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sábado, 2 de julio de 2011

EN ESTO PENSAD -- JULIO 2011

El Hades Y El Infierno

William MacDonald


Hay una diferencia entre el Hades y el infierno. Las palabras en el idioma original del Nuevo Testamento son distintas y tienen sentidos distintos. No pueden ser empleadas intercambiablemente. El Hades es temporal, mientras que el infierno es eterno. “Hades” es la misma palabra que seol en el Antiguo Testamento, pero “infierno” es lo mismo que Gehena y el lago de fuego. El Hades ha sido comparado a una cárcel municipal donde los presos son guardados hasta el juicio. Es un lugar de detención temporal. El infierno es como el centro penitenciario donde se lleva a cabo la sentencia judicial.
El Hades
Primero, consideremos el Hades. A veces parece referirse a un lugar de sufrimiento, a veces a la tumba, y a veces al estado incorpóreo. Si es un lugar, no hay nada que indique dónde está. El trato más completo del Hades está en Lucas 16:19-31 donde leemos que un rico incrédulo abrió sus ojos en el Hades. Obviamente su cuerpo estaba en el sepulcro, y su alma estaba en el Hades. Sin embargo, en esta condición consciente, tenía inteligencia, memoria y podía ver el otro lado de una gran sima y ver el cielo o el paraíso. Estaba sufriendo tormento del calor y de la sed. Tenía celo evangelístico porque deseaba que alguien testificara a sus cinco hermanos para que ellos no fuesen a aquel lugar de tormento. Aquí se dice específicamente que el Hades es un lugar de tormento. No hay escapatoria de él.
Pero en Hechos 2:27, no es tanto un lugar como un estado o condición. Pedro cita el Salmo 16:10 y lo refiere a la resurrección de Cristo.
“Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción”. 
Aquí el Hades no puede ser un lugar porque cuando el Señor Jesucristo murió, Su espíritu y alma fueron al paraíso (Lc. 23:43), que es lo mismo que el tercer cielo (2 Co. 12:2; compare el v. 4), que es la morada de Dios. Pero podría referirse al estado incorpóreo. Dios no permitió que Su alma quedara en esta condición, ni permitió que Su Santo, esto es, el cuerpo del Salvador, viera corrupción. La expresión: “su Santo”, debe referirse al cuerpo porque es la única parte del hombre que se corrompe cuando muere. Pedro anunció con denuedo que el alma del Señor no fue dejada en el Hades (Hch. 2:31). Al tercer día Su espíritu y alma fueron reunidos con Su cuerpo glorificado.
Otro pasaje que retrata el Hades como el estado incorpóreo es Apocalipsis 20:13-14.“Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Ésta es la muerte segunda”. 
La escena es el juicio final de los malos. El Señor Jesucristo es el Juez, el que tiene las llaves de la muerte y el Hades (Ap. 1:18). La muerte aquí se refiere a sus cuerpos, y el Hades se refiere a sus espíritus y almas. Los espíritus y las almas de todos los incrédulos son reunidos con sus cuerpos en el Juicio del Gran Trono Blanco, y las personas enteras son lanzadas al lago de fuego.
Otro pasaje en la que el Hades podría referirse al estado incorpóreo es 1 Corintios 15:55, aunque en la Reina Valera se traduce “sepulcro”. Unos manuscritos griegos ponen “thanatos” (muerte) y en otros la palabra griega es: “hades”, así que sepulcro es una traducción de una de estas dos palabras. “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro [hades], tu victoria?”
El texto parece un cántico de mofa que cantarán los creyentes en la venida de Cristo. Al subir sus cuerpos de la tumba, ellos recordarán a la Muerte que, sí, los tuvo por un tiempo, pero no podía retenerlos más. Y aunque el Hades retuvo sus espíritus y almas separados de sus cuerpos, su victoria fue fugaz.
En Apocalipsis 6:8, se nos presenta un jinete montando un caballo amarillo llamado Muerte, y el Hades le seguía. El resto del versículo explica que a la Muerte y al Hades fue dado poder para matar la cuarta parte de la población de la tierra. Aquí nuevamente la Muerte y el Hades parecen representar figuradamente la separación del alma y el espíritu del cuerpo, lo cual es la muerte.
A veces la palabra Hades es una metáfora para representar las profundidades de la humillación. Por ejemplo, la cuidad de Capernaum fue alzada al cielo en privilegio. Pero no apreció la presencia del Hijo de Dios, así que se le dijo que sería humillada hasta el Hades en vergüenza y destrucción (Mt. 11:23; Lc. 10:15).
La única otra referencia al Hades está en Mateo 16:18, donde Jesucristo garantizó que las puertas del Hades no prevalecerán contra la Iglesia que Él establece. Ningún ataque contra la Iglesia tendrá éxito final, mientras que se asegura la victoria de la Iglesia contra el Hades.

El Infierno
De las doce veces que aparece la palabra “infierno” en el Nuevo Testamento en la versión Reina Valera, once salen de los labios del Señor Jesús, el más compasivo de todas las personas. Después es nombrado por Santiago, el medio-hermano del Señor.
¿Qué podemos saber acerca de este terrible lugar? No fue preparado para el hombre, sino para el diablo y sus ángeles (Mt. 25:41). Dios no escoge este juicio para ninguna persona; al rehusar la gracia de Dios, la gente escoge para sí el infierno. Es un lugar donde hay lloro, llanto y crujir de dientes (Mt. 8:12; 22:13; 24:51; 25:30; Lc. 13:28). Se dice de los habitantes del infierno que su gusano (tormento) no muere (no cesa) y el fuego no se apaga (Mr. 9:46). El humo de su tormento asciende por los siglos de los siglos (Ap. 14:11).
El Señor Jesús repetidamente enfatizaba que es mejor entrar en la vida faltando parte del cuerpo que ser echado al infierno con el cuerpo entero (Mt. 5:29-30; 18:9; Mr. 9:43, 45, 47). Por supuesto que esto no significa que habrá mancos en el cielo. Significa que es mejor ejercer disciplina rígida sobre los apetitos del cuerpo en esta vida que mimar el cuerpo y sus pasiones y ser condenado eternamente.
Los creyentes no deben temer a los que pueden destruir el cuerpo, sino a Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno (Mt. 10:28; Lc. 12:5).
Cualquiera que mnifiesta un odio albergado hacia su hermano, llamándolo necio, está en peligro del fuego de infierno (Mt. 5:22). El ser mal hablado es como un infierno en su carácter (Stg. 3:6). Los pecados de los fariseos los hacían aptos para el infierno (Mt. 23:15, 33).

Tártaros
La palabra griega “tártaros”, traducida “infierno” a veces en 2 Pedro 2:4, parece tener un sentido especial para los ángeles caídos que pecaron. En Tártarus ellos son entregados a cadenas de oscuridad y reservados para el juicio.

El Purgatorio
Según la iglesia católica romana, “el purgatorio” es un estado o lugar de castigo después de la muerte, donde la persona que muere en la gracia de Dios puede expiar el “castigo temporal” que merecen sus pecados y así limpiarse para ganar entrada al cielo. Los fuegos del purgatorio deben tener un efecto purificador sobre el alma. También alegan que el tiempo en el purgatorio puede ser abreviado por las oraciones de los vivos y las misas celebradas por los difuntos. La Biblia jamás menciona un estado o lugar como el purgatorio. La palabra nunca aparece en la Biblia y la enseñanza es totalmente contraria a la verdad de plena salvación por la gracia por medio de la fe en nuestro Señor Jesucristo.
William MacDonald, de su libro: Here’s The Difference (“¿Cuál Es La Diferencia?”), capítulos de la 2º versión en inglés que no están en  español. Traducido por Carlos Tomás Knott
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"Sólo un a vida, pronto pasará,
Sólo lo hecho para Cristo durará".
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¿A QUIÉN HONRAMOS?

"Honrar" significa asignar un precio o valor, esto es, valorar o estimar, primero en la actitud y luego en los hechos. Consideremos unos ejemplos:
El Padre honra a Cristo.  Jn. 8:49
El Padre honrará a los que sirven a Cristo.  Jn. 12:26
Todos deben honrar al Hijo como al Padre.  Jn. 5:23
Los hijos deben honrar a sus padres con actitudes y hechos de obediencia.  Mt 15:4; 19:19; Mr. 7:10; 10:19; Lc. 18:20; Ef. 6:1-3
Los creyentes debemos honrar al rey y a todos los hombres.  1 P. 2:17
El matrimonio debe ser honroso en todos. He. 13:4
Los creyentes deben honrar a las viudas, cuidándolas. 1 Ti. 5:3
Los maridos deben honrar a sus esposas. 1 Ts. 4:4; 1 P. 3:7
Los ancianos de la iglesia, y los que "gobiernan bien", que reciban doble honor. 1 Ti. 5:17 
Los siervos (o empleados) cristianos deben honrar a sus amos (o jefes).  1 Ti. 6:1

Muchos practican el error de la mera profesión externa de honrar a Dios . Mt. 15:8; Mr. 7:6. Es fácil cantar cosas bonitas al Señor el domingo y decir altilocuencias, pero¿qué de la actitud y los hechos el resto de la semana? En la familia, hay hijos que sólo honran a sus padres el día de la madre o del padre, pero no diariamente en su actitud ni con sus hechos. Algunos maridos honran a su esposa sólo con la boca delante de otros, para dar una apariencia. Lo mismo suele pasar respecto a las viudas, los ancianos, los amos, el matrimonio, etc. Honrar comienza en el corazón. ¿Realmente honramos de corazón, con la actitud y el trato, o sólo de boca? Hermanos, Dios ama la verdád en lo íntimo, y Él no puede ser burlado.
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EL ÚNICO LIBRO PARA VIDA ETERNA


Durante un fuerte temporal, un barco alemán zozobró cerca de la costa española del Golfo de Vizcaya. Dias más tarde fueron hallados unos restos del barco hundido y ropas de marineros. En una chaqueta se halló un Nuevo Testamento, en el que estaba escrito: “Marcus Rottmann, Kolkwiese, 12, Hamburgo. Leído por primera vez por la súplica de mi hermana Lotte. Leído por segunda vez por el temor del juicio de Dios. Leído la tercera y todas las demás veces por amor a mi Salvador Jesucristo”.
Amigo, hay muchos libros y muchas filosofías que pretenden explicar el propósito de nuestra existencia y cómo debemos vivir. Pero fíjate en esto sólo hay un libro para vida eterna. Es la Sagrada Biblia. No es un libro escrito por hombres en el sentido de ser ellos los autores, sino el único libro que Dios comunicó y guió a los hombres a escribir conforme a Su voluntad para comunicar sólo y exactamente lo que Él quiere decirnos. En este libro no hay filosofías, es decir, teorías, sino verdades para ahora y para más allá de la muerte.
En el Evangelio según S. Juan, 8:12, dice:
“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.
Y en S. Juan 5:24 leemos:
“El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida”.
Y hay muchísimo más. Lo triste es que muchos tienen una Biblia o saben dónde encontrar una, pero no se toman la molestia de leerla, y sin embargo expresan sus opiniones sobre ella, ciertamente opiniones ignorantes aunque quizás bien intencionadas. Se dice que en España hay dos libros que casi todos tienen en sus casas pero casi nadie lee: El Quijote, y La Biblia. Siendo que en la Biblia hay promesas y consejos para la vida eterna, ¿por qué no decides hoy que la vas a leer? No te dejes guiar por lo que otros (tal vez también ignorantes) opinan sobre ella, sino leela por tu cuenta y luego decide. Podrías empezar leyendo en el mismo Evangelio según S. Juan. O atrévete a leer, como en marinero Marcus Rottmann, todo el Nuevo Testamento desde el principio hasta el final. No te va a hacer ningún daño, al contrario, encontrarás por qué decimos que es el único libro para vida eterna. ¡Anímate a hacerlo y comienza hoy, y que Dios te bendiga!

NO SOMOS LLAMADOS ni Testigos de Jehová, ni Mormones, ni Adventistas, ni otros. Somos cristianos según la Palabra de Dios, que amamos y confiamos en el Señor Jesucristo.
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LOS ORÍGENES OCULTISTAS 
DE LOS CUATRO TEMPERAMENTOS

Una investigación breve de la historia de los cuatro temperamentos es todo lo que se requiere para descubrir que sus orígenes yacen en mitos antiguos y prácticas del ocultismo. Desde los tiempos antiguos hasta la edad media, los médicos y los filósofos emplearon su comprensión de los cuatro “humores” (líquidos del cuerpo humano), los cuatro temperamentos y los signos del zodíaco para tratar las enfermedades y para comprender las diferencias entre las personas.
Los cuatro elementos básicos de la cosmología griega son fundamentales para la teoría de los cuatro temperamentos de la personalidad humana. Empédocles (495-425 a.C.), un filósofo griego, enseñaba que había cuatro elementos básicos en el universo: fuego, aire, tierra y agua. Cada uno de ellos tenía cualidades específicas que medían su nivel de calor, frío, sequedad y humedad. El fuego era caliente y seco; el aire era caliente y húmedo, la tierra era fría y seca y el agua era fría y húmeda.1 Debido a la mezcla de cosmología con mitología, cada elemento también tenía su dios o diosa correspondiente. Escribiendo acerca de los cuatro elementos, Empédocles dijo: “Por lo tanto, primero déjame informarte acerca de todo lo que hay en esas cuatro raíces: Zeus el resplandeciente; Hera, la que trae vida, Aïdoneus, y Nestis quien en sus lágrimas está derramando para el hombre una fuente de vida”.2
Zeus es el fuego, Hera es el aire, Aïdoneus es la tierra y Nestis es el agua. Los cuatro elementos básicos y sus cualidades también formaban parte de la astrología griega primitiva.3
Más tarde, Hipócrates (460-336 a.C.) amplió la teoría de Empedocles acerca de cuatro elementos, y enseñaba que había cuatro líquidos (o humores) del cuerpo que corresponden a los cuatro elementos: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema. Según su teoría, la salud dependía del equilibrio de esos humores en el cuerpo y las enfermedades procedían de un desequilibro entre los mismos.4 Hipócrates también enseñaba que existía una relación entre los líquidos del cuerpo y las estaciones del año, junto con variaciones de cada líquido correspondiente a las diferencias entre las estaciones. Por ejemplo, alegaba que se observaba un aumento en flema durante el invierno y que su temporada baja era el verano 5 (¿Tal vez una teoría primitiva acerca del resfriado común?).
Hipócrates creía que la gente tenía proporciones diferentes de los humores y que un humor era más o menos dominante. Así que en su esquema de las relaciones entre los elementos y sus cualidades, los líquidos (humores) y las estaciones estarían organizados así:

Elemento Cualidades                 Humor              Tipo Estación
Aire                Caliente/Húmedo     Sangre              Sanguinario Primavera
Fuego Caliente/Seco            Bilis Amarilla   Colérico Verano
Tierra Fría/Seca                   Bilis Negra        Melancólico Otoño
Agua Fría/Húmeda              Flema                Flemático Invierno

Generalmente es a Hipócrates a quien se le atribuye la teoría humoral-temperamental de la personalidad, debido a que él conectó los tipos con los estados mentales y físicos. Por ejemplo, la sangre, siendo caliente y húmeda, daba el color rosado a la cara y proporcionaba un temperamento alegre (sanguinario).  En cambio, la flema, siendo fría y húmeda, producía en la piel un aspecto pálido, sin color, como agua, y un temperamento blandengue o perezoso. Pero Hipócrates se dedicó principalmente a la relación entre los humores y las enfermedades. Y aunque  desarrolló el concepto original de una correspondencia entre los líquidos del cuerpo y los cuatro elementos y veía relación entre los humores y el temperamento, no desarrolló plenamente la teoría de los temperamentos de personalidad.
Otras personas continuaban usando esa teoría como base y edificando sobre las tesis originales de Hipócrates. Por ejemplo, Platón (427-347 a.C.), quien había estudiado bajo Sócrates, contendía que el estar fuera de sí resultaba de contacto de los humores malos con el alma mortal del hombre.6 Platón enseñaba que las cualidades de los elementos y la constitución de los humores tenía una relación directa con el comportamiento. Alegaba que: “La verdad es que la intemperancia del amor es una enfermedad del alma que es debida principalmente a la humedad y la viscosidad que es producida en uno de los elementos por la poca consistencia de los huesos”.7
Platón continuaba así en su diálogo erróneo, argumentando que el mal comportamiento era debido al menos en parte a la condición del cuerpo: “Porque ningún hombre es malo voluntariamente; sino que los malos llegan a ser así debido a una disposición mala del cuerpo, y la mala educación; cosas que son desagradables pero que acontecen a cada hombre en contra de su propia voluntad”.8
A continuación Platón explicaba cómo acontecía eso: “Porque donde el ácido y salado flema y otros humores amargos y bilosos vagan en el cuerpo sin encontrar salida ni escape, sino que están encerrados allí y mezclan sus propios vapores con la moción del alma, y son mezclados...siendo llevados a los tres lugares del alma...ellos ocasionan una variedad infinita de mal humor, estado melancólico, imprudencia y cobardía, el ser olvidadizo y los estados de estupor”.9
Aristóteles (384-322 a.C.),  alumno de Platón, creía que la forma del cuerpo reflejaba también las actividades del alma. Él se interesaba por cómo los humores estaban involucrados en la formación del cuerpo y de la mente. Asociaba la sangre caliente y espesa con fuerza y la sangre fría y menos espesa con inteligencia.10
Aristóteles también escribía extensamente sobre la relación entre la bilis negra y un temperamento melancólico.11 Debido a que estaba muy convencido de la teoría humoral de Hipócrates, Aristóteles concluía que los males mentales y emocionales tenían un origen físico.12
Claudio Galen de Pérgamo (130-200 d.C.) fue el médico que avanzó en la teoría de Hipócrates y las difundió en el mundo romano. Él edificaba sobre las teorías originales de Hipócrates y escribía más extensamente sobre la relación entre los humores y los temperamentos. Buscaba explicar las diferencias de emociones y conducta entre las personas y desarrollar tratamientos adecuados para los distintos temperamentos.13 De hecho, algunas de sus descripciones de características fisiológicas y su relación con la personalidad eran bastante detalladas. Supuestamente, todo podía ser explicado mediante un equilibrio entre los humores y las cualidades de calor, frío, sequedad y humedad. Por ejemplo, Galen escribió así:
“Los que son más calurosos también son más peludos e irascibles... Si sus muslos manifiestan pelo denso entonces son muy lujuriosos... Pero si alguien tiene mucho pelo sobre su pecho, no es que su cuerpo sea necesariamente más caluroso, porque la mayor parte de su calor está en su corazón y por eso él es más apasionado... Pero si su piel es lampiña, lisa y blanca, entonces viene a ser cobarde, tímido y pasivo”.14
Galen combinó las cualidades elementales y los humores corporales con características más específicas de la personalidad. Brevemente, su esquema parecería así:
Elemento        Cualidad                    Humor              Tipo Rasgos
Aire                   Caliente/Húmedo  Sangre              Sanguinario Alegre, caluroso
Fuego               Caliente/Seco          Bilis amarilla   Colérico Enojado
Tierra              Fría/Seca                   Bilis Negra       Melancólico Melancólico, triste
Agua                Fría/Húmeda            Flema                Flemático Plácido, perezoso

La misma palabra temperamento viene de la palabra latina, temperamentum, que significa “mezcla correcta”. La idea era que si los líquidos del cuerpo son templados, es decir, reducidos en su intensidad mediante un equilibrio entre los humores, entonces el resultado es la salud. Ya que los primeros griegos y los romanos creían que los líquidos corporales eran influídos por la presencia universal de los cuatro elementos (aire, fuego, tierra y agua), ellos también creían que el equilibrio personal podría ser alterado por los cambios atmosféricos. Incluso pensaban que la posición de los planetas alteraba los líquidos en el cuerpo para bien o para mal porque creían que existía “una relación directa entre el macrocosmos del universo y el microcosmos del organismo”. Además, ellos creían que “los contrarios deben ser curados por sus contrarios”.15 Esto es muy similar al concepto astrológico de las polaridades y los intentos modernos de equilibrar los rasgos negativos de la personalidad con los rasgos contrarios u opuestos.

Asociación Temprana Con La Astrología

La teoría de la personalidad asociada con los cuatro temperamentos fue enlazada íntimamente con otro sistema correspondiente de personalidad: los signos astrológicos del zodíaco. La Enciclopedia de Psicología afirma:
“Aunque los cambios en la presentación de los astros fueron estudiados primeramente para hallar en ellos algo que afecta la vida del grupo, una racional para la relación entre tipos de personalidad y la fecha de nacimiento comenzaba a evolucionarse bien antes del principio de la era cristiana. En el centro de la panorámica astrológica de la personalidad está el sistema de 12 patrones o tipos que corresponden a los 12 signos del zodíaco. Los 12 tipos pueden ser considerados como teniendo tres modos de expresión de cada uno de los cuatro elementos apuntados por Empédocles, como para decir que hay tres signos para aire, tres para tierra, tres para fuego y tres para agua. Esa tipología ha gozado de popularidad por más de 2.000 años”.16
Los  doce tipos de personalidad zodíacos son arreglados en cuatro grupos conteniendo tres signos en cada grupo. Esos son llamados trigones o triplícitos. Cada triplícito corresponde a uno de los cuatro elementos de Empédocles. Además, cada triplícito corresponde a uno de los cuatro humores de Hipócrates. Y cada triplícito corresponde a uno de los cuatro temperamentos. De Empédocles a Galen, cada persona que desarrollaba esas categorías creía también en las influencias de los planetas y los astros sobre los elementos, los humores y los temperamentos. Todo esto sigue hasta hoy, y vergonzosamente, ¡entre los cristianos evangélicos!

traducido de artículos presentados por Martín y Diedre Bobgan
www.psychoheresy-aware.org/ 

Notas:
1. R.W. Lundin, “Humoral Theory” (Teoría Humoral), Enclyclopedia of Psychology, Tomo II.  Raymond Corsini, ed. Nueva York: John Wiley & Sons, 1984, p. 167.
2. Felix M. Cleve.  The Giants of Pre-Sophistic Greek Philosophy: An Attempt to Reconstruct Their Thoughts (Los Gigantes De La Filosofía Griega Pre-Sofista: Intentando Reconstruir Sus Pensamientos), Tomo II, The Hague, Países Bajos: Martinus Nijhoff, 1965, pp.342-343.
3. Louis MacNeice. Astrology (Astrología).  Londres: Bloomsbury Books, 1989, p.120.
4. Lundin, op.cit., p.167
5. Edwin Burton Levine.  Hippocrates.  Nueva York: Twayne Publishers, Inc., 1971, p.46.
6. K. J. Shapiro, “Mental Illness: Early History.” (Enfermedad Mental: Historia Antigua), Encyclopedia of Psychology, Tomo II, Raymond Corsini, ed. Nueva York: John Wiley & Sons, 1984, p.360.
7. The Dialogues of Plato (Los Diálogos de Platón), Tomo II, B. Jowett, trans. Nueva York: Random House, 1937, p.63.
8. Ibid.
9. Ibid.
10. Rudolph E. Siegel.  Galen on Psychology, Psychopathology, and Function and Diseases of the Nervous System (Galen sobre la Psicología, la Psicopatología, y Función y Enfermedades del Sistema Nervioso). Nueva York: S. Karger, 1973, p.174.
11. Stanley W. Jackson.  Melancholia and Depression: From Hippocratic Times To Modern Times (Melancolia y Depresión: De los Tiempos De Hippócrates a los Tiempos Modernos.). New Haven: Yale University Press, 1986, p. 5.
12. Shapiro, op. cit., p. 361.
13. Lundin, op. cit., p. 167
14. Siegel, op. cit., p.178.
15. Henry Sigerist.  A History of Medicine (Una Historia de la Medicina).  Nueva York: Oxford University Press, 1986, p.5.
16. R. W. Coan, “Personality Types” (“Tipos de Personalidad”).  Encyclopedia of Psychology, Tomo III.  Raymond Corsini, ed. Nueva York: John Wiley & Sons, 1984, p.24.


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domingo, 5 de junio de 2011

EN ESTO PENSAD -- JUNIO 2011

El Amor de Dios
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amados a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Jn. 4:10).

      El amor verdadero es caracterizado por el sacrificio propio. En ningún lugar es esto más evidente que con el amor de Dios (Jn. 3:16). Es un amor sin causa, en el sentido de que no hay nada en los objetos amados que causara que Dios les amara. No somos amables por naturaleza, sino más bien aborrecibles (Tit. 3:3). Sin embargo,  Él nos amó porque Él es amor, y porque Él escogió amarnos.
Este amor de Dios es incondicional. Con esto queremos decir que el amor divino no se basa en el amor del individuo a Él. No es un amor recíproco. Nuestro amor normalmente es en respuesta al amor que otro nos manifiesta. En el caso del amor de Dios, Él nos ha amado pese a la ausencia de amor de nuestra parte. Su amor no se condiciona sobre el amor nuestro a Él.
El amor de Dios es inmerecido. Puesto que Su amor es incondicional, no hay nada que podamos hacer para merecerlo. Muchos quieren creer que si se enderezan, o si limpian o arreglan sus vidas, entonces Dios les amará porque serán más atractivos. Ésta es una enseñanza errónea.
Para apreciar el amor de Dios debemos lograr comprender más cuál es nuestra propia gran pecaminosidad. Qué lástima que muchas personas, y entre ellas muchos creyentes, tienen un concepto muy pobre de lo pecaminoso que es el ser humano no regenerado. Se fijan en los pecados obvios de los demás, y hallan cosas que afirman que: “yo nunca haría esto”, o “yo no he hecho esto”. Y así no comienzan a ver lo pecaminoso que es su propio corazón. No es tanto lo que hemos hecho, sino lo que somos por naturaleza. Somos pecadores. El pecado mora en nosotros; somos torcidos, contaminados y perversos por naturaleza (véase Marcos 7:20-23). Así que, amados, el pecado no es sólo algo que hacemos, sino el estado natural de nuestro corazón, es nuestra forma de ser, nuestra naturaleza. No somos pecadores porque pecamos, antes al contrario, pecamos porque somos pecadores. Debemos meditar en esto, porque la diferencia entra las dos formas de pensar es muy grande. Con demasiada frecuencia  no comprendemos que la carne no es mejor hoy que el día cuando nos convertimos. No sólo necesitamos perdón de nuestros pecados cometidos, sino también necesitamos ser limpiados y cambiados por dentro. La salvación hace más que perdonar unos cuantos hechos malos, porque es la conversión de la persona. Dios nos perdona, nos limpia, y nos transforma, nos da una naturaleza nueva, de modo que somos nuevas criaturas en Cristo (2 Co. 5:17).
Así que, aquellos que conocen su propia gran pecaminosidad son los que llegan a conocer y apreciar el amor de Dios (Lc. 15:21; Ro. 5:8). Los que sienten que no merecen el amor de Dios, llegan a conocerlo y ahora pueden apreciarlo (1 Jn. 4:16). “Conservaos en el amor de Dios” (Jud. 21).
Steve Hulshizer
traducido y adaptado de “Milk and Honey”, febrero 2002, con permiso
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“Esto, lo he hecho yo” (1 R. 12:24)

Las decepciones de la vida no son, en realidad, otra cosa más que los decretos del amor. “Hoy tengo algo que enseñarte” dice el Señor a cada uno de Sus redimidos afligidos. “Te lo diré suavemente al oído para que las tempestades que te puedan sobrevenir no te atemoricen, y para que las espinas sobra las cuales tienes que andar te hagan menos daño. Es una frase corta: déjala que se introduzca hasta lo más profundo de tu corazón, para que te sirva de almohada para tu cabeza cansada: “Esto, lo he hecho yo”.
¿Ha pensado alguna vez que todo lo que importa a ti me importa a mí también? “El que os toca, toca la niña de su ojo” (Zac. 2:8). “A mis ojos fuiste de gran estima...y yo te amé” (Is. 43:4). Por eso me da tanto gusto formarte. Cuando la tentación te ataca y el enemigo se te acerca, “como río” (Is. 59:19), quiero manifestarte que “esto, lo he hecho yo”. Dirijo todas tus circunstancias. No es por casualidad que estás en el lugar donde te encuentras, sino porque lo he escogido para ti.
¿No has podido llegar a ser humilde? Pues yo te he puesto en la escuela misma donde se aprende esta lección. Por medio de lo que te rodea y de las personas que te acompañan mi voluntad ha de realizarse en ti. ¿Tienes problemas materiales? ¿Encuentras difícil vivir con lo que tienes? “Esto, lo he hecho yo”, porque soy quien lo posee todo. Quisiera que lo recibieras todo de mí y que dependieras enteramente de mí. “Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria” (Fil. 4:19). Pon a prueba mis promesas y que no se pueda decir de ti como fue dicho de Israel en el desierto: “Aun con esto no creísteis a Jehová vuestro Dios”.
¿Pasas por noches de aflicción? “Esto, lo he hecho yo”. Yo, que fui “varón de dolores, experimentado en quebranto” (Is. 53:5), te he dejado sin sostén humano para que, viniendo a mí, conozcas “consolación eterna” (2 Ts. 2:16-17). ¿Te ha decepcionado un amigo a quien solías revelar tu corazón? “Esto, lo he hecho yo”. He permitido esta decepción para que aprendas que Jesús es tu mejor Amigo. Es Él quien te guarda para que no caigas, que sostiene tu alma en sus luchas. Él es tu escudo, tu victoria. Quiere ser tu Confidente, tu Pastor, tu Guía.
¿Alguien te ha calumniado? Deja que me ocupe de esto y ven a refugiarte bajo la sombra de mis alas, “a cubierto de la contención de lenguas” (Sal. 31:20). Haré manifestar “tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía” (Sal. 37:6). ¿Se han trastornado tus proyectos? ¿Estás decaído y cansado? “Esto, lo he hecho yo”. ¿Has hecho planes, y has venido a pedirme que los bendiga, mientras quería prepararlos para ti y tomar la responsabilidad yo mismo, “porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo”? (Éx. 18:18). No eres más que un instrumento; no eres el que lo utiliza.
¿Con ardor deseabas hacer alguna obra importante para mí, y en vez de poder cumplir tu deseo, has sido apartado sobre un lecho de dolor y de impotencia? “Esto, lo he hecho yo”. Mientras estabas tan activo no podía llamar tu atención. Ahora quiero enseñarte algunas de mis lecciones más profundas. Solamente los que han aprendido a esperar con paciencia pueden servirme. Mis obreros más eficaces son, a veces, los que son obligados a dejar un servicio activo para que aprendan a manejar el arma de la oración. ¿Te encuentras llamado, de repente, a ocupar un puesto difícil y lleno de responsabilidad? Sigue adelante, contando conmigo. Si te confío este puesto importante, es para hacerte experimentar la verdad de mi Palabra: “Te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas” (Dt. 15:10).
Hoy pongo en tus manos “un poco de aceite en una vasija” y “un puñado de harina” (1 R. 17:12), para que los utilices sin temor. Que todas las circunstancias que se presenten en tu camino, que toda palabra ingrata que hiera tu oído, que cada interrupción que debilita tu paciencia y que toda manifestación de tu propia flaqueza te encuentren bien provisto de estos recursos divinos. Acuérdate que todas estas pruebas son parte de la educación del Padre. Las heridas que causan se sanarán más rápidamente a medida que aprendas a verme a mí en todas las cosas. Porque “por todas estas cosas los hombres vivirán, y en todas ellas está la vida de mi espíritu” (Is. 38:16). “Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies...Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (He. 12:12-14). “Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy” (Dt. 32:46).
Cuando echamos un vistazo a nuestra vida pasada, no podemos hacer otra cosa que bendecir al Señor por todas las pruebas que nos han acontecido.
El orgullo y la resistencia estoica al sufrimiento no nos convienen. No es así cómo nuestras almas son llevadas a Dios, sino todo lo contrario, de esta manera se mantienen distanciadas de Él. Cuando el dolor es completo, nos da una intimidad completa con Él, quien tiene el poder para socorrernos; entonces encontramos verdaderamente nuestra bendición en Dios.
Vendrá un tiempo en el cual todos nuestros sufrimientos llegarán a su fin, pero nuestro Amigo permanecerá. Su amor ha sido puesto a prueba. Ha entrado en las angustias más profundas de nuestros corazones y quiere hacernos compartir Su gozo para siempre.

J. N. Darby   (de un tratado editado por Ediciones Bíblicas, 1166 Perroy, Suiza) 
Gracias al hno. Benedicto L. Alonso en Valencia por enviarnos este tratado.
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NOTA: En su artículo Darby contempla aquellas cosas que Dios manda o permite para corregirnos y enseñarnos. Su texto principal viene de 1 Reyes y una situación muy concreta en la historia de Roboam, cuando Dios le informó de Su intervención. No siempre es así en todos los casos, ni debemos culparle a Dios por todo lo que sucede. Tengamos discernimiento y sabiduría en todo.
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     Por qué estamos en el mundo? ¿Por qué tenemos que sufrir?¿Cuál es el significado de la vida?
     "CONÓCETE A TI MISMO". Estas son palabras de sabiduría que han llegado hasta nosotros desde los tiempos de los griegos ilustres como Sócrates. Todavía, después de 24 siglos, tienen aplicación en el mundo moderno. La preocupación por conocer la personalidad humana, se ve todos los días en el interés casi fanático que mucha gente tiene en los horóscopos, la magia negra, la profecía y todo tipo de análisis.
Muchos se ríen de la quiromancia, o sea la adivinación por las rayas de la mano, pero con cierta curiosidad infantil permiten que una gitana les adivine la suerte. Casi no existe una persona que no haya deseado sondear los secretos escondidos en los trozos de una escritura, en los sueños y en las emociones. El famoso dicho de los griegos apunta al deseo universal del hombre de conocerse a sí mismo y conocer el futuro.
Pero aún antes de los griegos, las Sagradas Escrituras ofrecieron el análisis que todo el mundo desea. La Biblia habla acerca del hombre desde el punto de vista de Dios y da respuestas a muchos interrogantes, como los siguientes: ¿Por qué estamos en el mundo? ¿Cuál es el secreto de la felicidad? ¿Por qué a veces nos sentimos aburridos, deprimidos o inútiles? ¿Por qué tenemos que sufrir? ¿Cuál es el significado de la vida?
La Biblia es como un espejo. Mientras uno lee o escucha sus palabras con tranquilidad y sinceridad, comienza a verse, a conocerse y entenderse. No es tan difícil entender el mensaje de la Biblia, como muchos creen. En el libro de los Salmos dice acerca de este libro: "La exposición de tus palabras ilumina, instruye a la gente sencilla" (Salmo 119:130).
Es por esta enseñanza e inspiración que miles de personas leen diariamente la Biblia y la consideran como la guía infalible para sus vidas. En los últimos años, hasta incluso muchos médicos aconsejan la lectura de la Biblia para resolver problemas emocionales, obteniéndose muy buenos resultados.
Pero, por supuesto, nunca es suficiente verse en el espejo. El retrato que vemos reflejado desde las páginas sagradas realmente no es nada bonito. Hay que hacer algo para remediar los defectos. El apóstol Santiago escribió: "El que solamente oye el mensaje, y no lo practica, es como el hombre que se mira en un espejo: se ve a sí mismo, pero en cuanto da la vuelta se olvida de cómo es. Pero el que no olvida lo que oye, sino que se fija atentamente en la ley perfecta, que es la ley que nos trae libertad, y permanece firme cumpliendo lo que ella manda, será feliz en lo que hace" (Santiago 1:23-25).
Y esta Palabra divina penetra muy hondo. Discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4:12). No sólo lleva a la persona a reconocer y luego confesar sus pecados, sino también le ayuda a percibir una parte más profunda de su personalidad, es decir las fuentes contaminadas de donde salen los hechos (lee S. Marcos 7:20-23). No sólo aclara lo que hacemos, sino cómo somos (lee el primer capítulo de Romanos). Y eso requiere una solución de fondo.
La meditación sincera en el mensaje de la Biblia debe llevamos a una comunicación personal con Dios, quien es su autor. Es imposible leer la Biblia con sinceridad durante mucho tiempo sin dirigirse a Dios en oración auténtica. Y cuando uno invoca su nombre, descubre que él está cerca. En ese momento uno se conoce a sí mismo y al Dios que lo creó. 
de un viejo número de "La Voz"
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JESUCRISTO ES EL SEÑOR
“Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús” (2 Co. 4:5).

Si preguntara a cualquier congregación un domingo por la mañana: “¿Creéis en el señorío de Jesucristo?”, seguramente la respuesta sería afirmativa. Pero si preguntara a cada uno individualmente: “¿Es Jesucristo el Señor de todo lo que eres y todo lo que tienes?”, ¡probablemente pasaríamos una mañana incómoda y reveladora! Cualquier congregación puede cantar: “¡A Cristo coronad!”, pero no todos los que le coronan así con sus labios le harían Señor de su vida.
Un predicador habló de “verdades que nombramos tanto que pierden el poder de la verdad y yacen en el dormitorio del alma”. El señorío de Cristo es una de estas verdades. Un escritor dice que la palabra “Señor” es una de las palabras más inertes en todo el vocabulario cristiano. Sin embargo, A.T. Robertson dijo que el señorío de Cristo es la piedra de toque de nuestra fe, y G. Campbell Morgan lo llamó: “la verdad central de la iglesia”.
El señorío de Cristo fue la confesión inicial de la iglesia. “...Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Ro. 10:9). Cuando un judío convertido en la iglesia primitiva decía: “Jesús es el Señor”, esto significaba que Jesús es Dios, y cuando un creyente gentil decía: “Jesús es el Señor”, quería decir que César ya no era su dios. Policarpo fue a su muerte afirmando el señorío de Cristo por encima de lo que César reclamaba. El Nuevo Testamento nunca dice: “Cristo y . . .”, porque nunca se necesita añadir nada a Jesucristo. Él es el Alfa y la Omega, y todas las letras del alfabeto entre ellas. La forma correcta de hablar es “Cristo o . . . el mundo, Cristo o Belial, Cristo o Egipto, Cristo o César”.  El cristianismo primitivo demandaba una rotura limpia y completa con el mundo, la carne y el diablo. Esta postura duró hasta que Constantino hizo que el cristianismo fuese popular y de moda. Entonces multitudes de paganos entraron livianamente, trayendo consigo sus ídolos y sus pecados, y la iglesia bajó el listón para acomodarlos. Nunca nos hemos recuperado de ese error. Hoy en día, aunque César está muerto, demasiados miembros de iglesias intentan servir a dos señores, a César y a Cristo, a Dios y a las riquezas. Las iglesias están llenas de paganos bautizados que viven vidas dobles, que juegan con dos barajas, que temen al Señor y sirven a sus propios dioses, acercándose a Dios con la boca y honrándole con sus labios. Le llaman “Señor, Señor”, pero no hacen lo que Él les dice. No sólo debemos adorar al Señor el domingo, sino que también debemos servirle toda la semana.
El señorío de Cristo es la confesión auténtica del cristiano. “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Co. 12:3). Llamar a Jesús Señor es la obra auténtica del Espíritu Santo, porque el viejo Adán nunca se dobla ante el señorío de Cristo. Hoy en día hemos creado una distinción artificial entre confiar en Cristo como Salvador y confesarle como Señor. Hemos hecho dos experiencias de algo que es una sola. Así que, hay mucha gente que ha “aceptado a Cristo” para no tener que ir al infierno y para poder ir al cielo, pero que no se preocupan en absoluto por reconocerle como Señor de sus vidas. La salvación no es como un restaurante de auto-servicio donde cada uno toma una bandeja, escoge lo que quiere y deja lo demás. No podemos tomar a Cristo como Salvador y dejar Su señorío. No podemos ser salvos poco a poco, como una letra que se paga cada mes, o con los dedos cruzados y reservas internas, como si pudiéramos tomar a Cristo “condicionalmente” o “en consigna”. Cierto es que uno a lo mejor no entiende todo lo que viene incluido en una conversión, pero nadie puede ser salvo tomando conscientemente a Cristo como Salvador y rechazándole como Señor. Pablo dijo al carcelero en Filipos: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”. Le presentó todos los tres nombres de nuestro Señor, como Maestro, Mediador y Mesías. Al carcelero no le dio la opción de recibir a Cristo como Salvador y pensarse lo de Su señorío o dejarlo para el futuro.
Sólo tenemos una opción: podemos recibir al Señor o rechazarlo. Pero una vez que le recibamos, ya no nos queda opción. Entonces no somos nuestros, pues hemos sido comprados por precio. Somos Suyos. Él tiene la primera palabra y la última. Él demanda absoluta lealtad más allá de todo dictador terrenal, pero tiene derecho a hacerlo. “Amor tan grande y divino demanda mi alma, mi vida, todo mi ser”. ¡Qué necio decir: “nadie me va a decir cuánto tengo que dar, y qué tengo que hacer!” ¡Ya se nos ha dicho! Somos Suyos y Su Palabra es final.
Vine a Cristo como un joven campesino. No entendía todo acerca del plan de la salvación. No tenemos que entenderlo todo, pero sí, tenemos que confiar en el Señor. No entiendo todo acerca de la electricidad, ¡pero no pienso vivir en la oscuridad hasta que la entienda del todo! Una cosa sí entendí como joven: entendí que estaba bajo dirección nueva. Pertenecía a Cristo y Él era mi Señor.
He aquí la razón por la triste condición de muchos cristianos e iglesias. Hay una versión barata y fácil de “fe” que no cree, y una forma de “recibir” que no recibe al Señor, en la que no se confiesa a Jesucristo como el Señor. Es significativo que la palabra “Salvador” aparece sólo 24 veces en el Nuevo Testamento, pero la palabra “Señor” se halla 433 veces.
El cristiano es un creyente, un discípulo y un testigo. Debería venir a ser todos los tres a la vez y serlos todo el tiempo. Los creyentes fueron llamados “discípulos” antes que “cristianos”. La gran comisión nos llama a hacer “discípulos”. Dios no está obrando sólo para salvar a los pecadores, sino también para hacer santos de ellos. La crisis de conversión es seguida por una continuación de vida. “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Jn.8:31). Pedro todavía era creyente pero no discípulo después de negar a su Señor, hasta que fue restaurado con la palabra: “sígueme”, dicha en Tiberias. El ángel en el sepulcro dijo: “Id, decid a sus discípulos, y a Pedro” (Mr. 16:7). El creyente viene a Cristo; luego como discípulo viene en pos de Él. Algunos salen a favor de Cristo, pero después se quedan parados. Dan un paso, pero no siguen caminando. Escuché a un misionero decir que muchos de nosotros cantamos: “Todas las promesas del Señor Jesús...”, pero no hacemos nada con ellas excepto sentarnos encima.
El nacimiento de un niño es un evento importante, pero después de esto cuesta veinte años hacer un hombre o una mujer de aquel bebé. La evangelización es una tarea emocionante, pero sólo es el principio. El creyente tiene que ser desarrollado como discípulo y testigo. En el camino a Damasco Saulo comenzó bien: “¿Quién eres, Señor?” “Señor, ¿qué quieres que haga?” Comenzó confesando que Jesucristo es el Señor. Tomás exclamó: “¡Señor mío y Dios mío!” Juan Wesley dijo que después de las reuniones en Aldersgate, una mañana despertó con “Jesús, Señor” en su corazón y boca. El Espíritu Santo había hecho Su trabajo. El Dr. E. Y. Mullins dijo que al presentarse para ser recibido en comunión como miembro de una iglesia, “...la fe en Cristo y la aceptación de Su señorío son condiciones imprescindibles”.
La salvación es gratuita. El don de Dios es vida eterna. No es barato porque a Dios le costó Su Hijo, y al Hijo le costó la vida, pero es gratuita. No obstante, cuando creemos, de ahí en adelante somos discípulos, y esto nos costará todo lo que tenemos. Nuestro Señor perdió algunos de los mejores discípulos prospectivos en este punto. Aparentemente perdió a tres en los últimos seis versículos del capítulo 9 de Lucas. Perdió al joven rico. ¡Qué logro hubiera sido éste! Tenía modales, porque vino arrodillándose. Tenía moral porque guardaba los mandamientos. Tenía dinero, porque no quería deshacerse de él. Hubiera sido una “pesca” buena, pero el Señor no le pescó. Cuando los enfermos y pecadores venían a Jesús, Él les trataba con ternura. Pero a los seguidores prospectivos les dio un reto serio: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Lc. 9:60). “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lc. 9:62). A la multitud Él dijo tres veces: “no puede”, respecto al discipulado (Lc. 14:25-33). Pero nuestro Señor buscaba discípulos, no a meros “miembros”. A muchos les gusta hacerse socios y miembros. Si les das un pin en la solapa y un certificado, se harán socios de cualquier cosa. Nosotros hubiéramos recibido al joven rico en la iglesia inmediatamente y le hubiéramos hecho el tesorero, pero el Señor exigía que el joven le tomara en serio.
El Nuevo Testamento enseña no sólo la fe en Cristo sino el seguir a Cristo. “Venid a mí” es una invitación al creyente prospectivo. Pero “aprended de mí” es cómo se hacen discípulos. La Palabra de Dios no conoce esta variedad extraña de “cristianos” que están dispuestos a tomar a Cristo como Salvador pero no quieren confesarle como Señor. Él no es sólo el Salvador del alma, sino también el Señor de la vida.
El señorío de Cristo será la última confesión de la creación. Se nos dice que un día toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre (Fil. 2:9-11). Yo no pregunto al pecador: “¿Confesarás a Jesús como el Señor?”, porque tiene que hacerlo, tarde o temprano. Yo le pregunto: “¿Cuándo le confesarás como Señor, ahora cuando puedes vivir para Él, o más allá de la tumba cuando será demasiado tarde?” Una empresa tenía como lema en su publicidad: “Finalmente, sí, entonces  ¿por qué no ahora?” Finalmente toda lengua confesará a Jesucristo como el Señor, en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra. Pero, ¿por qué no ahora?
¿Es Él tu Señor? ¿Es Señor de tu cuerpo, tus pensamientos, tu lengua, tu temperamento, tu tiempo libre, tus planes para tu vida, tu cartera, tu vida eclesial, tu recreo, de lo que escuchas en la radio y ves en la tele? Su señorío cubre todo desde comer y beber hasta los problemas a nivel mundial. Pero no es una servidumbre, sino una libertad, porque “...donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Co. 3:17). Somos libres para hacer todo lo que es bueno y justo, en nuestra relación con Dios, con nosotros mismos y con todos los demás.
El corazón del avivamiento, de la vida cristiana más profunda, del cristianismo verdadero, es reconocer que Jesús es el Señor, tu Señor, y someterte a Él en fe y amor. ¿Lo has hecho?

Vance Havner, de su libro “Repent or Else” (“Arrepiéntete, y si no...”), 1958, Fleming H. Revell Company. Traducido y adaptado por Carlos Tomás Knott.
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martes, 3 de mayo de 2011

EN ESTO PENSAD -- MAYO 2011

CELO DIVINO
 "Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es" (Éx. 34:14).


Sólo con que pensemos un momento recordaremos que, en lo que se refiere a nosotros, el celo puede ser bueno o malo. Cuando un esposo descubre que otro hombre está intentando robarle el afecto de su mujer, es justificablemente celoso. Pero cuando una persona tiene envidia de las posesiones de otro, esta clase de celo es inexcusable.
Dios es celoso, pero siempre en el buen sentido. Él desea el amor y la lealtad no divididas de Su pueblo, y se disgusta ante cualquier ofensa de Sus afectos. Su celo es completamente desinteresado, es decir, que no es egoísta; Él sabe que no les va a hacer bien el ir en pos de dioses falsos.
La mayoría de las referencias al celo de Dios están relacionadas con la idolatría de Israel. El pueblo escogido había abandonado a Jehová y estaba adorando a los ídolos. Esto era fornicación espiritual. El celo de Dios se encendía.
He aquí algunas de la multitud de referencias que hay del celo divino:
"Yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso" (Éx. 20:5).
"Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso" 
(Dt. 4:24).
"Le despertaron a celos con los dioses ajenos; lo provocaron a ira con abominaciones" (Dt. 32:16). 
"Le enojaron con sus lugares altos, y le provocaron a celo con sus imágenes de talla" (Sal. 78:58).
"¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo?" (Sal. 79:5).
"Me mostraré celoso por mi santo nombre" (Ez. 39:25). 
"Jehová es Dios celoso y vengador" (Nah. 1:2).
"¿Provocaremos a celos al Señor?" (1 Co. 10:22).


Ésta última pregunta es tan apropiada hoy en día como lo fue cuando Pablo preguntó por primera vez: “¿Provocaremos a celos al Señor?” El sistema del mundo está continuamente intentando distraer a la iglesia de su amor pristino por el Salvador. Los deseos de los ojos, los deseos de la carne, y el orgullo de la vida están alerta para seducir al creyente. Puede que no seamos tentados a adorar imágenes talladas, pero el dinero, el poder, la fama, y el placer pueden llegar a convertirse en ídolos también.
El conocimiento de la intolerancia de Dios hacia todo aquel o aquello que pudiese resultar en pérdida para nuestra devoción exclusiva hacia Él debería inspirarnos para serle fieles:


Celoso es el Señor nuestro Dios,
Y con celo ardiente nos ama;
El dios extraño y la imagen tallada
Provocan y encienden Su santa ira.


Pero no es egoísta Su amor
Para los que Su sangre redimió;
Quiere el primer lugar en nuestro corazón
Pues para nosotros busca lo mejor.

William MacDonald, de su libro: ÚNICO EN MAJESTAD

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YO ESTARÉ CON TU BOCA

Texto: Éxodo 4:10-16

Moisés había estado largo tiempo en el desierto cuando recibió de Dios la gran misión de ir a sacar a Su pueblo de Egipto. Después de cuarenta años de vida pastoral, no se lo esperaba, pero Dios lo tenía en Su plan. Después de aquellos largos años en el silencio del desierto, Moisés había sido curado de creerse capaz de servir a Dios y a Su pueblo. Sentía su incapacidad humana y pedía que el Señor enviara a otro, pero insistió tanto en su humildad y desconfianza en sí mismo que al final Dios se enojó porque no aceptaba las respuestas que Dios le daba.
Muchos hermanos creyentes sienten su insuficiencia ante el ministerio de la Palabra de Dios. Se sienten cortados o torpes (v. 10). ¿Cómo pueden responder a esto que sienten? Orar y confiar en el Señor (v. 11) que hizo nuestra boca (v. 12) y que dice: “yo estaré con tu boca”. Ésta es una gran promesa que merece nuestra atención.
Hoy en día hay campamentos y retiros de evangélicos que dan “talleres” a la gente, y parece que se olvidan de Dios e intentan capacitar y mover a la gente sólo por trucos, métodos, procesos, fórmulas y parafernalia humana. Hermanos, es Dios quien tiene que estar con nuestra boca. Lo primordial es clamar a Dios y confesar nuestra dependencia absoluta en Él. Parece mentira que con el Dios tan poderoso que tenemos, tengamos que inventarnos cosas así y metemos a la gente en seminarios, institutos, escuelas de misiones, etc.; cosas que nunca tuvieron los hombres de Dios en las Escrituras. Los apóstoles no eran oradores ni hombres de carrera, sino pescadores y  “del vulgo y sin letras” (Hch. 4:13), pero el Señor les enseñó y esto era más que suficiente, ¡y tanto que sí! ¿Cómo es que en estos últimos tiempos con tanto instituto y "taller" no salen misioneros ni predicadores del evangelio como antes? Casi no los hay. Pero hay payasos y cantantes, teatro y títeres, y charlas sobre el sexo o el tabaco, etc. No predican como Pablo ni como los otros apóstoles, ni como los profetas del Antiguo Testamento. Me figuro que es porque no andan con Dios ni confían en Él, sino en sí mismos y en sus métodos. Y como resultado la iglesia moderna está por los suelos. No tiene ni la sombra del poder de la iglesia primitiva.
La realidad es que tenemos que confesar nuestro desvío e impotencia, y humildemente pedir la presencia y el poder de Dios, y confiar únicamente en Él porque es Suya la promesa: “yo estaré con tu boca”. ¿Acaso no es suficiente? En el caso de Moisés, cuando después hablaba, tembló la casa de Faraón y todo Egipto. Podían haber acabado con él después de la primera plaga, pero Dios estuvo con él y no lo permitió. Si Dios comisiona y envía a un hombre, Dios estará con él. ¡Pero ay de los hombres comisionados y enviados  por meros hombres! No son siervos de Dios sino siervos de hombres y de organizaciones.
Cuando Dios llamó a Jeremías le dijo que iba a sufrir (Jer. 1:1-19). Si lo dices a la gente hoy día, desaparece. Cuando llamó a Ezequiel le dijo que le enviaba a un pueblo duro que no escucharía (Ez. 2:1-10). ¿Quién quiere servir así? Sólo el que Dios realmente llama y envía, y Dios no nos manda con títeres y payasos, sino con Su santa Palabra y la misión de clamar en Su Nombre.
Si hacemos lo que Dios dice y lo que los verdaderos hombres de Dios han hecho, sobrarán los institutos, seminarios, “talleres”, campamentos, y otras cosas similares, porque entonces la obra de Dios se haría con el poder de Dios, conforme a la Palabra de Dios, y Dios se encargaría de los resultados como siempre ha hecho con Sus verdaderos siervos. Hermanos, abandonemos la confianza en los métodos y las organizaciones humanas, y volvámonos humildemente al Dios que llama, guía y sostiene a Sus obreros. ¡Su presencia nos basta!
de un estudio dado por Lucas Batalla, el 7 de agosto, 2008

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"Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron" (Ap. 21:4).

Este versículo ha dado gran consuelo al pueblo del Señor. Muchos creyentes hoy pasan por tiempos de dolores y sufrimientos. El dolor físico es una cosa, pero más intenso es el dolor emocional que quebranta el corazón. Gracias al Señor, podemos soportarlo, sabiendo que tenemos algo que ningún medicamento puede dar: la seguridad de una eternidad con el Señor donde jamás habrá dolor.
del calendario devocional "Choice Gleanings" 2010


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ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO

Domingo Fernández, un hermano que en su día servía al Señor en Cuba, escribió: "El destacado cantante Julio Iglesias escribió su autobiografía, a la que puso por título: "Entre el cielo y el infierno". Si Julio Iglesias fuese un experto en títulos y en conceptos teológicos no encontraría para su autobiografía un título más adecuado que el que le puso: "Entre el cielo y el infierno".
"Hay seres humanos que se sitúan en una esfera que no les corresponde, que no armoniza con su conducta. Pero Julio Iglesias se ha situado donde realmente está: "Entre el cielo y el infierno". En realidad todos los seres humanos estamos en esa misma esfera; pero no nos dirigimos todos a la misma meta. "Este mundo es el camino para el otro". La diferencia estriba en que unos vamos por lo que Jesucristo llama el camino angosto que conduce a la vida eterna feliz; y otros van por el camino ancho que conduce a un lugar de confinamiento eterno, al que Jesucristo llama infierno. ESTAMOS ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO. Ningún ser humano viene a la vida en el cielo o en el infierno. Nacemos en una esfera intermedia. Llamémosle la ESFERA DE LA OPORTUNIDAD. Cuando llegamos a tener discernimiento entre el bien y el mal, el Creador nos pone delante dos caminos: uno se orienta hacia arriba y el otro hacia abajo. Uno desemboca o conduce a la perdición. El otro desemboca o conduce al reino de Dios. Jesucristo ha llevado a cabo todo lo que necesitamos para encontrar abiertas las puertas de su reino el día que lleguemos a la meta del camino que seguimos. Cristo nos quiere llevar a su reino. Pero el diablo nos quiere llevar al destino que le espera a él. Si queremos obedecer a Dios, acogernos a los beneficios de la obra redentora de Cristo, el maligno no nos puede impedir la entrada al reino de los cielos".
"Pero si nos queremos dejar orientar por el príncipe de las tinieblas, Dios no nos va a llevar al cielo violentando nuestro deseo de seguir el camino que conduce al infierno. Estamos entre el cielo y el infierno y nuestro destino eterno depende de nuestra voluntad. Jesucristo dijo a los moradores de Jerusalén: "¡Cuántas veces os quise juntar como la gallina junta sus polluelos debajo de sus alas, pero vosotros no quisisteis!"
Apreciado amigo lector, Ud no sabe cuánto tiempo más se quedará en esta esfera de la oportunidad, pero esto sí podemos decirle en el Nombre del Señor Jesucristo, que "hoy es día de salvación" (2 Corintios 6:2). Le animamos a que busque a Dios mientras puede ser hallado (Isaías 55:6). Si desea ayuda, nos alegraríamos de tener la oportunidad de hacerlo.

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La Fe

Mucha gente del mundo, e incluso algunos cristianos, tienen un concepto equivocado de la fe. Para algunos significa algo que acumulamos como energía y cuando llega a cierto nivel somos capaces de hacer milagros. Para otros es una fe ciega que cree algo cuando realmente no hay base para creerlo. Por ejemplo, muchos enfermos están convencidos de que serán sanados a pesar de que no hay base para esa creencia. El médico no les ha dicho que sanarán, y todo indica lo contrario, pero ellos se empeñan en decir que tienen fe.
La mayoría de los cristianos definen la fe citando Hebreos 11:1, “es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. La fe verdadera sí produce confianza respeto a lo que se espera, y convicción acerca de lo que no se ve, pero estas cosas son productos de la fe, y no la fe en sí.
La fe es creer un testimonio o una revelación divina. Tener fe es creer a Dios cuando Él habla. Entonces el creyente tiene una base para su creencia—la Palabra de Dios. Muchos creen en Dios, pero muchísimos menos creen a Dios cuando Él habla. Adán, el primer hombre, dio los primeros pasos en el camino de la incredulidad, y a lo largo de la historia el hombre ha rehusado creer a Dios cuando Él habla.
La fe es siempre la respuesta al mensaje divino: “¿Quién ha creído a nuestro anuncio?” (Is. 53:1). “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro. 10:17). “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (He. 1:1).
Los que tienen fe creen a Dios cuando Él habla de cualquier tema. Si habla de la creación, le creen (He. 11:3). Si habla acerca del juicio venidero, le creen (He. 11:7). Si habla acerca de lo que ojo nunca vio, le creen (He. 11:8). Creer a Dios cuando Él habla es lo que distingue entre el cristiano verdadero y el mundo incrédulo que le rodea, así como cuando Josué y Caleb creyeron a Dios respecto a la tierra prometida, y esto les separó del resto de la nación incrédula de Israel.
Los que tienen fe creen lo que Dios dice acerca de la salvación, el matrimonio, el futuro, el dinero, la creación, o el orden y la función de la iglesia local. Esta fe va más allá de lo que nos puedan indicar nuestros sentidos. A pesar de lo que nos diga nuestra vista, nuestro tacto, nuestras emociones, o nuestros razonamientos, la fe cree a Dios cuando Él habla.
La fe que cree a Dios siempre resulta en acción apropiada (Stg. 2:20). Ya sea el arrepentimiento, la construcción de un arca, o el andar alrededor de una ciudad, cuando creemos lo que Dios dice esto siempre nos llevará a hacer algo, aunque sea estar quietos y ver Su salvación (Ex. 14:13).
Que el Señor aumente nuestra fe (Lc. 17:5). Que aprendamos a creer a Dios cuando Él habla sobre cualquier tema, y estemos dispuestos a someternos a Su Palabra y a obedecerla.                                                               
Steve Hulshizer

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¿Renovar o Reestructurar?

Muchos hablan de la renovación en la obra de Dios. Es necesaria la renovación en cada época. David exclamó: “renueva un espíritu recto dentro de mí” (Sal. 51:10). La renovación de la adoración como congregación es tan necesaria como la restauración personal. Acerca del rey Asa fue dicho: “reparó (renovó) el altar de Jehová” (2 Cr. 15:8).
Hace algunos años compramos una mesa vieja. Estaba cubierta con numerosas capas de barniz y no era muy atractiva. Pero pensábamos que quizás había hermosura escondida debajo de esas viejas capas de barniz. Así que, las fuimos quitando y descubrimos un hermoso mueble de nogal. Le dimos una buena terminación, y ahora sus tonos ricos adornan nuestro hogar – fue renovada.
Ahora bien, si hubiésemos cortado las patas de aquella mesa para convertirla en una mesita para servir café, no habría sido renovada, sino reestructurada. Para hacer esto hubiésemos tenido que alterar el diseño original.
Israel, durante el periodo de los jueces, conoció mucho fracaso espiritual. La Palabra de Dios era ignorada y desobedecida. Pero en lugar de reconocer su pecado y volverse arrepentidos al Señor, pidieron un cambio de estructura. En vez de los ancianos locales y hombres como los jueces levantados por Dios, pidieron un rey a Samuel. “Constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones” (1 S. 8:5). Dios no se agradó. Siempre es más fácil cambiar la estructura que juzgar el pecado que hemos permitido.
Hoy hay mucha preocupación sobre la falta de crecimiento y vitalidad espiritual en las asambleas. Algunos opinan que un cambio de estructura es el remedio. Al experimentar el impacto del movimiento de liberación femenina, algunos piensan que las iglesias deberían eliminar la distinción entre los papeles de varones y mujeres, y Gálatas 3:28 es su lema.
Se sugiere que como las iglesias grandes tienen un pastor, las asambleas que desean crecer deben seguir su ejemplo. Adquiere un hombre preparado en un seminario, dale un salario, entrégale el púlpito, y tu asamblea crecerá.
Por favor, a eso no lo llames renovación. Llámalo lo que es. Es una reestructuración de la iglesia local y un alejamiento de la sencillez del patrón del Nuevo Testamento. El escritor está convencido de que las iglesias neotestamentarias necesitan renovación, pero no reestructuración.
Debe haber renovación personal. Hay necesidad de la lectura diaria de la Palabra de Dios, y de la oración, para tener una rica vida devocional. Debe haber santidad personal, apartándose del pecado en lugar de cobijarlo en la intimidad de nuestra casa o vida personal. Debe haber una renovación de celo en el testimonio a los perdidos, una preocupación ardiente por los que están en el camino al infierno. La renovación personal, espiritual, debe tener prioridad.
El pueblo de Dios necesita una renovación de pastores espirituales, un consejo reconocido de ancianos para dirigir y guiar la obra como siervos y modelos (1 P. 5:2-3). Debemos enviar obreros piadosos a predicar el evangelio y enseñar la Palabra. Clamemos a Dios por tales personas.
Nuestras reuniones necesitan renovación. Debe haber tiempos de cantar con gozo. El mensaje del himno debe determinar el ritmo. Cantemos con el espíritu y también con el entendimiento.
Nuestras reuniones de oración necesitan renovación. Estas reuniones pueden ser largas si las oraciones son cortas. Alguien ha dicho muy bien: “Largas oraciones en privado, y breves oraciones en público”. Las oraciones deben ser específicas, intensas y puntuales. No es necesario ni bueno que un hermano ore personalmente por todo o casi todo. Hay otros que pueden y deben participar y compartir la responsabilidad.
El tiempo de adoración necesita renovación. La Cena del Señor debe ser la cumbre de nuestra vida espiritual cada semana. Es allí donde el pueblo de Dios adora como congregación y exalta a su amado Dios y Salvador. No hay lugar para oraciones rutinarias o rituales formales. Es un tiempo cuando la devoción y amor a Dios en la semana pasada se destila para ocupar una hora de adoración intensa. Al recordar la muerte de nuestro Salvador por nosotros, nuestro corazón debe conmoverse y nuestros ojos deben humedecerse. También recordamos que todo esto lo hacemos hasta que venga nuestro Señor resucitado. No hay nada comparable a la Cena del Señor.
Nuestra predicación necesita renovación. Se está sacando mucho de libros de bosquejos, o de notas viejas recalentadas, en lugar del frescor y vigor de estudiar y meditar la Palabra. También necesitamos reconocer a los que tienen dones para predicar. No todos son maestros o predicadores. “Los profetas hablen dos o tres” (1 Co. 14:29). Pero un sistema de turnos no es la idea, ni tampoco es bíblico que turnen los varones. Esto está igualmente equivocado como la práctica de limitarlo todo a un hombre. Los que hablan, que hablen por el poder del Espíritu (1 Co. 2:4), y conforme a la Palabra de Dios (1 P. 4:11).
Sí, hermanos, necesitamos renovación – desesperadamente. Pero no necesitamos reestructurar las iglesias reunidas conforme al modelo sencillo del Nuevo Testamento. En lugar de esto, necesitamos el poder del Espíritu Santo. Él es el que da vida y vigor espiritual.

Donald Norbie, traducido de su artículo en la revista “Counsel” (Consejos), mayo-junio 1994

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