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lunes, 30 de noviembre de 2020

EN ESTO PENSAD - diciembre 2020

 DAVID  EN  FILISTEA
La Importancia de la Guía de Dios

 
Lucas Batalla


Texto: 1 Samuel 27:1-4

Hay mucha enseñanza buena en la vida de David. Aquí vemos cómo decidió marcharse de Israel porque se cansó de las amenazas continuas de Saúl, y de huir de él. Lo respetaba y no lo iba a matar porque era el ungido de Dios (1 S. 24:6). Así le perdonó la vida dos veces y en eso dio buen ejemplo. Pero entonces se cansó, como humano que era, y tomó una decisión indebida – se fue a un lugar donde no debió estar, con los enemigos de Israel. Hermanos míos, cuando pasamos pruebas y dificultades, sentimos presión como los demás, pero debemos tener cuidado con las decisiones en esos momentos. Podríamos salir de las presiones y también salir de la voluntad de Dios. David estaba desorientado y tomó una decisión importante sin consultar a Dios. Es importante notar esto – no oró, no esperó en Dios como en otras ocasiones, sino actuó por cansancio y quizás desánimo y preocupación. Esos no son buenos consejeros.
    En 1 Samuel 22 cuando estaba en la cueva Dios le cuidó y le dio 400 hombres. Con tiempo el número creció a 600. En ese tiempo David cuidó de sus padres enviándolos a Moab (22:3), que es un ejemplo del respeto y honor que se les debe tener a los padres. Hoy se va perdiendo ese honor paterno y también el orden en el matrimonio. En 1 Samuel 22:5 el profeta Gad, portavoz de Dios, indicó a David que no se quedara en Moab sino que se volviera a la tierra de Judá. Sus pasos fueron guiados por el Señor, y David pensaba y actuaba cabalmente.
    Pero en el capítulo 27 no pensaba bien. Observa otra vez que no oró. Abandonó al país y se fue al enemigo. Como cualquier otro ser humano, tenía crisis, y cuánto más como hombre espiritual en un mundo lleno de pecado. Sentía miedo y cansancio, y dirigido por su miedo, acabó en un lugar indebido, entre los filisteos – enemigos de Dios. Nosotros, hermanos, no debemos ir al mundo para evitar problemas en nuestra vida. Recordemos la bienaventuranza de los tres negativos del Salmo 1:1, “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado”. David era hombre de Dios, pero falló en esto y nosotros también podemos, así que, tengamos cuidado.
    Se fue a un país y rey pagano para cobijarse y refugiarse. Vamos ahora al capítulo 29. En el versículo 1 vemos la situación en la que Davíd se había metido. Él y los suyos iban como la retaguardia de Aquis, rey filisteo, ayudándole en la campaña contra Israel y Saúl. Actuaba mal y se asociaba con los enemigos de Israel. Repito para enfatizar, que si lees estos capítulos verás que en todo este tiempo no consultó a Dios, y hablamos de un periodo de un año y cuatro meses (27:7). Lo único que le paró era la queja e insistencia de los príncipes de los filisteos (29:3) que protestaron: “¿Qué hacen aquí estos hebreos?” ¡Buena pregunta! En el versículo 4 dicen: “no venga con nosotros” – porque no se fiaban de David. Dios en Su providencia utilizó esto para sacar a David de una situación y alianza incorrecta. No estaba entre personas temerosas de Dios y se había dejado guiar y aconsejar por ellos, no por Dios. Dios tuvo que intervenir y quitarlo de una mala situación. Le dijo Aquis: “Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad”. Es alarmante cuando Dios usa a los incrédulos para decirnos cosas así. En Génesis 12:19 hallamos a Abraham en Egipto donde no debió estar, y mintiendo a Faraón acerca de Sara y enzarzándose allá. El colmo fue que Faraón le reprendió y dijo: “Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete”. Esta clase de situación puede evitarse si consultamos a Dios antes de movernos, estando atentos y obedientes a Él.
    Pasamos a 1 Samuel 30 y vemos que David sufrió una gran pérdida al volver a su pueblo de Ziclag en Filistea. Los amalecitas atacaron, quemaron al pueblo y llevaron a todas las personas y los bienes, incluso a las mujeres de David (v. 5). Esta clase de cosa es más fácil cuando estamos fuera de la voluntad de Dios. Hubo mucha pérdida y gran tristeza y llanto. Dice el versículo 4 que alzaron su voz y lloraron hasta que les faltaron fuerzas (v. 4). David se angustió mucho (v. 6) porque el pueblo amargado hablaba de apedrearlo, y en cierto sentido es comprensible, porque él les había guiado mal. Mas David se fortaleció en Jehová su Dios, y cuando hizo así comenzaron a cambiar las cosas. Consultó a Dios (vv. 7-8) cosa que tenía que haber hecho mucho antes, y Él le aseguró que iba a alcanzar y liberar a los cautivos.
    Hermanos, busquemos y escuchemos al Señor, porque Él solo puede encaminarnos para bien. El Salmo 23:6 dice que Dios tiene bien y misericordia para nosotros. Pero David se había privado de eso por su propio consejo y su negligencia espiritual, y muchas veces nosotros cometemos este mismo error en perjuicio nuestro. Aunque nos hayamos equivocado, volvamos a consultar al Señor y hagamos lo que Él diga, y vendrán mejores tiempos.
    En el versículo 18 libró David todo, y recuperó todo (v. 19). Pero la clave fue que se humilló y consultó a Dios, dejándose guiar nuevamente por Él, cosa que durante un tiempo no había hecho. Y esto significó volverse a su país.
    Cualquier creyente, al igual que los patriarcas, reyes y profetas, se equivoca a veces,  porque somos humanos. Pero Romanos 15:4 dice que “las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron”. Abraham se equivocó yendo a Egipto, pero se volvió. Lot fue a Sodoma buscando ganancia personal, pero tuvo que huir de ahí y perdió todo. David se volvió de Filistea. Jacob se volvió de Siria. Noemí se volvió de Moab. Jonás se volvió y fue a Nínive como Dios lo había mandado. Elías se volvió del Sinaí para terminar su ministerio profético. El hijo pródigo volvió a su padre. Dejemos que Dios siempre guíe nuestros pasos, y estemos dispuestos a movernos y sacrificar cualquier cosa para volver a estar en Su buena voluntad.

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No Quites El Vallado

“...al que aportillare vallado, le morderá la serpiente”.   

Eclesiastés 10:8
 

El vallado es un cerco (Job 1:10; Ez. 22:30) que indica los límites y las restricciones que Dios ha puesto para nuestra protección y guía. Él puede quitar el vallado (Is. 5:5), pero no es una bendición sino un juicio contra los rebeldes. Podemos abrir o romper los vallados divinos, pero la serpiente espera afuera, acechando y lista para atacar a los atrevidos. Quedémonos dentro de los límites divinamente dados en el matrimonio, el hogar, la asamblea y el mundo. Los vallados de Dios son para nuestro bien, así que no hay que resentirlos ni rebelarnos. ¡Demos gracias a Dios! Y recordemos, ¡el césped no está más verde en el otro lado!    


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Sugerencias para tomar 

una decisión en la voluntad de Dios


1. El deseo de saber y hacer la voluntad de Dios (Mt. 6:10 “Hágase tu voluntad”; Lc. 22:42 “no se haga mi voluntad, sino la tuya”; Ro. 12:2). Hay que comenzar aquí (lee Pr. 3:5-7 y Stg. 4:15). Si no puedes orar así sinceramente sobre el asunto, vas por mal camino.

2. La iluminación (bíblica) sobre la voluntad de Dios (Sal. 119:35). ¿Qué dice la Escritura? Por ejemplo, si Dios ya habló en la Biblia de algo, como el yugo desigual o el divorcio, no hace falta que ores más. Ya sabes Su voluntad. Hazla. Como alguien bien dijo: “Si Dios cierra la puerta, no brinques por la ventana”.

3. El temor y la desconfianza de tu propia voluntad y de tu corazón engañoso (Jer. 17:9; Pr. 14:12).

4. La convicción de que Dios sabe mejor y que debes glorificarle a Él y no a ti mismo (Ef. 5:17).

5. El arrepentimiento y sacrificio de tus propios caminos, preferencias, prejuicios (Ro. 12:1).

6. El compromiso por fe para hacer lo que Él indique (Sal. 139:24)

7. La oración buscando Su sabiduría y esperando Su respuesta (Sal. 86:11)

9. El consejo espiritual (los ancianos y maestros, los padres, los que velan por tu alma – He. 13:17). Es importante pedir oración y consejo antes de decidir o comprometerte.

Considera cuidadosamente todos estos factores, y a la luz de la Palabra de Dios toma una decisión en el temor de Dios.

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¿A quién no le gustan las rebajas que hay varias veces cada año? Dan oportunidades especiales para ahorrar dinero en una compra a precio reducido. Sin embargo, amigo, CONSIDERA ESTO: que con Dios no hay rebajas. Pero sí, hay un remate final.  
    Dios declara lo siguiente:
    “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:4)    
    Jesucristo advierte:
    “En vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis         venir” (S. Juan 8:21).
     El apóstol Pablo lo dice en la Palabra de Dios:
    “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23).
 
   Dios no rebaja Su juicio del pecado. Si has pecado, el juicio y la ira de Dios te esperan, y pagarás. Después de muerto, irás al gran trono blanco (lee Apocalipsis 20:11-15) donde comparecerás ante Dios el Juez. Se abrirán los libros de las obras y todas las tuyas saldrán a la luz. Tus pecados demostrarán que eres culpable, y la sentencia será ejecutada. Serás lanzado al lago de fuego, es la muerte segunda. Esto será el remate final. En serio.
     ¿Tienes pecado? Antes de contestar, favor de leer S. Marcos 7:20-23 para ver lo que Jesucristo dice. Verás que el problema del pecado viene de dentro de ti, de tu corazón. No es la sociedad, las malas amistades, etc. El pecado viene de ti, amigo, de tu corazón. Reformarte no vale, porque lo que necesitas es un cambio radical, una transformación de corazón.
     Lee Romanos 3:23 y verás que “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Sí, amigo, Dios sabe que tienes pecado, porque eres pecador. Acuérdate, el juicio divino viene, y no hay rebajas. La iglesia, los santos y los sacramentos no pueden absolverte. No te engañes. Sólo Jesucristo puede perdonarte, limpiarte, y darte una vida nueva.
    Por eso quiero ofrecerte un consejo sincero y acertado: arrepiéntete de tus pecados y busca el perdón y la salvación de Dios en el Señor Jesucristo, mientras haya tiempo. Porque si no, el juicio de Dios  llegará, y no hay rebajas.   
                                                                                                      Carlos
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   Contradicciones Navideñas

    Las fechas de Navidad y Reyes son el tiempo del año cuando supuestamente todos piensan en Jesucristo. Pero honestamente, sabemos que no es así. Para empezar, ni siquiera nació Cristo en esas fechas, pues no hay pastores ni rebaños en los campos en Judea desde octubre hasta marzo. Son meses de mucho frío, lluvias, nevadas, y heladas, y no se puede estar en el campo. Además, no se conocen esas fiestas y costumbres en la Biblia,  y nada tienen que ver con las cosas que mandó el Señor Jesucristo (S. Mateo 28:19-20), ni hay registro alguno de ellas en las prácticas de la iglesia apostólica (Hechos) ni las enseñanzas del Nuevo Testamento (las Epístolas). No hay ninguna fiesta ni celebración navideña de parte de los creyentes en el Nuevo Testamento. Al contrario, la historia ampliamente documenta el origen pagano de fiestas como la de Saturnalia, y cómo la iglesia católica romana obró para incluir tales fiestas en la cristiandad.

El Árbol
  
En ningún lugar en toda la Biblia somos instruidos a poner un árbol como memorial espiritual, ni en nada se relaciona con el Señor Jesucristo. ¿Pueden los que lo ponen mostrar siquiera un texto bíblico que instruya o apoye el uso de un árbol así? Sencillamente, la respuesta es “no”. Pero, ¡la tradición y el sentimentalismo son fuertes!
   Al contrario, el árbol como objeto religioso radica en las costumbres antiguas del medio-oriente. Siglos antes de Cristo los asirios usaban un árbol sagrado en sus ceremonias y cultos religiosos. Los babilonios empleaban un árbol para celebrar un culto a Tamuz, hijo de Semiramis.

Papá Noel
  
San Nicolás, o “Santa Claus”, un gran mentiroso, totalmente fuera de lo bíblico, es como un dios que sabe todo y promete venir y aparecer en todas partes del mundo en una sola noche y reparte bienes (o carbón) según el comportamiento de cada uno. Aunque Navidad no es el nacimiento de Cristo, si lo fuera, Papá Noel tendría el papel de un anticristo, robando la atención y los afectos de muchos.
   En países predominantemente católicos, en la fiesta religiosa de Epifanía, destacan los reyes magos y operan parecidos a Papá Noel, pero sin los renos, repartiendo regalos según el comportamiento de cada cual. ¿Dónde en la Biblia dice que había tres, y de que eran reyes? Pero la iglesia católica felizmente se inventa los nombres y propaga el mito. La Biblia relata la visita de hombres del oriente que traían regalos para el rey nacido – no para todos.

Los Belenes (o “nacimientos”)

   Tampoco caben dentro del marco bíblico, ya que está tajantemente prohibido hacer imágenes de cualquier cosa en el cielo, en la tierra o debajo de la tierra, ni inclinarse ni rendir culto a ellas (Éxodo 20:4-5). Los terafines (dioses y templecillos caseros) han existido desde los tiempos del Antiguo Testamento. Génesis 31:19 habla de “los ídolos” (literalmente “terafines”) de Labán que su hija Raquel hurtó. Esa vieja práctica pagana de tener imágenes religiosas en las casas, es imitada y perpetuada hoy por las imágenes expuestas y veneradas en los templos católicos y ortodoxos, y en las casas, tiendas y plazas públicas de poblaciones católicas. Dios nunca permite ni mucho menos bendice tales prácticas (véase Romanos 12:1-2). Además, presentan errores, como por ejemplo los pastores y los magos juntos, cuando no era así. “Oh, pero es bonito, artístico” algunos dicen. ¿En serio? ¿Qué tiene de bonito algo que Dios prohibe?

La Avaricia
   Observamos la exagerada actividad comercial, las listas de deseos, los caprichos, la codicia, la envidia, todo centrado en compra e intercambio de regalos. Los comerciantes esperan la navidad con ansia porque es cuando ganan más dinero. ¡Y no olvidemos la lotería de Navidad el 22 de diciembre! Derroches de dinero en comidas lujosas. Es una escena totalmente ajena a Aquel que siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos espiritualmente. "La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Ro. 6:23), no relojes, ropa o juguetes. ¿Y por qué no decir la verdad acerca del dinero gastado? Gastan lo que no tienen, para cumplir con las demandas y espectaciones de la fiesta, y se endeudan grandemente. Luego, la cuesta de enero, febrero y marzo cuando intentan salir de la hoya.

La Glotonería
 
  La glotonería es “acción de comer con exceso y con ansia”. Es vergonzoso el descontrol en comprar y consumir exageradamente más alimentos de lo que se necesita. Las carnicerías y pescaderías ganan enormes cantidades durante estas fechas porque la gente suele comprar sin que le importe los precios. La idea parece ser tener unas cenas tan magníficas de nochebuena y nochevieja que serán recordadas el resto del año. Por ejemplo, un trabajador en una pescadería cuenta como ganan miles de euros en cuestión de una mañana y otros tantos por la tarde en esas fechas.
   Pero luego, es de común conocimiento el derroche de esas comidas, pues en muchos lugares se comen un poco de todo, para poder probar de todo lo que hay, y el resto lo tiran a la basura. Tales cosas no les corresponden a los cristianos, sino a los paganos. “El fruto del Espíritu es...templanza” (Gálatas 5:22-23), esto es, dominio propio. El creyente debe hacer todo, incluso comer y beber, para la gloria de Dios (1 Co. 10:31).

La Hipocresía
   El surgimiento repentino de muchos saludos amisotos y sonrisas afectando felicidad viene solo durante esas fechas, cuando en realidad en muchas casas aumentan las tensiones, y la estadística muestra alta incidencia de discusiones, peleas, y suicidios. Lo mejor que el mundo puede ofrecer es una felicidad superficial y pasajera basada en unos días festivos para regalos y comidas en un ambiente cargado con música y luces. Quizás lo más ridículo es la gran cantidad de personas en todo el mundo que ni siquiera profesan ser cristianas, y celebran la fiesta navideña aunque no creen en el Señor Jesucristo, no le aman, no entienden ni les importa Su muerte, ni desean que Él gobierne sus vidas, ni mucho menos que venga a reinar sobre todo el mundo. Su nombre y nacimiento son pretextos para festejarse egoístamente.

La Verdadera Razón de la Encarnación
 

  Muchos no saben siquiera por qué Jesucristo vino. La idea no era traer regalos ni comidas ni días de vacaciones. 1 Timoteo 1:15 declara que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”. Su venida era una misión divina de rescate. John 3:16-17 declara: 
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”.
   La principal razón por la que se encarnó era hacer posible nuestra salvación. Para eso, Dios encarnado fue al Calvario y llevó “nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24). Setecientos años antes el profeta Isaías habló de la muerte de Cristo por nosotros, y la describió en el capítulo 53 de su libro. Conviene leer ese capítulo para entender el porqué de la venida de Cristo. Se expresa en Hebreos 10:5, que habla de Jesucristo: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo”. El versículo 10 indica que el propósito era sacrificarse en la cruz: “...la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”. El versículo 12 comenta la eficacia de esa ofrenda: “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”. Es ese sacrificio lo que el Señor nos manda recordar, y nada tiene que ver con lo que el mundo celebra en diciembre y enero. En 1 Corintios 11:26 el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, escribe y manda: “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”. En la Biblia los creyentes no celebran el nacimiento del Señor, sino Su muerte y resurrección. Las fiestas paganas nada tienen que ver con la verdadera fe cristiana, ni podemos santificarlas diciendo que las damos otro sentido.

"NO OS CONFORMÉIS AL MUNDO"  Romanos 12:2


 

sábado, 31 de octubre de 2020

EN ESTO PENSAD - noviembre 2020

"NO AÑADAS A SUS PALABRAS"

Cuatro veces en a lo largo de la Biblia Dios nos advierte del peligro de añadir o quitar de Su Palabra.


Deuteronomio 4:2 "No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordene". 


Deuteronomio 12:32 "Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás".


Proverbios 30:6 "No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso".


Apocalipsis 22:18-19 "Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro".


    Cuando los mormones aparecen con el Libro de Mormón, o los católicos con sus libros apócrifos añadidos a la Biblia, o los musulmanes con el Corán, o los adventistas con los escritos de Elena White, les citamos estos textos como reprensión, y con razón.
    Pero es posible que otros, sin pertenecer a una secta o religión falsa,  cometan el error hermeneútica de añadir a la Palabra de Dios, para acomodar una doctrina suya. Considera Efesios 1:4, hermoso texto que dice: "según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él".
    Algunos hermanos cometen un error grave en la lectura o la enseñanza de este texto, porque después de la palabra "escogió" ellos añaden "para estar" – para que el texto diga, según el criterio de ellos, que Dios elegió a ciertas personas para ser salvas. Pero Efesios 1:4 no habla de la elección de pecadores para ser salvos, sino de la elección de los salvos, los que están en Cristo, para que sean santos y sin mancha delante de Él. Habla de los propósitos divinos para con los que están en Cristo, no para los que no están en Él.
    La presciencia divina sabe quiénes creerán en Cristo, quiénes estarán "en Él", desde antes de la fundación del mundo. A estos, a los que están "en él", Dios escoge para cumplir Sus soberanos propósitos. Pero esto no indica ningún mérito humano, pues ¿qué mérito tiene creer a Dios? ¡Ninguno! La fe, no la elección, siempre es la condición para la salvación.
    Otro texto donde hacen algo parecido es Juan 3:16, "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". Eneseña que Dios ama al mundo, eso es, a todos, no a un grupo reducido. Pero para acomodar las doctrinas calvinitas, dicen que se refiere "al mundo de los escogidos". Otra vez cometen el error de añadir a la Palabra, para que diga lo que ellos quieren. Pero no podemos aceptar tales añadiduras que alteran el sentido llano de la Palabra. La inspiración plenaria y verbal de la Biblia significa que Dios escogió las palabras utilizadas. Él sabe lo que quiere decir, y eso no admite modificaciones teológicas. "Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso" (Ro. 3:4).           

  Carlos

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A. W. Tozer Lamenta

 El Evangelicalismo Mundano

"Me asombra y me duele continuamente la frivolidad hacia Dios de parte de muchos supuestos seguidores de Cristo. La mundanalidad es una epidemia entre los evangélicos. Aunque todavía condenamos la mundanalidad, hoy hemos cambiado la definición de modo que no significa lo mismo que en otros años. Tememos tanto el ser estrechos que hemos abierto nuestras puertas a la mundanalidad. Por supuesto, esto solo conduce a una tragedia espiritual para todos. Creo que hemos retrocedido rápidamente durante los últimos 20 años. Esa retrocesión aceleró después de la Segunda Guerra Mundial. 
     No me sorprenderá si vendría una división aguda en las filas evangélicas, no tanto por diferencias doctrinales como por métodos, prácticas, objetivos, técnicas y particularmente las diferencias en las actitudes espirituales. El evangelicalismo popular se ha estado vendiendo al mundo, traicionando principios, y adoptando actitudes y métodos mundanos. Ahora Hollywood tiene más influencia que Jerusalén jamás tenía. Los jóvenes no toman sus ejemplos de los santos de antaño, sino de las estrellas de hoy. La dignidad casta y pureza reluciente del verdadero cristianismo ha sido reemplazado por unos valores carnales indignos de asociarse con nuestro Señor Jesucristo".

  A.W. Tozer. Claves de la Vida Profunda, Zonvervan, 1957, págs. 88-89

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 LA INSPIRACIÓN DE LA BIBLIA


La Biblia no viene de la Iglesia, ni de teólogos, sino de Dios. La divina inspiración de la Biblia está definida claramente en el mismo Libro, en los siguientes textos:
 
    “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Ti. 3:16).
    “Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 P. 1:21).
    “lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual” (1 Co. 2:13).
    “...la Escritura no puede ser quebrantada” (Jn. 10:35).
    “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17).
    “Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios” (Ro. 3:2).
    “Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?” (Mt. 15:3).

   La inspiración no significa que Dios sopló sobre los escritos de hombres, sino que Dios sopló en los hombres y por medio de ellos produjo las Sagradas Escrituras, que son exactamente lo que Dios decía.
   Los profetas con frecuencia estaban perplejos acerca de lo que Dios les hacía escribir (1 P. 1:10-12; 2 P. 3:15-16), pues no lo entendían del todo.
   La mecánica o el aspecto técnico de cómo funcionó la inspiración, precisamente no es algo descrito en la Biblia. Sabemos que Dios habló y comunicó por revelación a hombres, lo que Él quería que dijeran o escribieran. Un ejemplo sería Jeremías 36:1-4 donde Dios habla a Jeremías y Jeremías dicta estas mismas palabras a Baruc. Es un ejemplo de inspiración verbal, es decir, de palabras y no solo de ideas, como algunos suponen y alegan. Lo mismo vemos en Jeremías 26:15, “...todas estas palabras...”.  Por eso para estudiar es importante usar una buena traducción literal, palabra por palabra, de la Biblia, no las versiones como la NVI que utilicen la "equivalencia dinámica" (método impreciso) en lugar de la traducción literal.
   Dios se comunicaba por voz, visiones, sueños, inspiración de los pensamientos, para que lo divino llegara al hombre mediante los instrumentos humanos. Todo esto fue “supervisado” o dirigido por el Espíritu Santo (2 P. 1:21) para evitar que entrara error u opiniones humanas (2 P. 1:20). Así que el Espíritu Santo estuvo presente en cada acto de revelación e inspiración de la Palabra de Dios, de la misma manera en como estuvo presente en la encarnación del Verbo de Dios (Lc. 1:34-35).
   El Espíritu Santo garantizó que la encarnación resultara en: “el Santo Ser que nacerá...” (Lc. 1:35), es decir, el Verbo de Dios, Santo, libre de pecado y error, aunque vino por medio de una madre humana. La “concepción inmaculada” se aplica solamente al Señor Jesucristo: “sin pecado concebido”.  Así también el mismo Espíritu Santo supervisaba y dirigía toda la comunicación de la Palabra de Dios mediante la inspiración de:santos hombres de Dios” (2 P. 1:21), para que la Palabra de Dios llegara sin pecado y sin error. El siguiente gráfico del sr. Robert Lightner ilustra el paralelo entre la encarnación y la inspiración.


   Gracias a Dios creemos en el Señor Jesucristo, nuestro único y suficiente Salvador, que es el Verbo impecable. Del mismo modo creemos  en la Palabra de Dios que es inerrante, "simiente incorruptible" por la que hemos nacido de nuevo (1 P. 1:23). No se admiten añadiduras ni modificaciones a lo que Dios nos ha dado, ni en la Persona de Cristo ni en la Palabra de Dios.

Carlos Tomás Knott

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 Adivina


El que lo hace lo vende. El que lo compra no lo utiliza. El que lo utiliza no lo sabe. ¿Qué es?

    ¿Lo has adivinado, de veras, o estás leyendo para descubrir la respuesta? Bueno, la respuesta, por supuesto, es un ataúd.
    No hablamos a menudo del tema de la muerte, pero pensamos en él. ¿Te preguntas alguna vez por qué morimos? No hablo de la vejez, los accidentes, las guerras o las enfermedades. ¿Por qué somos mortales?
    La Biblia explica que por un hombre, Adán, el pecado entró en el mundo, “y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). Sencillamente, morimos porque somos pecadores contra Dios, y lo demostramos por nuestros hechos – siendo deshonestos, copiando exámenes,  mintiendo, robando, blasfemando, rebelándose contra los padres, violando leyes, adorando a dioses falsos, rindiendo culto a imágenes, matando, odiando, mirando con lujuria, adulterando, fornicando, murmurando, envidiando y codiciando lo que otros tienen. Tales cosas dejan ver cómo es nuestro corazón de contaminado por el pecado, y Dios declara que “el alma que pecare, ésa morirá” (libro del profeta Ezequiel 18:4), y “la paga del pecado es muerte” (epístola a los Romanos 6:23). Por eso morimos, porque pecamos. La religión, la ciencia y la filosofía no pueden resolver el problema. Hay muchos pecadores religiosos, científicos y filósofos, y todos morirán. Pero mejor pensar en ti mismo que en ellos, porque tú también morirás.
 

 Otra pregunta que surge es, ¿Qué te pasará después de morir? No a tu cuerpo, pues ya sabemos que será enterrado. En Hebreos 9:27 la Biblia dice que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto, el juicio”. Después de morir, irás al juicio de Dios. ¿Cómo te irá? 1 Corintios 6:9 informa que “los injustos no heredarán el reino de Dios”. Por eso, en esta vida necesitas que Dios te perdone y te declare justo, para entrar luego en el cielo. Eso solo es por la fe en el Señor Jesucristo que murió por ti y sufrió la muerte que mereces porque Él llevó tus pecados en Su cuerpo sobre el madero (1 Pedro 2:24). Si te arrepientes y confías en Él, serás perdonado, salvado y declarado justo. Entonces tendrás vida eterna, y al morir, irás al cielo, no por méritos tuyos, sino por Jesucristo tu Señor y Salvador. Arregla tus cuentas con Dios ahora, porque cuando mueras, será demasiado tarde.    

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CUANDO SE ROMPEN LOS DIQUES

Domingo Fernández Suárez (1909-1999) 



Llamamos dique a un muro construido con la finalidad de contener las aguas. Una parte del territorio holandés se encuentra bajo el nivel del mar. Por tal motivo los holandeses han construi­do grandes diques con el propósito de proteger­se de las inquietas y peligrosas olas del Mar del Norte. Hace unos cuantos años se desató en aquel mar una tempestad de tales proporciones que los mencionados diques resultaron insufi­cientes para contener el empuje de las enormes olas; y por tal motivo los holandeses vivieron días de preocupación, alarma y ansiedad.
    Ocurre con frecuencia que en algunas regio­nes llueve fuera de lo normal y los arroyos se convierten en ríos y los ríos, al desbordarse, se convierten en mares que inundan campos, pue­blos y ciudades.
    La Sagrada Escritura dice que los impíos son como un mar tempestuoso. El Creador, teniendo en cuenta los grandes peligros que habían de amenazar a la sociedad humana, ha levantado muros de contención para protegernos de la impiedad, la inmoralidad, la degeneración, el libertinaje, el vicio, la violencia, el saqueo y el crimen.
        Dice Proverbios 1:7, "El principio de la sabiduría es el temor de Jehová". En Job 28:28 leemos: "He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal (es) la inteligencia". La expresión: "El temor de Dios", quiere decir el reconocimiento del Creador como suprema autoridad legislativa del universo. Y el respeto y la obediencia que todo ser humano debe a Dios su Creador. Cuando vivimos conscientes de que Dios nos ve, y que toda violación de Su Ley constituye una ofensa al Supremo Legislador, y que al final tendremos que comparecer delante del supremo JUEZ para responder de nuestros actos y recibir el pago que merezcan nuestros hechos, la conciencia de esta realidad se levantará delante de nosotros como un muro de contención.
    El que no teme ni respeta a Dios es como un río sin cauce ni diques. El que no respeta a Dios acaba por convertirse en instrumento del Diablo. ¿A qué fin o estado conduce la falta de reverente temor a Dios? Al desorden, la degeneración, la corrupción, el libertinaje, la violencia, el robo, el crimen y la anarquía. El temor reverente a Dios constituye el fundamento de todo muro de contención que tenga por finalidad proteger los derechos de la persona y de la sociedad.
    El salmista David da expresión a la función que desempeña La Palabra de Dios cuando dice: "En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra Ti" (Sal. 119:11). Proverbios 22:28 dice: "No traspases los linderos antiguos" que pusieron nuestros antepasados. Y Dios nos dice en Isaías 24:5 que  "la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque TRASPASARON LAS LEYES, falsearon el derecho, y quebrantaron el acto sempiterno". Y Jesucristo nos invita a ir a Él, diciendo: "Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. LLEVAD MI YUGO SOBRE VOSOTROS y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón" (Mt. 11:28-29). Llevar el yugo del Salvador equivale a prestar atención a sus enseñanzas, creerlas y ponerlas en práctica.
  Dios ha levantado diques que tienen por finalidad defendernos, encauzar nuestros pasos y preservar a la sociedad de la anarquía y la impiedad diabólica. Pero en la actualidad hay poderosas fuerzas sociales, gobiernos, y hasta dirigentes "religiosos" que hacen todo lo posible por romper y derribar los muros de contención levantados por el Creador. Y ¿cuál es el resultado? que la maldad avanza como un alud o avalancha incontenible que amenaza con envolver y sepultar a pueblos, ciudades y naciones.
  Dios es la fuente del bien, la justicia, la pureza, la santidad, la fortaleza y la gracia. El Diablo es la fuente del mal en todas sus manifestaciones. El maligno incita a la desobediencia a Dios, a la incredulidad, al libertinaje, a las bajas pasiones, a los vicios que esclavizan, y a las más repugnantes aberraciones sexuales. ¿Estamos en la esfera de Dios o en la del Diablo" ¿Servimos al príncipe de las tinieblas o al Señor de la luz?
  El apóstol Pablo nos dice, en 1 Corintios 5:5 y 1 Timoteo 1:20 que arrojó a la esfera de Satanás a algunos que no se quisieron sujetar a la Palabra de Dios. Y en Romanos 1:21-32 dice que a los que no quieren tomar en cuenta a Dios, ni respetar sus normas de carácter moral y religioso, el Altísimo los deja de su mano. Y cuando Dios abandona a un ser humano el maligno lo toma y se enseñorea de él hundiéndolo en toda suerte de errores, vicios y aberraciones sexuales: Mu­jeres con mujeres y hombres con hombres. Al­gunos divagan acerca de la causa o causas del lesbianismo y homosexualismo. Esta degenera­ción es obra del mismo Diablo. No hay homo­sexuales entre los verdaderamente convertidos o nacidos de nuevo. El homosexualismo crece en la medida en que la humanidad se aleja de Dios y de sus leyes o muros de contención. Se calcula que en el presente (1984) el 17% de la población de algunos países es víctima de la inversión sexual.
   En la actualidad vemos la influencia satánica en todas las esferas de la sociedad y en todo el mundo. La degeneración política, moral y hasta religiosa avanza como una tromba incontenible. Esto guarda proporción con las ofensas que se infieren al Creador.
    Los cristianos verdaderos, regenerados y ce­losos de la causa de Dios siempre han avanzado en contra de la corriente; pero como resulta más cómodo dejarse llevar por la corriente social, ahora vemos que abundan los «cristianos» que van río abajo.
    El alarmante desbordamiento de la inmorali­dad ha penetrado ya en lo más sagrado de la sociedad: La niñez. Algunos piensan que se debe brindar protección a la niñez para que no caiga en las redes malditas de los traficantes en drogas; pero también se debiera proteger a los niños y niñas de la pornografía, la incitación al sexo y la violación sexual. Algunos que, involun­tariamente, sirven a Lucifer están introduciendo en las escuelas públicas la llamada educación sexual que en la práctica constituye una descarada incitación a la
violación de una de las nor­mas establecidas por el Creador.
    Los libros de texto empleados en algunas escuelas enseñan a los niños y niñas las abe­rraciones más asquerosas y repugnantes que el ser humano se pueda imaginar. ¿Por qué enseñar tales cosas a las niñas y a los niños? ¿No sería mejor que lo ignorasen? ¿No seria mejor que se permitiese la invocación del nom­bre de Dios en la escuela?
    Hasta hace poco la pornografía constituía un escándalo social. Pero hoy está siendo promovida por las propias autoridades que de­biera ser las primeras en tratar de evitarla.
    Las autoridades escolares de la España socia­lista acaban de introducir en la escuela pública un libro titulado: INFORMACIÓN SEXUAL PARA NIÑOS de 5 a 12 años. Un periódico de Madrid publicó una serie de fotografías tomadas del mencionado li­bro. En la primera aparecen un hombre, una mujer, un niño y una niña, desnudos los cuatro, y retratados de frente. Contiene además otras fotografías de desnudos en una cama. Dice el libro que el propósito de tales fotografías es enseñar a los niños y a las niñas la forma de engendrar un niño. Las fotografías son lo más inmoral y escandaloso que ustedes se pueden imaginar. Y las explicaciones que aparecen al pie de cada foto parecen encaminadas a incitar a niñas y niños al ejercicio del sexo por la libre. Ante tanta provocación, incitación, inmorali­dad y falta de respeto a la niñez y a Dios nos preguntamos: ¿Qué piensan los padres y las iglesias? ¿Por qué no surgen voces de protesta, oposición y condena?
   ¿A qué fin conducen la desnudez, la inmoralidad y el libertinaje sexual? ¿Qué frutos podemos esperar? En los primeros días de agosto (1984) una señora que reside en el distrito del Bronx (NY) notó algo anormal en una hijita de 4 años de edad y decidió llevarla al médico. La niña en cuestión se pasaba el día en una guardería infantil a la que acudían 135 niños y niñas. Y se descubrió que no solo ahí sino en guarderías en otras ciudades y estados habían sido violadas niñas y niños.
    Los legisladores socialistas de España aprobaron, en 1983, una ley que determina que el uso de drogas "BLANDAS" no es delito. El resultado de tal apertura a la droga y otros vicios es que a los doce meses habían abandonado sus hogares un millón de jovencitos entre 12 y 16 años que se han convertido en delincuentes callejeros. Hasta ahora los madrileños decían que Madrid era la antesala del cielo. Ahora dicen que se ha convertido en la antesala del infierno.
    Una revista madrileña publicó un artículo titulado: Otoño en Primavera. Su autora, una joven de alrededor de 20 años, dice: El último informe del fiscal general del Estado declara que el ingente consumo de drogas guarda una relación muy estrecha con la comisión de actos delictivos. Estos venenos materiales ensombrecen nues­tro cielo y apagan nuestras flores. Y agrega la autora del citado artículo: Entre los meses de febrero y marzo la prensa española se vistió de luto al tener que informar, repetidas veces, sobre suicidios de escolares a través de varios méto­dos... Y la lista sería interminable.
    ¿Quién nos iba a decir, hace 25 años, que llegaría el día cuando iban a violar a niñas de dos, cuatro, seis, ocho y diez años de edad?
    ¿Quién se iba a imaginar, hace 25 años, que el homosexualismo alcanzaría el 17% de la población; y que la pornografía, la APOSTASÍA, la impiedad, la inmoralidad, el libertinaje, el vicio, la violencia, y el crimen asumirían las proporciones que han asumido ya? La corrupción y podredumbre moral parece que sobrepasan a la situación que imperaron en Sodoma y Gomorra. No hay evidencia de que en aquellas ciudades se cometiesen con niñas y niños los abusos y atropellos que se están cometiendo en estos días.
    ¿Qué mensaje tiene para nosotros el avance incontenible del materialismo, el vicio, la decadencia de los valores religiosos, la falta de respeto al Creador, y los motivos de sufrimiento que azotan a la humanidad? Dice en Génesis 6:5, que "vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal".  Y ante tal estado de cosas, Dios decretó el fin de aquella generación y envió el diluvio que barrió de la faz de la tierra a los que habían desatado sobre ella el imperio de la vio­lencia.
    El arrebatamiento de la Iglesia puede tener lugar en cualquier momento. La humanidad se está preparando para dar la bienvenida al Anti­cristo. Los días sombríos de la gran tribulación están muy cercanos. Debemos resistir la impie­dad y la apostasía y permanecer fieles a las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo.
    Dime, lector, ¿vives consciente de que el Se­ñor puede venir cualquier día? Si viniera hoy ¿te llevaría con Él? Este mundo irá de mal en peor hasta que Cristo venga. La venida de Cristo es la ESPERANZA DEL MUNDO. Jesucristo dará a este mundo la paz, la justicia, y el bienestar que los hi­jos de Adán han anhelado desde el día que nues­tro padre humano fue expulsado del paraíso.
    Los que reconocemos la soberanía de Dios, la veracidad de Su Palabra y la función reden­tora de Jesucristo, vivimos confiados en que:

"DIOS ES NUESTRO AMPARO Y FORTALEZA,  
NUESTRO PRONTO AUXILIO EN LAS TRIBULACIONES" .
Salmo 46:1


escrito en 1984, y desde entonces las condiciones han empeorado,
por lo que pregonamos:


"Prepárate para venir al encuentro de tu Dios"
Amós 4:12  

miércoles, 30 de septiembre de 2020

EN ESTO PENSAD - octubre 2020

¡Maranata!

“En arameo: 'El Señor viene' (1 Co. 16:22)  Este término se puede también leer Maranatha: '¡Ven, Señor!' Ésta era una breve oración de los primeros cristianos, mencionando el retorno de Cristo, pidiendo Su venida en gloria, 'su parusía'" (Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado, Vila y Escuain).

¿Por qué se dice?
    Porque anhelamos Su venida. El Señor nos enseñó a orar así: "venga tu reino". Decir "¡Maranata!" es una manera de expresar esto, y de recordar que el Señor viene. El apóstol Pablo, hablando de la venida del Señor para arrebatarnos, dice: "alentaos los unos a los otros con estas palabras" (1 Ts. 4:18). Expresándolo así nos puede ayudar a ajustar nuestras vidas y actividades para que agraden al Señor, porque Él viene, y cuando venga, ¿qué estaremos haciendo y qué habremos hecho para Él? Como dijo el misionero C.T. Studd: ¡Solo una vida, pronto pasará; solo lo hecho para Cristo durará!

¿Cuándo se dice?
    Se dice, obviamente, antes de la venida del Señor. Sabemos que el primer acto de Su venida será arrebatarnos – el rapto (1 Co. 15:51-52). Esto puede acontecer en cualquier momento – lo cual quiere decir que es inminente. ¿Lo has pensado y dicho hoy?

¿Quién lo dice?
    Los que aman la venida del Señor (2 Ti. 4:8). Por supuesto que solamente un verdadero creyente diría esto, porque la venida del Señor significará los últimos suspiros del sistema de este mundo y todo por lo cual la gente inconversa está viviendo hoy. Los del mundo dicen "adiós" pero no van con Dios ni a Dios. Dicen "hasta luego" pero no saben qué vendrá luego ni dónde estarán. En cambio, nosotros los creyentes andamos con Dios, sabemos a dónde vamos, y anhelamos estar con el Señor en gloria (Col. 3:1-4). El mundo y sus obras serán quemados, pero: "¡Maranata!", el Señor viene, y estaremos con Él para siempre (1 Ts. 4:13-18).  Estimado lector: ¿tu corazón lo desea y lo dice?

¿Dónde se dice?
    Aquí en la tierra, donde estamos esperando Su venida. No lo reserves como frase para terminar tu correspondencia. ¿Dónde estás hoy? Allí mismo, piensa en la venida del Señor. No importa si estás fregando platos, tendiendo ropa, haciendo la compra, yendo o saliendo del colegio, comiendo, andando, trabajando, viajando... piensa en "¡Maranata!".  Así saldrá de los labios de los creyentes en todo lugar. Donde estás hoy, y en medio de eso que haces, el Señor podría venir, y será maravilloso. Aquí estamos de paso, como peregrinos. Vivimos en el mundo, pero no somos del mundo. En este valle de lágrimas los ciudadanos de la patria celestial (Sal. 84) dicen: "¡Maranata!"

¿Cómo se dice?  
    No de cualquier manera, como una coletilla, sin pensar en su sentido. Se dice más bien con admiración: "¡Maranata!", con entusiasmo, con anticipación, con temor reverencial, con sentido de necesidad, con fe. No solamente con la boca, dicho o cantado, sino también con la vida – los hechos. Si realmente crees y deseas "Maranata", mejor no enredarte en las cosas de este mundo (2 Ti. 2:3-4; 2 P. 3:11-12; 1 Jn. 3:3). Cumple fielmente tus responsabilidades, pero  recuerda:  "¡Maranata!" Eleva el pensamiento, "¡Maranata!" ¡Él viene!

¿Y si no...?
    1 Corintios 16:22 dice: “El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene”. Pero las tres últimas palabras en Español: “el Señor viene”, representan solamente un palabra griega, que traducida es: “Maranata”. En este texto Dios pronuncia una maldición sobre todo aquel que no ama al Señor, y por lo tanto no desea Su venida. Pero listos o no, Él vendrá. "¡Maranata!"
    No es una palabra mágica ni de liturgia. Debe expresar el deseo de nuestro corazón y ayudar a orientar nuestros pensamientos. Queremos que el Señor venga, porque le amamos. Y los que no: anatema. No porque lo digo yo, sino porque lo dice la Palabra de Dios. Lo dice el Espíritu de Dios. Y así es. "¡Maranata!"


Carlos

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¿Amas Su Venida?


“Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Ti. 4:8).
    Por muchos años pensé que esta expresión: “...a todos los que aman su venida”, se refería a aquellos creyentes que tenían sentimientos piadosos y amables acerca de la venida del Señor. Serían recompensados con una corona de justicia porque sus corazones ardían cuando pensaban en el Rapto.
    Pero no hay duda de que el versículo significa más que esto. Amar Su venida significa vivir a la luz de Su pronto regreso, comportarse como si Él viniera hoy.
    Amar Su venida significa vivir en pureza moral. Pues como Juan nos recuerda: “todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Jn. 3:3).
    Significa no enredarse en las cosas de esta vida. Debemos poner nuestro afecto y atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Col. 3:2).
    Significa servir al pueblo de Dios, dándoles “el alimento a tiempo” (Mt. 24:45). El Señor pronuncia una bendición especial a favor de aquellos que estén ocupados en esto cuando Él venga.
    Resumiendo, significa que no haremos lo que no quisiéramos estar haciendo cuando Él venga. No iremos a ninguna parte donde nos avergonzaría Su venida. No diremos nada que sea ofensivo en Su presencia.
    Si supieras que Cristo ha de venir dentro de una semana, ¿cómo pasarías los días restantes? ¿Significa que renunciarías a tu trabajo, irías a una montaña y pasarías todo el día leyendo la Biblia y orando? ¿Quiere decir que te dedicarías “a tiempo completo” a la obra cristiana, predicando y enseñando día y noche?
    No es esto, porque si realmente estamos caminando con el Señor y vivimos en el centro de Su voluntad, esto significaría seguir viviendo como hasta ahora lo hemos hecho. En cambio, si estamos viviendo para nosotros mismos, entonces es preciso hacer algunos cambios revolucionarios.
    No basta con tener pensamientos afables acerca de la venida del Salvador. La corona de justicia está reservada para aquellos que la aman lo suficiente para permitir que la verdad moldee sus vidas. No es suficiente sostener la verdad acerca de Su venida; la verdad debe sostenernos.

William MacDonald, De Día en Día, CLIE


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 NUESTRA ESPERANZA

H. A. Ironside

    ¡Esta, pues, es nuestra expectativa, ésta es nuestra esperanza! Y el Señor desea que vivamos día tras día con el pensamiento fijo en el posible cumplimiento de la promesa de Su venida. Cuando nos levantamos por la mañana, cultivemos tal estado de alma que nos lleve a decir: "Cristo puede volver hoy, y si volviera hoy, deseo que me halle viviendo para Su gloria. Quiero que me encuentre andando en obediencia a Su santa Palabra". Y cuando nos entregamos al sueño por la noche que digamos: "Cristo Jesús puede venir esta noche, y puedo descansar en perfecta paz, sabiendo que cuando Él venga, seré arrebatado para recibirle".
    Él ya viene. Oh cuán solemne ha de ser escuchar la voz del Juez, quien en su propia luz nos ha de mostrar cada pensamiento y hecho y palabra. Entonces veremos que algunos hechos que nosotros creíamos meritorios, no eran más que pecados, y en cambio algunas pequeñas acciones que quizás habíamos olvidado, el Señor nos dirá que fueron hechas para El. Será maravilloso llegar a conocer Su opinión acerca de todo esto, pero también será muy solemne.

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¡VENGO PRONTO!


 

     “¡He aquí, vengo pronto!” (Ap. 22:7, 12, 20). “El tiempo está cerca” (Ap. 22:10). No sólo aquí sino en el resto del Nuevo Testamento en general aparecen tales expresiones. En todo lugar la prometida revelación del Señor Jesucristo es representada como algo cercano, inminente, que puede suceder en cualquier momento. La impresión hecha sobre los primeros cristianos era que Cristo vendría en cualquier hora o día. Exactamente cuándo vendrá no les fue dicho en ningún lugar. Según las palabras del Salvador, no era para ellos el saber el tiempo o las sazones que el Padre puso en Su sola potestad (Hch. 1:6-7)... Debemos estar en expectación constante de Su venida en cualquier año, día y hora.
    Ciertamente no tenemos libertad para posponer ni pensar que esté lejos lo que Cristo tan solemnemente declaró como “cerca”. Con el paso del tiempo en la edad de la Iglesia, y especialmente en estos últimos días que nos han tocado vivir, cada creyente debe esperar en cualquier momento la venida de Cristo para cumplir lo que está escrito en este libro [Apocalipsis]. Él nos sacará del mundo, y comenzarán los terribles juicios que preceden Su venida y reino. La Biblia indica que no hay nada entre nosotros y ese día.


traducido y adaptado de Seiss, The Apocalypse ("Apocalipsis"), pág. 528

 

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 EL REINO VENIDERO DEL DIABLO 


     Toda la política y los gobiernos humanos son riachuelos que desembocarán en el terrible reino del diablo, el anticristo y el falso profeta, como Apocalipsis 13 profetiza.
    A los creyentes no nos preocupa esto ni la marca de la bestia, porque no estaremos en este mundo para estas cosas. El Señor Jesucristo ha prometido sacar a la iglesia – los creyentes – del mundo antes de ese horrible tiempo. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, seremos arrebatados en las nubes, para recibir al Señor en el aire. Él nos llevará al cielo consigo, y siempre estaremos con el Señor. Pero en la tierra comenzará el tiempo de la Tribulación, el reino del diablo, y los juicios de Dios que caerán con cada vez más frecuencia sobre la tierra.
    ¡Ay de los engañados y los que no quisieron creer!, porque NO serán arrebatados en las nubes con nosotros, sino dejados atrás. Incluso habrá iglesias que se reunirán el primer domingo después del rapto, porque no son sino falsos creyentes. ¡Asegúrate! Los incrédulos NO recibirán al Señor en el aire. NO estarán siempre con el Señor, sino siempre con el diablo. Serán engañados, creerán la mentira, y serán condenados. No se convertirán, sino que se perderán.

"y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia" (2 Tesalonicenses 2:10-12).

    Éstos se quedarán en tierra, con la desdicha de vivir en un mundo sin cristianos, gobernado por el diablo y el anticristo, el hombre de pecado. ¡Qué mundo será!
    Y los juicios divinos caeran: primero siete sellos se abrirán en el cielo  y cada uno traerá un juicio a la tierra. Habrá terremotos y granizo. Luego siete trompetas se tocarán en el cielo, y cada una anunciará otro juicio que sacudirá este mundo.
    Amigo, si no eres verdaderamente creyente en el Señor Jesucristo, nacido de nuevo, salvo por la gracia de Dios, no estás preparado para el rapto, y no irás con el Señor Jesucristo. No tendrás una segunda oportunidad después durante la Tribulación, porque si no crees ahora, estarás cegado y seguirás al anticristo. Debes arrepentirte ahora, y creer en el Señor Jesucristo ahora. Hoy es tu oportunidad. Mi consejo es:

 ¡Prepárate amigo, porque en un instante Él vendrá,
y los que no estén listos quedarán! 
 
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COSAS QUE GUARDAR 
EN EL LIBRO DE APOCALIPSIS
 
Carlos Tomás Knott
 

Apocalipsis no es un libro para curiosos. Es principalmente para creyentes, y después es una advertencia a los que no creen. No habla solo del futuro, sino del Señor Jesucristo. Da a los creyentes esperanza, y además, muchas cosas que guardar. Promete bendición a los obedientes, los que guardan. Amigo, ¿eres uno? 
 
1. EL QUE LEE     (compara Neh. 8:3-8; Col. 4:16)
    ¿Lees diariamente la Biblia? ¿Cuánto tiempo dedicas a ella?
    ¿Has leído la Biblia entera, de Génesis a Apocalipsis?
    ¿Has leído el libro de Apocalipsis, y cuándo fue la última vez?
    
2. LOS QUE OYEN     (Mr. 6:20; Hch. 8:6; 10:33, ver Ez. 2:5, 7)
  ¿Prestas atención a la lectura de la Palabra de Dios?
  ¿Prestas atención durante las predicaciones o te distraes facilmente?
  ¿Qué haces para retener lo que oyes? ¿Tomas apuntes?

3. LOS QUE GUARDAN  (Ez. 33:30-33; Jn. 14:15, 21, 23-24 Stg. 1:22-25)
  ¿Sacas aplicaciones personales de la lectura de la Palabra y de los             estudios que se dan?
  ¿Qué guardas del libro de Apocalipsis?

Cosas Que Guardar (o imitar) En Apocalipsis

2:5    "Recuerda... de dónde has caído"
         "Y arrepiéntete"
         "Y haz las primeras obras"

2:7    "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias"
       (8 veces - muy importante - 2:11, 17, 29; 3:6, 13, 22; 13:9)

2:10    "No temas en nada lo que vas a padecer"
          "Sé fiel hasta la muerte"

2:16    "Arrepiéntete" (de tener en la iglesia a los que retienen la doctrina de Balaam y la de los nicolaitas)

2:25    "Lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga"

3:2    "Sé vigilante"
         "Afirma las otras cosas que están para morir"

3:3    "Acuérdate...de lo que has recibido y oído"
         "Guárdalo"
         "Arrepiéntete"

3:11    "Retén lo que tienes"

3:18-19  Consejos de Cristo:
     "Que de mi compres":
        1. "Oro refinado en fuego"
        2 "Vestiduras blancas"
    "Y unge tus ojos con colirio"
    "Sé... celoso, y arrepiéntete"

* Cristo llama a 5 de las 7 las iglesias a arrepentirse en Cc. 2-3. En cambio, en 9:20-21 y 16:8-11 y 21 los del mundo no se arrepienten, a pesar de los grandes juicios de Dios.

Cc. 4-5   La adoración de Dios y del Cordero

5:8; 6:9-11; 8:1-5 Las oraciones de los santos

14:7    "Temed a Dios"
           "Dadle gloria"
           "Adorad"

15:1-4    Cantar cánticos celebrando los justos juicios de Dios

18:4    "Salid de ella, pueblo mío"  – la separación

18:20    "Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas"

19:5    "Alabad a nuestro Dios todos sus siervos y los que le teméis"

19:7    "Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria"

19:10    "Mira, no lo hagas" – no adoremos a ángeles ni les                        rindamos culto 
  "Adora a Dios" (22:9)
 
22:11    "El que es justo practique la justicia todavía"
             "El que es santo santifíquese todavía"

22:17    “Ven” (¿dicho al Señor o a los inconversos?)
             "Venga... y... tome del agua de la vida"
                       
22:20    “Amén” (así sea)
             “Sí” (afirmación)
            “Ven, Señor Jesús” (invitación, de los que aman Su venida; 2 Ti. 4:8)   

EL TIEMPO ESTÁ CERCA (22:10)
Sal. 90:12    “enséñanos de tal modo a contar nuestros días...”
Ro.13:11-12    “conociendo el tiempo...la noche está avanzada”
1 Co. 7:29    “el tiempo es corto”
Ef. 5:16        “aprovechando bien el tiempo... los días son malos”
Stg. 5:7-9    “el juez está delante de la puerta”
1 P. 4:7        “el fin de todas las cosas se acerca”
Ap. 1:1        “deben suceder pronto”
Ap. 1:7        “he aquí que viene”
Ap. 22:7    “¡He aquí, vengo pronto!”
Ap. 22:12    “He aquí yo vengo pronto”
Ap. 22:20    “Ciertamente, vengo en breve”
           
¿Cuándo piensas hacer caso de la Palabra de Dios, y ser un creyente obediente, si no hoy?


¿Cuándo piensas arrepentirte y creer el evangelio, si no hoy?


¿Cuándo piensas obedecer y guardar la Palabra de Dios?


¿Cuándo tomarás en serio a Dios y Su Palabra?

“No te jactes del día de mañana, 
porque no sabes qué dará de sí el día” 
Proverbios 27:1 

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¿Cristo o el Purgatorio?
 

“Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.  Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,  nació de Santa María Virgen;  padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos;  subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos; el perdón de los pecados,  la resurrección de la carne;  y la vida eterna. Amén”.
 
Así confesaba yo el Credo como todo buen católico. Sí, mis padres me criaron en la Iglesia Católica, y siempre aseguraban que nunca me ausentara de mis clases de catequismo y que entendiera todas las ordenanzas, especialmente la celebración de la misa. De todas las enseñanzas de nuestra iglesia, la única que me molestaba tenía que ver con el purgatorio. Como todos los miembros de mi familia, tenía miedo terrible de lo que mi alma experimentaría después de la muerte.
    Cuando tenía como treinta años notaba un cambio en mis padres. Parecía que ya no temieron la muerte como antes. No iba a confesión ni a misa, sino asistían a un lugar donde cantaban y luego escuchaban a alguien predicar sobre la Palabra de Dios. ¡Me parecía bien extraño, que les extraviaba esa otra religión, que les desviaría del camino correcto, el de siempre, y que habían perdido interés en su estado eterno! No podía entender esto, porque sabía que nadie puede entrar en el cielo sin tener sus pecados limpiados.
    Cuando les relaté mi preocupación, me aseguraron que eran cristianos más que nunca, que creían en Dios y el Señor Jesucristo y que habían hallado la salvación eterna. Me dirigieron a la Palabra de Dios y lo que dice acerca de cómo limpiarme de mis pecados. Empecé a leer el Antiguo Testamento. Hallé que el Salmo 65:2-3 dice: “Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne. Las iniquidades prevalecen contra mí; mas nuestras rebeliones tú las perdonarás”. Salmo 79:9 dice: “Ayudanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y libranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre”. Estos versículos no dicen que hay un purgatorio ni dónde está, pero sí, dicen que es Dios quien nos limpia de nuestros pecados.
    Proverbios 16:6 dice: “Con misericordia y verdad se corrige el pecado”. Este versículo implica que la limpieza del pecado es un acto de misericordia divina e involucra el entendimiento de la verdad. En Isaías 6:5-7, el profeta reconoce sus pecados y exclama: “Ay de mí”. Después un ángel de Dios tocó su boca con un carbón tomado del altar de Dios. Le dijo: “He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”. Ese mismo día y momento los pecados de Isaías fueron limpiados.
    Notamos que estos versículos no dicen nada de ningún lugar llamado “purgatorio”, donde sufrimos por nuestros pecados. Así que luego miraba en el Nuevo Testamento, y llegué a Hebreos 1:3 que dice que Jesucristo limpió nuestros pecados antes que ascendió al cielo. Puesto que Jesucristo es Dios, es el que en los Salmos perdona nuestros pecados. Pero nada dice de un purgatorio.
    Fue entonces que descubrí algunos versículos que abrieron mi entendimiento. 1 Pedro 2:24 dice: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero para que nosotros estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”. Mientras que Jesús fue clavado en la cruz, Dios extendía Su mano para cargar nuestros pecados sobre Su Hijo, y luego le castigó en nuestro lugar. Fue entonces cuando mis pecados y los tuyos fueron limpiados, sobre la cruz del Calvario. El Señor Jesucristo experimentó la ira y el juicio de Dios contra nuestros pecados, e hizo todo lo necesario para “purgarnos”, al morir como nuestro Sustituto.
    ¿Está de acuerdo el resto de la palabra de Dios con esta idea? En Efesios 2:8-9 leemos: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe”. Volviendo a Proverbios 16:6 entendemos que la limpieza de pecados viene a través de la obra de Cristo, la misericordia de Dios y nuestro entendimiento y fe en la verdad del evangelio. Evitamos la ira de Dios al confiar en el Señor Jesucristo como nuestro Salvador, y así experimentamos la gracia de Dios. Nunca ha sido el propósito de Dios que suframos para expiar nuestros pecados – de hecho eso es imposible. “En ningún otro hay salvación” dijo el apóstol Pedro (Hechos 4:12).
    Entonces, ¿cómo podemos aprovecharnos de la misericordia y la gracia de Dios? Solamente dos requisitos son mencionados a través de todo el Nuevo Testamento. Son resumidos en Hechos 20:21 donde dice: “Arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo”.
    Cada vez que asistía a la confesión, tenía una actitud penitente, pero eso no es lo mismo que el arrepentimiento. La penitencia es una emoción. El arrepentimiento es un cambio en la forma de pensar y actuar. Los penitentes vuelven a sus pecados y a la confesión buscando absolución porque no están libres de la esclavitud al pecado. Cristo dijo: “todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”. Lo que necesitaba no era absolución sino perdón y libertad – una vida nueva. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (S. Juan 8:36). Eso no lo promete la iglesia, porque los sacerdotes y sacramentos no pueden darlo.
    Mi problema, como todo buen católico, era que mi fe descansaba en la iglesia y sus sacramentos,  no única y exclusivamente en la Persona y obra de Jesucristo. Solo Él puede limpiarnos de nuestros pecados, pero no cuando repartimos nuestra fe entre Él, la Iglesia, los sacramentos, los santos, nuestras obras, etc. Tenía que aprender que no así es la salvación. Al fin hice como el Rey David en Salmo 51:1-10, me confesé pecador y confié en Jesucristo mi Sustituto que sufrió por mí en el Calvario, para que me salvara. Abandoné toda confianza en sacramentos y obras, y confié en el Señor Jesucristo, y Él me salvó.
    Ahora sé la verdad de Romanos 5:9, “estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira”. También he entendido la verdad de 1 Corintios 15:55-57, “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Ahora, como creyente, no tengo ninguna razón de temer la muerte y lo que venga después.
    Amigo, si todavía sientes el peso del pecado y temes el juicio de Dios, debes hacer lo que yo hice. Entonces experimentarás el gozo de saber que todos tus pecados son perdonados, y al venir la muerte tu alma será llevada directamente al cielo. Para siempre estarás con el Señor.
    “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9-10). La única forma de recibir perdón y limpieza del pecado es por medio de la fe en el Señor Jesucristo como único y suficiente Salvador.
                        P. K. adaptado