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sábado, 3 de septiembre de 2016

EN ESTO PENSAD -- septiembre 2016

EL GRAN MISTERIO DE LA PIEDAD

William MacDonald

"E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne”   1 Timoteo 3:16
 
     El misterio es grande, no por
que sea enigmático sino porque es asombroso. El misterio es la verdad extraordinaria que Dios fue manifestado en carne.
     Significa, por ejemplo, que el Eterno nació en un mundo donde hay tiempo, y vivió en una esfera de calendarios y relojes.
     Aquel que es Omnipresente y capaz de estar en todos los lugares al mismo tiempo, se confinó a Sí mismo a un sólo lugar: Belén, Nazaret, Capernaum o Jerusalén.
     Es maravilloso pensar que el Dios Grande, que llena el cielo y la tierra se comprimiera en un cuerpo humano. Cuando los hombres le miraban podían decir con precisión: “En Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad”.
    El misterio nos recuerda que el Creador visitó este insignificante planeta llamado Tierra. Siendo tan sólo una partícula de polvo cósmico, en comparación con el resto del universo, no obstante, pasó por alto el resto para llegar aquí. ¡Del palacio del cielo a un establo, a un pesebre!
    El Omnipotente se convirtió en un indefenso Bebé. No es exagerado decir que Aquel a quién María sostenía en sus brazos también sostenía a María, porque Él es el Sustentador así como el Hacedor.
     El Omnisciente es la fuente de toda sabiduría y conocimiento y a pesar de esto, leemos acerca de Él que, siendo Niño, crecía en sabiduría y conocimiento. Es casi increíble pensar que el Dueño de todo llegaba como alguien inoportuno a sus propias posesiones. No hubo lugar para Él en el mesón. El mundo no le conoció, los Suyos no le recibieron.
     El Amo llegó al mundo como un Siervo. El Señor de la gloria veló Su gloria en un cuerpo de carne. El Señor de la vida vino al mundo a morir. El Santo se internó en una jungla de pecado. Aquel que es infinitamente alto llegó a ser íntimamente cercano. El Objeto de la delicia del Padre y de la adoración angélica se encontró hambriento, sediento y cansado, junto al pozo de Jacob, durmió en una barca en Galilea y vagó “como un extranjero sin hogar en el mundo que Sus manos habían hecho”. Vino del lujo a la pobreza, sin tener siquiera un lugar donde reclinar Su cabeza. Trabajó como carpintero. Jamás durmió en un colchón. Nunca tuvo agua corriente caliente y fría u otras comodidades que nosotros damos por sentado.
     ¡Y todo fue por ti y por mí! ¡Oh ven, adorémosle!
 
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¿POR QUÉ AHORA?
 
 
¿Por qué hablar en estas fechas del nacimiento de Jesucristo? Adam Clarke, teólogo británico y erudito bíblico en el Vol. 5 de su obra: Commentary on the Bible ("Comentario Bíblico"), hace unas apreciaciones muy interesantes respecto a la fecha del nacimiento de Cristo:
"…Era una antigua costumbre de los judíos de esos días, enviar afuera sus ovejas a los campos y desiertos cerca del 'Passover' (inicio de la primavera) … “durante el tiempo que estaban afuera, los pastores vigilaban las ovejas noche y día. Cuando caían las primeras tempranas lluvias, en el mes de Marchesvan, correspondiente a parte de nuestro octubre y noviembre (comienza a mediados de octubre), encontramos que las ovejas eran mantenidas. Y, como estos pastores no llevaban a sus hogares sus rebaños, presumimos en el argumento de que octubre aún no había comenzado, y que, consecuentemente, nuestro Señor no nació el 25 de diciembre, cuando no había rebaños afuera en los campos;   no podría haber nacido después de septiembre, ya que los rebaños permanecían afuera en los campos por la noche”…
     Según Clarke, los pastores de Israel acostumbraban a traer sus rebaños desde las laderas de las montañas y campos y las guardaban hacia mitad de octubre, ya que en estas fechas empezaban las frecuentes lluvias y seguían los fríos del invierno.
    Diciembre es la fecha establecida por la Iglesia Católica Romana, siguiendeo costumbres paganas, y las festividades carecen de fundamento en el Nuevo Testamento, pues no forman parte de la doctrina y práctica de la iglesia primitiva. No es correcto enseñar esa práctica ni dar mal ejemplo a otros.
 
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La Metástasis de la Psicología
 
     Hoy la psicología está en muchas iglesias, universidades "cristianas" y  escuelas teológicas que ofrecen licenciatura en "Consejería". (por ej., en EE.UU., Master's College and Seminary en Sta. Clarita, California; el Instituto Bíblico Moody en Chicago; Dallas Seminario Bíblico en Dallas, Texas; Emmaus Bible College en Dubuque, Iowa; Bob Jones University en Carolina del Sur, y más).
    Hemos demorado en quitar la psicología de la iglesia, y ahora sufrimos la metástasis de ella. Metástasis significa: cambio de lugar - www.sanitas.es explica: "Cuando el cáncer se propaga desde la parte del cuerpo donde comenzó (sitio primario) a otras partes del cuerpo se le llama metástasis. La metástasis puede ocurrir cuando las células se desprenden de un tumor canceroso y viajan a otras partes del cuerpo a través del torrente sanguíneo o los vasos linfáticos... Las células cancerosas que se trasladan a través de los vasos sanguíneos o linfáticos se pueden propagar a otros órganos o tejidos en partes distantes del cuerpo".  Esto ha sucedido en la iglesia. La psicología no fue extirpada, y las "células cancerosas" se han extendido a todas partes. Ahora son mucho más difíciles de eliminar.
 
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El Lugar Clave De La Biblia

 
    El Salmo 1:2 identifica el lugar que ocupa la Palabra de Dios en la vida del creyente: “...está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”. En otro lugar el salmista exclamó: “Oh cuánto amo yo tu ley, todo el día es ella mi meditación” (Sal. 119:97). En nuestros tiempos pocos podrín decir esto. Muchas personas hoy están continuamente ocupadas con teléfonos, televisores, música, etc. Amigo, permíteme preguntar: ¿Qué lugar ocupa la Palabra de Dios en tu vida?
    En Mateo 4:4 el Señor, durante Su tentación, declara que el hombre vivirá de toda palabra que sale de la boca de Dios. Como seguidores Suyos, necesitamos la Palabra de Dios para combatir la tentación. Resistimos al diablo con ella diciendo: “Escrito está” como hizo nuestro Señor.
    El Salmo 119:9 declara que obedeciendo a la Palabra de Dios limpiamos nuestro camino. El versículo 11 dice: “en mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”.
     En el Salmo 119:89 aprendemos que la Palabra de Dios permanece para siempre en los cielos. No se caduca, ni se invalida con el paso de tiempo. A los que dicen: “los tiempos han cambiado” debemos responder que la Palabra permanece para siempre (1 P. 1:23). Ningún otro libro es así.
    Pasando al Salmo 119:105 vemos que  con ella Dios guía nuestros pasos e ilumina nuestro camino. Él que sabe más y ve más lejos que nosotros, nos guía por Su Palabra. Ningún consejera ni guía hay como la Biblia.
    En Juan 17:17 el Señor dice: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”. Dios nos santifica por Su Palabra, no por ceremonias y experiencias. Poca Biblia, poca santificación.
    2 Corintios 3:18 indica que somos transformados y renovados por la Palabra de Dios (Ro. 12:2). En ella aprendemos la voluntad de Dios, que es buena, perfecta y agradable.
    1 Pedro 2:2-3 enseña que crecemos mediante la Palabra de Dios. Por eso debemos desearla, buscarla y alimentarnos de ella todos los días. Job dijo: “Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida” (Job 23:12). Es de más valor que nuestra comida, sin embargo, muchos comen tres o cuatro veces al día, y a penas pasan diez minutos una vez en la Palabra. ¡Seamos más como Job! Sigamos el consejo dado a Josué: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Jos. 1:8).                                                                                          
Carlos
 
En Tu Palabra, oh Padre Dios, ¡Que bella luz se ve! Bendita celestial porción, gozada por la fe.

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EL LIBRO DEL MES
¿Psicología?, por Carlos Tomás Knott
¿Qué derecho tiene la psicología a hacerse pasar por ciencia y medicina y meterse en las iglesias? La Biblia manda a los creyentes: "examinadlo todo; retened lo bueno" (1 Ts. 5:21). De manera sencilla, bíblica y documentada el autor nos lleva a cumplir ese deber. Presenta la raíz y procedencia de la psicología, y descubre las falacias de ella y sus seguidores.
precio:  5 euros
www.editorial-berea.com 
 
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El Infierno

    ¡El infierno! La prisión del desespero,
    Voy a mostrarte algunas cosas que no encontrarás allí:
    No habrá flores que se abran a los lados del Infierno,
    Ni bellezas naturales a las que aquí tanto amamos,
    No hay consuelos hogareños, músicas ni canciones,
    No hallarás gozo amistoso entre aquellas multitudes;
    Ni chiquillos que alegren la pesada y larga noche;
    Ni una cariñosa sonrisa en la región de las noches;
    No hay gracia, no hay perdón, misericordia y compasión.
    Tampoco hay agua, ¡oh Dios! ¡qué terrible lugar!
    Los remordimientos del perdido nadie puede explicar,
    Ni un momento de alivio,
    ¡No hay descanso en el Infierno!
   
    ¡El infierno! La prisión del desespero,
    Te mostraré algunas cosas que allí estarán:
    Fuego y azufre sabemos que hay,
    Pues Dios en Su Palabra nos dice así,
    Memoria, remordimiento, dolor y sufrimiento,
    Llanto y gemido, mas todo en vano;
    Blasfemos, maldicientes, aborrecedores de Dios,
    Los que a Cristo rechazaron mientras en la tierra andaban;
    Asesinos, jugadores, borrachos y mentirosos,
    Tendrán en el lago de fuego su parte;
    El sucio, el vil, el cruel y mezquino,
    ¡Qué horrorosa multitud será vista en el Infierno!
    Sí, más que lo que cualquier humano sobre la tierra pueda
        describir,
    ¡Son los tormentos y desgracias del Infierno eterno!  
autor desconocido
 
     Estimado amigo, el infierno no es un cuento, ni un mito inventado por Dante ni otros de la Edad Media para asustar y controlar a la gente. Es la segunda muerte, la paga del pecado, y ciertamente tu destino personal a menos que te arrepientas y confíes en el Señor Jesucristo.
     Ninguna iglesia, filosofía ni buena obra puede salvarte, sino sólo Jesucristo, pues Él murió pagando por ti la paga del pecado que es muerte. Confía en Él y serás salvo del infierno.
 
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INFORME ESPECIAL
Sobre La Psicología: ¿Ciencia o Religión?
II
Martin y Deidre Bobgan

(viene del número anterior)
¿Es La Psicología Una Ciencia?

     El pueblo de Dios busca sabiduría y conocimiento tanto de la revelación de las Escrituras como del mundo físico. Pablo argumenta que todos somos responsables delante de Dios, porque la creación da evidencia de Su existencia:

“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Ro. 1:20).

    También el rey David declaró: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal. 19:1).
    El estudio científico es una manera válida de entender la obra de Dios, y puede ser muy útil en muchos aspectos de la vida. La verdadera ciencia desarrolla teorías en base a lo que es observado. Examina cada teoría con pruebas rigurosas para ver si cuadra con la realidad. El método científico funciona bien observando y anotando datos físicos y sacando conclusiones que confirman o invalidan una teoría.
    A mediados del siglo XIX, algunos expertos (filósofos, realmente) deseaban estudiar la naturaleza humana con la esperanza de aplicar el método científico para observar, anotar y tratar la conducta humana. Creían que si pudieran estudiar científicamente a las personas, luego podrían entender más precisamente su comportamiento actual, predecir su comportamiento futuro y alterarlo mediante una intervención científica.
    La psicología y su rama activa de la psicoterapia ciertamente han querido adoptar para sí una postura científica. Sin embargo, desde un punto de vista estrictamente científica, no cumplen los requisitos.
    La Asociación Americana de Psicología intentó evaluar el estado de la psicología. Designó a Sigmund Koch para planificar y dirigir un estudio subvencionado por la Fundación Nacional de Ciencia. Ese estudio empleó a ochenta eruditos eminentes para evaluar los datos, las teorías y los métodos de la psicología. Publicaron los resultados en siete tomos titulados: Psychology: A Study of Science (“La Psicología: Un Estudio de la Ciencia”). Koch describe el engaño de pensar en la psicología como ciencia:

“La esperanza de una ciencia psicológica les llegó a ser indistinguible de la realidad. Toda la historia posterior de la psicología puede verse como un intento ritualista a imitar las formas de la ciencia para sostener la delusión de ser científica”.1

    Koch también dice:

“A lo largo de la historia de la psicología como ‘ciencia’, los conocimientos concretos que ha depositado son uniformemente negativos”.2

    Posiblemente podrían ser científicas las declaraciones psicológicas que describen la conducta humana o reportan los resultados de ciertas investigaciones. Pero si dejamos de describir la conducta humana y comenzamos a explicarlo, especialmente si intentamos cambiarlo, vamos de la ciencia a la opinión.
    Cuando cambiamos de describir a prescribir, vamos de la objetividad a la opinión. Y si presentamos como verdades o datos científicos las opiniones acerca del comportamiento, eso es mera pseudociencia (“falsa ciencia”). Descansa sobre premisas falsas (opiniones, conjeturas, explicaciones subjetivas), y conduce a conclusiones falsas.
    Un diccionario define así la pseudociencia: “un sistema de teorías, presunciones y métodos erróneos que son considerados científicos”.3 Incluye el uso de la etiqueta científico para proteger y promover creencias, prácticas y afirmaciones vagas, contradictorias, exageradas o infalsables.
    Un aspecto de la psicología que está plagado de pseudociencia es la psicoterapia. Si la psicoterapia hubiera triunfado como ciencia, tendríamos un consenso en esa disciplina respecto a los problemas mentales-emocionales-conductuales y cómo tratarlos. Al contrario, la psicoterapia está llena de teorías y técnicas contradictorias, las cuales comunican confusión en lugar de algo parecido al orden científico.
    La psicoterapia se propaga usando muchas explicaciones conflictivas acerca del hombre y su conducta. El psicólogo Roger Mills, en su artículo: “Psychology Goes Insane, Botches Role In Science” (“La Psicología se Enloquece y Fracasa como Ciencia”), dice:

“El campo de la psicología hoy es literalmente un caos. Existen tantos métodos, técnicas y teorías como investigadores y terapeutas. Personalmente he visto a terapeutas convencer a sus clientes que todos sus problemas vienen de sus madres, las estrellas, su composición bio-química, su dieta, su estilo de vida e incluso el ‘karma’ de sus vidas anteriores”.4

    Existen más de 250 sistemas distintos de psicoterapia, y cada uno profesa ser superior a los otros. Es difícil considerar esas opiniones tan diversas y subjetivas como científicas o aun factuales. Los fundamentos reales de la psicoterapia no están en la ciencia, sino en varias vistas filosóficas del mundo, especialmente el determinismo, el humanismo secular, el conductismo, el existencialismo e incluso el evolucionismo. El psiquiatra investigador E. Fuller Torrey habla sin pelos en la lengua al decir:

“Las técnicas empleadas por los psiquiatras en el occidente, con pocas excepciones están exactamente al mismo nivel científico que las  técnicas empleadas por los hechiceros”.5

La Psicología Como Religión

     Durante siglos los filósofos, teólogos, miembros de sectas y practicantes del ocultismo han buscado explicar el por qué del comportamiento de las personas y cómo pueden cambiar. Esas explicaciones forman la base de la psicología moderna. Pero el problema es que la psicología se dirige a los mismos áreas de interés que las Escrituras ya trataron.
    Puesto que la Palabra de Dios enseña cómo vivir, todas las ideas acerca del por qué de la conducta y cómo cambiarla deben considerarse de naturaleza religiosa. Donde la Biblia profesa ser divinamente inspirada, la psicología alega tener apoyo científico. No obstante, en lo referente a la conducta, las actitudes, los morales y valores, se trata no de ciencia sino de religión – ya sea la fe cristiana o cualquiera de un número de otras religiones, incluso el humanismo secular.
    Richard Feynman, ganador del premio Nobel, al considerar al profesado estado científico de la psicoterapia, aclara: “el psicoanálisis no es una ciencia”, y que “quizás se parece más a la hechicería”.6
    El mismo Carl G. Jung (1875-1961, discípulo de Freud) escribió:

“Las religiones son sistemas para sanar las enfermedades psíquicas... Por eso los pacientes fuerzan al psicoterapeuta a actuar como un sacerdote, y esperan y demandan que él les libre de toda su angustia. Por eso, los psicoterapeutas debemos ocuparnos con problemas que, estrictamente hablando, pertenecen al teólogo”.7

    Nota que Jung dijo “las religiones” y no “el cristianismo”. Él había repudiado el cristianismo y exploraba otras formas de experiencia religiosa, incluso el ocultismo. Sin desechar la naturaleza religiosa del ser humano, Jung rechazó al Dios de la Biblia y asumió para sí el papel de un sacerdote. Consideraba a todas las religiones, incluso el cristianismo, como mitologías colectivas. No creía que fuesen reales en esencia, pero que sí podrían afectar la personalidad humana, y así servirían para solucionar problemas humanos.
    A diferencia de Jung, Sigmund Freud redujo toda creencia religiosa al estado de ilusión y la llamó: “la neurosis obsesiva de la humanidad”.8 Consideraba la religión como ilusoria y por eso perjudicial y causa de problemas mentales.
    Las opiniones de Freud y Jung aciertan respecto a las religiones del mundo, pero además son anticristianas. Freud niega al cristianismo y Jung lo reduce a una mitología.
    Los dos repudiaron al Dios de la Biblia, y lideraron a sus seguidores en la búsqueda de explicaciones alternativas de la humanidad, y soluciones alternativas a los problemas de la vida. Se entregaron a sus propias imaginaciones limitadas, viendo a sus pacientes a través de su propia subjetividad y prejuicio anticristianos.
    La fe que ha sido una vez dada a los santos (Jud. 3) fue reemplazada con una fe sucedánea disfrazada de medicina o ciencia, pero fundada sobre lo que directamente contradice la Biblia.
continuará, d.v., en el número siguiente
 


miércoles, 3 de agosto de 2016

EN ESTO PENSAD -- agosto 2016

INFORME ESPECIAL
La Psicología: ¿Ciencia o Religión?


Martin y Diedre Bobgan

Hoy es más evidente lo que escribió William Law hace dos siglos: “El hombre necesita ser salvo tanto de su propia sabiduría como de su propia justicia, porque ambas cosas producen la misma corrupción”.
    Es paradójico que hoy cuando algunos investigadores seculares manifiestan dudas y menos confianza en la consejería psicológica, en cambio cada vez más cristianos se involucran en ella. Los centros de “consejería cristiana” brotan por doquier como setas. Ofrecen lo que para muchos es la combinación perfecta: el cristianismo y la psicología. Muchos otros cristianos buscan de esos psícologos consejos acerca de cómo vivir, relacionarse con otros y afrontar los retos que surgen en la vida.
    Intentando ser más relevantes, muchos predicadores, maestros, consejeros y escritores promueven una perspectiva psicológica de la vida en lugar de la instrucción bíblica. El símbolo de la psicología, extiende su sombra sobre la cruz de Cristo, y la jerga psicológica tuerce y contamina la enseñanza de la Palabra de Dios.    La psicología es una levadura sutil y extensa en la Iglesia. Está presente en todas partes, y silenciosamente está privando de comida a las ovejas. Promete más de lo que puede dar, y lo que da no es nutricional. Sin embargo, hoy multitudes de “cristianos” miran a la psicología con respeto y asombro.
    Ahora bien, al hablar de la psicología como levadura, no nos referimos a toda la gama de estudios psicológicos, como por ejemplo, la investigación válida. Pero nuestra preocupación está con los áreas que tratan la naturaleza del ser humano, cómo debe vivir y cómo puede cambiar. Esos tratan con valores, actitudes y comportamientos que están diametralmente opuestos a la Palabra de Dios. Por lo tanto, veremos a continuación que el psicoanálisis y la psicoterapia no son compatibles con la fe cristiana.

Cuatro Mitos Acerca De La Psicología

    Entre los cristianos existen cuatro grandes mitos acerca de la psicología que han llegado a establecerse en la Iglesia.
    El primero es creído comúnmente por cristianos y no cristianos: que la psicoterapia (la consejería psicológica con sus teorías y técnicas) es una ciencia – una manera de entender y ayudar a la humanidad, fundamentada sobre evidencia empírica recogida de datos consistentes y mensurables.
    El segundo gran mito es que la mejor forma de aconsejar utiliza en conjunto la psicología y la Biblia. Los psicólogos que son cristianos generalmente dicen que están más cualificados que otros (incluso que los pastores–ancianos) para ayudar a otros a entenderse y cambiar su conducta. Según ellos, es porque tienen estudios en la psicología, y los demás no.
    El tercer gran mito es que las personas que manifiestan problemas mentales-emocionales en su conducta tienen alguna enfermedad mental. Supuestamente están psicológicamente enfermas, y por eso necesitan terapia psicológica o psiquiátrica. El argumento común es que el médico trata el cuerpo, el pastor o anciano trata el espíritu, y el psicólogo o psiquiatra trata la mente y las emociones. Los pastores sin estudios en psicoanálisis y psicoterapia no están cualificados para ayudar a los que sufren de graves problemas personales.
    El cuarto gran mito es que la psicoterapia tiene un alto grado de éxito – que la consejería psicológica profesional produce mayores resultados que otras formas de ayuda, tales como autoayuda o la ayuda de la familia, los amigos o los pastores. De ese modo la consejería psicológica da la impresión de ser más eficaz que la consejería bíblica para ayudar a algunos cristianos. Es una de las principales razones por qué tantos cristianos se preparan hoy para ser psicoterapeutas.

continuará, d.v., en el siguiente número

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El Espíritu Santo, 
Antes y Después de Pentecostés


     El Espíritu Santo, siendo Dios, es inmutable en Su persona, deidad y carácter. Sin embargo, El sí cambia de tiempo en tiempo Su manera de ministrar. Un cambio significativo es evidente en el ministerio del Espíritu Santo después de  la resurrección y ascensión del Señor al cielo. Este cambio vino en la fiesta de Pentecostés, una fiesta agrícola judía que era una de las siete fiestas de Jehová (Lv. 23). Pentecostés, de la palabra griega hebrea para “el quincuagésimo día”, recibe este nombre debido a que venía cincuenta días después del sábado de la Pascua.
    Muchos creyentes quedan bien confundidos en su entendimiento del ministerio del Espíritu Santo debido a que no prestan atención a las claras afirmaciones del Señor Jesús. Nota cuidadosamente estos versículos que muestran el cambio en el ministerio del Espíritu y el punto preciso en que tiene lugar el cambio:
    1. JUAN 14:16. El Señor Jesús dijo que El pediría al Padre que diera al Espíritu a los creyentes, para que permaneciera con ellos para siempre. Evidentemente, esto no había tenido lugar con anterioridad.
    2. JUAN 14:17. Él dijo que el Espíritu estaba entonces con ellos, pero que más tarde estaría en ellos.
    3. JUAN 7:39. Él dijo que el Espíritu no había sido dado todavía (en el sentido de estar en los creyentes) y esto no sería cumplido hasta que Jesús fuera glorificado (esto es, después de Su muerte, resurrección y ascensión).
    4. LUCAS 24:49. Justo antes de Su ascensión, Él les mandó que esperaran en Jerusalén hasta que recibieran poder de lo alto. Esto les hablaba de la prometida venida del Espíritu Santo para que morara en ellos.
   5. HECHOS 1:4-5. De nuevo les ordena que esperen por la venida del Espíritu “dentro de no muchos días”. El dijo que serían bautizados en (con) el Espíritu Santo.
  6. HECHOS 2:1-4. Precisamente en el día de Pentecostés, cincuenta días después de la muerte del Cordero de Dios sobre la cruz (Cristo, nuestra Pascua), descendió el Espíritu Santo, morando en los creyentes, y llenándolos con Su plenitud.

    Antes de Pentecostés el Espíritu había “venido sobre” los creyentes (Jue. 3:10; 11:29; 1 S. 16:13) y , cuando se enojaba, se apartaba de ellos (1 S. 16:14). Es por ello que David podía orar: “No quites de mí tu santo Espíritu” (Sal. 51:11), debido a que el Espíritu no residía permanentemente en los creyentes aún. El Espíritu daba poder para ciertas tareas, como en la obra de la construcción del Tabernáculo (Éx. 31:3; 35;30-35). También dio poder o fuerza a hombres como Sansón (Jue. 13:25; 14:6, 19; 15:14) o Jefté (Jue. 11:29). Esta energización no estaba necesariamente relacionada con las cualidades espirituales de aquellos que eran energizados. Algunos fueron llenos de una manera permanente. En ese tiempo nadie fue bautizado ni sellado por el Espíritu. Así, señalamos lo significativo de las palabras del Señor Jesús en Juan 7:39 y 14:17.
    Después de Pentecostés el Espíritu vino a vivir dentro de los creyentes (1 Co. 2:12; 6:19-20). Sin esta presencia residente, no hay nadie que sea hijo de Dios (Ro. 8:9; Jud. 19). Además, los creyentes son sellados hasta el día de la redención (2 Co. 1:22; Ef. 1:13-14; 4:30). Además, todos los creyentes son bautizados en, o incorporados en, el cuerpo de Cristo (1 Co. 12:13). Nada como el “cuerpo de Cristo”, la “iglesia de Cristo” o la “esposa de Cristo” – tres expresiónes equivalentes – había sido conocido antes de Pentecostés. Es evidente que el día de Pentecostés fue una línea divisoria en el ministerio del Espíritu Santo. En consecuencia, los versículos pre-Pentecostés como el Salmo 51:11 y 1 Samuel 16:14, nunca debieran ser aplicados para demostrar ninguna doctrina acerca del Espíritu después de Pentecostés, como muchos han tratado de hacer.
 
extracto de la lección 7 de Instrucción Cristiana Intermedia, por O.J. Gibson

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¿Para Qué Vives?


   
Me llamó la atención la publicidad en una parada de bus, porque preguntó: “Si pudieras vivir para siempre, ¿para qué vivirías?" Es interesante lo que la Biblia explica al respecto, no la posibilidad ni siquiera la probabilidad de que vivamos para siempre, sino la realidad, la certidumbre: viviremos para siempre. En el libro de Génesis leemos: “Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7). El soplo divino no dio mera vida animal al polvo de la tierra, sino que trajo a existencia a un individuo hecho “a imagen de Dios” (Génesis 1:27), una real personalidad, un alma que continuará existiendo después de la muerte y descomposición del cuerpo. El cuerpo puede deteriorarse después de la muerte, pero el individuo, la persona, sigue. La Biblia describe dos posibles destinos eternos para nuestra alma: el cielo o el infierno (Lucas 16:19-31). Ya que has sido constituido un alma que existirá para siempre, ¿para qué te propones vivir?
    El Señor Jesucristo preguntó a Sus oyentes: “¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36). Tu cuerpo ciertamente no es inmortal; se descompondrá en el polvo después de muerto, pero la Biblia enseña que también será resucitado nuevamente. Job declaró: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19:25-27). Job no solamente creía que su alma seguiría existiendo después de la muerte, sino que también su cuerpo sería resucitado. Su confianza estaba en la verdad de que un día su Redentor vendría un día a la tierra y que él le vería, cuerpo, alma y espíritu.
    El Redentor de Job, por supuesto, no es otro que el Hijo de Dios, el Señor Jesuccristo. Es el único que por su muerte tomó el castigo de los pecados del mundo, y también derrotó la muerte al resucitar de los muertos. Puede dar vida eterna a todos los que le aceptan como Señor y Salvador (Juan 3:16). Los que confían en Jesucristo para salvación un día le disfrutarán eternamente, cuerpo, alma y espíritu, en el cielo. Para los que le rechazan, solemnemente, les espera una resurrección del cuerpo para ir al juicio.
    Dios te ha dado la libertad de escoger lo que quieras hacer con tu vida. Puedes escoger ignorarle y al Hijo que Él libremente dio para ser tu Salvador. O puedes escoger vivir para Aquel que te diseñó, y reconocer que su veredicto sobre ti es correcto. Esto es, que eres un pecador que necesitas al Salvador Jesucristo que en Su muerte te sustituyó. Lo que no puedes hacer es vivir tu vida como te dé la gana, sin Dios, ¡y luego contar con Él cuando entres en la eternidad! Puesto que exisitirás para siempre, o en el cielo con Dios o en el infierno sin Él, en base a tu elección personal, ¿ahora mismo para qué escoges vivir?    


    Ken Munro, “Present Truth”, Vol. 18, nº 211, mayo/junio 2016

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El Peligro del Desánimo

Texto: Números 21:4-9 


     Cuando Israel iba por el desierto, y llegó cerca del final de los cuarenta años del viaje, hubo un enfrentamiento y rechazo en la frontera de Edom. En ese momento Dios cambió su rumbo y postergó un poco más su llegada a la tierra prometida. Además, en el largo camino desiértico hubo carencias y el pueblo, sediento y cansado, se desanimó. Empezaron otra vez a quejarse, sacar fallos y criticar lo que Dios había provisto –el maná– ese pan maravilloso y celestial que contenía todas las proteinas y nutrientes necesarios para sostenerlos durante cuarenta años en el desierto. Se volvieron ingratos y quejosos, y otra vez Dios los tuvo que castigar.
    Hermanos, hablemos del peligro del desánimo, y uso esa palabra y no "depresión" como se estila hoy, porque "depresión" y "deprimirse" no son términos bíblicos. Vienen del mundo, de la psicología y sabiduría de los hombres. Hay que retener la forma de las sanas palabras (2 Ti. 1:13). Entonces en la Biblia observamos casos de desaliento o desánimo. Cuando uno cede al desánimo, nada le parece bien.  Cuando viene así el desánimo, es como un ataque – y vienen el disgusto, la murmuración, la crítica y las quejas. Dios dirigía la vida de Su pueblo, y le hizo ir por camino alternativo en lugar de pasar forzosamente por Edom. ¿Y qué pasó? Se desanimaron porque no quisieron ese camino que Dios escogió, sino que quisieron entrar en su tierra sin más demora. Israel tenía un deseo, pero Dios tenía otro. Era una oportunidad para confiar y seguir adelante por la fe. Pero fracasaron ante la dificultad y la demora, y eso es un ejemplo y advertencia a nosotros.
    Si Dios controla nuestra situación como lo hacía con Su pueblo Israel,  ciertamente es para bien, aunque ahora no entendamos todo. Él no se equivoca. No es necesario que entendamos, pero sí es necesario que  confiemos. Respecto a Israel, Dios no quería que atacasen a Edom para pasar allá por la fuerza, pues Él había dado aquella tierra a los edomitas que eran parientes de Israel. Además, conociendo a Su pueblo, sabía que todavía quedaban cosas que corregir a base de pruebas.
    Miremos otro caso del peligro del desánimo. En 1 Reyes 21:1-6 vemos cómo Acab se desanimó porque no pudo hacer lo que quería. A Nabot le propuso con educación la venta de su viña y le ofreció buena recompensa. Hasta allí, bien. Pero Nabot no quiso vender su herencia, pues la apreciaba y sabía que no debía venderla. Tuvo el valor de decirle no al rey, pero el rey, en lugar de aceptar esto, se puso de mal humor.
    Mirad bien, porque el desánimo en los casos así es pecado – causado por egoísmo y el deseo de salirse con la suya. El desánimo nos debilita, y en ella hacemos cosas malas – así le pasó a Acab – escuchó a su mujer Jezabel y el resultado fue mentira, engaño, injusticia y homicidio. Juzgaron injustamente a Nabot y lo mataron. Ahora bien, Acab no era creyente, pero a veces el desánimo afecta la vida del creyente, le abre a tentación y error, a hechos carnales que sólo traen el mal a su vida. Hay que tener mucho cuidado porque en ese momento el diablo nos enviará a alguien como Jezabel, nos provocará a actuar según nuestra carne: murmurar, criticar y pecar con la actitud, la boca y los hechos. En 1 Reyes 21:18-25 viene la denuncia divina y el castigo es anunciado. En en lugar de la sangre de Nabot iba a verterse la sangre de Acab. Dios dice claramente en el versículo 25 que su mujer le incitaba. ¡Vaya compañera de viaje! Los jóvenes harían bien en pensar en esto y recordarlo para que nunca entren en relación con una persona que incita a hacer lo que no agrada a Dios. En los tiempos difíciles, en las pruebas, necesitamos a alguien que nos anime a seguirle fielmente al Señor. Tendrá que ser verdaderamente espiritual, creyente, no sólo religioso. Jezabel era religiosa, inteligente y lanzada, pero no se sujetaba a Dios ni animó a Acab a hacerlo. Estaba acostumbrada a salirse con la suya de la forma que fuera, y Acab en su desánimo le hizo caso, lo cual fue un error fatal.
    Volviendo a Números, como vinimos diciendo, Israel quería pasar por el camino de la tierra de Edom para llegar a la tierra prometida. Pero cuando Edóm le negó el paso, Dios envió a Su pueblo por otro camino para que no peleasen con Edom. Tristemente, el pueblo de Israel no quiso entender esto, ni aceptarlo, ni esperar más. Quisieron andar como ellos deseaban (Nm. 20:14-21), y cuando no podían, se desanimaron. Y la historia se repite muchas veces con los mismos resultados.
    Hoy hay mucho de esto en los jóvenes que no quieren contar con el consejo, la instrucción y guía de sus padres. Es todavía peor cuando los padres son creyentes y los hijos profesan serlo, pero no quieren sujetarse. Las exhortaciones y enseñanzas halladas en el libro de Proverbios, por ejemplo, acerca de guardar la ley de su padre, etc., les sobran. Quieren salirse con la suya como los jóvenes del mundo, los paganos, los incrédulos que se guían por las películas, las novelas y la opinión de la sociedad, no por la Palabra de Dios. A esos jóvenes en familias cristianas les pesa, disgusta y desanima el tener que sujetarse y obedecer. Piensan que como ya son adultos no tienen que hacer esto. Y a los evangélicos no tan jóvenes también les pasa igual – porque se empeñan a ir donde quieren, hacer lo que quieren, cuándo y cómo quieren, sin contar con Dios. Si piden consejo o ponen un motivo de oración, piensan que se les tiene que conceder – la única respuesta que aceptarán es: “Oh, sí, por supuesto, haz como quieras y que Dios te bendiga”, pues de otra manera saldrán de la iglesia para vivir como quieren. Por ejemplo, un hombre quiso divorciar a su esposa y casarse con otra. Cuando los ancianos le dijeron que no, se desanimó y le cayó el semblante. El domingo siguiente se puso de pie en la asamblea y anunció: “Bueno, hasta aquí he llegado, pero me bajo del tren”, y abandonó a la iglesia para ir y hacer lo que le parecía.
    Pero gran parte de los de Israel eran adultos, y erraron gravemente, como también pasa hoy con algunos adultos en las iglesias. Israel se desanimó y pecó con la boca – todo por su carnalidad. No había que consolarlos en esa condición. Dios no les mandó psicólogos, consejeros ni consoladores, ¡sino serpientes! Dios hizo lo correcto: ¡les castigó y muchos perecieron! A veces los creyentes desanimados y desobedientes buscan consuelo y solaz, buscan la compasión, sin haber obedecido, ni se han arrepentido. No hay consuelo para los tales. No les hace falta psicología sino corrección hasta que se arrepientan y acepten el camino de Dios y la provisión de Dios.
    Dice el Señor que el corazón es engañoso sobre todas las cosas, y ellos se dejaron engañar por su corazón desanimado. A tantos años del viaje todavía no habían aprendido.  Años más tarde, el rey Acab se dejó llevar por su corazón engañoso y desanimado, y el de su mujer, pecó grandemente y le costó la vida. El corazón desanimado es un consejero malo, especialmente cuando sufre por carnalidad. En ese caso lo que debe hacer es arrepentirse, humillarse, negarse y confiar en el Señor.
    No olvidemos que el diablo, nuestro adversario, anda alrededor buscando devorarnos, buscando incitarnos a la desobediencia y hacernos salir de la voluntad de Dios. Lo hace con astucia y usa circunstancias y personas que nos instigan a hacer mal. Pero hermanos, alcemos la mira al Señor, confiemos en Él siempre. Por largo y difícil que sea el camino que Él escoge para nosotros, es mejor que cualquier otro, y un día en el cielo esto estará claro. De momento, aprendamos de la historia y aceptemos por fe que la guía, el consejo y la voluntad de Dios es "buena... agradable y perfecta" (Ro. 12:2).
 de un estudio dado por Lucas Batalla 
 

miércoles, 22 de junio de 2016

EN ESTO PENSAD - julio 2016

Consejos Acerca Del Noviazgo


El Contacto Físico Antes De Casarse

    1 Timoteo 5:2 manda a los jovenes a tratar a las jovencitas "como a hermanas, con toda pureza". Las caricias físicas son privilegio de los casados (Gn. 26:8-9), además, provocan emociones y pasiones sexuales y así forman parte de los actos preliminares al sexo. No tienen lugar alguno en una relación entre jóvenes cristianos fuera del matrimonio. Es una forma de ser egoísta, carnal e irresponsable, y no es un acto de amor cristiano entre la pareja. Si estás preparado para el matrimonio (no sólo en tu propia opinión) y has hallado a la persona idónea (no sólo porque tú lo sientas, sino porque se ha demostrado que es la voluntad de Dios), y no puedes esperar más para esas expresiones de amor, entonces cásate. El matrimonio es la provisión divina para la satisfacción de los deseos físicos (y es muchísimo más, pero también incluye eso). El mundo no lo cree, pero el mundo anda y razona malamente, y millones de vidas han sido arruinadas siguiendo el rumbo y las costumbres del mundo.
    Considera seriamente la respuesta correcta a esta pregunta: ¿Qué base bíblica tendrías para manifestar afecto físico a una mujer que no es tu esposa?
    Si entras en un noviazgo, un compromiso formal, ¿es lo mismo que estar casado, tienes los mismos privilegios y responsabilidades? ¿Cuándo comienza el matrimonio? Tus respuestas deben ser bíblicas.

Criterio Para Escoger A Una Esposa
1. Debe ser creyente bautizada y en comunión (2 Co. 6:14).
2. Debe ser la mujer que Dios escoge, esto es "en el Señor" (1 Co. 7:39), o sea, según Su voluntad, no sólo una cuya apariencia te agrade, o que alguien te haya sugerido y puesto en la mente, tratando de hacer parejas, ni una persona que porque sueñas con ella, o sientes cierta atracción, deduces que debe ser la mujer para ti. Hay muchos matrimonios fracasados que comenzaron así.
3. Debe ser una mujer con carácter cristiano demostrado (piadosa, modesta, casta, afable, apacible, sobria), una mujer de oración y devota del Señor que demuestra que es coheredera de la gracia de Dios. No una que ha estado buscando a un hombre, coqueta, parpadeando, apareciendo arreglada en todos los lugares “correctos” pero con su atención en los solteros.
4. Debe ser una mujer que toma el lugar de sumisión que Dios le asigna, no a regañadientes, ni de fachada, sino en verdad. Observa especialmente cómo es en su propia casa con la familia, en relación con sus padres. ¿Cómo es ella en la iglesia con respecto a los ancianos y los demás hermanos? ¿Cómo es en su forma de hablar y tratar contigo? Que no dé señales de un carácter dominante, o de querer mandar o manipular. (¿Expresa en privado que está en desacuerdo o fastidiada con sus padres, los ancianos, u otros en lugares de autoridad? ¿Es agresiva o dominante, tiene que expresar su opinión sobre todo, te aconseja o trata de sugerir qué decisiones has de tomar?)
5. Debe ser una mujer que sabe cuidar una casa, cosas como cocinar, coser, mantener la casa limpia, ordenada y atractiva.
6. Debe ser una mujer servicial, dada a la hospitalidad.
7. Debe ser una mujer no adicta a cosas materiales, no codiciosa, no desea tener lo que los demás tienen, sin ambiciones sociales.
8. Debe ser una mujer dispuesta a moverse en la vida cuando el Señor llame.
9. Debe ser una mujer que será una buena madre de hijos, que cumplirá con amor y ánimo pronto las tareas de una madre, sin malcriar a sus hijos.
10. Debe ser una mujer dispuesta a aceptar y tener por suyos los objetivos de su marido, y orientarse a él, no tratar de orientarle a ella.
11. Lo físico no es de gran importancia, ya que no te casarás con un rostro o cuerpo, sino con una persona y el carácter y conducta de esa persona.
* El hecho de que hayas encontrado a una mujer así NO indica que debería ser la tuya, porque hay más de una que es así. Es un tema para poner en oración, no solamente tú a solas con Dios, sino también y muy importante: ante los ancianos de la iglesia para su oración y consejo, antes de llegar a ninguna conclusión. Y por supuesto, antes de comenzar deberías hablar con los padres tuyos y los de la mujer pidiendo sus oraciones, consejos y permiso. No te fíes de tus sentimientos. Cierto es que si es la voluntad de Dios, alguien más que tú lo verá claro.

O. J. Gibson, de sus notas tituladas: MAN TO MAN, "De Hombre a Hombre"

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¿Qué Es El Arrepentimiento?

Tomás Kember, misionero en Obregón, México
    
La maravilla del Evangelio es que no nos manda a cambiar nuestras vidas. Sin embargo, para ser salvos nos manda a arrepentirnos. Cristo dijo: “Arrepentíos, y creed en el evangelio” (Mr. 1.15). Pedro dijo: “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hch. 3.19). Pablo testificaba “acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hch. 20.21). Comúnmente se oye que el arrepentimiento significa cambiar el comportamiento, volverse a Dios, confesarle sus pecados, darle un giro a su vida, o darle la espalda al pecado, entre otras explicaciones. ¿Son expresiones correctas, o hacen que el inconverso se confunda aun más?
    El énfasis en los resultados del arrepentimiento se debe muy probablemente a la frustración de personas “salvas” cuyas vidas dan poca evidencia de un verdadero arrepentimiento. Pensamos que si enfatizamos este lado del arrepentimiento, veremos más verdadero arrepentimiento. Pero, si una persona encamada por una enfermedad no puede caminar, decirle que se esfuerce a caminar no lo hará más posible. Primero necesita ser sanada.
    Juan el Bautista predicó: “Haced... frutos dignos de arrepentimiento” (Mt. 3.8). Si bien los frutos son evidencia del arrepentimiento, hay por lo menos cuatro diferencias entre el arrepentimiento y su fruto. El primero es invisible; el otro, visible. Uno tiene que ver con la actitud; el otro con las acciones. Uno se hace en un momento; el otro de por vida. Uno es la postura adoptada por el inconverso; el otro se realiza a partir de ser salvo por el poder del Espíritu Santo. Aun la palabra en griego traducida como “arrepentimiento” significa lo mismo: metanoia  – pensamiento posterior, cambio de parecer (Diccionario Expositivo Vine).
    Si se trata de cambiar el comportamiento para poder ser salvo, entonces estamos diciendo que la salvación está condicionada a las buenas obras. La Biblia dice que la salvación no es por obras, “para que nadie se gloríe” (Ef. 2.9). No deberíamos poner condiciones si la Biblia no las pone. El arrepentimiento involucra la fe. Es creer lo que Dios está diciendo en contra de usted respecto a sus pecados y lo que ellos merecen. ¿Puede leer Romanos 3.9-19 y aceptar que cada una de estas acusaciones se aplica a usted? Esto es arrepentirse y darle la razón a Dios. “Antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Ro. 3.4). Luego añade: “Para que seas (Dios) justificado en tus palabras”. Justificar a Dios es darle a Él toda la razón.
    El arrepentimiento no es confesarle a Dios los pecados. En este caso la salvación dependería de una buena memoria. ¿Acaso piensa usted que podría recordar todos sus pecados? Basta con reconocer que es un pecador digno de la ira eterna de Dios. Tal vez esta noción de confesar los pecados se debe a que se malentiende lo siguiente: “Si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Jn. 1.9). ¿Estas palabras son para quién? “Nosotros” se refiere al apóstol Juan y a sus lectores, personas ya salvas. Se trata de la confesión de un hijo a su Padre Dios en la familia, no de un condenado ante Dios como Juez en la corte.
    No intente cambiar su vida, estimado lector, sino reconozca su vergonzosa pecaminosidad y, ya arrepentido, descanse en esta preciosa verdad: Cristo “llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 P. 2.24). Después verá los gratos resultados del arrepentimiento en su vida.

del Mensajero Mexicano, junio, 2016, usado con permiso
www.mensajeromexicano.com
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 ¡APAGA LA TELE 
Y LEE UN BUEN LIBRO: 
LA BIBLIA!


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Los hijos desobedientes
deshonran a Dios y a sus padres.

La desobediencia no debe ser permitida, consentida, disculplada, explicada, pasada por alto, porque:

· Es pecado

· Desagrada a Dios

· Deshonra a los padres

· Radica en una actitud

· Incluye la demora

· Es de los necios

· No tiene bendición

· Será castigada

p.d.  Los padres que ni enseñan ni corrigen 
a sus hijos desobedecen a Dios. 

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La  Formación del Carácter de los Niños
parte II
Philip Doddridge (1702-1751)

Hay que enseñar a los niños a ser humildes. Esta es una gracia que el Señor nos invita particularmente a aprender de él y lo que con más frecuencia nos recomienda, sabiendo muy bien que sin ella un plan tan humillante como el que vino a presentar nunca hubiera sido recibido. Y en cuanto a la vida presente, es un adorno muy hermoso que se gana la estima y el afecto universal, de modo que antes de la honra viene la humildad (Prov. 15:33). En general, encontramos que el que se exalta a sí mismo será humillado, y el que se humilla a sí mismo será exaltado, tanto por Dios como por el hombre.

    Por lo tanto, querer el bienestar, la honra y la felicidad de nuestros hijos debiera llevarnos a un esforzarnos tempranamente a frenar ese orgullo que fue el primer pecado y la ruina de nuestra naturaleza y que se extiende tan ampliamente y se hunde tan profundamente en todo lo que tiene su origen en la degeneración de Adán. Debemos enseñarles a expresar humildad y modestia en toda su manera de ser con todos.

    Hay que enseñarles que traten a sus superiores con especial respeto y, en los momentos debidos, acostumbrase a guardar silencio y ser prudentes ante ellos. De este modo aprenderán en algún grado a gobernar su lengua, una rama de la sabiduría que, al ir avanzando la vida, será de gran importancia para la tranquilidad de otros y para su propio confort y reputación.

    Tampoco debe permitirles ser insolentes con sus pares, sino enseñarles a ceder, a favorecer y a renunciar a sus derechos para mantener la paz. Para lograrlo, pienso que es de desear que por lo general se acostumbren a tratarse unos a otros con respeto y en conformidad con los modales de las personas bien educadas de su clase. Sé que estas cosas son en sí mismas meras insignificancias, pero son los guardias de la humanidad y la amistad, e impiden eficazmente muchos ataques groseros que puedan surgir por cualquier pequeñez con posibles consecuencias fatales...

    En último lugar, hay que enseñar a los niños a negarse a sí mismos. Sin un grado de esta cualidad, no podemos seguir a Cristo ni esperar ser suyos como discípulos, ni podemos pasar tranquilos por el mundo. Pero, no obstante lo que pueda soñar el joven sin experiencia, muchas circunstancias desagradables y mortificantes ocurrirán en su vida que descontrolarán su mente continuamente si no puede negar sus apetitos, pasiones y su temperamento. Por lo tanto, hemos de esforzarnos por enseñar inmediatemente esta importante lección a nuestros hijos, y, si tenemos éxito en hacerlo, los dejaremos mucho más ricos y felices por ser dueños de sus propios espíritus, que si les dejáramos los bienes materiales más abundantes o el poder ilimitado que el poder sobre otros pudiera producir.

    Cuando un ser racional se convierte en el esclavo del apetito, pierde la dignidad de su naturaleza humana al igual que la profesión de su fe cristiana. Es, por lo tanto, digno de notar que cuando el Apóstol menciona las tres ramas grandiosas de la religión práctica, pone la sobriedad primero, quizá sugiriendo que donde ésta se descuida lo demás no puede ser practicado. La gracia de Dios, es decir, el evangelio, nos enseña a vivir sobria, recta y piadosamente. Por lo tanto, hay que exhortar a los niños, al igual que a los jóvenes, a ser sobrios, y hay que enseñarles desde temprano a negarse a sí mismos. Es un hecho que sus propios apetitos y gustos determinarán el tipo y la cantidad de sus alimentos, muchos de ellos destruirían rápidamente su salud y quizá su vida, dado que con frecuencia el antojo más grande es por las cosas que son más dañinas. Y parece muy acertada la observación de un hombre muy sabio (quien era él mismo un triste ejemplo de ello) que el cariño de las madres por sus hijos, por el que los dejan comer y beber lo que quieran, pone el fundamento de la mayoría de las calamidades en la vida humana que proceden de la mala condición de sus cuerpos. Más aún, agregaré que es parte de la sabiduría y del amor no sólo negar lo que sería dañino, sino también tener cuidado de no consentirlos con respecto a los alimentos ni la ropa. Las personas con sentido común no pueden menos que ver, si reflexionaran, que saber ser sencillos, y a veces, un poco sacrificados, ayuda a enfrentar muchas circunstancias en la vida que el lujo y los manjares harían casi imposible hacerlo.

    El control de las pasiones es otra rama del negarse a sí mismo a la que deben habituarse temprano los niños, y especialmente porque en una edad cuando la razón es tan débil, las pasiones pueden aparecer con una fuerza y violencia única. Por lo tanto, hay que tener un cuidado prudencial para impedir sus excesos. Con ese propósito, es de suma importancia que nunca permita que hagan sus caprichos por su obstinación, sus gritos y clamores, permitirlo sería recompensarlos por una falta que merece una severa reprimenda. Es más, me atrevo a agregar que es muy inhumano disfrutar de incomodarles con mortificaciones innecesarias, no obstante, cuando anhelan irrazonablemente alguna insignificancia, por esa misma razón, a veces se les debe negar, a fin de enseñarles algo de moderación para el futuro. Y si, por dichos métodos, aprenden gradualmente a dominaar su genio y antojos, aprenden un aspecto considerable de verdadera fuerza y sabiduría...
traducido de The Godly Family

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    "El sauce crece con rapidez, y lo mismo sucede con los creyentes jóvenes. Si quiere ver hombres de nota en la iglesia de Dios, búsquelos entre los que se convirtieron en su juventud...nuestros Samuel y Timoteo surgen de los que conocen las Escrituras desde su juventud. ¡Oh Señor! Envíanos muchos así cuyo crecimiento y desarrollo nos sorprenda tanto como lo hace el crecimiento de los sauces junto a los ríos".
–Charles Spurgeon (1834-1892)

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“Conquista la Voluntad del Niño”

Para formar la mente de los niños, la primera cosa que hacer es conquistar su voluntad y traerlos a una disposición obediente. Informar el entendimiento es un trabajo que requiere su tiempo, y con niños debe proceder lenta y gradualmente según puedan soportarlo.  Pero la sujeción de la voluntad es algo que debe hacerse en seguida, y cuanto antes, mejor. Porque si descuidamos la corrección a tiempo, ellos contraerán una terquedad y obstinación que después a penas serán conquistadas, y nunca sin usar tal severidad que sería tan dolorosa a mí como al niño. En la estimación del mundo pasan por benignos e indulgentes aquellos a quienes yo llamo padres crueles, que permiten que sus hijos formen hábitos los cuales ellos saben que después tendrán que ser quebrantados. Además, algunos son tan neciamente dispuestos como para enseñar en broma a sus hijos a hacer cosas que más tarde los castigarán severamente si los hacen.
    Cuando un niño es corregido, debe ser conquistado; y esto no será demasiado difícil si no se ha vuelto cabezón debido a demasiada permisividad. Y cuando la voluntad del niño es totalmente sojuzgada, y traída a reverenciar y respetar a sus padres, entonces muchas tonterías de niños e inadvertencias pueden ser evitadas. Algunas deberían ser pasadas por alto sin echarles cuenta, y otras reprendidas suavemente, pero ninguna transgresión voluntariosa debe serles perdonada a los niños sin castigo, más o menos según la naturaleza y circunstancias de la ofensa.
    Insisto en conquistar siempre la voluntad de los niños, porque es el único fundamento fuerte y razonable de una educación religiosa, y sin esto tanto precepto como ejemplo serán ineficaces.  Pero cuando sea bien hecho, entonces el niño es capaz de ser gobernado por la razón y piedad de sus padres hasta que su propia comprensión llegue a madurez y los principios de la religión se hayan arraigado en su mente.
    Aún no puedo despedir este tema. Debido a que la voluntad propia es la raíz de todo pecado y miseria, cualquier cosa que favorezca o nutra esta voluntad en los niños asegura su mal estar y falta de piedad en el futuro. Lo que sirva para parar y hacer morir la voluntad propia también promueve su futura alegría y piedad. Esto está todavía más claro si consideramos además que la religión no es otra cosa que hacer la voluntad de Dios y no la nuestra.  El gran impedimento singular a nuestra felicidad temporal y eterna es esta voluntad propia, así que ninguna indulgencia de ella puede ser trivial, y ninguna negación de ella carece de beneficio.  El cielo y el infierno dependen sólo de esto. Por esto, el padre o la madre que estudia sojuzgarla en sus hijos colabora con Dios en la renovación y salvación de un alma. El padre que trata con permisividad e indulgencia a sus hijos hace el trabajo del diablo, hace impracticable la religión, inaccesible la salvación, y hace todo lo posible para condenar a sus hijos, alma y cuerpo, para siempre.
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    Susanna Wesley tuvo 19 hijos, de los cuales son Juan y Carlos a quienes conocemos como predicadores del evangelio y compositores de himnos. Ella escribió estas y muchas otras instrucciones a su hijo Juan y aparecen en el libro: The Journal of John Wesley (“El Diario de John Wesley”), Moody Press
 

miércoles, 1 de junio de 2016

EN ESTO PENSAD -- junio 2016




 La Palabra de Dios

 
La Biblia es la Palabra inspirada de Dios. Consiste de sesenta y seis libros individuales, agrupados en dos grupos o tomos llamados el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. La división entre estos dos Testamentos marca el punto de la venida al mundo del Señor Jesucristo.
    La Biblia fue escrita por hombres, pero no hombres cualesquiera, sino hombres santos (2 P. 1:21), divinamente escogidos, guiados e inspirados por el Espíritu Santo de Dios. Dios les mandó y guió a escribir no sus propias palabras sino la Suya. Por eso es llamada la Santa Biblia o las Sagradas Escrituras. Hoy día ha sido traducida fielmente a casi todo idioma conocido. Cualquiera puede leerla, y debe ser leída por todos. Muchos desconfían de la Biblia o la critican sin haberla leído, porque se dejan influir por temores o prejuicios personales o de otros, de cosas que han escuchado o leído, pero sin leer ellos mismos la Biblia.
    Pero merece la pena leer y considerar el más grande de todos los libros. Nuestro propósito es ayudar, especialmente a creyentes jóvenes, a escudriñar, reverenciar y obedecer la Palabra de Dios, de modo que Su autoridad sea aceptada en toda faceta de nuestra vida.
   
La Autoridad de la Palabra
 
   Puesto que la Biblia es la Palabra de Dios, no de los hombres, debe ser la guía del creyente en todo. Ella contesta todas nuestras preguntas, ilumina nuestra senda en la vida, y nos guía especialmente a cumplir nuestras responsabilidades con Dios, con nuestros hermanos en Cristo y con el mundo. Dios ha hablado en Su Palabra, y por eso debemos escuchar atentamente.  La Palabra de Dios y sólo ella es nuestra autoridad final. Si el Libro nos dice: “así ha dicho el Señor”, esto resuleve todo. Leemos de personas que tuvieron temor de Su Palabra (Sal. 119:161). Otras la recibieron no como palabra de hombres, sino como es en verdad, la Palabra de Dios, que “la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Ts. 2:13). Los creyentes “sentían una misma cosa” (Fil. 2:2) en la medida que se sujetaban al Señor y fueron guiados por Su único Libro.
    Tenemos en nuestras manos y nuestro idioma este Libro para leer, entender y obedecer. Contiene toda la revelación de Dios, perfecta y completa. Nada puede ser añadida ni quitada de ella (Ap. 22:18-19). “Toda palabra de Dios es limpia” (Pr. 30:5), y “toda la Escritura es inspirada por Dios, y  útil...” La Biblia dice que es inspirada (Su testimonio interno), y la experiencia cristiana demuestra que es así. ¡Qué tesoro es!
    En este libro precioso, Dios ha guardado todo el consejo y conocimiento que necesitamos como hijos Suyos. Nos habla no sólo de la salvación, sino también de todo paso que debemos dar desde el día de nuestra conversión hasta que nuestros pies estén en las calles del cielo. Por eso debemos valorar mucho la Biblia, y hacerla nuestra compañera constante, consejero fiel y espiritual, el alimento para nuestra alma y la espada para nuestras batallas.
    Curiosamente, Satanás divide en partes la Palabra de Dios, llamando una parte “esencial” y otras partes “no esenciales”.  Pero el hijo de Dios que ama la Palabra de su Padre se deleita en decir: “...Estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas, y aborrecí todo camino de mentira” (Sal. 119:128). En Su Palabra Dios ha revelado clara y plenamente Su voluntad, no sólo acerca de la salvación sino también acerca del bautismo, la comunión en la iglesia y el retorno del Señor Jesús. Ningún hombre ni grupo de hombres tiene derecho a modificar ni reemplazar con sus ideas el camino de la salvación ni la verdad de la Biblia acerca de esos otros temas.
    Así que, toma la Palabra de Dios y sólo ella como tu guía. Sujeta todo lo que oyes y lees de los hombres a la prueba de la Palabra. Si algo no se conforma a ella, recházalo aunque sean eruditos, estudiosos o famosos los que digan que es así. Ante los hombres que insisten que hay que obedecerles porque ellos tienen autoridad, recuerda siempre esto: hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.
    Es lo que hacían los de Berea al oír la predicación de nadie menos que el apóstol Pablo. La Palabra de Dios los pone como ejemplo, diciendo: “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hch. 17:11). Dios los llamó “nobles” porque hicieron esto. Las tradiciones venerables de los hombres, aunque estén en lugares de autoridad, no deben ni pueden reemplazar la autoridad de la Palabra de Dios. Aunque tengamos que sufrir por ello, debemos decir, como los apóstoles: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch. 5:29).


traducido de Focus On The Word Of God, by John Ritchie Ltd., Kilmarnock, Escocia

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DOS HIJOS

“Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Lucas 15:21  “Padre...yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese”. Juan 17:1, 4

En estos dos textos aparecen dos hijos, y cada uno vuelve a su casa. Cada uno habló con su padre acerca de los años que habían pasado. El hijo pródigo había vivido una vida egoísta y desenfrenada. Se salió con la suya, pero ¿a qué coste? Desperdició su porción de la herencia y ensució el honor de su padre. Por esto, tuvo que volverse humildemente a su padre, y reconocer sin reservas ni autojustificación el mal que había hecho, y reconocer la pérdida de sus derechos como hijo. Ya no podía demandar nada, pues todo lo había perdido.
    Pero el caso del otro hijo, el Señor Jesús, el Hijo eterno, fue completamente distinto. ¡Hermoso Hijo! Aunque poseía todo y tenía derecho a todo, nunca actuó por Su propia cuenta, ni desperdició nada de lo que el Padre le había dado. Sólo se marchó del cielo para hacer la voluntad de Su Padre. El honor del Padre era Su gran pasión, Su única delicia. A gran precio, el sacrificio de sí mismo, cumplió la voluntad del Padre. Fue obediente hasta muerte, y muerte de cruz. Entonces, Su vuelta a casa no fue en humillación ni con confesión, sino al contrario, en triunfo y con gozo, y se sentó a la diestra del Padre en la gloria. El Hijo de Dios es digno de nuestra adoración. Además, debemos también imitar Su ejemplo, ser obedientes aunque cueste gran sacrificio, y vivir para glorificar al Padre, no para nuestras pequeñas metas egoístas.        
 
adaptado del calendario devocional “Choice Gleanings”

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 El Lado Hermoso Del Calvario

Cuando nos reunimos para recordar al Señor, en la Santa Cena, a veces nos ocupamos solamente con el lado "feo" del Calvario, ¡y no debemos olvidarlo, por supuesto! Éramos pecadores y el Señor Jesús cargó con nuestros pecados, y sufrió el juicio del Dios santo y justo, en nuestro lugar. No obstante, debemos ocuparnos también con el lado hermoso del Calvario, que es el lado visto por los ojos del Padre. Con demasiada frecuencia no apreciamos que lo que ascendió fue un olor grato al Padre. Podríamos emplear las palabras del himno:

    Amados con un amor que no tiene medida,
    Excepto el amor del Padre hacia Ti.
    Bendito Señor, tesoros en nuestro corazón,
    Son todos los pensamientos del Padre acerca de Ti.

    Todo Su gozo, descanso y placer,
    Todo Su delicia profunda en Ti,
    Señor, sólo Tu corazón puede medir
    Lo que Tu Padre halló en Ti.

    Ese lado del Calvario es expuesto hermosamente en la ofrenda quemada, el holocausta (Lv. 1). Esa ofrenda tenía que estar ardiendo continuamente delante de Jehová, y nos ilustra las perfecciones y bellezas que el Padre halló en Su Hijo cuando Él se ofreció completamente a Dios. ¡Qué devoción! Fue la encarnación de la perfección absoluta, por dentro y por fuera. Exhaló pureza y perfección en todo aspecto de Su Persona: Su mente, energía, motivos y andar. Veamos también este lado hermoso del Calvario como el Padre lo vio. Aquella ofrenda fue grata a Dios, y nuestro es el privilegio de conocer, apreciar y compartir ese aspecto de Sus pensamientos acerca de Su Hijo. 

 Steve Hulshizer, de la revista “Milk & Honey” (Leche y Miel)

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¡GRACIAS!

al Señor, y también a todos por las oraciones a favor de la hermana Dolores Fernández después de su caída y la rotura de su fémur. Tras una semana en el hospital y una larga operación, le dieron el alta y ahora está en casa, en una cama especial, y tiene también silla de ruedas porque no debe ponerse de pie durante tres meses para que se cure bien de la operación. Luego necesitará fuerzas para comenzar la rehabilitación. Sigamos orando por ella y su marido Lucas.
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 En el año sólo hay dos días en que no se puede hacer nada. Uno es ayer. El otro es mañana. Hoy es día de salvación.
"Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones"

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 Cómo Hacer de los Hijos
unos Perfectos Delincuentes
                    1. Denle a su hijo, desde la infancia, cuanto desee: así crecerá convencido de que los demás en la vida le deben algo.
2. Si dice tonterías o hace algo indebido, ríense: creerá que es muy gracioso.
3. No le lleven a reuniones de la iglesia ni le dé ninguna formación espiritual. ¡Ya escogerá cuando sea mayor!
4. Nunca le digan: “Esto está mal”. Podría adquirir complejo de culpabilidad. Más tarde, si es detenido por alguna infracción, estará convencido de que la sociedad le persigue.
5. Recogan todo lo que él tire por los suelos: así creerá que todos están a su servicio y será más desconsiderado de otros.
6. Dejen que lea lo que se le antoje. Limpien con detergente desinfectante la vajilla en la que come, pero que su espíritu se recree en cualquier basura.
7. Discutan siempre delante de él. Se irá acostumbrando y, cuando la familia esté ya destrozada, no se dará ni cuenta.
8. Denle cuanto dinero pida, no sea que sospeche que para disponer de él se debe trabajar.
9. Nunca le digan: "no". Que todos sus deseos sean satisfechos... ¡de otro modo resultaría un frustrado!
10. Denle siempre la razón y defiéndanle aunque haga lo malo: son los profesores, la gente, la ley.., quienes la tienen tomada con el pobre muchacho.

Y cuando su hijo resulte ya un desastre, exclamen que nunca pudieron hacer nada con él. 
 

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 La  Formación 
del Carácter de los Niños

Philip Doddridge (1702-1751)


Hay que educar a los niños de modo que sean obedientes a sus padres.  Este es un mandato que Dios ordenó desde el Monte Sinaí anexando al mismo la singular promesa de larga vida, una bendición que los jóvenes desean mucho (Éx. 20:12). Es por eso que el apóstol observa que es el primer mandamiento con promesa, o sea, un mandato muy excepcional por la forma como incluye la promesa. Y es por cierto una disposición sabia de la Providencia la que otorga a los padres tanta autoridad, especialmente durante sus primeros años, cuando mentalmente no pueden juzgar y actuar por sí mismos en cuestiones importantes. Por lo tanto hay que enseñar temprano y con un convencimiento bíblico de que Dios los ha puesto en manos de sus padres. En consecuencia, hay que enseñarles que la reverencia y obediencia a sus padres es parte de sus deberes hacia Dios y que la desobediencia es una rebelión contra él. Los padres no deben dejar que los niños actúen directamente y resueltamente en oposición a sus padres en cuestiones grandes y chicas, recordando: “El muchacho consentido avergonzará a su madre” (Pr. 29:15). Y con respecto a la sujeción al igual que el afecto: “Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud” (Lam. 3:27).

    Hay que educar a los niños de modo que sean considerados y buenos con todos. El gran apóstol nos dice que “el cumplimiento de la ley es el amor” (Ro. 13:10), y que todas sus ramificaciones que se relacionan con nuestro prójimo se resumen en esa sola palabra: amor. Entonces, hemos de esforzarnos por enseñarles este amor. Descubriremos que en muchos casos será una ley en sí y los guiará bien en muchas acciones en particular, cuyo cumplimiento puede depender de principios de equidad que escapan a su comprensión infantil. No existe una instrucción relacionada con nuestro deber que se adapte mejor a la capacidad de los niños que la Regla de Oro (tan important para los adultos): “Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mt. 7:12). Debemos enseñarles esta regla, y por ella debemos examinar sus acciones. Desde su cuna hemos de inculcarles con frecuencia que gran parte de la religión consiste en hacer el bien, que la sabiduría de lo Alto está llena de misericordia y buenos frutos, y que todos los cristianos deben hacer el bien a todos los que tengan oportunidad de hacerlo.

    Para que nuestros hijos reciban con buena disposición tales enseñanzas, hemos de esforzarnos usando todos los métodos prudenciales, por ablandar sus corazones predisponiéndolos hacia sentimientos de humanidad y ternura, y de cuidarse de todo que pueda ser una tendencia opuesta. En lo posible, hemos de prevenir que vean cualquier tipo de espectáculo cruel y sangriento, y desalentar con cuidado que traten mal a los animales. De ninguna manera hemos de permitirles que tomen en broma la muerte o el sufrimiento de animales domésticos, sino más bien enseñarles a tratarlos bien y a cuidarlos, sabiendo que no hacerlo es una señal despreciable de una disposición salvaje y maligna. “El justo cuida de la vida de su bestia; mas el corazón de los impíos es cruel” (Pr. 12:10).

    Debemos, igualmente, asegurarnos de enseñarles lo odioso y necio de un temperamento egoísta y animarles a estar dispuestos a hacerles a los demás lo que les gusta que les hagan a ellos mismos. Hemos de esforzarnos especialmente de fomentar en ellos sentimientos de compasión por los pobres. Hemos de mostrarles donde Dios ha dicho: “Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová”. El que muestra compasión hacia el pobre es como si lo hiciera para el Señor, y lo que le da le será devuelto. Y tenemos que mostrarles, con nuestra propia práctica que realmente creemos que estas promesas son ciertas e importantes. No sería impropio que alguna vez hagamos que nuestros hijos sean los mensajeros cuando enviamos alguna pequeña ayuda al indigente o al que sufre necesidad; y si descubren una disposición de dar algo de lo poco que ellos tienen que les permitimos llamar suyo, debemos animarlos con gozo y asegurarnos que nunca salgan perdedores por su caridad, sino que de un modo prudencial hemos de compensarlos con abundancia. Es dificil imaginar que los niños educados así vayan a ser más adelante perjudiciales u opresivos; en cambio serán los ornamentos de la religión y las bendiciones del mundo, y probablemente se cuenten entre los últimos que la Providencia deje sufrir necesidad.

    Hay que educar a los niños de modo que sean diligentes. Esto sin duda debe ser nuestra preocupación si en algo estimamos el bienestar de sus cuerpos o de sus almas. En sea cual fuere la posición que terminen ocupando en la vida, habrá poca posibilidad de que sean de provecho, y reciban honra y ventajas si no tienen una dedicación firme y resuelta de la cual el más sabio de los príncipes y de los hombres ha dicho: “¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará, no estará delante de los de baja condición” (Pr. 22:29). Y es evidente que el cumplimiento diligente de nuestras obligaciones nos mantiene lejos de miles de tentaciones que la ociosidad parece atraer, llevando al hombre a innumerables vicios y necedades porque no tiene nada mejor que hacer.

    Por lo tanto, el padre prudente y cristiano se ocupará de que sus hijos no vayan a caer temprano en un hábito tan pernicioso, ni encaren la vida como personas que no tienen más tarea que ocupar espacio y ser un obstáculo para quienes emplean mejor su tiempo. En lugar de dejar que vayan de un lado a otro (como muchos jóvenes hacen sin ningún propósito imaginable de ser útiles o como distracción) más bien les dará tempranamente tareas para emplear su tiempo, tareas tan moderadas y diversificadas que no los abrume ni fatigue su tierno espíritu, pero lo suficiente como para mantenerlos atentos y activos. Esto no es tan difícil como algunos se pueden imaginar, porque los niños son criaturas activas, les gusta aprender cosas nuevas y mostrar lo que pueden hacer. Por eso, estoy convencido de que si se les impone total inactividad como castigo aunque sea por una hora, estarán tan cansados que estarán contentos de escapar de esto haciendo cualquier cosa que usted les dé para hacer...

    Hay que enseñar a los niños que sean íntegros. Una sinceridad sencilla y piadosa no sólo es muy deseable, sino una parte esencial del carácter cristiano...Es muy triste observar qué pronto los artifícios y engaños de una naturaleza corrupta comienzan a hacerse ver. En este sentido, somos transgresores desde antes de nacer, y nos desviamos diciendo mentiras, casi desde el momento que nacemos (Sal. 58:3). Por lo tanto, debemos ocuparnos con cuidado de formar la mente de los niños de modo que amen la verdad y la sinceridad, y se sientan mal al igual que culpables si mienten. Debemos obrar con cautela para no exponerlos a ninguna tentación de este tipo, ya sea por ser irrazonablemente severos ante faltas pequeñas o por decisiones precipitadas cuando preguntamos sobre cualquier cuestión que quieren disimular con una mentira. Cuando los encontramos culpables de una mentira consciente y deliberada, hemos de expresar nuestro horror por ella no sólo con una reprensión o corrección inmediata, sino por un comportamiento hacia ellos por algún tiempo después que les muestre cuánto nos ha afectado, entristecido y desagradado. Actuar con esta seriedad cuando aparecen las primeras faltas de esta clase, puede ser una manera de prevenir muchas más.

    Agregaré, además, que no sólo debemos responder severamente a una mentira directa, sino igualmente, en un grado correcto, desalentar toda clase de evasivas y palabras de doble sentido, y esas pequeñas tretas y engaños que quieran atribuirse uno al otro o a los que son mayores que ellos. Hemos de inculcarles con frecuencia el excelente pasaje: “El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado” (Pr. 10:9). Demostrémosles cada día cuán fácil, cuán agradable, cuán honroso y ventajoso es mantener un carácter justo, abierto y honesto, y, por el contrario, qué necio es mostrar malicia y deshonestidad en cualquiera de sus formas, y cuán cierto es que cuando piensan y actúan maliciosa y deshonestamente, están tomando el camino más rápido para ser malignos e inútiles, infames y odiosos. Sobre todo, hemos de recordarles que el Señor justo y recto ama la justicia y rectitud, y mira con agrado a los rectos, pero los labios mentirosos son para él tal abominación que declaró expresamente: “Todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde de fuego y azufre” (Ap. 21:8).

(continuará, D.V.)