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martes, 22 de septiembre de 2020

EN ESTO PENSAD - septiembre 2020

 LA VOZ DE IGNACIO




    Durante cuatrocientos años Israel estaba bajo el liderazgo de los hombres llamados “jueces”. Dios los levantó para librar a Israel de sus enemigos y proveer un liderazgo nacional. Pero la nación era principalmente una sociedad igualatoria, de agricultores y ganaderos en pueblos pequeños gobernados por ancianos locales. No había un gobierno nacional centralizado.
    Samuel era un buen juez, y visitaba varios pueblos (1 S. 7:16). Pero cuando envejeció era obvio que sus hijos no eran del mismo calibre. El pueblo estaba inquieto, y confrontó a Samuel. “He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones” (1 S. 8:5). Eso le desagradó, pero el Señor le instruyó a conceder la petición de ellos. Sin embargo, debía advertirles acerca del precio de un gobierno centralizado. El rey demandaría impuestos y habría servicio militar obligatorio para los varones. El Señor dijo: “A mi me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1 S. 8:7).
    Así que, Israel pasó de una confederación poco definida de pueblos y villas, a tener un fuerte gobierno central bajo un rey. Cambió de un gobierno divinamente dado a un rey hereditario con poderes arbitrarios. Ese reino unido comenzó con Saúl.
    Durante el siglo I d.C. las iglesias eran congregaciones autónomas guiadas por los ancianos de la localidad (Hch. 14:23). Los lazos entre las iglesias eran espirituales, no organizacionales. Algunos obreros llevaban a cabo un ministerio itinerante entre ellas (1 Co. 3:5-9). Se ocupaban de la evangelización y la enseñanza. El establecimiento de iglesias nuevas tenía alta prioridad. En su ministerio esos hombres fortalecían los lazos espirituales entre las iglesias y animaban la obra de Dios.
    Pero al principio del siglo II se escuchaba una voz clamando por un fuerte liderazgo central en cada iglesia, un “obispo”. Ignacio de Antioquía (35-110 d.C.) opinaba que la pluralidad de ancianos producía debilidad a la hora de tomar decisiones y mantener la doctrina ortodoxa. Escribió:
 “Conviene, por lo tanto, que seáis obedientes a vuestro obispo y que no le contradigáis en nada” (Epístola a los Magnesios).
    La voz de Ignacio y otros prevaleció. Los siglos II y III vieron un cambio completo en el gobierno de las iglesias locales, de un presbiterio de hombres iguales a un “obispo” (anciano principal) sobre un grupo de ancianos subordinados. Como en los tiempos de Israel, habían seguido el clamor por un líder fuerte.
    Pasaron siglos, y cerca del año 1825 comenzó un movimiento del Espíritu de Dios en Gran Bretaña y otros países, impulsando a muchos creyentes devotos a volver a la sencillez de la iglesia primitiva. Se enfatizaba la unidad del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Lamentaban las distinciones y divisiones de las denominaciones.
    El sacerdocio de cada creyente (1 P. 2:5) fue proclamado de nuevo y practicado con sencillez y espontaneidad en la Cena del Señor. Se enfatizaba la soberanía del Espíritu para dar dones y guiar a Su pueblo. Varios hermanos compartirían la enseñanza (1 Co. 14:26-27).
    Abandonaron la jerarquía compleja del gobierno eclesial en las denominaciones. Cada grupo era autónomo. Muchas asambleas comenzaron a funcionar bajo la guía de hermanos locales reconocidos informalmente como ancianos. El patrón del Nuevo Testamento fue alzado como el modelo a seguir también en nuestros tiempos.
    Durante  los siguientes cien años siguieron esos principios sencillos. Un gran surgimiento de actividad misionero llevó el movimiento alrededor del mundo. Los misioneros funcionaban bajo el principio de fe, sin salarios ni promesas de apoyo. Un alto nivel de espiritualidad caracterizaba la obra.
    La estructura sencilla de tales asambleas les ayudó a crecer y reproducirse en otros lugares, aun bajo circunstancias adversas. Aun bajo los gobiernos dictatoriales como los de Mussolini, Hitler y Franco, la obra se arraigó profundamente. Bajo el ateismo y la opresión de estados comunistas la obra florecía y se multiplicaba. Las iglesias caseras en China dan testimonio elocuente a lo práctico que son los principios del Nuevo Testamento.
    Pero ahora, a finales del segundo siglo de ese movimiento, es alarmante oír de nuevo la voz de Ignacio. El gobierno por ancianos es considerado débil e ineficaz. Las grandes iglesias denominacionales contratan hombres aptos y con carisma que acaban dominando el escenario, y tienen mucho éxito. De ese modo un solo hombre decide cómo van a ser las cosas, y ya está. Aunque consulte con otros para quedar bien, realmente él gobierna. Algunas iglesias que antes seguían el patrón sencillo del Nuevo Testamento, ahora miran con añoranza a estas estructuras masivas y fuertes, y desean emularlas.
    Uno de los ancianos de una asamblea escribió insistiendo firmemente en la necesidad de hacer lo siguiente:
1. Aceptar el principio de un Pastor-Anciano      
    Principal.
2. Pedir que Dios levante a uno para liderar así.
3. Seguir y apoyar a ese Pastor-Anciano Principal que Dios            levanta.
    ¿Qué es esto? ¡Es la voz de Ignacio de nuevo, señalando la necesidad de un hombre fuerte como líder oficial en la iglesia! A ese hombre Ignacio le llamó: “el obispo” o “sobreveedor”. Pero no importa si le llaman “obispo”, “pastor-anciano principal”, “pastor-maestro”, “anciano-maestro” o algo parecido, pues el concepto es el mismo.  Es ingualmente inapropiado que un misionero se quede como “el anciano” o “el pastor” de una iglesia en lugar de reconocer ancianos. Puede alegar que los hermanos nacionales no están preparados, pero es su responsabilidad prepararlos y seguir el patrón bíblico.
    Si otros lo han hecho sin saber mejor, esto no nos disculpa para que sigamos su ejemplo en lugar del patrón que Dios ha dado. Semejante desliz de la sencillez del Nuevo Testamento abrirá las puertas a una inundación de modificaciones y cambios pragmáticos en otras áreas.
    Las asambleas de nuestros tiempos deben decidir si van a seguir el patrón bíblico de la iglesia primitiva, o adoptar los métodos expedientes de la sabiduría humana. Pablo dijo: “Esto te escribo...para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1 Ti. 3:14-15). ¿Estamos preparados para las consecuencias de rechazar tal enseñanza e irnos por un camino de nuestra elección?


Capítulo 2 de LA IGLESIA PRIMITIVA, por Donald Norbie
disponible en Libros Berea, ministerio de la Asamblea Bíblica
 
https://berealibros.wixsite.com/asambleabiblica/libros
 
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HONRAD AL HIJO

Es un mandamiento de Dios. He aquí cuatro razones por las cuales el Padre espera que todos honren al Hijo:            
 
1. El Padre le ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo (Juan 5:26). El Padre señala en Su Hijo la más grande señal de Su deidad: el existir por sí mismo. No sólo el Padre existe por sí mismo, sino también el Hijo. Esto significa que el Hijo no depende de otro para Su existencia. Es eterno como el Padre. No hay ángel ni otro ser creado que sea así. Juan 1:4 afirma: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. Cristo declaró: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Jn. 14:6)..
 
2. Todo lo que el Padre hace lo hace el Hijo igualmente (Juan 5:19 b). Nadie más puede decir esto, y sobre todo ningún ser humano. Así como el Padre creó el mundo y gobierna el universo, y sustenta todas las cosas con Su poder, así también hace el Hijo. Este varón, Jesús de Nazaret, que fue menospreciado en las calles de Israel, es Dios hecho hombre, y aunque encarnado así, todavía andaba en perfecta comunión con el Padre. En Juan 10:30 dijo: “Yo y el Padre uno somos”.
 
   3. El Hijo tiene autoridad de dar vida a los muertos que Él quiere (Juan 5:21). Al resucitar a Lázaro, no tenía que preguntar si podía hacerlo o no, porque tenía autoridad para dar vida a los muertos. Sin embargo, oró al Padre porque todo lo hacía en comunión perfecta con Él.  Así en todos los casos en que Él resucitó a muertos, y en los casos de los incontables muertos que resucitarán en el futuro. Llegará un momento en que la voz del Hijo de Dios se oirá, (no la del Padre ni del Espíritu) y su sonido será tan potente que alcanzará a todos los que están en los sepulcros. "Los muertos oirán" la poderosa voz del Hijo de Dios, y saldrán.
 
4. El Hijo tiene autoridad para juzgar (Juan 5:22, 27). "Todo el juicio dio al Hijo". Todo el juicio que se realizará en el futuro, sobre toda la humanidad – creyentes e incrédulos, grandes y pequeños, reyes y vasallos – será por el Señor Jesucristo, el Hijo eterno de Dios. El Salmo 50:6 declara que “Dios es el juez”, y el Señor Jesucristo es el Juez porque es Dios .

     ¡No nos postremos ante vírgenes, santos, crucifijos o altares! Postrémonos todos delante de Él - el Señor Jesucristo - reconociendo que es igual a Dios, uno con el Padre, la resurrección y la vida, y el Juez eterno. En Jesucristo reposa todo el poder, la divinidad, la gloria y la excelencia de la deidad. ¡Es digno de nuestra adoración y honra! ¡Es digno de nuestra obediencia, porque Él es Dios!
 
"Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,  10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;  11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Filipenses 2:9-11 

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¿Qué hay después de la muerte?
 

“Perecerá el hombre, y ¿dónde estará él?” (Job 14:10). “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” (Job 14:14). Si quieres saber qué hay después de la muerte, pregunta a Dios, porque Él lo declara en la Biblia.

¿Dónde Estará Él?
    Jesucristo enseña que hay dos destinos. Al ladrón arrepentido y creyente le dijo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). El único destino bueno es estar con Cristo, pero no estará con Él ninguno que no haya creído en Él durante esta vida. “Con Cristo” no es un destino universal de todos después de la muerte. No estará con Cristo en la ultratumba nadie que no quiso estar con Él en esta vida. “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). El apóstol Pablo declaró que partir y estar con Cristo es muchísimo mejor (Filipenses 1:23). Pero si no te has arrepentido de tus pecados y confiado en Cristo para salvación, no estarás con Él, ni estarás muchísimo mejor, sino muchísimo peor.
    El único otro destino es el de los incrédulos, los no nacidos de nuevo, los que no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Lucas 16:23 describe la muerte de un inconverso: “en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos”. Por mucho que digan de los muertos cosas como “ya no sufre” y “está en un lugar mejor”, es mentira y falsa esperanza para los que no creen en el Señor en esta vida. El Hades es la antesala del infierno, donde están detenidos en tormentos hasta el día del juicio del Gran Trono Blanco. Ahí los libros serán abiertos y los muertos serán juzgados, condenados y lanzados al lago de fuego.
    En uno de esos dos lugares estarás tú, dependiendo de tu actitud hacia Cristo y tu respuesta al evangelio. “Nadie viene al Padre sino por mí” declaró Jesucristo.    

¿Volverá A Vivir?
    Ya hemos contestado esta pregunta, pero para enfatizar la verdad, considera Hebreos 9:27. “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto, el juicio”. Después de la muerte viene el juicio. Todos resucitarán, unos para vida eterna y otros para vergüenza y confusión perpetua (Daniel 12:2). ¿Dónde estarás?
    Hay dos lugares eternos: el cielo y el infierno. El cielo es para siempre, y todo creyente en el Señor Jesucristo estará ahí. El infierno – lago de fuego – es para siempre, y todo pecador incrédulo y rebelde estará ahí.
    No hay más opciones. Dios no quiere que ninguno perezca, pero muchos perecerán porque no creen a Dios. No quieren arrepentirse ni confiar en el Señor Jesucristo para perdón y vida eterna. Los tales no se salvarán y la culpa es suya. Dios contesta las grandes preguntas acerca de qué hay después de la muerte. Tu muerte está establecida. Pero de ti depende si estarás mejor o peor después de morir. ¿Quieres ser salvo por el Señor Jesucristo o quieres ir a juicio ante Dios por tu cuenta?
 
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 Pastores y Siervos



K. T. C. Morris, Southampton, Reino Unido

     Cuando Pablo y Bernabé hicieron su segunda visita a las iglesias nuevamente formadas en Asia Menor, constituyeron ancianos en cada iglesia, y luego Pablo dejó a Tito en Creta para que hiciera lo mismo. Evidentemente era necesario que los nuevos discípulos, y en estos casos esto significaba toda la asamblea, necesitaban ver designados para ellos aquellos hombres a quienes debían seguir, y quienes por su carácter y conducta eran dignos de ser seguidos (Tit. 1:5; Hch. 14:23).
    Una sucesión de ancianos oficialmente designados es algo que no aparece ni es sugerido en ningún lugar en la Escritura. Un hombre es hecho anciano (obispo) por el Espíritu Santo (Hch. 20:28), no por otros hombres. Mucho daño ha sido hecho por los que, creyendo en su autoridad, llegan a un lugar y "nombran" ancianos a hombres que el Espíritu Santo no ha preparado. Éstos usurpan la obra del Espíritu. La cuestión surge, entonces: ¿cómo hemos de saber cuáles de los hombres son obispos?

Características De Los Obispos-Ancianos

    Para que no hiciera nada con parcialidad, Tito fue instruido sobre  lo que Dios requiere del hombre que es digno de ser reconocido entre los creyentes como anciano. Para que nosotros tampoco nos equivoquemos en esto, las instrucciones dadas a Tito han sido preservadas para nosotros. Podemos, entonces, saber hoy en día a quiénes debemos reconocer como obispos.
    No es suficiente que tal hombre sea creyente que lleve años en el Señor. Job 32:9 observa que "No son los sabios los de mucha edad, ni los ancianos entienden el derecho". Necesita más que años.
    Es necesario que sea: “irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía”.
    Es necesario que sea: “irreprensible, como administrador de Dios, no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, retenedor de la palabra fiel...para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen”.
    A Timoteo se le instruye que es necesario que el obispo sea: “apacible... que gobierne bien su casa... (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito... también es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera...” Dios nos instruye que cada uno de estos requisitos es absolutamente necesario en la vida del que es reconocido como obispo-anciano. No tiene que ser perfecto, pero sí tiene que ser un hombre sin manchas de carácter (Tit. 1:5-11; 1 Ti. 3:1-7).
    Un verdadero “anciano”, entonces, es un hermano de carácter maduro, y tiene buen conocimiento bíblico y además, la sabiduría adquirida a través de experiencia. No es meramente uno que ha sido creyente durante muchos años o que lleva más años en Cristo que otras personas, sino más bien que espiritualmente se ha desarrollado más que sus compañeros. No es un novato, ni un autodidacta, sino que en la iglesia ha recibido enseñanza (Tit. 1:9), ha aprendido y muestra fidelidad.
    Una consideración de Hechos 20:17, 28; 1 Timoteo 3 y Tito 1:5-7 demuestra que tales guías del pueblo de Dios son llamados tanto “ancianos” como “obispos”. La palabra “anciano” indica su carácter. “Obispo” indica su trabajo. No existe ninguna razón por la que la palabra episkopos, a veces traducido por “obispo” en versiones comunes, no sea traducida siempre “sobreveedor” como es en Hechos 20. “Sobreveedor” comunica bien el significado, pero no es así con la palabra “obispo” debido a su uso religioso.

La Estima De Los Que Trabajan Entre Nosotros

    Los hombres descritos en los párrafos anteriores deben ser reconocidos como el liderazgo espiritual de la asamblea. Ellos deben ser tenidos en alta estima por causa de su obra (1 Ts. 5:13). Su autoridad es derivada, no de haber sido reconocidos como oficiales, sino debido a la habilidad espiritual que ha sido desarrollada en ellos. Es razonable que los que cuidan de los santos y trabajan entre ellos, deben ser respetados y apoyados por causa del servicio que ellos rinden gratuitamente y de buena voluntad.
    Pero el ser humano es por naturaleza ingrato, voluntarioso y rebelde. En él siempre hay una tendencia grave a despreciar el gobierno (2 P. 2:10). Debido a esto, Dios se mueve en Sus siervos para que apelen a nosotros de esta manera: “Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan” (1 Co 16:15-16). Y de nuevo: “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros” (1 Ts. 5:12-13). Y otra vez: “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar” (1 Ti. 5:17-19). En todos estos pasajes la palabra “trabajar” aparece, y cuanto más trabajo haga, más deben los santos honrar al obrero. Los que ministran eficazmente la Palabra de Dios para edificación, los que visitan a los enfermos, los que amonestan a los ociosos, los que alientan a los de poco ánimo, los que sostienen a los débiles, y los que son pacientes para con todos, deben ser tenidos en alta estima por los santos, y deben ser apoyados con sus oraciones, y cuando sea necesario, sus bienes materiales (Gá. 6:6).
    A lo largo del Nuevo Testamento el énfasis está puesto, no sobre un “oficio” de sobreveedor, sino sobre su trabajo. El verdadero obispado es trabajo duro. Significa darse en hospitalidad a los pobres, consolar a los afligidos, exhortar a los ociosos, restaurar a los errantes, instruir a los ignorantes, y luchar en intercesión por todos. El Nuevo Testamento claramente llama al rebaño a someterse a los tales. “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta” (He. 13:17).

El Reconocimiento De Los Sobreveedores

    Entonces, hay dos preguntas que los santos deben considerar antes de reconocer a un hermano como anciano. En primer lugar: ¿hace el trabajo del pastoreo? Y segundo: ¿reúne los requisitos bíblicos en cuanto a su carácter y su vida en familia?  Debe ser conocido y honrado solamente debido a su propio estado y trabajo espiritual. Los santos seguramente deben reconocer a los hombres que así se recomiendan, hombres que, por su vida irreprochable y el carácter pastoral de su ministerio, han sido obviamente puestos en la asamblea por el Espíritu Santo como obispos. Los a quienes los obispos cuidan, deben reconocer felizmente en el Señor, y no a regañadientes, el liderazgo espiritual de estos hombres piadosos. En los tiempos de los apóstoles había en cada asamblea un grupo de obispos claramente distinguido entre los santos, a los cuales los santos podían consultar con toda confianza. (Ver Hechos 20; Fil. 1:1; 1 Ti. 4:14; Stg. 5:14).
    Ni siquiera uno de los pasajes que hemos nombrado hace referencia a un obispo como un solo hombre que actúa en la iglesia. La Escritura siempre contempla a más de un obispo en cada iglesia. En Creta tenía que haber un número de ancianos en cada ciudad, y de mismo modo en Filipos había una pluralidad de ancianos y diáconos. Nunca leemos en el Nuevo Testamento de un “hermano principal” o “familia principal” en una asamblea.
    Por otra parte, la Escritura nunca sugiere reuniones juntas de los ancianos que representan un número de asambleas, aunque hay muchas indicaciones de comunión activa entre las asambleas en el tiempo del Nuevo Testamento. Los ancianos de Tiatira no fueron dirigidos a consultar con los ancianos de Esmirna, ni tenían que buscar su apoyo o acuerdo, antes de tratar con Jezabel. Esto hubiera disminuido el sentido de la responsabilidad de cada asamblea local ante el Señor. Los congresos evangélicos o comités regionales de ancianos pueden parecernos distintos a la jerarquía católica romana, pero francamente carecen de apoyo en las Escrituras, y son peligrosos, porque son el primer paso en el desarrollo de tales sistemas.



Pastores y Siervos, Libros Berea
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EN ESTO PENSAD agosto 2020

 La Gimnasia Intelectual


“Profesando ser sabios, se hicieron necios” (Ro. 1:22)
 

La Biblia testifica que los hombres, a pesar de su conocimiento de Dios, cometieron el suicidio espiritual: “cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (Ro. 1:21-25). Aunque esos versos hablan de algo que sucedió en el pasado, la verdad es que hoy sucede. ¡Se suicidan espiritualmente! Realmente creen que el universo vino de un “big bang” y que el ser humano, finito y pecaminoso, puede solucionar los problemas del mundo y traer una nueva era de paz y seguridad mundial. Pero la Biblia advierte claramente que no será así, pues “...cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán” (1 Ts. 5:3).
    Desafortunadamente la insensatez espiritual no se limita a los del mundo. Muchos evangélicos, aun personas de “las asambleas”, juegan a la gimnasia intelectual con las Escrituras. Adoptan el rumbo mundano de nuestra época, ignoran las Escrituras como si no tuvieran relevancia, o las desvirtuan con sus propios razonamientos. Enfatizan la “libertad cristiana” y la usan como excusa para disfrutar el mundo y todos sus placeres. Aun introducen conceptos y prácticas del mundo en las iglesias para ponerse la día, y así supuestamente alcanzar a los del mundo.
    Vemos claramente esa gimnasia intelectual en la campaña liberal y feminista para la “igualdad de la mujer en la iglesia”, o como dijo un misionero inglés en España, "para potenciar el ministerio de la mujer". Muchos líderes eminentes se han manifestado a favor de grupos como “Cristianos A Favor De La Igualdad Bíblica”.  Ese nombre engaña, porque en realidad los del grupo promueven enseñanzas y prácticas no bíblicas. Juegan a la gimnasia intelectual con Gálatas 3:28, “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Deducen que no hay cabeza en el matrimonio, la familia o la iglesia. Si fuera verdad, no solamente los hombres y las mujeres tomarían parte igual en el matrimonio y la iglesia, sino también los niños serían iguales con sus padres.   
    Esa organización presentó sus ideas en la revista Christianity Today (“El Cristianismo Hoy”, Abril 1990). Enseña que el liderazgo del varón sobre la mujer fue resultado de la caída y no es válido para creyentes. Pero 1 Timoteo 2:12-13 nos hace ver el fallo de esa enseñanza. Su publicidad llama a las mujeres a involucrarse en “el cuidado pastoral, la enseñanza, la predicación y la adoración”. No es el propósito de este artículo responder a todos esos errores, sino solo señalarlos y advertir que tales ideas entran en las asambleas mediante las escuelas bíblicas, los pastores, las organizaciones paraeclesiales, las reuniones de mujeres, los campamentos y retiros para jóvenes universitarios, etc. El razonamiento más común entre todos ellos es el argumento cultural, aunque carece de base bíblico. Traen sus suposiciones y predisposiciones a la Biblia como lentes que distorsionan la vista y no permiten que uno crea simplemente lo que ella dice. Sus argumentos complicados dependen de razones extra-bíblicas, porque no están en las Escrituras. Pocos vigilan lo que es enseñado en esos grupos. Los ancianos no asisten para oír y si es necesario corregir. Así la mala doctrina puede entrar y obrar como levadura. Cambiando de figura, los que asisten a los estudios de esos grupos o escuelas, salen con la mente contaminada.
    Quizás lo más espantoso sea que de más de doscientas personas que firmaron manifestando su acuerdo con las declaraciones de este grupo, aparecieron apellidos conocidos como: F.F. Bruce, Cole, Davids y Liefeld, que eran evangélicos conocidos en las asambleas de Norte América e Inglaterra. También están otras “eminencias evangélicas” como Stuart Briscoe, Antonio Campolo, William Hybels y otros.
    Está claro que esos hombres y mujeres no usan bien la Palabra de verdad (2 Ti. 2:15). No distinguen entre la posición del creyente bajo la gracia de Dios, y la función del cristiano bajo el gobierno de Dios, en la iglesia, el matrimonio y el hogar. Su texto favorito, Gálatas 3:28, está en la epístola que trata nuestra posición bajo la gracia de Dios, donde es absolutamente verdad que en Cristo todos somos iguales. Sin embargo, otras escrituras enseñan nuestra función como creyentes, y dan un orden que observar y seguir en el hogar y también en la iglesia. Este orden divino incluye papeles distintos para los hombres y las mujeres (1 Co. 11:3; 14:34-35; Ef. 5:22-25; 1 Ti. 2:11-14).
    Tristemente, el feminismo mundial y cada vez más iglesias descartan el orden que Dios estableció, llamandolo: “progreso”, “crecimiento” o “madurez”. Pero en realidad es una señal clara del fracaso. Los hombres fracasan respecto al liderazgo que debieran tomar, y las mujeres fracasan porque se rebelan contra el lugar y la función importante que la Biblia las asigna. En estos postreros tiempos cuesta mucho ser fiel a la Palabra de Dios cuando muchos  "evangélicos" la abandonan y no se someten a ella (Ap. 3:8). Procuremos con diligencia presentarnos a Dios aprobados, no teniendo de qué avergonzarnos, usando bien la Palabra de verdad, y persistiendo en ella (2 Ti. 2:15; 3:14).

                  Steve Hulshizer, de un artículo en MILK & HONEY (“Leche Y Miel”), Nº 7, en julio de 1992. Han pasado 18 años y el problema es peor hoy que entonces. 

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¿Hay Obispos Sobre Las Iglesias?


En la iglesia católica romana existe una jerarquía bien definida:


    Pero en las iglesias neotestamentarias no hay nada similar. No hay Papa, sino Cristo. No hay cardenales, ni obispos. Todos los creyentes son sacerdotes y entre ellos, no sobre ellos, hay hermanos ancianos y otros que son diáconos. No hay religiosos ni laícos. Esto es todo. Sobre las iglesias locales está Cristo, nadie más. El que anda en medio de las iglesias es Cristo, no ningún hombre como obispo. Pero hoy hay hombres que quieren controlar a todas las asambleas de su zona o departamento. Están usurpando el lugar del Señor Jesucristo. No importa cuánto saben ni cuánto dinero tienen. No cedamos a los hombres el lugar de Cristo. No hay nadie entre las iglesias locales y el Señor. Recordemos la visión del apóstol Juan en Apocalipsis 1:13-16. 


"y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplan
dece en su fuerza".

    Los hombres que intentan andar como señores en medio de las iglesias son usurpadores. Por ejemplo, un hermano anciano en una iglesia en una ciudad no tiene ninguna autoridad sobre otras iglesias. Si hay varias otras iglesias en su localidad, él no manda en ninguna de ellas. No puede poner ni quitar ancianos en ninguna. Ninguna federación ni asociación tiene poder ni autoridad bíblica para mandar a las iglesias. La Palabra de Dios no reconoce a tales jerarquías. No hay obispos, cardenales ni papa en las asambleas. Si un hombre quiere actuar así, debe ser parado, como las palabras de 2 Crónicas 26:18, "No te corresponde a ti". 

                                         Carlos

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La Autonomía y el Señorío de Cristo
 

    Cada iglesia local es autónoma delante del Señor. No es gobernada por ninguna otra iglesia, grupo de iglesias, consejo de hombres, asociación de iglesias ni nada parecido. Pero sí es gobernada por el Señor Jesucristo.
    La autonomía es respecto a otras iglesias y hombres, pero ninguna iglesia es autónoma en el sentido de hacer lo que quiere, sino que todas deben someterse y obedecer al Señor de las iglesias. Mira en Apocalipsis 1:13-16 y recuerda quién está en medio de los siete candeleros que representan a las iglesias. ¿Quién se encarga de gobernar, animar y castigar a las iglesias según su comportamiento? Es el Señor Jesucristo.
    Él mismo dice: "¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" (Lc. 6:46). Cristo gobierna cada iglesia local, incluso gobierna a los ancianos. Su Palabra es la guía y autoridad, Sus mandamientos deben ser obedecidos. Ninguna iglesia verdadera se libra del señorío de Cristo. Y Cristo nos manda qué hacer con los que lo intentan (Ro. 16:17-18). 

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¡Hay Que Cambiar!


En todas partes del mundo la gente demanda cambios. Seguramente hacen falta, como en los tiempos de Juan el Bautista. Pero ¿qué tipo de cambios? En el día lúgubre de Juan, él vino predicando la Palabra de Dios. ¿Cuál era el mensaje de Dios por medio de él?
    ¿Era el cambio de mejores salarios? ¿Esto remediaría la situación? Consideramos si todos los sindicatos, los grupos de presión y las huelgas han solucionado hoy todos nuestros problemas. La gente hoy gana más que nunca en la historia, y en algunos países también hay ayudas del gobierno. Pero en lugar de estar contentos, demandan más. El dinero no soluciona los problemas, pero el amor al dinero es raíz de todos los males.
    ¿Era el cambio de mejor gobierno? Si derrocas a un hombre pecaminoso y pones a otro pecador en su lugar, ¿qué provecho hay en esto?
    ¿Debían efectuar cambios a través de la desobediencia civil? ¿Ayudarían las marchas, protestas y los enfrentamientos? ¿Deberían tomar las carreteras y paralizar a sus ciudadanos para presionar al gobierno? ¿Qué realmente conseguirían así?
    ¿Y si lucharon para efectuar cambios por medio de mejor educación? ¿Esto ha menguado la población de nuestras prisiones, o solo son criminales con más conocimientos? ¿Son las escuelas y las universidades lugares de gran moralidad e integridad, o de lo contrario?
    ¿Predicaba el cambio violento de una revolución con armas y bombas? ¿Puede un masacre, un baño de sangre, lavarnos de nuestros pecados?
    A todo esto la respuesta es un “¡NO!” enfático. Juan el Bautista predicó el arrepentimiento personal, no esas otras cosas. El cambio necesario entonces y hoy no es del hombre externo o las condiciones externas. ¡Es necesario un cambio de corazón! La naturaleza de todo ser humano está contaminada con el pecado, “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Cristo declaró que el mal está en el corazón: “Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:20-23). ¡El problema está en el corazón!
    Ni la política, ni la educación, ni la religión, ni el dinero ni la filosofía  cambian el corazón del hombre. Solo Dios puede hacer esto. Él obra en los que se arrepienten y confían en el Señor Jesucristo que murió por sus pecados, resucitó y vive en el poder de una vida indestructible. Cristo con gran poder salva y socorre “a todos los que por él se acercan a Dios” (Hebreos 7:25).

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 PREPÁRATE PARA
EL TRIBUNAL DE CRISTO 
(II)


viene del número anterior


Texto: Romanos 14:10-12  "...todos compareceremos ante el tribunal de Cristo... cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí".

3. Nuestra mayordomía de todo: el cuerpo, las fuerzas, la mente, los afectos, el tiempo, el dinero. Romanos 6:13 manda que presentemos nuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. 1 Corintios 6:20 nos manda a glorificar a Dios en nuestro cuerpo, y en nuestro espíritu, los cuales son de Dios. ¿Qué queda para nosotros? Nada, porque hemos sido comprados por precio. ¿Qué hacemos con el cuerpo? ¿Lo disciplinamos y lo ponemos en servidumbre (1 Co. 9:26-27), o proveemos para los deseos de la carne? (Ro. 13:14). ¿Lo vestimos como al Señor le gusta, o seguimos las modas del mundo? ¿Qué hacemos con el dinero? El Señor mandó: “No os hagáis tesoros en la tierra” (Mt. 6:19), pero es quizás el mandamiento más ignorado. William MacDonald dijo que a la mayoría de los cristianos es como si este versículo no estuviera en la Biblia. Manda: “sino haceos tesoros en el cielo” – no dice: “haced también tesoros en el cielo”, porque eso daría a entender que está bien tener tesoros en el mundo mientras que tengas también en el cielo. No enseña esto. Son lugares mutuamente exclusivos. O en el cielo, o en la tierra. ¿Vivimos vidas sencillas de fe e invertimos todo lo posible en el reino de Dios, o somos como aquellos ricos en Marcos 12 que echaron en la ofrenda lo que les sobraba? Cristo sabe lo que ponemos en la ofrenda, y lo que nos queda en el bolsillo, el bolso o la cuenta. Daremos cuenta a Él de todo eso. ¿Cómo usamos el tiempo? Todos tenemos 24 horas en cada día y 168 horas en cada semana. ¿Qué hacemos con esos días y horas que Dios nos confía? ¿Los redimimos o andamos como necios? (Ef. 5:15-16; Col. 4:5). Mejor orar: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Sal. 90:12), y aprender ahora, porque cada uno dará cuenta de sí delante del Señor.

4. Nuestra vida de soltero/a. 1 Corintios 7 dice: “El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor” (v. 32), y “La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo” (v. 34). El propósito de esta etapa de la vida es tener cuidado de las cosas del Señor, agradarle y ser santo. ¿Dónde está hoy esta clase de solteros? Muchos aparentemente piensan que esa etapa de su vida es para sí, para divertirse con sus amigos, para preparar una carrera y planificar su futura vida cómoda. Se equivocan, y el Señor examinará todo esto. C. T. Studd dijo: “Solo una vida, pronto pasará, solo lo hecho para Cristo durará”.


5. Nuestro matrimonio y familia. Siendo que el matrimonio es una institución divina, y que Él ha dado amplia instrucción al respecto, nuestro comportamiento matrimonial será juzgado. Para empezar, el yugo desigual está prohibido (2 Co. 6:14-7:1). Si hemos “convertido” a alguien para casarnos “cristianamente”, el Señor lo sabe y lo juzgará. Luego en el matrimonio cristiano, ¿los maridos se han portado como cabeza, fielmente, han dirigido y pastoreado, en amor como Cristo? (Ef. 5:25-29). ¿Las esposas han sido ayudas idóneas, castas, cuidadosas de su casa, sujetas a sus maridos, y los han reverenciado como “aquellas santas mujeres que esperaban en Dios”, como Sara que obedeció a Abraham llamándole “señor”? (1 P. 3:5-6) Hoy hay mujeres "cristianas" que morirían antes de hablar así a su esposo. Tienen una actitud dominante en su casa y matrimonio. Pero la agenda feminista no es aprobada por Cristo.  Dios también ha dado instrucciones acerca de los hijos y los padres. Proverbios contiene instrucciones de padre a hijos. Proverbios 1:8 manda: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre”. A los hijos se les manda honrar y obedecer a sus padres, y aunque en el mundo hoy no se enseñan esas cosas, en la Palabra de Dios sí. En el Tribunal de Cristo nuestro comportamiento en familia será examinado a la luz de Su Palabra.

 
6. Nuestros amores y gustos. 1 Juan 2:15-17 nos manda: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”. Pero en los postreros días las personas que profesan piedad – profesan ser cristianas – serán “amadores de sí mismos”, “avaros” (literalmente: amadores de plata), y “amadores de los deleites” (2 Ti. 3:2-4), no de Dios. El amor de Dios ha sido derramado en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha sido dado (Ro. 5:5), y es fruto del Espíritu Santo (Gá. 5:22), pero no es para lo del mundo sino lo de Dios. El salmista exclamó: “¡Oh cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (Sal. 119:97). ¿Es así con nosotros? Viene el juicio, y daremos cuenta al Señor.

7. Nuestros amigos y compañeros. Muchos piensan que tienen derecho a escoger sus amigos, pero esto también está bajo el señorío de Cristo. No escogemos a los que van a la escuela o el lugar de trabajo, ni a nuestros vecinos, pero debemos tener cuidado de escoger bien los amigos conforme al mandato del Señor. El Salmo 1:1 da tres tipos de personas que no deben ser nuestros amigos. El Salmo 119:63 dice: “Compañero soy yo de todos los que te temen y guardan tus mandamientos”. ¿Usamos el criterio divino para nuestras amistades? 2 Timoteo 2:22 manda: “sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor”. Debemos ser amables con todos, pero nuestra amistad debe estar reservada para los que temen al Señor, guardan Su Palabra y de corazón limpio le invocan. En el Tribunal de Cristo darás cuenta de tus amistades.

8. Las Iglesias. En Apocalipsis 2-3 hay siete cartas del Señor Jesucristo a siete iglesias. Tratan temas del Tribunal, es decir, del juicio divino, aunque todavía esas iglesias tenían tiempo para cambiar y mejorar. Reconocía las cosas bien hechas, y reprendía las demás cosas. Efectivamente el Señor mandó a cinco de las siete a arrepentirse. Tarea difícil es ésta. Los creyentes predicamos a los pecadores que deben arrepentirse, pero se nos olvida que nosotros también tenemos que arrepentirnos. Hay asambleas que deben arrepentirse porque no agradan al Señor. Se parecen más como las denominaciones que como asambleas de santos. Y eso porque no practicamos lo que predicamos.  ¡Qué iglesia quiere arrepentirse! Pero el Señor dice: “porque si no...”  Es lenguaje de ultimátum. Advierte que si no hay cambios, quitará el candelero, que vendrá como ladrón, que peleará contra la iglesia y a una dice: “te vomitaré de mi boca”. ¡Le dan nausea, asco!
    Hermanos, no somos señores de las iglesias ni podemos hacer lo que nos parece. Ningún anciano, obrero ni misionero tiene autoridad para cambiar lo que el Señor manda en Su Palabra. Recordemos que Dios compró a la iglesia con la sangre de Cristo. Es Suya, no nuestra. Cristo es su Señor y la juzgará en el Tribunal. ¿Qué usará en el juicio? Su Palabra. Todos la tenemos, y no hay excusa, sobre todo hoy cuando hasta en el teléfono uno puede leer la Biblia. Pablo advirtió a los corintios que las cosas que él les escribió son “mandamientos del Señor” (1 Co. 14:37). Entre esos mandamientos del Señor está éste: “vuestras mujeres callen en las congregaciones” (v. 34), válido en “todas las iglesias de los santos” (v. 33). Pero el feminismo ha invadido las iglesias, y los hombres liberales o cobardes que lo han permitido darán cuenta y sufrirán pérdida en el Tribunal de Cristo.
    “Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 P. 4:17). Todavía estamos a tiempo para arrepentirnos y volver obedientes a la Palabra de Dios. No cometamos el error de Israel, como vemos en Jeremías 6:16-17. “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos. Puse también sobre vosotros atalayas, que dijesen: Escuchad al sonido de la trompeta. Y dijeron ellos: No escucharemos”.

    Amados, Dios nos ha dado todos los recursos necesarios para regocijarnos en el Tribunal de Cristo. Hemos sido justificados por la fe. Tenemos paz para con Dios. El amor de Dios ha sido derramado en nuestro corazón. Hemos sido quitados de Adán y el reino del pecado y la muerte (Ro. 5), y puestos en Cristo donde abunda la gracia. Hemos muerto con Cristo y resucitado con Él, y por eso hemos sido librados del dominio del pecado (Ro. 6). También hemos muerto a la ley, y no estamos bajo su condenación (Ro. 7). Además, tenemos el Espíritu Santo, para vivir para Dios, dar fruto y agradarle (Ro. 8). Tenemos Su Palabra para guiarnos y librarnos de la sabiduría humana y la corriente del mundo.
    Pero vivimos en los postreros tiempos, tiempos peligrosos, cuando los profesados cristianos no sufren la sana doctrina (2 Ti. 4:3-4). Hermanos, seamos sobrios. Prediquemos y obedezcamos la Palabra. Seamos fieles al Señor y esperemos Su venida, porque “aun un poquito y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (He. 10:37). Y “es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo” (2 Co. 5:10).
 

Carlos Tomás Knott 

martes, 30 de junio de 2020

EN ESTO PENSAD - julio 2020

“LA IGLESIA QUE ESTÁ EN TU CASA”
 Donald Norbie

Estas palabras llamativas en Filemón 2 incluyen un saludo a “la iglesia que está en tu casa”. La frase es llamativa porque el concepto mencionado es hoy algo tan extraño. A diferencia de lo que vemos en el Nuevo Testamento, hoy algunos piensan que no se puede partir el pan ni considerarse iglesia hasta que tenga un local propio. ¡No era así en la iglesia primitiva! Pero hoy al mencionar la palabra “iglesia”, todos tienen la imagen de un edificio de uso dedicado, un “Cenáculo” o “Local Evangélico” o “Sala Evangélica”, quizás impresionante con una plataforma y púlpito, y en algunos casos un campanario alto que apunta el cielo. ¡Esta imagen no encaja en la sala de estar de una casa normal!
    Por supuesto que los iluminados saben que Pablo saludó a una compañía de creyentes reunida en la casa de Filemón para enseñanza, comunión, adoración y oraciones. Un edificio material no es una iglesia; solo puede alojar a la asamblea de creyentes que se reúnen allí. No obstante, a muchos les parece pasado de moda la idea de reunirse una asamblea en una casa. Si se va a comenzar una obra, hay que iniciarlo con un local especial de “iglesia”. Piensan que reunirse en una casa o un lugar alquilado es algo extraño o sectario.
    En primer lugar, debemos reconocer que hay un precedente bíblico para reunirse en una casa (Ro. 16:5; 1 Co. 16:19; Film. 2). Si un grupo comienza así, no por eso debe ser tachado de no bíblico. Esto no quiere decir que una asamblea esté obligada a comenzar así o quedarse siempre en una casa para ser bíblica. Evidentemente una sala alquilada fue empleada por la iglesia en Éfeso durante un tiempo (Hch. 19:9). Una asamblea puede crecer hasta el punto que no cabe en una casa y necesita más espacio.
    Hay ciertas razones prácticas por las que comenzar en una casa. No ocasiona muchos gastos. Dos o tres familias pueden comenzar a reunirse como una iglesia neotestamentaria de esta manera cuando no hay finanzas para alquilar o comprar un local. ¿Se les debe negar el privilegio de reunirse en sencillez bíblica hasta que tengan un local? El local no hace la iglesia, como el hábito no hace al monje.
    Cuando comienza en una casa o sala alquilada, probablemente desde el principio se desarrollará mejor el concepto espiritual de la iglesia, porque no hay un local para confundir el tema. Es más probable que los hermanos comprendan que ellos son la iglesia, un cuerpo de creyentes y que no lo es un edificio. En su debilidad y pequeñez numérica aprenden las lecciones benditas de fe y dependencia en el Señor. A menudo, en medio de circunstancias adversas Dios se da a conocer de manera especialmente dulce a la “manada pequeña”.
    El ambiente informal del hogar tiende a animar  más la participación y el crecimiento de los creyentes nuevos. Pocos jóvenes en la fe se atreverían a ponerse de pie y hablar en un local público. Sin embargo, en un hogar con pocas familias presentes, los hermanos jóvenes en el Señor se  animan a expresarse en oración y en la Palabra (1 Co. 14:26). Aquí los dones espirituales comienzan a manifestarse, y los futuros ancianos de la asamblea comienzan a ejercitarse. Pero pese a su tamaño, cada asamblea debe nutrir este espíritu de amor familiar en sus reuniones. El Espíritu Santo desea libertad para expresarse. Con demasiada frecuencia Él se encuentra preso, encerrado y obligado por tradiciones, programas y organización.
    Finalmente, hay muchas áreas en el mundo donde los creyentes son perseguidos con odio cruel. En esos lugares se reúnen furtivamente de casa en casa, a puerta cerrada, y a veces cambian el lugar y la hora para no ser descubiertos. Cantan casi en voz baja, y así también se hacen las oraciones, y la enseñanza de la Palabra. En medio de ellos hay una mesa con una copa y un pan. Adoran al Señor y aprenden de Su Palabra. ¿No es ésta una iglesia en el verdadero sentido?
    Puede que llegue el tiempo en otros países cuando los que aman al Señor ya no podrán reunirse públicamente en locales de iglesia. Obligados a ir “subterráneo”, los creyentes conocerán nuevamente la realidad de la presencia de Dios en medio de un rebaño pequeño, “la iglesia que está en tu casa”. No despreciemos los comienzos pequeños.
Donald Norbie, capítulo 9 del libro La Iglesia Primitiva, Berea Libros
 
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 EL PLAN DE DIOS PARA NUESTRA VIDA
 
Según Romanos 12:1-2 la única manera de comprobar "la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta", es si presentamos nuestro cuerpo en sacrificio vivo a Él. Demasiados creyentes aceptan el sacrificio de Cristo pero luego ellos no se quieren sacrificar. Quieren que Dios bendiga sus planes para su vida, que bendiga su voluntad, en lugar de sacrificarse para comprobar la voluntad de Dios. Temen decir como Pablo: "Señor ¿qué quieres que haga?" porque la respuesta puede romper todos sus esquemas y traer cambios a todo lo que tienen montado. Pero conviene recordar que SOLO la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. Cuando lleguemos al cielo querremos haber comprobado esto en nuestra vida. William MacDonald escribe:

      “El arquitecto de uno de los grandes puentes de Nueva York fue gravemente herido durante la construcción del puente. Soportó una larga e infeliz convalecencia. Cuando terminaron el puente y llegó el día de la dedicación, el arquitecto había mejorado y fue transportado en ambulancia y situado a la orilla del río. Al contemplar la estructura completa, se le iluminaron los ojos con satisfacción, y dijo: 'Es exactamente conforme al plan'. Hacia esta mete debemos avanzar tú y yo, para que al final el Señor mire nuestra vida y diga: 'Es exactamente conforme a mi plan'”.  
William MacDonald, Solo Una Vida
 
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"TENED FE EN DIOS"


Lucas Batalla

En Marcos 11, el Señor dijo a los discípulos de entonces y a nosotros hoy: “Tened fe en Dios”. Eso es lo que Dios quiere y demanda, y es lo que le agrada. De paso observo que si todo fuera predestinado, predeterminado por Dios, no tendría ningún sentido llamar a los hombres a tener fe, ya que creyesen o no, no cambiaría nada. Pero el Señor habla de una fe que puede mover montañas.
    Pero la fe es nuestra responsabilidad. Confiemos en Él, en lo que Él nos dice, porque Sus consejos son sabios y acertados. Pablo dice en 1 Corintios 1:9, “Fiel es Dios”. Entonces, ¿por qué no creerle? ¿Por qué no confiar en Él de modo que cambia nuestra conducta? Hay que creer en Aquel que no puede mentir, no puede equivocarse, no puede engañar y no puede fallar ni incumplir. La base de nuestra fe es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre. No hay que tener fe en las emociones, pues lo que sentimos no afecta la verdad de la Palabra.   
    Romanos 10:17 declara que “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. La fe bíblica necesita la Palabra de Dios, pues sin ella no es fe sino presunción. 2 Pedro 1:19 dice que hacemos bien en estar atentos a la Palabra de Dios, como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro – no a lo que dicen los hombres, sino a lo que dice Dios.
    Recordemos el ejemplo de los 12 espías enviados delante de Israel a la tierra prometida. Recorrieron la tierra y vinieron a reportar lo que habían visto. Así que la nación tomó una mala decisión basada en la vista, no en la fe. Sólo dos espías, Caleb y Josué, tuvieron fe en Dios. Ellos también habían visto a los gigantes y las ciudades amuralladas, pero tuvieron fe en Dios y Su Palabra, no en lo que vieron. Así esos dos entraron y los demás no. La vista puede arruinar la fe – como en el caso de Pedro cuando quiso andar sobre el mar para ir al Señor, pero empezaba a mirar el viento y las olas, y para abajo fue. El Señor lo tomó de la mano, lo rescató y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mt. 14:28-31). Es una pregunta difícil de contestar bien.
    Pablo, en cambio, cuando viajaba preso en un barco y después de muchos días de terrible tormenta en alta mar, declaró que nadie se iba a perder, y exhortó a todos a tener ánimo (Hch. 27:22-24). ¿Porque él lo decía, o porque él era optimista? ¡No! Porque Dios había hablado. “Oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho” (Hch. 27:25). ¡Y así fue! La fe no es creer mucho que algo será o pasará. Es confiar en la Palabra de Dios, porque Él no puede fallar.
    Así que, hermanos, consideremos cuán importante es la fe en Dios para toda faceta de nuestra vida cristiana. No se debe orar sin fe, leer sin fe, cantar y alabar sin fe, ni obrar sin fe. No primero por vista, como dicen en el mundo, sino primero por fe. “Tened fe en Dios”, porque “sin fe es imposible agradar a Dios”.

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Cristo A La Diestra De Dios
 
1 Pedro 3:22 declara que Él está ahí. Pensemos en lo que esto significa. La Biblia enseña que la diestra de Dios es un lugar de:

1. Poder    Mateo 26:64  
                 "la diestra del poder de Dios"

2. Honor    Hechos 2:33; 5:31   
                  "exaltado por la diestra de Dios"
   
3. Descanso    Hebreos 1:3; 8:1; 10:12  
                      "se sentó a la diestra de la Majestad"
   
4. Intercesión  Romanos 8:34  
                        "está a la diestra de Dios, el que también
                         intercede por nosotros".

   
5. Preeminencia  Efesios 1:20-21 
                            "sentándole a su diestra en los lugares
                             celestiales, sobre todo..."  
 

6. Dominio
  Hebreos 1:13; 1 Pedro 3:22  
                    "...está a la diestra de Dios; y a él están sujetos 
                     ángeles, autoridades y potestades".

Estemos sujetos a Él también los que confesamos Su Nombre. "¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" Lc. 6:46 

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El Secreto De La Felicidad

Muchos intentan alcanzar la felicidad mediante el dinero, el placer, el conicimiento,  el arte, la fama, el poder o la filosofía. Pero considera algunos casos de hombres muy conocidos y "exitosos", y cómo terminaron sus vidas.

DINERO
Jay Gould, el prestigioso financiero norteamericano del siglo XIX, con 1.300 millones de dólares, confesó al morir: "supongo que soy el diablo más miserable en la tierra".
George Eastman, fundador de la industria fotográfica (Kodak) en los EE.UU., dio millones de dólares a obras de caridad, pero se enfermó y desesperado se suicidó.

INTELIGENCIA
Luis Álvarez, ganador del premio Nóbel de Física, la nocha que recibió su homenaje dijo: "No estamos libres de un catástrofe global en el futuro tal como una época de enfriamiento global, o un período de intensa actividad volcánica que deje una capa de polvo en la atmósfera, o el deshielo en Antártida que podría inundar gran parte de la tierra habitable".

FAMA
Simón Bolívar, el célebre libertador de varios países, dijo al final de su vida: "Yo estoy viejo, enfermo, cansado, desengañado, hostigado, calumniado y mal pagado. No pido por recompensa más que el reposo y la conservación de mi honor. Pero por desgracia es lo que no consigo". También dijo: "He sembrado en el viento y arado en el mar".
Salvador Dalí, famoso pintor español, pasó los últimos años de su vida solitario y murió triste.

PODER
Alejando Magno, quizás el general más notable de la historia, conquistó al mundo de su época, y luego lloró diciendo: "¡Ya no hay más mundos por conquistar!" Pero no conquistó al pecado. El gran general y estratega se entregó a los vicios de alcohol y sodomía, contrajo fiebre y murió con 32 años de edad.

FILOSOFÍA
Voltaire era enérgico opositor de la Biblia y el evangelio de Jesucristo. Pero su conclusión fue: "¡Ojalá nunca haber nacido!"

Esos y muchos otros confirman la verdad dicho por el rey Salomón hace más de 3.000 años: "Todo es vanidad y aflicción de espíritu" (Eclesiastés 2:17). También Cristo advirtió que si ganares todo el mundo y perdieres tu alma (como esos hombres), ¿de qué aprovecha? Hoy si pudieran, todos esos hombres contestarían: "¡Nada!"
    Amigo, la verdadera vida, la salvación y la felicidad se encuentran solo en Jesucristo. Él declaró: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás" (Juan 6:35). ¡Búscale hoy! 

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PREPÁRATE PARA
EL TRIBUNAL DE CRISTO

Carlos Tomás Knott

“Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.  Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Ro. 14:10-12).
 
Hermanos, ¿estamos preparados para el Tribunal de Cristo? Muchos se preparan para todo menos eso. Se preparan más para su carrera, o incluso para sus vacaciones, que para comparecer ante el Señor. Pero el mero hecho de que Dios haya establecido un juicio para creyentes demuestra cuán importante es cómo vivimos. Muchos aparentemente creen que tienen libertad para vivir como les gusta, pero el Tribunal de Cristo dice que no es así. Vamos al juicio.
    Sí, somos salvos solo por la gracia, por medio de la fe, sin obras. Y los creyentes nunca vendrán a juicio por sus pecados, porque ésos ya fueron juzgados cuando el Señor murió por nosotros. “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro. 8:1). No irán al Gran Trono Blanco para ser juzgados y condenados por sus obras (Ap. 20:11-15). Aquel lugar es el destino de los que no son del Señor.
    Pero los creyentes, “todos compareceremos ante el tribunal de Cristo”. Dios estableció este juicio para los creyentes, para examinar su carácter, sus obras y su servicio. “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Co. 5:10). Saldrán cosas malas también en este juicio.
    Romanos 14:11 cita y aplica Isaías 45:23 a los creyentes: “Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios”. Nos arrodillaremos ante el Señor y confesaremos Su señorío. Y porque Él es nuestro Señor, debemos vivir esta vida como a Él le gusta, para Él, no para nosotros. En el Tribunal de Cristo se verá cómo hemos vivido, no durante las reuniones, sino qué hemos hecho con toda nuestra vida, el tiempo, los talentos y dones que el Señor nos ha dado.
    El versículo 12 afirma “que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí”. Se refiere a cada creyente. No solo los predicadores, sino cada hermana y hermano. Dice que “dará a Dios...”, esto es, al Señor Jesucristo, y esta expresión indica que Él es Dios. No daremos cuenta a los hombres, ni tenemos que vivir para agradarles. No es el tribunal de ellos, sino de Cristo. Daremos cuenta a Dios. Por eso, Pablo dice en 1 Corintios 4:3, “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo”. Los corintios le estaban juzgando, y algunos hoy siguen con sus tribunales humanos, pero Dios es el Juez. Pablo dijo a los gálatas: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gá. 1:10). Así debemos vivir, para agradar a Dios antes que a los hombres. ¿Cómo podemos hacerlo? Leyendo y obedeciendo Su Palabra, pues ahí Él nos dice cómo vivir. La Palabra de Dios será el criterio usado en el Tribunal de Cristo.
    Dice: “dará cuenta de sí”, no de los demás. Nos gusta saber de vidas ajenas, curiosear y juzgar a la carrera, pero el verdadero juicio que debe preocuparnos es el que nos hará el Señor Jesucristo. ¿Qué dijo el Señor a Pedro cuando él pregunto qué haría Juan? “¿Qué a ti? Sígueme tú” (Jn. 21:22).  Si otros no obedecen al Señor, no los sigamos. Mal de muchos, consuelo de tontos. Sigamos al Señor aunque por ello tengamos que andar solos. Cada uno de nosotros estará individualmente delante del Señor, cara a cara, para que toda su vida cristiana sea revisada. Daremos cuenta, y el Señor nos juzgará. ¡En el cielo hay todo el tiempo necesario para hacer esto sin prisas, y ningún detalle se omitirá! Puede ser para bien, o para mal. Los pequeños detalles como un vaso de agua dado a un discípulo (Mr. 9:41), la pequeña ofrenda de una viuda que sacrifica todo su sustento (Mr. 12:42), y la ofrenda y atención a la persona de Cristo (Mr. 14:3-9) tendrán su recompensa. “Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (He. 6:10). Pero por otra parte, la atención divina del Señor a todos los detalles de nuestra vida cristiana incluirá todo aquello en que no hemos hecho Su voluntad sino la nuestra, en que no le hemos seguido sino al mundo. “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lc. 6:46). Si es incómodo leer esto, ¡cuánto más estar ante Cristo que nos mira cara a cara y nos pregunta así!
    Pero es necesario el Tribunal de Cristo, porque Dios nos ha comprado por precio (1 Co. 6:19-20), y nos ha instruído y equipado para vivir para Él. El día de nuestro juicio se acerca, “para que cada uno reciba según lo que haya hecho” (2 Co. 5:10). Los que han sido fieles, recibirán recompensa – galardón – corona. “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (Ap. 22:12). Pero los que no, no van a entrar en el cielo sonriendo y diciendo o pensando que a fin de cuentas no era tan importante vivir para Cristo. “Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida” (1 Co. 3:15). Los creyentes no se pueden perder, pero pueden sufrir. De ahí tal vez las lágrimas que el Señor enjugará, porque el juicio vendrá y no podemos evitarlo. Los que no vivieron debidamente perderán – no habrá galardon, recompensa, aprobación, alabanza. El apóstol Juan nos exhorta a permanecer en el Señor – vivir fielmente para Él, “para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados” (1 Jn. 2:28). Es posible sentir vergüenza, tristeza y pérdida en la presencia del Señor, porque todo será examinado. “La obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará” (1 Co. 3:13). “La obra”, no las buenas intenciones, los sueños o deseos, sino “según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” .
    Lo bueno es lo que se conforma a la Palabra de Dios. Por eso nos urge leerla, meditarla, estudiarla y conocerla bien. Lo malo es lo que no. Hay dos palabras griegas que se traducen “malo” – uno significa algo malvado, el pecado, el mal. La otra palabra es la que aparece aquí, y significa “inútil”. Nuestras malas obras – pecados – fueron juzgados en el Calvario. Pero nuestras otras malas obras – las cosas inútiles para Cristo que hemos hecho en la vida cristiana, serán juzgadas en el Tribunal de Cristo, y recibiremos según lo que hayamos hecho, incluso lo malo. Dios no echará fuera a ningún creyente porque la salvación no es por obras sino por gracia. Pero habrá reprensión, pérdida de recompensa, pérdida de gozo, tristeza al ver nuestro fracaso ante el Señor que dio todo por nosotros. Podemos ser salvos pero así como por fuego. Al Señor no le da igual cómo vivivmos. Le importa mucho lo que hacemos mientras estamos en el cuerpo, y lo sabemos porque Él ha establecido el Tribunal de Cristo para juzgarnos. Entre las muchísmas cosas que serán juzgadas, considera solo estas poquitas:
1. Nuestras palabras.  En Mateo 12:36-37 el Señor advierte que de toda palabra ociosa que digamos, daremos cuenta y seremos juzgados por nuestras palabras. Con razón Proverbios menciona tanto la lengua y los labios, y Santiago dedica todo el capítulo 3 de su epístola al asunto de la lengua. Los puritanos decían que más se han arrepentido de hablar que de guardar silencio. Hay mucho chismear, murmurar, comentar en secreto, criticar, y quejarse entre los cristianos. Es probable que después de los pensamientos, donde más erramos es con la boca. Las redes sociales facilitan el mal uso de palabras. Todas nuestras palabras se oirán otra vez en el Tribunal de Cristo.

2. Nuestros hechos. Gálatas 6:7 afirma que Dios no puede ser burlado, y que “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Debemos hacer bien a todos los hombres, especialmente a los de la familia de la fe. Esto incluye el tema de las buenas obras que Efesios 2:10 enseña como el propósito divno para nosotros. Cada capítulo de Tito menciona las buenas obras de los creyentes. Hebreos 13:16 exhorta: “Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios”. El Señor examinará nuestras obras, y daremos cuenta delante de Él. ¿Han sido para Él, conforme a Su Palabra? Nuestros hechos incluyen nuestro servicio cristiano. 1 Corintios 3:11-15 enseña la importancia de edificar con oro, plata y piedras preciosas, no con madera, heno, hojarasca. Lo barato – lo del mundo y la carne – es popular y fácil de hallar y usar. Lo caro – lo de Dios, lo bíblico – es más difícil, porque va contra la sabiduría, la corriente del mundo y los deseos de la carne. Sería fácil tener éxito usando métodos no bíblicos que gustan a la carne. Pero aunque los hombres aplauden el aparente éxito de grandes congregaciones, dinero, edificios y programas, todo se quemará en el Tribunal de Cristo. El fuego de Cristo espera y acabará con todo lo que no se conforma a Su Palabra.
    El Señor sabe quiénes le son fieles y obedientes, y ellos recibirán el "bien hecho, siervo fiel". Seamos hallados entre ellos, porque en aquel día la aprobación de los hombres no significa absolutamente nada.

continuará, d.v.