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miércoles, 30 de septiembre de 2020

EN ESTO PENSAD - octubre 2020

¡Maranata!

“En arameo: 'El Señor viene' (1 Co. 16:22)  Este término se puede también leer Maranatha: '¡Ven, Señor!' Ésta era una breve oración de los primeros cristianos, mencionando el retorno de Cristo, pidiendo Su venida en gloria, 'su parusía'" (Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado, Vila y Escuain).

¿Por qué se dice?
    Porque anhelamos Su venida. El Señor nos enseñó a orar así: "venga tu reino". Decir "¡Maranata!" es una manera de expresar esto, y de recordar que el Señor viene. El apóstol Pablo, hablando de la venida del Señor para arrebatarnos, dice: "alentaos los unos a los otros con estas palabras" (1 Ts. 4:18). Expresándolo así nos puede ayudar a ajustar nuestras vidas y actividades para que agraden al Señor, porque Él viene, y cuando venga, ¿qué estaremos haciendo y qué habremos hecho para Él? Como dijo el misionero C.T. Studd: ¡Solo una vida, pronto pasará; solo lo hecho para Cristo durará!

¿Cuándo se dice?
    Se dice, obviamente, antes de la venida del Señor. Sabemos que el primer acto de Su venida será arrebatarnos – el rapto (1 Co. 15:51-52). Esto puede acontecer en cualquier momento – lo cual quiere decir que es inminente. ¿Lo has pensado y dicho hoy?

¿Quién lo dice?
    Los que aman la venida del Señor (2 Ti. 4:8). Por supuesto que solamente un verdadero creyente diría esto, porque la venida del Señor significará los últimos suspiros del sistema de este mundo y todo por lo cual la gente inconversa está viviendo hoy. Los del mundo dicen "adiós" pero no van con Dios ni a Dios. Dicen "hasta luego" pero no saben qué vendrá luego ni dónde estarán. En cambio, nosotros los creyentes andamos con Dios, sabemos a dónde vamos, y anhelamos estar con el Señor en gloria (Col. 3:1-4). El mundo y sus obras serán quemados, pero: "¡Maranata!", el Señor viene, y estaremos con Él para siempre (1 Ts. 4:13-18).  Estimado lector: ¿tu corazón lo desea y lo dice?

¿Dónde se dice?
    Aquí en la tierra, donde estamos esperando Su venida. No lo reserves como frase para terminar tu correspondencia. ¿Dónde estás hoy? Allí mismo, piensa en la venida del Señor. No importa si estás fregando platos, tendiendo ropa, haciendo la compra, yendo o saliendo del colegio, comiendo, andando, trabajando, viajando... piensa en "¡Maranata!".  Así saldrá de los labios de los creyentes en todo lugar. Donde estás hoy, y en medio de eso que haces, el Señor podría venir, y será maravilloso. Aquí estamos de paso, como peregrinos. Vivimos en el mundo, pero no somos del mundo. En este valle de lágrimas los ciudadanos de la patria celestial (Sal. 84) dicen: "¡Maranata!"

¿Cómo se dice?  
    No de cualquier manera, como una coletilla, sin pensar en su sentido. Se dice más bien con admiración: "¡Maranata!", con entusiasmo, con anticipación, con temor reverencial, con sentido de necesidad, con fe. No solamente con la boca, dicho o cantado, sino también con la vida – los hechos. Si realmente crees y deseas "Maranata", mejor no enredarte en las cosas de este mundo (2 Ti. 2:3-4; 2 P. 3:11-12; 1 Jn. 3:3). Cumple fielmente tus responsabilidades, pero  recuerda:  "¡Maranata!" Eleva el pensamiento, "¡Maranata!" ¡Él viene!

¿Y si no...?
    1 Corintios 16:22 dice: “El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene”. Pero las tres últimas palabras en Español: “el Señor viene”, representan solamente un palabra griega, que traducida es: “Maranata”. En este texto Dios pronuncia una maldición sobre todo aquel que no ama al Señor, y por lo tanto no desea Su venida. Pero listos o no, Él vendrá. "¡Maranata!"
    No es una palabra mágica ni de liturgia. Debe expresar el deseo de nuestro corazón y ayudar a orientar nuestros pensamientos. Queremos que el Señor venga, porque le amamos. Y los que no: anatema. No porque lo digo yo, sino porque lo dice la Palabra de Dios. Lo dice el Espíritu de Dios. Y así es. "¡Maranata!"


Carlos

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¿Amas Su Venida?


“Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Ti. 4:8).
    Por muchos años pensé que esta expresión: “...a todos los que aman su venida”, se refería a aquellos creyentes que tenían sentimientos piadosos y amables acerca de la venida del Señor. Serían recompensados con una corona de justicia porque sus corazones ardían cuando pensaban en el Rapto.
    Pero no hay duda de que el versículo significa más que esto. Amar Su venida significa vivir a la luz de Su pronto regreso, comportarse como si Él viniera hoy.
    Amar Su venida significa vivir en pureza moral. Pues como Juan nos recuerda: “todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Jn. 3:3).
    Significa no enredarse en las cosas de esta vida. Debemos poner nuestro afecto y atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Col. 3:2).
    Significa servir al pueblo de Dios, dándoles “el alimento a tiempo” (Mt. 24:45). El Señor pronuncia una bendición especial a favor de aquellos que estén ocupados en esto cuando Él venga.
    Resumiendo, significa que no haremos lo que no quisiéramos estar haciendo cuando Él venga. No iremos a ninguna parte donde nos avergonzaría Su venida. No diremos nada que sea ofensivo en Su presencia.
    Si supieras que Cristo ha de venir dentro de una semana, ¿cómo pasarías los días restantes? ¿Significa que renunciarías a tu trabajo, irías a una montaña y pasarías todo el día leyendo la Biblia y orando? ¿Quiere decir que te dedicarías “a tiempo completo” a la obra cristiana, predicando y enseñando día y noche?
    No es esto, porque si realmente estamos caminando con el Señor y vivimos en el centro de Su voluntad, esto significaría seguir viviendo como hasta ahora lo hemos hecho. En cambio, si estamos viviendo para nosotros mismos, entonces es preciso hacer algunos cambios revolucionarios.
    No basta con tener pensamientos afables acerca de la venida del Salvador. La corona de justicia está reservada para aquellos que la aman lo suficiente para permitir que la verdad moldee sus vidas. No es suficiente sostener la verdad acerca de Su venida; la verdad debe sostenernos.

William MacDonald, De Día en Día, CLIE


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 NUESTRA ESPERANZA

H. A. Ironside

    ¡Esta, pues, es nuestra expectativa, ésta es nuestra esperanza! Y el Señor desea que vivamos día tras día con el pensamiento fijo en el posible cumplimiento de la promesa de Su venida. Cuando nos levantamos por la mañana, cultivemos tal estado de alma que nos lleve a decir: "Cristo puede volver hoy, y si volviera hoy, deseo que me halle viviendo para Su gloria. Quiero que me encuentre andando en obediencia a Su santa Palabra". Y cuando nos entregamos al sueño por la noche que digamos: "Cristo Jesús puede venir esta noche, y puedo descansar en perfecta paz, sabiendo que cuando Él venga, seré arrebatado para recibirle".
    Él ya viene. Oh cuán solemne ha de ser escuchar la voz del Juez, quien en su propia luz nos ha de mostrar cada pensamiento y hecho y palabra. Entonces veremos que algunos hechos que nosotros creíamos meritorios, no eran más que pecados, y en cambio algunas pequeñas acciones que quizás habíamos olvidado, el Señor nos dirá que fueron hechas para El. Será maravilloso llegar a conocer Su opinión acerca de todo esto, pero también será muy solemne.

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¡VENGO PRONTO!


 

     “¡He aquí, vengo pronto!” (Ap. 22:7, 12, 20). “El tiempo está cerca” (Ap. 22:10). No sólo aquí sino en el resto del Nuevo Testamento en general aparecen tales expresiones. En todo lugar la prometida revelación del Señor Jesucristo es representada como algo cercano, inminente, que puede suceder en cualquier momento. La impresión hecha sobre los primeros cristianos era que Cristo vendría en cualquier hora o día. Exactamente cuándo vendrá no les fue dicho en ningún lugar. Según las palabras del Salvador, no era para ellos el saber el tiempo o las sazones que el Padre puso en Su sola potestad (Hch. 1:6-7)... Debemos estar en expectación constante de Su venida en cualquier año, día y hora.
    Ciertamente no tenemos libertad para posponer ni pensar que esté lejos lo que Cristo tan solemnemente declaró como “cerca”. Con el paso del tiempo en la edad de la Iglesia, y especialmente en estos últimos días que nos han tocado vivir, cada creyente debe esperar en cualquier momento la venida de Cristo para cumplir lo que está escrito en este libro [Apocalipsis]. Él nos sacará del mundo, y comenzarán los terribles juicios que preceden Su venida y reino. La Biblia indica que no hay nada entre nosotros y ese día.


traducido y adaptado de Seiss, The Apocalypse ("Apocalipsis"), pág. 528

 

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 EL REINO VENIDERO DEL DIABLO 


     Toda la política y los gobiernos humanos son riachuelos que desembocarán en el terrible reino del diablo, el anticristo y el falso profeta, como Apocalipsis 13 profetiza.
    A los creyentes no nos preocupa esto ni la marca de la bestia, porque no estaremos en este mundo para estas cosas. El Señor Jesucristo ha prometido sacar a la iglesia – los creyentes – del mundo antes de ese horrible tiempo. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, seremos arrebatados en las nubes, para recibir al Señor en el aire. Él nos llevará al cielo consigo, y siempre estaremos con el Señor. Pero en la tierra comenzará el tiempo de la Tribulación, el reino del diablo, y los juicios de Dios que caerán con cada vez más frecuencia sobre la tierra.
    ¡Ay de los engañados y los que no quisieron creer!, porque NO serán arrebatados en las nubes con nosotros, sino dejados atrás. Incluso habrá iglesias que se reunirán el primer domingo después del rapto, porque no son sino falsos creyentes. ¡Asegúrate! Los incrédulos NO recibirán al Señor en el aire. NO estarán siempre con el Señor, sino siempre con el diablo. Serán engañados, creerán la mentira, y serán condenados. No se convertirán, sino que se perderán.

"y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia" (2 Tesalonicenses 2:10-12).

    Éstos se quedarán en tierra, con la desdicha de vivir en un mundo sin cristianos, gobernado por el diablo y el anticristo, el hombre de pecado. ¡Qué mundo será!
    Y los juicios divinos caeran: primero siete sellos se abrirán en el cielo  y cada uno traerá un juicio a la tierra. Habrá terremotos y granizo. Luego siete trompetas se tocarán en el cielo, y cada una anunciará otro juicio que sacudirá este mundo.
    Amigo, si no eres verdaderamente creyente en el Señor Jesucristo, nacido de nuevo, salvo por la gracia de Dios, no estás preparado para el rapto, y no irás con el Señor Jesucristo. No tendrás una segunda oportunidad después durante la Tribulación, porque si no crees ahora, estarás cegado y seguirás al anticristo. Debes arrepentirte ahora, y creer en el Señor Jesucristo ahora. Hoy es tu oportunidad. Mi consejo es:

 ¡Prepárate amigo, porque en un instante Él vendrá,
y los que no estén listos quedarán! 
 
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COSAS QUE GUARDAR 
EN EL LIBRO DE APOCALIPSIS
 
Carlos Tomás Knott
 

Apocalipsis no es un libro para curiosos. Es principalmente para creyentes, y después es una advertencia a los que no creen. No habla solo del futuro, sino del Señor Jesucristo. Da a los creyentes esperanza, y además, muchas cosas que guardar. Promete bendición a los obedientes, los que guardan. Amigo, ¿eres uno? 
 
1. EL QUE LEE     (compara Neh. 8:3-8; Col. 4:16)
    ¿Lees diariamente la Biblia? ¿Cuánto tiempo dedicas a ella?
    ¿Has leído la Biblia entera, de Génesis a Apocalipsis?
    ¿Has leído el libro de Apocalipsis, y cuándo fue la última vez?
    
2. LOS QUE OYEN     (Mr. 6:20; Hch. 8:6; 10:33, ver Ez. 2:5, 7)
  ¿Prestas atención a la lectura de la Palabra de Dios?
  ¿Prestas atención durante las predicaciones o te distraes facilmente?
  ¿Qué haces para retener lo que oyes? ¿Tomas apuntes?

3. LOS QUE GUARDAN  (Ez. 33:30-33; Jn. 14:15, 21, 23-24 Stg. 1:22-25)
  ¿Sacas aplicaciones personales de la lectura de la Palabra y de los             estudios que se dan?
  ¿Qué guardas del libro de Apocalipsis?

Cosas Que Guardar (o imitar) En Apocalipsis

2:5    "Recuerda... de dónde has caído"
         "Y arrepiéntete"
         "Y haz las primeras obras"

2:7    "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias"
       (8 veces - muy importante - 2:11, 17, 29; 3:6, 13, 22; 13:9)

2:10    "No temas en nada lo que vas a padecer"
          "Sé fiel hasta la muerte"

2:16    "Arrepiéntete" (de tener en la iglesia a los que retienen la doctrina de Balaam y la de los nicolaitas)

2:25    "Lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga"

3:2    "Sé vigilante"
         "Afirma las otras cosas que están para morir"

3:3    "Acuérdate...de lo que has recibido y oído"
         "Guárdalo"
         "Arrepiéntete"

3:11    "Retén lo que tienes"

3:18-19  Consejos de Cristo:
     "Que de mi compres":
        1. "Oro refinado en fuego"
        2 "Vestiduras blancas"
    "Y unge tus ojos con colirio"
    "Sé... celoso, y arrepiéntete"

* Cristo llama a 5 de las 7 las iglesias a arrepentirse en Cc. 2-3. En cambio, en 9:20-21 y 16:8-11 y 21 los del mundo no se arrepienten, a pesar de los grandes juicios de Dios.

Cc. 4-5   La adoración de Dios y del Cordero

5:8; 6:9-11; 8:1-5 Las oraciones de los santos

14:7    "Temed a Dios"
           "Dadle gloria"
           "Adorad"

15:1-4    Cantar cánticos celebrando los justos juicios de Dios

18:4    "Salid de ella, pueblo mío"  – la separación

18:20    "Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas"

19:5    "Alabad a nuestro Dios todos sus siervos y los que le teméis"

19:7    "Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria"

19:10    "Mira, no lo hagas" – no adoremos a ángeles ni les                        rindamos culto 
  "Adora a Dios" (22:9)
 
22:11    "El que es justo practique la justicia todavía"
             "El que es santo santifíquese todavía"

22:17    “Ven” (¿dicho al Señor o a los inconversos?)
             "Venga... y... tome del agua de la vida"
                       
22:20    “Amén” (así sea)
             “Sí” (afirmación)
            “Ven, Señor Jesús” (invitación, de los que aman Su venida; 2 Ti. 4:8)   

EL TIEMPO ESTÁ CERCA (22:10)
Sal. 90:12    “enséñanos de tal modo a contar nuestros días...”
Ro.13:11-12    “conociendo el tiempo...la noche está avanzada”
1 Co. 7:29    “el tiempo es corto”
Ef. 5:16        “aprovechando bien el tiempo... los días son malos”
Stg. 5:7-9    “el juez está delante de la puerta”
1 P. 4:7        “el fin de todas las cosas se acerca”
Ap. 1:1        “deben suceder pronto”
Ap. 1:7        “he aquí que viene”
Ap. 22:7    “¡He aquí, vengo pronto!”
Ap. 22:12    “He aquí yo vengo pronto”
Ap. 22:20    “Ciertamente, vengo en breve”
           
¿Cuándo piensas hacer caso de la Palabra de Dios, y ser un creyente obediente, si no hoy?


¿Cuándo piensas arrepentirte y creer el evangelio, si no hoy?


¿Cuándo piensas obedecer y guardar la Palabra de Dios?


¿Cuándo tomarás en serio a Dios y Su Palabra?

“No te jactes del día de mañana, 
porque no sabes qué dará de sí el día” 
Proverbios 27:1 

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¿Cristo o el Purgatorio?
 

“Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.  Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,  nació de Santa María Virgen;  padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos;  subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos; el perdón de los pecados,  la resurrección de la carne;  y la vida eterna. Amén”.
 
Así confesaba yo el Credo como todo buen católico. Sí, mis padres me criaron en la Iglesia Católica, y siempre aseguraban que nunca me ausentara de mis clases de catequismo y que entendiera todas las ordenanzas, especialmente la celebración de la misa. De todas las enseñanzas de nuestra iglesia, la única que me molestaba tenía que ver con el purgatorio. Como todos los miembros de mi familia, tenía miedo terrible de lo que mi alma experimentaría después de la muerte.
    Cuando tenía como treinta años notaba un cambio en mis padres. Parecía que ya no temieron la muerte como antes. No iba a confesión ni a misa, sino asistían a un lugar donde cantaban y luego escuchaban a alguien predicar sobre la Palabra de Dios. ¡Me parecía bien extraño, que les extraviaba esa otra religión, que les desviaría del camino correcto, el de siempre, y que habían perdido interés en su estado eterno! No podía entender esto, porque sabía que nadie puede entrar en el cielo sin tener sus pecados limpiados.
    Cuando les relaté mi preocupación, me aseguraron que eran cristianos más que nunca, que creían en Dios y el Señor Jesucristo y que habían hallado la salvación eterna. Me dirigieron a la Palabra de Dios y lo que dice acerca de cómo limpiarme de mis pecados. Empecé a leer el Antiguo Testamento. Hallé que el Salmo 65:2-3 dice: “Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne. Las iniquidades prevalecen contra mí; mas nuestras rebeliones tú las perdonarás”. Salmo 79:9 dice: “Ayudanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y libranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre”. Estos versículos no dicen que hay un purgatorio ni dónde está, pero sí, dicen que es Dios quien nos limpia de nuestros pecados.
    Proverbios 16:6 dice: “Con misericordia y verdad se corrige el pecado”. Este versículo implica que la limpieza del pecado es un acto de misericordia divina e involucra el entendimiento de la verdad. En Isaías 6:5-7, el profeta reconoce sus pecados y exclama: “Ay de mí”. Después un ángel de Dios tocó su boca con un carbón tomado del altar de Dios. Le dijo: “He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”. Ese mismo día y momento los pecados de Isaías fueron limpiados.
    Notamos que estos versículos no dicen nada de ningún lugar llamado “purgatorio”, donde sufrimos por nuestros pecados. Así que luego miraba en el Nuevo Testamento, y llegué a Hebreos 1:3 que dice que Jesucristo limpió nuestros pecados antes que ascendió al cielo. Puesto que Jesucristo es Dios, es el que en los Salmos perdona nuestros pecados. Pero nada dice de un purgatorio.
    Fue entonces que descubrí algunos versículos que abrieron mi entendimiento. 1 Pedro 2:24 dice: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero para que nosotros estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”. Mientras que Jesús fue clavado en la cruz, Dios extendía Su mano para cargar nuestros pecados sobre Su Hijo, y luego le castigó en nuestro lugar. Fue entonces cuando mis pecados y los tuyos fueron limpiados, sobre la cruz del Calvario. El Señor Jesucristo experimentó la ira y el juicio de Dios contra nuestros pecados, e hizo todo lo necesario para “purgarnos”, al morir como nuestro Sustituto.
    ¿Está de acuerdo el resto de la palabra de Dios con esta idea? En Efesios 2:8-9 leemos: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe”. Volviendo a Proverbios 16:6 entendemos que la limpieza de pecados viene a través de la obra de Cristo, la misericordia de Dios y nuestro entendimiento y fe en la verdad del evangelio. Evitamos la ira de Dios al confiar en el Señor Jesucristo como nuestro Salvador, y así experimentamos la gracia de Dios. Nunca ha sido el propósito de Dios que suframos para expiar nuestros pecados – de hecho eso es imposible. “En ningún otro hay salvación” dijo el apóstol Pedro (Hechos 4:12).
    Entonces, ¿cómo podemos aprovecharnos de la misericordia y la gracia de Dios? Solamente dos requisitos son mencionados a través de todo el Nuevo Testamento. Son resumidos en Hechos 20:21 donde dice: “Arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo”.
    Cada vez que asistía a la confesión, tenía una actitud penitente, pero eso no es lo mismo que el arrepentimiento. La penitencia es una emoción. El arrepentimiento es un cambio en la forma de pensar y actuar. Los penitentes vuelven a sus pecados y a la confesión buscando absolución porque no están libres de la esclavitud al pecado. Cristo dijo: “todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”. Lo que necesitaba no era absolución sino perdón y libertad – una vida nueva. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (S. Juan 8:36). Eso no lo promete la iglesia, porque los sacerdotes y sacramentos no pueden darlo.
    Mi problema, como todo buen católico, era que mi fe descansaba en la iglesia y sus sacramentos,  no única y exclusivamente en la Persona y obra de Jesucristo. Solo Él puede limpiarnos de nuestros pecados, pero no cuando repartimos nuestra fe entre Él, la Iglesia, los sacramentos, los santos, nuestras obras, etc. Tenía que aprender que no así es la salvación. Al fin hice como el Rey David en Salmo 51:1-10, me confesé pecador y confié en Jesucristo mi Sustituto que sufrió por mí en el Calvario, para que me salvara. Abandoné toda confianza en sacramentos y obras, y confié en el Señor Jesucristo, y Él me salvó.
    Ahora sé la verdad de Romanos 5:9, “estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira”. También he entendido la verdad de 1 Corintios 15:55-57, “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Ahora, como creyente, no tengo ninguna razón de temer la muerte y lo que venga después.
    Amigo, si todavía sientes el peso del pecado y temes el juicio de Dios, debes hacer lo que yo hice. Entonces experimentarás el gozo de saber que todos tus pecados son perdonados, y al venir la muerte tu alma será llevada directamente al cielo. Para siempre estarás con el Señor.
    “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9-10). La única forma de recibir perdón y limpieza del pecado es por medio de la fe en el Señor Jesucristo como único y suficiente Salvador.
                        P. K. adaptado


 


sábado, 31 de diciembre de 2016

EN ESTO PENSAD -- enero 2017


El Problema Del Discernimiento (II)
G. A. Lehman
 (viene del número anterior)
EL PROPÓSITO DEL DISCERNIMIENTO
 
Un pasaje relacionado con este tema se encuentra en Filipenses 1:9-10, que es parte de la oración de Pablo a favor de los filipenses: “Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento. Para que aprobéis lo mejor; a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo”.
    Nótese dos factores importantes en este texto, que establecen el propósito del discernimiento:
    1) “Para que aprobéis lo mejor”. Esto sólo puede ser hecho discriminando entre las cosas. Algunas cosas son malas, otras buenas, y algunas mejores (o excelentes). Como dijo un profesor de la Biblia a sus estudiantes: “hay muchos libros buenos, en fin, hay tantos que no podríais leerlos todos. Leed sólo los mejores; no teniendo tiempo para los otros. Se les impulsaba a discernir entre lo bueno, lo mejor y lo excelente.
    2) El segundo factor nos es dado en nuestro texto en la frase que dice: “que seáis sinceros e irreprensibles”. Cuando se trata sólo con hechos se trata sólo con la verdad, se evita cualquier cosa falsa. Se llega de esta manera a ser una persona sin engaño, transparente y de puro corazón; no una piedra de tropiezo. El discernimiento le capacita a evitar los impedimentos a su vida de santidad.
    Vemos un tercer propósito en Hebreos 5:13-14, “Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”.
    El ejercicio del discernimiento involucra el ejercicio de tomar decisiones y esto lleva a la madurez. No dejamos que nuestros niños hagan decisiones importantes, pero a la medida que crecen física, mental y moralmente, les permitimos hacer más decisiones que involucran discernimiento. Su ejercicio volitivo personal revela la extensión de su madurez. A medida que ese crecimiento progresa, podemos confiarles el conocimiento y la responsabilidad que está de acuerdo con su madurez. La falta de crecimiento resulta en inmadurez. Esta parte de la epístola a los Hebreos fue escrita precisamente a aquellos que tenían este problema.
    Otro propósito es el ejercicio del autojuicio. Cualquier juicio requiere el ejercicio del discernimiento. Así lo encontramos en 1 Corintios 11:28-29, “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí”.
    La observancia de la ordenanza de la Cena del Señor requiere que los Cristianos entiendan lo que están haciendo. Deben saber lo que significa. La falta de discernimiento del significado, lleva a la falta de autojuicio y esa falta, al juicio y castigo del Señor. La naturaleza sagrada de esta ordenanza demanda discernimiento por parte de los participantes.

LA PRÁCTICA DEL DISCERNIMIENTO

    La práctica del discernimiento requiere conocimiento. Esto involucra la acumulación de hechos, una investigación de la verdad. Este es el principio sobre el cual Dios basa Su propio juicio, pues leemos en Romanos 2:2, “ ... el juicio de Dios...es según verdad”. Pablo, al orar por los filipenses, dice: “que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia...”. Nadie puede llegar a una correcta determinación o juicio aparte de un conocimiento de los hechos verídicos, o como dijo Francis Schaffer: “verdadera verdad” o “la verdad verdadera”.
    La práctica del discernimiento requiere amor. En su oración por los filipenses, citada anteriormente, Pablo enfatiza un amor creciente y rebosante en el tratamiento de los hechos de los cuales debe consistir nuestra ciencia o conocimiento. Si el amor de Cristo nos constriñe, como dice 2 Corintios 5:14, entonces los resultados de nuestra ciencia y discernimiento glorificarán al Señor.


LOS PRINCIPIOS DEL DISCERNIMIENTO
    No podemos ejercer el discernimiento sin alguna norma como guía. Esta norma es la Palabra de Dios. Dios mismo reconoce esta norma aún para Si mismo en el Salmo 138:2 que dice: “Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas”. Otro texto vital se encuentra en Isaías 8:20, “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido”. Cristo, en Su oración en Juan 17:17 declara: “Tu Palabra es verdad”. La norma de discernimiento espiritual es la Palabra de Dios, sin duda alguna.
    El segundo principio es ser una persona espiritual. Esto reprende a los fariseos, saduceos y a los creyentes carnales de nuestros días. Un texto pertinente acerca del hombre espiritual se encuentra en 1 Corintios 2:15, “En cambio el espiritual juzga (examina) todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie”. El examen aquí es con el propósito de discernir espiritualmente, lo cual sólo es posible en una persona espiritual. Nótese la misma idea en 1 Corintios 11:28, “...pruébese cada uno a sí mismo”. El propósito es de determinar o discernir su propia disposición o condición espiritual en relación al culto que involucra la Mesa del Señor. En la profecía Mesiánica de Isaías 11:2, el Espíritu del Señor es también llamado el Espíritu de sabiduría y de inteligencia. El mismo Santo Espíritu ahora reside en el cuerpo de cada creyente para poder controlar sus sentidos para que sean “ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (He. 5:14).

LA APLICACIÓN

    Hay una necesidad desesperante de un avivamiento, de un vivir realmente piadoso. Muchos cristianos no disciernen al pecado como pecado. Su visión espiritual está empañada por un astigmatismo espiritual. Como los laodicenses (ver Ap. 3:15-17), no pueden entender ni discernir la propia condición de sus miembros. Otros se han endurecido y ya no les quedan más lágrimas. Pero la eterna Palabra de Dios se mantiene en juicio sobre nosotros. ¿Qué ha sucedido con la predicación expositiva? ¿Dónde están los truenos desde nuestros púlpitos contra el pecado de los que están en los bancos? Porque nuestros cañones se elevan por encima de las cabezas de nuestro pueblo, dirigiéndose a los políticos, los apóstatas, etc., evitando así los pecados en nuestro medio. ¿Por qué seguir? Estas condiciones se ven a las claras.
    La única respuesta es un retorno al control del Espíritu Santo y la sumisión a la Autoridad de la Palabra de Dios. Entonces, sólo entonces estará resuelto el problema del discernimiento.
    “Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (He. 5:14).

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 ¡Vengo Pronto!

“¡He aquí, vengo pronto!” (Ap. 22:7, 12, 20). “El tiempo está cerca” (Ap. 22:10). No sólo aquí sino en el resto del Nuevo Testamento en general aparecen tales expresiones. En todo lugar la prometida revelación del Señor Jesucristo es representada como algo cercano, inminente, que puede suceder en cualquier momento. La impresión hecha sobre los primeros cristianos era que Cristo vendría en cualquier hora o día. Exactamente cuándo vendrá no les fue dicho en ningún lugar. Según las palabras del Salvador, no era para ellos el saber el tiempo o las sazones que el Padre puso en Su sola potestad (Hch. 1:6-7). Debemos estar en expectación constante de Su venida en cualquier año, día y hora.
    Ciertamente no tenemos libertad para posponer ni pensar que esté lejos lo que Cristo tan solemnemente declaró estar “cerca”. Andando el tiempo en la edad de la Iglesia, y especialmente ahora, cada creyente debe esperar en cualquier momento Su venida para cumplir todo lo que está escrito en este libro [Apocalipsis]. La Biblia indica que no hay nada entre nosotros y ese día.                      
traducido y adaptado de Seiss, The Apocalypse (Apocalipsis), pág. 528

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Hasta aquí nos ayudó Jehová.

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¿Cuál es la diferencia entre un mono y usted?  
(por favor, no se ofenda)

La enseñanza acerca de la evolución ha tenido un impacto profundo en nuestra sociedad. La ingeniería genética, los abortos y la eutanasia radican en la opinión de que en la formula de la vida, realmente no hace falta un Dios.
    Por “evolución” no debemos entender sencillamente “cambio”, sino más bien la idea de que las moléculas se transformaron en un ser humano (y en todo lo demás) simplemente por un proceso natural. La teoría que afirma que de alguna manera, al azar, puede surgir vida de algo inanimado, es francamente absurda. La generación espontanea ya fue demostrada falsa hace muchos años por Redi, Pasteur, y otros. Pero este concepto ha sido entrado de nuevo, clandestinamente, por los que buscan una alternativa a Dios.
    Aun más destructiva es la idea de que la materia impersonal y sin inteligencia haya podido producir de alguna manera al hombre con su personalidad, razón, y sus conceptos de moralidad. Esta teoría es en sí autodestructiva. Darwin mismo dijo: “Conmigo siempre surge la duda horrible de que si las convicciones de la mente humana, la cual ha sido desarrollada de la mente de animales inferiores, tienen valor alguno o son realmente dignos de confianza. ¿Confiaría alguien en las convicciones de un mono, si en semejante mente hubiera convicciones?” Si su cerebro es un accidente, ¿cómo puede confiar en sus pensamientos?
    Negando que Dios existe, el hombre acaba negando su propia humanidad. La verdad, la hermosura y el amor ya no tienen sentido. La Biblia afirma: “Dice el necio en su corazón, no hay Dios” (Sal. 53:1).
    No importa cuánto intente suprimirlo, aún surge desde lo profundo de cada uno aquella protesta que le dice que no es meramente un animal ni una máquina. Usted no debe esta forma de pensar a un ameba; pues la recibió de Dios, del Dios que le creó y que le llama a acercarse a Él. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
 
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INFORME ESPECIAL
Sobre La Psicología: ¿Ciencia o Religión?
VII

Martin y Deidre Bobgan

(viene del número anterior)

El Camino Menos Transitado
El psiquiatra M. Scott Peck ha llegado a ser un conferenciante y escritor muy popular entre “cristianos”. Sus libros: People of the Lie (“El Pueblo de la Mentira”), y The Road Less Travelled (“El Camino Menos Transitado”) aparecieron en una revista evangélica popular apuntados entre los libros del año. La lista viene de la votación de escritores, líderes y teólogos evangélicos seleccionados por la revista. Un crítico de libros del New York Times escribe: “La audiencia principal del libro está en la zona del “Bible Belt” (“Cintura Bíblica” , apodo asignado a una región bíblicamente conservadora en el sureste de los Estados Unidos). Describe el libro así: “un intento ambicioso de casar la teología cristiana con los descubrimientos de Freud y Jung en el siglo XX”.24
    En una entrevista publicada en la revista Christianity Today (“El Cristianismo Hoy”), le preguntaron a Peck: “¿Qué quería Ud. decir al llamar a Cristo: ‘Salvador’?” El periodista relata su respuesta:

“A Peck le gusta Jesús el Salvador como hada madrina (término que seguramente no usa de modo frívolo), como ejemplo o maestro de cómo vivir y morir. Pero no le gusta la idea de Jesús como el que hace Expiación”.25

    La opinión de Peck acerca de la naturaleza de Dios y la del hombre no viene de la Biblia, sino de una mezcla de la psicología jungiana con el misticismo oriental. Comenta así acerca de Dios y el hombre:

“Dios quiere que lleguemos a ser Él (o ella). Estamos avanzando hacia la divinidad. Dios es la meta de la evolución. Dios origina la fuerza evolucionaria y Él también es el destino. Eso es lo que queremos decir con ‘el Alfa y la Omega, el principio y el fin’”.26

    Pero la Biblia dice lo contrario:

“Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios” (Is. 44:6).

    No obstante, Peck continúa:

“Una cosa es creer en un Dios viejo y benigno que nos cuidará bien desde Su alta posición de poder donde nunca podremos llegar. Es totalmente otra cosa creer en un Dios cuyo deseo es que nosotros logremos Su posición, Su poder, Su sabiduría, Su identidad...”27

    Las únicas palabras que se asemejan a esta descripción son las de Lucifer en Isaías 14:13-14. En verdad Peck promete divinidad a todos los que acepten la responsabilidad de lograrla.

“No obstante, cuando creemos que es posible que el hombre llegue a ser Dios, ya no podemos descansar mucho, ni decir: ‘Bien, se terminó mi trabajo’. Debemos animarnos constantemente a adquirir más y más sabiduría, más y más eficacia. Al creer así nos habremos colocado al menos hasta la muerte en un camino de automejora y crecimiento espiritual. La responsabilidad de Dios debe ser también la nuestra”.28

    Peck entra todavía más en el laberinto del misticismo oriental y el ocultismo jungiano al decir: “Hablando claro, nuestro inconsciente es Dios. Dios en nosotros. Siempre hemos sido parte de Dios. Dios siempre ha estado con nosotros, está ahora, y siempre estará”.29
    En contraste a esto, la Biblia revela que la única manera de entrar en una relación con Dios es por medio de la fe en el Señor Jesucristo, pues Él es el único camino al Padre. Mientras uno no nace del Espíritu, mora en el reino de las tinieblas, bajo el dominio de Satanás.

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Ef. 2:1-5).

    No importa cuán amables, populares y bien intencionados sean los terapeutas “cristianos”, son poderosamente influenciados por la impía perspectiva psicológica. La psicología viene a ser la manera de interpretar las Escrituras y de aplicarlas a la vida cotidiana. Cuando uno lee la Biblia desde la perspectiva psicológica de Freud, Jung, Adler, Maslow, Rogers, y otros, su comprensión de la Biblia tiende a conformarse a las teorías de ellos. En lugar de mirar a la vida a través de la Biblia, mira a la Biblia a través de la psicología.
    Esos amalgamadores añaden la sabiduría de los hombres para suplir lo que según ellos falta en la Biblia. Toman el antiguo problema del pecado arraigado en el egoísmo, y le dan un nombre nuevo como “crisis de la mediana edad”, “síndrome del nido vacío” u otras ideas. Luego ofrecen soluciones procedentes de la masa leudada. Agregan a sus ideas psicológicas algún versículo o historia bíblica para que los cristianos las traguen. Así pretenden dar soluciones eficaces a problemas que erróneamente creen estar fuera del alcance de las Escrituras.

El Ministerio Pastoral Minado

Los consejeros psicológicos minan el ministerio de los pastores. Han desarrollado una fórmula para que los pastores remitan a ellos las ovejas del Señor: (1) Los que carecen de capacitación psicológica no son aptos para aconsejar a las personas que tienen serios problemas de vida. (2) Por eso, hay que remitirlas a los terapeutas profesionales. Estos dos pasos son indicios previsibles y patéticos de la seducción psicológica del cristianismo.
    Los pastores se han dejado intimidar por las aseveraciones de los psicólogos. Ahora temen hacer exactamente lo que Dios les manda: ministrar a las necesidades espirituales del pueblo mediante consejos bíblicos y piadosos en público y en privado. Parte de esa intimidación es hecha por otros pastores que recibieron capacitación psicológica.
    Un portavoz de la Asociación Americana de Consejeros Pastorales – un grupo de pastores con estudios en psicoterapia, dice así:

“Nuestra preocupación es que hay muchos ministros que no están preparados para la psicoterapia de sus feligreses”. 30

Esto, por supuesto, supone que los pastores no son cualificados. Entonces, la conclusión previsible a esta letanía es: “remítalos a un profesional”.
    Pero en los confines de la oficina del psicoterapeuta, es subvertido el mensaje pastoral que enfrenta el pecado en la vida del individuo. Cambian sutilmente el sentido de las palabras y frases. A la palabra pecado le sustituyen palabras de menos convicción, tales como: “fallo”, “error”, y “reacción a heridas del pasado”. Términos como “sanado” reemplazan palabras bíblicas como santificado y santo. De hecho, la palabra santo ha sido alterada para significar algo como “salud psicológica”. En manos de los que psicologizan, lo literal en las Escrituras a menudo se vuelve metafórico, y lo metafórico se vuelve literal.
    Pero no sólo aceptan esas nuevas definiciones los que pagan por oírlas de los psicoanalistas. También han llegado a ser conocidos y estandarizadas en la comunidad cristiana. Eso ha sucedido gracias a la influencia de la psicoterapia en libros, revistas y los medios cristianos de comunicación.
    ¿Es de sorprender que los pocos pastores piadosos que quedan hoy en día están perplejos respecto a su tarea de aconsejar con las Escrituras?

continuará, d.v. en el siguiente número

Para leer más artículos sobre la psicología y la psiquiatría, acude a:
www.sedin.org
http://carlosdiscipulo1.blogspot.com.es
www.thebereancall.org

Hay estudios muy buenos, bien documentados y razonados, sobre este tema en inglés. Lástima que tan poco existe en español, pero los que angloparlantes pueden aprovechar esa instrucción en Youtube: