Entradas populares

jueves, 31 de agosto de 2017

EN ESTO PENSAD -- septiembre 2017

Las Cartas de Recomendación
por Alan Maunder, Cardiff, Gales, Reino Unido

Textos: Hch. 18:24-28; Romanos 16:1-2;
              2 Corintios 3:1-3
Está claro en los textos citados que la práctica de la iglesia apostólica era proveer de cartas de recomendación a los que se trasladaron permanentemente de un lugar a otro, o cuando visitaron temporalmente. Considero que en Hechos 18 Apolos deseaba residir en la región de Acaya durante un tiempo, y por eso los hermanos escribieron una carta recomendándole a los creyentes de esa zona. En Romanos 16, parece que Febe sólo estuvo de visita de Cencrea a Roma, y su carta era temporal. Lo mismo se aplicaría a lo que Pablo dijo en 2 Corintios 3, ya que él sólo estuvo visitando durante un tiempo. No obstante, vemos que las cartas de recomendación fueron empleadas para circunstancias permanentes y temporales.

¿Son Necesarias Esas Cartas?
    Ya que se hallan en las Escrituras como práctica de la iglesia primitiva, es apropiado que hoy también se empleen. De lo que Pablo escribe en 2 Corintios 3:1-2, vemos que reconocía el principio – los que visitaban en Corinto necesitaban traer consigo una carta de recomendación. Pero porque Pablo había sido usado por Dios para dar comienzo a la asamblea en Corinto, él no requería una carta para ellos.

¿Quién Hace La Recomendación?
 
    En circunstancias normales, la respuesta es: “la asamblea” a la que pertenece la persona. No son los ancianos que encomiendan, sino la asamblea o iglesia local. Normalmente los ancianos escriben y firman la carta, pero lo hacen de parte de toda la asamblea, y eso suele expresarse al final de la carta. Observamos que en Hechos 18 no eran Aquila y Priscila quienes encomendaron a Apolo, sino los hermanos que escribieron exhortando a los discípulos a recibirle (v. 27). Sería una práctica sabia que los ancianos responsables escribiesen la carta y que al menos dos de ellos firmasen de parte de la asamblea. Si la encomendación es permanente, deben hacerlo saber a la asamblea. El principio operativo siempre es: “hágase todo decentemente y con orden” (1 Co. 14:40).    
    También hay veces cuando un individuo recomienda a otro. Por ejemplo, vemos eso cuando Pablo escribió en Romanos 16:1, “Os recomiendo además nuestra hermana Febe...” Debe decirse que él tenía autoridad apostólica, y hoy nadie tiene esa autoridad. Sin embargo, vemos otro caso de un individuo hablando para recomendar a otro que deseaba ser recibido a la comunión – Saulo de Tarsis en Hechos 9 – “trataba de juntarse con los discípulos” (v. 26). Claramente la asamblea no estaba dispuesta a recibirle basado en su propia recomendación, pero Bernabé intervino a favor suyo, conociendo su caso, y les contó cómo se había convertido. Si por alguna razón no ha sido posible tener una carta, no debe haber por qué un hermano de confianza no puede avalar al que busca la comunión, siempre que conozca a la persona en cuestión.
   
¿Qué Información Debe Aportar La Carta?
 
    De Romanos 16 es evidente que la carta para Febe era especial. Pablo menciona cosas acerca de ella que no se aplicarían siempre a otros. El ejemplo que vemos en las Escrituras es que cada carta debe recomendar a la persona de manera personal, y mencionar algo de su experiencia espiritual y servicio. Semejante carta daría confianza a la asamblea receptora para que le brindara toda oportunidad para servir y ejercer su don.
    Una carta de recomendación también es una oportunidad para enviar los saludos de la asamblea a los hermanos en otro lugar. Es aconsejable poner fecha a tales cartas, para evitar abusos.                 
(continuará en el siguiente número)

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
EL FIEL AMOR DEL SEÑOR

"¡Cuán dulce es conocer el amor del Salvador cuando nadie nos ama! ¡Cuando los amigos huyen, qué bendita cosa es ver que el Salvador no nos abandona y que, además, nos mantiene y nos sostiene con firmeza y se aferra a nosotros y no nos suelta!"
C. H. Spurgeon
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

No Te Metas En La Política

Carta de John Newton, compusor del himno "Sublime Gracia", a un amigo que expresó interés en la política:
Apreciado amigo,
      Permíteme decir que oír que un ministro cristiano como usted piensa que merece la pena intentar reformas politicas, me ha causado asombro y preocupación. Cuando veo alrededor mío el estado de la nación, semejante intento me parece nada menos que vano y necio,¡como sería pintar la cabina mientras se hunde el barco!
         Cuando nuestro Señor Jesús estuvo sobre la tierra, Él rehusó meterse en disputas o la política: “¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?” (Lc. 12:14). “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Jn. 18:36). Los hijos de Dios pertenecen a un reino que no es de este mundo; son extranjeros y peregrinos sobre la tierra, y parte de su carácter bíblico es que son “los mansos de la tierra” (Sal. 35:20).
          ¡Satanás tiene muchos artilugios e inventos para divertir y ocupar a la gente, para ocultar de sus pensamientos el verdadero peligro en que están!
         Mi apreciado señor, mi oración a Dios por usted es – que Él le induzca a emplear los talentos que le ha dado para señalar al pecado como la gran causa y origen de todo mal que existe, y para motivar a los que le aman a suspirar y llorar por nuestras abundantes abominaciones, en lugar de malgastar el tiempo en especulaciones políticas por las cuales pocos de ellos son competentes. Anímeles a ponerse en la brecha orando que pueda ser detenida la ira de Dios y prolongada Su misericordia a nuestra nación. Esto, creo yo, es el patriotismo verdadero – la mejor manera en que los ciudadanos privados pueden servir a su patria”.

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 El Anciano Modelo
 
En 1 Pedro 5:1, Pedro se llama “anciano”, no “Papa”. “Anciano” no es en el sentido de haber sido “ordenado”, porque el Señor Jesús le ordenó ser apóstol y esto fue mucho más que anciano. Pero era anciano en otro sentido; un creyente viejo, porque eso fue aproximadamente treinta años después de que el Señor Jesús le llamó a dejar su barca y redes. Dice a los otros ancianos: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros”. ¡Qué hermoso es ver a los ancianos en medio de la grey, y la grey en medio de ellos. No tienen señorío sobre la herencia de Dios, sino como pastores y trabajadores, apacientan y guían este rebaño en el cual Dios les ha puesto, porque lo aman y aman a su Dueño.
    El Señor dijo a Pedro: “¿Me amas?... pastorea mis ovejas”. El rebaño es de Cristo, no de los ancianos. Él lo compró con Su sangre, y no lo ha dado a otros. Los que le sirven en Su rebaño deben obedecerle y hacer bien el trabajo. Deben hablar de Él, Sus virtudes y la importancia de seguirle.
    ¿Qué recompensa hay para tal servicio? En este mundo, quizá ninguno, a veces ni el reconocimiento y la estimación que el Señor manda. Sin embargo, como Pablo, pueden decir: “Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos” (2 Co. 12:15). Sirven motivados por amor, y no se quejan de tener que gastar lo suyo y a sí mismos, puesto que al que ama el sacrificio es un placer. Pero cuando aparezca el Príncipe de los pastores, entonces ellos serán recompensados (1 P. 5:4). ¿Qué recompensa habrá? No dinero, sino algo mucho mejor: “La corona incorruptible de gloria”.
    A los demás creyentes, y aquí especialmente a los jóvenes, se les exhorta a sujetarse a los ancianos. Esto agrada a Dios, especialmente en este día de autonomía, insumisión, injusticia y egoísmo cuando muchos se jactan diciendo que no se sujetan a nadie.
    En 1 Timoteo 3:1-7 tenemos el carácter de los que aspiran a semejante trabajo. ¿Dice alguien: “me gustaría ser anciano”? He aquí los requisitos en los versículos del 2 al 7, las cualidades necesarias. Según Dios, ninguno de los que les faltan estas cosas es obispo..
    ¡Qué lugar más importante y responsable! ¡Qué temor reverente debe llenarle a cualquiera que sirve así, y este temor debe marcar todo lo que hace! ¡Su actitud y forma de proceder, lejos de enfatizar su propia importancia, deben ser como quienes quitan el calzado de sus pies en la casa de Dios!
 
W. S., de un viejo ejemplar de la revista Counsel (“Consejos”).
 
 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -



 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

EL LIBRO DEL MES


Lobos Vestidos de Ovejas,                                                       por Carlos Tomás Knott
No sólo hay lobos carnívoros que no perdonan las ovejas, sino también los que no perdonan los rebaños del Señor (Hch. 20:29). Entran encubiertamente en iglesias (Jud. 4), fingiéndose hermanos, pero sus intenciones son malévolas. ¡Hoy más que nunca necesitamos buen discernimiento espiritual!                                    
precio 5 euros



- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

¡Ay de ti, el Infierno te espera!


El infierno no es un cuento. No es una nebulosa posibilidad del futuro. No es simplemente un relato en la Biblia. El infierno es MUY real, y ahora mismo, mientras lees este artículo, sus llamas arden y su humo sube. En este momento hay personas en el Hades, la antesala del Infierno, condenadas,perdidas, sufriendo tormentos y esperando el día del gran juicio y la condena eterna al lago de fuego, el infierno. Es un lugar real, de agonías indecibles e interminables. Todos los perdidos, durante su vida mortal, pensaban en el infierno tal vez como una exageración, una historia para asustar a la gente, o como mínimo un futuro muy lejano del cual había tiempo sobrante para evitar. Pero ahora el castigo eterno es realidad para ellos.
     Y como a ellos les llegó su momento, también a tí te llegará, amigo. Por muy larga que sea tu vida, inevitablemente llegará tu partida a la eternidad. No hay escapatoria. No importa que la gente no crea en el juicio de Dios. El que ellos lo ignoren no lo cambia para nada. Tristemente se encontrarán un día tarde o temprano con la realidad.
    Te advierto de parte de Dios, recapacita mientras puedas. Mientras todavía habites en el mundo donde hay misericordia, mientras aún la mano de Cristo se extiende hacia ti, ¡aprovéchate! ¡No seas necio! Recuerda, vivirás con tu propia decisión por toda la eternidad.
    Si consiguieras todo lo que anhelas, hasta el colmo de tus ilusiones, con cada deseo cumplido – y perdieras tu alma, te pregunto: ¿de qué te servirá? Cuando hayas pasado de este mundo al mundo del cual acabas de leer, ¿para qué te valdrá todo lo que conseguiste? Un título... una carrera... una posición... una amistad... un amor... unos placeres... la comodidad... un buen nombre... libertad.... Piensa en ellos, o lo que sea que te importe sobre todo, por un momento, y haz los cálculos. ¿Hay algo en esa lista, aún la lista entera combinada, que puede valer más que tu alma? ¿Algo que puede quitar el juicio que le espera a cada humano, algo que puede acaso pagar la condena?
    ¿Vale más para ti cualquiera de estas cosas que Cristo? ¿Tan bajo concepto tienes tú del Hijo de Dios, como para preferir antes tu propia “comodidad”? ¿Acaso no te das cuenta de quién es Él?
    Te ruego como si Dios mismo te rogase por medio de mí, reconcíliate con Dios. Y hoy que has oído de nuevo Su voz llamándote con la intensidad de la urgencia de tu situación, no endurezcas tu corazón.
 

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

El Cristiano Y La Política,  Capítulo 2

Los Agujeros Negros



Muchos de nosotros hemos oído de los “agujeros negros” u hoyos negros en el espacio. Son el resultado de estrellas colapsadas o contraídas, extremadamente densas, y su atracción gravitacional chupa aun la luz de estrellas cercanas, que entra y desaparece para siempre. Nada que entra un agujero negro aparece otra vez.
    Esto parece ilustrar lo que sucede cuando los cristianos son atraidos y se meten en la política, entregando todo su tiempo y energía. Es un esfuerzo vano y desesperado, destinado al fracaso. Pensemos en esto. ¿Cuántos años de historia registrada hay en el planeta? Algo como cuatro mil años. Y en esos años, ¿cuántos de los problemas básicos de la humanidad son los mismos que al principio? La respuesta es, todos. Selah. No hablamos de inventos o medicinas, sino de problemas básicos. ¿Cuántos pecados han sido eliminados por el hombre en esos miles de años? Ninguno.
    Es impresionante pensar en las miríadas de reyes, gobernadores, presidentes, dictadores, parlamentos, congresos, tribunales, legisladores, policías, oficiales y otras formas de gobierno que ha habido. En todo el mundo, en todas las edades y cada circunstancia concebible, han experimentado con la política en toda forma posible para seres humanos, y todavía no han podido solucionar los problemas básicos de la humanidad.
    Amado creyente, la política no merece ni un centavo de dinero ni un segundo del tiempo que Dios nos ha entregado como mayordomos Suyos que un día daremos cuenta a Él. Todo ese tiempo y dinero, toda esa energía y todos esos recursos desaparecen en el agujero negro de la política, y el mundo sigue hacia abajo en su rumbo al imperio de la bestia y al gran día del juicio de Dios.
    En contraste, pensemos en el evangelio. ¿Cuántos de los problemas básicos de la humanidad soluciona el evangelio? Dejemos contestar las Escrituras: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17). ¿Qué puede transformar a las personas, hacerles honestas, rectas y benignas? El evangelio. ¿Qué puede salvar y reparar matrimonios? El evangelio. ¿Que puede reformar para siempre a los presos? El evangelio. ¿Qué puede afectar para bien las relaciones entre los empleados y los gerentes? El evangelio. ¿Qué puede garantizar el cuidado de los ancianos y enfermos? El evangelio. ¿Qué puede transformar el corazón del ser humano? ¡El evangelio! Toda persona salva por la gracia, en ese mismo momento viene a ser templo del Espíritu Santo, y los cambios no son sólo internos sino también externos. Por eso, sus cambios afectan a los de su alrededor. Considera, entonces, cuál es la mejor inversión de tiempo y otros recursos para tratar al mundo y sus problemas, ¿la política o el evangelio? Pero no te equivoques tratando de mezclarlos, porque son como aceite y agua, o más biblicamente dicho, como luz y tinieblas (2 Co. 6:14-7:1).
    A continuación traducimos el comentario de David Hunt en la página 85 de su libro: Whatever Happened To Heaven? (¿Qué Pasó Con El Cielo?)

    ...La eternidad siempre debe tener máxima prioridad en la distribución de tiempo y recursos.
    Nuestra compasión natural y el deseo de hacer algo en concreto para mejorar este mundo caído puede conducirnos a actitudes y hechos que al momento parecen ayudar, pero en verdad pueden ser insensatas a largo plazo, especialmente para la eternidad. Sin embargo, no hay enseñanza en la Escritura – explícita o implicada– a favor de esfuerzos organizados para influir la postura y las prácticas del gobierno.

    En las páginas 119-120 del mismo libro, comenta acerca de las raíces católica romanas del activismo político.

    Los activistas cristianas de hoy pueden argumentar que la separación y piedad que ellos combaten con su activismo eran las cosas que causaron el colapso del imperio romano. Se equivocan porque no toman en cuenta la corrupción que la “cristianización” del imperio trajo a la iglesia. El imperio fue debilitado por su alianza con el cristianismo. El genuino cristianismo del Nuevo Testamento no está diseñado para gobernar a una sociedad secular, y nunca fue la intención divina que la iglesia entrara en colaboración con el mundo para hacer eso. Nada parecido en absoluto puede ser hallado en la conducta de Cristo, y Él es nuestro ejemplo perfecto.
    En algunos aspectos, la iglesia del siglo IV estaba mejor que en los siglos previos cuando sufría persecución. Los cristianos podían congregarse libremente para adorar juntos, edificar y animarse unos a otros. Antes no era así, pues tenían que hacer todo en secreto y bajo circunstancias difíciles. Ahora era también posible predicar libremente el evangelio...
    Pero pese a tales ventajas, a la larga la asociación entre la iglesia y el mundo romano no fue bueno ni para el cristianismo ni para el imperio. Lo que al principio parecía a muchos como una bendición otorgada a la iglesia, realmente resultó ser una oportunidad única aprovechada por Satanás para pervertir la verdad. Con la asociación entre la política y la religión, lo que beneficiaba a uno también beneficiaba al otro. Como consecuencia, consideraciones políticas comenzaron sutilmente a influir la vida y doctrina cristiana, porque lo que favorecía al estado ocupaba un lugar prominente en asuntos eclesiásticos. La iglesia segaría el fruto amargo de descuidar la solemne advertencia de Santiago: “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Stg. 4:4).                                
    Ningún sistema político o religioso puede erradicar el pecado, cambiar la naturaleza humana ni jamás traerá el Milenio, aquel glorioso y literal reino de mil años de Cristo. El posmilenarismo y el reconstruccionismo enseñan que los cristianos deben tomar control del mundo y reformarlo mediante el esfuerzo unido de la iglesia y el estado. Proponen algo parecido al experimento de Juan Calvino con el gobierno de Ginebra, olvidando los errores, abusos y fracasos de ese sistema. También ignoran u ofrecen interpretaciones erroneas de las claras afirmaciones bíblicas acerca del rumbo descendiente de la historia y la ruina final de todo sistema de este mundo. ¡La corriente de la historia de este mundo avanza constantemente hacia el anticristo! Todo sistema político es un río tributario que desemboca al final en el gobierno de la trinidad satánica. Cuando eso suceda, Dios no hará una campaña de publicidad para persuadir a la mayoría a cambiar, sino traerá un final violento al sistema de este mundo, diseñado y encabezado por el diablo, e instalará el reino eterno prometido en Daniel 2:44, “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. ¡El Milenio sólo será el comienzo! El futuro de la política es ser despedazado, desmenuzado y consumido. La escritura está sobre la pared, y dice: “MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN... Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin... Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto”. Excepto esta vez no será dado a los medos y persas, sino al Rey de reyes y Señor de señores, el Señor Jesucristo.
    Citamos nuevamente del excelente libro de John Walvoord: The Millennial Kingdom (“El Reino Milenario”), pág. 134:

    El concepto premilenario de la edad corriente hace del periodo entreadvenimiento algo único e impredecible en el Antiguo Testamento. La edad presente es cuando el evangelio es predicado a todo el mundo. Relativamente pocos son salvos. De hecho, marchando el tiempo, el mundo se vuelve todavía más malo. La vista premilenario no alberga ideas de una edad de oro antes de la segunda venida, ni presenta mandamiento alguno a mejorar la sociedad. Los apóstoles particularmente guardan silencio resepecto a programas políticos, sociales, morales o de mejora física del mundo inconverso. Pablo no realizó ningún esfuerzo para corregir los abusos sociales ni para influir para bien al gobierno político. El programa de la iglesia primitiva consistía en evangelización y enseñanza de las Escrituras. La misión era salvar almas y rescatarlas del mundo, no rescatar al mundo. No era posible ni estaba en el programa de Dios que esta edad llegara a ser el reino de Dios en la tierra.
    El mismo Señor Jesucristo personalmente introducirá aquella era bendita cuando venga a reinar con gran poder y gloria, y Sus santos con Él. Hasta entonces nos toca evangelizar, enseñar y esperar. Dios ya ha decidido qué hacer y lo ha decretado (Sal. 2:6-7). En el Salmo 110:2 leemos: “Domina en medio de tus enemigos”. No nos toca a nosotros ahora dominar en medio de nuestros enemigos. Los versículos 5 y 6 dicen: “Quebrantará a los reyes en el día de su ira. Juzgará entre las naciones”. Al creyente no le toca quebrantar reyes y gobiernos, ni participar en revoluciones. Lo suyo es orar, pagar tributos, honrar y obedecer. Pero un día Dios mandará al Rey y le pondrá sobre Su santo monte de Sión. No consultará a la O.N.U. ni el “grupo de ocho” (G-8) ni a ningún otro grupo. No habrá campaña, referendum, ni acuerdos y pactos a puerta cerrada con los corredores de poder. Las oraciones de los creyentes a lo largo de los siglos serán por fin contestadas. “Venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mt. 6:10).
    La historia demuestra que los políticos reorganizan los problemas, los dan un sesgo positivo, o echan la culpa a otros. Tal vez por eso escuchamos dichos como éste: “Los políticos son los mismos perros llevando distintos collares”. Como mucho pueden tratar los síntomas del pecado, y a plazo corto tal vez impedir un poco el avance del mal, pero no lo pueden eliminar. Por lo tanto, el creyente que se involucra en la política y el gobierno de este mundo verá todo su tiempo, dinero y eficacia espiritual desaparecer en ese “agujero negro”, cuando podía haber invertido todo en el evangelio que es el poder de Dios para salvación (Ro. 1:16) y da resultados eternos. La política no puede dar resultados así. ¿Por qué? Porque el problema básico de la humanidad es de naturaleza espiritual, y no tiene relación alguna con la ciencia política. Si alguien tiene pulmonía, necesita medicina interna, no un parche. El evangelio ofrece la medicina interna tan necesitada, pero la política sólo ofrece una cajita de parches.
 
Carlos Tomás Knott, del libro El Cristiano Y La Política
www.editorial-berea.com

lunes, 31 de julio de 2017

EN ESTO PENSAD -- agosto 2017

EL CRISTIANO Y LA POLÍTICA
Los Ciudadanos del Cielo y los Reinos de Este Mundo

Introducción
“Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Ti. 2:4).

Es de suponer que después de leer un versículo como éste, no haría falta más comentario acerca de la política o muchos otros asuntos. Comienza con la palabra “ninguno”, que no admite excepciónes, ni para los que digan que el Señor les llamó a la política, porque después de declarar “ninguno”, el Señor no cambiará, y nadie será una excepción. Sin embargo, a la luz del aumento de actividad política de parte de profesados cristianos, parece necesario exponer más específicamente éste y otros textos relacionados a nuestro tema.
    En primer lugar, todo verdadero cristiano es un soldado y siervo del Señor, lo sepa o no. El cristianismo es un pueblo militante, espiritualmente hablando. Y le guste o no, cada creyente está metido en una guerra espiritual, en base a su pertenencia al Señor Jesucristo y el reino de los cielos. Nuestro texto declara una razón principal por la que muchos ni siquiera aparecen en la lucha, y otros combaten ineficazmente y no pueden pelear “la buena batalla de la fe” (1 Ti. 6:12). Es porque se enredan en las cosas de la vida, y una pero no la única de esas cosas es la política.
    El sistema de este mundo (gr. kosmos), "organizado y encabezado por el diablo, dedicado al propósito de mantener a los hombres felices sin Dios"1, tienta a los cristianos, colgando delante suyo varios cebos de enredamiento. La política simplemente es uno de esos señuelos y enredos. Es importante recordar que el cebo parece bien, y esconde el anzuelo, porque la idea es atraer y atrapar. El señuelo es lo que se ve, pero la red está escondida y lista para tirar, como Proverbios 1:17  advierte: “en vano se tenderá la red ante los ojos de toda ave”. John Walvoord escribió en su libro The Millennial Kingdom (“El Reino Milenario”):
 
“El movimiento protestante, sin embargo, no pudo extraerse totalmente de la influencia romana...la tendencia a crear organizaciones y los intentos a meterse en la arena de la política pronto se pusieron de manifiesto” (págs. 96-97).

    Satanás, el príncipe de este mundo, está feliz cuando consigue enredar o desviar a un creyente, porque eso significa un soldado eficaz menos, y un testimonio más apagado. Pero al Señor que nos llamó a ser soldados y pelear la buena batalla de la fe, nunca le complacen esas situaciones. Y eso es importante porque nuestro texto habla de agradar al Señor. Claramente, si deseamos agradar al Señor, hay que evitar los enredos en las cosas de esta vida. Entonces, ¿por qué quisiera un cristiano meterse en algo tan mundano y corrupto como la política?
    Como en la obra de John Bunyan, El Progreso del Peregrino, hay muchos enemigos, trampas, desvíos y enredos en el camino del peregrino, así es también para nosotros. La diferencia es que ahora el diablo ha tenido varios siglos más para desarrollar sus artimañas y estrategias de engaño. Gran parte del engaño es que el engañado no se dé cuenta, sino que piense que está bien. El que se mete en la política creyendo que hace bien ha sido engañado. Puede sentir y opinar que no, pero eso no cambia la verdad.
1 Definición dada por William MacDonald

 del libro El Cristiano Y La Política, por Carlos Tomás Knott

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

"Nunca se han mezclado los cristianos en el gobierno del mundo excepto para deshonra del Señor y para la propia vergüenza de ellos".
William Kelly
citado por William MacDonald en El Mandamiento Olvidado: Sed Santos

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 La Doctrina Bíblica de la Separación

Una enseñanza que a penas se escucha hoy es acerca de la separación. Aparece en muchos lugares en la Biblia, pero no en los púlpitos ni en la práctica. Empieza en Génesis, y termina en Apocalipsis 18:4 cuando Dios manda:  “Salid de ella, pueblo mío”. El camino de comunión con Dios y bendición es el de la separación. No es popular, ni políticamente correcto, pero es espiritualmente correcto.
    En Génesis 12:1 Abram fue llamado a salir de su tierra y su parentela. Los lazos culturales y familiares pueden impedir la obediencia y el crecimiento espiritual. Dios quiere primer lugar en nuestra vida. Pero Abram salió con su padre, y paró en Harán hasta que muriera. Por eso Génesis 12:1 comienza con "pero", marcando la diferencia entre lo que Dios mandó y lo que él hizo. Otro desenlace viene en Génesis 13:9 cuando Abraham se separa por fin de Lot, diciendo: “te ruego que te apartes de mí”.
    Luego en Génesis 19:12-14  Lot, tras una serie de decisiones malas, tuvo que separarse de Sodoma. “Salid de este lugar” dijo Lot a sus yernos (v. 14), pero los ángeles tuvieron que asirle de la mano, sacarle y ponerle fuera  diciendo: "escapa por tu vida” (v. 17). Como Lot, hay creyentes que no quieren dejar al mundo, y parece que sólo lo harán si un ángel les toma la mano.
    José el patriarca, en Génesis 39:7-12 intentaba evitar a la mujer de Potifar que le acosaba en su lugar de trabajo. Al final no le quedó más remedio que salir corriendo: “huyó y salió”. Mejor eso que pecar. Hay personas y lugares que debemos evitar.
    En Números 16:23-26, en la rebelión de Coré, Israel fue mandado y advertido:  “apartaos de en derredor”, porque el juicio de Dios iba a caer sobre esa compañía soberbia. Debemos separarnos de los desobedientes y altivos, y no asociar con ellos.
    Observamos que en Levítico 13:45-46 Dios mandó la separación respecto a los leprosos. El leproso “habitará solo, fuera del campamento será su morada”. Hoy algunos dirían que eso no es amor, pero se equivocan. Había que amar al resto de la congregación y no contaminar ni contagiarla.
    Antes de que Israel entrara en la tierra prometida, Dios mandó clara y tajantemente que guardase la separación de las naciones alrededor suyo. Deuteronomio 18:9 dice: “No aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones” (véase Jer. 10:2-3). No quería entonces ni quiere ahora un pueblo como el mundo.
    En el Salmo 1 el salmista marca pauta diciendo: "Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado". ¿Qué es eso sino la separación? Se privan de bendición los que descuidan esa enseñanza.
    El libro de Proverbios contiene muchos consejos de padre a hijos acerca de la separación. En 1:15 leemos: "Hijo mío, no andes en camino con ellos. Aparta tu pie de sus veredas". Otro ejemplo está en 4:14-15, "No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos. Déjala, no pases por ella; apártate de ella, pasa". Enseñemos a nuestros hijos y jovenes la separación, y pongamos ejemplo.
    En Isaías 48:20, Jeremías 50:8, 51:6 y 45  Dios mandó a los de Israel que estaban en Babilonia: “huid...salid”. Daniel no estaba codeándose con los babilonios en la fiesta de Belsasar. No iba a las fiestas para "relacionarse" con ellos. Cuando apareció la escritura sobre la pared, y hubo temor, sabían dónde buscarlo y así leemos: "Llámese, pues, ahora a Daniel" (Dn. 5:12).  
    En Juan 7:7 el Señor Jesucristo reprochó a Sus medio hermanos diciendo: "No puede el mundo aborreceros a vosotros". No se habían separado. El mundo ama a lo suyo (Jn. 15:19).
    Romanos 12:2  manda a los creyentes separarse del mundo en práctica y pensamiento: "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento". Sólo así podemos comprobar la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios. Dios no bendice al mundo ni a los que lo siguen.
    En 1 Corintios 5:11 y 13 aprendemos que hay que separarse de los que llamándose hermanos, cometan los pecados ahí nombrado: “Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros”. No nos manda a la tolerancia, sino a la separación.
    2 Corintios 6:14-7:1 llama a los creyentes separarse “de toda contaminación de carne y espíritu”, y promete comunión y bendición a los que se limpian y se separan. Descuidando eso, muchos se privan de comunión y bendición. Dios no aprueba los yugos desiguales.
    En 1 Timoteo 5:22 Pablo manda al joven siervo del Señor: “consérvate puro”. Hay que guardar las asociaciones y amistades, recordando la separación del Salmo 1:1.
    1 Juan 2:15-17     manda a todo creyente separarse del mundo en su corazón, sus afectos e intereses. Es ahí donde radica nuestro problema.
    Hermanos, no podemos seguir a Cristo y al mundo. No nos engañemos. “¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?” (Am. 3:3).
Carlos   
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 
 
 EL LIBRO DEL MES
 
Reina-Valera: 
¡Digna de Confianza!
por Domingo Fernández

  Desde que vio la luz en 1569, hasta el presente, puede afirmarse que la Reina-Valera es la reina de las versiones. Su lenguaje no ha sido igualado por ninguna otra versión en español. Y su fidelidad a los textos originales no ha sido superada.
   Marcelino Menéndez y Pelayo, el más grande crítico literario que ha producido España en toda su historia ha rendido tributo de reconocimiento y admiración a la Reina-Valera.
   El autor muestra el valor de la Reina-Valera y expone cómo los liberales y ecuménicos atentan contra ella e intentan reemplazarla.
precio: 4,50 euros
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 
¿Desahuciado?
 
“En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas” Lucas 7:21

¿Qué si un médico te examinara y te dijera la noticia de que estás enfermo y desahuciado? ¿Cuál sería tu reacción? ¡Pues la verdad es que estás como enfermo espiritualmente, y desahuciado! Aunque no lo sabías, naciste con un trastorno congénito – el pecado – y es fatal, terminal. He aquí el análisis divino: “Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga” (Isaías 1:5-6).
    Romanos 3:23 también informa del diagnóstico: “por cuanto todos pecaron”, y en 6:23 da el pronóstico: “la paga del pecado es muerte”. Amigo, estás en una condición humanamente incurable, y fatal. Tienes el corazón cargado de pecado. No es una enfermedad, pero la enfermedad lo ilustra. Si lees Romanos 1:29-32 verás los resultados del escaneo divino, el análisis de tu condición así como la de todos los demás:
    “estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican”.
    Se ha extendido y está en toda tu persona: pensamientos, sentimientos, deseos, hechos y palabras. No hay médico, medicina, dieta, filosofía o religión que pueda curar esa plaga. Pero lo extraño es, Dios ya ha provisto el único remedio, y está al alcance de todos.
    El Señor Jesucristo es tu única esperanza. Si te arrepientes y clamas a Él con fe, Él te salvará en esta misma hora. Sólo Él tiene poder para curarte de tu pecado y su efecto mortal. Sal de dudas. Sal de la negación. Reconoce tu condición y necesidad, y clama al Señor. ¡Él te salvará!
    ¡El tiempo es corto, y si no cambias, el pecado controla tu destino. ¡Te condena para siempre! Pero si confías en el Señor Jesucristo, Él te perdona y limpia, te da vida nueva y cambia tu destino. No esperes más. Hazlo ahora mismo.
 
Pierde el hombre su vigor, se marchita cual la flor,
Desvanece cual vapor, ¡Busca a Dios!
Como el río de prisa va hasta entrar en el gran mar,
Vas así a la eternidad; ¡Busca a Dios!
Busca a Dios, busca a Dios;
Entretanto tengas tiempo, ¡Busca a Dios!
Si te atreves a esperar, Dios la puerta cerrará;
Te dirá: “Es tarde ya”, ¡Busca a Dios!
 
 
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 
 
Los Cristianos Y La Nación

R. E. Harlow

Muchos suponen que los Estados Unidos es, o era y debe ser una nación cristiana. Es cierto que Dios ha bendecido Su Palabra en ese país más que en muchos otros. Es posible que el arrebatamiento de verdaderos creyentes reduzca considerablemente la población de este país norteamericana.
    El problema es: ¿Cuánto de mi vida como siervo de Jesucristo puede ser dedicada a mejorar este mundo? He sido comprado por precio, entonces, ¿tengo libertad para usar mi cuerpo como me plazca, o seguir lo que prescriben y mandan nuestros países y cultura? ¿Tengo la opción de dedicar mis dones y talentos recibidos del Salvador a objetivos que los hombres consideran dignos, siendo ellos rechazadores de Cristo? ¿Me liberó mi Salvador para que haga lo que me parece? ¿Puedo ir donde elija? ¿Puedo decir cualquiera cosa que piense?
    ¿Qué dijo Él? Mucho. En Su tiempo en el mundo enseñó muchas cosas; las más importantes están registradas para nosotros en los cuatro Evangelios. Desde el Cielo envió al Espíritu Santo de Dios para guiarnos en el camino correcto. Esto resultó en 21 epístolas inspiradas.
    El Señor nos dejó en el mundo, pero, como Él, no somos del mundo. “Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Jn. 2:15). El mundo pasa, y las cosas verdaderas son invisibles y eternas. El Espíritu de Dios nos quiere transformados, no conformados al mundo. Hubo un tiempo cuando imitábamos las costumbres malas del mundo. Ya no más. “Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles” (1 P. 4:3).
    Nuestro Redentor y Señor no fue vago cuando nos mandó ir a todo el mundo y predicar las Buenas Nuevas. Tenemos Su autoridad suprema para ir y hacer discípulos a todas las naciones. Somos sus testigos en Jerusalén y hasta los fines del mundo.
    En ningún lugar en el Antiguo ni el Nuevo Testamento hay un mandamiento o sugerencia de que debamos dedicar nuestros esfuerzos a mejorar este mundo.
    Hace algunos años, la primera dama de los Estados Unidos patrocinó una campaña a nivel nacional, llamada: “Embellecer a América”. Un locutor de radio lo expresó así: “Tire a la basura algo hermoso hoy. Ayude a mejorar nuestros vertederos y basureros”. Haría falta más que toda la energía de todos los santos para limpiar al mundo antes de la venida de Cristo. Es decir: imposible.
    Cuando Él lo haga, todo estará bien. Habrá un rey justo controlando con una vara de hierro. “Príncipes presidirán en juicio” (Is. 32:1). Habrá salud, longevidad, prosperidad y paz global. Todo eso y mucho más es el plan y la prerogativa de Cristo. ¿Debemos adelantar o eclipsar al Señor e intentar comenzar el Milenio (en un país) antes del tiempo indicado? Quizás podríamos permitir el derroche porque nos entusiasma tanto la idea de mejorar al mundo, y justificarlo si lográramos lo que el Señor dictó. Pero, por supuesto, en realidad lo opuesto es la verdad.
    Hay muchos males que corregir en nuestra sociedad: la promiscuidad, el SIDA, la pornografía y la corrupción. ¿Intentaríamos extender el evangelio a través de legislación prohibiendo los abortos o las drogas ilícitas? ¿Esto haría a la gente estar más abierta a la Palabra de Dios? Muchos padres deploran la idea de criar a sus hijos en un ambiente así. Yo siento lo mismo. Pero puedes tener un impacto en tus hijos para toda la vida. Con la ayuda de Dios, pueden ser fortalecidos para estar firmes para el Señor en las peores circunstancias.
    Hoy en América hay una campaña fuerte para unir a los evangélicos y católicos para confrontar la depravación social. (¿Por qué no incluir también a los musulmanes, hindúes y budistas?)
    En los tiempos de la iglesia primitiva había profusión de males sociales. ¿Qué dijo el Espíritu Santo acerca de ellos? La esclavitud: Los cristianos deben tratar a sus siervos como hermanos. La promiscuidad: Los cristianos deben abstenerse de toda especie del mal. El racismo: Deben recibir a todo verdadero creyente. La idolatría: Salid de en medio de ellos y apartaos. Corrupción oficial: “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto” (Ro. 13:7).
    Pero, ¿en algún lugar leemos esto? “Unámonos a los que, como nosotros, creen sinceramente en el Ser supremo. Junto con los sacerdotes de Jupiter en Roma, podremos hacer una manifestación fuerte delante del Foro. Claudio César será obligado a firmar un edicto liberando a todos los esclavos...” ¡Quizás en la epístola de Demas que amaba este mundo!
    La iglesia católica romana especializa en la caridad. La epístola a Tiatira (Ap. 2:18-29) habla de sus “obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras” (v. 19). Pero el Señor tenía cosas contra ellos. Toleraban a esa mujer Jezabel, una auto proclamada profetisa. Enseñaba a los siervos del Señor a practicar la inmoralidad sexual y rendir culto a los ídolos. Había tenido tiempo para arrepentirse, pero no quería, así que el juicio se avecinaba.
    Dos líderes evangélicos que patronizaron el plan de la cooperación con Roma, ahora han publicado artículos para justificar su recomendación. Mucho de lo que dicen es bueno y persuasivo. El error fundamental es el intento equivocado de mejorar nuestra sociedad. Dicen que debemos “confrontar al mundo no cristiano a través del activismo político” y “educar nuevamente nuestras comunidades secularizadas”. Nos llaman a actuar en un “campo de batalla cultural” y dicen que es “vital para la salud de la sociedad”. El propósito es “defender y sostener los valores morales en la sociedad”.
    La mejor manera de mejorar una sociedad es mejorar a los individuos. Es corto el tiempo que nos queda, demos de todo corazón todo nuestro ser a la tarea global de proclamar a Cristo. La tarea de recuperar o mejorar la sociedad es imposible y no bíblica. El Señor Jesús merece todos nuestros esfuerzos, todo nuestro ser. Algunos pueden ir, muchos pueden ofrendar, y todos pueden orar.

traducido del artículo en la revista “Missions”, marzo 1995


 

viernes, 30 de junio de 2017

EN ESTO PENSAD -- julio 2017



¿TUERCES LA BIBLIA PARA JUSTIFICARTE?

Wiliam MacDonald

“...los indoctos e inconstantes tuercen... las otras Escrituras para su propia perdición” (2 Pedro 3:16b).

El Dr. P. J. Van Gorder acostumbraba hablar de un letrero, colocado fuera de una carpintería, que decía: “Se hacen toda clase de torceduras y vueltas”. Los carpinteros no son los únicos que sirven para esto; muchos que profesan ser cristianos también tuercen y dan vueltas a las Escrituras cuando les conviene. Algunos, como dice nuestro versículo, tuercen las Escrituras para su propia perdición.
    Todos somos expertos para justificar, es decir, excusar nuestra desobediencia pecaminosa ofreciendo elogiosas explicaciones o atribuyendo motivos dignos a nuestro proceder. Intentamos torcer las Escrituras para que se acomoden a nuestra conducta. Damos razones plausibles aunque falsas que den cuenta de nuestras actitudes. Aquí hay algunos ejemplos.
    Un cristiano y hombre de negocios sabe que está mal recurrir a los tribunales contra otro creyente (1 Co. 6:1-8). Más tarde, cuando se le pide cuentas por esta acción, dice: “Sí, pero lo que él estaba haciendo estaba mal, y el Señor no quiere que se quede sin castigo”.
    Mari tiene la intención de casarse con Carlos aún cuando sabe que él no es creyente. Cuando un amigo cristiano le recuerda que esto está prohibido en 2 Corintios 6:14, ella dice: “Sí, pero el Señor me dijo que me casara con él para que así pueda guiarle a Cristo”.
    Sergio y Carmen profesan ser cristianos, sin embargo viven juntos sin estar casados. Cuando un amigo de Sergio le señaló que esto era fornicación y que ningún fornicario heredará el reino de Dios (1 Co. 6:9-10), se picó y replicó: “Eso es lo que tú dices. Estamos profundamente enamorados el uno del otro y a los ojos de Dios estamos casados”. Una familia cristiana vive en lujo y esplendor, a pesar de la amonestación de Pablo de que debemos vivir con sencillez, contentos con tener sustento y abrigo (1 Ti. 6:8). Justifican su estilo de vida con esta respuesta ingeniosa: “Nada hay demasiado bueno para el pueblo de Dios”.
    Otro hombre de negocios codicioso, trabaja día y noche para amasar ávidamente toda la riqueza que puede. Su filosofía es: “No hay nada de malo con el dinero. Es el amor al dinero la raíz de todo mal”. Nunca se le ocurre pensar que él podría ser culpable de amar al dinero.
    Los hombres intentan interpretar sus pecados mejor que lo que las Escrituras les permiten, y cuando están resueltos a desobedecer la Palabra y esquivarla como puedan, una excusa es tan buena (o mala) como la otra.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
LA CONVICCIÓN VERDADERA

“...si me fuere, os lo enviaré [el Espíritu Santo]. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”.  Juan 16:7-8

La misión especial del Espíritu Santo es la convicción, esto es, convencer y reprender al mundo. Muchos, cuando usan la palabra “convicción”, piensan en producir tristeza intensa y angustia a causa del pecado, que producirán lágrimas de confesión. La tristeza que acompaña esta experiencia es generalmente llamada “convicción”. Porque nunca han tenido una experiencia así, algunas personas cuestionan la realidad de su conversión aunque están verdaderamente confiando en el Señor.
    Lejos esté de mí hablar livianamente de semejante experiencia. Me alegraría de veras si viera a personas quebrantarse e irrumpir en lágrimas amargas por su maldad y su indiferencia a Cristo. Pero puede que haya tristeza y lágrimas sin la “convicción” de que nuestro Señor habla en este texto. Y también puede haber “convicción” genuina donde no cae ni una lágrima.
    No somos todos iguales, no expresamos todos nuestra convicción de la misma manera. Algunos son más sensibles, más fácilmente provocados a lágrimas; otros son más tranquilos y lógicos, ¡y pueden estar más genuinamente convictos que los que se emocionan! Dios habla a la inteligencia del hombre, no meramente a sus emociones. Sería un error, entonces, limitar la convicción a nuestra naturaleza emocional.
    A veces los creyentes intentan mover a lágrimas a la gente y procuran hacer surgir sus emociones con música sentimental, testimonios conmovedores y anécdotas tristes. Cuando algunos oyentes lloran a causa de estas actividades, entonces los pronuncian profundamente tocados y convertidos; sin embargo, ¡uno podría conseguir los mismos resultados dejándoles mirar una película mundana! Es el juicio de la persona que debe quedar convicto también, y no solamente sus emociones.
H. A. Ironside
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 LA OFRENDA

¿Dónde Ofrendamos?
    Principalmente, en la congregación donde estamos en comunión. Hay mil voces mendigas pidiendo ofrendas para "ministerios", pero la iglesia debe ser nuestra prioridad. En 1 Corintios 16:1-2 el apóstol enseña a poner aparte para la ofrenda, en el contexto de la iglesia local. Es allí donde aprendemos la Palabra del Señor, y Gálatas 6:6 instruye así: “El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye” (véase 1 Co. 9:11, 14). Recibimos de ellos una ofrenda espiritual, la instrucción en la Palabra de Dios, para nuestro bien, y debemos responder con ayuda práctica, para su bien. No está bien enviarles con las manos vacías.
   
¿Cuándo Ofrendamos?  
    1 Corintios 16:2 dice: “cada primer día de la semana”, porque en la edad de la Iglesia es cuando los creyentes se reúnen, no el sábado. Tomamos la ofrenda ese día en la reunión del partimiento del pan, porque es sólo para los creyentes. Aunque otros puedan observar, no participan. No tomamos ofrendas de los inconversos (3 Jn. 7).
    Pero también Gálatas 6:10 dice: “según tengamos oportunidad, hagamos bien”, y esto incluye la posibilidad de una ofrenda espontánea a un hermano. Mateo 6:3-4 indica que debe ser en secreto, eso es, no llamando la atención. Dios es quien sabe lo que ofrendamos.

¿Cuánto Ofrendamos?
    En la ley Dios enseñaba a los judíos que debían diezmar, pero el diezmo no era una ofrenda, sino un deber, casi como un tributo. El judío debía a Dios la décima parte de todo, y al dar eso todavía no había ofrendado. Por eso leemos frases como “diezmos y ofrendas” (Dt. 12:11; Neh. 12:44; Mal. 3:8), porque eran cosas distintas.
    En la enseñanza del Señor y los apóstoles en el Nuevo Testamento, no aparece el diezmo. Está en los evangelios porque ellos tratan lo que sucedía al final de la dispensación de la ley.
    La norma para la ofrenda en la dispensación presente de la iglesia es por gracia, no por ley. El Señor comenzó a enseñar esto, aunque en otro contexto, en Mateo 10:8 al decir: “de gracia recibisteis; dad de gracia”. 2 Corintios 8:9 nos enseña la gracia del Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre. ¿Qué quiere esa gracia de Dios enseñarnos a hacer?
    En 2 Corintios 9:7 el apóstol Pablo escribe: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”.  Ofrendar “por necesidad” sería por ley, como por ejemplo el diezmo, u otras imposiciones por hombres. Hay pastores e iglesias que demandan cierta porción, pero están fuera de juego. Algunas iglesias dan una caja de 52 sobres a cada miembro con su nombre impreso en ellos. Es un sobre para cada domingo del año, para que traigan su ofrenda. Así les hacen sentir obligación, y controlan cuánto da cada uno. Pero nada de eso hay en el Nuevo Testamento.
    Bajo la gracia no preguntamos: “¿Cuánto tengo que dar?”, sino “¿Cuánto quiero y puedo ofrendar?” 1 Corintios 16:2 dice: “cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado”.
    Si uno desea personalmente usar el 10% como guía para sus ofrendas, puede, pero debe comprender que Dios no lo manda así. Alguien bien preguntó si un creyente bajo la gracia realmente no quiere dar más a Dios que un judío bajo la ley. La cuestión es proponer de corazón, y preparar de antemano cada uno su ofrenda, y venir a la reunión con ella preparada. Cuando llegue el momento de tomar la ofrenda, no debemos empezar a rascar el bolsillo y buscar de repente algo para echar, una monedita o cualquier cosa. Nuestra ofrenda debe ser apartada a propósito antes, y dada con alegría y gratitud al Señor que nos da la vida y toda cosa buena (2 Co. 9:6-11). Dios es generoso, ¡y cuánto nos gusta que así sea! Pero, debemos ser generosos en nuestras ofrendas.

Carlos

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
30 Centímetros Iguales A 30 Metros
Yo tenía apenas un año viviendo en Venezuela, en Puerto Cabello, cuando recibí la triste noticia de la muerte de una niña en las afueras de la ciudad. Su madre no se había dado cuenta de que la criatura de poco más de un año de edad se había alejado de la casa y llegado a la boca de un pozo abierto en el cual, cayendo al fondo, se ahogó en treinta centímetros de agua.
    Di mi pésame, hablé a los vecinos de Jesucristo quien murió y vive para salvar a los niños (y adultos), y acompañé a los amigos de regreso a la ciudad. Pero no llegamos a buena hora como esperábamos, porque hubo otro funeral.
    Dos soldados apostados en el Cuartel Libertador habían recibido órdenes de buscar piedras en una cantera al otro lado de la bahía. Sobrecargaron su embarcación y naufragaron en un punto donde la profundidad de las aguas era de casi treinta metros. Uno de ellos fue arrastrado al fondo y su cadáver había sido encontrado cuando pasamos frente a la playa.
    Ahora, amigo, mi pregunta es: ¿cuál de los dos está más muerto? ¿La débil niña que se ahogó en treinta centímetros de agua, o un fuerte joven que se ahogó en treinta metros?
    “Ah”, dice usted, “no sea tonto. ¡Los dos están igualmente muertos”. Es verdad, y estamos de acuerdo. Así, otra pregunta: ¿Cuál está más muerto: el pecador “bueno”, o el “malo”? Desde luego, a lo espiritual y eterno me refiero. Estoy preguntando acerca de los que viven físicamente pero están, como dice la Biblia en términos apostólicos: “muertos en delitos y pecados”.
    No se apresure, amigo, en su respuesta. No vienen al caso las opiniones, los prejuicios y las teorías. Vayamos a la Biblia: “El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). “Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14-15). “No hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:22-23).
    Pero basta. Ya vemos que Dios habla de todos y cada uno: la gente religiosa, culta, de “treinta centímetros” de satisfacción propia porque practica su religión, y la gente antisocial a quienes tildamos de “treinta metros” de pecado a la vista. Usted está incluido y yo también, igualmente necesitados de la vida eterna.
    Pero, si “la paga del pecado es muerte...la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). “El que oye mi palabra”, dijo Jesucristo, “y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

Santiago J. Saword
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
“DIEZ SICLOS DE PLATA POR AÑO”
 
Donald Norbie

“Quédate en mi casa, y serás para mí padre y sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por año, vestidos y comida”. Jueces 17:10
   
Palabras tentadoras eran  ésas al joven levita que había viajado para “buscar un lugar donde servir”. Se le ofreció un hogar, una posición y unos ingresos seguros. El resultado de aquella oferta hecha hace más de tres mil años todavía es testimonio de su atractivo: “Y el levita se quedó”.
    ¿Acaso no podría servir al Señor en ese lugar? Era una puerta abierta; quizá Jehová había abierto esta oportunidad para él. Seguramente uno debe aprovechar las oportunidades que le son dadas en esta vida.
    Y unos ingresos seguros, ¿no podría esto aliviar su mente de ansiedad para que sirviera a Dios más eficazmente? Después de todo, el siervo de Dios tiene bastantes otros problemas por los cuales necesita fe.
    Dicen que los tiempos cambian y a veces uno necesita ajustarse. Además, razonan, no todos tienen el mismo don de fe. Seguro que el levita encontraba muchas razones que a su mente le parecían buenas, para quedarse. Con ese salario podría dedicar más tiempo a la obra. “Y el levita se quedó”.
    Hoy este método de apoyar económicamente a los “obreros del Señor” es muy extendido por la cristiandad. Una casa o piso pagado por la congregación, un título y una posición de autoridad, un pequeño salario mensual, estas cosas son consideradas como necesidades prácticas en el “ministerio cristiano”. Cuando una iglesia se reúne con un candidato para el pastoreo, una de las primeras preguntas que generalmente se hacen es: “¿Cuánto es el salario?” Después de todo, uno de los deseos básicos del hombre es seguridad. ¿Y qué le ofrece más seguridad al morador de la tierra que el dinero? Un banco en nuestra área recientemente hizo publicidad con esta frase llamativa: “¡Qué sensación más buena, dinero en el banco!”
    Hay cierto movimiento hoy en día entre los hermanos que profesan seguir la verdad del Nuevo Testamento acerca de la iglesia, y es preocupante porque se trata de la introducción de estos métodos no bíblicos para el sostenimiento de la obra de Dios. Estos métodos de apoyo económico no son nuevos. Hace cientos de años que varias entidades religiosos han tenido tales arreglos para su clero. Sin embargo, a lo largo de los siglos también han existido pequeños grupos viriles de no conformistas que han renunciado las prácticas religiosas corrientes, y han enseñado y practicado una vuelta a la fe sencilla del Nuevo Testamento. Por tales hermanos damos gracias a Dios. Su camino no ha sido fácil. Han conocido la  hostilidad y oposición amarga de la religión organizada.
    Es posible servir al Señor con varios grados de obediencia a Su Palabra. Dios en Su gracia maravillosa bendice lo que es de Él. Es posible que aun un predicador incrédulo proclame el evangelio y que alguien se convierta. Pero, ¿quién diría que semejante proceder es conforme a las Escrituras? Lo que sirve de guía para el creyente no es si algo tiene éxito, si otros creyentes o iglesias lo hacen, o si parece conveniente, sino las Escrituras.
    Las Escrituras no dan ninguna instrucción ni ejemplo acerca de arreglos económicos entre el obrero y el pueblo de Dios. Es más; las Escrituras enseñan lo contrario. El que sirve a Dios sale a la obra sin ningún compromiso ni garantía de finanzas. Con fe sencilla mira a Dios, y si es necesario, puede trabajar con sus manos. Los del pueblo de Dios que son ejercitados espiritualmente comparten sus bienes temporales con el labrador. Todo esto promueve una sencillez deleitosa y un ejercicio de corazón de parte de todos. Cada uno está compartiendo en la obra de Dios de manera muy personal.
    Cuando el Señor Jesús envió a los doce, les exhortó: “No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos...porque el obrero es digno de su alimento” (Mt. 10:9-10). Habían estado con el Señor por un tiempo y habían compartido Su vida sencilla; una vida fragante con una fe como la de un niño y una dependencia en Su Padre. No tenía reservas de fondos, ni nada  en el mundo para asegurar unos ingresos fijos. Ahora Él anima a Sus seguidores, al salir ellos de Su presencia inmediata, a que vayan como Él. Dios les cuidaría. Habrá algunas personas de corazón sensible y ejercitado, a través de quienes Dios puede proveer las necesidades de la vida. El obrero hoy en día que escoge otro camino no está siguiendo el ejemplo de su Señor.
    Al escudriñar el resto de las Escrituras, no se halla ninguna evidencia de que los apóstoles u otros obreros o ancianos de aquel entonces tuvieran arreglos en cuanto a finanzas, ni con las iglesias locales, ni con individuos, ¡ni mucho menos con el gobierno! Pablo encontró que a veces le era necesario trabajar con sus manos (Hch. 18:3). No obstante, la mayoría del tiempo tenía lo suficiente debido a las diferentes ofrendas de individuos o asambleas. Una persona como Lidia puede proveer alojamiento para el siervo del Señor (Hch. 16:15). Repetidas veces grupos de  creyentes mostraron su preocupación y amor a través de sus ofrendas (Fil. 4:15) Así el amado apóstol se dedicaba a trabajar para el Señor, y dijo: “Imítame”. No hay forma más bienaventurada de servir a Aquel que dijo: “El siervo no es mayor que su señor” (Jn. 13:16).
    ¿Cuáles son algunas de las ventajas prácticas de hacer así la obra del Señor? Primero, esto estimula una saludable dependencia en Dios. El hombre que tiene sus finanzas prometidas y calculadas tiende a sentirse independiente de Dios; tiene y sabe de dónde viene lo que necesita para procurar las cosas de esta vida. Así que, es bueno que el siervo del Señor sea pobre y no tenga grandes reservas: “como pobres, más enriqueciendo a muchos...” (2 Co. 6:10). Esto le mantiene en una posición de dependencia temerosa de Dios en todo momento. Puede que llegue a su último céntimo y pedazo de pan. Se ha comprometido a un camino de no anunciar sus necesidades a otros. Está encerrado al lugar secreto de oración donde con agonía de alma clama a Dios. Debe quedarse allí hasta que pueda salir con un corazón sereno y labios que no murmuran, contento de descansar como un niño destetado en los brazos del Padre. Los que han conocido tales tiempos pueden testificar que la dependencia íntima en Dios es la flor dulce que viene después del brote amargo de la prueba. Cuando vea al Padre contestar, obrando de manera maravillosa y secreta, ¿quien cambiaría esto por un salario mensual?
    Segundo, este modo de servir a Dios hace que ofrendar sea un santo ejercicio del alma. Ofrendar ya no es un deber programado de cierta reunión el domingo. La oración y el ofrendar van brazo en brazo en el camino de la vida de devoción cristiana. Cada creyente sabe que la obra de Dios depende de él y de su interés. Los creyentes se dan cuenta individualmente y como asambleas que la obra de Dios crece y lleva fruto como resultado de sus oraciones y ofrendas. Cada cual tiene una parte vital; todos comparten esta obra gloriosa.
    Tercero, esta forma de servir anima al hombre a ser siervo del Señor. Puesto que nadie le paga un salario ni una mensualidad regular, no puede ser mandado por hombres, ni tentado a andar de puntillas al proclamar la verdad de Dios. No tiene que cosquillar las orejas para mantener sus ingresos. Puede sentirse dichosamente libre para proclamar todo el consejo de Dios. Pablo podía decir con fervor: “¿Busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gá. 1:10). Esto también deja libre al siervo para ir donde Dios quiere que vaya. Depende de Dios para su dirección, y no está mirando a los hombres. De nuevo, esto produce profundo ejercicio de alma mientras que uno espera en el Lugar Santo. Sin duda, para los que sólo son siervos de Otro, ni desean ser más, ¡qué sensación más buena!
    Finalmente, libra para siempre al obrero de la acusación de amar al dinero. Puede ocuparse en la obra de Dios sin nunca tener que pedir una ofrenda. El mundo puede burlarse y pensar que tal hombre es necio, pero no podrá acusarle de avaricia. Tendrá que confesar que su obra no es con ánimo de lucro, sino una pasión por Dios. Con Pablo, él podrá decir: “os he predicado el evangelio de Dios de balde” (2 Co. 11:7).
    El camino de fe es para la iglesia que desea seguir el patrón del Nuevo Testamento. Requiere que los creyentes sean ejercitados espiritualmente; hombres y mujeres que conocen y confían en Dios, no en una organización. ¿No es un comentario trágico sobre el bajamar en la vida espiritual cuando enfatizamos un edificio de piedra en lugar del Cuerpo de Cristo, cuando hacemos publicidad en lugar de oración, y buscamos la certeza de un salario en lugar de depender del Dios vivo?

“He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona”  (Ap. 3:11).
Donald Norbie nació en Minnesota en 1923, y nació de nuevo en 1938. Fue encomendado a la obra del Señor en 1949 y ha servido fielmente desde entonces, evangelizando, predicando y escribiendo. Desde 1970 vive en Colorado y colabora en una asamblea allí. 
Su libro: LA IGLESIA PRIMITIVA, está disponible de Editorial Berea. www.editorial-berea.com