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lunes, 3 de noviembre de 2014

EN ESTO PENSAD -- noviembre 2014


SEÑALES DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS
William MacDonald

Hay muchas indicaciones de que el arrebatamiento puede estar cercano. Podemos considerar las siguientes como indicios:

1. La constitución del Estado de Israel en 1948 (Lc. 21:29-31). La higuera (Israel) está brotando, es decir, sacando sus hojas (Lc. 21:29–36). Por vez primera durante siglos, los judíos tienen una existencia nacional en su propia patria. Esto significa que el reino de Dios está cerca.
2. El surgimiento de muchas otras naciones (Lc. 21:29). Jesús predijo que no sólo la higuera brotaría, sino que también lo harían todos los árboles. Hemos sido recientemente testigos del fin de gobiernos coloniales y de la proliferación de nuevas naciones. Es una era de renovados nacionalismos.
3. El regreso de Israel a la tierra en incredulidad (Ez. 36:24-25). Ezequiel profetizó que sólo sería tras el regreso de ellos que serían purificados de sus pecados. En la actualidad, Israel es mayormente una nación de agnósticos; sólo un segmento muy pequeño (aunque muy ruidoso) de la nación son judíos ortodoxos.
4. El movimiento ecuménico (Ap. 17-18). Entendemos que la Gran Babilonia es un inmenso sistema religioso, político y comercial compuesto de cuerpos religiosos que profesan ser cristianos, quizá una fusión del catolicismo apóstata con el protestantismo apóstata. La cristiandad se está volcando más y más hacia la apostasía (1 Ti. 4:1; 2 Ts. 2:3) y está de camino a ser una super iglesia mundial.
5. El crecimiento mundial del espiritismo (1 Ti 4:1–3). En la actualidad se está esparciendo por amplias zonas del mundo.
6. La drástica decadencia de las normas morales (2 Ti. 3:1–5). La prensa diaria da abundante prueba de esto.
7. La violencia y desobediencia civil (2 Ts. 2:7-8). Abunda un espíritu de anarquía en los hogares, en la vida nacional e incluso en la iglesia.
8. La presencia en las iglesias de gente con una forma de piedad, pero negando su poder (2 Ti. 3:5).
9. El surgimiento del espíritu anticristiano (1 Jn. 2:18), y que se manifiesta en la multiplicación de falsas sectas que profesan ser cristianas pero que niegan todas las doctrinas fundamentales de la fe. Engañan por imitación (2 Ti. 3:8).
10. La tendencia de las naciones a confederarse en corrientes que se aproximan a la alineación de los últimos días. La Comunidad Económica Europea, basada en lo que se conoce como el Tratado de Roma, ha dado paso a la Unión Europea, y puede conducir al avivamiento del Imperio Romano —los diez dedos de hierro y barro (Dn. 2:32–35).
11. La negación de la inminente intervención de Dios en los asuntos del mundo por vía de juicio (2 P. 3:3-4).
      A esto se podrían añadir indicaciones como terremotos en muchos países, la amenaza de un hambre mundial, y la creciente hostilidad entre las naciones (Mt. 24:6-7). El fracaso de los gobiernos en el mantenimiento de la ley y del orden y en la supresión del terrorismo lleva a un clima para el surgimiento de un dictador mundial. La acumulación de arsenales atómicos da un significado adicional a preguntas como: «¿Quién puede luchar contra ella?» (Esto es, contra la bestia; Ap. 13:4). Las instalaciones mundiales de televisión podrían ser el medio para cumplir Escrituras que describen acontecimientos que serán vistos simultáneamente en todas partes del planeta (Ap. 11:9).
      La mayor parte de estos acontecimientos son predichos como acaeciendo antes que Cristo regrese a la tierra para reinar. La Biblia no dice que tendrán lugar antes del Arrebatamiento, sino antes de Su manifestación en gloria. Si es así, y si vemos estas tendencias desarrollándose ya, entonces la evidente conclusión es que el Arrebatamiento debe estar muy cerca, a las puertas.
William MacDonald, del Comentario Bíblico (CLIE), en la sección de 1 Tesalonicenses
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SIETE MILAGROS DEL LIBRO
Dyson Hague

(viene del número anterior -  5. Es Vivo y Eficaz)
   Hace poco eché mano de la vieja y atesorada Biblia que mi madre me había dado; descubrí un versículo en Génesis, al lado del cual había escrito una fecha. Recordé entonces una época, en la cual hace unos años me hallaba en gran apuro. Tenía que abandonar a mi querida esposa y a los hijos, para buscar la salud en el extranjero. Estaba yo muy abatido. Un día abrí mi Biblia–por casualidad, como dice la gente–y mis ojos cayeron sobre estas palabras: “He aquí yo estoy contigo, y te guardaré dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra" (Gn. 28:15). ¿Podría yo acaso olvidar alguna vez aquel rayo de esperanza, que cayó sobre mi alma cuando leía este versículo? Todos los expositores y críticos en el mundo no podrían convencerme que esto fuera el simple eco de una antiquísima leyenda babilónica o algún dicho oriental. ¡Mil veces que no! Aquello era un mensaje para mí. Dio conmigo una voz directamente del Cielo. Me enderezó, y ningún hombre jamás me podrá apartar de la convicción inconmovible de que el mensaje de aquel día era la propia Palabra de Dios dirigida a mí, inspirando porque ella misma fue inspirada. Inspirada, porque ella misma inspiraba.

6. El Libro crea una vida nueva
    Este Libro descubre el pecado, lleva a las personas a que den media vuelta, les dirige a la cruz de Gólgota, a la paz para con Dios. Cristo llega a ser el contenido y la meta de la vida nueva.
    Movimientos mundiales deben su origen a la Biblia. Uno de sus versículos (Ro. 1:17) produjo en Lutero el gran cambio, y ello fue el principio de la nueva era. Donde triunfa la injusticia, el Libro descubre su renovada fuerza. Grandes empresas filantrópicas y pedagógicas por medio de la influencia de la Biblia fueron llamadas a la existencia. De maneras incontables ella manifiesta su poder vivificador como siendo la Palabra de Dios, que es viva y que permanece eternamente.    
           

continuará, d.v. en el siguiente número

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 ¡LA CARNE FUERA!

"Muchas iglesias incorporan la carne en su programa, y consiguen de alguna manera glorificarla e incluso escribir libros para demostrar que debería estar allí... Hoy día las iglesias se organizan en torno a la carne,  y tienen los valores y los estándares propios de ella... El pueblo de Dios y el mundo tienen estándares diferentes. La carne no tiene lugar, en absoluto, en el reino de Dios. Deberíamos expulsarla; por el poder del Espíritu y el poder de la sangre, deberíamos librarnos del viejo hombre con todos sus actos. Deberíamos rechazarlo como nos libraríamos de un abrigo viejo, y vestirnos del nuevo hombre, que en Cristo Jesús es renovado para justicia y verdadera santidad".  
    
A. W. Tozer, de su libro FE AUTÉNTICA, Editorial Portavoz
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 JUZGAR ES UNA SAGRADA OBLIGACIÓN
A. W. Tozer

¿Dónde está el remanente? ¿Dónde podemos encontrarlo? En cuanto sacamos a colación este tema, inmediatamente, todos los medio salvos y los que están salvos en uno por ciento (los renegados, los indecisos, los miembros de la Iglesia, los profesores y quienes no tienen testimonio del Espíritu de su redención) empiezan a sentirse violentos a citar las Escrituras. Y uno de los pasajes que citan dice: "No juzguéis, para que no seáis juzgados" (Mt. 7:1).
...Me pregunto si cuando Jesús dijo: "No juzguéis" y Pablo afirmó que "el amor no piensa lo malo", y cuando Cristo dijo que debíamos amarnos unos a otros y entregar nuestras vidas por los demás, sus palabras iban destinadas a acabar con las preguntas y a silenciar la reprensión. Me pregunto si Jesús, cuando dijo: "no juzguéis, para que no seáis juzgados" quería decir que sus profetas, sus apóstoles y sus predicadores no debían ponerse ante la Iglesia y decirle la verdad. Me pregunto si lo que quería decir es que debían ir por la vida como los tres monos de la estantería: no ver el mal, no hacer el mal, no escuchar el mal; y además, mantener una sonrisa constante en sus rostros, que no desapareciera hasta que murieran. Me planteo si quería decir que debíamos ir por la vida creyente en todo y en todos los que dicen: "Señor, Señor", aceptándoles en el reino de Dios.

de la pág. 134 del libro FE AUTÉNTICA, Editorial Portavoz

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 LA  MEJOR  INVERSIÓN
Te queremos ayudar a invertir tu dinero. No, no te preocupes. No te vamos a hablar de porcentajes, intereses u otros números. Sólo queremos orientarte citando unas palabras de uno de los hombres más ricos que han existido jamás. Él era conocedor a fondo del mercado “export-import” de su país y un sabio y hábil inversor, y dijo así: “El que ama el dinero no se saciará de dinero y el que ama el tener mucho no sacará beneficios; esto es frustración. Dulce es el sueño del obrero – coma mucho o poco –, pero al rico no le deja dormir la riqueza”. Luego continuó diciendo: “El hombre, tal como salió del vientre de su madre, (desnudo), así vuelve, yéndose tal como vino. Y nada saca de su trabajo para llevarse consigo. Esto es un gran mal; ¿de qué le aprovechó trabajar en vano?”. Evidentemente si alguien entiende de finanzas esa es la muerte. Ella se queda con todo lo que dejamos cuando volvemos –desnudos, como vinimos– al polvo. La muerte sabe que estás invirtiendo a su cuenta durante toda tu vida. Su negocio no falla.
    Por último, ese hábil inversor dijo: “El fin de todo el discurso oído es éste: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre, porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala”.
    Ese hombre, ya es hora que lo digamos, fue Salomón, rey de Israel y uno de los hombres más ricos y poderosos que han existido nunca.
    Estas palabras están registradas en la Biblia junto con muchos otros escritos que te pueden ayudar a invertir bien no sólo tu dinero, sino también tu tiempo, tu persona; en una palabra: tu vida. Sólo tienes una. Amigo, busca a Dios mientras haya tiempo, y déjale gobernar tu vida. Será la mejor inversión que habrás hecho en la Tierra y que seguirá proporcionando rentas por toda la eternidad.


EL HOMBRE NO ES MÁS POR LO QUE TIENE;
SINO POR LO QUE ES.


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"TENED MEMORIA"


Texto: Judas 17-21

En estos versículos tenemos los cinco consejos de Judas para todo creyente:
1.  “Tened memoria...” (vv. 17-19)
2.  “Edificándoos sobre vuestra santísima fe”  (v. 20)
3.  “Orando en el Espíritu Santo” (v. 20)
4.  “Conservaos en el amor de Dios” (v. 21)
5.  “Esperando la misericordia de nuestro Señor” (v. 21)

    De ellos, el que nos ocupa por lo presente es el primero, que más específicamente dice: “Tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo...”  La doctrina apostólica no era sólo para su tiempo y cultura, como algunos alegan. Hay que recordar siempre sus palabras, porque fueron inspiradas por el Espíritu Santo. "Las palabras" significa todas ellas, no sólo algunas doctrinas que ciertos hombres consideran "fundamentales".
    Para los que quieren ser fieles a Dios, agradarle y conocer Su bendición, lo primero es tener memoria. Es imprescindible recordar lo que Dios dice. Si no, perdemos discernimiento y podemos equivocarnos o ser engañados. A continuación aparece una lista de textos donde Dios señala el error y pecado de olvidarse de Él y de Su Palabra.

¡NO OLVIDEMOS!

Dt. 32:18     “Te has olvidado de Dios tu creador”
Jue. 3:7       “olvidaron a Jehová su Dios”
1 S. 12:9      “olvidaron a Jehová su Dios”
Sal. 78:11     “se olvidaron de sus obras”
Sal. 106:13     “Bien pronto olvidaron sus obras”
Sal. 106:21      “Olvidaron al Dios de su salvación”
Sal. 119:139    “se olvidaron de tus palabras”
Is. 51:13     “ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor”
Jer. 50:6      “se olvidaron de sus rediles”
Ez. 23:35     “te has olvidado de mí”
Os. 13:6       “se olvidaron de mí”

    El olvido de la Palabra de Dios es un problema antiguo, todavía común y siempre peligroso. Comenzando en Génesis 3 con la primera tentación en el huerto de Edén, uno de los principales errores y pecados del ser humano a lo largo de la historia es el de olvidarse de Dios, Su carácter, Sus palabras y hechos. Podemos olvidar por despiste, por descuido, por torpeza o bien por desprecio y desestimo. El diablo lucha para hacernos olvidar. ¡Entonces, hay que luchar para recordar!
    En Judas se nos exhorta a recordar y guardar las palabras que nos han sido dichos por los siervos de Dios, como dice: “por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo”. Nadie tiene derecho a modificar la doctrina apostólica: ni pastores, consejos de ancianos, misioneros, obreros, teólogos, concilios ni otros (2 Ts. 2:15).
    El padre en Proverbios exhorta a su hijo a recordar sus palabras, enseñanzas, consejos y advertencias (2:1; 3:1, 4:5; 6:20; 7:1, etc). Los hijos olvidadizos e infieles causan tristeza, daño y dolor. No sólo se trata de los pequeños, sino y tanto más cuando sean mayores y “olvidan”, descuidan o rechazan las enseñanzas y advertencias de sus padres. Creen que como ya son adultos, no necesitan todo eso, pero el libro de Proverbios contiene mucho para hijos que son jóvenes adultos. Aunque piensen que no, todavía necesitan recordar y guardar esos consejos.
    Pablo le exhorta a Timoteo a recordar y guardar lo que se le enseñó. Es de gran importancia ser fiel a la sana doctrina. Hoy en día hay quienes fueron enseñados por buenos maestros en años pasados, pero que a diferencia de Timoteo, no recuerdan ni guardan ni siguen lo que aprendieron de ellos. Seamos fieles, pues es nuestra responsabilidad, y el Señor Jesucristo examinará este aspecto de nuestra vida, entre otros, en el Tribunal de Cristo.

¡RECORDEMOS!

Neh. 4:14      “acordaos del Señor, grande y temible”
Sal. 105:5     “…de las maravillas que Él ha hecho”
Ecl. 12:1     “Acuérdate de tu Creador en … tu juventud”
Is. 44:21    “acuérdate de estas cosas...no me olvides”
Mal. 4:4      “acordaos de la ley de Moisés mi siervo”
Lc. 17:32      “Acordaos de la mujer de Lot”
Lc. 24:6      “Acordaos de lo que os habló…en Galilea”
Jn. 15:20     “Acordaos de la palabra que yo os he dicho...”
1 Co. 11:24-25  “haced esto en memoria de mí”
Ef. 1:16; 1 Ts. 1:2  a los hermanos, en oración
Ef. 2:11      de lo que erais en otro tiempo
Col. 4:18; He. 13:3  de los hermanos presos
2 Ti. 2:8      “Acuérdate de Jesucristo”
He. 13:7      “Acordaos de vuestros pastores”
Ap. 3:3    “Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído;
         y guárdalo, y arrepiéntete”

    El buen uso de la mente y la memoria es una de las claves de la vida de piedad: “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Co. 10:5). Hay que conquistar la pereza mental. El cerebro también es uno de nuestros miembros (Ro. 6:13, 19) y como tal debe ser presentado a Dios como instrumento de justicia.

Ayudas Para Recordar:
· Tener propósito de corazón. Proponte así: “Recuerda esto”.
· Prestar atención, concéntrate en la lectura, en las predicaciones, no dejando vagar la mente.
· Practica la lectura repetida y la meditación en los pasajes bíblicos.
· Memoriza y luego repasa lo memorizado para mantenerlo fresco en la memoria.
· Toma apuntes en los sermones y estudios bíblicos. No te quedes sólo mirando y escuchando. Después, repasa tus apuntes.
    “La tinta más floja es mejor que la memoria más fuerte”.

Recordemos el buen camino marcado en la Palabra de Dios:
“Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma”.   Jeremías 6:16

– Carlos Tomás Knott

VISITE la web de nuestra asamblea:
http://berealibros.wix.com/asambleabiblicabetel

y la web de Editorial Berea para ver los libros que editamos:
http://berealibros.wix.com/editorialberea
 

jueves, 2 de octubre de 2014

En Esto Pensad -- octubre 2014

BENDICIONES SON DE NUESTRO DIOS
 
Cuando tempestades surgen alredor,
Y desanimados sois, y con temor,
Ved las bendiciones que el Señor os da,
Y contadlas todas: son de Jehová.

CORO:
//Ved lo mucho que el Señor os da.//
¡Bendiciones, son de nuestro Dios!
Ved las bendiciones que el Señor os da.

Cuando veis a otros con su rico haber,
Y tenéis tan poco en vuestro poder,
Ved las bendiciones que el Señor os da,
Y contadlas todas: son de Jehová.

Cuando estáis en lucha con el tentador,
Recordad a Cristo y Su gran amor;
Ved las bendiciones que el Señor os da,
Y contadlas todas: son de Jehová.

“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos”.

Colosenses 3:15

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SIETE MILAGROS DEL LIBRO
Dyson Hague

1. Se acredita a sí mismo

    No se necesita el concurso de un crítico de la historia o de un catedrático para comprobar que la Biblia es la propia Palabra de Dios. Solo el Espíritu Santo otorga esta convicción. Si uno solamente escucha Su voz, uno quedará más profundamente convencido que por cualquier demostración imaginable de que este Libro es la propia Palabra de Dios. Los hombres hasta hoy intentan desvirtuar la fuerza de la Palabra y de destruirla. El Espíritu Santo sin embargo ratifica la Palabra con tal certidumbre como nunca se podría lograr por medio del simple sentido racional y resiste a todo asalto de duda.
    Quizás se conoce el relato de Spurgeon acerca de aquella pobre mujer, a quien un moderno detractor de Dios le hizo esta pregunta: “Qué lee usted allí?” La respuesta: “Leo la Palabra de Dios”. “¿La Palabra de Dios? ¿Quién le dice que lo es?” “El mismo me lo ha dicho”. “¿El mismo? ¿Cómo puede usted probar eso?” Ella señaló hacia el Cielo y preguntó: “¿Puede usted probarme que allá en el cielo se halla un sol?” “¡Por supuesto! La mejor prueba es que me calienta y que puedo ver su luz”. “¡Precisamente eso!” exclamó alegremente. “La mejor prueba de que este Libro es la Palabra de Dios, estriba en esto, a saber que calienta e ilumina mi alma” (Compárese con 1 Co. 2:12). Esa es una profunda y real verdad, que no requiere más explicación.

2. Es inagotable

    Las bellotas de un roble se dejan contar, pero nadie puede decir cuántos robles se hallan encerrados en la semilla de un roble. De ese modo cada árbol procede de una semilla y por su parte produce las semillas para otros árboles, miles de semillas, y cada semilla encierra el germen para miles de árboles. ¡Así sucede respeto a las Escrituras! Su profundidad no tiene limites, no se puede medir su altura. Millones de lectores y escritores a través de los siglos han cavado en su tesoro y no obstante no lo han agotado. Siglo tras siglo y con creciente fuerza creadora viene produciendo pensamientos, planos, investigaciones, hasta incluso libros enteros. Sí, los cerebros más destacados pertenecen a sus expositores, un número incontable de estudiantes lo han explorado, y sus lectores diarios se cifran en millones. Los tomos que se han escrito sobre la Biblia, sobre aislados capítulos o también versículos de ella, podrían llenar los estantes de más de una biblioteca. A menudo aun hoy son de tanta actualidad, tan substanciosos y fructiferos como en el día cuando fueron escritos. Aun así no queda agotada la Palabra divina. Los tesoros, que todavía han de descubrirse, son como las estrellas del cielo en número y en brillantez. Eso también es un milagro.

3. Es inmejorable

    Otro milagro más es que las Escrituras son inmejorables. No es cuestión de dorar el oro. No se añade colorido a los rubies, y diamantes cortados correctamente no se pueden aumentar en su resplandor. Así tampoco ningún artista está en condiciones para perfeccionar la ya terminada Palabra de Dios mediante un último pulimento. Nuestro orgulloso y confiado siglo no tiene nada que añadir a esta Palabra. Se situa cual el sol en el firmamento. De haber los más grandes detractores de la Biblia de todos los siglos intentado mejorarlo,su obra habría surtido el efecto que produciría un remiendo inoportuno, habría practicado una deformación. Este Libro despide el fulgor de la gloria de Dios.

4. Tiene autoridad
    Maravillosa es también su irrestisible autoridad. Penetra ésta en uno como una voz desde el Cielo. Por quinientas veces comienzan or terminan tan solo las explicaciones en el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia, escritos por Moisés) con estas excelsas palabras: “Dijo el Señor”. En los libros que siguen estas afirmaciones concretas se repiten tres cientas veces, y en los libros proféticos aparecen mil dos cientas veces expresiones como ésta: “¡Oíd la Palabra del Señor!” o “Así dice el Señor”. Ningún otro libro se atreve dirigirse de esta forma a la conciencia del hombre, ningún otro habla con sentencias tan comprometedoras o exige de tal manera la obediencia de la humanidad. Todas las partes de la Biblia tienen igual inspiración y poseen la misma reivindicación perentoria de autoridad. Digno de notar es el hecho que hombres de cualquier siglo y de todos los países reconocen esto. Ellos encuentran que este Libro habla a su conciencia con una autoridad, que es la autoridad misma de Dios.
    Aquello era un mensaje para mí. Dio conmigo una voz directamente del Cielo. Me enderezó, y ningún hombre jamás me podrá aparter de la convicción inconmovible de que el mensaje de aquel día era la propia Palabra de Dios dirigida a mí, inspirando porque ella misma fue inspirada. Inspirada, porque ella misma inspiraba.

5. Es vivo y eficaz (He. 4:12)
    Sabemos que fue inspirada la Biblia, pero lo maravilloso es que la Biblia hoy y ahora vivifica y es eficaz. Desde los tiempos más remotos la Palabra de Dios se abre paso en los corazones de los hombres, y el mismo hálito de Dios que inspiró en ellos la vida misteriosa la mantiene también hoy en día viva y eficaz. Es la Palabra viva, equipada con la vida del Dios viviente, que le dio y da esta fuerza.
    El Salmo 23 por ejemplo, inspirado como todas las Escrituras–todavía hoy, cuando en la quietud de una cámara mortuoria se lo susura o de otra manera se lo lee con este pensamiento: “¡Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley!” (Sal. 119:18), tiene renovada eficacia; el Espíritu lo vuelve a dar vida.
    Este es el más destacado y singular rasgo de la Biblia: siento dentro de mí que es mía. Sus promesas me pertenecen. El Salmo 103 para mí no tiene nada de antiguo hebreo, es fuerza actual, que con su lectura me subyuga y me hace exclamar lleno de agradecimiento: “¡Bendice, oh alma mía, a Jehová!”



continuará, d.v. en el siguiente número

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 “¿Qué pensáis del Cristo?”   Mateo 22:42  
    Cada domingo tenemos oportunidad de contestar esta pregunta en la Cena del Señor. ¡Qué pena si no venimos preparados y desaprovechamos la oportunidad. Con himnos, la lectura de las Escrituras y oraciones de adoración y gratitud, ¡díle al Señor qué piensas de Él! Prepárate durante la semana, leyendo cada día la Palabra, meditando, orando y adorando. Cuando más pensemos en Cristo, menos pensamos en nosotros. Juan el Bautista dijo: "Es necesario que él crezca pero que yo mengüe". Así es también con nosotros.

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Los Dominios del Señorío de Cristo1. Señor de la Mies (Mt. 9:38)

2. Señor del Día de Reposo (Mt. 12:8)

3. Señor Mío (Jn. 20:28)

4. Señor del Cielo y de la Tierra (Mt. 28:18)

5. Señor de Todos (Hch. 10:36; Ro. 10:12)

6. Señor de Vivos y Muertos (Ro. 14:9)

7. Señor de Señores (Ap. 17:14; 19:16)
L.P.R., tomado de un viejo nº de la revista “Congregados En Mi Nombre”, 
editada en Chile por D. Ernesto Moore.

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 Manchas Indelebles

    “León es león, por lindo que sea el cachorro”.
    Cierto domador de fieras de apellido Becwith tenía su propio parque zoológico y criaba fieras en cautiverio. Se le ocurrió ver cómo podía criar leones mansos y para este fin usó un nuevo método de alimentación para un par de cachorros. La leche de vaca, y nada de carne en su dieta, parecía dar buenos resultados. Pero él contó—
    Mi primera desilusión fue cuando los cachorros tenían unos diez meses. Mi esposa me llamó con urgencia y, al llegar a la ventana, vi a nuestro burro a una distancia de quince metros comiendo paja.
    Arrastrándose silenciosamente hacia él estaba uno de los cachorros que habíamos criado cariñosamente con biberón.
    Con una facilidad como si fuera costumbre en él, brincó encima del burro, agarró con una pata la crin, extendió la otra hacia el hocico del burro y entonces lo haló hacia atrás. En seguida el burro cayó a tierra y el cachorro, con sus colmillos pelados, no perdió tiempo en buscar la vena. En fin, era sangre lo que quería.
    Aquel cachorro había recibido un cuidado especial, fue criado con técnica por un profesional, vivía protegido y nunca le faltaba comida. No obstante, se mostró tan feroz como cualquier cachorro de la selva. Por nacimiento tenía la naturaleza de león y ninguna crianza, ninguna dieta y ninguna comodidad de parque zoológico iba a cambiarla. “En fin, era sangre lo que quería”.
    Usted y yo tenemos también nuestra naturaleza propia. “El corazón es engañoso más que todas las cosas, y perverso”, Jeremías 17:9. Por esto dijo Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto os digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”, Juan 3:3. Nicodemo se sorprendió y no pudo entender cómo un hombre maduro podía volver a nacer.
    El Señor le explicó que lo que es nacido de la carne, carne es. Es necesario un nuevo nacimiento, uno espiritual, para entrar en el reino de Dios. “Lo que es nacido del Espíritu”, dijo, “espíritu es”. Es el Espíritu Santo de Dios que obra en uno para que nazca de nuevo, para que sea nueva creación en la estima de Dios.
    Es una ley fundamental, tanto en lo natural como en lo espiritual, que lo superior no puede evolucionar de lo inferior. El vegetal es materia y nada más; nunca puede producir ánimo. El animal es a la vez materia y ánimo; no puede producirse de vegetal, ni producir espíritu. Sin embargo, el hombre es materia, ánimo y espíritu, y no se desarrolló de lo animal.
    Por tanto, si el hombre pecador —como somos usted y yo— va a “ver” o “entrar” en el reino de Dios, tiene que nacer otra vez, o nacer de arriba. Esto puede hacerlo sólo el Espíritu Santo.
    El profeta Jeremías pregunta retóricamente: “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?” Tal como aquel lindo cachorro de león quería sangre, usted y yo no podemos erradicar la naturaleza que recibimos de nuestros padres. ¡Pero podemos recibir una nueva!
    Podemos ser “participantes de la naturaleza divina”, 2 Pedro 1.4, y ser hechos nueva creación en Cristo Jesús, 2 Corintios 5.17. Esto es lo que hace el Espíritu Santo con todo aquel que por sincera, sencilla fe recibe a Jesús como Salvador. En el Calvario, Él dio su vida terrenal para dar la vida espiritual al que cree en Él.

 S. J. Saword
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¿Cuándo Realmente Nació El Señor Jesucristo?(Parte II)
Nieve en Belén en diciembre

Notas de la Biblia Textual, Sociedad Bíblica Iberoamericana:

viene del nº anterior

    2. Lo que según la Escritura, pudo suceder: Otro punto para establecer la fecha del nacimiento de Jesús el Mesías, es establecer el tiempo en que Elisabet quedó embarazada, pues la Escritura nos da precisa información de que Juan era seis meses mayor que Jesús (Lc. 1:26, 36). Para ubicar esta fecha, detengámonos en el relato de Lucas 1:5, específicamente en la frase del grupo de Abías. El sacerdote Zacarías se encontraba ministrando en el templo, cuando se le apareció un ángel del Señor, anunciándole el nacimiento de su hijo, y relacionándolo con el profeta Elías (Lc. 1:17), cuyo advenimiento (Mal. 4:5) según la tradición judía, tenía que ser en la Pascua, celebración que se hacía el 14 de Abib (Nisán)
el primer mes del año lunar hebreo. Mas tarde, el mismo Jesús se habría de referir a Juan como Elías (Mt. 11:14). Ahora bien, unos mil años antes de estos acontecimientos, el rey David había establecido 24 órdenes sacerdotales para ministrar en el templo. La clase (o grupo) sacerdotal al cual pertenecía Zacarías había caído en la octava suerte (1 Cr. 24:10), y así, le tocaba servir durante el cuarto mes del año lunar. Es previsible inferir entonces que, tan pronto como Zacarías regresó a su hogar, Elizabet quedara embarazada. Esto debió haber sucedido a mediados del mes Tammuz, que corresponde a Junio-Julio. Nueve meses más tarde, a mediados del mes de Nisán del siguiente año, es decir, durante la Pascua hebrea, nació su hijo, y seis meses después, nació Jesús, el Salvador del mundo. En el mismo Evangelio según Lucas se informa la fecha en que la virgen Miriam se halló encinta: Después de estos días, su mujer Elisabet concibió; y se mantenía en reclusión cinco meses...al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, cuyo nombre era Nazaret, a una virgen... y el nombre de la virgen era Miriam. Después de anunciarle que quedaría encinta, el ángel Gabriel añadió: Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido un hijo en su vejez; y para ella, la llamada estéril, éste es ciertamente el sexto mes; pues de parte de Dios ninguna cosa será imposible (Lc. 1:36-37).
   Es muy probable que la virgen quedara encinta en el momento mismo de aceptar la voluntad de Dios. Fue entonces cuando la sombra del Omnipotente vino sobre aquella jovencita de la cual habría de nacer el Mesías. Era el sexto mes de embarazo para Elisabet que corresponde a Tevet, décimo mes del año lunar, es decir, a diciembre-enero. En ese tiempo Miriam fue a visitar a su pariente Elisabet, y se quedó con ella tres meses, hasta el nacimiento de Juan que, como hemos visto, corresponde a los meses de marzo-abril (Lc. 1:56). Las 40 semanas del embarazo de Miriam se cumplieron a mediados de Tishrei, séptimo mes del calendario hebreo, que corresponde a septiembre-octubre.
    3. Lo que, según la Escritura, sucedió: Continuando la pesquisa, nuestra atención es para la fecha del año nuevo ordenado por Dios: 1º de Abib (Nisán) (Éx. 12:2), que corresponde a los meses marzo-abril del calendario gregoriano. A pesar de ser un mandato tan claro y específico de Dios, con tristeza vemos que ni Israel ni la verdadera Iglesia han puesto la debida atención a este mandato, antes ...han aprendido el camino de las naciones (Jer. 10:2). Basta decir aquí que, para el Dios Único, en año comienza en la fecha antes mencionada. A partir de allí, Él señaló las Solemnidades que Israel debía celebrar en sus tiempos durante el año, y que son: a) la Pascua, símbolo de Cristo, nuestro Redentor (1 Co. 5:7; 1 P. 1:19); b) los panes sin levadura, símbolo de la Cena Dominical (Hch. 20:7; 1 Co. 11:20-26); c) las Primicias, símbolo de Cristo en su resurrección (1 Co. 15:23); d) los panes con levadura, símbolo de la Iglesia de Cristo (Hch. 2:1-47); e) las Trompetas, símbolo del arrebatamiento de la Iglesia (1 Co. 15:51-52; 1 Ts. 4:13-17); f) día de Expiación, símbolo del Advenimiento (Mt. 24:27-31; Lc. 2:1-28); y g) los Tabernáculos (tipo del reino milenario de Cristo en la tierra) (Mr. 9:2-13; Ap. 20:4, 6).
    Una atención especial a esta última fiesta (Lv. 23:5-41), arroja suficiente luz sobre la fecha que tratamos de determinar: La solemnidad de los Tabernáculos, última de las celebraciones del año, pone fin a la serie de fiestas solemnes instauradas por Dios. En su orden profético, esta fiesta corresponde a los acontecimientos que sucederán inmediatamente después del Advenimiento. Desde la instauración del Reino Milenario, hasta la creación de los nuevos cielos y tierra, es decir, durante mil años literales, la humanidad vivirá la gloriosa experiencia de ver a Dios... morará en Sión (Jl. 3:21).
    Ahora bien, el Evangelio según Juan (1:14) dice textualmente: "Y el Verbo se hizo carne, y tabernaculizó entre nosotros". De donde la palabra griega eskénosen (traducida tradicionalmente habitó) es en realidad un verbo que literalmente significa asentar tabernáculo. A su vez, dicho término griego es una traducción de la palabra hebrea sucot que se usa para definir tabernáculos o cabañas. Así, el verbo griego ejskήvnωsen →§ 74, que usa el evangelista Juan, nos da una clave muy precisa para formular la siguiente pregunta: ¿Qué fecha podía escoger Dios, para que su Hijo naciera en la tierra, sino en la fiesta de los Tabernáculos? ¿Cuál otra solemnidad podría ser más apropiada para que el Verbo descendiera a tabernaculizar entre los hombres, sino en la solemnidad misma de los Tabernáculos? Festividad ésta que se encuentra directamente relacionada con el hecho de que Dios llegaría a habitar en Sión. El registro del Evangelio según Mateo, en donde el Salvador recibe el nombre de Emmanuel, es en extremo significativo, porque uno de sus nombres es Jesús, por el cual es llamado. Su otro nombre, Emmanuel = Dios con nosotros se cumplió con la presencia de Jesús con la raza humana. De allí las palabras del evangelista: el Verbo se hizo carne y tabernaculizó entre nosotros. ¿Y cuándo se celebra la fiesta solemne de los Tabernáculos? El día 15 del mes séptimo... ¡exactamente seis meses después del nacimiento de Juan!
   
  
  Cita de La Biblia Textual, Sociedad Bíblica Iberoamericana, 1999,
publicado por Holman Bible Publishers, notas en págs. 1303-1304
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Una calle de Belén, Israel, en el invierno
¿POR QUÉ VAS A CELEBRAR 
UNA FIESTA NO CRISTIANA?
Mucha gente celebra este día sin conocer las historias relacionadas a la navidad. Muchos “cristianos” se apresuran a celebrarla sin saber nada de su origen, y lo peor es que no quieren saber porque no quieren cambiar. Son adictos de la fiesta. El cuerpo y las emociones se la piden.
    Los cristianos sinceros se preocupan y se entristecen al ver a sus hermanos y hermanas ocupados y preocupados por las apariencias externas de la navidad. Las iglesias bíblicas deben preocuparse de que los cristianos no se enreden en esas costumbres paganas. ¡Pero hoy en día hay congregaciones que hasta tienen el arbolito puesto en su lugar de culto!
    Muchos de nosotros desde niño hemos guardado la fiesta de la navidad. Hemos intercambiado regalos, hemos enviado tarjetas, hemos encendido candelas, hemos roto las piñatas, y hemos comido las ricas comidas navideñas. Mas ahora estamos viendo la insensatez de todo esto. Las palabras de Dios que debemos aplicar aquí son: “No os conforméis a este siglo” (Romanos 12:2), y “no améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Jn. 2:15).
   
extracto de un tratado escrito por Aden Gingerich

lunes, 1 de septiembre de 2014

EN ESTO PENSAD -- septiembre 2014

EL MILAGRO DEL LIBRO (III)


Dyson Hague

(viene del nº anterior)

El milagro de su idioma
    Otro hecho notable es que la Biblia no se compuso en Atenas, sede de la erudición, en Grecia, como tampoco en Alejandría en Egipto. Sus escritores recibieron su inspiración no de las antiguas fuentes de la sabiduría humana. Unos vivían en Palestina. A muchos de los escritores se les llamarían incultos hoy. No habían frecuentado ninguna universidad, no eran eruditos ni pensadores originales, ni siquiera hablaban su propio idioma con toda corrección. Que nos conste solamente que Pedro se traicionó por su dialecto. Habló al estilo de los Galileos. Igual era el caso de Juan (Mt. 26:73; Hch. 2:7; 4:13). Eran gente inculta, como otros muchos también, que escribieron porciones enteras de la Biblia–hombres sin cualquier vocación literaria. Así y todo por semejantes hombres fue escrito el Libro que, bajo la secreta operación divina, se encuentra totalmente exento de cualquier rastro de provincialismo, de modo que llegó a ser la obra modelo para las lenguas de las más cultas naciones del mundo.
    Es un libro que se ha abierto paso hacia el norte y el sur, hacia el oeste y el este. En la influencia que ejercían las mayores naciones del occidente progresista, fue el factor más fuerte, y no obstante procedía del pueblo más iliberal y conservador del más anti-progresista oriente. Sus autores fueron mayormente Judíos, y los Judíos eran por instinto y tradición, por educación y sentimientos el más iliberal de todos los pueblos. El Judío no solo era iliberal, ni siquiera tenía algún interés por otras naciones. Jonás tuvo que ser obligado para que fuera a predicar en la ciudad de Ninive el Mensaje de Dios. ¡Cuánto esfuerzo era necesario para crear en Pedro un interés por la salvación de los Gentiles y que les llevara el Evangelio! (Hch. 10:14; Gá. 2:11-14). Solo un milagro y una revelación especial obraron este cambio total de actitud.
    ¿Cómo pues se ha de explicar que esta gente tan segregacionista estuviese en condiciones para escribir un libro que no es solo el libro de los Judíos, sino el de toda persona, sí, el Libro por excelencia del mundo entero? Ha sido escrito para el mundo, para cada ser humano en particular. Si la Iglesia de Roma se precia de poseer tan solo una lengua, y ésta por cierto una lengua muerta–la lengua latina–es un hecho que las sociedades bíblicas pueden señalar que ellas han hecho impresiones de la Biblia en más de 1.200 idiomas vivientes, para poner la viva Palabra de Dios a disposición de toda nación bajo el Cielo y que cada individuo pueda leer en su propia lengua las maravillosas palabras de Dios. Realmente es un milagro el que en la previsión de Dios, un viejo libro hebreo fuese así liberado de sus particularidades rabínicas y orientales, de modo que millones de muchachos y muchachas, hombres y mujeres que lo leen, nunca lo aprecian por ser una obra literaria hebrea o producto de una antigua raza oriental, sino por ser “lo mejor que nuestra literatura puede dar en prosa sencilla y noble”, como una vez lo dijo Frederico Starison en una conferencia en Oxford referiéndose a la edición inglesa de la Biblia. Y sin embargo resulta asombroso–el que el Alemán exactamente por igual aprecia la versión alemana de la Biblia como siendo “la Biblia suya”.

El milagro de su conservación

    Milagroso también es el hecho que la Biblia como Libro único a través de los siglos, sin interrupción, ha resistido a los asaltos de los más altamente críticos. Siglo tras siglo hombres han procurado quemar y destruirla. Cruzada tras cruzada se organizaron para apagarla. Reyes de la tierra se echaron a la tarea, conductores de la Iglesia lo tomaron sobre sí, el  barrerla de la tierra.
    Diocleciano, césar romano, en el año 303, condujo el más terrible ataque que el mundo ha experimentado contra un libro. Las Biblias casi sin interrupción fueron destruidas, incontables cristianos murieron, y se eregió una columna de triunfo con esta inscripción: Extincto nomine christianorum, esto es, borrado es el nombre de los cristianos. Y no obstante, pocos años después, volvió a aparecer la Biblia tal como en su día Noé había vuelto a salir del arca y se esparció por la tierra, hasta que Constantino la elevó, en el año 325 cuando el primer concilio general, a la posición de autoridad infalible.
    Luego siguió la larga noche de la edad media. La Iglesia romana negaba al pueblo las Sagradas Escrituras. Por siglos enteros era prácticamente un Libro desconocido. El mismo Lutero, siendo ya hombre cuando lo dijo, afirmó que nunca había visto una Biblia. Ningún carcelero mantenía en prisiones con la mayor seguridad, que lo hizo la Iglesia romana con la Biblia, frente al pueblo.
    Además, a raiz de decretos conciliares, anatemas y bulas papales, fureron quemadas las Biblias, y sus lectores condenados por la inquisición al suplicio y a ser quemados vivos. Algunos de nosotros hemos visto en la vieja Londres la plaza donde cestos llenos de Testamentos ingleses, con gran pompa por orden de Roma fueron quemados.
    El peor de todos los asaltos probablemente se lanzó durante los últimos 150 años. Extrañamente, los más amargos enemigos de la Biblia se revelaban ser hombres que exegían la libertad del pensamiento. Bolingbroke, Hume y Voltaire veían la aniquilación de la Biblia como cosa tan cierta que el frances afirmó que en 100 años, la Biblia a lo más se encontraría como una rareza anticuaria.
    Entonces siguió el ejército de los racionalistas alemanes con los ataques más salvajes y peligrosos de todos. Bauer, Strauss y la escuela Tubinger adoptaron el grito de los hijos de Edom: “¡Arrasadla, arrasadla hasta el suelo!” Esto no obstante, Aquel que en silencio está sentado en el Cielo se ríe; el Señor se burla de ellos. Pues que todavía hoy existen las Escrituras, más divulgadas que nunca antes. Allí está y allí permanecerá. Los contrarios le han echado lo peor de su arsenal, arrojado su más fuerte armamento–¡en balde! Sean lo que sean los inesperados contrarios que el futuro pueda aun traer–más perniciosamente que Julian, Celsus, Porplyrios, que Voltaire, Strauss, Renan, que Eichhorn, Wellhausen, Kuenen (y ahora Bultmann y su escuela*). Con todo, la Palabra sigue su carrera, y nadie puede retenerla. Unos 25 millones de ejemplares se esparcen cada año por toda la tierra. ¡Qué respuesta–también a nuestro siglo orgulloso! Cómo ella recuerda de modo análogo la llamada retadora de Moisés: “Pues infórmate, si quieres, de los primeros tiempos, que eran antes de tí, desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra, y desde un cabo de los cielos hasta el otro cabo de los cielos, si alguna vez ha habido cosa parecida a esta gran cosa, o si se ha oído hablar de otra parecida a ésta” (Dt. 4:32).

*su libro "The Wonder of the Book" fue impreso del discurso que dio en Toronto, Canadá en 1912
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¿Dónde Ponemos La Mira?

Como soldados cristianos deberíamos poner nuestros afectos en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Col. 3:1-2). Lo mejor que podemos hacer acerca de nuestro pretendido futuro financiero es olvidarlo. Citando al mismo "Comandante" (El Señor Jesucristo): "No os afanéis por el día de mañana..." (Mt. 6:34), específicamente por cosas como qué comeremos o qué beberemos o vestiremos. Él promete cuidarse del futuro de cada uno de los Suyos. Esto nos libera para trabajar más duro para suplir nuestras actuales necesidades, dar todo el resto para la obra del Evangelio –el conflicto espiritual– y confiar en Dios para el futuro. Muchos han errado de la fe y se han traspasado con muchos dolores por olvidar o tratar de racionalizar esta instrucción – ¡cuidado!
     Nos será de ayuda a los que somos estudiantes o aspiramos a serlo, reexaminar la necesidad de tanta educación, de otro grado, de otro certificado, cuando realmente ya tenemos suficiente competencia para trabajar de alguna manera para suplir nuestras necesidades. No es ninguna desgracia tomar un trabajo de "cuello azul". De todas maneras, ¡el azul es el color del cielo! Ahora bien, puede que el Señor dirija a algunos de nosotros al campo educativo es estratégico para nuestra situación en el campo de batalla donde Él nos quiera. Si es así, deberíamos trabajar duro en ello, sin perder el tiempo, y terminar pronto. Pero estemos seguros de que es el Señor quien nos dirige y de que tenemos una guía específica de Él para tales pasos, y no que sea simplemente que nos guste tener más conocimientos y títulos cuando realmente podríamos servir bien sin ellos.
Carlos Tomás Knott, del libro ¿Soldados o Blandengues?

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EL TIEMPO

El tiempo es un recurso que Dios da a todos. Nos pedirá cuentas de cómo lo usamos. Cada uno tiene 24 horas en cada día y 168 horas en cada semana. Malgastar el tiempo es un error, es necio y además es pecado.

"el tiempo es corto"  (1 Co. 7:29)
"...aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos" (Ef. 5:16)
"redimiendo el tiempo"  (Col. 4:5)
"el tiempo está cerca" (Ap. 22:10)

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Hay un estudio conversacional sobre el libro de Rut en la asamblea en Gibraltar, del 12 al 14 de septiembre. Oremos por la guía y bendición del Señor en esas reuniones.



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 "LA CUENTA POR FAVOR"

Si sales a comer afuera, miras el menú y los precios de lo que consumirás, porque al final hay que pagar, y pides lo que has decidido. Mientras tanto, tú y tus acompañantes coméis felices, habláis, os reís, os lo pasáis bien, y entonces al final toca pedir la cuenta. Si no la pides, de todos modos te la traerán al final. 
Entonces hay tres preguntas:

1. ¿Cuánto es?  2. ¿Quién la paga? 3. ¿De qué modo paga?
 
     En la vida también tenemos una cuenta. Durante toda la vida cada uno está acumulando su cuenta ante Dios. Él nos advierte de la paga del pecado (Romanos 6:23). Amigo, puedes pasarlo bien con tus acompañantes, hablar, divertirte, reírte, etc. pero al final toca pagar la cuenta. Mira bien lo que haces, amigo, y piensa si merece la pena, porque al final hay que pagar. Aunque quisieras evadirla, no pedirla y escaparte, no podrás. Al final Dios te pasará la cuenta. Romanos 2:5 habla de los que atesoran para sí ira. Con cada pecado de hecho, pensamiento, actitud, palabra u omisión estás cargando la cuenta. Todos los días crece. Apliquemos las tres preguntas:
    ¿Cuánto es?  "La paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23).
    ¿Quién la paga? "El alma que pecare, ésa morirá" (Ezequiel 18:4). El que peca, paga su cuenta con Dios. Romanos 14:12 dice: "cada uno de nosotros dará a  Dios cuenta de sí".
    ¿De qué modo paga?  No con obras, ni sacramentos, ni sinceridad. Sólo la muerte paga esa cuenta. Es la muerte segunda, el juicio eterno en el lago de fuego. Pero Dios ha provisto un sustituto, el Señor Jesucristo, para pagar esa cuenta terrible. Él llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero, sufrió en nuestro lugar y pagó lo que debíamos. Todo el que arrepentido confía en el Señor Jesús, recibirá perdón y vida eterna, en lugar de condenación y muerte eterna. Así es la gracia y misericordia de Dios. Alguien pagó tu cuenta por ti, y si lo reconoces y confías en Él, vivirás. En el libro del profeta Isaías leemos: "Venid...estemos a cuenta" (1:18). Dios ha provisto para saldar la cuenta, porque envió a Su Hijo Jesucristo a pagarla. Por eso Él gritó en la cruz: "¡Consumado es!", porque terminó de pagar.
    Naturalmente la gente quiere disfrutar la vida, gustar de todo, tener placer, probar cosas nuevas, reírse y pasarlo bien, pero es todo a plazo corto, porque cuando llegue al final hay una cuenta terrible que pagar. No digas: "Que me quiten lo bailado" porque Dios te quitará todo en el juicio, y pagarás tu cuenta de pecado por toda la eternidad. Él tiene todo apuntado en "los libros" de las obras (Apocalipsis 20:12-13). Arrepiéntete y clama al Señor Jesucristo, que murió para pagar tu cuenta de pecado, y que vive eternamente para perdonar y dar vida a los que en Él confían.

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Belén nevada en diciembre

 ¿Cuándo Realmente Nació 
El Señor Jesucristo?
 
Notas de La Biblia Textual, Sociedad Bíblica Iberoamericana

Lc. 1:5 “De la clase de Abías”. Asombra que un registro bíblico tan sencillo y desapercibido tenga una connotación de tanta importancia teológica, doctrinal y devocional, como es el hecho de que, a partir de esa corta frase, sea posible trazar en la Escritura el camino que establece, nada más y nada menos que... ¡la fecha natal del Señor Jesucristo! Es evidente que los intentos para determinar el día, mes y año del nacimiento de Jesús han resultado infructuosos. La razón de ese fracaso es debe a que las propuestas, afirmaciones e imposiciones hechas acerca de la fecha de nacimiento de la Persona más importante en la historia del Universo, han estado siempre relacionadas al sistema religioso mundano y pagano en que vivimos, y en pocas, o quizás ninguna oportunidad, se intentaron utilizando los recursos del único instrumento que Dios nos ha dado para que entendamos lo que Él quiere que entendamos, esto es: su Palabra; la cual, como veremos, incluye el registro de la fecha del nacimiento de su Hijo. ¿Y por qué algo tan sencillo como indagar en las Escrituras la fecha del nacimiento de Cristo no ha sido propuesta hasta el presente? ¿Es que acaso alguna energía de invisible poder aleja al hombre de su única fuente de verdad? La respuesta es que todos los intentos por determinar la fecha de nacimiento de Jesús fueron siempre auspiciados y dirigidos en las altas esferas del paganismo religioso. Si alguna respuesta provechosa, fiel y exacta hemos de hallar en un asunto de tanta importancia, solamente la hallaremos en los registros de las Sagradas Escrituras.
    En primer lugar, tenemos que reconocer que hasta hoy, ni Israel ni la Iglesia obedecen fielmente el calendario bíbilico ordenado por Dios. Y es evidente que existe un especial interés por parte del príncipe del mundo en este asunto, toda vez que una gran confusión y un error tan grande se manifiesta sobre un asunto que puede resolverse mediante apreciaciones bíblicias relativamente sencillas. Esto no puede provenir sino de parte del Confundidor, para que ni Israel ni la Iglesia obedezca los claros mandamientos que Dios da en su Palabra. Con el propósito de poner fin a la polémica mediante la autoridad de la Palabra de Dios, el trazado bíblico que expondremos a continuación, determinará sin lugar a dudas la fecha del nacimiento del Señor Jesús. Dividiremos este asunto en tres consideraciones básicas:
    1. Lo que según la Escritura no pudo suceder: ya de entrada diremos que, el estudio detenido de ciertos pasajes del registro del nacimiento de Jesús, nos llevará a la conclusión de que el Mesías jamás pudo haber nacido en invierno. El relato del Evangelio según Lucas (2:1-21) declara que en las cercanías de Bet-léhem había pastores, los cuales velaban y guardaban a sus rebaños durante las vigilias de la noche. Por el trasfondo histórico, se sabe que los rebaños de aquella región eran llevados más tarde al templo en Jerusalén para cumplir con las leyes del sacrificio. Los corderos de Bet-léhem eran famosos por ser los únicos sin manchas ni defectos, y estos pastores sabían muy bien que su misión no era simplemente cuidar ovejas. Ellos estaban conscientes de que servían de esa manera al Dios de Israel, cuidando unos pequeños animales que tipificaban al Cordero de Dios que habría de quitar el pecado del mundo. Estos humildes pastores eran judíos creyentes, y aquella noche, cuando estaban en el campo guardando los rebaños, vieron la aparición de un ángel que les daba las buenas noticias de que en ese día había nacido el tan esperado Mesías: "No temáis, porque he aquí os anuncio buenas nuevas de gran gozo que será para todo el pueblo: Que hoy os nació en la ciudad de David un Salvador, que es el Mesías Señor". Más tarde, y celebrándolo con ellos, apareció “...una multitud de las huestes celestiales que alababan a Dios y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, entre los hombres de su elección” (Lc. 2:8-14). Tales acontecimientos no pudieron pasar jamás a finales del mes de diciembre. ¿Por qué? Simplemente porque por ser sumamente frío, los pastores jamás sacaban (ni sacan) sus rebaños fuera de sus cuadras durante los meses invernales. De esta forma, el primer hecho cierto que determinan las Sagradas Escrituras es que el Señor Jesús no pudo haber nacido en invierno.

continuará, d.v. en el nº siguiente

Cita de La Biblia Textual, Sociedad Bíblica Iberoamericana, 1999,
publicado por Holman Bible Publishers, notas en págs. 1303-1304

NOTA: Presentamos esta primera parte de esas valiosas notas bien antes del tiempo de las fiestas navideñas, para dar tiempo a nuestros lectores a ir considerando el asunto sin la presión emocional de las fechas de esa tradición tan fuertemente arraigada. Y les recordamos amablemente que no hay que aprender ni seguir los caminos ni las costumbres de las naciones (Jer. 10:2-5).


Nieve en las calles de Jerusalén

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 nieve en Jerusalén en diciembre

Otro Comentario Sobre La Fecha Del Nacimiento De Cristo

    Actualmente, los más serios estudiosos y eruditos de la Biblia coinciden en que Jesús no nació el 25 de diciembre como la tradición cristiana nos dice. ¿Por qué? Es sencillo. Porque para empezar los pastores tenían a sus rebaños fuera, en el campo (1) lo que implica que esto sucedió antes de Octubre. Belén se encuentra a una altura de unos 775 msnm, 30 metros más elevada que la vecina Jerusalén. De noviembre a marzo las temperaturas bajan y puede haber nieve, como se ve en las fotos adjuntas.
    Y asimismo hay que tener en cuenta de que la razón del peregrinaje de José y su esposa embarazada, María, fue para ser censado. Ningún administrador romano que se respetara, hubiera requerido hacer un censo que implicara el viajar por Judea en la temporada en que ésta era intransitable (2).
  
Notas:
1. Lucas 2:8.
2. Mateo 24:20.

sábado, 2 de agosto de 2014

EN ESTO PENSAD -- agosto 2014

 
La Biblia impresa por Gutenberg cerca del año 1450
EL MILAGRO DEL LIBRO
(II)
Dyson Hague

El milagro de su unidad

    Hablamos de la Biblia como siendo un libro, pero raramente o nunca se nos ocurre que tenemos ante nosotros una biblioteca. Poco se nos consta, que este Libro se compone de 66 libros diferentes y que fue escrito por 30 o 40 autores en 3 idiomas distintos, teniendo un contenido muy diverso y escrito en circunstancias de las más variadas,. Los redactores escribieron sobre la historia, la teologia, la filosofía, el derecho, la genealogía, la etnología, escribieron profecías, biografías e interesantes experiencias de viaje. Si estos 66 libros fuesen impresos individualmente con letra grande y sobre papel fuerte y encuadernados en cuero, resultaría de ello todo una biblioteca. De hecho la totalidad de 66 tomos queda constituida en un libro de tamaño reducido, pudiéndolo sostener en su manita un niño. Aunque sus temas son tan variados y tan arduos –los más arduos y profundos que uno se pueda imaginar– y que no hubo posibilidad alguna de sintonizarlos simultaneamente–era imposible que el primer escritor pudiese adivinar lo que se iba a escribir 1500 años más tarde–así y todo este vasto conjunto de escritos variados se unió con toda armonía en una obra total –y eso no solo de parte de los hombres, sino de Dios, el Autor– resultando el que a la Biblia la tratamos como un solo libro. Es un libro deslucido – en su formación, pero el milagro de una unidad literaria.
 
El milagro de su edad

    También resulta milagroso, que la Biblia a pesar de su edad es de constante actualidad. El tiempo es un toque de prueba fundamental del valor de un libro. ¿Hay acaso un libro más, que escrito desde hace 1.000 años y aun hoy se lee por parte de un amplio público? Libros, que pocos años hace despertaban el interés, hoy quedan olvidados. Aparecieron, clamorosamente fueron celebrados, y desaparecieron del conocimiento; la fría mano del olvido se posaba sobre ellos, su fuerza se retiraba, su influencia desapareció sin gloria. ¿Dónde hay algún libro, que habiendose escrito desde hace 500 o más años aun hoy se lee de las masas? Horacio y Homero pueden ser objetos de estudio por parte de estudiantes, Virgilio y Xenofón pueden inculcarse en el cerebro de escolares, pero ¿a quién se le ocurre leer para sí estos libros? Sus obras son libros muertos en lenguas muertas. Por contraste la Biblia es el único libro del mundo, que ha franqueado la barrera del tiempo, pero también –y esto no es accidental– ha saltado la influencia limitadora de la nacionalidad. El libro de un español sólo pocas veces es leído por un alemán. Los alemanes generalmente leen libros alemanes, los ingleses libros ingleses. La Biblia se concibió mayormente en una lengua muerta, y sin embargo es el libro más vulgarizado del mundo.

El milagro de su incomparable venta

    ¿Acaso no resulta ser un milagro, el que este viejo Libro es el que más se compra? A un librero se le preguntó qué libro gozaba de la más alta cifra de negocios. Aquel hombre citó no los últimos relatos o la más reciente obra científica como “Bestseller”, sino la Biblia. El movimiento de otros libros se cifra en miles, el de la Biblia en millones. Cada año se traduce en otras lenguas y dialectos.

El milagro de su círculo de interés

    La Biblia es el único libro en el mundo que lee la gente de todas las clases, de toda edad y de todo grado de madurez. Personas de formación literaria raras veces se enfrascarán en un libro infantil, esto es palmario, y tampoco los niños leerán un libro sobre la ciencia y la filosofía, aun si pudiesen hacerlo. He aquí, sin embargo, un libro que se distingue de todos los demás, un libro que se lee a un niño y que un hombre cargado de años, hallándose en el umbral del más allá, también lo lee.
    Años atrás oí una vez, como la niñera de mi pequeña le iba leyendo algo; le pregunté: “¿Qué es eso que está usted leyendo?” “Estoy leyendo la historia de José de la Biblia”, dijo ella, cuando excitada se interpuso la niña: “¡Por favor, Papá, no nos interrumpas!” Con interés devorador seguía un historia, que hacia unos 3500 años se había escrito en hebreo. Y no lejos de la habitación, en donde estaba escuchando la niña de corta edad, se hallaba sentado uno de los más grandes y modernos científicos, el destacado erudito canadiense Sir William Sawson, presidente del colegio universitario de McGill en Montreal. Leía en el mismo libro maravilloso con profunda reverencia y gozo. ¿Acaso no es eso un milagro? Uno de los más competentes letrados modernos encuentra su delicia en el mismo libro que la niñita.
    Ello realmente queda sin par en la literatura. En miles de hogares y escuelas dominicales es leído por parte de nuestros jóvenes, chicos y chicas. Grandes eruditos, como Newton, Herschel, Faraday y Brewster, grandes militares, como Gustavo-Adolfo, Gordon y Stonewall Jackson, y grandes estadistas, como Gladstone y Lincoln, veían en este Libro el gozo y la guía para su vida.

continuará, d.v. en el siguiente número

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"No podemos cerrar nuestros ojos a la verdad de que la Iglesia de Dios no está progresando como debiera, en santidad de vida, ni en obra ferviente. Como el señor Moody dijo hace años en una carta circular anunciando una conferencia en Northfield: 'Hay en las iglesias reservas de riquezas no consagradas, talentos no empleados o mal empleados, multitudes reposados en Sion, testigos que no dan ningún testimonio de su Señor, obreros sin el poder vencedor del Espíritu, maestros que hablan sin autoridad, discípulos que siguen de lejos, formas sin vida, maquinaria de iglesias que sustituye vida y poder interior'".

Escrito por F. E. Marsh (1858-1919), en The Discipler's Manual ("El Manual del Discipulador"). Aunque escrito al principio del siglo XX, parece más verdad ahora que en aquel entonces. Hoy hay urgente necesidad de quebrantamiento, contrición, confesión de pecado y arrepentimiento en muchas congregaciones. "Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos; porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres" (Sal. 12:1).

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EL CRISTIANISMO NOMINAL

    Algunos creen el evangelio, pero sólo por encima. Nuestro Señor Jesús enseñó esto en Israel; dijo: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad" (Mt. 23:27-28).
    Se miraron unos a otros, estiraron sus largas barbas y decidieron que, a la mayor brevedad posible, y sin provocar disturbios callejeros, matarían a Jesús. Al final lo lograron, pero Dios le resucitó de entre los muertos al tercer día y le sentó a Su diestra. Ellos pensaban que estaban enviando a un hombre a la muerte, pero era Dios quien ofrecía un sacrificio. Ésta es la diferencia. Éste es el aspecto irónico de lucar contra el Señor Jesucristo.
    La consecuencia de ser un cristiano nominal, sólo de nombre, es la tendencia a usar las palabras de manera equivocada, liarse con juegos de palabras religiosas. Hoy día, en demasiados lugares, la religión cristiana ha quedado reducida a un juego de palabras....
    Pero el Espíritu Santo no habla de liberales ni de personas que niegan la verdad de las Escrituras. Habla de personas que admiten la verdad dela Biblia y reciben el evangelio como un hecho, y no lo niegan, sino que lo respaldan... Los que no, su religión no es más que un juego de palabras. 
A. W. Tozer, de su libro: FE AUTÉNTICA

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Entrando En El Repsoso de Dios (II)
David Gooding

Texto: Hebreos 3-4

Dejemos a un lado esos usos del término en Hebreos 3 y 4, y veamos  ejemplos de otros contextos. En 11:31, el escritor observa que Rahab la ramera: “por la fe...no pereció juntamente con los desobedientes...” ¿Y quiénes eran esos desobedientes que murieron cuando los israelitas destruyeron a Jericó? ¿Eran verdaderos y genuinos creyentes que recientemente habían sido vencidos por alguna tentación o algo así? Por supuesto que no. Rahab había oído del Dios verdadero y lo que Él hacía a través de Israel; y ella creyó y mostró su fe recibiendo a los espías (Jos. 2:8-13). Sus conciudadanos de Jericó habían oído tanto como ella acerca del Dios verdadero; pero en contraste, ellos rehusaron creer y arrepentirse; y cuando ella fue salvada, ellos perecieron.
    Tomemos un ejemplo típico de Hechos. Leemos en 14:1-2 que Pablo y Bernabé: “hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos. Mas los judíos que no creían [literalmente “que desobedecían”] excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles contra los hermanos”. ¿Quiénes entonces eran esos judíos que desobedecían? ¿Eran verdaderos y genuinos creyentes que estaban mal de salud espiritual y culpables de desobedecer uno de los mandamientos del Señor? No, de ninguna manera. Ellos eran judíos que, cuando escucharon la predicación del evangelio, “rehusaron creer”, como traduce la Nueva Versión Internacional.
    O tomemos el argumento de Pablo en Romanos 10. Él anhela, así lo declara, que sean salvos sus compatriotas de Israel, y le pesa que la mayoría de ellos no se salve. ¿Entonces por qué no son salvos? Pablo apunta un número de razones, y termina citando las palabras de Dios: “Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor” (v. 21; Is. 65:2). Aquí también “rebelde” [desobediente] significa rehusar creer el evangelio. Y no hay salvación para el que rehúsa creer el evangelio. Escucha al evangelio de Juan: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece [literalmente “desobedece”] al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él” (Jn. 3:36 Biblia de las Américas). Entonces, “desobedecer al Hijo” es lo contrario de “creer en el Hijo”. Lo que denota no es un creyente que momentáneamente desobedece, sino uno que es incrédulo; y es por eso que la Nueva Versión Internacional traduce aquí la frase como: “cualquiera que rechaza al Hijo”. Y Pedro nos advierte acerca de la gravedad de hacer esto: “¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?”
    Sería laborioso estudiar en este momento todos los lugares donde se emplea esta palabra. Pero un ejemplo final servirá para nuestro propósito porque es especialmente iluminador. En la epístola a Tito, 1:15-16, Pablo comenta así: “...mas para los corrompidos e incrédulos, nada les es puro... profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes [desobedientes], reprobados en cuanto a toda buena obra”. En el contexto ha estado hablando de los falsos maestros. Ahora habla acerca de los que “profesan conocer a Dios”. Pero su profesión es falsa, dice Pablo. No creen; son desobedientes. Observamos que los dos términos son prácticamente sinónimos.
    Con esto volvemos a nuestro pasaje en Hebreos, y notamos que nuestro escritor emplea estos mismos dos términos. Los antiguos israelitas profesaron creer cuando salieron de Egipto; pero su rebelión subsecuente y el rehusar entrar en Canaán mostraron que ellos nunca habían creído verdaderamente el evangelio. Ellos “desobedecieron”, dice en el 3:18. “No pudieron entrar a causa de la incredulidad”, añade en el 3:19.
    “Sí”, puede decir alguno, “pero no estás siendo justo con estos antiguos israelitas. Admitimos que se rebelaron contra Dios y Moisés después de haber viajado una larga distancia por medio del desierto, al llegar a la frontera de la tierra prometida. Y ciertamente rehusaron creer a Caleb y a Josué cuando les aseguraron de que Dios les daría la tierra. Así que, claramente, ellos al final habían perdido totalmente la fe. Pero no es justo decir que nunca fueron creyentes. Fueron redimidos por la sangre del cordero pascual en Egipto; fueron rociados con la sangre del pacto en Sinaí. Es obvio que eran verdaderos y genuinos creyentes al principio, sólo que después perdieron su fe y la desecharon, y así perecieron”.

El Veredicto de Dios

    Pues, lo mejor que podemos hacer para resolver el asunto es consultar a Dios mismo. ¿Estará de acuerdo que al comienzo en Egipto y después, durante algún tiempo ellos fueron verdaderos y genuinos creyentes, y que solamente después perdieron su fe? He aquí el veredicto de Dios: “¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho?...todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres” (Nm. 14:11, 22-23).
    Según Dios, entonces, a pesar de haber visto todos los milagros en Egipto al principio y después en el desierto, este pueblo había mostrado consistente incredulidad y desobediencia en todo el camino, y además una actitud de menosprecio hacia Dios y Su gloria. Habían salido de Egipto en medio de mucha emoción y fervor religioso; pero en cuanto a la fe genuina y personal en Dios, muy claramente ellos nunca la tuvieron. Los siguientes sucesos en el desierto meramente expusieron la verdad acerca de ellos que siempre yacía debajo de la superficie.
    El Salmo 106 rinde el mismo veredicto. Israel no pensaba en los milagros de Dios en Egipto. La nación olvidó Su grandeza, Sus obras, y se rebeló al lado del Mar Rojo (v. 7). Dios le salvó,  pese a esto, por causa de Su nombre (v. 8). El prodigio innegable e impresionante hecho en el Mar Rojo causó en ellos una fe superficial y temporal (vv. 9-12), como hicieron los milagros de nuestro Señor en algunos de Sus contemporáneos (Jn. 2:23-25). Pero después de esto, en el desierto, pronto volvieron a su comportamiento normal de falta de comprensión, ingratitud, incredulidad, rebelión e idolatría abierta (vv. 13-43).

La Advertencia Aplicada

    Hasta aquí hemos estado considerando el caso de los israelitas en el desierto; pero ahora debemos escuchar mientras que nuestro escritor saca de esta historia una advertencia para aquellos a quienes escribe.
    Puede que digas: “Pero no cabe duda acerca de ellos. Debieron ser verdaderos creyentes porque al principio del capítulo 3 el escritor se dirige a ellos llamándoles ‘hermanos santos, participantes del llamamiento celestial’”.
    Pues, ciertamente, si ellos genuinamente creían el evangelio cuando lo oyeron, podrían estar absolutamente seguros de que serían salvados eternamente. Observa lo que el escritor dice en el 4:6 y contrasta esto con lo que dice en el 4:3. “Aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron”, dice él, “por causa de desobediencia” (4:6). En contraste, “los que hemos creído entramos en el reposo”. No cabe duda. Una vez que la persona cree real y genuinamente (observa el tiempo del verbo: “hemos creído”) no queda incertidumbre, esta persona entra. Es una de las afirmaciones gloriosas de Dios, de la certidumbre invariable e inquebrantable. Tal como dos y dos son cuatro, no a veces sino siempre con constancia infalible, así la Palabra de Dios afirma que “los que hemos creído”, sí, “entramos en el reposo”. Podemos estar tan seguros así como de la otra afirmación: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Jn. 3:36).
    Como vimos antes, el escritor exhorta a sus lectores a asegurarse de que verdaderamente hayan creído el evangelio, de que sean creyentes genuinos, no sea que simplemente hayan caminado con los demás emocionados con fervor religioso pero sin  creer  personalmente en el Señor Jesús. Si no han creído personalmente, o si no están seguros de ello, que crean ahora. Todavía está abierta la puerta de oportunidad, y les cita de nuevo  el Salmo 95:7-8 (como en He. 3:13,15), para asegurarles que todavía es su día de oportunidad. “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”.
    “Mirad, hermanos”, les exhorta, “que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo” (v. 12); y entonces añade una advertencia especial. El pecado es engañador, y sin que el incrédulo lo reconozca, puede endurecer su corazón.

El Pecado Fundamental

    Todo pecado, por supuesto, es malo, y si uno continúa en ello, puede endurecerse su corazón; pero el pecado en el cual el escritor está pensando aquí, como el contexto hace abundantemente patente, es el pecado de incredulidad, el pecado de escuchar el evangelio, pero rebelarse contra él (3:16), el pecado de rehusar entrar en la tierra prometida, por lo cual Dios estuvo airado con Israel cuarenta años (3:17); el pecado de desobediencia e incredulidad (3:18-19). Nota que todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés eran culpables de esta rebelión, todos, es decir, excepto las personas como Caleb y Josué (3:16). Como hemos visto, desde el principio ellos nunca habían creído el evangelio; pero este pecado de incredulidad les engañó y finalmente endureció tanto sus corazones que se rebelaron abiertamente contra Dios, rechazaron el liderazgo de Moisés y hablaron de nombrarse otro capitán y volverse a Egipto (Nm. 14:2, 4).
    La incredulidad, el rehusar creer, es por supuesto el pecado cardinal, tanto que a veces la Escritura emplea el término “pecado” en el sentido de fallar o rehusar creer el evangelio. Por ejemplo, así dice nuestro Señor en Juan 16:8-9 que cuando el Espíritu Santo venga, “convencerá al mundo de pecado... de pecado por cuanto no creen en mí”. En otras palabras, Él no habla de los pecados puntuales cometidos ocasionalmente por los verdaderos creyentes (que tienen perdón cuando el creyente confiesa su pecado), sino de ese pecado básico, cardinal, de no creer al Salvador.
    Y este pecado fundamental es muy engañador y fácilmente endurece el corazón. Sucede así con demasiada frecuencia, que las personas entran en una iglesia como miembros sin ninguna experiencia personal del Salvador, o son llevadas a una profesión de fe en base a alguna emoción o experiencia de éxtasis, sin haber nacido de nuevo genuinamente. El tiempo pasa, y el fervor desaparece, y llegan a reconocer que realmente Cristo, Su Palabra y obra significan poco o nada para ellas. Pero, en lugar de estar alarmadas, confesar su estado y buscar al Salvador para recibirle personalmente, estas personas permiten que el pecado de incredulidad les decepcione y que les haga pensar que si mantienen las apariencias externas de decencia y religión, su falta de experiencia personal de Cristo y la salvación no importa. Con el paso del tiempo su incredulidad les endurece tanto el corazón que ninguna predicación del evangelio puede despertarles respecto a su peligro ni conducirles al arrepentimiento y la fe en el Salvador. ¡Qué tragedia!


Extracto traducido del libro del hermano David Gooding,
An Unshakeable Kingdom ("Un Reino Inconmovible",
1989, Eerdmans Publishing, págs. 112-121)
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EL RECUERDO FASCINANTE
DE LAS PALABRAS MUERTAS
(II)
A. W. Tozer

(viene del nº de junio)
Las palabras muertas en la Iglesia actual

    Voy a mencionar solamente dos de esas palabras muertas. Una de ellas es el verbo “aceptar”. Esta palabra enseña la doctrina de la pasividad moral. La otra palabra es “recibir”, que enseña la doctrina de la inactividad espiritual.
    “Aceptar” fue un buen término en determinada época. De paso diré que la palabra “aceptar”, en el sentido de “aceptar a Jesús”, no aparece en la Biblia. Pero hubo un momento en que fue una idea viva. Describía un conjunto de circunstancias con experiencias espirituales circunscritas a una generación concreta. Se alzaron voces vivas que dijeron: “Usted no es salvo por obras, sino por aceptar a Cristo”; era un mensaje dotado de vida. Los hombres que habían intentado trepar por la escalera de Jacob de las buenas obras descubrieron de repente que podían aceptar a Jesús en su corazón y así, sencillamente, convertirse. En su época fue un término maravilloso. Durante las grandes campañas de una generación anterior, se convirtió en le lema del movimiento evangélico, el fundamentalismo, el evangelismo a fondo y las misiones mundiales. Contenía una verdad poderosa que ya hace mucho que murió, pero el vocablo perdura. Se mantiene dentro del espectro teológico, y produce una generación de cristianos –o autoproclamados cristianos– que tienen corazones impenitentes, espíritus frivolos y una conducta mundana. Dicen a las personas que vienen a nosotros para convertirse: “Acepta a Jesús”, de modo que ellas dicen: “Muy bien, aceptaré a Jesús”. En consecuencia, aceptan a Jesús y ahí acaba el asunto. No se produce una transformación, ni se sana una sola raíz impenitente de su ser. Hay un orgullo que jamás se ha crucificado, una mundanalidad a la que nunca han podido vencer y una frivolidad espiritual más allá de toda descripción. Hoy día, hay toda una generación cuyos miembros son las víctimas de esta palabra teológica ya muerta, “aceptar”.
    Para darle una ilustración de lo que quiero decir, existe un centro especializado en alcanzar a los jóvenes soldados y hablarles del Señor. Tienen un personal que, se supone, les da testimonio del Señor Jesús antes de que a los jóvenes los envíen al extranjero.
    Cierto día, uno de esos trabajadores, predicador bautista, vino a visitarme a mi oficina. Se dejó caer en un sofá viejo y grande y me dijo: “Hermano Tozer, estoy muy angustiado. Trabajo en tal y cual centro. ¿Sabe cuál es el problema que tenemos? No me dejan mencionar el arrepentimiento. Lo único que puedo decir a esos muchachos que van a morir es que acepten a Jesús. El resultado es que inclinan sus cabezas y dicen, “Sí, le acepto”, se ponen de pie sonriendo con cierta tristeza y me estrechan la mano. Algunos de ellos, cuando salen, están asustados. Es posible que no vuelvan jamás y ni siquiera puedo atreverme a hablarles del arrepentimiento, del pecado ni de la tristeza que éste genera. Solo me permiten decir que acepten a Jesús”.
    El perjuicio de esta práctica será evidente en las generaciones futuras, cuando tengamos una Iglesia anémica y orientada al mundo en todas sus facetas. “Aceptar” a Jesús sin exigir la transformación del hombre o de la mujer da como resultado rechazar al Cristo del Nuevo Testamento. Por todo el país hay evangelistas que proclaman el mensaje “Acepten a Jesús”, que en nuestros días no pasa de ser un muerto teológico, una voz desde la tumba que no significa nada para esta generación.
    La segunda palabra es el verbo “recibir”. Este término enseña la doctrina de la inactividad espiritual. Tanto “aceptar” como “recibir” son términos pasivos, y el resultado práctico de esta doctrina de recibir es, ni más ni menos, toda una tragedia en nuestro país.
    Cuando yo era joven conocí a una mujer anciana, ¡qué Dios la bendiga! No dominaba mucha teología, pero creía que la forma de ser llenos del Espíritu Santo consistía en ponerse de rodillas, morir al mundo y abrir el corazón. Como en aquella época yo tampoco dominaba mucho la teología, la obedecí, gracias a Dios. El resultado fue que el Espíritu Santo invadió mi naturaleza como en los tiempos antiguos. Por eso no puedo predicar ningún sermón sin mencionar al Espíritu Santo ni su bautismo, porque yo lo recibí.
    No pasó mucho tiempo después de eso cuando la Iglesia empezó a decir “Reciba al Espíritu Santo”. Venía algún joven, con el corazón hambriento y una mirada reflexiva, y preguntaba:
¡Cómo puedo recibir al Espíritu Santo?”, y su profesor respondía: “Bueno, pues recíbelo, simplemente recíbelo, joven. ¿Le recibes?”.
    “Sí, le recibo”.
    La tragedia es que aquel joven, y otros como él, no le recibieron. Y hemos enviado a docenas de hombres a los campos de misión que no tienen otra cosa que ofrecer que la doctrina de la pasividad espiritual.
    Éstas palabras son muertas, aunque dadas otras circunstancias, en otra época, es posible que vuelvan a la vida y se conviertan en palabras del propio Dios para otra generación.

El peligro de las palabras muertas

    Estos dos vocablos, “aceptar” y “recibir”, se han explotado y luego se ha permitido que mueran, y además han fallecido en la misma casa de sus amigos. El resultado es que no “recibiimos” y cualquier tipo de credo que tengamos no transforma nuestra vida.
    Una vez recibí una llamada de larga distancia de una mujer que vivía en Boston. Me dijo: “Acabo de terminar su libro La Conquista Divina, y mi esposo y yo queremos ir a Chicago y ser llenos del Espíritu Santo”.
    “Bueno”, le respondí, “para ser llenos del Espíritu Santo no tienen que venir aquí”.
    Me dijo: “No, un momento, es que no conozco a nadie en esta ciudad que me diga cómo ser llena del Espíritu”.
    Yo no supe decirle adónde ir; supongo que había personas que podrían haberles ayudado, pero uno no puede hablar mucho rato por teléfono. Le dije: “Hermana, no puedo permitir que vengan. Vayan y lean de rodillas La Conquista Divina, los dos, y sigan leyendo hasta que el fuego descienda”.
    Ella me dijo: “¿Cree que eso funcionará?”.
    Le dije: “Seguro que sí”.
    No sé lo que sucedió, per espero que fuera eso.
    Podría mencionar otras muchas palabras como ejemplos de términos muertos para esta generación particular de cristianos, pero los verbos “aceptar” y “recibir” están destruyendo la naturaleza misma de la Iglesia. Si no se hace nada para corregir esto, la siguiente generación de cristianos sufrirá profundas enfermedades espirituales que impedirán que sus miembros sean el testimonio a su generación que Dios espera que sean.  
   

Bellas palabras de vida
Philip P. Bliss (1838-1876)

¡Oh, cantádmelas otra vez!
Bellas palabras de vida;
Hallo en ellas mi gozo y luz,
Bellas palabras de vida.
Sí, de luz y vida
Son sostén y guía.

CORO:
¡Qué bellas son, qué bellas son!
Bellas palabras de vida.
¡Qué bellas son, qué bellas son!
Bellas palabras de vida.

Jesucristo a todos da
Bellas palabras de vida;
Él llamándote hoy está.
Bellas palabras de vida.
Bondadoso te salva,
Y al cielo te llama.

Grato el cántico sonará,
Bellas palabras de vida;
Tus pecados perdonará,
Bellas palabras de vida.
Sí, de luz y vida,
Son sostén y guía.



tomado del capítulo 11 del libro: FE AUTÉNTICA, por A W. Tozer, 2011,
Editorial Portavoz, Grand Rapids, MI, EE.UU.