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viernes, 1 de mayo de 2015

EN ESTO PENSAD -- mayo 2015

PREPARA A LOS HERMANOS 

William MacDonald 

“A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio” (Efesios 4:12).


Aquí tenemos una perspectiva revolucionaria del futuro. Los dones  que se mencionan en Efesios 4 son dados para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio. Tan pronto como los santos puedan ejercerlo, el don podía avanzar.
    Esto quiere decir que el éxito en la obra cristiana consiste en realizar el trabajo en el tiempo más corto posible. Después hay que buscar nuevos mundos por conquistar.
    Así lo hizo Pablo. Por ejemplo, fue a Tesalónica, predicó a los judíos por tres sábados y dejó tras sí una congregación funcionando. Pablo rompió el récord en lo que respecta a la velocidad con la que estableció esta obra y no cabe duda  de que se trató de una excepción. El tiempo más largo que Pablo pasó predicando en un lugar, al parecer, fue de dos años; esto sucedió en Éfeso.
    Dios no ha dispuesto que Sus santos dependan perpetuamente de cualquiera de los dones mencionados. Los dones son prescindibles. Si los santos pasaran el tiempo escuchando sermones solamente, nunca se  comprometerían en la obra del servicio ni se desarrollarían espiritualmente lo suficiente y el mundo no podría ser evangelizado de la manera en que Dios se lo ha propuesto.
    William Dillon decía que un misionero extranjero de éxito jamás tiene un sucesor extranjero. Esto es verdad también en lo que respecta a los obreros en su tierra natal, cuando la tarea de un obrero llega a su fin, los santos deben tomar su lugar y no comenzar a buscar a otro predicador.
    Con mucha frecuencia los predicadores vemos nuestro cargo y función como algo para toda la vida. Pensamos que nadie podría hacer la obra tan bien como nosotros. Justificamos nuestra permanencia porque imaginamos que si nos marcháramos la comunidad se desalentaría y vendría a menos. Nos quejamos de que otros no pueden hacer las cosas como se debe y que no son de fiar. Pero el hecho es que deben aprender y para eso hay que darles la oportunidad. Tenemos que entrenarles, delegar responsabilidades y después evaluar el progreso.
    Cuando los santos llegan al punto donde creen que pueden continuar sin la ayuda de un predicador especial o maestro, no hay razón para estar malhumorados o guardar resentimiento. Más bien debe ser motivo de celebración. El obrero queda en libertad para ir a donde más se le necesita.
    No está bien que la obra de Dios se construya y dependa permanentemente de un hombre, no importa cuán dotado esté para el ministerio. Su meta principal debe ser multiplicar su eficacia edificando a los santos hasta donde ya no necesitan de él. En un mundo como el nuestro donde hay tantos lugares en los que su presencia es importante, es imperativo que continúe trabajando en la obra del Señor y para Su gloria.

de su libro DE DÍA EN DÍA, (CLIE) lectura para el 22 de febrero
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¡Qué Desperdicio!
"Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud" (Lam. 3:27).

Es triste ver en algunas iglesias la poca visión para el futuro que tienen los hermanos responsables. Es demasiado común la idea de que los jóvenes sólo deben  asistir fielmente a las reuniones, y esperar hasta que fallezcan los ancianos para luego tener oportunidad para servir. Pero, si pasan los años así, cuando llegue la oportunidad habrán echado a perder los años de jóven adulto que son tan útiles para servir. Habrán dado sus fuerzas y talentos a otras cosas. Parece que todo el mundo reconoce la importancia de entrenar y adiestrar a los jóvenes para servir, excepto en iglesias donde algunos se ocupan de mantenerlos sentados sin hacer nada. Es una gran pérdida de un recurso que Dios ha dado, y seguramente el Señor juzgará ese desperdicio de recursos y oportunidades en el tribunal de Cristo. Pablo tuvo a hombres jóvenes como Timoteo y Tito a su lado y aprendieron a servir. En su juventud esos hombres llevaron más responsabilidad e hicieron más trabajo que algunos con dos o tres veces más años. Si no estás discipulando a un joven, estás desperdiciando un gran recurso, ¡una vida! El mundo quiere a los jóvenes. La mili los quiere, las escuelas los quiere, las impresas los quiere, y algo van a hacer más que sentarse toda la vida observando a otros. ¡Sin más demora, acojamos a los hermanos jóvenes para enseñarles personalmente y permitémosles servir al Señor. A nuestro lado, y con supervisión e instrucción, de acuerdo, ¡pero que aprendan y trabajen ya!       
                                              
Carlos
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“Conquista la Voluntad del Niño”
Consejos de Susanna Wesley a su hijo Juan Wesley

Para formar la mente de los niños, la primera cosa que hacer es conquistar su voluntad y traerlos a una disposición obediente. Informar el entendimiento es un trabajo que requiere su tiempo, y con niños debe proceder lenta y gradualmente según puedan soportarlo.  Pero la sujeción de la voluntad es algo que debe hacerse en seguida, y cuanto antes, mejor. Porque si descuidamos la corrección a tiempo, ellos contraerán una terquedad y obstinación que después a penas serán conquistadas, y nunca sin usar tal severidad que sería tan dolorosa a mí como al niño. En la estimación del mundo pasan por benignos e indulgentes aquellos a quienes yo llamo padres crueles, que permiten que sus hijos formen hábitos los cuales ellos saben que después tendrán que ser quebrantados. Además, algunos son tan neciamente dispuestos como para enseñar en broma a sus hijos a hacer cosas que más tarde los castigarán severamente si los hacen.
    Cuando un niño es corregido, debe ser conquistado; y esto no será muy difícil si no se ha vuelto cabezón debido a demasiada permisividad. Y cuando la voluntad del niño es totalmente sojuzgada, y traída a reverenciar y respetar a sus padres, entonces puede evitarse muchas de sus tonterías e inadvertencias. Algunas inocentadas deberían ser pasadas por alto sin echarles cuenta, otros comportamientos incorrectos reprendidos suavemente, pero ninguna transgresión voluntariosa debe serles perdonado a los niños sin castigo, más o menos según la naturaleza y circunstancias de la ofensa.
    Insisto en esto: hay que conquistar siempre la voluntad de los niños, porque es el único fundamento fuerte y razonable de una educación religiosa, y sin esto tanto precepto como ejemplo serán ineficaces.  Pero cuando sea bien hecho, entonces el niño es capaz de ser gobernado por la razón y piedad de sus padres, hasta que su propia comprensión llegue a la madurez y los principios de la religión se arraiguen en su mente.
    Aún no puedo despedir este tema. Debido a que la voluntad propia es la raíz de todo pecado y miseria, cualquier cosa que favorezca o nutra esta voluntad en los niños asegura su mal estar y falta de piedad en el futuro. Lo que sirva para parar y hacer morir la voluntad propia también promueve su futura alegría y piedad. Esto está todavía más claro si consideramos además que la religión no es otra cosa que hacer la voluntad de Dios y no la nuestra.  El gran impedimento singular a nuestra felicidad temporal y eterna es esta voluntad propia, así que ninguna indulgencia de ella puede ser trivial, y ninguna negación de ella carece de beneficio. El cielo y el infierno dependen sólo de esto. Por esto, el padre o la madre que estudia sojuzgarla en sus hijos, colabora con Dios en la renovación y salvación de un alma. Los padres que tratan con permisividad e indulgencia a sus hijos hace el trabajo del diablo, hacen impracticable la religión, inaccesible la salvación, y hacen todo lo posible para condenar para siempre a sus hijos, alma y cuerpo.
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Susanna Wesley tuvo 19 hijos, de los cuales son Juan y Carlos a quienes conocemos como predicadores del evangelio y compositores de himnos. Ella escribió estas y muchas otras instrucciones a su hijo Juan, las cuales aparecen en el libro The Journal of John Wesley (“El Diario de John Wesley”), Moody Press. 
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"El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige" (Pr. 13:24). "Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma" (Pr. 29:17). 
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El Consejo de María
En el Evangelio según S. Juan leemos de la fiesta de boda en Caná de Galilea. Allí María enfatizó la importancia de Jesús, su Hijo, y de Sus palabras. Observando que se había acabado el vino, y que ella misma no podía hacer nada, lo dijo a Jesús, al único que podía hacer algo. María, entonces, dio a los siervos un consejo, o bien podríamos decir, un mandamiento que todos debemos considerar. “Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere” (S. Juan 2:5).
    Es la única vez en la Biblia que María da un consejo o mandamiento, y ciertamente todo católico romano, y sobre todo el que es devoto de María, debe hacer caso de sus palabras: “Haced todo lo que os dijere”. Puesto que todo buen católico romano tiene como meta y esperanza el ir al cielo, vamos a mirar en la Biblia para seguir el consejo de María: ver lo que Jesucristo dice, y hacerlo.

JESUCRISTO DIJO que Él es el único que puede ser nuestro Salvador, esto es, el único camino al cielo. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (S. Juan 14:6).
NO DIJO que confiáramos en santos, el Papa, la iglesia, ni siquiera en Su madre, María, para nuestra salvación. Como declaró el apóstol Pedro: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos de los Apóstoles 4:12).
 
JESUCRISTO DIJO que la fe en Él es la única clase de fe que nos puede salvar, esto es, que nos puede dar vida eterna. “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (S. Juan 3:36).
NO DIJO que sacrificios especiales, sacramentos o buenas obras sean necesarias para salvarnos. Como afirmó el apóstol Pablo: “Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5).
 
JESUCRISTO DIJO que vida eterna es la clase de vida que Él da. “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (S. Juan 5:24).
NO DIJO que fuera una vida temporal o condicional, que dependiera de nuestro comportamiento para no perderla. Al contrario, afirmó: “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (S. Juan 10:28)
 
JESUCRISTO DIJO que las palabras de Dios son la única autoridad que debemos seguir. “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (S. Juan 12:48).
NO DIJO que las tradiciones o los mandamientos de los hombres fueran otra Palabra Suya, ni aprobó que los hombres enseñaran sus palabras como si fuesen las de Jesús. “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres...invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido” (S. Marcos 7:7, 13).

Amigo lector, si realmente respetas a María y confias en lo que ella dijo, haz caso de su consejo acerca del Señor Jesucristo: “Haced todo lo que os dijere”
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  La Mujer Piadosa y Discreta

Proverbios 11:22 dice: “Como anillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa que carece de discreción” (BAS). La palabra "discreta" se define así: “tener o mostrar discernimiento o buen juicio en la conducta, y especialmente en el habla”. Algunos sinónimos son:  prudente, sensata, y modesta.    
     La mujer piadosa debe ser prudente y sensible en su manera de hablar. Hay casadas que no sólo influyen para mal a sus maridos (manipulándolos con comentarios en privado), sino que también arruinan iglesias porque no guardan sus lenguas. Alguien dijo: “Cuidado con la lengua –  es un lugar resbaladizo donde es fácil caerse”. Es un buen consejo para todos. La discreción nos lleva a pensar en lo que es o no es apropiado decir, y somete nuestra lengua al control del Espíritu Santo. La mujer discreta debe desechar todo chismorreo, incluso lo que se suele compartir “para orar”– una excusa favorita. Es mejor guardar silencio que pecar con los labios. El Salmo 141:3-4 debe ser una oración diaria: “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios. No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, a hacer obras impías con los que hacen iniquidad; y no coma yo de sus deleites”. Es mejor guardar los labios que pintarlos.
    La mujer discreta no domina la conversación; no es liviana, irreverente ni insana en su hablar. No es malo tener un sentido de humor, pero no es una payasa ni coqueta, ni se comporta de ninguna manera que llame la atención sobre ella misma, especialmente con los hombres. Las solteras deben tener especial cuidado de no usar la conversación para coquetear ni para llamar o mantener la atención de los solteros. El mundo enseña lo contrario, pero la mujer piadosa no es del mundo. Si ocurre algo gracioso o humorístico, la mujer discreta sabe reírse sin cacarear haciendo que todas las miradas se dirijan a ella. Sabe guardar silencio prudentemente cuando conviene, y no necesita divulgar siempre sus opiniones y sentimientos. No es una habladora compulsiva. Ella recuerda que Dios estima el espíritu manso y apacible. Si es discreta reconoce qué conducta es apropiada para ella.
    Si es verdaderamente una discípula del Señor, acepta la enseñanza de 1 Timoteo 2:9-10 para su propia vida:

“Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad”.

    Dios nos enseña también acerca de las “cosas externas”, como por ejemplo, la forma de vestir. Para la mujer que profesa piedad, no sirve cualquier cosa, ni se preocupa mucho por la moda. Claro que se preocupa por cosas como los peinados, la ropa, los adornos y el comportamiento, porque el Señor habla de todas estas cosas en Su Palabra. Dios informa que el cabello largo de una mujer es su gloria (1 Co. 11:15, gr. doxa). La mujer piadosa, por eso, rechaza los estilos modernos de pelo corto. El oro, las perlas, los vestidos costosos, y los peinados de moda no son para ella, pues sabe que todo esto viene del mundo que es enemigo de Dios, y no corresponde a una mujer que profesa piedad. Las joyas, el maquillaje, el tinte de pelo, y toda esta clase de adornos externos para aumentar la atracción física o visual en público, no son las preocupaciones de la mujer piadosa. Desafortunadamente la mundanalidad ha entrado en muchas congregaciones – es síntoma de los postreros tiempos. Oimos decir que todo esto es mera ocupación con lo externo, y suelen invocar la palabra: “legalismo”, pero es un error típico de la mente liberal. Parece que se les olvida que es Dios quien se tomó la molestia de dar esa clase de instrucciones en Su Palabra. El decoro, el pudor, la modestia y la sencillez en el porte y el vestir deben marcar la mujer que profesa ser creyente.
    La mujer discreta se da cuenta de ciertas cosas. Primero, reconoce que es inconsistente moral y espiritualmente que una mujer que profesa ser creyente se adorne con joyas, y con vestidos y peinados costosos y ostentosos, porque el Señor Jesucristo, siendo rico se hizo pobre (2 Co. 8:9). Segundo, ya que quiere ser modesta y discreta, no desea que los hombres se recreen mirándola y pensando en lo atractiva que es externamente. Aparte de la belleza natural dada por Dios, lo que el hombre espiritual aprecia es el carácter piadoso de la mujer, y su espiritualidad, que es lo que enfatiza el Señor. Tercero, ella quiere ser honesta consigo misma y con los demás – no quiere vivir de fachada. Por ejemplo, si su pelo no es  rubio, ¿por qué teñirlo y hacerse pasar por rubia? Si por la edad tiene canas, no se vuelve vanidosa intentando ocultarlas, pues la honra de los ancianos es sus canas (Pr. 20:29 BAS). ¿Por qué estar insatisfecha con el color que Dios ha elegido? Si no tiene los ojos azules, ¿por qué llevar lentes de contacto de color para cambiarlos? Si no tiene las pestañas largas, ni las uñas brillantes, ¿por qué pintarlas y hacer que parezcan algo que realmente no son? ¿No es esto ser falsa? Debería preguntarse si es allí donde quiere que los demás se fijen, y si quiere que la gente  piense que ella es alguien que realmente no es. La Biblia dice que la piedad acompañada de contentamiento es gran ganancia.
    La mujer discreta y sabia reconoce que la ropa modesta le conviene. No anda liada con la última moda. El mundo considera anticuado el vestido o falda, y promueve el uso de pantalones, como los hombres, y el estilo unisex. Pero la mujer piadosa se deja guiar por Dios, no por el mundo ni su propia carne. No teme ser diferente para agradar a Dios. En cuanto a las solteras creyentes, hermanas, la discreción no es sólo para las casadas. No hay licencia de usar el modo de vestir para exponer el cuerpo ni llamar la atención a vosotras mismas ni agradar el ojo de los chicos. Recordad que Dios dio la ropa a los seres humanos para cubrir el cuerpo. Pensad: ¿Qué clase de hombre queréis, carnal o espiritual? ¿Queréis hacer que los hombres, al veros, os codicien  más fácilmente? Esto no es el proceder de la mujer piadosa. ¿Les invitas a mirarte y pensar en tu cuerpo? Así es el propósito muchas veces de la mujer del mundo, pero eso no agrada al Señor. Por ejemplo, las faldas cortas que no cubre las rodillas cuando estás sentada, y cortes de blusas que exponen en lugar de cubrir,  son cosas que una mujer piadosa y discreta desea evitar. La discreción le ayuda a rehusar la ropa muy ajustada que acentúa el cuerpo, y los estilos llamativos, porque desea ser casta y modesta para agradar a Dios. Su intención no es que su cuerpo sea el punto de atracción. Su apariencia y comportamiento son importantes a Dios. Son parte de la piedad y le separan de las mujeres del mundo. Y si Dios le ha dado hijas, la mujer piadosa y discreta se esfuerza para enseñarles la sencillez, la modestia y la discreción en la ropa y en el comportamiento, y no es indulgente ni permisiva porque las cría para Dios, no para el mundo.
    El mundo enseña que hay que dejar a los jóvenes hacer lo que les parece. Bueno, así piensa y habla el mundo, y el príncipe del mundo: el diablo. Pero en la Biblia Dios nos enseña de otra manera. La discreción y la piedad son de gran valor ante Dios, y deben ser practicadas y enseñadas en el hogar y en la iglesia. “Cuando la sabiduría entrare en tu corazón...la discreción te guardará” (Pr. 2:110-12).   

Carlos Tomás Knott 
A DIOS LO EXTERNO 
TAMBIÉN LE IMPORTA:

Dt. 22:5   “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer, porque abominación es a Jehová tu Dios...”
  
Ro. 6:12-13    “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias;  ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad...”

Ro. 12:1    “...que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios...”

1 Co. 6:19-20    “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo... glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo...”
1 Co. 7:34    “...La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu”

Fil. 1:20    “...será magnificado Cristo en mi cuerpo...”

1 Ti. 2:9-10    “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad”.

1 P. 3:3    “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos”

Considera también:
    2 Reyes 9:30; Proverbios 7:10; Isaías 3:18-23;
    Jeremías 2:32-33, 4:30;  Ezequiel 23:40

miércoles, 1 de abril de 2015

EN ESTO PENSAD -- abril 2015

LIBRES, ¿PERO EN QUÉ SENTIDO? 

William MacDonald

“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5:13).

La libertad de los hijos de Dios es una de sus posesiones más preciadas. Los libertados por el Hijo, son verdaderamente libres. Pero son llamados a una libertad responsable, y no al libertinaje.
    Los hijos quieren emanciparse de las restricciones del hogar. Los jóvenes desean liberarse de la disciplina del estudio. Los adultos quieren verse libres de sus votos matrimoniales. Muchos se quejan de sentirse encadenados a sus empleos cotidianos. Pero éstas no son las libertades a las que somos llamados.
    Las estrellas no son libres para dejar sus órbitas y vagar por el espacio. Un tren no tiene libertad para dejar la vía y andar por el campo sin rumbo fijo. Un avión no es libre para dejar la ruta previamente asignada; su seguridad depende de que el piloto obedezca las regulaciones.
    Jowett comentó: “No hay reino donde haya espacio para los anarquistas. Si deseamos descubrir la libertad a dondequiera que vayamos debemos aprender a sujetarnos. Un músico debe conocer y respetar las leyes de la armonía si desea regocijarse en su mundo fascinante. Un constructor debe estar al servicio de la ley de la gravedad, o de otro modo su  casa se convertirá en un montón de ruinas. ¿Qué clase de libertad puede disfrutar un hombre que desafía constantemente las leyes de la salud?  En todos estos ámbitos, traspasar sus límites es convertirse en un lisiado, mientras que respetarlos es llegar a ser un hombre libre”.
    Es verdad que el creyente está libre de la Ley (Ro. 7:3), pero esto no quiere decir que esté sin ley. Ahora es un siervo de Cristo, ligado por las cuerdas del amor, y comprometido a obedecer los numerosos mandamientos Suyos que se encuentran en el Nuevo Testamento.
    El creyente está libre de la esclavitud del pecado (Ro. 6:7, 18, 22), pero es siervo de Dios y de la justicia.
    El creyente es libre de todos los hombres (1 Co. 9:19), para llegar a ser siervo de todos, para ganar a un mayor número.
    Pero no es libre para usar su libertad como pretexto para hacer el mal (1 P. 2:16). No es libre para dar rienda suelta a la carne (Gá. 5:13) o hacer tropezar u ofender a nadie (1 Co. 8:9). Tampoco es libre para deshonrar el Nombre del Señor Jesús (Ro. 2:23-24). No es libre para amar al mundo (1 Jn. 2:15-17), o entristecer al Espíritu Santo que habita en él (1 Co. 6:19).
    El hombre no encuentra realización y descanso haciendo su propia voluntad. Tan sólo lo encuentra al tomar el yugo de Cristo y aprender de Él. “Servirle es perfecta libertad”.
 
de su libro DE DÍA EN DÍA, (CLIE), lectura para el 15 de enero.

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Repitiendo Los Errores de Salomón

A pesar del descubrimiento de Salomón, muchísmos padres por todo el mundo siguen gastando la mejor parte de su vida acumulando riqueza para dejársela a sus hijos. De modo altruista, dice que es su obligación moral. Pero Jamieson, Fausset y Brown sugieren: “El egoísmo es en gran parte la raíz de la supuesta provisión de los padres mundanos para sus hijos”.
    Lo primero que considerar es una buena provisión para su propio futuro en la vejez; el pensamiento es en ellos mismos. El hecho de que sus hijos hereden lo que queda es únicamente el resultado de la muerte de los padres y de las leyes hereditarias.
    Desde la perspectiva cristiana, no hay razón por la que los padres trabajen, se aprieten el cinturón y se sacrifiquen para dejarles dinero a sus hijos. La mejor herencia que se puede legar es espiritual, no económica. A menudo, el dinero que se deja en los testamentos, causa envidias y divisiones terribles en las que de otro modo serían familias felices y unidas. Muchos hijos se han arruinado espiritual y moralmente por haber heredado repentinamente grandes legados, y inevitablemente a esto le siguen muchos otros males. La estrategia espiritual es movilizar nuestro dinero para la obra de Dios ahora, y no dejárselo a hijos que a veces son indignos, desagradecidos e incluso incrédulos. Martín Lutero sabía que podía confiar en Dios para el cuidado de su familia, igual que se había entregado a sí mismo. En su testamento escribió: “Señor mi Dios, te doy gracias, porque te ha placido hacerme pobre e indigente sobre la tierra. No tengo casa, ni terrenos ni dinero que dejar atrás. Me has dado esposa e hijos, los cuales hoy pongo en Tus manos, Señor, aliméntales, enséñales y presérvales del mismo modo que lo has hecho conmigo”.
del Comentario Bíblico, William MacDonald (CLIE), págs. 380-381
 
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LA PROCEDENCIA HISTÓRICA 
DEL AMILENARISMO
      
Tiempo de Cristo:  Los judíos piadosos consideraban la Escritura como .................................................................................... Literal
(Hch. 1:6,  “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”)

Tiempo de Cristo: El Señor Jesús consideraba la Escritura como.................................................................................... Literal   
(Mt. 5:18, “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”)

Siglo II: La iglesia primitiva consideraba la Escritura como......................................................................................Literal (Los escritos de los incorrectamente llamados "padres apostólicos", tales como Policarpo e Ireneo, lo evidencian)

Siglo III:  Orígenes y Filo consideraban la Escritura como.................................................................................. Alegórica (Esto resultó al intentar reconciliar la teología con la filosofía de Platón. Este nuevo punto de vista se convirtió en el oficial para la Iglesia Católica Romana)

Siglo IV:  Agustín, obispo de Hipona (354-430 d.C.) consideraba la Escritura así:
si se refiere  al futuro, como...............................................Alegórica si no se refiere al futuro, como............................................Literal
 
Siglos VI al XII:  El Oscurantismo: El punto de vista Católico Romano revisado  de las Escrituras.............................. Agustiniano
 
Siglos XV y XVI:  La Reforma – Lutero, Calvino, etc. continuaron considerando las Escrituras desde el punto de vista.............................................................................. Agustiniano

Martín Lutero, cuando salió de la Iglesia Católica Romana, llevó consigo estas ideas contaminadas por el punto de vista agustiniano de las Escrituras. Es la base histórica del amilenarismo (Agustín, la iglesia Católica Romana, Juan Calvino, las iglesias reformadas: luteranas, presbiterianas, algunas bautistas,etc.).

Cometen, entre otros errores, éste: reemplazan a Israel con la Iglesia, y enseñan que la nación Israel no tiene futuro, que Dios no cumplirá literalmente Sus promesas hechas a ella en la Ley y los Profetas.

del libro: Claves Proféticas, por William Randolph, Editorial Berea
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"¡Ay de vosotros, ricos!"
 Lucas 6:24

Hay problemas graves y morales relacionados con el atesoramiento de riquezas en un mundo en el que varios miles de personas mueren a diario de hambre y donde una de cada dos personas está privada de las buenas nuevas de la salvación por medio de la fe en Cristo. Estas palabras del Señor Jesús deberían ser ponderadas cuidadosamente por los cristianos tentados a guardar tesoros en la tierra, a acumular y arrinconar para un futuro incierto. Hacer esto es vivir para el mundo equivocado. De otro lado, este ay sobre los ricos demuestra de manera concluyente que cuando el Señor dice en el versículo 20: “Bienaventurados vosotros los pobres”, no se refiere a los pobres en espíritu. En caso contrario, el versículo 24 tendría que significar: “ay de vosotros los ricos en espíritu”, y este significado está fuera de consideración. Los que tienen riquezas y no las emplean para el enriquecimiento eterno de otros ya han recibido la única recompensa que jamás tendrán – la egoísta gratificación actual de sus deseos”.

del Comentario Bíblico, William MacDonald (CLIE), pág. 620

Howard Hughes, el hombre más rico del mundo en su día, se diversificó y llegó a poseer muchas empresas, tierras y bienes materiales. Pero se rodeó de guardaespaldas, fieros perros guardianes, barras de acero, focos, campanas y sirenas. Tenía miedo de las enfermedades, la invalidez, la vejez y la muerte. Reconoció que el dinero no podía comprar la felicidad. ¡Todavía es verdad!

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La Penitencia Sin Sentido
Hagamos una distinción importante entre la negación de uno mismo y la penitencia. La negación de uno mismo es dejar a un lado las comodidades para esforzarse por alcanzar un objetivo digno. La penitencia es el castigo que uno mismo se impone esperando ganar el favor de Dios, lo cual es absolutamente, cien por cien, imposible; y cien por cien innecesario. Nadie puede ser suficiente bueno, ni sentirse suficiente malo, para ganarse la entrada al cielo. Pero nadie tiene que hacerlo, porque Jesús pagó el precio completo de la entrada de todos los verdaderos creyentes.
    Aun así, la historia nos da muchos, muchos ejemplos grotescos de penitentes trágicamente equivocados. San Asepsumas pensaba que podía librarse del pecado mediante el dolor que se infligía, y se puso encima tantas cadenas que tenía que gatear sobre manos y rodillas. Macario el Joven se sentó desnudo en una marisma por seis meses, hasta que las picaduras de los mosquitos lo dejaron como si estuviera lleno de lepra. San Marín pasó once años en un árbol hueco. ¡Grandes contribuciones a la sociedad!   
    Agnes de Roucher era hija única de uno de los más acaudalados comerciantes de París, y todos admiraban su belleza y virtud. Su padre al morir le dejó todos sus bienes. Ella decidió convertirse en reclusa y pasó el resto de sus días en una celda estrecha construida dentro de la pared de una iglesia. El obispo de París, asistido por sus capellanes y cánones de Notre Dame, entró en la celda y celebró una misa pontifical. Luego, después de que la pobre se despidió de sus amigos y conocidos, Agnes ordenó a los albañiles que taparan la entrada dejando nada más que un pequeño agujero para poder ver y oír los cultos que se celebraban. Tenía dieciocho años cuando entró, y murió a los ochenta, sin haber salido jamás. Durante todo ese tiempo nadie le dijo que Jesús era la clave para la redención. ¡Que Dios se apiade de semejante piedad inútil!

John MacArthur, de su libro: Difícil de Creer, págs. 157-158

¿Sábe usted la diferencia entre la penitencia y el arrepentimiento? No son iguales. Muchos hacen penitencia cada año pero nunca se han arrepentido. Si le interesa, estaríamos contentos de explicarle la diferencia.

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La Iglesia y La Biblia

Mucha gente en realidad no sabe qué significa la palabra “iglesia”. Por eso se le oye hablar de la “iglesia protestante” o de la “iglesia católica” o de diferentes ramas de la “iglesia protestante”, como la “iglesia metodista” o la “iglesia bautista”. Otros piensan que la Iglesia es el edificio en que los cristianos se reúnen. La Biblia nunca usa la palabra “iglesia” con estos significados. Vamos a ver lo que dice la Palabra de Dios sobre este tema.
    La palabra griega traducida “iglesia” es “ecclesía” y significa una reunión de gente llamada de entre otra gente. En la Biblia la Iglesia está compuesta de los que han sido llamados del mundo a seguir a Cristo y la Iglesia debe llevar un testimonio a Él. Por lo tanto esta palabra nunca se refiere a la gente inconversa ni a un edificio (templo, catedral, capilla).
    El Nuevo Testamento usa la palabra Iglesia en dos maneras:
    1) Se usa de todos los creyentes en la tierra, sean de donde sean. Esta as la Iglesia que es llamada el cuerpo de Cristo en Colosenses 1:18, 24. A veces nos referimos a la Iglesia así como la “iglesia universal”, porque no se limita a una localidad, sino que consiste de todos los cristianos.
    2) Se emplea con referencia a todos los creyentes en cierto sitio. Por ejemplo, “la iglesia en Filipos”. Esta es la iglesia local.

LA IGLESIA EN TODO EL MUNDO (Universal)

    Pensemos acerca de cómo empezó la iglesia; quién puede pertenecer a ella, y cómo será en el futuro.
   
El principio de la Iglesia
    La Iglesia es el cuerpo de Cristo; no existió en los tiempos del Antiguo Testamento. Se formó cuando el Espíritu Santo vino del cielo a vivir en los creyentes en el día de Pentecostés. Dios siempre planeó edificar a Su Iglesia, pero este plan fue un secreto que Él había escondido por todas las edades pasadas (Ef. 3:9-11; Col. 1:24-26). Nuestro Señor fue el primero en contarlo y en Mateo 16:18 Él dijo que más tarde Él iba a edificar a Su Iglesia, con estas palabras: “...edificaré mi iglesia”. Esto muestra claramente que la Iglesia no fue hecha en aquel entonces. Este versículo y Mateo 18:17 son los únicos textos en los cuatro Evangelios que mencionan la Iglesia.
    En Hechos capítulo 2 leemos acerca de la venida del Espíritu Santo, después de que Dios había glorificado al Señor Jesucristo a Su propia mano derecha (v. 33). La Iglesia no podía ser cuerpo de Cristo en la tierra hasta que la Cabeza estuviera en el cielo. Cristo no tomó Su puesto allí como la Cabeza hasta que Él resucitó de la muerte y volvió al cielo. Estas cosas comprueban que el nacimiento de la Iglesia tuvo lugar en el día de Pentecostés (Ef. 1:20-23).
   
¿Quién puede pertenecer a la Iglesia?
    La Iglesia no es una organización como una empresa o un gobierno. Es un cuerpo viviente hecho de muchos miembros que son todos verdaderos creyentes en el Señor Jesucristo. Sólo los verdaderos creyentes, nacidos de nuevo por la fe en el Señor Jesucristo, pertenecen a la Iglesia. La verdad de la Iglesia se explica plenamente en Efesios donde ella es comparada a un cuerpo (1:23) y a una esposa (5:25). También está vista como un edificio en Efesios 2:20. Un cuerpo nos hace pensar en la vida; un edificio es un sitio en donde vivir; y una esposa nos recuerda del amor. El Espíritu Santo formó la Iglesia (1 Co. 12:13), y Él da la unidad (Ef. 4:3). Cristo es la Cabeza de la Iglesia (Col. 1:18), y la Palabra de Dios enseña a la Iglesia lo que debe hacer. Las epístolas de Pablo son especialmente importantes para la Iglesia, y componen gran parte del Nuevo Testamento.

¿Qué pasará a la Iglesia en el futuro?
    Dios ha planeado que la Iglesia debe compartir la gloria eterna de Jesucristo, y Cristo va a presentar la Iglesia a sí mismo en toda su belleza, sin ninguna imperfección (Ef. 5:27). Ella tomará parte en la fiesta de las bodas del Cordero cuando todos en el cielo se regocijarán. En aquel tiempo el Señor Jesucristo, el Esposo Divino, segará el fruto de todos Sus sufrimientos y estará satisfecho (Ap. 19:7-9; Is. 53:11). ¡Y nosotros estaremos muy contentos, porque estaremos siempre con el Señor!

LA IGLESIA LOCAL

    La palabra “iglesia” también es usada por los creyentes de una localidad. Las Escrituras nunca la usan para referirse a los creyentes de un país entero o un grupo étnico, como “la iglesia de España” o “la iglesia de los gitanos”, “la iglesia de los latinoamericanos” o “la iglesia de Andalucía”. Leemos de "las iglesias de Galacia"  (Gá. 1:2); las iglesias de Dios en Judea (1 Ts. 2:14), pero no la iglesia de Galacia o de Judea (ver 1 Co. 11:16; Ro. 16:4, 16).
    Estas iglesias no eran entonces ni ahora son miembros de ninguna organización central que les dice lo que deben hacer, pero todas tienen la misma Cabeza: el Señor Jesucristo. Todos son guiados por el mismo Espíritu y tienen el mismo oficio: deben testificar de Cristo, contar a otros las verdades de Dios y brillar como luces entre la gente de este mundo (Fil. 2:15-16).

¿Quiénes son los miembros de la iglesia local?
    La asamblea en Filipos estaba compuesto de todos los que creyeron en el Señor Jesucristo, incluyendo a los líderes de la iglesia y los ayudantes (ancianos y diáconos, Fil. 1:1). Este versículo y otras Escrituras muestran claramente que una asamblea de Dios incluye a todos los creyentes verdaderos en cualquier sitio. En el principio todos los creyentes de un lugar estaban en comunión en la misma congregación, y así leemos de la iglesia que estaba en Corinto. Hoy en día no siempre se encuentra esto, porque muchos creyentes y otros que profesan serlo están asociados con diferentes grupos o denominaciones cuyos pensamientos acerca de la adoración y otros puntos importantes pueden ser muy diferentes. Sin embargo, todos los creyentes verdaderos en cualquier localidad componen la iglesia de Dios en ese sitio. Aún un grupo pequeño de creyentes reuniéndose en una casa puede ser llamado una iglesia, según 1 Corintios 16:19 y Colosenses 4:15. Tal grupo no es llamada la Iglesia de Dios allí, sino la Iglesia en esa casa. En los tiempos de los apóstoles y hasta el siglo III las iglesias se reunían en casas, y no tenían edificios especiales como locales de reunión.
    La iglesia en cualquier lugar se reúne entorno a la persona del Señor Jesucristo. Él está en medio de dos o tres que se congregan en Su Nombre (Mt. 18:20).
    El cuerpo de Cristo está compuesto enteramente de creyentes verdaderos. Somos miembros de Su Cuerpo – la única clase de miembros de que leemos en la Biblia. La Cena del Señor es una ilustración de esta unidad (1 Co. 10:16-17). El Espíritu Santo es capaz de guiar a los miembros de la iglesia local (la asamblea) en adoración, y usarlos en la enseñanza de la Palabra de Dios.
    Los ancianos son los administardores de Dios en la asamblea. Como tales, son responsables de guiar los asuntos de la asamblea de una manera ordenada, cuidar la iglesia, apacentar la grey de Dios por amor y según manda el Señor, y  ejercer juicio bíblico en el caso de cualquier creyente que haya caído en pecado. Deben poner ejemplo con su propia vida y carácter y tener cuidado de no enseñorearse de la asamblea porque no es suya sino de Dios.

El propósito de la iglesia local
    El candelero de oro en Apocalipsis 1:20 es una figura de la iglesia local. El oro habla de la justificación divina y la lámpara nos recuerda que el propósito verdadero de una asamblea es servir de luz y dar testimonio de Cristo en este mundo pecaminoso entre tanto que vivamos aquí en espera de la venida del Señor. El propósito de la asamblea no es hacer de este mundo un lugar mejor en que vivir, sino hablar a la gente del mundo acerca del Señor Jesucristo y la obra que Él hizo en la cruz para que todos puedan ser salvos. Por lo tanto, la asamblea debe dar testimonio a las personas entre las cuales está situada, y debe enviar a algunos creyentes a llevar el mensaje de la salvación a los de otros países.

El poder de la iglesia local
    La iglesia local no recibe su poder de los hombres, ni del estado, ni de otras iglesias. El Señor Jesucristo es Señor de la Iglesia universal y de las iglesias locales. Debe ser consultado, obedecido y honrado en todo. La vida y misión de la iglesia son sobrenaturales, y por lo tanto necesita el poder del Espíritu Santo. Él es quien ayuda y habilita a cada creyente a adorar a Dios (Fil. 3:3), y a testificar de Cristo (Hch. 4:31; 13.2; 1 Co. 3:16). La iglesia local necesita el Espíritu Santo para ayudarla a seguir los principios que Dios nos ha dado en Su Palabra, y para potenciarla y guiarla a proclamar el evangelio del Señor Jesucristo.
C.E. Tatham
extracto adaptado de su libro: 12 Botellas de Leche para Nuevos Creyentes,
Publicaciones Cotidianas
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jueves, 5 de marzo de 2015

EN ESTO PENSAD -- marzo 2015

   El Buey y El Asno – Dos Figuras del Siervo

S. J. Saword

“Dichosos vosotros los que sembráis junto a todas las aguas, y dejáis libres al buey y al asno” (Isaías 32:20).

Este escrito fue preparado originalmente en inglés y basado en una traducción donde la segunda parte del versículo es parecida a la Reina-Valera de 1909, “...y metéis en ella el pie de buey y de asno”, y de la Versión Moderna de 1893, “...que enviáis a tales labores el pie del buey y del asno”.

   Isaías está hablando en nuestro pasaje de la bendición milenaria cuando “sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil”. Bienaventurados, o dichosos, dice el profeta, aquellos que en esas circunstancias siembran la semilla del santo evangelio junto a todas aguas – a toda clase de gente, en todo lugar – en aquella ocasión.
    Tanto para ellos como para nosotros, la evangelización consiste en (1) sembrar junto a todas aguas, y (2) enviar a tales labores el buey y el asno. Estas bestias se emplean en el versículo como figuras del pionero que lleva el evangelio a donde no es conocido. La responsabilidad y el privilegio de todo hijo de Dios en estos tiempos es de apoyar a los “bueyes” y “asnos” en su servicio para el Señor donde la obra es recia (dura).
    Hay una alusión hermosa a estos animales en aquel pasaje maravilloso que es Mateo 11:30, “mi yugo es fácil”, para el buey – y “ligera mi carga”, para el asno.
   
El buey
    Desde tiempos antiguos el buey ha sido el gran pionero. Sin resistir la dirección que su amo impone, él brega pacientemente en el lodo, el bosque y las tierras vírgenes. Ríos, piedras, sol, sed, moscas, cansancio; todo esto lo conoce y lo soporta. Come lo que haya y reposa donde pueda. Su forma natural es poco atractivo, y si el animal es admirado, es por la labor que realiza.
    Las Escrituras emplean esta bestia para darnos un retrato fiel de nuestro bendito Señor en Su ministerio terrenal. Él se sometía de muy buena voluntad a la dirección de Su Padre, no sólo en llevar el yugo sino en presentarse al fin para el sacrificio sobre el altar. El tipo bíblico ha encontrado su perfecto cumplimiento – y ha sido superado con creces – en la persona del humilde Siervo de Jehová. Sus pies midieron pacientemente cada centímetro del camino accidentado; Su amor venció todo obstáculo; Su santo celo triunfó sobre toda ira del hombre y sutileza de Satanás. Él hizo en su plenitud la obra que el Padre le había dado que hiciese.
    Ahora todo ha sido realizado; los padecimientos están atrás y Él ha entrado en Su gloria. Su poder soberano se despliega en la tierra en dar vida a pecadores muertos en el pecado. Y Su mandato majestuoso a los Suyos es: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.
    Pablo el apóstol fue una réplica fiel del modelo divino. Al preguntar: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”, él dobló su cerviz pretenciosa para recibir el yugo humilde de su Maestro, y de allí en adelante su vida y fuerza fueron entregadas al servicio de su Amo. Lejos de las vias bien transitadas, en regiones olvidadas por otros, aquel esclavo del Señor hizo saber las buenas nuevas de la salvación.
    Pablo resolvió no “entrar en la obra de otro para gloriarnos en lo que ya estaba preparado” (2 Co. 10:16). Sus intereses propios no le influenciaron en las crisis, tal fue su afán por proseguir al blanco. Impertérrito ante las dificultades, impávido ante los sufrimientos, inalterable en los momentos adversos, su ambición noble fue la de pelear la buena batalla, acabar la carrera y guardar la fe. Él sabía que le está guardada una corona de justicia que el Señor, Juez Justo, le dará en un día venidero.

El Asno
    El humilde asno es la otra figura de servicio en el evangelio que emplea el profeta. Se destaca como animal de carga, como leemos en Génesis 49:14-15 de Isacar: “asno fuerte...bajó su hombro para llevar, y sirvió en tributo”.
    El siervo que desea ser un verdadero pionero tendrá que llevar cargas, como hizo su bendito Maestro. Él sentirá el peso del mensaje divino que lleva y de las almas a quienes busca. Tendrá gran compasión por los que se pierden, anhelando profundamente su salvación. Además, en la medida en que Dios le permita ver conversiones, sentirá la carga del cuidado de los nuevos en la fe y se preocupará por el bienestar de las asambleas.
    El asno es indefenso si se encuentra solo en los campos, y está expuesto a los ataques nocturnos de bestias feroces. Pero, es idóneo para los senderos estrechos de las montañas, muchas veces muy pendientes y solitarios, donde el buey nunca podría servir. Es evidente, entonces, que el Amo tiene un ministerio para cada uno.

Nosotros
    Desde que los primeros fieles pioneros del evangelio renunciaron todo para penetrar en los rincones apartados del planeta, el mundo se ha emocionado ante los relatos de héroes y mártires de la Cruz. Algunos han realizado grandes hazañas y cautivado la imaginación de jóvenes y mayores, pero también ha habido otros siervos de Cristo igualmente fieles y dedicados, que han desempeñado el ministerio del buey o del asno fuera de la vista y casi sin el conocimiento del pueblo del Señor.
    Estos bueyes y asnos también han metido el pie para sembrar junto a todas las aguas. Más les agrada, o mejor hacen, al servir en campos y senderos lejanos que estar bajo el reflector de las urbes de “la civilización”. Que el Señor nos guarde de la superficialidad del interés que se limita a aquellos cuyos nombres y actividades gozan de popularidad, y que Él nos ayude a cuidar a aquellos cuya humildad les mantiene en servicio constante y paciente, haciendo la voluntad de Dios de corazón sincero.
    Es tan palpante como siempre la necesidad de los que asumen el yugo del buey y llevan la carga del asno en la obra del Señor. ¿Estamos nosotros sembrando junto a todas las aguas? ¿Estamos “metiendo el pie” de otros en aguas lejanas, para que sean pioneros en la gran obra del evangelio? “Dichosos” los que lo hacen, dice el profeta.


Fuente: Nuestra Santificación, una compilación de artículos escritos por S.J. Saword (1894-1988), publicado en Venezuela, 1999, y utilizado con permiso en “Congregados En Mi Nombre” en 2003.

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El Arrepentimiento del Hijo Pródigo  

Charles Stanley

    Uno de los mejores ejemplos del arrepentimiento genuino se halla en Lucas 15:11-24 en la historia del hijo pródigo. El joven en la parábola pidió a su padre su herencia para que él la gastara y viviera como a él le parecía. Pero, no había pasado mucho tiempo y ya lo había derrochado todo. Entonces se encontró en una situación terrible–apacentando cerdos y enfrentando hambre. Los versículos 16-17 nos dicen: “Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!”
    La pena de quedarse desamparado es parte de la disciplina divina y el proceso de castigo y corrección. El camino del transgresor es duro (Pr. 13:15). Los que los apoyan o cobijan, en realidad dificultan su arrepentimiento, ayudándoles a seguir en su rebeldía. No obran en comunión con Dios, sino con el diablo y el pecado. No nos engañemos; no es un acto de misericordia ayudar a un rebelde no arrepentido.
    Desamparado, aquel joven llegó a reconocer su condición desesperada–entendió que su manera de vivir era mala y destructiva. Por lo tanto, no sólo sintió remordimiento por sus hechos, sino que también cambió su comportamiento. No sentía resentimiento hacia los demás, sino tristeza por sus propios pecados. Reconoció que él mismo era el problema. Los versículos 18-19 informan: “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros”. Es la única manera de hallar perdón y bendición. Con esta parábola el Señor nos enseña el camino de vuelta a Dios.

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 EL LIBRO DEL MES

VELAD EN ORACIÓN, por Lucas Batalla 

    La oración es a la vez una necesidad y un deber. Es un trabajo, un ministerio y un arma potente. Es parte clave de la comunión con Dios. Es el aire nativo y la respiración vital del creyente. El que ora confiesa que depende de Dios y espera en Él. Por todas estas razones Satanás no quiere que los cristianos oren en su vida personal, ni que las iglesias se reúnan para orar. En nuestros tiempos muchos confiesan que la oración es la parte menos desarrollada y practicada en su vida.
    El autor nos enseña y anima para que hagamos caso de la exhortación del apóstol Pedro: “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración”(1 P. 4:7).
precio: 4,80 Euros más gastos de envío

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EL QUIJOTE
MUCHOS LO TIENEN.
POCOS LO LEEN.

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...”
Así comienza la obra famosa de Miguel de Cervantes, y con estas mismas palabras termina el conocimiento del libro para la mayoría de la gente. Muchos tienen El Quijote, y es alabado como obra literaria. Pero pocos lo leen. ¿Tú lo has leído enteramente, del principio hasta el final, sin saltar nada? ¿Todo el libro? Si es así, te felicito, porque perteneces a un grupo muy reducido de lectores que tienen derecho de hablar del Quijote, porque lo han leído.
    ¿Y sabes qué? Dicen que en España hay dos libros que casi todos coleccionan, y casi nadie lee. El Quijote es uno de ellos, como venimos diciendo, pero, ¿cuál es el otro?    Es la Sagrada Biblia. “En el principio Dios creyó los cielos y la tierra”.  Así comienza la Palabra de Dios, y con estas mismas palabras termina el conocimiento del libro para la mayoría de la gente. Muchos tienen La Biblia, algunos la alaban como obra literaria, pero muchos la critican. Sí, son MUCHOS sus críticos y POCOS sus lectores. ¿Qué te parece? ¿Tú la has leído enteramente, de principio hasta el final, de Génesis hasta Apocalipsis, sin saltar nada? Si es así, te felicito, porque perteneces a un grupo muy reducido de lectores que tienen derecho de hablar de la Biblia, porque la han leído.
    A los demás, especialmente aquellos que siempre están criticando la Biblia, les decimos que si no la han leído enteramente, no tienen derecho a criticarla. Su crítica carece de peso, puesto que realmente desconocen la obra. Oh, sí, han leído algún texto salteado, o artículo de las que aparecen en revista, periódicos o internet, donde criticaba la Biblia, y se lo han tragado entero, sin conocer personalmente la obra criticada. O en el instituto o en la universidad le han dicho que la Biblia está llena de errores, etcétera. Y se lo han creído. Pero es incorrecto e injusto proceder así. Primero hay que leerla. Si no, no sabes de qué habla; sólo sabes lo que otros te han dicho.
    Jesucristo dijo que la Palabra de Dios es verdad (S. Juan 17:17). Los Salmos pronuncian bendición sobre los que meditan en la Palabra de Dios (Salmo 1). Los profetas de Dios alabaron la Palabra de Dios. El apóstol S. Juan promete bendición sobre los que leen el libro de Apocalipsis. Así que, simplemente te animamos a leer la Biblia. No tiene nada que perder, y hay mucho que ganar.
            Aquí en nuestra congregación, leemos y estudiamos la Biblia. Si deseas, puedes asistir y conocerla con nosotros, sin obligación ni compromiso alguno.

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EL REMANENTE:
UNA DOCTRINA ALARMANTE
II

A. W. Tozer
 
tinteros antiguos

(viene del número anterior)
    Y Cristo dijo: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lc. 18:8). No dijo que no encontraría fe, sino “¿encontrará fe en la tierra?” Por lo tanto, durante la segunda venida de Cristo será como fue en los tiempos de Noé; y en aquellos días, Noé, la octava persona, fue salva por el agua, por el arca. El resto de los habitantes se ahogó.
    Si aún quiere más respaldo para esta doctrina, lea la historia de la Iglesia. Un pequeño grupo, un resto sobreviviente, mantuvo siempre la fe mientras los demás daban las cosas por hechas.

Conocidos por su fruto

    ¿Sabe cuál es el problema que tenemos como Iglesia hoy día? Que nos damos por hechos. Suponemos algo que puede no ser cierto; es algo que se fundamenta en muchos casos en una esperanza, no en una experiencia bíblica sólida. No nos han perturbado lo suficiente. No hemos permitido que Dios grabe surcos en nuestra espalda. No hemos osado presentarnos ante Dios para que nos examine. Hemos tenido miedo de lo que encuentre Dios, y preferimos esperar. Por consiguiente, hemos aguardado y nos hemos aposentado. Siempre ha habido un pequeño remanente, que se ha situado en medio de todos los demás. Puede que un millón desee con sus labios y los use para adorar, pero sólo un pequeño grupo adora de verdad en sus corazones de un modo que honra y complace a Dios.
    Cuando veamos abierta la puerta de una iglesia, y a una multitud que sale de ella y ocupa las aceras, no debemos imaginar que esto sea indicativo de una profunda espiritualidad o de un alto grado de santidad. Sigámosles a sus casas. Sigámosles dos calles y veamos cómo viven. Ésa es la forma de descubrirlo. “Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:20).
    Pidámosles que nos guíen en oración. Anunciemos una reunión de oración y veremos cómo se marchan. Anunciemos una fiesta, y veremos cómo acuden. En la Iglesia de Dios, los indicadores de “irse o quedarse” son los siguientes: cuando dice ir, “fiesta”; cuando dice no ir, “reunión de oración”. La Iglesia de Dios sigue esta pauta, y sonreímos al pensar en ello, pero es alarmante. No quiero presentarme ante el Señor tras haber tranquilizado y halagado a las personas de modo que tengan la sensación falsa de disfrutar una seguridad espiritual confortable.
    Leamos la historia de la Iglesia y veamos a los pocos, el remanente, que vivieron entre los demás. Leamos sobre los valdenses, los Amigos de Dios, los hermanos de la vida común, y veremos cuán pocos eran, pero cuántos iban “a la iglesia”. Es posible adorar a Dios con nuestros labios y no con nuestras vidas. Si su vida no adora a Dios, sus labios tampoco lo hacen.
    Me preocupa toda esa gente a la que veo cantando el Mesías de Händel, sobre todo durante la Navidad, y sin tener ni la más remota idea de lo que dice. Se ponen en pie y cantan: “vengan a Él, vengan a Él” sin saber lo que significa. Cuando Händel escribió su obra, dijo: “Cuando la concluí, me pareció ver el cielo abierto y a todos los ángeles de Dios reunidos”. Así es cómo se sentía. Pero muchos de nosotros la cantamos y la disfrutamos sólo como una pieza musical. Venimos, cantamos himnos en la iglesia, y sólo disfrutamos la dignidad de la música y un descanso del rock and roll.
    Leemos sobre el remanente 600 años antes de que naciera Cristo, en Ezequiel 9:1-6. Decimos: “Comienza por el Kremlin, oh Dios; comienza por el Kremlin y destruye a todos esos desgraciados paganos”. Dios dice: “Comenzaréis por mi santuario”.
    Decimos: “Señor, desciende a ese lugar donde hombres reunidos en habitaciones en penumbra sorben cerveza; ve hasta allí, oh Señor, blandiendo tu espada”. Dios dice: “Empiecen en los escalones de mi iglesia. Empiecen por mi santuario”.
    Decimos: “Ve a esa iglesia en la que el pastor niega la Biblia y no predica otra cosa que poesía”. Dios dice: “Empiecen por mi santuiario”.
    Pero Él nos dice: “Estén atentos, busquen la señal en la frente”. Es una marca indeleble. Envió al hombre vestido de lino con un tintero y tinta indeleble, y dijo: “Ve y señálalos, márcalos”.
    “¿A cuáles señalaré? ¿A los que se ponen en pie y oran durante más tiempo? ¿A aquellos que ofrendan más para las misiones?”
    “No, no” repuso Él, “ése no es el criterio adecuado. Éste es el baremo en tiempos corruptos: quienes suspiran y lloran por todas las abominaciones que surgen en medio de Jerusalén”.
    Eso es todo lo que tienen que hacer. Hay cosas parecidas a una ola del mar: podemos tenernos de pie y ni el mismo Pablo podría hacerla retroceder, porque le derribaría. Pero no tenemos por qué llevar la señal del remanente en la frente, ni tampoco tener éxito ni ser populares. Sólo tenemos que suspirar y clamar por las abominaciones que tienen lugar en la Tierra hoy.
    No puedo evitar que las personas hagan lo que hacen, pero al menos puedo lamentarme porque no dejen de hacerlo; y eso es algo que pienso hacer. Haré que mis lágrimas rieguen las huellas de quienes se descarrían. Y cuando las iglesias no retornen a los estándares del Nuevo Testmaento ni adoren al Señor nuestro Dios en la hermosura de la santidad, si no puedo lograr que lo hagan o convencerles de que actúen así, en estos momentos terribles de crisis al menos podré llorar porque no regresan a Dios. Y, si no puedo llorar, podré suspirar.
    No sé qué nos depara el futuro. Pero sé una cosa: en lugar de traicionar a la grey de Dios, antes que mentirles, engañarles, agitarles y motivarles con todo tipo de temas populares; antes que extraer mi material de la revista Time, predicaré la Palabra de Dios a unos asientos vacíos, y suspiraré y clamaré por la abominación que está en el mundo.
    Por lo tanto, Dios dice: “Comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, por los varones ancianos que estaban delante del templo” (Ez. 9:6). A veces parece que el problema son los jóvenes. Son personas llenas de lascivia y de ideas descabelladas; pero las Escrituras dicen que se debe empezar por los ancianos, la cabeza del hogar. “Esos pilares barbados de la Iglesia”, dice el Espíritu Santo. “Empiecen por ellos”. “Aconteció que cuando ellos iban matando y quedé yo solo, me postré sobre mi rostro, y clamé y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Destruirás a todo el remanente de Israel derramando tu furor sobre Jerusalén?” (Ez. 9:8).
    Si la Iglesia evangélica, la Iglesia creyente fundamentalista, no acepta esto, entonces al menos podrá suspirar y clamar a Dios porque no lo hacen.
 Capítulo 9 del libro Fe Auténtica, por A. W. Tozer, Editorial Portavoz



Isaías 10:21-22
"El remanente volverá, el remanente de Jacob volverá al Dios fuerte. Porque si tu pueblo, oh Israel, fuere como las arenas del mar, el remanente de él volverá; la destrucción acordada rebosará justicia".

Isaías 37:4
"Eleva, pues, oración tú por el remanente que aún ha quedado".

Mateo 7:21-23
"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad".

Mateo 22:14
"Porque muchos son llamados, y pocos escogidos".
Lucas 13:23-24
"Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán".

lunes, 2 de febrero de 2015

EN ESTO PENSAD -- febrero 2015

  
 Vivir Como El Águila

El águila es el rey de las aves y tiene una gran capacidad de sostener el planeo y también para reposar noblemente. Es obvio que está hecho para las alturas y puede respirar aun a grandes alturas. Sus ojos ven bien en un cielo brillante y puede mirar al sol cara a cara. Pertenece más al cielo que a la tierra. Los naturistas que estudian esa criatura señalan que destaca por su forma, su vuelo y su fortaleza.
    En cuanto a forma, está perfectamente preparado para volar con máxima velocidad y mínima resistencia; sus huesos son ligeros, huecos y cilíndricos – la estructura especial que combina ligereza y fortaleza; sus plumas, movibles cada una como una pequeña ala, para propulsar con mínimo esfuerzo.
    Respecto a su vuelo, el águila está constituido para encontrar y dominar vientos tempestuosos, volar ante ellos y sobrepasarlos en velocidad; o si conviene, puede dar la vuelta y volar contra viento. El águila no tiene miedo de la tormenta, y puede luchar con tempestades feroces. Por otra parte, es capaz de reposo largo y sostenido. Ningún otro ave puede estar parado y quieto tanto tiempo, con tanta firmeza y reposo tan perfecto. Su fortaleza es tal que es un ave incansable; puede mantener vuelo continuo durante muchas horas mientras planea descansando sobre sus alas. Es emblema de fortaleza y coraje, como el león entre las bestias. Después de mudar sus plumas, es revitalizado y viene a ilustrar en la Biblia la actividad incansable y triunfante de los que tienen en Jehová su fortaleza.
    Cuán pocos cristianos desean ascender los montes de Dios y gustar cual águilas la vida vigorosa, enriquecida e iluminada, en comunión con el Altísimo. Es una vida solitaria, alerta y consciente de la presencia del Señor. El profeta evangelista conocía al Señor como su Pastor, Fortaleza y Suficiencia (Is. 40:11-31). El ser humano en su mejor momento es como la hierba, pero en cuanto a Dios, Su grandeza es inescrutable. No desfallece ni se fatiga con cansancio (Is. 40:28); nunca faltará (Sof. 3:5), ni cambiará (Mal. 3:6). En el lugar secreto del Altísimo montamos con alas como águilas y miramos las cosas desde la perspectiva divina.
    William Carey el humilde zapatero montaba las alturas de la presencia de Dios hasta que veía a los millones de personas perdidas en la India. Su sueño de la evangelización de la India vino a ser su vocación. Años después, el misionero Adoniram Judson yacía encadenado en una cárcel sucia en Birmania. Otro preso le dijo con desprecio: “Dr. Judson, ¿qué prospectiva hay ahora para la conversión de los paganos?” Judson respondio: “La prospectiva es tan animadora como las promesas de Dios”. Para el médico inglés, Dr. David Livingston, misionero a África, nada tuvo valor excepto en relación con la extensión del reino de Dios en este mundo. Veía como águila, porque moraba espiritualmente en las alturas con Dios, en Su secreto.
    ¿Cuál es nuestro deseo, dinámica y visión AHORA? ¿Qué más podemos decir acerca de necesidad de evangelizar en nuestra generación? El deseo de Dios es esparcir, sembrar y servir. Con frecuencia nuestros deseos son sólo las cosas pasajeras de este mundo. La vida aguilar les describe a bien pocos. Muchos buscamos la comodidad y la seguridad, no queriendo ser esparcidos y enviados para sembrar y servir. Tal vez seríamos misioneros si podríamos vivir en buenas casas y estar cómodos. Nuestros deseos son demasiado terrenales, y pueden conducirnos a la mortandad (Sal. 106:15). Hermanos, la noche está avanzada. Hasta que aparezca la Estrella de la Mañana, no olvidemos que en la obra del Señor el “éxito”, la cosecha, siempre viene a precio de sacrificio personal, sufrimiento y aun la muerte (Hch. 15:26; Sal. 126; Lc. 9:24-26).

Les Rainey (1914-2012) sirvió incansablemente como misionero en varias partes de África, las Islas Bahamas e Israel. De la revista “Missions”, febrero de 1993.

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Los Pecados No Confesados

    En 1 Juan 1:9 tenemos esta afirmación: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. En otras palabras, si los cristianos confesamos nuestros pecados, Él nos perdonará. Él es fiel debido a que Él prometió y Él es justo porque Él expió. El pecado confesado es pecado perdonado, y el pecado perdonado es un pecado limpiado. Y, puedo añadir, la confesión tiene que incluir una renuncia, porque si no se renuncia al pecado, no será perdonado, a pesar de que haya sido confesado.
    La razón de que hay tantos que son tibios, fríos o indiferentes, la razón de que tantos no se gozan de su salvación, la razón de que no se gozan en la lectura de la Palabra de Dios, ni en la oración, y de que no reciben respuesta a la oración, la razón de que no tienen testimonio, es que hay algún pecado secreto, algún pecado oculto que no ha sido confesado, y que está ahí, en el corazón. ¿Por qué no lo confiesas? No lo puedes ocultar de Dios. Él conoce todo acerca de ese pecado. ¿Por qué no hacer una confesión total y plena a Dios y ser así perdonado? Hasta que no lo hagas, Él no puede hacer absolutamente nada por ti.
Oswald Smith, de su libro: “Pasión Por Las Almas”, Editorial Portavoz, pág. 167

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LOS QUE HABITAN EN TU CASA

“Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán” (Sal. 84:4).

    ¿Oíste hablar de aquel hombre que naufragó y fue descubierto muchos años después en una isla desierta? Había construido tres chozas. Cuando le preguntaron por qué las había construido, él respondió: “La primera es donde vivo, la segunda es donde me congrego, y la tercera es donde antes solía congregarme”. Así son las malas costumbres de algunos llamados creyentes. Tratan a la iglesia como si fuera un restaurante, no como su hogar espiritual. Esto es un error. Amigo, puedes visitar a muchas casas, ¡pero sólo puedes pertenecer a una!
    Escucha: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas” (Hebreos 13:17). ¿Conoces a algún mecánico en particular que conozca tan bien tu coche que lo consiga mantener funcionando siempre? ¿O un médico que te conozca lo suficientemente bien, para que pueda cuidar bien de tu salud? ¿Y qué de un padre espiritual que te conozca lo suficientemente bien para ayudarte a crecer hacia tu entero potencial en Dios? Pablo dice: “Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio” (1 Corintios 4:15). ¿Quién es tu padre espiritual? Si no puedes responder, ¡puede que seas un huérfano espiritual, o un bastardo!
    El hijo pródigo, cuando falló, regresó a la casa de su padre, porque es allí donde empieza la restauración. Él pudo haber entrado en muchas de las casas que se encontró por el camino, pero su padre no estaba en ellas. Sólo una familia le podía dar la bienvenida, cubrir su desnudez, curar sus heridas, y restaurarle en su lugar de hijo. ¿Entiendes lo que quiero decir?
    Solamente si permaneces conectado y comprometido a tu familia espiritual podrás crecer y cumplir el propósito que Dios tiene contigo. Y eso no se produce haciendo sólo visitas, sino habitando juntos.
— autor desconocido 
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EL AVIVAMIENTO
 
“...y cuando comenzó el holocausto, comenzó también el cántico de Jehová” (2 Cr. 29:27).

    En muchos lugares los creyentes claman a Dios deseando un “avivamiento” en este día de desliz y dejadez. Hacen campañas especiales, invitan a predicadores de renombre, y hacen grandes esfuerzos. Muchas veces hay resultados a plazo corto, pero pronto desvanecen y las cosas se vuelven a su estado anterior. ¿Cuándo aprenderemos que el avivamiento verdadero y genuino sucede sólo cuando nosotros mismos reconocemos y confesamos nuestros pecados, nos apartamos de ellos y damos primeramente a Dios Su porción? La verdadera obra de Dios siempre comienza en el lugar santo. Sin arrepentimiento no hay avivamiento. Debe ser primero un avivamiento de santidad y adoración en espíritu y verdad. ¡Entonces el cántico del Señor comenzará!
J. Boyd Nicholson, del calendario Choice Gleanings, adaptado

Avívanos, Señor.
Sintamos el poder,
Del Santo Espíritu de Dios,
En todo nuestro ser.
Avívanos, Señor,
Con nueva bendición.
Inflama el fuego de Tu amor,
En cada corazón.

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 ¿A esto lo llamas AMOR?
¿Puedes ver amor en la siguiente chica?
    Paco está trabajando en otro país como emigrante. Cada tres días manda una carta a Susana, su novia. Después de volver, se quiere casar con ella. Por medio de las cartas desea que los dos estuvieran listos para una convivencia feliz. Susana ha leído la primera carta para contestar y pedir a Paco un poco de dinero para comprarse unos vestidos. Las cartas posteriores a esa primera, suman 66, están cerradas, en un cajón, ya que Susana ni siquiera las ha leído. Sin embargo, ella le escribe de vez en cuando, diciéndole cuánto le ama, y ya de paso, le pide un poco más de dinero. ¿Puedes ver amor en Susana?
    ¿Entiendes el ejemplo? Jesucristo decía que volvería por los Suyos. Mientras tanto nos ha dejado Sus 66 cartas de amor en un libro. Él espera que tú leas cada día en Sus cartas. Él quiere prepararte para que puedas estar eternamente con Él. ¿Lees Sus cartas? ¿Sólo sabes pedirle favores? ¿A esto llamas amar a Dios? ¿No es más bien menospreciarle con engaño? Jesús decía: “El que me ama, mis palabras guardará” (Juan 14:23) y “El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios” (Juan 8:47). Proverbios 28:9 advierte: “El que aparta su oído para no oir la ley, su oración también es abominable”.

¿SABES LA RESPUESTA?
Marca con una X la respuesta correcta:


En este relato, Susana está engañando a Paco.
☐ SÍ / ☐ NO
El que no lee la Biblia con entusiasmo menosprecia a Dios.☐ SÍ / ☐ NO
Si esta persona se tiene por religiosa, está engañada.
☐ SÍ / ☐ NO
La persona que se excusa con no poder leer la Biblia, pero tiene tiempo, por ej., para ver la tele o para charlar, engaña a Dios.
☐ SÍ / ☐ NO
Sólo la persona que obedece a lo que Dios dice en Sus cartas antes que a los hombres ama a Dios, y los demás le menosprecian.

☐ SÍ / ☐ NO
¿Estás dispuesto a dejar de menospreciar a Dios, no poniendo nada más a Su lado (ni el dinero, la salud, la pareja, la diversión, las tradiciones religiosas, la ciencia, el trabajo, ni tu propia vida)?
☐ SÍ / ☐ NO
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EL REMANENTE: 
UNA DOCTRINA ALARMANTE
A. W. Tozer

“También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo”. Romanos 9:27

Quiero abordar una doctrina bíblica que resulta muy problemática y alarmante. Me temo mucho que la Biblia es un libro mucho más inquietante de lo que pensamos. Antes de explicar lo que quiero decir, me gustaría que leyera las palabras de un himno. Me encanta este himno de Edwin Hodder (1837-1904) sobre la Palabra.

Señor, tu Libro es cual jardín precioso,
con flores brillantes y de mil colores;
en el que puede el visitante ocioso
reunir ramilletes de suaves olores.

Tu libro es cual venero muy profundo,
y hallará joyas preciosas en su sima,
–ocultas a los ojos de este mundo–
aquel peregrino que en ella camina.

Tu Palabra es cual la hueste sideral:
con mil rayos de luz pura y deslumbrante
ilumina al viajero terrenal
enseñando el sendero al caminante.

Tu Libro es como una amplia armería,
donde el soldado repara su armadura,
y encuentra, en la lid de cada día,
arnés, escudo, yelmo y arma segura.

    Todo esto es cierto. Me gusta mucho escuchar este himno, y también cantarlo. Sin embargo, me temo que ésta es la actitud que adoptamos respecto a las Escrituras: que es una joya hermosa que llevar colgada del cuello o en nuestro dedo, o un ramillete para ponérselo en alguna ocasión especial cuando está bien visto; algo que es fragante. Y es todo eso. Pero también es algo más, y en nuestra elegancia sencilla, me temo que no permitimos que la Palabra de Dios nos diga lo que tiene que decirnos.
    Con independencia de lo que digan los educadores, sea cual fuere la moda religiosa del momento, ésta es la doctrina que se enseña claramente en las Escrituras, que los sectarios han malentendido y han forzado para su propia destruccion. Y es que todo sectario dice: “Soy del remanente”, y cada grupo que se reúne dice: “Somos el pueblo”. Pero yo me niego a rechazar esta doctrina porque algún otro la haya forzado para su propia destruccion. No tengo para usted esperanzas etéreas ni ramos fragantes; lo que sí tengo es una doctrina terrible que duele y angustia, y que hace que mi espíritu se entristezca. Es la doctrina del remanente.

Sólo un fragmento
    ¿Qué es la doctrina del remanente? Simplemente esto: que en este mundo ciego, caído y pecaminoso en el que vive la humanidad, y en cualquier momento dado, la inmensa mayoría de sus habitantes está perdida. Y con “perdida” no quiero decir que se hayan equivocado de camino, se hayan quedado cortos, sean menos de lo que querían ser o no hayan logrado cumplir sus sueños. Con “perdidos” quiero decir alienados de Dios, enemigos Suyos, sin perdón, vida ni esperanza.
    ¿Qué significa esta doctrina del remanente? “Remanente” significa un pequeno fragmento, un resto sobreviviente. Significa que alguna cosa permanece aún cuando el resto del cuerpo está en otra parte. El texto de Romanos 9:27 habla de Israel, pero expone claramente la doctrina como algo aplicable a toda la raza humana, además de la Iglesia. Esto era cierto entre las naciones antes de Abraham; fue cierto de Israel después de él; y es cierto de la Iglesia tras Pentecostés. Me alarma constatar que desde Pentecostés ha sido cierto que un número impresionante de personas que se consideran cristianas –la inmensa mayoría– son nominales, y sólo se salva un remanente.
    Veamos algunos ejemplos sacados de la Biblia. Jesús dijo: “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre” (Lc. 17:26). Según las Escrituras, Noé halló gracia a los ojos del Señor, y hubo otros siete miembros de su familia que se salvaron de entre toda la población. No sé cuál era el número de la población mundial, pero sé que en el momento del Diluvio, sólo se salvaron ocho personas. Y sé que está escrito que como fue en los días de Noé será también en los días en que venga el Hijo del Hombre.
    Alguien me dirá: “Sr. Tozer, se lo está tomando demasiado en serio. Recuerda que Elías también se sintió como usted y dijo: ‘Oh, Dios, sólo yo he quedado’, y Dios le dijo: ‘Anímate, Elías: tengo noticias para ti. En Israel han quedado siete mil que no han doblado sus rodillas ante Baal ni ante su imagen’”. Siete mil nos parecen muchos, ¿no? ¿No reconforta saber que en Israel hubo siete mil judíos auténticos que no doblaron sus rodillas ante Baal?
    Permítame que me entregue a una breve especulación. Supongamos que la población de Israel en aquella época fuera de siete millones de personas. Creo que es una cifra bastante prudente. Eso significaría que una décima parte del 1% de la población no se había arrodillado ante Baal, y todos los demás sí. Eso supondría un individuo de cada mil. Si tomásemos en ese momento a mil judíos, 999 de ellos adoraban en secreto a Baal para no tener problemas, y sólo uno se negaba valientemente a hacerlo. Pero supongamos, para ser totalmente justos, que redujéramos a la mitad la población israelita, y supusiéramos que sólo había tres millones y medio. Entonces el porcentaje es de uno entre 500. Cada vez que viéramos una sinagoga o un edificio donde hubiera 500 judíos leyendo la Torá o escuchando salmodiar a los sacerdotes, de ellos 499 seguían a Baal y uno era salvo.
    Recuerda que cuando Cristo vino por primera vez solamente hubo unos cuantos que le reconocieron. Nosotros lo damos por hecho, al igual que lo hacía Israel, que cuando venga el Mesías le reconocemos.
    Creían lo mismo que Sansón cuando se recostó a dormir en el regazo de Dalila. Él creía que su vida se presentaba bien, que había tenido cierta experiencia con la religión, y que por consiguiente no había nada de qué preocuparse. Pero cuando despertó, descubrió que le habían capturado, y pronto le sacaron los ojos y se vio atado a un molino mientras otros se burlaban de él en nombre de un dios falso. Sansón había confiado en sí mismo, un proceder que siempre resulta malo y peligroso.
    O bien confiamos en nosotros mismos y gozamos de una falsa paz, o tenemos problemas, oramos en medio de ellos y descubrimos la verdadera paz. Hoy día la mayoría de creyentes confía en sí misma, y goza de una paz engañosa. Si hicieran lo que enseña la Biblia, se preocuparían y se alarmarían al ver cómo son, y se acercarían a Dios con una Biblia abierta, permitiendo que ésta los diseccionara y los reconstruyese, dándoles paz. Y la paz que obtiene alguien cuando lo diseccionan el Espíritu Santo y Su espada, que es la Palabra, es una paz legítima.
    Hay dos tipos de tranquilidad, y no debemos olvidarlo. Bueno, quizás ahora existan tres tipos. Hay la clase de paz que se puede comprar embotellada; luego, existe la que se deriva de confiar en nosotros mismos, creyendo en cosas buenas sobre nosotros mismos, aunque no sean ciertas. Esto aporta cierto grado de tranquilidad a la mente.
    Luego tenemos la tranquilidad que nos sobreviene tras una perturbación del alma, que la conmociona hasta sus cimientos y hace que el hombre o la mujer acuda a Dios con una Biblia abierta y clame: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos” (Sal. 139:23). Entonces, cuando Dios hace esto, tenemos una experiencia con Él que nos proporciona una tranquilidad afirmada sobre la Roca. Pero en el caso de la mayoría de evangélicos modernos, sus líderes salen fuera para traerles la tranquilidad.
   
La Iglesia tranquilizada
    La primera oferta del Señor no es ni mucho menos la tranquilidad. Al principio el Señor nos ofrece liberacion, perdón, renovación y justicia; después de eso viene la tranquilidad. Pero ahora nosotros comercializamos la paz, vendiéndola como si fuera jabón, y pidiendo a nuestro pueblo, en el nombre de Juan 3:16, que se acerque y tenga paz. De modo que tenemos una Iglesia tranquilizada, que lo pasa estupendamente en banquetes, en fiestas, en charlas de cafetería y en actividades de comunión. Y encima canta al Señor diciendo: “Tu Palabra es cual vergel, Señor”.
    Sólo llamo la atención sobre esto porque existe el peligro de que convirtamos la Palabra de Dios en algo destinado a darnos paz. Si se fija en las puertas de las iglesias, las que se quedan abiertas todo el día en las zonas más transitadas, verá como siempre hay gente que entra y se sienta. Lo hace, como dijo el poeta: “para invitar a sus almas, traer a la mente el recuerdo del hogar y el camino, y recobrar la calma”.
    Los hombres de negocios y los publicistas hacen eso, y los místicos de la India y de Burma también. No es necesariamente una práctica cristiana. Es positiva, pero no basta. Organizamos nuestros cultos para tranquilizar a las personas y paralizarlas. Esta doctrina del remanente debería alarmarnos. No deberíamos dar las cosas por hechas, sino sentirnos alarmados.
    A Pablo esto le preocupaba, y escribió: “sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Co. 9:27). He conocido a predicadores que estuvieron toda la vida predicando y acabaron contando chistes malsonantes; acabaron sucios, siendo ancianos desagradables. Es perfectamente posible ser maestro de escuela dominical, ser miembro de la junta directiva, cantar en un coro y participar de los cultos de la iglesia, para luego descubrir que somos parias y que nunca hemos formado parte del remanente. Esto resulta alarmante, pero no voy a disculparme por decirlo. Me temo que no estamos lo bastante preocupados. Esto no debería perturbarnos, porque todo se resume en este texto: “Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo” (Ro. 9:27).
    Durante la vida de Jesús hubo algunos viejos amigos de Dios, pero cuando pensamos que sólo la población de Jerusalén durante la Pascua era de un millón de personas, y que en Pentecostés había un millón de personas en la ciudad pero sólo se convirtieron 3.000, decimos: “¡Menuda cosecha!” Bueno, pues 3.000 sobre un millón, desde mi punto de vista, no es una cosecha impresionante.
    Me pregunto si habrá habido algún momento en que se haya producido una cosecha abundante. Sé lo que se decía del misionero escocés John G. Paton (1824-1907), que fue a las Nuevas Hébridas (islas Vanuatu) y no encontró un solo cristiano; cuando se marchó, no quedaba un solo pagano. Pero siempre he cruzado los dedos al leer esta afirmación, porque no está de acuerdo con la doctrina del remanente. Porque esta doctrina dice que “aunque el número de personas religiosas sea como la arena del mar, sólo un remanente será salvo”. No es que no puedan serlo, no es que Dios no quiera que se salven; es simplemente que no se salvan.
    Cuando vino Cristo, encontró a pastores y sabios. Leemos acerca de esos amigos de Dios, y nos alegramos por ellos. Pero el asunto es que, típicamente, eran un número muy reducido de personas.
    Hablando sobre la segunda venida de Jesús, nos dice: “Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mt. 24:12). No dice sólo el amor de muchos, pero cualquier estudiante de griego dirá lo mismo. En este versículo existe un artículo definido evidente: “los” muchos. Lo que se enfriará será la capacidad específica de amar.

continuará en el nº siguiente
del libro FE AUTÉNTICA, capítulo 9, Editorial Portavoz