La Trompeta del Arrebatamiento
H. A. Ironside
“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4.16-17).
“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Co. 15.51-52).
El arrebatamiento de la Iglesia tendrá lugar al sonar la final trompeta. Esto en 1 Tesalonicenses 4 se llama “la trompeta de Dios”, y debe distinguirse muy definitivamente de la última de las siete trompetas de los ángeles, los juicios mencionados en Apocalipsis (8.2, 6; 11.15). Esas siete trompetas tocadas por siete ángeles sonarán durante la septuagésima semana de Daniel, y la séptima de ellas anuncia la llegada del glorioso reino de nuestro Señor Jesucristo. Pero, nuevamente, hay que leer con atención. “La trompeta de Dios” es algo totalmente diferente. 1 Se llama “la final trompeta” (1 Co. 15.52) porque cerrará la presente edad de gracia y concluirá los caminos de Dios con Su pueblo la Iglesia en esta dispensación.
No me cabe duda de que tienen razón los expositores que entienden la expresión “la final trompeta” como una alusión a la tercera trompeta de las legiones romanas. Cuando sonaba la primera trompeta, ya fuera de noche o de día, los soldados se levantaban de un salto y golpeaban sus tiendas. Cuando sonó la segunda, se pusieron en fila. Al sonar la tercera, marcharon.
Así nosotros, los creyentes, ya hemos oído la primera trompeta, que nos ha despertado cuando estábamos dormidos en nuestros pecados. La segunda trompeta nos ha llamado a reconocer la autoridad de nuestro Señor Jesucristo. Ahora esperamos el sonido de la última trompeta, momento en que seremos arrebatados para estar con Él para siempre. Entonces, aquellos que todavía estén vivos en sus cuerpos naturales y mortales se vestirán repentinamente de inmortalidad. En otras palabras, el cuerpo se transformará en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, y se convertirá en un cuerpo glorioso como el de resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Los creyentes que han muerto y cuyos cuerpos se han corrompido en la tumba, serán resucitados a la incorruptibilidad y, con sus nuevos cuerpos estarán, con Cristo para siempre. Esta es nuestra esperanza bienaventurada, que el Señor Jesús puede venir en cualquier momento para llevarnos y cumplir así estas Escrituras. ¡Qué bendición estar preparados para aclamarlo con alegría en Su advenimiento!
extracto adaptado del libro El Gran Paréntesis, Libros Berea
1 La falta de distinguir entre las diferentes trompetas ha hecho a algunos concluir equivocadamente que la Iglesia será arrebatada después de la séptima trompeta (Ap. 11.15), es decir, a la mitad de la Tribulación. Nada tiene que ver ésta con la trompeta mencionada en 1 Tesalonicenses 4 y 1 Corintios 15, que anuncia el arrebatamiento de la Iglesia. Ed.
"Grata noticia, viene Jesús por los salvados mediante Su cruz,
para llevarlos al trono de luz. Sí, pronto vuelve el Señor.
Cristo Jesús de los cielos vendrá, pronto en Su gloria vendrá;
Para el creyente ¡qué gozo será ver al amado Señor!
Con alegría y aclamación, voz del arcángel, trompeta de Dios,
viene Jesús con cabal salvación. Sí, pronto vuelve el Señor".
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“Mas Bienaventurado Es Dar Que Recibir”
Hechos 20.35
Donald Norbie
No cabe duda que Dios es un dador generoso. Pero, ¿cómo somos nosotros? ¿Realmente creemos que es más bienaventurado dar que recibir?
El dios que cada uno adora forjará su carácter. Quienes adoran a ídolos acabarán siendo como ellos. “Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos” (Sal. 115.8). Serán insensibles a Dios, egoístas y con una vida moral degradada (Ro. 1.23-25). En cambio, los que confían en el Dios verdadero y santo y le adoran se irán pareciendo más a Él, y formarán un pueblo santo.
Pero Él también es la fuente de toda vida espiritual. Al pecador se le describe como muerto espiritualmente, separado de Dios y quebrantado por el pecado. A los que reciben a Cristo como Señor y Salvador, Él les da vida espiritual (Ef. 2.5). Dios comienza a obrar poderosamente en su interior (Fil. 2.13). Se cumple fielmente la promesa de Cristo, de dar vida abundante (Jn. 10.10).
Todas nuestras habilidades naturales y espirituales provienen de Dios. Pablo pregunta: “¿o qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co. 4.7). Ya sea intelecto, cualquier talento bueno o habilidad mecánica, todo proviene de Dios. Los ricos recursos de la personalidad humana provienen del Creador, y esto debería humillarnos.
Las “cosas”, las posesiones materiales de esta vida, vienen de Dios. El apóstol manda recordarle al rico que es “el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Ti. 6.17). Pero la manera de disfrutarlas no debe ser egoísta. “Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos” (v. 18). Ten cuidado con el egoismo en lo referente a tus posesiones. Son de Dios, y tú solo eres un administrador.
El Señor Jesús vivía entregado al servicio de los demás. Siempre pensaba en otros, no en sí mismo. Era una vida de renuncia a sí mismo, coronada con el sacrificio en la cruz (Mr. 10.45). El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se unieron en aquel don asombroso e inefable (2 Co. 9.15).
Nuestro Dios es un dador muy generoso y misericordioso, y quienes le adoran también serán dadores generosos.
continuará, d.v., en el siguiente número
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El Creciente Énfasis en la Música
Parte 4
Stephen Hulshizer (1941-2019)
viene del número anterior
Permíteme hablar francamente acerca de la cuestión de “conservar a nuestros jóvenes a todo coste”.
En primer lugar, durante mi juventud nunca recuerdo que los jóvenes tuviéramos la actitud de que la asamblea giraba en torno a nosotros. Según recuerdo, los jóvenes no queríamos traer “nuestra música” a la asamblea. “Nuestra música”, si la teníamos, era secular, y la asamblea claramente no era el lugar para ella. Sin embargo, ahora la cristiandad ha “bautizado” la música secular con “letra cristiana”, que no solo ha sido aceptada por los jóvenes de hoy como si fuese “música cristiana”, sino que también desean traerla a la asamblea. Durante las últimas décadas, la iglesia se ha ido “acondicionando” para aceptarla. Lenta pero seguramente ha ido entrando hasta que, al final, lo ha hecho como una inundación.
El coro de la iglesia catolica en Pasadena, California
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| coro de la iglesia presbiteriana |
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| Coro del Tabernáculo Mormón |
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| Coro luterano |
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| Coro adventista |
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| Coro de monjes en un monasterio |
En segundo lugar, si cedemos a los deseos de los jóvenes y adaptamos la asamblea a su gusto, ¿qué tipo de asamblea les dejaremos? ¿Cuál será su futuro? ¿Qué tipo de jóvenes estamos criando cuando cedemos a sus deseos en detrimento de quienes durante muchos años gastaron sangre, sudor, lágrimas y fondos con el deseo de glorificar a Dios? Lo que estamos criando son jóvenes egoístas que consiguen lo que quieren amenazando con irse de la asamblea, sin importarles cómo afecte a los demás. Serán jóvenes (y luego adultos) que habrán aprendido a conseguir lo que quieren sin el trabajo y el ejercicio espiritual que las generaciones anteriores tuvieron fielmente.
En tercer lugar, y quizá la más difícil de aprender para todos nosotros, está la lección que vemos en la parábola del hijo pródigo. Recuerda que el hijo pródigo exigió su parte de la herencia. Fue una actitud descarada, pero su padre se la concedió. (A veces Dios hace esto con nosotros también, para que maduremos, pero siempre es una lección costosa). Esta es una lección poderosa, pero difícil de aprender. “Si nuestros hijos quieren irse de casa, ¡asegurémonos de que tendrán que hacerlo!” (Obviamente, no me refiero a hijos muy jóvenes). La falta de aprendizaje de esta lección ha provocado que muchos padres traigan el mundo a su casa, intentando así que sus hijos no se marchen, sin darse cuenta de que simplemente los están entrenando para el mundo en su propio hogar.
Tras haber trabajado con jóvenes durante tres décadas y haberles querido mucho, sinceramente creo que, en ocasiones, sería mejor que algunos jóvenes abandonaran la asamblea para seguir sus propios deseos, incluso en lo referente a ciertos tipos de música. No me sorprendería si después volvieran habiendo madurado y habiendo descubierto que las cisternas tan deseadas no sacian el espíritu. Dejarles marchar así requiere mucha fe, domino propio, y tiempo intercediendo por ellos en oración. Supone un dolor que no estamos dispuestos a sufrir con frecuencia y que va en contra de la sabiduría humana. El padre no estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para que su hijo se quedara en casa; al contrario, le permitió salir a gran coste, ¡y al final resultó en gran gozo!
Ahora bien, habiendo hablado con franqueza sobre esto, permíteme también decir que el padre no se alegró de que su hijo se fuera. Tampoco tuvo una mala actitud. Actuó con amor, pero también con firmeza, pensando en el bien de su hijo, y no permitió que se comportara en casa como le diera la gana. Eso no significa que el padre fuera un viejo duro e inflexible que gobernaba con látigo. Está muy claro que deseaba que su hijo volviera, ya que cada día miraba al horizonte y, cuando finalmente lo vio de lejos, salió corriendo para recibirlo con besos y lágrimas (Lc. 15.20).
No es nada fuera de lo normal que los jóvenes abandonen el hogar o la asamblea en busca de aquello que no encuentran en ellos. Sin embargo, cuando maduren, no ofrecerán a sus hijos lo que ellos buscaban en su juventud. No se trata de dureza ni legalismo, sino de amor en su sentido más verdadero. El Señor no es duro cuando no nos concede lo que queremos, o cuando nos permite tenerlo y sufrir las consecuencias.
La idea de que una asamblea debe reformarse y cambiar para adaptarse a los deseos de los jóvenes es, sencillamente, el concepto de una generación llena de amor propio y autoestima. Ciertamente, la asamblea debe expresar su amor genuino y su preocupación por los jóvenes, educándolos en el temor y la admonición del Señor, pero no es el patrón bíblico traer el mundo a la asamblea para que los jóvenes no se vayan. Debemos creer con firmeza que “el obedecer es mejor que los sacrificios”. El rey Saúl fracasó al no ver esta verdad, y perdió su reino como resultado (1 S. 15.22-23).
Que el Señor nos ayude a avanzar siguiéndole ceñidos a Su Palabra, sin estancarnos ni jactarnos de nuestra ortodoxia, sino trabajando juntos para la gloria de nuestro Señor venidero y para el crecimiento de Su pueblo y Su Iglesia.
Steve Hulshizer, de la revista Milk & Honey (“Leche y Miel”) enero, 2008
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Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)
viene del número anterior
7. El Amor al Dinero
Es raíz de todos los males (1 Ti. 6.10). No estamos en este mundo para hacer tesoros (Mt. 6.19-21). Dios ahora llama a Su pueblo a peregrinar – somos extranjeros y peregrinos en el mundo (He. 11.13; 1 P. 2.11). William MacDonald bien dijo que acumular riquezas en esta vida es tan contrario a la voluntad de Dios como la fornicación y el adulterio. Del mundo se escucha la crítica: “las iglesias solo quieren tu dinero”, y desafortunadamente respecto a muchas iglesias es verdad. Enfatizan “las bendiciones del dinero”, y dicen que si uno da una ofrenda de fe Dios le devolverá mucho más. Los tele-evangelistas viven en grandes casas con toda comodidad, tienen sus escoltas, viajan de acá para allá en sus aviones particulares y se quedan en hoteles de lujo. No sabemos si algunos de ellos realmente creen en Dios, pero sí, creen en el dinero. Pedro advierte: “Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (2 P. 2.3).
Pero los siervos del Señor en una asamblea local no deben ser así. El amor al dinero está tajantemente prohibido. El Señor Jesucristo dejó las riquezas del cielo y se encarnó: “se hizo pobre” (2 Co. 8.9). Nació en un establo y tuvo por cama un pesebre. No fue director de ninguna gran empresa. No vivió de las labores de otros, ni siquiera tuvo una cuenta bancaria. Trabajaba humildemente con Sus manos, como carpintero, hasta aproximadamente treinta años de edad. Durante Su breve ministerio público dijo a un discípulo prospectivo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Lc. 9.58). En Hechos 3.6 el apóstol Pedro dijo: “No tengo plata ni oro”. Es una gran incongruencia que Sus siervos vivan como ricos, acomodados en el mundo donde Él fue pobre. Todo creyente debe considerar y meditar sobre el ejemplo de los apóstoles en 1 Corintios 4.8-16, que termina así: “os ruego que me imitéis”.
Por eso la Palabra de Dios manda acerca de cualquiera que desea ser anciano: “no codicioso de ganancias deshonestas” y “no avaro” (1 Ti. 3.3; Tit. 1.7). El amor al dinero ciega los ojos del entendimiento, y causa una fuga de poder espiritual. Desvía a los hombres, y les motiva y capacita para hacer lo que Dios no quisiera. La avaricia es motivo de excomunión (1 Co. 5.11), pero excomulgamos más a los fornicarios y los ladrones o borrachos que a los avaros. William MacDonald dijo que en toda su vida no conoció ni un solo caso de excomunión por avaricia, pero no por falta de avaros en las iglesias.
Hay hombres que usan el ministerio para encubrir avaricia (1 Ts. 2.5), pero Pablo y sus colegas no eran así. A los filipenses dijo: “No es que busque dádivas” (Fil. 4.17). El problema con el amor al dinero en un siervo de Dios es que afectará lo que predica y cómo lo predica. Afectará a quién disciplina y a quién no, porque estará tentado a pensar qué pasará si reprende a un hermano afluente, o si predica ciertas cosas. No quiere ofender a los que ofrendan y ayudan a mantener la obra, porque confía más en ellos que en Dios. Nunca deben dejar que el dinero figure en las decisiones espirituales, ni que afecte la obediencia a la Palabra de Dios.
El remedio es confiar en el Padre celestial, que sabe de qué cosas tenemos necesidad. Ante las necesidades debe entrar en su aposento, cerrar la puerta, y orar a su Padre que está en los cielos (Mt. 6.6). La prioridad en la vida personal y en la asamblea es: “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6.33).
continuará, d.v. en el siguiente número
del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea
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Gran Ganancia
“Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6.6). Por eso el Señor Jesucristo no era posesivo ni controlador en su manejo del dinero. Él jamás codició el dinero; más bien dejó que Judas tuviera “la bolsa del dinero” (Juan 12.6 NBLA). Cuando quería ver la imagen de César, dijo: “Traedme la moneda” (Marcos 12.15); obviamente no tenía ninguna. Jamás pidió ni tomó prestado dinero. Él les enseñó a sus discípulos a orar: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Lucas 11.3) y vivió hablando solo con Dios de sus necesidades. Cuando había que pagar los impuestos, le dijo a Pedro que tomara el dinero y se lo diera “por mí y por ti” (Mateo 17.27). Cumplió con sus responsabilidades financieras y, además, ayudó a otros. Dios lo vio y lo amó, porque “Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9.7). ¿Sigues tú su magnífico ejemplo de administración del dinero?
Juan Dennison, Devoción a Diario, lectura del 17 de junio,
Libros Berea y Publicaciones Pescadores
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Matrimonio, Divorcio, Adulterio
Curtis Thigpen
La Palabra de Dios expresa claramente el origen divino y la santidad del matrimonio:
· Dios lo diseñó y originó (Gn. 2.21-24).
· Dios prohíbe su disolución por el ser humano (Mr. 10.9).
· Dios declara que aborrece el repudio (Mal. 2.15-16).
· El matrimonio ilustra la relación entre Cristo y Su Iglesia (Ef. 5.22-33; Ap. 19.7-8), que es permanente.
Según Marcos 10.6-9 es bastante obvio que desde el principio la intención divina es que la unión matrimonial sea permanente, y que solo pueda terminarse legítimamente por la muerte.
“pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”.
Además, uno de los propósitos principales del matrimonio es la institución y el establecimiento del hogar, que es la base de una sociedad ordenada. Cuando se mina la dignidad y santidad de esa unión y del hogar, las consecuencias son trágicas y tristes. Esto no solo ocurre en las familias afectadas, sino que también afecta al bienestar de la sociedad en general y contribuye a la desintegración y el colapso de naciones fuertes.
En el Antiguo Testamento, Dios estableció unas normas sobre el divorcio y otros asuntos relacionados en el libro del Deuteronomio (capítulos 22 y 24). Se permitía el divorcio en caso de decepción respecto a la pureza moral, pero solo si la contaminación había ocurrido antes de la consumación del matrimonio (Dt. 24.1). Por otra parte, si había pruebas de inmoralidad después del matrimonio, se apedreaba a ambos culpables (Dt. 22.22). La excepción mencionada por nuestro Señor en Mateo 5.32 y 19.9 evidentemente se basa en estos principios.
Sin embargo, algunos estimados maestros de la Biblia han deducido de las palabras del Señor que, cuando el matrimonio se ha visto contaminado por el adulterio, el divorcio está permitido por la Biblia y la parte supuestamente “inocente” puede volver a casarse. Sin embargo, un examen honesto de los términos empleados por el Señor revela que el adulterio no es la excepción. Observa que en los siguientes pasajes no se admiten excepciones.
“y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio” (Mr. 10.11-12).
“Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera” (Lc. 16.18).
En general, el Nuevo Testamento no hace concesiones al concepto común del divorcio y el nuevo matrimonio de personas divorciadas. El precepto del Nuevo Testamento está claramente expresado en pasajes como Romanos 7.2-3 y 1 Corintios 7.39, y lógicamente plantea la siguiente pregunta: “¿Respira aún el esposo?” Porque mientras viva, ante Dios sigue en vigor el matrimonio. La violación de este precepto es el pecado llamado “adulterio”. Según 1 Corintios 6.9-10 los adúlteros “no heredarán el reino de Dios”, pues los juzgará Dios (He. 13.4).
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Algunas Excusas que Suelen Utilizarse
para Romper el Matrimonio
“Realmente no existe diálogo” (falta de comunicación entre nosotros).
“Somos tan diferentes”.
“Me decepcionó. Soy víctima".
“Somos incompatibles”.
“No estamos felices, sino siempre estamos peleando”.
“No nos entendemos”.
“Ya no nos amamos como antes”.
“No nos soportamos”.
“No pensamos ni actuamos igual”.
“Me siento atrapado/a en un matrimonio sin amor”.
Pero las Escrituras no aceptan estas cosas como razones para el divorcio.
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El Séptimo Mandamiento
“No adulterarás”
El mundo habla de la revolución sexual, pero ante Dios es la rebeldía sexual. ¿Cree usted que la moralidad es una cuestión de gustos, algo relativo? Se llevará una gran sorpresa y amarga el día que descubra que Dios afirma que es algo absoluto. No importa lo que piensa la sociedad, ni los psicólogos, ni los profes de ética, porque ninguno de ellos le acompañará en el juicio ante el trono de Dios.El séptimo mandamiento menciona específicamente el adulterio, que se refiere a actos sexuales entre una persona casada y alguien que no sea su cónyuge. Sin embargo, el adulterio es solo un tipo de práctica inmoral, y la ley de Dios prohíbe toda clase de fornicación.1 La palabra “fornicación” se traduce de la palabra griega “porneo”, (de donde viene nuestra palabra “pornografía”). Significa toda y cualquier actividad sexual ilícita, es decir, fuera del matrimonio. Incluye cualquier tipo de inmoralidad sexual. El paso del tiempo y la evolución de la sociedad no pueden cambiar la ley divina. El Nuevo Testamento también anuncia que “a los fornicarios y los adúlteros los juzgará Dios” (Epístola a los Hebreos, 13.4).
Hay quienes afirman que no son adúlteros ni inmorales, pero si se dijera toda la verdad, tienen pensamientos y deseos inmorales, e incluso de cometer actos inmorales. Se recrean leyendo novelas, viendo películas o fotos en Internet y a través de su teléfono, e imaginan estar en esas situaciones, soñando en privado sin que nadie vea la pantalla de su mente. Pero Dios lo ve y sabe que eso es fornicación y adulterio en el corazón. Jesucristo dijo: “Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” (S. Mateo 5.27-28, Nácar-Colunga).
El precepto incluye las mujeres que miran con deseo a los hombres. La sociedad no lo considera malo, pero la sociedad no es Dios, y Dios lo condena.
¿Ha sido infiel a su cónyuge, aunque haya sido una sola vez y nadie lo sepa? Dios lo sabe. Aunque solo haya sido en pensamientos y deseos, esto demuestra que su corazón es pecaminoso y quebranta la Ley de Dios.
¿Se ha casado con una persona divorciada? Esto es adulterio según la enseñanza de Cristo.
“Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio” (Evangelio según S. Marcos, 10.11-12).
La Iglesia Católica inventó “la anulación”, que es un truco filosófico. Alega que, aunque la Iglesia los casó en el sacramento del santo matrimonio, el matrimonio nunca llegó a existir en el corazón de los dos cónyuges, por lo que la Iglesia “anula” el matrimonio. De este modo, pueden decir que no se trata de un divorcio y que, por tanto, no están cometiendo adulterio, ya que, según razonan, ¡nunca estuvieron casados! Sin embargo, en ese caso serían fornicarios. Píntanlo como quieran, pero la ley de Dios queda rota. Las Sagradas Escrituras no cambian. En lugar de excusarnos por las modas de una sociedad permisiva, debemos obedecer a Dios. Cristo declaró: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Evangelio según S. Mateo, 24.35).
Hoy en día están de moda las parejas de hecho, y se dice que hay que aceptarlo y no juzgar. Sin embargo, Dios considera fornicación toda actividad sexual fuera del matrimonio. La Biblia dice: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Epístola a los Hebreos 13.4). Ante Dios sigue siendo pecado. Los santos apóstoles mandan que los fornicarios y adúlteros no deben ser admitidos en ninguna iglesia (Primera Epístola a los Corintios, 5.11). Incluso la ley humana distingue entre matrimonios y parejas de hecho. Dios aún distingue más, y condena a las parejas que conviven sin casarse, pues cometen fornicación y serán juzgadas. Juntarse en pareja es fornicación, y según la Biblia, los hijos nacidos de la fornicación son bastardos (Deuteronomio 23.2; Epístola a los Hebreos 12.8).
Ha contemplado actos inmorales en la tele, el teléfono o el cine, para divertirse? Eso es la inmoralidad mental, son pensamientos impuros. Recuerde el texto de Romanos 1:32 sobre el pecado vicario, es decir, el pecado que se disfruta a través de otras personas.
Francamente, vivimos en una sociedad inmoral y perversa que va de mal en peor. Pero recuerda que no será la sociedad, sino el individuo,
quien rendirá cuentas ante Dios. Sea quien sea, cualquier persona que haya deseado, pensado o cometido alguna de estas cosas es culpable de adulterio y de romper el séptimo mandamiento de la Ley de Dios. - - - ¡Culpable!1 Lea los capítulos 18 y 20 de Levítico.
2 En el Evangelio según San Juan, 4.18, Cristo le dijo a una mujer que convivía con un hombre: “el que ahora tienes no es tu marido”. Quienes se juntan y luego se casan dicen que así se arregla todo. Pero la ceremonia no borra la fornicación de su relación anterior.












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