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martes, 30 de junio de 2020

EN ESTO PENSAD - julio 2020

“LA IGLESIA QUE ESTÁ EN TU CASA”
 Donald Norbie

Estas palabras llamativas en Filemón 2 incluyen un saludo a “la iglesia que está en tu casa”. La frase es llamativa porque el concepto mencionado es hoy algo tan extraño. A diferencia de lo que vemos en el Nuevo Testamento, hoy algunos piensan que no se puede partir el pan ni considerarse iglesia hasta que tenga un local propio. ¡No era así en la iglesia primitiva! Pero hoy al mencionar la palabra “iglesia”, todos tienen la imagen de un edificio de uso dedicado, un “Cenáculo” o “Local Evangélico” o “Sala Evangélica”, quizás impresionante con una plataforma y púlpito, y en algunos casos un campanario alto que apunta el cielo. ¡Esta imagen no encaja en la sala de estar de una casa normal!
    Por supuesto que los iluminados saben que Pablo saludó a una compañía de creyentes reunida en la casa de Filemón para enseñanza, comunión, adoración y oraciones. Un edificio material no es una iglesia; solo puede alojar a la asamblea de creyentes que se reúnen allí. No obstante, a muchos les parece pasado de moda la idea de reunirse una asamblea en una casa. Si se va a comenzar una obra, hay que iniciarlo con un local especial de “iglesia”. Piensan que reunirse en una casa o un lugar alquilado es algo extraño o sectario.
    En primer lugar, debemos reconocer que hay un precedente bíblico para reunirse en una casa (Ro. 16:5; 1 Co. 16:19; Film. 2). Si un grupo comienza así, no por eso debe ser tachado de no bíblico. Esto no quiere decir que una asamblea esté obligada a comenzar así o quedarse siempre en una casa para ser bíblica. Evidentemente una sala alquilada fue empleada por la iglesia en Éfeso durante un tiempo (Hch. 19:9). Una asamblea puede crecer hasta el punto que no cabe en una casa y necesita más espacio.
    Hay ciertas razones prácticas por las que comenzar en una casa. No ocasiona muchos gastos. Dos o tres familias pueden comenzar a reunirse como una iglesia neotestamentaria de esta manera cuando no hay finanzas para alquilar o comprar un local. ¿Se les debe negar el privilegio de reunirse en sencillez bíblica hasta que tengan un local? El local no hace la iglesia, como el hábito no hace al monje.
    Cuando comienza en una casa o sala alquilada, probablemente desde el principio se desarrollará mejor el concepto espiritual de la iglesia, porque no hay un local para confundir el tema. Es más probable que los hermanos comprendan que ellos son la iglesia, un cuerpo de creyentes y que no lo es un edificio. En su debilidad y pequeñez numérica aprenden las lecciones benditas de fe y dependencia en el Señor. A menudo, en medio de circunstancias adversas Dios se da a conocer de manera especialmente dulce a la “manada pequeña”.
    El ambiente informal del hogar tiende a animar  más la participación y el crecimiento de los creyentes nuevos. Pocos jóvenes en la fe se atreverían a ponerse de pie y hablar en un local público. Sin embargo, en un hogar con pocas familias presentes, los hermanos jóvenes en el Señor se  animan a expresarse en oración y en la Palabra (1 Co. 14:26). Aquí los dones espirituales comienzan a manifestarse, y los futuros ancianos de la asamblea comienzan a ejercitarse. Pero pese a su tamaño, cada asamblea debe nutrir este espíritu de amor familiar en sus reuniones. El Espíritu Santo desea libertad para expresarse. Con demasiada frecuencia Él se encuentra preso, encerrado y obligado por tradiciones, programas y organización.
    Finalmente, hay muchas áreas en el mundo donde los creyentes son perseguidos con odio cruel. En esos lugares se reúnen furtivamente de casa en casa, a puerta cerrada, y a veces cambian el lugar y la hora para no ser descubiertos. Cantan casi en voz baja, y así también se hacen las oraciones, y la enseñanza de la Palabra. En medio de ellos hay una mesa con una copa y un pan. Adoran al Señor y aprenden de Su Palabra. ¿No es ésta una iglesia en el verdadero sentido?
    Puede que llegue el tiempo en otros países cuando los que aman al Señor ya no podrán reunirse públicamente en locales de iglesia. Obligados a ir “subterráneo”, los creyentes conocerán nuevamente la realidad de la presencia de Dios en medio de un rebaño pequeño, “la iglesia que está en tu casa”. No despreciemos los comienzos pequeños.
Donald Norbie, capítulo 9 del libro La Iglesia Primitiva, Berea Libros
 
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 EL PLAN DE DIOS PARA NUESTRA VIDA
 
Según Romanos 12:1-2 la única manera de comprobar "la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta", es si presentamos nuestro cuerpo en sacrificio vivo a Él. Demasiados creyentes aceptan el sacrificio de Cristo pero luego ellos no se quieren sacrificar. Quieren que Dios bendiga sus planes para su vida, que bendiga su voluntad, en lugar de sacrificarse para comprobar la voluntad de Dios. Temen decir como Pablo: "Señor ¿qué quieres que haga?" porque la respuesta puede romper todos sus esquemas y traer cambios a todo lo que tienen montado. Pero conviene recordar que SOLO la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. Cuando lleguemos al cielo querremos haber comprobado esto en nuestra vida. William MacDonald escribe:

      “El arquitecto de uno de los grandes puentes de Nueva York fue gravemente herido durante la construcción del puente. Soportó una larga e infeliz convalecencia. Cuando terminaron el puente y llegó el día de la dedicación, el arquitecto había mejorado y fue transportado en ambulancia y situado a la orilla del río. Al contemplar la estructura completa, se le iluminaron los ojos con satisfacción, y dijo: 'Es exactamente conforme al plan'. Hacia esta mete debemos avanzar tú y yo, para que al final el Señor mire nuestra vida y diga: 'Es exactamente conforme a mi plan'”.  
William MacDonald, Solo Una Vida
 
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"TENED FE EN DIOS"


Lucas Batalla

En Marcos 11, el Señor dijo a los discípulos de entonces y a nosotros hoy: “Tened fe en Dios”. Eso es lo que Dios quiere y demanda, y es lo que le agrada. De paso observo que si todo fuera predestinado, predeterminado por Dios, no tendría ningún sentido llamar a los hombres a tener fe, ya que creyesen o no, no cambiaría nada. Pero el Señor habla de una fe que puede mover montañas.
    Pero la fe es nuestra responsabilidad. Confiemos en Él, en lo que Él nos dice, porque Sus consejos son sabios y acertados. Pablo dice en 1 Corintios 1:9, “Fiel es Dios”. Entonces, ¿por qué no creerle? ¿Por qué no confiar en Él de modo que cambia nuestra conducta? Hay que creer en Aquel que no puede mentir, no puede equivocarse, no puede engañar y no puede fallar ni incumplir. La base de nuestra fe es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre. No hay que tener fe en las emociones, pues lo que sentimos no afecta la verdad de la Palabra.   
    Romanos 10:17 declara que “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. La fe bíblica necesita la Palabra de Dios, pues sin ella no es fe sino presunción. 2 Pedro 1:19 dice que hacemos bien en estar atentos a la Palabra de Dios, como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro – no a lo que dicen los hombres, sino a lo que dice Dios.
    Recordemos el ejemplo de los 12 espías enviados delante de Israel a la tierra prometida. Recorrieron la tierra y vinieron a reportar lo que habían visto. Así que la nación tomó una mala decisión basada en la vista, no en la fe. Sólo dos espías, Caleb y Josué, tuvieron fe en Dios. Ellos también habían visto a los gigantes y las ciudades amuralladas, pero tuvieron fe en Dios y Su Palabra, no en lo que vieron. Así esos dos entraron y los demás no. La vista puede arruinar la fe – como en el caso de Pedro cuando quiso andar sobre el mar para ir al Señor, pero empezaba a mirar el viento y las olas, y para abajo fue. El Señor lo tomó de la mano, lo rescató y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mt. 14:28-31). Es una pregunta difícil de contestar bien.
    Pablo, en cambio, cuando viajaba preso en un barco y después de muchos días de terrible tormenta en alta mar, declaró que nadie se iba a perder, y exhortó a todos a tener ánimo (Hch. 27:22-24). ¿Porque él lo decía, o porque él era optimista? ¡No! Porque Dios había hablado. “Oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho” (Hch. 27:25). ¡Y así fue! La fe no es creer mucho que algo será o pasará. Es confiar en la Palabra de Dios, porque Él no puede fallar.
    Así que, hermanos, consideremos cuán importante es la fe en Dios para toda faceta de nuestra vida cristiana. No se debe orar sin fe, leer sin fe, cantar y alabar sin fe, ni obrar sin fe. No primero por vista, como dicen en el mundo, sino primero por fe. “Tened fe en Dios”, porque “sin fe es imposible agradar a Dios”.

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Cristo A La Diestra De Dios
 
1 Pedro 3:22 declara que Él está ahí. Pensemos en lo que esto significa. La Biblia enseña que la diestra de Dios es un lugar de:

1. Poder    Mateo 26:64  
                 "la diestra del poder de Dios"

2. Honor    Hechos 2:33; 5:31   
                  "exaltado por la diestra de Dios"
   
3. Descanso    Hebreos 1:3; 8:1; 10:12  
                      "se sentó a la diestra de la Majestad"
   
4. Intercesión  Romanos 8:34  
                        "está a la diestra de Dios, el que también
                         intercede por nosotros".

   
5. Preeminencia  Efesios 1:20-21 
                            "sentándole a su diestra en los lugares
                             celestiales, sobre todo..."  
 

6. Dominio
  Hebreos 1:13; 1 Pedro 3:22  
                    "...está a la diestra de Dios; y a él están sujetos 
                     ángeles, autoridades y potestades".

Estemos sujetos a Él también los que confesamos Su Nombre. "¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" Lc. 6:46 

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El Secreto De La Felicidad

Muchos intentan alcanzar la felicidad mediante el dinero, el placer, el conicimiento,  el arte, la fama, el poder o la filosofía. Pero considera algunos casos de hombres muy conocidos y "exitosos", y cómo terminaron sus vidas.

DINERO
Jay Gould, el prestigioso financiero norteamericano del siglo XIX, con 1.300 millones de dólares, confesó al morir: "supongo que soy el diablo más miserable en la tierra".
George Eastman, fundador de la industria fotográfica (Kodak) en los EE.UU., dio millones de dólares a obras de caridad, pero se enfermó y desesperado se suicidó.

INTELIGENCIA
Luis Álvarez, ganador del premio Nóbel de Física, la nocha que recibió su homenaje dijo: "No estamos libres de un catástrofe global en el futuro tal como una época de enfriamiento global, o un período de intensa actividad volcánica que deje una capa de polvo en la atmósfera, o el deshielo en Antártida que podría inundar gran parte de la tierra habitable".

FAMA
Simón Bolívar, el célebre libertador de varios países, dijo al final de su vida: "Yo estoy viejo, enfermo, cansado, desengañado, hostigado, calumniado y mal pagado. No pido por recompensa más que el reposo y la conservación de mi honor. Pero por desgracia es lo que no consigo". También dijo: "He sembrado en el viento y arado en el mar".
Salvador Dalí, famoso pintor español, pasó los últimos años de su vida solitario y murió triste.

PODER
Alejando Magno, quizás el general más notable de la historia, conquistó al mundo de su época, y luego lloró diciendo: "¡Ya no hay más mundos por conquistar!" Pero no conquistó al pecado. El gran general y estratega se entregó a los vicios de alcohol y sodomía, contrajo fiebre y murió con 32 años de edad.

FILOSOFÍA
Voltaire era enérgico opositor de la Biblia y el evangelio de Jesucristo. Pero su conclusión fue: "¡Ojalá nunca haber nacido!"

Esos y muchos otros confirman la verdad dicho por el rey Salomón hace más de 3.000 años: "Todo es vanidad y aflicción de espíritu" (Eclesiastés 2:17). También Cristo advirtió que si ganares todo el mundo y perdieres tu alma (como esos hombres), ¿de qué aprovecha? Hoy si pudieran, todos esos hombres contestarían: "¡Nada!"
    Amigo, la verdadera vida, la salvación y la felicidad se encuentran solo en Jesucristo. Él declaró: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás" (Juan 6:35). ¡Búscale hoy! 

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PREPÁRATE PARA
EL TRIBUNAL DE CRISTO

Carlos Tomás Knott

“Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.  Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Ro. 14:10-12).
 
Hermanos, ¿estamos preparados para el Tribunal de Cristo? Muchos se preparan para todo menos eso. Se preparan más para su carrera, o incluso para sus vacaciones, que para comparecer ante el Señor. Pero el mero hecho de que Dios haya establecido un juicio para creyentes demuestra cuán importante es cómo vivimos. Muchos aparentemente creen que tienen libertad para vivir como les gusta, pero el Tribunal de Cristo dice que no es así. Vamos al juicio.
    Sí, somos salvos solo por la gracia, por medio de la fe, sin obras. Y los creyentes nunca vendrán a juicio por sus pecados, porque ésos ya fueron juzgados cuando el Señor murió por nosotros. “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro. 8:1). No irán al Gran Trono Blanco para ser juzgados y condenados por sus obras (Ap. 20:11-15). Aquel lugar es el destino de los que no son del Señor.
    Pero los creyentes, “todos compareceremos ante el tribunal de Cristo”. Dios estableció este juicio para los creyentes, para examinar su carácter, sus obras y su servicio. “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Co. 5:10). Saldrán cosas malas también en este juicio.
    Romanos 14:11 cita y aplica Isaías 45:23 a los creyentes: “Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios”. Nos arrodillaremos ante el Señor y confesaremos Su señorío. Y porque Él es nuestro Señor, debemos vivir esta vida como a Él le gusta, para Él, no para nosotros. En el Tribunal de Cristo se verá cómo hemos vivido, no durante las reuniones, sino qué hemos hecho con toda nuestra vida, el tiempo, los talentos y dones que el Señor nos ha dado.
    El versículo 12 afirma “que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí”. Se refiere a cada creyente. No solo los predicadores, sino cada hermana y hermano. Dice que “dará a Dios...”, esto es, al Señor Jesucristo, y esta expresión indica que Él es Dios. No daremos cuenta a los hombres, ni tenemos que vivir para agradarles. No es el tribunal de ellos, sino de Cristo. Daremos cuenta a Dios. Por eso, Pablo dice en 1 Corintios 4:3, “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo”. Los corintios le estaban juzgando, y algunos hoy siguen con sus tribunales humanos, pero Dios es el Juez. Pablo dijo a los gálatas: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gá. 1:10). Así debemos vivir, para agradar a Dios antes que a los hombres. ¿Cómo podemos hacerlo? Leyendo y obedeciendo Su Palabra, pues ahí Él nos dice cómo vivir. La Palabra de Dios será el criterio usado en el Tribunal de Cristo.
    Dice: “dará cuenta de sí”, no de los demás. Nos gusta saber de vidas ajenas, curiosear y juzgar a la carrera, pero el verdadero juicio que debe preocuparnos es el que nos hará el Señor Jesucristo. ¿Qué dijo el Señor a Pedro cuando él pregunto qué haría Juan? “¿Qué a ti? Sígueme tú” (Jn. 21:22).  Si otros no obedecen al Señor, no los sigamos. Mal de muchos, consuelo de tontos. Sigamos al Señor aunque por ello tengamos que andar solos. Cada uno de nosotros estará individualmente delante del Señor, cara a cara, para que toda su vida cristiana sea revisada. Daremos cuenta, y el Señor nos juzgará. ¡En el cielo hay todo el tiempo necesario para hacer esto sin prisas, y ningún detalle se omitirá! Puede ser para bien, o para mal. Los pequeños detalles como un vaso de agua dado a un discípulo (Mr. 9:41), la pequeña ofrenda de una viuda que sacrifica todo su sustento (Mr. 12:42), y la ofrenda y atención a la persona de Cristo (Mr. 14:3-9) tendrán su recompensa. “Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (He. 6:10). Pero por otra parte, la atención divina del Señor a todos los detalles de nuestra vida cristiana incluirá todo aquello en que no hemos hecho Su voluntad sino la nuestra, en que no le hemos seguido sino al mundo. “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lc. 6:46). Si es incómodo leer esto, ¡cuánto más estar ante Cristo que nos mira cara a cara y nos pregunta así!
    Pero es necesario el Tribunal de Cristo, porque Dios nos ha comprado por precio (1 Co. 6:19-20), y nos ha instruído y equipado para vivir para Él. El día de nuestro juicio se acerca, “para que cada uno reciba según lo que haya hecho” (2 Co. 5:10). Los que han sido fieles, recibirán recompensa – galardón – corona. “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (Ap. 22:12). Pero los que no, no van a entrar en el cielo sonriendo y diciendo o pensando que a fin de cuentas no era tan importante vivir para Cristo. “Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida” (1 Co. 3:15). Los creyentes no se pueden perder, pero pueden sufrir. De ahí tal vez las lágrimas que el Señor enjugará, porque el juicio vendrá y no podemos evitarlo. Los que no vivieron debidamente perderán – no habrá galardon, recompensa, aprobación, alabanza. El apóstol Juan nos exhorta a permanecer en el Señor – vivir fielmente para Él, “para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados” (1 Jn. 2:28). Es posible sentir vergüenza, tristeza y pérdida en la presencia del Señor, porque todo será examinado. “La obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará” (1 Co. 3:13). “La obra”, no las buenas intenciones, los sueños o deseos, sino “según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” .
    Lo bueno es lo que se conforma a la Palabra de Dios. Por eso nos urge leerla, meditarla, estudiarla y conocerla bien. Lo malo es lo que no. Hay dos palabras griegas que se traducen “malo” – uno significa algo malvado, el pecado, el mal. La otra palabra es la que aparece aquí, y significa “inútil”. Nuestras malas obras – pecados – fueron juzgados en el Calvario. Pero nuestras otras malas obras – las cosas inútiles para Cristo que hemos hecho en la vida cristiana, serán juzgadas en el Tribunal de Cristo, y recibiremos según lo que hayamos hecho, incluso lo malo. Dios no echará fuera a ningún creyente porque la salvación no es por obras sino por gracia. Pero habrá reprensión, pérdida de recompensa, pérdida de gozo, tristeza al ver nuestro fracaso ante el Señor que dio todo por nosotros. Podemos ser salvos pero así como por fuego. Al Señor no le da igual cómo vivivmos. Le importa mucho lo que hacemos mientras estamos en el cuerpo, y lo sabemos porque Él ha establecido el Tribunal de Cristo para juzgarnos. Entre las muchísmas cosas que serán juzgadas, considera solo estas poquitas:
1. Nuestras palabras.  En Mateo 12:36-37 el Señor advierte que de toda palabra ociosa que digamos, daremos cuenta y seremos juzgados por nuestras palabras. Con razón Proverbios menciona tanto la lengua y los labios, y Santiago dedica todo el capítulo 3 de su epístola al asunto de la lengua. Los puritanos decían que más se han arrepentido de hablar que de guardar silencio. Hay mucho chismear, murmurar, comentar en secreto, criticar, y quejarse entre los cristianos. Es probable que después de los pensamientos, donde más erramos es con la boca. Las redes sociales facilitan el mal uso de palabras. Todas nuestras palabras se oirán otra vez en el Tribunal de Cristo.

2. Nuestros hechos. Gálatas 6:7 afirma que Dios no puede ser burlado, y que “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Debemos hacer bien a todos los hombres, especialmente a los de la familia de la fe. Esto incluye el tema de las buenas obras que Efesios 2:10 enseña como el propósito divno para nosotros. Cada capítulo de Tito menciona las buenas obras de los creyentes. Hebreos 13:16 exhorta: “Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios”. El Señor examinará nuestras obras, y daremos cuenta delante de Él. ¿Han sido para Él, conforme a Su Palabra? Nuestros hechos incluyen nuestro servicio cristiano. 1 Corintios 3:11-15 enseña la importancia de edificar con oro, plata y piedras preciosas, no con madera, heno, hojarasca. Lo barato – lo del mundo y la carne – es popular y fácil de hallar y usar. Lo caro – lo de Dios, lo bíblico – es más difícil, porque va contra la sabiduría, la corriente del mundo y los deseos de la carne. Sería fácil tener éxito usando métodos no bíblicos que gustan a la carne. Pero aunque los hombres aplauden el aparente éxito de grandes congregaciones, dinero, edificios y programas, todo se quemará en el Tribunal de Cristo. El fuego de Cristo espera y acabará con todo lo que no se conforma a Su Palabra.
    El Señor sabe quiénes le son fieles y obedientes, y ellos recibirán el "bien hecho, siervo fiel". Seamos hallados entre ellos, porque en aquel día la aprobación de los hombres no significa absolutamente nada.

continuará, d.v.

domingo, 31 de mayo de 2020

EN ESTO PENSAD - junio 2020

¿QUÉ HERENCIA DEJARÁS?

William MacDonald


“El bueno dejará herederos a los hijos de sus hijos” (Proverbios 13:22).
Cuando leemos este versículo, no debemos llegar a la conclusión de que se trata de una herencia financiera o material, pues ¡solo serían buenos los ricos! Es mucho más probable que el Espíritu de Dios se refiera a una herencia espiritual. Una persona pudo haber sido educada por padres que eran pobres pero piadosos; esta persona estará eternamente agradecida por la memoria de un padre y una madre que diariamente leían la Biblia, oraban juntos en familia y le criaron en el temor y amonestación del Señor, aunque no le hayan dejado dinero o bienes raíces al morir. La herencia espiritual es la mejor.
    Realmente un hijo o hija podría arruinarse espiritualmente si heredaran una gran cantidad de dinero. La riqueza que llega de repente es intoxicante y pocos son capaces de administrarla con sabiduría. Son pocos los que heredan fortunas y siguen bien para el Señor.
    Otra consideración es que las familias a menudo se rompen por celos y contiendas cuando se reparte una herencia. Es verdad lo que dice el refrán: “donde hay testamento, hay muchos parientes”. Los miembros de familias que han vivido en paz durante muchos años repentinamente se vuelven enemigos por una  casa o unas cuantas joyas, porcelana o muebles.
    Con mucha frecuencia los padres cristianos dejan su riqueza a hijos inconversos, a parientes que están en religiones falsas o a hijos ingratos, cuando ese dinero podría haberse usado mejor para la difusión del evangelio.
    Algunas veces esta cuestión de dejar dinero a los hijos es una forma velada de egoísmo. Los padres en realidad desean retenerlo para ellos mismos mientras puedan. Saben que la muerte un día lo arrancará de su mano, de modo que siguen la tradición de darlo en herencia a sus hijos.
    Nadie ha legado todavía un testamento que no pueda romperse o disminuirse a causa de impuestos, cuotas y honorarios. Un padre no puede estar seguro de que sus deseos se cumplirán después que haya partido de este mundo.
    Por eso el mejor proceder es dar generosamente a la obra del Señor mientras estamos todavía vivos. Como reza el dicho: “Ofrenda mientras vivas porque así sabrás a dónde fue”.
    Y la mejor manera de hacer un testamento es decir: “Estando en mis facultades mentales pongo mi dinero a trabajar ya para Dios en esta vida. Dejo a mis hijos la herencia de un trasfondo cristiano, un hogar donde Cristo fue honrado y la Palabra de Dios fue reverenciada. Les encomiendo a Dios y a la Palabra de Su gracia, que es capaz de edificarles y darles una herencia entre los santificados”.
del libro DE DÍA EN DÍA, Editorial CLIE
 
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Vanidad y Amargura
 
"¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande".  Eclesiastés 2:21  

"Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador quedará en ella preso".  
Eclesiastés 7:26 
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SIEMPRE PUNTUAL

William Yuille

Desde el primer siglo, generaciones de cristianos han vivido con la expectación de la pronta venida del Señor. Pero aquí estamos en el siglo 21 y todavía no ha venido. ¿Por qué?  Pedro comenta esto en el capítulo 3 de su segunda epístola.
    Dios no calcula el tiempo como nosotros. “No ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (v. 8).  Algunos cristianos, desde el siglo después de los apóstoles, han interpretado esto como una fórmula y lo aplican a la historia de la humanidad – diciendo que es un periodo de una semana, o siete mil años.
    Según los cálculos de Ussher, Adán fue creado cerca de 4.000 a.C., así que hubo cuatro días antes de la venida de Cristo; con otros dos días llegamos al año 2.000 d.C., y a ese tiempo debe llegar el séptimo día, la edad del milenio. Pero ya estamos en el 2012 (fecha de este artículo), y esa teoría no parece muy factible. En todo caso, si Pedro hubiera escuchado esa interpretación del versículo, seguramente se habría asombrado. No es una fórmula, sino simplemente una declaración de que Dios no calcula el tiempo como nosotros. Él está totalmente fuera del tiempo – es eterno – y lo que a nosotros nos parece largo tiempo no le parece así a Él.    Dios es paciente. “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9). En su primera epístola, Pedro utilizó esta palabra “paciencia” en conexión con el diluvio: “cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca” (1 P. 3:20). Esperó largo tiempo, 120 años, porque Dios es paciente. El salmista dice: “Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia” (Sal. 103:8)
    Dios actúa según Su propio horario. “Pero el día del Señor vendrá...” (2 P. 3:10). No es indiferente respecto al tiempo. Al contrario, siempre sigue Su plan, calendario y horario. Considera, por ejemplo, cómo eso se ve en el Señor Jesucristo:
· Nació al tiempo preciso: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo...” (Gá. 4:4).
· Comenzó Su ministerio en el momento preciso. Durante 30 años estuvo ocultado, desapercibido en Su vida y trabajo en Nazaret, de los cuales no sabemos casi nada. Pero “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: el tiempo se ha cumplido...” (Mr. 1:14-15).
· Subió a la fiesta en el momento correcto. Sus hermanos le instaron a subir a la fiesta de los tabernáculos, pero Él respondió: “Mi tiempo aún no ha llegado...” (Jn. 7:6). Luego Él subió a Jerusalén aproximadamente a mediados de la fiesta.
· Murió en el tiempo indicado: Repetidas veces decía que Su hora no había llegado. Pero finalmente se fue a Jerusalén y declaró: “Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado” (Jn. 12:23). Juan añade: “sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre” (Jn. 13:1). Pablo escribe que Cristo “a su tiempo murió por los impíos” (Ro. 5:6).
· Volverá cuando sea tiempo. El escritor de Hebreos aplica las palabras de Habacuc al retorno del Señor Jesucristo: “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (He. 10:37).
· Juzgará al mundo cuando llegue el tiempo: “por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó” (Hch. 17:31).
    A veces nos preguntamos por qué el Señor tarda tanto en venir, pero lo cierto es que vendrá. Desconocemos el momento exacto de Su intervención de nuevo en este mundo, pero no cabe dude de que el programa de Dios se ejecutará puntualmente. Luego añade Pedro: “¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir...!” (2 P. 3:11).
 
 
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La Biblia tiene poder para:
   
1. Convencer de pecado           Hch. 2:37
2. Regenerar el corazón            Sal. 19:7; 1 P. 1:23
3. Estimular la fe                      Ro. 10:17
4. Limpiar la vida                     Sal. 119:9; Jn. 15:3
5. Aconsejar y edificar al creyente    Sal. 119:24; Hch. 20:32
6. Renovar el entendimiento    Sal. 119:130; Ro. 12:2
7. Discernir el corazón             He. 4:12
8. Dar sabiduría                        Sal. 119:98-100
9. Equipar para servir               2 Ti. 3:17
10. Alegrar el corazón              Sal. 19:8

La necesitamos todos los días, todas las horas y en toda situación.
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Sistemas de Seguridad

Hoy se invierte mucho dinero en toda clase de sistemas de seguridad para vigilar y proteger nuestras empresas, casas, vehículos y sobre todo nuestras personas. Pero pocos conocen el peculiar sistema de seguridad que tenía el General Comandante japonés del siglo 17. El castillo de Nijo en Kioto, Japón, es una obra maestra que demuestra el esplendor oriental de aquel tiempo. Los visitantes que caminan por los pisos de ese edificio pueden constatar que han sido costruidos para chirriar como pájaros aun con las pisadas más suaves. Esto servía como medida de seguridad para el General, pues nadie podía acercarse siligosamente para asesinarlo.
    Esa característica ingeniosa resalta dos cosas que preocupaban al gobernante: el temor a lo desconocido y su seguridad personal. Estas preocupaciones no se limitan a los jefes de estado; son innatas en el corazón de toda persona. Por eso, aun hoy se emplea la más sofisticada tecnología para diseñar sistemas de seguridad.
    Lo más extraño es que la mayoría de las personas no toman ninguna precaución para proteger su posesión más valiosa, e ignoran que a su disposición está una seguridad absoluta. Si protegemos y aseguramos lo que no podemos guardar para siempre, ¿no deberíamos cuidar mucho más lo que es eterno? Si tememos lo desconocido que puede afectar solamente nuestro bienestar físico o financiero, ¿no deberíamos temer aun más las consecuencias eternas que afectan el cuerpo y el alma? Cristo pregunto: “¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36).
    La Biblia claramente enseña que lo que los hombres llaman “desconocido” puede conocerse plenamente. Dios ha revelado en Su Palabra que hay una eternidad después de esta vida. Hay vida eterna y cielo para todos los que confían en Su Hijo Jesucristo como Señor y Salvador. Pero hay castigo eterno y separación de Dios para todos los que escogen su propio camino y rehusan creer en Jesucristo. El destino de cada uno puede conocerse en este lado del sepulcro, ahora, evitando el espectro de lo “desconocido”.
    Además, Dios dice en Su Palabra cómo podemos estar seguros de cuál será nuestro destino eterno. La Biblia declara que hemos pecado y somos dignos de muerte (Romanos 1:29-32), pero que “Cristo... murió por los impíos” (Romanos 5:6) y “el que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36).
    El General japonés usó el mejor método del siglo 17 para garantizar su seguridad físico. Pero de todos modos murió al final, como todo ser humano. Usted también, amigo, morirá un día. ¡Qué trágico es depender de religión o filosofía y no del único medio fiable de seguridad espiritual! Dios no le pide que dependa de experiencias o sentimientos, sino de la certeza de la obra de Su Hijo Jesucristo que murió tomando en su lugar el castigo eterno que merece. El apóstol Pedro escribió: “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). En base al sacrificio de Cristo, si confías en Él, estarás seguro ahora y por toda la eternidad. El apóstol Juan declaró: “Estas cosas os he escrito...para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13). Cristo declaró acerca de los que confían en Él: “Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás” (Juan 10:28). ¡Esta es máxima seguridad!
Adaptado de un tratado por el Dr. A. J. Higgins 
 
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El Término Confuso: “Enfermedad Mental”

Es hora de preguntar: ¿Qué significa esta expresión: “enfermedad mental”? Sostenemos que “enfermedad mental” es un nombre poco apropiado que no solo confunde sino también engaña. Es cierto que las personas tienen enfermedades y trastornos físicos que afectan la mente. Pero esos no deben ser llamados “enfermedades mentales”, porque la mente en sí, aunque puede estar gravemente afectada, no puede enfermarse. Los cristianos deben recordar que el cerebro es tremendamente complejo en sí, y todavía más en su relación con el resto del cuerpo. Alguien puede sufrir horrendamente debido a una condición del cerebro que no halla su causa en el cuerpo. Es demasiado simplista pensar que la miseria emocional de alguien no tiene relación con problemas físicos solo porque un reconocimiento médico no revela nada. Los que sufren mentalmente debido a condiciones biológicas necesitan amor, cuidado y compasión además de cuidado médico. Nadie debe quitar importancia a esas serias condiciones debilitadoras que causan mucho sufrimiento.
    Sin embargo, el término “enfermedad mental” acaba siendo de multifunción para incluir toda clase de problemas que tienen poco o nada que ver con una enfermedad. La mente es inmaterial y no puede enfermarse. Además, el concepto de “enfermedad mental” abre la puerta a la psicoterapia en el mundo, y al caballo de Troya que llamamos “psicoherejía” en la iglesia. Esta confusión entre el cerebro y la mente ha causado muchos errores en las iglesias, y los psicoterapeutas han convencido a pastores que ni ellos ni otros cristianos pueden ayudar a personas con serios problemas. Esos terapeutas – profesionales – raramente confiesan que lo único que ofrece la psicoterapia es conversación cargada con secularidad. En los Estados Unidos el gobierno, al licenciar a cristianos como consejeros psicológicos, limita el ámbito y alcance de sus trabajos. Por eso, lo más que pueden hacer es educar y motivar al hombre natural, en lugar de enseñar la Palabra de Dios, edificar la fe y nutrir la vida espiritual.  Afrontémoslo: la mayoría de la terapia se ocupa de repasar ofensas del pasado, quejarse de otras personas que a menudo no están presentes, y ocuparse de otras formas de maledicencia que proveen para la carne e impiden crecimiento espiritual.
    Este caballo de Troya parece benigno y útil, pero está lleno del mundo, la carne y aun el diablo que tentó a Eva a cuestionar la Palabra de Dios. Y es por eso que los cristianos se van a la consejería psicológica. Están cuestionando la Palabra de Dios, su suficiencia y lo que dice de sí misma y de ellos. Por ejemplo, la Palabra dice claramente: “Toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16-17).
    Piensa en la diferencia entre la “inspiración de Dios” y las opiniones y teorías de los hombres. La psicoterapia y sus subyacentes psicologías se basan en ideas humanas organizadas en teorías sobre la condición humana. Considera la diferencia entre la Palabra de Dios (verdad) y las doctrinas de hombres (opiniones) respecto a cómo debemos vivir y cómo efectuar cambios. ¿Cuál es el sistema psicológico que trae a las personas a la madurez espiritual en esta vida y a la perfección en la siguiente? ¿Qué sistema psicológico puede equipar a alguien para las buenas obras que solo Cristo realiza en el creyente? Sin embargo, pese a esos grandes contrastes, numerosos pastores y misioneros envían a las personas a su cuidado a gente que le da terapia psicológica, y numerosos cristianos siguen el camino psicológico.
    Sostenemos que la psicoterapia, incluso todo consejero psicológico profesionalmente licenciado, están en el camino del mundo y no en el camino del Señor. Jesucristo es “el camino, y la verdad, y la vida” (Jn. 14:6). Recuerda que la terapia psicológica es conversación y sentimientos, no ciencia ni medicina. La terapia psicológica habla del alma, pero es incapaz de transformarla ni puede dar vida nueva al espíritu. De hecho, las investigaciones acerca de la psicoterapia no apoyan la fe que la gente tiene en ella. Como mucho ofrece una ayuda muy limitada, y en el peor caso es dañina. En todo caso es espiritualmente perjudicial.
    La psicoterapia no es ciencia médica, aunque una rama de medicina, la psiquiatría, erróneamente emplea la psicoterapia debido a la influencia de hombres como Sigmund Freud. Durante muchos años la psiquiatría seguía la idea de Freud de “la conversación curativa”, en lugar de investigar y tratar posibles causas físicas de inquietantes síntomas mentales. Por eso, durante muchos años los psiquiatras meramente hablaban con sus pacientes. Principalmente en su búsqueda de las causas de los síntomas, hablaban de la vida freudiana temprana del paciente, las etapas del desarrollo psicosexual. Algunos de los primeros psiquiatras intentaron curar el cerebro a través de horribles lobotomías frontales, extracción de dientes, baños fríos y otros medios, había mucho daño y poco éxito. Las únicas personas aparentemente curadas eran las que eventualmente recuperaron naturalmente, a pesar de los tratamientos y no debido a ellos.

Egas Monitz, inventor de la lobotomía.

    Puede que las investigaciones acerca del cerebro provean algunas respuestas para los que sufren de condiciones difíciles que ahora son etiquetadas esquizofrenia, autismo, desorden bipolar, la enfermedad de Huntingdon y las graves depresiones. Mientras tanto, los cristianos no deben enviar a la psicoterapia las personas que padecen de esas cosas. Hay que ministrar Cristo en Su compasión, sabiduría, misericordia y amor a todos los que sufren. Debemos ministrar Su Palabra a los que buscan dirección y corrección en la vida. Los que padecen enfermedades incurables o de larga duración necesitan gran consuelo y ánimo. Pero no deben sucumbir a la terapia psicológica.
 
Traducido de: PsychoHeresy Awareness Letter, (“Periódico del Conocimiento de la Psicoherejía”; September-October  2017, Vol. 25, No. 5). Ilustraciones añadidas.

Para más artículos e información:
 http://www.psychoheresy-aware.org/mainpage.html
 
 
 "...se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios...
Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada"

Romanos 1:21-22, 28

jueves, 30 de abril de 2020

EN ESTO PENSAD - mayo 2020

“Virgen” No Es Un Título Bíblico
 
En la Biblia la palabra “virgen” no es un título sino una descripción de una condición. En sus varias formas solo aparece once veces en todo el Nuevo Testamento, y de ésas solo tres se refieren a María la madre de Jesucristo. Uno es Mateo 1:23 que cita una escritura profética: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo”. No “la virgen” sino “una virgen”. En Lucas 1:27 aparecen las otras dos referencias a María, donde leemos: “a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María”. No hay más.
    Nunca es empleada como un título. Las Escrituras nunca le llaman a María “la Virgen María”, “la Santa Virgen”, “la Bendita Virgen” ni otros títulos semejantes. José no la llamó así. Cristo no la llamó así. Los apóstoles y demás creyentes tampoco le dieron ese título. El título viene de religiones paganas, por ejemplo, en la mitología griega había tres diosas vírgenes: Artemisa diosa de la caza y la luna (Diana en la mitología romana), Atenea diosa de la guerra y de la civilización (Minerva en la mitología romana), y Hestia diosa del hogar – que es Vesta para los romanos. Los paganos rindieron culto a esas virgenes y les atribuían poderes especiales, es decir, como diosas.
    En cambio, Maria la madre de Jesucristo nunca fue titulada “Virgen” hasta que surgió el catolicismo romano que había asimilado creencias y prácticas del paganismo. El catolicismo le atribuye perpetua virginidad y poderes especiales, como diosa, y enseña a la gente a rezar a ella y confiar en ella para ayuda. Dedica el mes de mayo a Maria y de ahí el día de la madre. Su creencia en María como “siempre virgen” es equivocada, ya que las Escrituras enseñan que ella y José tuvieron relaciones normales de matrimonio después del nacimiento de Jesús (Mt. 1:25). Además, Mateo 13:55 y Marcos 6:3 indican que José y María tuvieron hijos, por lo que es imposible que fuera siempre virgen, ni es necesario que sea así para que la apreciemos como mujer bendita, privilegiada y única en la historia, la madre de nuestro Señor (Lc. 1:43).
    Es importante notar cómo las Sagradas Escrituras se refieren a María sin darle títulos como en las religiones paganas. He aquí algunos ejemplos en los Evangelios.
    “María su madre”        Mateo 1:18
    “su madre María”        Mateo 2:11; 13:55
    “la madre de mi Señor”    Lucas 1:43
    “María su mujer”        Lucas 2:5
    “su madre María”        Lucas 2:34
    “María”            Lucas 1:27, 30, 34, 38, 41, 46, 56
    “la madre de Jesús”        Juan 2:1, 3
    “mujer”            Juan 2:4
    “su madre”            Juan 19:25-26
    “María la madre de Jesús”    Hechos 1:14

    Vemos por la cita en Hechos de los Apóstoles que la iglesia apostólica la conocía como “María la madre de Jesús”, no como “la Virgen”. Ella se reunía con los demás pero no ocupaba lugar de preeminencia ni autoridad, ni se le rendía culto. Seguramente oraba con los demás creyentes, pero no era conocida como intercesora con poderes o influencia especial, ni recibía peticiones ni ofrendas de nadie. Nadie oraba a María en la iglesia apostólica. No se le componían himnos ni dedicaban días especiales a ella. El Rosario y la Salve no son textos bíblicos, ni tampoco los títulos que en ellos se le atribuyen a ella.
    Reconocemos que María era una mujer especial, única en la historia de la humanidad y especialmente bienaventurada porque ella fue el vaso escogido por el cual el Verbo de Dios se encarnó: “aquel Verbo fue hecho carne” (Jn. 1:14). Considera cómo María misma se describió en Lucas 1:38, “He aquí la sierva del Señor”. En Lucas 1:46-47 leemos: “María dijo: Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. En el versículo 48 habla de “la bajeza de su sierva”. Ella era humilde, obediente, sumisa y engrandecía al Señor. Hablaba de Dios como Salvador suya, pues ella también necesitaba ser salva y no puede salvar a nadie. Sus virtudes son ejemplo para toda mujer creyente, pero en las Escrituras el apóstol Pedro no la menciona, sino a Sara (1 P. 3:1-6) como ejemplo de conducta piadosa. Esto indica que aunque María era apreciada sin duda, los apóstoles no le elevaron a una posicion especial, ni existía la práctica de rendirle culto.

                   Carlos Tomás Knott

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 ¿QUÉ HACEMOS CON EL TIEMPO?

El tiempo está repartido divinamente a todos con equidad. Nadie tiene más ni menos que los demás. Pero no todos lo aprovechan, no todos lo redimen. Es trágico perder el tiempo, o matar el rato, porque es un recurso no renovable. El reloj y el calendario nunca paran, y el tiempo no espera a nadie. Para aprovechar y no perder el tiempo, tenemos que darnos cuenta de lo siguiente:

    • El tiempo es limitado, y desde nuestro nacimiento estamos en la cuenta retrocesiva.
    • La muerte es cierta y no sabemos cuándo será. “Mañana” o “cualquier día” no es un plan para aprovechar el tiempo. “Si oyereis hoy su voz...” enfatiza lo importante que es el día de hoy.
    • El arrebatamiento es aun más cierto, y en el Tribunal de Cristo daremos cuenta a Dios por nuestro uso del tiempo que Él nos concedió, si lo redimimos o no (Ef. 5:15-17; 2 Co. 5:10).
    • El número de años productivos está establecido por Dios. “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos” (Sal. 90:10).
    • Los días deben ser contados y usados sabiamente.“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Sal. 90:12).
    • El tiempo requiere comportamiento responsable, como el ejemplo de la hormiga (Pr. 6:6-8). “Prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento”.
    • El tiempo se nos ha confiado para servir y glorificar a Dios. “...La noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Jn. 9:4).
    • El tiempo es irrecuperable, es un recurso no renovable. Una vez gastada una hora, nunca volverá. "...redimiendo el tiempo" (Col. 4:5).
    • El tiempo no respeta a las personas. Todas tienen las mismas horas en un día y una semana. Algunos con esas horas hacen mucho, llevan empresas, gobiernan países, cumplen trabajos y proyectos, pero otras personas con las mismas horas ni hacen su cama. No necesitamos más tiempo; el problema es cómo lo utilizamos.
    Hay algunos ejercicios prácticos que reforzarán nuestro respeto por el tiempo y evitarán que lo malgastemos. Primero, piensa en las horas como monedas. Si una hora es un euro, dólar, peso o la moneda de tu país, entonces un cuarto de hora es la cuarta parte de esta moneda. Cada día gastas 24 horas/monedas. Cada semana, 168. Un día meterás la mano en el monedero y sólo quedarán unas poquitas. ¡Seguro que cuidarás de cómo gastarlas! Pero piensa en todas las horas malgastadas, perdidas, en la vida, que si podrías evitar ese derroche, las tendrías para mejores cosas. Antes de decidir qué hacer, cualquier actividad, acostumbra a preguntar: “¿Cuánto tiempo me costará?”
    Durante una semana, apunta lo que haces durante cada cuarto de hora. Al final de cada día, y luego al final de la semana, repásala y evalúa cuántas de las 168 horas usaste para dormir, comer, descansar, charlar, divertirte, y cuántas empleaste para hacer un trabajo productivo y completo. Puede que los resultados te sorprendan. Después, decide cómo mejor utilizar el tiempo y organizarte un horario sencillo y una lista de tareas.
    Confiesa al Señor cualquier derroche de tiempo, y ora en las palabras del Salmo 90:12 cada día para que Él te enseñe y guíe. Determina que con Su ayuda conocerás el tiempo (Ro. 13:11), y que lo redimirás (Ef. 5:15-17) y mirarás con diligencia cómo andas, para la gloria del Señor.
Cuando ERA bebé, el tiempo a penas se movía.
Luego como joven, el tiempo andaba.
Después llegué a adulto y el tiempo corría.
Al envejecerme, el tiempo volaba.
Pero pronto hallaré que el tiempo se fue.
Y la eternidad ¿qué será de mí?
 
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LOS "INDECISOS"

Muchos piensan que a Cristo y el evangelio hay tres reacciones: sí, no e indeciso. Creen que hay un empate en su mente y que todavía no se sabe cuál será el resultado final. Pero se equivocan. Considera estos casos bíblicos.
    Primero, en Hechos 17:32 los hombres de Atenas escucharon al apóstol Pablo predicar acerca de la muerte y  resurrección de Cristo. Unos se burlaron, pero otros dijeron: “Ya te oiremos acerca de esto otra vez”. Nunca lo escucharon otra vez. Aunque no se burlaron, rechazaron el evangelio ese día y perdieron una gran oportunidad.
    Segundo, en Hechos 24:25 Félix oyó a Pablo disertar de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, y se espantó. Pero en lugar de arrepentirse y creer, dijo: “Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré”. Tenía oportunidad en este momento, pero no la aprovechó. Luego, esperando recibir soborno, llamaba a Pablo muchas veces y hablaba con él, pero sólo como pretexto para que le ofreciera dinero. Su demora le costó su alma.
    Tercero, en Hechos 26:27 Pablo predicó al rey Agripa acerca de la muerte y resurrección de Cristo, y le preguntó: “Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees”. Éste fue el momento decisivo en la vida de Agripa, pero respondió “Por poco me persuades a ser cristiano” (v. 28). Casí creyente, pero incrédulo. Casi salvo, pero perdido. “Por poco” son de las palabras más tristes en la Biblia.
    Amigo, respecto al Señor Jesucristo y el evangelio sólo hay sí o no, creer o no creer, ser salvo o perdido. En tu condición natural eres un pecador culpable ante Dios. "La paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23). El evangelio es la buena nueva que Dios amó al mundo y mandó a Su Hijo Jesucristo, quien murió para pagar por nuestros pecados. Ahora mismo, sin arrepentirte y creer en Él, estás perdido. No hay “indecisos”, solo incrédulos y creyentes. Si mueres hoy, no morirás indeciso, sino incrédulo, a menos que confíes en Cristo.No cometas el error de los atenienses, Félix y Agripa. Ahora mismo estás perdido. Si crees en el Señor Jesucristo, serás salvo. “El evangelio... es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16).
Carlos
 
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LA FE DE NOÉ 
por Lucas Batalla
Texto: Hebreos 11:7

Este versículo contiene mucho, porque resume toda la vida de Noé, que era el nieto de Matusalén y bisnieto de Enoc (Gn. 5:24-29).
    El mundo solo asocia a Noé con el arca, y muchos creen que es un mito. Pero Noé era un hombre literal, histórico, que descendió de Enoc el séptimo desde Adan (Jud. 14). Su genealogía está en Génesis 5. Jesucristo le nombró en Mateo 24, y está en la genealogía de Cristo en Lucas 3. El apóstol Pedro le menció en sus dos epístolas. Que nadie diga que eso fuese una leyenda o parábola.
    Génesis 6 describe las terribles condiciones del mundo antes del diluvio – el primer gran juicio de Dios sobre la humanidad. Dios advirtió a Noé, y él con temor preparó el arca en tierra y en tiempos cuando nunca había llovido. Hebreos 11 dice que lo hizo por fe. Creyó a Dios y actuó, y mediante eso “condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe”.
    Al estudiar el texto en Génesis vemos que Dios intervino así en la vida de Noé porque él no seguía la corriente del mundo de su día, sino buscaba a Dios. Génesis 6:8 dice que “Noé halló gracia”, y el versículo 9 añade que era “varón justo” – no como los demás de aquel terrible siglo. Era “perfecto en sus generaciones” y “con Dios caminó Noé” (v. 9), como Enoc su bisabuelo (Gn. 5:22). Vivía en medio de un mundo malísimo. La maldad de los hombres era mucho, y todos sus pensamientos eran de continuo el mal (Gn. 6:5). Toda carne había corrompido su camino (Gn. 6:12). La tierra estaba llena de violencia a causa de ellos (Gn. 6:13), y terrible juicio divino pendía sobre el mundo.
    En esos tiempos, Noé pensaba en Dios, y clamaba a Él. Probablemente era casi el único hombre en el mundo que oraba a Dios. ¡Imagina esto! Hay algo que conmueve el corazón de Dios – es la oración de los que le buscan. No podemos salvar a nuestros hijos, pero Dios sí. Noé, instruido por Dios, preparó el arca, y su familia entró y fue salva del diluvio. El testimonio personal de Noé es importante. No vivía como los demás. Halló gracia, no por una misteriosa elección, sino porque vivía para agradar a Dios. Era distinto: “a ti he visto justo delante de mí en esta generación” (Gn. 7:1).
    Observa en Génesis 6:22 que Noé tenía un corazón dispuesto, tenía fe – confianza en Dios – y obedeció. “Hizo conforme a todo lo que Dios le mandó”. Leemos esta misma idea en Génesis 7:5 y 16. La fe nos conduce a hacer lo que Dios dice, a respetar y obedecer Su Palabra. Sabiendo que el juicio venía, no se entretuvo edificando una gran casa para vivir comodamente, ni compró fincas, porque ¡para qué, pues todo iba a ser destruido! Así que, ahí estuvo ciento viente años preparando el arca y predicando. 2 Pedro 2:5 le llama “pregonero de justicia”. Podemos imaginar las burlas de la gente, pero Noé no dejó de hacer lo que Dios le dijo. El mundo siempre quiere desviar al creyente para que no sirva a Dios. A Nehemías cuando edificaba el muro de Jerusalen, varias veces los enemigos intentaron hacerle parar, pero siguió y terminó la obra. Hermanos, debemos hacer “conforme” a lo que Dios manda y no parar ni cambiar para dar gusto al mundo que no entiende y cree.
    Dios le dio la gracia, las instrucciones, el conocimiento y las fuerzas, pero Noé tuvo que hacer como Dios había dicho, y eso es la fe – lo que la demuestra. La fe no es un sentimiento, una emoción, ni una teoría o filosofía. Es muy práctica. Cree a Dios y hace lo que Él dice.
    Terminada el arca, y con los animales metidos, Noé y su familia entraron cuando Dios le dijo (Gn. 7:6-7, 16). Solo había una puerta, y nota que fue Dios que cerró la puerta, no Noé. Eso dio seguridad. Noé tuvo que entrar para ser salvo, pero solo Dios cierra la puerta para asegurar la salvación. Pereció todo el mundo y solo se salvaron los que estaban en el arca – ocho personas. La mayoría no cree, todavía es así, pero la mayoría no manda a Dios ni lleva la razón.
    Pasó un año en el arca. Hay tiempos cuando tenemos que sentarnos, estar quietos y esperar en Dios. Este año no fue tiempo perdido, pero qué poco nos gusta parar, meditar y esperar en Dios. Luego en Génesis 8:1 leemos que Dios se acordó de Noé y obró para que las terribles aguas de muerte fuesen quitadas de la tierra. En los versículos 16-19 vemos que salío del arca cuando Dios se lo dijo, al igual como cuando entró. Actuó guiado por la Palabra de Dios, y nosotros también debemos actuar así. Luego hizo algo voluntario que a Dios le gustó. Edificó un altar (Gn. 8:20) y presentó holocausto a Dios. El siguiente versículo dice que “percibió Jehová olor grato” – eso es – que le agradó. La gratitud y la adoración agradan a Dios. ¿Qué percibe Dios de nosotros?
    Hermanos, como Noé, no sigamos al mundo. Recordemos las tres cosas en el Salmo 1:1 que no debemos hacer si queremos bendición de Dios. Hay que separarnos del mundo. Cuánto bien podemos hacer viviendo fielmente para Dios con nuestra familia, y enseñando a los nuestros ejemplo de la vida de fe.
    En Génesis 9:1 Dios bendijo a Noé y sus hijos, y los envió a llenar la tierra. Vemos Su pacto con Noé en el versículo 9, y mencionado repetidas veces en los versículos del 11 al 17. La señal de ese pacto fue el arco iris que Dios hizo. Es una gran blasfemia que los sexualmente perversos utilicen ese símbolo divino dado a Noé, y ciertamente ellos serán juzgados, no con agua, sino con fuego eterno.
    Génesis 9:20-27 relata que Noé labró la tierra, cosa buena, pero se descontroló con el vino, cosa mala. No dice que era continuamente un borracho, sino habla de un hecho puntual. Cuán importante es que nos cuidemos de excesos y de lo que pueda manchar nuestro testimonio. En esta sección aparece el desprecio que le hizo su hijo Cam, por lo que fue maldito, y el respecto y la misericordia que Sem y Jafet tuvieron a su padre, por lo que fueron benditos. Cam, padre de Canaán, fue salvo del diluvio porque entró con su padre en el arca, pero después se perdió por la deshonra: “maldito” (Gn. 9:25). Es la primera persona maldita en el mundo posdiluvio, y fue por cómo trató a su padre.
    Los versículos 28 y 29 resumen los últimos siglos de Noé, sí, siglos, porque tuvo seiscientos años cuando entró en el arca, y murió con novecientos cincuenta años de edad. Así que vivió trescientos cincuenta años después de entrar en el arca, o sea, trescientos cuarenta y nueve después del diluvio. ¡Imagimemos cómo sería tener entre nosotros una persona de más de novecientos años de edad! Para eso tendría que nacer cerca del año 1.100, o sea, en la edad media. Pues Noé tenía todos esos años y vio muchos cambios en el mundo. No es un cuento hermanos. Un día nosotros los creyentes veremos a Noé y hablaremos con él, o más bien le escucharemos.
    Hermanos, tengamos cuidado durante toda la vida, y especialmente en la vejez, en el camino largo, hasta el fin, porque entonces llegaremos a la gloria. No aflojemos. No se puede jubilar de la vida espiritual ni tomar vacaciones de ella. En todo el camino hay peligros en este mundo. Seamos fieles a Dios de principio al final. ¡Qué éste sea nuestro propósito y que el Señor nos dé gracia y fuerzas para vivir así!
de un estudio dado el 28 de agosto, 2019

 Altar y Holocausto de Noé
por Joseph Anton Koch 1768-1839
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martes, 31 de marzo de 2020

EN ESTO PENSAD - abril 2020

Arruinado Por Las Pasiones


“Esaú... por una sola comida vendió su  primogenitura”.     Hebreos 12:16
 
Ocurre con frecuencia que los hombres cambian los verdaderos valores de la vida por una gratificación momentánea de los apetitos físicos. Esto es lo que hizo Esaú. Venía de regreso del campo, cansado y hambriento. En aquel momento Jacob cocinaba un guiso rojo. Cuando Esaú le pidió un plato de aquel delicioso potaje, Jacob le dijo: “Sí, pero a cambio véndeme hoy tu primogenitura”.
    La primogenitura era un valioso privilegio que pertenecía al hijo mayor de una familia. Era valioso porque le daba el privilegio de llegar a ser el jefe indiscutible de la familia o tribu y el derecho a una doble porción de la herencia.
    Pero en ese momento, Esaú consideró que su primogenitura no tenía valor. ¿En qué puede beneficiarle una primogenitura, pensó, a un hombre muerto de hambre como yo? Su hambre parecía tan agobiante que estuvo dispuesto a dar cualquier cosa para satisfacerlo. Para calmar su apetito momentáneo estuvo dispuesto a entregar algo que era de valor imperecedero. ¡Y sin más realizó el terrible negocio!
    Un drama similar vuelve a presentarse casi todos los días. Por ejemplo, he aquí un hombre que ha mantenido un buen testimonio durante muchos años. Tiene el amor de una buena familia y el respeto de sus compañeros cristianos. Cuando habla, sus palabras tienen autoridad espiritual, y su servicio tiene la bendición de Dios. Es un creyente modelo.
    Pero entonces surge un momento de fiera pasión. Parece como si el fuego de la tentación sexual lo consumiera. De pronto nada parece más importante que la satisfacción de este impulso físico. Está decidido a sacrificarlo todo por esa unión ilícita así que se abandona al poder del deseo.
    ¡Y de esta forma da el salto descabellado! Por aquel momento fugaz de pasión, cambia el honor de Dios, su propio testimonio, la estima de su familia, el respeto de sus amigos y el poder de un auténtico carácter cristiano. Como Alexander Maclaren dijo: “Se abandona a sus deseos dando la espalda a la justicia; desprecia los goces de la comunión divina; oscurece su alma; termina su prosperidad; cae sobre su cabeza una catarata de calamidades por el resto de los años que le quedan y hace de su nombre y su religión un blanco para las burlas crueles de las generaciones sucesivas de mofadores”.
    En las clásicas palabras de la Escritura, vende su primogenitura por un plato de lentejas.
William MacDonald, De Día En Día, CLIE
 
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“Estando atestados” Romanos 1:29

La palabra atestado significa lleno hasta no caber más. Atestar es llenar una cosa apretando mucho el contenido hasta que no cabe más. Es la palabra que el Espíritu Santo escoge para describirnos. En Romanos 1:29-31, los seres humanos estamos atestados de toda clase de pecado. Pecados de:

1. La mente, los pensamientos, la actitud:
    avaricia          soberbios
    maldad           sin misericordia
    envidia           inventores de males
    necios            malignidades
    desleales        aborrecedores de Dios
    altivos            sin afecto natural
    implacables

2. La lengua, la boca, el hablar:
    contiendas
    engaños
    murmuradores
    detractores
    injuriosos

3. Los hechos, la conducta:
    toda injusticia
    fornicación
    perversidad
    homicidios
    desobedientes a los padres

No son fallos, síndromes, errores ni problemas, sino PECADOS, de los cuales la raza humana esta llena, ¡tan llena que estamos a punto de reventar espiritualmente! Y Dios que nos ve, nos conoce, y sabe toda nuestra maldad mejor que nosotros, está a punto de juzgarnos por estas cosas que hay en nosotros. En el siguiente versículo (v. 32), Dios dice que “los que practican tales cosas son dignos de muerte”. Así que, nadie diga que espera recibir de Dios lo que se merece, porque está claro que semejantes personas merecen la muerte. El ser humano no es basicamente bueno, sino fundamentalmente malo, y por eso condenado, y necesita el perdón y la salvación de Dios. Necesita ser rescatado de una condición desesperadamente mala, y solamente el Evangelio le ofrece este rescate de su “vana manera de vivir”. 
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Sé Sabio, Evita La Política, 
Predica El Evangelio
Dios busca y la iglesia hoy necesita a nobles creyentes que estén dispuestos a parar en los caminos, mirar, preguntar por el buen camino, y andar en él. Éstos no querrán hacer nada simplemente porque los demás lo hacen, ni porque siempre se ha hecho, ni siquiera porque les parece lógico o buena idea. Es patética la excusa que dice que si la Biblia no prohibe expresamente algo, entonces podemos hacerlo. A los tales les preguntamos si sólo así conocen la Palabra de Dios y los caminos de Dios? No así los creyentes nobles. Su único afán es saber qué dice la Escritura, no sólo la letra sino el espíritu de la Escritura, y los preceptos divinos que pueden gobernar nuestras vidas para bien. Desean saber qué quiere Dios que hagamos, y qué es lo que le agrada.
    Al parecer, la historia sagrada nos enseña que éstos no forman la mayoría. Fue así en los tiempos de Jeremías, que la mayoría de los que se llamaron “pueblo de Dios” hicieron al profeta lamentar, porque a sus exhortaciones a que parasen en los caminos, mirasen, preguntasen por el buen camino y anduviesen en él, ellos contestaron: “No andaremos” (Jer. 6:16).
    Si te gusta creer en la política como la esperanza de la raza humana, o un medio por el que un creyente puede hacer mucho bien, te equivocas, y te imploro a parar en el camino y reflexionar antes de seguir el camino de tu parecer. Simplemente porque puedes hacer algo, no significa que debes. El historiador sagrado nos advierte con el ejemplo triste del rey Uzías que comenzó bien pero terminó mal. “Porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso. Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina” (2 Cr. 26:15-16). Anduvo bien, pero se enamoró de la idea de hacer algo que no le pertenecía.
    Como él, muchos han errado y salido del buen camino siguiendo su lógica y usando su poder, tal vez creyendo que hacían bien. Otros se apartaron simplemente “amando este mundo” (2 Ti. 4:10).  No seamos como aquellos de Israel que hicieron lamentar al profeta Jeremías. Que ninguno de nosotros abandone el servicio a Dios y Su pueblo para venir a ser siervo de un sistema tan corrupto y mundano como la política. Si un creyente entra en un casino no por eso lo santifica. Y si entra en la política, tampoco la santifica.
    La política, el gobierno y las obras sociales – esas cosas son para los del mundo. La iglesia es para el creyente, y su mensaje es únicamente la Palabra de Dios, la palabra de la cruz que es locura a los del mundo (1 Co. 1:18). Dios nos ha dado abundante trabajo: predicar el evangelio y hacer discípulos. No se ha terminado todavía. Recordemos 1 Corintios 15:58 y esforcémonos.
   
“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.  No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos” (Pr. 3:5-8). 
 
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 Sion/Jerusalén:  Ciudad Especial

"copa que hará temblar"   Zac. 12:2

Ciudad de la Verdad.  Zac. 8:3

Capital del mundo. Sal. 110; Zac. 14

Ciudad consolada y escogida por Dios.    Zac. 1:17

Ciudad Deseada.  Is. 62:12

Ciudad eterna.  Ap. 21

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 Algunos creyentes son así.
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Peor Que Los Hechos


Romanos 3:10 declara: “No hay justo, ni aun uno”. La naturaleza del ser humano ha sido manchada, torcida y entenebrecida por el pecado. Hasta los pensamientos y deseos son malos, porque el problema está en el corazón antes que en los hechos. Cuán importante es aprender que lo que soy es peor que cualquier cosa que haya hecho o podría hacer. Somos fatalmente contaminados por el pecado – toda la raza – porque venimos de Adán y Eva que pecaron y fueron destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Todos sus descendientes nacieron pecadores, y es fácil demostrar esto.
    Sin considerar los hechos, que son bastante malos, examinemos la mente humana. Nadie puede ver lo que otros piensan, esto es, nadie excepto Dios. “No hay pensamiento que se esconda de ti” confesó Job (Job 42:2). 
    Isaías 55:7 dice: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos”. Hasta de los pensamientos hay que arrepentirse, porque en ellos hay pecado.
    En Marcos 7:20-23 Jesucristo describe la deplorable condición del corazón humano, que está contaminado con toda clase de pecado. Lo primero que sale en la lista es: “malos pensamientos”.
    Efesios 2:3 retrata a todo ser humano: “haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”.    
    Colosenses 1:21 dice: “enemigos en vuestra mente” – es donde la enemistad contra Dios mora.
    Romanos 1:20-21 explica por qué. Los seres humanos, conociendo a Dios, no le glorificaron, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos “y su necio corazón fue entenebrecido”.
    El ser humano es condenado ante Dios por lo que hay en su corazón y sus pensamientos, por la contaminación interna que le arruina – el pecado. Peca miles de veces en los pensamientos y los deseos sin que nadie le vea, pero Dios lo ve todo, y lo condena: “dignos de muerte”. Nadie ni nada puede limpiar la mente humana – ni psicólogos, ni médicos, ni sacerdotes, ni liturgias, ni bautismos, ni otras cosas así.
    Necesita ser salvo no solo del castigo eterno sino de sí mismo y del pecado que mora en él. Por eso vino Jesucristo, murió en el Calvario y resucitó, para que en Él hallemos perdón, limpieza y vida nueva. Solo Dios puede limpiar el corazón y la mente humana. Amigo, reconoce  delante de Dios tu culpa por tu mente pecaminosa, y busca salvación en Cristo Jesús. "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 6:23). 
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“DIEZ SICLOS DE PLATA POR AÑO”

Donald Norbie

“Quédate en mi casa, y serás para mí padre y sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por año, vestidos y comida” (Jueces 17:10).
Palabras tentadoras son éstas a un joven con formación religiosa y que  “busca un lugar”. Se le ofreció un hogar, una posición y unos ingresos seguros. El resultado de aquella oferta hecha hace más de tres mil años todavía es testimonio de su atractivo: “Y el levita se quedó”.
    ¿Acaso no podía servir al Señor en ese lugar?
    Era una puerta abierta; quizás Jehová abrió esa oportunidad para él. Seguramente uno debe aprovechar tales oportunidades en la vida.
    Y unos ingresos seguros, ¿no podría eso aliviar su mente de ansiedad para que sirviera a Dios más eficazmente? Después de todo, el siervo de Dios tiene bastantes otros problemas que requieren fe.
    Los tiempos cambian y hay que ajustarse. Además, no todos tienen el mismo don de fe. Seguro que el levita encontraba muchas razones como ésas que a su mente le parecían buenas para quedarse. “Y el levita se quedó”.
    Hoy este método de apoyar económicamente a los “obreros del Señor” es muy común en la cristiandad. Una casa o piso pagado por la congregación, un título y una posición de autoridad, un salario mensual –  son consideradas necesarias en el “ministerio cristiano”. Cuando una iglesia se reúne con un “candidato para el pastoreo” (frase no bíblica), una de las primeras preguntas del candidato es: “¿Cuánto es el salario?” A fin de cuentas, uno de los deseos básicos del hombre es la seguridad. ¿Y qué le ofrece más seguridad al morador de la tierra que el dinero? Un banco en nuestra área recientemente hizo publicidad con esta frase llamativa: “¡Una sensación buena, dinero en el banco!”
    Hay cierto movimiento hoy en las asambleas que profesan seguir el Nuevo Testamento, y es preocupante porque procura introducir esos métodos no bíblicos para sostener la obra de Dios. Pero tales métodos no son nada nuevo. Hace cientos de años que las religiones y denominaciones tienen esos arreglos para su clero. Pero también existen pequeños grupos no conformistas que han renunciado las prácticas religiosas corrientes, y enseñan y practican la fe sencilla del Nuevo Testamento. Damos gracias a Dios por esos hermanos. Su camino no ha sido fácil. Han conocido la pobreza y además la hostilidad y oposición amarga de la religión organizada. Los ricos no les dan porque a diferencia de muchos, no piden.
    Es posible servir al Señor con varios grados de obediencia a Su Palabra. Dios en Su gracia maravillosa bendice Su Palabra. Es posible que aun un predicador incrédulo proclame el evangelio y que alguien se convierta. Pero, ¿quién diría que proceder así es conforme a las Escrituras? Lo que guía al creyente no es si algo tiene éxito, ni qué hacen otros creyentes o iglesias, sino que dicen las Escrituras.
    La Biblia no enseña esa práctica de convenios económicos entre el obrero y el pueblo de Dios. Además, enseña lo contrario. El que sirve a Dios sale sin ningún compromiso ni garantía de finanzas, escrito o verbal. Con fe sencilla mira a Dios, y si es necesario, trabaja con sus manos, pero no pide a los hombres. Los creyentes que son ejercitados espiritualmente comparten sus bienes temporales con el obrero. Todo esto promueve una sencillez deleitosa y un ejercicio de corazón de parte de todos. Cada uno comparte en la obra de Dios de manera muy personal.
    Cuando el Señor Jesús envió a los doce, les exhortó: “No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos...porque el obrero es digno de su alimento” (Mt. 10:9-10). Estuvieron con el Señor por un tiempo y compartieron Su vida sencilla; una vida fragante con una fe como la de un niño, y una dependencia en Su Padre. El Señor no tuvo reservas de fondos, ni nada  en el mundo para asegurar unos ingresos fijos. Al salir Sus seguidores, les anima a ir como Él. Dios les cuidará. Habrá algunas personas de corazón sensible y ejercitado que Dios utilizará para proveer sus necesidades. Cualquier obrero hoy que escoge otro camino no sigue el ejemplo de su Señor.
    Al escudriñar el resto de las Escrituras, no se halla ninguna evidencia de que los apóstoles u otros obreros tuvieran arreglos para su apoyo, ni con las iglesias, ni con individuos, ¡ni mucho menos con el gobierno! En alguna ocasión Pablo tuvo que trabajar con sus manos (Hch. 18:3). La mayoría del tiempo tenía lo suficiente debido a las diferentes ofrendas de individuos o asambleas. Por ejemplo personas como Lidia proveían alojamiento para el siervo del Señor (Hch. 16:15). Repetidas veces asambleas de  creyentes mostraron su preocupación y amor a través de sus ofrendas (Fil. 4:15) Así el amado apóstol se dedicaba a trabajar para el Señor, y dijo: “Imitadme”. No hay forma más bienaventurada de servir a Aquel que dijo: “El siervo no es mayor que su señor” (Jn. 13:16). ¿No es absurdo confiar en las promesas de los hombres en lugar de la Palabra del Padre celestial? Cuando uno quiere ir a un lugar para "servir a Dios" porque hay una persona ahí que le sostendrá cada mes, no tiene los ojos en Dios.
    ¿Cuáles son algunas de las ventajas prácticas de vivir así por fe? Primero,  estimula una saludable dependencia en Dios. El hombre que tiene sus finanzas prometidas y calculadas tiende a sentirse independiente de Dios y dependiente de los hombres. Tiene y sabe de dónde viene lo que necesita para procurar las cosas de esta vida. Así que, es bueno que el siervo del Señor sea pobre y no tenga grandes reservas: “como pobres, mas enriqueciendo a muchos...” (2 Co. 6:10). Esto le mantiene en una posición de dependencia temerosa de Dios en todo momento. Puede que llegue a su último centavo y pedazo de pan, pero se ha comprometido a no anunciar sus necesidades a otros. Está encerrado al lugar secreto de oración donde con toda su alma clama a Dios. Debe quedarse allí hasta que pueda salir con un corazón sereno y labios que no murmuran, contento de descansar como un niño destetado en los brazos del Padre. Los que han conocido tales tiempos testifican que esa confianza en Dios es la flor dulce que viene después del brote amargo de la prueba. Cuando vea al Padre contestar, obrando de manera maravillosa y secreta, ¿quien cambiaría esto por una mensualidad?
    Segundo, servir así a Dios hace que ofrendar sea un santo ejercicio del alma. Ya no es una parte de la liturgia, un  deber programado para el domingo. La oración y la ofrenda van mano en mano en la vida de devoción cristiana. Cada creyente sabe que la obra de Dios depende de él, su ejercicio y sacrificio. Los creyentes se reconocen que la obra de Dios crece y lleva fruto como resultado de sus oraciones y ofrendas. Cada cual tiene una parte vital; todos comparten esta obra gloriosa.
    Tercero, esta forma de servir anima al hombre a ser siervo del Señor. Puesto que nadie le paga un salario ni una mensualidad regular, no está tentado a andar de puntillas al proclamar la verdad de Dios. No tienen que callarse, no tocar ciertos temas, o cosquillar las orejas para mantener sus ingresos. Puede sentirse dichosamente libre para proclamar todo el consejo de Dios. Pablo declaró con fervor: “¿Busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gá. 1:10). Esto también deja libre al siervo para ir donde Dios quiere que vaya. Depende sólo de Dios para guiarle, y no de los hombres. Esto causa un profundo ejercicio de alma mientras que uno espera delante del Señor. No son más que siervos de Otro, ni desean ser más, ¡qué sensación más buena! No buscan para sí grandezas (Jer. 45:5)
    Finalmente, libra para siempre al obrero de la acusación de amar al dinero. Puede ocuparse en la obra de Dios y nunca pedir ni tomar una ofrenda. El mundo puede burlarse y pensar que es necio, pero lo que no podrá hacer es acusarle de avaricia. Tendrá que confesar que su obra es sin ánimo de lucro, que solo tiene pasión por Dios. Con Pablo, él tal podrá decir: “os he predicado el evangelio de Dios de balde” (2 Co. 11:7).
    Este camino de fe es también para la iglesia que desea conformarse al Nuevo Testamento. Requiere que todos los creyentes sean ejercitados espiritualmente acerca de la ofrenda. Los siervos deben conocer y confíar en Dios, no en una organización. ¿No es un comentario trágico sobre nuestra baja condición espiritual cuando enfatizamos un edificio en lugar del Cuerpo de Cristo, cuando hacemos publicidad en lugar de oración, y buscamos la certeza de un salario en lugar de depender del Dios vivo?

“He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona”  (Ap. 3:11).

Si no puedes confiar en el Señor, no debes estar en Su obra.
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