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sábado, 28 de febrero de 2026

EN ESTO PENSAD -- marzo 2026

 Cristo Despreciado, 
Desechado y No Estimado


“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”.  Isaías 53.3

Dos veces en Isaías 53.3 se habla del Mesías como “despreciado”. Y, sin duda, aquí lo era. Los hombres le lanzaron todo tipo de insultos. Le llamaban glotón y borracho, a pesar de que a veces  por nosotros padecía hambre y sed  (Mt. 4.2; Jn. 19.28). Le atribuyeron connivencia con Beelzebú (Mt. 12.24), a Aquel que había venido a deshacer las obras del diablo y que realizó Sus milagros con el poder del Espíritu de Dios (Mt. 12.28). 
    Se burlaban de Él, con insinuaciones evidentes: “Nosotros no somos nacidos de fornicación” (Jn. 8.41), al que era “el santo ser”, nacido de una virgen (Lc. 1.34-35). Se mofaron de Él, “Tú eres samaritano” (Jn. 8.48), al que en verdad era de la casa real de Israel (Lc. 2.4). Le insultaron, “Tienes demonio” (Jn. 7.20; 8.48), al que expulsaba espíritus inmundos con autoridad absoluta (Mr. 1.27). Lo tildaron de “aquel engañador” (impostor, Mt 27.63), el que era todo lo que decía ser y la verdad misma (Jn 8.14, 25; 14.6). 
    Ningún insulto o término de desprecio era demasiado malo para Él. Era verdaderamente “despreciado”. Y era “desechado por los hombres” (heb. “por los gobernantes y las personas de rango”). La palabra “desechado” deriva del verbo “cesar, abandonar”, y probablemente indica que los hombres importantes se mantuvieron alejados de Él. Mantuvieron la distancia y se negaron a relacionarse con Él. Así, los fariseos pudieron lanzar a sus oficiales el desafío: 
¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos?” (Jn. 7.48). El Señor Jesús no recibió ayuda ni apoyo de los principales de Israel. También fue “rechazado” por los hombres de “su propia tierra” (Lc. 4.24) y por su propio pueblo en general (Jn. 1.11). ¡Hemos sido “aceptados” por Dios (Ef. 1.4) gracias a Aquel que fue rechazado por los hombres! “No lo estimamos”, es decir, no le dieron ningún valor. Lo consideraron insignificante, indigno de su atención. Sin duda, Jesús tenía este verso en mente cuando advirtió a sus discípulos que “está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada” (Mr. 9.12).
     En el cielo, los serafines cubren sus rostros con temor y reverencia ante Su gloria trascendente (Is. 6.1-2). Sin embargo, en la tierra, los hombres ocultaban sus rostros ante Él, mostrando así su falta de interés. 

Malcom Horlock, Cardiff, Gales, Reino Unido, traducido del libro Day By Day Christ Foreshadowed (Día A Día, Cristo Presagiado) lectura del 10 de octubre, Precious Seed Publications. Sus escritos sobre Isaías 53 han sido publicados en español en el libro Cristo En Isaías 53, Libros Berea.

 

Todo esto sufrió el Señor Jesús para obtener nuestra eterna redención, y Dios promete que un día toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre (Fil. 2.11). Los creyentes tenemos ahora el inmenso privilegio de honrar, bendecir y adorar al Señor Jesucristo. El Padre quiere que en todo Él tenga la preeminencia.

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Digno es el Señor

En el cielo le cantaremos al Señor Jesucristo: “DIGNO ERES... porque tú creaste todas las cosas” (Apocalipsis 4.11). También cantaremos: “DIGNO ERES... porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios” (Apocalipsis 5.9). Él completó la obra de la creación en seis días y la obra de la redención en seis horas en la cruz. Aunque Dios permitió que el hombre arruinara la primera obra, jamás le permitirá que Satanás ni a ningún hombre arruinen la obra de la cruz. Como Él fue inmolado, un día redimirá (liberará) a la creación para que sea lo que Dios había planeado que fuera. Y gracias a su preciosa sangre, Él también nos ha redimido (libertado) para ser todo lo que Dios quería que los humanos fueran. Entonces, ¿qué merece Él hoy de ti?

Juan Dennison, Devoción a Diario, lectura del 28 de febrero

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 Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior
5. La Autoconfianza y el Orgullo

Sucede demasiado que algunos hombres son reconocidos como ancianos porque son líderes exitosos en el mundo secular, especialmente en el comercio. Si es la única o principal razón de su reconocimiento, lo más probable es que fracase en el liderazgo espiritual. El éxito en el mundo de negocios no está en las listas de requisitos de ancianos en 1 Timoteo 3 y Tito 1. No quiere decir que si uno tiene éxito en su trabajo, por eso no está calificado para guiar en la asamblea. Pero, debe ser reconocido solo por su carácter y conducta espiritual en el cuidado de los santos.
    El éxito y la prosperidad a menudo conducen a la autoconfianza. Uno podría creer que tiene libertad para decidir y hacer como le parece y que Dios bendecirá cualquier cosa que haga. Entonces cuando no ve la bendición, culpa al diablo o a los hombres, y se niega a reconocer que podría ser por su propia culpa. 
    Cuando el rey Uzías, después de años de éxito y prosperidad, quiso también entrar en el templo y quemar incienso a Dios, su atrevimiento fue síntoma de autoconfianza y orgullo. Pero como era rico, poderoso y popular, ¿quién le iba a contradecir? Gracias a Dios, los sacerdotes fieles le pararon. El rey se enojó con ellos, pero en ese mismo momento Dios le hirió con la lepra. No solo tuvo que salir del templo sino vivió el resto de su vida encerrado en su casa (2 Cr. 26:16-21). Aunque había empezado bien y conoció bendición, luego fracasó porque dio lugar a la autoconfianza y el orgullo. No pensó de sí con cordura (Ro. 12:3). Se creía más de lo que era, y aprendió como muchos que Dios resiste a los soberbios (Stg. 4:6). 
    Después de un triunfo o éxito es cuando más susceptibles estamos a los ataques del adversario. Josué y los hijos de Israel ilustran bien esta importante verdad. El Señor les había instruido a marchar alrededor de Jericó una vez al día durante seis días, y siete veces el séptimo día. Después de rodear la ciudad esa última vez debieron gritar al sonido de las trompetas. Habiendo hecho todo como Dios mandó, los fuertes muros vinieron abajo, e Israel ganó la victoria. 
    El siguiente obstáculo a su ocupación de la tierra fue la pequeña ciudad de Hai. Tan pequeña era que no sintieron necesidad de consultar al Señor. Confiados por su victoria en Jericó, decidieron enviar a pocos soldados para tomar a Hai (Jos. 7:3).
    El resultado fue un fracaso total. Los de Hai derrotaron al ejército que Josué envió, y esos huyeron como conejos. Las Escrituras predicen resultados así al decir: “antes de la caída la altivez de espíritu” (Pr. 16:18). 
    Varias cosas condujeron a ese fracaso. Había pecado en el campamento. También el pueblo confiado creía que vencería con solo unos pocos. Después de la victoria en Jericó, surgieron la autoconfianza y el orgullo, que son obras de la carne.
    En el gobierno de la asamblea, la presencia de la autoconfianza, el orgullo por éxito en el mundo o en la asamblea, y la presunción son ingredientes de fracaso. El apóstol Pablo advirtió de este tipo de peligro cuando escribió acerca de los que desean ser obispos: “no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo” (1 Ti. 3:6). Los ancianos no deben ser neófitos (gr. neófutón) – como árboles recién plantados, sin las raíces profundas producidas con experiencia en piedad y en las pruebas. Por la experiencia aprendemos la debilidad de la carne, y la necesidad de depender de Dios en todo momento. La experiencia enseña a uno a desestimar el éxito, la aptitud, los estudios, las riquezas, etc. Aprende por experiencia a ser humilde y andar pegado al Señor y confiando solo en Él.
continuará, d.v. en el siguiente número     

                 del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea

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 La Gratitud es Parte de la Adoración

“Y... se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso...” (Ap. 11.16-17).

Para los que deseamos mejorar como adoradores, hay aquí una faceta de la adoración que frecuentemente es pasada por alto: es simplemente darle gracias al Señor por quién es y lo que ha hecho. Las expresiones vocales de acciones de gracias forman parte de la adoración celestial (Ap. 4.9). Hermanos, no es necesario pensar en algo nuevo o elocuente que decir para adorar. En el cielo adoran todos, porque están todos agradecidos.¡Hermanos, que también se escuchen con frecuencia esas sencillas y sinceras acciones de gracias en nuestras reuniones aquí en la tierra! Además, debemos practicar a diario las acciones de gracias al Señor.

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 El Creciente Énfasis en la Música
Parte 2
Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior
En primer lugar, podríamos preguntar: ¿Sobre qué base bíblica tienen los ancianos autoridad para “dictar los parámetros en los que van a trabajar”? La asamblea es del Señor, no de los hombres. ¿Tienen derecho los ancianos de “establecer” o “dictar” que una asamblea tendrá dos Cenas del Señor? No lo encuentro en ninguna parte de las Escrituras. Más bien, es la forma de pensar de los que transigen.
    Al leer el Nuevo Testamento, donde se predicaron poderosos mensajes evangelísticos y se salvaron miles de personas, es evidente que la música no fue esencial para la evangelización. De hecho, la música no ocupó un lugar destacado en el ministerio de Cristo, ni en el de Pedro, ni en Pentecostés, cuando se salvaron 3.000 personas y fueron bautizadas (Hch. 2.41), ni en las predicaciones evangelísticas de Pablo durante sus viajes misioneros (1 Co. 2.1-5). La ciudad idólatra de Corinto tenía su propia música, y Pablo podría haberla “cristianizado” (adaptado) para atraer a mucha gente. Sin embargo, la Palabra de Cristo fue el centro y se predicó con poder, y la gente se arrepintió y se convirtió (1 Ts. 1.5). Todo esto se logró sin música.
    Entre los peligros con mucha de la música “contemporánea cristiana” hoy en día deben incluírse los siguientes:
    (1) Sin tener en cuenta la letra, mucha de la música no es diferente a la música del mundo. Los jóvenes pueden disfrutar igual de una que de otra, y muchas veces el impacto físico es similar. En resumen, apela a la carne.
    (2) Muchos de los que interpretan música tienen un aspecto similar al de los músicos del mundo, incluyendo su forma de vestir, el estilo de su cabello, sus movimientos e incluso su lenguaje, lo que genera dudas sobre su relación con Cristo.
    (3) A menudo, la letra es superficial y se repite mucho, y a veces es bíblicamente incorrecta. En algunos casos, roza la blasfemia. Se ha dicho que "aceptamos los errores a través de la música mucho más rápidamente que los aceptaríamos en el púlpito". ¿Significa esto que toda la música contemporánea es superficial o errónea? No, de hecho, hay algunos himnos contemporáneos que son muy bíblicos y hermosos. Sin embargo, un porcentaje significativo de los jóvenes de nuestros tiempos ni siquiera escucha estos himnos, sino que opta por los de "alta energía" (Fil. 1.10).
    (4) La composición musical, tanto de la letra como de las notas, hace casi imposible que una congregación normal la cante. Esto conduce a la necesidad de un “artista dotado” que la cante, lo que reduce a la congregación a ser meros oyentes en lugar de participantes activos  (algo similar a lo que sucede con los coros). Se percibe casi una división entre los artistas y el resto de la congregación respecto a la música, y esto podría provocar que con el tiempo se olvidaran los sanos himnos de la fe.
    (5) Hay indicios de que los jóvenes que escuchan mucha música actual maduran más lentamente en las cosas de Cristo, o quizá no maduran. O no se produce la santificación o está en un nivel muy bajo. Algunos nunca se libran de este problema y les afecta incluso en la vejez.
    (6) Muchos creyentes mayores que defienden la música cristiana contemporánea defienden, en realidad, un tipo de música contemporánea totalmente distinto al que escuchan la cristiandad y los jóvenes. En muchos casos, los creyentes ancianos ni siquiera podrían entender las letras de la música que escuchan los jóvenes. Tampoco podrían soportar el fuerte ritmo de alta energía que les golpea los oídos y el pecho.
    (7) La música, especialmente si se canta repetidamente con la intención de provocar profesiones de fe, puede excitar fácilmente los sentidos físicos y las emociones naturales sin producir una verdadera convicción espiritual ni conversión (2 Co. 7.10). Esta experiencia a menudo provoca lágrimas o euforia. Las emociones intensas pueden dar lugar a un falso sentido de seguridad, cuando en realidad no se ha producido ninguna obra de conversión del Espíritu Santo (1 Ts. 1.5).
    Pablo y Silas oraban y “cantaban himnos a Dios; y los presos los oían" (Hch. 16.25). Cantaron “a Dios” como expresión de gozo en medio de una prueba (Stg. 5.13). Curiosamente, no se menciona la conversión de los presos que los escucharon, pero sí la del carcelero, que había estado dormido (Hch. 16.27). Probablemente no escuchó los himnos porque estaba dormido hasta el terremoto, pero sí creyó en el mensaje que le hablaron Pablo y Silas (Hch. 16.31-32).
continuará, d.v., en el número siguiente

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 La Biblia: el Gran Recurso del Creyente
parte 2
Carlos Tomás Knott

La Biblia es el único recurso que Dios ha dado a Sus siervos para el trabajo espiritual. En la evangelización así como para enseñar y aconsejar a creyentes, es la herramienta divina y completa. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3.16-17). No se necesitan cosas como la teología pastoral o la psicología para ayudar a los creyentes. El mandato es: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Ti. 4.2). Quien no cree en la plena suficiencia de la Palabra de Dios no debe hablar. Quienes no reconocen que lo que Pablo escribió en 1 Corintios son mandamientos del Señor (1 Co. 14.37) no son ni profetas ni espirituales, por lo que deben callarse.
    La Palabra de Dios es tan suficiente, completa y adecuada que está prohibido añadir o restar de ella (Pr. 30.5-6). Piensa en lo completo que es este recurso divino.

“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón. ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión” (Sal. 19.7-13).

     Queda por preguntar si nosotros también hablamos así acerca de la Biblia. ¿Podríamos nombrar algún otro libro, persona o cosa que tenga ese poder, pureza y profundidad?
    En nuestra peregrinación también necesitamos aliento, y Dios lo provee de varias maneras. El Salmo 23.4 dice: “Tu vara y tu cayado me infundirán aliento”, pues necesitamos la guía, protección y corrección del Buen Pastor. El Salmo 31.23 promete: “A los fieles guarda Jehová, y paga abundantemente al que procede con soberbia”. El verso siguiente dice: “… tome aliento vuestro corazón”. Su protección y Sus promesas nos alientan en medio de pruebas y dificultades. Vemos la creciente injusticia y maldad en el mundo, pero no perdemos esperanza, porque sabemos que Dios nos cuida, y Él juzgará a los malos y establecerá Su reino. Promete oír y responder a nuestras oraciones. “No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (He. 13.5-6). No sabríamos estas preciosas verdades si no fuera por Su Palabra.
    La Palabra de Dios nos alimenta y nutre nuestra vida espiritual. “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 P. 2.2). El profeta Jeremías exclamó: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jer. 15.16). Job dijo: “Guardé las palabras de su boca más que mi comida” (Job 23.12). El salmista lo expresó así: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca” (Sal. 119.103). Pero los creyentes no debemos vivir solo de leche, como niños, sino crecer y tomar el alimento sólido de la Palabra. Desafortunadamente  muchos, por la inmadurez y la pereza, no crecen debidamente. Hebreos 5.11-14 lamenta la condición de los “niños perpetuos” y su incapacidad para entender preceptos bíblicos.

“Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”.                                                                                                        
continuará, d.v. en el siguiente número

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La Reunión de Oración es Bíblica, Necesaria y Muy Importante
Hechos 2.42

Los católicos suelen creer que si asisten a la misa han cumplido con Dios, y algunos cristianos aparentemente creen que si asisten a la Cena del Señor han cumplido, y desestiman las otras reuniones. Pero según el libro de Hechos, la Iglesia primitiva no se limitaba a la Cena del Señor y al ministerio de la Palabra. La comunión entre ellos, las oraciones y la evangelización constante también marcaban la vida de las primeras iglesias. Las oraciones de los creyentes reunidos ocupan un lugar muy importante en el libro de los Hechos. Todos los que asisten a la reunión de la cena del Señor también deben tener como prioridad reunirse para orar con sus hermanos.

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 Oración, Amor y Crecimiento Espiritual
Lucas Batalla

Texto: Filipenses 1.1-11

Muchos de los que escuchan a predicadores evangélicos les oyen decir que, si recibes a Cristo, todo te irá bien, pero no es así. Espiritualmente te irá bien, sin duda, porque tendrás perdón y vida eterna. Pero la historia y la Biblia enseñan que la conversión al Señor atrae el odio del mundo. Incluso los de tu casa podrían volverse tus enemigos; no hace falta ir a la calle a buscar enemigos. Y, en este mundo tal y como está, siempre hay problemas y dificultades, porque le ha dado la espalda a Dios y tiene al diablo como su príncipe (Jn 14.30; 16.11). Podríamos decir que, cuando una persona se arrepiente y confía en el Señor Jesucristo, el diablo le declara la guerra o, al menos, la intensifica.
     La oración es muy importante a nivel personal y también en la congregación. Pablo solo llega a los versos 3 y 4 y ya la menciona. He oído a personas decir que, cuando están nerviosas, salen a caminar o hacen ejercicio y se les pasa, pero eso no es la solución espiritual. La solución es la oración: echar sobre Dios toda nuestra ansiedad (1 P. 5.7). Por eso, aunque Pablo no podía estar con los filipenses, en el verso 6 declara su confianza en que Dios haría la obra. Oraba por ellos.
    Los filipenses sufrían persecución por causa de Cristo, como Pablo, y de él aprendían a orar. Pablo había orado cuando sufrió en la cárcel de Filipos al principio de su labor misionera (Hch. 16.25). Ponía en práctica lo que enseñaba a los hermanos.
    Debemos orar y pedirle ayuda al Señor como él. Tenemos que alabar y adorar como él y dar gracias a Dios en todo momento. La oración ocupa un lugar muy importante en la vida del creyente fiel. Alguien dijo que la oración es el aire nativo del creyente. Un creyente que no ora es como una persona que no respira. Padece de una apnea espiritual que afecta la salud de su alma.
    Pablo no solo oraba por sí mismo, sino también por ellos. Y, como hemos visto en el versículo 7 de nuestro pasaje, declaró que era justo sentir todo eso porque les tenía en el corazón, que es la parte más importante de nuestro ser. En el verso 8, ponía a Dios por testigo de que les amaba con el entrañable amor de Cristo, que no es un simple cariño o afecto natural, sino algo mucho más fuerte y duradero. Pablo amaba al Señor porque le había perdonado y nunca lo olvidó. También amaba al pueblo del Señor, a quienes antes había torturado y provocado para que blasfemaran. Sentía una gran gratitud hacia el Señor y le amaba a Él y a los Suyos porque le había rescatado de una vida perdida y blasfema. Como aquella mujer de Lucas 7.37-50, Pablo amaba mucho porque había sido perdonado mucho. Sabía, como David, que el Señor había perdonado todos sus pecados y rebeliones. Este conocimiento produce gratitud y amor en nosotros, porque la Palabra dice: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Jn 4.19).    
    En los versos 9-11 el apóstol pedía que el amor de ellos abundara más y más, y observa cómo: “en ciencia y en todo conocimiento” (v. 9). No es un amor ciego, sólo una emoción pasajera o sin fundamento. Es importante conocer la Biblia, así crecemos en el conocimiento de Dios y esto afectará nuestra vida y nuestro amor. Un amor analfabeto no sirve en las cosas de Dios. En el versículo 10 indica que ese amor con conocimiento es para que aprobemos lo mejor, no todo, no cualquier cosa, sino lo mejor. En el versículo 11 vemos el resultado – los que así hacen serán llenos de frutos de justicia. Esto es, el fruto del Espíritu, el fruto de una vida de comunión y obediencia, lo que agrada a Dios. Es “por medio de Jesucristo” porque como Él dijo: “separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15.5). Cuando cultivamos la comunión con Cristo, y crecemos en el conocimiento de Él por medio de Su Palabra, el resultado es fruto espiritual, y eso, como dice al terminar el versículo 11, es “para gloria y alabanza de Dios”. Que el Señor nos ayude a darle esa gloria y alabanza que viene no sólo de nuestros labios sino también de nuestras vidas. Amén.

de un estudio dado por Lucas Batalla en 2017

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  El Quinto Mandamiento

“Honra a tu padre y a tu madre”.

Dios estableció la autoridad y la responsabilidad de los padres, y Él exige que los hijos sean respetuosos y obedientes con ellos. ¡Sea honesto! ¿Alguna vez les faltó respeto a sus padres?¿Los desobedeció o engañó siquiera una vez? ¡Más bien fueron muchas veces!, ¿verdad? No se escude diciendo que todos los niños desobedecen y deshonran a sus padres, y que es solo una fase del desarrollo. Recuerde el dicho: “mal de muchos, consuelo de...”.  Además, si se trata de una fase del desarrollo, podríamos decir que es el desarrollo del pecado: la voluntad rebelde que se niega a obedecer, que planta cara a los padres y dice “¡no!”. ¿No ve que los niños no son ángeles ni inocentes? Al contrario, nacen pecadores, y no tardan mucho en ponerlo de manifiesto. 
    Piense en su propia vida: ¿acaso no ha pensado mal o ha hecho un gesto de enojo hacia su madre o su padre? Aunque lo haya disimulado, da igual, el pecado sigue ahí. El mandamiento divino es claro: “Honra a tu padre y a tu madre”, y se repite en el Nuevo Testamento (Epístola a los Efesios 6.2). No se trata de honrar solo a uno de ellos, al que más le guste o al que más le deje hacer lo que quiere, sino a los dos.  Es cierto que algunos hijos tienen más cuidado con la forma en que hablan y responden a su padre, pero no muestran la misma actitud con su madre. Otros son muy cariñosos con su madre, pero no con su padre. Eso es pecado.
    ¿Nunca ha mentido ni engañado a sus padres? ¿Nunca les ha ocultado algo que sabía que estaba mal? Eso también es faltarles al respeto y a la honra que Dios exige. Y lo mismo se puede decir acerca de los hijos que intentan manipular a los padres para salirse con la suya. Si uno de sus padres le dijo que no podía hacer algo, ¿fue luego usted a preguntar al otro aparte, sin mencionar lo que se le había dicho, buscando que le diera permiso? Eso es deshonesto y deshonra. 
    Repito, la Biblia manda: “Honra a tu padre y a tu madre”. ¿No les ha dicho “vete perdido”, “déjame en paz”, u otras cosas parecidas a sus padres? ¿No les ha desafiado diciéndoles que no les iba a obedecer, que le daba igual lo que pensaran? ¿No se ha enojado y  discutido con ellos? ¿No ha hecho muecas o gestos obscenos a sus padres a sus espaldas? ¿Les ha llamado tontos, idiotas, retrasados o cosas parecidas? ¿Les ha llamado “mis viejos” u otros nombres de forma despectiva?    

      Si no ha hecho esas cosas abiertamente, pero ha habido deshonra, desprecio, desobediencia y rebeldía en sus pensamientos o sentimientos, todavía es culpable, porque Dios ve los pecados de los pensamientos y las actitudes (Isaías 55.7; Marcos 7.21).

En algún momento, quizás siendo ya mayor de edad, ¿les ha plantado cara diciéndoles: “no soy un niño”, o “no necesito tu permiso” u otras cosas parecidas? Recuerda la exhortación Proverbios 3.1-2 a los hijos de cualquier edad:

Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos; porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán

¿Les ha amenazado con denunciarlos si le castigan? El hecho de que en las escuelas públicas se enseñe a los niños a denunciar a sus padres es un índice de perdición para una sociedad que antepone sus “derechos personales” a la Ley de Dios. Y si usted, como adulto, ha enseñado o animado a los jóvenes a denunciar a sus padres, o si, como joven, los ha denunciado por corregirlo, entonces ha quebrantado la Ley de Dios.

“Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas largos años en la tierra que Yahvé, tu Dios, te da”  (Éxodo 20.12 Biblia de Jerusalén). 

“¡Maldito quien deshonre a su padre o a su madre!” (Deuteronomio 27.16 Biblia de Jerusalén). 

    No se puede limitar eso a los tiempos del Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento Jesucristo dijo:

“Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente” (Evangelio según San Mateo 15.4). 

    Además, el Nuevo Testamento enseña que los que son “desobedientes a los padres” son dignos de muerte, pues es un pecado grave (Epístola a los Romanos 1.30, 32). La ofensa de “desobedientes a los padres” aparece en la misma lista que “fornicación”, “perversidad” y “homicidios”.
    ¿Siempre actuó tal y como sus padres exigieron, al cien por cien, sin ninguna queja, como un hijo perfecto, leal, amable y respetuoso? ¿Solo obedeció cuando ellos lo veían, o también cuando no podían verle? ¿Siempre ha sido amable y respetuoso? Si no es así, entonces ha incumplido el quinto mandamiento.  
 

 

                                                  ¡Cupable!  

 

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Además de los textos arriba citados, los siguientes versos muestran que Dios toma mucho más en serio que muchos padres la actitud y el comportamiento de sus hijos. No debemos seguir el modelo del mundo impío, sino el de Dios (Ro. 12.1-2). 

“Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre” (Proverbios 1.8).

“Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre; átalos siempre en tu corazón, Enlázalos a tu cuello” (Proverbios 6.20-21).

“Oye a tu padre, a aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies” (Proverbios 23.22).

Hay generación que maldice a su padre y a su madre no bendice. Hay generación limpia en su propia opinión, si bien no se ha limpiado de su inmundicia (Proverbios  30.11-12).

El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila (Proverbios 30.17).     

“El que hiriere a su padre o a su madre, morirá...  Igualmente el que maldijere a su padre o a su madre, morirá (Éxodo 21.15, 17).

Cada uno temerá a su padre y a su madre (Levítico 19.3). 

Todo hombre que maldijere a su padre o a su madre, de cierto morirá; a su padre o a su madre maldijo; su sangre será sobre él (Levítico 20.9).

Y la hija del sacerdote, si comenzare a fornicar, a su padre deshonra; quemada será al fuego (Levítico 21.9).

Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere; entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva; y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá (Deuteronomio 21.18-21).

Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre. y dirá todo el pueblo: Amén (Deuteronomio 27.16).

El necio menosprecia el consejo de su padre; Mas el que guarda la corrección vendrá a ser prudente (Proverbios 15.5).

El hijo sabio alegra al padre; mas el hombre necio menosprecia a su madre (Proverbios 15.20).

El hijo necio es pesadumbre de su padre, y amargura a la que lo dio a luz” (Proverbios 17.25).

El que roba a su padre y ahuyenta a su madre, es hijo que causa vergüenza y acarrea oprobio. Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas que te hacen divagar de las razones de sabiduría (Proverbios 19.26-27).

Al que maldice a su padre o a su madre, se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa (Proverbios 20.20). 

El que roba a su padre o a su madre, y dice que no es maldad, compañero es del hombre destruidor” (Proverbios 28.24).

“... habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno... (2 Timoteo 3.2-3). 

Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa, para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra
(Efesios 6.1-3).

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor (Colosenses 3.20).

Los padres deben responder bíblicamente a los pecados de actitudes y hechos de sus hijos:

“Porque yo también fui hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre.Y él me enseñaba, y me decía: Retenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y vivirás” (Proverbios 4.3-4).

“El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13.24).

“Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma” (Proverbios 29.17).

“... que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad” (1 Timoteo 3.4).

La única solución: Arrepentimiento y confesión:

Cualquier hijo o hija que ha desobedecido y deshonrado a Dios y a cualquiera de sus padres, no tiene perdón hasta que se vuelva arrepentido y humildemente reconocehe pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo (Lucas 15.21). No hay otro camino de restauración y bendición. Pecar contra los padres es pecar contra Dios.

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