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sábado, 7 de mayo de 2016

EN ESTO PENSAD -- mayo 2016

María, Bendita Entre las Mujeres


¿Qué dice la Biblia acerca de María, la madre de Jesús?
Todos hemos oído mucho de María, la madre de nuestro Señor. Seguro que hemos oído que a ella se le debe orar (rezar). Tal vez tú mismo lo has hecho, y la has rendido culto. ¿Sabes qué dice Dios de tales cosas? ¿Sabes qué dice acerca de María? ¿Te importa? Veamos.
    1. La Biblia dice que María era muy favorecida y bendita entre las mujeres. Antes que concibiera a Jesús, el ángel Gabriel fue enviado de Dios para anunciar a María la concepción inmaculada, esto es, que ella concibiría y daría a luz un hijo sin pecado, el “santo ser” (S. Lucas 1:35). Al llegar el ángel le saludó diciendo: “¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres” (S. Lucas 1:28).
    2. La Biblia revela que María fue escogida no por mérito propio, sino por la gracia de Dios (favor inmerecido). El ángel le anunció: "Has hallado gracia delante de Dios" (S. Lucas 1:30).
    2. La Biblia revela que María, aunque piadosa, necesitaba un Salvador, pues ella misma confesó y declaró: “Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (S. Lucas 1:47). Todo ser humano necesita ser salvo, “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).
    3. La Biblia revela que era necesario que alguien la cuidara, pues el Señor, estando en la cruz, dijo a Su discipulo Juan: “He ahí tu madre”; y a María dijo: “Mujer, he ahí tu hijo” (S. Juan 19:26-27). Se ve que Juan tenía que cuidar a María y no ella a Juan.
    4. La Biblia revela que le hacía falta orar, porque después de la ascensión de Cristo, estaba ella entre los reunidos para orar: “Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos de los Apóstoles 1:14). Vemos que los demás no oraban a ella, sino que María, como los demás, oraba a Dios. Ella no era mediadora entre ellos y Dios, sino que oraba como una más.
    5. La Biblia revela que María necesitaba el Espíritu Santo. En la cita anterior, vimos que cuando estaban todos unánimes juntos, María estaba con ellos. Luego dice que “fueron todos llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2:1-4). Esto nos enseña que María, igual que a los demás, recibió el Espíritu Santo.
    6. La Biblia nos dice que María tenía otros hijos. Por ejemplo, el evangelista Mateo registra una queja de los enemigos de Jesús: “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros?” (S. Mateo 13:55-56 y S. Marcos 6:2-3). Esto no significa primos o parientes como algunos alegan, sino hermanos nacidos de la misma madre. María no es "siempre virgen" como dicen, y esta verdad no le deshonra, pues Dios les bendijo a José y ella con hijos nacidos de su unión matrimonial. Dios declara: "Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla" (Hebreos 13:4). El apóstol Juan menciona a los hermanos de Cristo (S. Juan 7:3, 5, 10). En la cita de Hechos 1:14 notamos que los hermanos de Jesús también estaban reunidos para orar.
    7. María no pudo hacer un milagro cuando faltó el vino en la boda. No tenía poderes sobrenaturales. Ella habló a los siervos de la importancia de obedecer a su hijo Jesús cuando dijo: “Haced todo lo que [Jesucristo] os dijere” (S. Juan 2:5). Por eso debes estudiar el Nuevo Testamento por tí mismo, para ver cómo el Señor Jesús quiere que tú obedezcas.
    “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1:1-2). Dios no habló por María, sino por "el Hijo" Jesucristo.
    La Biblia no enseña que María ascendió viva al cielo. En toda la Biblia sólo hay dos personas que fueron al cielo sin morir: Enoc (Génesis 5:24; Hebreos 11:5), y el profeta Elías (2 Reyes 2:11). Son las únicas excepciones que Dios ha permitido. Nadie más. La asunción de María es una leyenda que surgió en el siglo IV y fue convertida en dogma por aclamación popular sólo en el año 1950. No tiene apoyo bíblico.
    Parece que Jesucristo supo que posteriormente la gente trataría de dar suma importancia a Su madre. Tal vez por eso nunca llamó a Su madre en público por el nombre “madre”, ni le dio otros títulos. Tanto cuidado usó el Espíritu Santo para que nosotros adorásemos siempre y sólo a Cristo, y no a Su madre. Ella fue bendecida por Dios, es cierto, pero no tiene poderes para bendecir, pues no es divina.
    Dijo Cristo Jesús: “Todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (S. Mateo 12:50).
    Amigo, ¿no quieres entrar en el reino de Dios, y ser parte de la familia de Jesucristo, al igual que María la madre de Jesús? Si arrepentido de tus pecados, confías en el Señor Jesucristo para perdonarte y darte vida nueva y eterna, Él lo hara. Sólo Jesucristo puede salvarte.
 M.A. Yoder, adaptado
             
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NO JUZGUES

“No juzguéis, para que no seáis juzgados” (Mateo 7:1).

Aquellos que conocen poco más de la Biblia, conocen este versículo y lo usan de un modo muy caprichoso. Aun cuando se critica a una persona por su enorme maldad, estas gentes piadosamente gorgotean: “No juzguéis, para que no seáis juzgados”. En otras palabras, utilizan este versículo para evitar que se condene el mal.
    Sin embargo, aun cuando hay áreas en las que no debemos juzgar, hay otras en las que se nos manda expresamente hacerlo.
    Hay algunos ámbitos en donde no se debe juzgar. Por ejemplo:    
    No debemos juzgar los motivos de la gente; no somos omniscientes, y no siempre podemos saber porqué hacen lo que hacen. No debemos juzgar el servicio de otro creyente; para su propio Maestro está en pie o cae. No debemos condenar a aquellos que son escrupulosos o meticulosos acerca de cosas que son neutrales moralmente; para ellos sería malo violar sus conciencias. No debemos juzgar por las apariencias o hacer acepción de personas; lo que hay en el corazón es lo que cuenta. Y ciertamente debemos evitar un espíritu crítico y severo; una persona que habitualmente busca defectos en los demás representa una pobre publicidad para la fe cristiana.
    Pero hay otras áreas donde se nos manda juzgar:
    Debemos juzgar toda enseñanza para ver si está de acuerdo con las Escrituras. Tenemos que juzgar si otros son creyentes verdaderos, para no unirnos en yugo desigual. Los cristianos deben juzgar disputas entre creyentes en vez de permitir que vayan a los tribunales civiles. La iglesia local debe juzgar en casos de formas extremas de pecado y cortar de la comunión al ofensor culpable. Los de la iglesia deben juzgar qué hombres reúnen los requisitos bíblicos para ser ancianos o diáconos.
    Dios no espera que desechemos nuestra facultad crítica o abandonemos los valores morales y espirituales. Todo lo que pide es que nos abstengamos de juzgar donde no debemos y que juzguemos justamente donde se nos manda.


William MacDonald, de su libro DE DÍA EN DÍA (Ed. CLIE),
lectura para el 31 de enero.
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EL JUICIO PERVERTIDO




“Tener respeto a la persona del impío, para pervertir el derecho del justo, no es bueno” (Pr. 18:5).

Sobre este texto el hermano William MacDonald comentó:

    “No sólo no es bueno, sino que es absolutamente malo favorecer a los malos. Y es igualmente malo negarles la justicia a los justos. La parcialidad no es la única perversión de justicia que debe evitarse. Considera lo que sigue: el soborno, los testigos falsos, la exclusión o rechazo deliberado de testigos con prejuicio o para afectar la decisión de un caso, la admisión de testimonio secreto (“confidencial”) contra el acusado, los veredictos predeterminados (un tribunal injusto o desautorizado)...
    Es una de tres veces en Proverbios que se nos advierte en contra de la parcialidad o el hacer acepción de personas. Las otras citas son 24:23-25 y 28:21.
                 de su libro en inglés: Proverbs, A Devotional Commentary, págs. 181-182
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LA PREGUNTA INCONTESTABLE
 
Voy a hacer una pregunta que ningún lector puede contestar, y aseguro que ni yo, siendo el autor, puedo contestarla. Además, ningún cristiano puede contestar esta pregunta. No sólo los cristianos, sino que tampoco los demás, nadie en el mundo, aunque tenga muchos conocimientos, sea letrado, experto, erudito y todo eso. Ningún ser humano puede contestar esta pregunta. Porque, y afirmo que es así, ni siquiera los ángeles pueden contestarla, ni Gabriel, ni Miguel, ni otros. No saben la respuesta. Y el colmo es, y lo digo con toda reverencia: ¡estoy seguro que ni Dios mismo puede contestarla! Es totalmente incontestable.
    La pregunta está en la Biblia, y el autor de la Biblia es Dios, pero aun así no puede contestarla. En Hebreos 2:3 leemos esta gran pregunta: "¿Cómo escaparemos... si descuidamos una salvación tan grande?" Lee con cuidado. No pregunta "¿escaparemos?" porque entonces la respuesta podría ser "sí" o "no". Pero pregunta: "¿Cómo?" y verdad es que no hay respuesta, porque no hay modo de escaparse si uno descuida la salvación de Dios. Nadie puede decirte cómo, porque es imposible.
    Dios ha provisto "una salvación tan grande" por medio de Su Hijo Jesucristo. La salvación es grande porque Dios es el Proveedor, y Él es grande. También Su Hijo único, Jesucristo, es grande como el Padre. Hizo una gran cosa; descendió del cielo a este mundo; Dios se encarnó y nació en Belén, de María virgen. Vino al mundo "para salvar a los pecadores", y esa es una misión grande y noble.
    La salvación es tan grande porque también es la única manera de borrar nuestros pecados, perdonar y darnos vida eterna. A los que creen en Jesucristo, Dios les saca de muerte a vida (Juan 5:24). Cristo dice: "Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás" (Juan 10:28). ¿No es grande la vida eterna? Por naturaleza somos unos muertos ambulantes – "muertos en vuestros delitos y pecados" (Efesios 2:1-3), pero Dios da vida y perdón, no a todos, sino a los que creen. Para recibir esta salvación tan grande hay que arrepentirse y creer. Los que no, no se salvarán. Algunos porque rechazan el evangelio y se vuelven enemigos de Dios. Es triste, porque podrían ser salvos si sólo creyesen. Pero quizás todavía más triste es el que se pierde por descuido, como dice nuestra pregunta: "¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?" El descuido, el aplazarlo, postergarlo, decir "todavía no", es la reacción fatal y trágica. No rechaza, pero tampoco acepta; no se arrepiente y no deposita su confianza en el Señor Jesucristo. Descuida el evangelio. Lo escucha, lo considera, y quizás lo admira, pero se va a una eternidad perdida y llena de angustia y dolor, por el descuido fatal.
    Amigo, Dios quiere salvarte. Dios ha provisto sólo en Jesucristo una salvación tan grande. ¡No descuides más Su oferta! Ahora, una pregunta que sí puedes contestar: ¿Hoy te arrepentirás y te entrégarás por fe al Señor Jesús? Hazlo y nacerás de nuevo, tendrás perdón y serás salvo para siempre.
                                                                                                 Carlos

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¿Por qué debemos vestir modestamente?
         
Es una pregunta muy común entre las mujeres en iglesias evangélicas, especialmente en las nuevas creyentes y en algunos casos las cristianas que han estado en iglesias que no enseñan ni enfatizan este tema, y como consecuencia nunca han cambiado su forma de vestir.
    La Biblia dice en 2 Corintios 5:17, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
    Una de las razones por las cuales debemos vestir modestamente es porque debemos dejar atrás todo lo que nos ataba con el mundo, sus valores, modas, etc.  Si ya has aceptado a Cristo como tu Señor y Salvador personal, entonces ya eres una nueva criatura. Y una de las muchas cosas que nos ataba al mundo era nuestra forma de vestir.  El mundo enfatiza mucho la libertad individual y la sensualidad. Cuanto más sensual te veas mejor. Cuanto más enseñes, más sexy.  Pero Dios dice que al creyente TODAS las cosas son hechas nuevas. Eso incluye que debes dejar tus minifaldas, blusas escotadas, pantalones, bikini, joyas, etc.  Debe haber un cambio total en tu vida, como consecuencia a tu obediencia a Dios.
    Considera Éxodo 28:41-42, “Y con ellos vestirás a Aarón tu hermano, y a sus hijos con él; y los ungirás, y los consagrarás y santificarás, para que sean mis sacerdotes. Y les harás calzoncillos de lino para cubrir su desnudez; serán desde los lomos hasta los muslos.” Nota que Dios pide que las ropas de las personas  que estaban a Su servicio debían de cubrir su desnudez. Hasta los sacerdotes debían de vestir modestamente. En otro pasaje dice que Dios no quiere ver la desnudez de ellos, porque para Dios es desagradable, aunque Dios nos creó y nos conoce perfectamente.
    Tal vez dirás, como muchas hoy en día: “no soy Aarón, no estoy al servicio de Dios, y no estoy bajo la Ley”. Son objeciones típicas y lástima que se escuchan de quienes ya decidieron de antemano que no van a cambiar y por eso no quieren oír.  Pero Dios tampoco quería ver la desnudez del resto de Israel, ni la quiere ver hoy en día. No somos Israel, pero somos el pueblo de Dios hoy en día y Dios no aprueba bajo la gracia la inmodestia. En Levítico 18:1-7 leemos:

“Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y diles: Yo soy Jehová vuestro Dios. No haréis como hacen en la tierra de Egipto, [Egipto es un tipo del mundo] en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos. Mis ordenanzas pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos. Yo Jehová vuestro Dios. Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos. Yo Jehová”.

“Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna, para descubrir su desnudez. Yo Jehová. La desnudez de tu padre, o la desnudez de tu madre, no descubrirás; tu madre es, no descubrirás su desnudez”.

    La desnudez de una u otra persona, no descubrirás. Versículo tras versículo habla sobre cubrir la desnudez. Lo malo es que hoy en día hay muy poca gente que se viste correctamente, y la gran mayoría de las personas andan más desvestidas que vestidas. ¿De dónde sacan sus modas y costumbres, de la Biblia? ¡No, sino del mundo que les rodea!
    Es irónico que la gente diga: “…pero eso está en el Antiguo Testamento…eso ya no aplica…es legalismo”, etc. Realmente no importa si Dios habló de cómo vestirse en el Antiguo o en el Nuevo Testamento. En ambos Testamentos trata el tema directa e indirectamente. Pero la cuestion es que Dios no ha cambiado, y la santidad todavía le importa. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Él, como soberano y sabio, tiene derecho a decirnos cualquier cosa acerca de nuestra forma de vivir y nuestra persona.  Primero por ser Dios y Creador. Segundo porque Él pagó alto precio para redimirnos y hacernos Su “pueblo propio” (Tit. 2:14).  Como Pablo dijo a los corintios: “no sois vuestros” (1 Co. 6:19-20). A Dios le agrada que seamos también santos y diferentes en nuestra forma de vivir, porque es parte de “toda vuestra manera de vivir” (1 P. 1:15). La vestimenta es parte de nuestra manera de vivir. Lo santo no es mundano, y lo mundano no es santo. “No os conforméis a este siglo” (Ro. 12:2), ¡y no dice después: “excepto en las siguientes cosas...”!
    Además, el vestirse modestamente es cuestión de obediencia a Dios. Sí quieres obedecer a Dios vas a dejar toda clase de ropa que no agrada a Dios. Es cuestión de fe, porque debemos confiar en lo que Dios dice y enseña, aunque sea contrario a nuestro mundo y costumbres. Y es cuestión de amor y prioridades, porque el Señor Jesucristo declaró: “Sí me amáis guardad mis mandamientos” (Jn. 14:15).

              autor desconocido
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La Forma De Vestir: Tema Importante

por David Cloud

Hace años se escuchaban mensajes como este en muchos púlpitos, pero ese ya no es el caso. Con demasiada frecuencia hoy, es raro que haya cualquier tipo de enseñanza sobre la forma de vestir, y si se predica, suele ser etiquetado “legalismo”. La resistencia tan pervasiva de la cultura “rock & roll” a ese tipo de predicación hace que muchos pastores simplemente deciden ignorar el asunto de la vestimenta. De ese modo la batalla está perdida simplemente porque abandonamos el campo de batalla.
    Sin embargo, si hay un tiempo cuando los predicadores deben advertir a sus oyentes acerca de la ropa, es hoy. La sociedad moderna está empapada con la indecencia. Un desfile de modelos de Vogue daría vergüenza a los de Corinto. Las normas de la moralidad no se limitan al lugar de culto. Seguramente el predicador tiene la obligación de esclarecer estas cosas. ¿No ha hablado Dios sobre el tema? Sabemos que la santidad es asunto del corazón, pero ¿no es también asunto del cuerpo? ¿Qué hombre ha sentido deseos impíos acerca del corazón de una mujer? ¿Cómo, entonces, podemos ignorar esas partes de la Escritura y rehusar predicarlas con denuedo y sin claudicar? Eso es lo que hace el neo-evangélico. Hay cosas que no predicará, y una de ellas es la separación. Pero la Biblia habla tanto de la separación moral como de la eclesial. El predicador que es fiel y creyente en la Biblia no puede ignorar esto.
    Son hipócritas los que hoy gritan: “¡legalismo!” sobre este asunto. Denuncian al viejo predicador por la linea que traza, pero ellos también marcan límites acerca de la ropa. ¿Permitirían a una mujer vestida de bikini enseñar una clase de niños en escuela dominical? No, y hay otros tipos de ropa que no permitirían. Demarcan límites, así que tienen normas. Y si está bien tener una norma acerca de la ropa, ¿no es sabio trazar la raya usando los preceptos bíblicos en lugar de los del mundo?
    Hagamos clara la diferencia entre nosotros y el mundo. No temamos ser un “pueblo propio, celoso de buenas obras”. Caminemos en las sendas viejas. Los que abandonan las normas altas y claras de la santidad en el vestir, y se acercan más y más a las modas del mundo, deben recordar que el mundo se aleja cada vez más de la Palabra de Dios.

David Cloud. Dressing for the Lord (“Vistiendonos para el Señor”), págs. 6-7
Way of Life Literature, www.wayoflife.org


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La Mujer Tiene Obligación


Muchas mujeres protestan que los hombres deben controlar sus ojos, y estamos totalmente de acuerdo que un hombre cristiano es responsable de cuidar sus ojos, pero eso sólo es una cara de la moneda. La mujer también tiene responsabilidad. Puesto que la figura de la mujer tiene para el hombre un poderoso atractivo, la mujer cristiana debe vestirse de modo que no llame la atención sensualmente.
    Hay demasiadas mujeres...sensuales y obstinadas, y que resisten a lo que las Escrituras enseñan, la predicación de hombres de Dios, y las peticiones de los tentados.  Esta es probablemente la razón más grande por la que muchos predicadores simplemente ignoran el asunto en sus predicaciones. Hay demasiadas mujeres obstinadas y contenciosas en la congregación que causan problemas cuando alguien mencione la vestimenta modesta. El predicador debe ser valiente y no dejarse intimidar por ellas pero no es asunto fácil y muchos piensan que no merece la pena.
    Si eres una mujer lectora de este libro, espero que no te haya descrito en el párrafo anterior, porque mientras seas obstinada y sensual no hay modo de que yo u otros podamos ayudarte a ser modesta. Podemos mostrarte lo que la Biblia dice acerca de la modestia, y lo que los hombres dicen acerca de cómo el atavío sensual les afecta, pero no podemos cambiar tu corazón. El fundamento de una vida cristiana modesta es un corazón rendido a Cristo.

David Cloud. Dressing for the Lord (“Vistiendonos para el Señor”), págs. 7-8
Way of Life Literature, www.wayoflife.org


jueves, 31 de marzo de 2016

EN ESTO PENSAD -- abril 2016

 LOS POBRES RICOS


“Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza” (Pr. 11:24).
El Espíritu Santo nos revela aquí un delicioso secreto. Es opuesto a todo lo que esperaríamos, pero invariablemente cierto. El secreto es éste: Cuanto más das, más tienes; cuanto más atesoras, menos tienes. La generosidad hace que tus bienes se multipliquen. La tacañería engendra pobreza. “Lo que di, tengo; lo que gasté, tuve; lo que guardé, perdí”.
    Esto no significa que cosechas la misma cantidad que siembras, ni que el mayordomo fiel vendrá a ser rico materialmente. Puede sembrar pesetas y cosechar algo mejor: almas. Puede sembrar bondad y recoger amigos, sembrar compasión y cosechar amor.
    Significa que una persona generosa cosecha recompensas que otros no pueden. Al abrir su correo y descubrir que la ofrenda que envió suplió una necesidad crítica en el momento oportuno y en la cantidad exacta. Se regocija al ver que el libro que le compró a un joven creyente fue utilizado por Dios para cambiar toda la dirección de su vida. Se entiende que una bondad que mostró en el Nombre de Jesús fue un eslabón en la cadena de la salvación de esa persona. Es sobremanera feliz. Su gozo no conoce límites. Nunca cambiaría su lugar con aquellos que parecen tener más que él.
    El otro lado de la verdad es que atesorar conduce a la pobreza. No hay placer en el dinero guardado en el banco. Puede engañarnos con un falso sentido de seguridad, pero no puede proveer un disfrute verdadero y perdurable. Cualquier precario interés que el dinero puede ganar es como calderilla  comparado con la emoción de ver el dinero usado para la gloria de Cristo y la bendición que éste trae a nuestro prójimo. El hombre que retiene más de lo que es necesario puede tener una enorme cuenta bancaria, pero, sólo una pequeña cuenta de gozo en esta vida y una todavía más pequeña en el banco del cielo.
    El versículo de hoy tiene no solamente el propósito de mostrar un principio divino, sino también de lanzar un desafío divino. El Señor nos está diciendo: “Pruébalo por ti mismo. Pon a mi disposición tus panes y tus peces. Yo sé que los traías para almorzar, pero si los pones en mis manos, habrá en abundancia para el tuyo y para el de otros miles. Te sentirías incómodo almorzando mientras que los de tu alrededor están sentados solamente viéndote comer. Pero piensa en la satisfacción de saber que utilicé tu almuerzo para alimentar a una multitud”.
 
Perdemos lo que en nosotros gastamos, 
mas como tesoro sin fin tenemos,
Todo lo que a Ti, Señor, prestamos, quien todo lo diste. 
 
                                          - Charles Wordsworth
 
William MacDonald, de su libro DE DÍA EN DÍA (Ed. CLIE), lectura del 28 de octubre.
 
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LA SERPIENTE ENGAÑADORA

"La serpiente me engañó, y comí”. 
(Gn. 3:13)

Así es todavía. La serpiente es encantadora y persuasiva. El pecado puede parecernos tan agradable, tan aparentemente legítimo. ¿No quiere Dios nuestra felicidad? Y en el momento de la tentación Satanás nos promete la felicidad. Pero es el padre de mentiras, y debemos rechazar su voz seductora y asirnos de la Palabra de Dios. No te engañes; Dios no puede ser burlado. El pecado trae tristeza y destrucción a tu vida. Dios te ama, claro, pero no por eso consiente el pecado. Él desea lo mejor para ti. Obedécelo.
 
Donald Norbie, traducido del calendario “Choice Gleanings”  
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EL LEGALISMO

¿Mandamientos? ¿En el Nuevo Testamento? Al escuchar la palabra: “mandamiento”, muchos evangélicos inmediatamente piensan: “legalismo”. Pero los dos términos no son sinónimos. Nadie habló de mandamientos más que el Señor Jesucristo, pero tampoco hay nadie menos legalista que Él.
    ¿Qué es legalismo? Aunque la palabra no está en el Nuevo Testamento, describe lo que en el hombre son sus esfuerzos incesantes para ganar o merecer el favor de Dios. Básicamente significa el intento de ganar justificación o santificación a través de guardar la Ley. Esto es su verdadero significado. Pero hoy en día la palabra es empleado en un sentido más amplio, para describir lo que uno piensa que son normas morales y rígidos. Cualquiera que intenta clasificar ciertas prácticas como tabú es etiquetado: “legalista”. De hecho, ahora emplean la palabra “legalista” como un mazo o palo para atacar casi toda y cualquiera restricción del comportamiento cristiano, o en contra de cualquier enseñanza “negativa”.  
           Cómo, entonces, debe un cristiano pensar, para evitar el peligro asociado con el “legalismo”? En primer lugar, es verdad que los cristianos estamos libres de la Ley, pero es importante añadir rápidamente que no estamos sin ley. Estamos bajo la ley de Cristo. No debemos hacer lo que nos plazca, sino lo que le place a Cristo.
    Segundo, debe recordarse que el Nuevo Testamento está lleno de mandamientos, incluso un buen número de negativas. La diferencia está en que estos mandamientos no son dados como Ley, es decir, no conllevan pena (no son punibles). Son dados como instrucción en justicia para el pueblo de Dios.
    Además de esto, hay cosas que pueden ser lícitas para el cristiano, pero que no le convienen. Puede que no sean cosas “ilegales” en ese sentido de ley, pero que esclavizan y por eso deben evitarse (1 Co. 6:12). Es posible que un creyente tenga libertad para hacer algo, pero por otra parte, si ejerce su libertad, podría ser culpable de escandalizar, herir o tropezar a otra persona. En ese caso, aunque está en su derecho, y es “legal”, no debe hacerse.
    El hecho de que alguien llame a una prohibición: “legalista”, no quiere decir que esté mal. La gente emplea la palabra “puritano” de forma despectiva, para describir ciertas normas de conducta, pero el comportamiento de los puritanos honraba a Cristo más que muchos de los que les critican.
    A menudo, cuando los cristianos castigan ciertos patrones de comportamiento piadoso como “legalista”, esto puede ser una indicación de que ellos mismos se están volviendo más permisivos, y deslizándose moralmente. Ingenuos, se imaginan que cuando atacan y critican a los llamados “legalistas” o “puritanos”, hacen que ellos mismos salgan con mejor apariencia, o que así encomiendan su propia posición y comportamiento a los demás.
    Nuestra seguridad está en quedarnos lo más cerca posible a las enseñanzas de las Escrituras, no en intentar ver cuán cerca del precipicio podemos llegar sin caer.

William MacDonald, traducido de la revista "Uplook"
 
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 ¿No Oran Vuestras Mujeres 
En Las Reuniones?

    Los que preguntan así a veces la expresan como una acusación: “No dejaís a las mujeres orar en las reuniones, ¿verdad?” Pero de cualquier modo, se equivocan. Aparentemente se creen que si no oyes a alguien orar, entonces no ora. Sin embargo, es Dios quien debe oir la oración.
    La Bibila da el ejemplo de una mujer piadosa que oraba en público pero nadie le oía. En 1 Samuel 1:12-13 leemos acerca de Ana, la madre de Samuel: “Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria”. Ana era una mujer creyente, y practicaba la oración. Su hijo Samuel fue una respuesta de oración – un poderoso varón de Dios. Pero oraba en silencio, y porque su voz no se oía, Elí sacó una conclusión erronea. De modo similar, hoy en día los que no oyen la voz de las hermanas en las reuniones suponen que ellas no participan. Los demás no oyen al que ora en silencio, pero Dios sí. A fin de cuentas por eso oramos – para que Dios nos oiga y conteste.
    Si una hermana no ora en una reunión de oración, hace mal, porque no se congrega sólo para hacer acto de presencia. Y si una hermana no adora, no da gracias, no alaba al Señor durante la Cena del Señor, ¿qué hace? Su corazón debe expresarse delante del Señor, y no hace falta voz alta para esto. Cuando las hermanas participan así en silencio, contribuyen al espíritu de intercesión o de adoración en una asamblea, y realizan su función sacerdotal. Hermana, el Señor te escucha cuando los hombres no pueden. 
            

    Carlos  
 
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"Vuestro atavío
no sea el externo de peinados
ostentosos, de adornos de oro o de vestidos
lujosos, sino el interno, el del corazón, en el
incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible,
que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas
mujeres que esperaban en Dios, estando
sujetas a sus maridos"
1 P. 3:3-5
 
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Tengamos consideración y no hagamos esperar al Señor ni a nuestros hermanos. No lleguemos ni tarde ni justo a la hora, sino antes. ¡Conquistemos las malas costumbres, la indisciplina, la pereza y el egoísmo! 
 
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EL LIBRO DEL MES:   "Yo Soy", 
por Carlos Tomás Knott
En Éxodo 3:14 Dios se reveló a Moisés diciendo: "Yo soy". Nadie más toma ese nombre. Cuando Jesucristo declaró: "yo soy", en el evangelio según Juan, se separó de todo otro ser. Él es único, Dios hecho hombre, y no tiene igual ni semejante en todo el mundo. Buda no es el "yo soy", ni lo es Mahoma, ni ningún santo católico. La única esperanza de la humanidad es el Señor y Salvador Jesucristo, el "yo soy".
precio: 4 euros
 
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DOS GRANDES DESCUBRIMIENTOS

1. La Convicción Ante Dios
    Amigo, ¿Has descubierto que eres un pecador culpable ante Dios? Puede que seas una persona moral, amable y religiosa ante los hombres, y en tu propia estimación inocente en la vida. Pero ante los ojos del Dios Santo y Justo, eres un pecador. No te ofendas, sino considera cabalmente lo que la Palabra de Dios dice: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”  Romanos 3:23. “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” Ecclesiastés 7:20.
    Leemos de algunos que reconocieron esa verdad, y así es cómo se expresaron:
· el apóstol Pedro: “Soy hombre pecador” Lucas 5:8
· el patriarca Job: “He aquí que yo soy vil” Job 40:4
· el profeta Isaías: “¡Ay de mí! que soy muerto...siendo hombre inmundo de labios” Isaías 6:5
· el apóstol Pablo: “...los pecadores, de los cuales yo soy el primero” 1 Timoteo 1:15
    ¿Te has visto así convicto de tu pecado ante Dios? ¿Lo has reconocido en Su presencia? Si es así, también puedes conocer el camino de limpieza del pecado. Pero si no lo has reconocido, debes ser hallado un día convicto y sin palabras (Mateo 22:12) ante el trono del juicio divino.

2. La Limpieza del Pecado
    Muchos tampoco han descubierto cómo realmente ser limpios de sus pecados. Hay una manera en que cualquier pecador puede ser totalmente perdonado y limpiado, y así hecho apto para estar en Su santísima presencia. No es por sinceridad, ni obras de justicia, ni por ocupación en las cosas de religión como por ejemplo los rezos, los sacramentos o la devoción a los santos.
“Hay generación limpia en su propia opinión, Si bien no se ha limpiado de su inmundicia” Proverbios 30:12.  Sólo hay un camino y medio por el cual el pecador puede ser limpio ante Dios, y es éste: La sangre de Jesucristo:
· “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos...que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre”   Apocalipsis 1:5
· “...la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”     1 Juan 1:7
· “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”  Juan 15:3
   
    El pecador que reconoce su pecado ante Dios (Salmo 32:5) y confía en la sangre de Jesucristo que fue derramada por sus pecados, y cree la Palabra de Dios, el Evangelio, recibe perdón y limpieza de Dios, como Cristo dijo: “está todo limpio” Juan 13:10.
Nunca en el infierno estará alma que no tuvo oportunidad,
Sea pagano, o de hogar cristiano, cada cual tiene responsabilidad.
 
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 Los Profetas: Verdaderos Y Falsos
Parte II

No siempre entendieron los profetas todo lo que dijeron (Dn. 7:28; 8:15-27; 10:7-15; 1 P. 1:10-12; Ap. 7:13-14; 17:6). En particular su dificultad fue en cuanto al Mesías. Cuando profetizaron en el mismo momento sobre los sufrimientos del Mesías y sobre Su gloria, les fue difícil de entender. No podían entender cómo el Cristo podría experimentar las dos cosas, porque no veían lo que nosotros desde nuestra posición y perspectiva en la historia vemos: las dos venidas del Señor Jesucristo - una en humildad y otra en gloria. Y junto con esas dobles referencias en cuanto al Mesías, hay que reconocer que existe y obra este principio de doble referencia en las predicciones de los profetas. Hay profecías que tienen un cumplimiento inmediato y parcial, seguido después por otro cumplimiento pleno y final. Por ejemplo, la profecía de Joel 2:28-31: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas... y daré prodigios en el cielo y en la tierra... el sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová...”. Hay un cumplimiento parcial de esta profecía el día de Pentecostés, cuando Pedro la cita para explicar el milagro de la venida del Espíritu y la predicación de los apóstoles en lenguas (Hch. 2:7-21). Fue parcial, por cierto, por cuanto no hubo prodigios en el cielo y en la tierra, el sol no se convirtió en tinieblas ni la luna en sangre. Pedro explicó que ellos hablaron así porque Dios les había derramado Su Espíritu como Joel dice, y no porque había venido el día de Jehová. Después, en la segunda venida de Cristo, con todas las señales y los prodigios que vemos en el libro de Apocalipsis, vendrá el Señor como Joel profetizó y se cumplirá plena y finalmente esta profecía. Otro ejemplo es Isaías 7:10-16 cuando Isaías da en los versículos 14-16 la profecía acerca del nacimiento virginal del Mesías: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno. Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada”. Esta profecía tenía un cumplimiento inmediato en los días de Acaz, con un niño que nació y fue llamado Emanuel. Antes de que creciera mucho ese niño, la alianza del norte, entre Siria e Israel, fue desecha y Acaz no tenía nada que temer de ellos. Pero este versículo también tuvo su cumplimiento pleno y final siglos después, cuando la virgen María concibió y dio a luz a “Emanuel, que traducido es Dios con nosotros”, el Señor Jesucristo (Mt. 1:23).
    En los libros de los profetas, la palabra “Israel” normalmente significa el reino del norte, es decir, el reino que Jeroboam estableció con las 10 tribus exceptuando a Judá y Benjamín. Hay ocasiones cuando la palabra es usada en su sentido más amplio, más general, para hacer referencia a Israel como todos los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob.  El contexto indica cuál es el sentido en cada caso. “Judá” significa las dos tribus del sur, el reino cuya capital era Jerusalén y cuyos reyes eran descendientes de David. “Efraín” es empleada no tanto para hablar de la tribu de Efraín, sino del reino del norte donde esta tribu tanto figuraba y controlaba. Esta palabra tanto como “la casa de José” se nota especialmente en la profecía de Oseas. “Samaria” se refiere a la capital del reino del norte, y en sentido figurado a todo el reino del norte. Otras capitales importantes en los libros proféticos son: Jerusalén de Judá, Nínive de Asiria, Damasco de Siria, y Babilonia de Babilonia.
    Entre los temas tratados por los profetas del Antiguo Testamento están los siguientes:

    1. La santidad y justicia de Dios y lo que Él opina acerca del pecado.
    2. El pecado y el fracaso del pueblo escogido por Dios.
    3. Un llamado al arrepentimiento y sus frutos.
    4. El juicio de Dios que vendría sobre los judíos obstinados: destrucción.
    5. El juicio de Dios sobre las naciones de los gentiles.
    6. La vuelta de la nación de Israel del cautiverio.
    7. La venida del Mesías, Su rechazo por Israel, Sus sufrimientos,                 muerte y resurrección.
    8. La venida del Mesías en poder y gloria para reinar.
    9. La restauración futura de Israel.
    10. El reino universal de Cristo.

    También es importante reconocer que la Iglesia no es el tema de las profecías del Antiguo Testamento, porque ellas hablan de Israel y el Mesías, de juicios divinos sobre las naciones, y aun cuando hablan de la conversión de gentiles no hablan de la Iglesia, su gobierno, su misión, etc. sino de que la gracia de Dios será extendida a los gentiles. Según Efesios 3:4-6 la Iglesia es un misterio que fue escondido en tiempos pasados, y revelado en el Nuevo Testamento.

El Coste de Ser Fiel

    Los profetas, porque fueron fieles a Dios, no fueron populares con la nación. Al pueblo de Dios no le gusta ser reprendido y corregido, aún en nuestros tiempos. Considera los sufrimientos de los profetas:

· El rey Amasías (2 Cr. 25:16) amenazó al profeta que Dios le envió, diciendo: “¿Te han puesto a ti por consejero del rey?  Déjate de eso. ¿Por qué quieres que te maten?”
· 2 Cr. 36:15-16 “ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas...”
· Los judíos dijeron a Jeremías: “No profetices en nombre de Jehová, para que no mueras a nuestras manos” (Jer.11:21).
· El sacerdote Pasur azotó y encarceló a Jeremías por profetizar contra Jerusalén (Jer. 20:1-2).
· Jeremías fue detenido, azotado y encarcelado porque intentó salir (Jer. 37:12-15)
· Los príncipes echaron a Jeremías en la cisterna por sus profecías (Jer. 38:4-6)
· El remanente acusó a Jeremías: “Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No vayáis a Egipto...” (43:2).
· Dios advirtió a Ezequiel de la dureza del pueblo: “...te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos” (Ez. 2:4-5).
· El pueblo venía y escuchaba, pero se mofaba de Ezequiel (Ez. 33:30-33) y no ponía por obra sus palabras. Como muchos que asisten hoy a conferencias.
· Daniel 9:6 “No hemos obedecido a tus siervos los profetas...”
· Amós 5:10 “Ellos aborrecieron al reprensor en la puerta de la ciudad, y al que hablaba lo recto abominaron”.
· El sacerdote Amasías ahuyenta a Amós: “vidente, vete, huye a la tierra de Judá... y no profetices más en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino” (Am. 7:12-13).
· Miqueas cita cómo el pueblo trataba de poner mordaza a los profetas: “No profeticéis, dicen a los que profetizan...” (Miq. 2:6).
· Juan el Bautista fue prendido y encadenado en la cárcel por reprender a Herodes acerca de su matrimonio ilícito (Mt. 14:3-5) y Herodías le odió y consiguió matarlo (Lc. 3:19-20)
· Mt. 5:11-12 Cristo dijo: “...os vituperen...persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros...porque así persiguieron a los profetas...” (Lc. 6:23, 26)
· Mt. 13:57 El mismo Señor sufrió: “Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa” (repetido en Mr. 6:4; Lc. 4:24; Jn. 4:44).
· Mt. 23:29-37 Cristo llamó a los fariseos, escribas "hipócritas" e hijos de los que mataron a los profetas (Compara con Lc. 11:47-51; Lc. 13:34)  
· Lc. 6:22-23 El Señor nuevamente señaló el maltrato de Sus profetas como típico de Israel: "porque así hacían sus padres con los profetas”.
· Ro. 11:3 cita la queja de Elías: “Señor, a tus profetas han dado muerte”.
· Hch. 7:52  Esteban, lleno del Espíritu Santo, acusó a Israel: “¿cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo”. Por eso le mataron también a él.
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· Gá. 1:10 El apóstol Pablo tenía claro cuál debe ser su actitud y manera de proceder: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”.
· Gá. 4:16 Sentía lo mismo que los profetas: el rechazo y la enemistad de la gente: “¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?”
· 2 Ti. 2:8-12 A su discípulo Timoteo le animó a ser fiel pese a todo: “Acuérdate de Jesucristo... si sufrimos, también reinaremos”.
· He. 13:6 La esperanza del siervo fiel: “El Señor es mi ayudador, no temeré lo que me pueda hacer el hombre”.

En Marcos 9:4 los tres discípulos vieron a Moisés y Elías con Cristo en el monte de transfiguración. Pero un día nosotros estaremos en el cielo con el Señor, y veremos a todos los profetas del Señor, estaremos con ellos y tendremos comunión con ellos. ¿Cómo será nuestra conversación con ellos? ¿Qué testimonio dan nuestras vidas? Amados hermanos, aunque suframos por ello, seamos ahora fieles al Señor como ellos lo fueron.
Carlos Tomás Knott

viernes, 4 de marzo de 2016

EN ESTO PENSAD -- marzo 2016


Probablemente nadie olvidará los sucesos trágicos en Madrid el 11 de marzo del año 2004. Muchos saben exactamente dónde estaban cuando oyeron por primera vez la asombrosa noticia. Recuerdan que estaban en el trabajo, en casa mirando la tele, o viajando en coche o autobús.
    Muchos de nosotros escuchábamos la radio o mirábamos las imágenes con horror e incredulidad. ¿Realmente estaban sucediendo estas cosas? Pero, ¡sí, sucedieron! Y sentimos profunda compasión por todos los que perdieron amigos y seres queridos en este día de dolor nacional. Me impactó el pensamiento de que tantas personas como tú y yo estaban vivas y sanas en un momento, y en el siguiente momento estaban en la eternidad. ¡No sabían que en un segundo de tiempo se les iba a quitar la vida y que serían lanzadas a la eternidad en un momento de violencia inimaginable!
     De alguna manera vamos por la vida sabiendo que no durará para siempre, pero pensamos que el fin está todavía lejano. Pensamos que tenemos bastante tiempo, cuando en realidad sólo hay un latido de corazón o una respiración entre nosotros y la muerte. ¿Has pensado en dónde irás cuando mueras? ¿Te has preguntado dónde estarás cuando los vivos estén observando tu funeral? ¿Dónde estarás tú un segundo después de la muerte?
     Muchos piensan que irán al cielo porque han sido religiosos o sinceros, o porque han tratado de ser buenos, pero un segundo después de la muerte descubrirán que estaban equivocados. Muchos esperan ir al cielo y les gustaría ir allí, por supuesto, pero ellos también estarán tristemente sorprendidos un segundo después de la muerte. Otros dicen que el cielo no existe, y que es un cuento inventado por la religión. Pero el cuento es lo que éstos creen, que no hay cielo, y un segundo después de la muerte se darán cuenta. Y lo peor es que entonces, ¡será demasiado tarde!
     Amigo, ¿es posible que nunca hayas abierto la Biblia para ver con toda certeza lo que Dios dice acerca de a dónde irás cuando termine tu vida terrenal? ¿Por qué no abrirla ahora y ver con tus propios ojos lo que tiene que decir, mientras haya tiempo? Quizá no sabes dónde comenzar, ya que la Biblia es un libro grande. Sugerimos que comiences a leer en los Evangelios (S. Mateo,  S. Marcos, S. Lucas y S. Juan), porque cuentan de la vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo. Lee la Biblia y busca en ella las respuestas a estas preguntas: ¿Por qué vino Jesucristo al mundo?” y “¿Cómo podemos ser salvos de nuestros pecados?” Mejor comenzar lo antes posible, porque no sabes cuándo te tocará morir, y hoy por hoy no estás preparado.
     A continuación citamos algunos versículos para ayudarte a comenzar. Por favor, leelos con cuidado y toma el tiempo para pensar en ellos.

   “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (S. Mateo 7:13-14).

   “¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (S. Marcos 8:36-37).

   “También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré?...Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (S. Lucas 12:16-20).

   “...el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (S. Lucas 19:10).

   “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (S. Juan. 3:16).

   “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (S. Juan 14:6).

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 LA BOMBA DE AGUA


Un hombre tiene un pozo de agua cerca de su casa, y una bomba espléndida colocada encima. Aunque la bomba en sí es un mecanismo perfecto, el hombre nunca ha podido sacar agua buena de aquel pozo. Antes al contrario, cuanto más trabaje con la bomba, peor está el agua que sube.
    Un día este hombre tiene visita de alguien que resulta ser experto en estos asuntos. Y éste le explica que si perfora una gran roca que está cerca, sacará de abajo una amplia cantidad de agua pura. Desesperado, el hombre hace el experimento, y después de unos días de trabajo perfora la roca y halla el manantial esperado, resultando en una fuente de agua viva, pura y refrescante que sale con gran fuerza.
    Ahora bien, ¿piensas que aquel hombre traerá ahora su bomba del pozo y la colocará sobre aquel manantial que chorrea agua buena?
    ¡Por supuesto que no! No es que tenga queja alguna de la bomba. Está tan buena como siempre. Pero ahora tiene aguas vivas de una fuente nueva, cual él nunca hubiera podido sacar del pozo con la bomba.
    Ahora vamos a aplicar esta figura sencilla. “La ley no fue dada para el justo” (1 Ti. 1:9). En sí la ley es “santa, justa y buena”, pero cuando fue aplicada al ser humano en la carne, como la bomba que fue aplicada al pozo malo, sólo podía sacar lo que había allí.
    ¿Cuál entonces fue el requisito de la ley? Gálatas 5:14 nos dice: “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Sí, demandaba amor, pero salía odio perfecto, y no sólo esto, sino odio a Aquel que merecía sólo amor. “Me aborrecen sin causa” (Sal. 69:4). Entonces, se acabó lo del pozo viejo, y la bomba que sólo hacía su condición contaminada más y más obvia.
    Ahora miremos al otro lado de la cuestión, ¡y qué contraste más refrescante es ir de lo viejo a lo nuevo!
   Pero, puede preguntarse, ¿qué es este manantial nuevo? No es nada menos que el Espíritu de Dios —el Espíritu de vida en el alma del creyente (Jn. 4:14; 20:22; Gá. 5:22-25). El Señor Jesús dijo en Juan 7:38-39, “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él”.  
    ¿Y qué sacamos de esta fuente nueva? Pues, el primer fruto producido por el Espíritu es justo la cosa que la Ley demandaba, pero no podía producir, esto es: “amor” (Gá. 5:14, 22).
George C. Cutting
traducido y adaptado de un artículo en la revista “Uplook”, febrero del 2007 


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EL DIEZMO NUNCA FUE DINERO
Jack Fleming



Hasta en los días del Señor se menciona que para pagar el diezmo no traían dinero. Lc.11:42, "diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza". Y todo eso se guardaba en el alfolí, que obviamente tampoco era una "alcancía" [cepillo para limosnas] como mienten los comerciantes de la fe.
     No existe en toda la Biblia disposición alguna, ni mandamiento, ni tan siquiera un solo ejemplo de alguna iglesia que recogiera el diezmo, o de un cristiano que lo hubiera pagado.
     Yo sé que muchos pastores se escandalizan con esta afirmación y dicen: "El diezmo es bíblico, porque se menciona muchas veces en la Biblia". Eso es verdad, pero lo que no dicen es que siempre se menciona para la nación de Israel, NUNCA para la iglesia.
     Este es un tema tan sensible para los Neo Evangélicos, como lo es "María" para los romanistas. Y esto es porque ambos son una fuente de ingresos económicos muy importantes para quienes los manipulan.
     En la Biblia también se menciona muchas veces el sábado (día de reposo), la circuncisión, los sacrificios de animales y muchas otras ordenanzas, pero eso no significa que la iglesia deba guardar el sábado ni circuncidarse o continuar con los sacrificios de animales.
     Si entendemos correctamente que aunque la Biblia lo mencione, vemos que nosotros los cristianos no debemos cumplir tales ordenanzas, porque son para la nación de Israel. Entonces ¿por qué los judaizantes de hoy insisten en incluir "algunos" mandamientos que claramente son para Israel y no para la iglesia?
     No hay que ser muy observador para darse cuenta que justamente los que incluyen, son aquellos que les puedan reportar algún beneficio material, como el diezmo y la "fiesta de las primicias".
    Ni los Pentecostales han mostrado interés alguno por añadir a sus iglesias la fiesta de Pentecostés, porque ni esa, ni ninguna de las seis restantes que se mencionan en Levítico 23 les aportaría beneficio económico.
    Si les preguntáramos ¿por qué no guardan la fiesta de Pentecostés, o la de los Tabernáculos, o la fiesta de las Trompetas?, ninguno titubearía en respondernos: "Porque esas fueron ordenanzas para Israel". Y ¿qué se podría decir entonces del diezmo y de la parodia que practican como fiesta de las primicias?

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Libro Nuevo:

¿Es Bíblico Que Una Mujer 
Hable En La Congregación?
por Christopher Knapp

El autor no pregunta la cultura, los derechos, la opinión de mayoría, ni qué hacen los demás. Sólo quiere saber qué dicen las Escrituras, y nos guía a examinar la Biblia y sacar respuestas bien claras si no populares. ¿Te atreves a saber la verdad, y obedecerla?
precio: 3 euros más gastos de envío
  

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¿EXISTE EL INFIERNO?

Sorprendentemente, las encuestas demuestran que durante las últimas décadas aumentó el número de los que creen que el infierno existe. Sin embargo, menguó dramáticamente el número de los que creen que irán allá. ¿Esto nos proporciona una comprensión de la condición espiritual del mundo hoy en día? ¿Cómo es que hoy más gente profesa creer en el infierno, pero menos gente cree que irá allá?
    Creo que estos resultados reflejan la creciente popularidad de ideas como: “Dios es un Dios de amor – Él nunca mandaría a nadie al infierno”, y “Creo que he hecho bastante bien en mi vida, y si existe el infierno, no iré allá”. Son dos conceptos equivocados y muy peligrosos, porque son claramente contrarios a lo que la Biblia enseña al respecto.
    ¿Realmente existe un lugar llamado el infierno?  Jesucristo habló más del infierno que del cielo, diciendo: “Temed a aquel que...tiene poder de echar en el infierno” (Lucas 12:5). El infierno se describe como el lugar “donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:44).
    ¿Dios realmente echará a gente en el infierno? Sí. “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15).
    ¿Pueden las buenas obras librarnos del infierno? No. “Ya que por las obras de la ley [buenas obras] ningún ser humano será justificado delante de él...por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:20, 23).
    Estas Escrituras revelan la verdad a menudo ignorada del carácter de Dios y el juicio requerido del pecado. Sí, Dios es amor. No obstante, Él también es perfectamente santo y justo, lo cual significa que Él no puede pasar por alto el pecado. La paga del pecado que Él ha decretado tiene que pagarse. “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). El que muere en sus pecados será eternamente separado de Dios en el infierno (Apocalipsis 20:14; 21:8). No fue hecho para los seres humanos, sino para el diablo y sus ángeles (Mateo 25:41).
    Si piensas que Dios nos ama demasiado para no intervenir a favor nuestro, tienes razón. Él ha intervenido. La Biblia declara: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Dios demostró Su increíble amor inigualable a nosotros cuando envió a Su Hijo Jesús para ser nuestro sustituto y sufrir en nuestro lugar. La Biblia dice que Cristo “llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”, y “nos redimió de la maldición de la ley” (1 Pedro 2:24; Gálatas 3:13). Entonces, Dios le levantó de los muertos, mostrando Su satisfacción con Él y el precio que pagó.
    Ahora el mensaje maravilloso es: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Se ofrecen gratuitamente la salvación del pecado y del infierno a todos los que confíen en el Señor Jesucristo – todos los que confíen en Su obra consumada en la cruz de sufrir en nuestro lugar, pagando la paga de nuestros pecados: la muerte.
    En el día del juicio, la pregunta no será si el infierno existe o no, ni si Dios es justo, ni si eres tú pecador – porque todas estas cosas serán obvias. La pregunta será: “¿Confiaste en el Señor Jesucristo como tu Salvador?” Es así de sencillo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).
    Porque Cristo dijo: “Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). “¿Cómo escaparemos...si descuidamos una salvación tan grande?” (Hebreos 2:3). No la descuides. Arrepiéntete y confía en el Señor Jesucristo.  
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 ¿Hay Pocos Que Se Salvan?
Parte II
O. J. Gibson
viene del número anterior
Las iglesias evangélicas creen que al predicar el evangelio, algunos oyentes obedecerán el mensaje del evangelio, confiando en Cristo, y así serán salvos (1 P. 4:17; Hch. 5:32). Aunque es difícil saber con certeza las cifras, se calcula que sólo entre 300 millones y 350 millones (en todo el mundo) pertenecen a iglesias evangélicas que predican el evangelio. Esto sería aproximadamente veinticinco por cien de los en el mundo que dice que son cristianos. Pero, de ese número, sólo la persona más optimista creería que cada uno de ellas es un verdadero creyente, nacido de nuevo y mostrando las mínimas señales de nueva vida en Cristo. De la población mundial de seis billones de personas, trescientas millones es ciertamente un número pequeño. ¿Cómo llegan éstas a ser cristianas en la práctica general? La mayoría de las personas que están en iglesias evangélicas son bautizadas y consideradas miembros de la iglesia. Está muy extendida la creencia de que esto es todo lo que se requiere. La existencia en ellas de una fe genuina que resulta en la salvación es un supuesto.  Algunos llamados “cristianos” basan sus esperanzas de ir al cielo en el hecho haber sido bautizados y que son miembros de la iglesia. En las iglesias hay cierta reticencia en cuanto a quitar de la lista de miembresía a aquellos que han cesado de asistir o se han vuelto atrás. Hoy por hoy, casi nadie es excomulgado por comportamiento pecaminoso, a pesar de que en 1 Corintios 5 la doctrina apostólica demanda eso.
    Curiosamente, algunos evangelistas conducen una serie de reuniones evangelísticas o “avivamientos”, como las llaman en algunas partes. Recuerdo un incidente de un avivamiento evangelístico. Tenía que ver con una viuda anciana que ciertamente estaba viviendo una vida cristiana, y asistió a una de esas reuniones. El predicador típicamente empleaba un “llamado múltiple” al final de su mensaje. Primero hizo una invitación a los que querían ser salvos, que pasasen al frente. Casi no hubo respuesta. El evangelista siguió con su invitación y llamado: “Los que quisieran ser restaurados al Señor, que pasen adelante”. Luego apeló: “Los que desean dedicar de nuevo su vida al Señor, venid”. Finalmente, porque había tan pobre respuesta, apeló desesperadamente: “Los que no estáis haciendo para el Señor todo lo que podríais, venid”. Esto último tocó a la viuda anciana, y ella pasó al frente y se sentó en el primer banco donde se ponían los que buscaban ser salvos. El pastor fue el que habló primero con ella. “Dime, señora, porque ha venido al frente usted?” Ella respondió con voz temblorosa: “Pienso que no estoy haciendo para el Señor todo lo que podría”. El pastor respondió: “¿Y quién hace esto?”, suspiró, y la dejó.
    Un evangelista conocido internacionalmente me dijo que le juzgan por su éxito al traer al frente las personas. Dijo: “lo aborrezco”. Así que le pregunté: “¿Por qué, entonces, prolongas tus reuniones al final con estas invitaciones y llamadas?” Respondió: “es necesario para obtener resultados–quiero decir, números”. En mi experiencia hay muy pocos “convertidos” así que se demuestran reales. Hace años fui consejero algunas veces en las “cruzadas” del más famoso evangelista del mundo: Billy Graham. Cuando hacía preguntas a los que pasan al frente, pocos tenían convicción de pecado o verdadero comprensión del evangelio. Cuando les preguntaba: “¿Por qué te acercaste?”, muchas veces respondían: “Parecía algo bueno que hacer, no puede hacerme daño”.  Basándome en los que venían a nuestra iglesia y otras iglesias como resultado de estas cruzadas, yo calcularía que una minoría sorprendentemente pequeña de tales personas han sido verdaderamente salvadas. No obstante, multitudes basan su esperanza de ir al cielo sobre esta experiencia de “decisión”. Una “decisión” indica casi cualquiera respuesta a una presentación del evangelio, como por ejemplo las siguientes:

    “Pasé al frente al final de la reunión”.
    “Levanté mi mano”.
    “Dije ‘amén’ a la oración que alguien hizo por mi”, o “repetí                      una oración escrita o formulada por otro”.
    “Acepté de Dios el don gratuito de salvación”.
    “Firmé una tarjeta de decisión”.
    “Hice la oración del pecador”.  (...
en tal día y tal hora)
    “Invité a Jesús a entrar en mi corazón”.
    El predicador oró conmigo”.

    ¿La epístola a los Romanos o el evangelio según Juan enseña respuestas así? Todos debemos saber que no. Entonces, ¿cuál es el contenido de la fe de las personas que toman pasos así? ¿Verdaderamente hay comprensión en el corazón? Considera lo que a menudo pasa con esta clase de profesión de fe. La persona que le ha “guiado al Señor” le presenta a otra persona diciendo: “Juan acaba de ser salvo, ¡alabado sea Dios!” O puede incluso presentar públicamente a la persona como alguien que acaba de convertirse. Pero yo pregunto: “¿cómo puede el cristiano que presenta al otro así estar tan absolutamente seguro de su afirmación si no tiene por adelantado una copia del libro de la vida del Cordero?” Al contrario, dar su confesión de fe es la responsabilidad de la persona que profesa creer (Ro. 10:7-10). Debería ser la Palabra de Dios, no la palabra de un obrero cristiano, la que provee la base correcta para la certidumbre de la salvación. ¿Quién es calificado para dar a otra persona la certidumbre de la salvación?
    En esas prácticas evangelísticas se siembran semillas de lo que podría ser una falsa profesión de fe. Una persona puede parecer haber aceptado o creído en Cristo como Salvador, pero si después se le anima a creer que irá al cielo principalmente por esa profesión, a pesar de como vive en este mundo, esto es peligroso. A esto se le llama: “la seguridad eterna de la profesión de fe”, en lugar de: “la seguridad eterna de la salvación genuina”. No hay ningún apoyo bíblico para la “seguridad eterna de la profesión de fe”. De hecho, la Escritura nos advierte acerca de “palabras vanas” como una decepción (Ef. 5:6).
    Es curioso que hoy en día parece que no hay preocupación, o muy poca de ella, en las iglesias, en su liderazgo y en los miembros de las familias, acerca de la realidad de una supuesta relación con Cristo. En muchos casos se ven periodos extendidos de relación con una iglesia en particular por razones de familia, amigos o lazos étnicos. Esto no equivale a salvación. En las generaciones anteriores hubo una gran preocupación acerca de estar seguro de ir al cielo. Al parecer hubo más temor de Dios, el cual es: “principio de sabiduría” (Pr. 9:10).  Esto ayudó a romper los lazos tradicionales. Hoy en día la falsa profesión es una “doctrina perdida de la iglesia” a la hora de enseñar, aconsejar, y en libros completos acerca de la salvación. Ésta es una pérdida peligrosa. No hay en absoluto nada peor que morir, y encontrarse delante de Dios con el choque de hallar que no vas a ir al cielo para estar siempre con el Señor como esperabas (ver Mt. 7:22-23). Es trágico pensar en porqué tus amigos, pastores, maestros o tu propia familia te permitía vagar en la vida, engañado con una certidumbre falsa.
    ¿Estás seguro de que tú estás entre los “pocos” de los cuales Jesucristo habló, cuyos nombres están inscritos en: “el libro de la vida del Cordero” (Ap. 20:15; 21:27)? Si no, debes asegurarte. Estudia cuidadosamente, no selectivamente, lo que la Biblia dice acerca de cómo ser salvo, y considera con cuidado cada versículo bíblico que es aplicable a este tema.

Preguntas Para Reflexión:  (basadas en las dos partes del artículo)

1. ¿Piensas que muchas personas que profesan ser cristianas se sorprenderían al saber que Jesucristo dijo que sólo unos pocos llegarán al cielo y que el camino es angosto? ¿Por qué quisiera alguien poner en entredicho esta afirmación del Señor?


2. En tu opinión, ¿por qué está la mayoría de la gente más confiada hoy en día de que irá al cielo  en comparación con los que vivieron hace 50 o 75 años? Previamente, muchos pensaron que nadie podía estar seguro de esto hasta el día del juicio final después de la muerte. ¿A que es debido este cambio?


3. ¿Qué parece ser la base de la confianza de muchos de los que profesan ser cristianos? ¿Por qué están tan seguros de que irán al cielo? (Mt. 7:21-23; Lc. 13:23-27). Considera las prácticas típicas en las iglesias, los ritos o sacramentos como la base de la esperanza de algunos.


4. ¿Qué decepción podría haber en las prácticas de muchas iglesias, por las cuales muchos confían que han llegado a ser cristianos?  Apunta algunos métodos que cuestionarías, y explica porqué.