Entradas populares

sábado, 31 de diciembre de 2022

EN ESTO PENSAD - enero 2023

 Varón y  Hembra Los Creó


No es opinión, sino historia. En las Sagradas Escrituras no hay sexo indeterminado. No es cuestión de cómo uno siente o piensa. Somos criaturas, no creadores, y nuestro Hacedor deja bien claro cómo nos hizo: "...varón y hembra los creó" (Gn. 1.27). Este dato importante es repetido en Génesis 5.2, "Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados". Siglos después, Jesucristo afirmó la veracidad del registro en Génesis al decir: "¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?" (Mt. 19.4-5). El Evangelio según Marcos también cita al Señor Jesucristo diciendo:  "pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer" (Mr. 10.6-7).
    Varón y hembra no son términos filosóficos, sino biológicos. Además de decir claramente: "varón y hembra", Cristo dijo que el hombre (varón) dejará "padre y madre" (no padre y compañero, ni madre y compañera). "Y se unirá a su mujer" (no a otro hombre), ni la mujer se unirá a otra mujer, sino a su marido. Te guste o no, es lo que el texto sagrado dice.
    Pablo, en 1 Corintios 7.1-5 da instrucciones apostólicas acerca del matrimonio (hombre y mujer), y sus relaciones sexuales. El marido tiene a su mujer, y la mujer tiene a su marido. No hay lugar bíblico para relaciones extramatrimoniales (fornicación y adulterio) ni homosexuales (sodomía y lesbianismo). En Efesios 5.22-33 el Espíritu Santo guía a Pablo a escribir acerca del hombre y su esposa. Compara el matrimonio a Cristo y la iglesia (vv. 23, 25, 29, 32). Los que trastornan al matrimonio bíblico también deshonran a Cristo.
    En 1 Corintios 11 Dios nos comunica que los hombres no deben dejar crecer el cabello, pero las mujeres sí, pues es otra diferencia entre los sexos. Pero en el mundo hoy, se hacen las cosas en contra de la voluntad de Dios. Los hombres tienen pelo largo como debe tener la mujer, y las mujeres llevan pelo corto. Esto incluye a los jóvenes, y sus padres deben enseñarles y requerer su obediencia. No se trata de modas sino de la voluntad del Creador y Señor. "¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" (Lc. 6.46).

    El apóstol Pedro, en 1 Pedro 3.1-7, da instrucciones inspiradas acerca de mujeres y hombres en el matrimonio, pues en la Biblia el matrimonio no se comprende de otra manera, sino un varón con una mujer.
    Es de esperar que en el mundo haya ignorancia, confusión y contrariedad. Pero los creyentes no somos del mundo, ni debemos dejarnos influir por él. Las palabras del apóstol Pablo a los tesalonicenses también son validas para nosotros: "...aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios" (1 Ts. 4.1).

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

Los Niños Son Personas

Los niños son personas también. Mientras el Señor Jesucristo estaba enseñando, "traían a Jesús unos NIÑOS MUY PEQUEÑOS para que los tocara" (Lucas 18.15 NLBA). Los bebés son tiernos, pero un bebé recien nacido es aún más tierno. Cuando el ángel les anunció a los pastores el nacimiento de Cristo, dijo: "Hallaréis al NIÑO envuelto en pañales, acostado en un pesebre" (Lucas 2.12). Cuando María llegó a la casa de Elisabet, Elisabet dijo: "Cuando escuché tu saludo, el BEBÉ saltó de alegría EN MI VIENTRE" (Lucas 1.44 NTV). Puede que el mundo diga que un feto es una masa de tejido, pero la Biblia lo llama un niño, tal como llama a un recién nacido o a un bebé. Los niños son personas también – ¡incluso los que no han nacido!

Juan Dennison, de su libro DEVOCIÓN A DIARIO,
Publicaciones Pescadores, lectura del 15 de noviembre

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 ¡Escoge Lo Mejor!

Proverbios 22:1 “De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro.”
    Más personas sueñan con el dinero que con el buen nombre pero escogen mal. La reputación de uno – su carácter y manera de vivir – no tiene precio. Los que estiman y escogen el dinero, tarde o temprano sacrifican la virtud para obtener o proteger sus riquezas. El Señor Jesucristo se hizo pobre, no rico (2 Co. 8.9). Pero tenía buen nombre: "anduvo haciendo bienes" (Hch. 10.38). Los ricos argumentan que con su dinero pueden hacer mucho bien, pero sin riquezas Cristo hizo más bien, ¡y Su nombre es bueno! (Fil. 4.8; Stg. 2.7). "Se difundió su fama por toda la tierra de alrededor" (Lc. 4.14). No tomes a los ricos como tu ejemplo, sino al Señor Jesucristo.

Proverbios 25:6-7 "No te alabes delante del rey, ni estés en el lugar de los grandes; porque mejor es que se te diga: Sube acá, y no que seas humillado delante del príncipe a quien han mirado tus ojos".
    Toma el lugar humilde en casa de otro, y no busques el mejor asiento o el lugar más destacado o ventajoso. No seas la persona que se codea con los grandes, tratando de ser importante o de colocarse. No te alabes, pues es muestra de amor propio y orgullo. "Alábete el extraño, y no tu propia boca; el ajeno, y no los labios tuyos" (Pr. 27.2). Humillate y no tendrás que ser humillado. Romanos 12.16 exhorta: "... no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión".

Proverbios 25:24 "Mejor es estar en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa".
    Algún lector dirá que ya comentamos eso en otro número. Pero Proverbios lo repite, así que debe ser importante. Otra vez la importancia del carácter. Desafortunadamente los jóvenes piensan más en la belleza que en el carácter. Dios desea que la mujer cristiana tenga "un espíritu afable y apacible" (1 P. 3.4), y que su conduta sea "casta y respetuosa" (1 P. 3.2). La mujer debe respetar a su marido, no reñirlo (Ef. 5.33). Deben ser "reverentes en su porte; no calumniadoras" (Tit. 2.3). Las madres cristianas deben poner ejemplo, y también enseñar a sus hijas, para que no sean mujeres rencillosas.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

Nuestro Tema Único En La Cena Del Señor

    

A. P. Gibbs, en su libro: ADORACIÓN, escribe: "La palabra más frecuentemente traducida por "adoración" en el Nuevo Testamento es "proskuneo". Significa reverenciar, o rendir homenaje, postrándose; rendir homenaje divino, adorar y glorificar. Bastarán unos pocos casos. En Mateo 2.2-11 observamos que los magos dijeron: "Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? ... venimos a adorarle ... vieron al niño... y postrándose, lo adoraron". El mismo término es utilizado para describir la respuesta de Cristo a la tentación de Satanás: "Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás" (Mt. 4.10). Nuevamente se usa en Juan 4.24, cuando nuestro Señor declara: "Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren". La palabra "latreus", rara vez utilizada, se refiere mayormente a la adoración en el santuario, y en este sentido es utilizada en Filipenses 3.3 y Hebreos 10.2.

Adoración, Ed. DIME, pág. 16

    
"Venimos a adorarle" (Mt. 2.2)
Así expresaron el propósito de su viaje. No habían venido para predicar o enseñar a los hombres, sino a adorar al Señor. ¿Cuál es nuestro propósito en la Cena del Señor? ¿Podemos decir cada domingo que hemos venido a adorarle? Entonces nuestra conducta será como la de esos magos.
    Algunos tienen costumbre de preparar un pequeño estudio o pensamiento que dar a los hermanos. Pero esto no es apropiado en la Cena del Señor porque ahí no debemos enseñar ni exhortar, sino hablar solo del Señor. "Haced esto en memoria de mí", es la orden divina. Todo lo que se dicen en la Cena del Señor debe tener que ver con Su Persona y obra. Dios quiere oír de nosotros lo que pensamos de Su Hijo.
    Ese día en Belén toda la atención estaba enfocada en la Persona de Cristo. Él fue adorado, reverenciado, admirado. Dieron sus regalos a Él, no los unos a los otros, ni a los padres. Y nosotros, cuando venimos a la Cena del Señor, ¿estamos totalmente enfocados en Cristo? ¿Es toda nuestra atención puesta en Él? Entonces, démosle los regalos de nuestro corazón, expresando en himnos de adoración, y en oraciones de adoración, cómo le estimamos. Estando en la presencia del Rey para adorarle, no cantemos ni hablemos de otra cosa.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

¿Todos Se Congregan Al Nombre De Cristo?


A. J. Higgins


Si has intentado alguna vez explicar a un amigo que formas parte de un grupo de creyentes que no toman nombres denominacionales , sino se congregan al Nombre del Señor Jesucristo, probablemente has oído esta pregunta: “¿No están todos los cristianos congregados al Nombre del Señor Jesús?” En su sinceridad y simplicidad, muchos opinan que Mateo 18.20 se aplica a cualquier grupo y tiempo cuando dos o tres creyentes se congregan. Casi no importa que sea para tomar café o pizza, o leer la Biblia. Y según ellos ciertamente se aplica a cuando ellos “van a la iglesia” y se reúnen con otros cristianos.
    Pero, ¿qué significa congregarse al Nombre del Señor? ¿Se aplica a cualquier reunión de creyentes en cualquier ocasión, cualquiera que sea su propósito?

El Contexto

 
    La lectura de Mateo 18 aclara que el contexto de esa declaración del Señor en el verso 20 es una iglesia local, no una reunión informal de amigos, ni una sali
da social de creyentes. “Dilo a la iglesia” (v. 17) debe resolver las dudas, porque viene hablando de la iglesia, no de encuentros informales o sociales. En el verso 18 el Señor les da autoridad para “atar y desatar”, lo cual confirma que se trata del gobierno de la iglesia. Pero algunos todavía objetan, diciendo que el Señor está en todas partes, así que, ¿cómo podemos limitar Su presencia a una iglesia local?

El Concepto

 
    Es importante distinguir entre la omnipresencia del Señor y Su presencia aprobadora. Por ejemplo, aunque el Señor es omnipresente, sin embargo, leemos que vino y “paseaba en el huerto, al aire del día” (Gn. 3.8). Vino de modo especial para morar entre los querubines en el tabernáculo con Israel en el desierto (Éx. 25.8, 22). La gloria de Jehová llenó el templo de Salomón cuando vino a morar allí (2 Cr. 7.1). Esos hechos y otros similares no contradicen Su omnipresencia. Del mismo modo, el creyente “indocto” de 1 Corintios 14.24 aprendió una verdad importante al observar la función de la asamblea. ¿Qué verdad aprendió? Que “…verdaderamente Dios está entre vosotros” (v. 25). En todos esos casos la presencia de Dios era posible porque las condiciones estaban de acuerdo a Su voluntad. Considera las siguientes declaraciones:

“…cómo Jehová había mandado a Moisés… así acabó Moisés la obra” (Éx. 40.32-33).

“Todas estas cosas, dijo David, me fueron trazadas por la mano de Jehová, que me hizo entender todas las obras del diseño” (1 Cr. 28.19).

Indican un patrón divino que fue dado para asegurar la presencia de Dios. Pero Dios nunca cesó de ser omnipresente cuando vino a morar entre Su pueblo. Mora entre ellos en comunión, pero llena el universo con Su deidad. Aunque está presente en todo lugar, solo mora donde las condiciones se conforman a Su voluntad y carácter.
    Por eso, cuando las Escrituras hablan de la presencia del Señor, no se trata de Su omnipresencia, sino de Su morada. Además de esto, todo creyente es morada del Espíritu de Dios (Ro. 8.9), su cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Co. 6.19), y es habitación también del Padre y del Hijo (Jn. 14.23). Pero esto no es lo mismo que estar “en medio de” dos o tres de ellos (Mt. 18.20).
    Hechos 19 relata la visita de Pablo a Éfeso y el alboroto que aconteció. Lucas, al describir los sucesos, dos veces emplea la palabra “asamblea” (vv. 39, 41). De hecho, es la misma palabra que en otros lugares se traduce “iglesia” y significa “una compañía llamada fuera”. Nota que en el verso 39, el escribano de la ciudad insiste que debe haber “legítima asamblea”, esto es, que debe haber una base correcta para congregarse. El hecho de que la gente desea reunirse como asamblea no es en sí una justificación para constituirse así. En lo referente a una iglesia local, solo hay una base “legítima” para congregarse así y considerarse una iglesia, y es el Nombre del Señor Jesucristo. Solo este nombre tiene autoridad, y solo él es razón adecuada para reunirse.


La Afirmación

 
    Pero todavía falta responder a la pregunta. Si se refiere solo a las reuniones de la iglesia, ¿qué de todas las iglesias que creen la Biblia, y las que se consideran “fundamentalistas”? ¿No están todas ellas congregadas al Nombre del Señor? Se suele preguntar algo así: “¿Cómo puede cualquier grupo ser tan creído como para afirmar que tiene exclusivamente Su presencia?”
    En primer lugar, siempre hay que tener en cuenta que la Palabra de Dios me es dada para juzgar mi propia senda, y no principalmente para juzgar a los demás. No debo preocuparme tanto por si la presencia del Señor está en algún otro lugar. Lo más importante, y que me debe preocupar, es si el grupo con que yo me congrego se reúne de acuerdo a Su Palabra y tiene derecho a afirmar Su presencia. Dejemos a Dios juzgar este asunto, y estemos seguros de que lo hará conforme a Su Palabra, no otra cosa. ¡El hecho de colgar en la pared el texto de Mateo 18.20 no asegura Su presencia!
    Pensando en esto, debo examinar si la compañía con que me asocio es consistente con Su presencia. No se trata de perfección, sino de conformidad bíblica al patrón de una iglesia neotestamentaria. Esto resulta de estar genuinamente congregados a Su Nombre. Ninguna iglesia local alcanza la perfección, porque está compuesta de creyentes, los cuales tienden a fallar. Pero no nos congregamos a la condición espiritual de los creyentes (unos son muy espirituales y estables, y otros no tanto). Nos congregamos a la Persona del Señor Jesucristo.

La Centralidad de Cristo

 
    Puede sorprender a algunos, pero no pertenezco a una asamblea porque sus enseñanzas se ciñen a la Palabra de Dios más que otros lugares, ni porque tiene un poquito más de la verdad que una buena iglesia denominacional. No nos congregamos a doctrinas – ni la doctrina del sacerdocio de todos los creyentes, ni la del bautismo, ni la de la pluralidad de ancianos, ni la de la diversidad de dones, ni la de la función de las hermanas. Todas esas son importantes, pero no nos congregamos a las doctrinas, sino a una Persona. Todas las doctrinas nacen y reflejan algo acerca de esa Persona. Nos congregamos al Señor Jesucristo. Él es nuestra atracción y nuestro recurso. No aceptamos ningún otro nombre que el Suyo. Hallamos nuestra atracción en Él, nuestra autoridad viene de Él, nuestra atención se enfoca en Él, y canalizamos hacia Él todas nuestras actividades.                             
     continuará, d.v. en el siguiente número

traducido del artículo por A. J. Higgins en la revista Truth & Tidings
http://truthandtidings.com

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

¿Redimimos el Tiempo?

¿Qué quiere decir esto? Sencillamente, es lo opuesto a perder o  desaprovecharlo. No hay que perder el tiempo, pues es un pecado. Es un recurso que Dios nos da, y todos tenemos la misma cantidad. 24 horas en el día, 168 horas en la semana.
No hay tiempo que perder o malgastar. ¿Qué haces con el tiempo que Dios te concede?
    En las 168 horas semanales, algunos dirigen grandes empresas o incluso países, y otros estudian y trabajan incansablemente y con disciplina personal para aprovechar al máximo. Pero en esas mismas horas otros hacen poco más que comer, dormir y jugar. Algunos, adictos a las redes sociales, gastan cantidad de horas en Facebook, Twitter, Snapchat y cantidad de otros programas y redes, ocupándose en conversaciones livinanas y curioseando en vidas ajenas. Uno se pregunta si podrían pasar un día sin su teléfono en la mano o a su lado para mirarlo a cada rato. ¿No hay nada mejor que hacer? ¿Hay vida sin red social?
    Tengamos claro que el tiempo es un regalo de Dios, es también una responsabilidad, una mayordomía. Podemos estar seguros de que en el Tribunal de Cristo, se revisará nuestro uso del tiempo.
"Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría" (Sal. 90.12).

"Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,  aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos" (Ef. 5.15-16).

"Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo" (Col. 4.5).

  - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

La Iglesia:
Posesión de Cristo, No de los Hombres


W. E. Vine  


En asuntos de doctrina es de vital importancia que actuemos basándonos en una autoridad totalmente fiable. Hay quienes creen que esa autoridad está en la Iglesia. Esto enseguida hace surgir ciertas cuestiones que debemos considerar: ¿qué es la Iglesia, y cuáles son su llamamiento, constitución y destino? Ninguna afirmación de autoridad de parte de cualquier hombre o compañía de hombres es admisible, hasta que demuestre que está correctamente fundada. No aceptamos ni accedemos a las demandas de nadie simplemente porque las hace.

Verdades Básicas

 
    Es axiomático que la Iglesia es la posesión de Cristo. Si Cristo no existiera, no habría Iglesia. El hecho de que hay Iglesia se basa en las verdades de Su encarnación, muerte expiatoria, resurrección y el cumplimiento de Su anuncio profético: “edificaré mi iglesia”.
    Nuestro conocimiento de esta declaración del Señor viene de los escritos del Nuevo Testamento. Ellos son la fuente principal de nuestro conocimiento de Cristo, Sus afirmaciones y la obra que realizó. Para establecer esto, deberíamos ofrecer pruebas de que el Nuevo Testamento contiene detalles y enseñanzas históricamente auténticos, y de su divina inspiración. No entraremos en el tema de la inspiración, autenticidad y autoridad de las Sagradas Escrituras porque estas cuestiones han sido tratadas en otra obra. Las evidencias de las Escrituras son de importancia primaria, y toda otra evidencia es secundaria. En cuanto a su validez, los libros del Nuevo Testamento fueron escritos por hombres que vivieron en el mismo tiempo y país que Cristo. Ellos escribieron en primer lugar para la generación que nació antes de la muerte de Cristo, y muchos de los escritores eran testigos de los sucesos descritos en sus narraciones. Algunos no tenían experiencia personal de algunos acontecimientos, pero disponían de amplios medios para verificar las historias que escribieron. Toda la evidencia – interna y externa – establece su veracidad. El contraste entre estos escritos y los que no son canónicos, sean contemporáneos o posteriores, testifica favorablemente de su validez, divina autoridad e inspiración.
    De los cuatro evangelios, únicamente el Evangelio según Mateo  contiene una declaración directa de Cristo acerca de Su Iglesia. Lo mismo es verdad acerca de una iglesia local. Pero en ambos casos, todo lo que el resto del Nuevo Testamento enseña es congruente con las declaraciones de nuestro Señor. Todo eso forma un cuerpo armonioso de doctrina sobre el tema. La veracidad de las Sagradas Escrituras y la divina autoridad de sus enseñanzas demandan nuestra adherencia y que aceptemos solo lo que está de acuerdo con el texto bíblico. Solo debemos seguir las enseñanzas que se conforman a las doctrinas enseñadas por Cristo y Sus apóstoles. Si aceptamos cualquier otra cosa, ponemos en tela de juicio la veracidad de las Escrituras y las divinas prerrogativas que ellas declaran.

El Término Ekklesia

    En el Nuevo Testamento la palabra ekklesia (lit. “llamado fuera”) tiene varias aplicaciones: una asamblea de ciudadanos griegos (Hch. 19.39), una turba violenta (vv. 32, 41), e Israel (Hch. 7.38). Aparte de esos, su uso tiene solo dos sentidos. Primero: significa toda la compañía de los redimidos durante la edad presente – la compañía de la que Cristo dijo: “edificaré mi iglesia” (Mt. 16.18). Más adelante ésta se describe como “la iglesia, la cual es su cuerpo” (Ef. 1.22-23). Segundo: significa una compañía que consiste exclusivamente de profesados creyentes, con referencia al lugar donde se acostumbran a congregar, y en plural, con referencia a un distrito.1
(continuará, d.v.)

del libro La Iglesia y las iglesias, por W. E. Vine,  publicado por Libros Berea

1 Hay una aparente excepción en Hechos 9:31 donde pone “las iglesias”, pero el texto griego pone el singular – iglesia. Esto parece indicar la iglesia en Jerusalén que acabó de ser esparcida (Hch. 8:1). En Romanos 16:23, Gayo era “hospedador... de toda la iglesia”, lo cual naturalmente indica que la iglesia en Corinto acostumbraba a reunirse en su casa, donde también Pablo se alojaba. 

  - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

"...Edificaré mi iglesia" (Mt. 16.18). "Cristo amó a la iglesia" (Ef. 5.25). Ni Cristo ni los apóstoles comenzaron organizaciones paraeclesiales, sino iglesias locales. Las orgnizaciones no tienen base ni precedente bíblico. No nos desviemos del patrón bíblico, sino trabajemos en la iglesia.

  - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 ESPECIE EN PELIGRO


Al terminar el telediario, al moderador solo le faltó decir: “¡Oremos!”  En las noticias de esa tarde había un terremoto, sequía, hambre, varias guerras, huelgas, un atentado y crisis económica.  Se sentía cada noticia como un golpe. Pero luego dijo: “Que pasen muy buenas tardes”. ¡Cómo van a hacer eso después de esas noticias!
    Las buenas noticias son como una especie en peligro. Pero hay un lugar que las da. No está en la tele, sino en la Biblia. La palabra “evangelio” significa literalmente “buenas noticias”. ¿Y qué buenas nuevas son esas? En pocas palabras, según el apóstol S Pablo: “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:3-4)
    Este texto es quizás la más clara y concisa declaración de las buenas nuevas. Pensemos en su significado. “Cristo murió por nuestros pecados”. ¡Esto dice mucho! Dice que todos nosotros somos pecadores. Pecamos en pensamientos, palabras, actitudes, hechos y por omisión. Somos culpables, y además, en la Biblia Dios nos advierte que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6.23) y que todos somos “dignos de muerte” (Romanos 1.32). No es buena noticia, pero nos prepara para oír luego la parte buena, que es:
    “Cristo murió por nuestros pecados”. Pero mejor sería aplicarlo personalmente, y decir: “Yo soy pecador, digno de muerte. Nada más pagará por mis pecados”. No valen sacramentos ni buenas obras. La única paga es muerte.
    Y la buena nueva es que “Cristo murió”. Buena noticia para ti, pero no para Él. ¡Nosotros pecamos y Él murió!  En la cruz del Calvario, Jesucristo actuó como nuestro Sustituto. S. Pedro declaró: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2.24). Cristo, siendo Dios manifestado en carne, es el único capaz de sustituir a todos y pagar por todos sus pecados con un solo sacrificio. Aplícalo a ti mismo: “Dios demanda muerte por mis pecados. Pero Jesucristo tomó mis pecados y murió por mí. Al morir en la cruz Él pago la pena de muerte por mí”.
    Por eso decimos “buenas noticias” - Evangelio. Porque aunque mereces la muerte eterna, Jesucristo se encarnó, se cargó con tus pecados y sufrió la muerte por ti. ¡Eso sí es amor! Ahora puedes ser perdonado, no por ser buena persona ni religiosa, sino solo por confiar en Cristo tu Sustituto.
    Pero el texto dice más. “Que fue sepultado”.  Es un hecho histórico, que realmente murió y fue sepultado. ¡Y qué funeral! Envuelto en lienzos y con especias aromáticas, y puesto en la tumba con una sola entrada y salida.  Rodaron una gran piedra para sellar la entrada, y pusieron unos soldados romanos para guardarla. ¡Pero Él resucitó! El texto lo declara:
    “Y... que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”. Confucio, Buda y Mahoma y otros líderes religiosos siguen sepultados. Pero la tumba de Cristo está vacía.  No porque Él nunca estuviera allí, sino porque resucitó. Los ángeles de Dios dijeron la verdad: “No está aquí, sino que ha resucitado”.
    Si no hubiera sido verdad, fácilmente podrían demostrarlo. Solo tenían que producir el cuerpo y así refutarían las pretensiones de la resurrección. Pero nadie pudo hacerlo, por la sencilla razón de que Él realmente había resucitado, y las Escrituras profetizaron antes que lo haría.
    Lo que esto significa, es que el evangelio no es simplemente una historia bonita ni una filosofía, ni una parábola religiosa con una moraleja. Las buenas noticias son que Jesucristo murió por tus pecados, pero resucitó, vive, y es el Señor de todo. Él es quien ahora te ofrece perdón y vida nueva, y eterna. Solamente Él puede ofrecerte esto, porque Él ya pagó por ellos en el Calvario. Si confías en Él y lo que hizo por ti, todo el valor y mérito de Su muerte se te aplicará, y serás perdonado y salvo para siempre, con una vida nueva.
    Lo que necesitas, aparte de la convicción de que todo esto es verdad y aplicártelo, es creer, confiar en Él. No en una iglesia, ni en un sentimiento tuyo  ni nada así, sino en Él. Cree al Señor, cree que es verdad el mensaje del evangelio. Vuélvete de tus pecados y al mismo tiempo confía en el Señor Jesucristo como tu Salvador. Él te librará de tus pecados y de la pena de ellas – la muerte en el lago de fuego que es “la segunda muerte”.
    Si confías así en Él, no te preocupes, pues Él actuará instantáneamente a favor tuyo. Tendrás perdón. Tendrás nueva vida. Su Espíritu Santo hará Su morada en ti para ayudarte a vivir para Dios. Tendrás una nueva familia espiritual, hermanos y hermanas en la fe. Tendrás una herencia eterna reservada en los cielos. Dios será tu Padre por primera vez y para siempre. Jesucristo será tu Señor y Salvador. La Palabra de Dios se te abrirá y la entenderás como nunca antes. Y vivirás con la esperanza de ver al Señor Jesucristo cara a cara, cuando Él venga para llevar al cielo a los Suyos, para que estemos siempre con Él. Serás bendecido con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo. ¡Son buenas noticias, y nada hay como ellas! ¿A qué esperas?
- - - - - - - - - - - - - - - - - - -

PLAN DE LECTURA

 PARA LEER TODA LA BIBLIA ESTE AÑO

 

sigue el enlace abajo para abrir el plan en PDF

https://1b7d0b52-30d4-4ee2-8d96-0f18f75ba536.filesusr.com/ugd/240f9d_a67b950270fe4ed88d43e6dec9c699dd.pdf

 

No hay comentarios: