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martes, 2 de febrero de 2016

EN ESTO PENSAD -- febrero 2016




¿Hay Pocos Que Se Salvan?
O. J. Gibson

Es una buena pregunta. ¿Sólo van a ir unos pocos al cielo cuando mueran? Según la Biblia, la respuesta correcta a esta pregunta profunda es: “Sí, pocos”. Pese a los deseos de nuestro Dios de amor (Jn. 3:16; 2 P. 3:9; 1 Ti. 2:4), la mayoría de las almas no irán allí. Cuando los discípulos preguntaron al Señor: “¿Son pocos los que se salvan?” (Lc. 13:23), Él contesto claramente su pregunta. “...Estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mt. 7:13-14). La mayoría de la gente no sabe esto, o por alguna razón rechaza Su enseñanza. Millones de personas dicen: “soy cristiano”, pero tiene poca o ninguna evidencia de que su afirmación esté de acuerdo con la Biblia. En los funerales regularmente los ministros aseguran a los oyentes de que el difunto está en el cielo. ¿Es siempre verdad esto, o simplemente hablar bonito o esperar lo mejor?
    Es una tragedia hoy en día, que muchas personas confiadamente esperan ir al cielo, aunque su condición espiritual sea cuestionable. Hay quienes a nunca o a penas leen la Biblia, ni saben lo que ella enseña acerca de la salvación. La forma general de razonar parece ser que: “Dios nos ama demasiado como par enviarnos al infierno”. Muchos piensan que porque pertenecen a una buena iglesia, o a cualquier iglesia, por eso llegarán al cielo. Quizá ni asisten regularmente ni ocasionalmente, pero piensan que esta negligencia no importa. Quizá piensan así: “Yo básicamente soy buena persona”, o al menos, “No soy mala persona. Por lo tanto, Dios me aceptará como suficientemente bueno para el Cielo”. ¿Es esto verdad? Al contrario, la Biblia nos enseña que: “No hay justo, ni aun uno”, ante los ojos del Dios infinitamente santo (Ro. 3:10).
    ¿Cuál es la situación en el mundo respecto al número de los que se identifican como cristianos? En el año 1980, E. R. Dayton, en su libro: To Reach the Unreached (Alcanzando a los No Alcanzados”), estimó que había aproximadamente un billón de “cristianos” en la población mundial de cuatro billones de personas, aproximadamente veinticinco por cien. En 1998 la población del mundo fue calculado en seis billones (seis mil millones), y se calculaba que el número de “cristianos” era entre 1.5 y 1.8 billones; el mismo porcentaje y todavía una minoría. Pero cuidado, porque el término “cristiano” incluye toda variedad de creencia, aun las sectas y grupos con serias contradicciones respecto a la sana doctrina. También incluye toda persona que ha sido bautizada de cualquier modo y por cualquiera razón, aunque haya dejado de  asistir o pertenecer a una iglesia. Muchas iglesias (católicas y protestantes) emplean a los padrinos – los que intervienen haciendo un voto para asegurar que los niños sean criados como “cristianos”. Esos profesan creer de parte del infante o niño pequeño cuando se bautice. Se suele hace rociando con agua y marcando su frente con la señal de la cruz. Luego, los candidatos van a clases de catecismo, que consisten mayoritariamente de trabajos de memorizar (los credos, versículos de la Biblia como los Diez Mandamientos, etc.). La suposición es que entienden y creen todo lo que han sido enseñados y lo que han memorizado. Luego pueden ser miembros y tomar la comunión, y más tarde pasan por un rito de confirmación sobre el cual preside el obispo. Por supuesto que nada de esto excepto el bautismo es mencionado en la Escritura; ni fue practicado por la iglesia apostólica del primer siglo. La cualificación para el bautismo es ser creyente, es decir, tener una fe genuina y salvadora (Hch. 8:36-37). Sólo Cristo salva. Sólo la sangre del Señor Jesucristo quita los pecados; no lo hacen las aguas del bautismo (Ap. 1:5; He. 9:22), ninguna experiencia, sensación, sueño, visión, ni ningún rito, sacramento ni ceremonia de ninguna iglesia.
continuará, d.v.

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 “Yo soy el hombre que ha visto aflicción 
bajo el látigo de su enojo” (Lam. 3:1)


El libro de Lamentaciones describe el sufrimiento de la ciudad de Jerusalén como si fuera una persona. Además describe el sufrimiento que Jeremías sentía al ser testigo del juicio divino que caía sobre su pueblo.
      Pero el lenguaje de algunos pasajes también es una vista profética de Cristo sufriendo por nosotros. Por ejemplo, en Lamentaciones 3.1-20 podemos reconocer al Señor Jesús como “el hombre” afligido por la vara de su furor, mientras sufría en el Calvario por nuestros pecados. Nosotros amamos al Señor Jesucristo porque Él soportó toda esa ira por nosotros, y por eso le adoraremos
para siempre.
Carlos

        Su santa vara Dios blandió, hiriéndote a Ti;
        Dios mismo te desamparó, para ampararme a mí.

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PELIGROS EVANGELÍSTICOS
escribe Reginald Wallace

Gracias a Dios por los fieles mensajeros de Dios que hoy desean únicamente la gloria de Dios en la reclamación de almas. Pero no olvidemos que la evangelización masiva tiene un peligro del cual cada predicador fiel debe estar consciente. Es la tendencia a un emocionalismo que suelta grandes oleadas de fuerza emocional y produce una agitación religiosa que puede parecerse como un movimiento de Dios. Las emociones controladas por el Espíritu Santo tienen su lugar en la verdadera evangelización, pero ahora más que nunca necesitamos una discreción divinamente dada, mediante la cual distinguimos entre excitación religiosa y el verdadero poder espiritual. Reconocemos, por supuesto, que una profunda obra convencedora de la gracia puede acompañarse de un despertar emocional. Pero tales sentimientos en sí no son criterio de una profunda obra espiritual en el corazón. El enemigo siempre está dispuesto a imitar la obra del Espíritu Santo con un estímulo religioso que parece como verdadera espiritual, pero cuando la marea de agitación decrece, deja el alma vacía e insatisfecha.  Tal vez la peor tragedia es que deja condiciones que luego generan sus propios problemas. Es de esperar que las almas desilusionadas son mucho más difíciles de influir luego con el verdadero mensaje del evangelio.
    La posibilidad de tal falsificación enfatiza la suprema necesidad de proclamar claramente una vida de “criatura nueva”.  Es una ley universal que todo lo que reproduce lo hace “según su género”. También es verdad respecto al ministerio de cosas santas. El ministerio religioso puede ser psíquica, ortodoxa, herética, social, humanitaria, educativa, política o espiritual. En cada caso, reproduce “según su género”. ¿Pero son tales resultados externos el objetivo principal de la evangelización? ¡Jamás! Los que están enseñados en estos artes saben que fácil y baratamente pueden ser producidos. Pero la verdadera meta de la evangelización es el establecimiento de la soberanía de Cristo en el corazón de los hombres. Es obra del Espíritu Santo y como tal no se mide con estadísticas.
    Siempre existe el peligro de entender mal el carácter celestial y la novedad esencial de la vida espiritual. ¡Cuán importante es que sus implicaciones transformadores y revolucionarias sean proclamadas completa y claramente! ¿Y cómo oirán los demás si no es mediante la predicación? Si los a quienes está encomendada la verdad no interpretan las doctrinas de Dios, no es sorprendente que haya una grave ignorancia respecto a las implicaciones del verdadero discipulado. Es de suma importancia que los ministros de la Palabra de Dios examinen todo (1 Ts. 5:21), busquen la iluminación del Espíritu Santo y prediquen con “el poder que Dios da” (1 P. 4:11). ¡Deben asegurarse que los talentos naturales y los poderes de la personalidad sean animados y dominados por la vida de Aquel a quien Dios levantó de los muertos!  
    Por otra parte, recordemos que la consagración entera “por causa de ellos” no garantiza la eliminación de todo lo falso. Quiero decir que desaciertos y falsas conversiones también son experimentados en la pura evangelización espiritual. El Señor declaró que la red del evangelio contendría malos y buenos peces, esto es, que habría profesiones espurios además de conversiones verdaderas. No obstante, seguramente es parte de la evangelio que nos ha sido confiado, que respecto al mensajero, él debe reducir al mínimo la posibilidad de falsas conversiones. Su responsabilidad principal es exaltar a Cristo mediante un testimonio fiel, sabiendo que la verdadera conversión siempre es obra del Espíritu Santo.
    No debe deducirse de todo esto que el evangelista debe ir al otro extremo y consistentemente rehusar echar y recoger la red. Seguramente esto es parte esencial del trabajo del pescador. Pero sí, significa que su objetivo principal es glorificar al Señor y serle fiel, cueste lo que cueste. Mediante la proclamación de un evangelio intransigente desea trabajar en busca de la profunda obra de gracia divina en los corazones de los oyentes.

del capítulo 1 de su libro: The New Sovereignty ("La Nueva Soberanía")

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 LIBRO NUEVO

La Fe de los Escogidos de Dios
 por John Parkinson,

Excelente y clarísimo estudio que demuestra la diferencia entre la elección que la Biblia enseña y la que la teología enseña. El autor documenta cuidadosamente los orígines extra-biblicos del concepto calvinista de elección. Invita cordialmente al lector a creer a Dios antes que a los hombres.    

precio:  7 euros
 
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            CREO LA BIBLIA, 
PERO NO SOY SALVO


 
Frecuentemente oímos esta expresión al hablar con las personas sobre la condición de su alma delante de Dios. Cuando la Biblia dice vez tras vez en versículo tras versículo que el creyente tiene vida eterna y es salvo, ¿es posible cree la Biblia y no ser salvo?
    Sin duda, cuando uno dice que cree la Biblia, esto significa que la acepta como verdadera. Pero creer que la Biblia es verdadera y aun defenderla ante la oposición no es lo mismo que ser salvo. Sin embargo, nadie puede ser salvo si no cree la Biblia, porque “la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17).
    Quizás esto le suena confuso. Pero, estimado amigo, si toma el tiempo para considerar seriamente lo que la Biblia dice, podrá comprender claramente lo que estas declaraciones quieren decir.
    La salvación no se basa en creer en la biblia, sino en la fe y confianza que uno deposita en una Persona, esto es, en el Señor Jesucristo (Juan 5:39-40; 8:24). El patriarca Abraham ocupa un lugar prominente en toda la Biblia, pero el testimonio supremo de la Biblia acerca de él es que creyó a Dios y Dios contó su fe por justicia (Romanos 4:3; Gálatas 3:6). Esto es lo que Dios quiere que usted haga: creerle.
    Dios le declara que ha pecado y está destituido de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Busca y lee en la Biblia la terrible acusación que Dios declara contra usted en Romanos 3, versos 9 al 23. Dios desea que usted y todos los demás reconozcan y confiesen a Él que ésta es su verdadera condición. ¡No mire atrás en su vida buscando las cosas que considera buenas obras y buenas prácticas, ni se engañe pensando que éstas le hará apto para la presencia eterna de Dios! Afronta su condición verdadera, sincera y justamente, reconociendo que Dios le conoce totalmente. Entonces confiesa su terrible condición a Dios y clama a Él para que le tenga misericordia. Si ha hecho esto, ahora esté en la condición correcta para recibir la salvación de Dios: el Señor Jesucristo.
    La verdad de la salvación entra en el corazón del pecador arrepentido mediante fe en las Escrituras que declara a Jesucristo como el único Salvador. Hay muchos textos así en la Biblia, pero le pido que considere seriamente Romanos 10:9, “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. Considere primero la segunda parte de este versículo, y entonces contesta estas preguntas en su corazón: ¿Cree que Jesucristo vivió en este mundo, y que murió en la cruz del Calvario por sus pecados, que fue sepultado y que Dios le levantó de los muertos? Si cree esto de todo corazón, sólo queda una cosa que hacer para ser salvo ahora y para siempre. Confiesa con su boca que Jesús es su Señor y Salvador, porque Dios dice que creyendo en el corazón y confesando con la boca, será salvo.
    ¡Imagínese! No más dudas, no más incertidumbre, no más inquietudes acerca de su destino eterno. Confíe en el Señor Jesucristo como su Salvador de todo corazón, confiésele como su Señor, y sepa por la autoridad de la inmutable Palabra de Dios que es salvo. Entonces podrá decir: “¡Creo la Biblia y soy salvo!”

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 Los Profetas: Verdaderos y Falsos

El mensaje de los profetas no era principalmente una predicción del futuro, sino sencillamente una exposición de lo que Dios les reveló. Por eso tan frecuentemente leemos cómo  ellos comenzaron sus mensajes: “oíd palabra de Jehová”, “Me dijo Jehová”, “Vino a mi palabra de Jehová”, “así ha dicho Jehová”, etc. (ver por ejemplo: Jer.1:9; 7:2; Ez. 2.7 y las introducciones de los profetas menores.)  Sí que hay un elemento de predecir el futuro en los profetas, como advertencia o como esperanza. Las profecías más conocidas serían las de Isaías acerca del nacimiento de Cristo (7:14) y acerca de Su crucifixión (53), que fueron dadas 700 años antes de Cristo, y las visiones de Daniel 7-11 acerca de los grandes imperios y la venida del reino de los cielos. Y por cierto vemos en los libros de los profetas mucho del elemento profético en cuanto a predecir el futuro, pronunciar juicios venideros sobre pueblos —el día de Jehová— y también hablar acerca de la venida del Mesías. Pero mucho de lo que ellos dijeron era para corregir al pueblo de Dios y para afectar la vida práctica de los que les escucharon. Y a menos que fuesen falsos profetas, no hablaron otra cosa que la Palabra de Dios, porque la profecía no vino por voluntad humana, como 2 Pedro 1:21 nos dice. En 2 Crónicas 18:12-13, Micaías expresa muy bien esta fidelidad de los profetas a la Palabra de Dios:
    “Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le habló diciendo: He aquí las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; yo, pues, te ruego que tu palabra sea como la de uno de ellos, que hables bien. Dijo Micaías: Vive Jehová, que lo que mi Dios me dijere, eso hablaré”.
    En cambio, los falsos profetas, y había muchos de ellos, pretendieron el oficio profético sin seguir y servir a Jehová, sino que a veces siguieron a Baal o a otros dioses y como mucho, fingieron ser profetas de Jehová. Profesaron hablar en Su nombre, pero Él declaraba repetidas veces que no los había enviado. Sirvieron sin llamamiento divino, sin palabra de Jehová y sin fidelidad a Él. Micaías tuvo que enfrentar al rey Acab con la Palabra de Dios aunque 400 falsos profetas ya habían profetizado lo que Acab quería oír, que iba a vencer a sus enemigos. Y aquí empezamos a ver cómo procedieron los falsos profetas. Su ministerio era positivo, agradable, y suave, los “mister sonrisas”, los señores “quedar-bien-con-todos”, con sus picos de oro. Ellos no solían denunciar el pecado, sino causar admiración y ser amigos de todos. “¡Oh, qué bien habla!” diría la gente. Pero la gente no quería escuchar a los verdaderos profetas, y siglos después, en el Nuevo Testamento, decían que el apóstol Pablo era “tosco en palabra” (2 Co. 11:6).  Volviendo al Antiguo Testamento, vemos otros ejemplos de este rasgo principal de los falsos profetas mediante las palabras de Jeremías, porque él como verdadero profeta de Dios tuvo que denunciar a los falsos profetas más de una vez. Considera las siguientes citas de Jeremías y lo que nos enseñan acerca del ministerio presumido y positivo de los falsos profetas:
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    “Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra; los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin?”  (5:30-31).
    “No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este... He aquí, vosotros confiáis en palabras de mentira, que no aprovechan. Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e incensando a Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis, ¿vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones?” (7:4, 8-11).
    “...desde el profeta hasta el sacerdote todos hacen engaño. Y curaron la herida de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz. ¿Se han avergonzado de haber hecho abominación?  Ciertamente no se han avergonzado en lo más mínimo, ni supieron avergonzarse...” (8:10-12).
    “Y yo dije: ¡Ah!  ¡ah, Señor Jehová!  He aquí que los profetas les dicen: No veréis espada, ni habrá hambre entre vosotros, sino que en este lugar os daré paz verdadera. Me dijo entonces Jehová: falsamente profetizan los profetas en mi nombre; no los envié, ni les mandé, ni les hablé; visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su corazón os profetizan” (14:13-14).
    “A causa de los profetas mi corazón está quebrantado dentro de mí, todos mis huesos tiemblan; estoy como un ebrio, y como hombre a quien dominó el vino, delante de Jehová, y delante de sus santas palabras. Porque la tierra está llena de adúlteros; a causa de la maldición la tierra está desierta; los pastizales del desierto se secaron; la carrera de ellos fue mala, y su valentía no es recta. Porque tanto el profeta como el sacerdote son impíos; aun en mi casa hallé su maldad, dice Jehová... Y en los profetas de Jerusalén he visto torpezas; cometían adulterios, y andaban en mentiras, y fortalecían las manos de los malos, para que ninguno se convirtiese de su maldad; me fueron todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra.... Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros” (23:9-17).
    “Los profetas que fueron antes de mí y antes de ti en tiempos pasados, profetizaron guerra, aflicción y pestilencia contra muchas tierras y contra grandes reinos. El profeta que profetiza de paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, será conocido como el profeta que Jehová en verdad envió... Ahora, oye, Hananías: Jehová no te envió, y tu has hecho confiar en mentira a este pueblo” (28:8-9, 15).
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    Y como la aprobación del pueblo era lo que guiaba a aquellos hombres, ellos pensaban que hacían bien. Por cierto eran aceptados, preferidos y respetados entre los de Israel, que los preferían en lugar de los verdaderos profetas de Dios que denunciaban el pecado. Pero la voz del pueblo no es la brújula del hombre que es portavoz de Dios. Con razón el Señor Jesucristo advierte a Sus discípulos en Lucas 6:26 diciendo: “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!  porque así hacían sus padres con los falsos profetas”.
    Desgraciadamente, la mala reacción del pueblo a los profetas era algo que llegó a ser típico en Israel. Dijo Dios a Jeremías: “Pero ellos no oyeron, ni inclinaron su oído, sino endurecieron su cerviz para no oir, ni recibir corrección”. Al pueblo escogido de Dios no le supo bien ser corregido, y no quiso soportarlo. Entonces, la forma de quitarse de encima el problema era (y también sigue siendo así hoy en día) culpar al profeta de hablar cosas duras o “negativas”, o decir que no habla con amor. Claro, su concepto de amor era el amor propio, o el amor perverso que todo lo consentía, y los profetas hablaron del Dios de amor que “ama la justicia y aborrece la maldad” (Sal. 45:7). Muchos de los profetas tenían que sufrir castigo, no de los paganos sino del mismo pueblo de Dios. Acab y Jezabel persiguieron y mataron a los profetas de Dios, e intentaron lo mismo con  Elías pero sin éxito. Sedequías, un falso profeta que servía al rey Acab, golpeó a Micaías en la mejilla por su profecía que contradecía lo que todos los demás profetas habían dicho ante Acab. Y Acab mismo metió a Micaías en la cárcel por profetizar negativamente acerca de él (2 Cr. 18:23,26-27). El rey Joás mató a Zacarías hijo del sacerdote Joiada (2 Cr. 24:20-22) porque profetizó denunciando su pecado. El rey Amasías (2 Cr. 25:16) amenazó al profeta que Dios le envió, diciendo: “¿Te han puesto a ti por consejero del rey?  Déjate de eso. ¿Por qué quieres que te maten?” A Jeremías los judíos le dijeron: “No profetices en nombre de Jehová, para que no mueras a nuestras manos” (Jer. 11:21). El sacerdote Pasur azotó a Jeremías y le puso en el cepo porque profetizó contra la ciudad de Jerusalén (Jer. 20:1). En Jeremías 42 el remanente dice a Jeremías que consulte a Jehová por ellos, para saber si han de huir a Egipto o no, prometiendo: “obedeceremos” (42:5), pero cuando él les dice claramente: “No vayáis a Egipto” (v. 19), que no fue lo que querían oír, ellos responden diciendo: “Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No vayáis a Egipto...” (43:2).
    Esto parece como muchos de los profesados cristianos hoy, que tienen interés en saber qué dice la Palabra de Dios, mientras esté de acuerdo con lo que ellos quieren hacer. Ya han decidido cómo quieren vivir, y buscan el “sello de caucho” que diga: “Aprobados tus planes”. Escuchan y siguen mientras el ministerio sea cosas con las que ya están de acuerdo, pero en el momento que hay que cambiar, arrepentirse, humillarse, romper esquemas, etc., empiezan a denunciar al ministro del Señor, como si él fuera el problema. ¡Qué orgullo, qué insumisión, qué ceguera! Pero es una reacción demasiado típica al ministerio profético,  decir que el problema es el predicador, no nosotros. Dios mismo, cuando llamó a Ezequiel para profetizar a Israel, le advirtió: “Yo, pues,  te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos” (Ez. 2:4-5). Miqueas relata como en su tiempo el pueblo trataba de poner mordaza a los profetas: “No profeticéis, dicen a los

que profetizan...” (Miq. 2:6). Juan el Bautista fue echado en la cárcel porque reprendió a Herodes acerca de su matrimonio ilícito. El Señor Jesucristo menciona esta reacción de la nación elegida por Dios a Sus profetas en Lucas 6:22-23, diciendo: “Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas”. 
Carlos Tomás Knott
continuará, d.v.




viernes, 1 de enero de 2016

EN ESTO PENSAD - enero 2016

La Evolución No Es Ciencia Sino Religión

Así afirma el Dr. Hovind, autor de una serie de videos acerca de la ciencia de la creación. Los evolucionistas, ¿realmente saben que la tierra tiene miles de millones de años, o más bien lo creen? El Dr. Hovind dice que no existe ninguna prueba científica que permita suponer que nuestra tierra tenga esta edad. La “fe” en una tierra extremadamente vieja, como parte de la religión/evolución, no tiene nada que ver con la ciencia.
    Entonces, ¿cuándo fue el “principio”? Hovind mostró más de una docena de hechos científicos que hacen ver que nuestra tierra es muy joven. Hovind concluye que nuestro planeta tierra fue creado por Dios hace aproximadamente seis mil años. A continuación algunas de estas pruebas:

1. La población mundial. El índice de crecimiento demográfico ha quedado estable desde que existen registros. Si partimos desde los seis mil millones de habitantes en la actualidad, y contamos hacia atrás, llegamos a unos 4.400 años. Esta es la duración de una humanidad que empezó con ocho personas que sobrevivieron al diluvio. Si los hombres hubiesen existido durante millones de años, tendríamos actualmente más o menos 150.000 habitantes por metro cuadrado.
2. La temperatura de los planetas. Los planetas pierden calor. Si hubiesen existido desde hace millones de años atrás, no tendrían la temperatura interior que hoy se calcula.
3. El planeta Saturno pierde sus anillos. Poco a poco los aros se alejan de él. Si el planeta tuviese la edad de millones de años que se le atribuye, hace tiempo que el material de los anillos se habría dispersado.
4. El polvo cósmico en la luna. En un tiempo supuesto de 10 mil años, se acumularían en la luna un poco menos de tres centímetros de polvo. Pero los astronautas de la NASA encontraron solamente 1,5 cms de polvo cósmico, exactamente la cantidad que se produce en seis mil años.
    Además, considera el hecho de que la luna se aleja paulatinamente de la tierra. Si tuviese una edad de millones de años, habría estado muy cerca de la tierra, y esto habría producido mareas tan extremas que anegarían dos veces al día toda la vida terrenal.
5. Las edades de los cometas. Son jóvenes. Durante su viaje por el espacio pierden material constantemente. Todo cometa que hubiese viajado por el espacio hace diez mil años atrás, se habría disuelto en nada.
6. El campo magnético de la tierra disminuye. El ritmo en que pierde fuerza magnética, permite concluir que desde hace muchísimo tiempo ya no existiría ningún campo magnético en nuestro planeta. Es decir, según la “fe” de los evolucionistas, no deberían ni existir estas fuerzas.
7. La velocidad de rotación de la tierra. Ella disminuye con un valor de un milésimo de segundo por día. Contando atrás a un pasado de mil veces un millón de años, la rotación hubiese sido tan fuerte que la tierra habría salido de su órbita por la extrema fuerza de gravedad.
8. La presión del petróleo en la tierra. Está bajo enormes presiones, pero contenido en roca porosa. Si el petróleo hubiese estado tantos millones de años en estas condiciones, hace tiempo que la presión habría diminuido a cero.
9. Los planetas más antiguos. Los más antiguos que se conoce tienen una edad de “sólo” 4.500 años. ¿Por qué crees que no existen planetas más antiguas si la tierra tiene “millones de años”?
10. El porcentaje de sal en las aguas del mar. El agua del mar contiene en la actualidad 3,9 % de sal, proporción que aumenta constantemente. Si se hace la cuenta atrás (0% de sal) se llega aproximadamente a seis mil años.
11. La verdad acerca de las estalactitas. Los evolucionistas ven en ellas una evidencia de una edad astronómica de nuestra tierra. Basta saber que en el sótano del edificio memorial de Lincoln en Washington D.C. (EE.UU.), hay estalactitas que crecieron a más de un metro de largo en menos de cien años.                                          
(Datos sacados de “Battle Cry” de Nov.-Dic. de año 2.000)

    Se multiplican los datos y criterios como estos que demuestran que la teoría de la evolución es una falacia. Pero a pesar de ellos, el “evolucionista” prefiere aferrarse con fe ciega a sus teorías absurdas, antes que reconocer como verdad el relato bíblico en Génesis. Sabe que si creyese en una creación, le sería inevitable creer también en un Creador. Consecuentemente, si cree en Él, es inevitable concluir que debe rendirle obediencia y adoración. Pero esto le incomoda tanto que llega a un “no puede ser”. Romanos 1:28 lo apunta así: “...no aprobaron tener en cuenta a Dios”, y así es. Con todos los medios a mano trata de evadir este dilema. ¡Y el profesorado de institutos de enseñanza y colegios, el cuerpo docente de universidades y escuelas APOYAN ESTA INVASIÓN! Este nuevo oscurantismo le priva al alumno de un punto fijo de referencia.
    Pero, ¿por qué este cambio en el pensar? La humanidad entera, en todas las edades y culturas —salvo excepciones— siempre ha sostenido que detrás de nuestra naturaleza hay un poderoso Arquitecto y Creador inteligentísimo, justo y, por necesidad, benevolente. ¿Por qué ya no se admite la ley de la lógica que sostiene que vida sólo viene de vida? ¿Volveremos a creer una variación de la teoría absurda y equivocada de la generación espontánea?, pues es lo que viene a ser la teoría de la evolución. ¿Ahora  “sabemos” que salimos de una masa inanimada y bruta: desde una gigantesca explosión inicial? 
    Argumentan que el fuerte mataba siempre al débil, y se reproducía, y con el paso de los “8 millones de años” su inteligencia aumentó, y siguió matando y pegando a sus hermanos gorilas y quizá jabalíes... Si esto es así, te pregunto: ¿por qué ahora te parece mal si viene uno más fuerte que tú y te mata, te fríe y te come???  Es justo, ¿no? Dejemos que la evolución nos mejore todavía más...
    No, no te dejes engañar en este asunto de fe personal y muy importante. La creencia en una “evolución” no sólo es absurda, sino que es además una creencia que te aleja del Creador. ¿Sabes que de Él vienes y a Él regresarás, quieras o no?  Todo tiene sentido. Creeme, te sería mejor leer con mucha atención lo que se dice en los primeros capítulos de Génesis. NO HAY CONTRADICCIONES. ¿Nadie te ha dicho que hay cada vez más científicos serios que creen en el relato de la Biblia? Claro, no te lo dicen, porque no quieren que lo sepas. El oscurantismo de la Edad Media está vivo en el campo humanista-evolucionista, donde aparentemente no valoran mucho la honestidad intelectual. Toma nota de esta dirección postal, y infórmate.

Coordinadora Creacionista, Apartado 2002, 08200 Sabadell (Barcelona), España
http://www.sedin.org/creacion.html

 
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¿PRACTICAMOS LA HOSPITALIDAD?

   
El Señor espera que aquellos que dirigen la iglesia ejerciten la hospitalidad. 1 Timoteo 3:2 y Tito 1:8 señalan la necesidad de esto en aquellos que son los ancianos de la asamblea. Sin esto, un hombre no está cualificado como pastor del pueblo de Dios, a pesar del conocimiento o dones que pueda tener. ¿Y por qué? Probablemente porque la hospitalidad es un barómetro de su amor desinteresado hacia los demás, y de su preocupación por las personas que Dios ha confiado a su cuidado.
    Pero, amigo, la responsabilidad y el privilegio de ser hospitalario no se limita a los ancianos, o al menos no debería ser así. Lo digo, porque hay congregaciones en las que sólo los ancianos invitan a otros, y los demás no muestran mucho interés en participar en la hospitalidad. Pero Romanos 12:13 llama a todos los cristianos a desarrollar la práctica de la hospitalidad. Amar a los forasteros, aunque no es natural humanamente hablando, debería ser una marca personal de todo verdadero creyente.
    La mención de la hospitalidad en Hebreos 13:2 se dirige a todo creyente. Pero la idea no es un acto puntual, sino el desarrollo de una mentalidad y práctica. Es típico ser hospitalario una o dos veces después de leer un libro o oír un mensaje sobre el tema, ¡pero qué pronto y con qué fácilidad volvemos a los viejos y cómodos hábitos!
    Es verdaderamente un comportamiento deplorable, que después de haber estado en una reunión donde había visitas, forasteros e inconversos, los creyentes vuelven a casa solitos, o con el mismo grupo selecto de parientes o amigos de siempre: “nosotros cuatro y nadie más”. Otros vienen y se van sin ni una simple invitación para ir a una casa, y si se sienten rechazados, es porque lo son. Digo: “vienen y se van”, pero francamente, la mayoría de ellos se van.
    A veces expresamos una preocupación por la gente que viene pero no desarrolla mucha amistad ni comunión en la congregación. Pero a menudo la cosa queda en eso, unas meras palabras. Si queremos hacer algo más que hablar, abramos nuestros corazones y nuestras puertas. "De acuerdo", dices, pero no es suficiente decir esto. Hay que hacer algo. Prepara de antemano,   e invita a alguien que no has invitado antes. Si te ayuda, podrías hacer una lista y poco a poco llegar a tener en tu casa a cada hermano en la asamblea. Piensa en invitar también a los amigos o hermanos visitantes. ¿Podría ser que la hospitalidad sea una de las claves olvidadas para el crecimiento y la vitalidad de la iglesia?
                                                                          
Carlos

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LIBRO NUEVO
 
"Yo Soy"
por Carlos Tomás Knott
 
Editorial Berea En Éxodo3:14 Dios se reveló a Moisés diciendo: "Yo soy". Nadie más toma ese nombre. Cuando Jesucristo declaró: "yo soy", en el evangelio según Juan, se separó de todo otro ser. Él es único, Dios hecho hombre, y no tiene igual ni semejante en todo el mundo. Buda no es el "yo soy", ni lo es Mahoma, ni ningún santo católico. La única esperanza de la humanidad es el Señor y Salvador Jesucristo, el "yo soy".

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"Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee".
Lucas 12:15 
 
 
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LAS CONTRIBUCIONES DE
LAS HERMANAS EN LA IGLESIA


Parte III

por Robert Gessner (1930-2014)

    LA UNDÉCIMA NOCHE: Papá quiso enseñar a Donna un
ejemplo más del servicio de una madre. Jocabed (Éx. 6:20), la madre de Moisés, rindió un servicio extraordinario al preparar a su hijo para vivir para Dios. Le recibió de los muertos, figuradamente, del río de muerte, y determinó en su corazón que le enseñaría tanto como podía acerca de Dios en el tiempo breve que le había sido asignada (Éx. 2:8-10). Vemos cómo él fue sacado del río por la hija de Faraón, y entregada a su madre como nodriza en el plan soberano de Dios. Jocabed le enseñó bien, de tal manera que toda la sabiduría de los egipcios no podía borrar las lecciones que aprendió al lado de su madre. Hebreos 11 nos informa que cuando se hizo grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, y escogió sufrir aflicción con el pueblo de Dios. Los padres salen cada día a su trabajo, pero las madres debe estar en casa y pasar tiempo con sus hijos, observándolos y educándolos, dando forma a su carácter y vida. Aunque el padre guía en el tiempo devocional diario de la familia, es el privilegio de la madre reafirmar cada día las lecciones de la Palabra de Dios. La madre Eunice y la abuela Loida hicieron su trabajo de forma tan buena que Pablo podía decir a Timoteo: “desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras” (2 Ti. 3:15). 

    LA DUODÉCIMA NOCHE: Entonces, Papá abrió el libro de Rut para aprender una lección de aquella mujer valiente que expresó palabras de devoción que nunca serán olvidadas. “No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” (Rut 1:16). Ella no dijo esas palabras en una reunión pública, sino en un momento íntimo de profunda agonía del alma, donde nacen todas las palabras de peso. Después de llegar a la tierra de su suegra, leemos esto de Rut: “Espigó, pues, en el campo hasta la noche, y desgranó lo que había recogido, y fue como un efa de cebada. Y lo tomó, y se fue a la ciudad; y su suegra vio lo que había recogido. Sacó también luego lo que le había sobrado después de haber quedado saciada, y se lo dio” (Rut 2:17-18). Dio a otros lo que había espigado. Algunas hermanas tienen un ministerio fructífero de esta manera. A través de la correspondencia con amigas y misioneros, comunican palabras de ánimo que significan mucho a los que las reciben. 

    LA DÉCIMOTERCERA NOCHE: David tuvo palabras hermosas que decir de una mujer que le salvó de actuar neciamente en un tiempo de gran desánimo en su vida. Ella se llamaba Abigail. Él dijo de ella: “Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases. Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy de ir a derramar sangre” (1 S. 25:32-33). Hay muchos jóvenes, y también viejos que mirando atrás a sus años de juventud, pueden repetir las palabras de David respecto al consejo que les fue dado por una hermana piadosa justo en el momento oportuno. Papá recordaba una ocasión en su propia vida cuando se jactaba a uno de sus amigos que había hecho algo feo y se sentía mayor, cuando de repente se avergonzó al darse cuenta que una hermana creyente le escuchaba. Ella se le acercó y con lágrimas en los ojos dijo: “Permíteme darte un consejo importante. Si me amas y amas al Señor, ¡jamás lo vuelvas a hacer!” Dijo Papá: “¿Sabes qué? Nunca jamás lo volví a hacer!” 

    LA DECIMOCUARTA NOCHE: Para su último estudio, Papá escogió leer algunas porciones acerca de Sara. Leyeron algunos relatos hermosos de ella en el libro de Génesis, pero la porción que Donna más recordaba fue la que escribió el apóstol Pedro siglos después de la muerte de Sara. “Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza” (1 P. 3:6). Sara llegó a ser un ejemplo de la obediencia. La influencia más grande que se ejerce en los demás es la del ejemplo. La gente se acuerda más de lo que somos que de lo que decimos. Si todos nosotros obedeciéramos, ¡qué lugar más hermoso sería la asamblea! Así que, la obediencia humilde y silenciosa de una hermana piadosa destaca por encima de todos los dichos y hechos de cientos de actores. Entonces, Papá concluyó diciendo: “Donna, que el Señor te dé gracia para obedecer a los que te pastorean, y sujetarte a ellos, porque ellos velan por tu alma como quienes han de dar cuenta a Dios” (He. 13:17). 

Conclusión

    Éstos simplemente son algunos pocos de los muchos ejemplos del ministerio amante de las mujeres en la Biblia. Sin duda se podrían añadir otros. Debe notarse también que en el Nuevo Testamento las mujeres nunca tomaron el lugar de liderazgo. En el Antiguo Testamento, había algunas que lo tomaron cuando los hombres fallaron y no llevaron a cabo sus responsabilidades. En otras ocasiones, algunas usurparon el liderazgo sin consultar a Dios, y los resultados no fueron buenos. Por ejemplo, Dina salió para ver a las hijas del país pagano donde estaba, y eso acabó en un desastre moral (Gn. 34). Jezabel tomó el liderazgo político y religioso en el reino, influyendo y mandando a su marido, y la Biblia dice del rey Acab: “A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba” (1 R. 21:25).     
    La Biblia presenta varias maneras de servicio para la mujer, pero Dios nunca quiere que ella usurpe autoridad sobre el hombre ni que se involucre en ministerio público en la congregación. Está claramente dicho en 1 Timoteo 2:12, “Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”. 1 Corintios 14:34-35 declara expresamente: “Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas... porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación”. En nuestra cultura hoy muchos nos quieren hacer creer que Dios está siendo injusto y restringente al negarles a las mujeres este papel público. Hoy en día no estamos satisfechos si no recibimos algún reconocimiento, porque en nuestra cultura parece que el desempeño público y su consiguiente aprobación son las únicas cosas válidas y lo demás es perder el tiempo y los talentos. Satanás habló con Eva e insinuó que Dios le restringía injustamente al mandar que no comiera del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal (Gn. 3:1). Pero como los sucesos posteriores demostraron, la restricción divina era para su bendición. Conocer el bien y el mal no mejoró su vida, al contrario, resultó en su muerte. Cuando buscamos traspasar los límites que Dios ha puesto para nuestro bien, vendrá el momento de dolernos por eso. La participación pública y el liderazgo no son los ministerios más grandes, ni son cosas a las que aferrarse.  Mucho daño ha sido hecho a muchas congregaciones debido a los conflictos y las envidias que surgen en la competencia sobre esos dones públicos (Fil. 2:3). En su responsabilidad no pública, a la mujer le son otorgados ministerios de apoyo que darán grandes galardones en el día futuro. En lugar de buscar maneras de evadir esa restricción, las mujeres piadosas hallan su gozo evitando cuidadosamente cualquiera actividad que aun parece ir más allá de los límites que Dios ha establecido para ellas. Las alegrías más grandes en la vida cristiana vienen de la obediencia, no del desempeño público y el reconocimiento. “Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Ti. 4:8). Puede que la llamada “mujer moderna” de hoy se ría y aun se burla de la mujer que anda en obediencia a las Escrituras, pero la moda y apariencia de este mundo se pasa. “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Jn. 2:17).
    “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 P. 3:3-4).

 No sigas a las mujeres del mundo, ni aspires ser como ellas. No te importe lo que piensan los del mundo, porque no entienden.
Lo importante no es ser todo lo que tú quieras y puedas,
sino ser justo lo que Dios quiere que seas, hacer Su voluntad,
y estar contenta y satisfecha así. Dios tiene un plan dichoso
para tu vida. Pídele: "Hágase tu voluntad".
 

jueves, 31 de diciembre de 2015

El Hermano Francis (Paco) Baldachino - 1918-2015





2 Timoteo 1:12 
"...no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día".

Nuestro muy amado hermano en Cristo, Paco Baldachino, fue llamado a la presencia del Señor el martes 29 de diciembre, 2015, estando en el cuidado residencial del hospital St. Bernard’s en Gibraltar. A los que nos quedamos, es una gran pérdida, pero para el hermano Paco, es la más grande de las bendiciones -- estar eternamente en la presencia de su Señor y Salvador Jesucristo. ¿Cómo será el verle cara a cara a nuestro Señor en toda Su gloria? Sólo podemos imaginarlo, y esperarlo. Paco siempre decía que quería estar con Cristo en gloria, y hablaba del Filipenses 1:23.

Nació en una familia católica romana y fue criado en todos los dogmas, credos y rituales de esa religión, Pero en el año 1954 le impactó la realidad de la muerte, mirando el ataúd de su tía, y escuchando la lectura bíblica de algunos creyentes allá presentes. Sintió interés y convicción, y comenzó a asistir a las reuniones de la iglesia, donde aprendió que la salvación se halla sólo en Cristo. Depositó su fe en el Hombre del Calvario y halló la salvación de su alma. Muchas veces contaba a quienes quisieran escuchcar la historia de su salvación y cómo su vida cambió. Su versículo favorito era 2 Corintios 5:17, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas". Vivió 61 años después de su conversión y demostraba la verdad de ese versículo.

Era una persona bien conocida en Gibraltar. Frecuentemente distribuía tratados evangelísticos, y habla con los que encontraba acerca de su Salvador y cómo ellos también podrían ser salvos. Solía recordanos de cómo ponía una mesa con literatura evangelística en las fiestas de independencia de Gibraltar. Es cierto que muchos de Gibraltar se han quedado sin excusas acerca de la salvación de su alma. Paco utilizaba toda oportunidad para hablar de Cristo a los demás.

Estaba en comunión en el Local Evangélico (Gospel Hall) [antes llamada Iglesia Evangélica de Gibraltar] durante toda su vida cristiana. Dedicaba su vida a la predicación del Evangelio y vio un número de personas convertidas. Solía hablar con mucho denuedo de modo que los oyentes no podía quedarse con dudas acerca de su destino eterno si no aceptasen la gracia de Dios.

En los últimos años, cuando empezaban a fallar su salud y fuerzas, todavía insistía en asistir a las reuniones cada primer día de la semana, para partir el pan con los hermanos y recordar la muerte de su Señor y Salvador. Los hermanos le recogían en su silla de ruedas y le llevaban al local cada domingo. Durante ese tiempo, él aprendió un himno titulado "Redimido" [Redeemed] en el himnario de Sankey. Que sepamos, no ha sido traducido al Españo, pero su letra en inglés no es difícil de entender.

 
“I am redeemed, oh praise the Lord,
My soul from bondage free,
Has found at last a resting place,
In Him who died for me”.

Chorus: “I am redeemed, I am redeemed,
I’ll sing it o’er and o’er,
I am redeemed! Oh praise the Lord!
Redeemed forever more”.

“And when I reach that world more bright,
Than mortal ever dreamed,
I’ll cast my crown at Jesus feet,
And cry, Redeemed! Redeemed.


 
Hoy Paco está en esa tierra tan brillante y gloriosa, y si canta tan fuerte allá como cantaba en las reuniones en Gibraltar, las palabras: "¡Redimido”! “¡Redimido”! retumban en todo el cielo.
Gálatas 3:13;  1 Pedro 1:18; Apocalipsis 5:9.
 
¡El amado hermano Paco por fin está en su hogar eterno!

escrito por el hermano Denis Goodwin

miércoles, 2 de diciembre de 2015

EN ESTO PENSAD -- diciembre 2015


FIJA TUS OJOS EN CRISTO
 C.H. Spurgeon

“...puestos los ojos en Jesús...”  Hebreos 12:2

La obra del Espíritu Santo siempre es quitar nuestros ojos de nosotros mismos y fijar nuestra mirada en Jesucristo. Pero la obra de Satanás es justo lo opuesto, porque siempre intente hacernos considerarnos a nosotros mismo en lugar de Cristo. Insinúa: “tus pecados son demasiado grandes para ser perdonados; no tienes fe; no te arrepentiste lo suficiente; nunca podrás permanecer hasta el fin; no tienes el gozo de Sus hijos; no te has asido de Cristo con mucha fuerza, tus manos son débiles”, etc. Todos estos son pensamientos acerca de uno mismo, y jamás encontraremos consuelo o certeza mirando dentro de nosotros mismos. El Espíritu Santo quita nuestros ojos de nosotros mismos; nos dice que no somos nada, pero que Cristo es todo. Acuérdate, por lo tanto, que no te salvan tus manos asidas de Cristo, sino Cristo mismo. No es tu gozo en Cristo lo que te salva, sino Cristo. Ni siquiera es tu fe en Cristo, aunque es el instrumento, sino que es la sangre de Cristo y Sus méritos. Así que, no pongas tu confianza en tus manos con las que tienes asido al Señor, sino en el Señor mismo. No mires tu esperanza, sino a Jesucristo que es la fuente de tu esperanza; no mires tu fe, sino a Jesús el autor y consumador de tu fe. Nunca encontraremos felicidad mirando nuestras oraciones, nuestras obres, nuestros sentimientos, porque lo que da descanso al alma es la persona de Jesucristo y Su obra, no nosotros ni nuestras obras. Si queremos vencer a Satanás y tener paz con Dios, tiene que ser a través de esto: “puestos los ojos en Jesús”. Mantén siempre tu ojo en Él, desde cuando te levantes hasta que te acuestes, considera Sus sufrimientos, Su muerte, Sus méritos, Sus glorias, Su intercesión, y tenlos siempre presente en tus pensamientos. No permitas que tus esperanzas o temores se interpongan entre ti y el Señor. Síguele pegado, pues Él nunca te fallará.

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 “Quisiéramos ver a Jesús”

Estas palabras, en Juan 12:21, dichas a Felipe por dos griegos, expresan un buen deseo. No decían: “quisiéramos ver a la Virgen”, sino a Jesús. ¡Ojalá fuera el deseo de más personas! Hoy la gente quiere ver la tele, quiere ver diversiones, quiere ver cosas que no son para sus ojos, como por ejemplo la mujer del prójimo, y por eso en parte quiere ir a la playa, para ver a las mujeres media desnudas. Pero estos deseos y otros parecidos son malos y son pecados. En cambio, no es malo el querer ver a Jesús. ¡Sería la bendición más grande que pudiéramos tener! Estos dos griegos dijeron bien: “quisiéramos ver a Jesús”. Nosotros los que somos creyentes también le queremos ver. Pero no por lo que imaginamos es la cara de Jesús en las nubes, ni en un sueño, ni en el diseño de las quemaduras en una tortilla mejicana. Queremos ver a Jesús, cara a cara.
    Benditos los discípulos que anduvieron con Él y le vieron cada día, pero aun así algunos no se dieron cuenta de quién es Él. En Mateo 13:16-18 el Señor dijo a Sus discípulos: “Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron”. Ellos tenían el privilegio que habían deseado muchos profetas y justos a lo largo de la historia. Tenían delante suyo al Hijo de Dios, al Mesías, y le veían cada día. ¡Qué bendición, ver al Señor!
    Pero en Juan 14:9 el Señor pregunta a Felipe: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Puede que sea así también con algunos de nosotros, porque el tiempo que llevamos en el Señor no es una garantía de conocerle como debemos. Ellos le veían, pero no acabaron de entender ni de apreciar Su identidad. Nosotros no le vemos, excepto a través de Su Palabra, y sin embargo, como los discípulos, muchos no pensamos en Él como deberíamos.
    En Lucas 19 Zaqueo quería verle. Había oído de Él, y ya que Jesús pasaba por Jericó, Zaqueo determinó que iba a verle. De modo que subió a un árbol, se puso en alto para verle. Y vio al Señor, pero el Señor también le vio a él, y luego tuvo que bajar, porque el Señor le dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende”. Pensemos en esto, que el Señor nos ve también a nosotros. Y aunque hayamos subido a un “árbol” de alta sociedad, intelectualismo, riqueza, fama, poder político u otra cosa, por altos que nos hayamos puesto, el Señor nos dice que si queremos verle a Él de manera personal, conocerle y tener comunión con Él, tenemos que descender. Para ver a Jesucristo así, hay que humillarse, hay que arrepentirse y creer el evangelio.
    En Juan 20:29 tenemos el caso de Tomás que no había estado con los demás discípulos cuando el Señor se les apareció, esta vez sí, estuvo, vio al Señor y creyó. Pero el Señor le comentó que creyó sólo porque había visto, y dijo: “Bienaventurados los que no vieron, y creyeron”. El deseo de ver a Jesús es bueno, pero no es necesario verle para creer. De hecho, después de Su ascensión vivo al cielo, no ha vuelto a manifestarse más. Muchos hablan de ver a Jesús en visiones, pero se equivocan.
    El apóstol Pedro dice en 1 Pedro 1:8, acerca del Señor Jesús: “a quien amáis sin haberle visto”, porque así es la condición de los creyentes después del tiempo de los apóstoles. Muchos han creído en el Señor y han recibido la bendición de la salvación por la gracia por medio de la fe, pero sin ver a Jesús. Todavía no le hemos visto, pero no es necesario verle para amarle. Cuanto más leemos acerca de Él en la Palabra de Dios, más le amamos.
    De momento nos quedamos con la esperanza de verle, y es una esperanza que un día pronto se cumplirá, porque el Señor ha prometido que vendrá a buscarnos y llevarnos a estar siempre con Él. Primero vendrá a arrebatar a la iglesia, ¡gloriosa reunión! “Y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4:17). “Verán su rostro” (Ap. 22:4), no como juez, sino como su Dios, Señor y Salvador, su Compañero y Amigo eterno. Después vendrá a reinar en este mundo, y la Palabra de Dios dice: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá” (Ap. 1:7).
    Pero aquellos que no creen en el Señor Jesucristo, que no son Suyos, también le verán y le conocerán, no para bendición sino para maldición. Apocalipsis 20:11-12 dice: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.  Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios”. Ellos también verán al Señor, pero Él será su Juez. Irán a la condenación eterna con la cara del Señor bien grabada en su memoria, habiéndole visto claramente, y siempre se acordarán del Hijo de Dios que murió por ellos pero que ellos rechazaron.
    Así que, todos veremos a Jesús, de una manera u otra. ¿Cómo le verás tú? ¿Es tu Señor y Salvador? ¿O sólo tienes curiosidad de verle y saber cómo parece? Prepárate ahora, porque quieras o no, pronto verás a Jesucristo.


de una predicación de Cándido Gijón, en agosto del 2006.
El hermano Cándido sirve al Señor en París, Francia.


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“¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?”  (Lc. 24:32).
 
El Señor hablaba de las Escrituras a estos discípulos, y su corazón ardía. Esto nos hace preguntar: ¿Qué hacer arder mi corazón? ¿El dinero? ¿La política? ¿El deporte? ¿La música? ¿La cocina? ¿La tele y las películas? ¿O tal vez el Señor Jesucristo y la Palabra de Dios? En el Salmo 1 leemos acerca de la persona bendita cuya delicia está en la ley de Jehová, la Palabra de Dios, y en ella medita de día y de noche.

“...de la abundancia del corazón habla la boca” (Mt. 12:34b). Se trata de causa y efecto. Cuando hay algo en abundancia en el corazón, la boca habla de esto. Por nuestra conversación se sabe en qué estamos pensando, y cuando hablamos mucho de algo, es porque pensamos mucho en esto. ¿Por qué algunos tienen tanta dificultad para hablar de temas espirituales, no sólo durante la semana, sino aun los domingos en compañía de creyentes? Se concluye la predicación, termina la reunión, y en seguida comenzamos hablar de temas que no tienen nada que ver con el Señor o la Palabra de Dios. ¡Qué extraño! De nuevo debemos preguntarnos: ¿Cuál es mi tema predilecto? ¿De qué me gusta hablar, y que sale de mí cuando abro la boca para hablar? ¿Sale un equipo o una pelota de fútbol? ¿Sale el coche del año? ¿Sale un partido político? ¿Salen chismes, críticas o cotilleo acerca de los demás? ¿O sale el Señor Jesucristo, textos bíblicos, testimonio personal acerca de cosas espirituales? Queridos hermanos, el control de la boca está en el corazón.
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El árbol de la navidad no es cosa de creyentes
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 UN REGALO PARA TI
¡ACÉRCATE UN POCO MÁS, HOMBRE!
    “La Biblia es como la arena del mar, un libro infinito”, ha dejado escrito Jorge Luis Borges. “Es un enigma sorprendente” dijo Diderot. Ningún otro manuscrito de la literatura clásica ha podido ser probado como ella.
    Los manuscritos más antiguos de los maestros clásicos pertenecen al siglo IX d.C., con muy pocos ejemplares. Del Antiguo Testamento, primera parte de la Biblia, existen hoy 1.490 manuscritos y miles de fragmentos, algunos del siglo IV a. C. Del Nuevo Testamento, segunda parte de la Biblia, existen 4.685 manuscritos, algunos de los siglos II y III d. C. Sólo el estudio cotidiano del documento más antiguo, más largo y mejor conservado de la historia de la humanidad, ya merece la pena.

¿POR QUÉ NO PROCURAS ESTUDIARLA MÁS?
    Todas las personas, creyentes o no, deberían investigar en sus páginas. La persona interesada en la historia, el escritor, el humanista, el educador, el jurista, el ser humano interesado en su propia formación, no debería ignorar este libro, el más traducido y publicado en el mundo, que viene hasta nuestras manos desde el fondo de los siglos.
    En ella tienes delante el mejor libro de todos. Un documento magistral que contiene milenios de vida, escrito por poetas, reyes, escribas, profetas, pescadores, médicos, recaudadores de impuestos, etc. Son los escribas, pero no el Autor.
    En ella hay hombres de letras y hombres sencillos, en una misteriosa coincidencia. Es el testamento de millones de seres a quienes transformó, y para todos ellos, el Testamento y el Testimonio de Dios, su verdadero Autor.

¿POR QUÉ NO INTENTAS CONOCERLA MEJOR? ¿POR QUÉ NO PROCURAS COMPRENDERLA?
    Si decides hacerlo, ¡ten cuidado! ¡Te puede cambiar la vida! Es Palabra de Dios para tu alma, semilla suya que busca corazones donde crecer, espejo que se nos pone delante para que nos veamos según nos ve Dios, espada suya que nos da la vida cuando hiere, escuela en que nos educa, Caballo de Troya que Dios ha metido en nuestra pequeña fortaleza. Es un libro que cambia la vida para bien, para vida eterna. Un libro transformador. Prueba y verás.

LA BIBLIA ES UN LIBRO ÚNICO, PODEROSO. 
¡NO TE QUEDES AL MARGEN!

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LAS CONTRIBUCIONES DE
LAS HERMANAS EN LA IGLESIA


Parte II 
Robert Gessner (1930-2014)

LA SEXTA NOCHE: Nuevamente leyeron en el capítulo 12 de Juan, pero esta vez Papá quería hablar de María. Donna había leído muchas veces la historia de cómo María tomó una libra de perfume de nardo puro, ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos. Donna se preguntaba cómo Papá aplicaría este relato al ministerio de las mujeres en nuestros tiempos cuando el Señor Jesús no está en el mundo. Pero esto es lo que él tuvo que decir: 
“María no habló ni una palabra, pero reflejó una actitud hermosa hacia Cristo y su fragancia llenó la casa. En una reunión de la asamblea, la actitud que trae una hermana llena de Cristo pronto influye a la reunión sin que ella diga palabra. Puede mostrarse en lágrimas que mojan sus mejillas, o en los ojos cerrados en oración reverente, o en ojos puestos atentamente en el predicador mostrando interés intenso en lo que dice. Puede verse en una sonrisa amigable, una palabra de bienvenida, o un saludo afectuoso después de la reunión”. De muchas maneras la actitud de la hermana piadosa se contrasta con la actitud crítica, infeliz y descontenta de las que no han estado caminando con Cristo, y que tal vez vienen sólo por obligación, o para aparentar, o para curiosear en las vidas de los demás.  En contraste, la hermana espiritual, en su amor de Cristo, Su Palabra y Su pueblo, puede decir con el salmista: “Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo” (Sal. 84:2).

    LA SÉPTIMA NOCHE: Papá quería examinar a una mujer más en el Nuevo Testamento antes de ir al Antiguo. A Donna le pareció que escogió una mujer extraña para considerar esa noche. Leyó estas palabras en Filipenses 4:2, “Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor”. Después de leer este versículo, contó a Donna que el predicador Alfred P. Gibbs solía llamar a Síntique “muy sensible”. Agregó que hacía muchos años que una hermana muy sensible se ofendió por algo que casi causó una división en la asamblea. Su lengua se tornó en arma de combate que causó gran daño. Comentó que una hermana puede usar su lengua para sanar y curar las heridas en una asamblea, y de manera pacífica. Puede contribuir mucho a la unidad de la asamblea si emplea su lengua de manera piadosa (véase Stg. 3). Las conversaciones cotidianas con los santos pueden ser como masajes que fortalecen los músculos y los tendones de la asamblea.

    Donna y su padre habían llegado a la mitad de su excursión planificada en las Escrituras sobre el ministerio de las hermanas en la asamblea. Papá empezaba a notar un cambio en la perspectiva de Donna. Ella estaba soprendida del número de ejemplos dados en las Escrituras.  Papá pausó en este punto para dar gracias a Dios por haberles ejercitado a él y su esposa a poner aparte tiempo en las noches para leer y comentar las Escrituras con sus hijos. Al principio fue una decisión difícil, porque significó recortar el tiempo gastado en otras cosas. Pero ahora reconocía de nuevo cuánto ese tiempo devocional influía en la actitud de sus hijos. En un libro: To the Parents of My Grandchildren (“A Los Padres De Mis Nietos”) un escritor anónimo apunta lo siguiente acerca del tiempo devocional con los hijos:

 “Oh, queridos padres jóvenes, ¡cuán poco solemos valorar esas reuniones familiares, quizás con nuestros hijos en nuestras rodillas o a nuestros pies! Quizás estando en la cama nos dicen: ‘¡Cuéntanos una historia!’  Probablemente más tarde en la vida darías todo por tener una oportunidad así, pero ahora la tienes. Ahora puedes enseñarles a amar al Señor y la patria celestial hacia donde viajas. Ahora es tu oportunidad para enseñarles el valor verdadero del cielo. Sus corazones son jóvenes y tiernos, y su amor tierno; ahora es el momento, la oportunidad que después nunca volverás a tener. Sé que el día ha estado lleno de actividad; sé que estáis cansados; sé cuánto más fácil es decirles que el Señor les ama, darles un besito y ‘buenas noches’. Pero es una oportunidad especial que no debe perderse, pues vale más que todo el oro en el mundo”.

    Así animado a seguir, Papá estaba listo para leer algunos pasajes del Antiguo Testamento que mostrarían a Donna más del ministerio de una hermana que amaba al Señor Jesucristo.
   
    LA OCTAVA NOCHE:  Esa noche Papá dirigió a la familia al hermoso capítulo cuatro de Ester. Mardoqueo le informó a Ester que su pueblo, esparcido en el imperio persa, estaba en peligro de perecer. Le rogó que entrara delante del rey para suplicarle y pedir por la vida de su pueblo. Ella arriesgó su vida e intercedió por miles de personas que no conocía. Papá siguió y explicó a Donna el maravilloso ministerio de orar e interceder por otras personas. Le contó de hermanas que pasan horas delante del trono de Dios, rogando por los inconversos en otros países, apoyando en oración a cientos de misioneros que salieron para llevar el evangelio a esos países. Esas hermanas oran por miles que nunca han conocido y por países que nunca han visto. Sólo Dios sabe cuántos misioneros han perseverado en la obra debido a las fieles oraciones de hermanas como éstas.

    LA NOVENA NOCHE: El estudio de esa noche dejó una profunda impresión en Donna mientras miraban la vida de Rahab en Josué 2:12-13. Escuchemos las palabras de esa mujer extraordinaria. “Os  ruego pues, ahora, que me juréis por Jehová, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal segura; y que salvaréis la vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es suyo; y que libraréis nuestras vidas de la muerte”. Ella tenía espíritu de evangelista, porque no se preocupaba sólo por su propia alma sino por las de los demás. Si hubiera vivido en nuestros tiempos, habría visitado a sus vecinos, habría repartido cientos de tratados y orado encarecidamente por las almas de sus seres queridos que se acercaban a la destrucción. La narrativa sigue y nos informa que perdonaron a Rahab, su padre, madre, hermanos y todo lo que tenían. Una sola mujer fue empleada para perdonar la vida de muchas personas en una ciudad donde miles perecieron.

    LA DÉCIMA NOCHE: No toda hermana es una madre, pero para las que son o que un día serán madres, hay un ministerio de valor incalculable. Las siguientes dos mujeres ilustran este servicio. Ana a través de sus oraciones puso a su hijo en el servicio de Dios. En 1 Samuel 1 ella prometió a Dios que si Él le diera hijo, sería dedicado a Él. Nunca tambaleó ni se echó atrás de su promesa, sino mediante la oración diaria y con dedicación, el día llegó cuando le presentó a Dios. Miles de jovenes desde su tiempo han tenido sus vidas dirigidas hacia Dios por las fieles oraciones de una madre piadosa. Esas madres nunca se rindieron, y les debemos muchísimo.
continuará, d.v. en el siguiente número

El amado y estimado hermano Gessner era maestro de la Palabra de Dios y anciano en la asamblea en Allentown, Pennsylvania durante muchos años. Escribió varios libros y muchos artículos de edificacón.
 

viernes, 30 de octubre de 2015

EN ESTO PENSAD -- noviembre 2015

Dios Dará La Recompensa

Lucas Batalla

Texto: Efesios 6:7-8

El buen servicio es importante para el Señor. “Sirviendo de buena voluntad” habla no sólo de nuestro servicio sino también de la actitud con la que servimos. La buena voluntad es la disposición a servir, el deseo, el ánimo, la atención a la calidad del servicio y el interés sincero en agradar a aquel que es servido. En el último análisis, servimos al Señor, y con esto cualquiera debe tener suficiente motivación. Servimos al Señor en cosas sencillas como nuestros tareas cotidianas, y le servimos cuando asistimos a las reuniones con los hermanos para la alabanza, la oración y el estudio de Su Palabra. Le servimos cuando testificamos, y cuando dedicamos tiempo diariamente a la lectura de Su Palabra y la oración privada. Además de esto, surgen oportunidades para servir al Señor todos los días, en nuestro roce con los demás en el curso de la vida. Nos gustaría ver en seguida la recompensa, pero no siempre es así.
    Se cuenta de un pobre hombre campesino que un día caminaba en el campo oyó voces pidiendo socorro, y rescató a un joven, salvándole la vida. Resulta que el padre del joven era un nombre rico, un noble,  que vino a expresar su gratitud y a recompensarle. Pero aquel campesino dijo que no hacía falta ninuna recompensa ya que sólo había cumplida con su deber, lo que cualquiera hubiera hecho. Entonces el noble ofreció costear la educación del hijo del campesino, y éste aceptó. Su hijo, gracias a esta recompensa, llegó a cursar estudios universitarios y se hizo médico. Luego en sus investigaciones descubrió una medicina que salvó muchas vidas. Así que, sea parábola o historia verídica, esto ilustra la ley de la recompensa, de la siembra y la cosecha.
    No hay nada que hagamos sirviendo de buena voluntad que quede sin recompensa. La ley de la siembre y la cosecha funciona, pero no siempre da fruto instantáneamente. No obstante, aunque tarde en venir, la recompensa llegará, porque Dios lo promete. El versículo 8 promete: “el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor”. No siempre vamos a recoger de donde hemos sembrado, pero el Señor asegura que recogeremos, y Su promesa no falla.
    Hebreos 6:10 dice que “Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún”. Como creyentes servimos al Señor sirviendo a los santos. Y hermanos, tenemos tantas oportunidades todos los días, que nadie tiene excusa para ir al cielo con las manos vacías. Quitemos nuestros ojos de nosotros mismos y miremos alrededor las oportunidades que todos los días tenemos. Lucas 6:38 exhorta: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. También está hablando de la recompensa. Dios dice que “con la misma medida” nos recompensará, y esto debe hacernos pensar. Es una promesa y también una advertencia. Si somos parcos y mezquinos, entonces en la misma manera que hemos dado o rehusado, nos volverán a medir. ¡Cuidado! Es una lección que nos urge aprender, pero aparentemente hay quienes no creen, o no quieren aprenderla. Dios nos manda ser generosos y dar con buena medida. “Dad, y se os dará”.
    Habrá reconocimiento y recompensa, a veces aquí y ciertamente en el cielo. El que siembra abundantemente va a recibir de la misma manera. Dios explicó en Malaquías que no pudo bendecir a Su pueblo porque ellos eran mezquinos, engañadores y ladrones en las ofrendas y los diezmos. Hoy hay iglesias que Dios no puede bendecir porque no ofrendan como deberían, y no cuidan bien a los siervos de Dios. 2 Corintios 9:6-11 señala un principio importante para las iglesias. El versículo 6 afirma: “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. No podemos sembrar un grano de trigo y luego esperar cosechar todo un campo de trigo. Ni podemos ofrendar de forma “simbólica”, negar el cuidado de los siervos de Dios y luego esperar una gran recompensa. Dios es generoso y quiere que Su pueblo también lo sea. En el versículo 7 aprendemos que Dios ama al dador alegre. Esto sigue la idea de Efesios 6:7, de la "buena voluntad”. En el versículo 8 habla de abundar para toda buena obra. Los versículos 9-10 prometen que Dios proveerá y multiplicará el fruto si sembramos así. El versículo 11 habla de “liberalidad” y asegura que las ofrendas que son así producirán acciones de gracias. La recompensa será como el servicio, y una de las maneras de servir a Dios es con nuestras ofrendas.
    Es cierto que va a redundar si hacemos lo que Dios dice. Gálatas 6:9-10 nos instruye: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”. No nos cansemos de hacer bien, ni de servir bien. Aprovechemos todas las oportunidades que tenemos. “A todos” dice, y aunque no lo agradecen los del mundo, Dios sí, y en el cielo nos recompensará. Los hombres olvidan, pero Dios nunca lo hace. Y termina diciendo: “mayormente a los de la familia de la fe”. Porque la casa del Señor debe tener gran prioridad en nuestro servicio, incluso en nuestras ofrendas. Ser tacaños con nuestros hermanos, dejándolos pobres y necesitados, es una señal de problemas de corazón. Que el Señor nos ayude a recordar que en nuestro servicio le estamos sirviendo a Él, para que lo hagamos de buena manera y de buena voluntad. Él nos ayudará, si tomamos este compromiso. Que así sea para Su gloria. Amén.
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¿REALMENTE CREEMOS 
QUE ÉL VIENE PRONTO?

“Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados” (1 Jn. 2:28).
    La fecha de esa venida nos es ocultada. Ningún hombre puede decir cuándo Él vendrá. Vela y está siempre preparado, para que no seas avergonzado en Su venida. ¿Debe el cristiano entrar en la compañía y las diversiones mundanas? ¿No estaría avergonzado si viniera su Señor y le hallara entre los enemigos de la cruz? No debo ir a donde me daría vergüenza ser hallado cuando venga repentinamente mi Señor”.

C. H. Spurgeon, 12 Sermones Sobre La Segunda Venida de Cristo, Baker, pág. 134.

“La venida inminente de Cristo debe tener un efecto práctico increíble en las vidas de cristianos individuales y también la iglesia como entidad. El hecho de que el glorificado y santo Hijo de Dios podría venir por la puerta del cielo en cualquier momento, debería según Dios ser una motivación fuerte e incesanta para vivir en santidad y servirle agresivamente (incluso misiones, evangelización e instrucción bíblica). También debería ser gran remedio para la letargia y apatía. Debería hacer una gran diferencia en los valores, las prioridades y las metas de todo cristiano”.

Renald Showers, págs. 255-6 del libro, Maranatha, Our Lord Come! 
(“Maranata, ¡Ven Señor Nuestro!”)
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 LA CRUZ Y LA VARA: COSAS DISTINTAS
 
A. W. Tozer
La cruz y la disciplina están muchas veces juntas en las Escrituras, pero no son la misma cosa. La disciplina es impuesta sin el consentimiento del que la sufre. La cruz no puede ser impuesta por otro. Aun Cristo sufrió la cruz por Su sola y libre elección. Hablando de su vida que pondría en la cruz dijo: "Nadie me la quita; yo la pongo de mi mismo". El tuvo muchas oportunidades de escapar de la cruz, "pero afirmó su rostro como diamante, y se encaminó a Jerusalén". La única compulsión que conoció fue la compulsión del amor.
        El castigo es un acto de Dios; el llevar la cruz es un acto del cristiano. Cuando Dios en su amor pone la vara de corrección en las espaldas de Sus hijos, no les pide permiso. El castigo sobre el creyente no es voluntario, excepto en que él acepta la voluntad de Dios con el consentimiento de que la voluntad de Dios incluye castigo. "Porque Dios al que ama, castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo. Si soportáis el castigo. Dios se os presenta como a hijos, porque, ¿qué padre es aquel que a su hijo no castiga?"
         La cruz nunca viene insolicitada; la vara siempre lo hace. "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz, y sígame". Aquí hay una clara, inteligente decisión, una decisión que debe ser hecha por el individuo con determinación y reflexión. En el reino de Dios nadie se encuentra de sorpresa con una cruz.
         Pero, ¿qué es la cruz para el cristiano? Obviamente no es el instrumento de madera que los romanos usaban para ejecutar la sentencia de muerte a los acusados de crímenes capitales. La cruz es el sufrimiento que el cristiano soporta como consecuencia de seguir a Cristo en perfecta obediencia. Cristo eligió la cruz al elegir el camino que conducía a ella: y así es con Sus seguidores. En el camino de la obediencia encontramos la cruz, y tomamos la cruz cuando entramos en ese camino.

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EL INFIERNO

¡Infierno! La prisión del desespero,
Voy a mostrarte algunas cosas que no encontrarás allí:
No habrá flores que se abran a los lados del Infierno,
Ni bellezas naturales a las que aquí tanto amamos,
No hay consuelos hogareños, músicas ni canciones,
No hallarás gozo amistoso entre aquellas multitudes;
Ni chiquillos que alegren la pesada y larga noche;
Ni una cariñosa sonrisa en la región de las noches;
No hay gracia, no hay perdón, misericordia y compasión.
Tampoco hay agua, oh Dios, ¡qué terrible lugar!
Los remordimientos del perdido nadie puede explicar,
Ni un momento de alivio,
¡No hay descanso en el Infierno!

¡Infierno! La prisión del desespero,
Te mostraré algunas cosas que allí estarán:
Fuego y azufre sabemos que hay,
Pues Dios en Su Palabra nos dice así,
Memoria, remordimiento, dolor y sufrimiento,
Llanto y gemido, mas todo en vano;
Blasfemos, maldicientes, aborrecedores de Dios,
Los que a Cristo rechazaron mientras en la tierra andaban;
Asesinos, jugadores, borrachos y mentirosos,
Tendrán en el lago de fuego su parte;
El sucio, el vil, el cruel y mezquino,
¡Qué horrorosa multitud será vista en el Infierno!
Sí, más que lo que cualquier humano 
sobre la tierra pueda describir,
¡Son los tormentos y desgracias del Infierno eterno!


                                                                                          - autor desconocido -


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 LAS CONTRIBUCIONES DE
LAS HERMANAS EN LA IGLESIA

 
Robert Gessner (1930-2014)

Introducción

    Si miramos en los libros acerca de la historia de la Iglesia, vemos nombres como Ignacio, Policarpo, Orígenes, Agustín, Wyclif, Tyndale, Lutero, Zwinglio, Darby, Wesley, Edwards, Spurgeon, Moody y la lista sigue. Los nombres mencionados son casi exclusivamente los de hombres, y rara vez hallamos el nombre de una mujer. Basándonos en esto, podríamos concluir que las mujeres han tenido un papel muy insignificante en los planes de Dios para avanzar Su programa. ¿Es válida tal conclusión? En primer lugar, nadie sino Cristo ocupa un lugar significativo en el programa eterno de Dios. Los siervos de Cristo, sean hombres o mujeres, deben esconderse en Él. Sin Su poder, sabiduría y guía, el siervo se vuelve un débil vaso de barro. “Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Col 1:18).
    Al estudiar en la Biblia los vasos humanos que Dios ha empleado, nos damos mucha cuenta de que Dios ha empleado a mujeres de muchas maneras maravillosas. Al principio, Dios declaró a la serpiente: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya” (Gn. 3:15). Y esa Simiente herirá la cabeza de la serpiente. Aunque la mujer fue hecha de la costilla del hombre, el varón Simiente que librará a la humanidad caída vendría de la mujer. Pasaron siglos, y Elisabet, llena del Espíritu Santo, dijo a María: “Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre” (Lc. 1:42). Y fue dada a aquella mujer humilde y apacible el ministerio más privilegiado que jamás ser humano alguno ha recibido de Dios. Ella dio a luz al Hijo de Dios, nuestro Redentor y la Fuente de toda nuestra bendición. Estudiando, se nos aclara también los que buscan el lugar más humilde son los instrumentos humanos del poder y la gloria de Dios que Él usa más y mejor. A diferencia de los imperios políticos y comerciales de este mundo, la grandeza en el reino de Dios viene a los que se humillan y están dispuestos a servir sin reconocimiento. Hay miles de mujeres que han servido en esta capacidad. Jesucristo dijo: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (Mt. 20:25-27). El siguiente relato ilustra por lo menos catorce maneras en que Dios ha usado a mujeres en la Biblia y sigue usándolas así hoy en la iglesia.
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    Donna, una muchacha de 15 años de edad, asistía a la reunión de jóvenes cada mes en su congregación, como era su costumbre, el último sábado de cada mes. Sus padres estaban en casa esperando su llegada, y disfrutaban escuchándole contar acerca de la reunión. Generalmente, llegaba a casa animada y con ganas de hablar. Pero esa noche abrió la puerta silenciosamente y caminaba hacia su habitación sin decir nada. Viendo que algo pasaba, su padre le invitó a sentarse y hablar de lo que le pasaba.  Entonces les contó que su amiga Luisa había venido a la reunión. Luisa y su familia siempre venían a todas las reuniones, pero hacía tres meses que dejaron de venir, y ahora asistían a una iglesia evangélica muy grande en otra parte de la ciudad. Donna dijo a sus padres: “Luisa me dijo esta noche la verdadera razón por la que se fueron de nuestra asamblea. Dijo que su madre opina que nuestra asamblea ha degradado a la mujer y le ha hecho una ciudadana de segunda categoría. No se le permite hablar en público; no puede ocupar ningún puesto de liderazgo; tiene que sentarse con las manos juntas en las reuniones, y con su cabeza cubierta como una esclava romana. Volviendo a casa, empezaba a pensar en esto, y Papá, realmente me molesta. Sé que la madre de Luisa rehusa aceptar el lugar de la mujer en la iglesia como la Biblia enseña. Sé lo que la Biblia dice, y no quiero tomar el lugar de los hombres en la asamblea. Pero, Papá, ¿qué debo hacer? ¡Me estoy haciendo mayor y quiero hacer algo para el Señor!”
    Papá pensaba en las veces que había tratado ese tema con Donna en sus devociones familiares a lo largo de los años. Su reacción inmediata era molestarse porque pensaba que ella debía saber las respuestas a esa cuestión. Como muchos padres, pensaba que si él lo había enseñado, entonces debe ser claramente entendido. Pero al levantar su corazón a Dios, dejó de sentir molestia, y el Espíritu de Dios le hizo ver la necesidad en la vida de Donna. Su amiga Luisa le había planteado un problema, un reto, y era su responsabilidad fortalecerla mediante la Palabra de Dios. “¿Sabes lo que me gustaría hacer, Donna? Me gustaría tomar las siguientes dos semanas en nuestro tiempo devocional de familia para hablar de algunas de las hermanas que yo he conocido en las asambleas y hablarte de cómo Dios las ha usado. Quizás al oir de ellas, Dios pondrá en tu corazón algo que podrás hacer para Él”. Y así acordaron que durante las siguientes dos semanas meditarían ese tema. Sentámonos con ellos para escuchar las historias contadas.

    LA PRIMERA NOCHE: Leyeron de Lucas 8, acerca de dos mujeres llamadas Juana y Susana que servían al Señor de sus bienes. “Conocí una vez a una mujer como Juana”, dijo Papá. “Cuando preparaba una comida, solía hacer extra y llevarla a la casa de algún hermano o hermana necesitada en la iglesia. Fue de su mesa a otra mesa. Y también conocí a una Susana. Cuando visitaba una casa y veía algún trabajo que necesitaba hacerse allí, puso manos a la obra y lo hizo como mejor podía”. Esas son mujeres que usan cualquier recurso que Dios les ha dado para ministrar a las necesidades de los demás. Son las “Florence Nightingale” de hoy, y muchos santos escuchan para oir sus pisadas acercándose a su puerta, y susurran una oración de gratitud a Dios por el toque de esas manos que alivian las necesidades en la vida.

    LA SEGUNDA NOCHE: Esa noche leyeron la historia de Dorcas en Hechos 9. Esa mujer estaba llena de buenas obras y limosnas. Cuando murió, las viudas estuvieron a su lado llorando y mostrando los vestidos que Dorcas les había hecho cuando estaba con ellas. Algunas hermanas se hacen distribuidores de ropa nueva y usada en la asamblea, a niños y también a adultos. “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino...Porque ...estuve desnudo, y me cubristeis...Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos ...desnudo, y te cubrimos?... Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mt. 25:34-40).

    LA TERCERA NOCHE: Leyeron juntos el pequeño relato acerca de Febe en Romanos 16:1-2. El apóstol Pablo se refiere a ella como: “nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea...ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo”. Ahora bien, la palabra “diaconisa” simplemente significa: “servidora”, no es un oficio ni título en la iglesia. No dice de cuántas maneras Febe ayudó, pero Papá recordó a Donna un hogar de ancianos no muy lejos de la casa de ellos llamado: “Hogar de Febe”. Estaba lleno de personas enfermas y parece que recordaban a Febe como persona que pasaba horas visitando a los enfermos. Sólo la eternidad revelará cuántas personas que sufrían de enfermedades han sido consoladas por el toque de la mano de una hermana, por sus oraciones o por una lectura de una porción de las Escrituras.

    LA CUARTA NOCHE: Hechos 18 fue leído en esa ocasión, y a Donna se le explicó el ministerio de Priscila, la esposa de Aquila. Dondequiera que iba Aquila, Priscila le seguía. Servía acompañando y ayudando a su marido, y Pablo los llamó: “mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles” (Ro. 16:3-4). Las hermanas casadas pueden aportar un ministerio muy importante si animan a sus maridos a seguir adelante en los caminos del Señor. Papá contó a Donna que él creía que había una esposa apoyando a cada hermano que servía en su asamblea. La esposa puede ayudar o impedir a un hombre respecto a su ministerio en la asamblea.

    LA QUINTA NOCHE: Esa vez leyeron algunos pasajes bíblicos acerca de la vida de Marta. “...Y una mujer llamada Marta le recibió en su casa” (Lc. 10:38). “Y le hicieron allí una cena; Marta servía” (Jn. 12:2). Era una mujer dada a la hospitalidad, y buena cocinera dispuesta a servir. Papá señaló que uno de los requisitos de un anciano es que sea hospitalario (1 Ti. 3:2). Esto sería imposible sin una esposa hospitalaria. Dicen que el camino al corazón del hombre es por el estómago, y sólo Dios sabe cuántos santos han sido calentados y bendecidos alrededor de la mesa, disfrutando de la comida preparada por las manos de una hermana amante.
continuará, d.v. en el siguiente número


El amado y estimado hermano Gessner, además de profesor en escuela pública, era maestro de la Palabra de Dios y anciano en la asamblea en Allentown, Pennsylvania durante muchos años.
Escribió varios libros y muchos artículos de edificacón.