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domingo, 30 de abril de 2017

EN ESTO PENSAD - mayo 2017

¿Que es el arrepentimiento?

H. A. Ironside

El llamado al arrepentimiento es algo que falta en la predicación en tiempos modernos. Algunos de nuestros hermanos casi tienen miedo de hablar del arrepentimiento, porque hay gente que cree que es algo meritorio. Pero no es una obra de mérito. El arrepentimiento es reconocer que uno no tiene méritos, que en sí mismo es un pecador que no merece sino castigo, reo del juicio divino. El Dios santo y justo “manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hch. 17:30).
    El arrepentimiento no debe confundirse con la penitencia. La religión define el arrepentimiento como "un sentido de pesar por algo que se ha hecho, y que, por algún motivo, deseamos no haberlo hecho". La penitencia es contrición o tristeza por el pecado, pero somos advertidos que “la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse” (2 Co. 7:10). No es tan solamente tristeza por lo que hemos hecho. A veces uno es triste porque ha sido descubierto o castigado. Puedo entristecer mi corazón al pensar de las cosas malas que he cometido, y de todo el daño que he causado a otros, pero a la vez no arrepentirme realmente para con Dios.
    El arrepentimiento tampoco debe ser confundido con los actos de penitencia. Esos son esfuerzos de expiación o reparación por cosas que uno ha hecho. Son una manera de sufrir voluntariamente; pero no hay sufrimiento físico ni negación propia que pueda pagar por lo malo que le hemos hecho a Dios o al hombre.
    El arrepentimiento no es una reforma personal. Algunas personas tienen la idea que el arrepentimiento es que uno intenta abandonar sus pecados, limpiarse y vivir justamente, es decir, obra para hacerse buena persona, para merecer la salvación. No es así. Cierto es que puede haber reformas personales sin el arrepentimiento, pero nunca puede haber un verdadero arrepentimiento que no produce cambios, porque si de veras me arrepiento y creo el evangelio, seguramente habrá cambios. La nueva naturaleza no es como la vieja. Ser guiado por la carne y el espíritu de desobediencia no es igual que ser guiado por el Espíritu. Cuando haya arrepentimiento y fe, la vida cambia.
     Es un cambio en mi forma de pensar acerca del pecado,  para verlo como Dios lo ve. Deseo apartarme del pecado, incluso lo renuncio, pero sin la ayuda del Señor no se puede llevar a cabo. No puedo limpiarme. Sólo Él nos limpia. Pero al arrepentirme, la media vuelta en mi forma de pensar, acompañada por la fe en el Señor, produce por Su poder el fruto, cambios, una media vuelta en la forma de vivir.       
 adaptado y ampliado de su comentario sobre el Evangelio según Lucas, escrito en 1947

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Los Padres Psicologizados

Los padres de Sansón no se lo dijeron (Jue. 14). David probablemente no se lo dijo muchas veces a Absalón. Elí tampoco empleó la palabra con sus hijos (1 S. 2). ¿Qué palabra es esta que estos padres no dijeron a sus hijos?  Es la palabra: “no”.
    Con todo el énfasis puesto en los hijos durante las últimas décadas, y de ello algo era necesario, el péndulo se ha ido demasiado a un lado. La verdad es que en muchas familias los hijos ahora son el centro de atención, y en demasiadas familias ellos realmente llevan la batuta. Como resultado, la disciplina falta completamente, o muchas veces es simplemente una amenaza que nunca se materializa, se dice pero no se administra. En algunos casos los hijos realmente se anteponen al propio matrimonio, es decir, antes de la pareja misma.
    Demasiados padres tienen temor de ofender al niño diciéndole: “no”. Los psicólogos han enfatizado tanto que los hijos necesitan amor y libertad, y que los padres deben dedicarles tiempo de calidad, que muchos padres harían cualquier cosa porque temen privar a su hijo de sus deseos. El resultado es una familia que va en torno a los hijos, y ellos marcan la pauta de la familia. Todo tiene su explicación: “a favor del niño”. Con frecuencia el tiempo demuestra que hacer esto es un error, pero claro, entonces es tarde para quienes lo han practicado.
    Como si sobraran los padres, los hijos deciden regularmente qué se les dará de comer, dónde irá la familia para sus vacaciones, o si la familia comprará esto o lo otro. Dictan tales cosas como la marca de ropa que llevarán, el corte de su pelo y el horario de la familia. Hay familias que dejan de comer juntos porque: “a los hijos les es difícil”. Las actividades como la gimnasia, el fútbol, las clases de música y otras parecidas ocupan el centro de la vida familiar como si fuesen las consideraciones más importantes, y el horario de todos los demás tiene que ajustarse y ponerse en raya para que los hijos puedan hacer lo que les apetece.
    Y como es de esperar, a menudo este proceder también entra en los asuntos de la asamblea, donde a los jóvenes se les permite hacer todo lo que quieren, y pronto la asamblea encuentra que quienes determinan su dirección y marcan la pauta son los jóvenes. Los ancianos se quedan como secuestrados en la iglesia, temiendo actuar con firmeza o tomar ciertas decisiones por miedo a la reacción de los jóvenes (o sus padres).
    Habiendo dicho esto, ¿queremos decir que simplemente hay que ignorar a nuestros hijos y a los jóvenes en la asamblea? ¡Por supuesto que no! No obstante, sí, debemos mantener todo en su perspectiva correcta, y los hijos y los jóvenes necesitan aprender que el mundo no gira en torno a ellos. (El hombre natural ya está en el centro sin que nosotros animemos más el asunto.) Una de las grandes lecciones que debemos aprender para crecer espiritualmente es: “mirando...cada cual...por lo de los otros” (Fil. 2:4). “Yo” y “mi” deben tomar el último lugar. Esto significa el preocuparse por los intereses de los demás, y quitar la mirada de uno mismo. Es difícil enseñar esto a los hijos, sobre todo, cuando los padres mismos son los primeros que los colocan en el centro, los miman y encuentran excusas y explicaciones para todo lo que ellos hacen. Pero el “yo” tiene que ir para abajo. Ésta es exactamente la actitud que se enfatiza en el texto hermoso que describe: “la mente de Cristo”. Él pensaba en los demás.
    El poner a los hijos o a los jóvenes por encima de los demás y darles todo lo que desean y demandan, simplemente permitiéndoles ir casi sin riendas, es en realidad una expresión de falta de amor y será causa de vergüenza al final (Pr. 29:15).
Stephen Hulshizer, de la revista Milk & Honey (“Leche y Miel”), Octubre 2000
traducido y adaptado con permiso
 
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¿Dónde Está Tu Corazón?
     Cristo advierte contra el hacer tesoros en la tierra. Es cuestión de si viven para esta vida o para el reino venidero. El Señor señala primero las ventajas de la inversión de transferir nuestros tesoros al cielo, donde no estorban ladrones, orín ni polilla. Entonces, llega al corazón del asunto, que es, el corazón humano. Declara: “donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt. 6:21). El Señor quiere nuestro corazón. No quiere que tengamos doble visión, con los ojos puestos en los tesoros celestiales y también en los terrenales (6:22-23). Esto resultaría en no ver nada claro. No quiere que intentemos trabajar para dos amos. Esto resultaría en mal trabajo para ambos. No podemos vivir para el mundo y para el cielo. No podemos servir a Dios y al dinero.
    Observa que el tema de la vista es común en las dos primeras prohibiciones. Podemos hacer justicia para ser vistos por los hombres, para ganar alabanza o gloria de ellos, o podemos hacer nuestras justicias secretamente, confiando en nuestro Padre que ve en secreto, para que luego Él nos recompense abiertamente. Entonces, debemos preguntar dónde están puestos nuestros ojos – en los tesoros terrenales o los celestiales. ¿Hemos intentado enfocarnos sobre los dos con el resultado de que ahora tenemos doble visión? Nuestros ojos simbolizan nuestras ambiciones y motivos – donde ponemos la mira. El verdadero seguidor, dice Cristo, tiene sus ojos puestos en la recompensa celestial. El hombre con visión doble tiene tinieblas (6:23). El tal es un discípulo falso.

A. W. Wilson, de su libro Matthew’s Messiah (“El Mesías según Mateo”), pág. 92
 
 
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Estamos Aquí De Paso

¿Debe el creyente involucrarse en la politica o la sociedad de este mundo? C. H. Mackintosh comenta:

“Como cristianos, nuestro deber es atravesar el mundo como peregrinos y extranjeros, sin tener nada que ver con él, excepto que somos testigos pacientes de la gracia de Cristo. Como tales debemos brillar como luminares en medio de las tinieblas morales. Pero desgraciadamente fallamos y no mantenemos esta rígida separación; nos permitimos ser engañados a entrar en alianzas con el mundo, y como consecuencia, nos involucramos en problemas y conflictos que propiamente no nos corresponden”.

C. H. Mackintosh, Notas sobre Números capítulo 31

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   EL CONSEJO DE MARÍA

En el Evangelio según S. Juan leemos de una boda en Caná de Galilea. Allí María enfatizó la importancia de su hijo Jesús y Sus palabras. Observó que faltaba vino, y no pudiendo hacer nada, lo dijo a Jesús. María, entonces, aconsejó a los siervos, o bien podríamos decir, los mandó: “Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere” (S. Juan 2:5). Sólo aquí en la Biblia María da un consejo o mandamiento, y ciertamente todo buen católico romano, y especialmente los devotos de María, deben hacer caso de sus palabras: “Haced todo lo que os dijere”. Es un excelente consejo todos los días, no sólo en aquella boda. Entonces, ¿qué más dijo Jesús?
JESUCRISTO DIJO que es el único que puede ser nuestro Salvador, esto es, el único camino al cielo. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (S. Juan 14:6).
NO DIJO que confiáramos en santos, el Papa, la iglesia, ni siquiera en Su madre para nuestra salvación. Luego declaró el apóstol Pedro: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
JESUCRISTO DIJO que la fe en Él es la única clase de fe que nos puede salvar, esto es, darnos perdón y vida eterna. “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (S. Juan 3:36).
NO DIJO que los sacrificios, sacramentos o buenas obras sean necesarias para salvarnos. Afirmó el apóstol Pablo: “Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5).
JESUCRISTO DIJO
que Él, no la iglesia, da vida eterna. “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (S. Juan 5:24).
NO DIJO que fuera una vida temporal o condicional, que dependiera de nuestro comportamiento para no perderla. Al contrario, afirmó: “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (S. Juan 10:28)
JESUCRISTO DIJO que las palabras de Dios son la única autoridad que debemos seguir. “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (S. Juan 12:48).
NO DIJO que las tradiciones o los mandamientos de los hombres fueran otra palabra Suya. “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres...invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido” (S. Marcos 7:7, 13).
       Amigo, sigue el consejo de María, y haz caso de todo lo que Jesucristo dice. Si ahora te arrepientes de tu confianza en tus obras o bondad, en los sacramentos y la iglesia, y en cualquier otra cosa y confías únicamente en el Señor Jesucristo, Él, el TODOPODEROSO, te salvará para siempre. Nada ni nadie más puede perdonarte y salvarte, sino sólo Jesucristo. 
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¿Qué Pensáis Del Cristo?(Part II)

Texto: Mateo 22:42-46

El otro día un hombre me dijo que no creía en Dios. Le pregunté qué pensaba de Cristo, y me dijo que creía que era bueno y hacía bien, pero ya está. Decía que tenía una Biblia en casa, pero no la lee. Y así están muchas personas. Creen en Cristo de alguna manera, pero no saben realmente quién era ni se toman la molestia para investigarlo para ver si su opinión cuadra con la verdad o no.
    Así como decíamos en el estudio anterior, si preguntamos a la gente qué piensa de Cristo, cada uno daría su opinión, pero no acertará porque no acaba de darse cuenta de quién es. El apóstol Juan informa que el propio pueblo judío no le conoció ni le recibió (Jn. 1:11). Pero hay un conocimiento de Cristo que es correcto y provechoso, cuando uno entiende quién es y por qué vino al mundo. Ojalá que cada uno pueda llegar a ese buen conocimiento, y pensar de Cristo como se debe.
    Tarde o temprano cada uno tendrá que presentarse ante Dios y dar cuenta de sí. Los creyentes van a estar con su Señor en un lugar de dicha eterna donde recibirán recompensa y serán benditos y consolados. Pero los que no piensan correctamente de Cristo irán a la perdición, porque su nombre no está en el libro de la vida del Cordero.
    Por eso los que somos creyentes tenemos que hablar bien de Cristo, con nuestros labios y con nuestra vida – nuestra manera de vivir. Debemos darle a conocer ante los demás. La pregunta es buena: “¿Qué pensáis del Cristo?”, y de la respuesta depende la felicidad ahora y por toda la eternidad.
    Vamos a seguir investigando qué pensaban diferentes personas en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, está el caso del paralítico en Betesda (Jn. 5: 1-18). Llevaba treinta y ocho años enfermo, y había estado mucho tiempo al lado del agua en Betesda pero nadie le ayudaba. Diría que en un momento Jesucristo  le había sanado completamente, que no hacía falta esperar más ni en ángeles ni otros. La solución de su problema estaba en un encuentro personal con Cristo.
    La viuda de Naín y los que le acompañaron dirían que Cristo resucitó de los muertos a su hijo (Lc. 7:11-17). Era su único hijo y además de amarle como hijo, probablemente dependía de él para vivir. Había perdido toda esperanza y estaba de luto, saliendo del pueblo aquel día yendo al entierro, cuando el Señor paró al funeral. Tuvo compasión de ella, tocó el féretro, y resucitó al hijo. Todos estaban maravillados y dijeron que un gran profeta se había levantado entre ellos (suenan como los musulmanes) y que Dios había visitado al pueblo. Así le compararon con Elías o Eliseo, pero no acabaron de ver que era el Dios de Elías. Muchos hoy también admiran a Cristo pero no entienden quién era.
    Consideremos la opinión de la mujer que quedó encorvada dieciocho años, con un problema incurable de la columna (Lc. 13:11-17). Cuando el Señor le sanó de su azote, ella glorificaba a Dios, pero el principal de la sinagoga sólo criticaba a Cristo porque la sanó en el día de reposo, por lo que el Señor le llamó “hipócrita”. El pueblo se regocijó en esa sanidad, y seguramente la mujer más. Había encontrado el poder de Dios en el Señor. Lo que no sabemos es si ella, al glorificar a Dios, reconoció que Jesucristo es Dios, o si le veía sólo como profeta.
    El caso de la muerte de la hija de Jairo trajo al Señor en contacto con sus padres y los de su pueblo (Lc. 8:41-42; 49-56). Claramente ella murió, y el Señor fue a resucitarla aunque la gente se burlaba de Él. Cuando la levantó de los muertos y la presentó a sus padres todos estaban espantados y maravillados. La más agradecida seguramente fue la niña, y después de ella sus padres. Habían visto el poder de Dios en el Señor Jesucristo. Cristo en otra ocasión dijo a Sus discípulos: “yo soy la resurrección y la vida”, y he aquí un caso que lo demuestra.
    La mujer samaritana en Juan 4 comenzó pensando que Jesús era simplemente un hombre judío. Luego decidió que era profeta. Pero en el versículo 29 dijo: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?”
    Consideremos el caso extraño de Judas Iscariote, el que le entregó. Porque después de entregar al Señor, el día siguiente se dio cuenta de su gran error y pecado, y dijo: “Yo he pecado entregando sangre inocente” (Mt. 27:4). Reconoció la inocencia del Señor y la injusticia de su traición y de los malos tratos que los líderes del pueblo le daban. Pero nada de eso absuelve al traidor de su terrible pecado. Una cosa es saber que Cristo fue tratado injustamente, y otra es arrepentirse y confiar en el Señor para ser salvo, lo cual Judas no hizo.
    Luego está el caso único del centurión que le crucificó. Era un verdugo profesional y veterano, que seguramente había matado a muchos. Pero nunca había visto a una persona así ni que muriera así. Los criminales al ser crucificados solían blasfemar y morir echando pestes, pero Cristo no abrió Su boca. La forma en que murió y los acontecemientos en la naturaleza mientras estaba en la cruz – las tinieblas a mediodía y el terremoto – le convincieron de modo que declaró: “verdaderamente éste era Hijo de Dios” (Mt. 27:54). Probablemente quería decir que era una persona justa que no merecía morir, pero tal vez le faltó el paso clave de reconocer que Cristo había muerto por él.
    Allí también estaban los dos ladrones que fueron crucificados, uno a la derecha y el otro a la izquierda. Al principio los dos blasfemaban e insultaban al Señor, pero después uno de ellos volvió en sí, reconoció al Señor como Rey, y le rogó que se acordara de Él cuando viniera a Su reino. Sabemos que confió en Cristo, porque el Señor reconociendo su fe le prometió: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.
    Hasta los demonios pensaban de Cristo mejor que muchos hombres, porque le llamaron: “Jesús, Hijo del Dios Altísimo” (Mr. 5:7). Sabían más que muchos judíos, y ciertamente más que los falsamente llamados “testigos de Jehová” y los mormones en nuestros días porque reconocieron la divinidad de Cristo. Pero no se sometieron a Él en fe para obedecerle. Reconocieron Su identidad y autoridad pero sin aceptarla, y así también son muchas personas en nuestros tiempos.
    Juan el bautista tuvo bastante que decir acerca de Cristo, ya que era Su precursor, enviado delante de Su faz para prepararle el camino. Anunció Su venida, diciendo: “Éste es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado” (Jn. 1:27). Poco después, en Juan 1:29 le señaló y dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Sabía quién es que quita el pecado, y no es María, los santos, la Iglesia ni otros, sino sólo Jesucristo. En Juan 3:30 dijo: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. ¡Qué bueno sería si todos tuvieran la misma opinión que Juan porque él acertó!
    Pedro confesó: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16) y luego dijo: “¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6:68). Pero después, le negó tres veces. En Hechos 2:36, luego que recibió el Espíritu Santo, predicó así: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”. En Hechos 3:14-15 le llamó: “el Santo y el Justo” y “Autor de la vida”. En Hechos 4:12 habló con gran denuedo en público diciendo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. En Hechos 5:31 le llamó: “Príncipe y Salvador”. En Hechos 10:36-43 proclamó: “éste es Señor de todos”, y “Juez de vivos y muertos”. En el versículo 43 anunció que “todos los que en él creyeren recibirán perdón de pecados por Su nombre”. Luego en su primera epístola escribió: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 P. 2:24). ¡Pensar así como Pedro es confiar en Cristo para perdón y vida eterna!
    El apóstol Juan escribió en Apocalipsis 22:16 citando las palabras de Cristo: “Yo soy...la estrella resplandeciente de la mañana”. Esa es la estrella que aparece en el cielo de madrugada justo al clarear el alba, antes de que salga el sol. Así Jesucristo es la esperanza de todo creyente, porque antes de que Él venga como Sol de Justicia para juzgar al mundo y reinar, vendrá en el cielo como estrella resplandeciente y llamará a los Suyos al cielo para que estén con él y escapen del juicio venidero.
    Tomás el dudador fue vencido por su encuentro personal con Cristo. Cristo le invitó a meter su dedo en las heridas y no ser más incrédulo sino creyente. Tomás exclamó: “Señor mío y Dios mío” (Jn. 20:28).
    Saulo de Tarsis, el perseguidor, cuando encontró a Cristo en el camino a Damasco, cayó ante la luz de Su presencia y preguntó primero: “¿Quién eres, Señor?” Y al saber que era Jesucristo, dijo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hch. 9:5-6). Con esas palabras reconoció el señorío de Cristo y se sometió a Él en fe. Luego en Filipenses 3:8 Pablo habló de “la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”. Pablo perdió todo para ganar a Cristo, y muchos hoy en día fallan y no siguen ese ejemplo tan bueno, pues quieren a Cristo junto con todo lo demás que ellos planifican y desean para sí, y no están preparados a sacrificar nada. Es porque tienen bajos pensamientos de Cristo. En 1 Timoteo 6:15 Pablo le llamó: “el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores”.
    Los llamados “testigos de Jehová” y otros no creen que Jesucristo es Dios, pero se equivocan, y su opinión defectuosa de Cristo les condena. El mejor testimonio es el del Padre en el cielo que dijo: “Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mt. 3:17). En Hebreos 1:1-4 leemos: “Dios...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,  hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos”.
    Así que, amigos, la Biblia da abundante testimonio y nos enseña cómo pensar y cómo no pensar acerca de Cristo. Pero cada uno debe llegar a una conclusión y convicción personal. Amigo, ¿qué piensas de Cristo? ¿Estás dispuesto a aceptar el testimonio de Dios y de Sus apóstoles? Sólo así podrás ser salvo.

de un estudio dado por Lucas Batalla

Hay más estudios del hermano Lucas en  internet:
http://estudios-lucas-batalla.blogspot.com.es
 

viernes, 31 de marzo de 2017

EN ESTO PENSAD -- abril 2017

La Elección del Cónyuge (II)
J. Graf

viene del nº anterior
 
El amor
¿No es el amor la condición primordial para que una unión sea feliz? Al menos esto es lo que se dice a menudo. Es cierto que el afecto natural entre prometidos, entre esposos, entre padres e hijos, es algo que Dios pone en el corazón humano. Estos sentimientos son un lazo precioso entre dos seres estrechamente unidos el uno al otro.
    Pero desde la antigüedad pagana, tal amor fue desnaturalizado por la desobediencia del hombre y cayó bajo el imperio de la ley del pecado y de la muerte. La ausencia de afecto natural caracteriza también a la cristiandad sin Cristo en estos últimos tiempos (Ro. 1:31; 2 Ti. 3:3).
    El amor es algo natural en las relaciones entre esposos, pero debiera ser santificado para que no fuera un simple amor carnal, el cual se manifiesta ante todo por sus exigencias, por su egoísmo, su deseo de poseer, sin preocuparse de la voluntad de Dios. Ejemplos muy solemnes de todo esto los encontramos en Sansón (Jue. 14:3, 16; 16:4, 15) y Amnón (2 S. 13). Tal amor no puede ser nunca el fundamento seguro de una unión dichosa, ya que desaparece al haber conseguido lo que se buscaba en la persona amada. El creyente no está exento de este peligro, por lo que la vigilancia le es necesaria.
    El amor que Dios pone en el corazón, a la vez da y se entrega. No busca su propio interés (1 Co. 13:5). Encuentra su medida en Cristo, quien ha amado a la Asamblea y se entregó a sí mismo por ella (Ef. 5:25). Fue su amor y su obediencia al Padre, lo que le indujo a descender del cielo y darse por la Iglesia, del mismo modo que un hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su mujer.
    Toda peticion de matrimonio, requiere según Dios un afecto santo hacia la novia. “Cristo amó a la iglesia”. Siguiendo su ejemplo, le corresponde al hombre, desempeñar el papel activo y pedir a su prometida en matrimonio. Una actitud pasiva de parte del novio o la iniciativa de la futura esposa estarían en desacuerdo con los pensamientos divinos.
    El verdadero amor no actúa nunca en oposición a Dios. El amor no debe cegarnos, ya que es necesario examinarse a sí mismo delante del Señor, para saber si el motivo que nos mueve está de acuerdo con la voluntad de Dios.

La petición de una compañera a Dios
    El siervo de Abraham nos proporciona un ejemplo muy hermoso. No era una joven agraciada o rica la que él buscaba para Isaac, sino una muchacha que quisiera servir a un extranjero como él y que cuidase de sus camellos fatigados. Habiendo Dios respondido a su petición al instante, el siervo, primeramente, se contentó con mirar, sorprendido y en silencio. Profundamente emocionado por la respuesta divina, no dice ni una sola palabra a la muchacha, sino que empieza por expresar su gratitud a Dios (Gn. 24:12, 21, 27). Fue de esta manera que recibió de la mano del Señor la mujer que Dios destinaba a Isaac.

¿En qué momento casarse?       
    Hay un orden que conviene observar y que nos es indicado claramente en Génesis 2:24 y vuelto a citar por el Señor Jesús en Mateo 19:5, “El hombre dejará a su padre y madre”. Nos habla de la autonomía unida a la responsabilidad.
    A continuación viene “el estar unido a su mujer”, unión pública delante de Dios y de los hombres, la cual es realizada en nuestra sociedad actual [en algunos países] por la inscripción en el registro civil. [en otros: por la iglesia].
    Es solamente después, y no antes, “que los dos serán una sola carne”.
    Otra condición precedente a la fundación de un hogar es el ejercicio de un oficio que tras una formación profesional o un aprendizaje suficiente, permita al hombre proveer a las necesidades de la familia. “Prepara tus labores fuera, y disponlas en tus campos, y después edificarás tu casa” (Pr. 24:27).
    El tiempo escogido por Dios no corresponde siempre a nuestros deseos. “En tu mano están mis tiempos” (Sal. 31:15).
    Las hijas de Zelofehad nos ofrecen un ejemplo estimulante (Nm. 27 y 36). Experimentaron por sí mismas las dificultades que muchas jóvenes creyentes encuentran en nuestros días, las cuales deben comprobar que hay muy pocos jóvenes varones a su alrededor resueltos a seguir a Cristo. Las hijas de Zelofehad hubieran podido suplicar a Moisés que les ayudase a buscar un esposo; pero ellas amaban y deseaban, ante todo, conseguir su herencia (figura de nuestras bendiciones espirituales), y Dios respondió simultáneamente a sus dos deseos.

El lugar del encuentro
    El siervo de Abraham encontró a Rebeca cerca de un pozo. De él surgía el agua, figura de la Palabra de Dios aplicada por el Espíritu Santo.
    Jóvenes: ¿Dónde deseáis encontrar a vuestro futuro cónyuge? ¿En el mundo estéril, sin agua, o en este lugar escogido por Dios, donde su Palabra refresca el corazón?
   
Una decisión firme
    Rebeca no obró ligeramente hacia su futuro esposo. “Yo iré”, dijo ella decidida.

Una ayuda idónea
    Dios quería dar a Adán una ayuda idónea. Las grandes diferencias de edad, educación, lengua, raza, etc., no son contrarias a la Palabra, pero pueden constituir en el curso de los años, una carga en la vida común. “El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová” (Pr. 18:22).

J. Graf, Juventud, matrimonio, familia, Ediciones Bíblicas, Perroy, Suiza.

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 ¿QUIÉN ESTÁ EN LAS REUNIONES?

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).

Cuando el Señor Jesucristo pronunció estas palabras, se estaba refiriendo a una reunión de la iglesia convocada para tratar con un miembro pecador que rehúsa arrepentirse. Otros esfuerzos para con el ofensor han fallado y ahora es llevado ante la asamblea. Si aún rehúsa arrepentirse, debe ser excomulgado: puesto fuera de comunión. El Señor Jesús promete Su presencia en tal reunión convocada para tratar con un asunto de disciplina de la iglesia.
     Pero el versículo ciertamente tiene una aplicación más amplia. Se cumple dondequiera y cada vez que dos o tres se reúnen en Su Nombre. Reunirse en Su Nombre significa juntarse como asamblea cristiana; congregarse con y por Su autoridad, actuando de Su parte; reunirse en torno a Él como cabeza y centro de atracción; congregarse de acuerdo con la práctica de los cristianos primitivos en doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones (Hch. 2:42). Quiere decir congregarse con Cristo como el centro, congregarse en Él (Gn. 49:10; Sal. 50:5).
     Dondequiera que los creyentes se reúnen de este modo a la Persona del Señor Jesús, Él promete estar presente. Mas alguien podría preguntar: “¿No está Él presente en todas partes? Siendo Él Omnipresente, ¿no está en todos los lugares al mismo tiempo?” La respuesta es, por supuesto que sí. Pero promete estar presente de una manera especial cuando los santos se congregan en Su Nombre: “...allí estoy yo en medio de ellos”. Esa es, por sí misma, la razón más fuerte por la que debemos ser fieles asistiendo a todas las reuniones de la asamblea local. El Señor Jesús está ahí de una manera especial. Muchas veces podemos no estar conscientes de Su prometida presencia. En otras ocasiones aceptamos el hecho por la fe, basados en Su promesa. Pero hay otras veces cuando se nos manifiesta a Sí mismo de una manera singular. . . Nunca sabemos cuándo ocurrirán estas sagradas visitas. Llegan inesperadamente y sin anuncio y si no estamos presentes las perdemos. Sufrimos una pérdida parecida a la de Tomás, que no estaba presente cuando el Señor Jesús resucitado y glorificado apareció a los discípulos la tarde de Su resurrección (Jn. 20:24). Éste fue un momento de gloria que jamás pudo recuperar.   
     Si realmente creemos que Cristo está presente cuando Su pueblo se reúne en Su Nombre, estaremos mucho más motivados y determinados a asistir que si el rey o el presidente estuviera allí. Nada aparte de la muerte o una enfermedad grave impedirá nuestra presencia.
William MacDonald, De Día En Día, Editorial CLIE

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William MacDonald Comenta Sobre El Mundo

     "El apóstol Juan nos dice que todo lo que hay en el mundo es los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida (1 Jn. 2:16). Traducción: el mundo glorifica al sexo, a la pasión, a la violencia, a la guerra, a la riqueza, a la posición social y al poder. La gente del mundo vive para el presente, no para la eternidad; para las cosas pasajeras, no para los demás; para el yo, no para Dios. Todos sus placeres tienen su fin en el sepulcro".    pág. 74
     "El mundo tiene formas diferentes. Hay el mundo de la política: por su propia naturaleza, es corrompido. Hay el mundo del comercio: está impregnado de prácticas nada éticas. Hay el mundo religioso: tiene las manos manchadas con la sangre de Jesús. Hay el mundo del arte, la música y la cultura: el nombre de Cristo es excluido porque causa desasosiego. Y hay el mundo del espectáculo, con su inmundicia, insinuaciones sexuales, dobles sentidos. Hollywood y la televisión son retratos de este mundo a todo color..." pág. 75

del libro EL MANDAMIENTO OLVIDADO: SED SANTOS
 
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¿IRÉ AL CIELO?

Para ir al cielo, ¿que es necesario?                   
☐ 1. Guardar los Diez Mandamientos
☐ 2. Hacer buenas obras. “Haz bien y no mires a quién”.
☐ 3. Los sacramentos: el bautismo, la penitencia, la eucaristía, la confirmación, la extremaunción, etc.
☐ 4. Dar limosnas a la iglesia, a los pobres, a las obras de caridad.
☐ 5. Arrepentirse y dejar de pecar.
☐ 6. Ser sincero y procurar siempre lo mejor.
☐ 7. Amar a Dios y al prójimo.
☐ 8. Asistir a una iglesia evangélica o protestante y hacerse miembro.
☐ 9. Arrepentirse y confiar sólo en el Señor Jesucristo para el perdón y la vida eterna.
☐ 10. Nada, porque no existe ni cielo ni infierno.

¿Cuáles ha escogido?
    Si ha escogido alguno del nº1 al nº8, lamentamos decirle que se ha equivocado. Dios dice en Su Palabra que la salvación es: “por gracia...por medio de la fe...no por obras para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).
    Si ha escogido el nº10, también se ha equivocado. El Señor Jesucristo no miente ni se equivoca, y Él habló y enseñó acerca del cielo y del infierno. Si usted no lo cree, es su problema, pero el cielo y el infierno existen, y usted irá a uno de estos lugares para siempre.
    Si ha escogido sólo el nº 9, ha acertado. El obstáculo que impide que vayamos al cielo, la morada de Dios, es nuestro pecado, y todos hemos pecado. “La paga del pecado es muerte” dice la Biblia. Por eso vino Jesucristo y murió en la cruz del Calvario, para sustituirle a usted ante Dios y tomar en su lugar el castigo que sus pecados merecen. Y cuando expiró en la cruz, gritó: “¡Consumado es!”. Jesucristo no sigue sufriendo ni muerto, porque ya lo  pagó todo. Resucitó y está sentado a la diestra de la majestad en el cielo. Jesucristo es el único que puede perdonar los pecados y dar vida eterna. Sólo por Él podemos ir al cielo. Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (S. Juan 14:6).
    Si desea saber más acerca de Jesucristo y cómo recibir vida eterna e ir al cielo, acérquese y pregunta. Con gusto le ayudaremos. 

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 ¿Qué Pensáis Del Cristo?

 Hay muchas preguntas en la Biblia, pero esta es la más importante, porque de la respuesta a ella depende el destino de cada persona: “¿Qué pensáis del Cristo?”
    Si preguntamos a la gente, habrá muchas respuestas, porque a muchos les encanta expresar su opinión. Unos hablarán a favor y otros en contra. Hay gente que tiene religión pero no tiene a Cristo, y que practica culto pero no le conoce. En nuestro mundo se hacen encuestas públicas y preguntan: “¿Qué piensa de esto o lo otro?” Pero esta pregunta es infinitamente más importante. No se trata de meras opiniones, sino de cómo evalua y qué entiende acerca de Jesucristo. Vamos al Nuevo Testamento para preguntar a los que convivieron con Él.
    En Juan 7:46 los alguaciles del templo no le trajeron a las autoridades como se les había mandado, porque quedaron impresionados de Su manera de hablar. Exclamaron: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” Habían oído a muchos hablar en el templo, pero Cristo predicaba con poder y razón y Sus palabras tocaron el corazón de los que le oyeron. Jamás en la vida oirás otras palabras como las de Jesucristo.
    En Mateo 4:24-25 vemos a los del otro lado del Jordán, oyéndole y viendo las señales que hacía. ¿Qué pensaron de Él? Se quedaron admirados. “Y se difundió su fama por toda Siria”. Había gente siguiéndole de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán. Pero amigo, una cosa es estar impresionado, y otra es creer, confiar en Él. En Mateo 5:1-3, a esas multitudes Él les enseñaba el reino de Dios, no de políticos ni obras sociales sino de Dios, el que quiere gobernar en el corazón. El gran evangelista Moody dijo: “prefiero estar cinco minutos a los pies de Cristo que escuchar toda la vida a los sabios de este mundo”.
    Vamos a Marcos 1:30-31 para entrevistar a la suegra de Simón Pedro. Ella había caído enferma, tenía fiebre y estaba acostada. Hablaron al Señor explicando la condición de ella, y Él se acercó y la tomó de la mano. La levantó de la cama e inmediatamente le dejó la fiebre. Se curó de tal manera que podía servir a sus huéspedes. Ella diría: “Él me quitó la fiebre; me sanó”. Jesucristo tiene poder para levantarnos, curar nuestras males y habilitarnos para servir. ¿Quién desea dejarle entrar en su casa y su corazón?
    Preguntemos en Marcos 2:2-12 a los cuatro que trajeron a un paralítico al Señor, y lo bajaron en su lecho delante del Señor. Ellos, el enfermo y todos los demás que estaban en la casa vieron el poder del Señor sobre la parálisis y sobre el pecado. Se asombraron, glorificaron a Dios y dijeron que nunca habían visto tal cosa. El Cristo tiene poder y compasión, puede restaurar los nervios y perdonar los pecados.
    Los discípulos pescadores, después de la gran pesca en Lucas 5:1-8, quedaron asombrados también. Eran pescadores de oficio, pero el Señor les enseñó cómo pescar mejor. Pedro se arrodilló y rogó al Señor que se apartara de él, diciendo: “porque soy hombre pecador”. Probablemente había tenido mala actitud y malos pensamientos acerca de la instrucción que Cristo les dio en el v. 4, “echad las redes...” Pero la sencilla obediencia puede vencer la incredulidad, porque cuando hacemos lo que el Señor dice, entonces vemos resultados que de otra manera no se puede. Se quedaron impresionados con la santidad y el poder del Señor.
    En Lucas 15:2 los fariseos y escribas expresaron su baja opinión de Cristo cuando murmuraron: “este a los pecadores recibe y con ellos come”. Lo dijeron para denigrarle, pero nos hace admirarle porque si no hubiera recibido a los pecadores, ¿dónde estaríamos nosotros? La crítica de los líderes religiosos se convierte en palabras de esperanza para nosotros. ¿Quién es Cristo? Es uno que recibe a los pecadores. Vino para buscar y salvar a los que se habían perdido.
    Otra vez escuchamos opinión negativa de parte del establecemiento religioso, en Mateo 27:41-43. “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar”. Aquí vemos el conflicto entre la religión organizada y pomposa, y la fe sencilla en el Señor Jesucristo. Esos hombres no estaban allí para compadecerse sino para burlarse. Pero llevaron razón en lo que dijeron. Cristo no podía salvarse a sí mismo, ni falta hacía porque era santísimo y en este momento sufría por nosotros. Él entregó Su vida por la tuya y la mía. No vino para salvarse, sino para salvarnos a nosotros.
    Si preguntamos a Caifás, el sumo sacerdote, veremos su opinión de Cristo en Mateo 26:57-64. Sólo obraba para quitar a Cristo de en medio, porque le veía como competencia y quería para sí el poder sobre el pueblo. Así que procedió deshonestamente, buscando testigos falsos para condenarlo. Al final le conjuró: “que nos digas si eres tú el Cristo”. Pero no lo dijo porque no sabía qué pensar, sino para provocarle a decir algo condenable. Y cuando Cristo le respondió, le acusó de blasfemia (v. 65). Caifás pensaba que Cristo blasfemaba y que merecía morir. Jesucristo tiene muchos enemigos todavía hoy que le resienten.
    Otro hombre que opinó públicamente sobre Cristo fue Poncio Pilato (Mt. 27:1-2; 11-26; Jn. 18:28-19:6). Era un hombre duro y cruel. Pilato, ¿qué opinas de Cristo? Declaró en Juan 19:4 que ningún delito halló en Él. Los judíos en el versículo 7 acusaron: “se hizo a sí mismo Hijo de Dios”.  Pilato le llamó hombre inocente, pero le condenó, manifestando el fracaso del sistema judicial de este mundo. Condenó al Santo y Justo. En Mateo 27:22 preguntó: “¿Qué queréis...que haga con Jesús...?” (véase Mr. 15:12). ¿Qué importaba lo que ellos querían? ¡Él debió actuar con justicia y equidad, pero no lo hizo! “¡Crucifícale!” respondieron a gritos, y así fue. Había recibido correo de su esposa rogándole que no tuviera nada que ver con “ese justo”, pero ni a eso hizo caso. Al final Pilato se lavó las manos, pero tenía que haber lavado su corazón pecaminoso. Fracasó y no hizo justicia, porque se dejó guiar por la opinión y la voz de la multitud. Como muchos, a Pilato le preocupaba el “¿qué dirán?” más que la verdad. Dicen algunos historiadores que luego volvió a Roma y fue castigado con exilio, durante el cual se deprimió y se suicidió. Otros dicen que el emperador Calígula le condenó a muerte por ejecución o suicidio. El caso es que murió en el año 39 d.C., y un día Pilato tendrá que comparecer ante Cristo. ¡Qué momento más terrible será!
    ¿Qué pensaba Judas Iscariote de Cristo? En Mateo 27:4 dijo: “he pecado entregando sangre inocente”. Sabía que el Señor era inocente y que él le había traicionado. Devolvió el dinero arrepentido – esto es – triste por las consecuencias. Pero Judas no se arrepintió debidamente, y murió como un pecador desgraciado. Había andado con Cristo y con los demás apóstoles durante tres años, día y noche. Había escuchado las mismas enseñanzas y visto los mismos milagros. Recibió más atención personal del Señor que muchos. Pero pese a todo eso, y aunque había hecho milagros y predicado el evangelio,vemos que no había creído en el corazón. Hasta qué punto llegan los “cristianos” modernos que asisten a reuniones pero que no permiten que el Señor cambie sus vidas, y los predicadores que hacen campañas y milagros y recogen dinero, como Judas, pero Cristo para ellos es más que nada una manera de tener fama y hacer dinero.
    Tenemos que invitar a la gente a tener una buena opinión de Cristo, y esto se hace también con nuestra vida. Nuestra manera de vivir como cristianos influye a la gente en su opinión de Cristo. Que Él nos ayude a enmendar nuestra manera de hablar y vivir, para que reprensentemos bien al Señor. Pablo dijo: “Sed imitadores de mí así como yo de Cristo”. Cuando imitamos al Señor, cuando le seguimos en nuestra manera de vivir, ayudamos a la gente a entender realmente quién es Cristo y qué es el evangelio.


continuará, d.v. en el siguiente número
de un estudio dado por Lucas Batalla
 
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  Dios Cumple Toda Su Palabra

"...no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas" (Jos. 23:14).
 
    Los que dividen la Palabra de Dios en doctrinas fundamentales y no esenciales, o culturales, deben reflexionar y arrepentirse de su pecado. Desean que Dios cumpla todas Sus promesas, toda Su Palabra, y se alegran de que Él sea fiel en todo. Pero ellos no desean guardar todo. Esquivan su deber de enseñar y guardar todo, con sus inventos y excusas de "no esencial", frase no hallada en toda la Biblia. Se alegran de que "no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras" de Dios, pero ellos sí son hallados faltos. ¿Qué sería de nosotros si Dios no cumpliera todas Sus promesas? Pero tranquilos, porque en Cristo todas las promesas de Dios son Sí, y en Él Amén (2 Co. 1:20).
    Y somos mandados a enseñar y obedecer TODO. "Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mt. 28:20). "Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad" (Jn. 16:13), no "a las doctrinas más importantes". (!) Dios cumple toda Su buena Palabra. Dejemos de dividir y clasificarla, y seamos obedientes a todo.
Carlos

martes, 28 de febrero de 2017

EN ESTO PENSAD -- marzo 2017


El Amor de Dios


“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Jn. 4:10).

El amor verdadero es caracterizado por el sacrificio propio. En ningún lugar es esto más evidente que con el amor de Dios (Jn. 3:16). Es un amor sin causa, en el sentido de que no hay nada en los objetos amados que causara que Dios les amara. No somos amables por naturaleza, sino más bien aborrecibles (Tit. 3:3). Sin embargo,  Él nos amó porque Él es amor, y porque Él escogió amarnos.
    Este amor de Dios es incondicional. Con esto queremos decir que el amor divino no se basa en el amor del individuo a Él. No es un amor recíproco. Nuestro amor normalmente responde al amor que otro nos manifiesta. Pero en el caso del amor de Dios, Él nos ha amado pese a la ausencia de amor y amabilidad de nuestra parte. Su amor no se condiciona sobre el amor nuestro a Él.
    El amor de Dios es inmerecido. Ya que es incondicional, no hay nada que podamos hacer para merecerlo. Muchos quieren creer que si se enderezan, si limpian o arreglan sus vidas, entonces Dios les amará porque serán más atractivos. Ésta es una enseñanza errónea.
    Para apreciar el amor de Dios debemos lograr comprender más cuál es nuestra propia gran pecaminosidad. Qué lástima que muchas personas, y entre ellas muchos creyentes, tienen un concepto muy pobre de lo pecaminoso que es el ser humano no regenerado. Se fijan en los pecados obvios de los demás, y encuentran cosas que ellos afirman: “yo nunca haría esto”, o “yo no he hecho esto”. Y así no comienzan a ver lo pecaminoso que es su propio corazón. No es tanto lo que hemos hecho, sino lo que somos por naturaleza. Somos pecadores. El pecado mora en nosotros; somos torcidos, contaminados y perversos por naturaleza (véase Mr. 7:20-23). Así que, amados, el pecado no es sólo una cosa que hacemos, sino el estado natural de nuestro corazón, es nuestra forma de ser, nuestra naturaleza. No somos pecadores porque pecamos, antes al contrario, pecamos porque somos pecadores. Debemos meditar en esto, porque la diferencia entre las dos formas de pensar es muy grande. Con demasiada frecuencia no comprendemos que la carne no es mejor hoy que el día cuando nos convertimos. No sólo necesitamos perdón de nuestros pecados cometidos, sino también necesitamos ser limpiados y cambiados por dentro. La salvación hace más que perdonar unos cuantos hechos malos, porque es la conversión de la persona. Dios nos perdona, nos limpia, y nos transforma, nos da una naturaleza nueva, de modo que somos nuevas criaturas en Cristo (2 Co. 5:17).
    Así que, aquellos que conocen su propia gran pecaminosidad son los que llegan a conocer y apreciar el amor de Dios (Lc. 15:21; Ro. 5:8). Los que sienten que no merecen el amor de Dios, llegan a conocerlo y ahora pueden apreciarlo (1 Jn. 4:16). “Conservaos en el amor de Dios” (Jud. 21).
Stephen Hulshizer
traducido y adaptado de “Milk and Honey”, febrero 2002, con permiso

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 La Elección del Cónyuge
J. Graf

Texto: Génesis 24:1-27 y 50-60

1.    Principios fundamentales

“Pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará?" (Pr. 20:6) “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?" (Pr. 31:10).
Tales pensamientos son apropiados para ocupar el corazón de los jóvenes creyentes. ¿Quién sabrá responder como conviene, sino la Palabra de Dios?
    “El rastro del hombre en la doncella” es maravilloso y muy diverso, como la imagen del “rastro del águila en el aire” y del “rastro de la nave en medio del mar” (Pr. 30:18-19). La Palabra de Dios contiene unas directrices precisas a este respecto, pero no nos da un modelo exacto.
    Con frequencia, la elección se hace en la juventud y no en la edad madura. Se debe hacer notar que aquí no se trata de una experiencia sino de obediencia a la Palabra de Dios, para ser conducido en el verdadero camino. Por lo demás, el sabio consejo de los padres o de aquellos que los sustituyen no debe ser descuidado.


Ningún yugo desigual con los incrédulos


 
  Entre otros casos, el pasaje de 2 Corintios 6:14 se aplica a la unión de los creyentes con los incrédulos en los lazos del matrimonio.
    La preocupación de Abraham era de no dar a su hijo una mujer cananea, una idólatra. Esto significa para nosotros en la actualidad que no podemos unirmos en ninguna manera con un hijo del mundo en que habitamos, si no es nacido de Dios (Gn. 24:3). Dios pone en guardia a los israelitas contra tales uniones (Dt. 7:3-4).
    ¡Cuántas lágrimas amargas se han derramado porque esta exhortación, pese a ser tan clara, ha sido pisoteada!
    A veces se intenta justificar la unión que no es según Dios, refiriéndose a 1 Corintios 7:12-27, pero se olvida que estos versículos se aplican únicamente al caso en que uno de los cónyuges llegue a creer después de haber contraido matrimonio. Nada en la Palabra de Dios autoriza a una unión que especule con la posibilidad de una conversión posterior. Semejante cálculo sería cambiar la gracia de Dios en libertinaje. Por otra parte, una conversión durante el noviazgo, o poco antes de contraer matrimonio, puede ser siempre sospechosa. Sería infinitamente mejor dejar pasar un tiempo suficiente antes de comprometerse, para darse cuenta de si la conversión es verdaderamente sincera.

“En el Señor”

    Este mandamiento de 1 Corintios 7:39 se dirige a las viudas, pero es válido para todo creyente. La unión en el Señor por el matrimonio, va más allá que el simple hecho de un matrimonio entre dos creyentes. Significa que los dos tienen la convicción, dada por el Señor, de estar destinados el uno para el otro y que están firmemente decididos a andar en sumisión a Cristo. Si no andan en el mismo camino y buscan servir a Dios cada uno a su manera, ¿cómo podrán hacer frente en perfecto acuerdo, a las responsabilidades importantes y a los deberes que tendrán? “Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Am. 3:3).

“Honra a tu padre y a tu madre” (Éx. 20:12)

    Este precepto de la ley de Moisés es citado seis veces en el Nuevo Testamento, no habiendo perdido nada de su valor, ya que no es según Dios que los hijos hagan una elección tan importante, como es la elección del cónyuge, sin el previo consejo de sus padres. Toda resistencia al respecto es reveladora de una mala conciencia.

1. Rut, la moabita, había dejado a sus padres y a su país idólatra para buscar refugio cerca del Dios viviente. Una vez en Belén se muestra atenta a los consejos de su suegra. “Haré todo lo que tú me mandes” (Rut 3:5). Y en lo sucesivo, nunca tuvo que lamentar su unión con Booz.

2. Sansón despreció desgraciadamente el consejo de sus piadosos padres, quienes le aconsejaron que tomase mujer de entre el pueblo de Dios. Y él respondió: “Tómame ésta por mujer, porque ella me agrada” (Jue. 14:3). A causa de esta decisión contraria a la Escritura, Dios le condujo por un camino de pruebas y de disciplina. ¡Qué este ejemplo nos sirva de advertencia! En lugar de tener los ojos alumbrados por los mandamientos de Dios (Sal. 19:8), los perdió debido a su desobediencia (Jue. 16:21).
 
continuará, d.v. en el siguiente número
capítulo 3 del libro: Juventud, matrimonio, familia, por J. Graf, Ediciones Bíblicas, Perroy, Suiza


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NO TE ENREDES


“Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a  aquel que lo tomó por soldado” (2 Timoteo 2:4).

Ya que el cristiano ha sido alistado por el Señor, y está en servicio activo para Él, no debe enredarse en los asuntos de la vida diaria. El énfasis está en la palabra enredarse. No puede separarse por completo del negocio en el mundo, pues tiene que trabajar para proveer lo necesario para su familia. Es inevitable que exista una cierta participación en los asuntos de cada día, de otra manera tendría que salir del mundo, como Pablo nos lo recuerda en 1 Corintios 5:10.
    Pero no debe dejarse enredar. Tiene que guardar sus prioridades en el lugar adecuado. En ocasiones, aun las cosas que son buenas en sí mismas pueden llegar a ser enemigas de lo mejor. William Kelly dice que: “enredarse en los negocios de la vida significa  convertirse en su socio e implica una renuncia a separarse del mundo”. 
    Me enredo cuando me involucro en la política del mundo como medio para resolver los problemas del hombre. Eso sería como si emplease mi tiempo “arreglando sillas y mesas en el Titánic”.                           
William MacDonald

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LAS ETIQUETAS

"La rosa, si es llamada otra cosa, todavía huele bien, es verdad.
Pero si de “rosa” etiquetamos, a petunias y geranios,
Siguen siendo lo que son, la etiqueta nada cambia".
  
Nos gustan las etiquetas, porque nos ahorran el trabajo de pensar. Muchos se llaman socialistas o demócratas o republicanos sin saber qué significa la etiqueta. Uno puede llevar la etiqueta de “éxito” si ha ganado mucho dinero, aunque su vida personal sea un fracaso colosal. Una etiqueta popular pero poco precisa es la de “cristiano”. Mucha gente, si le pregunta: “¿es usted cristiano?” diría que “sí”. Esto es porque la etiqueta incluye a tales como:
 
1. Cristianos Hereditarios. Personas cuyos padres eran cristianos y por lo tanto ellas piensan que también lo son. Puede que asistan ocasionalmente a una iglesia, o quizá van con regularidad, especialmente a la iglesia de sus padres.
 
2. Cristianos Éticos. Personas que son buenas. Viven vidas decentes y quieren que los demás también vivan así. Son ciudadanos respetuosos, buenos vecinos, buena gente. Les gusta la Regla de Oro que enseñó Jesús. Piensan que si uno hace lo mejor que puede, eso es todo lo que se puede pedir.
 
3. Cristianos Culturales. Personas que viven en una comunidad o nación que se llama “cristiana”, donde predomina una religión “cristiana”. Les gustan la música y las ceremonias, especialmente para bautizos, bodas y entierros.
 
4. Cristianos Sociales. Personas que les gusta encontrar a sus amigos en los cultos de la iglesia. Les gusta que sus hijos hagan buenas y sanas amistades allí, y disfrutan las actividades sociales. Los hombres de negocio encuentran que asociarse con una iglesia va bien para el negocio.
 
5. Cristianos Verdaderos. Personas que creen que Jesucristo es el Hijo de Dios que murió en la cruz para obtener el perdón de sus pecados. Creen como dijo uno: “yo soy el pecador por quien Cristo murió en la cruz”. Los cristianos verdaderos han reconocido que son pecadores, se han arrepentido y han confiado en Él como su Señor y Salvador.

    Puede que los de este último grupo también tengan padres cristianos, intenten vivir vidas decentes, asisten a los cultos de una iglesia y disfruten actividades culturales y sociales de cristianos. Pero a diferencia de los demás, éstos reconocen que ninguna de estas cosas les constituye “cristiano”. Un cristiano ha experimentado un cambio tan radical y completo que es llamado “nacer de nuevo”. Mucha gente practica una religión que no cambia su vida interior. Son las mismas personas que siempre. Jesucristo ofrece mucho más que esto. Cristo da más que etiqueta. Él da vida nueva y abundante. ¡Cristo cambia a las personas! Amigo, ¿deseas saber más? Nos encantaría ayudarte.

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Informe Especial
Sobre La Psicología: ¿Ciencia O Religión?

Conclusión
Martin y Deidre Bobgan

(viene del número anterior)
Las escuelas psicoanalíticas y conductuales predican que el comportamiento del ser humano es fijado por fuerzas fuera de su control. Según la escuela psicoanalítica, el hombre es controlado por fuerzas psíquicas internas. Según la escuela conductual es controlado por fuerzas ambientales externas. Si el comportamiento del hombre es controlado por fuerzas incontrolables, externas o internas, sigue lógicamente que es una víctima y no es responsable de su conducta. Así se les permite a los criminales negociar un acuerdo  entre el fiscal y el defensor, para reducir su sentencia, basándose en la “demencia temporal”, “capacidad disminuida” e “incompetencia para el proceso judicial”. No hemos visto todavía el pleno impacto de los males desencadenados en la sociedad por los profesionales del psicoanálisis.
    Mientras tanto, lo misterioso de la frase: “enfermedad mental” ha intimidado y alejado a personas que podrían ser de gran ayuda para los que padecen de problemas. Ahora muchas personas que desean ayudar a esos individuos se sienten “no cualificadas” para ayudar a una persona diagnosticada como “mentalmente enferma”. La confusión inherente en esta mezcla extraña de términos conduce a errores que frecuentemente hacen más mal que bien.
    Abundan las historias clínicas de intrusión gubernamental en las vidas personales, encarcelamiento forzoso en instituciones mentales, privación de derechos personales y pérdida de trabajo debido al estigma asociado con el término “enfermedad mental”. No obstante, los profesionales siguen promoviendo el concepto falso de la “enfermedad mental”, para alinearlo con la medicina y la ciencia – y el público los sigue. Peor todavía, muchos “cristianos” los siguen.

¿Tiene Éxito La Psicoterapia?

Debido a la gran fe en lo que es considerada una ciencia, y el creciente número de personas diagnosticadas como “mentalmente enfermas”, la psicoterapia prospera mediante sus promesas de cambios, sanidad y felicidad. Sus promesas son apoyadas por testimonios selectos y la confianza en los modelos y métodos psicológicos. Pero la investigación científica nos dice algo muy diferente respecto a la eficacia y las limitaciones de la psicoterapia.
    La mejor conocida investigación sobre los éxitos y fracasos de la psicoterapia fue publicada en 1952 por Hans J. Eysenck, un eminente erudito inglés. Eysenck comparó grupos de pacientes sujetados a psicoterapia con personas que recibieron poco o ningún tratamiento. Halló que se mejoraban más pacientes no tratados con psicoterapia que los que estaban bajo terapia. Después de examinar más de 8.000 casos, Eysenck concluyó así:

“...aproximadamente dos tercios de un grupo de pacientes neuróticos recuperará o se mejorará marcadamente dentro de dos años desde el comienzo de su enfermedad, sean tratados con psicoterapia o no”.37

    La Asociación Psiquiatra Americana indica que probablemente es inalcanzable una respuesta definitiva a la pregunta: “¿Es eficaz la psicoterapia?” En su libro investigador: Psycotherapy Research: Methodological and Efficacy Issues (“Investigación de la Psicoterapia: Cuestiones de Metodología y Eficacia”), declara: “Puede que nunca sea posible llegar a conclusiones inequívocos en las investigaciones de la psicoterapia y las conexiones causales entre el tratamiento y el resultado”.38  En su reseña de este libro, el “Brain/Mind Bulletin” (“Boletín Cerebro/Mente”), dice: “la investigación frecuentemente falla respecto a demostrar una ventaja clara de parte de la psicoterapia”. A continuación presentamos un ejemplo interesante de ese libro:

“...un experimento del Instituto Nacional de Salud Mental en Bangalore, la India, halló que los psiquiatras formados en el occidente y los curanderos indígenos tienen un comparable promedio de éxito en la recuperación de pacientes. La diferencia más notable es que los llamados “hechiceros” dan el alta a sus pacientes antes que los psiquiatras a los suyos”.39

    Si la Asociación Psicopatológica Americana y la Asociación Psiquiatra Americana (y otros grupos de estudios independientes) presentan resultados mixtos en cuanto a la eficacia de la psicoterapia, ¿por qué tantos líderes cristianos promueven las promesas inciertas de la psicología? Frente a la carencia de investigación fiable y la falta de evidencia empírica para apoyar la psicoterapia, ¿por qué se animan tanto los cristianos a sustituir a las Escrituras y la obra del Espíritu Santo con esas teorías y terapeutas? Son preguntas legítimas, especialmente en vista de la obvia naturaleza religiosa de la psicoterapia.

Conclusión

La Iglesia existe en un mundo hostil. Si sus miembros no rechazan las filosofías del mundo, las reflejarán en sus vidas. Si somos amigos del mundo (sus religiones, filosofías, sistemas y prácticas psicológicos), entonces debemos preguntarnos seriamente por qué no hacemos caso al Señor Jesús cuando dice:
“Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Jn. 15:18-19).
    Obviamente, si no le hacemos caso, es porque no creemos lo que dice. La Iglesia es llamada a seguir a Cristo y ser como Él, no a seguir ni ser como el mundo. Aunque estamos en el mundo, no somos del mundo. Así que, todo ministerio en el cuerpo de Cristo debe ser totalmente bíblico, y NO debe intentar incorporar filosofías, teorías ni técnicas mundanas.
    El Señor Jesucristo es “el camino, y la verdad, y la vida”; no lo son Freud, Jung, Adler, Rogers, Maslow, Ellis ni ningún otro ser humano. Una iglesia que no busca al Señor como su fuente, sino que depende de ideas y técnicas filosóficas y psicológicas de los hombres, vendrá a ser tan secular como el mundo. Una iglesia así puede tener una apariencia de piedad, pero ha negado el poder de Dios (2 Ti. 3:5). Ha establecido al hombre como su dios.
    Como el cuerpo de Cristo, debemos orar pidiendo una buena limpieza. Oremos pidiendo al Señor una poda. Necesitamos buscar diligentemente Su rostro. Debemos despojarnos de lo viejo (todo lo que es del mundo, la carne y el diablo), y vestirnos de lo nuevo (todo lo que es de Cristo Jesús).
    Bebamos, pues, de las fuentes de agua viva que fluyen del Señor Jesucristo, no de las cisternas rotas de  los sistemas psicológicos.

Publicado originalmente por Media Spotlight, P. O. Box 290, Redmond, WA, 98073-0290, traducido por Carlos Tomás Knott, con permiso.

El Dr. Martín Bobgan tiene cuatro diplomas universitarios, incluso un doctorado en psicopedagogía, y es ex-vicepresidente de la Santa Barbara City College. Su esposa Deidre tiene un Masters en inglés y pertenece a la sociedad honorífica Phi Beta Kappa para estudiantes universitarios con aptitudes académicas sobresalientes. Son coautores de varios libros y un boletín mensual. Su dirección es: Psychoheresy Awareness Ministries, 4137 Primavera Road, Santa Barbara, CA 93110, EE.UU. Mantienen una web que ofrece mucha información y documentación sobre el tema. Además, ahora ofrecen  varios estudios-informes (en inglés) en formato DVD:  http://www.psychoheresy-aware.org/, que también están disponibles en Youtube.

El texto completo de este informe con todas las citas y referencias bibliográficas está disponible en formato libro, publicado por EDITORIAL BEREA.  www.editorial-berea.com