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miércoles, 31 de agosto de 2022

EN ESTO PENSAD -- septiembre 2022

Gedeón: Protegido contra el Orgullo
Camilo Vásquez Vivanco


Parte 10, Gedeón: Un Joven Trasnformado En Un Siervo De Dios    

“...no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado” (Jue. 7:2).
 

Pasamos ahora a estudiar la primera clasificación que Dios hace del pueblo de Dios, los que piensan que Dios no es del todo indispensable, los orgullosos. ¿Quién podría llegar a pensar así en el pueblo de Dios? Potencialmente todos incluso Gedeon y nosotros también.
    Una masa de soldados de 32.000 si lograran una victoria bien podrían creer que se debió a sus fuerzas o estrategia. Veremos que esto es un mal muy cercano a todos nosotros, se llama el orgullo que siempre se acompaña de la ingratitud. El diablo nos pasa por la cabeza que Dios no es indispensable en todo y que bien podemos hacer algo sin Él. Dios le dijo a Gedeón: “...no sea que se alabe Israel contra mí” (Jue. 7:2). Una traducción paralela lo vierte así: “...los israelitas se jactarán ante mí de que se salvaron con su propia fuerza”. El diablo intentó hacer esto con el Hijo de Dios y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (Mt. 4:3), en que su insinuación apuntó a que siendo lo que era, podía usar Su poder en beneficio propio y así podía independizarse de Dios Su Padre. “¿Qué tiene de malo si solo esta vez usas tu poder? Tú bien puedes hacerlo pues eres el Hijo de Dios”. Esta insinuación fue parecida a la de su madre en la boda en Caná de Galilea, cuando faltó el vino, leemos: “la madre de Jesús le dijo: No tienen vino” (Jn. 2:3). “Actúa por ti mismo, pues lo puedes hacer” sigue siendo la tentación al orgullo humano. El Señor hasta ahora tanto frente al diablo como frente a su madre, aún no había realizado ningún milagro. Tenía todo el poder de hacerlo pero siempre se sujetó al Padre (Jn. 5:19 y 30). Allí, en aquellas bodas en Caná, el Señor haría Su primer milagro y manifestaría Su gloria por primera vez, con el único objetivo de honrar a Dios. Pero Él le dijo a Su madre: “...aún no ha venido mi hora” (Jn. 2:4), pues lo que debía hacer dependía del Padre, no de ella, y Él le diría cuando actuar. El orgullo es precisamente esto: el creer que tenemos libertad para proceder bajo nuestra iniciativa. El rey Saúl hizo esto: “me esforcé...” y Samuel respondió: “Locamente has hecho” (1 S. 13.12-13).
    En ese peligro estaba no solo el más sencillo de los soldados, sino  también Gedeón, y nosotros también tenemos que afrontarlo. Bien sabemos que el Señor no podía responder a esta insinuación del diablo, pues Él no buscaba Su propia gloría. “Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga” (Jn. 8:50). Si el Señor dijo a Sus discípulos “...separados de mi nada podéis hacer...” (Jn. 15:5). Lo dijo porque somos dados a realizar muchas cosas por la energía de la carne. Podemos llegar a pensar que nuestras ideas y habilidades son mejores que las de Dios. Incluso tomamos decisiones que nunca Dios las ha aprobado. Finalmente estos pensamientos son orgullo de corazón, como dice Dios: “y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza” ( Dt. 8:17).
    Aprender esta lección no fue fácil para el apóstol Pablo, pues el orgullo estaba a flor de piel por esto escribió: “... me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera” (2 Co. 12:7). Si se le ha pasado por la cabeza que sus logros son fruto de su experiencia, sepa usted que eso es caldo de cultivo para el diablo. Mucho más peligroso es que piense que sus fuerzas le han llevado a estar donde está, sin atribuir al Señor todo lo que usted es y todo lo que tiene. En esta trampa cayó el buen rey Ezequías cuando recibió las visitas de los babilonios (Is. 39:1-8). El profeta le preguntó: “...¿Qué han visto en tu casa? Y dijo Ezequías: Todo lo que hay en mi casa han visto, y ninguna cosa hay en mis tesoros que no les haya mostrado” (Is. 39:4). Ezequías habló a sus visitantes de todos sus logros menos del Dios que le sanó y le extendió la vida. Escondido bajo su pecho estaba el orgullo que le privó de testificar de la gracia del Dios verdadero: “Mas en lo referente a los mensajeros de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido en el país, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón” (2 Cr. 32:31). Ezequías testificó a sus visitantes que Dios no es indispensable en todo, y que incluso su sanidad después de estar a punto de morir se debió a su buena suerte.
    Que triste realidad de nuestro corazón propenso al orgullo y la ingratitud, por esto el rey David oraba: “Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión” (Sal. 19:13). No hemos de extrañarnos si Dios nos visita con alguna limitación para impedir que seamos orgullosos dejándonos incluso débiles y sin poder cumplir los planes que teníamos por delante. Esto suele ser el camino divino para humillarnos y permitir una enfermedad o incluso un incidente que no nos deja seguir con el mismo ritmo para que aprendamos a descansar en sus fuerzas: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Co. 12:9). Recuerde esto es incidente más peligroso que puso en riesgo a todo el pueblo de Dios en tiempos de David, no fue cuando éste pecó contra Dios tomando a la mujer de Urías heteo, fue cuando Satanás lo incitó a realizar un censo de las fuerzas militares bajo sus órdenes (1 Cr. 21:1). Satanás quería que David confiara en sus fuerzas y estrategias así no necesitaría a Dios sino sólo su orgullo militar. Cuidemonos de esta amenaza que sigue vigente y derrumba a muy buenos creyentes (2 Cr. 26:16-23).

continuará, d.v. en el próximo número
Camilo Vásquez sirve al Señor en Chile

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        Juan Antonio Soldado Medina

 “con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” 

Filipenses 1.23


El 28 de agosto del 2022, Juan Soldado, el que es ahora nuestro amado hermano en Cristo, pasó de este valle de lágrimas, por el portal de la muerte, a la presencia de su Señor Jesucristo. Estamos tristes porque no le veremos más en esta vida. Pero a la vez nos gozamos de que esté con el Señor, donde ya no padece de cáncer ni está rodeado de los pecados y problemas que afligen a este mundo caído.
    Juan había vivido más de 40 años en el camino de la perdición, cuando un día escuchó a algunos que predicaron el evangelio al aire libre. Manifestó su interés, y trás varios encuentros personales con ellos, entendió el evangelio, se arrepentió de sus pecados, y confesó al Señor Jesucristo como único y suficiente Salvador. Su vida cambió y todos lo hemos visto. Juan testificaba de Cristo a todos los que estaban cerca de él. El querido Juan está con Cristo, ¡dichoso de él! ¡Ojalá que su familia y amigos también se conviertan!

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TERMINA BIEN

Lucas Batalla

Textos: 2 Timoteo 4:1-8; 2 Corintios 5:10

Comenzar bien es bueno, pero terminar bien es mejor. En 2 Timoteo 4 hemos leído el testimonio del apóstol Pablo al final de su vida. Estuvo a punto de partir de esta vida y entrar en la eternidad, y dio instrucciones y advertencias a Timoteo su discípulo. Sus palabras invitan a pensar en los que comienzan mal pero terminan bien. Pablo ciertamente había comenzado mal, pues perseguía a los creyentes, y además Cristo le acusó de perseguir al Señor. Quien persigue a un miembro del cuerpo de Cristo, también persigue a Cristo la Cabeza. Así había vivido Saulo. Escuchemos su propio testimonio:
“Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras” (Hch. 26:9-11).
    Pero en el camino a Damasco Saulo conoció al Señor Jesucristo, y se convirtió en creyente, seguidor y siervo Suyo. Así son las conversiones genuinas. Después de conocer al Señor hubo un cambio en su vida. Llegó a declarar: “para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21). Desafortunadamente, hoy muchos profesados creyentes no hablan ni viven así, pero ése era el testimonio de Pablo. Se convirtió de verdad, y su vida cambió. No sólo su forma de pensar, sino su carácter y su comportamiento; ¡toda su vida! En lugar de hacer a otros sufrir por su fe, él aprendió a sufrir por causa de Cristo y además, con gozo (Hch. 16:25). ¡Y cuánto sufrió por Cristo! Lo relata en 2 Corintios 11:23-28, “¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”.
    Luego, en 2 Timoteo da testimonio de haber terminado bien. “He peleado la buena batalla”, “he acabado la carrera” y “he guardado la fe”, y no sólo se dirige a Timoteo, sino también a todos nosotros, para que sepamos lo importante que es terminar bien. Hermanos míos, la vida cristiana no es levantar la mano y decir que crees, luego ser bautizado, tomar la comunión y ya está. Pero muchos han hecho esto. Muchos son los que faltan en la congregación donde dijeron que creyeron en el Señor. Y ahora, ¿dónde están? No han peleado la buena batalla, ni han acabado la carrera, ni han guardado la fe. Se han vuelto al mundo. El cristianismo verdadero no está compuesto de esta clase de persona.
    Pablo, cuando era llamado Saulo de Tarso, había comenzado mal, como todos nosotros. Todos hemos nacido pecadores. Nadie ha sido creyente desde el principio. Unos hemos hecho más cosas que otros, unos hemos andado más lejos de Dios y con más antagonismo, pero lo cierto es que ante Dios TODOS hemos pecado (Ro. 3.23). Todos comenzamos mal,  pero no debemos terminar mal, porque el Señor Jesucristo vino para buscar y salvar a los se habían perdido. Dios no quiere que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. De modo que el que no se ha arrepentido no puede ser creyente de verdad.
    Dios quiere que los que hemos creído en el Señor terminemos bien la vida cristiana, Quiere que seamos fieles hasta el fin. “Sé fiel hasta la muerte” es la Palabra del Señor a los Suyos (Ap. 2:10). Hermanos, no hay que desviarnos, apartarnos, enfriarnos, ni desanimarnos, sino sigamos al Señor, como dice el himno:

Seguid al Maestro, no importa sufrir,
Aunque haya enemigos y obstáculos mil.
Si estrecha es la senda, no retroceder;
Siguiendo al Maestro podremos vencer.
Proseguid siempre adelante,
Con el escudo de Dios;
A las órdenes del Jefe,
Que nos guía con Su santa voz.


    Esto es lo que hace el verdadero creyente. Puede tropezar y caer en un momento, pero se levanta y sigue adelante. Aunque el justo caiga siete veces, ¡se levanta! (Pr. 24:16). El Señor tiene reservada la corona de justicia para todos los que aman Su venida, dice Pablo en 2 Timoteo 4:8, y esto indica cuán importante le es al Señor que seamos fieles y que terminemos bien la vida.
    Pero también están los que terminan mal. ¡Ay de ellos! Bajo esta descripción hallamos a todos los que profesaron creer pero luego se volvieron atrás. El rey Saúl en 1 Samuel 15 es un triste ejemplo de ese fracaso. Había empezado bien su reino, humilde, esforzado, luchando contra los enemigos de Israel Pero luego, en su poder y “éxito” como rey, pensaba que podía hacer lo que le parecía. No solo desobedeció, sino también se ensoberbeció, y resentido, no admitió la corrección. Por su desobediencia y obstinación, Dios lo desechó. Le había dado instrucciones claras, pero él no las siguió. Aunque había comenzado bien, Saúl perdió la bendición, y fue atormentado por un espíritu malo que Dios le mandó (1 S. 16.14). No le iba a ayudar ningún “consejero” o “psicólogo” porque su trastorno era un castigo de Dios. ¿Cuántas personas hoy tienen aflicciones en la mente y el cuerpo debido a una mala decisión suya? Saúl sentía envidia y celos del piadoso joven David y le perseguía. Lo  admitió en 1 Samuel 26:21, “He pecado... yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera”. En sus momentos más lúcidos él lo sabía, pero no se arrepintió, no volvió de su mal camino. Acabó por consultar de noche a una mujer espiritista. El día siguiente, herido en la batalla, se suicidó y su cuerpo fue hallado y deshonrado por los filisteos. Terminó mal porque no tuvo fe, no confió en Dios, y la fuerza del carácter y la voluntad no pueden salvar a nadie.
    Sólo el Señor puede convertirnos de verdad y darnos una nueva vida con el poder para servirle y perseverar. Por esto es importante que cada uno se examine, como Pablo dijo a los corintios: “examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe” (2 Co. 13.5). Porque de nada sirve tener un buen comienzo, si no eres creyente de verdad y no vas a seguir y terminar bien. El creyente verdadero es como la buena tierra de Mateo 13.19-23. La semilla sembrada ahí permanece y da fruto.
   Que el Señor nos ayude a considerar estos dos ejemplos de uno que comenzó mal y terminó bien, y de otro que comenzó bien, pero terminó mal. Teniéndolos en cuenta, y a la luz de las Escrituras, cada uno debe examinarse y estar seguro de cuál es su verdadera condición espiritual.

de un estudio dado en enero del 2007

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El Lugar del Indocto

Norman Crawford


Se ha dicho que la única Escritura que habla de sentarse atrás es 1 Corintios 14:16, “Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho”. Luego nos dicen que aquel era indocto solo respecto a la lengua desconocida que alguien hablaba en el culto, y que eso nada tiene que ver con el asunto de estar en comunión en una asamblea. No creo que éste sea el único texto acerca de este tema, ni que sea la interpretación correcta de este verso.
    En esta epístola no es inusual que Pablo introduzca un tema sin desarrollarlo hasta más adelante. Toma por ejemplo la participación de las hermanas en las reuniones de la asamblea. Introduce el tema en 11:5, pero no nos dice hasta el 14:34 que está prohibido que las mujeres hablen públicamente. Creo que otro caso es él del indocto o simple oyente. Introduce el tema en el 14:16, y luego lo explica en los versos 23-25. En el caso hipotético visto en esos últimos versos, el indocto está asociado con otra clase llamado “incrédulo” (v. 24). Ninguno de ellos estaba en la asamblea, porque “toda la iglesia” ya estaba reunida cuando ellos entraron. De hecho, la asamblea no sabía a qué clase pertenecían éstos hasta que todos juzgasen (v. 24). El feliz resultado fue que al menos un hombre, siendo manifiesto lo oculto de su corazón, se postró sobre el rostro y adoró declarando que Dios en verdad estaba entre ellos (v. 25).
    ¿Cuál es el significado de “simple oyente”  en el verso 16? Si significa que desconoce una lengua que alguien habla en la reunión, esto implica que los de la asamblea la entendieron, pero él no. Pero, ¿el resto de la asamblea realmente entendía la lengua que un hermano hablaba por el Espíritu? Si leemos atentamente los versos 2, 4, 6, 9, 11 y 19 veremos que nadie entendía esa lengua (v. 2), ni siquiera el hombre que la hablaba (v. 14). Entonces el que visitaba no era el único que no entendía, y la expresión “simple oyente” (o que no entiende) tendría que aplicarse a toda la asamblea – cosa que no es el caso. Realmente significa que ese hombre ignoraba, no entendía la presencia de Dios en medio de Su pueblo (v. 25). Éste es el sentido de los versos 23-25 que le menciona con el incrédulo, porque no es parte de “toda la iglesia”.
    Es muy importante entender que “simple oyente” o “ignorante” no quiere decir que cierto nivel de conocimiento es necesario para entrar en la asamblea. Lo que necesita aprender para estar preparado para la comunión es: “verdaderamente Dios está entre vosotros” (1 Co. 14:25). Es en este mismo sentido que la presencia del Señor fue reconocida en medio de Israel (Éx. 40:34-35), cuando con Su presencia manifestó Su aprobación del patrón que habían seguido respecto al tabernáculo. No buscamos cierto nivel de conocimientos doctrinales, sino la evidencia de un espíritu receptivo a la enseñanza.
    Este “lugar atrás” donde sentarse y observar no se basa solo en este texto de las Escrituras. 1 Corintios 5:11-13 enseña que respecto a una asamblea hay dos lugares: “fuera” y “dentro” (v. 12). La comunión es una verdad espiritual, pero tiene una representación visible cuando la iglesia se congregue. Procuramos manifestar esto por un círculo u otro arreglo físico que separa y distingue entre los que están en comunión en la asamblea y los que no.
    Algunos preguntan: “¿Por qué es el asiento atrás solo para la Cena del Señor?” La razón está en 1 Corintios 10:16-17, “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan”. La Cena del Señor es la expresión de la comunión de los creyentes. En esta reunión todos los creyentes participan de un solo pan y una sola copa. Por esta razón menciona la copa primero en este pasaje. La sangre derramada de Cristo es la base de toda comunión con Dios y los unos con los otros. La participación del pan y de la copa es una expresión importante de una unidad comprada a precio de los padecimientos y la muerte de nuestro Señor. El verso 16 relaciona esa copa con Su sangre. Para ser coherente en nuestra traducción, debemos reconocer que la expresión: “del cuerpo de Cristo”, se refiere a Su cuerpo literal. El verso 17 presenta un segundo significado del pan. Este un solo pan es una expresión de aquel un solo cuerpo espiritual de Cristo. Entonces, la asamblea es una expresión visible de una comunión más amplia y espiritual. En esa más amplia comunión solo están los que verdaderamente son miembros de Cristo. De acuerdo a estas grandes verdades practicamos el principio de estar “dentro” de la comunión de la asamblea o “fuera” de ella.
    No es muy precisa la expresión: “el asiento de atrás”. Lo importante no es tanto el lugar, sino que haya una clara demarcación entre los que están “dentro” y los que están “fuera” de la asamblea. Muchos de nosotros hemos partido el pan en memoria del Señor en lugares donde “el asiento de atrás” estaba en la parte delante del edificio.

Norman Crawford, Congregados a Su Nombre, págs. 158-161, Berea Libros

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¿Quién Tiene La Preeminencia?

"para que en todo tenga la preeminencia"  Col. 1.18


Ningún hombre, sino solo Cristo tiene el primer lugar. Algunos afirman esto con la boca, pero en su conducta ellos buscan figurar (3 Jn. 9).
    Pensemos: ¿Qué significa la expresión "en todo"? “Todo” es un absoluto, que no tiene límite. No podemos limitar Su preeminencia a una reunión de una hora cada semana.
    Incluye todo asunto de la asamblea. ¿Tiene Cristo la preeminencia en las decisiones y los hechos de los ancianos? En la Cena del Señor, ¿hablamos de Él, como el ejemplo celestial en Apocalipsis 5, o hablamos de otras cosas. También en la enseñanza de la Palabra, Él debe ser preeminente.
    Además, "en todo" incluye todo asunto de mi vida personal. "Todo" incluye el noviazgo, el matrimonio, las amistades, el trabajo, el uso del dinero, y las actividades del "tiempo libre".
    En el cielo, y en la tierra, Cristo debe ocupar primer lugar. Dios le ha dado el lugar preeminente en el cielo. Reflexionemos: ¿Qué lugar ocupa realmente, en la práctica, en nuestras vidas?

Carlos 

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 ¡Escoje lo Mejor!

Pr. 16.19  Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir despojos con los soberbios”.
    Hay humildad de fachada, practicada para agradar al ojo u oído con buenos modales, o para impresionar. Curiosamente, ¡los que así se conducen pueden estar orgullosos de su humildad! Pero otra cosa es la verdadera humildad en el espíritu de uno. Humillar el espíritu es responsabilidad nuestra. Los que tienen amor propio y soberbia no suelen humillarse voluntariamente, pero Dios le humillará. El altivo rey Nabucodonosor aprendió la lección bajo la mano de Dios, y declaró: “él puede humillar a los que andan con soberbia” (Dn. 4.37). La humildad y la identificación con los humildes es preferible al compañerismo de los soberbios aunque haya bienes materiales entre ellos.
    El gran ejemplo de la humillación voluntaria es el Señor Jesucristo: “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;  y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2.6-8). “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Fil. 2.5).
    
Pr. 16.32  Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad”.
    No dice: “nunca se aira”, sino que tarda en airarse. He aquí el valor de controlarse y no dar lugar fácilmente a la ira. Es mejor esto que ser fuerte y saber conquistar una ciudad. En lugar de buscar cómo conquistar y controlar a los demás, conquistemos nuestro espíritu y controlemos nuestro estado de humor y nuestras reacciones.
    Los caballos son dirigidos con las riendas. Las personas que no encuentran las riendas de su espiritu son como ciudad derribada y sin muro (Pr. 25.28). Son vulnerables, desprotegidas y les vienen muchos males porque no practican el domino propio. Dios da a los creyentes poder, amor y dominio propio (2 Ti. 1.7; 2 P. 1.6). En cambio, “El necio da rienda suelta a toda su ira” (Pr. 29.11).
    La ira del hombre no obra la justicia de Dios (Stg. 1.20), y por eso debemos ser tardos para airarnos. Pero no toda ira es mala, pues Dios tiene ira santa. Su ira se revela desde el cielo “contra toda impiedad e injusticia de los hombres” (Ro. 1.18). Sometamos nuestro carácter al Espíritu Santo para que Él produzca en nosotros Sus frutos, y seamos como nuestro Señor.

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"UNA VEZ PARA SIEMPRE"

 


Cuando Jesucristo murió en la cruzo, no dijo: "Comenzado es" sino "Consumado es" (Juan 19.30). Es el lenguaje de una obra terminada que no deja nada por hacer. Cuando se termina una obra, no hay que ir otro día a seguir trabajando en ella. Las otras Escrituras concuerdan, que no hay de ningún modo una continuación o perpetuación de la muerte de Cristo. Considera lo que la Palabra de Dios dice:

Solo un Sacrificio por los Pecados
“Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos”.  1 Pedro 3.18

“Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”. Efesios 5.2

“Cristo padeció por nosotros… el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero… y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas”. 1 Pedro 2.21-25

Solo un Camino
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.  S. Juan 14.6

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.  Hechos 4.12  (predicación de Pedro)

“Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre”. Hechos 10.43

“Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado”.  Hebreos 10.17-18
 

Observa que el nombre no es María, ni otros, sino solo el Señor Jesucristo.

Solo un Mediador
“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos”.  1 Timoteo 2.5-6

“Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces… De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos”.  Hebreos 9.24-28

“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios... porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”.  Hebreos 10:10-12, 14

Cristo, el Sacerdote Perfecto
“Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre”.  “Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar” Hebreos 7.17, 23

“Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”.  Hebreos 7.24-25

“El punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos”.  Hebreos 8.1
 
Cuando murió Cristo y resucitó, Dios declaró que Él es sacerdote para siempre. Dios no pone a otros hombres como sacerdotes o mediadores, sino solo Cristo. Hasta que Él muera, los demás son usurpadores, y Él no morirá más porque vive para siempre. Así que, la Persona de Cristo y Su obra redentora en la cruz son suficientes para siempre, para todo aquel que cree.

 

 

domingo, 31 de julio de 2022

EN ESTO PENSAD -- agosto 2022

 ¿Es correcto clasificar las doctrinas?

 


   Algunos insisten que hay doctrinas “fundamentales” o “principales”, y otras que son “secundarias” o “no esenciales”. Esta idea está de moda en las iglesias evangélicas, y comenzó cuando el movimiento fundamentalista procuró hallar una base de comunión entre diferentes iglesias y denominaciones.
     Pero, ¿esa clasificación está en la Biblia? Podemos afirmar que la Biblia no enseña nada así. Una simple lectura del libro de Deuteronomio demostrará que Dios mandaba guardar TODA la ley. Esa insistencia divina sigue a lo largo del Antiguo Testamento. Nunca hubo una clasificación de doctrinas según su importancia.
      En el Nuevo Testamento, tampoco existe esa clasificación. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil” (2 Ti. 3.16). Nada hay que nos permita guardar solo unas cuantas doctrinas “fundamentales”, y prescindir de las demás. En Mateo 23.3 el Señor mandó: Todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo”. No dijo “de todo lo que os digan, solo hay que guardar las doctrinas fundamentales”. En la parábola que dio en Mateo 25.23 leemos: “sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré”. No dijo: “has guardado las grandes doctrinas y eso es lo que realmente importa”. “Sobre poco” se podría aplicar a los que guardan las doctrinas que otros consideran desechables.
    En 2 Corintios 4.2 el apóstol Pablo alude a los que andan con astucia y adulteran la Palabra de Dios. De eso son culpables los que clasifican ciertas doctrinas como “secundarias” o “no esenciales”. Con su astucia intentan eliminar la necesidad de guardar cosas como la doctrina del velo y el silencio de la mujer, o la pluralidad de ancianos, o la observancia de la Cena del Señor, o la recepción a la asamblea, o la disciplina eclesial.
    El problema es que, si Dios no clasifica las doctrinas así, ¿quién puede hacerlo? No sobra ninguna parte de la Palabra de Dios. ¿Qué hombre está autorizado a decir: “Esto sí” y “Esto no”? El que elimina la necesidad de guardar ciertas doctrinas debe leer Apocalipsis 22.19, “Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro”.
    Pablo dijo a Timoteo: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste” (2 Ti. 1.13). “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido” (2 Ti. 3.14). Son instrucciones inspiradas, y no admiten ninguna clasificación de doctrinas. Había que retener y persistir en todo. En cierta manera todos los problemas que existen en las iglesias hoy son debidos al descuido de esas instrucciones.

Carlos Tomás Knott
para leer más sobre este tema,  pide el libro:  FIELES EN TODO,  Libros Berea.

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¿Puede Perderse Alguna Vez Un Creyente?

H. A. Ironside


Para responder a esta pregunta recurro a Romanos 8:38-39, “Por lo cual estoy seguro que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. Es la respuesta inspirada a la pregunta del versículo 35, “¿Quién nos separará del amor de Cristo?”
    Es decir, una vez que somos en verdad cristianos, y conocemos el amor de Cristo, y somos justificados por la fe, ¿quién hay, qué poder hay, que pueda separarnos del amor de Cristo? La respuesta del apóstol es tan completa y clara, que no deja ni una sombra de duda, porque declara: “...ni la muerte, ni la vida... nos podrá separar...”.  ¿Puede usted pensar en algo que no esté incluido ni en la muerte ni en la vida? Luego, los poderes invisibles no pueden separar de Cristo al creyente, “ni ángeles, ni principados, ni potestades”. Nada podrán hacer éstos que separaría de Cristo al creyente. Luego dice: “Ni lo presente, ni lo por venir”. ¿Puede usted pensar de alguna experiencia que no sea algo presente ni algo por venir?
    El Espíritu Santo asegura que ni lo presente ni lo por venir serán capaces de apartarnos del amor de Cristo. Como si eso no fuera suficiente, él habla en una manera más general cuando dice que “ni lo alto, ni lo  profundo (nada en el cielo ni en el infierno), ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
    Así que, me parece que estamos bastante seguros, los que somos creyentes en el Señor Jesucristo.

del libro La Seguridad Eterna del Creyente, por Ironside

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ESCOGE LO MEJOR

En Proverbios el padre enseña a sus hijos a valorar y escoger bien, cosa que muchos no hacen.

Pr. 16.8 "Mejor es lo poco con justicia que muchedumbre de frutos sin derecho". El mundo valora la cantidad, pero la sabiduría de Dios dice: "mejor es lo poco..." Los ricos y los avaros no creen eso, pero es verdad. ¿Cuándo es mejor? Cuando es por vivir en justicia. Esto es más importante que tener muchos bienes. El propósito de la vida no es acumular, sino conocer y agradar a Dios. Si por vivir justo delante de Dios tienes poco en este mundo, estás mejor que los ricos injustos. Además, el Señor Jesucristo nos manda hacer tesoros en el cielo, NO en la tierra (Mt. 6.19-20).

Pr. 16.16 "Mejor es adquirir sabiduría que oro preciado". Como en el 3.14, 8.11 y 19, vemos el valor sublime de la sabiduría y la idea es adquirirla: "Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia" (Pr. 4.5). Estas cosas vienen de Dios (Pr. 2.6-7). La palabra "adquirir" indica cierto interés y esfuerzo de nuestra parte por obtenerla. Unos sueñan con oro u otras riquezas y bienes materiales, y pasan su vida intentando obtenerlos y guardarlos. Otros desean adquirir la sabiduría, no el oro, porque reconocen que es mejor, es un tesoro verdadero. Si buscamos la sabiduría, hay que saber dónde hay, esto es, de Dios, en Su Palabra. "El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza. Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre" (Pr. 1.7-8).

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  El Creyente No Debe Dejarse Comprar

William Macdonald dijo que el dinero es el pasaporte universal a casi todos los lugares menos el cielo. Los hombres hacen por dinero lo que no harían por amor a Dios. Se esfuerzan y aun sufren por dinero lo que no sufrirían por amor a Dios.
    Con el dinero algunos pretenden controlar a otros: sus prioridades, su juicio, sus decisiones y sus hechos. Sus regalos y ofrendas vienen con condiciones, quizás no al momento, pero más adelante desearán algo, y esperarán que el otro se acuerde de lo recibido. En los casos más extremos pueden reclamar lo que dieron, o amenazar directa o sutilmente que si no se hacen como ellos dicen, no habrá más dinero. Y desgraciadamente, hay quienes se callan sobre ciertos temas, y hablan indebidamente sobre otros, para seguir recibiendo el apoyo económico.
    Es triste cuando un creyente se deje comprar o influir así, porque le guste reconocerlo o no, se convierte en un asalariado de otro. William MacDonald tenía sobre su escritorio este dicho: “Mejor es tener solo un plato de repollo frío, y la conciencia limpia delante de Dios”. No se dejaba comprar, aunque su fidelidad a Dios le costara la aprobación y el apoyo de otros. Los que quieren servir a Dios deben adoptar esa misma convicción, y no dejarse comprar, endeudar o comprometer con los que les ofrecen dinero o bienes.
    Naturalmente, tales ofertas son tentadoras, especialmente en tiempos de escasez e incertidumbre. Pero el que confía en Dios debe mantener sus ojos en el Señor, y su corazón y mente en Sus promesas. Los creyentes no estamos exentos de necesidades y dificultades, pero no debemos recurrir a los hombres buscando de ellos un compromiso. La falta de recursos fue conocido aun por los apóstoles. Pedro dijo: “No tengo plata ni oro...” (Hch. 3.6). El apóstol Pablo explicó a los corintios los sufrimientos de los apóstoles. "Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija" (1 Co. 4.11). Luego describió así su propio ministerio: “en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez” (2 Co. 11.27).
    En los tiempos de los jueces, un hombre tendió ante un levita una oferta económica: “Quédate en mi casa, y serás para mí padre y sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por año, vestidos y comida” (Jue. 17.10). Le ofreció una habitación en su casa, dinero, comida y vestido. ¡Qué más quería! Pero ese arreglo no era de Dios.
    Los falsos profetas se solían arrimar a los reyes, por la cuenta que les traía. Los de Acab y Jezabel comían en la mesa real, y estaban bien abastecidos de comida y vestimentas. Los verdaderos siervos de Dios en ese tiempo estaban en cuevas, sustentados con pan y agua (1 R. 18.4, 13). Cuando Acab quiso salir a guerrear, consultó a los profetas que comían de su mesa. Por supuesto que ésos le dieron la respuesta que buscaba (1 R. 22), porque el que paga manda.
    Si alguien ofrece comprometerse a una ofrenda mensual, en lugar de decir “gracias”, sería mejor decirle que se comprometa solamente con Dios y eso "en secreto", es decir, a solas con Dios (Mt. 6.3-4). Muchos han ofrecido y siguen ofreciendo esa clase de apoyo. Aunque luego cambien, y no cumplan su promesa, Dios permanece fiel. Declara que nunca dejará ni desamparará a los Suyos (He. 13.5). Él utiliza a los que andan en comunión con Él, y dirige sus pensamientos y ofrendas para ayudar a Sus siervos. Pero su compromiso debe ser siempre con Dios.
    Un siervo de Dios (por ej., obrero, anciano, maestro, misionero) no debe ser el asalariado de nadie. Si permite que alguien le paga un sueldo mensual, provea una casa donde vivir, y un vehículo, etc., se está endeudado a ese hombre, y es su empleado. En Jueces 17:7-13 vemos esto ilustrado en el caso del joven levita que se quedó para servir al hombre que le prometió trabajo, dinero, vestidos y comida (y alojamiento, por supuesto). En lugar de ser siervo de Dios, era un empleado de ese hombre. Pero en Levítico Dios mandó que los levitas sirviesen delante de Dios en el tabernáculo, y que viviesen de las ofrendas que el pueblo traía a Dios. Nunca se sabía cuánto sería eso, pero era suficiente, y lo más importante era servir como Dios dijo.
    Hay otros importantes textos y ejemplos para nosotros en la Biblia, que nos educan en el peligro del dinero y los que lo usan para conseguir su voluntad. El que confía en el Señor será sabio y evitará todo compromiso semejante. Incluso hay ocasiones cuando lo sabio y correcto es rehusar el dinero. Considera los siguientes ejemplos:
    Génesis 14.2-24 Abraham alzó su mano a Dios y juró que rehusaría todo lo que le ofreció el rey de Sodoma; no quiso ser enriquecido por él.
    Números 22.7  En cambio, las dádivas de adivinación – el dinero – fueron la trampa en que cayó Balaam. El error de Balaam es el lucro, el deseo de recibir dinero, por el que se ofreció para servir al rey de Moab, pero Dios no se lo permitió. Sin embargo, resuelto a conseguir las riquezas que tenía Balac, conspiró contra Israel a través de las mujeres de Moab y Madian, y por ello al final murió. Dios se le había aparecido y hablado claramente, pero el lucro venció a Balaam y vendió su vida y su alma.
    Deuteronomio 16.19 Dios instruyó claramente a los jueces: “No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos”. Esto es porque los que tienen dinero esperan favores para sí, su familia y amigos. El soborno viene en forma de beneficios materiales – dinero, bienes u otros favores. El que los acepta queda endeudado al que las dio. Pueden venir disfrazados como regalos u ofrendas. Eclesiastés 7.7 advierte que “las dádivas corrompen el corazón”. Proverbios 18.16 enseña que "la dádiva del hombre le ensancha el camino y le lleva delante de los grandes". Hay hermanos con dinero que visitan iglesias en países pobres, y son recibidos porque traen dinero, pero además de eso, traen malas doctrinas y quieren imponer su voluntad. Recibir y tolerarlos por razones económicas es un comportamiento que desagrada a Dios. 1 Samuel 8.3 informa que los hijos de Samuel pervirtieron el derecho por sobornos.
    2 Reyes 5.16 El profeta Eliseo rehusó los regalos de Naaman, y juzgó a su siervo Giezi cuando los aceptó secretamente (vv. 20-29).
    Proverbios 23.1-8 Aconseja a no aprovechar los manjares del señor adinerado ni dejarse engañar por él.
    Daniel 5.16-17  El profeta Daniel desestimó y rehusó lás dádivas y los honores que le ofreció el rey Belsasar.
    Hechos 8.20 El apóstol Pedro rehusó el dinero que Simón el mago le ofreció, diciendo: “tu dinero perezca contigo”.
    Hebreos 11.26 Moisés renunció su posición social en la que hubiera tenido riquezas. "...Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón". Muchos ponen la mirada en el dinero, pero Moisés vivía por fe.
    3 Juan 7  Se nos recuerda el ejemplo de los que salieron por amor del nombre, predicando, que no tomaron nada de los gentiles.

Ciertamente la vida de fe no está sin dificultades y pruebas. Pero ninguna de esas cosas puede separarnos del amor de Dios (Ro. 8.35, 38-39). Dios las utiliza para enseñarnos, purificarnos y moldearnos. Aunque pasemos por tribulaciones, necesidades, angustias y desvelos (2 Co. 6.4-5), confiemos en Él y estemos firmes. Él proveerá según Su sabia y buena voluntad.

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Jesucristo Es El Señor

¿Puede una persona recibir a Jesucristo como su Salvador, pero no como su Señor?
    Temprano en mi ministerio, después de escudriñar mi alma y las Escrituras durante un año, llegué a la firme convicción de que el gobierno soberano de Cristo y Su gracia salvadora van juntos. “A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hch. 5:31).  Notemos el orden. Su posición como Príncipe precede Su poder para perdonar.
    Previamente yo me hubiera opuesto a semejante declaración. La honestidad intelectual demandó un estudio del tema. Así comenzó mi expedición espiritual a través del Nuevo Testamento en busca de esta verdad. El estudio cuidadoso descubrió la verdad de que mientras Jesucristo es mencionado 16 veces como Salvador, ¡es llamado Señor más de 470 veces!
    Empiezan a relucir ciertos textos muy conocidos y usados, como por ejemplo, Hechos 16:31. “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo”. El señorío de Cristo no es una opción después de ser salvo. Al contrario, es parte del evangelio, una condición de la salvación,  y además, es la meta de la salvación.
    Ciertas conclusiones son inevitables. La enseñanza popular del señorío opcional no solo deshonra a Cristo, sino trastorna el evangelio y es nociva. En muchos casos produce “convertidos” que son paridos muertos, como abortivos. Son personas que luchan con una falsa certidumbre de salvación. Nunca han reconocido que Cristo debe ser recibido como Señor (Col. 2:6), y de ahí vienen todos los problemas en su supuesta “vida cristiana”. Luego se les dice que su problema es que son "cristianos carnales" que necesitan consagrarse, pero en realidad necesitan convertirse.

Elmer H. Murdoch, de la introducción del libro: The New Sovereignty 

("La Nueva Soberanía"), por Reginald Wallace.


"Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir,
para ser Señor así de los muertos como de los que viven".

Romanos 14:9  

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¿Por Qué Damos Gracias A Dios 

Antes De Comer?

    Estamos en un restaurante, y nos acaban de servir la comida, pero nadie come.  ¿Qué esperamos? Si eres creyente, ya lo sabes. Inclinamos nuestras cabezas, y oramos dando gracias al Señor. No porque estemos en un restaurante. Siempre oramos antes de comer, cada día en casa, y no vamos a cambiar ahora.  ¿Es una tradición o es algo bíblico? La respuesta es: sí, las dos cosas. Es una buena tradición bíblica.
 

Salmo 104:27-28 Dios da su comida a los hombres y a los animales. Abre Su mano, se sacian de bien.


Salmo 136:25 Es Dios quien da alimento a todo ser viviente.


Salmo 145:15-16 Dios da la comida. Abre Su mano y nos colma de bendición.


Isaías 42:5 Dios extiende la tierra y sus productos. Da aliento a Su pueblo.


Mateo 14:13-21 El Señor bendijo antes de repartir la comida a los cinco mil.


Mateo 15:31-39 El Señor dio gracias antes de repartir la comida a los cuatro mil.


Lucas 24:30 El Señor fue invitado a comer con dos discípulos, y bendijo el pan antes de partirlo.


1 Corintios 10:31 Si comemos o bebemos o hacemos otra cosa, hagamoslo todo para la gloria de Dios.


Colosenses 2:7; 3:15, 17; 4:2 Nos enseñan la importancia de la gratitud.


1 Tesalonicenses 5:18 manda: “dad gracias en todo”.
 


Los animales no dan gracias antes de comer, pero no somos animales.


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  Parte 9:  Gedeón Y Su Ejército

Camilo Vásquez Vivanco

viene del número anterior:  Gedeón: Un Joven Trasnformado En Un Siervo De Dios

“Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado” (Jue. 7:2).
    
Veremos en este capítulo como Dios descubre a los “aprobados” y para esto realiza una admirable selección que comenzó con 32.000 soldados y quedaron solo 300 aprobados. Si usted lee la historia de los capítulos 7 y 8 descubrirá que los madianitas eran como langostas en multitud, unos 135.000 soldados que atacarían a Israel (Jue. 8:10). Sin embargo, para derrotarlos no se necesitaba un numeroso ejército sino solo 300 hombres aprobados por el Espíritu de Dios: “...No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zac. 4:6). La proporción fue de 450 enemigos por cada soldado aprobado y veremos más adelante el significado de esa proporción.
    En este caso no hubo exámenes sino sencillamente Dios probó la clase de vida de aquéllos 32.000 soldados. Hoy vivimos en un mundo así llamado “cristianizado”, donde muchos dicen ser de Cristo, pero llevan vidas inaceptables para Dios. El apóstol Pablo escribió a los de Corinto: “Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados” (1 Co. 11:19). Entonces hemos de distinguir entre ser aceptos y ser aceptables a Dios.  En el Nuevo Testamento se menciona a un creyente llamado “Apeles” de quien se dice “aprobado en Cristo” (Ro. 16:10) donde tal expresión significa “uno que aprueba el examen” y dicha calificación viene de Dios. Debemos saber que somos aceptos por la sangre del Señor (Ef. 1:6-7) y aunque débil sea la fe, si descansamos en la obra de Cristo, somos aceptos. Pero cosa muy distinta es ser aceptables a Dios. Somos aceptables porque hacemos lo que agrada a Dios (Ro. 14:17-18; He. 13:20-21). La vida cristiana es un camino de aprender a ser aceptable a Dios, por esto Pablo escribió: “Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables” (2 Co. 5:9). Esto se aprende por la Palabra de Dios y en comunión en la asamblea junto a los hermanos, por eso se nos dice; “comprobando lo que es agradable al Señor” (Ef. 5:10). Aquí tenemos a 32.000 soldados que serán examinados para ver si son aprobados.

(1) Están los orgullosos y autosuficientes.
(2) Están también los miedosos y de corta duración.  
(3) También están los descuidados y superficiales.                            (4) Finalmente están los aprobados, que terminan siendo los menos.

    A continuación examinaremos a cada grupo, uno por uno, y veremos como Dios nos va descubriendo también a nosotros si somos aprobados.

continuará, d.v., en el siguiente número

Camilo Vásquez es un siervo de Dios que reside en el sur de Chile con su esposa Jessica.

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 ¿30 Centímetros o 30 Metros?


Yo tenía apenas un año viviendo en Venezuela, en Puerto Cabello, cuando recibí la triste noticia de la muerte de una niña en las afueras de la ciudad. Su madre no se había dado cuenta de que la criatura de poco más de un año de edad se había alejado de la casa y llegado a la boca de un pozo abierto en el cual, cayendo al fondo, se ahogó en treinta centímetros de agua.
    Di mi pésame, y hablé a los vecinos acerca de Jesucristo quien murió, resucitó y vive para salvar a los que en Él confían. Después, acompañé a los amigos de regreso a la ciudad. Pero no llegamos a buena hora como esperábamos, porque hubo otro funeral.
    Dos soldados apostados en el Cuartel Libertador habían recibido órdenes de buscar piedras en una cantera al otro lado de la bahía. Sobrecargaron su embarcación y naufragaron en un punto donde la profundidad de las aguas era de casi treinta metros. Uno de ellos fue arrastrado al fondo y su cadáver había sido encontrado cuando pasamos frente a la playa.
    Ahora, amigo, mi pregunta es: ¿cuál de los dos está más muerto? ¿La débil niña que se ahogó en treinta centímetros de agua, o un fuerte joven que se ahogó en treinta metros?
    “Ah”, dice usted, “no sea tonto. ¡Los dos están igualmente muertos”. Es verdad, y estamos de acuerdo. Así, otra pregunta: ¿Cuál está más muerto: el pecador “bueno”, o el “malo”? Desde luego, a lo espiritual y eterno me refiero. Estoy preguntando acerca de los que viven físicamente pero están, como dice la Biblia en términos apostólicos: “muertos en delitos y pecados”.
    No se apresure, amigo, en su respuesta. No vienen al caso las opiniones, los prejuicios y las teorías. Vayamos a la Biblia y veamos lo que dice Dios:

“El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.  Romanos 5:12

“Cada uno es tentado... cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”. Epístola de Santiago 1:13-15

“No hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.  Romanos 3:22-23

    Esto nos basta. Ya vemos que Dios habla de todos y cada uno: la gente religiosa, culta, de “treinta centímetros” de satisfacción propia, porque practica su religión, y la gente antisocial, a quien tildamos de “treinta metros” de pecado a la vista. Solemos fijarnos mucho en la diferencia entre esas dos clases de personas, y decimos "buenas" y "malas". Pero Dios declara: "no hay diferencia". Usted está incluido y yo también, igualmente necesitados de la vida eterna.
    Todos somos pecadores, y por eso, dignos de muerte. Así que, si un religioso muere sin nacer de nuevo por la fe en Cristo, irá a la condenación eterna igualmente como el no religioso que muere sin Cristo. Lo mismo da.
    Pero, si bien “la paga del pecado es muerte... la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, dice Romanos 6:23
    Ya que todos somos pecadores culpables, la invitación y promesa del Señor se extiende igualmente a todos. “El que oye mi palabra”, dijo Jesucristo, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

Sidney ("Santiago") J. Saword
durante muchos años, desde el año 1916 evangelizaba y enseñaba en Venezuela

jueves, 30 de junio de 2022

EN ESTO PENSAD julio 2022

 MALDITOS LOS ANTISEMITAS

William MacDonald


“Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré”.  Génesis 12.3

Cuando Dios llamó a Abraham para que fuera la cabeza de Su pueblo escogido, prometió bendecir a los amigos de esa nación y maldecir a sus enemigos. En los siglos que siguieron el pueblo judío ha sufrido indecible hostilidad y discriminación, pero Dios no ha suprimido la maldición contra el antisemitismo.
    Amán tramó la destrucción del pueblo judío en Persia. Embaucó al rey para que firmara un decreto irrevocable. Por un momento todo pareció moverse a su favor, pero pronto comenzaron a surgir escollos. El archiconspirador se precipitó de fracaso en fracaso hasta que finalmente fue colgado de la horca que había construido para Mardoqueo el judío.
    Adolfo Hitler no aprendió de la historia y fue condenado a repetirla. Inauguró un atroz programa para barrer a los judíos en campos de concentración, cámaras de gas, hornos crematorios y ejecuciones masivas. Parecía que nada podía detenerle. Pero entonces la marea cambió y murió ignominiosamente con su amante en un bunker de Berlín.
    El antisemitismo alcanzará su más horrendo clímax durante la Gran Tribulación. Los judíos serán entregados para ser afligidos y asesinados; las naciones gentiles les aborrecerán. Grandes multitudes serán masacradas. Pero se interrumpirá con la venida personal del Señor Jesucristo. Aquellos que persiguieron a Su pueblo serán destruidos y los que ofrecieron su amistad a los hermanos judíos de Cristo entrarán en el Reino.
    Ningún creyente verdadero debe permitir jamás que su alma se contamine con  rastro alguno de antisemitismo. Su Señor, su Salvador, su mejor y verdadero Amigo fue y es un judío. Dios comisionó al pueblo judío para que escribiera y preservara las Escrituras. Aunque Dios ha puesto a un lado temporalmente a la nación judía por rechazar al Mesías, todavía ama a Israel por causa de los Padres. Nadie que odia a los judíos puede esperar la bendición de Dios en su vida y servicio.
    “Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman” (Sal. 122.6). Todos los que aman al pueblo judío prosperarán.

de su libro: De Día en Día, CLIE

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“Los ingleses tampoco pueden lavarse las manos, pues en 1290 Eduardo I proclamó la expulsión de los judíos de Inglaterra. Esto se anuló y fueron admitidos en el siglo XVII.
    España también es culpable. La España medieval, bajo los reyes católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, publicó el Edicto de Granada, que expulsó y desterró a los judíos (31 marzo, 1492). Comenzó  a perder su potencia militar, imperio y riquezas. La destrucción de su “Armada Invencible” en 1588 es un ejemplo. En el Siglo 17 Cataluña y luego Portugal se rebelaron.  Luego Napoleón invadió y de 1808 a 1814  Francia gobernó a España. En 1898, tras la breve guerra hispano-estadounidense, España perdió Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. España nunca ha indemnizado a los judíos por todos los daños y perjuicios.
    Debido a la influencia de España, Portugal también acabó expulsando a los judíos. “Desde 1496 comenzaron las ordenanzas reales contra la judería portuguesa”.1 Posteriormente Portugal perdió su grandeza y poder.
    ...Tampoco quedan sin culpa los de la Reforma. Los Nazis utilizaron el libro del reformador Martín Lutero: Sobre los Judíos y Sus Mentiras, para justificar la supuesta moralidad de su ideología. Lutero atacó acerbamente a los judíos como bestias venenosos, víboras, roña asquerosa, parásitos,  cánceres y demonios encarnados. Recomendó un pogromo 2 contra ellos, llamando a oprimirlos y expulsarlos. Esas ideas fueron adoptadas y usadas, como la triste historia demuestra. Lamentablemente, Lutero fue culpable de incitar ese odio”.

Carlos Tomás Knott, Israel: Nación Única, Libros Berea

1.  https://www.sfarad.es/la-expulsion-de-los-judios-de-portugal

2.  Pogromo, masacre, aceptada o promovida por el poder.   

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ESCOGE LO MEJOR

En Proverbios el padre enseña a sus hijos a valorar y escoger bien, cosa que muchos no hacen.

Pr. 15.16 “Mejor es lo poco con el temor de Jehová, que el gran tesoro donde hay turbación”. Temer al Señor y tener poco es preferido antes que tesoro con turbación. Muchos que tienen tesoros de este mundo no temen a Dios debidamente. Se afanan y se esfuerzan por tener grandes casas, muebles caros, fincas, automóviles y ropa costosa, pero no debemos envidiarlos ni imitarlos. Si viéramos tras la fachada atractiva, veríamos como Dios que sus vidas son turbadas de cosas más graves que falta de bienes.

Pr. 15.17 “Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio”. La comida de legumbres es típica entre los pobres – pero es mejor ser pobre y tener amor, que tener mucha comida cara y exquisita, y vivir en un ambiente de odio y conflicto. La comida no hace bien al alma, pero el amor sí, y el dinero no lo compra.

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"Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo".   Filipenses 1.9-10 

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 Clave Profética: El Salmo 110


“El salmo 110 nos da la clave de la historia. El único que puede corregir los males de este mundo, calmar sus tormentas, romper sus cadenas, sanar sus heridas, enderezar sus caminos torcidos y despachar sus tinieblas, está esperando en el cielo, porque no había lugar para Él en la tierra. Está sentado a la diestra de Dios, que es el privilegio exclusivo del Hijo y Heredero, Él pacientemente espera Su tiempo. Cuando llegue la hora, Dios intervendrá en la tierra a favor Suyo, y pondrá a Sus enemigos por estrado de Sus pies”.

 Max Isaac Reich, The Messianic Hope of Israel
(“La Esperanza Mesiánica de Israel”), Moody Press, Chicago, 1945.  

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Gedeón:  Un Joven Transformado

En Un Siervo De Dios
Camilo Vásquez Vivanco

viene del número anterior
Parte 8: Gedeón Y Su Vellón Seco
    
“Mas Gedeón dijo a Dios...Te ruego que solamente el vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra” (Jue. 6.39).
    

Dios concedió una tercera señal a Gedeón y se trató que sólo el vellón quedase seco y la tierra húmeda con el rocío celestial. Insistimos que hoy un creyente no necesita ni debe buscar señales para saber la voluntad de Dios para su vida. Tenemos con nosotros la voluntad de Dios revelada en la Biblia, y tenemos al Espíritu de Dios en nosotros para guiarnos en el camino de fe. El creyente que lee diariamente su Biblia y se congrega regularmente en una asamblea del Señor, siempre recibirá respuestas a sus oraciones para ser guiado.
    La sinceridad de Gedeón supera su falta de fe y Dios le responde para que su fe sea perfeccionada: “Y aquella noche lo hizo Dios así; sólo el vellón quedó seco, y en toda la tierra hubo rocío” (Jue. 6.40). Esta señal fue una muestra mucho más elocuente que la anterior pues se trató del rocío sobre toda la tierra dejando solo seco el vellón de lana. ¿Qué puede significar esto? Y además ¿Qué aplicación puede tener esto para nosotros? Ya hemos indicado que el rocío es una hermosa figura del Espíritu de Dios descendiendo después que el Señor fue glorificado (Sal. 133.3; Jn. 7.39). Antes el rocío solo fue en volumen para el tazón de Gedeón, indicándonos dos tipos de aplicación, primero a la Persona sin igual del Señor Jesucristo, donde el Espíritu estuvo sin medida (Jn. 3.34), y una segunda aplicación como un tazón de rocío dado particularmente a cada creyente por el Espíritu Santo.
    Ahora el rocío es suficiente llenando toda la tierra y podemos ver otras dos aplicaciones interesantes. Primero podemos ver en ese vellón seco a la nación de Israel que por su propio pecado Dios ha retirado su presencia de ellos (Sal. 78.60; Is. 63.9-10). La nación toda ha quedado endurecida por su rechazo de la salvación por medio del Señor Jesús tal como lo describe el apóstol al decirnos: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (Ro. 11:25). En vista de esto su Espíritu ahora está trabajando en todo el mundo produciendo fruto para la gloria del Señor tal como lo citó Pedro en el día de la fundación de la iglesia correspondiente a la fiesta judía de Pentecostés. Dios había profetizado por Joel: “derramaré mi Espíritu sobre toda carne...” (Hch. 2:16-17; Jl. 2:28-29). El rocío de Dios ha venido sobre todas las naciones tomando pueblo de ellas para la gloria de Dios (Ro. 15:9).
    También podemos ver una segunda aplicación sobre el rocío cubriendo toda la tierra refiriéndonos a la iglesia. Dios no coloca su gracia solo sobre algunos elegidos con dones especiales según alguna medida especial de fe, como aprendimos del tazón de rocío de la señal anterior. Dios quiere que su Espíritu esté en todo su pueblo y el fruto del Espíritu sea una experiencia normal. Es cierto que existen dones especiales y hermanos especiales con un servicio especial, pero es doblemente cierto que Dios ha dado de su Espíritu a todos sus hijos. Moisés dijo a Josué: “...Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos” (Nm. 11:29). El Espíritu ha venido para estar sobre toda la iglesia; por esto Pablo dice: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Co. 12:13). Todos los creyentes en Cristo fuimos bautizados en el Espíritu Santo donde este “bautizados”, es ser sumergidos en un cuerpo a saber la iglesia. Al convertirnos al Señor recibimos al Espíritu y los beneficios de ser parte de la iglesia.
    Se dice que a todos se nos dió a beber de su Espíritu, entiéndase los creyentes, sellándonos y asegurando nuestra salvación. Entonces Dios espera que el fruto del Espíritu esté en todos sus hijos con sus nueve cualidades. “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gá. 5.22-23). Recordemos que todos los dones no están en todos los creyentes, pero el fruto del Espíritu debe estar en todos y es tarea personal permitir el control del Espíritu por una vida de obediencia a la Palabra de Dios. La verdad es que la presencia del fruto del Espíritu Santo tiene que ver con tres acciones negativas que debemos evitar, a saber no entristecer al Espíritu (Ef. 4.30), ni apagar al Espíritu (1 Ts. 5.19), ni provocar a celos al Espíritu (Stg. 4.5; 1 Co. 10.22). A su vez debemos ser llenos del Espíritu Santo (Ef. 5.18) para permitir que Su Persona controle nuestras vidas. La llenura del Espíritu se evidencia por:
    
    • Control de la vieja naturaleza.
    • Conocimiento de la palabra de Dios.
    • Adoración al Señor.
    • Reflejo de la vida del Señor en la vida personal.
    
    Lo que más glorifica a Dios en la iglesia no es que existan algunos dotados con un tazón especial de rocío, pues suelen ser traicionados por la carne, esto fue lo que sucedió con Gedeón. Lo que le glorifica es una iglesia donde en todos está el fruto del Espíritu, “porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad” (Ef. 5:9). Al final de cuentas una iglesia puede carecer de dones especiales en la enseñanza u otro don público, pero si todos tienen el fruto del Espíritu la iglesia será edificada y consolidada para levantar esos dones y permitir la morada del Espíritu (Ef. 2.22).

continuará, d.v., en el siguiente número

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¡No Os Engañéis!

Una de las advertencias más claras en el Nuevo Testamento  – “no os engañéis” – tiene que ver con los falsos profetas y maestros que desencaminan a muchos. Se disfrazan como hermanos en Cristo, siendo lobos con pieles de ovejas, e introducen errores y herejías destructoras. Pasando desapercibidos, atacan con destreza, devoran y al final dispersan a las ovejas (Hch. 20.29). Semejante decepción surgió temprano en la iglesia, en tiempos apostólicos, y hoy sigue obrando entre las almas ingenuas.
    En esta gran lucha, nuestro Dios en Su misericordia no ha dejado indefensos a los que buscan la verdad. Ningún creyente tiene por qué ser engañado, ya que la Palabra de Dios deja descubiertas las tácticas y enseñanzas de los falsos maestros.
    La Biblia enseña que la decepción a menudo viene de las files de los que profesan ser cristianos, es decir, los que ya están dentro de las iglesias. Nos equivocamos si pensamos que el engaño solo viene de fuera, porque debe ser muy obvio que no es así. La epístola de Judas nos advierte: “Porque algunos hombres han entrado encubiertamente” (v. 4). Nos imaginamos cuál fue la sorpresa de los lectores de su epístola, al saber que algún “maestro de confianza” les había engañado. Quizás estaban tan decepcionados que respondieran así: “¡Cómo te atreves a criticar a ese hermano!” Estimado lector, ¿has considerado la posibilidad de que algunos de los maestros tan populares y alabados en las iglesias evangélicas sean en realidad falsos profetas? ¡No te engañes! El engaño también sale de los púlpitos.
    Debemos recordar que los engañadores promueven la sabiduría humana y la tradición. El apóstol Pablo advirtió a los creyentes colosenses: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Col. 2.8).
    La Biblia dice claramente que las Escrituras contienen todo lo que necesitamos para la vida y la piedad (2 Ti. 3.16-17; 2 P. 1.3). Las claves para la victoria sobre el pecado no están en las filosofías humanas, tales como la psicología y la sociología, sino en la dependencia absoluta en el Espíritu Santo, la oración y la obediencia implícita a la Palabra de Dios. Sin embargo, los púlpitos, los programas radiales y de televisión y las librerías “cristianas” están llenos de materiales que promueven las huecas tradiciones humanas. Hoy las enseñanzas de la autoestima, el amor propio, y otros conceptos psicológicos son disfrazadas de “cristianas”, rociadas con textos bíblicos, y presentadas como soluciones a nuestros problemas. Quienes hacen esto ya no consideran a la Biblia como adecuada y suficiente para “toda buena obra” (2 Ti. 3.17). Insisten que hay que modernizarse, cambiar con los tiempos, y además, tildan de “anticuados” a los que se ciñen a las Escrituras. Tristemente, la evidencia señala que muchos profesados cristianos están terriblemente decepcionados. ¡No dejes que a ti también te engañen! En la cuestión de la verdad, no hay fuerza en los números ni en la unión. No importa lo que piensa, diga o haga la mayoría. Dios tiene razón, aunque toda la raza humana esté en contra. “Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Ro. 3.4).
    Finalmente, los engañadores pervierten la enseñanza bíblica sobre la salvación. De hecho, gran parte de las advertencias en el Nuevo Testamento tienen que ver con ese tipo de engaño. Judas escribe: “Porque algunos hombres han entrado encubiertamente... hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Jud. 4). No habla de engañar a los incrédulos, sino a los cristianos, porque el texto dice: “han entrado”, esto es, en las iglesias. Muchas iglesias hoy descuidan totalmente la recepción a la iglesia, y admiten a casi cualquiera que dice que es un cristiano bautizado. Esto facilita la entrada o posteriormente el surgimiento de los falsos maestros. Predican un evangelio defectuoso, de modo que dan a los oyentes licencia para pecar. Es típico hoy oír a predicadores llamar a la gente a “hacer una oración para aceptar a Jesús”, aunque la Biblia nunca dice eso. Invitan a las personas a recibir a Cristo como su Salvador, para el perdón de sus pecados, pero no paran en la necesidad de arrepentirse de ellos y confesar a Jesucristo como Señor (Ro. 10.9). El resultado es que muchos de los evangélicos que profesan ser creyentes viven de modo poco distinto de los del mundo. Siguen sin cambiar, en sus actitudes y hechos pecaminosos, y su independencia de Dios – son autogobernados – y creen que sus almas están preparadas para el cielo, cuando en realidad todavía están en el camino ancho que lleva a la perdición. Quizás hayan cambiado de carril pero están en el mismo camino que antes. Los falsos maestros les dicen que son “cristianos carnales”, cuando simplemente son carnales. Romanos 8.8-9 enseña claramente que los cristianos verdaderos no son carnales. Pero a esos carnales, el hecho de practicar los domingos un poco de religión evangélica no les salva de su destino terrible, que es el destino de todo pecador, sea religioso o no.
    En defensa de esa clase liviana de predicación, muchos maestros bien conocidos afirman con denuedo que la vida de uno no tienen ninguna relación con su estado espiritual, ni indica nada acerca de su destino eterno. Sin embargo, la Palabra de Dios advierte claramente que tales maestros son engañadores. Considera lo que dice el apóstol Juan en su primera epístola, y recuerda que era divinamente inspirado: “Hijitos, nadie os engañe, el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo... Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar porque es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo...” (1 Jn. 3.7-10).
    Sin duda el apóstol enseña que la justicia práctica está íntimamente relacionada con la nueva vida de los que han nacido de nuevo. Podríamos decir que el nuevo nacimiento es la causa, y el efecto que produce es: “el que hace justicia”. El que sigue practicando el pecado es del diablo, por mucho que diga que conoce a Dios. De hecho, el verdadero creyente, aunque no es intachable, no puede practicar el pecado. Por este criterio se manifiestan los verdaderos creyentes y los falsos. El apóstol Pablo también advirtió acerca de los que enseñan que la salvación y la vida pecaminosa son compatibles y coherentes: “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia” (Ef. 5.5-6).
    Apreciado lector, ¿qué de tu alma? ¿Acaso crees que has sido gloriosamente salvo, pero en realidad tu vida se caracteriza por la injusticia y la impiedad, o por la apatía espiritual, o eres tibio en las cosas de Dios? ¿Profesas conocer al Señor Jesucristo, pero tu corazón no tiene sed del Dios vivo? ¿Te dices ser hijo de Dios, pero te falta la clara evidencia de una vida de santidad y piedad en la práctica? Amigo, si estas cosas te retratan, ¡estás terriblemente engañado y andas en peligro de la ira de Dios! No importa que hayas sido bautizado o que lleves años congregándote, pues todas las religiones falsas tienen a sus fieles adherentes.
    Alguien dijo: “Si piensas que no puedes ser engañado, ¡ya estás engañado!” Satanás, el experto engañador, ha salido para engañar al mundo entero (Ap. 12.9), ¡y eso te incluye! Pero Dios llama una y otra vez, a través de Su Palabra, diciendo: “No os engañéis” (Gá. 6.7; y “no erréis” en 1 Co. 6.9-10; 15.33; Stg. 1.16). Por eso, si ahora te das cuenta que te has equivocado, o te han engañado por una enseñanza falsa, sé honesto con Dios y contigo mismo, y confiésalo. Dios te enseñará la verdad cuando la busques en las Escrituras. Si encuentras que estás engañado acerca de tu propia salvación, no demores, sino arrepiéntete y acuda al Señor y Salvador Jesucristo. Si aguardas la esperanza de entrar en la vida eterna, debes hacer caso de la advertencia solemne de las Escrituras: “No os engañéis”.

Dr. Jorge Sturm

"El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos,
el tal es mentiroso, y la verdad no está en él"

1 Jn. 2.4

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 DOS  HIJOS

“Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Lucas 15.21

“Padre...yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese”.  Juan 17.1, 4    

En estos dos textos aparecen dos hijos que estuvieron lejos de su casa natal, y después de un tiempo cada uno volvió al hogar. Cada uno habló con su padre acerca de los años que habían pasado, pero ¡qué diferencia hay entre los dos!
    El hijo pródigo se había apartado porque no quería estar sujeto sino independiente. Tomó todo lo que su padre le dio, una herencia, sin que el lo ganara trabajando, y salió para vivir como le daba la gana. Luego que se apartó, escogió a sus propios amigos y vivió de una vida egoísta y desenfrenada. Echó a sus espaldas todo lo que su padre le había enseñado. Se salió con la suya, pero ¿a qué coste? Desperdició su porción de la herencia, ensució el honor de su padre y le causó tristeza y dolor. Acabó hambriento en compañía de los cerdos. Por esto, tuvo que arrepentirse, y volverse humildemente a su padre. Reconoció sin reservas ni auto justificación el mal que había hecho, y la pérdida de sus derechos como hijo. Ya no podía demandar nada, pues todo lo había perdido. Así somos los seres humanos para con Dios. Tomamos todo lo que Él nos da, y le damos la espalda para vivir como nos parece.
    Pero el otro hijo, el Señor Jesús, el Hijo eterno, fue completamente distinto. ¡Hermoso, bendito Hijo! Aunque poseía todo y tenía derecho a todo, nunca actuó por Su propia cuenta, ni desperdició nada de lo que el Padre le había dado. Sólo se marchó del cielo de acuerdo a la voluntad de Su Padre. El honor del Padre era Su gran pasión, Su única delicia. En el mundo hacía siempre lo que agradaba a Su Padre. A gran precio se sacrificó a sí mismo, para cumplir la voluntad del Padre. Fue obediente hasta muerte, y muerte de cruz. Entonces, Su vuelta a casa no fue en humillación ni con confesión, sino al contrario, en triunfo y con gozo, y se sentó a la diestra del Padre en la gloria. ¡Este Hijo merece nuestra adoración! Además, hermanos, debemos también imitar Su ejemplo, ser obedientes aunque cueste gran sacrificio, y vivir para glorificar al Padre, no para nuestras pequeñas metas egoístas.  
                 

adaptado del calendario devocional “Choice Gleanings”

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El Filósofo y el Naufragio


Un filósofo es el que supuestamente tiene amplio conocimiento de ciertas cosas, un pensador, tal vez habiendo leído y estudiado mucho, y que intenta razonar casi todo en la vida.
    Cuentan de cierto filósofo que había estudiado mucho y tenía grandes conocimientos. Un día le tocó viajar en barco, y para pasar el tiempo abordo preguntó al piloto si había estudiado la astronomía.
    “¿Astronomía?” respondió el otro. “No, señor, nunca he oído de eso”.
    El filósofo comentó: “Cuánto lo siento, porque has perdido la cuarta parte de tu vida”.
    Poco después el barco chocó con una roca sumergida y comenzó a llenarse de agua. El marinero se quitó el abrigo para echarse al agua y nadar hacia la orilla. Volviéndose al pasajero le preguntó: “¿Sabes nadar?”
    “¡No, no puedo!” gritó el filósofo desesperadamente.
    “Bueno, pues, lamento decirte que has perdido, no la cuarta parte de tu vida, sino toda ella, porque este barco se hunde”.
       
    La gente puede saber mucho de astronomía, matemática, geología, medicina y otras ciencias, o de teorías como filosofía y psicología, pero si no conoce al Señor Jesucristo, al final se perderá eternamente. Cuando pasen a la eternidad, no llevarán consigo esas cosas.
    ¿De qué le servía al filósofo sus conocimientos si no sabía nadar cuando se hundió el barco?
    ¿De qué le servía al filósofo sus conocimientos si no sabía nadar cuando se hundió el barco?
    ¿De qué sirve la riqueza, el conocimiento, la fama, el poder o la gloria de esta vida al que está a punto de morir y pasar a la eternidad sin Cristo?  Jesucristo preguntó: “¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36).
    Hay cosas que sirven para la vida, que no sirven en la hora de la muerte. Si queremos llegar a la orilla eterna sanos y salvos, hay cosas que debemos aprender. Primero, que somos por naturaleza pecadores perdidos e incapaces de agradar a Dios. La Biblia lo enseña, pero pocos asimilan la lección:
    “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3:10-18).
    Además, estando perdidos, no podemos salvarnos a nosotros mismos. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8). La solución no está en el hombre, sino en Dios: “no de vosotros”. “No por obras para que nadie se gloríe” declara el texto sagrado (Efesios 2:9).
    El que quiere ser sabio, aprenda esto: la única obra que vale para perdonar y salvar a los pecadores es la de Jesucristo en la cruz del Calvario. Allá Él terminó la obra de salvación, mediante Su sacrificio, y satisfizo las justas demandas de Dios contra todo pecador. Por eso al morir en la cruz Cristo gritó: “Consumado es” (Juan 19.30). Los que son sabios le creen y aceptan Su sacrificio. A cada pecador sólo le queda reconocer de manera personal su condición perdida, arrepentirse y recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Sin hacer esto, por mucho que sepa o logre en esta vida, se perderá por toda la eternidad. Por eso te urge confiar única y completamente en el Señor Jesucristo. ¿Lo harás?

"¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación". 

1 Corintios 1.20-21