sábado 6 de febrero de 2010

EN ESTO PENSAD -- FEBRERO 2010

LA FILOSOFÍA Y EL INTELECTUALISMO
William MacDonald

“Tened cuidado, que nadie estropee vuestra fe con intelectualismo o locuras grandilocuentes. ¡Éstas están fundadas en las ideas que tienen los hombres acerca de la naturaleza del mundo y no toman en cuenta a Cristo!” (Col. 2:8 parafraseado por Phillips).

La palabra griega que Phillips traduce como “intelectualismo” es la misma de la que proviene la palabra “filosofía”. Básicamente significa amor por la sabiduría, pero más tarde adquirió otro significado, es decir, la búsqueda de la realidad y el propósito de la vida.
La mayoría de los filósofos se expresan en un lenguaje complicado y grandilocuente. Sus palabras, incomprensibles para una persona normal; apelan a aquellos que les gusta emplear su poder intelectual para revestir las especulaciones humanas con palabras difíciles de entender.
Francamente, las filosofías humanas no sirven de mucho. Phillips se refiere a ellas como “intelectualismo y locuras grandilocuentes”. Están basadas en las ideas que tienen los hombres acerca de la naturaleza de las cosas, y ellos no hacen caso de Cristo. Se cita al famoso filósofo Bertrand Russell, que decía al final de su vida: “La filosofía ha demostrado ser un fracaso para mí”.
Al cristiano sabio no se le puede engañar con las locuras grandilocuentes del seudo intelectualismo de este mundo. Se niega a inclinarse ante el altar de la sabiduría humana. Por el contrario, sabe bien que todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento se encuentran en Cristo. Así que, pone a prueba todas las filosofías humanas por medio de la Palabra de Dios y como resultado, las rechaza porque ve que se oponen a las Escrituras.
No cambia de parecer cuando los filósofos salen en primera plana con algún nuevo ataque contra la fe cristiana. Es suficientemente maduro para juzgar y percatarse de que no puede esperar nada mejor de ellos.
No se siente inferior por no poder conversar con los filósofos utilizando palabras de muchas sílabas o seguirles en sus razonamientos complicados. Se siente desconfiado ante la incapacidad de ellos para dar a conocer su mensaje con sencillez y se regocija de que el evangelio puede entenderlo el hombre común, por ignorante que éste sea.
Detecta en los filósofos la trampa de la serpiente: “...seréis como Dios” (Gn. 3:5). El hombre es tentado a exaltar su mente y sus poderes intelectuales por encima de la mente de Dios. Pero el cristiano sabio rechaza la mentira del diablo. Derriba argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios (2 Co. 10:5).
de su libro DE DÍA EN DÍA, Editorial CLIE

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AVISO: "MIRAD LO QUE OÍS" (Mr. 4:24)

El Señor Jesús nos amonesta a que seamos cuidadosos con lo que oímos. Somos responsables de controlar lo que entra a través de la puerta del oído, así como de emplear lo que escuchamos como es debido.
No debemos dar oído a lo que es manifiestamente falso. Las sectas están vomitando su propaganda en volumen sin precedente. Siempre están buscando a alguien que esté dispuesto a escuchar. Juan dice que no debemos recibir en nuestra casa a los sectarios, ni siquiera saludarles, porque están contra Cristo.
No debemos escuchar lo que es engañosamente subversivo. Los jóvenes en colegios, universidades y seminarios están expuestos cada día a una andanada de comentarios que ponen en duda y niegan la Palabra de Dios. Escuchan explicaciones poco convincentes de los milagros y deforman el sentido simple de la Escritura. Se esfuerzan en minimizar la persona del Señor con alabanzas descoloridas. Aun si no logran destruir la fe del estudiante, sí desfiguran su pensamiento. Es imposible escuchar enseñanza subversiva y no ser afectado por ella. “¿Tomará el hombre fuego en su seno, sin que sus vestidos ardan? ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen?” (Pr. 6:27-28). La respuesta es obvia: “No”.
No debemos escuchar lo que es impuro o indecente. En la sociedad de hoy, la peor forma de contaminación es la de la mente. La palabra “inmundicia” es la que describe mejor a la mayoría de los periódicos, revistas, libros, programas de radio, televisión, películas de cine y conversaciones. Al estar constantemente expuesto a esto, el cristiano corre el riesgo de perder el sentido de la enorme maldad del pecado. ¡Y éste no es el único peligro! Cuando escuchamos historias viles y provocativas, éstas regresan una y otra vez para atormentarnos en nuestros momentos más santos.
No debemos llenar nuestras mentes con baratijas y cosas indignas o frívolas. La vida es demasiado breve y la tarea demasiado urgente como para entregarnos a estas cosas. “En un mundo como el nuestro, todos debemos ser celosos”.
Viéndolo de manera positiva, debemos ser cuidadosos para oír la Palabra de Dios. Cuanto más nos saturemos de ella y obedezcamos sus sagrados preceptos, más pensaremos según los pensamientos de Dios, más seremos transformados a la imagen de Cristo, y estaremos más alejados de la contaminación moral de nuestro medio ambiente.

William MacDonald, de su libro DE DÍA EN DÍA, Editorial CLIE

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¿A ESTO LO LLAMAS SABIDURÍA?

Pensemos ahora en la sabiduría del mundo, contrastándola con la sabiduría de nuestro Rey y Su reino. Por su propia sabiduría, el hombre nunca puede llegar a conocer a Dios. Piensa que la predicación del evangelio es una verdadera locura, pero Dios en Su sabiduría lo usa para salvar a los que creen (1 Co. 1:21). El hombre jamás escogería cosas necias, débiles, viles, menospreciadas o insignificantes para realizar sus propósitos. Pero Dios las ha escogido así, y con ellas avergüenza a lo sabio y a lo fuerte, reduciendo el tamaño de aquellos a los que el mundo considera grandes (1 Co. 1:27-28).
De éstas y otras maneras, Él enloquece la sabiduría del mundo. No es de extrañar que Pablo dijese: “la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: Él prende a los sabios en la astucia de ellos” (1 Co. 3:19). Y la afirmación de Traill es también muy fuerte; él dijo: “La sabiduría fuera de Cristo es locura fatal”.
La locura más grande del mundo es la manera en la que rechaza la Palabra de Dios. Esto le priva de una autoridad infalible y le obliga a ir a la deriva en un mar de opiniones humanas. No nos confundamos: el hombre, o acepta la verdad de Dios o acepta la opinión humana. Y si se inclina por la opinión, surge la pregunta: “¿Cuál es la opinión correcta?” Son las ideas de uno en contra de las de otro. Suelen ser las opiniones vocales las que más arrastran, por muy incoherentes o extravagantes que sean.
El cristiano tiene un fundamento firme: la Palabra de Dios. Tiene un criterio absoluto para juzgar las palabras, los pensamientos y los hechos. Examina todo a la luz de las Sagradas Escrituras. Las opiniones humanas pueden oscilar, pero la ley de Dios no.
Con la Biblia, existen absolutos. Hay cosas que están bien y cosas que están mal. Pero al rechazar la Biblia, todo es relativo; y así no se puede calificar algo como malo. Emborracharse y drogarse puede ser un problema genético o nada más que una enfermedad. La homosexualidad es un estilo de vida aceptable. La fornicación está bien mientras se haga en amor. La vida humana es sagrada excepto en lo tocante al aborto. La disciplina de los niños es tabú. El matrimonio no es más que un papel legal que se puede romper por cualquier causa. La puerta está abierta de par en par invitando al feminismo, la seducción psicológica, el humanismo, el misticismo oriental, el ocultismo y la idolatría. Lo que importa es la opinión que tenga la gente acerca de estas cosas.
El mundo exalta al hombre y a su intelecto. El creyente exalta la Palabra de Dios, y sabe que el principio de la sabiduría es el temor de Dios (Sal. 111:10). El mundo calcula la riqueza según la abundancia de sus posesiones. El creyente la calcula según sus pocas necesidades. El rico necio acumula cosas materiales. El cristiano sabio lo deja todo por Cristo. El mundano hace tesoros en la tierra, el discípulo los hace en el cielo.
Dios considera necedad la sabiduría del mundo. Lo insensato de Dios es más sabio que los hombres.
No obstante, el Señor Jesús pronunció la sorprendente declaración de que hay un aspecto en que: “los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz” (Lc. 16:8). Los incrédulos hacen provisión para el futuro; el futuro, en lo que a ellos respecta, está aquí en la tierra. Los hijos de luz no hacen provisión para su futuro en el cielo; sino que viven para las cosas presentes en lugar de vivir para realidades eternas como debieran.
William MacDonald, de su libro: MUNDOS OPUESTOS

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"Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros
de la sabiduría y del conocimiento"
(Col. 2:2-3).

Para mi gran sorpresa hallé en la casa de un creyente estos libros: "El Poder de la Mente sobre la Sabiduría", "Las Edades Esotéricas del Hombre", (colección "perlas de sabiduría") y de la escuela de filosofía: "De Sócrates a Sartre". ¿Por qué no está satisfecho con Cristo y la Palabra de Dios y se tiene que meter en pensamientos vanos de hombres perdidos? (1 Co. 3:20) Hermanos, Dios nos ha dado en Cristo un gran tesoro de divina sabiduría, ¡y Él es más que suficiente! No sea hallado más entre nosotros la sabiduría vana de este mundo. ¡Hagamos una buena limpieza!

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¡VIDA NUEVA!

Cuando una persona ha fracasado daría cualquier cosa por volver a empezar. Y es que hay errores que dejan un sabor amargo y doloroso, especialmente aquellos que nos afectan a nivel íntimo y personal.
Hay quienes al comenzar el año se proponen hacer que las cosas cambien, pero pasan los días y los meses y las cosas no cambian, y si lo hacen es para peor. A menudo no hacemos el bien que queremos, sino el mal que no queremos hacer.
El problema es nuestra naturaleza. Hay algo que nos aleja de nuestros ideales más nobles. Y el paso de los años agranda las frustraciones y los desengaños. ¿Qué podemos hacer?
Lo ideal sería empezar una vida nueva, sin los errores del pasado. Ser una persona nueva, diferente. ¡Se puede volver a empezar! ¿Te parece un deseo imposible? No lo es.
HOY PUEDES EMPEZAR UNA NUEVA VIDA SI DEJAS QUE JESUCRISTO TE TRANSFORME.
¿Te preguntas cómo? Eso mismo nos hemos preguntado todos los que hemos experimentado el poder transformador de Jesucristo. Eso mismo preguntó Nicodemo, un maestro de Israel a quien Jesucristo le dijo que tenía que nacer de nuevo para ver el reino de Dios. “¿Cómo puede hacerse esto?” (S. Juan 3:9)
La respuesta es creer que Jesucristo ha venido a sustituirnos en la cruz; donde al morir, siendo Él inocente y sin pecado, sufrió como sustituto el castigo de los pecados de cada uno de nosotros. Él pagó por nosotros en la cruz, y al final gritó: “¡Consumado es!” (S. Juan 19:30), significando que todo estaba hecho. Nosotros no podemos pagar por nuestros pecados ni hacer nada para anularlos. Jesucristo hizo todo esto. A nosotros nos toca arrepentirnos, confiar en Él como nuestro Señor y Salvador para que nos dé una vida nueva, y entonces obedecer Su Palabra y seguir Su ejemplo.
Si crees que Jesucristo murió pagando por tus pecados, fue sepultado y resucitó el tercer día, esto es el Evangelio*, y recibiendo a Cristo como tu Señor y Salvador, podrás empezar una vida nueva, cuyos frutos irás viendo poco a poco.
Jesucristo es el único que puede cambiarte, el único que puede hacer de ti una persona nueva.
Se trata de una transformación interior, de un cambio profundo que quitará la raíz de la mayoría de tus problemas personales.
Muchos hemos encontrado en Cristo la oportunidad que buscábamos. Cristo nos enseña a valorar las cosas en su justa medida y nos libera de las cargas que nos agobian.
Amigo, ¿Quieres disfrutar de una VIDA NUEVA?

* 1 Corintios 15:1-4 dice: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”.

Manuel Fernández

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¿CITA CON LA AMADA?

Eran las nueve y veinte de la mañana del domingo y Mari oyó que llamaban con insistencia a su puerta. Abrió y allí estaba John, todo sonriente. Mari le dio la bienvenida y él, entrando rápidamente, se sentó en su lugar preferido. Siempre se sentaba en el mismo lugar. Mari se sentó en el sofá y se quedó esperando en silencio. No podía evitar fijarse en lo guapo que estaba John esta mañana. Vestía un traje caro, de corte muy elegante; llevaba los zapatos lustrosos, y la corbata y los calcetines eran del mejor gusto. Se había peinado con esmero y, además de ser alto, estaba sentado bien erguido.
Mari esperó. Sabía que en el momento indicado John empezaría, porque siempre era puntual. Y así fue; él seguía mirando el reloj hasta las las nueve y media en punto, y entonces se puso de pie y empezó a hablar.
“Mari, no te imaginas cuánto significa esto para mí. Toda la semana he estado esperando este momento, deseándolo con todo mi corazón. Por fin ha llegado la hora y aquí estoy, para decirte cuánto te quiero. Mari, sólo vivo para disfrutar de este ratito contigo cada semana”.
“Oh, Mari; estaba recordando el día que te conocí. Mi corazón se estremeció y enseguida supe que estabas hecha para mí. Los días de nuestro noviazgo, nuestra boda... ¡Qué recuerdos tan dulces...!”
“Me acuerdo de cuando estuve enfermo y tú me cuidabas. perdiendo sueño mientras me atendías con aquella delicadeza. Y recuerdo cómo tus cariñosos labios rozaban mi frente cuando la fiebre se apoderaba de mí. Era como una fresca brisa del cielo. Cuidaste de mí hasta devolverme la salud y la fuerza. Sin ti habría muerto, Mari”, no hay nadie como tú".
En ese momento los ojos de John se humedecieron. Cesó de hablar, luchando por controlar sus emociones. Sacando un pañuelo, se enjugó las lágrimas y se sonó la nariz con fuerza. Tras unos momentos esforzándose por contener la emoción, recobró la compostura y continuó:
“Mari, aquí sentado esta mañana de domingo, te veo más hermosa que nunca. Tus ojos parecen limpios estanques de agua azul. Tu rostro es un espejo de encanto. Tu carácter me maravilla. Jamás he conocido a alguien tan amable, encantador, considerado, justo y recto como tú. Mari, eres sencillamente maravillosa”.
“Y sobre todo, Mari, te amo por lo que has hecho por mí. Has estado a mi lado en lo bueno y en lo malo. Cuando más te necesité te sacrificaste para salvarme la vida. Mari, jamás podré agradecerte bastante lo que has hecho por mí. Significas mucho para mí; más que cualquier otra cosa”. Luego sacó su libro de poemas y leyó uno que le gustaba mucho. Siempre leía de su libro uno de los mismos dos o tres poemas.
“Bueno Mari, es casi hora de irme. Son cerca de las diez y media según mi reloj. ¡Cuán agradecido estoy por esta oportunidad de estar contigo cada semana!. Sólo vivo para esta hora. Y ahora que me marcho quiero darte algo que expresa mi profundo amor y mi gratitud”.
En ese momento John sacó la cartera con cierto ademán de esplendidez. Dejando a un lado varios billetes de más valor, cogió uno inferior, pero muy nuevo, y con una tierna sonrisa se lo dejó sobre la mesa.
“Mari, me tengo que marchar ya. Ha sido maravilloso estar contigo, mirarte a los ojos y decirte cuánto te amo. Adiós. Hasta la semana que viene. Te quiero.”
Los vecinos vieron salir a John de la casa, montarse en su lujoso automóvil nuevo y alejarse. Mari se quedó a la puerta, mirando con los ojos empañados en lágrimas. Era un matrimonio realmente extraño. Este breve ritual se repetía cada domingo por la mañana.
Los comentarios corrían por todo el vecindario. Una hora a la semana no parecía suficiente para pasar con su mujer. John parecía tener tiempo para sus amigos; siempre estaba yendo a la playa o a la montaña, le encantaban el golf y los bolos. Luego, con sus clubs y sus asociaciones cívicas completaba las tardes. Y algunos fines de semana, ocupado como estaba con tantos viajes, incluso se mostraba impaciente en casa de Mari, esperando la hora en que había quedado con sus amigos para salir a comer al campo.
Durante la semana John nunca llamaba a Mari por teléfono, ni le escribía. Se diría que vivían en mundos diferentes, a pesar de tener un buen sistema de comunicación entre ellos.
Se rumoreaba que John ni siquiera se sentía orgulloso de su matrimonio. Cuando le preguntaban si estaba casado, procuraba cambiar de tema y se sentía molesto. Es más, le habían visto a veces con otras mujeres, o eso al menos se decía. Lo que sí es cierto, es que parecía querer aparentar no estar casado.
Él vivía bien. Se ufanaba de su indumentaria y su vehículo, claro que en su trabajo uno tiene que causar buena impresión. Uno tiene que poner altas sus miras si quiere ascender en este mundo y lograr mejor “standing”. Tiene que asociarse con los grandes si quiere llegar a ser uno de ellos. John, en realidad, vivía un poco más allá de sus posibilidades en su afán de mantenerse a la altura de los demás.
A veces pensaba un poco en Mari y en sus necesidades, pero, al fin y al cabo, él le pagaba religiosamente cada domingo. Verdad es que llevaba veinte años dándole la misma cantidad, si bien sus ingresos se habían triplicado... ¡Pero también sus gastos se habían multiplicado por tres! Pero así es la vida. Y él no cabe duda que amaba a Mari. Cada domingo reservaba una hora para hablarle de su amor por ella. Bien podría dedicar ese tiempo a sí mismo si quisiera. Madrugaba en vez de quedarse en la cama y combatía el tráfico con tal de ir a ver a Mari. Debería sentirse muy agradecida. Ese esfuerzo probaba su inmarcesible amor por ella.
Hace mucho Cristo dijo: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí” (Mt. 15:8). ¿Puede decirse esto de alguno de nosotros?

Donald L. Norbie

Traducido y adaptadode una antigua copia de “Light & Liberty” (Luz y Libertad)
El hermano Norbie es obrero y anciano en una asamblea en Greeley, Colorado, EE.UU.

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SIN TIEMPO

Me arrodillé a orar, pero no mucho,
¡Tanto tenía que hacer!
Tenía que apresurarme e ir al trabajo,
Porque las facturas pronto debía pagar.
Así que apresuré una oración,
Y pronto de mis rodillas me levanté.
Mi deber cristiano ya cumplido,
My alma en paz podía quedar.

Todo el día no tuve tiempo
Para dar una palabra de aliento
Ni para hablar de Cristo a los amigos,
Se reirían de mí, o así temía.
Ni tiempo para Dios o Su iglesia,
Por toda la vida este mi clamor era.
Ni tiempo que darle a Él o a ellos,
Y finalmente me tocó el tiempo de morir.

Y cuando ante el Señor llegué,
Me presenté mustio y cabizbajo.
En Sus manos Él un libro sostenía,
De los que una corona habían ganado.
En el libro miró y me dijo:
“Tu nombre aquí no lo puedo encontrar.
Una vez lo iba a escribir,
Pero nunca encontré el tiempo.


(Citado en el libro de la serie “LA MIES”, titulado
“Soldados o blandengues” - Carlos Tomás Knott)

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miércoles 20 de enero de 2010

EN ESTO PENSAD -- ENERO 2010

¿QUIERES UN GALARDÓN GRANDE?

“...prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande” (Lc. 6:35).

Estos mandamientos de nuestro Señor se refieren a nuestra conducta hacia todos los hombres conversos o inconversos, pero vamos a considerar particularmente los tratos financieros entre individuos cristianos. Es tristemente cierto que algunos de los conflictos más serios entre creyentes surgen por asuntos monetarios. Esto no debe ser así, pero desafortunadamente el viejo adagio todavía vale: cuando el dinero entra por la puerta, el amor sale por la ventana.
Una solución simple podría ser prohibir todo trato financiero entre los santos, pero no podemos hacer esto, porque la Biblia dice: “A cualquiera que te pida, dale” y “...prestad, no esperando de ello nada” (Lc. 6:30, 35). De modo que debemos adoptar varias directrices que nos permitan obedecer a la Palabra y evitar disputas y amistades rotas.
Debemos dar en cualquier caso de necesidad genuina. El don debe ser incondicional. Si damos a otro, éste no debe sentirse obligado de ninguna forma a votar por nosotros en una reunión de la iglesia o a defendernos cuando estamos equivocados. No debemos tratar de “comprar” a la gente con nuestras bondades.
El mandamiento de dar tiene sus excepciones. No debemos dar a nadie para financiar apuestas, bebidas o cigarros. No debemos dar para facilitar algún plan necio de hacerse rico que provea para la codicia del hombre.
Cuando prestamos para una causa digna, debemos hacerlo con la actitud de que no nos importa si el dinero será devuelto. La falta de pago no deberá afectar nuestra amistad y no debemos cobrar intereses por el préstamo. Si un judío, viviendo bajo la ley no podía cobrar intereses a otro compañero judío (Lv. 25:35-37), cuánto menos debe un cristiano, viviendo bajo la gracia, cobrar intereses a un compañero creyente.
Si surge un caso donde no estamos muy seguros de que la necesidad es genuina, generalmente es mejor buscar el suplir la necesidad. Si vamos a equivocarnos, es mejor hacerlo del lado de la gracia.
Al dar a los demás, debemos afrontar el hecho de que los recipientes de la caridad a menudo sienten resentimiento hacia el donante. Este es un precio que debemos estar dispuestos a pagar. Cuando a Disraeli se le recordó una vez que cierto hombre lo odiaba, dijo: “No se porqué. Últimamente no le he hecho ningún favor”.
William MacDonald, de su libro DE DÍA EN DÍA, Editorial CLIE

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SED HACEDORES DE LA PALABRA

"Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos" (Stg. 1:22)

Es fácil escuchar un buen mensaje o leer un buen pensamiento, y aun comentar sobre su calidad, pero seguir sin que seamos cambiados por lo que hemos oído o leído. Esto es como el que comenta que una medicina es buena, pero no la toma. Si actuamos así no podemos echar la culpa a la medicina porque ella no nos benefició. La Palabra de Dios, fielmente ministrada, es una medicina espiritual buena y necesaria. Pero debemos hacer más que meramente aplaudirla o comentar que es buena. Debemos recibirla, admitirla en nuestra vida y permitir que nos cambie. Nos engañamos si pensamos bien de nosotros mismos porque meramente oímos lo que es bueno, pero no llegamos a ser hacedores.
Doug Kazen, del un calendario devocional

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Herido en Casa de Sus Amigos
La triste realidad es que Cristo ha sufrido enormemente por causa de las vidas de los que profesan ser sus discípulos. Ha sido herido en casa de sus amigos. Dice James Spink: "Es mayor el daño hecho a la causa del cristianismo por sus partidarios que por sus enemigos, porque el mundo frecuentemente contrasta la profesión de un cristiano con su práctica. Argumentan con razón que si el cristianismo es lo que decimos que es, debería influir en la vida que llevamos".
Hudson Taylor estaba de acuerdo con lo anterior. "Las inconsecuencias de los cristianos, que en tanto que profesan creer sus Biblias se contentan con vivir como si ese Libro no existiese, ha sido uno de los más poderosos argumentos de mis compañeros escépticos".
William MacDonald, El Mandamiento Olvidado: Sed Santos, Editorial Portavoz, págs. 11-12

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Tu Apariencia Externa

“Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino a Faraón” (Génesis 41:14).
“Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió”(2 Samuel 12:20)

“Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Timoteo 2:9-10).

La apariencia es una expresión externa de respeto interior hacia el hombre y de reverencia hacia Dios. La modestia es una expresión de humilidad, piedad y santidad, porque no atrae la atención sobre uno mismo.
de "Milk & Honey" ("Leche y Miel"), septiembre, 2009.

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LOS DEL MUNDO NO TIENEN POR QUÉ CANTAR

“Recuerdo que en una conferencia uno de los predicadores dijo: “Por lo general, los cristianos son los únicos que se reúnen para cantar”. Puedes por supuesto encontrar alguna excepción, pero esto no quita el punto que él hacía. No escuchando la música, sino cantándola, es mucho más una parte de la vida del creyente que lo es en la vida del incrédulo.
Realmente esto no debe sorprendernos. ¡Tenemos más razones por las que cantar! Tenemos un Salvador cuyo amor es tan grande que Él voluntariamente sufrió el tormento y la vergüenza de la cruz por Sus enemigos... Cantamos acerca de Él, y a Él, porque le amamos. Y la Biblia, de portada a portada, tiene muchas canciones acerca del Hijo de Dios.”
J.B.Nicholson Jr, de la revista “Uplook”, enero-febrero 2008

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¿Arrepentimiento o Remordimiento?

“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2 Co. 7:10).

Generalmente se cree que cuando alguien expresa tristeza o llora sobre un pecado, manifiesta arrepentimiento. Las lágrimas y la tristeza pueden ser parte del arrepentimiento, pero no siempre indican un arrepentimiento piadoso. Las Escrituras nos ilustran esta realidad en varias ocasiones.
Hablando de Esaú, dice: “Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas” (He. 12:17). Escribiendo sobre esta porción, el hermano Flanigan comentó: “La tristeza de Esaú, sin embargo, no era la sabiduría del arrepentimiento. Era la tristeza de autocompasión porque neciamente había perdido tanto. Lo que Esaú buscó con lágrimas no fue el arrepentirse de lo que había hecho mal, que es lo que algunos entienden al leer este texto. Lo que buscó era recuperar la bendición que había perdido a manos de Jacob (Gn. 27:1-40)”.
Acán confesó pero sólo después de ser identificado como el culpable de la derrota de Israel ante Ai (Jos. 7:20-21). Ocultó su pecado hasta que no le quedó más remedio que confesarlo. Fue el Señor que señaló a Acán. Entonces, y sólo entonces, descubierto, Josué le conjuró, y él confesó. Alguien ha dicho que la confesión de Acán fue del “remordimiento de ser descubierto”. Frecuentemente se dice que cuando son detenidos los ladrones, se entristezen, pero su tristeza es porque han sido detenidos y ahora saben que serán castigados. Judas también puede caer en esta categoría de tristeza (Mt. 27:3). El hermano McShane añade: “No toda tristeza es de Dios, porque hay una tristeza del mundo que produce muerte”. Ciertamente fue así con Judas.
En nuestro texto prinicipal Pablo parece decir que hay arrepentimiento que conduce a salvación, o liberación del pecado indicado. Este arrepentimiento es genuino, del corazón, y no es abandonado con el paso del tiempo. Como en el caso del hijo pródigo, es una convicción, una tristeza respecto al pecado. Trae restauración y un cambio de sentido en la vida. Puede que haya o no haya lágrimas, pero sí habrá un cambio que con tiempo demuestra que es real.
Steve Hulshizer, Milk & Honey ("Leche y Miel"), enero, 2010

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Las Etiquetas

La rosa, si es llamada otra cosa, todavía huele bien, es verdad.
Pero si de “rosa” etiquetamos, a petunias y geranios,
Siguen siendo lo que son, la etiqueta nada cambia.

Nos gustan las etiquetas, porque nos ahorran el trabajo de pensar. Muchos se llaman socialistas o demócratas o republicanos sin saber qué significa la etiqueta. Uno puede llevar la etiqueta de “éxito” si ha ganado mucho dinero, aunque su vida personal sea un fracaso colosal.
Una etiqueta popular pero poco precisa es la de “cristiano”. Mucha gente, si le pregunta: “¿es usted cristiano?” diría que “sí”. Esto es porque la etiqueta incluye a tales como:

1. Cristianos Hereditarios. Personas cuyos padres eran cristianos y por lo tanto ellas piensan que también lo son. Puede que asistan ocasionalmente a una iglesia, o quizá van con regularidad, especialmente a la iglesia de sus padres.
2. Cristianos Éticos. Personas que son buenas. Viven vidas decentes y quieren que los demás también vivan así. Son ciudadanos respetuosos, buenos vecinos, buena gente. Les gusta la Regla de Oro que enseñó Jesús. Piensan que si uno hace lo mejor que puede, eso es todo lo que se puede pedir.
3. Cristianos Culturales. Personas que viven en una comunidad o nación que se llama “cristiana”, donde predomina una religión “cristiana”. Les gustan la música y las ceremonias, especialmente para bautizos, bodas y entierros.
4. Cristianos Sociales. Personas que les gusta encontrar a sus amigos en los cultos de la iglesia. Les gusta que sus hijos hagan buenas y sanas amistades allí, y disfrutan las actividades sociales. Los hombres de negocio encuentran que asociarse con una iglesia va bien para el negocio.
5. Cristianos Verdaderos. Personas que creen que Jesucristo es el Hijo de Dios que murió en la cruz para obtener el perdón de sus pecados. Creen como dijo uno: “yo soy el pecador por quien Cristo murió en la cruz”. Los cristianos verdaderos han reconocido que son pecadores, se han arrepentido y le han aceptado como su Señor y Salvador.

Puede que este último grupo también tenga padres cristianos, intenten vivir vidas decentes, asistan a los cultos de una iglesia y disfruten actividades culturales y sociales de cristianos. Pero reconocen que ninguna de estas cosas les constituye “cristiano”. Un cristiano ha experimentado un cambio tan radical y completo que es llamado “nacer de nuevo”.

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MI CORAZÓN: HOGAR DE CRISTO

Una tarde abrí mi corazón a Cristo y ¡qué entrada hizo! No fue nada espectacular ni emocional, pero sí real. Algo sucedió en mi vida. Él cambió en luz las tinieblas de mi corazón. Encendió un fuego que despachó el frío. Comenzó la música donde siempre había habido silencio, y llenó el vacío con Su maravillosa comunión. Nunca me he arrepentido de haberle abierto la puerta a Cristo, y no me arrepentiré nunca, ¡jamás! En el gozo de esta nueva relación, le dije a Cristo: “Señor, quiero que mi corazón sea Tuyo. Quiero que Te establezcas aquí y que este sea Tu hogar. Todo lo que tengo Te pertenece. Déjame que Te enseñe lo que hay por aquí”.
El primer cuarto era el estudio – la biblioteca. En mi hogar, este "cuarto" de mi mente es muy pequeña, con unas paredes muy gruesas, pero es muy importante. En un sentido, es la central de mi casa. Él entró conmigo y echó una mirada a los libros en la estantería, las revistas que había encima de la mesa y los cuadros de la pared. Tan pronto como noté la intensidad de Su mirada, comencé a sentirme incómodo. Extrañamente, no me había sentido cohibido por esto antes, pero ahora que Él estaba mirando todas esas cosas, estaba avergonzado. Sus ojos eran tan puros, que no podía contemplar algunos de los libros que había allí. Había un montón de basura y de literatura encima de la mesa, en la cual un cristiano no debería tener interés en leer; lo mismo ocurrió con los cuadros que había en la pared – los pensamientos e imaginaciones de la mente – algunos eran vergonzosos.

CUELGA ESTE CUADRO EN TU MENTE
Me volví hacia Él y le dije: “Maestro, sé que esta habitación necesita algunos cambios radicales. ¿Me ayudarás a hacerlo como debe ser, y que cada pensamiento esté enfocado hacia Ti?” “¡Por supuesto!” dijo. “Antes de nada, toma todo lo que miras y lees que no es útil, puro ni verdadero, y tíralo. Ahora, en los estantes vacíos pon los libros de la Biblia. Llena la biblioteca con la Escritura y medita en ella día y noche (Josué 1:8). Haz lo mismo con los cuadros; tendrás dificultad en controlar todas estas imágenes, pero aquí tienes una ayuda”. Me dio un retrato Suyo de tamaño natural. “Cuélgalo en el centro”, me dijo: “en la pared de tu mente”. Así lo hice, y he descubierto a través de los años que cuando mi atención está centrada en la persona de Cristo, Su pureza y poder hacen que las imágenes impuras se retiren. Así me ha ayudado a enfocar hacia Él mis pensamientos.
Pasamos a la cocina y el comedor. Aquí había gastado mucho tiempo y me había esforzado mucho para satisfacer mis deseos. Le dije: “Este comedor es un lugar comodísimo, y estoy muy seguro de que te gustará y estarás complacido con lo que servimos”. Se sentó en la mesa conmigo y me preguntó: “¿Qué hay para cenar?” “Bueno”, le dije: “mis platos favoritos: huesos viejos, cáscaras de maíz, basura agria, puerros, cebollas, y ajos de Egipto”. Esas eran las cosas que me gustaban – la comida mundana.
Cuando se le sirvió la comida, no dijo nada, pero observé que Él no estaba comiendo. Le dije: “Maestro, ¿no te gusta la comida? ¿Cuál es el problema?” Me contestó: “Tengo una comida que tú no conoces...si quieres comida que realmente satisfaga, busca la voluntad del Padre, no tus propios placeres, no tus deseos, no tus satisfacciones, sino busca lo que Me agrada. Ésta es la comida que satisface”. Allí en la mesa, Él me dio a probar el gozo de hacer la voluntad de Dios. ¡Qué gusto! ¡Qué sustento y vitalidad da al alma! No hay comida como esta en todo el mundo. Sólo ella satisface.

HORAS MARAVILLOSAS EN ESTE CUARTO
Del comedor nos dirigimos al salón. Era bien acabado, y cómodo y me gustaba mucho. Tenía un hogar, unas sillas tapizadas, un sofá, y su atmósfera era tranquila. Él dijo: “Sin duda que esta sala de estar es encantadora. Vengamos aquí a menudo, para tener comunión”. Bueno, como un joven cristiano, estaba yo emocionado. No podía pensar en otra cosa que podría hacer más que tener unos minutos de comunión íntima con Cristo. Me prometió: “Estaré aquí cada mañana temprano. Reúnete aquí conmigo, y comenzaremos el día juntos”.
Así que, mañana tras mañana, bajaba al salón. Él tomaba un libro de la Biblia, lo abríamos y lo leíamos juntos. Me contaba de Su riqueza y me revelaba Sus verdades. Mi corazón ardía cuando me revelaba el amor y la gracia que tenía hacia mí. Eran horas maravillosas.
Pero poco a poco, bajo la presión de muchas responsabilidades, el tiempo comenzó a acortarse. Por qué, no lo sé, pero pensaba que estaba demasiado ocupado para pasar tiempo con Cristo. No lo hacía intencionadamente, ¿sabes? Simplemente ocurrió de esta manera. Finalmente, no sólo se acortó el tiempo, sino que empecé a fallar un día ahora, otro después... Entonces llegué a faltar dos días seguidos, y cada vez más a menudo.
Recuerdo una mañana que me estaba apresurando por las escaleras, impaciente por seguir mi camino, y al pasar al lado del salón noté que la puerta estaba entreabierta. Eché una mirada, y vi el fuego ardiendo en el hogar y el Maestro sentado al lado. De repente pensé consternado: “Él es mi huesped. ¡Le he invitado a venir a mi corazón! Él ha venido y le estoy desatendiendo”. Abatido, le dije: “Bendito Maestro, perdóname. ¿Has estado aquí todas estas mañanas?” “Sí”, me dijo: “Te dije que lo haría. Recuerda, te amo. Te he redimido a gran coste. Deseo tu comunión. Aunque no reserves este tiempo por ti, hazlo por Mí”.
La verdad de que Cristo desea mi compañía, de que quiere que esté con Él, y que me espera, ha hecho más para transformar mi tranquilo tiempo con Dios que ningún otro factor. No le dejes a Cristo esperar solo en el salón de tu corazón, sino cada día, encuentra tiempo, cuando con tu Biblia y en oración, puedes tener comunión con Él.

¿JUGUETES PARA EL REINO DE DIOS?
Antes de que pasara mucho tiempo, me preguntó: “¿Tienes un taller en tu casa?” Abajo, en el sótano de la casa de mi corazón tenía una banqueta con varias herramientas, pero no hacía muchas cosas con ellas. Alguna vez bajaba y hacía bulla con unos pocos aparatitos, pero no estaba produciendo nada de provecho. Le llevé allí. Echó una mirada al banco de trabajo y dijo: “Bueno, esto está muy bien equipado. ¿Qué estás produciendo para el Reino de Dios?” Miró un par de juguetes que había tirado encima de la banqueta. Levantó uno y me dijo: “¿Son estos juguetitos lo que estás produciendo en tu vida cristiana?” “Bueno”, dije: “Señor, ya sé que esto no es mucho, y realmente quiero hacer más, pero después de todo, parece que no tengo suficiente fuerza para hacer más”. “¿Te gustaría hacerlo mejor?”, preguntó. “Desde luego”, repliqué. “Bien, dame tus manos. Ahora relájate en Mí y deja que mi Espíritu trabaje en ti. Ya sé que eres un poquito torpe, pero no importa, porque el Espíritu Santo es el Maestro del hombre trabajador, y si Él controla tus manos y tu corazón, trabajará por medio de ti”. Poniéndose detrás mío y con Sus manos fuertes sobre las mías, tomando las herramientas con Sus dedos, comenzó a trabajar en mí. Cuanto más me relajaba y confiaba en Él, más podía hacer Él con mi vida.

PERDÓN POR TENER ESTE LÍO EN LA HABITACIÓN

Me preguntó si tenía una sala de juegos. Estaba esperando que no me preguntara nada acerca de eso. Había ciertas asociaciones, amistades, actividades y diversiones que quería guardármelas para mi mismo. Una tarde, cuando me estaba marchando para unirme con algunos compañeros de la universidad, Él me paró y preguntó, “¿Vas a salir esta tarde?” “Sí”. “Bien”, dijo: “Me gustaría ir contigo”. “Oh”, contesté torpemente: “Señor Jesús, realmente pienso que no quieres venir conmigo. Salgamos mañana por la noche. Mañana por la noche iremos a la reunión de oración, pero hoy tengo otra cita”. “Lo siento”, me dijo: “Cuando vine a tu hogar pensé que todo lo íbamos a hacer juntos, para ser compañeros. Quiero que sepas que deseo ir contigo”. “Bueno”, refunfuñé, deslizándome fuera de la puerta: “Iremos a algún sitio mañana por la noche”.
Esa tarde pasé unas horas horribles. Me sentía miserable. ¿qué clase de amigo era yo para Cristo, cuando le dejaba fuera de mis asociaciones, haciendo cosas y yendo a lugares que sabía que Él no disfrutaría? Cuando volví esa tarde, había luz en Su habitación, y entré para hablar con Él. “Señor, he aprendido la lección. No puedo pasar buen tiempo sin Ti. Lo haremos todo juntos”. Entonces bajamos a la habitación desordenada de la casa y Él la transformó. Trajo nuevas amistades a mi vida, nuevas satisfacciones, gozos nuevos y duraderos. La música y la risa del contentamiento han estado sonando en la casa desde entonces.

EN ESTA CASA HAY ALGO MUERTO

Un día le encontré esperándome en la puerta. Con una mirada de reproche en Sus ojos, y me dijo tan pronto como entré: “Hay un olor peculiar en esta casa.
Hay algo muerto por aquí. Viene de arriba, seguro que está en el desván”. Nada más decir estas palabras, yo sabía de qué estaba hablando. Sí, había un pequeño desván en el rellano, de unos cuantos metros cuadrados. En este desván, bajo llave y candado, tenía una o dos cositas personales que no quería que Cristo las viese. Yo sabía que estaban podridas, y tanto las quería para mi, que temía admitir que estaban allí.
Subí con Él, y cuanto más subíamos las escaleras, más fuerte se hacía el olor. Él señaló la puerta. Yo estaba muy molesto. Es la única manera en que lo puedo decir. Le había dejado entrar a la biblioteca, al salón, al sótano, y ahora me pedía aquel pequeño desván. Me dije a mi mismo: “Esto es demasiado. No le voy a dar la llave”. Leyendo mis pensamientos, me dijo: “Si piensas que voy a estar aquí con este olor, estás equivocado. Voy a salir al patio”.
Observé como empezaba a bajar las escaleras. Mi resistencia cedió. Cuando uno llega a conocer y amar a Cristo, la peor cosa que le puede pasar es sentir la rotura de la comunión con Él. Tuve que rendirme. “Te daré la llave”, dije tristemente: “Pero Tú tendrás que abrir el desván y limpiarlo. Yo no tengo fuerzas para hacerlo”. “Simplemente dame la llave”, dijo. “Dame permiso para encargarme del desván y lo haré”.

DIRÍGELO TODO
Con dedos temblorosos le pasé la llave. Él la tomó, se acercó a la puerta, la abrió, entró, tomó las porquerías y cosas podridas y las tiró. Entonces limpió y pintó el desván. Estuvo hecho en un abrir y cerrar de ojos. ¡Qué victoria fue para mí el echar fuera de mi vida algo muerto! Me vino un pensamiento: “Señor, ¿hay posibilidad de que tomes la dirección de toda la casa y operes en toda mi vida de la misma manera que lo has hecho con el desván? ¿Tomarías la responsabilidad de hacer de mi vida lo que debe ser?”
Su rostro se iluminó al tiempo que replicaba: “Por supuesto, eso es lo que quiero hacer. No puedes ser un cristiano victorioso mediante tu propia fuerza. Déjame actuar a través de ti y a favor tuyo. ¡Así se hace! Pero”, añadió lentamente: “No soy más que un huésped. No puedo proceder con autoridad, puesto que la propiedad no es mía”.
Arrodillándome, le dije: “Señor, Tú has estado siendo el huésped y yo el anfitrión. Desde ahora yo seré el siervo y Tú serás el Señor”. Corrí tan rápido como pude para llegar a la caja fuerte. Tomé las escrituras de las propiedades, posesiones, y responsabilidades mías, y con ánimo pronto firmé el traspaso sólo para Él por toda la eternidad. “Señor”, le dije, “Tómalo. Aquí está, todo lo que soy y tengo, para siempre. Dirige Tú la casa. Yo simplemente me quedaré contigo como siervo y amigo”.
Las cosas han cambiado desde que Jesucristo se estableció así e hizo Su morada en mi corazón.

Robert Boyd Munger, originalmente publicado en inglés por Intervarsity Press ("My Heart, Christ's Home).

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ASAMBLEA BÍBLICA "BETEL"
Calle Torreblanca, nº6 (detrás de la muralla Macarena), 41003 Sevilla
Correspondencia: Apartado 1313, 41080 Sevilla, España
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Horario de cultos semanales:
domingo: 11:00 mañana Cena del Señor y luego una Exposición Bíblica
7:00 tarde Predicación de la Palabra de Dios
jueves: 8:00 tarde Oración y Reflexión de la Palabra


"Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones". Hechos 2:42

lunes 14 de diciembre de 2009

EN ESTO PENSAD --- Diciembre 2009

El Mito De La Propiedad Privada

En una democracia la gente cree que puede ser dueña de la propiedad. Por supuesto, el estado tiene varias maneras de reclamar parte de lo que el ciudadano cree que es suyo. Impuestos sobre impuestos. Puedes hacer lo que quieres con tu dinero, pero el gobierno siempre reclama “su parte” y más.

Los seres humanos somos “libres”, no somos esclavos de nadie. No tienes que trabajar para nadie si no quieres. Puedes dejarlo cuando quieras. Pero como millones saben, a lo mejor no será tan fácil conseguir otro puesto de trabajo. Puede que sea cruel tu jefe, injusto, dominante, pero es buena idea pensarlo dos veces antes de salir.

No vamos a discutir los méritos y desméritos de la democracia y el capitalismo. De todos modos somos ciudadanos de otro reino. ¡En Cristo tenemos libertad real! ¡El Hijo nos ha hecho verdaderamente libres! Esto es, libres del pecado y de la condena de la ley. Libres, quizás gradualmente, del poder del pecado. Pero, ¿libres para hacer lo que nos parece? ¡Ciertamente no! Hemos sido librados del poder de las tinieblas, pero trasladados al reino del amado Hijo de Dios. El Hijo es Cabeza del cuerpo, la iglesia, y antes que todas las cosas (Col. 1:13, 17-18).
Considera estas esclavitudes:
El Cuerpo: Seguramente puedo hacer lo que quiero con mi propio cuerpo, ¿no? No, porque has sido comprado por precio, la sangre de Cristo, y no eres tuyo. Glorifica a Dios en tu cuerpo, porque realmente es Suyo (1 Co. 6:19-20).
El Tiempo: Nuestras vidas estaban perdidas, porque la paga del pecado es muerte. Así que juzgamos que ya debemos vivir para Él, no para nosotros mismos (2 Co. 5:14-15). El que no aborrece su propia vida, no puede ser discípulo de Cristo (Lc. 14:26). "El que halla su vida la perderá" (Mt. 10:39).
El Dinero: Al menos las ofrendas serán opcionales para el creyente, ¿verdad? Respecto a la cantidad, sí. En cuanto a la frecuencia, semanalmente. Observa cuidadosamente estos mandamientos del Espíritu Santo.
· “Abundad también en esta gracia” (2 Co. 8:7).
· “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo” (1 Co. 16:2).
Y los mandamientos de Cristo:
· “Haceos tesoros en el cielo” (Mt. 6:20).
· “Haced amigos con el dinero” (Lc. 16:9).
El diez porciento del Antiguo Testamento ahora es cien por ciento. He sido crucificado con Cristo, y mi vida ahora es enteramente para Él que dio Su todo por mí. Dices: “Entonces, ¿no quiere Dios que yo sea feliz?” Sí, pero sólo a largo plazo, esto es, feliz en la eternidad. Su bendición te enriquece y Él no añade tristeza (Pr. 10:22).
La Mente: Nos gusta pensar que nuestra mente es algo privado. Pero el Hijo de Dios en el mundo podía conocer los pensamientos de los hombres. ¡Cuánto más ahora! Los pensamientos y hechos pecaminosos vienen del corazón (Mt. 15:18-19). ¿Tengo entonces derecho a llenar mi mente con la violencia e inmoralidad con que se alimentan día y noche mis iguales, vecinos y amigos? Pensad en lo que es verdadero, honesto, puro y amable (Fil. 4:8). ¿Cuántas novelas, películas o programas de deporte se conforman a estos requisitos? Además, la exposición a la propaganda del mundo tiende a conformarnos a su filosofía: auto importancia, protagonismo y hedonismo.
Las Habilidades: A veces las llamamos talentos y dones, pero la Fuente es obvia. “¿Quién te distingue?, o ¿qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co. 4:7). Cada uno ha recibido un don y debe usarlo para servir a los demás, como buen mayordomo (1 P. 4:10).
Las Palabras: "Libertad de expresión" es hoy en día una frase popular. Pero no se nos permite decir cualquier cosa, porque tenemos que dar cuenta a Dios (Mt. 12:36). Nuestras palabras manifiestan la condición de nuestro corazón (Mt. 12:34). El Espíritu manda que nunca digamos nada corrompido (Ef. 4:29). Lo que decimos debe ser sólo palabras sanas, con gracia y sal (Col. 4:6). También debe ser sabio, para que demos la respuesta correcta a cada uno, para que se avergüence cualquier adversario (Tit. 2:8). Se prohíbe la mentira, el engaño, la falsedad y la exageración (Ef. 4:24; 1 Ti. 1:10; Ap. 21:8).
En resumen, se trata del compromiso total. Soy de mi Amado. ¿Significa esto que todos hemos de salir como misioneros? Muchos misioneros son en verdad ejemplos modernos de devoción total al Señor. Pero cualquiera de nosotros puede traer honor al Señor Jesucristo si vive frugalmente, ofrenda sacrificadamente y ora continuamente. ¡Sea ésta nuestra porción!

R.E. Harlow, de la revista “Missions”, traducido con permiso

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EL CREYENTE Y LAS DEUDAS
¿contraemos dudas para las fiestas,
como los del mundo?


George Müller (1805-1898)

“ ‘Vended lo que poseéis, y dad limosna’ Lucas 12:33. ‘No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros’ Romanos 13:8. Puede que alguien diga que estos pasajes no pueden entenderse literalmente, porque si no, ¿cómo podría el pueblo de Dios pasar por el mundo? Juan 7:17 hará que estas objeciones se desvanezcan. CUALQUIERA QUE DESEA CUMPLIR estos mandamientos del Señor LITERALMENTE, creo que verá conmigo que, tomarlos LITERALMENTE es la voluntad de Dios. —Aquellos que los toman así, sin duda a menudo tendrán dificultades, difíciles de soportar para la carne, pero esto les hará sentir constantemente que son extranjeros y peregrinos aquí, que este mundo no es su hogar, y de esta manera confiar más en Dios, quien ciertamente nos ayudará a través de cualquier dificultad en la que nos encontremos por causa de buscar el actuar en obediencia a Su palabra”.
—A Narrative of Some of the Lord’s Dealings with George Müller, escrito por él mismo; London: J. Nisbet & Co., volumen 1, Novena edición, 1895, pág. 66.

C. H. Mackintosh (1820-1896)

“Tomamos Romanos 13:8 en su sentido sencillo y claro. Creemos que nos enseña a no deber nada a nadie. ¡Ojalá lo cumpliésemos más! Es doloroso más allá de toda expresión el ver la falta de conciencia entre los profesantes, en cuanto a la cuestión de las deudas. Haríamos un llamado solemne a todos nuestros lectores, que tienen el hábito de endeudarse, a que se juzguen a sí mismos, y a que salgan de esta falsa posición de inmediato. Es mucho mejor sentarse en una corteza seca, y llevar un abrigo pobre, que vivir y vestir bien a expensas de nuestro vecino. Estimamos esto como una verdadera injusticia. ¡Quién tuviera una mente recta!”

—Things New and Old, editado por C. H. Mackintosh, vol. X, 1867, págs. 199-200.
“El primer y gran negocio de una persona endeudada es salir de la deuda. Debemos ser justos antes de ser generosos”.
—ibid., volumen XVII, 1874, pág. 224.

* Nota: Por supuesto que esto no prohíbe la función normal de un negocio, las cuentas con sus proveedores, etc., ni la función normal de una casa. Se trata de no contraer uno deudas que no podrá pagar, de no vivir endeudado.

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Varias Recompensas Que Habrá Para El Creyente

1. La presencia y comunión de otros que se convirtieron (Lc. 16:9).
2. Las coronas que dará el Señor (Ap. 4:10).
3. El vestirse de lino fino según las obras justas (Ap. 19:8).
4. Oír al Señor decir: “está bien, buen siervo” (Lc. 19:17).
5. El gozo de haberle agradado y glorificado (Mt. 25:21, 23).
6. Más responsabilidad en el futuro (Lc. 19:17, 19).
7. Gloria (Dn. 12:3; 1 Co. 15:41-42; 1 P. 1:7).
8. La satisfacción de ver a creyentes que fueron edificados por nuestra vida (1 Ts. 2:19; Fil. 4:1).
9. Descansar de nuestras obras (Ap. 14:13).
10. Ver al Señor y estar siempre con Él (Ap. 22:4; 1 Ts. 4:17; Sal. 23:6).

"Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano".
1 Corintios 15:58

"Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún". Hebreos 6:10

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¿CREES EN EL SEÑOR JESUCRISTO?
por H. A. Ironside

Uno de los pasajes más conocidos en la Biblia es el que forma la respuesta del apóstol Pablo al carcelero en Filipos cuando éste le preguntó: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Nada puede ser más claro que su respuesta: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”. Sin embargo, esta respuesta tan clara y sencilla me confundía. Nunca, ni por un momento, pensaba que yo podía salvarme a mí mismo, ni por lagrimas, ni por oraciones, ni por arrepentimiento, ni por obras, ni por nada que podría hacer para mí ninguna persona ni ninguna iglesia. Pero, ¿que significa “creer en Jesús”? Ésta era la pregunta, el problema.
A veces pensaba que sí, que creía, y vacilando profesaba creer. Pero después, no tenía la seguridad que buscaba, ni la paz duradera, ni ninguna evidencia de nueva vida. Me preguntaba una y otra vez: “¿De qué modo creo yo, con la cabeza o con el corazón?” No estaba seguro, y la Palabra de Dios dice: “...si confesares con tu boca que Jesús es al Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. ¿Qué es este creer “en el corazón”? Nunca hallé paz hasta que me enteré que es una cosa creer acerca de Jesús, y otra cosa creer en Él.
Probablemente, tú como todo lector sincero de este folleto crees lo que la Biblia dice acerca del Salvador. Crees que el Hijo de Dios vino a este mundo como un Niño verdadero, puro y santo, inmáculo, crecía como hombre haciendo buenas obras y manifestando el amor y la gracia de Dios a los pecadores. También crees que murió en una cruz cruel, y que después de tres días, Dios le levantó de los muertos. Crees que Él ascendió al cielo, que ahora se sienta a la diestra de Dios, y que algún día vendrá para juzgar al mundo. Crees todo esto, en sentido intelectual, pero todavía no sabes si eres salvo. No tienes certidumbre de salvación. Quizás te ayudaría saber que la palabra traducida “creer” también significa “confiar en” o “fiarse”. En un pasaje está traducido “fiarse de”. Dice: “Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre”. Puede que estos significados de la palabra “creer” te ayuden en tu propio caso. Permíteme unas preguntas. ¿Has confiado así, de esta manera, en Jesucristo; en el sentido de entregarte totalmente a Él? ¿Has encomendado tu alma a Él y solamente a Él? ¿Confías en Él como tu único Salvador personal, sin necesidad de santos y sacramentos, o repartes tu fe entre muchas cosas, de modo que no confías única y totalmente en el Señor Jesucristo?
Me gustaría ilustrar esto con una anécdota personal. Estuve en las montañas hace unos pocos años, y quería cruzar un barranco. Había un puente de cuerdas, muy estrecho, tendido entre dos picos, y más de 300 metros abajo, había un río. Sabía que si me caía, ciertamente moriría. Mi pregunta y mi duda era: ¿podría yo fiarme de este puente? Así que, me quedé allí y observaba mientras varias personas cruzaban. Vi que algunos hombres de más peso que yo llegaron al otro lado sin problemas. Por fin, creía que el puente aguantaría mi peso. Creía suficientemente para confiar en el puente, y crucé sano y salvo. Esto ilustra lo que es “creer en Jesús”. También se expresa en la letra del siguiente himno:

Jesús, confiaré en Ti; encomiendo a Ti mi alma,
Cansado, rendido y desamparado, sólo Tú me puedes sanar.
No hay nadie en el cielo, ni en el mundo como Tú;
Moriste Jesús por los pecadores, Señor, moriste por mí.

traducido por Ruth Knott

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Texto: 1 Timoteo 1:1-2

En este pasaje vemos al Señor Jesucristo llamado de dos maneras: primero en el versículo 1 es “Jesucristo nuestra esperanza”, y luego en el versículo 2 es “Cristo Jesús nuestro Señor”. Son hermosas descripciones, ¿verdad? El que es nuestra esperanza también es nuestro Señor, lo cual quiere decir que el que nos salva también nos gobierna.
Luego vemos estos tres términos: “gracia, misericordia y paz” en el versículo 2. Son tres cosas importantísimas, de las cuales mucha gente hoy en día carece. A todos les gustaría tenerlas, pero no todos saben cómo.
Primero está la gracia. Gracia significa favor o ayuda que no se merece. Romanos 4:1-4 y Efesios 2:8-9 establecen claramente que la gracia no se compra, ni se merece, y no puede mezclarse con obras. Si algo es por obras, no es por gracia, porque la gracia no se merece. La gracia de Dios no es una recompensa, sino algo totalmente inmerecido. Dios nos favorece, nos perdona y salva sin que lo merezcamos, porque lo hace por Su gracia. Y Su gracia viene a nosotros, no por la iglesia, no por los sacramentos, no por nuestras obras, sino por el Señor Jesucristo. 2 Corintios 8:9 enseña que la gracia de nuestro Señor Jesucristo se manifestó cuando Él, siendo rico, se hizo pobre (se encarnó) para enriquecernos a nosotros. La gracia actuó a favor nuestro, por medio de una Persona divina, nuestro Señor. Dios quiere que Su gracia se manifieste en nosotros en nuestra generosidad y abnegación a la hora de ofrendar para ayudar a otros.1 Pedro 5:10 nos recuerda que Dios es Dios de toda gracia. El modelo y ejemplo a seguir es Dios mismo. Hermanos, por la maravillosa gracia de Dios tenemos la salvación eterna. Nosotros que no merecemos ser llamados hijos de Dios hemos sido adoptados como hijos Suyos. Como dice el himno: “¡Sublime gracia!” Pero además de esto, es Dios quien exhorta a los creyentes a crecer en la gracia (2 P. 3:18). Por ejemplo, en 2 Corintios 9:8 el apóstol Pablo dice que la gracia puede hacer que abundemos en toda buena obra. A todos nos gusta recibir la gracia, pero, ¿nos gusta tratar a los demás con gracia?
En segundo lugar, habla de la misericordia. La misericordia es NO recibir lo que merecemos. Si uno merece una multa o un castigo y no lo recibe, esto es misericordia. La salvación es recibir misericordia de Dios, porque significa NO recibir el juicio que merecemos. La paga del pecado es muerte, pero al que cree el evangelio, Dios le perdona por Su misericordia y le da vida eterna. En el Salmo 25:6, 7, 10 y 16 David expresa su esperanza continua en la misericordia de Dios. El Salmo 136 es el gran salmo de la misericordia de Dios, que es “para siempre”. ¡Gracias a Dios que recibimos en Jesucristo la perpetua, eterna misericordia de Dios! Habiendo recibido misericordia de Dios, debemos también ser misericordiosos. En Mateo 5:7 el Señor dice: “Bienaventurados los misericordiosos”. En Lucas 6:36 el Señor manda: “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso”. Efesios 4:32 nos exhorta: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. 1 Pedro 3:8 lo enfatiza otra vez: “...sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables”. La misericordia viene relacionada con la benignidad, el perdón, la compasión, el amor y la amistad. Lo triste es: aunque nos gusta RECIBIR misericordia y ser tratados así, nos cuesta SER misericordiosos con los demás, y esto mismo es lo que Dios manda. La misericordia de Dios no debe entrar en nosotros y parar allí, sino entrar, transformarnos y salir hacia los demás. Por ejemplo, David usó de misericordia con Mefiboset al recibirle y cuidarle como a hijo suyo (2 S. 9). Demos gracias a Dios por Su misericordia, y seamos misericordiosos como nuestro Padre celestial.
En tercer lugar, la paz es otra gran bendición que hemos recibido en Cristo. La paz es más que ausencia de conflicto. Significa también una serenidad interior, incluso pese a circunstancias adversas. En primer lugar tenemos paz con Dios mediante la sangre de Cristo (Ro. 5:1). , y es algo que ninguna circunstancia puede cambiar, gracias a Dios. Efesios 2:14, 15 y 17 nos recuerda que Jesucristo ES nuestra paz, vino e HIZO paz, y ANUNCIÓ esta paz. El evangelio es un mensaje de paz. Además, el Salmo 119:165 dice: “mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo”. Mucha gente anda tropezando, dejándose ofender y molestar, siempre mosqueada o quejosa por una y otra cosa, viviendo en conflicto eterno. Pero los que aman la ley del Señor, se humillan, porque aprenden de la ley que ellos no son nada, que no merecen nada bueno, y humillados, confían en el Señor para recibir perdón. Luego pueden andar en paz con Dios y con los demás. El creyente goza de la paz de Dios que le puede guardar en medio de circunstancias adversas. Filipenses 4:6-7 nos instruye que en lugar de estar afanosos, presentemos nuestras peticiones al Señor en oración, y Su paz guardará nuestro corazón. Sabemos que Él nos ama, Él nos oye y Él nos cuida, y esto nos deja en paz, tranquilos en Sus poderosos brazos. La Palabra también nos exhorta al menos tres veces a tener paz y vivir en paz los unos con los otros (Mr. 9:50; 2 Co. 13:11; 1 Ts. 5:13). Esta paz, que procede de Dios, es también fruto del Espíritu Santo quien mora en nosotros (Gá. 5:22-23). La paz de Dios, no los conflictos carnales, debe ser el ambiente en que vive una asamblea. Todos debemos ser pacificadores (Mt. 5:9). Con la ayuda del Señor, seamos de aquellos que hacen la paz (Stg. 3:18), no de los que siembran discordia (Pr. 6:19).
Así que, mis hermanos, hemos recibido y seguimos recibiendo estas tres cosas maravillosas del Señor, entre muchas otras: la gracia, la misericordia y la paz. Dios quiere que ellas marquen nuestra vida, nuestro carácter y proceder, porque así darán testimonio de Él. Por esto tenemos que pedirle al Señor que nos dé cada día Su misericordia, gracia y paz, y que Él nos ayude a manifestar estas tres cosas diariamente en nuestras vidas. Es así que los demás pueden conocer más acerca de Dios, cuando vean Su obra en nosotros. Mostremos el carácter de Dios a los de nuestro alrededor, para la gloria de Dios.


de un estudio dado por L. B., el 8 de mayo, 2008

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EN ESTO PENSAD -- Noviembre 2009


ASPECTOS DE LA GLORIA DE CRISTO
(Parte III)


William MacDonald

La Gloria De Su Segunda Venida Y Reino

Hay más referencias en el Nuevo Testamento a esta gloria que a cualquier otra. El Hijo del Hombre vendrá en las nubes del cielo con poder y gran gloria (Mt. 24:30). En aquel día, será glorificado en Sus santos y admirado entre todos los que creen (2 Ts. 1:10). Cuando se sienta en Su glorioso trono, recompensará a los apóstoles – y a todos Sus seguidores (Mt. 19:28), y juzgará a las naciones (Mt. 25:31-33). Se avergonzará de los que se avergonzaron de Él y de Sus palabras cuando venga en Su gloria (Lc. 9:26). Jacobo y Juan imprudentemente pidieron sentarse a la derecha e izquierda de Cristo en la gloria de Su reino venidero (Mr. 10:37). Los que participan ahora de los sufrimientos de Cristo se gozarán con gran gozo cuando Su gloria es revelada en el Milenio (1 P. 4:13).
La transfiguración de Cristo dio una vista previa del Mesías en Su gloria como Rey de reyes y Señor de señores. Pedro, Jacobo y Juan vieron Su gloria en el monte santo.

“y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14b).

“Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él” (Lc. 9:32).

Más tarde Pedro hizo referencia a la transfiguración y explicó que se trataba del poder y la venida del Señor, esto es, de la venida en poder de nuestro Señor Jesucristo (1 P. 1:16).
Otra mención de la gloria de Cristo en Su reino esté en Juan 17:22. Allí nuestro gran Sumo Sacerdote dice:

“La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno”.

En un sentido, compartimos ahora algunas de Sus glorias – como hijos de Dios, como Sus hermanos, como miembros de Su cuerpo y coherederos con Él.
Pero en este pasaje, Él también habla de Su reino en este mundo como si ya estuviera presente. Compartiremos Su gloria al reinar con Él durante los mil años (Ap. 20:4). Cuando Él se manifieste en gloria, nosotros también seremos manifestados con Él.
De momento, el mundo ni reconoce ni estima al pueblo de Dios.

“...el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Jn. 3:1).

Pero cuando Él se manifieste en gloria, los creyentes seremos manifestados también en gloria:

“Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria” (Col. 3:4).

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:2).

Entonces el mundo verá la unión entre el Señor Jesús y Sus seguidores, y sabrá que el Padre envió al Hijo, y que Dios ama a los santos como ama a Su Hijo.
Su Gloria Presente En El Cielo

El deseo del Señor Jesús, expresado en Juan 17:24, es que los que le aman estén con Él en el cielo, para que vean Su gloria. Por fe ya podemos verle allí, coronado de gloria y de honra.

“Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos".

Su gloria ahora en el cielo es la misma que Pedro llama Su eterna gloria:
“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 P. 5:10).

Sin embargo, hay un sentido en que es diferente a Su gloria personal que tuvo antes de venir al mundo. Ahora está en el cielo como un Hombre glorificado además de la gloria de Su deidad.
Su gloria presente es una combinación de todas Sus glorias, inherentes y adquiridas. Es la gloria de Su deidad, Su humanidad, Sus atributos, Sus oficios y Su carácter. No somos llamados a compartir estas glorias, sino a regocijarnos en ellas y alabar y adorarle para siempre.
traducido por Carlos Tomás Knott
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LAS ARTIMAÑAS DEL DIABLO

No desconocemos las artimañas del diablo. Pensemos en los métodos que él emplea:
Engaño. Él es el padre de mentira, y miente desde el principio (Jn. 8:44). Se disfraza como un ángel de luz y manda a sus mensajeros disfrazados como ministros de justicia (2 Co. 11:14-15). Tergiversa la Palabra de Dios (Gn. 3:1). Hace milagros y prodigios mentirosos (2 Ts. 2:9). Busca la manera de sembrar duda y negación, y extraviar al pueblo de Dios de la sincera y pura devoción a Cristo (2 Co. 11:3). Tienta a las personas para que mientan (Hch. 5:3).
Calumnia. Es el acusador de los hermanos día y noche (Ap. 12:10).
Imitación. Posee una falsificación para todo lo que proviene de Dios. Él capacitó a los hechiceros egipcios para que imitasen los milagros de Moisés (2 Ti. 3:8). La cizaña en el reino (los hijos del malo) imita al trigo (los hijos del reino) (Mt. 13:38). Como dice J. Oswald Sanders, “Con razón San Agustín le calificó: Simius Dei, el simio (imitador) de Dios. Tiene su propia “trinidad”: el diablo, la bestia y el falso profeta; su propia iglesia: la sinagoga de Satanás (Ap. 2:9); sus propios ministros: los ministros de Satanás (2 Co. 11:15); su propio evangelio: otro evangelio (Gá. 1:6); su propia teología: doctrinas de demonios (1 Ti. 4:1); sus propios sacrificios: sacrificios ofrecidos a los demonios (1 Co. 10:20); su propia mesa y copa (1 Co. 10:21-22)”.1
Desánimo. Otra estratagema del diablo es ganar ventaja sobre el cristiano haciendo que sea “consumido de demasiada tristeza”, esto es, por el desánimo o desaliento (2 Co. 2:7-11). También puede oprimir al creyente con tristeza y desespero.
Persecución. Él anda alrededor como un león rugiente para aterrorizar y destruir (1 P. 5:8; Ap. 2:10). De hecho, el propósito invariable de este ladrón es hurtar y matar y destruir (Jn. 10:10).
Entrega Incompleta. De la misma manera que intentó persuadir al Señor Jesús para que no fuese a la cruz (Mr. 8:31-33), así intenta persuadir a los creyentes a no llevar la cruz.
Soberbia. Sabe, por experiencia propia, que la soberbia precede a la condenación (1 Ti. 3:6). Así, él emplea esta táctica con otros.
Caída Moral. Tienta a las personas a causa de su incontinencia o falta de dominio propio (1 Co. 7:5).
Falsa Doctrina. Ya en el amanecer de la civilización humana, tentó a Eva a que creyese que podía llegar a ser como Dios (Gn.3:5).
Aflicción Corporal. El aguijón en la carne de Pablo era un mensajero de Satanás que le abofeteaba (2 Co. 12:7). El diablo zarandea a los hijos de Dios por medio de circunstancias difíciles (Lc. 22:31). Toda enfermedad, sufrimiento y tragedia proceden de él, pero en la vida del creyente Dios puede transformar estas cosas para Su gloria, para el bien del cristiano y para bendición de otros.
Estorbo del Evangelio. Él arrebata la semilla de los que oyen sin profundidad (Mt. 13:19). También ciega el entendimiento de los incrédulos para que no vean la verdad y sean salvos (2 Co. 4:4).
Dilación. “Mañana”. Invita a las personas a que se demoren, a que aplacen el momento de acción y decisión, especialmente en lo referente al evangelio.
William MacDonald, de su libro: MUNDOS OPUESTOS

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“Porque de cierto morimos,
y somos como aguas derramadas por tierra...”

2 Samuel 14:14

Según el reportaje de un periódico prestigioso:
“Los jóvenes de ahora podrían
vivir hasta los 100 años”.

Pero a continuación pone tres condiciones:
1. Si tienen los genes correctos.
2. Si viven vidas sanas.
3. Si la tecnología médica se desarrolla más.
Así es la esperanza que la ciencia nos ofrece: unos pocos años más de vida, quizás, tal vez.... pero nada seguro. Las religiones que el hombre ha inventado hablan de forma parecida, diciendo que quizás iremos al cielo, si cumplimos ciertas condiciones, pero nadie puede saberlo ahora.
Amigo, debo informarle que en la Biblia Dios todavía advierte solemnemente que: “de cierto morimos”. No cabe duda. Y nos dice qué pasará después: "Porque está establecido para el hombre que muera una sola vez, y después de esto, el juicio" (Hebreos 9:27).La Palabra de Dios, nuestro Creador, no falla. ¿Está Ud. preparado para morir?
“No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día”. (Proverbios 27:1)


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Seamos Guiados Por Dios

Texto: Salmo 143
Este es un Salmo precioso que nos enseña la necesidad de ser guiados por el Señor. El versículo 10 lo enfatiza, y de ahí vamos a sacar cuatro cosas que nos ayudarán. El Salmo 23 dice que el bien y la misericordia me seguirán todos los días, pero mis hermanos, este bien está sujetado a que prestemos atención a nuestro Pastor divino, a lo que Dios dice, y le sigamos como ovejas fieles. Es importante y necesario seguir al Señor. Dios quiere la fidelidad y la obediencia de parte de los que son Suyos, y no es pedir demasiado, especialmente cuando consideramos lo que Él ha hecho por nosotros. El otro día hablé con alguien que me dijo que era creyente, y que todos lo creyentes son cristianos. Le dije que estaba equivocado porque el diablo y los demonios son creyentes – creen en Dios – pero no son cristianos. ¿Qué hacen? “También los demonios creen, y tiemblan” dice Santiago 2:19. Pero hacen su voluntad. No siguen ni adoran ni obedecen al Señor. Hay muchos seres humanos religiosos hoy en día que son como ellos, y evangélicos también entre ellos. Israel profesó ser pueblo de Dios pero no le seguía. El profeta Oseas se quejó de la ignorancia y desobediencia del pueblo. “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento” (Os. 4:6). Isaías y Jeremías protestaron la desobediencia e infidelidad del pueblo, y advirtieron que si no cambiara, vendría el juicio de Dios. Así que, para no repetir la historia de abandono y juicio, aprendamos de este Salmo cuatro cosas necesarias para ser guiados por Dios.

1. La Condición De La Súplica: “Enséñame”

La súplica de David está basada en el conocimiento de aquel que puede solucionar sus problemas. Habla de enfermedad y de angustia de alma (vv. 4, 11). Pero en el versículo 10 David dice algo muy importante: “enséñame”. Qué bonito es ser enseñado por Dios. Muchos hoy en día tienen afán de aprender y van a escuelas y universidades, y está bien, pero no quieren ni buscan aprender de Dios. Como hemos mencionado, el profeta Oseas lamentó la falta de conocimiento del pueblo. Aquí es David quien se siente ignorante y se presenta ante Dios para aprender.
Pero hoy en día la gente no quiere aprender de Dios, y en muchas llamadas iglesias enfatizan otras cosas y no la Palabra de Dios que es lo más importante. Necesitamos hacer más que acto de presencia en los cultos. Debemos presentarnos yacercarnos a Dios para aprender. En Juan 8:31-38 el Señor Jesús habla a Sus discípulos acerca de la importancia de Su Palabra en la vida de ellos. En el versículo 31 dice que debemos permanecer en Su Palabra. Es lo primordial para ser discípulo de Cristo. Los que verdaderamente son Sus discípulos son creyentes en verdad. Tenemos que pedir al Señor todos los días que Él nos ayude a aprender y hacer Su voluntad. Algunos judíos que oyeron al Señor respondieron orgullosamente diciendo que eran linaje de Abraham y libres, pero el Señor les dijo que eran esclavos. Ellos no querían aprender (vv. 37, 43), y Él les dijo que Su Palabra no hallaba cabida en ellos, y que no podían escuchar Su Palabra (v. 44), porque eran de su padre el diablo. El “pueblo de Dios” hoy en día anda mal porque sólo escucha la Palabra el domingo, nada más, como los católicos que van a misa y piensan que así han cumplido con Dios. Es una condición espiritual verdaderamente lastimosa y engañada. El Señor declaró que no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mt. 4:4). Hay que comer espiritualmente cada día. Necesitamos la Palabra para vivir en el mundo como Israel necesitaba el maná para sobrevivir en el desierto. Además, en 1 Juan 4:6 el apóstol Juan dice: “el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye”. Cuando dice “nos”, se refiere a los apóstoles que predicaron la Palabra del Señor. El creyente quiere oír y hacer caso de la Palabra. A la luz de esta declaración tenemos que cuestionar si son verdaderos muchos de los que hoy en día profesan ser creyentes pero pueden vivir tranquilamente sin la Palabra de Dios.

2. Qué Quiso David Aprender: “A Hacer Tu Voluntad”
David no sólo quería conocimiento, o información, sino que su noble deseo era hacer la voluntad de Dios. Dígame quién hoy en día tiene este afán. No quieren aprender, ni quieren obedecer. No desean hacer la voluntad de Dios sino la suya propia. Esto, a pesar de que la voluntad de Dios es buena, perfecta y agradable (Ro. 12:2). La religión de la gente que es así es teórica, no práctica. No tiene deseo de obedecer a Dios, porque está llena de sus propios deseos, opiniones y planes. El profesado pueblo de Dios hoy en día está cargado de cosas que no son de Dios, y que nunca nos pueden hacer bien ni nos traerán el favor de Dios. El Señor nos enseñó a orar así: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mt. 6:10). Y el mismo Señor puso ejemplo cuando oró en el huerto de Getsemaní: “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc. 22:42). Hermanos míos, en la voluntad está el amor. Si uno dice: “yo amo”, pero no obedece, no desea hacer Su voluntad, no ama a Dios sino a sí mismo y al mundo. Esto no es un problema pequeño, sino grande. En 1 Juan 2 la Palabra de Dios nos advierte acerca de los que dicen que conocen a Dios pero no le obedecen, no guardan Su Palabra. En el versículo 15 leemos: “Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. Y el versículo 17 dice: “el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. Aquí vemos juntos el amor, la obediencia y la voluntad. Una marca del verdadero creyente es que hace la voluntad de Dios, porque ama a Dios y desea agradarle. El diablo, el mundo y la carne se unen en nuestra contra para que no hagamos lo que Dios quiere, pero cuando hacemos la voluntad de Dios, éstos tienen que ceder ante nosotros.

3. Otra Parte Clave de la Súplica: “Porque Tú Eres Mi Dios”

Juzguemos y analicemos cuáles realmente son nuestros dioses. David reconoció a Dios como Dios de verdad, el Máximo, el Todopoderoso, el Soberano y el objeto de su fe y adoración. Confesó su fe y lealtad. Hoy en día hay otros dioses que reemplazan a Dios de manera práctica: el deporte, la política, la cacería, el dinero, las diversiones, y aun la familia. Las cosas que ocupan el lugar de primacía en los afectos y prioridades son dioses, ídolos.
Dios ampara y socorre a los que realmente son Suyos. En Hechos 4:19 los apóstoles pusieron a Dios por encima de los hombres, diciendo que hay que obedecer a Dios antes que a ellos. Pero en capítulo 5 Ananías y Safira mintieron a Dios y a los hombres porque valoraron más unas monedas. “Tú eres mi Dios” – hoy no todo el mundo puede decir esto, porque el pueblo tiene muchos dioses. A quién seguimos y servimos, quien ocupa nuestros afectos, confianza y atención, es un dios. Y bien dice la Palabra de Dios que no podemos servir a dos señores. Hay que escoger. David ya lo había hecho; lo tenía claro: “Tú eres mí Dios”, y lo respaldaba con los hechos. Dios socorre a los que confían en Él como su Dios. Los cobardes no entrarán en el cielo, porque Dios no es su Dios personalmente, no es el Máximo para ellos. Pero a Dios le agrada guiar los pasos de los que le reconocen y esperan en Él, deseando Su guía.

4. Qué Quiso Recibir: “Tu Buen Espíritu Me Guíe”

En el mundo hay muchas trampas, muchos desvíos, muchos errores, y muchos que caen en ellos de una manera u otra. La juventud hoy anda en gran peligro y necesita la guía de Dios, no la de los consejeros del mundo. David consideraba al mundo un lugar peligroso, donde había enemigos y peligros. ¡Ojalá lo viéramos así nosotros los padres, para advertir y enseñar bien a nuestros hijos, y ojalá nuestros hijos y jóvenes vieran al mundo por el gran peligro que es al creyente! Entonces se postraría cada cual delante del Señor rogando: “Tu buen espíritu me guíe”, o como cantamos: “Ni un paso sin Su ayuda”.
David no se guiaba a sí mismo, sino que buscaba la guía de Dios. Necesitamos su actitud y su oración. David quería ir “a tierra de rectitud” – cierto es que Dios no nos guiará a otro lugar. Estamos hartos de oír a algunos hacer lo que su carne quiere y luego tratar de arreglarlo diciendo que el Señor les guió. No, no es así, porque Dios nos guía sólo a lo recto. Por ejemplo, si un joven se desvía y comienza a salir con una mujer que es de una religión falsa, no diga que el Señor le guió porque de ninguna manera es así. Le guió su carne, o le guió la mujer, ¡pero no Dios! En el versículo 3 David nombra el mal que el enemigo nos hace: nos persigue, busca postrarnos y desolarnos para inmovilizarnos y angustiarnos. Para no caer derrotados por él, tenemos que acercarnos a Dios, y buscar socorro y guía de Él. En el versículo 12 vemos claramente que nuestra alma tiene enemigos y adversarios. Este mundo es como un campo de batalla lleno de minas que están para explotar si las pisamos. Por esto debemos pedir dirección a Dios. En el versículo 8 dice: “Hazme saber el camino por donde ande”. Debemos orar y pedir la guía del Señor antes de tomar cualquier decisión. Dios debe ir delante de todas nuestras decisiones. No decidas hacer algo y luego pidas la bendición de Dios, sino primero pide la guía y bendición de Dios, y Su consejo, con intención de hacerlo, ANTES de tomar la decisión, sea la compra, la compañía que guardamos, el trabajo, el noviazgo, en fin, en todo. Porque Él es Señor de todo. Recordemos esto, que el diablo también tiene sus ángeles y sus discípulos. David consideraba que vivía en un mundo alejado de Dios (v. 9), y como sabio, se refugió en Dios. No deseaba vivir separado de Dios. “En ti me refugio”, declaró. Aunque era rey y guerrero valiente, ante Dios se sentía débil, no fuerte. Para el bien de su alma, se acercaba a Dios. Y el alma es muy importante en este salmo. Se nombra en los versículos 3, 6, 8, 11 y 12. No cometamos el error de muchos, de cuidar más el cuerpo y la cara que el alma. Si el enemigo toma control de nuestra alma, nos vence. El alma pertenece al Señor, y debemos amarle y servirle con ella. Por esto David dice al final: “Porque yo soy tu siervo”. Son palabras muy importantes. Así debe ser con cada uno de nosotros. No debemos servir al mundo, sino al Señor. En Hebreos 13:20-21 el motivo de oración expresado es éste: “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén”. Es justo lo que David quería y pedía en oración en el Salmo 143. Que el Señor nos ayude a pensar, sentir, orar y hacer como él. Amén.
de un estudio dado por L.B., el 9 de marzo, 2008


jueves 22 de octubre de 2009

EN ESTO PENSAD -- OCTUBRE 2009


ASPECTOS DE LA GLORIA DE CRISTO (Parte II)

William MacDonald

Sus Glorias Adquiridas

Si nuestro Señor se hubiera quedado en el cielo, nunca habría podido ser nuestro Salvador. Pero al ir a la cruz y luego resucitar de la tumba, Él vino a ser perfecto como Salvador. Así es que leemos:

“Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos” (He. 2:10).

“y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (He. 5:9).

Claramente Él no podía ser perfeccionado en cuanto a Su Persona. Siempre ha sido perfecto en este respecto. Pero podía venir a ser el perfecto Salvador.
El Señor aludió a esta gloria adquirida cuando, anticipando el Calvario, dijo: “Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado” (Jn. 12:23b).
Además de Su gloria adquirida como Salvador perfecto, el Señor Jesús ganó otros honores mediante Su encarnación y obra de sacrificio. Sin la encarnación, nunca hubiera llegado a ser Mesías, porque el Cristo debía ser descendiente de David. Sin el Calvario, nunca hubiera sido Sumo Sacerdote, Abogado, Mediador, Intercesor, Redentor, Buen Pastor, Heredero de todo, Juez o Cabeza de la Iglesia. Nunca hubiera tenido el Nombre que es sobre todo nombre, ni hubiera sido el Primogénito de entre los muertos. Todos los títulos que son fruto de Su encarnación, muerte, sepultura y resurrección son glorias adquiridas.
Él hace referencia a otra instancia de Su gloria adquirida en Juan 17:10,

“y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos”.

El hecho de que Él sea glorificado en Sus santos es algo que sólo puede ser como resultado de Su obra en el Calvario.
En 2 Tesalonicenses 1:10a, Pablo relaciona esto de manera especial con la segunda venida del Señor:

“cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron”.

La Gloria De Su Resurrección Y Ascensión

De nuevo en Juan 17:1, nuestro Señor habla como si lo del Calvario ya hubiese sucedido. Ora pidiendo que el Padre le glorifique, esto es, levantándolo de los muertos, para que el Hijo entonces glorificase al Padre.
Tenemos un pasaje similar en Juan 13:31-32,

“Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará”.

Hablaba de Su muerte como la forma en que sería glorificado, y por la cual traería gran gloria al Padre. Parafraseando el versículo 32, podríamos decir: “Ya que Dios es glorificado por la obra de Cristo en la cruz, Dios le glorificará, esto es, levantándolo de los muertos, y lo hará pronto”. Esto es exactamente lo que sucedió: le resucitó el tercer día.
Aquí hay versículos adicionales que hablan de la gloria de Su resurrección y ascensión:

“¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?” (Lc. 24:26)

“Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Jn. 7:39).
“Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho” (Jn. 12:16).

“El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad” (Hch. 3:13).

“...recibido arriba en gloria” (1 Ti. 3:16)

“Y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios” (1 P. 1:21).

La gloria de Su resurrección y ascensión empalma con Su eterna gloria en el cielo. Son inseparables.
continuará, d.v., en el siguiente número

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¿Es nuestra música adecuada
para fines espirituales?

El Nuevo Testamento nos invita utilizar canciones, o sea, música para la adoración a Dios y la edificación de los creyentes. Pero el énfasis está en que deben ser canciones espirituales (comp. Ef. 5:19; Col. 3:16). Con respecto al texto, el criterio para evaluar lo que es espiritual y bueno para Dios y los creyentes, debe ser el contenido espiritual fundado en la Biblia. La melodía y la realización musical de los cánticos espirituales deberían apoyar al texto, conformándose a él, y contribuir a la edificación espiritual de los creyentes.
La música espiritual debe estar en consonancia con la naturaleza de Dios y la obra de Su Espíritu. A éstas pertenecen armonía, paz, afabilidad, pureza y claridad, dignidad y decencia (comp. entre otros Fil. 4:9; 1 Co. 14:33; Col. 1:10; 1 Ts. 2:12). Las canciones espirituales deben producir efectos espirituales edificantes en el oyente, tanto en lo que se refiere al texto como a la interpretación musical. El texto, que es lo principal de la música espiritual apropiada, debe ser subrayado discretamente y no cubierto con bullicio. Que no estorbe la obra del verdadero Espíritu Santo. El texto no debe discrepar de la Palabra de Dios. Las canciones espirituales deben fomentar en los oyentes las buenas cualidades espirituales mencionadas en la Biblia; no deben ser contraproducentes para este fin:

· Humildad y la negación de sí mismo en lugar de un “yo” hinchado (1 P. 5:5-6; Gá. 2:20; Ro. 12:3).
· La disposición a someterse, en lugar de rebeldía y el hecho de imponerse (Ef. 5:21).
· Paz y unanimidad en lugar de contiendas y divisiones (Gá. 5:22; Ro. 14:19; Fil. 2:2).
· Disciplina y templanza en lugar de éxtasis y excitación del “yo” (2 Ti 1:7; Tit. 2:11-12).
· Discernimiento, sobriedad y vigilancia en lugar de trance y despertar toda clase de sentimientos (1 P. 5:8; Tit. 2: 2 y 6; 2 Ti. 2:26; 1 Ts. 5:6)
· Apartarse del mundo y negación de los deseos mundanos (1 Jn 2:15-17; Stg. 1:27; Gá. 6:14; Tit. 2:12; Ro. 12:1-2)
· Quietud delante de Dios (Hab. 2:20; Zac. 2:13; 1 P. 3:4)
· Simplicidad y sencillez (2 Co. 1:12; 2 Co. 2:17; 2 Co. 11:3)

Las canciones espirituales no deben satisfacer la carne de los creyentes con sus melodías, ni tampoco excitarla (“no proveáis para los deseos de la carne”, Ro. 13:14). De manera muy especial tenemos que tener cuidado de que no despierten deseos sensuales o sexuales, fomentando la fornicación, como ocurre con la música pop y rock (1 Ts. 4:3; 1 Co. 6:18; Col. 3:5). Tampoco deben incitar a la rebelión y autorealización, a satisfacer las propias apetencias (1 Ti. 1:9; 2 Ti. 3:2; 2:22; 1 P. 2:11). No deben restringir los sentidos (“sobriedad”) y el autocontrol (1 P 5:8; 1 Ts 5:6; Tit 1:8). No deben embriagar emocionalmente al oyente (Ef 5:18) o influenciarle inconscientemente, ni tampoco distraer del contenido espiritual de las canciones.

Rudolf Ebertshäuser, págs. 21-23 de su libro, La "alabanza" carismática y la adoración bíblica en Espíritu y en verdad. Ediciones Cristianas Bibliques

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un mensaje urgente acerca del suicidio

"No Te Hagas Ningún Mal"

"Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal..." Los Hechos de los Apóstoles 16:27-28

No es muy difícil entender lo que le pasó a aquel hombre. Acabó de atestiguar la ruina de su carrera, y la pérdida de todo por una circunstancia inesperada. Repentinamente vino el terremoto, y todo se derrumbó ante sus ojos. En pocos minutos experimentó pánico, miedo y desesperación. El texto dice que: "Se iba a matar". No vio ninguna salida, y decidió matarse con su propia espada. Quizá pensaba: "mejor morir que seguir así". ¿Conoces su situación o sentimiento? Muchos, si son honestos, tendrían que decir que "sí", porque saben lo que es sentir la tentación a suicidarse. Frustrados, enojados, desengañados o deprimidos, descienden en el remolino de la depresión y la única salida que ven es ésa.
Pero el suicidio no es ninguna salida; es hacer mal. El apóstol gritó: "no te hagas ningún mal". Sí, el suicidio es un mal. Es pecado: "no matarás". Es el colmo del egoísmo. El carcelero pensaba que todo estaba mal, pero ignoraba dos cosas muy importantes, que quizá tú también ignoras:
1. Todo iba a ser mucho peor si él se matara.
2. Todo podía llegar a ser mucho mejor, para siempre, si a través de aquella situación él aceptara por fin la solución de Dios, que es la salvación en el Señor Jesucristo.
Amigo, amiga, lo mismo te digo. "No te hagas ningún mal". Por mala, negra y desesperada que sea tu situación, ten en cuenta dos cosas:
1. Si te matas, será tu pecado final, y no solucionarás nada, sino que irás de mal en peor. Saltarás de la sartén al fuego. Te harás mal. No lo deseo y más cierto es que Dios no lo desea. Recuerda: No es la solución.
2. ¡Hay esperanza! Todo podría llegar a ser mucho mejor, para siempre, si por fin, aunque sea a través de esta situación, tu depresión, humillación o desesperación, tú aceptaras por fin la solución de Dios, que es la salvación en el Señor Jesucristo.
Dios no quiere hacerte mal, sino mucho bien. Pero, ¡qué difícil es hacerte escuchar! Aquel carcelero no escuchó hasta llegar a ese punto tan extremo en su vida. Y quizá para esto mismo tú hayas tenido que sufrir un "terremoto" , quebrantos o pérdidas, y quizá aún llegar al lugar donde contemplas lo impensable, para que por fin estés dispuesto a escuchar y aceptar la ayuda que Dios tanto quiere darte. ¿No ves que tu religión, filosofía y sociedad no tienen la respuesta? Entonces, permíteme presentarte con la verdadera buena noticia, el Evangelio: borrón completo, vida nueva y eternidad feliz. ¿Estás interesado? Espero que sí. Espero tu respuesta, pero mientras tanto, como amigo te ruego: "no te hagas ningún mal".

escrito por Juan Soldado Medina y Carlos Tomás Knott

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lunes 28 de septiembre de 2009

EN ESTO PENSAD -- OCTUBRE 2009

ASPECTOS DE LA GLORIA DE CRISTO (Parte II)

William MacDonald

Sus Glorias Adquiridas

Si nuestro Señor se hubiera quedado en el cielo, nunca habría podido ser nuestro Salvador. Pero al ir a la cruz y luego resucitar de la tumba, Él vino a ser perfecto como Salvador. Así es que leemos:

“Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos” (He. 2:10).
“y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (He. 5:9).

Claramente Él no podía ser perfeccionado en cuanto a Su Persona. Siempre ha sido perfecto en este respecto. Pero podía venir a ser el perfecto Salvador.
El Señor aludió a esta gloria adquirida cuando, anticipando el Calvario, dijo: “Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado” (Jn. 12:23b).
Además de Su gloria adquirida como Salvador perfecto, el Señor Jesús ganó otros honores mediante Su encarnación y obra de sacrificio. Sin la encarnación, nunca hubiera llegado a ser Mesías, porque el Cristo debía ser descendiente de David. Sin el Calvario, nunca hubiera sido Sumo Sacerdote, Abogado, Mediador, Intercesor, Redentor, Buen Pastor, Heredero de todo, Juez o Cabeza de la Iglesia. Nunca hubiera tenido el Nombre que es sobre todo nombre, ni hubiera sido el Primogénito de entre los muertos. Todos los títulos que son fruto de Su encarnación, muerte, sepultura y resurrección son glorias adquiridas.
Él hace referencia a otra instancia de Su gloria adquirida en Juan 17:10,

“y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos”.

El hecho de que Él sea glorificado en Sus santos es algo que sólo puede ser como resultado de Su obra en el Calvario.
En 2 Tesalonicenses 1:10a, Pablo relaciona esto de manera especial con la segunda venida del Señor:

“cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron”.

La Gloria De Su Resurrección Y Ascensión

De nuevo en Juan 17:1, nuestro Señor habla como si lo del Calvario ya hubiese sucedido. Ora pidiendo que el Padre le glorifique, esto es, levantándolo de los muertos, para que el Hijo entonces glorificase al Padre.
Tenemos un pasaje similar en Juan 13:31-32,

“Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará”.

Hablaba de Su muerte como la forma en que sería glorificado, y por la cual traería gran gloria al Padre. Parafraseando el versículo 32, podríamos decir: “Ya que Dios es glorificado por la obra de Cristo en la cruz, Dios le glorificará, esto es, levantándolo de los muertos, y lo hará pronto”. Esto es exactamente lo que sucedió: le resucitó el tercer día.
Aquí hay versículos adicionales que hablan de la gloria de Su resurrección y ascensión:

“¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?” (Lc. 24:26)
“Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Jn. 7:39).

“Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho” (Jn. 12:16).

“El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad” (Hch. 3:13).
“...recibido arriba en gloria” (1 Ti. 3:16)

“Y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios” (1 P. 1:21).

La gloria de Su resurrección y ascensión empalma con Su eterna gloria en el cielo. Son inseparables.
continuará, d.v., en el siguiente número

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¿Es nuestra música adecuada
para fines espirituales?

El Nuevo Testamento nos invita utilizar canciones, o sea, música para la adoración a Dios y la edificación de los creyentes. Pero el énfasis está en que deben ser canciones espirituales (comp. Ef. 5:19; Col. 3:16). Con respecto al texto, el criterio para evaluar lo que es espiritual y bueno para Dios y los creyentes, debe ser el contenido espiritual fundado en la Biblia. La melodía y la realización musical de los cánticos espirituales deberían apoyar al texto, conformándose a él, y contribuir a la edificación espiritual de los creyentes.
La música espiritual debe estar en consonancia con la naturaleza de Dios y la obra de Su Espíritu. A éstas pertenecen armonía, paz, afabilidad, pureza y claridad, dignidad y decencia (comp. entre otros Fil. 4:9; 1 Co. 14:33; Col. 1:10; 1 Ts. 2:12). Las canciones espirituales deben producir efectos espirituales edificantes en el oyente, tanto en lo que se refiere al texto como a la interpretación musical. El texto, que es lo principal de la música espiritual apropiada, debe ser subrayado discretamente y no cubierto con bullicio. Que no estorbe la obra del verdadero Espíritu Santo. El texto no debe discrepar de la Palabra de Dios. Las canciones espirituales deben fomentar en los oyentes las buenas cualidades espirituales mencionadas en la Biblia; no deben ser contraproducentes para este fin:

· Humildad y la negación de sí mismo en lugar de un “yo” hinchado (1 P. 5:5-6; Gá. 2:20; Ro. 12:3).
· La disposición a someterse, en lugar de rebeldía y el hecho de imponerse (Ef. 5:21).
· Paz y unanimidad en lugar de contiendas y divisiones (Gá. 5:22; Ro. 14:19; Fil. 2:2).
· Disciplina y templanza en lugar de éxtasis y excitación del “yo” (2 Ti 1:7; Tit. 2:11-12).
· Discernimiento, sobriedad y vigilancia en lugar de trance y despertar toda clase de sentimientos (1 P. 5:8; Tit. 2: 2 y 6; 2 Ti. 2:26; 1 Ts. 5:6)
· Apartarse del mundo y negación de los deseos mundanos (1 Jn 2:15-17; Stg. 1:27; Gá. 6:14; Tit. 2:12; Ro. 12:1-2)
· Quietud delante de Dios (Hab. 2:20; Zac. 2:13; 1 P. 3:4)
· Simplicidad y sencillez (2 Co. 1:12; 2 Co. 2:17; 2 Co. 11:3)

Las canciones espirituales no deben satisfacer la carne de los creyentes con sus melodías, ni tampoco excitarla (“no proveáis para los deseos de la carne”, Ro. 13:14). De manera muy especial tenemos que tener cuidado de que no despierten deseos sensuales o sexuales, fomentando la fornicación, como ocurre con la música pop y rock (1 Ts. 4:3; 1 Co. 6:18; Col. 3:5). Tampoco deben incitar a la rebelión y autorealización, a satisfacer las propias apetencias (1 Ti. 1:9; 2 Ti. 3:2; 2:22; 1 P. 2:11). No deben restringir los sentidos (“sobriedad”) y el autocontrol (1 P 5:8; 1 Ts 5:6; Tit 1:8). No deben embriagar emocionalmente al oyente (Ef 5:18) o influenciarle inconscientemente, ni tampoco distraer del contenido espiritual de las canciones.

Rudolf Ebertshäuser, págs. 21-23 de su libro, La "alabanza" carismática y la adoración bíblica en Espíritu y en verdad. Ediciones Cristianas Bibliques
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un mensaje urgente acerca del suicidio

"No Te Hagas Ningún Mal"


"Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal..." Los Hechos de los Apóstoles 16:27-28

No es muy difícil entender lo que le pasó a aquel hombre. Acabó de atestiguar la
ruina de su carrera, y la pérdida de todo por una circunstancia inesperada. Repentinamente vino el terremoto, y todo se derrumbó ante sus ojos. En pocos minutos experimentó pánico, miedo y desesperación. El texto dice que: "Se iba a matar". No vio ninguna salida, y decidió matarse con su propia espada. Quizá pensaba: "mejor morir que seguir así". ¿Conoces su situación o sentimiento? Muchos, si son honestos, tendrían que decir que "sí", porque saben lo que es sentir la tentación a suicidarse. Frustrados, enojados, desengañados o deprimidos, descienden en el remolino de la depresión y la única salida que ven es ésa.
Pero el suicidio no es ninguna salida; es hacer mal. El apóstol gritó: "no te hagas ningún mal". Sí, el suicidio es un mal. Es pecado: "no matarás". Es el colmo del egoísmo. El carcelero pensaba que todo estaba mal, pero ignoraba dos cosas muy importantes, que quizá tú también ignoras:
1. Todo iba a ser mucho peor si él se matara.
2. Todo podía llegar a ser mucho mejor, para siempre, si a través de aquella situación él aceptara por fin la solución de Dios, que es la salvación en el Señor Jesucristo. Amigo, amiga, lo mismo te digo. "No te hagas ningún mal". Por mala, negra y desesperada que sea tu situación, ten en cuenta dos cosas:
1. Si te matas, será tu pecado final, y no solucionarás nada, sino que irás de mal en peor. Saltarás de la sartén al fuego. Te harás mal. No lo deseo y más cierto es que Dios no lo desea. Recuerda: No es la solución.
2. ¡Hay esperanza! Todo podría llegar a ser mucho mejor, para siempre, si por fin, aunque sea a través de esta situación, tu depresión, humillación o desesperación, tú aceptaras por fin la solución de Dios, que es la salvación en el Señor Jesucristo.
Dios no quiere hacerte mal, sino mucho bien. Pero, ¡qué difícil es hacerte escuchar! Aquel carcelero no escuchó hasta llegar a ese punto tan extremo en su vida. Y quizá para esto mismo tú hayas tenido que sufrir un "terremoto" , quebrantos o pérdidas, y quizá aún llegar al lugar donde contemplas lo impensable, para que por fin estés dispuesto a escuchar y aceptar la ayuda que Dios tanto quiere darte. ¿No ves que tu religión, filosofía y sociedad no tienen la respuesta? Entonces, permíteme presentarte con la verdadera buena noticia, el Evangelio: borrón completo, vida nueva y eternidad feliz. ¿Estás interesado? Espero que sí. Espero tu respuesta, pero mientras tanto, como amigo te ruego: "no te hagas ningún mal".
escrito por Juan Soldado Medina y Carlos Tomás Knott

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martes 1 de septiembre de 2009

EN ESTO PENSAD -- SEPTIEMBRE 2009

Aspectos De La Gloria De Cristo

William MacDonald

Cuando hablamos de las glorias de Cristo, nos referimos a la excelencia suprema de Su Persona, Su posición o Su obra. Podría significar Sus perfecciones morales y espirituales que vemos con los ojos de la fe mediante la Palabra de Dios. También podría significar Su visible magnificencia y esplendor en el cielo en el tiempo presente o cuando vuelva a la tierra como Rey de reyes y Señor de señores.
Es imposible enumerar las glorias del Señor Jesucristo. Sobrepasan el vocabulario humano. En este capítulo nos limitamos a siete aspectos de aquella gloria que se hallan en las sagradas Escrituras.

Su Gloria Personal, Original, Como Dios El Hijo

Esto se refiere a todas las excelencias y perfecciones de la deidad de Cristo. Es una gloria que es eterna e inherente. Él es nada menos que el resplandor de la gloria de Dios (He. 1:3). El Señor Jesús no podía vaciarse de esta gloria ni dejarla en el cielo, porque es una parte intrínseca de Su persona. Ella incluye todos Sus maravillosos atributos y virtudes. Al venir a la tierra, Él cubrió esta gloria con un velo – un cuerpo de carne – pero estaba allí todo el tiempo, y en ciertos momentos brilló, como por ejemplo en Su transfiguración (Mt. 17:1-8; Mr. 9:1-8; Lc. 9:28-36).

Su Gloria Posicional En El Cielo

Desde la eternidad el Señor Jesús ocupaba una posición de honor y de esplendor indescriptibles. Él era continuamente la delicia de Su Padre y el objeto de la adoración de los ángeles. Pero ante la necesidad de redimir a los seres humanos, Él no sintió que tenía que aferrarse a esa posición a todo coste. Al contrario, se despojó a sí mismo (Fil 2:7a), tomó forma de siervo, y vino al mundo hecho semejante a los hombres. Sin duda Carlos Wesley pensaba en esta gloria posicional al escribir estas palabras: “Manso, Su gloria deja, nace para que el hombre no muera”.1
Es de extremada importancia reconocer que al despojarse así el Salvador, se refiere sólo a Su posición en el cielo; no a Su Persona. Por ejemplo, un príncipe puede dejar el palacio para vivir en una selva, pero no hay forma en que pueda dejar de ser quién es, un príncipe.
En Juan 17:5, el Salvador oró así: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. En otras palabras, Él pedía la restauración de aquella gloria posicional que Él tuvo con el Padre pero que abandonó al venir al mundo.

La Gloria De Su Vida En El Mundo Como El Hijo Del Hombre

Como un hombre en el mundo, el Señor Jesucristo era glorioso en los milagros que hizo. Por esto leemos así: “Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria...” (Jn. 2:11a). Era glorioso en las perfecciones de Su carácter. No conoció pecado, no hizo pecado y no hubo pecado en Él (2 Co. 5:21; 1 P. 2:22; 1 Jn. 3:5). Era tan maravillosamente perfecto que no podía hacer nada por Su propia voluntad. Sólo podía hacer aquellas cosas que el Padre le diera (Jn. 5:19)2, y sólo podía hablar lo que el Padre le decía (Jn. 12:49; 17:8). Pilato tuvo que admitir que no hallaba pecado en Él (Lc. 23:14, 22; Jn. 18:38; 19:4, 6). La decisión de Herodes fue que Cristo no había hecho nada digno de muerte (Lc. 23:15). Uno de los ladrones crucificados al lado Suyo testificó que Jesús no había hecho nada malo (Lc. 23:41). Aun Judas confesó que había traicionado sangre “inocente” (Mt. 27:4).
El Salvador no sólo era glorioso en Su impecabilidad, sino también en Sus palabras. Las personas de Nazaret se maravillaron oyendo las palabras de gracia que salieron de Sus labios (Lc. 4:22). Los alguaciles enviados a detenerle confesaron: “Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre” (Jn. 7:46). Era glorioso en Su humanidad perfecta. Esto se conoce como la gloria moral de nuestro Señor Jesucristo.
continuará, d.v. en el siguiente número

Notas:
1 De su himno en inglés: “Hark The Herald, Angels Sing”.
2 Esto de paso contesta la pregunta de algunos: “¿Jesús podía haber pecado?” Sólo podía hacer lo que veía hacer al Padre, y esto excluye el pecado. Él siempre hacía lo que agradaba al Padre (Jn. 8:29), y esto también excluye el pecado.
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LA MÚSICA ESPIRITUAL Y LA DE LA GRAN RAMERA
Es interesante notar que, en los pasajes del Nuevo Testamento en que se habla de la música, aparece también la música que está al servicio de Satanás, de la que encontramos dos menciones. En el relato de la caída de la gran Ramera, Babilonia, vemos que la música pagana desempeña un papel importante en la seducción de los hombres hasta el final. Junto a otros métodos, la gran Ramera utiliza la música para darles a beber el "vino del furor de su fornicación" (Ap. 18:3): "Y voz de tañedores de arpas, y de músicos, y de tañedores de flautas y de trompetas, no será más oída en ti..." (Ap. 18:22-23). También es relevante para la Iglesia la segunda mención de la música que es contraria a Dios; la hallamos en la advertencia que hizo el apóstol Pablo a los corintios para que se alejaran de toda participación en la idolatría pagana: "Ni seáis honradores de ídolos, como algunos de ellos, según está escrito: Sentóse el pueblo a comer y a beber, y se levantaron a jugar" (o tocar, cantar o bailar). (1 Co. 10:7).Más adelante hablaremos nuevamente de esta advertencia contra la música en la idolatría pagana.
El Nuevo Testamento nos permite contemplar el canto de alabanza de los redimidos del Cordero en la gloria celestial. En Apocalipsis 5:8-9 hallamos la nueva canción de los veinticuatro ancianos ante el Cordero, con acompañamiento de arpas; en Apocalipsis 14:2-3 hallamos la nueva canción de los arpistas y de los 144.000 delante del Cordero; en Apocalipsis 15:2-4 tenemos el cántico de Moisés entonado por los que vencieron a la bestia, con acompañamiento de arpas. Haremos bien en reflexionar a menudo sobre estas escenas de adoración celestial inspiradas por Dios, para comprender más profundamente el carácter de la verdadera adoración y para poder reconocer mejor su falsificación.
En dichas descripciones, hallamos reverencia y sometimiento, humildad y abstención de toda autorrealización; hallamos armonía celestial y un deseo de honrar y glorificar en el espíritu al Dios eterno y al Cordero. Si comparamos esta adoración celestial, a la que todos somos llamados, con el ruido de las guitarras eléctricas, batería y órganos electrónicos, combinado con baile y embriaguez extática, cosas que actualmente se valoran como "alabanza y adoración", el contraste nos debería abrir los ojos, nos debería avergonzar y asustar. ¡Cuánto nos hemos alejado ya de la verdad de Dios!

Rudolf Ebertshäuser, págs. 19-20 de su libro, La "alabanza" carismática y la adoración bíblica en Espíritu y en verdad. Ediciones Cristianas Bibliques
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¿Cómo Debemos Orar?

ORAR = Hablar Con Dios. Adorar. Alabar. Expresar Gratitud. Presentarle nuestros problemas y quejas. Pedir. 1 S. 1:26-27; Mt. 21:22; Stg. 1:5

Algunas Formas De Oración:
CLAMAR = Pedir con exigencia vehemente. Lam. 3:56; Lc. 18:7
IMPLORAR = Pedir con lágrimas. Is. 38:5; He. 5:7
INTERCEDER = Pedir a favor de otros. Est. 4:8; He. 7:25
INVOCAR = Pedir alegando lo prometido. Gn. 4:26; Ro. 10:13
ROGAR = Pedir con insistencia y ahínco. Éx. 33:13; 1 Ti. 2:1
SUPLICAR = Pedir con humildad y sumisión. 1 R. 8:38-39; Hch. 21:5
BENDECIR = Hablar bien. Alabar. Adorar.
IMPRECAR = Someter una queja, denunciar y pedir juicio.

Es el termómetro: revelador del calor y la salud espiritual en la iglesia.
Es el diálogo: medio de comunión consciente con nuestro Padre celestial.
Es la mano: que pide Sus bendiciones, consejos, guía, sabiduría.
Es la mejor arma: para combatir el diablo, acercándonos a Dios en oración.
Es la respiración: el aliento vital del creyente. Una de las señales de una conversión verdadera es la oración (Hch. 9:11). ¿Cómo va tu vida de oración?
Carlos

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Una calurosa bienvenida cristiana te espera entre los hermanos de la
ASAMBLEA BÍBLICA "BETEL"
Calle Torreblanca, nº6 (detrás de la muralla Macarena), 41003 Sevilla
Correspondencia: Apartado 1313, 41080 Sevilla, España

Horario de cultos semanales:
domingo: 11:00 mañana - Cena del Señor y Exposición Bíblica
7:00 tarde Predicación
jueves: 8:00 tarde - Oración y Reflexión de la Palabra

"Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones". Hechos 2:42
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