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viernes, 29 de junio de 2018

EN ESTO PENSAD - julio 2018

CONTROLA TU LENGUA (II)
Leonard Ravenhill


viene del nº anterior
Una Espada Peligrosa
En el Salmo 64:3 la lengua es comparada con una espada afilada. Por cierto que como espada la lengua ha dañado, herido y matado a más personas que todas las demás espadas en todas las guerras desde el comienzo de la Historia. Lo habrás visto muchas veces. Toma por ejemplo un matrimonio recién casado, que tanto se quieren y tan enamorados están. Pero un día el hombre perdió el control de sí mismo en un enfado y arremetió con la lengua contra su mujer, cortando su corazón y su afecto con unas palabras mal escogidas. Su ira fue en aquel momento incontrolable y, lástima, sus palabras inolvidables. Lo dicho, dicho estaba, y el daño estaba hecho. ¡Cuántas veces deberíamos recordar aquel refrán que dice que no se puede hacer volver la saeta una vez lanzada, ni el agua que ha pasado debajo del puente, ni las palabras que han sido habladas. Como joven aprendí una poesía, cuyas palabras son importantes, aunque no rime al traducirla. Dice así:

    Palabras de ira, nunca las dejes, 
    Saltar de tu lengua descontroladas.
    Hay que arrestarlas lo mejor que puedas, 
    Antes que manchen tus labios.
    Palabras de ira, ¡qué rápido salen! 
    Provocan pensamientos amargos.
    Y rompen los lazos de amor, 
    ¡Sí, con una sola palabra!

    ¿Hay un número más grande que el de las estrellas del cielo, o el de la arena del mar, o el de las hojas de los árboles?  Creo que si pudiéramos sumar todas estas cosas, aún habría un número que sobrepasa la suma de ellas, y es la cantidad de cosas que dice este pequeño monstruo que llamamos la lengua. Es un rebelde incontrolable que vive en una cueva roja cuya entrada está guardada por dos filas de soldados blancos llamados dientes. Piensa en todas las palabras que se hablan en un solo día por las redes telefónicas de todo el mundo. ¿Y cuántas más de ellas vuelan de acá para allá en todo el mundo por las ondas de radio y televisión?  La lengua ha ocasionado más daño que cualquier otro órgano del cuerpo humano.
    Somos responsables por las palabras que decimos. “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mt. 12:36). Nuestras propias palabras nos atrapan (Pr. 6:2). Somos atrapados por nuestros votos y promesas que hemos hecho pero que después no cumplimos. Y también nos atrapan nuestras críticas y juicios precipitados e indebidos. “¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas” (Mt. 12:34-35).
    El corazón humano puede ser como un hoyo lleno de víboras, una cámara de demonios, un pozo de perversidad, y una trinchera llena de porquerías. Realmente es el lugar donde se elabora todo lo sucio y todo el pecado, y la lengua es el mostrador de su género. Es imposible que mis palabras exageren la corrupción que hay en el corazón, y toda la suciedad que de un corazón podrido sale entre los labios. Pero cuando yo haya dicho todo lo que sepa decir acerca de la lengua, lo más fuerte por cierto está dicho en Proverbios 18:21, “La muerte y la vida están en poder de la lengua...”.
 continuará, d.v

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“Traedmelo”   Marcos 9:19

Esta sencilla palabra fue dicha a un padre que estaba perplejo y despesperado por la condición de su hijo. En efecto el Señor Jesús dijo: “Cuando falla la ayuda humana, tráemelo”. Es una invitación del Señor: “Cuando tu hijo está enfermo, o perdido, o quebrantado, tráemelo”. “Cuando ya no sabes qué más hacer para ayudar a tu hijo, tráemelo”.
    “Y se lo trajeron” (v. 20). Entonces, “Jesús, tomándole de la mano, le enderezó, y se levantó” (v. 27). Quiera el Señor hacer lo mismo con nuestros hijos.

Shane Johnson, de una lectura del calendario Choice Gleanings
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¿Gustos, Opiniones o Escritura?
Un jóven adulto inconverso al que testifico, me dijo después de hacerse un “piercing” y un gran tatuaje: “Sé que no te gustan estas cosas”, dando por finalizada la conversación sin que yo participara. Como se suele decir: “para gustos, colores” o “sobre los gustos no hay nada escrito”.  Pero no es cuestión de gustos ni opiniones, así que le respondí: “No importa si me gusta. Lo importante es lo que dice Dios”. En Levítico 19:28 Dios manda: “...ni imprimiréis en vosotros señal alguna”. El asunto es, que a Dios no le gusta, y Él lo prohibe. Cuando Dios ha hablado, no importan los gustos ni la moda.
    Otra persona, creyente, que tendría que saber mejor, me dijo: “Quiero saber tu opinión sobre la política”. Pero ¿para qué quiere saber mi opinión? ¿No es porque quiere que el asunto quede en opiniones para que luego pueda hacer lo que le parece? Imaginemos al pueblo de Dios consultando a un sacerdote o profeta: "¿Qué opinas sobre la idolatría?", "¿Qué opinas sobre el matrimonio entre israelitas y filisteos"? o "¿Qué opinas sobre el volvernos a Egipto?" (véase Jer. 42-43). Hermano, disculpa, pero ¿qué importa mi opinión, o la tuya? Otra vez, como lo que respondí al amigo inconverso, lo importante es lo que dice Dios. Si bien la palabra “política” no aparece en la Biblia, hay preceptos divinos que gobiernan. Por ejemplo: “Mi reino no es de este mundo” (Jn. 18:36). “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mt. 6:33). “Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros...” (Mr. 10:42-43). “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida” (2 Ti. 2:4). Sólo es una pequeña selección de textos bíblicos pertinentes y capaces de guiarnos si queremos salir del campo de las opiniones a la verdad de Dios.
    Otro creyente pregunto: “¿Qué opinas de la participación vocal de las mujeres en las reuniones?” Otra vez, respondo como siempre deberíamos: “¿Qué importa lo que opino yo?” ¿No es mejor saber lo que Dios enseña y manda en Su Palabra? No es cuestión de votación – ¿cuántos a favor y cuántos en contra? Ni importa más la opinión del rico que el pobre. “¿Qué dice la Escritura?” es la orientación correcta. Dios habla claramente: “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación” (1 Co. 14:34-35). No es una opinión o punto de vista, sino un mandamiento. Hermanos y amigos, Santiago 1:5 no dice que si a alguien le falta sabiduría, pregunta si a la gente le gusta, o compara las opiniones de varias personas. “Pídala a Dios” es el consejo. Y Dios nos habla en Su Palabra. Luego, sabido lo que la Palabra dice, nos toca obedecer, aunque signifique cambiar nuestros planes, proyectos o asociaciones. Proverbios 12:15 dice: "El camino del necio es derecho en su opinión; mas el que obedece al consejo es sabio".  Santiago 1:22 nos manda: "Sed hacedores de la Palabra". Nada habla de opiniones.
    No pidamos consejo después de tomar decisiones sino antes. Considera el ejemplo feo de los israelitas en Jeremías 42:2-6 que pidieron que Jeremías consultara con Dios si ellos debían ir a Egipto o no. Suenan tan bonitas, tan espirituales sus palabras, como que sólo querían saber y hacer la voluntad de Dios y que por eso consultaban. Pero la verdad era otra. Ya habían decidido lo que iban a hacer, y sólo querían el "visto bueno" o el sello "aprobado" para justificar sus planes. Su camino era "derecho en su opinión". Así que, cuando Jeremías, diez días más tarde, les dio la respuesta de Dios, respondieron: "Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No vayáis a Egipto para morar allí,  sino ... Baruc" (Jer. 43:2-3). ¡Quedaron descubiertos!
    Pero hoy más que nunca la gente suele hablar así, quizás para hacer un sondeo amistoso con varias personas y luego escoger lo que le parece, evitando la cuestión de la Palabra y los mandamientos de Dios. Quiere tratar los temas como si fuesen cuestiones de gustos u opiniones, porque así no hay nada que obedecer. Todo es sujetivo y cada uno puede hacer lo que le parece – como en los días de los jueces. “En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jue. 17:6).
    Pero Dios ha hablado, y nos ha dejado un Libro compuesto de 66 libros, donde ampliamente expresa Su voluntad para nosotros acerca de todos los áreas de la vida. Es asombrosa la cantidad de consejos prácticos que contiene solo el libro de Proverbios. Y si leemos las epístolas vemos también gran cantidad de consejos para nuestra vida. ¿Hasta qué punto quiere Dios dirigir nuestras vidas? “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Co. 10:31).
    Así que, en lugar de hacer sondeo de opiniones y gustos, sería mejor pedir un consejo bíblico, algo así: “¿Qué dice la Palabra de Dios acerca de tal cosa?” Debemos vivir para agradar a Dios en todo, y para hacer eso, toda parte de nuestra vida debe ser guiada por él, no por gustos y opiniones.
 Carlos Knott

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LOS TELÉFONOS: Útiles pero capaces de causar estorbos.
Hermanos, para prevenir toda distracción o estorbo, rogamos apagar el teléfono o ponlo en modo avión durante las reuniones. No es aconsejable "modo silencioso", porque así tendrás la tentación de mirar los mensajes o incluso como algunos, estar escribiendo WhatsApp o correo electrónico durante la reunión, lo cual es una falta de reverencia. Si quieres usar el teléfono como reloj, o para grabar los estudios, o para leer un texto bíblico, bien, pero sin conectarte a la red.


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Sistemas De Seguridad


Hoy día se invierte mucho dinero en sistemas de seguridad para proteger nuestras casas, vehículos y sobre todo nuestras personas. Pero pocos conocen el peculiar sistema de seguridad que tenía el Generalísimo de Japón en el siglo XVII. El Castillo de Nijo en Kioto, Japón, es una obra maestra que demuestra el esplendor oriental de aquel tiempo. Los visitantes que caminan por los pisos de este edificio pueden constatar que han sido construidos para chirriar como pájaros aun con las pisadas más suaves. Esto servía como un sistema de seguridad para el General, pues nadie podía venir sigilosamente para asesinarlo.
    Esta característica ingeniosa resalta dos cosas que preocupaban al gobernante: el temor a los desconocidos y su seguridad personal. Estas preocupaciones no se limitan a los jefes de estado; son innatas en el corazón de todos los hombres. Por eso, aun en este tiempo, se emplea la más sofisticada tecnología para diseñar sistemas de seguridad.
      Lo más extraño es que la mayoría de las personas no toma ninguna precaución para proteger su posesión más valiosa, e ignoran que a su disposición está una seguridad absoluta. Si protegemos y aseguramos lo que no podemos guardar para siempre, ¿no debemos tener mucho más cuidado con lo que es eterno? Si tememos lo desconocido que puede afectar solamente nuestro bienestar físico o financiero, ¿no deberíamos temer aún más las consecuencias eternas que pueden afectar el cuerpo, espíritu y alma?
    La Biblia claramente enseña que lo que los hombres llaman "desconocido" puede conocerse plenamente. Dios ha revelado en Su Palabra que hay una eternidad después de esta vida. Hay una vida eterna y un cielo para todos los que, arrepentidos de sus pecados, confían en Su Hijo como Señor y Salvador. También hay un castigo eterno y separación de Dios para todos los que no se arrepienten, no creen, sino escogen su propio camino. El destino de una persona se puede conocer de este lado del sepulcro, evitando el espectro de lo "desconocido".
    Además, Dios nos ha dicho en Su Palabra cómo podemos estar seguros de cuál será nuestro destino eterno. La Biblia dice: "Cristo...murió por los impíos" (Romanos 5:6) y "El que cree en el Hijo tiene vida eterna" (Juan 3:36).
     El Generalísimo japonés usó el mejor método del siglo 17 para garantizar su seguridad física. Pero, ¡qué trágico es depender de otra cosa en vez del único medio confiable de seguridad espiritual que existe! Dios no le pide que dependa de sus experiencias o sentimientos, sino de la certeza de la obra de Jesucristo en la cruz, y de Su Palabra. "Estas cosas os he escrito... para que sepáis que tenéis vida eterna" (1 Juan 5:13). Es solamente la obra de Cristo en la cruz, sufriendo por nuestros pecados, que nos hace aptos para el cielo. "Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios" (1 Pedro 3:18). Sólo Él puede darte salvación segura y eterna.
Dr. A. J. Higgens

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Seamos Creyentes Diligentes

Texto: 2 Pedro 1:1-15

    Observamos que la lectura empieza con el nombre del escritor: Simón Pedro, y se identifica como siervo y apóstol de Jesucristo. Escribe a los que han alcanzado una fe igualmente preciosa que la de los apóstoles. Es hermoso y animador saber esto nosotros los que hemos venido al Señor tantísimos años después de los tiempos cuando fue escrito el Nuevo Testamento, que hemos alcanzado una fe igualmente preciosa – no ha perdido nada de su valor y poder.      
    En la primera carta escribió a los de la diáspora, los expatriados, llamándolos elegidos según la presciencia de Dios. Así que, en la primera epístola han sido elegidos. En la segunda han alcanzado esta fe preciosa. Es cierto, hermanos, que Dios elige, pero no es nada caprichoso, sino según Su presciencia. Vamos a dejarlo allí porque Deuteronomio 29:29 dice que las cosas reveladas son nuestras y las ocultas son de Dios.
    La fe viene por el oír (Ro. 10:17), es cierto, pero también en Romanos 12:3 Pablo habla de la medida de fe que Dios ha repartido a cada uno. Así que está el lado humano y la responsabilidad humana, pero también está el lado divino, por el cual podemos alegrarnos.
    En el versículo 2 les desea la multiplicación de la gracia y la paz en el conocimiento de Dios y del Señor Jesucristo. Sólo los que somos creyentes hallamos gracia y paz en este conocimiento, ya que los incrédulos al conocer a Dios conocen Su justicia y Su justa condenación del pecado.
    En el versículo 3 Pedro nos informa que nos ha dado todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad. Estas cosas han sido dadas – son regalos de Dios, no son cosas ganadas ni merecidas por nosotros. Él las ha dado por Su divino poder, lo cual garantiza que las tenemos todas. 2 Timoteo 1:9 dice que Dios nos llamó y nos salvó según el propósito Suyo, “en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”. ¡Cuán grande es la obra que Dios propuso y ha hecho en nosotros! No alcanzamos a entenderla toda, pero la disfrutamos.
    Ahora bien, en el versículo 5 encontramos estas palabras: “vosotros también”, dirigidas a los receptores de la carta y también a nosotros como lectores posteriores. Pasa de hablar de lo que Dios ha hecho, a hablar de lo que debemos hacer nosotros los creyentes. Nos llama a poner toda diligencia. Después de todo lo que Dios en amor y poder ha hecho a favor nuestro, aquí hay algo importante que Él espera que hagamos nosotros. Romanos 12:11 dice que no seamos perezosos en lo que requiere diligencia. No es sabio ni saludable que un creyente sea perezoso, ni espiritualmente ni de otra manera. Aquí Dios demanda de nosotros la diligencia. No podemos crecer sin diligencia, y somos nosotros los que tenemos que añadir y poner lo que indica en los versículos siguientes: virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor. Dios no añade estas cosas – las debemos añadir nosotros. No es cuestión de naturaleza, personalidad, temperamento, cultura ni otras cosas. Todo creyente debe poner toda diligencia para añadir estas cosas a su vida. Así que el Señor nos ha dejado con un buen trabajo personal que nos mantendrá ocupados hasta que Él venga.
    El dominio propio, por ejemplo, es importante porque como Proverbios 16:32 indica, el que tiene dominio de su espíritu es mejor que el que conquista una ciudad. Es tomar las riendas y no dejarse llevar. Es poder controlarse a uno mismo. A Dios le importa esto tanto como las demás cosas en los versículos del 5 al 7. Hermanos, parece que algunos todavía no han aprendido que la responsabilidad del creyente es mucho más que ir a las reuniones y procurar no pecar.  Dios nos equipa y nos manda cultivar la piedad en nuestro carácter y comportamiento cotidiano. Podemos hacerlo porque el versículo 3 ya nos dijo que Dios ha provisto todo lo necesario, con que nadie diga: “no puedo”.
    Pasando al versículo 8 leemos: “Porque si estas cosas están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”. Es una explicación que Pedro da, comienza con “porque”, y a continuación hay dos palabras importantes: “están” y “abundan”.  Puede que estén estas cosas en nosotros pero no abundan y el Señor Jesucristo ha venido para que tengamos vida en abundancia. Lo espiritualmente bueno debe abundar en nosotros, y es nuestro trabajo hacerlo abundar. Por ejemplo, somos llamados a abundar en toda buena obra (2 Co. 9:8), en la conducta que agrada a Dios (1 Ts. 4:1) y en amor fraternal (1 Ts. 4:9-10). Pablo desea que nuestro amor abunde más y más en ciencia y todo conocimiento (Fil. 1:9). Así que, hermanos, hemos de poner mucha atención en la presencia y la abundancia de estas cosas en nosotros que Dios dice que añadamos a nuestra fe.
    En el versículo 10 leemos así: “Hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección”. Habla a creyentes: “hermanos”, y habla de nuestra responsabilidad: “procurad hacer firme”. Es un esfuerzo, una actividad deliberada. No es nada pasivo. Cuando un joven quiere hacer crecer sus músculos, y quiere hacerlos firmes, a lo mejor adquiere unas pesas y comienza a hacer ejercicios físicos y control de dieta y cosas así, porque sabe que así conseguirá el resultado que desea. ¿Por qué no solemos pensar así acerca del crecimiento y la firmeza en las cosas del Señor? Si queremos esta firmeza, hay que hacer más que admirarla, o soñar con ella, hay que esforzarnos, disciplinarnos y regularnos en lo espiritual. Pablo dice a Timoteo: “Ejercítate para la piedad” (1 Ti. 4:7). Pero en las iglesias hay quienes tienen más metas para lo físico o material que para lo espiritual. Se desarrollan cuerpos, mentes, negocios, etc. pero espiritualmente son subdesarrollados, anémicos. En Efesios 4:1 Pablo escribe: “os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados”. Hermanos amados, nosotros como creyentes tenemos vocación cristiana. Es más que tener perdón de pecados y estar esperando ir al cielo un día. El Señor nos ha dado una vocación.
    En Colosenses 3:1 se nos dice que busquemos las cosas de arriba, no las de abajo. Esto es vivir para Dios y glorificarle en todo. Dios nos ha dado una gran vocación. Hagámosla firme – estable, constante. Así no caeremos jamás, y tendremos una amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador. Grande es la obra que Dios ha hecho, salvándonos y haciéndonos partícipes de la naturaleza divina, dándonos todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad. Nos ha equipado completamente para la gran obra que Él nos manda hacer, de añadir a nuestra fe, de cultivar un carácter y un comportamiento que agradan a Dios. Dios hizo muy bien Su parte. Hagamos bien la nuestra, para Su gloria. Amén.

tomado de un estudio dado por J. Álvarez, anciano en la asamblea en Avilés (Asturias)
  
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Consejos de John Newton

Con todos los disturbios políticos en varias partes del mundo, cuán importante es que los creyentes se mantengan al margen de todo eso y se dediquen a predicar el evangelio y hacer discípulos. El Señor nos ha sacado del sistema de este mundo, y no quiere que nos volvamos a meter allí. Citamos nuevamente una carta del piadoso predicador John Newton (compositor del himno “Sublime Gracia”), a un amigo predicador que expresó interés en la política.
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  Apreciado amigo,
      Permíteme decir que oír que un ministro cristiano como usted piensa que merece la pena intentar reformas politicas, me ha causado asombro y preocupación. Cuando veo alrededor mío el estado de la nación, semejante intento me parece nada menos que vano y necio,¡como sería pintar la cabina mientras se hunde el barco!
         Cuando nuestro Señor Jesús estuvo sobre la tierra, Él rehusó meterse en disputas o la política: “¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?” (Lc. 12:14). “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Jn. 18:36). Los hijos de Dios pertenecen a un reino que no es de este mundo; son extranjeros y peregrinos sobre la tierra, y parte de su carácter bíblico es que son “los mansos de la tierra” (Sal. 35:20).
          ¡Satanás tiene muchos artilugios e inventos para divertir y ocupar a la gente, para ocultar de sus pensamientos el verdadero peligro en que están!
         Mi apreciado señor, mi oración a Dios por usted es – que Él le induzca a emplear los talentos que le ha dado para señalar al pecado como la gran causa y origen de todo mal que existe, y para motivar a los que le aman a suspirar y llorar por nuestras abundantes abominaciones, en lugar de malgastar el tiempo en especulaciones políticas por las cuales pocos de ellos son competentes. Anímeles a ponerse en la brecha orando que pueda ser detenida la ira de Dios y prolongada Su misericordia a nuestra nación. Esto, creo yo, es el patriotismo verdadero – la mejor manera en que los ciudadanos privados pueden servir a su patria”.
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    En 2 Samuel 7:3 vemos el consejo incorrecto dado por Natán al rey David: “Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo”. Esa misma noche el Señor habló con Natán y corrigió su error. Vemos que aun un piadoso como David puede tener en el corazón algo que no es la voluntad de Dios. Desea hacerlo, pero no debe. El hecho de que puedas hacer algo no significa que debes. Hay quienes tienen la carisma, las ideas, el dinero y los amigos para organizar una campaña y tal vez ganar. Pero eso no quiere decir que deban, ni pueden demostrar bíblicamente que eso sea la voluntad de Dios. No valen frases como “Dios me dijo” o “Dios me guió”, porque lo que Dios dice está claramente expuesta en Su Palabra, y nunca nos guía en contra de ella. Ni que digan: "La Biblia no lo prohibe", porque la Biblia no prohibe expresamente muchas cosas que no son la voluntad de Dios. En el Salmo 73 son los del mundo los que “logran con creces los antojos del corazón” (v. 7).


 

jueves, 31 de mayo de 2018

EN ESTO PENSAD - junio 2018

¿SON SANAS Y SABIAS  
TUS AMBICIONES?

William MacDonald


viene del nº anterior

Aun otros tienen la noble idea de ayudar a su prójimo, y se dedican a la política, al bienestar social o alguna forma de progreso comunitario. Debe decirse para mérito de ellos, que son los menos egoístas de todos aquellos mencionados, pero aun con todo, sus programas altruistas son deficientes. Porque para ayudar al hombre a resolver los tremendos problemas que enfrenta, debes cambiar su naturaleza. Ninguno de los proyectos políticos y visionarios de esta época pueden hacerlo. Sólo el Evangelio tiene la respuesta. La caridad más sincera es presentar al hombre al Señor Jesucristo.
    Y así podríamos seguir examinando las cosas ordinarias por las cuales el hombre vive, y las encontraríamos indignas de sus más grandes esfuerzos, porque en primer lugar son ineficaces, y en segundo lugar son temporales. Su valor está limitado sólo a esta vida. Nunca pueden completar la visión del cristiano que vive para dos mundos.

"Ninguna vida ha hallado su verdadero significado si no ha tomado en cuenta los dos mundos: la vida presente y la venidera. ¿Es un mérito pensar en la otra vida cuando ya se es viejo? Me gustaría alcanzar a aquellos cuyas cabezas no están canosas, para hacerles reflexionar mientras haya tiempo, para redimir sus vidas de la incredulidad, la vileza, el egoísmo, la restricción y llevarlas a la fe, la justicia y la nobleza, para que consideren que ahora su vida pertenece a dos mundos. Dos mundos: el presente que es tan breve, y el otro que es eterno. ¿Que nos esperará allá? Ésa es la pregunta que convierte lo temporal y transitorio en una consecuencia eterna. Lo que he realizado ahora repercutirá en la eternidad. No podré afrontar el problema de la vida hasta que no me haya dado cuenta de esto".

William Kelly fue un destacado estudiante de la BIblia cuyo conocimiento y espiritualidad le hicieron realmente poderoso para Dios en Gran Bretaña a fines del siglo XIX. El sr. Kelly ayudó a un familiar suyo joven a prepararse para ingresar en el Trinity College en Dublin, y así llamó la atención a los profesores allí. Ellos insistieron en que aceptara un profesorado en la universidad, para darse a conocer de esa manera, pues hubiera sido un gran honor. Cuando Kelly mostró una completa falta de entusiasmo, éstos se quedaron perplejos, y uno le preguntó exasperadamente: "Pero, Sr. Kelly, ¿acaso no le interesa ganar reputación en el mundo?"
    A lo cual Kelly respondió hábilmente: "¿Cuál mundo, caballeros?" Sí,¡eso es! Al considerar nuestras aspiraciones en la vida, la gran pregunta es: "¿Cuál mundo, caballeros?"
    ¿Puede mantenerse firme tu ambición si es examinada a la luz de esta realidad?
del libro Piensa En Tu Futuro
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  Controla Tu Lengua
Leonard Ravenhill


Hasta hace no muchos años sabíamos relativamente poco sobre el cuerpo humano. Después llegó ese invento maravilloso que nos ha salvado de mucha miseria, el aparato que produce rayos-X, que nos ve por dentro. Nos puede enseñar el corazón humano, pero no el espíritu humano. Nos enseña la garganta, pero no la voz, el cerebro, pero no la mente. No obstante, la ciencia médica ha hecho mucho para ayudar a ese “hombre externo” que se va desgastando. Si falla nuestra vista, nos pueden recetar unas gafas. Si fallan nuestros riñones o el corazón, nos pueden transplantar otros. Pero que sepa yo, hay un miembro del cuerpo que nunca ha sido transplantado. Si usáramos nuestros brazos y piernas tanto como usamos este miembro, tendríamos unas agujetas de miedo. Pero ese miembro nunca se cansa, y tampoco lo he visto vendado o escayolado. Cuando llegues a la vejez puede que necesites una dentadura postiza, pero siempre tendrás la misma lengua que tuviste cuando naciste. Entre las maravillas de la medicina moderna hay para brazos y piernas prótesis, pero no existe ninguna lengua artificial.
    Mi madre era bastante sabia acerca de la lengua. Ella “sazonaba” su conversación cotidiana con dichos y refranes como este: “Mantén tu lengua tras las rejas de los dientes”. Los escoceses tienen un par de refranes interesantes también sobre la lengua:  “Guarda cautiva tu lengua y tu cuerpo estará libre”.  “Una lengua larga acorta las amistades”. Mi madre solía decir: “Acuérdate que un día tendrás que responder a Dios por cada palabra que dices”.
    La Biblia menciona muchos tipos de lenguas. Entre ellas están la lengua lisonjera (Sal. 5:9), la lengua jactanciosa (Sal. 12:3), la lengua mentirosa (Sal. 109:2; Pr. 6:17), la lengua fraudulenta (Sal. 120:2), la lengua perversa (Pr. 10:31; 17:20), la lengua apacible (Pr.15:4), la lengua como medicina (Pr. 12:18), la lengua detractora (Pr. 17:4; 25:23), la lengua de vejación y maldad (Sal. 10:7), la lengua blanda (Pr. 25:15), y la lengua falsa (Pr. 26:28). Santiago también habla acerca de la lengua. Dice que es un miembro pequeño, pero que se jacta de grandes cosas. La llama un fuego, un mundo de maldad, y dice que ningún hombre puede domarla. Es salvaje, indomable y llena del veneno de la maldad. La misma lengua es empleada para bendecir a Dios y para maldecir a los hombres. Pero Santiago dice que “si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto...” (Stg. 3:2-10).
    Me pregunto si Santiago se sorprendería o no, si pudiera ver cuánto el hombre ha conseguido “conquistar” hoy día. Ha logrado meter a unos en unas naves grandes y, dotados de ordenadores, lanzarlos al espacio. Y a otros hombres los hemos metido en submarinos que después han ido por meses sin subir de lo profundo del mar. El hombre ha dejado sus huellas tanto en la luna como en el suelo del océano. Menudos chismes hemos lanzado al espacio como satélites que hacen botar nuestras voces de un lado del planeta al otro. Mira cómo hemos “domesticado” al viento con molinos y a los ríos con presas y centrales para producirnos la electricidad. ¡Qué poder increíble tiene el hombre sobre su mundo! Pero, aun con todo, el hombre no sabe conquistar su lengua.
 continuará, d.v.
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  El Retrato Fiel


Un hombre que tenía un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de arte. Un día visitó un museo con algunos amigos. Se le olvidaron las gafas en su casa y no podía ver los cuadros con claridad. Pero eso no lo detuvo de dar sus fuertes opiniones. Tan pronto entraron a la galería comenzó a criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo: “El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre está vestido de una forma muy ordinaria y andrajosa. En realidad el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato. Es una falta de respeto”.
    El hombre siguió su parloteo sin parar hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó discretamente para decirle en voz baja: “Querido, ¡¡¡estás mirando un espejo!!!”
    Al leer la Palabra de Dios, recordemos que ella es como un espejo divino, que nos enseña cosas acerca de nosotros mismos que de otra manera no podemos ver. Pero es más que espejo, porque un espejo ordinario sólo refleja, mientras que el espejo de la Palabra de Dios también nos aconseja para vida eterna, y si hacemos caso, será para nuestra bendición. (Lee Stg. 1:23-25)
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 ¿FIEL?

Si tu automóvil arrancara sólo siete de cada diez veces, ¿lo considerarías fiel? Si el  cartero trajera el correo sólo tres de cada cinco días debidos, ¿le llamarías fiel? ¿Tendrías por fiel a un empleado que de cada mes falta diez? Sería fiel tu calentador de agua si dos días a la semana sólo te diera agua fría? Y el fármaco, ¿sería fiel si llenara la receta correctamente tres veces de cada cuatro?
    Muchos de nosotros no estaríamos nada contentos con esta clase de servicio de nuestro automóvil, cartero, empleado, calentador de agua o fármaco. Y tendríamos razón. Pero, ¿cómo podemos pensar que el Señor se agrada de nosotros cuando fallamos o somos irregulares? "Grande Es Tu Fidelidad" le cantamos, pero ¿qué diría Él de nosotros? El Salmo 12:1 lamenta la desaparición de los fieles.
    ¿Lees la Palabra y oras diariamente? ¿Testificas y evangelizas personalmente? ¿Te congregas fielmente? (He. 10:25). ¿Cumples tus responsabilidades en el trabajo, el hogar y la congregación? ¿Hermano, hermana, ¿cuán fiel eres? ¿Puede el Señor y los Suyos depender de ti?
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 AVISO A LOS ESCARNECEDORES
“Ciertamente él escarnecerá a los escarnecedores, y a los humildes dará gracia”. Proverbios 3:34

Hoy más que nunca el mundo está lleno de escarnecedores: los que se burlan de la fe cristiana, de la Biblia, de la santidad, de Cristo y de Su venida prometida. Y parece que prosperan, les van bien las cosas, están contentos con su forma de vivir, el castigo divino no les abate y aumenta cada vez más su número.
    Pero no nos engañemos; sus días están contados. Ésta su prosperidad es momentánea, y su tranquilidad falsa, sólo el silencio que precede a la tormenta. Vendrá un día de horror para ellos, el día en que el Dios de los cielos, a quien han escarnecido, les escarnecerá a ellos. En su día ellos se rieron de Dios, y las cosas de Dios, pero en ese día retumbará en sus oídos la risa del Altísimo. “El Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira” (Salmo 2:4-5). Será terrible y aterrador el momento.
    Será una sorpresa para algunos saber que Jesucristo puede escarnecer, Aquel a quien pintan con rostro de mujer y mirada mansa y triste. Pero cuando Cristo el Señor venga de nuevo a este mundo, no será con mansedumbre, ni nadie le asociará con esos cuadros afeminados. Será el Fuerte y Valiente, y Su rostro vendrá encendido con llamas de fuego devorador; Sus labios llenos de ira y Su lengua como fuego que consume (Isaías 30:27). Pues “tal como no hay nada tan inflamable como esa suave sustancia, el aceite, así mismo no hay nada tan furioso como ese manso Salvador, cuando venga a ser Juez. Más feroz que el león sobre la presa es el amor divino rechazado. Desprecia a Cristo en la cruz, y será cosa terrible ser juzgado por Cristo en el trono”.
    Así que tomad aviso, escarnecedores de hoy, no sea que en el día de mañana seáis vosotros los escarnecidos. “Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino, pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían” (Salmo 2:12).
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¿DEBEMOS PAGAR A UN PASTOR?
(o dar un sueldo a los ancianos/obreros)

William MacDonald

En la mayoría de las profesiones, un salario es el método adecuado de pago. Pero hay peligros especiales asociados con ello para los que ministran la Palabra de Dios.
    No cabe duda de que por esto la idea de un ministerio asalariado es ajena al Nuevo Testamento. El Señor Jesús enseñaba claramente que “el obrero es digno de su salario” (Lc. 10:7), y el apóstol Pablo confirmó que “los que anuncian el evangelio vivan...del evangelio” (1 Co. 9:14), pero esto no sugiere que tales hombres debieran recibir una cantidad estipulada cada mes.
    Uno de los problemas potenciales es que los que controlan el salario, también pueden controlar la predicación. No siempre sucede que los que pagan mandan, pero ha ocurrido muchas veces y aún es posible. Los que controlan las finanzas podrían ser carnales como cabras, y podrían suprimir directa o indirectamente cualquier clase de predicación que no les gusta.
    También es verdad que los que pagan el salario pueden demandar ciertas metas en el ministerio. Por ejemplo, podrían demandar un aumento en el número de miembros de la iglesia, bien por conversiones o bien por transferencias de otras iglesias. Esto podría poner una presión sutil sobre el siervo del Señor para que baje el listón para aumentar la estadística. No está en su poder producir verdaderas conversiones: es Dios que da el crecimiento. Pero podría producir profesiones superficiales que aparecen bien en el informe anual. También podría hablar suavemente en asuntos de disciplina para no perder a nadie.
    Aparte de la presión de los demás, el predicador asalariado está tentado a suavizar la verdad para no ofender a su congregación. Si la gente es rica, puede que el predicador descarte la idea de predicar sobre temas tales como: “No os hagáis tesoros en la tierra” (Mt. 6:19), o “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo...” (1 Ti. 6:17). El predicador debe ser el siervo del Señor, libre para declarar todo el consejo de Dios, libre para ser portavoz de Dios, libre para hablar como oráculo de Dios. Cualquier cosa que impida esto es una gran tragedia para la obra del Señor.
    En tiempos de dejadez y apostasía, a menudo hay una tendencia en los predicadores de inclinarse a favor de los que controlan las finanzas, en lugar de estar firme sobre las grandes doctrinas de la fe. David O. Beale escribe sobre cierta denominación que ahora está carcomida con liberalismo y apostasía:

“Hay un chiste que los pastores cuentan cada año en la reunión. ‘Si la denominación se divide, ¡yo iré con los que controlan las nóminas!’ El comité de finanzas aparece ser el cemento del imperio”.

    Las consideraciones económicas tienen una tendencia poderosa de tomar prioridad sobre la Palabra de Dios.
    Un salario fijo o estipulado muy posiblemente puede debilitar la vida de fe. El siervo del Señor debe ser ejemplo a los demás de andar por fe y no por vista. Su vida debe ser una crisis perpetua de dependencia en el Señor. G. H. Lang dio su testimonio:

“He vivido y trabajado en feliz comunión con obreros en el evangelio en muchos países a lo largo de cincuenta años, y estoy satisfecho y convencido de que unos ingresos garantizados o regulares como un salario u otro arreglo no llamado así, es una pérdida espiritual, no ganancia, porque elimina la fe directa y constante en Dios en cuanto a la suplencia de necesidades temporales”.1

    En el mundo eclesial, no es raro que los hombres llamados “pastores” busquen salarios más grandes. Toman equivocadamente una mejora material como llamamiento y dirección de Dios. Es demasiado fácil concluir que la oferta de un salario atractivo es indicación de la voluntad de Dios.
    En la economía del Antiguo Testamento, el siervo tenía doble el valor de un jornalero (Dt. 15:18). En otras palabras, el que trabajaba porque pertenecía a su amo valía más que el que trabajaba por lo que ganaba a cambio. ¿Tiene esto un mensaje para nosotros?
    Por supuesto, surge la pregunta: “Si no es por un salario, ¿cómo debe ser sostenido el siervo del Señor?”
    En primer lugar, tal hombre debe tener confianza absoluta de que el Señor le ha llamado a servir a tiempo completo. Esto no puede enfatizarse demasiado. Además, no sólo él tiene que estar seguro, sino que también debe tener la convicción y confianza de sus consejeros espirituales, de que ha recibido el llamamiento del Señor. Él sólo no es quien decide, ni se debe auto encomendar o auto enviar a la obra. Aunque piense que tiene fe, coraje o compromiso, después de todo, ningún hombre es juez adecuado de su propio don.
    En segundo lugar, debe estar completamente seguro de que, como dijo Hudson Taylor: “El Señor paga lo que pide”. Entonces, puede ir adelante sin medios visibles de apoyo, pero con la confianza inquebrantable de que el Señor proveerá sus necesidades según Sus riquezas en gloria por Cristo Jesús. Esto ciertamente debe ser suficiente.
    Pero, ¿cómo hará Dios esto? Lo hará mediante Su pueblo. Alguien ha descrito el proceso de la siguiente manera:

“Dios puede poner una idea en la mente de alguien. Puede causar que alguien sienta una ‘convicción’ o ‘impulso’ a hacer algo. Así que, cuando oramos a Dios pidiendo cierta cantidad de dinero (sin dejar a nadie más saberlo), Él puede hacer a una persona tomar su talonario y enviar toda la cantidad en un cheque, o bien puede emplear una docena de personas para enviar varias partes de la cantidad, haciendo llegar el total exacto. Puede que no creas esto, pero estoy diciendo que cuando hablo de orar por dinero, esto es lo que quiero decir”.

    Esta es la parte estimulante de la vida de fe: el ver los ingresos aumentar cuando aumentan las necesidades, y por otra parte, verlos menguar cuando las necesidades no son tantas. Mientras que esté haciendo la obra del Señor, sé que Él proveerá, sin necesidad de publicar o anunciar yo mis necesidades. Si estoy sirviendo según mi propia sabiduría, no puedo esperar que Él pague algo que no ha pedido. Ray Williams escribió en la revista Echoes:

“Creo que éste es el camino. Si no fuera así, ¿cómo podríamos estar confiados de Su dirección? Si yo digo a mí mismo: ‘quiero hacer esto’, y a mis amigos: ‘¿podéis proveer finanzas para hacer esto?’, puede que yo desee hacerlo y que mis amigos deseen ayudarme, pero no sabré si es la voluntad del Señor o no. Si sólo lo dijera al Señor, y las finanzas comenzaran a aparecer para hacerlo sin que nadie más lo sepa, entonces sé que es la voluntad del Señor para mí”.2

    Consideremos el testimonio de Silas Fox:

“En el año 1926, convencido de que me sería mejor mirar directamente al Señor para mi sostenimiento, y así estar más libre para atender a asuntos espirituales, me lancé con mi esposa y cinco hijos. Para la gloria de Dios, después de un cuarto de siglo, puedo dar testimonio de que, sin ninguna misión para sostenerme, y sin secretario de finanzas para publicar nuestras necesidades en nuestro país, sin apelar a nadie, sin tomar ofrendas especiales y sin tener mi nombre en ninguna lista, el Señor en gracia maravillosa ha suplido fielmente nuestras necesidades durante todos estos veinticinco años. Le alabamos y así damos testimonio acerca de Él”.3

    Finalmente, Dan Crawford añade estas palabras:

“Un amigo de una sociedad misionera me amonestaba y exhortaba porque estoy casado y no reclamo un salario fijo. Su idea era tener algo seguro. Fue entonces que Dios me habló por Su Palabra. Lo que resolvió el asunto para mí, dejando claro que lo único que hacer es tener fe en Dios, fue la siguiente verdad de la Palabra de Dios: ‘...es por fe...a fin de que la promesa sea firme’ [Ro. 4:16]. ¡La única cosa segura es la fe!”4


Notas

1 Anthony Norris Groves, pág. 66.
2 Echoes Magazine, Febrero 1984, pág. 75.
3 The White Fox of Andhra (“El Fox Blanco de Andhra”), Donald S. Fox, pág. 153.
4 Assembly Annals Magazine, Junio, 1959. 

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 Recuerda el dicho: "El que paga manda", y no recibas salario de ningún hombre para la obra del Señor, si no quieres ser controlado por hombres. Si quisieren comprometerse contigo, mejor sería decirles que se comprometan sólo con Dios, no contigo. El siervo de Dios debe estar libre de todo hilo de control humano.

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La Levadura Calvinista
Habiendo observado recientemente el gran interés de algunos en las predicaciones de hombres como el sr. Paul Washer y su organización “Heartcry”, me dirigí a sus páginas en internet para ver quién es él, con quiénes colabora, y cuáles son sus creencias y prácticas. Por lo visto tienen gran celo de predicar el evangelio y establecer iglesias en diferentes países, y eso es aplaudible. Es de apreciar que uno predique con tanto fervor y sincero deseo de glorificar a Dios y ver vidas cambiadas. Estoy seguro de que es un señor amable y todo un caballero.
    Pero, es alarmante ver que en sus creencias expuestas allí, sigue una linea calvinista y también denominacional de los bautistas del sur. Es preocupante que en las que se reúnen al Nombre del Señor Jesucristo en diferentes lugares en Hispanoamérica hay bastantes jóvenes que le siguen como adheridos, y no sólo a él sino a maestros como John MacArthur, R.C. Sproul, John Piper, y otros maestros del mismo corte. Ellos no ministran en las asambleas, pero sus libros y predicaciones están disponibles en internet.
    Ya que su influencia aparece en las asambleas por esos medios, conviene  hacer unas observaciones y  comentarios, en el espíritu de 1 Corintios 14:29 “...los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen”. Es nuestro deber bíblico, porque la Palabra manda: “Examinadlo todo, retened lo bueno” (1 Ts. 5:21).
    Los predicadores citados promueven el calvinismo y otras enseñanzas de la teología reformada. Quizás algunos de nuestros hermanos no se han dado cuenta de que esas enseñanzas se hallan contradiciendo la Biblia en muchos puntos.  Por ejemplo:

    Erróneas doctrinas calvinistas 
Fueron formalizadas en el sinodo de Dort en 1618-1619 en Dordrecht, Holanda. Más tarde (1643-1649) se produjo desde la Abadía de Westminster, Londres, La Confesión de Fe de Westminster, que según un autor calvinista "representa la culminación o perfección de la "Fe Reformada". Así que, nuestros amigos no pueden decidir ni modificar las creencias del calvinismo ya que es algo muy bien establecido y documentado desde hace mucho tiempo.
    · La depravación total: cree que todo ser humano está tan arruinado por el pecado que no puede creer.
    · La elección incondicional: cree que Dios elige a algunos para ser salvos.
    · La expiación limitada: que según ellos Cristo no murió por todos, sino sólo por los escogidos.
    · La gracia irresistible: que a esos pocos que Dios ama, Él los atrae y salva irresistiblemente.
    · La perseverancia de los santos: que hay que permanecer fieles y santos siempre para ser salvos.

Además de los Cánones formalizados en Dordrecht, los calvinistas afirman lo siguiente:
    · Fe: alegan erróneamente que la fe es un don del Espíritu Santo sólo dado a los escogidos, y no una responsabilidad humana.
    · La regeneración: enseñan que Dios regenera al incrédulo para que luego crea. O sea, son incrédulos regenerados. Para ellos la vida viene antes de la fe, no cuando uno crea.
       
    Esos maestros siguen las pautas de las enseñanzas de la Reforma, que traen todavía más problemas,  ya que su interpretación bíblica no es correcta en muchos puntos. Es necesario leer más la Biblia que los libros teológicos para darse cuenta de eso.   
    Otro problema es la forma en que se congregan, porque su linea es denominacional, no bíblica. MacArthur y Piper son pastores de iglesias bautistas reformadas. Washer es de las iglesias bautistas del sur (Southern Baptist) y su web dice que sigue las confesiones bautistas en el Reino Unido. R.C.Sproul es pastor de una iglesia presbiteriana. Tales denominaciones usan de pastores asalariados con formación y títulos profesionales, y practican la división no bíblica entre el clero y el laico. El Nuevo Testamento no enseña tales cosas, y el patrón bíblico ahí expuesto ha sido bien señalado y enseñado en las asambleas por muchos años. Nos extraña que hermanos nuestros desconozcan o no aprecien la importancia del patrón neotestamentario.
    Además, la teología reformada, que es en el fondo el catolicismo romano reformado, tiene muchos otros errores y problemas en sus enseñanzas. Confunden a Israel y la Iglesia, alegando que la Iglesia es la continuación o el reemplazo de Israel. Eso junto con su interpretación alegórica de las profecías del Antiguo Testamento conduce a la confusión respecto a temas proféticos tales como el arrebatamiento, la Tribulación, el futuro de la nación de Israel y el reino milenario de Cristo. Entre los de la reforma hay quienes creen incluso que la oración interfiere con la soberanía de Dios. También los calvinistas confunden el propósito de la ley de Moisés y rechazan la idea de que el creyente esté libre de la ley, llamándolo antinomismo. Rechazan la enseñanza de la seguridad de la salvación del creyente y la certidumbre de la salvación, alegando que tales enseñanzas conducen al desenfreno y la carnalidad. Los reformadores modernos como MacArthur y Sproul niegan claramente las dos naturalezas del creyente y se retuercen para explicar cómo es que el creyente puede pecar si no tiene una antigua naturaleza. Además de todo eso, alegan que no sólo somos salvos por la muerte del Señor Jesucristo, sino también por los méritos de toda Su vida y obediencia antes del Calvario. Así que, amados, es peligroso alimentarse de las enseñanzas de esos hombres.
    Como bien decía el hermano William MacDonald, el diablo utiliza un litro de verdad para meter un mililitro de veneno, para que pase desapercibido. No podemos recomendar la lectura de sus libros ni el escuche de sus enseñanzas en internet, youtube, etc. “Compra la verdad y no la vendas” es el consejo bíblico (Pr. 23:23). “Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas que te hacen divagar de las razones de sabiduría” (Pr. 19:27)
    Así que, conviene recordar las palabras de nuestro Señor Jesucristo y en particular dos exhortaciones Suyas con respecto de lo que oímos. “Mirad lo que oís” (Mr. 4:24) se refiere al contenido. William MacDonald comenta: “El Señor Jesús nos amonesta a que seamos cuidadosos con lo que oímos. Somos responsables de controlar lo que entra a través de la puerta del oído”. La Palabra de Dios es nuestra defensa contra todas las enseñanzas que circulan, pero para eso tenemos que leer la Biblia siempre, toda ella, y conocerla más que los escritos de hombres. Todo tiene que ser juzgado a la luz de ella. Si no leemos y conocemos toda la Biblia, si no la estudiamos, estamos en peligro de ser convencidos por argumentos de hombres que la utilizan mal. Aun las sectas pueden citar algún versículo que aparentemente apoya sus ideas. Luego el Señor dijo: “Mirad, pues, cómo oís” (Lc. 8:18), y con eso nos insta a ser oidores atentos, diligentes y obedientes (He. 2:1) a lo que dice Dios. Creamos a Dios antes que a los hombres, quienesquiera que sean.
    Animamos a todo hermano que se cuide de dejarse llevar por las enseñanzas de esos hombres cuya doctrina y práctica no son correctas. Puede que sus libros abunden en librerías cristianas, y sus canales en YouTube sean de mucha popularidad, pero el hecho de tener éxito o popularidad no es prueba de que estén haciendo bien y bíblicamente las cosas. Debemos recordar que aun cuando Moisés desobedeció al Señor y golpeó la roca, salió agua para el pueblo, pero luego el siervo fue castigado por su mal proceder (Nm. 20:7-12).
    La Palabra de Dios nos advierte acerca de la levadura doctrinal. Uno de los principales problemas con la levadura es: “un poco de levadura leuda toda la masa” (1 Co. 5:6; Gá. 5:9, véase también Lc. 13:21), por lo que no hay que admitirla ni en pequeñas cantidades. En Mateo 16:6, 11-12 la levadura representa la mala doctrina de los fariseos y saduceos, y en Gálatas 5:9 la mala doctrina de los judaizantes. Una vez introducida, la única cosa que la levadura necesita es tiempo, para hacer su trabajo y leudar toda la masa. La levadura trabaja silenciosamente y sin parar. Tememos que algunos hermanos amados han sido demasiado permisivos con la levadura calvinista, y ahora costará trabajo y dolor rectificar eso y limpiar las asambleas. Pero está claro, que cualquier doctrina que no sea fiel a la fe una vez dada a los santos (Judas 3) es levadura, y no debe ser admitida. Los que la traen no deben tener ministerio, sean quienes sean.
    Esto va mucho más allá del asunto de los señores arriba nombrados. En las asambleas ya se ha permitido que hombres extranjeros y luego los propios obreros nacionales prediquen esa clase de cosa. Se ha admitido la levadura doctrinal. Tristemente, los hermanos responsables en esas asambleas son culpables de leudar a las iglesias porque permiten la entrada de libros y predicadores que traen esas doctrinas. Tal vez les da pena rehusarles el ministerio porque ven que son populares entre los jóvenes y no quieren desagradarlos. También puede ser porque los que vienen de fuera suelen traer ofrendas sustanciosas, y si les rehusan el ministerio ya no entrarán esos fondos, de los cuales algunos han sacado mucho provecho. Cuando esto pasa, se han dejado comprar, y han vendido la verdad a precio de beneficios económicos. Recordemos: “Compra la verdad, y no la vendas” (Pr. 23:23).  Si los hermanos que deben cuidar de la iglesia de Dios se relajan y permiten la entrada de levadura, ¡qué triste es esto! Serán culpables de vender la verdad, permitir la levadura, y de poner tropiezo ante los hermanos, siendo cómplices de los que meten error en las asambleas y las desvían de la sana doctrina y práctica. Las bendiciones económicas que traen los hombres acompañados de mala doctrina no son bendiciones de Dios, sino más bien parte del plan del enemigo para leudar a la iglesia. ¡Seamos sabios, fieles y valientes a cualquier precio!

Carlos Tomás Knott





lunes, 30 de abril de 2018

EN ESTO PENSAD - mayo 2018

El Coro De Alabanza Universal

Texto: Salmo 103:19-22

Muchas veces meditamos sobre la primera parte de este hermoso salmo, y con razón, porque habla de la misericordia y el perdón de nuestro Dios. Pero la última parte del salmo también es importante, como hemos de ver. Queremos que Dios nos bendiga, y está bien, pero ¿queremos bendecirle? “Bendecir” no quiere decir darle bendiciones, sino "bien-decir" – eso es, hablar bien de Él. Es parte de la adoración – no es enseñanza, ni exhortación, ni "compartir", ni cantar himnos porque son nuestros favoritos, sino estar completamente ocupado con Dios, y hablar bien de Él, como por ejemplo vemos en Apocalipsis 4 y 5. Es una ocupación sublime del corazón y los labios humanos. Casi constantemente pedimos, pero ¿le bendecimos?
    El versículo 19 declara un principio. Hay alguien que gobierna el universo entero. “Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos”. Nunca ha habido otro trono en los cielos sino el de nuestro Dios. Y su dominio no es cuestión de votación, referendum, aceptación popular ni nada así. No necesita permiso de nadie, ya que Él es Dios y Creador de todo.
    El versículo 20 llama a los ángeles a expresarse: “Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, obedeciendo a la voz de su precepto”. Los ángeles son espíritus que sirven a Dios. Él los hizo poderosos en fortaleza, no para formar ligas y equipos competetivos, ni para ganar torneos y trofeos, sino para servirle. ¿Cómo sirven? “Que ejecutáis su palabra”. Son ejecutivos todos, porque ponen por obra la Palabra de Dios. Son hacedores, no sólo oidores (Stg. 1:22). La siguiente frase dice: “obedeciendo a la voz de Su precepto”. Con lo grandes y fuertes que son, y poseyendo poderes que nosotros no, esos ángeles obedecen. Y los ángeles son llamados a bendecir a Dios. ¡Qué no podrían decir ésos que contemplan Su gloria y hermosura, y viven en santidad! En los siglos que llevan con Dios, viendo Su gloria, oyendo Su voz, observando Su gran poder en la creación y Su sabiduría en todos Sus tratos con nosotros, los ángeles tendrán mucho que decir. En Apocalipsis 5:11-12 Juan escuchó "la voz de muchos ángeles" unidas a las voces de los seres vivientes y los ancianos, adorando y alabando al Cordero.
    El siguiente versículo del Salmo 103 exclama: “Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos, que hacéis su voluntad”. Esto seguramente incluye a los ángeles y todo otro ser en las huestes celestiales (véase Sal. 148:1-2). Aquí enfatiza que son “ministros suyos”. Viven para servirle y hacen Su voluntad. No hay conflicto de voluntades, como con nosotros.  ¡Qué victoria es cuando aprendemos a decir sinceramente: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. Nuestro Señor quiere que imitemos a esos ejércitos, porque en Mateo 6:10 nos enseña a orar así: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”.  Esos ejércitos bendicen a Dios, y ¡que voz es la suya, porque es la voz de Sus siervos obedientes que estiman a Dios y Su voluntad por encima de todo. Isaías 29:13 acusa a Israel de honrarle con su boca y labios, “pero su corazón está lejos de mí”.  Es verdaderamente hermosa la bendición, alabanza y adoración que surge de los que conocen y obedecen a Dios de corazón.
    El versículo 22 continúa así: “Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su señorío”. Toda la creación es lugar de Su señorío, hasta el rincón más distante del universo. El señorío de Dios, de Cristo, no es tema de debate porque Dios declara que es universal. No es una filosofía o teoría, sino una realidad. El Salmo 19:1-2 declara: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría”. En el Salmo 148:3-10 leemos: “Alabadle, sol y luna; Alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas. Alabadle, cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos. Alaben el nombre de Jehová; porque él mandó, y fueron creados...Alabad a Jehová desde la tierra, los monstruos marinos y todos los abismos; el fuego y el granizo, la nieve y el vapor, el viento de tempestad que ejecuta su palabra; los montes y todos los collados, el árbol de fruto y todos los cedros; la bestia y todo animal, reptiles y volátiles”. Es enorme ese coro de todas sus obras, que alaban y bendicen a Dios, y un día pronto lo escucharemos.
    Pero el salmista no lo deja así. La última frase del Salmo 103 es: “Bendice, alma mía, a Jehová”. Se apunta al coro, no se queda de espectador. Se habla y se anima: “alma mía”. A veces tenemos que hacer esto, hablarnos, animarnos, exhortarnos: “Bendice...a Jehova”. Si todo el cielo y la tierra le bendice y alaba, no nos quedemos callados. Tenemos más motivos, porque Él nos ha redimido con la sangre preciosa del Cordero de Dios. Nos ha dado vida, estando nosotros muertos en delitos y pecados. Nos ha hecho Sus hijos, nos ha dado Su Espíritu Santo, Su Palabra, la comunión de los santos, preciosas y grandísimas promesas, y tanto más. Tenemos motivos sobrados. Pensemos en Él. Hablemos de Él. “Bendecid a Jehová” dice el texto. ¿Te apuntas?

    “En medio de las alabanzas de Su creación,
      Que se escuche mi voz también”.
 Carlos
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             ¿SON SANAS Y SABIAS                 
TUS AMBICIONES?
¿Qué es una ambición digna para la vida? ¿Qué tipo de carrera resultará ser la más recompensadora cinco minutos después de nuestra muerte? ¿Cuál es la mejor forma de invertir nuestro tiempo, nuestros talentos, y nuestros bienes?
    ¿Estaremos de acuerdo en que el "hacerse rico" no es una meta conveniente para un cristiano?

    1. En primer lugar, el Señor mismo lo prohibe claramente (Mt. 6:19), y por lo tanto, es tan incorrecto como la inmoralidad y el homicidio.
    2. En segundo lugar, la abundancia material es un gran impedimento en los asuntos espirituales (Mr. 10:23-24).
    3. Las riquezas son engañosas (Mr. 4:19); parecen reales, pero se desvanecen rápida y repentinamente.
    4. El Señor Jesús, nuestro ejemplo, fue un hombre pobre (2 Co. 8:9). Él dijo constantemente que el siervo no es más que su señor (Mt. 10:24-25).
    5. Las riquezas no pueden ser llevadas al cielo (2 Co. 4:18).
    6. Hay un verdadero problema moral en cuanto a cómo un cristiano puede seguir siendo rico cuando ve toda la pobreza y necesidad del mundo a su alrededor.
    Hace algunos años, apareció el siguiente artículo en un periódico de Ontario:
     John Livingstone de Listowel fue en su muerte el hombre más rico en el Condado de Perth, Ontario. Sus propiedades estaban valoradas en $500.000. Además de esto, su vida estaba asegurada por $500.000. Él fue hermano de David Livingstone, el famoso misionero explorador escocés.
    En los años de su juventud en su hogar en Escocia, estos dos muchachos hicieron grandes elecciones para sus vidas. Juan dijo: "Me voy a Canadá para hacer mi fortuna". ¡Y lo hizo! David entregó su vida al Salvador, el Señor Jesucristo, y la dedicó a la gran labor de penetrar en el África para ganar a sus habitantes con el Evangelio. En la opinion del mundo, Juan fue un hombre sabio y David un necio. Pero el punto de vista mundanal es sumamente miope. Aun cuando Juan alcanzó éxito en los negocios y acumuló grandes riquezas, y David sepultó su vida en África y murió allí de rodillas en una cabaña solitaria, el resultado después de cincuenta o setenta y cinco años es que el nombre de Juan casi ha desaparecido de la tierra, mientras que el de David Livingstone es fragante donde sea que el Evangelio es conocido alrededor del mundo.
    Pero la búsqueda de las riquezas no es la única gran tentación. Otra fuerte atracción del hombre es la prominencia personal. Los hombres desean ser alguien, alcanzar renombre, llegar a ser ilustres.
    Algunos buscan esta gloria en los negocios o en la carrera profesional. Dan lo mejor de sí en estas áreas. Ellos adoran en el altar del comercio o la ciencia. Luchan incansablemente por el éxito en los campos que han elegido, mientras que la voz de Dios les dice: "¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques" (Jer. 45:5).
    Algunos buscan distinción en el campo del atletismo. Entrenan rigurosamente bajo la disciplina más rígida. Hacen sacrificios con el fin de alcanzar proezas. Luego en la carrera del certamen utilizan todos sus músculos para ganar el premio. Pero las Sagradas Escrituras declaran que Dios "ni se complace en la agilidad del hombre" (Sal. 147:10). Él no es un devoto de los deportes, porque las ventajas del ejercicio corporal sólo son para esta vida, pero la piedad afecta la eternidad así como el tiempo presente (1 Ti. 4:8).
    Otros buscan distinción especializándose en algún área del conocimiento, ya sea filosofía, historia, música, etc. Pero es una indecible tragedia ver a los cristianos gastando sus vidas en la preparación para convertirse en expertos en cosas que en el cielo serán de poco o ningún valor.

William MacDonald, del libro Piensa En Tu Futuro
continuará, d.v. 

"Mi corazón al mundo no quiero dar, y luego de tu amor hablar.
No quiero, sintiendo mis fuerzas desaparacer,
entonces tu servicio emprender".

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Análisis: perfecto 
Paciente: muerto

“Salieron perfectos los análisis, pero murió el paciente”. Este fue el triste relato de un amigo no hace mucho. Un pariente suyo sufrió todos los primeros síntomas de un ataque cardíaco. Varios médicos le atendieron, y le hicieron realizar un análisis completo, como es costumbre en tales casos. Después de un tiempo en observación, lo mandaron a casa a esperar los resultados.
    A las cuatro de la tarde en punto el mensajero del laboratorio llamó a la puerte de la casa con los informes en la mano. ¡Buena noticia! Fulano no tenía ninguna de las enfermedades sospechadas. Sin embargo, el médico que recibió el informe del laboratorio tuvo que decirle al mensajero que el paciente había muerto un minuto antes. En la constancia oficial de los médicos tuvieron que escribir: “Murió de una enferemedad desconocida”.
    ¿Quién sabe? Tal vez era simplemente caso de una enfermedad nueva o de una rara combinación de síntomas. Los médicos procedieron sobre la base de sus conocimientos profesionales, los últimos de la ciencia moderna, pero ya que no se conoce todo, de vez en cuando fallará algún diagnóstico.
    La humanidad, medida por sus propias normas, no está enferma. Claro, confiesa que tiene problemas menores, cositas que dentro de poco van a encontrar su solución en la ciencia, la educación o la justa distribución de las riquezas. Pero esto es falso, y el paciente va a morir a menos que haga caso a tiempo al laboratorio divino.
    Dios a veces emplea la figura de la enfermedad para ilustrar y ayudarnos a entender nuestro verdadero problema, el pecado. Pero el pecado no es una enfermedad sino un crimen contra Dios (lea detenidamente Romanos 1:18-32) y somos todos culpables. Dice que el malestar humano es básicamente espiritual, y nos indica dónde está el problema: en nuestro corazón. En Marcos 7:20-23 el Señor Jesús termina declarando: “Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (v. 23). La religión, la filosofía, y la ciencia son inútiles para curarnos. La única cura está en la salvación que Cristo ofrece al individuo. “En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Él puede perdonarnos, limpiarnos y darnos vida nueva. El análisis es perfecto y verdadero, y ha llegado a tiempo. Amigo, responde a tiempo y serás salvo.

 
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CRISTO EN LA BARCA
C. H. MacKintosh
Christ in the storm on the sea of Galilee, por Ludolf Backhuysen, 1695
En el momento de extremo peligro o de angustiosa necesidad en la vida del hombre es el momento oportuno para Dios. Éste es un dicho muy familiar en el mundo de habla inglesa, que citamos a menudo y que, sin ninguna duda, creemos plenamente; y, sin embargo, cuando a nosotros mismos nos toca pasar por un momento crítico, cuando nos vemos enredados en un gran aprieto, a menudo estamos poco dispuestos a contar únicamente con la oportunidad de Dios. Una cosa es exponer una verdad o escucharla, y muy otra realizar el poder de esa verdad. No es lo mismo hablar de la capacidad de Dios para guardarnos de la tempestad cuando navegamos sobre un mar en reposo, que poner a prueba esa misma capacidad cuando realmente se desata la tempestad a nuestro alrededor. Sin embargo, Dios es siempre el mismo. En la tempestad o en la calma, en la enfermedad o en la salud, en las necesidades o en las circunstancias favorables, en la pobreza o en la abundancia, Él es "el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (He. 13:8); Él es la misma gran realidad sobre la cual la fe puede apoyarse y de la cual puede echar mano en cualquier tiempo y circunstancia.
    Lamentablemente, ¡somos incrédulos!, y ésta es la causa de nuestras flaquezas y caídas. Nos hallamos perplejos y agitados cuando deberíamos estar tranquilos y confiados; buscamos socorro de todos lados cuando deberíamos contar con Dios; hacemos señas a los compañeros en lugar de poner los ojos en Jesús. Y de este modo, sufrimos una gran pérdida al mismo tiempo que deshonramos al Señor en nuestros caminos. Pocas cosas habrá, sin duda, por las que debamos humillarnos más profundamente que por nuestra tendencia a no confiar en el Señor cuando surgen las dificultades y las pruebas; y seguramente afligimos Su corazón al no confiar en Él, pues la desconfianza hiere siempre a un corazón que ama.
    Veamos, por ejemplo, la escena entre José y sus hermanos en el capítulo 50 de Génesis: "Viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos. Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo: Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban" (vv. 15-17).
    Triste respuesta a cambio de todo el amor y los cuidados que José había prodigado a sus hermanos. ¿Cómo podían suponer que aquel que les había perdonado tan libre y completamente, que había salvado sus vidas cuando estaban enteramente en sus manos, querría desatar contra ellos, después de tantos años de bondad, su ira y su venganza? Fue ciertamente grave el error de parte de ellos, y no es de extrañar que José llorara mientras hablaban. ¿Qué respuesta a todos sus indignos temores y a sus terribles sospechas! ¡Un mar de lágrimas! ¡Así es el amor! "Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón" (vv. 19- 21).
    Así ocurrió con los discípulos en la ocasión que estamos considerando. Meditemos un poco este pasaje. "Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal" (Mr. 4:35-38).
      Tenemos aquí una escena interesante a la vez que instructiva. A los pobres discípulos les toca vivir un momento de extremo peligro, una situación límite. No saben qué más hacer. Una recia tempestad, la barca llena de agua, el Maestro durmiendo. Era realmente un momento de prueba y, si nos miramos a nosotros mismos, seguramente no nos extrañará el miedo y la agitación de los discípulos. De haber estado en su lugar, sin duda habríamos reaccionado de la misma manera. Sin embargo, no podemos sino ver dónde fallaron. El relato se escribió para nuestra enseñanza, y debemos estudiarlo y tratar de aprender la lección que nos enseña. 
    No hay nada más absurdo ni más irracional que la incredulidad, cuando la consideramos con calma. En la escena que nos ocupa, la incredulidad de los discípulos es, evidentemente, absurda. En efecto, ¿qué podía ser más absurdo que suponer que la barca podía hundirse con el propio Hijo de Dios a bordo? Y, sin embargo, eso es lo que temían. Se dirá que precisamente en ese momento no pensaban en el Hijo de Dios. A la verdad, pensaban en la tempestad, en las olas, en la barca que se llenaba de agua, y, juzgando a la manera de los hombres, parecía una situación desesperada. El corazón incrédulo razona siempre así. Mira las circunstancias y deja a Dios de lado. La fe, en cambio, no considera más que a Dios, y deja las circunstancias de lado. ¡Qué diferencia! La fe se goza en los momentos de extremo peligro o de angustiosa necesidad, simplemente porque los tales son una oportunidad para Dios. La fe se complace en concentrarse en Dios, en encontrarse sobre ese terreno ajeno a la criatura, para que Dios manifieste su gloria; en ver que las "vasijas vacías" se multipliquen para que Dios las llene (2 R. 4:3-6). Podemos afirmar ciertamente que la fe habría permitido a los discípulos acostarse y dormir junto a su divino Maestro en medio de la tempestad. La incredulidad, por otro lado, los hizo estar sobresaltados; no pudieron permanecer tranquilos ellos mismos, y perturbaron el sueño del Señor con sus incrédulas aprensiones. Él, cansado por un intenso y agobiador trabajo,  había aprovechado la travesía para reposar durante unos instantes. Sabía lo que era el cansancio. Había descendido hasta todas nuestras circunstancias, de modo que pudo familiarizarse con todos nuestros sentimientos y debilidades, habiendo sido tentado en todo según nuestra semejanza, a excepción del pecado. En todo respecto fue hallado como hombre y, como tal, dormía sobre un cabezal, balanceado por las olas del mar. El viento y las olas sacudían la barca, a pesar de que el Creador se hallaba a bordo en la persona de ese Siervo abrumado y dormido. ¡Profundo misterio! El que hizo el mar y podía sostener los vientos en Su mano todopoderosa, dormía allí, en la popa de la barca, y dejaba que el viento le tratase sin más miramientos que a un hombre cualquiera. Tal era la realidad de la naturaleza humana de nuestro bendito Señor. Estaba cansado, dormía, y era sacudido en medio de ese mar que sus manos habían hecho. Detente, lector, y medita sobre esta maravillosa escena. Ninguna lengua podría hablar de ella como conviene. No podemos detenernos más en este punto; sólo podemos meditar y adorar.
    Como ya lo hemos dicho, la incredulidad de los discípulos fue la que hizo salir a nuestro bendito Señor de su sueño. "Y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?" (Mr. 4:38). ¡Qué pregunta! "¿No tienes cuidado?" ¡Cuánto debió de herir el sensible corazón del Señor! ¿Cómo podían pensar que era indiferente a su angustia en medio del peligro? ¡Cuán completamente habían perdido de vista Su amor –por no decir nada de su poder– cuando se atrevieron a decirle estas palabras: "¿No tienes cuidado?"
     Y, sin embargo, querido lector cristiano, esta escena ¿no es un espejo que refleja nuestra propia miseria? Ciertamente. ¡Cuántas veces, en los momentos de dificultad y de prueba, esta pregunta se genera en nuestros corazones, aunque no la formulemos con los labios: "¿No tienes cuidado?"! Quizá estemos enfermos y suframos; sabemos que bastaría una sola palabra del Dios Todopoderoso para curar el mal y levantarnos, pero esa palabra no la dice. O quizá tengamos dificultades económicas; sabemos que el oro y la plata, y los millares de animales en los collados son de Dios, que incluso los tesoros del universo están en Su mano; sin embargo, pasan los días sin que nuestras necesidades se suplan. En una palabra, de un modo u otro atravesamos aguas profundas; la tempestad se desata, una ola tras otra golpea con ímpetu nuestra diminuta embarcación, nos hallamos en el límite de nuestros recursos, no sabemos qué más hacer y nuestros corazones se sienten a menudo prestos a dirigir al Señor la terrible pregunta: "¿No tienes cuidado?" Este pensamiento es profundamente humillante. La simple idea de lastimar el corazón del Señor Jesús, lleno de amor, con nuestra incredulidad y desconfianza debería producir la más profunda contrición.
    Además, ¡qué absurda es la incredulidad! ¿Cómo Aquel que dio Su vida por nosotros, que dejó Su gloria y descendió a este mundo de pena y miseria, donde sufrió una muerte vergonzosa para librarnos de la ira eterna, podría alguna vez no tener cuidado de nosotros? Y, sin embargo, estamos prestos a dudar, o bien nos volvemos impacientes cuando nuestra fe es puesta a prueba, olvidando que esa misma prueba que nos hace estremecer y retroceder, es mucho más preciosa que el oro, el cual perece con el tiempo, mientras que la fe es una realidad imperecedera. Cuanto más se prueba la verdadera fe, tanto más brilla; y por eso la prueba, por más dura que sea, redundará, sin duda, en alabanza, gloria y honra para Aquel que no sólo implantó la fe en el corazón, sino que también la hace pasar por el crisol de la prueba, velando atentamente sobre ella durante todo ese tiempo.
    Pero los pobres discípulos desfallecieron a la hora de la prueba. Les faltó confianza; despertaron al Maestro con esta indigna pregunta: "¿No tienes cuidado que perecemos?" ¡Ay, qué criaturas somos! Estamos dispuestos a olvidar diez mil bondades en cuanto aparece una sola dificultad. David dijo: "Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl" (1 S. 27:1). ¿Qué ocurrió al final? Saúl cayó en la montaña de Gilboa y David ocupó el trono de Israel. Ante la amenaza de Jezabel, Elías huyó para salvar su vida, ¿y cómo terminó todo? Jezabel fue arrojada por la ventana de su aposento y los perros lamieron su sangre, mientras que Elías ascendió al cielo en un carro de fuego (véase 1 R. 19:1-4; 2 R. 9:30-37; 2:11). Lo mismo ocurrió con los discípulos: tenían al Hijo de Dios a bordo, y creían que estaban perdidos; ¿y qué pasó al final? La tempestad fue reducida al silencio, y el mar se allanó como un espejo al oír la voz del que, antiguamente, llamó los mundos a la existencia. "Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza" (Mr. 4:39).
    ¡Cuánta gracia y majestad juntas! En lugar de reprochar a sus discípulos  por haber interrumpido su sueño, reprende a los elementos que los habían aterrorizado. Así respondía a la pregunta: ¿No tienes cuidado que perecemos? ¡Bendito Maestro! ¿Quién no confiaría en ti? ¿Quién no te adoraría por tu paciente gracia, y por tu amor que no hace reproches?
    Vemos una perfecta belleza en la manera en que nuestro bendito Señor pasa, sin esfuerzo alguno, del reposo de su perfecta humanidad a la actividad de la Deidad. Como hombre, cansado de su trabajo, dormía sobre un cabezal; como Dios, se levanta y, con Su voz omnipotente, acalla al viento impetuoso y calma el mar.
    Tal era el Señor Jesús ¡verdadero Dios y verdadero hombre!, y tal es hoy, siempre dispuesto a responder a las necesidades de los Suyos, a calmar sus ansiedades y alejar sus temores. ¡Ojalá que confiemos más simplemente en Él! No tenemos más que una débil idea de lo mucho que perdemos al no apoyarnos más de lo que lo hacemos en los brazos de Jesús cada día. Nos aterrorizamos con demasiada facilidad. Cada ráfaga de viento, cada ola, cada nube nos agita y deprime. En vez de permanecer tranquilos y reposados cerca del Señor, nos dejamos sobrecoger por el terror y la perplejidad. En vez de tomar la tempestad como una ocasión para confiar en Él, hacemos de ella una ocasión para dudar de Él. Tan pronto como se hace presente la menor dificultad, pensamos en seguida que vamos a sucumbir, a pesar de que nos asegura que nuestros cabellos están contados. Bien podría decirnos, como a sus discípulos: "¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?" (v. 40). Parecería, en efecto, que por momentos no tuviésemos fe. Pero (oh, qué tierno amor es el Suyo! Él está siempre cerca de nosotros para socorrernos y protegernos, aun cuando nuestros incrédulos corazones sean tan propensos a dudar de Su Palabra. Su actitud para con nosotros no es conforme a los pobres pensamientos que tenemos acerca de Él, sino según Su perfecto amor. He aquí el consuelo y el sostén de nuestras almas al atravesar el tempestuoso mar de la vida, en camino hacia nuestro reposo eterno. Cristo está en la barca. Esto siempre nos basta. Descansemos con calma en Él. ¡Ojalá que, en el fondo de nuestros corazones, siempre pueda haber esta calma profunda que proviene de una verdadera confianza en el Señor Jesús! Entonces, aunque la tempestad ruja y se encrespen las olas hasta lo sumo, no diremos: "¿No tienes cuidado que perecemos?" ¿Podemos acaso perecer con el Maestro a bordo? ¿Podemos pensar eso alguna vez, teniendo a Cristo en nuestros corazones? Quiera el Espíritu Santo enseñarnos a servirnos más plena, libre y ardientemente de Cristo. Realmente necesitamos esto justamente ahora, y lo necesitaremos cada vez más. Nuestro corazón debe asir a Cristo mismo por la fe y gozar de Él. ¡Que esto sea para Su gloria y para nuestra paz y gozo permanentes!
    Podemos señalar todavía, para terminar, cómo afectó a los discípulos la escena que acabamos de ver. En lugar de la calma adoración de aquellos cuya fe ha recibido respuesta, manifiestan el asombro de aquellos cuyos temores fueron objeto de reproche. "Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?" (v. 41). Seguramente, tendrían que haberlo conocido mejor. Sí, querido lector, y nosotros también.                                                           

de Escritos Misceláneos, Tomo I

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EL FRACASO DEL 
ARGUMENTO CULTURAL
las ruinas de Corinto

El libro de 1 Corintios es atacado a menudo por los liberales porque en estos tiempos es muy impopular y está mal visto que las mujeres creyentes tengan que llevar un velo, cabello largo (c. 11) o guardar silencio en las reuniones (c. 14). El feminismo ha penetrado llegando a casi todo rincón de la sociedad, y ahora muchos llamados cristianos y sus líderes y maestros, en lugar de ser fieles a las Escrituras y defenderlas, dicen que esas cosas eran culturales y ya no son vigentes en “tiempos modernos”.
       Es doloroso ver a hombres que antes enseñaban la importancia del velo y el silencio de la mujer en la congregación, que ahora permiten que las mujeres hablen, dirijan estudios, oren en voz alta, y dicen que el velo ya no importa. A los tales no les sirve decir: “somos los ancianos”, como si con eso tuviesen autoridad para cambiar la Palabra de Dios y hacer lo que les parece (Jue. 17:6). La grey es de Dios, no ellos (1 P. 5:2), y ellos son siervos, no señores (1 P. 5:3). Claramente están en el error de abandonar y contradecir la verdad, y darán cuenta de sí en el Tribunal de Cristo, si es que llegan. Decir esto suena fuerte, porque lo es, pero 2 Timoteo 4:1-4;  2 Pedro 2:1-3 y Judas 3-4 nos advierten del peligro de ese tipo de enseñanza y los que se enseñorean del pueblo del Señor.
    Cada año hay más personas en iglesias que hablan como el mundo, y dicen que reprimimos a las mujeres y las sujetamos a modos y normas de los siglos pasados, que tenemos a las pobrecitas subdesarrolladas. Señalan como las mujeres avanzan en todo el mundo, gobernando países, encabezando empresas, sacando carreras difíciles y haciéndose eruditas y expertas. Con eso quieren decir que ellas son un gran recurso que despreciamos porque no les dejamos participar en voz alta ni ocupar lugares de liderazgo en la iglesia, ya que son muy inteligentes y capaces.
    Alegan que debido a cosas culturales como las prostitutas de templos paganos en Corinto, el apóstol Pablo dio esas instrucciones “puntuales” para ellos. Y que porque no vivimos en aquel entonces, ni en Corinto, podemos descartar esas instrucciones como “cosas culturales” que hoy no se aplican.
    No discutimos la inteligencia ni capacidad de las mujeres, sino preguntamos, como debemos en todo asunto: “¿Qué dice la Escritura?” ¿Cuál es la voluntad de Dios, no la de la sociedad, respecto a la mujer? ¿Dónde en la epístola a los Corintios dice que era sólo para ellos y sus cuestiones culturales? No lo dice en ningún lugar. Antes al contrario, mirando al texto bíblico notamos lo siguiente:

    1:2  “llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro”.
   
    4:17  “...el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias”.
   
    7:17      “...esto ordeno en todas las iglesias”.
   
    11:10    “Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles”.

    11:16   “nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios”.
   
    14:33-34  “...como en todas las iglesias de los santos, vuestras  mujeres callen en las congregaciones”.
   
    14:37    “Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor”.

    16:1    “haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia”.

    La epístola no contiene instrucciones culturales, sino doctrina apostólica y “los mandamientos del Señor”. Por eso no debe haber mujeres con la cabeza descubierta en las congregaciones, ni congregación/reunión alguna donde hablen, oren en voz alta, lean en voz alta, pidan himnos, enseñen o prediquen mujeres, pues es el Señor que manda que se callen, y que aprendan en silencio con toda sujeción (1 Ti. 2:11).
    La obediencia a estos claros mandatos del Señor y el apóstol inspirado eliminaría toda reunión, conferencia, estudio y retiro de hermanas, por la sencilla razón de que no tienen la aprobación del Señor, y es SUYA la Iglesia. Como creyentes, nuestras vidas, cuerpo y espíritu,  son SUYAS, no nuestras (1 Co. 6:19-20). El apostól Pablo no enseñaba idiosincrasias o adaptaciones culturales, sino “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27), y esto incluye todo lo de 1 Corintios.
    Algunas persisten citando Tito 2:3-4 como si el texto les diera permiso para lo que en otros textos está claramente prohibido. Hacen hincapié en la frase: “maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes...”. Pero malentienden, malinterpretan  o tuercen el texto para sacar sus conclusiones predeterminadas y justificar lo que quieren hacer. La frase “maestras del bien” (v. 3) es una sola palabra en griego: “kalodidaskalos”, que no sigifica predicar sino “enseñando lo bueno” o maestras “...de buenas cosas”. Tiene que ver con el carácter de la mujer y su vida doméstica. No hace falta saber el griego, pues el contexto mismo da el sentido, pero lo hemos citado para que conste ante los que piensan que es importante. Si siguimos mirando al contexto cercano, los versículos  4 y 5 apuntan específicamente qué cosas deben enseñar, y no tienen nada que ver con clases bíblicas, reuniones o conferencias, sino con lo que una mujer anciana puede y debe enseñar a una mujer más joven, a nivel personal e íntima, acerca de su carácter y conducta en su hogar. Para eso no hace falta ningún púlpito o local de reunión. Además, observa que no son mujeres jóvenes, recién casadas ni con familias jóvenes, sino sólo “ancianas” las que deben enseñar esas cosas prácticas y personales. Son mujeres ancianas con la experiencia y sabiduría de haber sido fieles en los años de matrimonio y familia. Es su ministerio personal, “de tú a tú”, “vis a vis”, sin necesidad de organizar una reunión ni juntar un grupo.
    Pero el feminismo se extiende de forma arrolladora, penetrando de modo casi inevitable en nuestros tiempos. Conquista e intimida, y goza de la aprobación general de la sociedad. Es enseñada en las escuelas, en la prensa, en la televisión y por todo medio posible. Los que no disciernen los tiempos, ni examinan todo (1 Ts. 5:21), aceptan esos cambios. Pero la Iglesia necesita una Palabra de su Señor, no de la sociedad.
    Parece que siempre hay hermanas que resienten los mandamientos bíblicos acerca de ellas. Ésas son rebeldes y deben ser tratadas como tales. Pero otras se han contagiado sin darse cuenta. Es como un virus que infecte la mente y la actitud de una mujer, de modo que no está contenta si no está haciendo lo mismo que los hombres. Y tristemente, los hombres, buscando el favor de las mujeres, o por pereza, cobardía o ignorancia, les conceden que desarrollen ministerios y hagan cosas que no están dentro del marco bíblico.  Supuestamente procuran  “la libertad” o “igualdad” de la mujer, pero en realidad contribuyen a su esclavitud e insensata conformidad a la sabiduría del mundo.
    El ministerio de la mujer creyente es muy importante, pero DIFERENTE. Por eso ella debe renunciar la sabiduría y la influencia del mundo, según Romanos 12:1-2, y hacer de su persona un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, y no conformarse al mundo. Esto significa que no deja al mundo meterla en su molde, que rechace todo argumento cultural y toda faceta y meta del feminismo, y contenta acepte los trabajos y responsabilidades que Dios le otorga en Su Palabra. “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4).
Carlos Knott