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jueves, 5 de marzo de 2015

EN ESTO PENSAD -- marzo 2015

   El Buey y El Asno – Dos Figuras del Siervo

S. J. Saword

“Dichosos vosotros los que sembráis junto a todas las aguas, y dejáis libres al buey y al asno” (Isaías 32:20).

Este escrito fue preparado originalmente en inglés y basado en una traducción donde la segunda parte del versículo es parecida a la Reina-Valera de 1909, “...y metéis en ella el pie de buey y de asno”, y de la Versión Moderna de 1893, “...que enviáis a tales labores el pie del buey y del asno”.

   Isaías está hablando en nuestro pasaje de la bendición milenaria cuando “sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil”. Bienaventurados, o dichosos, dice el profeta, aquellos que en esas circunstancias siembran la semilla del santo evangelio junto a todas aguas – a toda clase de gente, en todo lugar – en aquella ocasión.
    Tanto para ellos como para nosotros, la evangelización consiste en (1) sembrar junto a todas aguas, y (2) enviar a tales labores el buey y el asno. Estas bestias se emplean en el versículo como figuras del pionero que lleva el evangelio a donde no es conocido. La responsabilidad y el privilegio de todo hijo de Dios en estos tiempos es de apoyar a los “bueyes” y “asnos” en su servicio para el Señor donde la obra es recia (dura).
    Hay una alusión hermosa a estos animales en aquel pasaje maravilloso que es Mateo 11:30, “mi yugo es fácil”, para el buey – y “ligera mi carga”, para el asno.
   
El buey
    Desde tiempos antiguos el buey ha sido el gran pionero. Sin resistir la dirección que su amo impone, él brega pacientemente en el lodo, el bosque y las tierras vírgenes. Ríos, piedras, sol, sed, moscas, cansancio; todo esto lo conoce y lo soporta. Come lo que haya y reposa donde pueda. Su forma natural es poco atractivo, y si el animal es admirado, es por la labor que realiza.
    Las Escrituras emplean esta bestia para darnos un retrato fiel de nuestro bendito Señor en Su ministerio terrenal. Él se sometía de muy buena voluntad a la dirección de Su Padre, no sólo en llevar el yugo sino en presentarse al fin para el sacrificio sobre el altar. El tipo bíblico ha encontrado su perfecto cumplimiento – y ha sido superado con creces – en la persona del humilde Siervo de Jehová. Sus pies midieron pacientemente cada centímetro del camino accidentado; Su amor venció todo obstáculo; Su santo celo triunfó sobre toda ira del hombre y sutileza de Satanás. Él hizo en su plenitud la obra que el Padre le había dado que hiciese.
    Ahora todo ha sido realizado; los padecimientos están atrás y Él ha entrado en Su gloria. Su poder soberano se despliega en la tierra en dar vida a pecadores muertos en el pecado. Y Su mandato majestuoso a los Suyos es: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.
    Pablo el apóstol fue una réplica fiel del modelo divino. Al preguntar: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”, él dobló su cerviz pretenciosa para recibir el yugo humilde de su Maestro, y de allí en adelante su vida y fuerza fueron entregadas al servicio de su Amo. Lejos de las vias bien transitadas, en regiones olvidadas por otros, aquel esclavo del Señor hizo saber las buenas nuevas de la salvación.
    Pablo resolvió no “entrar en la obra de otro para gloriarnos en lo que ya estaba preparado” (2 Co. 10:16). Sus intereses propios no le influenciaron en las crisis, tal fue su afán por proseguir al blanco. Impertérrito ante las dificultades, impávido ante los sufrimientos, inalterable en los momentos adversos, su ambición noble fue la de pelear la buena batalla, acabar la carrera y guardar la fe. Él sabía que le está guardada una corona de justicia que el Señor, Juez Justo, le dará en un día venidero.

El Asno
    El humilde asno es la otra figura de servicio en el evangelio que emplea el profeta. Se destaca como animal de carga, como leemos en Génesis 49:14-15 de Isacar: “asno fuerte...bajó su hombro para llevar, y sirvió en tributo”.
    El siervo que desea ser un verdadero pionero tendrá que llevar cargas, como hizo su bendito Maestro. Él sentirá el peso del mensaje divino que lleva y de las almas a quienes busca. Tendrá gran compasión por los que se pierden, anhelando profundamente su salvación. Además, en la medida en que Dios le permita ver conversiones, sentirá la carga del cuidado de los nuevos en la fe y se preocupará por el bienestar de las asambleas.
    El asno es indefenso si se encuentra solo en los campos, y está expuesto a los ataques nocturnos de bestias feroces. Pero, es idóneo para los senderos estrechos de las montañas, muchas veces muy pendientes y solitarios, donde el buey nunca podría servir. Es evidente, entonces, que el Amo tiene un ministerio para cada uno.

Nosotros
    Desde que los primeros fieles pioneros del evangelio renunciaron todo para penetrar en los rincones apartados del planeta, el mundo se ha emocionado ante los relatos de héroes y mártires de la Cruz. Algunos han realizado grandes hazañas y cautivado la imaginación de jóvenes y mayores, pero también ha habido otros siervos de Cristo igualmente fieles y dedicados, que han desempeñado el ministerio del buey o del asno fuera de la vista y casi sin el conocimiento del pueblo del Señor.
    Estos bueyes y asnos también han metido el pie para sembrar junto a todas las aguas. Más les agrada, o mejor hacen, al servir en campos y senderos lejanos que estar bajo el reflector de las urbes de “la civilización”. Que el Señor nos guarde de la superficialidad del interés que se limita a aquellos cuyos nombres y actividades gozan de popularidad, y que Él nos ayude a cuidar a aquellos cuya humildad les mantiene en servicio constante y paciente, haciendo la voluntad de Dios de corazón sincero.
    Es tan palpante como siempre la necesidad de los que asumen el yugo del buey y llevan la carga del asno en la obra del Señor. ¿Estamos nosotros sembrando junto a todas las aguas? ¿Estamos “metiendo el pie” de otros en aguas lejanas, para que sean pioneros en la gran obra del evangelio? “Dichosos” los que lo hacen, dice el profeta.


Fuente: Nuestra Santificación, una compilación de artículos escritos por S.J. Saword (1894-1988), publicado en Venezuela, 1999, y utilizado con permiso en “Congregados En Mi Nombre” en 2003.

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El Arrepentimiento del Hijo Pródigo  

Charles Stanley

    Uno de los mejores ejemplos del arrepentimiento genuino se halla en Lucas 15:11-24 en la historia del hijo pródigo. El joven en la parábola pidió a su padre su herencia para que él la gastara y viviera como a él le parecía. Pero, no había pasado mucho tiempo y ya lo había derrochado todo. Entonces se encontró en una situación terrible–apacentando cerdos y enfrentando hambre. Los versículos 16-17 nos dicen: “Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!”
    La pena de quedarse desamparado es parte de la disciplina divina y el proceso de castigo y corrección. El camino del transgresor es duro (Pr. 13:15). Los que los apoyan o cobijan, en realidad dificultan su arrepentimiento, ayudándoles a seguir en su rebeldía. No obran en comunión con Dios, sino con el diablo y el pecado. No nos engañemos; no es un acto de misericordia ayudar a un rebelde no arrepentido.
    Desamparado, aquel joven llegó a reconocer su condición desesperada–entendió que su manera de vivir era mala y destructiva. Por lo tanto, no sólo sintió remordimiento por sus hechos, sino que también cambió su comportamiento. No sentía resentimiento hacia los demás, sino tristeza por sus propios pecados. Reconoció que él mismo era el problema. Los versículos 18-19 informan: “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros”. Es la única manera de hallar perdón y bendición. Con esta parábola el Señor nos enseña el camino de vuelta a Dios.

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 EL LIBRO DEL MES

VELAD EN ORACIÓN, por Lucas Batalla 

    La oración es a la vez una necesidad y un deber. Es un trabajo, un ministerio y un arma potente. Es parte clave de la comunión con Dios. Es el aire nativo y la respiración vital del creyente. El que ora confiesa que depende de Dios y espera en Él. Por todas estas razones Satanás no quiere que los cristianos oren en su vida personal, ni que las iglesias se reúnan para orar. En nuestros tiempos muchos confiesan que la oración es la parte menos desarrollada y practicada en su vida.
    El autor nos enseña y anima para que hagamos caso de la exhortación del apóstol Pedro: “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración”(1 P. 4:7).
precio: 4,80 Euros más gastos de envío

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EL QUIJOTE
MUCHOS LO TIENEN.
POCOS LO LEEN.

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...”
Así comienza la obra famosa de Miguel de Cervantes, y con estas mismas palabras termina el conocimiento del libro para la mayoría de la gente. Muchos tienen El Quijote, y es alabado como obra literaria. Pero pocos lo leen. ¿Tú lo has leído enteramente, del principio hasta el final, sin saltar nada? ¿Todo el libro? Si es así, te felicito, porque perteneces a un grupo muy reducido de lectores que tienen derecho de hablar del Quijote, porque lo han leído.
    ¿Y sabes qué? Dicen que en España hay dos libros que casi todos coleccionan, y casi nadie lee. El Quijote es uno de ellos, como venimos diciendo, pero, ¿cuál es el otro?    Es la Sagrada Biblia. “En el principio Dios creyó los cielos y la tierra”.  Así comienza la Palabra de Dios, y con estas mismas palabras termina el conocimiento del libro para la mayoría de la gente. Muchos tienen La Biblia, algunos la alaban como obra literaria, pero muchos la critican. Sí, son MUCHOS sus críticos y POCOS sus lectores. ¿Qué te parece? ¿Tú la has leído enteramente, de principio hasta el final, de Génesis hasta Apocalipsis, sin saltar nada? Si es así, te felicito, porque perteneces a un grupo muy reducido de lectores que tienen derecho de hablar de la Biblia, porque la han leído.
    A los demás, especialmente aquellos que siempre están criticando la Biblia, les decimos que si no la han leído enteramente, no tienen derecho a criticarla. Su crítica carece de peso, puesto que realmente desconocen la obra. Oh, sí, han leído algún texto salteado, o artículo de las que aparecen en revista, periódicos o internet, donde criticaba la Biblia, y se lo han tragado entero, sin conocer personalmente la obra criticada. O en el instituto o en la universidad le han dicho que la Biblia está llena de errores, etcétera. Y se lo han creído. Pero es incorrecto e injusto proceder así. Primero hay que leerla. Si no, no sabes de qué habla; sólo sabes lo que otros te han dicho.
    Jesucristo dijo que la Palabra de Dios es verdad (S. Juan 17:17). Los Salmos pronuncian bendición sobre los que meditan en la Palabra de Dios (Salmo 1). Los profetas de Dios alabaron la Palabra de Dios. El apóstol S. Juan promete bendición sobre los que leen el libro de Apocalipsis. Así que, simplemente te animamos a leer la Biblia. No tiene nada que perder, y hay mucho que ganar.
            Aquí en nuestra congregación, leemos y estudiamos la Biblia. Si deseas, puedes asistir y conocerla con nosotros, sin obligación ni compromiso alguno.

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EL REMANENTE:
UNA DOCTRINA ALARMANTE
II

A. W. Tozer
 
tinteros antiguos

(viene del número anterior)
    Y Cristo dijo: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lc. 18:8). No dijo que no encontraría fe, sino “¿encontrará fe en la tierra?” Por lo tanto, durante la segunda venida de Cristo será como fue en los tiempos de Noé; y en aquellos días, Noé, la octava persona, fue salva por el agua, por el arca. El resto de los habitantes se ahogó.
    Si aún quiere más respaldo para esta doctrina, lea la historia de la Iglesia. Un pequeño grupo, un resto sobreviviente, mantuvo siempre la fe mientras los demás daban las cosas por hechas.

Conocidos por su fruto

    ¿Sabe cuál es el problema que tenemos como Iglesia hoy día? Que nos damos por hechos. Suponemos algo que puede no ser cierto; es algo que se fundamenta en muchos casos en una esperanza, no en una experiencia bíblica sólida. No nos han perturbado lo suficiente. No hemos permitido que Dios grabe surcos en nuestra espalda. No hemos osado presentarnos ante Dios para que nos examine. Hemos tenido miedo de lo que encuentre Dios, y preferimos esperar. Por consiguiente, hemos aguardado y nos hemos aposentado. Siempre ha habido un pequeño remanente, que se ha situado en medio de todos los demás. Puede que un millón desee con sus labios y los use para adorar, pero sólo un pequeño grupo adora de verdad en sus corazones de un modo que honra y complace a Dios.
    Cuando veamos abierta la puerta de una iglesia, y a una multitud que sale de ella y ocupa las aceras, no debemos imaginar que esto sea indicativo de una profunda espiritualidad o de un alto grado de santidad. Sigámosles a sus casas. Sigámosles dos calles y veamos cómo viven. Ésa es la forma de descubrirlo. “Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:20).
    Pidámosles que nos guíen en oración. Anunciemos una reunión de oración y veremos cómo se marchan. Anunciemos una fiesta, y veremos cómo acuden. En la Iglesia de Dios, los indicadores de “irse o quedarse” son los siguientes: cuando dice ir, “fiesta”; cuando dice no ir, “reunión de oración”. La Iglesia de Dios sigue esta pauta, y sonreímos al pensar en ello, pero es alarmante. No quiero presentarme ante el Señor tras haber tranquilizado y halagado a las personas de modo que tengan la sensación falsa de disfrutar una seguridad espiritual confortable.
    Leamos la historia de la Iglesia y veamos a los pocos, el remanente, que vivieron entre los demás. Leamos sobre los valdenses, los Amigos de Dios, los hermanos de la vida común, y veremos cuán pocos eran, pero cuántos iban “a la iglesia”. Es posible adorar a Dios con nuestros labios y no con nuestras vidas. Si su vida no adora a Dios, sus labios tampoco lo hacen.
    Me preocupa toda esa gente a la que veo cantando el Mesías de Händel, sobre todo durante la Navidad, y sin tener ni la más remota idea de lo que dice. Se ponen en pie y cantan: “vengan a Él, vengan a Él” sin saber lo que significa. Cuando Händel escribió su obra, dijo: “Cuando la concluí, me pareció ver el cielo abierto y a todos los ángeles de Dios reunidos”. Así es cómo se sentía. Pero muchos de nosotros la cantamos y la disfrutamos sólo como una pieza musical. Venimos, cantamos himnos en la iglesia, y sólo disfrutamos la dignidad de la música y un descanso del rock and roll.
    Leemos sobre el remanente 600 años antes de que naciera Cristo, en Ezequiel 9:1-6. Decimos: “Comienza por el Kremlin, oh Dios; comienza por el Kremlin y destruye a todos esos desgraciados paganos”. Dios dice: “Comenzaréis por mi santuario”.
    Decimos: “Señor, desciende a ese lugar donde hombres reunidos en habitaciones en penumbra sorben cerveza; ve hasta allí, oh Señor, blandiendo tu espada”. Dios dice: “Empiecen en los escalones de mi iglesia. Empiecen por mi santuario”.
    Decimos: “Ve a esa iglesia en la que el pastor niega la Biblia y no predica otra cosa que poesía”. Dios dice: “Empiecen por mi santuiario”.
    Pero Él nos dice: “Estén atentos, busquen la señal en la frente”. Es una marca indeleble. Envió al hombre vestido de lino con un tintero y tinta indeleble, y dijo: “Ve y señálalos, márcalos”.
    “¿A cuáles señalaré? ¿A los que se ponen en pie y oran durante más tiempo? ¿A aquellos que ofrendan más para las misiones?”
    “No, no” repuso Él, “ése no es el criterio adecuado. Éste es el baremo en tiempos corruptos: quienes suspiran y lloran por todas las abominaciones que surgen en medio de Jerusalén”.
    Eso es todo lo que tienen que hacer. Hay cosas parecidas a una ola del mar: podemos tenernos de pie y ni el mismo Pablo podría hacerla retroceder, porque le derribaría. Pero no tenemos por qué llevar la señal del remanente en la frente, ni tampoco tener éxito ni ser populares. Sólo tenemos que suspirar y clamar por las abominaciones que tienen lugar en la Tierra hoy.
    No puedo evitar que las personas hagan lo que hacen, pero al menos puedo lamentarme porque no dejen de hacerlo; y eso es algo que pienso hacer. Haré que mis lágrimas rieguen las huellas de quienes se descarrían. Y cuando las iglesias no retornen a los estándares del Nuevo Testmaento ni adoren al Señor nuestro Dios en la hermosura de la santidad, si no puedo lograr que lo hagan o convencerles de que actúen así, en estos momentos terribles de crisis al menos podré llorar porque no regresan a Dios. Y, si no puedo llorar, podré suspirar.
    No sé qué nos depara el futuro. Pero sé una cosa: en lugar de traicionar a la grey de Dios, antes que mentirles, engañarles, agitarles y motivarles con todo tipo de temas populares; antes que extraer mi material de la revista Time, predicaré la Palabra de Dios a unos asientos vacíos, y suspiraré y clamaré por la abominación que está en el mundo.
    Por lo tanto, Dios dice: “Comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, por los varones ancianos que estaban delante del templo” (Ez. 9:6). A veces parece que el problema son los jóvenes. Son personas llenas de lascivia y de ideas descabelladas; pero las Escrituras dicen que se debe empezar por los ancianos, la cabeza del hogar. “Esos pilares barbados de la Iglesia”, dice el Espíritu Santo. “Empiecen por ellos”. “Aconteció que cuando ellos iban matando y quedé yo solo, me postré sobre mi rostro, y clamé y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Destruirás a todo el remanente de Israel derramando tu furor sobre Jerusalén?” (Ez. 9:8).
    Si la Iglesia evangélica, la Iglesia creyente fundamentalista, no acepta esto, entonces al menos podrá suspirar y clamar a Dios porque no lo hacen.
 Capítulo 9 del libro Fe Auténtica, por A. W. Tozer, Editorial Portavoz



Isaías 10:21-22
"El remanente volverá, el remanente de Jacob volverá al Dios fuerte. Porque si tu pueblo, oh Israel, fuere como las arenas del mar, el remanente de él volverá; la destrucción acordada rebosará justicia".

Isaías 37:4
"Eleva, pues, oración tú por el remanente que aún ha quedado".

Mateo 7:21-23
"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad".

Mateo 22:14
"Porque muchos son llamados, y pocos escogidos".
Lucas 13:23-24
"Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán".

lunes, 2 de febrero de 2015

EN ESTO PENSAD -- febrero 2015

  
 Vivir Como El Águila

El águila es el rey de las aves y tiene una gran capacidad de sostener el planeo y también para reposar noblemente. Es obvio que está hecho para las alturas y puede respirar aun a grandes alturas. Sus ojos ven bien en un cielo brillante y puede mirar al sol cara a cara. Pertenece más al cielo que a la tierra. Los naturistas que estudian esa criatura señalan que destaca por su forma, su vuelo y su fortaleza.
    En cuanto a forma, está perfectamente preparado para volar con máxima velocidad y mínima resistencia; sus huesos son ligeros, huecos y cilíndricos – la estructura especial que combina ligereza y fortaleza; sus plumas, movibles cada una como una pequeña ala, para propulsar con mínimo esfuerzo.
    Respecto a su vuelo, el águila está constituido para encontrar y dominar vientos tempestuosos, volar ante ellos y sobrepasarlos en velocidad; o si conviene, puede dar la vuelta y volar contra viento. El águila no tiene miedo de la tormenta, y puede luchar con tempestades feroces. Por otra parte, es capaz de reposo largo y sostenido. Ningún otro ave puede estar parado y quieto tanto tiempo, con tanta firmeza y reposo tan perfecto. Su fortaleza es tal que es un ave incansable; puede mantener vuelo continuo durante muchas horas mientras planea descansando sobre sus alas. Es emblema de fortaleza y coraje, como el león entre las bestias. Después de mudar sus plumas, es revitalizado y viene a ilustrar en la Biblia la actividad incansable y triunfante de los que tienen en Jehová su fortaleza.
    Cuán pocos cristianos desean ascender los montes de Dios y gustar cual águilas la vida vigorosa, enriquecida e iluminada, en comunión con el Altísimo. Es una vida solitaria, alerta y consciente de la presencia del Señor. El profeta evangelista conocía al Señor como su Pastor, Fortaleza y Suficiencia (Is. 40:11-31). El ser humano en su mejor momento es como la hierba, pero en cuanto a Dios, Su grandeza es inescrutable. No desfallece ni se fatiga con cansancio (Is. 40:28); nunca faltará (Sof. 3:5), ni cambiará (Mal. 3:6). En el lugar secreto del Altísimo montamos con alas como águilas y miramos las cosas desde la perspectiva divina.
    William Carey el humilde zapatero montaba las alturas de la presencia de Dios hasta que veía a los millones de personas perdidas en la India. Su sueño de la evangelización de la India vino a ser su vocación. Años después, el misionero Adoniram Judson yacía encadenado en una cárcel sucia en Birmania. Otro preso le dijo con desprecio: “Dr. Judson, ¿qué prospectiva hay ahora para la conversión de los paganos?” Judson respondio: “La prospectiva es tan animadora como las promesas de Dios”. Para el médico inglés, Dr. David Livingston, misionero a África, nada tuvo valor excepto en relación con la extensión del reino de Dios en este mundo. Veía como águila, porque moraba espiritualmente en las alturas con Dios, en Su secreto.
    ¿Cuál es nuestro deseo, dinámica y visión AHORA? ¿Qué más podemos decir acerca de necesidad de evangelizar en nuestra generación? El deseo de Dios es esparcir, sembrar y servir. Con frecuencia nuestros deseos son sólo las cosas pasajeras de este mundo. La vida aguilar les describe a bien pocos. Muchos buscamos la comodidad y la seguridad, no queriendo ser esparcidos y enviados para sembrar y servir. Tal vez seríamos misioneros si podríamos vivir en buenas casas y estar cómodos. Nuestros deseos son demasiado terrenales, y pueden conducirnos a la mortandad (Sal. 106:15). Hermanos, la noche está avanzada. Hasta que aparezca la Estrella de la Mañana, no olvidemos que en la obra del Señor el “éxito”, la cosecha, siempre viene a precio de sacrificio personal, sufrimiento y aun la muerte (Hch. 15:26; Sal. 126; Lc. 9:24-26).

Les Rainey (1914-2012) sirvió incansablemente como misionero en varias partes de África, las Islas Bahamas e Israel. De la revista “Missions”, febrero de 1993.

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Los Pecados No Confesados

    En 1 Juan 1:9 tenemos esta afirmación: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. En otras palabras, si los cristianos confesamos nuestros pecados, Él nos perdonará. Él es fiel debido a que Él prometió y Él es justo porque Él expió. El pecado confesado es pecado perdonado, y el pecado perdonado es un pecado limpiado. Y, puedo añadir, la confesión tiene que incluir una renuncia, porque si no se renuncia al pecado, no será perdonado, a pesar de que haya sido confesado.
    La razón de que hay tantos que son tibios, fríos o indiferentes, la razón de que tantos no se gozan de su salvación, la razón de que no se gozan en la lectura de la Palabra de Dios, ni en la oración, y de que no reciben respuesta a la oración, la razón de que no tienen testimonio, es que hay algún pecado secreto, algún pecado oculto que no ha sido confesado, y que está ahí, en el corazón. ¿Por qué no lo confiesas? No lo puedes ocultar de Dios. Él conoce todo acerca de ese pecado. ¿Por qué no hacer una confesión total y plena a Dios y ser así perdonado? Hasta que no lo hagas, Él no puede hacer absolutamente nada por ti.
Oswald Smith, de su libro: “Pasión Por Las Almas”, Editorial Portavoz, pág. 167

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LOS QUE HABITAN EN TU CASA

“Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán” (Sal. 84:4).

    ¿Oíste hablar de aquel hombre que naufragó y fue descubierto muchos años después en una isla desierta? Había construido tres chozas. Cuando le preguntaron por qué las había construido, él respondió: “La primera es donde vivo, la segunda es donde me congrego, y la tercera es donde antes solía congregarme”. Así son las malas costumbres de algunos llamados creyentes. Tratan a la iglesia como si fuera un restaurante, no como su hogar espiritual. Esto es un error. Amigo, puedes visitar a muchas casas, ¡pero sólo puedes pertenecer a una!
    Escucha: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas” (Hebreos 13:17). ¿Conoces a algún mecánico en particular que conozca tan bien tu coche que lo consiga mantener funcionando siempre? ¿O un médico que te conozca lo suficientemente bien, para que pueda cuidar bien de tu salud? ¿Y qué de un padre espiritual que te conozca lo suficientemente bien para ayudarte a crecer hacia tu entero potencial en Dios? Pablo dice: “Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio” (1 Corintios 4:15). ¿Quién es tu padre espiritual? Si no puedes responder, ¡puede que seas un huérfano espiritual, o un bastardo!
    El hijo pródigo, cuando falló, regresó a la casa de su padre, porque es allí donde empieza la restauración. Él pudo haber entrado en muchas de las casas que se encontró por el camino, pero su padre no estaba en ellas. Sólo una familia le podía dar la bienvenida, cubrir su desnudez, curar sus heridas, y restaurarle en su lugar de hijo. ¿Entiendes lo que quiero decir?
    Solamente si permaneces conectado y comprometido a tu familia espiritual podrás crecer y cumplir el propósito que Dios tiene contigo. Y eso no se produce haciendo sólo visitas, sino habitando juntos.
— autor desconocido 
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EL AVIVAMIENTO
 
“...y cuando comenzó el holocausto, comenzó también el cántico de Jehová” (2 Cr. 29:27).

    En muchos lugares los creyentes claman a Dios deseando un “avivamiento” en este día de desliz y dejadez. Hacen campañas especiales, invitan a predicadores de renombre, y hacen grandes esfuerzos. Muchas veces hay resultados a plazo corto, pero pronto desvanecen y las cosas se vuelven a su estado anterior. ¿Cuándo aprenderemos que el avivamiento verdadero y genuino sucede sólo cuando nosotros mismos reconocemos y confesamos nuestros pecados, nos apartamos de ellos y damos primeramente a Dios Su porción? La verdadera obra de Dios siempre comienza en el lugar santo. Sin arrepentimiento no hay avivamiento. Debe ser primero un avivamiento de santidad y adoración en espíritu y verdad. ¡Entonces el cántico del Señor comenzará!
J. Boyd Nicholson, del calendario Choice Gleanings, adaptado

Avívanos, Señor.
Sintamos el poder,
Del Santo Espíritu de Dios,
En todo nuestro ser.
Avívanos, Señor,
Con nueva bendición.
Inflama el fuego de Tu amor,
En cada corazón.

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 ¿A esto lo llamas AMOR?
¿Puedes ver amor en la siguiente chica?
    Paco está trabajando en otro país como emigrante. Cada tres días manda una carta a Susana, su novia. Después de volver, se quiere casar con ella. Por medio de las cartas desea que los dos estuvieran listos para una convivencia feliz. Susana ha leído la primera carta para contestar y pedir a Paco un poco de dinero para comprarse unos vestidos. Las cartas posteriores a esa primera, suman 66, están cerradas, en un cajón, ya que Susana ni siquiera las ha leído. Sin embargo, ella le escribe de vez en cuando, diciéndole cuánto le ama, y ya de paso, le pide un poco más de dinero. ¿Puedes ver amor en Susana?
    ¿Entiendes el ejemplo? Jesucristo decía que volvería por los Suyos. Mientras tanto nos ha dejado Sus 66 cartas de amor en un libro. Él espera que tú leas cada día en Sus cartas. Él quiere prepararte para que puedas estar eternamente con Él. ¿Lees Sus cartas? ¿Sólo sabes pedirle favores? ¿A esto llamas amar a Dios? ¿No es más bien menospreciarle con engaño? Jesús decía: “El que me ama, mis palabras guardará” (Juan 14:23) y “El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios” (Juan 8:47). Proverbios 28:9 advierte: “El que aparta su oído para no oir la ley, su oración también es abominable”.

¿SABES LA RESPUESTA?
Marca con una X la respuesta correcta:


En este relato, Susana está engañando a Paco.
☐ SÍ / ☐ NO
El que no lee la Biblia con entusiasmo menosprecia a Dios.☐ SÍ / ☐ NO
Si esta persona se tiene por religiosa, está engañada.
☐ SÍ / ☐ NO
La persona que se excusa con no poder leer la Biblia, pero tiene tiempo, por ej., para ver la tele o para charlar, engaña a Dios.
☐ SÍ / ☐ NO
Sólo la persona que obedece a lo que Dios dice en Sus cartas antes que a los hombres ama a Dios, y los demás le menosprecian.

☐ SÍ / ☐ NO
¿Estás dispuesto a dejar de menospreciar a Dios, no poniendo nada más a Su lado (ni el dinero, la salud, la pareja, la diversión, las tradiciones religiosas, la ciencia, el trabajo, ni tu propia vida)?
☐ SÍ / ☐ NO
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EL REMANENTE: 
UNA DOCTRINA ALARMANTE
A. W. Tozer

“También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo”. Romanos 9:27

Quiero abordar una doctrina bíblica que resulta muy problemática y alarmante. Me temo mucho que la Biblia es un libro mucho más inquietante de lo que pensamos. Antes de explicar lo que quiero decir, me gustaría que leyera las palabras de un himno. Me encanta este himno de Edwin Hodder (1837-1904) sobre la Palabra.

Señor, tu Libro es cual jardín precioso,
con flores brillantes y de mil colores;
en el que puede el visitante ocioso
reunir ramilletes de suaves olores.

Tu libro es cual venero muy profundo,
y hallará joyas preciosas en su sima,
–ocultas a los ojos de este mundo–
aquel peregrino que en ella camina.

Tu Palabra es cual la hueste sideral:
con mil rayos de luz pura y deslumbrante
ilumina al viajero terrenal
enseñando el sendero al caminante.

Tu Libro es como una amplia armería,
donde el soldado repara su armadura,
y encuentra, en la lid de cada día,
arnés, escudo, yelmo y arma segura.

    Todo esto es cierto. Me gusta mucho escuchar este himno, y también cantarlo. Sin embargo, me temo que ésta es la actitud que adoptamos respecto a las Escrituras: que es una joya hermosa que llevar colgada del cuello o en nuestro dedo, o un ramillete para ponérselo en alguna ocasión especial cuando está bien visto; algo que es fragante. Y es todo eso. Pero también es algo más, y en nuestra elegancia sencilla, me temo que no permitimos que la Palabra de Dios nos diga lo que tiene que decirnos.
    Con independencia de lo que digan los educadores, sea cual fuere la moda religiosa del momento, ésta es la doctrina que se enseña claramente en las Escrituras, que los sectarios han malentendido y han forzado para su propia destruccion. Y es que todo sectario dice: “Soy del remanente”, y cada grupo que se reúne dice: “Somos el pueblo”. Pero yo me niego a rechazar esta doctrina porque algún otro la haya forzado para su propia destruccion. No tengo para usted esperanzas etéreas ni ramos fragantes; lo que sí tengo es una doctrina terrible que duele y angustia, y que hace que mi espíritu se entristezca. Es la doctrina del remanente.

Sólo un fragmento
    ¿Qué es la doctrina del remanente? Simplemente esto: que en este mundo ciego, caído y pecaminoso en el que vive la humanidad, y en cualquier momento dado, la inmensa mayoría de sus habitantes está perdida. Y con “perdida” no quiero decir que se hayan equivocado de camino, se hayan quedado cortos, sean menos de lo que querían ser o no hayan logrado cumplir sus sueños. Con “perdidos” quiero decir alienados de Dios, enemigos Suyos, sin perdón, vida ni esperanza.
    ¿Qué significa esta doctrina del remanente? “Remanente” significa un pequeno fragmento, un resto sobreviviente. Significa que alguna cosa permanece aún cuando el resto del cuerpo está en otra parte. El texto de Romanos 9:27 habla de Israel, pero expone claramente la doctrina como algo aplicable a toda la raza humana, además de la Iglesia. Esto era cierto entre las naciones antes de Abraham; fue cierto de Israel después de él; y es cierto de la Iglesia tras Pentecostés. Me alarma constatar que desde Pentecostés ha sido cierto que un número impresionante de personas que se consideran cristianas –la inmensa mayoría– son nominales, y sólo se salva un remanente.
    Veamos algunos ejemplos sacados de la Biblia. Jesús dijo: “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre” (Lc. 17:26). Según las Escrituras, Noé halló gracia a los ojos del Señor, y hubo otros siete miembros de su familia que se salvaron de entre toda la población. No sé cuál era el número de la población mundial, pero sé que en el momento del Diluvio, sólo se salvaron ocho personas. Y sé que está escrito que como fue en los días de Noé será también en los días en que venga el Hijo del Hombre.
    Alguien me dirá: “Sr. Tozer, se lo está tomando demasiado en serio. Recuerda que Elías también se sintió como usted y dijo: ‘Oh, Dios, sólo yo he quedado’, y Dios le dijo: ‘Anímate, Elías: tengo noticias para ti. En Israel han quedado siete mil que no han doblado sus rodillas ante Baal ni ante su imagen’”. Siete mil nos parecen muchos, ¿no? ¿No reconforta saber que en Israel hubo siete mil judíos auténticos que no doblaron sus rodillas ante Baal?
    Permítame que me entregue a una breve especulación. Supongamos que la población de Israel en aquella época fuera de siete millones de personas. Creo que es una cifra bastante prudente. Eso significaría que una décima parte del 1% de la población no se había arrodillado ante Baal, y todos los demás sí. Eso supondría un individuo de cada mil. Si tomásemos en ese momento a mil judíos, 999 de ellos adoraban en secreto a Baal para no tener problemas, y sólo uno se negaba valientemente a hacerlo. Pero supongamos, para ser totalmente justos, que redujéramos a la mitad la población israelita, y supusiéramos que sólo había tres millones y medio. Entonces el porcentaje es de uno entre 500. Cada vez que viéramos una sinagoga o un edificio donde hubiera 500 judíos leyendo la Torá o escuchando salmodiar a los sacerdotes, de ellos 499 seguían a Baal y uno era salvo.
    Recuerda que cuando Cristo vino por primera vez solamente hubo unos cuantos que le reconocieron. Nosotros lo damos por hecho, al igual que lo hacía Israel, que cuando venga el Mesías le reconocemos.
    Creían lo mismo que Sansón cuando se recostó a dormir en el regazo de Dalila. Él creía que su vida se presentaba bien, que había tenido cierta experiencia con la religión, y que por consiguiente no había nada de qué preocuparse. Pero cuando despertó, descubrió que le habían capturado, y pronto le sacaron los ojos y se vio atado a un molino mientras otros se burlaban de él en nombre de un dios falso. Sansón había confiado en sí mismo, un proceder que siempre resulta malo y peligroso.
    O bien confiamos en nosotros mismos y gozamos de una falsa paz, o tenemos problemas, oramos en medio de ellos y descubrimos la verdadera paz. Hoy día la mayoría de creyentes confía en sí misma, y goza de una paz engañosa. Si hicieran lo que enseña la Biblia, se preocuparían y se alarmarían al ver cómo son, y se acercarían a Dios con una Biblia abierta, permitiendo que ésta los diseccionara y los reconstruyese, dándoles paz. Y la paz que obtiene alguien cuando lo diseccionan el Espíritu Santo y Su espada, que es la Palabra, es una paz legítima.
    Hay dos tipos de tranquilidad, y no debemos olvidarlo. Bueno, quizás ahora existan tres tipos. Hay la clase de paz que se puede comprar embotellada; luego, existe la que se deriva de confiar en nosotros mismos, creyendo en cosas buenas sobre nosotros mismos, aunque no sean ciertas. Esto aporta cierto grado de tranquilidad a la mente.
    Luego tenemos la tranquilidad que nos sobreviene tras una perturbación del alma, que la conmociona hasta sus cimientos y hace que el hombre o la mujer acuda a Dios con una Biblia abierta y clame: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos” (Sal. 139:23). Entonces, cuando Dios hace esto, tenemos una experiencia con Él que nos proporciona una tranquilidad afirmada sobre la Roca. Pero en el caso de la mayoría de evangélicos modernos, sus líderes salen fuera para traerles la tranquilidad.
   
La Iglesia tranquilizada
    La primera oferta del Señor no es ni mucho menos la tranquilidad. Al principio el Señor nos ofrece liberacion, perdón, renovación y justicia; después de eso viene la tranquilidad. Pero ahora nosotros comercializamos la paz, vendiéndola como si fuera jabón, y pidiendo a nuestro pueblo, en el nombre de Juan 3:16, que se acerque y tenga paz. De modo que tenemos una Iglesia tranquilizada, que lo pasa estupendamente en banquetes, en fiestas, en charlas de cafetería y en actividades de comunión. Y encima canta al Señor diciendo: “Tu Palabra es cual vergel, Señor”.
    Sólo llamo la atención sobre esto porque existe el peligro de que convirtamos la Palabra de Dios en algo destinado a darnos paz. Si se fija en las puertas de las iglesias, las que se quedan abiertas todo el día en las zonas más transitadas, verá como siempre hay gente que entra y se sienta. Lo hace, como dijo el poeta: “para invitar a sus almas, traer a la mente el recuerdo del hogar y el camino, y recobrar la calma”.
    Los hombres de negocios y los publicistas hacen eso, y los místicos de la India y de Burma también. No es necesariamente una práctica cristiana. Es positiva, pero no basta. Organizamos nuestros cultos para tranquilizar a las personas y paralizarlas. Esta doctrina del remanente debería alarmarnos. No deberíamos dar las cosas por hechas, sino sentirnos alarmados.
    A Pablo esto le preocupaba, y escribió: “sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Co. 9:27). He conocido a predicadores que estuvieron toda la vida predicando y acabaron contando chistes malsonantes; acabaron sucios, siendo ancianos desagradables. Es perfectamente posible ser maestro de escuela dominical, ser miembro de la junta directiva, cantar en un coro y participar de los cultos de la iglesia, para luego descubrir que somos parias y que nunca hemos formado parte del remanente. Esto resulta alarmante, pero no voy a disculparme por decirlo. Me temo que no estamos lo bastante preocupados. Esto no debería perturbarnos, porque todo se resume en este texto: “Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo” (Ro. 9:27).
    Durante la vida de Jesús hubo algunos viejos amigos de Dios, pero cuando pensamos que sólo la población de Jerusalén durante la Pascua era de un millón de personas, y que en Pentecostés había un millón de personas en la ciudad pero sólo se convirtieron 3.000, decimos: “¡Menuda cosecha!” Bueno, pues 3.000 sobre un millón, desde mi punto de vista, no es una cosecha impresionante.
    Me pregunto si habrá habido algún momento en que se haya producido una cosecha abundante. Sé lo que se decía del misionero escocés John G. Paton (1824-1907), que fue a las Nuevas Hébridas (islas Vanuatu) y no encontró un solo cristiano; cuando se marchó, no quedaba un solo pagano. Pero siempre he cruzado los dedos al leer esta afirmación, porque no está de acuerdo con la doctrina del remanente. Porque esta doctrina dice que “aunque el número de personas religiosas sea como la arena del mar, sólo un remanente será salvo”. No es que no puedan serlo, no es que Dios no quiera que se salven; es simplemente que no se salvan.
    Cuando vino Cristo, encontró a pastores y sabios. Leemos acerca de esos amigos de Dios, y nos alegramos por ellos. Pero el asunto es que, típicamente, eran un número muy reducido de personas.
    Hablando sobre la segunda venida de Jesús, nos dice: “Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mt. 24:12). No dice sólo el amor de muchos, pero cualquier estudiante de griego dirá lo mismo. En este versículo existe un artículo definido evidente: “los” muchos. Lo que se enfriará será la capacidad específica de amar.

continuará en el nº siguiente
del libro FE AUTÉNTICA, capítulo 9, Editorial Portavoz

martes, 23 de diciembre de 2014

EN ESTO PENSAD -- enero 2015

Sólo Lo Mejor Para Dios
William MacDonald

    Existe una línea de pensamiento a lo largo de las Escrituras, una verdad que reaparece constantemente en la inspiración de la Palabra. Se trata de la siguiente verdad: Dios quiere lo primero y Dios quiere lo mejor. Él quiere el primer lugar en nuestras vidas y Él quiere lo mejor que tenemos para ofrecer.
    La Biblia comienza con la declaración de un hecho histórico: “En el principio creó Dios...” Esas palabras también deberían ser las primeras en nuestras vidas. Dios debería estar primero. Aquel que es digno del primer lugar no quedará satisfecho con menos que eso.
    Cuando el Señor instituyó la Pascua, instruyó a los israelitas a que presentaran un cordero sin defecto (Éx. 12:5). Nunca debían sacrificar ningún animal que fuera cojo, ciego, defectuoso o tuviera algúna falta (Dt. 15:21; 17:1). Eso sería detestable.
    Evidentemente, Dios no necesita animal alguno. Cada bestia del campo es Suyo, y el ganado de los collados (Sal. 50:10). ¿Por qué entonces legisló que sólo se le ofrecieran animales perfectos? Por el bien del hombre, no por Su propio bien. Lo hizo para enseñarle a Su pueblo una verdad fundamental: que sólo encontraría gozo, satisfacción y plenitud al darle a Él el primer lugar en su vida.
    En Éxodo 13:2 Dios le ordena a Su pueblo que aparte para Él a sus hijos primogénitos y a los animales primogénitos. “Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es”. En las antiguas culturas, el primer nacido representaba lo superlativo y lo de mayor estima. Es por eso que Jacob le dijo a Rubén, su primogénito: “Rubén, tú eres mi promogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor; principal en dignidad, principal en poder” (Gn. 49:3). Al Señor Jesús se le denomina “el primogénito de toda la creación” (Col. 1:15) en el sentido que Él es el más excelente y que tiene la posición de mayor honor en toda la creación.
    Al decir a Su pueblo que sacrifique sus hijos promogénitos para Él, estaba tocando un nervio muy sensible, ya que el hijo mayor tenía un lugar especial de afecto en los corazones de los padres. Sin embargo, esto era de hecho para enseñarles a decir:
      El objeto más preciado que conozco, sea cual fuere,
      Ayúdame a arrojarlo ante del Trono para adorarte sólo a Ti. 
                                                                       (William Cowper)

    Abraham aprendió esta lección en el monte Moríah (Gn. 22). Ahora sus descendientes debían aprender la misma lección.
    A continuación Dios instruye a los granjeros a traer las primicias de los frutos de la tierra a la casa del Señor (Éx. 23:19). Cuando se comenzaba a cosechar el grano de trigo, el granjero debía ir al campo, cosechar un puñado del primer grano y presentarlo como ofrenda al Señor. Esa ofrenda de las primicias reconocía a Dios como el Dador de la cosecha, y suplicaba que Él recibiera Su porción de la misma. Una vez más es obvio que Dios no necesitaba grano alguno, pero el hombre necesitaba recordar continuamente que el Señor es digno de lo primero y lo mejor.
    En el despiece de los animales sacrificados, en ciertos sacrificios se les permitía a los sacerdotes tomar ciertas partes, y quienes los ofrecían podían comer otras partes, pero la gordura siempre debía ofrecerse al Señor (Lv. 3:16). Era considerada la mejor parte y la más rica del animal; por lo tanto era ofrecida a Jehová. Nada excepto lo mejor era suficiente para Él...
    Desafortunadamente, el Señor no siempre recibe lo primero y lo mejor de Su pueblo. En los días de Malaquías, cuando era tiempo de presentar una ofrenda la gente guardaba sus mejores animales...y le daba al Señor los inferiores, las sobras. Era como si dijera que el Señor se conformaba con cualquier cosa que le ofrecemos. Las ganancias del mercado estaban en primer lugar. Es por eso que Malaquías dijo vehementemente: “Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos” (Mal. 1:8).
    Pero eso era en los días de Malaquías. ¿Qué sucede hoy día? ¿Cómo podemos darle al Señor lo primero y lo mejor? ¿Cómo podemos llevarlo a la práctica en nuestras vidas? Podemos hacerlo en nuestra empresa al obedecer a aquellos que están por encima nuestro; trabajando de corazón como para el Señor, no para los hombres; siendo conscientes de que servimos al Señor Jesucristo (Col. 3:22-24). Si las exigencias del trabajo comienzan a tener prioridad sobre las exigencias de Cristo, debemos estar dispuestos a decir: “Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante, y ahí pararé el orgullo de tus olas” (Job 38:11). Deberíamos hacer más por nuestro Salvador de lo que haríamos por un negocio o para ganar dinero. Podemos hacerlo en nuestros hogares al mantener fielmente un culto familiar durante el cual leemos la Biblia y oramos juntos. Sí, podemos hacerlo si educamos a nuestros hijos para el Señor y no para el mundo, para el cielo y no para el infierno...
    Podemos hacerlo en nuestra asamblea local al asistir fielmente y participando con entusiasmo. George Mallone cuenta de un anciano de una asamblea que declinó una invitación a una cena presidencial en la Casa Blanca, debido a que sus responsabilidades como anciano no le permitían tener la noche libre...
    Podemos poner a Dios en primer lugar en nuestra mayordomía de las cosas materiales. Lo hacemos al adoptar un estilo de vida sencillo y modesto, e invertir todo lo demás en la obra del Señor. Lo hacemos al compartir con los que tienen necesidades espirituales y físicas. En resumen, lo hacemos al invertir lo primero y lo mejor, cuanto más posible, en las cosas de Dios y la eternidad (Mt. 6:19-20, 33)...
    Dios quiere lo primero y lo mejor, y se lo merece. La única pregunta que debemos hacernos es: “¿Recibirá lo que quiere de mí?”
Extraido del capítulo 11 del libro El Manual del Discípulo (traducción corregida)

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La Oración Eficaz

Texto: Santiago 5:16Nuestro texto habla de la oración eficaz. ¿Qué es? Es más que una oración – hay muchas. Es más que una oración sincera o religiosa – también hay muchas. Es eficaz porque viene “del justo”, como dice el texto. Es la oración de uno que anda en comunión con Cristo y con Su Palabra. La vida que vivimos es una parte muy importante de nuestras oraciones. Las palabras “del justo” enfatizan quién es la persona que ora, y cómo vive. Si no es justo, ni vive una vida de justicia, su oración es ineficaz, tan ineficaz como sería tratar de curar un cáncer con una aspirina.
    La oración dirigida por el Espíritu Santo es eficaz. La que se basa en la Palabra de Dios es eficaz. La que es sin doblez y con fe es eficaz. El ejemplo que da a continuación en el texto es el del profeta Elías.
    Abraham puede ser otro ejemplo, porque fue justificado por la fe. Pidió la ayuda de Dios, es decir, le invocó en Bet-el, pero luego se movió sin consultar a Dios. Tomó una gran decisión por su cuenta, y se equivocó. Se fue a Egipto en respuesta a sus circunstancias y se metió en problemas allí. Le vino una serie de problemas que no hubiera tenido al haberse quedado en la tierra donde Dios le había enviado. Dios no le envió a Egipto. Pero Dios, misericordioso, intervino a su favor, a pesar de su torpeza, y le hizo volver hasta que en Génesis 13:3-4 llegó nuevamente a Bet-el, de donde había salido.
    Podemos imaginarnos cómo se sentía Sara en la corte de Faraón, y luego en Génesis 20 en la casa de Abimelec. Su marido, usando la lógica y sin consultar a Dios, le había puesto en esas situaciones. Quizás oraban tanto ella como Abraham, probablemente sin saber cómo salirse de la situación en la que se habían enzarzado. Santiago dice que la oración eficaz del justo puede mucho.
    Dios intervino con plagas en el caso de Faraón, y en el caso de Abimelec con un sueño, para sacar a Sara de malas situaciones. Hoy en día Dios no habla por sueños, ni voces, ni visiones ni nada así. Habla por Su Palabra. En ella nos ha dado todo lo que necesitamos para una vida piadosa. Si obedecemos Su Palabra y oramos conforme a ella, gozaremos de Su guía en nuestras vidas. No actuemos por miedo ni preocupación por nuestras circunstancias, como hizo Abraham (Gn. 20:11). El temor del hombre trae lazo (Pr. 29:25). En todo momento vivamos y acudamos como justos al Señor en oración para que Él guíe nuestras vidas. Que así sea para Su gloria. Amén.
de un estudio dado por Lucas Batalla
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¿CUAL DE LAS TRES?

    En compañía de unos amigos, visitamos Toledo, España. En la catedral, les llamó la atención una tumba en la que sólo había esa lacónica inscripción: "Hic yacet pulvis et nihil".
    Me recordó otro rótulo, aun más breve, en un monumento semejante de la catedral de Worcester, Inglaterra: "Miserimus".
    En cambio, en las catacumbas de Roma (en esas vastas bóvedas subterráneas donde los cristianos primitivos procuraban esconderse de sus fieros perseguidores) hay una hermosa palabra grabada en la pared: "Felicissimus".
    LECTOR AMIGO: si esta misma semana tuvieses que ser sepultado, ¿cuál de esas tres inscripciones latinas representaría más exactamente tu estado?
    ¿LA DE TOLEDO? "Aquí yace polvo y nada" es harta materialista; a no ser que alude únicamente al cadáver, en espera de ser resucitado "espíritu, alma y cuerpo".
    ¿LA DE WORCESTER? "Sumamente miserable" refleja el terrible drama del ser humano fracasado: sin Dios verdadero, ni auténtica esperanza.
    EN CAMBIO, la inscripción en las catacumbas: "Sumamente feliz" refleja un estado óptimo, pero que ya no es muy corriente. ¿Cómo alcanzarlo? ¿Cuál fue el secreto de esos cristianos primitivos?
    Muy sencillo: aunque sentían el gran peso de sus pecados y rebeldías, habían acudido al Único que les podía dar alivio, perdón y felicidad: a Jesúcristo el Señor, tal como aparece en las páginas de la Biblia. Sólo en Él depositaron su fe y alcanzaron una firme y segura esperanza de vida eterna.
    Y no sólo ellos en aquel entonces, sino hoy también muchos hemos hallado gozo, luz y una auténtica razón de ser y de servir en Cristo Jesús.
    Pero ¡cuidado! te hablamos del verdadero Cristo; Él que nos enseña la Biblia, la Palabra de Dios: humilde y lleno de amor para los que sufren en cuerpo y alma; enérgico en denunciar la hipocresía, la injusticia y el mal, bajo cualquier forma. ¡No te confundas con esas caricaturas de Cristo que maneja cierto clero o las sectas de perdición!
    Amigo y amiga, ¿cuál de esas tres inscripciones pondrán sobre tu tumba? ¡Piénsalo! Después de la muerte inevitable está el justo juicio de Dios... ¿Y cómo escaparás si desprecias Su palabra de amor y perdón? Cristo dijo: “Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (S. Mateo 11:28).

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Las Características De Un Cristiano Inmaduro
II

A. W. Tozer

(viene del número anterior)
 
Improductivo

    Además, un bebé se pasa la vida jugando con naderías. Un bebé es la criatura más improductiva del planeta. Los queremos, pero lo único que hacen es dar trabajo a sus padres. Viven una vida de juego y de superficialidad. Todo lo que hacen debe convertirse en un juego. Un bebé tomará de su biberón un ratito, luego lo tirará al suelo, y luego se reirá muchísimo cuando vea cómo se derrama la leche y la tetina se desmonta sobre la alfombra. Con un bebé, todo debe convertirse en un juego.
    Estoy intentando ser delicado, pero si usted es realista tendrá que decir que la generación moderna de cristianos vive para jugar y trastear con naderías. Tengo un panfleto que anuncia una conferencia bíblica que se celebrará durante un viaje en un transatlántico que se desliza sobre grandes olas. Tendrán de todo lo que les pida el corazón. Contiene fotografías de hermosas palmeras y demás, como las de Florida o California. Será un transatlántico de lujo, con un capellán a bordo que hablará sobre el libro de Romanos, justo antes de la partida matutina de tejo, para darle al viaje un regusto religioso. Según el panfleto, el propósito es fomentar el interés por las misiones. No entiendo qué relación existe entre ambas cosas. Para mí sería más acorde con las misiones invitar a las personas a donar dinero para ellas, en lugar de gastárselo en el crucero.
    Otro grupo anuncia: “Camine hoy donde Jesús caminó ayer”. Me gustó lo que escribió un evangelista: “Sí, pero no con el mismo propósito”.
    Queremos jugar, y no dudamos en anunciar nuestras conferencias bíblicas como parques infantiles religiosos, lo cual demuestra lo carnales o inmaduros que somos. Vivimos una vida de juegos y tonterías. Para que muchos cristianos se interesen en el estudio bíblico o en las misiones, debemos camuflarlas como juegos, para que resulten más atractivas. A un cristiano inmaduro deben convencerle para que estudie la Biblia, y se le debe presentar como una actividad divertida.
   
Proclive a exculparse

    Otra característica de los bebés es que son dados a las rabietas, la inquietud y la actitud peleona. Una madre contaba que su hija es un angelito. Lo dice con buena intención, pero esa chiquitina no es un angelito perfecto. Es un bebé normal; da pataditas y emite sonidos desagradables a pesar de que sólo tiene dos meses. Esta belicosidad y esa inquietud son estrictamente una reacción inmadura, porque generan la tentación de culpar a causas secundarias. Todos los bebés lo hacen, y al final dejan atrás esa fase, cuando crecen.
    Siempre puedo identificar a un cristiano inmaduro, porque culpa de todo a causas externas. Cuando pierde su empleo, echa la culpa a su jefe en lugar de a su propia incompetencia y a su incapacidad para conservar su puesto. Algunas cristianas dicen que si tuvieran un buen marido espiritual serían mejores cristianas. Ya saben que no es así; quieren pensar que sí, porque entonces tendrían menos motivos para quejarse.
    Mientras no haya nada en lo que pensar, usted pensará que es mejor de lo que es. Sin embargo, tenga un esposo refunfuñón que no se afeita los domingos por la mañana y va por ahí vestido con una camiseta, y usted dirá que su problema es él. No, él no es su problema. Podría ser su santificación, si supiera cómo manejarlo. Y si supiera aprovechar la oposición, podría convertirlo en su ayudante.
    Un cristiano inmaduro siempre echa la culpa a causas secundarias. Seguro que no conoce a ningún bebé que acepte su culpa; ésta siempre es de los demás.

Amante de una dieta limitada
   
    Un bebé toma una dieta a base de leche y verduras trituradas. Ésa es la imagen de un bebé. Aún no puede digerir alimentos sólidos. Todo debe estar triturado, para que no perjudique a su delicado aparato digestivo.
    Un cristiano inmaduro señala en su Biblia pasajes breves y tiernos, pasando por alto aquellos otros que desgarran el alma, nos reprenden, nos disciplinan y nos castigan. El cristiano inmaduro no es capaz de digerir “la carne de la Palabra”. Todo debe estar predigerido y administrado en dosis medidas, para no ofender su delicado aparato digestivo. El apóstol Pablo abordó este tema en Hebreos 5:13-14, “Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”.
    Un cristiano inmaduro y un bebé comparten determinadas características: un bebé es una personita egocéntrica afectada por sus sentidos, que se basa en lo externo; que carece de propósito; a quien le encanta jugar, y no tiene un propósito serio en la vida; que vive a base de una dieta sencilla. La naturaleza se cuida muy pronto de un bebé. La naturaleza empieza a alejar al bebé del centro de las cosas, pero como es lógico no del todo; esto forma parte del pecado. El bebé empieza a interesarse por cosas fuera de sí mismo, aprende a ponerse en pie y a desafiar sus sentidos. Aprende a razonar, en vez de funcionar según sus sentidos; aprende a vivir para forjar su carácter, en vez de para obtener cosas externas; aprende a tener un propósito en la vida, aunque sólo sea actor, futbolista o cualquier otra profesión. Tener un propósito: la naturaleza se encarga de eso para la mayoría de nosotros, a medida que maduramos; pero en lo relativo a las cosas espirituales, eso es otro asunto, que tiene que ver con la naturaleza caída.

De lo carnal a lo espiritual

    En las cosas espirituales, ¿qué debemos hacer? ¿Cómo puede un cristiano inmaduro pasar a ser un cristiano espiritual? Con el bebé se trata de un desarrollo natural, pero no sucede lo mismo con el cristiano. No conozco ninguna experiencia que por sí sola transforme al cristiano inmaduro en espiritual. Me gustaría poder decir que sí la hay. Ojalá pudiera decir que conozco sin duda alguna cómo una persona puede venir al Señor, cumplir determinadas condiciones y dejar de ser inmadura, pasando a ser espiritual. Pero la cosa no funciona de esta manera.
    Debemos dejar que el Espíritu nos enseñe, nos discipline, madure, crezca en nosotros y camine a nuestro lado; debemos aprender, mediante el sistema de prueba y error, la oración y el arrepentimiento, los temores y las pruebas del corazón. Además, debemos creer en el poder de Dios para llenarnos de Su Espíritu y empezar a trabajar con el alma, lo cual nos aleja del egocentrismo y nos induce a amar a todo el mundo. Los santos de antaño solían cantar: “dejaré atrás el mundo”. Creían que el cristiano debe orar por el mundo, pero dejar el mundo donde está, siguiendo a Cristo con entrega y negación de uno mismo.
    Además, debe decirle a Dios que espera que Él le enseñe a vivir por encima de sus sentimientos y sus sentidos. Ésta es una disciplina difícil para la vida cristiana.
    Tres jovenes procedentes de un instituto religioso en la zona de Chicago vinieron a verme a mi estudio. Estaban pasando por circunstancias difíciles. Uno tenía un problema porque cuando se ponía de rodillas no sentía ningún deseo de orar. Esto le preocupaba, y pensaban que como yo era un cristiano mayor, nunca había tenido una dificultad semejante.
    Básicamente, les dije que hay momentos en los que me tengo que obligar a orar, y durante un breve tiempo no siento ninguna paz. Sus rostros se iluminaron. Uno de ellos dijo: “¡Oh, vaya alivio! Pensaba que estaba recayendo por tener un problema como ése”.
    Habrá ocasiones en las que no nos sentiremos espirituales, pero debemos superarlas orando. Aquí abajo tendremos luchas, y debemos aprender a no fiarnos de nuestros sentimientos. Cuando usted se levanta por la mañana deseando no haberlo hecho, y por la tarde aún anhela con más ardor no haberse movido de la cama, no permita que ese sentimiento le agobie. Un bebé sí se preocupará, y llamará llorando a su mamá, pero el cristiano maduro dirá: “Bueno, éste no ha sido mi día”.
    Sin duda, Pablo pasó por días en los que las cosas no iban bien. Por lo tanto, mantenemos nuestra fe en Dios y en Cristo, y sabemos que, sin tener en cuenta cómo nos sintamos, todo está bien. Un cristiano espiritual deja de depender de lo externo.
    Los cristianos maduros saben por qué están aquí. Conocen el propósito que Dios puso en sus vidas cuando los creó. A veces me siento confuso en medio de mis circunstancias, y me contradigo a mí mismo. Si no conociera bien la Biblia, si no conociera a Dios y no pudiera apuntar a determinadas señales donde se levantó un montón de piedras en el Jordán porque fue la bendición de Dios, podría perder fácilmente el norte en mi ministerio. Pero no lo pierdo, porque sé que estoy cumpliendo determinados propósitos. Por lo tanto, tengo una meta.
    Los cristianos inmaduros necesitan que su religión sea un juego. Beben un rato, tiran el biberón al suelo, se ríen de nada y se entristecen también por nada, lo cual es inmadurez. Los cristianos espirituales tienen una vida de trabajo; no contemplan el mundo como un parque de atracciones, sino como un campo de batalla.
    ¿Y qué hay de la dieta? Un verdadero cristiano emplea toda la Biblia. A algunos de ustedes les molestará que lo diga, pero si viven de un devocional matutino basado en pasajes que alguien seleccionó, les advierto que es insuficiente. Lea toda la Biblia. Entera. No digo que esos otros libros sean perjudiciales, lo único que digo es que si sólo tiene eso, no ha madurado en su vida cristiana. Lea toda la Biblia, lea cada versículo; que no falte ni uno.
    Un verdadero cristiano debería seguir una dieta equilibrada. Un cristiano espiritual es una persona que ha crecido en Dios, que es madura y crece en el Espíritu. Por lo tanto, pidamos que Dios nos haga cristianos maduros, que crezcamos en gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.
A.W. Tozer, del capítulo 8 de su libro FE AUTÉNTICA, Editorial Portavoz

Nota del editor: En este capítulo, siguiendo el texto citado al principio, el autor discursa sobre los cristianos inmaduros, los “niños en Cristo”. Él emplea el término “carnal” claramente en este sentido, no quiere decir personas mundanas ni que practiquen el pecado, sino que son niños espirituales, atrasados en su desarrollo. Cita Hebreos 5:13-14 para aclarar que habla de inmadurez. Por eso hemos sustituido la palabra “carnal” por la palabra “inmaduro” para enfatizar lo que el autor expresa, y para que el lector no piense en la idea equivocada y común hoy en día entre evangélicos del llamado “cristiano carnal” que va totalmente en contra de la enseñanza bíblica, por ejemplo, en Romanos 8:1-14 y Gálatas 5:19-21.

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TRES ENRAMADAS

El belén o nacimiento, y el árbol, en el Vaticano, la plaza de S. Pedro, Roma
“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor” (Mt.g  17:1-6).
    Poquísimas personas han tenido la dicha de esos tres apóstoles. En Génesis 18 Jehová visitó a Abraham y comió con él. Siglos después, enseñó Su gloria a Moisés (Éx. 33:18-34:8). Una vez setenta de los ancianos de Israel, Moisés, Aarón y sus hijos subieron el monte y vieron una manifestación gloriosa del Dios de Israel (Éx. 24:7-11).
    En el Nuevo Testamento, los discípulos Pedro, Jacobo y Juan subieron el monte con el Señor y le vieron transfigurado y glorioso. Aparecieron Moisés y Elías, hablando con Él. Pedro, impresionado sobremanera, sugirió para conmemorar la ocasión: “hagamos aquí tres enramadas”. Pero a Dios no le gustó esa idea. Una nube les cubrió y una voz dijo: “Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”. Tuvieron gran temor, ¡y con razón! No se hizo ninguna enramada, ni para Moisés, ni para Elías, ni siquiera para Cristo. Dios no lo quería entonces, ni hoy tampoco.

un belen ante el altar en un templo católico


   
la sagrada familia
Pero hoy la gente hace sus enramadas, se llaman “belenes” o “nacimientos”, y ponen imágenes de José, María y Jesús, (la “sagrada familia”), supuestamente para comnemorar algo importante. Es parecido al error de Pedro. En lugar de Moisés y Elías ponen a José y María, los pastores, los magos, los ángeles y otros.



manto del "niño Jesús" en un balcón

    
Aún el apóstol Pedro se equivocó. Pensaba que su idea de enramadas era buena, y los religiosos también creen buenas sus belenes. Pero Dios no mandó eso, ni fue una práctica de los primeros cristianos. Además, Dios prohíbe tajantemente el uso de imágenes. La prohibición divina nunca ha parado a los católico romanos, los ortodoxos ni otros. Ponen belenes en sus templos, delante del altar, y en sus casas, donde encienden velas y rezan a la sagrada familia.  

besando la imagen del "niño Jesús"

     Ponen mantas del "niño Jesús" en los balcones, y en los templos y escuelas católicos los feligreses acuden para inclinarse y besar la imagen del niño Jesús. No saben o les da igual que Dios diga: "No te inclinarás a ellas, ni las honrarás" (Éx. 20:5; Dt. 5:9). Así es la religión del mundo.

      Pero, nuestra pregunta es: ¿qué hacen los terrafines en las casas de los creyentes? ¿Por qué imitar a los del mundo y de las religiones falsas? Hermanos, esa no es una costumbre inofensiva, sino pagana, las costumbres de las naciones, que ofenden a Dios. ¿No has visto en la primera foto que el Vaticano tiene su belen y su árbol de navidad?  Si has puesto esas cosas en tu casa, o en el local de reunión, deberías reconocer tu error y corregirlo. Puede que lo hayas hecho por ignorancia, por tradición familiar o por sentimentalismo. Pero ya no puedes ignorar la verdad de esas enramadas. Nuestro consejo amable a los tales es que se humillen, se arrepientan y quiten eso, porque no es posible agradar a Dios ni honrar a Cristo con enramadas e imágenes. Tengamos gran temor de Dios, y no deshonremos a Su Hijo con esas cosas.

Carlos Tomás Knott
  
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Skipper: Perro Fiel
     Lo siguiente no es un cuento, sino algo verídico que he observado personalmente en muchas ocasiones, durante años. En Los Jiotes, un pueblo de El Salvador, curiosamente entre los que han asistido más fielmente a las reuniones está un perro llamado Skipper. ¡Qué bueno es! No va solamente porque alguien pasa a recogerlo, como algunas personas, sino que a las horas de las reuniones Skipper se va caminando por su cuenta. ¡Y no le he visto llegar tarde, ni salir antes del final!
    Nadie lo visita para recordarle las reuniones e invitarlo a venir. No hace falta, pues a Skipper no se le olvida. Nadie le da la bienvenida cuando asiste, pero él sigue yendo.
    No va porque vayan amigos o familiares, porque a pesar de no estar acompañado, aparece en el culto. No va buscando noviazgo, como algunas personas.
    Tampoco va porque le dan algo de comer después de la reunión, como hacen algunos seres humanos.
Vamos a la reunión. ¡Qué bien!
    Los hermanos de la iglesia usan un bus para salir y recoger a personas para traerlas a las reuniones. Lo curioso es que si se descuidan, Skipper se acerca y sube al bus para ir de paseo y acompañarles en la recogida. Le he visto hacerlo, y también va con ellos después de la reunión. 

     Skipper no puede leer, por supuesto, así que el pobrecito no sabe que la Biblia dice que “los perros estarán fuera”. Ha persistido tanto en ir al local y entrar en la reunión que al final su dueña ha tenido que encadenarlo a un árbol delante de su casa para que no vaya. ¡Es la única manera de impedir que entre a la reunión! Cuando anda suelto está alegre, pero cuando lo encadenan al árbol se pone visiblemente triste, porque quiere ir.
¡Ay! Es la hora de la reunión y no puedo ir.
    No importa qué tiempo hace –llueva, haga calor, haga frío, o haya viento– Skipper va. No importa si lo saludan o no le saludan. No tienen que darlo nada y es verdad que no le dan nada – no va porque alguien lo haya entrenado así como un truco. ¡Va porque quiere! ¿Qué es lo que le hace querer ir al culto? Quizás porque quiere estar con la gente, no sabemos. Es un perrro fiel a las reuniones, a menos que esté amarrado.
    Me gustaría decir lo mismo de muchos seres humanos, amigos nuestros que asisten de vez en cuando, e incluso algunos hermanos en diferentes iglesias que no son tan fieles como Skipper. A éstos hay que visitarles, recordarles el horario, invitarles una y otra vez. Hay que pasar a recoger a algunos porque, aunque bien podrían, no vienen sólo por su cuenta. También hay quienes hay que animar con un premio de algo de comer y beber. Algunos sólo vienen buscando novio o novia. Otros sólo van si la familia o los amigos les acompañan. 
¿Por qué no me dejan ir al culto? ¡Ay de mí!
    Alguien dirá que lo de Skipper es sólo un hábito, un comportamiento que él aprendió como rutina. Pero aunque sea así, él anda mejor que los que no se reunen. Si un perro puede aprender buenas costumbres, ¿por qué tú no? Lucas 4:16 dice acerca del Señor Jesucristo: “en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre”. El Señor tenía la buena costumbre de congregarse en el día señalado. Él, algunos creyentes, y aun Skipper lo hace, sin embargo, hay quienes no llegan ni siquiera al nivel de Skipper.
    Los seres humanos hacemos algo que los perros no – ponemos excusas, y siempre hay buena variedad de ellas. Llueve, hace frío, hace calor, hace viento. Tenemos visita en casa. Estamos cansados, o desanimados. Tenemos mucho que hacer, muchos estudios, o hay un partido de fútbol. No tenemos ropa adecuada, etcétera. Bla-bla-bla.  
    Pero el fiel Skipper no tiene esos problemas. Si no le ponen la cadena, se va solito al culto. Algunas personas dicen que no van porque no entienden lo que se dice en la reunión. Eso no le para a Skipper. La única cosa que le para es una cadena. Prefiere reunirse que estar en otro lugar. ¡Qué ejemplo, y eso que no puede razonar como nosotros!
    Duele decirlo, pero hay amigos y hermanos, sí hermanos, que deberían al menos tomar ejemplo de Skipper, perro fiel. Las reuniones son para nosotros, no para los animales. Si Skipper no va, tiene disculpa, porque lo encadenan a un árbol. Pero tú que faltas en las reuniones, ¿qué excusa tienes? Nadie te amarra para prevenir que vayas y te congregues. 
¡Oh qué alegría, no me amarraron, puedo ir a la reunión!
    Y tú, si vas,  podrás sacar muchísimo más provecho que Skipper. Sabes que en las reuniones se predica el evangelio, enseñan la Palabra de Dios, adoran y alaban al Señor Jesucristo, oran e interceden unos por otros, y disfrutan de la comunión de la familia de Dios. Los primeros cristianos “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hch. 2:42).
    La moraleja que sacamos de Skipper es algo parecido al dicho: “Más hace el que quiere que el que puede”. No es difícil de hacer. Si quieres reunirte, estarás allí a menos que haya un impedimento físico.     
No me dejan ir. Estoy encadenado. ¿Cuál es tu excusa?
   Queridos hermanos, sigamos el ejemplo del Señor Jesús (1 Jn. 2:6) que es el mejor. y también imitemos el ejemplo de los primeros cristianos. Dios nos ha dado un corazón con el que amarle y buscarle, y una mente para entender las Escrituras. Podemos alabarle, aprender Su Palabra, orar y gozarnos de la comunión con otros creyentes. Tenemos mucho más a nuestro favor que Skipper, el perro fiel. Cómo mínimo, a menos que nos encadenen, debemos igualar su ejemplo de asistencia fiel.

Carlos Tomás Knott
"¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?"
(Salmo 42:2)
"Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos"
(Salmo 122:1)

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Muchas gracias a la hermana Paz, de Los Jiotes, El Salvador, 
por permitir las fotos y el artículo acerca de su mascota fiel, Skipper.
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