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miércoles, 22 de junio de 2016

EN ESTO PENSAD - julio 2016

Consejos Acerca Del Noviazgo


El Contacto Físico Antes De Casarse

    1 Timoteo 5:2 manda a los jovenes a tratar a las jovencitas "como a hermanas, con toda pureza". Las caricias físicas son privilegio de los casados (Gn. 26:8-9), además, provocan emociones y pasiones sexuales y así forman parte de los actos preliminares al sexo. No tienen lugar alguno en una relación entre jóvenes cristianos fuera del matrimonio. Es una forma de ser egoísta, carnal e irresponsable, y no es un acto de amor cristiano entre la pareja. Si estás preparado para el matrimonio (no sólo en tu propia opinión) y has hallado a la persona idónea (no sólo porque tú lo sientas, sino porque se ha demostrado que es la voluntad de Dios), y no puedes esperar más para esas expresiones de amor, entonces cásate. El matrimonio es la provisión divina para la satisfacción de los deseos físicos (y es muchísimo más, pero también incluye eso). El mundo no lo cree, pero el mundo anda y razona malamente, y millones de vidas han sido arruinadas siguiendo el rumbo y las costumbres del mundo.
    Considera seriamente la respuesta correcta a esta pregunta: ¿Qué base bíblica tendrías para manifestar afecto físico a una mujer que no es tu esposa?
    Si entras en un noviazgo, un compromiso formal, ¿es lo mismo que estar casado, tienes los mismos privilegios y responsabilidades? ¿Cuándo comienza el matrimonio? Tus respuestas deben ser bíblicas.

Criterio Para Escoger A Una Esposa
1. Debe ser creyente bautizada y en comunión (2 Co. 6:14).
2. Debe ser la mujer que Dios escoge, esto es "en el Señor" (1 Co. 7:39), o sea, según Su voluntad, no sólo una cuya apariencia te agrade, o que alguien te haya sugerido y puesto en la mente, tratando de hacer parejas, ni una persona que porque sueñas con ella, o sientes cierta atracción, deduces que debe ser la mujer para ti. Hay muchos matrimonios fracasados que comenzaron así.
3. Debe ser una mujer con carácter cristiano demostrado (piadosa, modesta, casta, afable, apacible, sobria), una mujer de oración y devota del Señor que demuestra que es coheredera de la gracia de Dios. No una que ha estado buscando a un hombre, coqueta, parpadeando, apareciendo arreglada en todos los lugares “correctos” pero con su atención en los solteros.
4. Debe ser una mujer que toma el lugar de sumisión que Dios le asigna, no a regañadientes, ni de fachada, sino en verdad. Observa especialmente cómo es en su propia casa con la familia, en relación con sus padres. ¿Cómo es ella en la iglesia con respecto a los ancianos y los demás hermanos? ¿Cómo es en su forma de hablar y tratar contigo? Que no dé señales de un carácter dominante, o de querer mandar o manipular. (¿Expresa en privado que está en desacuerdo o fastidiada con sus padres, los ancianos, u otros en lugares de autoridad? ¿Es agresiva o dominante, tiene que expresar su opinión sobre todo, te aconseja o trata de sugerir qué decisiones has de tomar?)
5. Debe ser una mujer que sabe cuidar una casa, cosas como cocinar, coser, mantener la casa limpia, ordenada y atractiva.
6. Debe ser una mujer servicial, dada a la hospitalidad.
7. Debe ser una mujer no adicta a cosas materiales, no codiciosa, no desea tener lo que los demás tienen, sin ambiciones sociales.
8. Debe ser una mujer dispuesta a moverse en la vida cuando el Señor llame.
9. Debe ser una mujer que será una buena madre de hijos, que cumplirá con amor y ánimo pronto las tareas de una madre, sin malcriar a sus hijos.
10. Debe ser una mujer dispuesta a aceptar y tener por suyos los objetivos de su marido, y orientarse a él, no tratar de orientarle a ella.
11. Lo físico no es de gran importancia, ya que no te casarás con un rostro o cuerpo, sino con una persona y el carácter y conducta de esa persona.
* El hecho de que hayas encontrado a una mujer así NO indica que debería ser la tuya, porque hay más de una que es así. Es un tema para poner en oración, no solamente tú a solas con Dios, sino también y muy importante: ante los ancianos de la iglesia para su oración y consejo, antes de llegar a ninguna conclusión. Y por supuesto, antes de comenzar deberías hablar con los padres tuyos y los de la mujer pidiendo sus oraciones, consejos y permiso. No te fíes de tus sentimientos. Cierto es que si es la voluntad de Dios, alguien más que tú lo verá claro.

O. J. Gibson, de sus notas tituladas: MAN TO MAN, "De Hombre a Hombre"

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¿Qué Es El Arrepentimiento?

Tomás Kember, misionero en Obregón, México
    
La maravilla del Evangelio es que no nos manda a cambiar nuestras vidas. Sin embargo, para ser salvos nos manda a arrepentirnos. Cristo dijo: “Arrepentíos, y creed en el evangelio” (Mr. 1.15). Pedro dijo: “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hch. 3.19). Pablo testificaba “acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hch. 20.21). Comúnmente se oye que el arrepentimiento significa cambiar el comportamiento, volverse a Dios, confesarle sus pecados, darle un giro a su vida, o darle la espalda al pecado, entre otras explicaciones. ¿Son expresiones correctas, o hacen que el inconverso se confunda aun más?
    El énfasis en los resultados del arrepentimiento se debe muy probablemente a la frustración de personas “salvas” cuyas vidas dan poca evidencia de un verdadero arrepentimiento. Pensamos que si enfatizamos este lado del arrepentimiento, veremos más verdadero arrepentimiento. Pero, si una persona encamada por una enfermedad no puede caminar, decirle que se esfuerce a caminar no lo hará más posible. Primero necesita ser sanada.
    Juan el Bautista predicó: “Haced... frutos dignos de arrepentimiento” (Mt. 3.8). Si bien los frutos son evidencia del arrepentimiento, hay por lo menos cuatro diferencias entre el arrepentimiento y su fruto. El primero es invisible; el otro, visible. Uno tiene que ver con la actitud; el otro con las acciones. Uno se hace en un momento; el otro de por vida. Uno es la postura adoptada por el inconverso; el otro se realiza a partir de ser salvo por el poder del Espíritu Santo. Aun la palabra en griego traducida como “arrepentimiento” significa lo mismo: metanoia  – pensamiento posterior, cambio de parecer (Diccionario Expositivo Vine).
    Si se trata de cambiar el comportamiento para poder ser salvo, entonces estamos diciendo que la salvación está condicionada a las buenas obras. La Biblia dice que la salvación no es por obras, “para que nadie se gloríe” (Ef. 2.9). No deberíamos poner condiciones si la Biblia no las pone. El arrepentimiento involucra la fe. Es creer lo que Dios está diciendo en contra de usted respecto a sus pecados y lo que ellos merecen. ¿Puede leer Romanos 3.9-19 y aceptar que cada una de estas acusaciones se aplica a usted? Esto es arrepentirse y darle la razón a Dios. “Antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Ro. 3.4). Luego añade: “Para que seas (Dios) justificado en tus palabras”. Justificar a Dios es darle a Él toda la razón.
    El arrepentimiento no es confesarle a Dios los pecados. En este caso la salvación dependería de una buena memoria. ¿Acaso piensa usted que podría recordar todos sus pecados? Basta con reconocer que es un pecador digno de la ira eterna de Dios. Tal vez esta noción de confesar los pecados se debe a que se malentiende lo siguiente: “Si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Jn. 1.9). ¿Estas palabras son para quién? “Nosotros” se refiere al apóstol Juan y a sus lectores, personas ya salvas. Se trata de la confesión de un hijo a su Padre Dios en la familia, no de un condenado ante Dios como Juez en la corte.
    No intente cambiar su vida, estimado lector, sino reconozca su vergonzosa pecaminosidad y, ya arrepentido, descanse en esta preciosa verdad: Cristo “llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 P. 2.24). Después verá los gratos resultados del arrepentimiento en su vida.

del Mensajero Mexicano, junio, 2016, usado con permiso
www.mensajeromexicano.com
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 ¡APAGA LA TELE 
Y LEE UN BUEN LIBRO: 
LA BIBLIA!


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Los hijos desobedientes
deshonran a Dios y a sus padres.

La desobediencia no debe ser permitida, consentida, disculplada, explicada, pasada por alto, porque:

· Es pecado

· Desagrada a Dios

· Deshonra a los padres

· Radica en una actitud

· Incluye la demora

· Es de los necios

· No tiene bendición

· Será castigada

p.d.  Los padres que ni enseñan ni corrigen 
a sus hijos desobedecen a Dios. 

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La  Formación del Carácter de los Niños
parte II
Philip Doddridge (1702-1751)

Hay que enseñar a los niños a ser humildes. Esta es una gracia que el Señor nos invita particularmente a aprender de él y lo que con más frecuencia nos recomienda, sabiendo muy bien que sin ella un plan tan humillante como el que vino a presentar nunca hubiera sido recibido. Y en cuanto a la vida presente, es un adorno muy hermoso que se gana la estima y el afecto universal, de modo que antes de la honra viene la humildad (Prov. 15:33). En general, encontramos que el que se exalta a sí mismo será humillado, y el que se humilla a sí mismo será exaltado, tanto por Dios como por el hombre.

    Por lo tanto, querer el bienestar, la honra y la felicidad de nuestros hijos debiera llevarnos a un esforzarnos tempranamente a frenar ese orgullo que fue el primer pecado y la ruina de nuestra naturaleza y que se extiende tan ampliamente y se hunde tan profundamente en todo lo que tiene su origen en la degeneración de Adán. Debemos enseñarles a expresar humildad y modestia en toda su manera de ser con todos.

    Hay que enseñarles que traten a sus superiores con especial respeto y, en los momentos debidos, acostumbrase a guardar silencio y ser prudentes ante ellos. De este modo aprenderán en algún grado a gobernar su lengua, una rama de la sabiduría que, al ir avanzando la vida, será de gran importancia para la tranquilidad de otros y para su propio confort y reputación.

    Tampoco debe permitirles ser insolentes con sus pares, sino enseñarles a ceder, a favorecer y a renunciar a sus derechos para mantener la paz. Para lograrlo, pienso que es de desear que por lo general se acostumbren a tratarse unos a otros con respeto y en conformidad con los modales de las personas bien educadas de su clase. Sé que estas cosas son en sí mismas meras insignificancias, pero son los guardias de la humanidad y la amistad, e impiden eficazmente muchos ataques groseros que puedan surgir por cualquier pequeñez con posibles consecuencias fatales...

    En último lugar, hay que enseñar a los niños a negarse a sí mismos. Sin un grado de esta cualidad, no podemos seguir a Cristo ni esperar ser suyos como discípulos, ni podemos pasar tranquilos por el mundo. Pero, no obstante lo que pueda soñar el joven sin experiencia, muchas circunstancias desagradables y mortificantes ocurrirán en su vida que descontrolarán su mente continuamente si no puede negar sus apetitos, pasiones y su temperamento. Por lo tanto, hemos de esforzarnos por enseñar inmediatemente esta importante lección a nuestros hijos, y, si tenemos éxito en hacerlo, los dejaremos mucho más ricos y felices por ser dueños de sus propios espíritus, que si les dejáramos los bienes materiales más abundantes o el poder ilimitado que el poder sobre otros pudiera producir.

    Cuando un ser racional se convierte en el esclavo del apetito, pierde la dignidad de su naturaleza humana al igual que la profesión de su fe cristiana. Es, por lo tanto, digno de notar que cuando el Apóstol menciona las tres ramas grandiosas de la religión práctica, pone la sobriedad primero, quizá sugiriendo que donde ésta se descuida lo demás no puede ser practicado. La gracia de Dios, es decir, el evangelio, nos enseña a vivir sobria, recta y piadosamente. Por lo tanto, hay que exhortar a los niños, al igual que a los jóvenes, a ser sobrios, y hay que enseñarles desde temprano a negarse a sí mismos. Es un hecho que sus propios apetitos y gustos determinarán el tipo y la cantidad de sus alimentos, muchos de ellos destruirían rápidamente su salud y quizá su vida, dado que con frecuencia el antojo más grande es por las cosas que son más dañinas. Y parece muy acertada la observación de un hombre muy sabio (quien era él mismo un triste ejemplo de ello) que el cariño de las madres por sus hijos, por el que los dejan comer y beber lo que quieran, pone el fundamento de la mayoría de las calamidades en la vida humana que proceden de la mala condición de sus cuerpos. Más aún, agregaré que es parte de la sabiduría y del amor no sólo negar lo que sería dañino, sino también tener cuidado de no consentirlos con respecto a los alimentos ni la ropa. Las personas con sentido común no pueden menos que ver, si reflexionaran, que saber ser sencillos, y a veces, un poco sacrificados, ayuda a enfrentar muchas circunstancias en la vida que el lujo y los manjares harían casi imposible hacerlo.

    El control de las pasiones es otra rama del negarse a sí mismo a la que deben habituarse temprano los niños, y especialmente porque en una edad cuando la razón es tan débil, las pasiones pueden aparecer con una fuerza y violencia única. Por lo tanto, hay que tener un cuidado prudencial para impedir sus excesos. Con ese propósito, es de suma importancia que nunca permita que hagan sus caprichos por su obstinación, sus gritos y clamores, permitirlo sería recompensarlos por una falta que merece una severa reprimenda. Es más, me atrevo a agregar que es muy inhumano disfrutar de incomodarles con mortificaciones innecesarias, no obstante, cuando anhelan irrazonablemente alguna insignificancia, por esa misma razón, a veces se les debe negar, a fin de enseñarles algo de moderación para el futuro. Y si, por dichos métodos, aprenden gradualmente a dominaar su genio y antojos, aprenden un aspecto considerable de verdadera fuerza y sabiduría...
traducido de The Godly Family

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    "El sauce crece con rapidez, y lo mismo sucede con los creyentes jóvenes. Si quiere ver hombres de nota en la iglesia de Dios, búsquelos entre los que se convirtieron en su juventud...nuestros Samuel y Timoteo surgen de los que conocen las Escrituras desde su juventud. ¡Oh Señor! Envíanos muchos así cuyo crecimiento y desarrollo nos sorprenda tanto como lo hace el crecimiento de los sauces junto a los ríos".
–Charles Spurgeon (1834-1892)

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“Conquista la Voluntad del Niño”

Para formar la mente de los niños, la primera cosa que hacer es conquistar su voluntad y traerlos a una disposición obediente. Informar el entendimiento es un trabajo que requiere su tiempo, y con niños debe proceder lenta y gradualmente según puedan soportarlo.  Pero la sujeción de la voluntad es algo que debe hacerse en seguida, y cuanto antes, mejor. Porque si descuidamos la corrección a tiempo, ellos contraerán una terquedad y obstinación que después a penas serán conquistadas, y nunca sin usar tal severidad que sería tan dolorosa a mí como al niño. En la estimación del mundo pasan por benignos e indulgentes aquellos a quienes yo llamo padres crueles, que permiten que sus hijos formen hábitos los cuales ellos saben que después tendrán que ser quebrantados. Además, algunos son tan neciamente dispuestos como para enseñar en broma a sus hijos a hacer cosas que más tarde los castigarán severamente si los hacen.
    Cuando un niño es corregido, debe ser conquistado; y esto no será demasiado difícil si no se ha vuelto cabezón debido a demasiada permisividad. Y cuando la voluntad del niño es totalmente sojuzgada, y traída a reverenciar y respetar a sus padres, entonces muchas tonterías de niños e inadvertencias pueden ser evitadas. Algunas deberían ser pasadas por alto sin echarles cuenta, y otras reprendidas suavemente, pero ninguna transgresión voluntariosa debe serles perdonada a los niños sin castigo, más o menos según la naturaleza y circunstancias de la ofensa.
    Insisto en conquistar siempre la voluntad de los niños, porque es el único fundamento fuerte y razonable de una educación religiosa, y sin esto tanto precepto como ejemplo serán ineficaces.  Pero cuando sea bien hecho, entonces el niño es capaz de ser gobernado por la razón y piedad de sus padres hasta que su propia comprensión llegue a madurez y los principios de la religión se hayan arraigado en su mente.
    Aún no puedo despedir este tema. Debido a que la voluntad propia es la raíz de todo pecado y miseria, cualquier cosa que favorezca o nutra esta voluntad en los niños asegura su mal estar y falta de piedad en el futuro. Lo que sirva para parar y hacer morir la voluntad propia también promueve su futura alegría y piedad. Esto está todavía más claro si consideramos además que la religión no es otra cosa que hacer la voluntad de Dios y no la nuestra.  El gran impedimento singular a nuestra felicidad temporal y eterna es esta voluntad propia, así que ninguna indulgencia de ella puede ser trivial, y ninguna negación de ella carece de beneficio.  El cielo y el infierno dependen sólo de esto. Por esto, el padre o la madre que estudia sojuzgarla en sus hijos colabora con Dios en la renovación y salvación de un alma. El padre que trata con permisividad e indulgencia a sus hijos hace el trabajo del diablo, hace impracticable la religión, inaccesible la salvación, y hace todo lo posible para condenar a sus hijos, alma y cuerpo, para siempre.
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    Susanna Wesley tuvo 19 hijos, de los cuales son Juan y Carlos a quienes conocemos como predicadores del evangelio y compositores de himnos. Ella escribió estas y muchas otras instrucciones a su hijo Juan y aparecen en el libro: The Journal of John Wesley (“El Diario de John Wesley”), Moody Press
 

miércoles, 1 de junio de 2016

EN ESTO PENSAD -- junio 2016




 La Palabra de Dios

 
La Biblia es la Palabra inspirada de Dios. Consiste de sesenta y seis libros individuales, agrupados en dos grupos o tomos llamados el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. La división entre estos dos Testamentos marca el punto de la venida al mundo del Señor Jesucristo.
    La Biblia fue escrita por hombres, pero no hombres cualesquiera, sino hombres santos (2 P. 1:21), divinamente escogidos, guiados e inspirados por el Espíritu Santo de Dios. Dios les mandó y guió a escribir no sus propias palabras sino la Suya. Por eso es llamada la Santa Biblia o las Sagradas Escrituras. Hoy día ha sido traducida fielmente a casi todo idioma conocido. Cualquiera puede leerla, y debe ser leída por todos. Muchos desconfían de la Biblia o la critican sin haberla leído, porque se dejan influir por temores o prejuicios personales o de otros, de cosas que han escuchado o leído, pero sin leer ellos mismos la Biblia.
    Pero merece la pena leer y considerar el más grande de todos los libros. Nuestro propósito es ayudar, especialmente a creyentes jóvenes, a escudriñar, reverenciar y obedecer la Palabra de Dios, de modo que Su autoridad sea aceptada en toda faceta de nuestra vida.
   
La Autoridad de la Palabra
 
   Puesto que la Biblia es la Palabra de Dios, no de los hombres, debe ser la guía del creyente en todo. Ella contesta todas nuestras preguntas, ilumina nuestra senda en la vida, y nos guía especialmente a cumplir nuestras responsabilidades con Dios, con nuestros hermanos en Cristo y con el mundo. Dios ha hablado en Su Palabra, y por eso debemos escuchar atentamente.  La Palabra de Dios y sólo ella es nuestra autoridad final. Si el Libro nos dice: “así ha dicho el Señor”, esto resuleve todo. Leemos de personas que tuvieron temor de Su Palabra (Sal. 119:161). Otras la recibieron no como palabra de hombres, sino como es en verdad, la Palabra de Dios, que “la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Ts. 2:13). Los creyentes “sentían una misma cosa” (Fil. 2:2) en la medida que se sujetaban al Señor y fueron guiados por Su único Libro.
    Tenemos en nuestras manos y nuestro idioma este Libro para leer, entender y obedecer. Contiene toda la revelación de Dios, perfecta y completa. Nada puede ser añadida ni quitada de ella (Ap. 22:18-19). “Toda palabra de Dios es limpia” (Pr. 30:5), y “toda la Escritura es inspirada por Dios, y  útil...” La Biblia dice que es inspirada (Su testimonio interno), y la experiencia cristiana demuestra que es así. ¡Qué tesoro es!
    En este libro precioso, Dios ha guardado todo el consejo y conocimiento que necesitamos como hijos Suyos. Nos habla no sólo de la salvación, sino también de todo paso que debemos dar desde el día de nuestra conversión hasta que nuestros pies estén en las calles del cielo. Por eso debemos valorar mucho la Biblia, y hacerla nuestra compañera constante, consejero fiel y espiritual, el alimento para nuestra alma y la espada para nuestras batallas.
    Curiosamente, Satanás divide en partes la Palabra de Dios, llamando una parte “esencial” y otras partes “no esenciales”.  Pero el hijo de Dios que ama la Palabra de su Padre se deleita en decir: “...Estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas, y aborrecí todo camino de mentira” (Sal. 119:128). En Su Palabra Dios ha revelado clara y plenamente Su voluntad, no sólo acerca de la salvación sino también acerca del bautismo, la comunión en la iglesia y el retorno del Señor Jesús. Ningún hombre ni grupo de hombres tiene derecho a modificar ni reemplazar con sus ideas el camino de la salvación ni la verdad de la Biblia acerca de esos otros temas.
    Así que, toma la Palabra de Dios y sólo ella como tu guía. Sujeta todo lo que oyes y lees de los hombres a la prueba de la Palabra. Si algo no se conforma a ella, recházalo aunque sean eruditos, estudiosos o famosos los que digan que es así. Ante los hombres que insisten que hay que obedecerles porque ellos tienen autoridad, recuerda siempre esto: hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.
    Es lo que hacían los de Berea al oír la predicación de nadie menos que el apóstol Pablo. La Palabra de Dios los pone como ejemplo, diciendo: “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hch. 17:11). Dios los llamó “nobles” porque hicieron esto. Las tradiciones venerables de los hombres, aunque estén en lugares de autoridad, no deben ni pueden reemplazar la autoridad de la Palabra de Dios. Aunque tengamos que sufrir por ello, debemos decir, como los apóstoles: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch. 5:29).


traducido de Focus On The Word Of God, by John Ritchie Ltd., Kilmarnock, Escocia

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DOS HIJOS

“Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Lucas 15:21  “Padre...yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese”. Juan 17:1, 4

En estos dos textos aparecen dos hijos, y cada uno vuelve a su casa. Cada uno habló con su padre acerca de los años que habían pasado. El hijo pródigo había vivido una vida egoísta y desenfrenada. Se salió con la suya, pero ¿a qué coste? Desperdició su porción de la herencia y ensució el honor de su padre. Por esto, tuvo que volverse humildemente a su padre, y reconocer sin reservas ni autojustificación el mal que había hecho, y reconocer la pérdida de sus derechos como hijo. Ya no podía demandar nada, pues todo lo había perdido.
    Pero el caso del otro hijo, el Señor Jesús, el Hijo eterno, fue completamente distinto. ¡Hermoso Hijo! Aunque poseía todo y tenía derecho a todo, nunca actuó por Su propia cuenta, ni desperdició nada de lo que el Padre le había dado. Sólo se marchó del cielo para hacer la voluntad de Su Padre. El honor del Padre era Su gran pasión, Su única delicia. A gran precio, el sacrificio de sí mismo, cumplió la voluntad del Padre. Fue obediente hasta muerte, y muerte de cruz. Entonces, Su vuelta a casa no fue en humillación ni con confesión, sino al contrario, en triunfo y con gozo, y se sentó a la diestra del Padre en la gloria. El Hijo de Dios es digno de nuestra adoración. Además, debemos también imitar Su ejemplo, ser obedientes aunque cueste gran sacrificio, y vivir para glorificar al Padre, no para nuestras pequeñas metas egoístas.        
 
adaptado del calendario devocional “Choice Gleanings”

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 El Lado Hermoso Del Calvario

Cuando nos reunimos para recordar al Señor, en la Santa Cena, a veces nos ocupamos solamente con el lado "feo" del Calvario, ¡y no debemos olvidarlo, por supuesto! Éramos pecadores y el Señor Jesús cargó con nuestros pecados, y sufrió el juicio del Dios santo y justo, en nuestro lugar. No obstante, debemos ocuparnos también con el lado hermoso del Calvario, que es el lado visto por los ojos del Padre. Con demasiada frecuencia no apreciamos que lo que ascendió fue un olor grato al Padre. Podríamos emplear las palabras del himno:

    Amados con un amor que no tiene medida,
    Excepto el amor del Padre hacia Ti.
    Bendito Señor, tesoros en nuestro corazón,
    Son todos los pensamientos del Padre acerca de Ti.

    Todo Su gozo, descanso y placer,
    Todo Su delicia profunda en Ti,
    Señor, sólo Tu corazón puede medir
    Lo que Tu Padre halló en Ti.

    Ese lado del Calvario es expuesto hermosamente en la ofrenda quemada, el holocausta (Lv. 1). Esa ofrenda tenía que estar ardiendo continuamente delante de Jehová, y nos ilustra las perfecciones y bellezas que el Padre halló en Su Hijo cuando Él se ofreció completamente a Dios. ¡Qué devoción! Fue la encarnación de la perfección absoluta, por dentro y por fuera. Exhaló pureza y perfección en todo aspecto de Su Persona: Su mente, energía, motivos y andar. Veamos también este lado hermoso del Calvario como el Padre lo vio. Aquella ofrenda fue grata a Dios, y nuestro es el privilegio de conocer, apreciar y compartir ese aspecto de Sus pensamientos acerca de Su Hijo. 

 Steve Hulshizer, de la revista “Milk & Honey” (Leche y Miel)

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¡GRACIAS!

al Señor, y también a todos por las oraciones a favor de la hermana Dolores Fernández después de su caída y la rotura de su fémur. Tras una semana en el hospital y una larga operación, le dieron el alta y ahora está en casa, en una cama especial, y tiene también silla de ruedas porque no debe ponerse de pie durante tres meses para que se cure bien de la operación. Luego necesitará fuerzas para comenzar la rehabilitación. Sigamos orando por ella y su marido Lucas.
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 En el año sólo hay dos días en que no se puede hacer nada. Uno es ayer. El otro es mañana. Hoy es día de salvación.
"Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones"

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 Cómo Hacer de los Hijos
unos Perfectos Delincuentes
                    1. Denle a su hijo, desde la infancia, cuanto desee: así crecerá convencido de que los demás en la vida le deben algo.
2. Si dice tonterías o hace algo indebido, ríense: creerá que es muy gracioso.
3. No le lleven a reuniones de la iglesia ni le dé ninguna formación espiritual. ¡Ya escogerá cuando sea mayor!
4. Nunca le digan: “Esto está mal”. Podría adquirir complejo de culpabilidad. Más tarde, si es detenido por alguna infracción, estará convencido de que la sociedad le persigue.
5. Recogan todo lo que él tire por los suelos: así creerá que todos están a su servicio y será más desconsiderado de otros.
6. Dejen que lea lo que se le antoje. Limpien con detergente desinfectante la vajilla en la que come, pero que su espíritu se recree en cualquier basura.
7. Discutan siempre delante de él. Se irá acostumbrando y, cuando la familia esté ya destrozada, no se dará ni cuenta.
8. Denle cuanto dinero pida, no sea que sospeche que para disponer de él se debe trabajar.
9. Nunca le digan: "no". Que todos sus deseos sean satisfechos... ¡de otro modo resultaría un frustrado!
10. Denle siempre la razón y defiéndanle aunque haga lo malo: son los profesores, la gente, la ley.., quienes la tienen tomada con el pobre muchacho.

Y cuando su hijo resulte ya un desastre, exclamen que nunca pudieron hacer nada con él. 
 

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 La  Formación 
del Carácter de los Niños

Philip Doddridge (1702-1751)


Hay que educar a los niños de modo que sean obedientes a sus padres.  Este es un mandato que Dios ordenó desde el Monte Sinaí anexando al mismo la singular promesa de larga vida, una bendición que los jóvenes desean mucho (Éx. 20:12). Es por eso que el apóstol observa que es el primer mandamiento con promesa, o sea, un mandato muy excepcional por la forma como incluye la promesa. Y es por cierto una disposición sabia de la Providencia la que otorga a los padres tanta autoridad, especialmente durante sus primeros años, cuando mentalmente no pueden juzgar y actuar por sí mismos en cuestiones importantes. Por lo tanto hay que enseñar temprano y con un convencimiento bíblico de que Dios los ha puesto en manos de sus padres. En consecuencia, hay que enseñarles que la reverencia y obediencia a sus padres es parte de sus deberes hacia Dios y que la desobediencia es una rebelión contra él. Los padres no deben dejar que los niños actúen directamente y resueltamente en oposición a sus padres en cuestiones grandes y chicas, recordando: “El muchacho consentido avergonzará a su madre” (Pr. 29:15). Y con respecto a la sujeción al igual que el afecto: “Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud” (Lam. 3:27).

    Hay que educar a los niños de modo que sean considerados y buenos con todos. El gran apóstol nos dice que “el cumplimiento de la ley es el amor” (Ro. 13:10), y que todas sus ramificaciones que se relacionan con nuestro prójimo se resumen en esa sola palabra: amor. Entonces, hemos de esforzarnos por enseñarles este amor. Descubriremos que en muchos casos será una ley en sí y los guiará bien en muchas acciones en particular, cuyo cumplimiento puede depender de principios de equidad que escapan a su comprensión infantil. No existe una instrucción relacionada con nuestro deber que se adapte mejor a la capacidad de los niños que la Regla de Oro (tan important para los adultos): “Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mt. 7:12). Debemos enseñarles esta regla, y por ella debemos examinar sus acciones. Desde su cuna hemos de inculcarles con frecuencia que gran parte de la religión consiste en hacer el bien, que la sabiduría de lo Alto está llena de misericordia y buenos frutos, y que todos los cristianos deben hacer el bien a todos los que tengan oportunidad de hacerlo.

    Para que nuestros hijos reciban con buena disposición tales enseñanzas, hemos de esforzarnos usando todos los métodos prudenciales, por ablandar sus corazones predisponiéndolos hacia sentimientos de humanidad y ternura, y de cuidarse de todo que pueda ser una tendencia opuesta. En lo posible, hemos de prevenir que vean cualquier tipo de espectáculo cruel y sangriento, y desalentar con cuidado que traten mal a los animales. De ninguna manera hemos de permitirles que tomen en broma la muerte o el sufrimiento de animales domésticos, sino más bien enseñarles a tratarlos bien y a cuidarlos, sabiendo que no hacerlo es una señal despreciable de una disposición salvaje y maligna. “El justo cuida de la vida de su bestia; mas el corazón de los impíos es cruel” (Pr. 12:10).

    Debemos, igualmente, asegurarnos de enseñarles lo odioso y necio de un temperamento egoísta y animarles a estar dispuestos a hacerles a los demás lo que les gusta que les hagan a ellos mismos. Hemos de esforzarnos especialmente de fomentar en ellos sentimientos de compasión por los pobres. Hemos de mostrarles donde Dios ha dicho: “Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová”. El que muestra compasión hacia el pobre es como si lo hiciera para el Señor, y lo que le da le será devuelto. Y tenemos que mostrarles, con nuestra propia práctica que realmente creemos que estas promesas son ciertas e importantes. No sería impropio que alguna vez hagamos que nuestros hijos sean los mensajeros cuando enviamos alguna pequeña ayuda al indigente o al que sufre necesidad; y si descubren una disposición de dar algo de lo poco que ellos tienen que les permitimos llamar suyo, debemos animarlos con gozo y asegurarnos que nunca salgan perdedores por su caridad, sino que de un modo prudencial hemos de compensarlos con abundancia. Es dificil imaginar que los niños educados así vayan a ser más adelante perjudiciales u opresivos; en cambio serán los ornamentos de la religión y las bendiciones del mundo, y probablemente se cuenten entre los últimos que la Providencia deje sufrir necesidad.

    Hay que educar a los niños de modo que sean diligentes. Esto sin duda debe ser nuestra preocupación si en algo estimamos el bienestar de sus cuerpos o de sus almas. En sea cual fuere la posición que terminen ocupando en la vida, habrá poca posibilidad de que sean de provecho, y reciban honra y ventajas si no tienen una dedicación firme y resuelta de la cual el más sabio de los príncipes y de los hombres ha dicho: “¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará, no estará delante de los de baja condición” (Pr. 22:29). Y es evidente que el cumplimiento diligente de nuestras obligaciones nos mantiene lejos de miles de tentaciones que la ociosidad parece atraer, llevando al hombre a innumerables vicios y necedades porque no tiene nada mejor que hacer.

    Por lo tanto, el padre prudente y cristiano se ocupará de que sus hijos no vayan a caer temprano en un hábito tan pernicioso, ni encaren la vida como personas que no tienen más tarea que ocupar espacio y ser un obstáculo para quienes emplean mejor su tiempo. En lugar de dejar que vayan de un lado a otro (como muchos jóvenes hacen sin ningún propósito imaginable de ser útiles o como distracción) más bien les dará tempranamente tareas para emplear su tiempo, tareas tan moderadas y diversificadas que no los abrume ni fatigue su tierno espíritu, pero lo suficiente como para mantenerlos atentos y activos. Esto no es tan difícil como algunos se pueden imaginar, porque los niños son criaturas activas, les gusta aprender cosas nuevas y mostrar lo que pueden hacer. Por eso, estoy convencido de que si se les impone total inactividad como castigo aunque sea por una hora, estarán tan cansados que estarán contentos de escapar de esto haciendo cualquier cosa que usted les dé para hacer...

    Hay que enseñar a los niños que sean íntegros. Una sinceridad sencilla y piadosa no sólo es muy deseable, sino una parte esencial del carácter cristiano...Es muy triste observar qué pronto los artifícios y engaños de una naturaleza corrupta comienzan a hacerse ver. En este sentido, somos transgresores desde antes de nacer, y nos desviamos diciendo mentiras, casi desde el momento que nacemos (Sal. 58:3). Por lo tanto, debemos ocuparnos con cuidado de formar la mente de los niños de modo que amen la verdad y la sinceridad, y se sientan mal al igual que culpables si mienten. Debemos obrar con cautela para no exponerlos a ninguna tentación de este tipo, ya sea por ser irrazonablemente severos ante faltas pequeñas o por decisiones precipitadas cuando preguntamos sobre cualquier cuestión que quieren disimular con una mentira. Cuando los encontramos culpables de una mentira consciente y deliberada, hemos de expresar nuestro horror por ella no sólo con una reprensión o corrección inmediata, sino por un comportamiento hacia ellos por algún tiempo después que les muestre cuánto nos ha afectado, entristecido y desagradado. Actuar con esta seriedad cuando aparecen las primeras faltas de esta clase, puede ser una manera de prevenir muchas más.

    Agregaré, además, que no sólo debemos responder severamente a una mentira directa, sino igualmente, en un grado correcto, desalentar toda clase de evasivas y palabras de doble sentido, y esas pequeñas tretas y engaños que quieran atribuirse uno al otro o a los que son mayores que ellos. Hemos de inculcarles con frecuencia el excelente pasaje: “El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado” (Pr. 10:9). Demostrémosles cada día cuán fácil, cuán agradable, cuán honroso y ventajoso es mantener un carácter justo, abierto y honesto, y, por el contrario, qué necio es mostrar malicia y deshonestidad en cualquiera de sus formas, y cuán cierto es que cuando piensan y actúan maliciosa y deshonestamente, están tomando el camino más rápido para ser malignos e inútiles, infames y odiosos. Sobre todo, hemos de recordarles que el Señor justo y recto ama la justicia y rectitud, y mira con agrado a los rectos, pero los labios mentirosos son para él tal abominación que declaró expresamente: “Todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde de fuego y azufre” (Ap. 21:8).

(continuará, D.V.)

sábado, 7 de mayo de 2016

EN ESTO PENSAD -- mayo 2016

María, Bendita Entre las Mujeres


¿Qué dice la Biblia acerca de María, la madre de Jesús?
Todos hemos oído mucho de María, la madre de nuestro Señor. Seguro que hemos oído que a ella se le debe orar (rezar). Tal vez tú mismo lo has hecho, y la has rendido culto. ¿Sabes qué dice Dios de tales cosas? ¿Sabes qué dice acerca de María? ¿Te importa? Veamos.
    1. La Biblia dice que María era muy favorecida y bendita entre las mujeres. Antes que concibiera a Jesús, el ángel Gabriel fue enviado de Dios para anunciar a María la concepción inmaculada, esto es, que ella concibiría y daría a luz un hijo sin pecado, el “santo ser” (S. Lucas 1:35). Al llegar el ángel le saludó diciendo: “¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres” (S. Lucas 1:28).
    2. La Biblia revela que María fue escogida no por mérito propio, sino por la gracia de Dios (favor inmerecido). El ángel le anunció: "Has hallado gracia delante de Dios" (S. Lucas 1:30).
    2. La Biblia revela que María, aunque piadosa, necesitaba un Salvador, pues ella misma confesó y declaró: “Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (S. Lucas 1:47). Todo ser humano necesita ser salvo, “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).
    3. La Biblia revela que era necesario que alguien la cuidara, pues el Señor, estando en la cruz, dijo a Su discipulo Juan: “He ahí tu madre”; y a María dijo: “Mujer, he ahí tu hijo” (S. Juan 19:26-27). Se ve que Juan tenía que cuidar a María y no ella a Juan.
    4. La Biblia revela que le hacía falta orar, porque después de la ascensión de Cristo, estaba ella entre los reunidos para orar: “Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos de los Apóstoles 1:14). Vemos que los demás no oraban a ella, sino que María, como los demás, oraba a Dios. Ella no era mediadora entre ellos y Dios, sino que oraba como una más.
    5. La Biblia revela que María necesitaba el Espíritu Santo. En la cita anterior, vimos que cuando estaban todos unánimes juntos, María estaba con ellos. Luego dice que “fueron todos llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2:1-4). Esto nos enseña que María, igual que a los demás, recibió el Espíritu Santo.
    6. La Biblia nos dice que María tenía otros hijos. Por ejemplo, el evangelista Mateo registra una queja de los enemigos de Jesús: “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros?” (S. Mateo 13:55-56 y S. Marcos 6:2-3). Esto no significa primos o parientes como algunos alegan, sino hermanos nacidos de la misma madre. María no es "siempre virgen" como dicen, y esta verdad no le deshonra, pues Dios les bendijo a José y ella con hijos nacidos de su unión matrimonial. Dios declara: "Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla" (Hebreos 13:4). El apóstol Juan menciona a los hermanos de Cristo (S. Juan 7:3, 5, 10). En la cita de Hechos 1:14 notamos que los hermanos de Jesús también estaban reunidos para orar.
    7. María no pudo hacer un milagro cuando faltó el vino en la boda. No tenía poderes sobrenaturales. Ella habló a los siervos de la importancia de obedecer a su hijo Jesús cuando dijo: “Haced todo lo que [Jesucristo] os dijere” (S. Juan 2:5). Por eso debes estudiar el Nuevo Testamento por tí mismo, para ver cómo el Señor Jesús quiere que tú obedezcas.
    “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1:1-2). Dios no habló por María, sino por "el Hijo" Jesucristo.
    La Biblia no enseña que María ascendió viva al cielo. En toda la Biblia sólo hay dos personas que fueron al cielo sin morir: Enoc (Génesis 5:24; Hebreos 11:5), y el profeta Elías (2 Reyes 2:11). Son las únicas excepciones que Dios ha permitido. Nadie más. La asunción de María es una leyenda que surgió en el siglo IV y fue convertida en dogma por aclamación popular sólo en el año 1950. No tiene apoyo bíblico.
    Parece que Jesucristo supo que posteriormente la gente trataría de dar suma importancia a Su madre. Tal vez por eso nunca llamó a Su madre en público por el nombre “madre”, ni le dio otros títulos. Tanto cuidado usó el Espíritu Santo para que nosotros adorásemos siempre y sólo a Cristo, y no a Su madre. Ella fue bendecida por Dios, es cierto, pero no tiene poderes para bendecir, pues no es divina.
    Dijo Cristo Jesús: “Todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (S. Mateo 12:50).
    Amigo, ¿no quieres entrar en el reino de Dios, y ser parte de la familia de Jesucristo, al igual que María la madre de Jesús? Si arrepentido de tus pecados, confías en el Señor Jesucristo para perdonarte y darte vida nueva y eterna, Él lo hara. Sólo Jesucristo puede salvarte.
 M.A. Yoder, adaptado
             
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NO JUZGUES

“No juzguéis, para que no seáis juzgados” (Mateo 7:1).

Aquellos que conocen poco más de la Biblia, conocen este versículo y lo usan de un modo muy caprichoso. Aun cuando se critica a una persona por su enorme maldad, estas gentes piadosamente gorgotean: “No juzguéis, para que no seáis juzgados”. En otras palabras, utilizan este versículo para evitar que se condene el mal.
    Sin embargo, aun cuando hay áreas en las que no debemos juzgar, hay otras en las que se nos manda expresamente hacerlo.
    Hay algunos ámbitos en donde no se debe juzgar. Por ejemplo:    
    No debemos juzgar los motivos de la gente; no somos omniscientes, y no siempre podemos saber porqué hacen lo que hacen. No debemos juzgar el servicio de otro creyente; para su propio Maestro está en pie o cae. No debemos condenar a aquellos que son escrupulosos o meticulosos acerca de cosas que son neutrales moralmente; para ellos sería malo violar sus conciencias. No debemos juzgar por las apariencias o hacer acepción de personas; lo que hay en el corazón es lo que cuenta. Y ciertamente debemos evitar un espíritu crítico y severo; una persona que habitualmente busca defectos en los demás representa una pobre publicidad para la fe cristiana.
    Pero hay otras áreas donde se nos manda juzgar:
    Debemos juzgar toda enseñanza para ver si está de acuerdo con las Escrituras. Tenemos que juzgar si otros son creyentes verdaderos, para no unirnos en yugo desigual. Los cristianos deben juzgar disputas entre creyentes en vez de permitir que vayan a los tribunales civiles. La iglesia local debe juzgar en casos de formas extremas de pecado y cortar de la comunión al ofensor culpable. Los de la iglesia deben juzgar qué hombres reúnen los requisitos bíblicos para ser ancianos o diáconos.
    Dios no espera que desechemos nuestra facultad crítica o abandonemos los valores morales y espirituales. Todo lo que pide es que nos abstengamos de juzgar donde no debemos y que juzguemos justamente donde se nos manda.


William MacDonald, de su libro DE DÍA EN DÍA (Ed. CLIE),
lectura para el 31 de enero.
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EL JUICIO PERVERTIDO




“Tener respeto a la persona del impío, para pervertir el derecho del justo, no es bueno” (Pr. 18:5).

Sobre este texto el hermano William MacDonald comentó:

    “No sólo no es bueno, sino que es absolutamente malo favorecer a los malos. Y es igualmente malo negarles la justicia a los justos. La parcialidad no es la única perversión de justicia que debe evitarse. Considera lo que sigue: el soborno, los testigos falsos, la exclusión o rechazo deliberado de testigos con prejuicio o para afectar la decisión de un caso, la admisión de testimonio secreto (“confidencial”) contra el acusado, los veredictos predeterminados (un tribunal injusto o desautorizado)...
    Es una de tres veces en Proverbios que se nos advierte en contra de la parcialidad o el hacer acepción de personas. Las otras citas son 24:23-25 y 28:21.
                 de su libro en inglés: Proverbs, A Devotional Commentary, págs. 181-182
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LA PREGUNTA INCONTESTABLE
 
Voy a hacer una pregunta que ningún lector puede contestar, y aseguro que ni yo, siendo el autor, puedo contestarla. Además, ningún cristiano puede contestar esta pregunta. No sólo los cristianos, sino que tampoco los demás, nadie en el mundo, aunque tenga muchos conocimientos, sea letrado, experto, erudito y todo eso. Ningún ser humano puede contestar esta pregunta. Porque, y afirmo que es así, ni siquiera los ángeles pueden contestarla, ni Gabriel, ni Miguel, ni otros. No saben la respuesta. Y el colmo es, y lo digo con toda reverencia: ¡estoy seguro que ni Dios mismo puede contestarla! Es totalmente incontestable.
    La pregunta está en la Biblia, y el autor de la Biblia es Dios, pero aun así no puede contestarla. En Hebreos 2:3 leemos esta gran pregunta: "¿Cómo escaparemos... si descuidamos una salvación tan grande?" Lee con cuidado. No pregunta "¿escaparemos?" porque entonces la respuesta podría ser "sí" o "no". Pero pregunta: "¿Cómo?" y verdad es que no hay respuesta, porque no hay modo de escaparse si uno descuida la salvación de Dios. Nadie puede decirte cómo, porque es imposible.
    Dios ha provisto "una salvación tan grande" por medio de Su Hijo Jesucristo. La salvación es grande porque Dios es el Proveedor, y Él es grande. También Su Hijo único, Jesucristo, es grande como el Padre. Hizo una gran cosa; descendió del cielo a este mundo; Dios se encarnó y nació en Belén, de María virgen. Vino al mundo "para salvar a los pecadores", y esa es una misión grande y noble.
    La salvación es tan grande porque también es la única manera de borrar nuestros pecados, perdonar y darnos vida eterna. A los que creen en Jesucristo, Dios les saca de muerte a vida (Juan 5:24). Cristo dice: "Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás" (Juan 10:28). ¿No es grande la vida eterna? Por naturaleza somos unos muertos ambulantes – "muertos en vuestros delitos y pecados" (Efesios 2:1-3), pero Dios da vida y perdón, no a todos, sino a los que creen. Para recibir esta salvación tan grande hay que arrepentirse y creer. Los que no, no se salvarán. Algunos porque rechazan el evangelio y se vuelven enemigos de Dios. Es triste, porque podrían ser salvos si sólo creyesen. Pero quizás todavía más triste es el que se pierde por descuido, como dice nuestra pregunta: "¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?" El descuido, el aplazarlo, postergarlo, decir "todavía no", es la reacción fatal y trágica. No rechaza, pero tampoco acepta; no se arrepiente y no deposita su confianza en el Señor Jesucristo. Descuida el evangelio. Lo escucha, lo considera, y quizás lo admira, pero se va a una eternidad perdida y llena de angustia y dolor, por el descuido fatal.
    Amigo, Dios quiere salvarte. Dios ha provisto sólo en Jesucristo una salvación tan grande. ¡No descuides más Su oferta! Ahora, una pregunta que sí puedes contestar: ¿Hoy te arrepentirás y te entrégarás por fe al Señor Jesús? Hazlo y nacerás de nuevo, tendrás perdón y serás salvo para siempre.
                                                                                                 Carlos

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¿Por qué debemos vestir modestamente?
         
Es una pregunta muy común entre las mujeres en iglesias evangélicas, especialmente en las nuevas creyentes y en algunos casos las cristianas que han estado en iglesias que no enseñan ni enfatizan este tema, y como consecuencia nunca han cambiado su forma de vestir.
    La Biblia dice en 2 Corintios 5:17, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
    Una de las razones por las cuales debemos vestir modestamente es porque debemos dejar atrás todo lo que nos ataba con el mundo, sus valores, modas, etc.  Si ya has aceptado a Cristo como tu Señor y Salvador personal, entonces ya eres una nueva criatura. Y una de las muchas cosas que nos ataba al mundo era nuestra forma de vestir.  El mundo enfatiza mucho la libertad individual y la sensualidad. Cuanto más sensual te veas mejor. Cuanto más enseñes, más sexy.  Pero Dios dice que al creyente TODAS las cosas son hechas nuevas. Eso incluye que debes dejar tus minifaldas, blusas escotadas, pantalones, bikini, joyas, etc.  Debe haber un cambio total en tu vida, como consecuencia a tu obediencia a Dios.
    Considera Éxodo 28:41-42, “Y con ellos vestirás a Aarón tu hermano, y a sus hijos con él; y los ungirás, y los consagrarás y santificarás, para que sean mis sacerdotes. Y les harás calzoncillos de lino para cubrir su desnudez; serán desde los lomos hasta los muslos.” Nota que Dios pide que las ropas de las personas  que estaban a Su servicio debían de cubrir su desnudez. Hasta los sacerdotes debían de vestir modestamente. En otro pasaje dice que Dios no quiere ver la desnudez de ellos, porque para Dios es desagradable, aunque Dios nos creó y nos conoce perfectamente.
    Tal vez dirás, como muchas hoy en día: “no soy Aarón, no estoy al servicio de Dios, y no estoy bajo la Ley”. Son objeciones típicas y lástima que se escuchan de quienes ya decidieron de antemano que no van a cambiar y por eso no quieren oír.  Pero Dios tampoco quería ver la desnudez del resto de Israel, ni la quiere ver hoy en día. No somos Israel, pero somos el pueblo de Dios hoy en día y Dios no aprueba bajo la gracia la inmodestia. En Levítico 18:1-7 leemos:

“Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y diles: Yo soy Jehová vuestro Dios. No haréis como hacen en la tierra de Egipto, [Egipto es un tipo del mundo] en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos. Mis ordenanzas pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos. Yo Jehová vuestro Dios. Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos. Yo Jehová”.

“Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna, para descubrir su desnudez. Yo Jehová. La desnudez de tu padre, o la desnudez de tu madre, no descubrirás; tu madre es, no descubrirás su desnudez”.

    La desnudez de una u otra persona, no descubrirás. Versículo tras versículo habla sobre cubrir la desnudez. Lo malo es que hoy en día hay muy poca gente que se viste correctamente, y la gran mayoría de las personas andan más desvestidas que vestidas. ¿De dónde sacan sus modas y costumbres, de la Biblia? ¡No, sino del mundo que les rodea!
    Es irónico que la gente diga: “…pero eso está en el Antiguo Testamento…eso ya no aplica…es legalismo”, etc. Realmente no importa si Dios habló de cómo vestirse en el Antiguo o en el Nuevo Testamento. En ambos Testamentos trata el tema directa e indirectamente. Pero la cuestion es que Dios no ha cambiado, y la santidad todavía le importa. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Él, como soberano y sabio, tiene derecho a decirnos cualquier cosa acerca de nuestra forma de vivir y nuestra persona.  Primero por ser Dios y Creador. Segundo porque Él pagó alto precio para redimirnos y hacernos Su “pueblo propio” (Tit. 2:14).  Como Pablo dijo a los corintios: “no sois vuestros” (1 Co. 6:19-20). A Dios le agrada que seamos también santos y diferentes en nuestra forma de vivir, porque es parte de “toda vuestra manera de vivir” (1 P. 1:15). La vestimenta es parte de nuestra manera de vivir. Lo santo no es mundano, y lo mundano no es santo. “No os conforméis a este siglo” (Ro. 12:2), ¡y no dice después: “excepto en las siguientes cosas...”!
    Además, el vestirse modestamente es cuestión de obediencia a Dios. Sí quieres obedecer a Dios vas a dejar toda clase de ropa que no agrada a Dios. Es cuestión de fe, porque debemos confiar en lo que Dios dice y enseña, aunque sea contrario a nuestro mundo y costumbres. Y es cuestión de amor y prioridades, porque el Señor Jesucristo declaró: “Sí me amáis guardad mis mandamientos” (Jn. 14:15).

              autor desconocido
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La Forma De Vestir: Tema Importante

por David Cloud

Hace años se escuchaban mensajes como este en muchos púlpitos, pero ese ya no es el caso. Con demasiada frecuencia hoy, es raro que haya cualquier tipo de enseñanza sobre la forma de vestir, y si se predica, suele ser etiquetado “legalismo”. La resistencia tan pervasiva de la cultura “rock & roll” a ese tipo de predicación hace que muchos pastores simplemente deciden ignorar el asunto de la vestimenta. De ese modo la batalla está perdida simplemente porque abandonamos el campo de batalla.
    Sin embargo, si hay un tiempo cuando los predicadores deben advertir a sus oyentes acerca de la ropa, es hoy. La sociedad moderna está empapada con la indecencia. Un desfile de modelos de Vogue daría vergüenza a los de Corinto. Las normas de la moralidad no se limitan al lugar de culto. Seguramente el predicador tiene la obligación de esclarecer estas cosas. ¿No ha hablado Dios sobre el tema? Sabemos que la santidad es asunto del corazón, pero ¿no es también asunto del cuerpo? ¿Qué hombre ha sentido deseos impíos acerca del corazón de una mujer? ¿Cómo, entonces, podemos ignorar esas partes de la Escritura y rehusar predicarlas con denuedo y sin claudicar? Eso es lo que hace el neo-evangélico. Hay cosas que no predicará, y una de ellas es la separación. Pero la Biblia habla tanto de la separación moral como de la eclesial. El predicador que es fiel y creyente en la Biblia no puede ignorar esto.
    Son hipócritas los que hoy gritan: “¡legalismo!” sobre este asunto. Denuncian al viejo predicador por la linea que traza, pero ellos también marcan límites acerca de la ropa. ¿Permitirían a una mujer vestida de bikini enseñar una clase de niños en escuela dominical? No, y hay otros tipos de ropa que no permitirían. Demarcan límites, así que tienen normas. Y si está bien tener una norma acerca de la ropa, ¿no es sabio trazar la raya usando los preceptos bíblicos en lugar de los del mundo?
    Hagamos clara la diferencia entre nosotros y el mundo. No temamos ser un “pueblo propio, celoso de buenas obras”. Caminemos en las sendas viejas. Los que abandonan las normas altas y claras de la santidad en el vestir, y se acercan más y más a las modas del mundo, deben recordar que el mundo se aleja cada vez más de la Palabra de Dios.

David Cloud. Dressing for the Lord (“Vistiendonos para el Señor”), págs. 6-7
Way of Life Literature, www.wayoflife.org


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La Mujer Tiene Obligación


Muchas mujeres protestan que los hombres deben controlar sus ojos, y estamos totalmente de acuerdo que un hombre cristiano es responsable de cuidar sus ojos, pero eso sólo es una cara de la moneda. La mujer también tiene responsabilidad. Puesto que la figura de la mujer tiene para el hombre un poderoso atractivo, la mujer cristiana debe vestirse de modo que no llame la atención sensualmente.
    Hay demasiadas mujeres...sensuales y obstinadas, y que resisten a lo que las Escrituras enseñan, la predicación de hombres de Dios, y las peticiones de los tentados.  Esta es probablemente la razón más grande por la que muchos predicadores simplemente ignoran el asunto en sus predicaciones. Hay demasiadas mujeres obstinadas y contenciosas en la congregación que causan problemas cuando alguien mencione la vestimenta modesta. El predicador debe ser valiente y no dejarse intimidar por ellas pero no es asunto fácil y muchos piensan que no merece la pena.
    Si eres una mujer lectora de este libro, espero que no te haya descrito en el párrafo anterior, porque mientras seas obstinada y sensual no hay modo de que yo u otros podamos ayudarte a ser modesta. Podemos mostrarte lo que la Biblia dice acerca de la modestia, y lo que los hombres dicen acerca de cómo el atavío sensual les afecta, pero no podemos cambiar tu corazón. El fundamento de una vida cristiana modesta es un corazón rendido a Cristo.

David Cloud. Dressing for the Lord (“Vistiendonos para el Señor”), págs. 7-8
Way of Life Literature, www.wayoflife.org


jueves, 31 de marzo de 2016

EN ESTO PENSAD -- abril 2016

 LOS POBRES RICOS


“Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza” (Pr. 11:24).
El Espíritu Santo nos revela aquí un delicioso secreto. Es opuesto a todo lo que esperaríamos, pero invariablemente cierto. El secreto es éste: Cuanto más das, más tienes; cuanto más atesoras, menos tienes. La generosidad hace que tus bienes se multipliquen. La tacañería engendra pobreza. “Lo que di, tengo; lo que gasté, tuve; lo que guardé, perdí”.
    Esto no significa que cosechas la misma cantidad que siembras, ni que el mayordomo fiel vendrá a ser rico materialmente. Puede sembrar pesetas y cosechar algo mejor: almas. Puede sembrar bondad y recoger amigos, sembrar compasión y cosechar amor.
    Significa que una persona generosa cosecha recompensas que otros no pueden. Al abrir su correo y descubrir que la ofrenda que envió suplió una necesidad crítica en el momento oportuno y en la cantidad exacta. Se regocija al ver que el libro que le compró a un joven creyente fue utilizado por Dios para cambiar toda la dirección de su vida. Se entiende que una bondad que mostró en el Nombre de Jesús fue un eslabón en la cadena de la salvación de esa persona. Es sobremanera feliz. Su gozo no conoce límites. Nunca cambiaría su lugar con aquellos que parecen tener más que él.
    El otro lado de la verdad es que atesorar conduce a la pobreza. No hay placer en el dinero guardado en el banco. Puede engañarnos con un falso sentido de seguridad, pero no puede proveer un disfrute verdadero y perdurable. Cualquier precario interés que el dinero puede ganar es como calderilla  comparado con la emoción de ver el dinero usado para la gloria de Cristo y la bendición que éste trae a nuestro prójimo. El hombre que retiene más de lo que es necesario puede tener una enorme cuenta bancaria, pero, sólo una pequeña cuenta de gozo en esta vida y una todavía más pequeña en el banco del cielo.
    El versículo de hoy tiene no solamente el propósito de mostrar un principio divino, sino también de lanzar un desafío divino. El Señor nos está diciendo: “Pruébalo por ti mismo. Pon a mi disposición tus panes y tus peces. Yo sé que los traías para almorzar, pero si los pones en mis manos, habrá en abundancia para el tuyo y para el de otros miles. Te sentirías incómodo almorzando mientras que los de tu alrededor están sentados solamente viéndote comer. Pero piensa en la satisfacción de saber que utilicé tu almuerzo para alimentar a una multitud”.
 
Perdemos lo que en nosotros gastamos, 
mas como tesoro sin fin tenemos,
Todo lo que a Ti, Señor, prestamos, quien todo lo diste. 
 
                                          - Charles Wordsworth
 
William MacDonald, de su libro DE DÍA EN DÍA (Ed. CLIE), lectura del 28 de octubre.
 
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LA SERPIENTE ENGAÑADORA

"La serpiente me engañó, y comí”. 
(Gn. 3:13)

Así es todavía. La serpiente es encantadora y persuasiva. El pecado puede parecernos tan agradable, tan aparentemente legítimo. ¿No quiere Dios nuestra felicidad? Y en el momento de la tentación Satanás nos promete la felicidad. Pero es el padre de mentiras, y debemos rechazar su voz seductora y asirnos de la Palabra de Dios. No te engañes; Dios no puede ser burlado. El pecado trae tristeza y destrucción a tu vida. Dios te ama, claro, pero no por eso consiente el pecado. Él desea lo mejor para ti. Obedécelo.
 
Donald Norbie, traducido del calendario “Choice Gleanings”  
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EL LEGALISMO

¿Mandamientos? ¿En el Nuevo Testamento? Al escuchar la palabra: “mandamiento”, muchos evangélicos inmediatamente piensan: “legalismo”. Pero los dos términos no son sinónimos. Nadie habló de mandamientos más que el Señor Jesucristo, pero tampoco hay nadie menos legalista que Él.
    ¿Qué es legalismo? Aunque la palabra no está en el Nuevo Testamento, describe lo que en el hombre son sus esfuerzos incesantes para ganar o merecer el favor de Dios. Básicamente significa el intento de ganar justificación o santificación a través de guardar la Ley. Esto es su verdadero significado. Pero hoy en día la palabra es empleado en un sentido más amplio, para describir lo que uno piensa que son normas morales y rígidos. Cualquiera que intenta clasificar ciertas prácticas como tabú es etiquetado: “legalista”. De hecho, ahora emplean la palabra “legalista” como un mazo o palo para atacar casi toda y cualquiera restricción del comportamiento cristiano, o en contra de cualquier enseñanza “negativa”.  
           Cómo, entonces, debe un cristiano pensar, para evitar el peligro asociado con el “legalismo”? En primer lugar, es verdad que los cristianos estamos libres de la Ley, pero es importante añadir rápidamente que no estamos sin ley. Estamos bajo la ley de Cristo. No debemos hacer lo que nos plazca, sino lo que le place a Cristo.
    Segundo, debe recordarse que el Nuevo Testamento está lleno de mandamientos, incluso un buen número de negativas. La diferencia está en que estos mandamientos no son dados como Ley, es decir, no conllevan pena (no son punibles). Son dados como instrucción en justicia para el pueblo de Dios.
    Además de esto, hay cosas que pueden ser lícitas para el cristiano, pero que no le convienen. Puede que no sean cosas “ilegales” en ese sentido de ley, pero que esclavizan y por eso deben evitarse (1 Co. 6:12). Es posible que un creyente tenga libertad para hacer algo, pero por otra parte, si ejerce su libertad, podría ser culpable de escandalizar, herir o tropezar a otra persona. En ese caso, aunque está en su derecho, y es “legal”, no debe hacerse.
    El hecho de que alguien llame a una prohibición: “legalista”, no quiere decir que esté mal. La gente emplea la palabra “puritano” de forma despectiva, para describir ciertas normas de conducta, pero el comportamiento de los puritanos honraba a Cristo más que muchos de los que les critican.
    A menudo, cuando los cristianos castigan ciertos patrones de comportamiento piadoso como “legalista”, esto puede ser una indicación de que ellos mismos se están volviendo más permisivos, y deslizándose moralmente. Ingenuos, se imaginan que cuando atacan y critican a los llamados “legalistas” o “puritanos”, hacen que ellos mismos salgan con mejor apariencia, o que así encomiendan su propia posición y comportamiento a los demás.
    Nuestra seguridad está en quedarnos lo más cerca posible a las enseñanzas de las Escrituras, no en intentar ver cuán cerca del precipicio podemos llegar sin caer.

William MacDonald, traducido de la revista "Uplook"
 
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 ¿No Oran Vuestras Mujeres 
En Las Reuniones?

    Los que preguntan así a veces la expresan como una acusación: “No dejaís a las mujeres orar en las reuniones, ¿verdad?” Pero de cualquier modo, se equivocan. Aparentemente se creen que si no oyes a alguien orar, entonces no ora. Sin embargo, es Dios quien debe oir la oración.
    La Bibila da el ejemplo de una mujer piadosa que oraba en público pero nadie le oía. En 1 Samuel 1:12-13 leemos acerca de Ana, la madre de Samuel: “Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria”. Ana era una mujer creyente, y practicaba la oración. Su hijo Samuel fue una respuesta de oración – un poderoso varón de Dios. Pero oraba en silencio, y porque su voz no se oía, Elí sacó una conclusión erronea. De modo similar, hoy en día los que no oyen la voz de las hermanas en las reuniones suponen que ellas no participan. Los demás no oyen al que ora en silencio, pero Dios sí. A fin de cuentas por eso oramos – para que Dios nos oiga y conteste.
    Si una hermana no ora en una reunión de oración, hace mal, porque no se congrega sólo para hacer acto de presencia. Y si una hermana no adora, no da gracias, no alaba al Señor durante la Cena del Señor, ¿qué hace? Su corazón debe expresarse delante del Señor, y no hace falta voz alta para esto. Cuando las hermanas participan así en silencio, contribuyen al espíritu de intercesión o de adoración en una asamblea, y realizan su función sacerdotal. Hermana, el Señor te escucha cuando los hombres no pueden. 
            

    Carlos  
 
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"Vuestro atavío
no sea el externo de peinados
ostentosos, de adornos de oro o de vestidos
lujosos, sino el interno, el del corazón, en el
incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible,
que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas
mujeres que esperaban en Dios, estando
sujetas a sus maridos"
1 P. 3:3-5
 
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Tengamos consideración y no hagamos esperar al Señor ni a nuestros hermanos. No lleguemos ni tarde ni justo a la hora, sino antes. ¡Conquistemos las malas costumbres, la indisciplina, la pereza y el egoísmo! 
 
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EL LIBRO DEL MES:   "Yo Soy", 
por Carlos Tomás Knott
En Éxodo 3:14 Dios se reveló a Moisés diciendo: "Yo soy". Nadie más toma ese nombre. Cuando Jesucristo declaró: "yo soy", en el evangelio según Juan, se separó de todo otro ser. Él es único, Dios hecho hombre, y no tiene igual ni semejante en todo el mundo. Buda no es el "yo soy", ni lo es Mahoma, ni ningún santo católico. La única esperanza de la humanidad es el Señor y Salvador Jesucristo, el "yo soy".
precio: 4 euros
 
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DOS GRANDES DESCUBRIMIENTOS

1. La Convicción Ante Dios
    Amigo, ¿Has descubierto que eres un pecador culpable ante Dios? Puede que seas una persona moral, amable y religiosa ante los hombres, y en tu propia estimación inocente en la vida. Pero ante los ojos del Dios Santo y Justo, eres un pecador. No te ofendas, sino considera cabalmente lo que la Palabra de Dios dice: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”  Romanos 3:23. “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” Ecclesiastés 7:20.
    Leemos de algunos que reconocieron esa verdad, y así es cómo se expresaron:
· el apóstol Pedro: “Soy hombre pecador” Lucas 5:8
· el patriarca Job: “He aquí que yo soy vil” Job 40:4
· el profeta Isaías: “¡Ay de mí! que soy muerto...siendo hombre inmundo de labios” Isaías 6:5
· el apóstol Pablo: “...los pecadores, de los cuales yo soy el primero” 1 Timoteo 1:15
    ¿Te has visto así convicto de tu pecado ante Dios? ¿Lo has reconocido en Su presencia? Si es así, también puedes conocer el camino de limpieza del pecado. Pero si no lo has reconocido, debes ser hallado un día convicto y sin palabras (Mateo 22:12) ante el trono del juicio divino.

2. La Limpieza del Pecado
    Muchos tampoco han descubierto cómo realmente ser limpios de sus pecados. Hay una manera en que cualquier pecador puede ser totalmente perdonado y limpiado, y así hecho apto para estar en Su santísima presencia. No es por sinceridad, ni obras de justicia, ni por ocupación en las cosas de religión como por ejemplo los rezos, los sacramentos o la devoción a los santos.
“Hay generación limpia en su propia opinión, Si bien no se ha limpiado de su inmundicia” Proverbios 30:12.  Sólo hay un camino y medio por el cual el pecador puede ser limpio ante Dios, y es éste: La sangre de Jesucristo:
· “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos...que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre”   Apocalipsis 1:5
· “...la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”     1 Juan 1:7
· “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”  Juan 15:3
   
    El pecador que reconoce su pecado ante Dios (Salmo 32:5) y confía en la sangre de Jesucristo que fue derramada por sus pecados, y cree la Palabra de Dios, el Evangelio, recibe perdón y limpieza de Dios, como Cristo dijo: “está todo limpio” Juan 13:10.
Nunca en el infierno estará alma que no tuvo oportunidad,
Sea pagano, o de hogar cristiano, cada cual tiene responsabilidad.
 
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 Los Profetas: Verdaderos Y Falsos
Parte II

No siempre entendieron los profetas todo lo que dijeron (Dn. 7:28; 8:15-27; 10:7-15; 1 P. 1:10-12; Ap. 7:13-14; 17:6). En particular su dificultad fue en cuanto al Mesías. Cuando profetizaron en el mismo momento sobre los sufrimientos del Mesías y sobre Su gloria, les fue difícil de entender. No podían entender cómo el Cristo podría experimentar las dos cosas, porque no veían lo que nosotros desde nuestra posición y perspectiva en la historia vemos: las dos venidas del Señor Jesucristo - una en humildad y otra en gloria. Y junto con esas dobles referencias en cuanto al Mesías, hay que reconocer que existe y obra este principio de doble referencia en las predicciones de los profetas. Hay profecías que tienen un cumplimiento inmediato y parcial, seguido después por otro cumplimiento pleno y final. Por ejemplo, la profecía de Joel 2:28-31: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas... y daré prodigios en el cielo y en la tierra... el sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová...”. Hay un cumplimiento parcial de esta profecía el día de Pentecostés, cuando Pedro la cita para explicar el milagro de la venida del Espíritu y la predicación de los apóstoles en lenguas (Hch. 2:7-21). Fue parcial, por cierto, por cuanto no hubo prodigios en el cielo y en la tierra, el sol no se convirtió en tinieblas ni la luna en sangre. Pedro explicó que ellos hablaron así porque Dios les había derramado Su Espíritu como Joel dice, y no porque había venido el día de Jehová. Después, en la segunda venida de Cristo, con todas las señales y los prodigios que vemos en el libro de Apocalipsis, vendrá el Señor como Joel profetizó y se cumplirá plena y finalmente esta profecía. Otro ejemplo es Isaías 7:10-16 cuando Isaías da en los versículos 14-16 la profecía acerca del nacimiento virginal del Mesías: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno. Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada”. Esta profecía tenía un cumplimiento inmediato en los días de Acaz, con un niño que nació y fue llamado Emanuel. Antes de que creciera mucho ese niño, la alianza del norte, entre Siria e Israel, fue desecha y Acaz no tenía nada que temer de ellos. Pero este versículo también tuvo su cumplimiento pleno y final siglos después, cuando la virgen María concibió y dio a luz a “Emanuel, que traducido es Dios con nosotros”, el Señor Jesucristo (Mt. 1:23).
    En los libros de los profetas, la palabra “Israel” normalmente significa el reino del norte, es decir, el reino que Jeroboam estableció con las 10 tribus exceptuando a Judá y Benjamín. Hay ocasiones cuando la palabra es usada en su sentido más amplio, más general, para hacer referencia a Israel como todos los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob.  El contexto indica cuál es el sentido en cada caso. “Judá” significa las dos tribus del sur, el reino cuya capital era Jerusalén y cuyos reyes eran descendientes de David. “Efraín” es empleada no tanto para hablar de la tribu de Efraín, sino del reino del norte donde esta tribu tanto figuraba y controlaba. Esta palabra tanto como “la casa de José” se nota especialmente en la profecía de Oseas. “Samaria” se refiere a la capital del reino del norte, y en sentido figurado a todo el reino del norte. Otras capitales importantes en los libros proféticos son: Jerusalén de Judá, Nínive de Asiria, Damasco de Siria, y Babilonia de Babilonia.
    Entre los temas tratados por los profetas del Antiguo Testamento están los siguientes:

    1. La santidad y justicia de Dios y lo que Él opina acerca del pecado.
    2. El pecado y el fracaso del pueblo escogido por Dios.
    3. Un llamado al arrepentimiento y sus frutos.
    4. El juicio de Dios que vendría sobre los judíos obstinados: destrucción.
    5. El juicio de Dios sobre las naciones de los gentiles.
    6. La vuelta de la nación de Israel del cautiverio.
    7. La venida del Mesías, Su rechazo por Israel, Sus sufrimientos,                 muerte y resurrección.
    8. La venida del Mesías en poder y gloria para reinar.
    9. La restauración futura de Israel.
    10. El reino universal de Cristo.

    También es importante reconocer que la Iglesia no es el tema de las profecías del Antiguo Testamento, porque ellas hablan de Israel y el Mesías, de juicios divinos sobre las naciones, y aun cuando hablan de la conversión de gentiles no hablan de la Iglesia, su gobierno, su misión, etc. sino de que la gracia de Dios será extendida a los gentiles. Según Efesios 3:4-6 la Iglesia es un misterio que fue escondido en tiempos pasados, y revelado en el Nuevo Testamento.

El Coste de Ser Fiel

    Los profetas, porque fueron fieles a Dios, no fueron populares con la nación. Al pueblo de Dios no le gusta ser reprendido y corregido, aún en nuestros tiempos. Considera los sufrimientos de los profetas:

· El rey Amasías (2 Cr. 25:16) amenazó al profeta que Dios le envió, diciendo: “¿Te han puesto a ti por consejero del rey?  Déjate de eso. ¿Por qué quieres que te maten?”
· 2 Cr. 36:15-16 “ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas...”
· Los judíos dijeron a Jeremías: “No profetices en nombre de Jehová, para que no mueras a nuestras manos” (Jer.11:21).
· El sacerdote Pasur azotó y encarceló a Jeremías por profetizar contra Jerusalén (Jer. 20:1-2).
· Jeremías fue detenido, azotado y encarcelado porque intentó salir (Jer. 37:12-15)
· Los príncipes echaron a Jeremías en la cisterna por sus profecías (Jer. 38:4-6)
· El remanente acusó a Jeremías: “Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No vayáis a Egipto...” (43:2).
· Dios advirtió a Ezequiel de la dureza del pueblo: “...te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos” (Ez. 2:4-5).
· El pueblo venía y escuchaba, pero se mofaba de Ezequiel (Ez. 33:30-33) y no ponía por obra sus palabras. Como muchos que asisten hoy a conferencias.
· Daniel 9:6 “No hemos obedecido a tus siervos los profetas...”
· Amós 5:10 “Ellos aborrecieron al reprensor en la puerta de la ciudad, y al que hablaba lo recto abominaron”.
· El sacerdote Amasías ahuyenta a Amós: “vidente, vete, huye a la tierra de Judá... y no profetices más en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino” (Am. 7:12-13).
· Miqueas cita cómo el pueblo trataba de poner mordaza a los profetas: “No profeticéis, dicen a los que profetizan...” (Miq. 2:6).
· Juan el Bautista fue prendido y encadenado en la cárcel por reprender a Herodes acerca de su matrimonio ilícito (Mt. 14:3-5) y Herodías le odió y consiguió matarlo (Lc. 3:19-20)
· Mt. 5:11-12 Cristo dijo: “...os vituperen...persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros...porque así persiguieron a los profetas...” (Lc. 6:23, 26)
· Mt. 13:57 El mismo Señor sufrió: “Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa” (repetido en Mr. 6:4; Lc. 4:24; Jn. 4:44).
· Mt. 23:29-37 Cristo llamó a los fariseos, escribas "hipócritas" e hijos de los que mataron a los profetas (Compara con Lc. 11:47-51; Lc. 13:34)  
· Lc. 6:22-23 El Señor nuevamente señaló el maltrato de Sus profetas como típico de Israel: "porque así hacían sus padres con los profetas”.
· Ro. 11:3 cita la queja de Elías: “Señor, a tus profetas han dado muerte”.
· Hch. 7:52  Esteban, lleno del Espíritu Santo, acusó a Israel: “¿cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo”. Por eso le mataron también a él.
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· Gá. 1:10 El apóstol Pablo tenía claro cuál debe ser su actitud y manera de proceder: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”.
· Gá. 4:16 Sentía lo mismo que los profetas: el rechazo y la enemistad de la gente: “¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?”
· 2 Ti. 2:8-12 A su discípulo Timoteo le animó a ser fiel pese a todo: “Acuérdate de Jesucristo... si sufrimos, también reinaremos”.
· He. 13:6 La esperanza del siervo fiel: “El Señor es mi ayudador, no temeré lo que me pueda hacer el hombre”.

En Marcos 9:4 los tres discípulos vieron a Moisés y Elías con Cristo en el monte de transfiguración. Pero un día nosotros estaremos en el cielo con el Señor, y veremos a todos los profetas del Señor, estaremos con ellos y tendremos comunión con ellos. ¿Cómo será nuestra conversación con ellos? ¿Qué testimonio dan nuestras vidas? Amados hermanos, aunque suframos por ello, seamos ahora fieles al Señor como ellos lo fueron.
Carlos Tomás Knott