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viernes, 6 de abril de 2012

EN ESTO PENSAD -- abril 2012


LOS DISCÍPULOS A CORTO PLAZO
Parte II

 A. W. Tozer
               
No han abandonado sus otros amores
Otra marca es esta: “No han abandonado sus otros amores”. Fenelon dijo hace muchos años: “Abandona esos otros amores para que puedas encontrar el amor. Abandona a los otros amantes a fin de que puedas encontrar el gran amante. Abandona aquello que más amas a fin de que puedas encontrar el amor verdadero que permanece”. Pero estos “otros” discípulos no van a hacerlo, no están dispuestos a abandonar sus amores. Ellos quieren tomar el mundo en una mano y la cruz en la otra, y caminar por la cuerda del equilibrista entre el cielo y el infierno. Confían en que por la gracia de Dios puedan dar un salto final cuando se acercan a las puertas.
No, creo que no. Recuerdo a Balaam en las Escrituras. Oró de una manera quejumbrosa, y en base a esa oración, la mitad de los predicadores de este país le hubieran metido a empujones en el cielo. Él dijo: "Muera yo la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya" (Nm. 23:10).
Entonces se levantó y se pasó al lado de los pecadores y luchó en contra de los justos en la batalla. Cuando murió, ¿qué clase de muerte creemos que tuvo? ¿Murió la muerte de los rectos? Creo que no. Murió la muerte del pecador porque había vivido la vida del pecador. La persona que quiere morir la muerte de los rectos debe vivir la vida de los rectos. El que quiera morir como cristiano tiene que vivir como cristiano. El que quiera que el Consolador sea su refugio en esa hora tiene que permitirle que sea su refugio ahora mismo.

Todavía hay otras marcas
¿Quiere conocer otra marca de los “otros” discípulos? Pues bien, es esta, siempre se sentirán atraídos a ser parte de su propio grupo. Siempre irán con su propia compañía. En la mayoría de las iglesias están aquellos que afirman ser discípulos y que apenas han asistido a una reunión de oración al año. Hace algunos años el doctor William Pettengil lo explicó en detalle para nosotros. Estaba predicando sobre el libro de Hechos, y llegó al pasaje: “Y puestos en libertad [Pedro y Juan], vinieron a los suyos...” (Hch. 4:23).El doctor Pettengil insistió fuertemente en el hecho de que todos los seres humanos, si somos libres para hacerlo, por lo general nos inclinamos para estar con los nuestros. Demos libertad a las personas, y los que se inclinan por la pesca irán con otros pescadores. Otros a los que les gusta la música, se irán a escuchar un concierto. Dejemos a otros ir a donde quieran y se irán a un hipódromo para ver una carrera de caballos. A los cristianos les sucede lo mismo. Los que tienen corazón para la oración acudirán al culto de oración. Si tenemos corazón de cristianos, seremos algo más que simplemente cristianos del domingo por la mañana.

Están también los que dicen: “Soy un discípulo de Cristo”, pero ignoran con ligereza o rechazan muchas de Sus palabras o mandamientos.
Algunos maestros han tratado de envolver a Cristo en una niebla color de rosa de sentimentalismo. Pero no hay de verdad ninguna excusa para no entenderlo. Él trazó la línea tan fina como una cuerda de violín. Dijo: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mt. 12:30). “Pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Jn. 3:18). “El que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn. 3:36). Y en aquel gran día cuando juzgará a la humanidad, Cristo Jesús dice que “apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos”. Luego agrega: “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mt. 25:32, 46). Esas declaraciones no dejan una zona de crepúsculo, no dejan nada intermedio.
A. W. Tozer, del capítulo 4 de su libro FE MÁS ALLÁ DE LA RAZÓN
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HONRAD AL HIJO

El Padre espera que todos honren al Hijo como honran al Padre. He aquí cuatro razones:
1. El Padre le ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo. (Jn. 5:26) El Padre señala en Su Hijo la más grande señal de Su deidad: el existir por sí mismo. No sólo el Padre existe por sí mismo, sino también el Hijo. Esto significa que el Hijo no depende de otro para Su existencia. No es una criatura, sino el Creador (Col. 1:16). Es eterno como el Padre. No hay ángel ni otro ser creado que sea así (léase Hebreos 1).
2. Todo lo que el Padre hace lo hace el Hijo igualmente (Jn. 5:19). Nadie más puede decir esto, y sobre todo ningún ser humano. Así como el Padre creó el mundo y gobierna el universo, y sustenta todas las cosas con Su poder, así también hace el Hijo. Este varón, Jesús de Nazaret, que fue menospreciado en las calles de Israel, es Dios hecho hombre, y aunque encarnado así, todavía andaba en perfecta comunión con el Padre. En Juan 10:30 dijo: “yo y el Padre uno somos”.
3. El Hijo tiene autoridad para dar vida a los muertos que Él quiere (Jn. 5:21). Al resucitar a Lázaro, no tenía que preguntar si lo hacía o no, porque tenía autoridad para dar vida a los muertos. Sin embargo, oró al Padre porque todo lo hacía en comunión perfecta con Él. Así en todos los casos en que Él resucitó a muertos, y en los casos de los incontables muertos que resucitará en el futuro. Llegará un momento en que la voz del Hijo de Dios (no la del Padre) se oirá y su sonido será tan potente que alcanzará a todos los que están en los sepulcros. Los muertos oirán la poderosa voz del Hijo de Dios, y saldrán. 
4. El Hijo tiene autoridad para juzgar (Jn. 5:22, 27). Todo el juicio que se realizará en el futuro, sobre toda la humanidad – creyentes e incrédulos (en diferentes momentos), grandes y pequeños, reyes y vasallos – será por el Señor Jesucristo, el Hijo eterno de Dios. El Salmo 50:6 declara que “Dios es el juez”, y el Señor Jesucristo es ese Dios Juez.
Postrémonos delante de Él reconociendo que es Dios, uno con el Padre, la resurrección y la vida, y Juez eterno. En Jesucristo Dios ha hecho descansar Su poder, divinidad, gloria, y excelencia. ¡Es digno de nuestra adoración y honra, y no sólo honra de labios, sino de corazones y vidas obedientes!
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NO DESAMPAREMOS A LOS SIERVOS DEL SEÑOR

"Ten cuidado de no desamparar al levita en todos tus días sobre la tierra" (Dt. 12:19). "Y no desampararás al levita que habitare en tus poblaciones; porque no tiene parte ni heredad contigo" (Dt. 14:27). "¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? ...¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio" (1 Co. 9:7-14). "El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye" (Gá. 6:6).

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¿Somos Siervos O Sólo Creyentes?

C.T. Studd, misionero a tres continentes, cuando tuvo 50 años, salió para ir a África en contra del consejo de los médicos y el deseo de sus ancianos y amigos. Fue al interior de África y vivió allí predicando el evangelio durante 20 años. Escribió:
“¿Cuándo podrá Dios preguntar al diablo: 'Has visto a todos mis cristianos de hoy en día? Entre ellos no hay quien busque el oro, los placeres, el honor ni la comodidad. Derraman su sangre por amor del Nombre de mi amado Hijo, para alcanzar a todos los hombres con mi salvación'. Sí, ¿cuándo? ¿Cuándo será la iglesia 'militante' realmente militante aquí en la tierra?”
En algunos ejemplares de los libros antiguos de creyentes encontramos este pensamiento:  “La historia no se hace con filósofos sino con mártires, hombres cuyas vidas son una lección ilustrada acerca de sus doctrinas. Los profetas judíos eran a la vez pensadores y mártires. Tuvieron pensamientos altos acerca de Dios, caminaron en comunión con Él, y vivieron sus vidas para Él, porque ellos no eran suyos, sino de Dios”.

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"En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad" (1 Jn. 3:16-18).

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LOS POLLOS NO SABÍAN

"¿De dónde vienen esas plumas?" Viajaba en la carretera cuando vi plumas flotando en el aire delante mío. Poco después encontré la causa, porque alcancé a un camión grande y lleno de jaulas de pollos. 
Adelanté al camión y pensé: “¡Pobres pollos! No saben que van al matadero”. Casi parecía que disfrutaban del paseo, pero pobrecitos, dentro de pocas horas estarían muertos, limpiados, empaquetados y llevados al mercado para vender a los consumidores. ¡No sabían que estaban en el camino de la muerte!
Muchas personas son como aquellos pollos. Disfrutan del paseo que dan por la vida, pero no saben a dónde van, especialmente después de la muerte. ¿Lo sabes tú, amigo?
Lee la Biblia y verás a dónde vas a ir a parar. La tele no te lo va a decir, ni el cine, ni muchísimas personas, porque ellas también son como aquellos pollos que no sabían a dónde iban.  La Biblia te dirá la verdad. Quizá por esto muchas personas no la leen, porque tienen miedo de saber la verdad. Pero este Libro Divino también te dirá cómo puedes obtener el perdón de tus pecados y estar seguro de ir al cielo cuando mueras. Comienza leyendo el Evangelio según S. Juan.
Allí el Señor Jesucristo dice así: “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (S. Jn. 10:28).
En otra parte del Nuevo Testamento el apóstol San Juan escribió así: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Jn. 5:13).

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“QUE TODOS HONREN AL HIJO” 
Juan 5:23

“Vosotros me llamáis Señor; y decís bien; porque lo soy” (Jn. 13:13).

“...nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús, y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Co. 12:3).

“Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Ef. 5:20).

Pedimos todo esto en el nombre de Jesus, Amen!” dijo enfaticamente el predicador al final de su oración. Era evidente que hasta ese momento él rara vez había considerado que Cristo es el SEÑOR. Ésta es la gran verdad que Dios nos dio a nosotros, los que somos nacidos de nuevo y por tanto Su Iglesia, los que formamos el cuerpo de Cristo, a través del ministerio de Pablo el apóstol. 
En la cristiandad profesante probablemente ninguna parte de la verdad es tan rechazada como ésta. Los apóstoles hubieran sido grandemente turbados e instado al arrepentimiento si hubieran oído la manera en que este moderno mundo religioso deshonra ese precioso Nombre, que es sobre todo nombre, que Dios el Padre le dio al Hijo. 
El uso irreverente de este Nombre y título probablemente es parte de una tradición que comenzó hace cientos de años. Otra razón es ciertamente una completa falta de entendimiento de la incomprensible humildad del Hijo del Dios viviente. Finalmente, una general ignorancia concerniente a como dividir correctamente la Palabra de Verdad (2 Ti. 2:15), con el resultado de que los creyentes toman como base la terminologia registrada en los cuatro evangelios, en lugar de guiarse por las epístolas de Pablo. Muchos escritores de himnos se han también olvidado de esta gran verdad. Hoy es muy difícil para los creyentes encontrar himnos que reverentemente enfaticen el Señorío de Cristo. 
Con nuestra Biblia abierta el texto de 1 Corintios 12:3 dice que ninguno puede confesar a Jesús como Señor excepto a través del Espíritu Santo. Admitimos que una persona puede aprender a decir estas palabras, pues aun un loro podría hacerlo. Sin embargo, ni un loro ni una persona no creyente pueden reverentemente hablar de Él como “su Señor” con plena conciencia de lo que esto significa. Las personas no salvas simplemente no hablan de Él como su Señor. El segundo texto bíblico citado, Efesios 5:20, nos provee el modelo de oración para instruir espiritualmente al hijo de Dios. Somos enseñados a orar al Padre en el Nombre de nuestro Senor Jesucristo, dándole de ese modo todo el honor de Su título y posición.
“Pero, no es Su nombre Jesús?” ¡Absolutamente! Pero ese es el nombre de Su humanidad y humillación cuando vivía sobre la tierra. Este es “Cristo según la carne”, lo que significa Su ministerio terrenal. En 2 Corintios 5:16 Pablo nos aclara: “aun si a Cristo conocimos según la carne, empero ahora ya no le conocemos”. Ahora Le conocemos como el Señor resucitado, dado como la Cabeza sobre todas las cosas a Su Iglesia, la cual es Su Cuerpo (Ef. 1:22). Naturalmente, Él recibio el nombre “Jesús” por mandato divino; sin embargo, que les fue revelado a los pastores en ese tiempo, “...el cual es Cristo el Señor” (Lc. 2:11). Leemos concerniente a Su ministerio terrenal “... que Jesucristo fue ministro de la circuncisión (los judíos) por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres” (Ro. 15:8). Sin embargo, Su ministerio popular es algo diferente. En el versículo 16 del mismo capitulo Pablo escribe: “Para ser ministro de Jesucristo a los gentiles”.
Un cambio maravilloso respecto a Su nacimiento en este mundo está escrito: “... y llamaras Su nombre JESÚS: porque Él salvara a Su pueblo de sus pecados” (Mt. 1:21). Como Salvador, Él llevó el nombre "Jesús". Pero compare este versículo con otro más adelante: “Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús que vosotros crucificasteis, Dios ha hecho Señor y Cristo” (Hch. 2:36). ¿Qué sucedió durante ese intervalo para cambiar el enfasis de “Jesús” en el título “Señor”? ¡Obviamente, Su resurrection! Él es ahora el exaltado Señor y Mesías. Dios mismo Le ha dado un Nombre que es sobre todo nombre (Fil. 2:9), y no es ciertamente el simple nombre “Jesús”, porque Él ya tuvo ese nombre durante Su humiliation y obediencia, y otros han tenido y tienen ese nombre. Él no es más simplemente “Jesús” para Su Iglesia hoy; es la Cabeza exaltada, el Señor Jesucristo. Es el “Kyrios” (griego), el SEÑOR. Es Señor sobre la vida y la muerte y sobre todo poder y fuerza. La más alta exaltación y honra seguida a la más profunda humillacion. Bendito sea este glorioso Salvador, el Señor de señores y Rey de los reyes a la gloria de Dios Padre. 
El divino cambio incluye una interesante transición la cual revela el importante hecho de que el periodo de tiempo entre el bautismo de Juan y “los Hechos de los Apóstoles”, fue dispensacional, de carácter transitorio. La transición entre la presentación judeo-mesiánica del Antiguo Testamento (y el registro de los cuatro evangelios) y el misterio de un cuerpo en las epístolas de Pablo es visible en varias maneras. Asi, encontramos el nombre “Jesús” cientos de veces en el registro de los cuatro evangelios, 29 veces en los Hechos, y alrededor de 10 veces en las cartas que Pablo escribió antes de su encarcelamiento, y sólo dos veces en las que escribió estando preso. 
Por otra parte, no encontramos el nombre “Señor Jesucristo” registrado en los cuatro evangelios, mientras que lo encontramos cinco veces en los Hechos y un total de 32 veces en las epístolas de Pablo. Cuando se usa sólo el nombre “Jesús” algunas veces en las epístolas, hay una razón particular para usarlo de esta manera, como leemos en Efesios 4:21, donde dice: “como la verdad esta en Jesús”. Aqui Su vida terrenal se nos presenta como un modelo. Es también importante recordar que sólo el Espiritu Santo habla en las epístolas y no el escritor humano. 
Un ejemplo mostrando el cambio de “Jesús” en “Señor” se encuentra en el establecimiento de la Cena del Señor. En el evangelio está escrito (Mr. 14:22) “...Jesús tomó el pan”. Pablo, sin embargo, escribió en 1 Corintios 11:23 “...que el Señor Jesus...tomó pan”. Observemos que dijo que había recibido del Señor estas instrucciones. Si ustedes cuidadosamente escudrinan a través de las epístolas de Pablo, rapidamente notarán cuán cuidadosa y exactamente el Espiritu Santo confiere al Señor resucitado Su completo y honorable título: el Señor Jesucristo. 

Todos Le Llamaban Señor 
Aun en los cuatro evangelios se registra que el nombre de Cristo es convenientemente honrado. Su nombre “Jesús” se usa sólo en la narración. Esto significa que el Espíritu Santo como el divino Autor de la Escritura, está relatando todos los detalles históricos acerca de la humanidad de Jesús, refiriéndose a Él más precisamente como “Jesús”. (Note el cambio en Lucas 23:52 a 24:34. Como parte de la Deidad es Su justicia hacerlo así. Nunca, sin embargo – ni en el registro de los cuatro evangelios o en alguna parte del Nuevo Testamento – los discípulos se dirigieron a Él como “Jesús”, lo que hubiera sido una despectiva familiaridad. Ellos le llamaban “Señor”, dándole de esta manera el honor que merecía. (Ro. 13:7; Mal. 1:6). Los discípulos aun evitaron referirse a Él como “Jesús” cuando hablaban acerca de Él a otras personas. En Lucas 24:19 encontramos una excepción a esto: “de Jesús de Nazaret”. Aquí fue verdaderamente necesario para distinguirlo de otras personas del mismo nombre. La crucifixión de aquel en quien ellos creían como su mesías fue un terrible golpe para ellos. 
Ademas de los discípulos, María, Marta y todas las otras mujeres le llamaron así: “Señor”, como lo hizo el centurión en Mateo 8 y el agonizante ladrón en la cruz. A pesar de sus dudas Tomás dijo: “Señor mío, y Dios mío” en Juan 20:28. Lleno de reverencia, un discípulo le dijo a Pedro en Juan 21:7, “...es el Señor”. No dijo simplemente: “es Jesus”, como algunos creyentes irreverentemente dicen hoy. En Hechos 9:6 Saulo de Tarso fue suficientemente respetuoso al decir: “Señor, ¿qué quieres que haga?” Esteban veía a “Jesús” sentado a la mano derecha de Dios (Hch. 7:55), pero  exclamó: “... Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hch. 7:59). 

Quienes lo llaman “Jesús” 
Ahora consideremos las multitudes que hablan de Él como “Jesús”, sin agregar Su justo título. Esta manera de expresarse debe ser un agravio al verdadero Hijo de Dios. Es el habla de los incrédulos, y esto nos recuerda que “el mundo nos rodea”. Como nuestro primer texto muestra, sólo aquellos que personalmente conocen y aman al “Señor” como tal, lo confesarán así mediante la obra del Espíritu Santo. (“El me glorificará...” Jn. 16:14) Para las personas de este mundo Él es simplemente “Jesús”, el histórico Jesús, el gran maestro filósofo y religioso fundador y reformador de hace alrededor de 2000 años. Es también el hombre Jesús para los modernos liberalistas que niegan Su deidad, Su nacimiento virginal, Su obra completa de redención realizada en el Calvario y Su resurrección corporal. A lo sumo ellos ocasionalmente se refieren a Él como “Jesu-Cristo”, un hombre con un nombre y apellido.
Los enemigos de nuestro Señor también sólo lo llamaron “Jesus”, como ocurre en Hechos 4:2, 13, 18; 5:40; 17:7; 19:13 y 25:19, por ejemplo. Aunque los malos espiritus – demonios – le conocían y debían obedecerle, no se dirigían a Él como “Señor”, (por ejemplo: “Jesús, Hijo del Dios Altísimo...” – Mr. 5:7) Las Escrituras nos adelantan que en estos últimos días una renovada actividad demoniaca tendrá lugar (1 Ti. 4:1). La actividad demoniaca está claramente indicada por todos los variados cultos y movimientos de hoy en día, caracterizados por fanatismo y obsesión, milagros, señales y prodigios. Son todos conocidos por su irrespetuosidad en el uso del nombre “Jesús”, deshonrándole como si fuera meramente humano. 
El alarmante crecimiento denigrando y despreciando Su glorioso Nombre despierta interrogantes en las personas que profesan ser cristianas. ¿Cuá1 es mi posición con relación a Él? ¿Es realmente mi Señor y Redentor personal? ¿Soy salvo?  Espero, querido lector, que Ud. pueda hacerse a sí mismo esta pregunta sinceramente. “Ser religioso”, “asistir a las reuniones de la iglesia”, “hacer oración”, tener apariencia de piedad; cantar himnos piadosos, hacer buenas obras y actividades religiosas, predicar y aun decir: “Señor, Señor” (Mt. 7:22) – ninguna de estas cosas es prueba de salvación personal. (Jn. 3:3, 5-7; 2 Co. 5:17; 1 Jn. 2: 3-6; 5:1-3; Stg. 2:20, 26) 

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;  y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:9-11).

autor desconocido
gracias al hno. Benedicto L. Alonso en Valencia por facilitar este artículo




sábado, 3 de marzo de 2012

EN ESTO PENSAD -- marzo 2012

Los Discípulos A Corto Plazo

A. W. Tozer

 Otros son discípulos, pero sólo por un cierto tiempo. Me he encontrado con algunos de ellos. Siempre se dejan una puerta abierta. Nunca queman los puentes que dejan atrás. Nunca llegan a punto en el que no pueden volverse atrás. Creo que un cristiano es un cristiano de verdad, auténtico, cuando él o ella llega al punto de no poder volverse atrás.
Los miembros de nuestras iglesias no andarían preocupados acerca de si se pueden perderse o no después de ser cristianos si estuvieran en la situación y relación debidas con Dios. Necesitan decir: “Señor, no voy a preocuparme a cause de esos problemas teológicos; sino que lo voy a solucionar ahora mismo, y llegar al punto en el que ya no pueda volverme atrás. No quiero separarme de ti”. Pero hay todavía discípulos a corto plazo que aun no han llegado a ese punto de no poder volverse atrás. Son cristianos a medias, a corto plazo. Cristianos de temporada. Acuden...en Navidad, Semana Santa y en otras ocasiones especiales. Pueden ser muy religiosos en ciertas estaciones del año.

¿Ha oído alguna vez de discípulos “camaleones”? Cambian de color con el medio ambiente. Hay incluso algunos predicadores que son así. Tienen la habilidad de hablar como las personas del grupo en donde se encuentran. Si están con pensadores liberales, véalo, comenzarán a sonar como liberales. Si están entre evangélicos, hablarán como evangélicos. “Somos adaptables”, dicen. “Creemos en ajustes”. Esas personas no necesitan ajustes, ¡necesitan a Dios!
Como discípulos cristianos, debiéramos ser lo que somos en todo lugar. Como los diamantes. Un diamante no se ajusta a sí mismo conforme a la situación; es siempre un diamante. Así también debe ser con los cristianos; deben ser siempre cristianos. No somos cristianos si esperamos a que venga la atmósfera propicia para practicar nuestra religión. No somos cristianos si tenemos que ir al templo para ser bendecidos. No somos cristianos hasta que no nos hemos entregado completamente a Cristo, hasta que no hemos llegado al punto de no volvernos atrás, y ya no somos más cristianos de temporada, sino regulares. Seguimos adelante para conocer y saber más de nuestro amado Señor.
Es bueno que le echemos una mirada a las marcas de los que no son verdaderos discípulos. Algunos de ellos tienen un aspecto muy piadoso. De hecho, los domingos por la mañana parecen tan piadosos como búhos hinchados. Tenemos algunos de ellos en nuestros círculos evangélicos. Sienten que pueden ser piadosos los domingos a las 11:00 de la mañana. Es una hora muy conveniente. No tienen que ser religiosos para levantarse por la mañana a tiempo para el culto de las 11:00 de la mañana. Tampoco se pierden su comida los domingos. Reciben un poco de renovación. El culto no dura mucho. La música es buena la mayor parte de las veces. Sólo les cuesta la monedita que echan en la ofrenda.
En consecuencia, estos que acuden...sólo una vez a la semana, el domingo por la mañana, permiten que los demás los consideren sospechosos de que son sólo discípulos a medias, del domingo por la mañana. No asisten a los cultos lo suficiente para demostrar que son otra clase de discípulos.
continuará en el siguiente número 
A..W. Tozer, adaptado de su libro FE MÁS ALLÁ DE LA RAZÓN

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4 Motivos Apostólicos de Oración
(Parte II)

Texto: Filipenses 1:9-11
3. “A fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo”.

La palabra “sincero”, como hemos oído antes, es una palabra compuesta: sin-cera. Antiguamente usaban la cera para tapar defectos y engañar. Cuando había una grieta o defecto en una jarra, por ejemplo, la tapaban con cera, pero al exponerla a la luz del sol se veía la grieta porque la cera primero admitía la luz, y también porque con el calor del sol se derretía. Así que, sincera significa sin engaño, sin tapujos ni fachadas. Seamos transparentes y verdaderos. No podemos tapar nuestro carnalidad con una apariencia de piedad durante los cultos, para engañar al ojo. Dios dice que nos apartemos de toda contaminación de carne y espíritu. Que no invada la iglesia ni nuestras vidas nada que desagrada a Dios. Sinceros e irreprensibles es sin nada malo cobijado en nuestra vida. Dios tiene derecho a gobernar nuestra vida personal porque nos compró con la sangre de Su Hijo y como 1 Corintios 6:19 dice: “no sois vuestros”. Vivamos vidas irreprensibles que agraden a Dios, para que en el día de Cristo, esto es, el tiempo del rapto y el tribunal de Cristo, cuando el Señor repasará nuestras vidas, seamos hallados irreprensibles.
La fe fingida, no sincera, hace mucho daño en la vida. En 1 Timoteo 1:5 Pablo habla de una fe no fingida como meta de Dios en nuestras vidas. ¿Quién la tiene? 2 Timoteo 1:5 señala a la madre y la abuela de Timoteo, y también a Timoteo. Hermanos, esto nos dice que es posible vivir esta verdadera vida espiritual que es real, que agrada a Dios y no es ninguna fachada. La verdadera vida cristiana no es como esta vida de muchos que viven de una manera durante los cultos y de otra manera totalmente distinta el resto del tiempo. Juegan con dos barajas, y no serán irreprensibles en el día de Cristo. ¿Qué de nosotros? En 1 Tesalonicenses 3:13 Pablo dice: “para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos”. Él oraba así por ellos, y si queremos vivir la realidad de los primeros cristianos debemos orar así por nosotros y por nuestros hermanos.

4. “Llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”.

Pablo deseaba verles llenos, no con un poquito de fruto, sino llenos de frutos. El Señor Jesús dijo que el árbol se conoce por sus frutos, y “por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:16-20). Nadie tiene frutos de justicia sino por medio de Jesucristo. Es imposible tener este fruto, o el fruto del Espíritu, sin una verdadera conversión, y es imposible tener del Espíritu Santo está visible, y beneficia a los demás, porque contribuye a la salud general de la iglesia, y da gloria y alabanza a Dios. Cuando en Hechos los primeros creyentes vivían obedientes a Dios y unidos en la iglesia, alababan a Dios y tenían favor con todo el pueblo (Hch. 2:47). Debemos pedir que el Señor nos llene así, y debemos entregarnos a vivir sinceramente la vida cristiana, para que Dios tenga gloria de nosotros. En estos versículos Pablo nos enseña cómo orar unos por otros, y sobre todo, cómo vivir. Que el Señor nos ayude a hacer que estas cosas sean la realidad en nuestras vidas, para Su gloria. Amén.
de un estudio dado por L. B., el 1 de octubre, 2009una verdadera conversión sin tener después algún fruto espiritual en la vida. El fruto de la conversión y la presencia

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¿DÓNDE ESTÁN 
LOS INTERCESORES?

Is. 59:16 "Y vio que no había hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese..."
Ez. 22:30 "Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé".
Am. 6:1, 6 "¡Ay de los reposados en Sion, y de los confiados en el monte de Samaria...beben vino en tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos; y no se afligen por el quebrantamiento de José".
Es más fácil quejarse y criticar que interceder con amor, fervor y ánimo pronto. En tiempos de desliz espiritual, frialdad, mundanalidad y confusión, el Señor indica por los profetas que busca intercesores, y se maravilla de que no los haya.
Hombres como Abraham, Moisés, Samuel, Isaías, Daniel, Ezra y Nehemías están entre los que oraron con intercesión, confesando a veces los pecados del pueblo, y poniéndose en la brecha buscando no el castigo sino el perdón y avivamiento del pueblo del Señor. Job intercedía al principio del libro por sus hijos, y al final del libro por sus "amigos". El Nuevo Testamento nos enseña que el Espíritu Santo intercede por nosotros (Ro. 8:26-27), y el Señor Jesucristo también lo hace (Ro. 8:34; He. 7:25). Pero 1 Timoteo 2:1 aclara que rogar por otros es privilegio y responsabilidad de todo creyente. ¡Sigamos el patrón bíblico y seamos intercesores!                                      
Carlos

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¡El Mundo: Listo Para El Hombre!

El mundo empeora diariamente. El terrorismo, las guerras, los alborotos, la pobreza, el hambre, el colapso moral, los fraudes en las grandes empresas, el homicidio y el abuso de niños llegan a los titulares de los periódicos y telediarios todos los días.
    Siguiendo el rumbo actual, el mundo se acerca al desastre. Algunos lo esperan temblando, pero otros siguen viviendo como si nunca sucederá. Muchos están listos para “el hombre” que tiene las soluciones a los problemas. Se ha dicho: “¡Danos un hombre con respuestas, aunque sea Satanás!”
    La Biblia dice que ese hombre viene. (¡Puede que esté vivo ahora!). Engañará a muchos con sus milagros y poderes. Parecerá tener las soluciones para los problemas del mundo. Por un breve tiempo el mundo gritará: “Paz y seguridad”, pero luego experimentará destrucción repentina (1 Tesalonicenses 5:3; Apocalipsis 8 y 9).
    Ese “Anticristo” se exaltará como Dios y demandará la lealtad de todos. Los que rehúsan serán reos de muerte. Morirá un gran número de los habitantes del mundo.
    En preparación para la venida del Hombre de Dios, el Señor Jesucristo, para reinar en justicia (Ap. 11:15), Dios derramará juico tras juicio sobre el mundo. Entonces Jesucristo vendrá con gran gloria y por la palabra de Su boca destruirá al poder militar del mundo reunido en el lugar llamado Armagedón (Ap. 16:16; 19:19). Todo incrédulo será quitado de la tierra en juicio e irá al juicio final por sus pecados en el Gran Trono Blanco (Ap. 20:11-15).
    Cristo establecerá Su reino en el mundo y reinará en justicia (Ap. 11:15). Habrá verdadera paz, y la justicia se administrará con rapidez y precisión. Las armas de guerra serán cambiadas en herramientas agrícolas, la tierra rendirá grandes cosechas y no habrá más hambre. Aun el desierto florecerá. Jesucristo, rechazado por el mundo, será reconocido como el verdadero Hijo de Dios, “Rey de reyes y Señor de señores” (Lucas 24:24-27; Ap. 19:16).
    La pregunta que debes afrontar es: ¿Aceptarás al Señor Jesucristo antes de que venga para retirar del mundo a Su iglesia y se manifieste “aquel hombre” capacitado por Satanás? (Ap. 13:1-18). ¿O seguirás rechazándole y experimentarás el terrible juicio de este mundo, y luego le verás a Cristo en el juico por tus pecados (Ap. 20:11-15)?
    La Biblia nos dice estas cosas que vendrán sobre el mundo dentro de poco, y explica cómo ser salvos del juicio eterno por nuestros pecados. Muchos practican fielmente una religión pero nunca entienden este mensaje central de la Biblia. Lee el Evangelio según Juan para ver cómo ser salvo de tus pecados y del juicio venidero. A continuación aparecen algunos versos de este santo Evangelio.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

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El Soldado de Chocolate
parte IV

JUAN
Una vez, se afilió a la Brigada de Chocolate. Dejó a Pablo y a Bernabé sin apoyo, y regresó a Jerusalén para recuperarse. Se fue a un “retiro espiritual”. Gracias a Dios pronto se hartó, se apartó, y volvió a entrar en el ejército del Señor para ser un soldado útil. (Hch. 13:13)

NAÚFRAGOS
Muchos jóvenes admirables se convierten en chocolates a causa de viejos profetas. Viejos Profetas que han perdido el fuego o que abundan en palabras pero no en hechos, con frecuencia se vuelven grandes fabricantes de chocolate. A aquel joven varón de Dios que amonestó a Jeroboam le iba muy bien mientras obedecía sólo a Dios, pero todo terminó para él cuando escuchó otra voz, aún cuando fue la de un viejo profeta. Luego: ¿No dijo el viejo que él era profeta, y que había recibido el mensaje directo de Dios? ¡Qué gran mentira! La senda del cristianismo está plagada de fracasos producidos por viejos profetas. Dios no soporta las necedades de nadie. (1 R. 13) Todos tienen que escoger entre Cristo y Barrabás, así como cada cristiano tiene que escoger entre Dios y algún viejo profeta. Es mejor ser un burro tonto ante los ojos de uno de esos viejos profetas, que escuchar sus lisonjas y adulaciones, y terminar siendo un náufrago. “Este es mi Hijo Amado, a Él oíd”. “Tienes unción de Dios, y no necesitas que nadie te enseñe” (1 Jn. 2:27) Dices que crees en la Biblia, pero ¿desmienten tus hechos, tus palabras? 

LOS DIEZ ESPIAS
Todos eran de chocolate. Se derritieron y luego se derramaron por toda la congregación de Israel, produciendo crema de chocolate. “Blanditos” que temían enfrentarse al fuego y al agua que quedaba por delante. Dios los puso otra vez en la sartén y los dejó hervir por cuarenta años en el desierto, y ahí los dejó. El no utiliza chocolates. No es que subestime las cosas pequeñas, sino sólo a los que son “chocolates” pues él dijo: “Sus pequeños heredarán la tierra prometida que ustedes han perdido por escuchar a los hombres y despreciarme a mí” (Nm. 13)

JONÁS
Una vez Jonás fue soldado de chocolate. Dios lo envió al África, pero se fue a Liverpool, y se embarcó hacia América. Afortunadamente, se encontró con una tempestad y un gran pez, que después de tres días de instrucciones, le enseñó a orar y a obedecer, y lo puso de nuevo en el camino correcto (Ver Jonás 1). Nada descubre tanto a los chocolates, como un pequeño torbellino entre el pueblo de Dios. 
Una vez les llegó uno a Pablo y Bernabé... Hablando por experiencia, creo que por ahí andaban algunos chocolates que inmediatamente se confundieron. Antes, habían decidido ir a los gentiles, pero esta “brisa” entre Pablo y Bernabé les hizo vacilar. Si ellos no hubieran sido de chocolate, seguramente habrían dicho: “Este asunto entre Pablo y Bernabé, hace más apremiante mi acercamiento a Dios, para hacer con mayor diligencia lo que Él me dijo que hiciera, así que me iré a Africa todavía antes y punto!”
Las dificultades, peligros, enfermedades, muerte, o divisiones, disuaden únicamente a los chocolates de llevar a cabo la voluntad de Dios. Al oír decir que un león se opone, el verdadero cristiano contesta pronto: “Eso sólo me anima, quiero además uno o dos osos para que valga la pena ir”.
A los chocolates les encanta hablar fuerte y prolongadamente contra los llamados fanáticos. ¡Como si hubiera peligro hoy en día de que existieran cristianos fanáticos! Es tan raro encontrar fanáticos entre los cristianos, como hallar al pájaro extinto “dodó”. Sería más razonable quejarse de la “tibieza”. Al verdadero pueblo de Dios siempre se le ha llamado fanático.
Decían que Jesús era un loco, como también lo dijeron de Pablo, Whitfield, Wesley, Moody, y Spurgeon. Nadie ha progresado mucho en la escuela de Dios sin el cumplido de ser llamado “fanático”. Nosotros, los cristianos de hoy, somos realmente un grupo tibio. Con tan solo la mitad del fuego y el entusiasmo de aquellos defensores del pasado, habríamos evangelizado al mundo entero y celebrado el regreso de Cristo en menos tiempo. Sí fuéramos tan resueltos y heroicos como los astronautas, o aquellos que viajan a los polos, o que suben el Everest, o que llevan a cabo cualquier empresa audaz, toda la tierra conocería el nombre y la salvación de Jesucristo en menos de diez años.
¡Ay de nosotros! Lo que conmueve la sangre de hombres comunes y los hace convertirse en héroes, hace huir a la mayoría de los cristianos como a una manada de ovejas asustadas. Muchos militares arriesgan su vida a diario, a fin de adelantar su causa, y aún contribuyen con sus propios medios, de tal manera que avergüenzan a los cristianos, que generalmente decimos que el enfrentarse a riesgos y luchar contra el destino es “tentar a Dios”.
CARAMELOS
Caramelos de chocolate “(chiclosos los llaman los niños)” Dicen con su boca: "Voy Señor", pero se quedan aferrados a su iglesia. La conquista, especialmente la de Cristo, nunca se lleva a cabo en medio de la seguridad.
Con demasiada frecuencia los cristianos reemplazamos la obediencia con la oración. La oración es buena e indispensable, pero cuando se utiliza en reemplazo de la obediencia, es sólo una hipocresía alborotadora, un despreciable fariseísmo.
Necesitamos de tantas reuniones de acción como de oración y posiblemente aún más. Toda reunión ortodoxa de oración comienza cuando Dios le dice a su pueblo: “Ora para que sean enviados obreros a mi viña y tu ve hoy a trabajar”. Y continúa cuando el cristiano responde: “Yo voy a donde quiera que me mandes Señor, para que tu nombre sea santificado en todas partes, venga pronto tu reino y se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Pero si la reunión termina y nadie va a ninguna parte, seria mejor no haber orado.
Así como la fe, la oración sin obras es muerta. Por eso a muchas reuniones de oración se les podría llamar “mucho clamar, poco obrar”. Zorobabel no sólo tuvo reuniones de oración, sino que salió a derrumbar árboles, y empezó a edificar. Por lo tanto, Dios le dijo: “De hoy en adelante te bendeciré”. (Hag. 2:19)
Se dice que algunos han descubierto el secreto de los antiguos grandes maestros. ¿Y no podemos los cristianos descubrir y poner en práctica el de nuestro Gran Maestro y sus discípulos? ¡El heroísmo! El Señor y sus seguidores no se preocuparon por sí mismos, sino que amaban la vida de otros hasta la muerte y así los rescataban, perdiendo ¡hasta sus propias vidas!
Estamos gastando tiempo y dinero en múltiples convenciones, conferencias y retiros, cuando lo que necesitamos es participar completamente en el fragor de la batalla, ostentando la señal de combate cuerpo a cuerpo.
La “voz humana” juega un papel muy importante en nuestros grupos y organizaciones cristianas de hoy en día, pero la música es opacada cuando el que ministra no tiene “obediencia inmediata” e “intrépida valentía”, sin lo cual es imposible hacer sonar el “Acorde perdido del heroísmo”.
“Hagan lo que Él les diga”, dijo la madre de Jesús. ¿Hacer qué? No era poner especias y melaza en los suaves recipientes sagrados que se encontraban dentro de la casa, sino verter el agua de la vida en los de piedra que se encontraban vacíos afuera.
Si el vino se hubiera acabado, el matrimonio de Caná habría terminado en vergüenza. El banquete de bodas de Cristo no empezará hasta que haya suficiente mezcla de toda lengua, linaje, tribu y nación. El suministro está asegurado tan pronto se vierta el agua como mandó Cristo, hasta “lo último de la tierra”. La desgracia de hoy es debida a la renuencia de los siervos a hacer el trabajo de afuera. Todos quieren servir adentro, vestirse bien, escuchar la predicación, y agruparse en la despensa de una manera vergonzosa.
¡Empecemos de una vez por todas! Por años hemos declarado que estamos apunto de empezar, pero nunca lo hacemos.
Tenemos que divorciarnos de Chocolate y Desobediencia, y casarnos con Fe y Heroísmo.
“¿Quién comenzará la batalla?” preguntó el rey. “Tú”, contestó el profeta (1 R. 20:14), y cuando el rey y los jóvenes oficiales fueron rumbo a la guerra, ganaron con una facilidad tremenda, a pesar del gran poder opositor. Así también, los Apóstoles dirigieron el camino en la guerra de Dios hacia las partes más remotas de la tierra. 
El llamado actual de Dios es a los jóvenes, hombres y mujeres de todo el mundo; y a quienes se aplican así mismos el nombre de Cristo. “El vino nuevo”, dijo Cristo, "tiene que ponerse en odres nuevos”. Los odres viejos que se encuentran mal etiquetados y remendados, son tan inútiles como la Nueva Teología. No se pueden mover, pues se revientan de orgullo y el vino se derrama en lugares equivocados. ¿Te quedarás quieto joven?... Verdaderamente estamos en la última etapa, la de Laodicea, la iglesia tibia. ¿Serás tú compañero de Cristo en su trono, o serás alguien que le produce vómito? (Ap. 3:21) ¿Serás un militar o un cristiano de chocolate? ¿Temerás o lucharás? ¿Irán tus hermanos a la guerra mientras tú te quedas aquí? Cuándo El venga, ¿Hallara fe en la tierra? Miles de veces has admitido “Que el amor de Cristo es tan asombroso, tan divino, que exige tu vida, tu alma, tu todo”.


¿Serás tan mezquino que niegues lo que la dignidad te exige? ¿Darás tú como lo hicieron Ananías y Safíra, quienes ostentando darlo todo, sólo dieron una parte? ...Contestemos: “Somos tuyos, Señor Jesús, estamos de tu lado... (Compárense 1 Cr. 12:18; 2 S. 3:10). ¡Vamos entonces! Restauremos el heroísmo en el cristianismo: “el acorde perdido”.El mismo te pregunta: ¿Serás de los que fingen estar enfermos o serás un militante? ¡Arrodíllate, hombre, toma tu Biblia! ¡Decídete ya!                                                                      
hallado en www.scribd.com 

C.T. Studd nació  de padres ricos en Inglaterra en el año 1860 y fue educado en Cambridge.  Era jugador de crickett en la selección nacional de Inglaterra. Luego renunció el deporte y una gran  herencia y servía como misionero en China, la India y al final en Africa donde murió en 1931. Escribió esta obra en inglés para exhortar a los creyentes a la entrega personal a Cristo. Leamos Hechos 13 y 16 para ver cómo Dios escoge y llama a Sus siervos.

sábado, 4 de febrero de 2012

EN ESTO PENSAD -- febrero 2012


Los Discípulos A Medias

A. W. Tozer


Pensemos ahora en aquellos que son medio discípulos, es decir, que son en parte discípulos, mitad discípulos. Son hombres y mujeres que ponen su vida parcialmente bajo el señorío de Cristo, pero que dejan fuera de su control otros áreas. Hace muchos años que llegué a la conclusión de que si Cristo no tiene el control de todo mi ser, lo más probable es que no tiene nada de mí bajo su señorío.
Puede parecer extraño, pero me he encontrado con discípulos cristianos que eran medio salvos. No me pida, por favor, identificarlos teológicamente. No puedo. Doy gracias porque Dios no me pide que escriba cartas de recomendación por personas que Él no puede reconocer. No me pide que haga eso, porque Él sabe dónde está cada uno, dentro o fuera del reino, y yo no lo sé.
Sólo sé lo siguiente en cuando a estas personas a las que veo como medio discípulos: “Ellas permitirán que el Señor las inquiete en algunas cosas, pero en ningún modo en otras”. Obedecerán al Señor en ciertas áreas que seleccionan en su vida, pero lo desobedecerán consciente y obstinadamente en otras. El resultado es que no sé dónde poner a esas personas. No sé qué hacer con ellas...
En cuanto a mí, no quiero ser un cristiano a medias. Quiero que toda mi vida, todo mi ser, esté bajo el dominio del Señor Jesucristo. Un anciano predicador inglés acostumbraba a decir: “¡Si Cristo no puede ser Señor de todo, Él no será Señor de nada!” Ciertamente, Él quiere ser Señor de toda mi vida. Él quiere que yo sea un discípulo que le permita dirigir toda mi vida.
Supongamos que un hombre joven cristiano comienza su vida espiritual con un rostro resplandeciente. Se hinca de rodillas en la reunión de oración y dice: “¡Señor, soy tuyo, úsame!” Parece ser un hombre cristiano consagrado y ejemplar. Entonces aparece una señorita muy bonita. Ella no es cristiana, pero tiene una figura linda, una personalidad atractiva y una voz suave y dulce. El joven cristiano se interesa en ella y ella comienza a alejarlo del Señor. En su momento hay boda, ellos organizan su hogar y no tardando mucho aquel hombre deja de aparecer por las reuniones de oración. Le preguntas qué está sucediendo y contesta: “Pues que están surgiendo otros planes de familia que mi esposa organiza”. No pasará mucho tiempo sin que él termine siendo un cristiano a medias y un esposo a medias, sin esforzarse mucho en ningún lado.
No quiero parecer cruel, pero debo ser sincero. Cristo Jesús quiere ser y debe ser el Señor. Él debe ser Cabeza y Señor de todos los departamentos de nuestra vida. No podemos tener una novia o un esposo, un hogar o un empleo encerrados en un compartimiento hermético que Jesús no pueda controlar. Si Cristo Jesús no es Señor de todo nuestro ser, no somos verdaderos cristianos.
continuará d.v. en el siguiente número
A.W. Tozer, de su libro FE MÁS ALLÁ DE LA RAZÓN

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MEDITAD BIEN 
SOBRE VUESTROS CAMINOS
“Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.  Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos” (Hag. 1:5-7).


La obra de reedificar el templo había parado, sin embargo, los israelitas se edificaban casas bien acabadas. Como resultado, la pobreza, la esterilidad y la frustración habían entrado en sus vidas. Pero Hageo vino con un mensaje de esperanza y avivamiento, el cual depende de si el pueblo considera sus caminos, se arrepiente de su negligencia, y cambia sus prioridades y actividades. Ese mensaje es válido para nosotros también: “meditad sobre vuestros caminos”.
    W.H. Burnett del calendario devocional “Choice Gleanings”

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Aspire A Ser Como Jesús

William MacDonald    (Parte III)

Gozo 
El gozo del Hijo de Dios era hacer la voluntad de Su Padre, y llevar muchos hijos a la gloria. Con ese gozo en vista, soportó la cruz, menospreciando el oprobio. Su gozo no fue perturbado por las pruebas y tristezas que los hombres amontonaron sober Él.

Paz
La paz caracterizó la vida del Redentor. Independientemente de las adversidades que tuvo que enfrentar, mantuvo la calma y la serenidad. Las amenazas y los insultos de sus criaturas no lo perturbaban.

Paciencia
Jesús fue paciente con sus discípulos, y con aquella generación "incrédula y perversa" (Lc. 9:41). Él es paciente con la humanidad perdida, "no queriendo que ninguno perezca" (2 P. 3:9). Cualquier otra persona hubiera desistido con el ser humano hace mucho tiempo.

Benignidad
Vemos la benignidad del Señor Jesús en la forma en la cual trató a las personas. Era su gran placer bendecirles y conceder alivio a quienes lo necesitaran. Su consideración hacia aquellos que conocía lo acercaba más a ellos.
Bondad
Incluso sus enemigos concedieron que nuestro Señor era bueno, que mostraba amabilidad sin poarcialidad. Él "anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo" (Hch. 10:38). Pensaba en los demás, no en sí mismo. Nadie jamás podrá igualarlo en cuanto a su benignidad. Se empobreció para enriquecer a otros.

Fidelidad
Él es fiel con respecto a sus promesas, en cumplir sus tareas, en el cuidado inmutable hacia su pueblo. No hay peligro cuando se confía en Él. Jamás ha decepcionado a nadie. 

Gentileza
Esta palabra nos lleva al momento en el cual sus discípulos quisieron alejar de Él a los niños. Dijo: "Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos" (Mt. 19:14).
Compasión
Cristo tuvo compasión de la multitud y envió a los Doce a la cosecha (Mt. 9:36). Tuvo compasión de la multitud y alimentó a 5.000 personas (Mt. 14:14). Nuevamente tuvo compoasión de la multitud y alimentó a 4.000 (Mt. 15:32). Debido a su compasión, dos ciegos recibieron la vista (Mt. 20:34), un leproso fue sanado (Mr. 1:41), un endemoniado fue librado (Mr. 5:19) y una viuda recibió nuevamente a su hijo con vida (Lc. 7:13). Vemos su compasión como el Buen Pastor (Lc. 15:4-7), como el Buen Samaritano (Lc. 10:33) y como el padre del hijo pródigo (Lc. 15:20). Vemos sus lágrimas de compasión ante la tumba de Lázaro (Jn. 11:35) y en el Monte de los Olivos cuando lloró sobre Jerusalén (Mt. 23:37-39). Tenemos un Salvador compasivo.
¡Cuánto necesitamos ese tipo de compasión! Debemos orar así:

"Que pueda mirar a la multitud como miró mi Salvador,
Hasta que mis ojos se nublen por las lágrimas, 
Que pueda ver con piedad a las ovejas errantes,
Y amarlas por amor a Él".       
                                              anónimo

William MacDonald, del libro EL MANUAL DEL DISCÏPULO, págs. 98-99, traducción corregida

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MEJOR QUE LOS DULCES

¿Qué es mejor que los dulces, más hermoso que una mariposa y lleno de amor como nada que has conocido? No hablo de galletas de chocolate recién hechas, ¡sino del cielo! El cielo es mucho mejor que cualquier cosa que hemos visto o conocido.

¿Qué Es El Cielo?
El cielo es un lugar maravilloso que Dios hizo para los que le aman. La Biblia lo describe como un lugar donde todos están siempre felices, donde no hay lágrimas ni dolores. Es un lugar muy hermoso, y los que lo han visto lo describen con palabras como “gloria”, “puro” y “oro”. Allí nadie pasará hambre, ni estará cansado, ni será pobre.

¡Estupendo! ¿Cómo Llego Allá?
No puedes llegar al cielo en un automóvil o bus, ni en avión ni nave espacial. No se venden billetes al cielo, ni hay manera de entrar sin permiso. Sólo hay un camino para llegar al cielo, y ese camino es el Señor Jesucristo. Nadie puede ir al cielo sin Jesucristo.
El cielo es uno de dos lugares donde Dios pondrá a la gente después de la muerte. El otro lugar se llama el infierno, o lago de fuego. Es el peor lugar que podrías imaginar. ¿Cómo decide Dios quién va al cielo y quién al infierno? La Biblia dice que Dios tiene libros donde apunta todo lo que la gente hace. ¿Alguna vez has dicho una mentira, aunque fuera muy pequeña? Todos hacemos cosas malas como mentir o cosas peores. A esto Dios lo llama “pecado” y apunta todos los pecados en Sus libros.
El problema es que el pecado no puede estar en el cielo donde Dios mora. Porque todos hemos pecdo, todos estamos en el camino al infierno.  Pero Dios nos ama mucho y no quiere que nada vaya allá. Por eso envió a Su Hijo Jesucristo para sustituirnos y morir por nuestros pecados. Debido a esto que Jesucristo hizo cuando murió y resucitó, Dios perdonará los pecados de las personas que confían en Jesucristo para ser salvas.

¿Estaré Allá?
El cielo es un lugar maravilloso, ¿pero sabes por cierto si estarás allá? La Biblia aclara que nos reconocemos como pecadores, nos arrepentimos y vamos a Jesucristo para perdón, confiando totalmente en Él, seremos salvos de nuestros pecados.  El momento que confías en Jesucristo para salvarte, Dios lavará tus pecados y escribirá tu nombre en Su “libro de vida”. ¡Estarás en el camino al cielo!
Algunos no irán al cielo porque no creen lo que Dios ha dicho en la Biblia. Otros no llegarán porque creen que pueden hacer buenas obras para ganar la entrada. Otros sufrirán en el infierno por toda la eternidad porque no quieren confiar en Jesucristo para salvarles. ¡No seas como ellos! Cree a la Palabra de Dios. Reconoce que eres pecador y arrepiéntete. Confía en el Señor Jesucristo como Señor y Salvador y da gracias a Dios por enviarle al mundo para quitar tus pecados al morir por ti en la cruz.
     Confía en Jesucristo hoy como tu Señor y Salvador, y tendrás algo mucho mejor que los dulces. ¡Todos tus pecados serán perdonados, tu nombre estará en el Libro de Vida y estarás en el camino al cielo!

Citas Bíblicas  1-1 Corintios 2:9  2- Apocalipsis 21:4  3- Apocalipsis 21:9-21  4- Apocalipsis 7:16; 1 Pedro 1:3,4  5- Juan 14:6  6- Juan 8:24  7- Apocalipsis 20:10, 14, 15  8- Apocalipsis 20:12  9- Salmo 5:4  10- Romanos 3:23  11- 2 Pedro 3:9 12- Isaías 53:1-6   13- Hechos 16:30,31; Marcos 1:15; Hechos 20:21 14-  Lucas 10:20; Filipenses 4:3; Apocalipsis 21:27  15- Apocalipsis 21:8  16- Efesios 2:8-9  17- Juan 3:36

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El Soldado de Chocolate
por C. T. Studd
parte III


PABLO

Pero he aquí otras huellas profundas que sólo pueden ser de un hombre “único”. La más grande de las paradojas cristianas, el pequeño gigante Pablo, cuya cabeza era tan grande como su cuerpo y su corazón más que los dos. Por un tiempo, creyó y trató a todo cristiano como una combinación de tontos y locos. Luego, él mismo se volvió como ellos. Se le llamaba “tonto” porque su comportamiento estaba fuera de los límites del raciocinio humano y “loco” por su ardiente celo por Cristo y los hombres.
Pablo fue un intelectual de primera, pero supo utilizar su intelecto, pues lo dejó de lado, anunciando que la sabiduría de los hombres no era más que insensatez, por lo cual determinó conocer sólo a Jesucristo y a Él crucificado. 
¿El resultado? Volvió el mundo al revés, lo trastornó. Su vida consistía en arriesgarse continuamente por Dios. 
Se enfrentó diariamente a la muerte por Cristo. En repetidas ocasiones se paró firme ante los que anhelaban su sangre. 
Compareció delante de reyes y gobernadores sin vacilar. Ni siquiera titubeó ante Nerón, el vicepresidente del infierno. Sus sufrimientos fueron espantosos. 
Léelos. Siguió los pasos de su Maestro y recibió los mismos cumplidos que su Señor, porque Dios siempre es fiel y justo en sus recompensas. 
“Todos lo abandonaron”. Pues en aquel entonces también había algunos cristianos de chocolate. Tuvo que haber sido de chocolate quien abandonó a Pablo. Por supuesto, los chocolates se excusaron como lo hacen hoy en día.
¿Quién podría soportar a un tonto tan fanático y ferviente? ¿De carácter tan testarudo? ¡Nadie podía colaborar con él, ni él con nadie! (¡Qué mentira! Jesús lo hizo, y formaron un buen equipo). 
Un entusiasta sin diplomacia, consideraba que era responsabilidad suya decirles a todos la cruda verdad, sin tener en cuenta las consecuencias.
Se graduó sin competencia ni escuela. ¡Y qué grado! Un hacha al cuello, superado sólo por la cruz.

Y así continúa el relato. Donde sea que leas en las Escrituras o libros de historia, encontrarás que quienes realmente conocían a Dios y no sólo lo confesaban, eran invariables ejemplos de valor y de esperanza, atrevidos por la causa de Jesús, arriesgándose por Dios. 
“Necios y locos”, les gritan el mundo y los chocolates. “Sí, por causa de Cristo” agregan los ángeles.
Noblemente lucharon por ganar el premio,
ascendieron las escarpadas alturas del cielo,
a través del peligro, penas y dolor.
¡Concédenos la gracia, Señor
para nosotros también imitarlos!

Por lo menos, los cristianos de chocolate de hoy, Pueden hacer alarde de antiguos linajes. 

CHOCOLATES A LA RUBEN

Hay “Chocolates a la Rubén” que escudriñan sus corazones y hacen también grandes resoluciones, pero, por alguna razón, permanecen entre los “rebaños”, oyendo las melodías de sus amados pianos y coros eclesiásticos.
Es bueno escudriñar nuestro corazón, pero es mejor tomar decisiones de corazón. 
No obstante, si en lugar de obedecer, nos escondemos entre las ovejas y abandonamos a nuestros hermanos en la lucha contra los lobos, dejándolos solos y cargados de trabajos, no somos más que cristianos de chocolate.
Hace varios años resolviste ir al África por Cristo. ¿Dónde estás ahora? ¿En Inglaterra todavía? ¡Sí! ¡Sí! ¡Caramelo! “¿Por qué te quedaste entre los rediles, para oír los balidos de los rebaños? Entre las familias de Rubén hubo grandes propósitos del corazón” (Jue. 5:16).

CHOCOLATES A LA MEROZ

Hay “chocolates a la Meroz”, que son como aquellos que merecieron la maldición del ángel del Señor.  La guerra se declaró, la batalla estaba por empezar, las esperanzas eran minúsculas y Meroz se quedó en Inglaterra para asistir a unas convenciones hasta que terminó la contienda.
Luego salió cómodo y seguro como un turista. Sin duda decía: “No podré luchar sin antes estar debidamente preparado. Además, hay tanto que hacer en la abundancia y plenitud de Meroz, y sabemos que alimentar un rebaño de ovejas gordas siempre se ha considerado el entrenamiento perfecto para la guerra”, ¡Como si el mejor entrenamiento para un soldado fuera el de ponerse en el papel de niñera!
“Maldecid a Meroz, dijo el ángel de Jehová; maldecid severamente a sus moradores, porque no vinieron al socorro de Jehová contra los fuertes” (Jue. 5:23).

CHOCOLATES A LA BALAAM

Los “chocolates a la Balaam”, empiezan como de primera clase y son conocidos como profetas. Luego, comienzan a desviar la mirada y se derriten. Finalmente, salen huyendo de la sartén y caen en el fuego, como Balaam.
Un día, su ojo izquierdo no pudo mirar hacia Dios. Estaba observando el mundo y sus riquezas, y a esa chica, la señorita popularidad. Él debería haber hecho lo que Dios le dijo, sacarse el ojo, pero decía que eso era demasiado. Además, quería lo mejor de ambos mundos. Deseaba de todo corazón morir como un justo, pero no estaba dispuesto a pagar el precio de una vida justa. No se atrevía a maldecir al pueblo de Dios, de manera que trazó planes para que otros los llevaran a cabo por él. Pero un día, cuando sus siervos estaban haciendo los preparativos, Balaam cayó junto con ellos (Ver Nm. 22-24).

“Te aconsejo que unjas tus ojos con colirio para que veas, que vuelvas a tener una mirada clara y te des cuenta de lo necio que es coquetear con el mundo” (véase Ap. 3:18).

CHOCOLATES A LA DEMAS

Este “chocolate a la Demas” abandonó al candente y ferviente Pablo por seguir otro sendero menos peligroso. Pensaba que Pablo debía tolerar el pecado o fingir no verlo, para no tener que reprenderlo, pues ¿sabes? “Era tan aficionado al cuchillo que nunca usaba vendajes pues decía que no sanaban, sino que hacía crecer la llaga por debajo, la empeoraban, la agrandaban y la hacían más peligrosa” (véase 2 Ti. 4:10).
hallado en www.scribd.com, continuará d.v. en el siguiente número

C.T. Studd nació  de padres ricos en Inglaterra en el año 1860 y fue educado en Cambridge.  Era jugador de crickett en la selección nacional de Inglaterra. Luego renunció una gran  herencia y servía como misionero en China, la India y al final en Africa donde murió en 1931.