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miércoles, 31 de mayo de 2023

EN ESTO PENSAD - junio 2023


Junio: Mes de Vergüenza
No Hay Orgullo En Lo Que Dios Condena

No se trata de odio, opiniones o juicios nuestros, sino de las Sagradas Escrituras.

Isaías 3.9
“La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos! porque amontonaron mal para sí”.


Isaías 3.11
“¡Ay del impío! Mal le irá, porque según las obras de sus manos le será pagado”.

Romanos 1.18
“... la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”.

Romanos 1.26-28
“Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen”. 

 
1 Corintios 6.9-10
“No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.

Colosenses 3.5-6
“...fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia”.

2 Pedro 2.6
“... condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente”.

El Consejo Bíblico: 

¡Arrepiéntete, porque viene el juicio de Dios!


Hechos 17.30-31
“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos”.

Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador y desea salvarlo.
Pero es necesario arrepentirse y creer en el Señor Jesucristo.

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 Predicar o Enseñar 

No Es Lo Mismo Que Adorar

1 Corintios 14.3 aclara que "el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación". Son cosas muy buenas y necesarias en toda asamblea: la edificación, la exhortación y la consolación. Todo creyente las necesita. Pero el momento apropiado para tales cosas no es la Cena del Señor, cuyo propósito es hacer memoria del Señor y anunciar Su muerte hasta que Él venga.
    Cuando una asamblea provee en la Cena del Señor un micrófono para que los hermanos se acerquen y den un pensamiento o una meditacion, se desvía del propósito de la reunión. Adorar no es predicar, enseñar, edificar, exhortar ni consolar. No es testificar. No es pedir motivos de oración. Es estar totalmente ocupado con la Persona gloriosa de nuestro Redentor, para alabarle, engrandecerle, y adorarle con acciones de gracias. Todo palabra se dirige a Él. En el cielo no predican, sino adoran. Aprendamos a hacer lo mismo.

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José Exaltado En Egipto  

(parte 2)
Lucas Batalla

viene del número anterior

Texto: Génesis 40-41

    Génesis 41.1 dice que pasaron dos años. ¿Qué hacía José durante todo ese tiempo? Seguía sirviendo como preso en la cárcel y comiendo su pan de cada día. Entonces, una noche soñó Faraón (41.1-7) acerca de las siete vacas gordas y las siete flacas. Cuando despertó, se dio cuenta que era sueño (v. 7) y estaba agitado su espíritu (v. 8). Pero cuando llamó a su gente, los consejeros y videntes profesionales (como hoy son los psicólogos), ninguno podía interpretar el sueño.
    Había llegado el momento clave en el plan de Dios. Entonces, el copero de repente se acordó de José. “Me acuerdo hoy de mis faltas” (v. 9). Muchos tendrían que hablar así, y cumplir sus promesas. Cuando Faraón oyó lo que había hecho José, lo llamó (vv. 10-14).
    Sacaron a José de la cárcel, y se afeitó y cambió de ropa, para presentarse ante el rey (v. 14). La apariencia es una forma de manifestar respeto y reverencia. En los versos 15-24 Faraón relató sus sueños y José hizo lo que siempre debemos hacer antes de hablar – escuchar atentamente y no interrumpir.
    José, cuando respondió, no intentó aprovechar la audiencia para quejarse de las injusticias que había sufrido y las condiciones en la cárcel. Interpretó los sueños del rey, y observamos que figura Dios, no José, en la interpretación (vv. 16, 25, 28, 32). “No está en mí” (v. 16), dijo humildemente. Explicó a Faraón el significado de los dos sueños, lo cual nos presenta una escena curiosa, en la que un esclavo hebreo enseña y aconseja al rey del país más potente del mundo de aquel entonces. ¡Admirables son los caminos de Dios y Sus obras providenciales! No solo explicó de los próximos siete años de prosperidad y los otros siete de hambre y escasez, sino también enunció un principio importante en el estudio de las Escrituras: el de la repetición. Cuando Dios repite las cosas, es para poner énfasis. En ese caso los dos sueños del mismo tema enfatizaron que pronto vendría lo que Faraón vio.
    Entonces José pasó de interpretar a aconsejar (vv. 33-36). “Por tanto” es una expresión que presenta una conclusión o aplicación. “Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto” (v. 33). Le aconsejó aprovechar el tiempo para preparar, ahorrando y administrando todo bien. “El avisado mira bien sus pasos” (Pr. 14.15). Faraón decidió en ese mismo momento qué hacer (vv. 37-45), pues no había tiempo que perder. ¿Quién más prudente y sabio que José, que le había interpretado los sueños?
     Exaltó a José, haciéndole segundo después de Faraón, y le puso sobre todo Egipto (vv. 40-41). Le dio su anillo de autoridad real, y le vistió ropas reales (v. 42). Le dio un carro real y ordenó que clamasen cuando pasaba: “¡Doblad la rodilla!” (v. 43). Aquella mañana José comenzó el día como preso en la cárcel, pero antes de ponerse el sol era señor de todo Egipto, la mano derecha de Faraón! Nos quedamos maravillados de los caminos de Dios, Su sabiduría y bondad para con José, que después de tantos años, sufrimientos, privaciones y lágrimas, fue bendecido más allá de todas sus imaginaciones. El rey le dio una esposa (v. 45), y le puso un nombre egipcio: “Zafnat-panea” (según el historiador Josefo, significa “interprete de misterios”). José tenía solo treinta años cuando fue exaltado (v. 46). Había sido fiel a Dios, y fue exaltado cuando fuere tiempo.
    Los versos 47-49 describen su trabajo durante los siete años de prosperidad, y los versos 50-52 informan del nacimiento de sus dos hijos: Manases (Dios me hizo olvidar) y Efraín (Dios me hizo fructificar). ¡Cómo había cambiado su vida en poco tiempo, no por sus esfuerzos sino porque Dios intervino a su favor! La voluntad de Dios siempre es mejor que la nuestra (Ro. 12.1-2).
    Termina el capítulo describiendo el comienzo de los siente años de hambre, y como Faraón remitió a todos a José para comprar comida. Todo Egipto conocía a José y estaba pendiente de él. Y un día pronto el Señor Jesucristo será exaltado en este mundo donde fue humillado. Tengamos claro que Él triunfará y será glorificado, y seamos fieles y leales a Él hasta que venga. Él no nos dejará ni nos desamparará, y sabe cómo y cuándo recompensar a Sus siervos. El Salmo 37.37 dice: “Considera al íntegro, y mira al justo; Porque hay un final dichoso para el hombre de paz”.

Lucas Batalla, de un estudio dado 11-9-22

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Hablaron Desde El Infierno

C. Leslie Miller

Introducción

Abel, Daniel, Noé, Abraham, David, Juan, Pedro, grandes hombres de Dios, héroes de la fe que conocieron a Dios y hablaron con Él. Allí los tenemos en las páginas de la Sagrada Escritura, mezclados con relatos de intrigas y romance, aventuras y poderosas impresas.
    Pero en las mismas páginas están los otros nombres – Caín, Faraón, Jezabel, Saúl, Judas– gente de carácter opuesto, cuya maldad sin límites ha dejado manchas indelebles sobre los registros de la historia humana.
    Ambos, los buenos y los malos, han vivido y han muerto. Así como ambos estuvieron divididos en la vida por su conducta, en la muerte están divididos por el destino. Lo que está implicado en esas áreas de división no es conocido en gran medida. Los velos de la muerte son muy opacos. De hecho, solo en la Palabra de Dios se pueden encontrar limitados indicios de lo que hay más allá del Valle de Sombra de Muerte.
    El apóstol Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, nos informa que, para el creyente, estar ausente del cuerpo es estar presente con el Señor. Luego hay una serie de detalles, que nos dejan en el deseo de saber más, pues revelan tan solo la sugestión de cosas maravillosas y de un lugar mejor.
    “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2.9).
    La Biblia solo corre algo el velo de la muerte para darnos un atisbo limitado de la existencia experimentada por aquellos que mueren sin Dios y sin esperanza. ¿Tienen conciencia? ¿Están en tormento? ¿Pueden hablar y recordar lo que les ocurrió cuando eran mortales? ¿Tienen alguna esperanza de reconsideración? ¿Están preocupados por los que aman y permanecen en la tierra de los vivientes? Si pudieran comunicarse con nosotros, ¿qué nos dirían?
    “Tratando de descubrir respuestas a estas preguntas, decidí ir directamente a los (lamentables) personajes de la historia bíblica, y usando el universal y permanente lenguaje de la imaginación, preguntarles si estarían dispuestos a una entrevista”.1  
    Cuando examino las cartas y mapas de las líneas de la vida y lo que hay más allá de ellas, descubro que están claramente marcadas hasta que entran al Valle de Sombra de Muerte.2 De allí en adelante, el camino a la derecha lleva hacia arriba hasta que se confunde con una nube de gloria que tiene la inscripción: “Paraíso”. Una nota al pie del mapa indica que, luego del descenso de Cristo a “las partes más bajas de la tierra”,3  el Paraíso ha sido removido del área del Hades al tercer cielo.4
    La línea que lleva a la izquierda del valle no ha sido marcada claramente, pero con certeza lleva hacia abajo. Inmediatamente más allá del Valle hay un cartel. Sobre él estaba impreso en hebreo: “Sheol” y más abajo, en griego: “Hades”.
    Pero la línea continúa más allá de esta señal, y finalmente termina en una ubicación identificada por una señal que tiene en grandes tipos una letra: “L”, y una “F”. Mirando más de cerca, se nota que las letras indican “Lago de Fuego”.5 No había más líneas ni señalas más allá de este punto. ¡Era el fin del camino!
    Yo no estaba realmente tan interesado en aprender sobre las condiciones de esa morada de tormento, mientras intentaba descubrir por qué se encontraban allí. Y más allá de todo ello, estaba la esperanza de que la información que pudiera obtener pudiera evitar que otros mortales alzaran sus ojos “estando en tormentos”. 6
    De modo que, para entrevistar a algunos de los deshonrosos personajes de la historia bíblica, tenía que viajar en la imaginación hasta el Hades, el punto final antes del Lago de Fuego para esas trágicas víctimas del pecado.
    Ciertos pasos preliminares eran necesarios. Primero, tenía que decidir a quiénes entrevistaría. En segundo lugar, era necesario obtener toda la información posible sobre su actual ambiente y su historia terrena. En tercer lugar, tenía que enfrentar la pregunta: ¿Era adecuado ir más allá del límite de la mortalidad y penetrar en los misterios y emociones que están en el otro lado de este Valle de Lágrimas? ¿O sería invadir territorio exclusivamente divino?
    También enfrenté el problema de credibilidad. Como la imaginación tendría que servirme de vehículo y medio de comunicación, ¿hasta dónde podría ir para identificar a los sujetos entrevistados? ¿Cómo podría decir que entrevisté a Caín en el Hades cuando la Biblia no declara que Caín está en el Hades?
    Debo admitir que solo por conjetura podía hacerlo, y que eso debería estar apoyado por evidencia bíblica directa, o por definidos principios bíblicos.
    En el caso de Caín, la Biblia declara específicamente que “era del maligno” (1 Juan 3.12).
    El principio general del tormento post-muerte de las personas malvadas es enfatizado repetidamente por medio de las Escrituras, por ejemplo:
Salmo 9.17 “Los malos serán trasladados al Seol”.
Mateo 8.12 “Los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”.                                  
Marcos 9.47-48 “Si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga”.

    Un estudio cuidadoso de lo que se ha registrado de la vida terrena de todos los que he planeado interrogar indica que en todos los casos hubo un desafío a Dios, una deliberada infracción de las leyes divinas, y ninguna indicación de arrepentimiento y cambió de actitud y conducta. De modo que si he identificado a cualquiera de los que he entrevistado como si estuvieran en el Hades y la eternidad demuestra que me he equivocado, será para mí un placer supremo poder disculparme con los implicados.
    Todas estas preguntas me llevaron a un cuidadoso estudio de hasta dónde llega la Sagrada Escritura para revelar lo que hay más allá de la crisis de la muerte. Para mi sorpresa, descubrí que se da considerablemente mas información relativa al Hades de la que se da sobre los que están concretamente en el Cielo. Esto fue alentador porque indica que Dios quiere que sepamos algo sobre el destino de aquellos que han ido barranco abajo.
    Fue difícil tomar la decisión sobre aquellos que había que entrevistar. Su fama o posición durante la vida no me resultaba de importancia. Quería descubrir lo que les hizo ignominiosos, las elecciones que hicieron, los pasos que llevaron al naufragio de sus almas. Quisiera volver con los hechos que pudieran servir de triste advertencia a aquellos que todavía viven de este lado del Valle de la Muerte.
    Y así empezó todo. No disfruté de la experiencia. Me llevó a una nueva comprensión de la extrema pecaminosidad del pecado. Salí de esas entrevistas algo serio, sorprendido de la amplitud de la gracia y justicia de Dios, y la amplitud de la arriesgada e insana rebelión del hombre contra las inmutables leyes del Creador. Ahora puedo concordar plenamente con el autor de Hebreos de que “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”.7

1 Hablaron con Dios. Publicado por Manna Books, 1975. Trad. Por CLIE, 1977.

2 Salmo 23.4

3 Efesios 4.8-10  nota del editor: este texto se refiere a la encarnación del Señor, en el vientre de María, como bien indica el Salmo 139.15.    

4 2 Corintios 12.1-4

5 Apocalipsis 19.20; 20.10, 14-15 

6 Lucas 16.23  

7 Hebreos 10.31 

continuará, d.v. en el siguiente número

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“En el principio...Dios...”  (Gn. 1.1)

Aparece en la primera página de la Biblia esta audaz afirmación de la realidad y existencia eterna de Dios. No presenta ni  necesita explicaciones. No requiere una presentación. Simplemente declara la más grande realidad, y Dios espera que nadie será tan necio como para dudar de Su existencia, ni siquiera por un momento. Toda la creación testifica acerca de su Creador Todopoderoso, y nos rodean evidencias de Su poder y sabiduría. “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal. 19.1). Los hombres, con sus teorías de evolución, le llaman mentiroso e intentan robarle Su gloria.
    Cuando todo comenzó, Dios ya estaba ahí. No había nadie ni nada antes que Dios. Nadie más puede testificar acerca de la creación, porque solo Él estaba.
    Pero para los creyentes, Él es más que el Creador. ¡Dichosos los que han nacido de nuevo y por eso legítimamente pueden llamar “Padre” a este Dios! Solo ellos conocen Su cuidado en gracia, Su amor y ayuda durante toda la vida y por las edades de la eternidad. No se adormecerá ni se dormirá Él que los guarda (Sal. 121.4). Su oído siempre está atento a nuestro clamor. Es maravilloso que seamos objetos de Su cuidado constante, y que Él siempre piense en nosotros. ¡Nunca nos ignora ni nos olvida!
    “Yo soy Dios, el Dios tuyo” (Sal. 50.7). Sea nuestro anhelo el conocerle más íntimamente, amarle más sinceramente y servirle más lealmente. 

Roy Reynolds, Irlanda del Norte, traducido y adaptado de la revista “Assembly Testimony”, enero/febrero 2023, pág. 20

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El Deber de la Pascua 

Cuando Dios libró a Israel de Egipto, lo conmemoró estableciendo la Pascua (Éx. 12), para que nunca olvidaran su liberación por intervención divina. “Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis” (Éx. 12.14). Los padres debieron enseñarlo a sus hijos, para que cada generación celebrara la Pascua (vv. 26-27). “Es noche de guardar para Jehová, por haberlos sacado en ella de la tierra de Egipto. Esta noche deben guardarla para Jehová todos los hijos de Israel en sus generaciones” (v. 42).
    Había que seguir cada detalle de las instrucciones divinas, sin improvisar ni modificar nada. Y el pueblo fue obediente. “Así lo hicieron todos los hijos de Israel; como mandó Jehová a Moisés y a Aarón, así lo hicieron” (v. 50).
    Había que celebrarlo a su tiempo, no en cualquier día, sino “a su tiempo” (Nm. 9.2), esto es, “en el mes primero, a los catorce días del mes, entre las dos tardes... conforme a todas las cosas que mandó Jehová a Moisés” (Nm. 9.5). No daba lo mismo un día que otro. Los detalles inspirados son importantes.
    Solo había dos razones admisibles para faltar en la Pascua. (1) estar inmundo; (2) estar de viaje lejos. Dios hizo provisión para los que estaban inmundos en esa fecha, o de viaje lejos. Debieron celebrar la Pascua el mes segundo, a los catorce días (Nm. 9.6-11).
    Para todos los demás, no había excusa admisible para faltar en la Pascua. No era opcional para el pueblo de Dios. “Mas el que estuviere limpio, y no estuviere de viaje, si dejare de celebrar la pascua, la tal persona será cortada de entre su pueblo; por cuanto no ofreció a su tiempo la ofrenda de Jehová, el tal hombre llevará su pecado” (Nm. 9.13). La fiesta memorial de su liberación no era cualquier cosa.
    Pasando al Nuevo Testamento, vemos que el Señor Jesucristo instituyó la Cena del Señor en la misma noche de Pascua, reemplazando la Pascua con ella. A la iglesia, la Cena del Señor es tan importante que la Pascua es a Israel. Además, no se celebra una vez al año, ni una vez al mes, ni sábado por la noche, sino cada primer día de la semana, el día de la resurrección del Señor (Hch. 20.7; 1 Co. 16.2).
    Debemos seguir las instrucciones divinas, sin improvisaciones ni modificaciones. Hay que celebrarla a su tiempo, no en cualquier día. Siguiendo el patrón dada en la Palabra con respecto a la Pascua, diríamos que estar inmundo o estar de viaje lejos son las únicas razones por las que debemos faltar en la Cena del Señor. Si estamos limpios, y no estamos de viaje, no debemos dejar de celebrar la Cena del Señor, pues sería pecado. Cada semana este primer día es del Señor; no es nuestro para regalar a familia o amigos que visitan, ni para excursiones ni otras cosas. Ante lo que surja para el domingo, digamos que ya tenemos compromiso ese día. No debemos planificar otras cosas para ese día, porque ya tenemos compromiso con el Señor, y Él no falta en ninguna reunión. Por supuesto que en la edad de la gracia la iglesia nunca castiga con muerte a nadie, pero sí debe haber disciplina para aquellos que dejan de celebrar la Cena del Señor, pues es pecado y mal ejemplo.
    Pero ¿realmente es necesario decir esto? Nuestro Señor amado estableció la Cena del Señor en la noche que fue entregado (1 Co. 11.23). Se supone que cada creyente actuará por amor al Señor, y en ese amor guardará Sus mandamientos (Jn. 14.15). Además, el amor de Cristo debe constreñirnos a no vivir para nosotros mismos, “sino para aquel que murió y resucitó” (2 Co. 5.14-15). Él ha prometido estar en medio de nosotros cuando nos reunimos en Su nombre (Mt. 18.20). ¿Quién quisiera estar en otro lugar que aquel donde su Señor le espera?
    Los apóstoles enseñaron a los nuevos creyentes cómo convenía conducirse y agradar a Dios (1 Ts. 4.1). Aprendamos también esas importantes lecciones, y entre ellas está la importancia de la Cena del Señor.        

   Carlos

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 ¿Qué Es El Arrepentimiento?

 H. A. Ironside


El llamado al arrepentimiento es algo que falta en la predicación en tiempos modernos. Algunos de nuestros hermanos casi tienen miedo de hablar del arrepentimiento, porque hay gente que cree que es algo meritorio.
     Pero no es una obra de mérito. El arrepentimiento es reconocer que uno no tiene méritos, que en sí mismo es un pecador que no merece sino castigo, reo del juicio divino. El Dios santo y justo “manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hch. 17:30).
    El arrepentimiento no debe confundirse con la penitencia. La penitencia es contrición o tristeza por el pecado, pero somos advertidos que “la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse” (2 Co. 7:10). No es tan solamente tristeza por lo que hemos hecho. Puedo entristecer mi corazón al pensar de las cosas malas que he cometido, y de todo el daño que he causado a otros, pero a la vez no arrepentirme realmente para con Dios.
    El arrepentimiento tampoco debe ser confundido con los actos de penitencia. Esos son esfuerzos de expiación o reparación por cosas que uno ha hecho. Son una manera de sufrir voluntariamente; pero no hay sufrimiento físico ni negación propia que pueda pagar por lo malo que le hemos hecho a Dios o al hombre.
    El arrepentimiento no es una reforma personal. Algunos tienen la idea que el arrepentimiento es que uno intenta abandonar sus pecados, limpiarse y vivir justamente, es decir, obra para hacerse buena persona, para merecer la salvación. No es así. Cierto es que puede haber reformas personales sin el arrepentimiento, pero nunca puede haber un verdadero arrepentimiento que no produce cambios, pues si de veras me arrepiento y creo el evangelio, seguramente habrá cambios. La nueva naturaleza no es como la vieja. Ser guiado por la carne y el espíritu de desobediencia no es igual que ser guiado por el Espíritu. Cuando haya arrepentimiento y fe, la vida cambia.      

de su comentario sobre el Evangelio según Lucas, escrito en 1947

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W. E. Vine:
“En el NT el asunto tiene referencia principalmente al 'arrepentimiento' del pecado, y ese cambio de mente incluye tanto volverse del pecado como volverse a Dios”.

Diccionanrio Expositivo

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Tomás y sus Dudas

Tomás insistió que no creería en la resurrección del Señor Jesús sin tocar las heridas físicas de Cristo. Si no viera la evidencia, dijo: “no creeré” (Juan 20.25). Tomás no es el único, pero gracias a Dios, por medio de la fe, el que dudaba vino a ser Tomás el creyente.
    Podía haber creído la evidencia de las profecías bíblicas. Creía la Biblia, pero parece que se le olvidaba que múltiples veces la Biblia profetizaba la muerte y resurrección del Mesías.
    Podía haber creído el testimonio de las mujeres y sus condiscípulos.
     Respetaba grandemente a María, la madre del Señor Jesús, y sus amigos Pedro y Juan. Pero escogió ignorar la evidencia de su testimonio de haber visto a Cristo resucitado.
    Podía haber creído las propias palabras del Señor. Había estado tres años con Cristo, día y noche. Conocía Su vida perfecta y carácter impecable. En las semanas antes de la crucifixión, en tres ocasiones el Señor le había dicho que sería crucificado, pero que resucitaría el tercer día. Sabía que Jesucristo es “la verdad” (Juan 14.6), pero escogió ignorar esa evidencia.
    Podía haber creído la evidencia de sus propios ojos. Otros habían visto que la tumba vacía no fue invadida por ladrones, pues pareció que el cuerpo de Cristo, al resucitar, había atravesado los lienzos sin estorbarlos. Ésa fue la evidencia que convenció a Juan para que creyera (Juan 20.8), pero no a Tomás.
    Cuando luego el Señor le invitó a meter su mano en las heridas, no lo hizo. Simplemente se postró a los pies de Cristo y exclamó: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20.28). Tomás creyó en el Señor Jesús y recibió vida eterna por la Palabra del Señor. Su corazón se ablandó. Sus dudas e incredulidad fueron reemplazadas por gozo. El problema no fue falta de evidencia, sino un corazón incrédulo. Creer o no es una decisión nuestra. No digas “no puedo creer”, porque no es así. No puedo y no quiero son dos cosas muy diferentes. La fe no es un don, sino una responsabilidad. Dios nos ha hecho capaces de creer, y espera que ejerzamos nuestra responsabilidad. Nadie es más digno que Dios de nuestra confianza. El Señor dijo: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20.29). Ahora te pregunto: ¿Quieres esa bendición? ¿Crees, o no? 

domingo, 30 de abril de 2023

EN ESTO PENSAD - mayo 2023

 José Exaltado En Egipto

Lucas Batalla


viene del número anterior


 Texto: Génesis 40-41 

Al comenzar esta parte de la vida de José, conviene recordar las palabras de 1 Pedro 5.6-7. “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. Ciertamente José hizo esto durante largos años, cuando aparentemente no había esperanza, pero fue exaltado cuando llegó el tiempo del plan de Dios. Siempre es mejor el plan de Dios que el nuestro.
    Entramos en el capítulo 40 con José sirviendo en la cárcel. El verso 1 dice: “después de estas cosas”, es decir, andando el tiempo, y José estaba ocupado en su rutina diaria entre los presos. Dos oficiales de Faraón, rey de Egipto, delinquieron contra el rey (vv. 1-2). El jefe de los coperos y el jefe de los panaderos fueron implicados, por lo que es posible deducir que había algún complot contra la vida del rey, quizás con intención de envenenarlo, pero eso decimos como conjetura porque la Escritura no explica más. El caso es que fueron encarcelados, justo donde estaba preso José (v. 3). Aunque José estaba preso, servía como criado al capitán de la guardia, y éste los encargó a José para que les atendiera (v. 4). Pasaron varios días, y una noche esos dos hombres soñaron – cada uno su propio sueño (v. 5). Cuando José les vio la mañana siguiente, observó que los dos estaban tristes y preguntó por qué (vv. 6-7).
    Respondieron que era por los sueños, porque nadie sabía interpretarlos (v. 8). Observamos como José quiso ayudarles, pero tuvo cuidado de exaltar a Dios, no a sí mismo. “¿No son de Dios las interpretaciones? Contadmelo ahora”. No hacía alarde de sus habilidades, sino como hombre que andaba en comunión con Dios, sabía que contaba con Su ayuda. A diferencia de muchos hoy que pretenden traficar en revelaciones, interpretaciones, etc., José no les cobró. Sinceramente quería ayudarles.
      En los versos 9-15 el jefe de los coperos contó su sueño, y José le dio la interpretación. Dentro de tres días sería sacado, restaurado a su oficio, y serviría a Faraón como hacía antes. Sabiendo que volvería a estar delante de Faraón, José le pidió un favor. “Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa. Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel.” (Gn. 40.14-15). Mas el verso 23 relata que “el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó”. No seamos como ese hombre olvidadizo. Cumplamos nuestras promesas, y no dejemos abandonados a los que dependen de nosotros cuando está en nuestro poder hacerles bien. Hebreos 13.3 exhorta: “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo”.
    Entonces, el panadero cobró ánimo cuando oyó la buena interpretación del sueño de su compañero, y contó su sueño a José (vv. 16-19), pero no fue agradable la interpretación. José no intentó suavizar las palabras, sino le dijo francamente lo que estaba a punto de suceder. También nosotros deberíamos hablar acerca del pecado y el castigo de Dios cuando testificamos a los pecadores. No seamos como los familiares de uno enfermo con cáncer. Todos menos él saben que va a morir, sin embargo, no le dicen la verdad, sino que tiene un virus u otra cosa así. Efesios 4.25 exhorta así: “desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo”.
    Los versos 20-23 informan que las cosas sucedieron así como José había dicho. Después de tres días, Faraón restauró al copero, y ahorcó al panadero. El mensajero de Dios había sido fiel. No recibió recompensa alguna en el momento, pero eso también entraba en el plan de Dios, pues todavía debía pasar más tiempo esperando. El copero no se acordó de José, pero Dios sí. La impaciencia puede causarnos muchos problemas en la vida. Por ella podemos interpretar mal o saltar la voluntad de Dios, porque sentimos que nos urge hacer algo, cuando realmente deberíamos esperar. José esperó dos años más, pero no era tiempo perdido.

continuará, d.v. en el número siguiente 

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ESCOGE LO MEJOR


Salmo 37:16 "Mejor es lo poco del justo que las riquezas de muchos pecadores".
    La sabuduría humana no suele considerar que es mejor tener poco que tener mucho. Por lo general, estima más al rico que al pobre. Pero Dios valora la justicia de vida más que la cuenta bancaria y las posesiones.
    Hoy algunos predican que si tienes fe serás rico. He aquí el caso contrario: el justo tiene poco, y las riquezas son de los impíos (Sal. 17.14). El justo busca primeramente el reino de Dios y Su justicia. Tiene lo que necesita, pero no guarda sus bienes para el futuro, como hizo el rico insensato de Lucas 12.15-21. Su prioridad es vivir en justicia, rectitud y piedad, y estas cosas tienen su recompensa en esta vida y en la venidera (1 Ti. 4.8).

Salmo 63:3 "Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán".
    La vida es preciosa, pero andar con Dios y experimentar comunión con Él es mejor que todo lo que esta vida pueda ofrecer. La misericordia de Dios es una gran bendición, y dichosa la persona que la conoce. La contemplación de ella nos mantendrá humildes. Sin Su misericordia ni siquiera seguiríamos vivos. Dios es rico en misericordia (Ef. 2.4). El Salmo 136 celebra la grandeza de Su misericordia, y nos llama a alabarle por ella.

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No Os Hagáis Tesoros En La Tierra

Anthony Norris Groves

La comendación de Cristo a la viuda pobre enseña que desea que tomemos literalmente Su mandamiento.
    Pasamos de observar la conducta de aquel joven rico a considerar ahora el comentario notable del Señor sobre la caridad de la viuda pobre. En Marcos 12:41-44 leemos:
“Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento”.
     En la estimación del mundo, nada podría ser más imprudente o incorrecto que la conducta de ella; y me temo que pocos de nosotros tendrían el valor de elogiar o recomendar a uno que siguiera su ejemplo. Pero, ¿cómo juzga el asunto nuestro Señor, el que no juzga según las apariencias sino con justo juicio? Él observa que ella actúa muy de acuerdo con Su precepto de no guardar para sí. No señala a Sus discípulos el peligro de actuar como ella, ni que Sus palabras no sean tomados literalmente... Al contrario, señala cuidadosamente la peculiaridad y grandeza sin igual de su sacrificio. Les invita a admirar lo que ella hizo. Los ricos echaron de su abundancia, mucho. Pero después de sus ofrendas todavía eran ricos. En contraste, ella de su penuria echó poco, pero era todo lo que tenía, todo su sustento. Los ricos no suelen hacer esto.


págs. 31-32 del libro Devoción Cristiana, por A. N. Groves, Libros Berea

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La Iglesia:
Posesión de Cristo, No de los Hombres

parte 2

     W. E. Vine    

viene del nº de enero
Un Organismo Espiritual

    Pablo habla de la verdad de la iglesia como un misterio. Expone que ella fue formada por la incorporación de creyentes, judíos y gentiles, en un cuerpo del cual Cristo es la Cabeza. Un misterio es una verdad que ha estado “escondido desde los siglos en Dios” (véase Ef. 3.1-9), pero revelado a los santos en el tiempo divinamente indicado. Es algo que hasta ese momento “se ha mantenido oculto desde tiempos eternos” (Ro. 16.25).   
    La gran verdad de ese organismo espiritual con sus partes constituyentes fue especialmente entregada a Pablo (Ef. 3.9). Sin embargo, la primera declaración acerca de la iglesia vino en la ocasión cuando Pedro confesó al Señor como “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16.16). El Señor declaró que solo el Padre le había revelado esta verdad, que sobre el fundamento de esa revelación Cristo mismo edificaría Su iglesia,1 y que las puertas del Hades no prevalecerían contra ella. La revelación comunica las grandes verdades fundamentales de la Persona de Cristo, Su relación eterna con el Padre y Su resurrección. Él “fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Ro. 1:4). Siendo eternamente el Hijo de Dios, Su resurrección declaró enfáticamente esta verdad. Su lugar como Constructor de Su iglesia está conectado esencialmente con Su muerte y resurrección. Mediante éstas, Él venció todo lo que el Hades representa, pues las puertas representan el lugar del ejercicio de autoridad. Destruyó – dejó arruinado o impotente – “al que tenía el imperio de la muerte” (He. 2:14). La Iglesia está establecida sobre Cristo resucitado, victorioso, que da vida, el inmutable. “Nadie puede poner otro fundamento” (1 Co. 3.11).

Un Edificio Espiritual

    Entre las verdades relacionadas con la iglesia, expuestas por Cristo y Sus apóstoles, llaman la atención su establecimiento espiritual y su carácter y destino celestiales. El apóstol Pedro continúa la metáfora que el Señor usó, y describe a Cristo como “piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa” (1 P. 2.4). A continuación, se dirige a los creyentes: “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales...” (1 P. 2.5). “Todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor” (un santuario, un lugar santísimo espiritual), con los creyentes “juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Ef. 2.21-22).
    Los apóstoles no establecieron ningún sistema terrenal u organización de iglesias centralizadas en una sede eclesiástica. Esa política está notoriamente ausente en su doctrina y métodos. Lo que sucedió en Jerusalén en Hechos 15 no es un ejemplo de semejante sede. Hay quienes llaman aquella compañía un concilio apostólico. Fuera cual fuera su naturaleza, ningún apóstol lo presidió. Pedro y los otros apóstoles tomaron parte, Jacobo resumió todo en un discurso final, y escribieron una carta en nombre de los apóstoles y ancianos. Toda la iglesia escogió a varones para llevarla (v. 22). Pero esa reunión fue circunstancial, y no hubo intención de establecer un precedente. En los tiempos de los apóstoles no se menciona en ninguna parte otra reunión como ella. La decisión tampoco efectuó la resolución del problema. Posterior a esto Pedro mismo fue hallado conduciéndose de manera contraria al decreto (Gá. 2.11-14).
    Desde Antioquía salió una gran obra misionera, pero en lugar de conducirla bajo el patrocinio de Jerusalén, se llevó a cabo en total independencia de los apóstoles y aun de sus delegados (Hch. 13.1-3).

Sistemas No Autorizados

    Por lo tanto, los acontecimientos en Jerusalén no apoyan el establecimiento de una sede centralizada para una organización de iglesias. Buscaremos en vano en Hechos y las epístolas siquiera una intimación del establecimiento de semejante institución.
    Excepto en asuntos como ofrendas para los santos pobres en otras regiones, el único lazo que conectaba las iglesias era espiritual. Solo había lazos de la común vida en Cristo y la presencia del Espíritu Santo en los creyentes. No existía ninguna unidad externa ni organización como una federación, asociación o afiliación, ni de las iglesias en un área ni de todas las iglesias. El testimonio apostólico está en contra de la organización de iglesias en un sistema eclesial. En las Escrituras no existe ninguna expresión como: “La Iglesia en la Tierra”, ni contienen nada para justificar una idea como esa. La única Cabeza de la Iglesia es Cristo, y por Sus manos hay provisión para todas las necesidades espirituales de cada iglesia local. La Iglesia que consiste de todos los que están en Él que es la Cabeza, es una entidad visible solamente a Dios. En contraste, los sistemas eclesiásticos son visibles a los ojos del mundo, pero incluyen una mezcla de lo verdadero y lo falso. Son el producto de desviarse del diseño del Arquitecto y Constructor Divino, y son el resultado de la interferencia humana con la operación del Espíritu de Dios.
    Algunos enseñan que ciertos decretos de concilios eclesiales y potentados en los siglos después de los apóstoles eran simplemente el desarrollo de las enseñanzas apostólicas. Alegan que tales adiciones eran necesarias para afrontar las circunstancias de esos tiempos posteriores. La idea de que esos aumentos eran para desarrollar la iglesia es contraria a la verdad. Los que alegan que fueron necesarias contradicen el testimonio de Cristo y Sus apóstoles.
    En las páginas que siguen demostraremos algo del alejamiento de las instrucciones y los mandamientos que el Señor y Sus apóstoles dieron para las iglesias. Es manifiesta la diferencia radical entre lo que fue establecido en la cristiandad apóstata y las doctrinas de “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3). El auge de los sistemas eclesiásticos produjo una condición en las iglesias que estaba lejos de desarrollar la fe. Al contrario, esas condiciones eran (y son) totalmente opuestas a la fe. Semejante dejadez era el cumplimiento de lo que Cristo y Sus apóstoles había predicho, que se levantaría falsos maestros, hablando cosas perversas.
    En los postreros tiempos que nos tocan vivir, el Espíritu de Dios ha estado operando en los corazones de miles de Su pueblo, para que se vuelvan a las enseñanzas apostólicas.
 1 Si concedemos que las palabras “tú eres Pedro” representan correctamente el original, el Señor confirmaba un nombre que ya le había dado (Jn. 1.42). Asociaba su carácter con la verdad de su confesión. Sin embargo, hay considerable autoridad en los manuscritos para traducirlo así: “tú has dicho”. La diferencia es simplemente de espacios – a saber – su eips es “tú eres Pedro”, y su eips representa su eipas, “tú has dicho”. Agustín en su versión latina puso “tu dixisti” (tú has dicho), y debía ver apoyo para eso en los manuscritos. Jerónimo en un lugar cita el pasaje como su eipas. Además, cuando en este mismo Evangelio Caifás interrogó al Señor acerca de si era “el Cristo, el Hijo de Dios” (prácticamente el mismo título que en la confesión de Pedro), Él respondió inmediatamente: “Tú lo has dicho” (Mt. 26.64). 

del libro La Iglesia y las iglesias, por W. E. Vine,  publicado por Libros Berea

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Menos Hablar y Más Trabajar

“En toda labor hay fruto; mas las vanas palabras de los labios empobrecen”  Proverbios 14.23

Es fácil hablar de lo que queremos hacer en el futuro, o de lo que hicimos en el pasado, o de lo que hacen o no los demás. Pero eso no produce nada beneficioso para nosotros, ni para otros creyentes, ni para los inconversos. “Los obreros pocos” dijo el Señor. Hace falta labor y esfuerzo diligente, y hay muchas oportunidades para ello. Pablo habla de trabajar en el evangelio (Fil. 4.3), de colaborar en la edificación de la asamblea (1 Co. 3.8-9), de trabajar en predicar y enseñar (1 Ti. 5.17), de trabajar con las manos (Ef. 4.28), y de trabajar entre los santos, presidiendo y amonestando (1 Ts. 5.12). El ejemplo suyo era de trabajar “de noche y de día para no ser gravosos” (1 Ts. 2.9; Hch. 20.34). No conocía la pereza. Declaró: “su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Co. 15.10). En verdad hay trabajo para todos, y en todo ello hay fruto. Recordemos la exhortación de Pablo en 1 Corintios 15.58, que es para todo creyente: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”.

Traducido y adaptado de la revista “Assembly Testimony”, julio/agosto 2022

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Tus Días Están Contados

William MacDonald

Antes de llevar mucho tiempo viviendo, nos encontramos cara a cara con la realidad de que la vida es muy corta (Job 14.1-2). Es como la hierba —sembrada, crecida, cortada, llevada por el viento. Es como el viento y la niebla —desvaneciéndose y breve. Es como la lanzadera de un tejedor —abalanzándose por el telar como si le hubiesen dado un tiro con una pistola. Es como un palmo —el corto recorrido por la palma de la mano. Will Houghton tenía razón cuando dijo que la cuna y el ataúd son sacados del mismo árbol.
    Ahora vemos a una niña recién nacida con su sonrisa linda y graciosa, y la piel tan suave y delicada. Observando serenamente a sus admiradores, es un encanto con faldón rosa. Ponle unos años, y mírala con sus puntillas, volantes y lazos. Ya está dando de comer a su muñeca, o saltando a la comba en la calle. Antes de que te des cuenta, es una adolescente vivaracha, tremendamente consciente de la ropa y los accesorios, aventurándose en su primera cita. Luego llega a la etapa del matrimonio, y es una madre criando hijos, establecida y serena. Finalmente se jubila, siendo ya madura, plácida, llena de la sabiduría que ha adquirido por su experiencia.
    O pongamos un bebé, un bultito que se retuerce envuelto en azul. Poco después es un niño pequeño, equipado con un curso incorporado de psicología. Sabe cómo llegar hasta el límite de la paciencia de sus padres, y entonces retroceder con cautela. Con los bolsillos llenos de lombrices, ranas, tornillos y piedras, se tambalea en su primera bicicleta. Durante el día parece un demonio, pero una vez dormido en la cama, es un ángel sin lugar a dudas. En su adolescencia se desespera por conseguir la aprobación de sus superiores y es más consciente de su ropa y apariencia. Es a la vez atrevido y tímido, confiado e incierto, romántico y determinado soltero. Ya siendo hombre, es un trabajador compulsivo, llevando el peso de la familia y las responsabilidades del negocio. Intenta apretar 30 horas en las 24 que tiene el día, y estirar el dinero para suplir un presupuesto inflacionario. Cuando al fin consigue tenerlo todo arreglado, ya es abuelo. Y ahora ya es un viejo cuyo cuerpo no puede ir al paso que todavía va su espíritu. Mirando a los jóvenes, dice: “¡yo también fui así!”
    No es de extrañar que un crítico de 84 años se describiese a sí mismo como estando en la esquina de una calle, con el sombrero en la mano, mendigando a los transeúntes para que dejasen caer dentro del sombrero sus minutos ociosos.
    Si la brevedad de la vida nos enseña algo, esto es que si tenemos planes de hacer algo, más vale que nos demos prisa. ¡El tiempo no espera!

Ahora — Un Ensayo Para la Eternidad 

 
    Cada uno debe pensar ahora en la eternidad, porque dentro de no mucho, el tiempo acabará y entrará en ella.
    El pensamiento de la eternidad es uno de los más grandes que pueden ocupar la mente humana. No hay mente humana con la suficiente capacidad de comprenderlo plenamente.
    ¿Qué es eternidad? Es la vida de Dios. Es un océano sin orillas. Es la duración sin fin de la vida más allá. Es por siempre jamás. Si cada granito de arena de todas las playas del mundo representase un año, la suma de esos años no igualaría la eternidad. Su duración es incalculable y sin límite.
    Todos debemos afrontar el hecho de que vamos a vivir eternamente en alguna parte. Es un pensamiento asombroso. Nuestra mente, haciendo vanos esfuerzos, intenta estirarse para asimilarlo. Tenemos un alma inmortal.
    Esto, por supuesto, significa que la historia no se acaba en esta vida presente. Ésta no es más que un capítulo de un drama que continuará. Vivir como si esta vida fuese todo, es trocar lo finito por lo infinito. Es olvidar que tenemos tareas en el destino.
    “¿Creemos que el tiempo venidero es un tiempo mayor que este, y que el “más allá” es mucho más grande que el presente? ¿Que hay siglos y siglos por delante nuestro, y que, sean cuan largos sean, toda nuestra vida aquí en la tierra es tan solo un fragmento de lo que todavía ha de ser? ¿Creemos también que nuestro servicio en los siglos que vendrán es muchísimo más importante que lo que podamos hacer en este siglo?” (T. Austin-Sparks).

págs. 13-15 del libro Solo Una Vida, Libros Berea

Amigo lector, ¿Qué harás con esta breve vida que Dios te ha concedido? 

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Siete Copas De Ira Derramadas


La mayoría de la gente no sabe las terribles cosas que se avecinan. Piensan que el mundo va a seguir más o menos como está ahora, pero no es así. Horribles terrores, plagas y catástrofes están a la vuelta de la esquina. Dios tiene juicios preparados que sacudirán al planeta entero, y Cristo los soltará.Los últimos, conocidos como “las plagas postreras”, acabarán con toda resistencia humana y diabólica.
    En Apocalipsis 15 Juan vio siete ángeles con copas de oro, llenas de la ira de Dios (v. 7). Se derramarán sobre lo que quede del planeta rebelde. Dios no permitirá que nadie interceda, porque llegó la hora de Su ira (v. 8), y no hay marcha atrás. La voz de Dios manda derramar las copas de plagas (16.1). No importa en qué parte vivas, amigo, sentirás la plena medida de la ira de Dios que has ofendido y resistido.
    La primera copa producirá úlceras malignas y pestilentes (v. 2). Dios manda: “No te harás imagen… No te inclinarás a ellas, ni las honrarás” (Éxodo 20.4-5). Pero le desobedecen e insultan, y acostumbrados a hacer y rendir culto a imágenes, lo harán con la imagen del anticristo, y Dios los juzgará. Los labios idólatras se llenarán de úlceras.
    La segunda copa se derramará sobre los mares, se convertirán totalmente en sangre, y morirá todo ser vivo en ellos (v. 3). Los ecologistas serán impotentes para proteger al mundo de los juicios de Dios, pues no ellos sino Él es el Creador. No habrá pescado para comer, y el olor será terrible.
    La tercera copa (v. 4) cambiará en sangre los ríos y las fuentes – no más agua dulce. ¡Nada para beber! En los versos 5-7 los del cielo alabarán a Dios por Sus juicios – se acabó el tiempo de misericordia.


    Se derramará la cuarta copa (versos 8-9) y el sol quemará a los seres humanos. ¡Eso será el verdadero calentamiento global! Pero nadie se arrepiente –solo blasfeman. ¡Qué duros!
    Al derramarse la quinta copa (versos 10-11) densas tinieblas cubrirán el reino del anticristo, causando tanto dolor que la gente se morderá la lengua, pero no se arrepentirá.
    La sexta copa (v. 12) hará secarse el río Éufrates, y grandes ejércitos de hombres pasarán rumbo a Israel para pelear contra Dios y resistir la venida de Cristo. Se unirán en el valle de Armagedón, y allí – en el capítulo 16, serán aplastados con gran derrota. ¡Tan necios serán que intentarán parar a Dios – el Todopoderoso!
    Finalmente, la séptima copa será derramada. Escucharán del cielo: “Hecho está” y se acabará todo gobierno humano y rebelión contra Dios. Habrá relámpagos, voces, truenos y el terremoto más grande de la historia (v. 18). Desaparecerán islas y montes. Caerá un enorme granizo de peso de 34 kilos – destrucción inimaginable y aterradora.
    Jesucristo vendrá con gran poder e ira, y todos los moradores de la tierra le verán. Amigo, sé sensato, pues no podrás más que Dios, el Juez de todos. Arrepiéntete hoy y confía en Jesucristo como tu Señor y Salvador, antes de ver Su ira y juicio.

viernes, 31 de marzo de 2023

EN ESTO PENSAD - abril 2023

¿Nuestras Ofrendas Ofenden A Dios?

William MacDonald

“Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos”.                                           

Malaquías 1:8

 

Los requisitos de Dios en cuanto a los animales para el sacrificio no dejaban lugar a dudas; debían ser sin mancha o tacha. Él esperaba que Su pueblo le ofreciera los animales más escogidos de sus rebaños. Dios quiere lo mejor.
    Pero, ¿qué estaban haciendo los israelitas? Ofrecían animales ciegos, cojos y enfermos. Los animales escogidos tenían un alto precio en el mercado o se apartaban para la crianza. Y así el pueblo estaba ofreciendo lo peor, diciendo: “Oh, pues, Dios comprende, y cualquier cosa es bastante buena para Él”.
    Antes de mirar con desprecio a los israelitas debemos sopesar si los cristianos del siglo XX estamos también deshonrando a Dios no dándole lo mejor.
    Gastamos la vida amasando una fortuna, tratando de hacernos un nombre, viviendo en una casa elegante en un barrio residencial, disfrutando las mejores cosas, dejándole a Dios, como una miserable propina, las colillas de una vida consumida en las cosas del mundo. Nuestros mejores talentos van a los negocios y a las carreras que tanto queremos, dándole al Señor lo que sobra de nuestras tardes o fines de semana.
    Criamos a nuestros hijos para el mundo, animándoles a que tengan las mejores carreras, ganen mucho dinero, se casen bien, compren una casa elegante con todas las comodidades modernas, y por supuesto, que vayan a las reuniones de la iglesia los domingos, cuando puedan. Nunca les presentamos la obra del Señor Jesús como un camino digno de la inversión de sus vidas y tesoros. El campo misionero y la obra pionera en nuestro país está bien para los hijos de los extranjeros, pero no para los nuestros.
    Gastamos nuestro dinero en coches caros, artículos de recreo, yates y equipo deportivo de alta calidad, para luego arrojar una miserable moneda para la obra del Señor. Vestimos ropas elegantes, de marca y caras, y después nos sentimos satisfechos cuando donamos nuestros desechos al ropero municipal.
    Lo que estamos diciendo con los hechos es, en efecto, que cualquier cosa es suficientemente buena para el Señor, pero que deseamos lo mejor para nosotros mismos. Y el Señor nos dice: “Preséntalo, pues, a tu príncipe” (Mal. 1.8), es decir, al gobernador, rey o presidente. “¿Acaso se agradará de ti, o le serás acepto?” Sería un insulto para el rey o el presidente. Bien, así es con el Señor. ¿Por qué le tratamos de un modo en el que no osaríamos tratar al rey o al presidente? Dios desea y merece lo mejor. Resolvamos con toda sinceridad darle lo mejor.

del libro De Día en Día, CLIE

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CONSEJO: EN LA CENA DEL SEÑOR, 

NO PREDIQUES, NI TESTIFIQUES, NI ENSEÑES. ¡ADORA!


Es casi increíble oír a algunos decir que la Cena del Señor no es para adoración. ¿Quién puede hacer memoria de Él sin adorar? (Ap. 7.11-12)

Toma como ejemplo el Salmo 45.1-2
“Rebosa mi corazón palabra buena; dirijo al rey mi canto; mi lengua es pluma de escribiente muy ligero. Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre”.

Primero, la adoración radica en el corazón. Si lo has llenado de Cristo, si has estado pensando en Él, luego rebosará y tendrás qué decir en la Cena del Señor. Esto no lo puedes hacer al último momento en la reunion, como uno que toca un interruptor para que haya luz. El corazón es como un depósito. Para que rebose, primero hay que llenarlo, y esto no se hace con la tele, la radio, el teléfono y el internet. La actividad social tampoco llena el corazón de Cristo, sino la lectura y meditación en Su Palabra.
    El salmista tiene la lengua como pluma, y habla solo del Señor. No comienza a dar una predicación, una exhortación, un testimonio ni una enseñanza. Se dirije directa y personalmente al Señor: “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres”. Es el lenguaje de admiración y adoración Esto es lo que necesitamos en la Cena del Señor. Dejemos el ministerio para otras reuniones, y ocupémonos en hacer memoria de Él y en la adoración.

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     José Probado En Egipto  (parte 2)
Lucas Batalla

viene del número anterior
Texto: Génesis 39

Pero la esposa de Potifar no desistía, sino le hablaba cada día (v. 10). Ella era una mujer pagana, y no le importaba ni su marido, ni conocía a Dios. Vivía como muchos en nuestros tiempos – para las diversiones y los placeres de todo tipo. Cuán importante es recordar el Salmo 1.1 y no estar con tales personas. En el caso de José, él era esclavo, criado en esa casa, y era su lugar de trabajo – no podía salir. Y era joven, con las hormonas y la sangre caliente como se suele decir. Pero era creyente de veras, no como algunos hoy que son creyentes de la cintura arriba, pero de la cintura abajo son del mundo. El joven José no cedió ante la presión de ella. No dijo: “es que no puedo resistir – soy hombre y esos son apetitos naturales”. No ponía excusas. Era leal a su amo, Potifar, y más importante, era leal y fiel a Dios. Quería agradar a Dios, no vivir para sí. Así que, no la escuchaba. Por eso, ella decidió actuar de forma todavía más desvergonzada. Se asió de él, tal vez pensando que se rendiría ante un avance físico. Pero José hizo lo que todo creyente debe hacer ante la tentación – “huyó y salió” (v. 12). Pablo escribió: “Huid de la fornicación” (1 Co. 6.18). Ante la tentación sexual hay que decir “no” y alejarse. Mencionamos antes uno de los consejos fundamentales del padre a su hijo en Proverbios: “si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (Pr. 1.10). También da muchos consejos acerca de la ramera, la mujer mala, la mujer alborotadora, la mujer extraña, la mujer insensata, la mujer ajena y la mujer adúltera (Pr. 2.16-19; 5.3-23; 6.24-35; 7.5-27; 9.13-18; 22.14; 30.20). ¿Qué estamos dispuestos a hacer para evitar la fornicación? Como dice un refrán: “Más vale prevenir que curar”. Santiago 1.27 nos llama a guardarnos sin mancha del mundo. Esto no es pecar y luego pedir perdón, disculpándose por la debilidad de la carne. No así el camino del joven adulto José, pues él resistió, se guardó, y agradó a Dios. ¡Dios nos presenta el buen ejemplo de José para que lo sigamos! Seamos imitadores de aquellos que por fe y paciencia heredan las promesas (He. 6.12).    
    Los versos 13-18 relatan cómo ella acusó falsamente a José, cuando la culpable era ella. Esto también pasa a veces hoy. Si una mujer acusa, el hombre es automáticamente culpable, sin pruebas, solo por la voz de ella. Antes de decidir que alguien es culpable debe haber una investigación diligente. “No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida. Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación” (Dt. 19.15; véanse también Nm. 35.30; Dt. 17.6; 2 Co. 13.1).
    Los versos 19-20 dan la reacción de Potifar a la acusación de su esposa. Se enojó, tomó a José y le metió en la cárcel de los presos del rey. El verso 21 nos recuerda: “Pero Jehová estaba con José, y le extendió su misericordia”. Dios sabía la verdad, y obró a favor de José, porque honra a los que le honren. Le bendijo en la cárcel (vv. 21-23), y aunque en aquel tiempo no lo sabía José, ese lugar era para él la antesala del palacio del rey. El verso 23 repite: “Jehová estaba con José... Jehová lo prosperaba”. La repetición enfatiza para nosotros la lección. Los fieles y piadosos pueden sufrir, pero Dios todavía está con ellos, obrando según Su plan. El favor de Dios no hizo a José exento de sufrimiento. Sufría muchas tribulaciones (Hch. 7.10) – vergüenza, soledad, añoranza de su país y familia, lágrimas, falsas acusaciones, cárcel y grillos. Dios estaba obrando. Dice el salmista: “Envió un varón delante de ellos; a José, que fue vendido por siervo. Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona. Hasta la hora que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová le probó” (Sal. 105.17-19).
    Si José hubiera sido infiel y caído en el pecado, entonces no habría servido para salvar a nadie. ¡Cuán importantes son la integridad y la santidad!
    Hermanos, el Señor también nos permite ser probados en esta vida, y así nos da oportunidades para demostrar nuestra fe en Él, amor a Él y piedad. Y hay recompensa, galardón, para los vencedores. “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Stg. 1.12).
    En el siguiente estudio veremos cómo Dios honró singularmente a ese hombre fiel y piadoso. Mientras tanto, que el Señor nos ayude a serle fieles en nuestras vidas, porque es así que podemos glorificar a Dios.

de un estudio dado por Lucas Batalla, 11-9-22

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 Jesucristo Nuestro Sacerdote  
(parte 2)

viene del nº anterior

4. Su Fuerza

  El sumo sacerdote también llevaba los nombres de los hijos de Israel sobre sus hombros, grabados en dos piedras de ónice (Éx. 28.9-12). Los hombros son lugar de fuerza, y esto nos hace ver que Cristo, el Sumo Sacerdote, nos lleva con Su fuerza. Somos guardados por el poder de Dios (1 P. 1.5).
    En la parábola de la oveja perdida (Lc. 15.4-7), el pastor salió a buscar la oveja perdida, y cuando la halló, la trajo sobre sus hombros. Eso ilustra el trabajo de Cristo como sacerdote, trayendo al alma perdida al redil del Padre. Estaba gozoso de hallarla, porque aunque era solo una oveja, ella le importaba. Cada alma es importante al Señor.
    Observamos además que en Isaías 9.6, que habla proféticamente del Señor, dice: “el principado sobre su hombro”. Como Sacerdote y Rey, nuestro Señor reinará con fuerza divina para siempre.
    Se nos invita a echar sobre Él toda nuestra ansiedad, “porque él tiene cuidado de vosotros” (1 P. 5.7). Tenemos un sacerdote fuerte, que nos lleva, nos protege y nunca nos desampara. No necesitamos recurrir a psicólogos y otros “consejeros profesionales”, porque nuestro Sumo Sacerdote nos cuida bien.
    Y una de nuestras funciones como sacerdotes es ayudar a nuestros hermanos en tiempos de tentación y prueba. “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gá. 6.2). Uno de los beneficios de estar en comunión en una asamblea es el de contar con los hermanos en tiempos de prueba.

5. Su Enseñanza

    En el Antiguo Testamento los sacerdotes, entre otras cosas, debían enseñar las Escrituras (Mal. 2.7). El Señor Jesucristo enseñó el Antiguo Testamento a Sus discípulos – es trabajo sacerdotal. Después de resucitado, en el camino a Emaús, enseñó a dos de esta manera: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lc. 24.27). Les abría las Escrituras (v. 32), y ardían sus corazones. “Les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” (Lc. 24.45). Nuestro Sumo Sacerdote puede hacer lo mismo con nosotros. Lo principal para entender las Escrituras es estar en comunión con Él. Debemos pedirle en oración, como dijo el salmista: “Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley” (Sal. 119.18).
    
6. Su Sacrificio

    Los sacerdotes ministraban delante de Dios, presentando los sacrificios. Dice Hebreos 8.3, “Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer”. Jesucristo no ofreció animales, sino Su propio cuerpo, y solo el sacrificio de Cristo, hecho una vez para siempre, quita el pecado (He. 10.10-12). Nuestro Sacerdote es también nuestro sacrificio.
    Su sacrificio no se perpetúa ni se repite, como pretenden los que celebran el sacramento de la misa, que es un error. Cristo se sacrifició “una vez para siempre” (He. 9.12). “Se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (He. 9.26). No se  ofrece continuamente en misas, pues la Escritura declara: “Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos” (He. 9.28).
    Además, toda Su vida era un sacrificio vivo, de olor grato al Padre, pues siempre hacía lo que le agradaba (Jn. 8.29). Pero Su sacrificio en el Calvario es lo que obró nuestra redención. No hay perdón de pecados en Su vida justa y santa, sino en Su muerte y resurrección como nuestro Sustituto, el Cordero de Dios.
    Y nosotros, como sacerdotes de Dios, debemos seguir a nuestro Señor en esto: haciendo de nuestra vida un sacrificio y servicio de fe (Fil. 2.17). Debemos presentar nuestro cuerpo en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, pues es nuestro culto racional (Ro. 12.1). Nuestro Sumo Sacerdote ha obtenido la eterna redención de todos los que creen en Él. Entonces, uno de los sacrificios espirituales que ofrecemos a Dios es el de nuestra vida, separándonos del mundo, testificando y sirviendo con humildad para Su honor y gloria.
    Que el Señor nos ayude a apreciarle como nuestro Sumo Sacerdote, y confiar siempre en Él.  Y que nosotros, como sacerdotes de Dios, sigamos el ejemplo de nuestro Señor.

       de apuntes tomados de un estudio dado por John Fenn (Londres)

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ESCOGE LO MEJOR


Además del libro de Proverbios, otros textos bíblicos nos aconsejan bien acerca de cómo escoger lo mejor. He aquí una lección muy importante.
1 Samuel 15.22  “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”

    Saúl sabía muy bien lo que Dios había mandado. Pero desobedeció la orden divina. No mató a todos los animales, y además, perdonó la vida de Agag, principal de los amalecitas. Se excusó diciendo que los animales que perdonó eran para un sacrificio a Dios.
    Debemos siempre escoger obedecer a Dios sin modificar Sus instrucciones. Noé hizo el arca como Dios mandó. Moisés hizo el tabernáculo como Dios mandó. C. H. Mackintosh comenta: “No importa de qué valor sea el sacrificio, un solo acto de obediencia a la voz del Señor le es infinitamente más precioso... en estos días cuando tantos encubren todo tipo de desobediencia bajo las palabras: “¡Sacrificio! ¡Sacrificio!”! ‘Obedecer es mejor que los sacrificios’. Es infinitamente preferible que la voluntad esté sometida a Dios, que cargar el altar con los sacrificios más preciosos. Cuando la voluntad está sometida, todo toma su verdadero lugar; pero para aquel cuya voluntad está en oposición a la de Dios, hablar de sacrificios no es sino una vana decepción”.  (Lecciones Sobre 1 Samuel)
    Si Dios dice que las mujeres se callen en las congregaciones, y ellas hablan, enseñan, u oran en voz alta y alegan que es para glorificar a Dios, se equivocan. Intentan escusar su desobediencia con un sacrificio. Si un hombre se hace tesorosos en la tierra, cosa que el Señor prohíbe (Mt. 6.19), no puede arreglar el asunto dando algunas ofrendas. Dios no puede ser comprado así. Si Dios manda no juntarnos con fornicarios (1 Co. 5.9) y luego comemos con ellos, o los permitimos en la congregación, no digamos que nuestra misericordia glorifica a Dios. Dios manda: “Quitad... a ese perverso de entre vosotros” (v. 13). Hay que obedecer, aunque sea pariente o amigo nuestro, sí, ¡aunque sea hijo de anciano o misionero! En todo área de la vida, la obediencia es importante, porque así agradamos y glorificamos a Dios. Escojamos lo mejor, que es: siempre obedecer a la Palabra de Dios.

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¿Tienes Nomofobia?  

(Nomofobia: adicción al teléfono móvil, temor de estar desconectado)



Constantemente pendiente
Si cualquier notificación de tu móvil, desde mensajes de whatsapp hasta ‘likes’ en tus redes sociales tiene prioridad sobre cualquier otra cosa en tu vida. ¿Interrupes una conversación con una persona por algo que suena en tu teléfono?

Insomnio Social

¿Llevas el teléfono a la cama? Si estar pendiente de tus redes te roba horas de sueño, es un problema. La insana afición a meternos en la cama mirando el móvil puede provocar que se nos vayan las horas de la madrugada navegando en un sin fin de publicaciones.

Cobertura 24/7
Aunque parezca increíble, quedan lugares en el mundo sin cobertura, y no pasa nada. Si te condiciona tus movimientos tener o no cobertura (y no nos referimos a poder comunicarte en situaciones de emergencia, sino a ver Instagram en el pico de una
montaña), tienes un problema.

Estado de ánimo según la batería
Si tu batería está al 100% estás feliz, si está al 70% comienzas a sentir ansiedad. Si llegas al 10% entras en pánico. Si te ves reflejado en estas situaciones, es el momento de afrontar la realidad: tu dependencia al móvil es grave.

Ahora, responde honestamente: ¿Cuánto tiempo pasas en la Palabra de Dios (el libro impreso, no el teléfono)?

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 Ese Libro Que Escribes

   A veces oímos a personas decir: “Me gustaría escribir un libro”, como si fuera algo fácil, o como si debieran ocuparse con esa tarea. Miles de personas hay en la Biblia, pero menos de 60 escribieron libros en ella, y todos eran varones santos, inspirados por Dios (2 P. 1.21). En lugar de afanarse con la idea de escribir un libro, sería mejor tener el afán de conocer bien el Libro que Dios ya nos ha dado. Seamos hacedores de la Palabra.
    Pero en otro sentido, cada uno de nosotros escribe un libro. El hermano Pendleton lo explica:

"Saliendo de correos con mis brazos llenos de paquetes, pensaba en cómo iba a abrir la puerta con las manos llenas. Justo entonces apareció María y me abrió la puerta. Ella es profesora en el colegio, y había venido por su correo también.
    'Muchas gracias' le dije con mi mejor sonrisa.
    'Vas muy cargado' me contestó, y me acompañó al coche. '¿Dónde los quieres poner, todos atrás?' me preguntó.
    'Estupendo' dije, y ella me abrió la puerta del coche. Mientras arreglaba los paquetes en el coche le di otra vez las gracias. 'No estoy acostumbrado a esta clase de servicio. No sé qué habría hecho sin tu ayuda'.
    'No hay de qué', respondió. 'No era gran cosa, simplemente algo para mi libro'.
    '¿Oh?' exclamé. ¿Tu libro? ¿Estás escribiendo un libro?'
    'Claro', ella dijo. 'El mío no se publicará, pero lo estoy escribiendo. Como les digo a los niños en el cole, todos estamos escribiendo un libro, y todo lo que haces entra en él'.
    Con esto me dio un saludo con la mano, despidiéndose, y se fue. Pero en seguida se dio media vuelta y añadió: 'Cada día es como una página nueva de tu vida, ¡piensa en esto!'”
    Efectivamente, iba pensando en esto el resto de día, y comenzaba a comprender lo que había dicho:  "Cada día es como una página nueva de tu vida”.
 
    Tenía razón. Puedes poner en aquella página lo que quieras. Podrías pasar el día sin hacer nada, y acabarías con la página en blanco. O podrías obrar mal y no tener más que una mancha fea en la página.
    O, podrías escribir una poesía manifestando que tu día había sido lleno de amor, amistad y aprecio de los demás.
    Sí, estás escribiendo un libro, y lo que se apunta depende de ti, no de tus sueños sino de tus hechos. Nadie más escribe allí. ¿No sería maravilloso dejar un tomo que ocuparía un lugar de honor en la biblioteca permanente de un amigo, para ser leído una y otra vez y compartido mucho después de tu partida?
    Como creyentes, hay dos libros importantes en nuestra vida. El primero y primordial es el Libro que Dios ha escrito, esto es, la Biblia. Debemos amarlo y recibirlo con mansedumbre, dejando que Dios guíe nuestra vida por él. Es triste que muchos que profesan ser cristianos prestan poca atención a la Biblia, y demasiados hay que nunca han leído toda ella de portada a portada. La ignorancia evangélica de la Biblia es causa de muchos problemas.
    Pero este otro “libro” también es importante, porque es el que cada uno escribe con su vida: las actitudes, las palabras, los hechos, etc. Proverbios 20:11 dice: “Aun el muchacho es conocido por sus hechos”.  ¿Qué tal tu libro? ¿En la página de hoy has apuntado algo bonito?

Winston K. Pendleton, de la revista “Sunshine”, traducido y adaptado

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¡Gracias, Señor!

Cuando los 70 discípulos regresaron a Él, Jesús dijo: “Padre... te doy gracias” (Mateo 11:25 BLP). Antes de que la gente comiera, “dio gracias” (Mateo 15:36). Ante la tumba de Lázaro oró: “Padre, gracias te doy por haberme oído” (Juan 11:41). Cuando instituyó la Cena del Señor, dio gracias por el pan (Lucas 22:19) y por la copa (Marcos 14:23). Al llegar a Getsemaní, quizás terminó su canto con las palabras: “Den gracias al Señor, porque Él es bueno” (Salmo 118:29 NBLA). Aquí en la tierra, nuestra naturaleza egoísta y pecadora no quiere darle gracias (Romanos 1:21) y los hombres de los últimos días serán “ingratos” (2 Timoteo 3:2). Sin embargo, en el cielo por siempre le daremos “acción de gracias al que está sentado en el trono” (Apocalipsis 4:9). Incluso hoy deberíamos estar “abundando en acciones de gracias” (Colosenses 2:7), así como lo hacía nuestro Salvador. Entonces, ¿cuántas veces le darás gracias a Dios hoy?

 Juan Dennison, Devoción a Diario, Publicaciones Pescadores

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  Siete Terribles Trompetas



Nunca en la historia ha habido nada como los juicios de Dios que se acercan. En Apocalipsis 8, 9 y 11, el apóstol Juan describe siete de ellos – las siete trompetas. Después de los juicios de Apocalipsis 6, vendrán más, porque la gente no se arrepiente ni quiere el reino de Cristo. Siete ángeles tocarán trompetas – anunciando terribles juicios mundiales. No habrá tiempo para recuperarse de un golpe antes de que venga otro.
    Apocalipsis 8 anuncia los primeros cuatro trompetas y sus juicios. La primera trompeta traerá granizo y fuego mezclados con sangre. Se quemará la tercera parte de los árboles en todo el mundo, y toda la hierba verde. Los ecologistas se asombrarán.
    Acto seguido, sonará la segunda trompeta. Caerá al mar algo como una gran montaña ardiendo. La tercera parte del mar se convertirá en sangre. Destruirá a las naves y morirán multitudes de personas. Afectará el comercio, el transporte, las marinas, las playas, los puertos, y habrá gran hambre y escasez.
    Poco después sonará la tercera trompeta. Caerá un gran asteroide – “Ajenjo”. Hará destrucción catastrófica. Se perderá la tercera parte de los ríos del mundo. Los manantiales se contaminarán, y muchos morirán sin agua potable.
    La cuarta trompeta sonará, y Dios herirá el sol, la luna y las estrellas. Faltará luz y eso afectará las plantas, los animales y la temperatura de la tierra. Parece todo esto una serie de desastres ecológicos, pero son juicios divinos sobre un mundo incrédulo.

    Entonces un ángel de Dios gritará: “¡Ay, ay, ay de los que moran en la tierra” (Ap. 8.13), porque serán aun peores las tres trompetas restantes (Apocalipsis 9). Traerán juicios horripilantes, con gran destrucción y mortandad sobre el mundo entero.

    La quinta trompeta traerá una invasión de monstruos. Dicen a los niños que no hay monstruos, pero no es cierto. Están detenidos por Dios en  un lugar especial: el pozo del abismo. Su apariencia es horrible, espantosa, y tienen poder como escorpiones. Saldrán del pozo del abismo, cual gran nube de humo. Atacarán y herirán a muchas personas.
    La sexta trompeta (Apocalipsis 9.12-21), suelta un ejército demoníaco de 200.000.000, crueles y de aspecto terrible. De su boca salen fuego, humo y azufre. Morirán millones de personas, pero los sobrevivientes se endurecerán, no se arrepentirán de su idolatría, homicidios, hechicerías, inmoralidad y hurtos. Y Dios mandará más golpes de juicio.
    La séptima trompeta (Apocalipsis 11.15-19), anunciará el fin de los gobiernos del mundo. Se acabarán todos los políticos y reinos, y el del anticristo. Dios tomará Su poder y reinará. Nadie en el cielo se queja de la dureza de los juicios, y nadie intercede por los moradores de la tierra. Dan gracias a Dios por Sus juicios, Su poder y reino. ¡Ya es hora de acabar con toda la vanidad humana. Este solemne anuncio es acompañado de relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.
    No es un cuento, ni una teoría. Dios ha revelado lo que hará. Amigo, ¿qué harás tú? ¿Te arrepentirás ahora de tus pecados? ¿Confiarás en el Señor? ¿Doblarás la rodilla voluntariamente ante Él, o solo cuando, siendo vencido, se te obligue? ¡Despierta! El reino de Dios viene, no lo puedes detener. Pero puedes prepararte, por la fe en el Señor Jesucristo.     

                                          Carlos Tomás Knott