Entradas populares

miércoles, 31 de diciembre de 2025

EN ESTO PENSAD -- enero 2026 -- 24 aniversario

 24º aniversario de la revista, ¡gracias a Dios!

¿Era calvinista H. A. Ironside? 
(parte 2)   por David Dunlap

viene del número anterior

La elección en Cristo
H. A. Ironside escribió a menudo sobre la doctrina bíblica de la elección. En su libro sobre cuestiones bíblicas titulado What’s the Answer? (“¿Cuál es la respuesta?”), afirmó lo siguiente:

“Hay dos cosas que están absolutamente claras en las Escrituras: una es que Dios, por Su presciencia, ha predestinado a todos los que creen en el Señor Jesucristo ‘para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo’ (Ro. 8.29). La predestinación nunca es para el cielo ni para el infierno, sino siempre para un privilegio especial en y con Cristo. Todos los que creen en Él fueron elegidos en Cristo ‘antes de la fundación del mundo’.
1 

Respecto a la doctrina de la elección, Ironside enseñó, al igual que los escritores de la Iglesia primitiva, que la elección se basa en el conocimiento previo de Dios de quienes creerían en Cristo. En su comentario sobre la Epístola a los Efesios desarrolla esta idea.

“Entonces escuchen al apóstol Pedro: ‘elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo’ (1 P. 1.2). Ahí tienen exactamente el mismo orden [que en 2 Ts. 2.13]. Dios Padre nos conoció de antemano desde la eternidad, pero dependía de nosotros confiarnos o no en Cristo. Cuando creemos –la obediencia a la fe– estamos bajo Su sangre derramada, y nuestra salvación queda asegurada para siempre. A veces, las personas tratan de poner toda la responsabilidad en Dios y dicen: “Si Dios no me ha elegido, no puedo ser salvo”. Si confías en Cristo, entonces sabrás que Dios te ha elegido”.
2   

Ilustración de la elección y la presciencia
“Cuando Pablo y sus compañeros se dirigían a Roma, se desató una terrible tormenta y tuvieron que arrojar parte de la carga al mar para aligerar el barco... Entonces apareció un ángel y habló con Pablo, quien llamó al capitán y le dijo: ‘…ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave...’ (Hch. 27.22-24). ‘Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros’ (v. 31)”. 

Ironside escribe además: 

“Había presciencia de Dios. Todos serían salvados y ninguno se perdería. Pero entonces Pablo dijo: ‘Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros’ ¿No les había dicho ya que nadie perecería? Sí, esa era la parte de Dios. Luego dijo: ‘Si estos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros’. Esa era la parte que les correspondía (la responsabilidad humana). Eran responsables de que nadie abandonara el barco. En lo referente a la doctrina de la elección y la responsabilidad humana es así. Todos los que sean salvos estarán en el cielo porque fueron elegidos en Cristo [la presciencia divina] antes de la fundación del mundo y, sin embargo, todos los que sean salvos estarán allí porque, como pobres pecadores, pusieron su confianza en el Señor Jesucristo. Puede que digas: ‘No puedo armonizar esto’. No es necesario que lo hagas; solo créelo y sigue gozoso tu camino”.
3  

Conclusión: la responsabilidad personal en la salvación
    Concluimos este estudio sobre las ideas de H. A. Ironside acerca de algunos aspectos del calvinismo relacionados con la responsabilidad personal, extraídas de su libro What’s the Answer? (“¿Cuál es la respuesta?”). Bajo el título “Predestinación”, Ironside escribe:


“De las Escrituras se desprende claramente que Dios no desea que nadie perezca, sino que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Por lo tanto, el predicador del evangelio puede y debe proclamar sin reservas que todo aquel que quiera puede tomar del agua de la vida gratuitamente (Ap. 22.17). No se trata de que se nos permita aceptar a Cristo como Salvador, sino de una sincera exhortación a hacerlo. Ninguna persona se perderá jamás porque Dios no le permita ser salva. El Señor Jesús dijo: “No queréis venir a mí para que tengáis vida” (Jn. 5.40).4

David Dunlap, Bible and Life Newsletter (“Boletín de Enseñanza Bíblica”) Vol. 31, No. 5, 
1 diciembre, 2024, web: www.bibleandlife.org, traducido y adaptado, con permiso del autor.

NOTAS:

1. H. A. Ironside, What’s the Answer? (“¿Cuál es la respuesta?”), Zondervan, Grand Rapids, MI, 1944, p. 43    

2.H. A. Ironside, In the Heavenlies, Ephesians (“En los lugares celestiales: Efesios”) Loizeaux Brothers, Neptune, Nueva Jersey, 1953, p. 30    

3.H. A. Ironside, In the Heavenlies, Ephesians (“En los lugares celestiales: Efesios”) Loizeaux Brothers, Neptune, Nueva Jersey, 1953, págs. 31-32    

4.H. A. Ironside, What’s the Answer? (“¿Cuál es la respuesta?”), Zondervan, Grand Rapids, MI, 1944, p. 44

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 Cristo, la sabiduría de Su obra


“Por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos” (Is. 29.14).

El Señor Jesús aplica el pasaje de Isaías 29.13 a los fariseos, que hacía tiempo que habían dejado de adorar con el corazón (Mr. 7.6). Se pueden inclinar las cabezas, doblar las rodillas y pronunciar palabras piadosas con los labios, pero los corazones pueden estar lejos de Dios. Los suyos estaban tan envanecidos y alejados que no reconocieron ni recibieron a su propio Mesías. Muchos, tanto en el pasado como en la actualidad, han cometido el mismo error al seguir ritos religiosos y dejar de lado la revelación de Dios, sustituyéndola por sus propios razonamientos, preceptos y tradiciones.
    En el verso 14, el Señor hará que perezca la sabiduría de los sabios. En tiempos de Isaías, esta sabiduría había prometido un pacto con Egipto ante la amenaza asiria (Is. 28.15). Debido a su alejamiento de Él, el Señor promete una obra maravillosa. Aunque esto se cumplió principalmente en aquel día en que sufrieron la derrota y la sabiduría de sus líderes quedó reducida a la nada, el apóstol Pablo lo aplica a la predicación de la cruz (1 Co. 1.18-19). Los hombres, en su insignificante sabiduría, desprecian el evangelio del Señor Jesús. Muchos siguen las apariencias de la religión, como lo hicieron los fariseos, pero cuando se les observa de cerca, se ve que simplemente siguen el ejercicio de su propio orgullo inflado. En su hipocresía, buscan justificarse a sí mismos, pero en realidad llevan una vida impía y están lejos de Dios. Se niegan a recibir la predicación de la cruz, que les parece “locura” (1 Co. 1.23).
    La sabiduría natural proviene de la mente de los hombres a medida que ven y oyen, pero la sabiduría espiritual solo se obtiene mediante la fe en lo invisible. Para confundir a la sabiduría humana, Dios elige a los insignificantes y aparentemente débiles, que tienen una fe sencilla como la de un niño y confían en el Salvador. La mayoría de los primeros cristianos eran esclavos. Para los humildes y los ignorantes, Cristo les es sabiduría (1 Co. 1.30). Solo a través de Él se conoce todo el consejo y los propósitos de Dios.
    La última y maravillosa obra de sabiduría de Dios fue entregar a Su Hijo por una raza rebelde. Con ello, Él abruma la insignificante sabiduría de los hombres, como la luz del sol del mediodía abruma a una vela. 
    “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1.30).
    “…Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col. 2.2-3).
 

Howard Coles, Coleford, Inglaterra, traducido y adaptado del libro Day By Day Christ Foreshadowed (“Día A Día, Cristo Presagiado”) lectura del 18 de septiembre, Precious Seed Publications

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 Las Cinco Solas de la Reforma

El lema principal de la Reforma se conoce como "las cinco solas":
 

    · Sola Scriptura (Solo por la Escritura) 
    · Sola Fide (Solo por la fe)
    · Sola Gratia (Solo por la gracia)
    · Solus Christus (Solo Cristo)
    · Soli Deo Gloria (Solo a Dios la gloria). 


    Sin embargo, sus enseñanzas niegan al menos tres ellas: "Solo la Escritura", "Solo la fe" y "Solo a Dios la gloria".
    En lugar de "Solo la Escritura", enseñan las doctrinas de Agustín, Calvino y el Sínodo de Dort, que contradicen la Escritura. En lugar de "Solo la fe", enseñan que la salvación es por elección soberana y que Dios otorga la fe solo a los ecogidos, pues no ama a los demás ni desea su salvación. De este modo, no glorifican a Dios, lo que contradice la afirmación: "Solo a Dios la gloria". 
  

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior
3. El Poder y la Presunción

Asombrosamente, Saúl que primero se había escondido, luego empezó a ejercer el poder de su posición de modo imperioso. Desobedeció una clara instrucción de la Palabra de Dios. El profeta Samuel claramente le dio el encargo divino: “Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos” (1 S. 15.3). No podía haberlo dicho más claramente. Cuando Saul no hizo como Dios había mandado, el profeta Samuel le reprendió: “Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?” (1 S. 15.17). Dios le tomó de la tribu más pequeña y de una familia insignificante. Pero luego Saúl el rey, olvidando sus orígenes humildes, presumía de hacer lo que le parecía. De este modo rechazó la Palabra de Dios. Pero en lugar de humillarse, intentó justificarse con la excusa de que los animales que perdonaron eran para sacrificar al Señor. Samuel respondió con palabras que retumban por los siglos y llegan hasta nosotros:
“¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 S. 15.22). 
    ¡La gran lección aquí es que la obediencia a la Palabra de Dios es mejor que buenas intenciones! 
    Así que, la timidez es un peligro, pero otro es el poder y la presunción. Un anciano podría, quizás incluso con buenas intenciones, actuar por su cuenta, unilateralmente, y descuidar o desobedecer la Palabra del Príncipe de los pastores. Podría olvidar que no es dueño, sino siervo. Ningun hombre debe tomar el señorío sobre la grey del Señor. Muchos han fracasado como ancianos porque olvidaron quiénes eran, quién es el Señor, y de quién son las ovejas. Abusan de su poder y autoridad, y en su presunción causan problemas y dolores en la asamblea. Tristemente, a través de los años muchos santos han sido “empujados” en lugar de “guiados”. Que el Señor guarde a las asambleas del abuso de poder de los que deben servir como ancianos.     
    
                continuará, d.v. en el siguiente número

                del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

¿Debemos Diezmar?

Se conoce el caso de un creyente que emigró a otro país y encontró un lugar donde reunirse con otros creyentes. Escribió al pastor de su iglesia en su país de origen para darle la noticia y pedirle consejo.  El pastor le contestó: “Está bien que te congregues con ellos y escuches la Palabra, siempre que sigas enviando tus diezmos aquí”. En muchas iglesias se enseña a la gente a diezmar. Los pastores se esfuerzan por tener más miembros, porque eso significa más diezmos, más dinero para ellos. Estos pastores son los que más enseñan y defienden el diezmo, por razones obvias.
    Algunos suelen citar pasajes del Antiguo Testamento anteriores a la dispensación de la Ley, queriendo decir que no es solo cosa del pacto de la Ley. Por ejemplo, en Génesis 4.4 se menciona que Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas. Es cierto, pero nada dice de diez por ciento, sino que fue una ofrenda voluntaria, como dice el mismo verso: “miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda”. También citan Génesis 14.20, “Y le dio Abram los diezmos de todo”. Pero, ¿a quién se lo dio? No se los dio a Dios, sino a Melquisedec, el rey de Salem y sacerdote de Dios. No era obligatorio, sino algo puntual que hizo para mostrar su gratitud por la victoria. Otros citan a Jacob y su voto de diezmar a Dios (Gn. 28.20-22), cuando intentó ganarse la bendición divina prometiéndole parte de las ganancias.
    Pero la práctica de diezmar en las iglesias es incorrecta por varias razones.
    En primer lugar, Dios estableció el diezmo como una obligación para la nación de Israel. “Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año” (Dt. 14.22). No era una ofrenda, sino más bien un impuesto o tributo. En Deuteronomio 12.6 y 11 vemos la distinción entre los diezmos y las ofrendas voluntarias, porque el diezmo no era voluntario sino obligatorio. En Malaquías 3.8 Dios acusó a Israel de robarle, “en vuestros diezmos y ofrendas”.
    Segundo, según la Biblia el diezmo no era dinero, porque se trataba de la décima parte del rebaño, del huerto o de la siega de los campos (por ej., trigo, cebada; Lv. 27.30-34; Dt. 14.23, 28). La idea de dar a un pastor o a una iglesia la décima parte del dinero que ganamos es algo ajeno a la Biblia.

    Tercero, en el Nuevo Testamento, y específicamente en la Iglesia, no es enseñado ni practicado. Es interesante leer lo que los apóstoles enseñaron a las iglesias respecto al dinero. No mencionan el diezmo porque pertenece a Israel bajo la ley. En la Iglesia, en la época de la gracia, no diezmamos sino ofrendamos. 
    1 Corintios 16.2 enseña: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”. La ofrenda debe ser sistemática, deliberada. Es decir, el primer día, el domingo, los creyentes debían poner aparte su ofrenda. No era un diezmo, sino “según haya prosperado”, cosa que cada uno debía decidir. Hay tiempos de abundancia y otros de escasez, pero de lo que el Señor nos ha dado, debemos presentarle una ofrenda. Uno de los propósitos era evitar el anunciar ofrendas especiales cuando visitaba el apóstol. No se recibían dinero de los inconversos (3 Jn. 7). 
    2 Corintios 9.7 comenta que la ofrenda debe ser voluntaria. “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”. Cada creyente debe ofrendar, pero la cantidad no es determinada por ley ni por otras personas. “Como propuso en su corazón” significa que debe tomar su propia decisión. Si desea usar el diez por ciento como una guía para empezar, puede, pero no es diezmo sino ofrenda. No debe ofrendar con tristeza ni por necesidad, es decir, no por obligación, sino gozosamente, con el deseo de honrar a Dios. Ofrendar es un privilegio que corresponde solo a los creyentes. Proverbios 3.9 enseña: “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos”. ¿Nuestras ofrendas son por cumplir, o realmente honran a Dios?
    El Señor Jesús enseñó algo acerca de la limosna, y aunque habla de la ofrenda, el precepto es válido para ella: “Cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” (Mt. 6.3). Es un asunto privado, entre el individuo creyente y Dios. No se debe publicar. No hay que comprometerse a dar cierta cantidad. 
    En algunas iglesias distribuyen sobres a cada creyente o a cada familia, para todo el año, para que cada semana pongan el dinero adentro y apunten en el sobre su nombre y la cantidad y fecha. Es una práctica ajena al Nuevo Testamento, y viola los principios que hemos considerado.
    En cuanto a la ofrenda, es el privilegio y también la responsabilidad de cada creyente. "Dios ama al dador alegre" (2 Co. 9.7). Dios afirma que la ofrenda es como una siembra, y que luego, en el cielo, habrá una siega. El Señor nos enseña a hacer tesoros en el cielo, no en la tierra (Mt. 6.19-21). 
    A veces las iglesias en el Nuevo Testamento mandaban ofrendas a los siervos del Señor, como el apóstol Pablo, para ayudarle en su ministerio (Fil. 4.15-16). Pero estos hombres no recibieron diezmos ni ningún salario, sino dependían del Señor. Fueron encomendados a la gracia de Dios.
    El hermano William MacDonald nos recuerda que, bajo la ley, lo que los judíos diezmaban no se consideraba una ofrenda, sino una deuda. La ofrenda era algo distinto, algo más. Un cristiano bajo la gracia debe honrar a Dios mejor que aquellos que estaban bajo la ley. 
    Pablo, para enseñar a los corintios sobre la ofrenda, presentó el ejemplo de la ofrenda voluntaria de los creyentes de Macedonia, que eran pobres, como una manifestación de la gracia de Dios.

“Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios” (2 Co. 8.1-5)

Carlos

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 4 Cosas Necesarias En Juan 3

1. La Necesidad del Pecador   v. 7    “Os es necesario nacer de nuevo”.
Solo podemos entrar en el reino espiritual mediante un nacimiento espiritual. (Jn. 3.3-8)
 

2. La Necesidad del Salvador   v.  14    “Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado”.  Porque sin derramamiento de sangre no se hace remisión de pecados. (He. 9.22)
 

3. La Necesidad del Soberano   v. 30    “Es necesario que él crezca”.  Para que en todo el Señor tenga la preeminencia (Col. 1.18). Así lo quiere el Padre.
 

4. La Necesidad del Creyente y Siervo    v. 30    “...pero que yo mengüe”.
"Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí" (Gá. 2.20).  "Será magnificado Cristo en mi cuerpo" (Fil. 1.20).

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 “A Los Suyos”  

parte 2

“Y puestos en libertad, vinieron a los suyos”. Hechos 4.23

Era un lugar de alabanza para ellos. ¡Qué paradoja, teniendo en cuenta sus sufrimientos! Contaron su historia a los demás y después alzaron juntos sus voces en alabanza a Dios. Las circunstancias no les deprimían ni les derrotaban. Así ocurrió en una ocasión posterior en la que se reunieron con el concilio: cuando salieron, estaban alegres por haber sido dignos de sufrir afrenta por Su Nombre (Hch. 5.41). Asegurémonos de considerar la asamblea como un lugar donde los corazones y las voces se elevan en alabanza al cielo. No hay ejercicio más estimulante o más fortalecedor para los creyentes.
    Pero también era un lugar de oración para ellos. “Señor, mira sus amenazas” (v. 29). Este clamor revela que sufrían profundamente por la oposición. No eran insensibles al precio de la fidelidad al Señor. Pero las reuniones del pueblo de Dios les ofrecían un lugar donde podían expresar abiertamente sus necesidades ante Dios. Haríamos bien en recordar esto, ya que parece muy extendida la práctica de abandonar las reuniones de oración en nuestros días. Es gratificante observar en el estudio de Hechos los ejemplos documentados de oración colectiva. Tenemos tantas necesidades espirituales hoy en día que debemos aprovechar cada oportunidad de orar, no solo por otros, sino también con otros.
    Así fue como la asamblea se convirtió en un lugar de poder para estos hombres. “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló” (v. 31). En la persecución sentían su debilidad, y al ser puestos en libertad fueron a donde sabían que eran amados y podían amar. Este era un lugar donde la presencia divina les proporcionaba refrigerio y renovaba su poder para dar testimonio sin temor. Al salir de nuevo, daban su propio testimonio personal de la resurrección en el poder del Espíritu Santo. ¡Qué vitalidad tan dinámica la suya! No es de extrañar que impactaran a los de afuera. Entre ellos también había gracia. Habían venido “a los suyos”; unidos, y se fortalecían.
    ¿Sabemos hoy dónde están los nuestros? ¿Nos gozamos de reunirnos con los hermanos de la iglesia local, donde compartimos las cosas que pertenecen a nuestra fe? Quizás tengamos que cuestionar nuestra actitud ante la comunión de la iglesia. ¿Dejamos que la comodidad, y no la convicción, determine dónde creemos que el Señor quiere que estemos? ¿Cuál es nuestro compromiso con los nuestros? Que siempre tengamos ese instinto en nosotros, plantado por el Espíritu Santo y preservado por nuestra obediencia al Señor, de encontrar ese lugar que pueda describirse de verdad como “los nuestros”. Es aquí donde encontraremos una esfera creciente de gozo y utilidad.

por Arthur T. Shearman, traducido de Milk & Honey (“Leche y Miel”), Vol. XX, April, 2006, No. 4)

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 Cristo el Amigo

“Y amigo hay más unido que un hermano” Proverbios 18.24

Antes de ir a la cruz nuestro Señor llamó “amigos” a Sus discípulos: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer” (Jn. 15.14-15).
    ¿Por qué la amistad de Jesús toca una fibra tan sensible? Creo que la razón principal está en que muchas personas se sienten solas. Aunque están rodeados de otras personas, no están rodeados de amigos. Pueden estar también aislados considerablemente de los demás. Éste es reiteradamente el caso con los ancianos que han sobrevivido a sus contemporáneos.
    La soledad es cruel. Es dañina para la salud física, mental y emocional. Corroe el estado de ánimo, pone los nervios de punta y hace sentirse cansado de la vida. Con mucha frecuencia empuja a la gente a la desesperación y les induce a pecar o les lleva a cometer locuras. Para estas personas la amistad de Jesús llega con las propiedades sanadoras del bálsamo de Galaad.
    El Señor Jesús es el Amigo más unido que un hermano. Es el Amigo que ama en todo tiempo (Pr. 17.17).
    El hecho de que el Señor Jesús no está corporalmente presente con nosotros, no restringe la realidad de Su amistad. Él nos habla por medio de la Palabra y nosotros le hablamos en la oración. Es de esta manera que se hace real a nosotros como el Amigo que necesitamos.

William MacDonald, del libro De Día en Día, CLIE

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 EL TERCER MANDAMIENTO

“No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” (Éxodo 20.7).
Se trata del peor de los pecados de la lengua. La boca sucia expresa la suciedad de la mente y el alma. El nombre de Dios es Santo, y Él advierte que no tendrá por inocente al que profane Su nombre. 
    Hay muy pocos pecados que muestren más claramente lo sucio y depravado que es el corazón humano, y la podredumbre que yace allí. El ser humano muestra su vileza cuando abusa del nombre del Dios Santo, Justo, Perfecto, Bueno, Alto y Sublime. 
    El nombre de Dios es bello y admirable; es fuente de consuelo y esperanza para quienes le aman, por lo que debería ser invocado con reverencia. Sin embargo, es pisoteado y ensuciado cada día por personas que dicen creer en Él, así como por las que no. ¡Es absurdo que un ateo blasfeme el nombre de Dios, pero sucede a menudo! 
    Jesucristo nos enseñó a decir: “Santificado sea tu nombre” (S. Mateo 6.9), pero lo asocian a lo más sucio y asqueroso que surge de la mente humana. ¡El Nombre divino que los ángeles susurran, cantan y adoran, los pecadores lo utilizan para desahogar su ira y frustración! 
    ¿Ha dicho usted alguna vez una palabrota, una palabra soez, siquiera en voz baja? ¿O tal vez solo lo ha pensado? ¿Sabe lo malo y abominable que es asociar el Nombre de Dios o las cosas sagradas con algo feo, sucio o malo? ¿Diría usted que hace sus necesidades en su padre o en su madre? ¡Claro que no! ¿Y le gustaría que otros hablasen así de su madre? ¡Claro que no! Entonces, ¡mucho peor decir algo así con el Nombre de Dios!  El apóstol Pablo escribe: 

“Pero ahora, desechad también vosotros todas estas cosas: Ira, enojo, malicia, maledicencia, lenguaje obsceno de vuestra boca”
(Epístola a los Colosenes, 3.8 La Biblia Textual, Sociedad Bíblica Iberoamericana). 
“No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo” (Epístola a los Efesios, 4.29, Nueva Traducción Viviente).
“ni palabras torpes, ni groserías, ni truhanerías, que desdicen de vosotros, sino más bien acción de gracias” (Epístola a los Efesios, 5.4, Nácar-Colunga).
    Esto incluye los insultos, los términos denigrantes, y el uso de vulgarismos, tan común en la actualidad. Hacen referencia a los genitales o al acto sexual. Por ejemplo, llaman “puta” (prostituta) a las cosas o a la madre. No se trata de que los demás le perdonen, pues ha ofendido e insultado a Dios. Además, los adultos que hablan así son culpables de enseñar a los niños a blasfemar.
    ¿Lo ha dicho o pensado, aunque sea una palabrota disimulada, como “ostras” en lugar de “hostia”, o “me cachis” en lugar de la palabra más fea, o “me cachis en diez” en lugar de “... en Dios”, “... en la hostia”, o “... en el copón”, etc.? ¿Exclama el santo Nombre de Dios en un momento de frustración, ira o rabia? ¿Ha jurado o exclamado “¡Dios mío!” o “¡por Dios!” acerca de algo? El Salmo 139.19-20 dice: 
“De cierto, oh Dios, harás morir al impío; apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios. Porque blasfemias dicen ellos contra ti; tus enemigos toman en vano tu nombre”. 
Además, el Señor Jesucristo afirmó: 
“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12.36).
Lo sucio e irreverente que sale de la boca procede de un corazón malo y contaminado. Jesucristo dice:
“Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre” (Mateo 15.18-20). 

¡CULPABLE!
  En resumen, las blasfemias, los vulgarismos, las groserías y las palabrotas nunca están justificadas, pues Dios las condena. Son ofensas graves y Dios promete que quienes así hablan serán castigados. ¿Ha tomado el Nombre de Dios en vano? Entonces, ha violado la ley. ¡Basta ya de ofender a Dios con la boca!

    Solo el Señor Jesús puede perdonarle  y limpiar su corazon y boca. Un hombre le dijo a Jesucristo: "Señor, si quieres, puedes limpiarme" y el Señor le respondió: "Quiero; sé limpio" (Mateo 8.2-3). Él sufrió y pagó por todos nuestros pecados, incluso por blasfemar. ¿Por qué no se arrepiente y confía en Él ahora?
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
2026
por la gracia de Dios


“Este mes os será principio de los meses; 
para vosotros será éste el primero en los meses del año” 

Éxodo 12.2

Las resoluciones de Año Nuevo suelen ser buenas, pero frágiles, es decir, se rompen fácilmente. Las oraciones de Año Nuevo, en cambio, son mucho mejores, porque ascienden al trono de Dios y ponen en movimiento las ruedas de la respuesta. Al llegar al comienzo de otro año, sería bueno hacer nuestras las siguientes peticiones: 

· Señor Jesús, hoy me consagro nuevamente a ti. Deseo que tomes mi vida este año nuevo, comenzando ahora, y que la emplees para tu gloria. “Que mi vida entera esté consagrada a ti, Señor”.

· Te pido que me guardes del pecado, de cualquier cosa que deshonre Tu Nombre.

· Hazme dócil por el Espíritu Santo. Quiero avanzar y crecer en Ti. No permitas que me quede atrapado en un bache ni que me desvíe del camino.

· Que mi lema este año sea: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Jn. 3.30). Toda la gloria sea para Ti, y ayúdame a no tocarla.

· Enséñame a orar y esperar en ti antes de cada decisión. Me aterroriza la idea de apoyarme en mi propia prudencia. “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jer. 10.23).

· Muera yo al mundo y aun a la aprobación o censura de la mi familia o de mis amigos (Ro. 12.1-2). Dame el deseo único y puro de hacer las cosas que agradan a Tu corazón. 

· Guárdame de murmurar y criticar a los demás (Sal. 141.3-4). Más bien ayúdame a hablar cosas edificantes y provechosas. 

· Guíame a las almas necesitadas. Sea yo amigo de los pecadores, así como Tú lo eres. Inunda mis ojos de lágrimas de compasión por los que perecen.

 “Miraré a la multitud como mi Salvador la vio, 
Hasta que mis ojos de lágrimas se llenen. 
Contemplaré con dolor a las ovejas errantes, 
Y por amor a Él,  las amaré”. 

· Señor Jesús, no permitas que me vuelva frío, amargado o cínico a pesar de todo lo que pueda pasarme en la vida cristiana.

· Guíame en la administración de mi dinero. Ayúdame a ser buen administrador de todo aquello que me has confiado (Mt. 6.19-21).

· Ayúdame a recordar momento a momento que mi cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Co. 6.19-20), y que esta tremenda verdad influya en toda mi conducta.

· Y, Señor Jesús, ruego que este sea el año de Tu retorno. Anhelo ver Tu rostro y postrarme a Tus pies en adoración. Durante todo este año, que se mantenga fresca en mi corazón la esperanza bienaventurada. Líbrame de todo lo que pudiera detenerme aquí, y guárdame en la cúspide de la esperanza. “¡Ven, Señor Jesús!” (Ap. 22.20).
William MacDonald, De Día en Día, CLIE