Entradas populares

domingo, 30 de abril de 2023

EN ESTO PENSAD - mayo 2023

 José Exaltado En Egipto

Lucas Batalla


viene del número anterior


 Texto: Génesis 40-41 

Al comenzar esta parte de la vida de José, conviene recordar las palabras de 1 Pedro 5.6-7. “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. Ciertamente José hizo esto durante largos años, cuando aparentemente no había esperanza, pero fue exaltado cuando llegó el tiempo del plan de Dios. Siempre es mejor el plan de Dios que el nuestro.
    Entramos en el capítulo 40 con José sirviendo en la cárcel. El verso 1 dice: “después de estas cosas”, es decir, andando el tiempo, y José estaba ocupado en su rutina diaria entre los presos. Dos oficiales de Faraón, rey de Egipto, delinquieron contra el rey (vv. 1-2). El jefe de los coperos y el jefe de los panaderos fueron implicados, por lo que es posible deducir que había algún complot contra la vida del rey, quizás con intención de envenenarlo, pero eso decimos como conjetura porque la Escritura no explica más. El caso es que fueron encarcelados, justo donde estaba preso José (v. 3). Aunque José estaba preso, servía como criado al capitán de la guardia, y éste los encargó a José para que les atendiera (v. 4). Pasaron varios días, y una noche esos dos hombres soñaron – cada uno su propio sueño (v. 5). Cuando José les vio la mañana siguiente, observó que los dos estaban tristes y preguntó por qué (vv. 6-7).
    Respondieron que era por los sueños, porque nadie sabía interpretarlos (v. 8). Observamos como José quiso ayudarles, pero tuvo cuidado de exaltar a Dios, no a sí mismo. “¿No son de Dios las interpretaciones? Contadmelo ahora”. No hacía alarde de sus habilidades, sino como hombre que andaba en comunión con Dios, sabía que contaba con Su ayuda. A diferencia de muchos hoy que pretenden traficar en revelaciones, interpretaciones, etc., José no les cobró. Sinceramente quería ayudarles.
      En los versos 9-15 el jefe de los coperos contó su sueño, y José le dio la interpretación. Dentro de tres días sería sacado, restaurado a su oficio, y serviría a Faraón como hacía antes. Sabiendo que volvería a estar delante de Faraón, José le pidió un favor. “Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa. Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel.” (Gn. 40.14-15). Mas el verso 23 relata que “el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó”. No seamos como ese hombre olvidadizo. Cumplamos nuestras promesas, y no dejemos abandonados a los que dependen de nosotros cuando está en nuestro poder hacerles bien. Hebreos 13.3 exhorta: “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo”.
    Entonces, el panadero cobró ánimo cuando oyó la buena interpretación del sueño de su compañero, y contó su sueño a José (vv. 16-19), pero no fue agradable la interpretación. José no intentó suavizar las palabras, sino le dijo francamente lo que estaba a punto de suceder. También nosotros deberíamos hablar acerca del pecado y el castigo de Dios cuando testificamos a los pecadores. No seamos como los familiares de uno enfermo con cáncer. Todos menos él saben que va a morir, sin embargo, no le dicen la verdad, sino que tiene un virus u otra cosa así. Efesios 4.25 exhorta así: “desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo”.
    Los versos 20-23 informan que las cosas sucedieron así como José había dicho. Después de tres días, Faraón restauró al copero, y ahorcó al panadero. El mensajero de Dios había sido fiel. No recibió recompensa alguna en el momento, pero eso también entraba en el plan de Dios, pues todavía debía pasar más tiempo esperando. El copero no se acordó de José, pero Dios sí. La impaciencia puede causarnos muchos problemas en la vida. Por ella podemos interpretar mal o saltar la voluntad de Dios, porque sentimos que nos urge hacer algo, cuando realmente deberíamos esperar. José esperó dos años más, pero no era tiempo perdido.

continuará, d.v. en el número siguiente 

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

ESCOGE LO MEJOR


Salmo 37:16 "Mejor es lo poco del justo que las riquezas de muchos pecadores".
    La sabuduría humana no suele considerar que es mejor tener poco que tener mucho. Por lo general, estima más al rico que al pobre. Pero Dios valora la justicia de vida más que la cuenta bancaria y las posesiones.
    Hoy algunos predican que si tienes fe serás rico. He aquí el caso contrario: el justo tiene poco, y las riquezas son de los impíos (Sal. 17.14). El justo busca primeramente el reino de Dios y Su justicia. Tiene lo que necesita, pero no guarda sus bienes para el futuro, como hizo el rico insensato de Lucas 12.15-21. Su prioridad es vivir en justicia, rectitud y piedad, y estas cosas tienen su recompensa en esta vida y en la venidera (1 Ti. 4.8).

Salmo 63:3 "Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán".
    La vida es preciosa, pero andar con Dios y experimentar comunión con Él es mejor que todo lo que esta vida pueda ofrecer. La misericordia de Dios es una gran bendición, y dichosa la persona que la conoce. La contemplación de ella nos mantendrá humildes. Sin Su misericordia ni siquiera seguiríamos vivos. Dios es rico en misericordia (Ef. 2.4). El Salmo 136 celebra la grandeza de Su misericordia, y nos llama a alabarle por ella.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

No Os Hagáis Tesoros En La Tierra

Anthony Norris Groves

La comendación de Cristo a la viuda pobre enseña que desea que tomemos literalmente Su mandamiento.
    Pasamos de observar la conducta de aquel joven rico a considerar ahora el comentario notable del Señor sobre la caridad de la viuda pobre. En Marcos 12:41-44 leemos:
“Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento”.
     En la estimación del mundo, nada podría ser más imprudente o incorrecto que la conducta de ella; y me temo que pocos de nosotros tendrían el valor de elogiar o recomendar a uno que siguiera su ejemplo. Pero, ¿cómo juzga el asunto nuestro Señor, el que no juzga según las apariencias sino con justo juicio? Él observa que ella actúa muy de acuerdo con Su precepto de no guardar para sí. No señala a Sus discípulos el peligro de actuar como ella, ni que Sus palabras no sean tomados literalmente... Al contrario, señala cuidadosamente la peculiaridad y grandeza sin igual de su sacrificio. Les invita a admirar lo que ella hizo. Los ricos echaron de su abundancia, mucho. Pero después de sus ofrendas todavía eran ricos. En contraste, ella de su penuria echó poco, pero era todo lo que tenía, todo su sustento. Los ricos no suelen hacer esto.


págs. 31-32 del libro Devoción Cristiana, por A. N. Groves, Libros Berea

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

La Iglesia:
Posesión de Cristo, No de los Hombres

parte 2

     W. E. Vine    

viene del nº de enero
Un Organismo Espiritual

    Pablo habla de la verdad de la iglesia como un misterio. Expone que ella fue formada por la incorporación de creyentes, judíos y gentiles, en un cuerpo del cual Cristo es la Cabeza. Un misterio es una verdad que ha estado “escondido desde los siglos en Dios” (véase Ef. 3.1-9), pero revelado a los santos en el tiempo divinamente indicado. Es algo que hasta ese momento “se ha mantenido oculto desde tiempos eternos” (Ro. 16.25).   
    La gran verdad de ese organismo espiritual con sus partes constituyentes fue especialmente entregada a Pablo (Ef. 3.9). Sin embargo, la primera declaración acerca de la iglesia vino en la ocasión cuando Pedro confesó al Señor como “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16.16). El Señor declaró que solo el Padre le había revelado esta verdad, que sobre el fundamento de esa revelación Cristo mismo edificaría Su iglesia,1 y que las puertas del Hades no prevalecerían contra ella. La revelación comunica las grandes verdades fundamentales de la Persona de Cristo, Su relación eterna con el Padre y Su resurrección. Él “fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Ro. 1:4). Siendo eternamente el Hijo de Dios, Su resurrección declaró enfáticamente esta verdad. Su lugar como Constructor de Su iglesia está conectado esencialmente con Su muerte y resurrección. Mediante éstas, Él venció todo lo que el Hades representa, pues las puertas representan el lugar del ejercicio de autoridad. Destruyó – dejó arruinado o impotente – “al que tenía el imperio de la muerte” (He. 2:14). La Iglesia está establecida sobre Cristo resucitado, victorioso, que da vida, el inmutable. “Nadie puede poner otro fundamento” (1 Co. 3.11).

Un Edificio Espiritual

    Entre las verdades relacionadas con la iglesia, expuestas por Cristo y Sus apóstoles, llaman la atención su establecimiento espiritual y su carácter y destino celestiales. El apóstol Pedro continúa la metáfora que el Señor usó, y describe a Cristo como “piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa” (1 P. 2.4). A continuación, se dirige a los creyentes: “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales...” (1 P. 2.5). “Todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor” (un santuario, un lugar santísimo espiritual), con los creyentes “juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Ef. 2.21-22).
    Los apóstoles no establecieron ningún sistema terrenal u organización de iglesias centralizadas en una sede eclesiástica. Esa política está notoriamente ausente en su doctrina y métodos. Lo que sucedió en Jerusalén en Hechos 15 no es un ejemplo de semejante sede. Hay quienes llaman aquella compañía un concilio apostólico. Fuera cual fuera su naturaleza, ningún apóstol lo presidió. Pedro y los otros apóstoles tomaron parte, Jacobo resumió todo en un discurso final, y escribieron una carta en nombre de los apóstoles y ancianos. Toda la iglesia escogió a varones para llevarla (v. 22). Pero esa reunión fue circunstancial, y no hubo intención de establecer un precedente. En los tiempos de los apóstoles no se menciona en ninguna parte otra reunión como ella. La decisión tampoco efectuó la resolución del problema. Posterior a esto Pedro mismo fue hallado conduciéndose de manera contraria al decreto (Gá. 2.11-14).
    Desde Antioquía salió una gran obra misionera, pero en lugar de conducirla bajo el patrocinio de Jerusalén, se llevó a cabo en total independencia de los apóstoles y aun de sus delegados (Hch. 13.1-3).

Sistemas No Autorizados

    Por lo tanto, los acontecimientos en Jerusalén no apoyan el establecimiento de una sede centralizada para una organización de iglesias. Buscaremos en vano en Hechos y las epístolas siquiera una intimación del establecimiento de semejante institución.
    Excepto en asuntos como ofrendas para los santos pobres en otras regiones, el único lazo que conectaba las iglesias era espiritual. Solo había lazos de la común vida en Cristo y la presencia del Espíritu Santo en los creyentes. No existía ninguna unidad externa ni organización como una federación, asociación o afiliación, ni de las iglesias en un área ni de todas las iglesias. El testimonio apostólico está en contra de la organización de iglesias en un sistema eclesial. En las Escrituras no existe ninguna expresión como: “La Iglesia en la Tierra”, ni contienen nada para justificar una idea como esa. La única Cabeza de la Iglesia es Cristo, y por Sus manos hay provisión para todas las necesidades espirituales de cada iglesia local. La Iglesia que consiste de todos los que están en Él que es la Cabeza, es una entidad visible solamente a Dios. En contraste, los sistemas eclesiásticos son visibles a los ojos del mundo, pero incluyen una mezcla de lo verdadero y lo falso. Son el producto de desviarse del diseño del Arquitecto y Constructor Divino, y son el resultado de la interferencia humana con la operación del Espíritu de Dios.
    Algunos enseñan que ciertos decretos de concilios eclesiales y potentados en los siglos después de los apóstoles eran simplemente el desarrollo de las enseñanzas apostólicas. Alegan que tales adiciones eran necesarias para afrontar las circunstancias de esos tiempos posteriores. La idea de que esos aumentos eran para desarrollar la iglesia es contraria a la verdad. Los que alegan que fueron necesarias contradicen el testimonio de Cristo y Sus apóstoles.
    En las páginas que siguen demostraremos algo del alejamiento de las instrucciones y los mandamientos que el Señor y Sus apóstoles dieron para las iglesias. Es manifiesta la diferencia radical entre lo que fue establecido en la cristiandad apóstata y las doctrinas de “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3). El auge de los sistemas eclesiásticos produjo una condición en las iglesias que estaba lejos de desarrollar la fe. Al contrario, esas condiciones eran (y son) totalmente opuestas a la fe. Semejante dejadez era el cumplimiento de lo que Cristo y Sus apóstoles había predicho, que se levantaría falsos maestros, hablando cosas perversas.
    En los postreros tiempos que nos tocan vivir, el Espíritu de Dios ha estado operando en los corazones de miles de Su pueblo, para que se vuelvan a las enseñanzas apostólicas.
 1 Si concedemos que las palabras “tú eres Pedro” representan correctamente el original, el Señor confirmaba un nombre que ya le había dado (Jn. 1.42). Asociaba su carácter con la verdad de su confesión. Sin embargo, hay considerable autoridad en los manuscritos para traducirlo así: “tú has dicho”. La diferencia es simplemente de espacios – a saber – su eips es “tú eres Pedro”, y su eips representa su eipas, “tú has dicho”. Agustín en su versión latina puso “tu dixisti” (tú has dicho), y debía ver apoyo para eso en los manuscritos. Jerónimo en un lugar cita el pasaje como su eipas. Además, cuando en este mismo Evangelio Caifás interrogó al Señor acerca de si era “el Cristo, el Hijo de Dios” (prácticamente el mismo título que en la confesión de Pedro), Él respondió inmediatamente: “Tú lo has dicho” (Mt. 26.64). 

del libro La Iglesia y las iglesias, por W. E. Vine,  publicado por Libros Berea

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Menos Hablar y Más Trabajar

“En toda labor hay fruto; mas las vanas palabras de los labios empobrecen”  Proverbios 14.23

Es fácil hablar de lo que queremos hacer en el futuro, o de lo que hicimos en el pasado, o de lo que hacen o no los demás. Pero eso no produce nada beneficioso para nosotros, ni para otros creyentes, ni para los inconversos. “Los obreros pocos” dijo el Señor. Hace falta labor y esfuerzo diligente, y hay muchas oportunidades para ello. Pablo habla de trabajar en el evangelio (Fil. 4.3), de colaborar en la edificación de la asamblea (1 Co. 3.8-9), de trabajar en predicar y enseñar (1 Ti. 5.17), de trabajar con las manos (Ef. 4.28), y de trabajar entre los santos, presidiendo y amonestando (1 Ts. 5.12). El ejemplo suyo era de trabajar “de noche y de día para no ser gravosos” (1 Ts. 2.9; Hch. 20.34). No conocía la pereza. Declaró: “su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Co. 15.10). En verdad hay trabajo para todos, y en todo ello hay fruto. Recordemos la exhortación de Pablo en 1 Corintios 15.58, que es para todo creyente: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”.

Traducido y adaptado de la revista “Assembly Testimony”, julio/agosto 2022

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Tus Días Están Contados

William MacDonald

Antes de llevar mucho tiempo viviendo, nos encontramos cara a cara con la realidad de que la vida es muy corta (Job 14.1-2). Es como la hierba —sembrada, crecida, cortada, llevada por el viento. Es como el viento y la niebla —desvaneciéndose y breve. Es como la lanzadera de un tejedor —abalanzándose por el telar como si le hubiesen dado un tiro con una pistola. Es como un palmo —el corto recorrido por la palma de la mano. Will Houghton tenía razón cuando dijo que la cuna y el ataúd son sacados del mismo árbol.
    Ahora vemos a una niña recién nacida con su sonrisa linda y graciosa, y la piel tan suave y delicada. Observando serenamente a sus admiradores, es un encanto con faldón rosa. Ponle unos años, y mírala con sus puntillas, volantes y lazos. Ya está dando de comer a su muñeca, o saltando a la comba en la calle. Antes de que te des cuenta, es una adolescente vivaracha, tremendamente consciente de la ropa y los accesorios, aventurándose en su primera cita. Luego llega a la etapa del matrimonio, y es una madre criando hijos, establecida y serena. Finalmente se jubila, siendo ya madura, plácida, llena de la sabiduría que ha adquirido por su experiencia.
    O pongamos un bebé, un bultito que se retuerce envuelto en azul. Poco después es un niño pequeño, equipado con un curso incorporado de psicología. Sabe cómo llegar hasta el límite de la paciencia de sus padres, y entonces retroceder con cautela. Con los bolsillos llenos de lombrices, ranas, tornillos y piedras, se tambalea en su primera bicicleta. Durante el día parece un demonio, pero una vez dormido en la cama, es un ángel sin lugar a dudas. En su adolescencia se desespera por conseguir la aprobación de sus superiores y es más consciente de su ropa y apariencia. Es a la vez atrevido y tímido, confiado e incierto, romántico y determinado soltero. Ya siendo hombre, es un trabajador compulsivo, llevando el peso de la familia y las responsabilidades del negocio. Intenta apretar 30 horas en las 24 que tiene el día, y estirar el dinero para suplir un presupuesto inflacionario. Cuando al fin consigue tenerlo todo arreglado, ya es abuelo. Y ahora ya es un viejo cuyo cuerpo no puede ir al paso que todavía va su espíritu. Mirando a los jóvenes, dice: “¡yo también fui así!”
    No es de extrañar que un crítico de 84 años se describiese a sí mismo como estando en la esquina de una calle, con el sombrero en la mano, mendigando a los transeúntes para que dejasen caer dentro del sombrero sus minutos ociosos.
    Si la brevedad de la vida nos enseña algo, esto es que si tenemos planes de hacer algo, más vale que nos demos prisa. ¡El tiempo no espera!

Ahora — Un Ensayo Para la Eternidad 

 
    Cada uno debe pensar ahora en la eternidad, porque dentro de no mucho, el tiempo acabará y entrará en ella.
    El pensamiento de la eternidad es uno de los más grandes que pueden ocupar la mente humana. No hay mente humana con la suficiente capacidad de comprenderlo plenamente.
    ¿Qué es eternidad? Es la vida de Dios. Es un océano sin orillas. Es la duración sin fin de la vida más allá. Es por siempre jamás. Si cada granito de arena de todas las playas del mundo representase un año, la suma de esos años no igualaría la eternidad. Su duración es incalculable y sin límite.
    Todos debemos afrontar el hecho de que vamos a vivir eternamente en alguna parte. Es un pensamiento asombroso. Nuestra mente, haciendo vanos esfuerzos, intenta estirarse para asimilarlo. Tenemos un alma inmortal.
    Esto, por supuesto, significa que la historia no se acaba en esta vida presente. Ésta no es más que un capítulo de un drama que continuará. Vivir como si esta vida fuese todo, es trocar lo finito por lo infinito. Es olvidar que tenemos tareas en el destino.
    “¿Creemos que el tiempo venidero es un tiempo mayor que este, y que el “más allá” es mucho más grande que el presente? ¿Que hay siglos y siglos por delante nuestro, y que, sean cuan largos sean, toda nuestra vida aquí en la tierra es tan solo un fragmento de lo que todavía ha de ser? ¿Creemos también que nuestro servicio en los siglos que vendrán es muchísimo más importante que lo que podamos hacer en este siglo?” (T. Austin-Sparks).

págs. 13-15 del libro Solo Una Vida, Libros Berea

Amigo lector, ¿Qué harás con esta breve vida que Dios te ha concedido? 

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Siete Copas De Ira Derramadas


La mayoría de la gente no sabe las terribles cosas que se avecinan. Piensan que el mundo va a seguir más o menos como está ahora, pero no es así. Horribles terrores, plagas y catástrofes están a la vuelta de la esquina. Dios tiene juicios preparados que sacudirán al planeta entero, y Cristo los soltará.Los últimos, conocidos como “las plagas postreras”, acabarán con toda resistencia humana y diabólica.
    En Apocalipsis 15 Juan vio siete ángeles con copas de oro, llenas de la ira de Dios (v. 7). Se derramarán sobre lo que quede del planeta rebelde. Dios no permitirá que nadie interceda, porque llegó la hora de Su ira (v. 8), y no hay marcha atrás. La voz de Dios manda derramar las copas de plagas (16.1). No importa en qué parte vivas, amigo, sentirás la plena medida de la ira de Dios que has ofendido y resistido.
    La primera copa producirá úlceras malignas y pestilentes (v. 2). Dios manda: “No te harás imagen… No te inclinarás a ellas, ni las honrarás” (Éxodo 20.4-5). Pero le desobedecen e insultan, y acostumbrados a hacer y rendir culto a imágenes, lo harán con la imagen del anticristo, y Dios los juzgará. Los labios idólatras se llenarán de úlceras.
    La segunda copa se derramará sobre los mares, se convertirán totalmente en sangre, y morirá todo ser vivo en ellos (v. 3). Los ecologistas serán impotentes para proteger al mundo de los juicios de Dios, pues no ellos sino Él es el Creador. No habrá pescado para comer, y el olor será terrible.
    La tercera copa (v. 4) cambiará en sangre los ríos y las fuentes – no más agua dulce. ¡Nada para beber! En los versos 5-7 los del cielo alabarán a Dios por Sus juicios – se acabó el tiempo de misericordia.


    Se derramará la cuarta copa (versos 8-9) y el sol quemará a los seres humanos. ¡Eso será el verdadero calentamiento global! Pero nadie se arrepiente –solo blasfeman. ¡Qué duros!
    Al derramarse la quinta copa (versos 10-11) densas tinieblas cubrirán el reino del anticristo, causando tanto dolor que la gente se morderá la lengua, pero no se arrepentirá.
    La sexta copa (v. 12) hará secarse el río Éufrates, y grandes ejércitos de hombres pasarán rumbo a Israel para pelear contra Dios y resistir la venida de Cristo. Se unirán en el valle de Armagedón, y allí – en el capítulo 16, serán aplastados con gran derrota. ¡Tan necios serán que intentarán parar a Dios – el Todopoderoso!
    Finalmente, la séptima copa será derramada. Escucharán del cielo: “Hecho está” y se acabará todo gobierno humano y rebelión contra Dios. Habrá relámpagos, voces, truenos y el terremoto más grande de la historia (v. 18). Desaparecerán islas y montes. Caerá un enorme granizo de peso de 34 kilos – destrucción inimaginable y aterradora.
    Jesucristo vendrá con gran poder e ira, y todos los moradores de la tierra le verán. Amigo, sé sensato, pues no podrás más que Dios, el Juez de todos. Arrepiéntete hoy y confía en Jesucristo como tu Señor y Salvador, antes de ver Su ira y juicio.

viernes, 31 de marzo de 2023

EN ESTO PENSAD - abril 2023

¿Nuestras Ofrendas Ofenden A Dios?

William MacDonald

“Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos”.                                           

Malaquías 1:8

 

Los requisitos de Dios en cuanto a los animales para el sacrificio no dejaban lugar a dudas; debían ser sin mancha o tacha. Él esperaba que Su pueblo le ofreciera los animales más escogidos de sus rebaños. Dios quiere lo mejor.
    Pero, ¿qué estaban haciendo los israelitas? Ofrecían animales ciegos, cojos y enfermos. Los animales escogidos tenían un alto precio en el mercado o se apartaban para la crianza. Y así el pueblo estaba ofreciendo lo peor, diciendo: “Oh, pues, Dios comprende, y cualquier cosa es bastante buena para Él”.
    Antes de mirar con desprecio a los israelitas debemos sopesar si los cristianos del siglo XX estamos también deshonrando a Dios no dándole lo mejor.
    Gastamos la vida amasando una fortuna, tratando de hacernos un nombre, viviendo en una casa elegante en un barrio residencial, disfrutando las mejores cosas, dejándole a Dios, como una miserable propina, las colillas de una vida consumida en las cosas del mundo. Nuestros mejores talentos van a los negocios y a las carreras que tanto queremos, dándole al Señor lo que sobra de nuestras tardes o fines de semana.
    Criamos a nuestros hijos para el mundo, animándoles a que tengan las mejores carreras, ganen mucho dinero, se casen bien, compren una casa elegante con todas las comodidades modernas, y por supuesto, que vayan a las reuniones de la iglesia los domingos, cuando puedan. Nunca les presentamos la obra del Señor Jesús como un camino digno de la inversión de sus vidas y tesoros. El campo misionero y la obra pionera en nuestro país está bien para los hijos de los extranjeros, pero no para los nuestros.
    Gastamos nuestro dinero en coches caros, artículos de recreo, yates y equipo deportivo de alta calidad, para luego arrojar una miserable moneda para la obra del Señor. Vestimos ropas elegantes, de marca y caras, y después nos sentimos satisfechos cuando donamos nuestros desechos al ropero municipal.
    Lo que estamos diciendo con los hechos es, en efecto, que cualquier cosa es suficientemente buena para el Señor, pero que deseamos lo mejor para nosotros mismos. Y el Señor nos dice: “Preséntalo, pues, a tu príncipe” (Mal. 1.8), es decir, al gobernador, rey o presidente. “¿Acaso se agradará de ti, o le serás acepto?” Sería un insulto para el rey o el presidente. Bien, así es con el Señor. ¿Por qué le tratamos de un modo en el que no osaríamos tratar al rey o al presidente? Dios desea y merece lo mejor. Resolvamos con toda sinceridad darle lo mejor.

del libro De Día en Día, CLIE

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

CONSEJO: EN LA CENA DEL SEÑOR, 

NO PREDIQUES, NI TESTIFIQUES, NI ENSEÑES. ¡ADORA!


Es casi increíble oír a algunos decir que la Cena del Señor no es para adoración. ¿Quién puede hacer memoria de Él sin adorar? (Ap. 7.11-12)

Toma como ejemplo el Salmo 45.1-2
“Rebosa mi corazón palabra buena; dirijo al rey mi canto; mi lengua es pluma de escribiente muy ligero. Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre”.

Primero, la adoración radica en el corazón. Si lo has llenado de Cristo, si has estado pensando en Él, luego rebosará y tendrás qué decir en la Cena del Señor. Esto no lo puedes hacer al último momento en la reunion, como uno que toca un interruptor para que haya luz. El corazón es como un depósito. Para que rebose, primero hay que llenarlo, y esto no se hace con la tele, la radio, el teléfono y el internet. La actividad social tampoco llena el corazón de Cristo, sino la lectura y meditación en Su Palabra.
    El salmista tiene la lengua como pluma, y habla solo del Señor. No comienza a dar una predicación, una exhortación, un testimonio ni una enseñanza. Se dirije directa y personalmente al Señor: “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres”. Es el lenguaje de admiración y adoración Esto es lo que necesitamos en la Cena del Señor. Dejemos el ministerio para otras reuniones, y ocupémonos en hacer memoria de Él y en la adoración.

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

     José Probado En Egipto  (parte 2)
Lucas Batalla

viene del número anterior
Texto: Génesis 39

Pero la esposa de Potifar no desistía, sino le hablaba cada día (v. 10). Ella era una mujer pagana, y no le importaba ni su marido, ni conocía a Dios. Vivía como muchos en nuestros tiempos – para las diversiones y los placeres de todo tipo. Cuán importante es recordar el Salmo 1.1 y no estar con tales personas. En el caso de José, él era esclavo, criado en esa casa, y era su lugar de trabajo – no podía salir. Y era joven, con las hormonas y la sangre caliente como se suele decir. Pero era creyente de veras, no como algunos hoy que son creyentes de la cintura arriba, pero de la cintura abajo son del mundo. El joven José no cedió ante la presión de ella. No dijo: “es que no puedo resistir – soy hombre y esos son apetitos naturales”. No ponía excusas. Era leal a su amo, Potifar, y más importante, era leal y fiel a Dios. Quería agradar a Dios, no vivir para sí. Así que, no la escuchaba. Por eso, ella decidió actuar de forma todavía más desvergonzada. Se asió de él, tal vez pensando que se rendiría ante un avance físico. Pero José hizo lo que todo creyente debe hacer ante la tentación – “huyó y salió” (v. 12). Pablo escribió: “Huid de la fornicación” (1 Co. 6.18). Ante la tentación sexual hay que decir “no” y alejarse. Mencionamos antes uno de los consejos fundamentales del padre a su hijo en Proverbios: “si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (Pr. 1.10). También da muchos consejos acerca de la ramera, la mujer mala, la mujer alborotadora, la mujer extraña, la mujer insensata, la mujer ajena y la mujer adúltera (Pr. 2.16-19; 5.3-23; 6.24-35; 7.5-27; 9.13-18; 22.14; 30.20). ¿Qué estamos dispuestos a hacer para evitar la fornicación? Como dice un refrán: “Más vale prevenir que curar”. Santiago 1.27 nos llama a guardarnos sin mancha del mundo. Esto no es pecar y luego pedir perdón, disculpándose por la debilidad de la carne. No así el camino del joven adulto José, pues él resistió, se guardó, y agradó a Dios. ¡Dios nos presenta el buen ejemplo de José para que lo sigamos! Seamos imitadores de aquellos que por fe y paciencia heredan las promesas (He. 6.12).    
    Los versos 13-18 relatan cómo ella acusó falsamente a José, cuando la culpable era ella. Esto también pasa a veces hoy. Si una mujer acusa, el hombre es automáticamente culpable, sin pruebas, solo por la voz de ella. Antes de decidir que alguien es culpable debe haber una investigación diligente. “No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida. Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación” (Dt. 19.15; véanse también Nm. 35.30; Dt. 17.6; 2 Co. 13.1).
    Los versos 19-20 dan la reacción de Potifar a la acusación de su esposa. Se enojó, tomó a José y le metió en la cárcel de los presos del rey. El verso 21 nos recuerda: “Pero Jehová estaba con José, y le extendió su misericordia”. Dios sabía la verdad, y obró a favor de José, porque honra a los que le honren. Le bendijo en la cárcel (vv. 21-23), y aunque en aquel tiempo no lo sabía José, ese lugar era para él la antesala del palacio del rey. El verso 23 repite: “Jehová estaba con José... Jehová lo prosperaba”. La repetición enfatiza para nosotros la lección. Los fieles y piadosos pueden sufrir, pero Dios todavía está con ellos, obrando según Su plan. El favor de Dios no hizo a José exento de sufrimiento. Sufría muchas tribulaciones (Hch. 7.10) – vergüenza, soledad, añoranza de su país y familia, lágrimas, falsas acusaciones, cárcel y grillos. Dios estaba obrando. Dice el salmista: “Envió un varón delante de ellos; a José, que fue vendido por siervo. Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona. Hasta la hora que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová le probó” (Sal. 105.17-19).
    Si José hubiera sido infiel y caído en el pecado, entonces no habría servido para salvar a nadie. ¡Cuán importantes son la integridad y la santidad!
    Hermanos, el Señor también nos permite ser probados en esta vida, y así nos da oportunidades para demostrar nuestra fe en Él, amor a Él y piedad. Y hay recompensa, galardón, para los vencedores. “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Stg. 1.12).
    En el siguiente estudio veremos cómo Dios honró singularmente a ese hombre fiel y piadoso. Mientras tanto, que el Señor nos ayude a serle fieles en nuestras vidas, porque es así que podemos glorificar a Dios.

de un estudio dado por Lucas Batalla, 11-9-22

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

 Jesucristo Nuestro Sacerdote  
(parte 2)

viene del nº anterior

4. Su Fuerza

  El sumo sacerdote también llevaba los nombres de los hijos de Israel sobre sus hombros, grabados en dos piedras de ónice (Éx. 28.9-12). Los hombros son lugar de fuerza, y esto nos hace ver que Cristo, el Sumo Sacerdote, nos lleva con Su fuerza. Somos guardados por el poder de Dios (1 P. 1.5).
    En la parábola de la oveja perdida (Lc. 15.4-7), el pastor salió a buscar la oveja perdida, y cuando la halló, la trajo sobre sus hombros. Eso ilustra el trabajo de Cristo como sacerdote, trayendo al alma perdida al redil del Padre. Estaba gozoso de hallarla, porque aunque era solo una oveja, ella le importaba. Cada alma es importante al Señor.
    Observamos además que en Isaías 9.6, que habla proféticamente del Señor, dice: “el principado sobre su hombro”. Como Sacerdote y Rey, nuestro Señor reinará con fuerza divina para siempre.
    Se nos invita a echar sobre Él toda nuestra ansiedad, “porque él tiene cuidado de vosotros” (1 P. 5.7). Tenemos un sacerdote fuerte, que nos lleva, nos protege y nunca nos desampara. No necesitamos recurrir a psicólogos y otros “consejeros profesionales”, porque nuestro Sumo Sacerdote nos cuida bien.
    Y una de nuestras funciones como sacerdotes es ayudar a nuestros hermanos en tiempos de tentación y prueba. “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gá. 6.2). Uno de los beneficios de estar en comunión en una asamblea es el de contar con los hermanos en tiempos de prueba.

5. Su Enseñanza

    En el Antiguo Testamento los sacerdotes, entre otras cosas, debían enseñar las Escrituras (Mal. 2.7). El Señor Jesucristo enseñó el Antiguo Testamento a Sus discípulos – es trabajo sacerdotal. Después de resucitado, en el camino a Emaús, enseñó a dos de esta manera: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lc. 24.27). Les abría las Escrituras (v. 32), y ardían sus corazones. “Les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” (Lc. 24.45). Nuestro Sumo Sacerdote puede hacer lo mismo con nosotros. Lo principal para entender las Escrituras es estar en comunión con Él. Debemos pedirle en oración, como dijo el salmista: “Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley” (Sal. 119.18).
    
6. Su Sacrificio

    Los sacerdotes ministraban delante de Dios, presentando los sacrificios. Dice Hebreos 8.3, “Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer”. Jesucristo no ofreció animales, sino Su propio cuerpo, y solo el sacrificio de Cristo, hecho una vez para siempre, quita el pecado (He. 10.10-12). Nuestro Sacerdote es también nuestro sacrificio.
    Su sacrificio no se perpetúa ni se repite, como pretenden los que celebran el sacramento de la misa, que es un error. Cristo se sacrifició “una vez para siempre” (He. 9.12). “Se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (He. 9.26). No se  ofrece continuamente en misas, pues la Escritura declara: “Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos” (He. 9.28).
    Además, toda Su vida era un sacrificio vivo, de olor grato al Padre, pues siempre hacía lo que le agradaba (Jn. 8.29). Pero Su sacrificio en el Calvario es lo que obró nuestra redención. No hay perdón de pecados en Su vida justa y santa, sino en Su muerte y resurrección como nuestro Sustituto, el Cordero de Dios.
    Y nosotros, como sacerdotes de Dios, debemos seguir a nuestro Señor en esto: haciendo de nuestra vida un sacrificio y servicio de fe (Fil. 2.17). Debemos presentar nuestro cuerpo en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, pues es nuestro culto racional (Ro. 12.1). Nuestro Sumo Sacerdote ha obtenido la eterna redención de todos los que creen en Él. Entonces, uno de los sacrificios espirituales que ofrecemos a Dios es el de nuestra vida, separándonos del mundo, testificando y sirviendo con humildad para Su honor y gloria.
    Que el Señor nos ayude a apreciarle como nuestro Sumo Sacerdote, y confiar siempre en Él.  Y que nosotros, como sacerdotes de Dios, sigamos el ejemplo de nuestro Señor.

       de apuntes tomados de un estudio dado por John Fenn (Londres)

  - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

ESCOGE LO MEJOR


Además del libro de Proverbios, otros textos bíblicos nos aconsejan bien acerca de cómo escoger lo mejor. He aquí una lección muy importante.
1 Samuel 15.22  “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”

    Saúl sabía muy bien lo que Dios había mandado. Pero desobedeció la orden divina. No mató a todos los animales, y además, perdonó la vida de Agag, principal de los amalecitas. Se excusó diciendo que los animales que perdonó eran para un sacrificio a Dios.
    Debemos siempre escoger obedecer a Dios sin modificar Sus instrucciones. Noé hizo el arca como Dios mandó. Moisés hizo el tabernáculo como Dios mandó. C. H. Mackintosh comenta: “No importa de qué valor sea el sacrificio, un solo acto de obediencia a la voz del Señor le es infinitamente más precioso... en estos días cuando tantos encubren todo tipo de desobediencia bajo las palabras: “¡Sacrificio! ¡Sacrificio!”! ‘Obedecer es mejor que los sacrificios’. Es infinitamente preferible que la voluntad esté sometida a Dios, que cargar el altar con los sacrificios más preciosos. Cuando la voluntad está sometida, todo toma su verdadero lugar; pero para aquel cuya voluntad está en oposición a la de Dios, hablar de sacrificios no es sino una vana decepción”.  (Lecciones Sobre 1 Samuel)
    Si Dios dice que las mujeres se callen en las congregaciones, y ellas hablan, enseñan, u oran en voz alta y alegan que es para glorificar a Dios, se equivocan. Intentan escusar su desobediencia con un sacrificio. Si un hombre se hace tesorosos en la tierra, cosa que el Señor prohíbe (Mt. 6.19), no puede arreglar el asunto dando algunas ofrendas. Dios no puede ser comprado así. Si Dios manda no juntarnos con fornicarios (1 Co. 5.9) y luego comemos con ellos, o los permitimos en la congregación, no digamos que nuestra misericordia glorifica a Dios. Dios manda: “Quitad... a ese perverso de entre vosotros” (v. 13). Hay que obedecer, aunque sea pariente o amigo nuestro, sí, ¡aunque sea hijo de anciano o misionero! En todo área de la vida, la obediencia es importante, porque así agradamos y glorificamos a Dios. Escojamos lo mejor, que es: siempre obedecer a la Palabra de Dios.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

¿Tienes Nomofobia?  

(Nomofobia: adicción al teléfono móvil, temor de estar desconectado)



Constantemente pendiente
Si cualquier notificación de tu móvil, desde mensajes de whatsapp hasta ‘likes’ en tus redes sociales tiene prioridad sobre cualquier otra cosa en tu vida. ¿Interrupes una conversación con una persona por algo que suena en tu teléfono?

Insomnio Social

¿Llevas el teléfono a la cama? Si estar pendiente de tus redes te roba horas de sueño, es un problema. La insana afición a meternos en la cama mirando el móvil puede provocar que se nos vayan las horas de la madrugada navegando en un sin fin de publicaciones.

Cobertura 24/7
Aunque parezca increíble, quedan lugares en el mundo sin cobertura, y no pasa nada. Si te condiciona tus movimientos tener o no cobertura (y no nos referimos a poder comunicarte en situaciones de emergencia, sino a ver Instagram en el pico de una
montaña), tienes un problema.

Estado de ánimo según la batería
Si tu batería está al 100% estás feliz, si está al 70% comienzas a sentir ansiedad. Si llegas al 10% entras en pánico. Si te ves reflejado en estas situaciones, es el momento de afrontar la realidad: tu dependencia al móvil es grave.

Ahora, responde honestamente: ¿Cuánto tiempo pasas en la Palabra de Dios (el libro impreso, no el teléfono)?

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

 Ese Libro Que Escribes

   A veces oímos a personas decir: “Me gustaría escribir un libro”, como si fuera algo fácil, o como si debieran ocuparse con esa tarea. Miles de personas hay en la Biblia, pero menos de 60 escribieron libros en ella, y todos eran varones santos, inspirados por Dios (2 P. 1.21). En lugar de afanarse con la idea de escribir un libro, sería mejor tener el afán de conocer bien el Libro que Dios ya nos ha dado. Seamos hacedores de la Palabra.
    Pero en otro sentido, cada uno de nosotros escribe un libro. El hermano Pendleton lo explica:

"Saliendo de correos con mis brazos llenos de paquetes, pensaba en cómo iba a abrir la puerta con las manos llenas. Justo entonces apareció María y me abrió la puerta. Ella es profesora en el colegio, y había venido por su correo también.
    'Muchas gracias' le dije con mi mejor sonrisa.
    'Vas muy cargado' me contestó, y me acompañó al coche. '¿Dónde los quieres poner, todos atrás?' me preguntó.
    'Estupendo' dije, y ella me abrió la puerta del coche. Mientras arreglaba los paquetes en el coche le di otra vez las gracias. 'No estoy acostumbrado a esta clase de servicio. No sé qué habría hecho sin tu ayuda'.
    'No hay de qué', respondió. 'No era gran cosa, simplemente algo para mi libro'.
    '¿Oh?' exclamé. ¿Tu libro? ¿Estás escribiendo un libro?'
    'Claro', ella dijo. 'El mío no se publicará, pero lo estoy escribiendo. Como les digo a los niños en el cole, todos estamos escribiendo un libro, y todo lo que haces entra en él'.
    Con esto me dio un saludo con la mano, despidiéndose, y se fue. Pero en seguida se dio media vuelta y añadió: 'Cada día es como una página nueva de tu vida, ¡piensa en esto!'”
    Efectivamente, iba pensando en esto el resto de día, y comenzaba a comprender lo que había dicho:  "Cada día es como una página nueva de tu vida”.
 
    Tenía razón. Puedes poner en aquella página lo que quieras. Podrías pasar el día sin hacer nada, y acabarías con la página en blanco. O podrías obrar mal y no tener más que una mancha fea en la página.
    O, podrías escribir una poesía manifestando que tu día había sido lleno de amor, amistad y aprecio de los demás.
    Sí, estás escribiendo un libro, y lo que se apunta depende de ti, no de tus sueños sino de tus hechos. Nadie más escribe allí. ¿No sería maravilloso dejar un tomo que ocuparía un lugar de honor en la biblioteca permanente de un amigo, para ser leído una y otra vez y compartido mucho después de tu partida?
    Como creyentes, hay dos libros importantes en nuestra vida. El primero y primordial es el Libro que Dios ha escrito, esto es, la Biblia. Debemos amarlo y recibirlo con mansedumbre, dejando que Dios guíe nuestra vida por él. Es triste que muchos que profesan ser cristianos prestan poca atención a la Biblia, y demasiados hay que nunca han leído toda ella de portada a portada. La ignorancia evangélica de la Biblia es causa de muchos problemas.
    Pero este otro “libro” también es importante, porque es el que cada uno escribe con su vida: las actitudes, las palabras, los hechos, etc. Proverbios 20:11 dice: “Aun el muchacho es conocido por sus hechos”.  ¿Qué tal tu libro? ¿En la página de hoy has apuntado algo bonito?

Winston K. Pendleton, de la revista “Sunshine”, traducido y adaptado

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

¡Gracias, Señor!

Cuando los 70 discípulos regresaron a Él, Jesús dijo: “Padre... te doy gracias” (Mateo 11:25 BLP). Antes de que la gente comiera, “dio gracias” (Mateo 15:36). Ante la tumba de Lázaro oró: “Padre, gracias te doy por haberme oído” (Juan 11:41). Cuando instituyó la Cena del Señor, dio gracias por el pan (Lucas 22:19) y por la copa (Marcos 14:23). Al llegar a Getsemaní, quizás terminó su canto con las palabras: “Den gracias al Señor, porque Él es bueno” (Salmo 118:29 NBLA). Aquí en la tierra, nuestra naturaleza egoísta y pecadora no quiere darle gracias (Romanos 1:21) y los hombres de los últimos días serán “ingratos” (2 Timoteo 3:2). Sin embargo, en el cielo por siempre le daremos “acción de gracias al que está sentado en el trono” (Apocalipsis 4:9). Incluso hoy deberíamos estar “abundando en acciones de gracias” (Colosenses 2:7), así como lo hacía nuestro Salvador. Entonces, ¿cuántas veces le darás gracias a Dios hoy?

 Juan Dennison, Devoción a Diario, Publicaciones Pescadores

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

  Siete Terribles Trompetas



Nunca en la historia ha habido nada como los juicios de Dios que se acercan. En Apocalipsis 8, 9 y 11, el apóstol Juan describe siete de ellos – las siete trompetas. Después de los juicios de Apocalipsis 6, vendrán más, porque la gente no se arrepiente ni quiere el reino de Cristo. Siete ángeles tocarán trompetas – anunciando terribles juicios mundiales. No habrá tiempo para recuperarse de un golpe antes de que venga otro.
    Apocalipsis 8 anuncia los primeros cuatro trompetas y sus juicios. La primera trompeta traerá granizo y fuego mezclados con sangre. Se quemará la tercera parte de los árboles en todo el mundo, y toda la hierba verde. Los ecologistas se asombrarán.
    Acto seguido, sonará la segunda trompeta. Caerá al mar algo como una gran montaña ardiendo. La tercera parte del mar se convertirá en sangre. Destruirá a las naves y morirán multitudes de personas. Afectará el comercio, el transporte, las marinas, las playas, los puertos, y habrá gran hambre y escasez.
    Poco después sonará la tercera trompeta. Caerá un gran asteroide – “Ajenjo”. Hará destrucción catastrófica. Se perderá la tercera parte de los ríos del mundo. Los manantiales se contaminarán, y muchos morirán sin agua potable.
    La cuarta trompeta sonará, y Dios herirá el sol, la luna y las estrellas. Faltará luz y eso afectará las plantas, los animales y la temperatura de la tierra. Parece todo esto una serie de desastres ecológicos, pero son juicios divinos sobre un mundo incrédulo.

    Entonces un ángel de Dios gritará: “¡Ay, ay, ay de los que moran en la tierra” (Ap. 8.13), porque serán aun peores las tres trompetas restantes (Apocalipsis 9). Traerán juicios horripilantes, con gran destrucción y mortandad sobre el mundo entero.

    La quinta trompeta traerá una invasión de monstruos. Dicen a los niños que no hay monstruos, pero no es cierto. Están detenidos por Dios en  un lugar especial: el pozo del abismo. Su apariencia es horrible, espantosa, y tienen poder como escorpiones. Saldrán del pozo del abismo, cual gran nube de humo. Atacarán y herirán a muchas personas.
    La sexta trompeta (Apocalipsis 9.12-21), suelta un ejército demoníaco de 200.000.000, crueles y de aspecto terrible. De su boca salen fuego, humo y azufre. Morirán millones de personas, pero los sobrevivientes se endurecerán, no se arrepentirán de su idolatría, homicidios, hechicerías, inmoralidad y hurtos. Y Dios mandará más golpes de juicio.
    La séptima trompeta (Apocalipsis 11.15-19), anunciará el fin de los gobiernos del mundo. Se acabarán todos los políticos y reinos, y el del anticristo. Dios tomará Su poder y reinará. Nadie en el cielo se queja de la dureza de los juicios, y nadie intercede por los moradores de la tierra. Dan gracias a Dios por Sus juicios, Su poder y reino. ¡Ya es hora de acabar con toda la vanidad humana. Este solemne anuncio es acompañado de relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.
    No es un cuento, ni una teoría. Dios ha revelado lo que hará. Amigo, ¿qué harás tú? ¿Te arrepentirás ahora de tus pecados? ¿Confiarás en el Señor? ¿Doblarás la rodilla voluntariamente ante Él, o solo cuando, siendo vencido, se te obligue? ¡Despierta! El reino de Dios viene, no lo puedes detener. Pero puedes prepararte, por la fe en el Señor Jesucristo.     

                                          Carlos Tomás Knott


 

martes, 28 de febrero de 2023

EN ESTO PENSAD - marzo 2023

 José Probado En Egipto
Lucas Batalla

viene del número anterior


Texto: Génesis 39

En el último estudio vimos que José, traicionado por sus hermanos, llegó a Egipto y fue vendido como esclavo. El verso 1 enlaza con Génesis 37.36 para retomar la historia de José. Sus hermanos por envidia le habían vendido, y su padre Jacob pensaba que había muerto. Nadie le buscaba. Nadie iba a venir a rescatarlo. Humanamente hablando, no había esperanza de salir de sus circunstancias.  Pero Dios no había terminado con José, ni le tenía en olvido. Su plan sabio y soberano para José seguía su desarrollo. Los versos 2 y 3 enfatizan que aunque José no veía a nadie a su lado, no estaba solo. “Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero” (v. 2)... “vio su amo que Jehová estaba con él... Jehová lo hacía prosperar en su mano” (v. 3). Cuando leemos todo el resto de la historia de José, vemos cuán grande y bueno era el plan de Dios, aunque incluía años de dificultades y sufrimientos. Como dice el himno de John Newton, “Sublime Gracia”:  


    “En los peligros o aflicción, que yo he tenido aquí,
    Su gracia siempre me libró, y me guiará hasta el fin”. 


No siempre sabemos en el momento el por qué de las cosas. A veces, como José, tenemos que esperar años para ver claramente Su plan y propósito. No seamos impacientes, ni tiremos la toalla.
    José halló gracia (favor) ante su amo Potifar (v. 4), porque Dios lo quiso así. Pero no nos equivoquemos. No hizo ninguna huelga de hambre, ni cosas parecidas. Aceptó su situación y obraba con diligencia, honradez y esmero, sin perder su fe. Dios estaba con él, y eso se veía en su carácter y conducta. Porque José estaba en la casa de Potifar, Dios bendijo esa casa: “desde cuando le dio el encargo de su casa” (v. 5). Como resultado de eso, aquel egipcio entregó todo en manos de José y “no se preocupaba”, porque vio la integridad y diligencia de su siervo hebreo. El texto añade el detalle del aspecto físico de José, su hermosura, y ahora veremos por qué.
    En el verso 7 vemos que en tiempos de bendición se mueve el diablo buscando arruinar todo. Atacó al joven José mediante la esposa de Potifar, una mujer sin moralidad ni escrúpulos, que quería seducirlo. Puso sus ojos en él, no vice versa, y le hizo una propuesta indecente. Sabemos hoy muchos casos de hombres mujeriegos, infieles y perversos, y Dios los juzgará (He. 13.4). Pero cuidado, pues las mujeres no siempre son víctimas. Tanto solteras como casadas, las hay con corazón malo, con malos deseos e imaginaciones, y ponen sus ojos donde no deben. La mujer de Potifar era así. Al decir ella: “duerme conmigo”, todos sabemos que no hablaba de una siesta.
    Lo importante aquí es la reacción del joven José: “él no quiso” (v. 8). Hay hombres que incitan a mujeres y se aprovechan de ellas. Pero hay que decir todo, porque también hay mujeres que desean y provocan incidentes. En ese caso, si una mujer les incita o invita, caen en seguida en el pecado. Su excusa es que son débiles, o: “ella me provocó”. Pero eso no vale, porque como José, podían haber dicho “no”. “Hijo mío, si los pecadores te qusieren engañar, no consientas” (Pr. 1.10). José no tomaba sus palabras como un piropo, ni se agradó, sino veía un gran peligro. Su respuesta en los versos 8 y 9 es un modelo de integridad y piedad. Pensaba en la confianza que su amo le tenía. A ella le puso en su sitio: “tú eres su mujer”, pues codiciar la mujer de tu prójimo es pecado (Éx. 20.17). Declaró: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal y pecaría contra Dios?” (v. 9).  
    Todo pecado es en primer lugar contra Dios (Esd. 10.2; Sal. 51.4; Lc. 15.21). José estaba lejos de su padre y hermanos, en un país que practicaba la inmoralidad, pero se mantuvo fiel. No fornicó siquiera una vez. No se manchó moral ni espiritualmente. No tuvo un hijo bastardo. Cuando se casó luego era virgen, y hoy parece que  pocos hay como él.   

continuará, d.v., en el siguiente número

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -  

Requisitos Para La Comunión

Amamos a creyentes que no siguen la doctrina de los apóstoles, porque son de Cristo, pero sólo podemos gozar una comunión limitada con ellos. Y si ese acuerdo y la comunión consiguiente no existen, no tiene sentido celebrar la cena del Señor con ellos. Ante esta situación, la salvación y el bautismo no son condiciones suficientes para la recepción a la asamblea. La obediencia práctica, moral y doctrinal a la Palabra de Dios es sumamente importante. La asamblea no está abierta para todos los creyentes, independientemente de sus creencias y prácticas; debemos tener mucho cuidado en la recepción a la comunión en una iglesia local. Por esa razón, haríamos bien en imitar el ejemplo de la asamblea de Roma, y del apóstol Pablo, al esperar que un creyente desconocido traiga una carta de recomendación (Ro. 16:1,2).
Mark Sweetnam (Dublin, Irlanda), Allí Estoy Yo, pags. 13-14 disponible de Editorial Día en formato PDF

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -  

Escoge Lo Mejor

Proverbios 28.6 "Mejor es el pobre que camina en su integridad, que el de perversos caminos y rico".

 

    Es la última cita en Proverbios que dice "mejor es". El padre quiso enseñar a sus hijos que Dios valora más la integridad que el dinero y los bienes materiales. No debemos estimar a las personas por lo que tienen, sino por lo que son: su carácter y la conducta.
    Los hombres no miran así las cosas. Admiran a los ricos y esperan no ser como los pobres. En la iglesia, muchos quieren imitar al rico y tenerle por amigo. "Las riquezas traen muchos amigos; mas el pobre es apartado de su amigo" (Pr. 19.4). "Muchos buscan el favor del generoso, y cada uno es amigo del hombre que da" (Pr. 19.6). Pero debemos ser amigos de los que caminan en integridad. Mejor tener unos amigos pobres de esta clase, que codearte con los ricos buscando beneficio.
    Si hay que pecar para obtener riquezas, o para no perderlas, mejor ser pobre. Por ejemplo, piensa en Lázaro y el rico. La integridad no permitirá sobornos, pagos bajo mesa, dos juegos de libros de contabilidad, ventas por precios injustos, usura, ni retención del salario de los jornaleros. Pero si caminas en integridad Dios te acompañará. ¡Escoge bien!

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -   

 Lecciones de la Vida del Rey Ezequías
por Simón Sherwin

El Comienzo

    Cuando Ezequías llegó al trono, el estado espiritual del reino de Judá estaba muy bajo. Pero Ezequías estaba resuelto desde el principio a ser diferente – esto es – fiel a Dios, y tener un impacto. De acuerdo a la costumbre en Judá y otros lugares en esos tiempos, cuando murió Acaz y tomó Ezequías el trono, el resto de ese año calendario fue contado como el último año del reino de Acaz. Hubiera sido así si muriera al principio o al final de ese año. Así que, Ezequías había reinado por un tiempo no especificado (menos de un año) antes del comienzo del primer año de su reinado. Cuando comenzó oficialmente, él estaba preparado, y su primer acto fue abrir y reparar las puertas de la casa de Jehová (2 Cr. 29.3). ¿De dónde vino esa resolución? Es probable que la base de esa decisión fue puesta años antes. El nombre de su madre es dado, así como con todos menos dos de los reyes de Judá. Recordamos la responsabilidad vital que tienen las madres en la educación espiritual de sus hijos. Nunca debemos desestimar el privilegio de enseñarles las Escrituras desde una edad temprana. ¿Quién sabe si hoy alguna madre podría estar educando a otro como Ezequías?

Su Preparación Personal

    Pero, sea cual sea la calidad de la educación del niño, tenía que llegar un tiempo cuando Ezequías desarrollaba su propia relación personal con Dios. 2 Reyes 18:5-6 resume para nosotros esta relación, diciéndonos varias cosas acerca de Ezequías. Primero: su fe. “En Jehová Dios de Israel puso su esperanza”. Esto es dónde comienza la senda, y también sigue y termina en este punto. El camino no comienza con fe solo para terminar luego con otra cosa. La senda de agradar a Dios es una vida de fe (He. 11.6; Ga. 2.20). Antes de enfrentar al gigante en el valle, David había probado y conocido a Dios en los campos de Judá. Antes de enfrentar a la gran potencia de Asiria, Ezequías aprendió a confiar en Dios en las cosas de la vida cotidiana. No solo leemos de su fe, sino también de su fidelidad: porque habla de su voluntad, su camino y sus obras. “Porque siguió a Jehová” (v. 6). También vemos su lealtad, pues significa una decisión consciente de su voluntad. Jehová sería su Dios, pese a cualquier dificultad, y él le sería fiel. ¿Es ésa la clase de lealtad que nos marca a nosotros? La resolución de su voluntad dirigió su vida, de modo que “no se apartó de él”. Paso por paso, andaba en la senda que el Señor le había preparado. Nos consuela y anima saber que si seguimos al Señor, el camino que andamos ya fue atravesado por Él, porque Él va delante de nosotros. Él conoce nuestro camino. Por nuestra parte, como fue con Ezequías, no debemos apartarnos de ese camino, porque entonces ya no estaríamos siguiendo al Señor. Finalmente leemos que “guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés”.  Era obediente. La obediencia a la Palabra de Dios debe marcar a cada creyente. “Si me amáis”, dice el Salvador, “guardad [o “guardaréis”] mis mandamientos” (Jn. 14.15). Aquí tenemos el fundamento para cualquier obra para Dios. Si he de hacer cualquier cosa para Él, primero debo estar en la condición correcta.

La Prioridad de la Casa de Dios

    Habiendo preparado su propio corazón, Ezequías estaba preparado para salir y trabajar, y la obra en la esfera más amplia del reino comenzó en la casa de Dios. Esto es un principio bíblico. Cuando el Señor comenzó sus juicios de la nación rebelde en Ezequiel 9, instruyó a Sus siervos: “y comenzaréis por mi santuario” (v. 6). De modo similar, Pedro escribió: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 P. 4.17). Ezequías reconoció que para restaurar a la nación, primero había que limpiar la casa de Dios de todo lo que no debía estar en ella. Así que, “abrió las puertas de la casa de Jehová, y las reparó” (2 Cr. 29.3). Acto seguido, hizo venir a los sacerdotes y levitas (v. 4), y los llamó a colaborar. Primero debieron santificarse a sí mismos (v. 5). Es de gran importancia, porque cualquier obra de Dios comienza con el individuo. Y después: “santificad la casa de Jehová el Dios de vuestros padres, y sacad del santuario la inmundicia”.  Si la nación iba a conocer el avivamiento, era necesario restaurar las cosas de Dios y Su adoración. Pero antes de santificar la casa, debía ser limpiada. Había que quitar la inmundicia y corrupción que entraron durante años. Esto incluye las cosas obvias, como el altar que ordenó Acaz, que desplazó el verdadero altar de Dios. Además, había cosas que en su día fueron utilizadas por Dios, pero que habían adquirido un significado inapropiado, por ejemplo, la serpiente de bronce que Moisés levantó en el desierto (Nm. 21.9; Jn. 3.14). En su día era para salvar a los que la miraron después de ser mordidos por las serpientes. Pero andando el tiempo, vino a ser un objeto de veneración (2 R. 18.4). En las asambleas debemos guardarnos de la entrada de cosas que no deben estar. Quizás hay doctrinas o prácticas no bíblicas, o aun las enseñanzas o los escritos de hombres de Dios que vivían en otro tiempo, que tienen más importancia que las Escrituras. ¡Es necesario que nosotros también volvamos a la sencillez y el poder de la Palabra de Dios! Como dijo Pablo: es “la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hch. 20.32).

traducido del artículo en la revista Present Truth, nov-dic 2022
www.truthdefended.com

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Jesucristo Nuestro Sacerdote

Dios nos ha provisto el mejor sacerdote: el Señor Jesucristo. Consideremos algunas de Sus cualidades.


1. Su Santidad

    En Lucas 1.35 es llamado “el Santo Ser que nacerá...”.  A diferencia de todos los demás, Jesucristo nació santo. No hubo pecado en Él ni pudo pecar. La santidad es necesaria para funcionar como sacerdote, pues el Salmo 93.5 declara: “La santidad conviene a tu casa, oh Jehová”. En Lucas 8.28 el demonio le reconoció como “Jesús, Hijo del Dios Altísimo”, y en Marcos 1.24 otro confesó: “Sé quién eres, el Santo de Dios”. Siendo santo, es el perfecto Sacerdote, según Hebreos 7:26-28. 
    “Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre”.
    Debemos dar gracias a Dios por este Sacerdote Santo que Él nos mandó. Además, nosotros los que le pertenecemos también debemos ser santos. 1 Pedro 1.15-16 nos recuerda: “Sed santos, porque yo soy santo”.

 
 2. Su Intercesión
    Jesucristo en Su oficio sacerdotal intercede por nosotros. Oraba mucho durante Su vida terrenal, y eso se ve más en el Evangelio según Lucas. Alguien lo llamó “El Evangelio de la Oración”, porque menciona las oraciones del Señor más que otros Evangelios. Cuando a Pedro le venía el zarandeo de Satanás, Cristo le dijo: “pero yo he rogado por ti” (Lc. 22.32). Cuando los discípulos remaban en la tormenta sobre el Mar de Galilea, el Señor había subido el monte y ahí oraba.
    No solo oraba por ellos, sino también ora por nosotros. Romanos 8.34 asegura: “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”. Nuestro Sumo Sacerdote nos representa en el cielo. Lleva nuestros nombres en la presencia de Dios. Esto debe infundirnos aliento y darnos esperanza cuando pasemos por dificultades. No necesitamos rendir culto a los santos para que oren por nosotros. Algunos piensan que María es su intercesora, pero se equivocan porque es Cristo que intercede por nosotros. La Biblia nunca dice que María intercede por nadie. Pero qué consuelo y ánimo nos debe dar el saber que Jesucristo está a la diestra de Dios a favor nuestro. Él es nuestro abogado (1 Jn. 2.1).
    Nosotros también debemos orar los unos por los otros. Por la gracia de Dios, todos los creyentes somos sacerdotes (1 P. 2.5, 9). Es una gran verdad y muy importante, pero algunos la interpretan malamente. Piensan que si creemos en el sacerdocio de todos los creyentes, tendríamos que permitir a las mujeres orar en voz alta, hablar y predicar en las congregaciones. Pero los sacerdotes interceden, y eso se puede hacer en casa, en privado. En las oraciones en la congregación, las mujeres oran en silencio y con la cabeza cubierta.
    Los sacerdotes ofrecen sacrificios espirituales aceptables a Dios (1 P. 2.5), y para ser aceptable hay que proceder como Dios manda.

3. Su Compasión
    El sumo sacerdote Aarón sufrió con el pueblo de Israel en el desierto. Llevaba sobre el corazón un pectoral con los nombres grabados de los hijos de Israel. De esa manera cuando el sumo sacerdote ministraba ante Dios, tenía los nombres del pueblo de Dios sobre el corazón – lugar de los afectos.Nuestro Señor manifestó compasión en Su vida y ministerio terrenal. Como el samaritano en la parábola en Lucas 10.33-35, fue movido a misericordia e hizo algo. Intervino para ayudar al hombre herido. Nuestro Dios es Dios de acción. Obra en misericordia, y por eso tenemos vida. Cristo vino y tomó la humanidad (impecable).  Así se acercó a nosotros.  No fue altivo, sino se asoció con nosotros en nuestra bajeza. Así hemos conocido a Dios, “que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó” (Ef. 2.4).

    Entonces, ya que Cristo nos ha tenido tal misericordia, no nos conviene la altivez, y también debemos asociarnos con los humildes (Ro. 12.16). Cristo se humilló a sí mismo, y vino para servir, no para ser servido. Los que somos de Él debemos seguir Sus pisadas. Nuestra compasión debe ser práctica, visible, y siempre en el Nombre del Señor, no en el nuestro propio (Col. 3.17).               continuará, d.v. en el siguiente número

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

EL ALTAR, LA TIENDA Y EL POZO

“Y edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y plantó allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo” (Gn. 26.25)

Estas tres cosas: un altar, una tienda y un pozo, son símbolos del verdadero peregrinaje. Destacan tres facetas esenciales de la vida de cada creyente, porque somos peregrinos. Muchos anhelan una ciudadanía que consideran provechosa para sí en esta vida (estadounidense, inglesa, española, francesa, alemana, etc.), porque piensan en dinero y comodidad, e incluso arreglan toda su vida y sus prioridades para que no falten estas cosas, mientras que descuidan lo más importante, lo espiritual. ¿Acaso se nos olvida que el creyente ya pertenece al único verdadero imperio y a la mejor sociedad: el reino del cielo? ¿Nos parece poco? Hermanos, aceptemos nuestra identidad de peregrinos en esta vida, y que no nos falten nunca los símbolos del peregrino: el altar, la tienda y el pozo. 

    El altar representa nuestra necesidad diaria de adoración y de sacrificio a Dios. ¿Quién debe hacer el sacrificio de la mañana y de la tarde, sino tú? ¿Quién cuida el altar, asegurando que suban a Dios ofrendas? Los patriarcas edificaron altares dondequiera que estuviesen, porque ahí se reunieron con Dios y le adoraron. ¿Cuidas el altar de devoción a Dios en tu vida, cada día? Qué triste es saber que muchos cuidan el televisor, lo llevan consigo a todas partes, y dondequiera que esté su casa, casi lo primero es instalar una tele, arreglar los muebles del cuarto de estar alrededor suyo, y comenzar a rendirle culto diario. Mejor sería pasar todo ese tiempo frente a la Palabra de Dios, leyendo, meditando, orando y teniendo comunión con Dios. ¿Y no afectaría esto nuestra vida espiritual, nuestro poder y eficacia para servir al Señor? ¿No serían nuestras familias de otra forma, y no se ocuparían nuestros corazones de otros asuntos, si cuidáramos el altar en lugar de la tele? El televisor también puede ser un altar, de Baal, del dios de este mundo, donde continuamente se ven los deseos de los ojos, los deseos de la carne y la vanagloria de la vida. Donde se sacrifican los niños, el matrimonio, la vida espiritual y el testimonio para “saber las noticias” (como muchos suelen decir: “Oh, sólo miro las noticias y algún documental”) ¡Menudo altar! Los hombres de Dios en otro tiempo hablaron así: “No pondré delante de mis ojos cosa injusta” (Sal. 101.3). Somos peregrinos, esto está claro, pero es hora de preguntar a muchos: “Hermano, ¿qué has hecho con el altar?”

   Segundo, hay una tienda. Abraham vivía en tiendas, y así también Isaac, porque también era peregrino. La tienda nos recuerda que el mundo no es nuestro hogar, que estamos de paso y no debemos arraigarnos ni acomodarnos en este mundo. La tienda tiene un cuidado sencillo, y no requiere mucha atención, lo cual quiere decir que no hay que gastar constantemente tiempo y dinero en su mantenimiento. Limpiar, sí. Poner un parche de vez en cuando, sí, y sacudirla para quitar el polvo. Era para escapar del calor y del frío, para dormir seguro, pero nunca venía a ser un palacio. La tienda podía moverse de lugar en lugar sin mucho problema. Daba movilidad a su dueño, y no le impidió si el Señor le llamara a otro lugar. No se nos olvide: el Señor ha ido a prepararnos lugar en la casa de Su Padre. Nuestro hogar y nuestra ciudadanía están en los cielos, y allí debemos poner la mirada cada día, para mantenernos separados del mundo, sobre todo, en nuestro corazón. El peregrino mira su tienda y se acuerda de que es forastero. Por ejemplo, Abraham: “Por la fe habitó como extranjero...morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (He. 11.9-10): “confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra” (He. 11.13). En otros años las iglesias apreciaban más estos textos. Hablaban de estos temas y cantaban himnos de peregrinos, pero estos himnos ya han sido olvidados en muchos lugares. Hoy hablan de sus derechos, de éxito en el negocio, del “valor” de la política. Los patriarcas nunca tuvieron “notorio arraigo” ni tampoco los apóstoles, y además, no les hacía falta para servir al Señor y le servían mucho mejor que nosotros. ¿Dónde están los peregrinos, los que moran en tiendas y viven para servir a Dios, anhelando de corazón una patria mejor: “esto es, celestial”? (He. 11.16).
    Tercero, está el pozo, tan necesario en el desierto, representa nuestro recurso constante y fuente de ayuda, la Palabra de Dios. Ella nos refresca y nos fortalece en el desierto de este mundo. El mundo no es un oasis para el creyente. El poeta persa, Omar Khayam dijo en su obra, “El Rubiyat”, que la eternidad es un desierto y la vida es un oasis, así que, a pasarlo bien en esta vida porque después viene el desierto. Se equivocó, pues es totalmente al contrario, este mundo es un desierto que no sostiene la vida espiritual. Aunque cuesta tiempo y trabajo abrir un pozo, vale la pena, porque el agua cristalina y fresca de la Palabra de Dios es vital, porque además de refrescarnos y animarnos, en ella encontramos vida y salud. Con la Palabra de Dios nos limpiamos también de la suciedad contraída a raíz de estar en el mundo, aunque no somos del mundo. ¡Un peregrino sin pozo está en gran peligro! Hermano, hermana, ¿qué de tu pozo?
    Hermanos, la negligencia de cualquiera de estas tres perjudica nuestra salud espiritual y nuestra vida distinta de peregrinos. Al descuidar o abandonarlas, como consecuencia asimilaremos la forma de pensar, hablar y vivir de los del mundo. Si nos acomodamos aquí e imitamos a los del mundo, sufriremos la pérdida de nuestro carácter de peregrino, el gozo y el poder espiritual para servir y agradar al Señor. ¡No dejemos de peregrinar, sino vivamos como peregrinos hasta que el Señor nos llame a Su presencia!

Carlos

 

    Peregrino Tú me hiciste; este mundo no es mi hogar.
    Me llamaste a seguirte, y contigo un día morar.

    CORO:  Guíame, guíame, por el pedregal,
                  Tenebroso de la vida a la patria celestial.
    
    Apresura mis pisadas, porque veo alrededor,
    Tantas cosas seductoras; guarda mi alma, oh Señor.
    
    Hay conflicto y peligro, ronda el diablo en derredor.
    Fortalece Tú mis pasos en la lucha, oh Señor.

    Oigo el coro de los santos: ¡Cómo canta al Señor!
    Yo deseo ir con ellos, y rendirte mi loor.

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

¡El Rollo Fatal!


El Rollo en el Cielo, y sus Siete Sellos



Texto bíblico:
Apocalipsis 5.1- 8.2

La raza humana, con todos sus pecados, ha contaminado y arruinado al planeta y a la humanidad. Afligimos y corrompemos todo lo que tocamos. La naturaleza misma está cansada de nosotros. El apóstol Pablo declaró que “toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8.22). Pronto la paciencia de Dios acabará, y vendrá el fin. La humanidad no quiere que venga Cristo, porque cada uno quiere vivir a gusto suyo. Pero los juicios en Apocalipsis 6 son el “bombardeo” divino antes de la venida de Cristo. Tres grupos de siete juicios sacudirán el planeta: siete sellos, siete trompetas, y siete copas de ira. Presta atención, porque todo esto está a punto de caer.
    En Apocalipsis 5 Jesucristo recibe del Padre un libro, escrito por dentro y por fuera. Solo Cristo puede tomar y abrir el libro — las escrituras del planeta. El cielo irrumpe en alabanza cuando el Cordero de Dios lo toma. El planeta es Suyo, como Creador. Se alegran sabiendo que la hora llegó. Pero en la tierra parece que nadie se entera.
    En Apocalipsis 6, Juan vio a Cristo comenzar a abrir los sellos, y cada uno soltó un juicio sobre la tierra. El cumplimiento de eso causará enormes catástrofes mundiales, lo nunca visto. Nadie mandará ayuda humanitaria, pues todos estarán sufriendo
.
  Los primeros cuatro sellos mandan a la tierra jinetes sobre caballos, con terribles juicios. El primero, en el caballo blanco (Apocalipsis 6.1-2), no es Cristo, sino el Anticristo, el dictador mundial que viene. El segundo trae guerras y mortandad a nivel mundial (versos 3-4). El tercero trae gran hambruna al planeta (versos 5-6). El cuarto trae aun más muerte por hambre, pestes y guerras, de modo que ese jinete es llamado “Muerte” (versos 7-8). Como hoy, querrán creer que todo eso sucede por casualidad, pero NO ENTIENDEN que son juicios de Dios y expresan Su ira. Es el comienzo del fin del mundo, como dijo Cristo: “principio de dolores”, porque después vendrán más dolores (Mateo 24.8). Como dolores de parto – una vez que empiecen, nadie podrá detenerlos. Vienen con cada vez más frecuencia e intensidad. El quinto sello trae la voz de los mártires cristianos. Ruegan la venganza de Dios sobre sus perseguidores. ¡Ay de esos perseguidores! (versos 9-11). 

El sexto sello soltará grandes cataclismos en los cielos y la tierra: un gran terremoto sacudirá al planeta, habrá tinieblas, y la luna será como sangre. Las estrellas caerán, el cielo desvanecerá, caerán los montes (versos 12-17). ¡La ira de Dios se revela desde los cielos! Todos los fuertes del mundo tendrán gran pavor. Se esconderán como cucarachas que huyen de la luz. Se acabó la paciencia divina, y llegó “la ira del Cordero” (Apocalipsis 6.16). Pero la gente, aunque asustada, no se arrepentirá ni creerá en el Señor. Y se abrirá el séptimo sello (Apocalipsis 8.1), con siete ángeles con trompetas y más juicios.
    Amigo, éste es tu aviso. No demores más. Responde ahora, antes de que se abra aquel primer terrible sello. Arrepiéntete y confía en el Señor.