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martes, 31 de octubre de 2023

En Esto Pensad -- noviembre 2023

 "Abba Padre"

Un hermano nuevo en la congregación asistía cada sábado a un estudio de varones. Para animarlo, le pidieron que la próxima semana abriera la reunión en oración, pues no quisieron sorprenderlo. Pero andaba toda la semana preocupado por qué diría en oración, ya que los hermanos iban a escucharle por primera vez. Había oído las oraciones largas y elocuentes de ellos. Consideraba que era un gran privilegio el poder orar delante de ellos, y quiso causar una buena impresión. Así que comenzó a componer una oración, por escrito, con textos bíblicos y expresiones tomadas de himnos, para que fuera muy elocuente. La memorizó, y cuando llegó el día del estudio, todos inclinaron la cabeza y ese hermano “oro”, recitando con emoción su oración compuesta, haciendo subir y bajar el tono de voz como había oído hacer otros hermanos, pues pensaba que así debía hacer para ser más espiritual. Todos dijeron “Amén” y él sentía alivio y quedó satisfecho. Pero luego, al final del tiempo del estudio, el que presidía dijo: “Hermano, como has orado tan bonito al principio, queremos pedirte que ores otra vez para terminar la reunión”.
    ¡Qué horror! Le entró un pánico y sentido de desmoronamiento, porque no sabía orar, y no podía repetir lo que ya había recitado. Pero los hermanos inclinaron sus cabezas y esperaron. Entonces él, con voz temblante comenzó a decir, como niño: “Oh Padre, gracias por el día, y las flores, y el sol, y por los hermanos, y bendícenos. Amén” – con un gran suspiro al final. Sabía que le habían descubierto, pero los hermanos se despidieron sin decirle nada. Cuando se iba, el hermano que presidía le tomó aparte y dijo: “Hermanito, ¿sabes qué? La segunda oración fue la mejor, porque salió del corazón, y en ella no intentabas impresionar a nadie. En la oración, habla siempre con Dios, con la confianza de que Él te conoce y ama y oye. Recuerda, ‘Abba Padre’ es lenguaje de niños, no de oradores profesionales. ‘Abba’ es lo que los niños llaman a su papá. Acercate a tu Padre celestial confiado que eres amado y aceptado. “Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gá. 4.6). No tienes que ser elocuente, sino sincero y sencillo, como un niño con su padre”.
    Don J. Eddie Schwartz, un siervo de Dios durante muchos años en los Estados Unidos, relató ese incidente de su vida joven, para animar y ayudar a los hermanos en la oración.
...habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Ro. 8.15)
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    Algunos han sido adoctrinados con la idea de que hay que luchar para entrar en la presencia de Dios. En una reunión de oración, una persona de esa persuasión oraba así: “Oh Dios, oh santo Dios eterno. Eres tan alto, tan santo, tan inescrutable, y Tus pensamientos no son nuestros. ¡No podemos acercarnos a Ti! ¿De qué modo podríamos atrevernos a presentarnos ante Tu trono soberano, donde en Tu perfecta justicia nos miras a nosotros unos meros hombres? No sabemos como dirigirnos a Ti, y ¿quiénes somos nosotros para hablar con Tu Alteza? ¿Qué podriamos decirte, pues eres omnisciente, omnipresente, omnipotente y perfecto en sabiduría y santidad. ¡Delante de ti son como nada todas las naciones, oh Altísimo! No podemos acercarnos a ti, pues somos indignos. No sabemos cómo dirigirnos a ti, y ¿quiénes somos nosotros para hacerlo?” Paró, y hubo un muy largo silencio.
    Pareció que ahí terminó su oración. Seguro que a algunos hablar así suena muy espiritual y profundo. Pero entonces un hermano sencillo oró así: “Abba Padre, gracias por amarnos y recibirnos para que hablemos contigo”. Después, de forma sencilla, directa y confiada, como un niño con su padre, presentó sus peticiones y no habló de teología. Dejémonos de altilocuencias y sigamos su ejemplo.

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 ¡EL FIN VIENE!
 

William Macdonald

Indicaciones de que han llegado los últimos tiempos


Hay muchas indicaciones de que el arrebatamiento puede estar cerca. Podemos considerar las siguientes como indicios:

1. La constitución del Estado de Israel en 1948 (Lc. 21.29). La higuera (Israel) está brotando, es decir, sacando sus hojas (Lc. 21.29–38). Por vez primera durante siglos, los judíos tienen una existencia nacional en su propia patria. Esto significa que el reino de Dios está cerca.
2. El surgimiento de muchas otras naciones (Lc. 21.29). Jesús predijo que no sólo la higuera brotaría, sino que también lo harían todos los árboles. Hemos sido recientemente testigos del fin de gobiernos coloniales y de la proliferación de nuevas naciones. Es una era de renovados nacionalismos.
3. El regreso de Israel a la tierra en incredulidad (Ez. 36.24-25). Ezequiel profetizó que sólo sería tras el regreso de ellos que serían purificados de sus pecados. En la actualidad, Israel es mayormente una nación de agnósticos; sólo un segmento muy pequeño (aunque muy vocal) de la nación son judíos ortodoxos.
4. El movimiento ecuménico (Ap. 17 y 18). Entendemos que la Gran Babilonia es un inmenso sistema religioso, político y comercial compuesto de cuerpos religiosos que profesan ser cristianos, quizá una fusión del catolicismo apóstata con el protestantismo apóstata. La cristiandad se está volcando más y más hacia la apostasía (1 Ti. 4.1; 2 Ts. 2.3) y está de camino a ser una super iglesia mundial.
5. El crecimiento mundial del espiritismo (1 Ti 4.1–3). En la actualidad se está esparciendo por amplias zonas del mundo.
6. La drástica decadencia de las normas morales (2 Ti. 3.1–5). La prensa diaria da abundante prueba de esto. El mundo ahora acepta o tolera toda clase de pecado sexual. Se juntan parejas sin matrimonio. Los casados rompen sus votos y se divorcian, luego se vuelven a casar. Sin vergüenza se practica la homosexualidad, el lesbianismo y otras perversiones.
7. Abundan la violencia y desobediencia civil (2 Ts. 2.7-8). Hay un espíritu de anarquía en los hogares, en la vida nacional e incluso en la iglesia.
8. Las iglesias están pobladas de personas con una forma de piedad, pero niegan su poder (2 Ti. 3.5). Hay muchas profesiones falsas y superficiales.
9. Ha surgido del espíritu anticristiano (1 Jn. 2.18), que se manifiesta en la multiplicación de falsas sectas que profesan ser cristianas, pero que niegan todas las doctrinas fundamentales de la fe. Engañan por imitación (2 Ti. 3.8). Hablan de prosperidad económica y piden dinero (2 P. 2.2)
10. La tendencia de las naciones a confederarse en corrientes que se aproximan a la alineación de los últimos días. La Comunidad Económica Europea, basada en lo que se conoce como el Tratado de Roma, ha dado paso a la Unión Europea, y puede conducir al avivamiento del Imperio Romano —los diez dedos de hierro y barro (Dn. 2.32–35).
11. La negación de la inminente intervención de Dios en los asuntos del mundo por vía de juicio (2 P. 3.3-4). A esto se podrían añadir indicaciones como terremotos en muchos países, la amenaza de un hambre mundial, y la creciente hostilidad entre las naciones (Mt. 24:6, 7).

    El fracaso de los gobiernos en el mantenimiento de la ley y del orden y en la supresión del terrorismo lleva a un clima para el surgimiento de un dictador mundial. La acumulación de arsenales atómicos da un significado adicional a preguntas como: “¿Quién podrá luchar contra ella?” (Esto es, contra la bestia; Ap. 13.4). Las instalaciones mundiales de televisión, internet y redes sociales podrían ser el medio para cumplir Escrituras que describen acontecimientos que serán vistos simultáneamente en todas partes del planeta (Ap. 11.9).
    La mayor parte de estos acontecimientos son predichos en la Biblia como cosas que acaecerán justo antes que Cristo regrese a la tierra para reinar. La Biblia no dice que tendrán lugar antes del arrebatamiento, sino antes de Su manifestación gloriosa. Puesto que es así, y que ya vemos el abierto desarrollo de esas cosas, hay una conclusión inevitable: el arrebatamiento de la iglesia debe estar muy cerca, a las puertas. El apóstol Pedro, inspirado por Dios, nos exhorta así: “¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir” (2 P. 3.11) 

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La Herejía “Amigable”

Mark Frees

Para muchos, la cuestión de la impecabilidad del Señor Jesucristo no es cosa de gran importancia. “Jesucristo no pecó”, afirman, y a continuación preguntan: “¿Para qué discutir si le era posible pecar o no?” Otros declaran llanamente que opinan que a Cristo le era posible pecar, aunque no pecó. Un reciente “best-seller” en las librerías evangélicas de Norteamérica afirma que no solo le era posible pecar, sino que, sin la ayuda del Espíritu Santo, probablemente habría pecado. Es alarmante saber que miles de cristianos que profesan creer la Biblia, aparentemente leen tal declaración sin pestañear.
    Al cristianismo moderno no se le conoce por su discernimiento doctrinal. La superficialidad y el sentimentalismo abundan y predominan. Así que, quizás no debe sorprender que, en la actual teología popular, muchos evangélicos asentirían o tolerarían la idea de que nuestro Señor fuese capaz de pecar, y dirían: “a fin de cuentas lo importante es que no pecó”.
    Quizás este punto de vista parece inofensivo a muchos. Puesto que sabemos que Él no pecó, ¿no sentimos consuelo al saber que nuestro Señor Jesús también luchaba con la tentación como nosotros? ¿No nos ayuda a identificarnos con Él, viéndole más genuinamente humano? Si tenemos claro que Él no pecó, ¿que hemos perdido si decimos que en teoría Él era capaz de pecar?
    Ahí está el problema, que no entendemos la importancia de la impecabilidad, y nos parece inofensivo. Pero mirándolo más detenida y cuidadosamente, esta enseñanza es un semillero lleno de innumerables doctrinas perniciosas que pueden brotar y atacar, al menos en principio, muchas otras doctrinas de la Palabra de Dios.
    Asumamos, por causa del argumento, que tienen razón los que enseñan que Cristo podía haber pecado (aunque no es cierto). Entonces sigamos el hilo de esa enseñanza para ver cuáles son las consecuencias lógicas. Me da cierto temor aun escribir tales pensamientos, pero si así podemos mostrar la verdadera naturaleza de esta falsa enseñanza, entonces quizás será provechoso.
    Para comenzar, si Cristo pudiera haber pecado, casi todos Sus atributos divinos quedarían en entredicho. Si la tentación pudiera vencerlo, Él no sería omnipotente. Si pudiera ser engañado por el tentador, no sería omnisciente. Si el inmaculado Hijo de Dios pudiera haberse tornado un pecador común, no sería inmutable. Y por supuesto, Su santidad tampoco sería genuina ni divina.
    Además, Sus credenciales como Salvador serían seriamente debilitados. ¿Podría ser el Salvador de los pecadores uno que, solo por una fracción de segundo, pudiera ser atraído por la idea de postrarse y adorar a Satanás? ¿No necesitaría también éste un salvador? Tal es el Cristo que pretenden ofrecernos los que insisten que nuestro Señor “luchaba” con la tentación.
    ¿No es cierto que cada fibra de Su santo ser repulsaría con disgusto y horror la mera idea de inclinarse a Satanás? ¿Puede negar esto cualquiera que ama verdaderamente al Señor Jesucristo? No cabe duda de que esa fue la propuesta más descarada del tentador. Pero para el Señor, seguramente era vil y abominable la mera sugerencia de salirse en lo mínimo del camino de la obediencia perfecta. Su santa alma no pudo entretener semejante idea.
    Pero vayamos más allá y preguntemos a los que enseñan la “pecabilidad” de Cristo: Ya que decís que Cristo pudo haber pecado, ¿habéis considerado las consecuencias de tal cosa? Repito, es terrible pensarlo simplemente, y peor dejarlo grabado. Pero ya que algunos insisten tanto en que Cristo pudo haber pecado, es obligatorio y conveniente preguntar: ¿qué, si Él lo hubiese hecho?
    Primero, todas las promesas gloriosas y profecías del Antiguo Testamento resultarían falsas, caducas, y más que inútiles. Se derrumbaría la veracidad de Dios. El gran plan de la redención colapsaría en un desorden total, porque el fracaso del postrer Adán sería peor que el del primero. La doctrina bíblica del Dios Trino se hundiría en desastre y confusión desesperanzada. Se iniciaría una guerra civil en la santa y divina trinidad, porque el Hijo estaría en enemistad con el Padre y el Espíritu Santo. Dios se convertiría en el hazmerreír de un universo rebelde, tanto tiempo como el universo pudiese soportarlo.
    ¿Impensable? Sí. ¿Inconcebible? Claro. Pero con el simple hecho de postular o declarar que Cristo podía haber pecado, están declarando que Él no era divino ni perfecto. Por eso, creo que insistir en la impecabilidad de Cristo es más que un concepto teológico, o una manera de buscarle tres pies al gato, como algunos alegan. Su impecabilidad es de gran importancia.

continuará, d.v., en el siguiente número

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La Edad De La Música

M. R. DeHaan (1891-1965)

 

¿igualito como en los días de los apóstoles?

 

...La sexta marca de los días de Noé fue ésta: Era una edad caracterizada por la música. En Génesis 4.21 leemos: “Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta”.
    De nuevo recuerdo a mis lectores que esta es la primera mención en toda la Biblia de los instrumentos musicales y de la música, y es un rasgo típico de los tiempos antes del diluvio. ¡Cuán grande es la similitud de aquel día con el día en que vivimos nosotros! Las palabras de nuestro Señor: “Como en los días de Noé”, vienen de nuevo a nuestra mente, porque sin duda nuestro día puede ser llamado la edad de la música. Ciertamente necesitamos decir poco acerca del tiempo presente al respecto. Nunca ha habido más música en el aire. Sintonizamos nuestras radios y la gran mayoría de los programas son de música, y ¡vaya música! Nuestra edad es predominante y preeminentemente una edad de jazz, rock, salsa y rap. El desarrollo de ritmos marcados por tambores como en ritos paganos y sensuales, va más allá de nuestros poderes descriptivos. ¡Música, música, música en todos los lugares! Los “cantantes” se lanzan en puro protagonismo y egoísmo, pavoneando con chillidos, gruñidos, susurros y balbuceos. Acarician y besan el micrófono como si fuera su verdadero amor, y ¿quién sabe?, ¡a lo mejor lo es! Su música provoca el nerviosismo, el sensualismo, la rebelión, los trances y otras locuras. Además, crea una generación de adictos que demandan más y más de su droga, la música. En lugar de satisfacer, crea apetito para más, y algunos gastan gran porción de su dinero en conciertos y colecciones personales de música.
    Parece que ya no se puede hacer nada sin acompañamiento musical. Vendemos nuestros productos con música, lanzamos nuestras ofertas con música, anunciamos nuestra presencia con música. Pero lo triste es que ha invadido nuestras iglesias y los lugares sagrados de nuestras reuniones, sustituyendo música por la predicación de la Palabra. Aunque no hubo en todo el Nuevo Testamento ni siquiera un sólo concierto ni grupo musical, hoy en día estos proliferan entre los llamados “evangélicos”. ¿Qué patrón siguen si no está en el patrón neotestamentario? Está claro que los conjuntos y los conciertos proceden del mundo,  y son para diversión y fines lucrativos, no para edificación. ¿Quién autoriza y promueve esto en las iglesias del Señor Jesucristo?
    En lugar de cantar himnos espirituales, éstos y los himnarios desaparecen, dejando lugar para canciones  graciosas, conciertos y otros programas musicales que pretenden preparar el corazón del hombre para recibir el Evangelio. Son populares los “coritos” que alguien llama “los 7-11”, esto es, siete palabras repetidas once veces, que no tienen mucha miga de mensaje, pero son divertidos.  Se repiten frases huecas una y otra vez al ritmo de la síncopa, hasta que los de emociones inestables ceden bajo el estrés y se imaginan que hayan oído una voz del cielo. Dicen que Dios les ha hablado, pero no se refieren a la Palabra de Dios. Sí, es verdad que “Como en los días de Noé, así será...”

traducido y adaptado de las págs. 46-47 del libro:
The Days of Noah (“Los Días de Noé”), Zondervan, 1963

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Los Varones No Deben Tener Pelo Largo

una vergüenza y deshonra
Dios declara: “La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello” (1 Co. 11.14-15). No es una cuestión de gustos pesonales, ni de cultura. En la misma epístola, Pablo afirma más adelante: “lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Co. 14.37). Los padres cristianos deben ser buenos ejemplos también en esto, y enseñar a sus hijos, pues es su responsabilidad. No deben ser como Elí que consentía en sus hijos cosas que desagradaban a Dios, y no los estorbó (1 S. 2.29; 3.13).

    El mundo tiene sus modas, pero no debemos seguirlas. Tenemos un mandamiento: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Ro. 12.1-2) 

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Jeff Brown

 Introducción

 
    La Tribulación es un periodo futuro de tiempo que durará siete años. Comenzará después del arrebatamiento de la Iglesia, y terminará en la batalla de Armagedón y la segunda venida de Cristo en poder y gloria para establecer Su reino en este mundo. Será un tiempo de intervención divino en juicio sobre la tierra. A lo largo de la historia del mundo ha habido tiempos de sufrimiento, horror y terror, pero el periodo de la Tribulación (especialmente los últimos 3,5 años) será sin paralelo respecto a la extensión y la intensidad del sufrimiento (Mt. 24.21). La Palabra de Dios tiene más que decir sobre esos siete años que sobre cualquier otro periodo en la profecía. Será el tiempo más terrible en la historia de la humanidad, de sufrimiento y mortandad. Pero también será un tiempo de misericordia y gracia, porque los juicios de la Tribulación tendrán dos propósitos: castigarán a los pecadores endurecidos, pero también moverán a otros a arrepentirse. Esos santos de la Tribulación (posiblemente será millones de personas), se convertirán al Señor y saldrán “de la gran Tribulación” (Ap. 7.14; Jl. 2.30-32).

El Reloj Profético


    La existencia de la Iglesia, desde Pentecostés hasta el arrebatamiento, no fue revelada a los profetas del Antiguo Testamento. No fue una idea posterior, sino siempre estaba en la mente de Dios y Sus propósitos eternos. Era un misterio que solo fue revelado en tiempos del Nuevo Testamento. Los profetas en el Antiguo Testamento profetizaron de eventos futuros que afectarían a Israel y las naciones gentiles. Muchos de ellos no comprendieron que la nación rechazaría al Mesías, y ninguno sabía que esas profecías serían temporalmente suspendidas – no canceladas. El reloj profético paró y solo se pondrá nuevamente en marcha cuando suceda el arrebatamiento. Después de eso, pronto se cumplirán una serie de profecías y comenzará la Tribulación.

El Significado de “Tribulación”

 
    La Biblia enseña que hay tiempos cuando los creyentes estarán sujetos a pruebas y tribulaciones (Jn. 16.33; 2 Ti. 3.12). Muchos de nosotros hemos experimentado pruebas en la familia, presiones económicas, problemas de salud y posiblemente también el ser marginados o perseguidos debido a nuestro testimonio cristiano. En ciertas partes del mundo, los creyentes están muy familiarizados con esas cosas. En el pasado (especialmente el principio de la Edad de la Iglesia y hasta la Edad Media), muchos de los santos experimentaron sufrimientos por causa de Cristo. Así que, los creyentes de cada generación tienen tribulaciones de tiempo en tiempo. Pero “la Tribulación” es algo muy diferente. Es un tiempo todavía futuro, de duración específica, de los más horribles y extensas sufrimientos y muerte sin igual en la historia humana.

¿Pasaremos por la Tribulación? 


    Creemos que las Escrituras dicen claramente que nosotros (los creyentes – la Iglesia) no pasaremos por la Tribulación ni la experimentaremos de ninguna manera. Las persecuciones y tribulaciones corrientes en esta Edad de la Iglesia/la Gracia no son la ira de Dios. El futuro periodo de la Tribulación será un tiempo de la ira de Dios sobre el mundo que le ha dado la espalda. Se nos ha prometido que no pasaremos por la ira venidera (Ap. 3.10; 1 Ts. 1.10; 5.9). En Apocalipsis 2-3 Cristo siete veces apela con estas palabras: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Apocalipsis 6-19 describe en detalle la tribulación, pero apela de manera diferente: “Si alguno tiene oído, oiga” (Ap. 13.9). No menciona las iglesias. ¿Por qué? ¡Porque no están presentes en el periodo de la Tribulación!
    La Iglesia no es mencionada, ni hay referencia alguna a ella en esos capítulos de Apocalipsis sobre la Tribulación. Es mencionada luego, en 19.7, como “la esposa del Cordero”, cuando Cristo retorna en poder y gloria al final de la Tribulación.  


traducido de la revista Assembly Testimony 

continuará, d.v. en el siguiente número

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La Maravilla de la Regeneración


Cuando Dios creó el cuerpo humano, le dio una asombrosa capacidad especial para sanarse. El proceso ocurre por medio de la regeneración de células que crecen en los lugares afectados. Si uno se corta el dedo, la piel se separa y la herida sangra. Pero dentro de pocos días, el corte desaparece, porque se regeneran células nuevas para reemplazar las dañadas. La capa de piel exterior, la epidermis, pierde aproximadamente cincuenta millones de células diarias, que pronto son reemplazadas por células nuevas. Los científicos dicen que la epidermis se reemplaza totalmente cada veintisiete días. Otros órganos también se regeneran. Existen informes que dicen que el hígado puede crecer a su tamaño original después de que más de la mitad haya sido removido por intervención quirúgica. ¡Qué maravilloso es el cuerpo que Dios creó!
    Sin embargo, la realidad es que nuestros cuerpos están muriéndose. Aun con la capacidad de regenerar ciertas partes, el cuerpo se sigue degenerando, culminando con la muerte física. El conocido dicho: “Lo único seguro en la vida es la muerte”, es acertado, hasta cierto punto. La Biblia dice en Hebreos 9.27 que “está establecida para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.
    ¿Por qué se está muriendo nuestro cuerpo? La culpa la tiene el pecado. En Romanos 6.23 la Biblia dice que “la paga del pecado es muerte”. Es inevitable que nuestros cuerpos mueran, porque todos hemos pecado. ¿Pero qué del alma? ¿Qué efecto tiene el pecado en ella? La Biblia enseña en Efesios 2.1 que ya estamos muertos en nuestros delitos y pecados. El pecado no solo trae la muerte física, sino que también, por causa del pecado, estamos muertos espiritualmente, y en esa condición no podemos agradar a Dios.
    Pero ¡no pierda esperanza! Dios quiere regenerarlo a usted espiritualmente. En ese mismo pasaje (Efesio 2.1), también dice: “El os dio vida a vosotros” (se dirige a los creyentes). Aun estando nosotros muertos en delitos y pecados, Dios puede darnos vida espiritual. Ninguna iglesia ni sacramento ni filosofía puede hacer esto, sino solo Dios. Sin la regeneración, por religiosas o filosóficas que sean las personas, todavía están espiritualmente muertas. Solo Dios tiene el poder para regenerar a una persona.

    ¿Y cómo lo hace?

    La respuesta está en Tito 3.5, “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración”. Dios nos puede regenerar, y nadie más puede hacer esto. Puede darnos vida por medio de un lavamiento. Pero no en agua. No es el bautismo, sino el lavamiento señalado en Apocalipsis 1.5, “Jesucristo... nos lavó de nuestros pecados con su sangre”. Esa es la clave: la sangre de Jesucristo. ¿Por qué?
    Porque el Señor Jesús murió en la cruz para pagar por nuestros pecados, ya que la justicia de Dios demanda muerte como paga del pecado. Su sangre fue derramada, y así podemos ser lavados de nuestros pecados. No lavados literalmente en sangre, sino espiritualmente. Quiere decir que de esa manera Dios quita la condenación del pecado que causó nuestra muerte espiritual, y somos regenerados, hechos vivos. ¡Solo así podemos obtener perdón y tener vida eterna!
    Nos impresiona el poder de la regeneración del cuerpo físico, pero la maravilla de la regeneración espiritual es ayun mayor. El Hijo de Dios vino al mundo para derramar Su sangre, con el fin de lavarnos de nuestros pecados. Entonces, permítame preguntar: ¿Ha sido usted lavado? ¿Tiene perdón y vida eterna? ¿Es salvo? La Biblia dice: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16.31).

tomado de un tratado escrito por d. Felipe Moore, de Hickory, Carolina del Norte, EE.UU.

 

sábado, 30 de septiembre de 2023

En Esto Pensad -- octubre 2023

La Seguridad Del Creyente
En Romanos 8

William MacDonald


Ningún lugar en la Biblia enseña más claramente la seguridad del creyente que el capítulo 8 de Romanos. Pablo amontona verdad sobre verdad para demostrar que nadie ni ninguna cosa puede robar a un cristiano de su destino eterno con Cristo en el cielo.
    En los versículos 29 y 30, el apóstol delinea cinco pasos en el gran programa de Dios para nosotros, de la eternidad a la eternidad.

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Ro. 8.29-30).

    Él antes nos conoció. En la opinión del autor, esto significa más que saber de antemano, en la eternidad pasada, quiénes escogerían a Cristo como su Salvador.
1 En otro pasaje leemos que Dios también conoció antes a Israel (Ro. 11.2). Esto parece significar que Él escogió la nación de Israel para ser Su pueblo terrenal.2 Ciertamente no significa que el pueblo de Israel le escogió a Él, pues su historia demuestra que no lo hizo. Todo fue por la gracia. Sin embargo, el preconocimiento de Dios no absuelve al hombre de su responsabilidad.3
    Él nos predestinó. La meta divina era que todos los que Él conoció –los creyentes– llegasen a ser como Su Hijo, moral, espiritual y físicamente, en cuerpos glorificados.
4 Todos los que creen en el Señor Jesús son hijos de Dios. Pero Él solo tiene a un Hijo único. Y el Padre ha determinado que el Señor Jesús ocupará el lugar de más alto honor (el primogénito) entre Sus otros hijos e hijas.
    Él nos llamó. Su conocimiento de antemano y predestinación de los creyentes, estaban antes de la fundación del mundo. Su llamado tomó lugar en el tiempo. En un sentido real, Él llama a todo aquél que escucha la predicación del evangelio (Ap. 22.17). Pero aquí el apóstol está pensando en el llamado de aquellos que responden al evangelio y se convierten.
    Él nos justificó. Cuando nos arrepentimos y creemos, Dios nos declara justos. Él nos absuelve de todo acusación en nuestra contra. Es más que ser declarado no culpable. Él realmente imputa, o pone la justicia a nuestra cuenta. Estamos delante de Él, vestidos de Su propia justicia.
    No es un veredicto condicional que dependa de nuestro comportamiento. Es la declaración de una vez por todas que el pecador que cree ha sido totalmente absuelto. El sacrificio de Cristo expió todos sus pecados, desde su nacimiento hasta su muerte, de modo que Dios el Juez no halla un solo pecado por el cual castigarle con la muerte segunda.
    Él nos glorificó. ¡Éste es el punto de énfasis en los cinco pasos del argumento! El Espíritu Santo se atreve a poner el verbo en el tiempo pasado—Él nos glorificó—aunque nuestras imperfecciones presentes nos recuerdan con viveza que todavía no hemos llegado al estado glorificado. El punto es que si una persona ha sido justificada, su glorificación está tan segura como si ya la tuviera.
    Pero Pablo no ha terminado. El resto del capítulo hace hincapié en la posición inalterable de la persona que está en Cristo. Explora el universo en busca de cualquier cosa que podría separar al creyente del amor de Dios, pero no halla absolutamente nada.
    
“¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 8.31-39).

    Ahora el apóstol presenta cinco argumentos para demostrar que nadie está más eternamente seguro que la persona que ha confiado en Cristo como su Salvador.
    Dios es por nosotros. Puesto que Dios está en nuestro lado, nuestros adversarios son adversarios de Dios. Nada puede ser más inútil que luchar contra Dios. A largo plazo ningún ataque contra nosotros puede tener éxito.
    Lo mayor incluye lo menor. Dios ya ha hecho el sacrificio más grande, cuando envió a Su Hijo a este mundo. Y Él ya ha dado la dádiva más grande, al entregar a Su Hijo por nosotros. Entonces, sigue que con Él también nos dará todas las cosas. Y “todas las cosas” incluyen el don de salvación perfecta, completa y eterna. Puesto que es un don gratuito, es incondicional, esto es, no tiene condiciones. Todo depende de la generosidad del Dador, no del mérito del receptor.
    Nadie nos puede acusar. La idea es que nadie lo podrá hacer justamente o con éxito. El diablo nos acusa día y noche (Ap. 12.10). Pero ¿qué más da, ya que la justicia de Dios ha sido puesto a nuestra cuenta?

    “Aunque el acusador ruja de males que he hecho,
    Los conozco bien, y miles más, pero Dios no halla ninguno”.
                                    
Samuel W. Gandy

    Nadie puede condenarnos. La razón es, que Cristo ha muerto para llevar nuestra condenación en la cruz. Él ha resucitado, y esto demuestra que Dios está plenamente satisfecho con Su obra terminada a favor nuestro. Él está a la diestra de Dios como nuestro Sumo Sacerdote y Abogado. Intercede por nosotros, asegurándonos de Su poder para guardarnos seguros.
    No hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Su deuda ha sido pagada, y Dios, siendo justo, no la requerirá dos veces.

    “Tú mi libertad procuraste,
    Y en mi lugar toda ira divina sufriste,
    La paga dos veces Dios no demandará,
    Primeramente a mano de mi Sustituto,
    Y otra vez de mí”.
                                    
Augustus M. Toplady

    “¡No hay condenación, ni infierno para mí!
    ¡El tormento y el fuego mis ojos jamás verán!
    Para mí no hay sentencia, ni de muerte el aguijón,
    Porque Cristo el Señor me salvó y bajo Sus alas me guardará”.
                                    
Paul Gerhardt

    Nada nos puede separar. En una gran declaración profunda, Pablo busca en el tiempo y el espacio cualquier cosa que pueda separar al creyente del amor de Dios que es en Cristo Jesús. La búsqueda queda sin fruto.
    Nota la expresión: “ni ninguna otra cosa creada”. Algunos argumentan que aunque nadie más puede separar al creyente de Dios, él puede separarse a sí mismo. Éste no es un modo digno de tratar las Escrituras. Seamos sensatos y reconozcamos que el creyente mismo está incluido en la frase: “ni ninguna otra cosa creada”. El Espíritu Santo insiste que nada ni nadie, incluso el creyente mismo, puede separarle del amor de Dios.
    ¿Qué más necesidad tenemos de argumentos? ¿Qué más necesidad de testigos? ¡Nos basta la Palabra de Dios!

Notas:

1 Pese a su opinión, hay gran diferencia entre preconocer y determinar. ed.

2 La elección de Israel no fue para salvación individual, sino para ocupar un lugar especial en el cumplimiento de los propósitos de Dios. Muchos de los elegidos en Israel no fueron israelitas verdaderos (Ro. 9.6), pues no gozaron de una relación viva con Dios. La elección de Israel se basó en el linaje físico: los hijos de Abraham, Isaac, Jacob y sus doce hijos.
  En cambio, la elección del creyente se basa en el nuevo nacimiento. Tenemos vida eterna y no pereceremos jamás (Jn. 3.16). Pero nadie es escogido para ser salvo. Dios escoge salvar y perfeccionar a los que creen. Él sabe de antemano, pero no determina quiénes son. El determinismo es una filosofía, no una doctrina bíblica. ed.

3 Como en cualquier relación de amor humano (El amor inmutable de Dios es el tema concluyente de Romanos 8), si un hombre ama y escoge a una mujer para ser su esposa, ¿concluimos entonces que ella no tiene voz ni voto en el asunto? Al contrario, ella también tiene que escoger amarle, y el Nuevo Testamento está lleno de semejantes llamados a “venir”, “recibir”, “creer”, “confiar”, etc. ed.

4 Como hemos notado, la predestinación no tiene que ver tanto con dónde estarán los que reciben a Cristo (cielo o infierno), sino con qué serán por la gracia de Dios (ver también Jn. 1.11-12). Nadie es predistinado a ser salvo. ed.

capítulo 4 de Una Vez En Cristo, Para Siempre En Él, Libros Berea

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¿Cuán Importante Es El Señorío De Cristo?

¿Puede una persona recibir a Jesucristo como su Salvador, pero no como su Señor? Temprano en mi ministerio, tras escudriñar las Escrituras, llegué a la firme convicción de que el gobierno soberano de Cristo y Su gracia salvadora van juntos. “A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hch. 5.31).  Notemos el orden. Su posición como Príncipe precede Su poder para perdonar.
    Previamente yo me hubiera opuesto a semejante declaración. Pero la honestidad intelectual demandó que estudiara el tema. Así comenzó mi estudio del Nuevo Testamento para comprender bien esta verdad. Puesto a observar “qué dice la Escritura”, hallé que Jesucristo es mencionado 16 veces como Salvador, ¡pero es llamado Señor más de 470 veces! Relucen ciertos textos muy conocidos y usados, como por ejemplo, Hechos 16.31, “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo”. El señorío de Cristo no es algo opcional para considerar después de ser salvo. Al contrario, es parte del evangelio, de modo que está entretejido en la salvación,  y además, es un propósito de Dios en ella.
    Ciertas conclusiones son inevitables. La enseñanza popular del señorío opcional, no solo deshonra a Cristo, sino trastorna el evangelio, y es una doctrina nociva. En muchos casos produce “convertidos” que son p
aridos muertos, como abortivos. Son personas que luchan con una falsa noción de la salvación. Creen que van al cielo, pero nunca han reconocido a Cristo como Señor (Col. 2.6). De ahí viene su inhabilidad de vivir la vida cristiana. Pero los mismos que predican esa doctrina les aseguran que su problema es que son “cristianos carnales” que deben consagrarse más. Lo cierto es, que el que rechaza el señorío no va al cielo.


Elmer H. Murdoch, traducido del prefacio de The New Sovereignty (“La Nueva Soberanía”), por Reginald Wallis, Loizeaux Publishers, Neptune, NJ. EE.UU.

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  Jesucristo Omnisciente: 

Dios Manifiesto En Carne

R. E. Harlow

Nota del editor:  Hay quienes enseñan que cuando el Hijo de Dios se encarnó, dejó en el cielo Sus atributos divinos y no los utilizó. Este error es contestado aquí por el hermano Harlow.


1. OMNISCIENCIA
    Dios es omnisciente, esto es, todo lo sabe. Esta doctrina se basa  indudablemente sobre las Escrituras, como podemos ver a continuación.

Los Pensamientos:
1.  Dios sabía que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Génesis 6.5.
2.   Sabía la integridad del corazón de Abimelec. Génesis 20.6.
3. Conocía los pensamientos del pueblo de Israel, lo que se proponían de antemano. Deuteronomio 31.21.
4.  Sabía lo que había en el corazón de Eliab, porque Dios mira el corazón. 1 Samuel 16.7.
5.  Escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. 1 Crónicas 28.9.
6.  Ve y sabe los secretos del corazón, Salmo 44.21.
7.  Entiende desde lejos nuestros pensamientos. Salmo 139.2.
8. Entiende las cosas que surgen a nuestro espíritu, todas ellas. Ezequiel 11.5.
9. Conoce los corazones de todos los hombres. Lucas 16.15; Hechos 1.24; 15.8.
10.  Conoce los pensamientos de los sabios. 1 Corintios 3.20.
11.  Conoce a los que le aman de corazón. 1 Corintios 8.3.

El Futuro:
1.   Dios anuncia cosas nuevas y las hace notorias antes de que acontezcan. Isaías 42.9.
2.   Anuncia lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho. Isaías 46.10; 48.5
3.   Conoce las oraciones de los creyentes antes de que ellos oren. Isaías 65.24.
4.   Conocía a Su siervo escogido antes de que naciera. Jeremías 1.5.
5.   Reveló a Nabucodonosor lo que sucederá en los postreros días. Daniel 2.28.
6.   El Padre sabe el día y la hora del retorno de Cristo. Mateo 24.36.
7.   Conoce Sus obras desde el principio del mundo. Hechos 15.18.

Todas Las Cosas:
1.    Todas las cosas están desnudas y abiertas ante Él. Hebreos 4.13.
2.   Dios sabe todas las cosas. 1 Juan 3.20.

JESUCRISTO
    La mayoría de lo dicho en esas listas es igualmente verdad en cuanto a Dios el Hijo, y un lenguaje similar es empleado acerca de Jesucristo después de Su encarnación.

Los Pensamientos:
1.    Jesucristo sabía los pensamientos de los escribas. Mateo 9.4; Marcos 2.8; los de los fariseos. Mateo 12.25 y los de ambos grupos. Lucas 5.22; 6.8.
2.   Él percibió los pensamientos de los corazones—el orgullo de los discípulos. Lucas 9.47.
3.   Conoció la integridad del corazón de Natanael. Juan 1.47.
4.   Sabía el pasado de la vida de la mujer de Samaria. Juan 4.16-18.
5.   Conocía la carencia del amor de Dios en los judíos de Jerusalén. Juan 5.42.
6.   Conocía [y todavía conoce] a Sus ovejas. Juan 10.14, 27.
7.   Es quien escudriña los corazones de los creyentes. Apocalipsis 2.23.

El Futuro:
1.   Cristo dijo a Pedro, Jacobo, Juan y Andrés muchas cosas antes de que pasaran. Mateo 24.25.
2.   Sabía que Judas le iba a traicionar. Mateo 26.46; Juan 13.11.
3.   Sabía que Pedro le iba a negar, Marcos 14.27, 30; y los detalles acerca de lo que iba a suceder pronto. Lucas 22.10; Juan 18.4.
4.   Sabía desde el principio quiénes eran los que no creían. Juan 6.64.
5.   Sabía que había salido de Dios, y a Dios iba. Juan 13.3.

Todas Las Cosas:
1.   Jesús sabía lo que había en el hombre, conocía a todos. Juan 2.24-25.
2.   Sus discípulos estaban seguros que Él sabía todas las cosas. Juan 16.30.
3.   Pedro también estaba seguro de esto, después de la resurrección. Juan 21.17.

    La doctrina de la omnisciencia no quiere decir que Dios esté siempre consciente de todos los pensamientos viles y sucios de todas los hombres y las mujeres rebeldes de todas las épocas, pasado, presente y futuro. Por supuesto que podría, pero ¿lo quiere hacer? El profeta sabía por el Espíritu que Dios es muy limpio de ojos para ver el mal, y no puede ver el agravio, Habacuc 1.13. Dios no puede tolerar la maldad, no la puede mirar con ecuanimidad. Jesucristo no conoció pecado, eso es, por experiencia propia.
    Podemos pensar en la omnisciencia como la habilidad que Dios tiene de saber todo, pasado, presente y futuro, incluso los íntimos pensamientos de los hombres. Nada puede ser ocultado de Él. Esto hace paralelo con la omnipotencia de Dios, que no significa que a todos haga todo, sino que Él puede hacer todo, si quiere. El patriarca Job aprendió esto: “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (Job 42.2).

del libro: Las Teorías de Kenosis, Publicaciones Cotidianas, Canadá

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La Preocupación Con Uno Mismo


Satanás retó a Jesucristo a hacer un espectáculo al llevarlo al pináculo del templo y decirle: “Si eres Hijo de Dios, ÉCHATE DE AQUÍ ABAJO” (Lc. 4.9). ¿Qué hombre no estaría tentado a buscar la admiración y el aplauso? Los medio hermanos de Jesucristo vivían antes del Facebook, Snapchat y Twitter, pero incluso ellos no podían imaginarse a una persona que no hablara de sí misma y que no compartiera cada detalle de su vida, especialmente si podía hacer milagros. Ellos dijeron: “MANIFIÉSTATE AL MUNDO” (Jn. 7.4). ¡Haz que todo el mundo se fije en ti y hable de ti! Pero esa no era la manera de pensar de Cristo. Incluso en los horribles sufrimientos de la cruz, “ni aun Cristo se agradó a sí mismo” (Ro. 15.3). En cambio, Él sólo buscaba “los intereses de los demás” (Fil. 2.4 NBLA). Teniendo en mente el estándar de Cristo, Pablo nos advierte: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria” (Fil. 2.3).

                          Juan Dennison, Devoción a Diario, lectura 23 mayo, Publicaciones Pescadores

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La Palabra Profética  Es Para Nosotros


Al comenzar la dispensación de la gracia, la edad de la Iglesia, los apóstoles de Cristo señalaron repetidas veces la importancia de la palabra profética, pues todo lo profetizado se cumplirá. En la epístola a los Romanos, Pablo comenzó hablando del “evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras” (Ro. 1.1-2). El escritor de la epístola a los Hebreos abre con estas palabras: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (He. 1.1-2). El Hijo de Dios ha cumplido y cumplirá la palabra profética. Al final del libro de Apocalipsis el ángel dijo al apóstol Juan: “El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía” (Ap. 19.10).
    Pablo afirmaba el valor del Antiguo Testamento para los cristianos. No es solo la historia de Israel. Los mensajes de los profetas no son solo para esa nación. “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Ro. 15.4). “Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros” (1 Co. 10.6). “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Co. 10.11). El que descuida la lectura y el estudio del Antiguo Testamento lo hace en daño y perjuicio suyo.
    En su primera epístola, Pedro señala que los profetas, sin saberlo, profetizaron para nosotros. Hablaron a los de su nación y generación, es cierto, pero además, se dirigen a nosotros:

“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles” (1 P. 1.10-12).

     En su segunda epístola, Pedro asegura que es mejor tener la Palabra de Dios que repetir su experiencia en el monte de la Transfiguración. “La palabra profética” alude en primer lugar al Antiguo Testamento, pero es aplicable a toda la Biblia, pues los escritores inspirados eran portavoces de Dios. Es la lámpara y lumbrera que nos guía en este mundo de tinieblas (Sal. 119.105). Hacemos bien en prestar atención a ella.

 “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 P. 1.19-21).

    Establecida la Iglesia, y completado el Nuevo Testamento – palabra de Cristo y de los apóstoles enviados por Él e inspirados por el Espíritu Santo – no hay más mensajes de Dios. Dios ha hablado por el Hijo. No hay nuevos profetas o apóstoles verdaderos, ni más revelaciones. Tenemos toda la Palabra de Dios, las Escrituras, y está prohibido añadir o quitar de este Libro Divino. Hay muchos falsos profetas (y apostoles) en el mundo (1 Jn. 4.1), pero tenemos en nuestras manos las Sagradas Escrituras, la completa provisión para toda buena obra (2 Ti. 3.17). Nuestro deber es tener “memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles” (2 P. 3.2). Pongamos atención diligente, con fe, y seamos fieles hasta el fin. “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos” (He. 2.1).

del libro Los Profetas Escritores, por Carlos Tomás Knott, Libros Berea

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 ¿Realmente Eres Un Cristiano?


Pregunto, porque hay personas que creen que son cristianas cuando realmente no es así. Están confundidas o engañadas. Por ejemplo, si digo: “Soy un médico”, ¿eso me hace médico?  Y si digo: “Creo que soy médico, o me siento médico”, ¿por eso lo soy? Tal vez digo: “Mi familia (o amigos) me dice que soy médico”, entonces, ¿es así porque lo dicen otros? ¿Y qué pasa si tengo una enciclopedia médica en casa y la leo de vez en cuando? ¿Entonces soy médico?
    Todos sabemos que la respuesta es “no” a cada una de esas preguntas. Pero muchos se equivocan de manera similar en cuanto al cristianismo. Si dices: “Soy cristiano”, eso no te hace uno. Si dices: “Creo que soy cristiano”, o “me siento cristiano”, tampoco es cierto. Si tu familia o amigos, o aun un pastor te dice: “eres cristiano”, nada cambia, pues no por eso eres cristiano. Si tienes una Biblia en casa y la lees de vez en cuando, eso tampoco te hace cristiano. Ni lo eres si te reúnes con cristianos y los imitas. Algunos piensan que son cristianos porque han nacido de padres creyentes, y que desde la niñez siempre han asistido a reuniones de iglesia. Otros, porque se han bautizado o tenido una experiencia emocionante. Otros porque han hecho una oración. Pero nadie es cristiano por esas cosas. La verdadera conversión no es así. Hay que entender mejor qué es ser cristiano, y cómo estar seguro.
     Para ayudarnos a pensar con más claridad en este tema tan importante, un siervo de Dios, O. Jean Gibson (1921-2006), escribió lo siguiente:

“La fe es nuestra responsabilidad. No es un don de Dios. Es creer a Dios, creer lo que Él dice, confiar en Él; es la condición que Él pone para la salvación. ¿Cómo viene a ser eficaz esa fe? Requiere más que decir ciertas palabras en  una oración, confesar tus pecados, pedir perdón, levantar la mano, ponerse de pie, pasar al frente de una congregación, o estar intelectualmente de acuerdo con ciertos datos bíblicos. Tampoco es una emoción. Involucra la mente, la voluntad y las emociones (todo nuestro ser), en un hecho decisivo y sincero que cambia la vida. Es una entrada personal y transformadora a la vida nueva con el Señor Jesucristo. Considera los aspectos que las Escrituras indican:

· Oyes el mensaje del evangelio (Ro. 10.14; Ef. 1.13) y crees que es verdad.

· Entiendes y estás convencido que Jesucristo pagó por tus pecados en Su muerte en la cruz, resucitó de los muertos y hoy vive y te llama a sí mismo (1 Co. 15.1-4).

· Abandonas toda esperanza en tu propia bondad –ya que es ficticia– y cualquier esperanza en una iglesia, los sacramentos, los diez mandamientos u otras cosas para darte favor con Dios (Ro. 4:.4-5; Gá. 2.16). De este modo no estarás bajo maldición por intentar hacerte aceptable delante de Dios por tus esfuerzos (Gá. 3:10). Solo Cristo puede limpiarte. La salvación es el favor inmerecido y divino a los pecadores (Ef. 2.8-9). No somos dignos de ser aceptados por Dios ni podemos merecer Su salvación.

· Entras por la Puerta de la vida eterna, que es Cristo mismo (Jn. 10.9), y no esperas en la iglesia, los rituales ni en buenas obras para abrirte el camino.

· Reconoces a Jesucristo como tu Señor y Salvador. Cierto es que no sabes todo lo que esto significará en el futuro, pero por fe lo haces sin reservas, porque confías en Él. En el futuro todos tendrán que doblar la rodilla ante Él, incluso los perdidos y condenados (Fil. 2.10-11). Pero tú, ahora, por la fe estás preparado para confesar que Jesucristo es el Señor (Ro. 10.9). Irás aprendiendo a lo largo de la vida lo que significa Su señorío, pero estás dispuesto.

· Naces de nuevo, y al instante el Espíritu Santo entra en tu vida (Jn. 3.6-7). El Espíritu es quien te capacita para vivir una vida cambiada, diferente, por el poder de Dios. Vienes a ser nueva criatura. Las cosas viejas pasan (2 Co. 5.17). Has pasado de muerte a vida (Jn. 5.24), de las tinieblas a la luz (1 P. 2.9; Col. 1.13). No eres perfecto en la vida en este mundo, pero inmediatamente comienzas a vivir una vida nueva que irá cambiando y madurando en la medida que permitas a Cristo controlar tu vida y moldear tu carácter.

· Reconoces que Cristo te ha salvado con el propósito de vivir una vida que le sigue en la tierra. Él no te da un “vale” para entrar en el cielo, dejándote libre para vivir como te place ahora, sino que te ha salvado de la vieja manera de vivir. Ahora Jesucristo, no tú, es el Señor. Él es tu nuevo Amo (1 Co. 6.19-20)”.

O. Jean Gibson, “Soy Cristiano”. ¿Verdad o Falso?, Libros Berea

 

jueves, 31 de agosto de 2023

EN ESTO PENSAD - septiembre 2023

Por Gracia Por Medio De La Fe

William MacDonald

Cuando pienso en la seguridad eterna del creyente, uno de los primeros pasajes que viene a mi mente es Efesios 2.8-10. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.
    La salvación es por gracia. Esto significa que nadie la merece. Es el inmerecido favor de Dios a aquellos que solo merecen el castigo eterno. Es todo a cambio de nada, para uno que no merece nada. Es un don que, una vez dado, nunca será quitado (Ro. 11.29). El don es incondicional. Si añademos condiciones, todo cambia. Viene a ser una deuda, no gracia, y todavía Dios no está endeudado con nadie (Ro. 11.35). La gracia que tiene condiciones no es gracia. La única forma de que una persona pueda estar segura de su salvación es que sea por gracia (Ro. 4.16).
    En Efesios 2.8-9, Pablo recuerda a los efesios que fue por gracia que habían sido salvados. Cuando por medio de la fe recibieron a Jesucristo como Señor y Salvador, fueron salvados, y todavía lo eran. No había cláusulas condicionales en letra menuda. Era un suceso espiritual, puntual, con resultados permanentes. Ningún requisito legal había sido impuesto con amenaza de posible condenación eterna. No viene la palabra “si” después de la palabra “salvos”; su ausencia es notable.
    Dios da la salvación como un don gratuito, pero el pecador tiene que recibirlo. Es aquí que entra la fe. La fe es confianza implícita en la Palabra de Dios. El Señor no coacciona a nadie. No llevará al cielo a nadie que no quiera estar allí. Para ser salvo, cada uno debe recibir a Jesucristo por un acto deliberado de fe. La fe no tiene mérito, y por eso no deja lugar para jactancias. No es la cantidad de fe lo que importa, sino el objeto de la fe.
    Cuando Pablo agrega: “y esto no de vosotros”, no es extraño que algunas personas piensen que habla de la fe. Entonces, sacan la conclusión de que Dios da fe a algunas personas, pero a otras no. Pero es una conclusión extraña. El antecedente de “y esto no de vosotros” es la salvación “por gracia por medio de la fe”. Lo que Pablo está diciendo aquí es que no hay nada de mérito que nadie pueda hacer para ser salvo, ni para contribuir a su salvación. Todo el mérito está en Cristo; no hay nada en el creyente.
    Como hemos visto, la salvación es un don gratuito de Dios. Cuando Él da la promesa incondicional de vida eterna, nadie puede añadir luego restricciones para condicionar o anular aquella promesa. Cuando Él da un regalo, ninguna ley puede venir después para quitarlo.
    La salvación no es por obras, “para que nadie se gloríe”. No hay nada de mérito que nadie pueda hacer para obtenerla. De otro modo, el cielo se poblaría de los que se jactan de sus obras y méritos. La salvación es obra del Señor, de principio a fin. El hombre solamente es el receptor afortunado. Es, y siempre será, “solo un pecador salvado por la gracia”. La gracia y las obras son mutuamente exclusivas (Ro. 11.6).
    El versículo 10 de Efesios 2 enfatiza que las obras no son el medio de salvación, sino el resultado de ella. No son la raíz sino el fruto. No somos salvados por obras, sino para obras. Éste es el propósito de nuestra creación en Cristo Jesús. Antes de ser salvos, Dios preparó buenas obras para que las hiciéramos en nuestras vidas como creyentes.
    A lo largo de los siglos, millones de personas han hallado descanso, basando su bienestar eterno en la verdad de Dios en estos versículos en Efesios 2. Ninguna de ellas ha sido avergonzada ni ha faltado de llegar al cielo al final. Con gratitud podemos cantar el himno compuesto por James Gray: “Solo Por Gracia Salvo Soy”.

“¡Qué maravilla! Perdón recibí,
Cristo por gracia salvóme a mí.
Mis culpas todas Él las llevó,
Y solo por gracia salvo soy.

Solo por gracia salvo soy.
Solo por gracia salvo soy.
Esta es mi historia,
De Dios es la gloria
Que solo por gracia salvo soy”.

                                                James M. Gray (1851-1935)

capítulo 3 de Una Vez En Cristo, Para Siempre En Él,  Libros Berea

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EL DUEÑO DEL EVANGELIO

“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios” (Ro. 1.1)

Notemos bien la expresión: “el evangelio de Dios”, pues el primer verso de la epístola le identifica como el dueño del evangelio. Dios origina. envía  y define el evangelio. Ningún hombre ni grupo de hombres, ni iglesia, ni concilio, ni congreso de evangelistas, ni escuela tiene derecho a definir o modificar el evangelio. Somos mayordomos, administradores, pero no dueños, y esto debe afectar nuestra actitud y conducta. Por eso Pablo declara en 1 Tesalonicenses 2.4, “…según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones”. Esto descarta categóricamente las palabras lisonjeras, la avaricia y la búsqueda de gloria de los hombres (1 Ts. 2.5-6). Ser un siervo de Dios requiere un amor a Cristo, una vida de comunión con Él, una disposición a trabajar incansablemente y sufrir penalidades, con afecto sincero hacía las almas perdidas. Además, es necesario que sea santo, justo e irreprensible en carácter y conducta (1 Ts. 2.8-10). El llamamiento y la aprobación vienen solo del Señor, pues si buscamos el favor de los hombres, o les agradamos, no seremos siervos de Cristo (Gá. 1.10).

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Hablaron Desde El Infierno  (parte 4)

Sr. Dives Rico:  Lucas 16.19-31



viene del número anterior

Sentí que no tenía deseos de continuar la entrevista, pero me pareció que era importante probar al fondo su experiencia lo más posible.
—Señor, usted mencionó que vio al mendigo Lázaro en el Paraíso. ¿Él le vio a usted y pudo conversar con él?
—No, no hubo nada que indicara que él me viera o pudiera conversar conmigo. También vi al padre Abraham y con él pude conversar. En ese caso, fue una comunicación audiovisual, pero no con Lázaro.
    —Señor Rico, ¿le molestaría relatar el tono de su conversación con el venerable Abraham?
    —Le pedí que mandara a Lázaro con alivio; solo una gota de agua para aliviar mi lengua. Usted ve, las llamas del hades son tanto internas como externas.
    —¿Y cuál fue la respuesta del patriarca? ¿Lo admitió?
    —No, no lo admitió —respondió—. Abraham explicó que hay un abismo imposible de pasar entre el Paraíso y el Hades. Además, me recordó del divino principio igualatorio. “Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado”. 
    Una vez más, apareció esa mirada de desesperación sin límites en el rostro del señor Rico. Cuando lo miré por primera vez, me di cuenta plenamente de la magnitud de las cargas del pecado, no de la muerte del cuerpo, sino de la muerte consciente que no tiene punto final. Una conciencia donde no hay esperanza de un mañana mejor, ni meses ni años, sino un eterno ahora. Noche sin aurora, tormento sin alivio, terror sin paz, juicio sin apelación, ansia sin esperanza, lamento sin perspectiva de perdón. Para estas desdichadas almas, no hay cambio para bien. Habrá solo un cambio, pero que solo aumentará el tormento: cuando la muerte y el Hades entreguen a los muertos que están en ellos. Entonces estarán finalmente delante del Gran Trono Blanco para el juicio final, y su entrega al Lago de Fuego (el Infierno), con Satanás y sus ángeles.  
—¿Puedo hacerle una pregunta a usted, ahora? —dijo el señor Rico.
—Por cierto —repuse—. ¿Qué es?
—Si usted ha leído el registro divino de mi vida, muerte y condenación, probablemente recordará que pedí al padre Abraham que mandara a Lázaro de nuevo al mundo de los mortales para advertir a mis cinco hermanos, para que no vinieran también a este lugar de tormento.
—Sí, recuerdo haber leído esto. De paso, ¿qué ocurrió con sus hermanos? ¿Alguien les advirtió?
—Estaban advertidos por los escritos de Moisés y los profetas, pero eso no tuvo efecto —y al mirar alrededor de la expansión, al parecer sin límites, de las llamas, agregó tristemente—. Allí están con los demás.
—Usted pensaba hacer una pregunta —le recordé.
—Oh, sí, el padre Abraham me dijo que si la gente no hacía caso de las advertencias de Moisés y los profetas, no sería influida ni persuadida por el hecho de que alguien se levantara de los muertos.
“Ahora bien, aquí sabemos que Alguien sí se levantó de los muertos. Aquél que ustedes conocen como Jesucristo. En relación con ese hecho, quisiera hacer no una sino dos preguntas.
—Siga adelante y hágalas —lo alenté.
—La primera pregunta: ¿Usted cree que si mis cinco hermanos se hubieran encontrado y escuchado a Jesús después de que Él se levantó de los muertos, hubieran seguido Sus advertencias?
—Para decir la verdad, yo…
—Por favor —interrumpió el señor Rico—, déjeme hacer la otra pregunta porque están relacionadas.
“Muchos años han pasado desde que Aquel volvió de los muertos al mundo de los mortales. Quedé convencido de que, si alguien volvía a los hombres de entre los muertos, ellos se arrepentirían. ¿Estaba acertado en mi convicción? Temo que no, pero quisiera saber su opinión.
No contesté inmediatamente. Dudaba de desilusionarlo.
—Lo siento, señor —repuse—. Comparativamente pocos se han arrepentido y creído en Aquel que se levantó de los muertos. Parece que en mi tiempo, tal como cuando usted disfrutaba de existencia mortal, los hombres escogen los placeres del pecado que duran solo por una temporada, antes que la alegría eterna en la comunión con Dios.
El señor Rico sacudió tristemente su cabeza.
—¡Qué necios son! Siembran en la carne y cosecharán corrupción eterna. ¡Necios, ciegos, ciegos! ¡Esclavos del pecado y siervos de Satanás! Y su única perspectiva es la de abrir sus ojos en el infierno y encontrarse en el tormento.
Me miró con una extraña expresión. Por un momento, pensé que pudo haber sido una sonrisa. Entonces dijo:
—Y fíjese quién está diciendo que los demás son necios, cuando yo fui el más grande de todos. Tenía la ley y los profetas que me advertían. Sabía de la ira de Dios que es revelada contra todos los hombres pecadores y malos, contra aquellos que alejan de sí la verdad (Ro. 1.18). Sin embargo, aun sabiéndolo, vendí mi alma por los fugaces placeres del pecado. Endurecí mi corazón y cuello, y finalmente en aquel lejano cumpleaños, ¡de repente fui cortado, y entonces ya no hay remedio!
Yo no sabía qué decir. No tenía más preguntas que hacer. No me estaba permitido dar simpatía o intentar llevar un consuelo. Antes de que pudiera agradecer su colaboración, se volvió y se alejó. Y entonces oí su voz que se unía al coro del Hades: “¡Demasiado tarde! ¡Demasiado tarde! ¡Es demasiado tarde!” (Pr. 29.1). Y desapareció entre las llamas.

del c. 1 de Hablaron Desde El Infierno, por C. Leslie Miller

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Las Cosas Movibles, y el Reino Inconmovible

“Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;  porque nuestro Dios es fuego consumidor” (He. 12.26-29).

“Movible” (gr. saleuo) “se traduce agitar, temblar, primariamente de la acción de vientos tormentosos, olas, etc... lit: cosas que son sacudidas” (W. E. Vine). Lo movible es frágil, temporal, agitable, y tiende a desaparecer (1 Jn. 2.17). “Lo que el viento se llevó”. Es mejor invertir el tiempo y las fuerzas en lo inconmovible. Todo lo gastado en “mejorar al mundo” que Dios ha condenado. Aunque sean “cosas buenas”, como escuelas, todo es echado en saco roto. Esto incluye toda la política, las campañas electorales, los puestos en el gobierno y la sociedad,  los movimientos sociales e ideológicas, el gastar tiempo y dinero en establecer escuelas y programas para alimentar a los pobres, etc. – todas son cosas movibles, agitables, de poco peso, baja importancia y corta duración. Tal no es la herencia del creyente, pues tenemos parte en el reino inconmovible del Señor Jesucristo. Es triste cuando hermanos que deben saber mejor se involucran en esas cosas, queriendo ser alguien importante en este mundo. “... La tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir” (2 P. 3.10-11).
    No es cuestión de qué opina una persona u otra, sino: ¿Qué dice nuestro Señor? “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mt. 6.33). En otra ocasión mandó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Lc. 9.60). Pablo, apóstol inspirado, escribió así: “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Ti. 2.4).
Así que, el escritor de Hebreos concluye: “tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios, agradándole con temor y reverencia” (He. 12.28). 

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 A Sabiendas

El apóstol Pablo dijo: “Voy a Jerusalén, SIN SABER lo que allá me ha de acontecer” (Hch. 20.22). Pero “Jesús, SABIENDO todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó” (Jn. 18.4). ¿Qué es peor, saber o no saber? La incertidumbre produce ansiedad, pero saber que el más intenso dolor de la historia humana está por delante sería mucho peor. Tener una idea general de que habrá sufrimiento en el futuro sería malo, pero Jesús sabía “todas las cosas”. Ningún detalle de su dolor le iba a sorprender. Pablo había sabido por algunas décadas que sufriría, pero el Señor Jesús siempre lo supo. Pero más asombroso es que Pablo sabía que sufriría persecución por Cristo, pero el Salvador sabía que sufriría el castigo de los pecadores y aun así “se adelantó”. Eso no nos deja ninguna duda hoy de que “él nos amó primero” (1 Jn. 4.19).

Juan Dennison, Devoción a Diario, Publicaciones Pescadores, lectura para 1 de mayo.

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Lecciones de los Primeros Años de Samuel

 Lucas Batalla


Texto:
1 Samuel 1-6


Samuel era especial, pues vino al mundo como respuesta de oración de su madre, Ana, una mujer piadosa. Entre otras cosas que indican su piedad, tres veces en el capitulo 1 leemos de la adoración (vv. 3, 19, 28). También, cuando Elí interpretó mal su oración, ella no se enojó ni disputó con él, sino pacientemente explicaba su caso, y al final Elí le bendijo. Pero lo más importante es que “Jehová se acordó de ella” (1.19).
    En el segundo capítulo, Ana oró en acción de gracias y alabanza a Dios, cuando dejó a su hijo Samuel en el tabernáculo en cumplimiento de su voto. Su oración manifiesta su espiritualidad y conocimiento de las Escrituras. Presentó a su hijo en sacrificio vivo al Señor, pero más adelante Samuel mismo tendría que presentarse a Dios. Luego en el capítulo vemos el marcado contraste entre Ana y su hijo, y Elí y sus dos hijos malvados (vv. 12-17; 22-25, 29). Elí los reprendía verbalmente pero les permitía seguir ejerciendo el sacerdocio, y no les castigó como Dios había mandado (véase Dt. 21.18-21). Por eso vino la reprensión del varón de Dios (vv. 27-36). “Habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas... has honrado a tus hijos más que a mí” (v. 29). Así que, Elí y sus hijos habían despreciado a Dios (v. 30), e hicieron a los hombres menospreciar los sacrificios de Jehová (2.17). Dios castigó a la familia de Elí y honró a Samuel, y todavía es operativo este principio: “Yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco” (2.30). La elección es nuestra, pero debemos recordar como dijo otro hermano: nuestras decisiones y hechos tienen consecuencias.
    El tercer capítulo se dedica a ciertos eventos del desarrollo del ministerio de Samuel. Primero, como joven le vemos ministrando en el tabernáculo (v. 1). Pasaba el tiempo, y el niño se había hecho joven o muchacho. Dice que la palabra de Dios escaseaba en esos días, y parece ser debido a los hijos de Elí y la condición del pueblo. Entonces, en el verso 4 comienza Jehová a llamar a Samuel y persistió hasta que Samuel se dispusiera a oír Su mensaje (vv. 4, 6, 8, 10). Es la siguiente fase en su desarrollo, cuando llegó a conocer personalmente a Dios y oír Su Palabra. El mensaje que Dios le dio (vv. 11-14) era el segundo mensaje para Elí (2.27-36), pero el primero para Samuel, y una gran prueba para el joven. Dios anunció el juicio de Elí y su casa, porque no estorbó a sus hijos. Esa negligencia culpable es común hoy en muchas casas, pues el mundo ha hecho creer que tenemos que dejar a los hijos hacer lo que les parece, y Dios protesta ese proceder. Como padre judío y además Sumo Sacerdote, Elí tenía que haber honrado a Dios, no a sus hijos, pero como hoy, los lazos emocionales y familiares hacen a muchos actuar con acepción de personas. Apreciamos el contraste: Ana sacrificó a su hijo para que sirviera a Dios, pero Elí no sacrificó (no castigó) a sus hijos malvados. Dios anunció a Samuel el juicio de la casa de Elí, y eso fue una prueba para el joven. Su primer mensaje no fue suave, sino duro y difícil. Pero fue fiel, declaró todo (3.18), y el resultado fue que Samuel creció espiritualmente y Dios hizo al pueblo conocerle como profeta (vv. 19-21). El primero verso del capítulo 4 realmente va con el capítulo 3 porque termina el comentario sobre la aprobación divina del ministerio de Samuel.
    El capítulo 4 relata el creciente conflicto con los filisteos, y la mala decisión de los israelitas. En lugar de orar, clamar a Dios y confiar en Él, el pueblo en su baja condición espiritual quiso usar al arca como un fetiche (4.2-6). Así que, el arca y los dos hijos de Elí llegaron al campo de batalla, sin saber que Dios preparaba Su juicio. Los versos 10-13 cuentan de la pérdida del arca y la muerte de los hijos de Elí. En los versos 14-22 vemos la muerte de Elí (v. 18), y la de su nuera al dar a luz al niño llamado “Icabod” (literalmente: “no gloria” o “sin gloria”, v. 21). Llegó el juicio que previamente había sido anunciado, y la nación se encontró sin el arca, el símbolo de la presencia de Dios. El profeta Ezequiel vio cuando la gloria abandonó al templo y Jerusalén (Ez. 10-11), quedando así la ciudad “sin gloria”. Y hoy, ¿no es cierto que sobre algunas iglesias habría que escribir “Icabod”, porque dejaron el primero amor y los caminos del Señor? Si no se congregan debidamente en Su Nombre, no cuentan con Su presencia (Mt. 18.20).
    El capítulo 5 se dedica a enseñar una lección muy importante – que Dios es muy capaz de defenderse a sí mismo. El Todopoderoso no necesita a nadie, y cierto es que no cuenta con los impíos de Su pueblo. Por los juicios de los ídolos (vv. 2-4), y las plagas sobre los filisteos (vv. 6-12), los filisteos acabaron temiendo a Dios más que los israelitas. Hay dos maneras de conocer a Dios. Una es creer a Su Palabra, y confiar en Él, y el otro es conocerle mediante Sus juicios. Pero por las buenas o por las malas, al final todos le conocerán, y no habrá más ateos.
    El capítulo 6 relata el retorno del arca a Israel (vv. 1-12), y la gozosa recepción de ella por los habitantes de Bet-semes (vv. 13-18). Un día salieron los hombres a trabajar en el campo, en la siega del trigo (v. 13), y vieron venir el arca. De manera similar, un día cuando estamos ocupados en nuestros trabajos, sin aviso previo aparecerá el Señor Jesucristo, y ¡qué gozo tendremos! Recibieron al arca con gozo, y ofrecieron holocaustos y sacrificios a Jehová (6.14-15).
    Pero después vino el juicio de Dios sobre los hombres de Bet-semes, “porque habían mirado dentro del arca de Jehová” (v. 19). En eso vemos que todavía al pueblo le faltaba el temor reverente, pues trataba al arca con familiaridad y curiosidad carnal, y Dios los hirió con gran mortandad, y el pueblo lloró. Preguntaron: “¿Quién podrá estar delante de Jehová, el Dios santo?” (v. 20). La respuesta está en los Salmos 15 y 24, “El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón” (Sal. 15.2). “El limpio de manos y puro de corazón” (Sal. 24.4).
    Así que, el arca fue trasladado de Bet-semes a Quiriat-jearim – “ciudad de bosque” (6.21-7.2), a la casa de un hombre llamado Abinadab, situada en el collado (7.1). En este pueblo, aproximadamente nueve kilómetros de Jerusalén, reposó el arca durante 20 años. Santificaron a su hijo Eleazar para guardarla, es decir, para asegurar la debida reverencia, recordando el castigo ocurrido en Bet-semes. Como en aquel entonces, también el temor y la reverencia faltan hoy entre muchos profesados cristianos, y algunos afirman que en la edad de gracia no hay que tener temor de Dios. Pero hermanos, la Palabra de Dios dice: “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia, porque nuestro Dios es fuego consumidor” (He. 12.28-29). La falta del temor de Dios es síntoma de ignorancia y mundanalidad.

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La Inmoralidad


Dijo un senador estadounidense, acerca de una ley del estado de Virginia: “Nadie debería pensar que puede ser procesado por esta práctica común. Muchos la consideran anticuada”. Continuó: “¡Es una ley estúpida! ¡Es una locura!” Se refería a una ley según la cual las relaciones sexuales prematrimoniales son ilegales, aun si son consensuales. Esta es la actitud de mucha gente hoy en día.
    Las posturas comunes son: “Es mi cuerpo, así que puedo hacer lo que quiera”; “Está bien si se aman; no hay necesidad de casarse”, “No hacemos daño a nadie”, etcétera. Pero ¿qué dice Dios?
    Las relaciones sexuales entre dos personas que no están casadas se llama fornicación, y Dios dice que es pecado. Dios manda que nos abstengamos de la fornicación (1 Tesalonicenses 4.3) y dice que ningún fornicario heredará el reino de Dios (Gálatas 5.19-21). También dice: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Corintios 6.18).
    En el Antiguo Testamento, la infidelidad en el matrimonio era un pecado severamente castigado por Dios. “Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos” (Levítico 20.10). El matrimonio es tan santo para Dios que divorciarse y volver a casarse implica cometer el pecado de adulterio, a menos que el divorcio haya sido por fornicación (Mateo 19.9). Dios dijo muy claramente: “No cometerás adulterio” (Éxodo 20.14).
  
 ¿Y qué de la pornografía? No tiene nada de malo mirar, ¿verdad? ¿Acaso no decimos “mire pero no toque”? Ante Dios eso también es pecado. Jesucristo declaró: “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5.28). Este versículo enseña que podemos cometer un pecado sexual sin tener ningún contacto con otra persona. Eso incluye el sexting, revistas, sitios en Internet, videos, ciertos videojuegos, películas y cualquier medio por el cual codiciamos sexualmente a otra persona.
    En Levítico 20.11-19 se mencionan otros pecados sexuales, entre ellos el incesto y la homosexualidad. “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre” (Levítico 20.13). Lamentablemente, hoy en día el pecado sexual crece desmedidamente y pareciera que los seres humanos tenemos un apetito insaciable por el sexo. Esos pecados son “los deseos de la carne”, y se convierten en una obsesión y adicción. Esclavizan y arruinan a los que los practican. La paga de esos pecados es muerte. Apocalipsis 21.8 declara que “los fornicarios... tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”. No es nuestra opinión, sino declaración de Dios.
    Sin embargo, nuestros días no son muy diferentes a los de los corintios en tiempos de la Biblia. Algunos practicaban varios de los pecados mencionados anteriormente (1 Corintios 6.9-10). Corinto era una ciudad famosa por la inmoralidad. Pero luego escucharon que todo eso es pecado, y hay perdón de pecados y salvación por medio de la muerte de Jesucristo. Él murió en la cruz como Sustituto, pagando por nuestros pecados. A los que se arrepintieron y creyeron en el Señor Jesucristo como su Salvador, se les dice: “Ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús” (1 Corintios 6.11).  Fueron librados de la adicción y esclavitud a la inmoralidad.
    Estimado lector, usted también puede ser lavado, santificado y justificado de su pecado por medio del Señor Jesucristo, quien vertió Su sangre para limpiarnos de todo pecado (1 Juan 1.7). Confíe hoy en Él.

adaptado del tratado escrito por Jasón Wahls, Publicaciones Pescadores
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