de misericordia.


    Se derramará la cuarta copa (versos 8-9) y el sol quemará a los seres humanos. ¡Eso será el verdadero calentamiento global! Pero nadie se arrepiente –solo blasfeman. ¡Qué duros!
    Al derramarse la quinta copa (versos 10-11) densas tinieblas cubrirán el reino del anticristo, causando tanto dolor que la gente se morderá la lengua, pero no se arrepentirá.
    La sexta copa (v. 12) hará secarse el río Éufrates, y grandes ejércitos de hombres pasarán rumbo a Israel para pelear contra Dios y resistir la venida de Cristo. Se unirán en el valle de Armagedón, y allí – en el capítulo 16, serán aplastados con gran derrota. ¡Tan necios serán que intentarán parar a Dios – el Todopoderoso!
    Finalmente, la séptima copa será derramada. Escucharán del cielo: “Hecho está” y se acabará todo gobierno humano y rebelión contra Dios. Habrá relámpagos, voces, truenos y el terremoto más grande de la historia (v. 18). Desaparecerán islas y montes. Caerá un enorme granizo de peso de 34 kilos – destrucción inimaginable y aterradora.
    Jesucristo vendrá con gran poder e ira, y todos los moradores de la tierra le verán. Amigo, sé sensato, pues no podrás más que Dios, el Juez de todos. Arrepiéntete hoy y confía en Jesucristo como tu Señor y Salvador, antes de ver Su ira y juicio.