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martes, 28 de febrero de 2023

EN ESTO PENSAD - marzo 2023

 José Probado En Egipto
Lucas Batalla

viene del número anterior


Texto: Génesis 39

En el último estudio vimos que José, traicionado por sus hermanos, llegó a Egipto y fue vendido como esclavo. El verso 1 enlaza con Génesis 37.36 para retomar la historia de José. Sus hermanos por envidia le habían vendido, y su padre Jacob pensaba que había muerto. Nadie le buscaba. Nadie iba a venir a rescatarlo. Humanamente hablando, no había esperanza de salir de sus circunstancias.  Pero Dios no había terminado con José, ni le tenía en olvido. Su plan sabio y soberano para José seguía su desarrollo. Los versos 2 y 3 enfatizan que aunque José no veía a nadie a su lado, no estaba solo. “Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero” (v. 2)... “vio su amo que Jehová estaba con él... Jehová lo hacía prosperar en su mano” (v. 3). Cuando leemos todo el resto de la historia de José, vemos cuán grande y bueno era el plan de Dios, aunque incluía años de dificultades y sufrimientos. Como dice el himno de John Newton, “Sublime Gracia”:  


    “En los peligros o aflicción, que yo he tenido aquí,
    Su gracia siempre me libró, y me guiará hasta el fin”. 


No siempre sabemos en el momento el por qué de las cosas. A veces, como José, tenemos que esperar años para ver claramente Su plan y propósito. No seamos impacientes, ni tiremos la toalla.
    José halló gracia (favor) ante su amo Potifar (v. 4), porque Dios lo quiso así. Pero no nos equivoquemos. No hizo ninguna huelga de hambre, ni cosas parecidas. Aceptó su situación y obraba con diligencia, honradez y esmero, sin perder su fe. Dios estaba con él, y eso se veía en su carácter y conducta. Porque José estaba en la casa de Potifar, Dios bendijo esa casa: “desde cuando le dio el encargo de su casa” (v. 5). Como resultado de eso, aquel egipcio entregó todo en manos de José y “no se preocupaba”, porque vio la integridad y diligencia de su siervo hebreo. El texto añade el detalle del aspecto físico de José, su hermosura, y ahora veremos por qué.
    En el verso 7 vemos que en tiempos de bendición se mueve el diablo buscando arruinar todo. Atacó al joven José mediante la esposa de Potifar, una mujer sin moralidad ni escrúpulos, que quería seducirlo. Puso sus ojos en él, no vice versa, y le hizo una propuesta indecente. Sabemos hoy muchos casos de hombres mujeriegos, infieles y perversos, y Dios los juzgará (He. 13.4). Pero cuidado, pues las mujeres no siempre son víctimas. Tanto solteras como casadas, las hay con corazón malo, con malos deseos e imaginaciones, y ponen sus ojos donde no deben. La mujer de Potifar era así. Al decir ella: “duerme conmigo”, todos sabemos que no hablaba de una siesta.
    Lo importante aquí es la reacción del joven José: “él no quiso” (v. 8). Hay hombres que incitan a mujeres y se aprovechan de ellas. Pero hay que decir todo, porque también hay mujeres que desean y provocan incidentes. En ese caso, si una mujer les incita o invita, caen en seguida en el pecado. Su excusa es que son débiles, o: “ella me provocó”. Pero eso no vale, porque como José, podían haber dicho “no”. “Hijo mío, si los pecadores te qusieren engañar, no consientas” (Pr. 1.10). José no tomaba sus palabras como un piropo, ni se agradó, sino veía un gran peligro. Su respuesta en los versos 8 y 9 es un modelo de integridad y piedad. Pensaba en la confianza que su amo le tenía. A ella le puso en su sitio: “tú eres su mujer”, pues codiciar la mujer de tu prójimo es pecado (Éx. 20.17). Declaró: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal y pecaría contra Dios?” (v. 9).  
    Todo pecado es en primer lugar contra Dios (Esd. 10.2; Sal. 51.4; Lc. 15.21). José estaba lejos de su padre y hermanos, en un país que practicaba la inmoralidad, pero se mantuvo fiel. No fornicó siquiera una vez. No se manchó moral ni espiritualmente. No tuvo un hijo bastardo. Cuando se casó luego era virgen, y hoy parece que  pocos hay como él.   

continuará, d.v., en el siguiente número

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Requisitos Para La Comunión

Amamos a creyentes que no siguen la doctrina de los apóstoles, porque son de Cristo, pero sólo podemos gozar una comunión limitada con ellos. Y si ese acuerdo y la comunión consiguiente no existen, no tiene sentido celebrar la cena del Señor con ellos. Ante esta situación, la salvación y el bautismo no son condiciones suficientes para la recepción a la asamblea. La obediencia práctica, moral y doctrinal a la Palabra de Dios es sumamente importante. La asamblea no está abierta para todos los creyentes, independientemente de sus creencias y prácticas; debemos tener mucho cuidado en la recepción a la comunión en una iglesia local. Por esa razón, haríamos bien en imitar el ejemplo de la asamblea de Roma, y del apóstol Pablo, al esperar que un creyente desconocido traiga una carta de recomendación (Ro. 16:1,2).
Mark Sweetnam (Dublin, Irlanda), Allí Estoy Yo, pags. 13-14 disponible de Editorial Día en formato PDF

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Escoge Lo Mejor

Proverbios 28.6 "Mejor es el pobre que camina en su integridad, que el de perversos caminos y rico".

 

    Es la última cita en Proverbios que dice "mejor es". El padre quiso enseñar a sus hijos que Dios valora más la integridad que el dinero y los bienes materiales. No debemos estimar a las personas por lo que tienen, sino por lo que son: su carácter y la conducta.
    Los hombres no miran así las cosas. Admiran a los ricos y esperan no ser como los pobres. En la iglesia, muchos quieren imitar al rico y tenerle por amigo. "Las riquezas traen muchos amigos; mas el pobre es apartado de su amigo" (Pr. 19.4). "Muchos buscan el favor del generoso, y cada uno es amigo del hombre que da" (Pr. 19.6). Pero debemos ser amigos de los que caminan en integridad. Mejor tener unos amigos pobres de esta clase, que codearte con los ricos buscando beneficio.
    Si hay que pecar para obtener riquezas, o para no perderlas, mejor ser pobre. Por ejemplo, piensa en Lázaro y el rico. La integridad no permitirá sobornos, pagos bajo mesa, dos juegos de libros de contabilidad, ventas por precios injustos, usura, ni retención del salario de los jornaleros. Pero si caminas en integridad Dios te acompañará. ¡Escoge bien!

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 Lecciones de la Vida del Rey Ezequías
por Simón Sherwin

El Comienzo

    Cuando Ezequías llegó al trono, el estado espiritual del reino de Judá estaba muy bajo. Pero Ezequías estaba resuelto desde el principio a ser diferente – esto es – fiel a Dios, y tener un impacto. De acuerdo a la costumbre en Judá y otros lugares en esos tiempos, cuando murió Acaz y tomó Ezequías el trono, el resto de ese año calendario fue contado como el último año del reino de Acaz. Hubiera sido así si muriera al principio o al final de ese año. Así que, Ezequías había reinado por un tiempo no especificado (menos de un año) antes del comienzo del primer año de su reinado. Cuando comenzó oficialmente, él estaba preparado, y su primer acto fue abrir y reparar las puertas de la casa de Jehová (2 Cr. 29.3). ¿De dónde vino esa resolución? Es probable que la base de esa decisión fue puesta años antes. El nombre de su madre es dado, así como con todos menos dos de los reyes de Judá. Recordamos la responsabilidad vital que tienen las madres en la educación espiritual de sus hijos. Nunca debemos desestimar el privilegio de enseñarles las Escrituras desde una edad temprana. ¿Quién sabe si hoy alguna madre podría estar educando a otro como Ezequías?

Su Preparación Personal

    Pero, sea cual sea la calidad de la educación del niño, tenía que llegar un tiempo cuando Ezequías desarrollaba su propia relación personal con Dios. 2 Reyes 18:5-6 resume para nosotros esta relación, diciéndonos varias cosas acerca de Ezequías. Primero: su fe. “En Jehová Dios de Israel puso su esperanza”. Esto es dónde comienza la senda, y también sigue y termina en este punto. El camino no comienza con fe solo para terminar luego con otra cosa. La senda de agradar a Dios es una vida de fe (He. 11.6; Ga. 2.20). Antes de enfrentar al gigante en el valle, David había probado y conocido a Dios en los campos de Judá. Antes de enfrentar a la gran potencia de Asiria, Ezequías aprendió a confiar en Dios en las cosas de la vida cotidiana. No solo leemos de su fe, sino también de su fidelidad: porque habla de su voluntad, su camino y sus obras. “Porque siguió a Jehová” (v. 6). También vemos su lealtad, pues significa una decisión consciente de su voluntad. Jehová sería su Dios, pese a cualquier dificultad, y él le sería fiel. ¿Es ésa la clase de lealtad que nos marca a nosotros? La resolución de su voluntad dirigió su vida, de modo que “no se apartó de él”. Paso por paso, andaba en la senda que el Señor le había preparado. Nos consuela y anima saber que si seguimos al Señor, el camino que andamos ya fue atravesado por Él, porque Él va delante de nosotros. Él conoce nuestro camino. Por nuestra parte, como fue con Ezequías, no debemos apartarnos de ese camino, porque entonces ya no estaríamos siguiendo al Señor. Finalmente leemos que “guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés”.  Era obediente. La obediencia a la Palabra de Dios debe marcar a cada creyente. “Si me amáis”, dice el Salvador, “guardad [o “guardaréis”] mis mandamientos” (Jn. 14.15). Aquí tenemos el fundamento para cualquier obra para Dios. Si he de hacer cualquier cosa para Él, primero debo estar en la condición correcta.

La Prioridad de la Casa de Dios

    Habiendo preparado su propio corazón, Ezequías estaba preparado para salir y trabajar, y la obra en la esfera más amplia del reino comenzó en la casa de Dios. Esto es un principio bíblico. Cuando el Señor comenzó sus juicios de la nación rebelde en Ezequiel 9, instruyó a Sus siervos: “y comenzaréis por mi santuario” (v. 6). De modo similar, Pedro escribió: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 P. 4.17). Ezequías reconoció que para restaurar a la nación, primero había que limpiar la casa de Dios de todo lo que no debía estar en ella. Así que, “abrió las puertas de la casa de Jehová, y las reparó” (2 Cr. 29.3). Acto seguido, hizo venir a los sacerdotes y levitas (v. 4), y los llamó a colaborar. Primero debieron santificarse a sí mismos (v. 5). Es de gran importancia, porque cualquier obra de Dios comienza con el individuo. Y después: “santificad la casa de Jehová el Dios de vuestros padres, y sacad del santuario la inmundicia”.  Si la nación iba a conocer el avivamiento, era necesario restaurar las cosas de Dios y Su adoración. Pero antes de santificar la casa, debía ser limpiada. Había que quitar la inmundicia y corrupción que entraron durante años. Esto incluye las cosas obvias, como el altar que ordenó Acaz, que desplazó el verdadero altar de Dios. Además, había cosas que en su día fueron utilizadas por Dios, pero que habían adquirido un significado inapropiado, por ejemplo, la serpiente de bronce que Moisés levantó en el desierto (Nm. 21.9; Jn. 3.14). En su día era para salvar a los que la miraron después de ser mordidos por las serpientes. Pero andando el tiempo, vino a ser un objeto de veneración (2 R. 18.4). En las asambleas debemos guardarnos de la entrada de cosas que no deben estar. Quizás hay doctrinas o prácticas no bíblicas, o aun las enseñanzas o los escritos de hombres de Dios que vivían en otro tiempo, que tienen más importancia que las Escrituras. ¡Es necesario que nosotros también volvamos a la sencillez y el poder de la Palabra de Dios! Como dijo Pablo: es “la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hch. 20.32).

traducido del artículo en la revista Present Truth, nov-dic 2022
www.truthdefended.com

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Jesucristo Nuestro Sacerdote

Dios nos ha provisto el mejor sacerdote: el Señor Jesucristo. Consideremos algunas de Sus cualidades.


1. Su Santidad

    En Lucas 1.35 es llamado “el Santo Ser que nacerá...”.  A diferencia de todos los demás, Jesucristo nació santo. No hubo pecado en Él ni pudo pecar. La santidad es necesaria para funcionar como sacerdote, pues el Salmo 93.5 declara: “La santidad conviene a tu casa, oh Jehová”. En Lucas 8.28 el demonio le reconoció como “Jesús, Hijo del Dios Altísimo”, y en Marcos 1.24 otro confesó: “Sé quién eres, el Santo de Dios”. Siendo santo, es el perfecto Sacerdote, según Hebreos 7:26-28. 
    “Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre”.
    Debemos dar gracias a Dios por este Sacerdote Santo que Él nos mandó. Además, nosotros los que le pertenecemos también debemos ser santos. 1 Pedro 1.15-16 nos recuerda: “Sed santos, porque yo soy santo”.

 
 2. Su Intercesión
    Jesucristo en Su oficio sacerdotal intercede por nosotros. Oraba mucho durante Su vida terrenal, y eso se ve más en el Evangelio según Lucas. Alguien lo llamó “El Evangelio de la Oración”, porque menciona las oraciones del Señor más que otros Evangelios. Cuando a Pedro le venía el zarandeo de Satanás, Cristo le dijo: “pero yo he rogado por ti” (Lc. 22.32). Cuando los discípulos remaban en la tormenta sobre el Mar de Galilea, el Señor había subido el monte y ahí oraba.
    No solo oraba por ellos, sino también ora por nosotros. Romanos 8.34 asegura: “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”. Nuestro Sumo Sacerdote nos representa en el cielo. Lleva nuestros nombres en la presencia de Dios. Esto debe infundirnos aliento y darnos esperanza cuando pasemos por dificultades. No necesitamos rendir culto a los santos para que oren por nosotros. Algunos piensan que María es su intercesora, pero se equivocan porque es Cristo que intercede por nosotros. La Biblia nunca dice que María intercede por nadie. Pero qué consuelo y ánimo nos debe dar el saber que Jesucristo está a la diestra de Dios a favor nuestro. Él es nuestro abogado (1 Jn. 2.1).
    Nosotros también debemos orar los unos por los otros. Por la gracia de Dios, todos los creyentes somos sacerdotes (1 P. 2.5, 9). Es una gran verdad y muy importante, pero algunos la interpretan malamente. Piensan que si creemos en el sacerdocio de todos los creyentes, tendríamos que permitir a las mujeres orar en voz alta, hablar y predicar en las congregaciones. Pero los sacerdotes interceden, y eso se puede hacer en casa, en privado. En las oraciones en la congregación, las mujeres oran en silencio y con la cabeza cubierta.
    Los sacerdotes ofrecen sacrificios espirituales aceptables a Dios (1 P. 2.5), y para ser aceptable hay que proceder como Dios manda.

3. Su Compasión
    El sumo sacerdote Aarón sufrió con el pueblo de Israel en el desierto. Llevaba sobre el corazón un pectoral con los nombres grabados de los hijos de Israel. De esa manera cuando el sumo sacerdote ministraba ante Dios, tenía los nombres del pueblo de Dios sobre el corazón – lugar de los afectos.Nuestro Señor manifestó compasión en Su vida y ministerio terrenal. Como el samaritano en la parábola en Lucas 10.33-35, fue movido a misericordia e hizo algo. Intervino para ayudar al hombre herido. Nuestro Dios es Dios de acción. Obra en misericordia, y por eso tenemos vida. Cristo vino y tomó la humanidad (impecable).  Así se acercó a nosotros.  No fue altivo, sino se asoció con nosotros en nuestra bajeza. Así hemos conocido a Dios, “que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó” (Ef. 2.4).

    Entonces, ya que Cristo nos ha tenido tal misericordia, no nos conviene la altivez, y también debemos asociarnos con los humildes (Ro. 12.16). Cristo se humilló a sí mismo, y vino para servir, no para ser servido. Los que somos de Él debemos seguir Sus pisadas. Nuestra compasión debe ser práctica, visible, y siempre en el Nombre del Señor, no en el nuestro propio (Col. 3.17).               continuará, d.v. en el siguiente número

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EL ALTAR, LA TIENDA Y EL POZO

“Y edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y plantó allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo” (Gn. 26.25)

Estas tres cosas: un altar, una tienda y un pozo, son símbolos del verdadero peregrinaje. Destacan tres facetas esenciales de la vida de cada creyente, porque somos peregrinos. Muchos anhelan una ciudadanía que consideran provechosa para sí en esta vida (estadounidense, inglesa, española, francesa, alemana, etc.), porque piensan en dinero y comodidad, e incluso arreglan toda su vida y sus prioridades para que no falten estas cosas, mientras que descuidan lo más importante, lo espiritual. ¿Acaso se nos olvida que el creyente ya pertenece al único verdadero imperio y a la mejor sociedad: el reino del cielo? ¿Nos parece poco? Hermanos, aceptemos nuestra identidad de peregrinos en esta vida, y que no nos falten nunca los símbolos del peregrino: el altar, la tienda y el pozo. 

    El altar representa nuestra necesidad diaria de adoración y de sacrificio a Dios. ¿Quién debe hacer el sacrificio de la mañana y de la tarde, sino tú? ¿Quién cuida el altar, asegurando que suban a Dios ofrendas? Los patriarcas edificaron altares dondequiera que estuviesen, porque ahí se reunieron con Dios y le adoraron. ¿Cuidas el altar de devoción a Dios en tu vida, cada día? Qué triste es saber que muchos cuidan el televisor, lo llevan consigo a todas partes, y dondequiera que esté su casa, casi lo primero es instalar una tele, arreglar los muebles del cuarto de estar alrededor suyo, y comenzar a rendirle culto diario. Mejor sería pasar todo ese tiempo frente a la Palabra de Dios, leyendo, meditando, orando y teniendo comunión con Dios. ¿Y no afectaría esto nuestra vida espiritual, nuestro poder y eficacia para servir al Señor? ¿No serían nuestras familias de otra forma, y no se ocuparían nuestros corazones de otros asuntos, si cuidáramos el altar en lugar de la tele? El televisor también puede ser un altar, de Baal, del dios de este mundo, donde continuamente se ven los deseos de los ojos, los deseos de la carne y la vanagloria de la vida. Donde se sacrifican los niños, el matrimonio, la vida espiritual y el testimonio para “saber las noticias” (como muchos suelen decir: “Oh, sólo miro las noticias y algún documental”) ¡Menudo altar! Los hombres de Dios en otro tiempo hablaron así: “No pondré delante de mis ojos cosa injusta” (Sal. 101.3). Somos peregrinos, esto está claro, pero es hora de preguntar a muchos: “Hermano, ¿qué has hecho con el altar?”

   Segundo, hay una tienda. Abraham vivía en tiendas, y así también Isaac, porque también era peregrino. La tienda nos recuerda que el mundo no es nuestro hogar, que estamos de paso y no debemos arraigarnos ni acomodarnos en este mundo. La tienda tiene un cuidado sencillo, y no requiere mucha atención, lo cual quiere decir que no hay que gastar constantemente tiempo y dinero en su mantenimiento. Limpiar, sí. Poner un parche de vez en cuando, sí, y sacudirla para quitar el polvo. Era para escapar del calor y del frío, para dormir seguro, pero nunca venía a ser un palacio. La tienda podía moverse de lugar en lugar sin mucho problema. Daba movilidad a su dueño, y no le impidió si el Señor le llamara a otro lugar. No se nos olvide: el Señor ha ido a prepararnos lugar en la casa de Su Padre. Nuestro hogar y nuestra ciudadanía están en los cielos, y allí debemos poner la mirada cada día, para mantenernos separados del mundo, sobre todo, en nuestro corazón. El peregrino mira su tienda y se acuerda de que es forastero. Por ejemplo, Abraham: “Por la fe habitó como extranjero...morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (He. 11.9-10): “confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra” (He. 11.13). En otros años las iglesias apreciaban más estos textos. Hablaban de estos temas y cantaban himnos de peregrinos, pero estos himnos ya han sido olvidados en muchos lugares. Hoy hablan de sus derechos, de éxito en el negocio, del “valor” de la política. Los patriarcas nunca tuvieron “notorio arraigo” ni tampoco los apóstoles, y además, no les hacía falta para servir al Señor y le servían mucho mejor que nosotros. ¿Dónde están los peregrinos, los que moran en tiendas y viven para servir a Dios, anhelando de corazón una patria mejor: “esto es, celestial”? (He. 11.16).
    Tercero, está el pozo, tan necesario en el desierto, representa nuestro recurso constante y fuente de ayuda, la Palabra de Dios. Ella nos refresca y nos fortalece en el desierto de este mundo. El mundo no es un oasis para el creyente. El poeta persa, Omar Khayam dijo en su obra, “El Rubiyat”, que la eternidad es un desierto y la vida es un oasis, así que, a pasarlo bien en esta vida porque después viene el desierto. Se equivocó, pues es totalmente al contrario, este mundo es un desierto que no sostiene la vida espiritual. Aunque cuesta tiempo y trabajo abrir un pozo, vale la pena, porque el agua cristalina y fresca de la Palabra de Dios es vital, porque además de refrescarnos y animarnos, en ella encontramos vida y salud. Con la Palabra de Dios nos limpiamos también de la suciedad contraída a raíz de estar en el mundo, aunque no somos del mundo. ¡Un peregrino sin pozo está en gran peligro! Hermano, hermana, ¿qué de tu pozo?
    Hermanos, la negligencia de cualquiera de estas tres perjudica nuestra salud espiritual y nuestra vida distinta de peregrinos. Al descuidar o abandonarlas, como consecuencia asimilaremos la forma de pensar, hablar y vivir de los del mundo. Si nos acomodamos aquí e imitamos a los del mundo, sufriremos la pérdida de nuestro carácter de peregrino, el gozo y el poder espiritual para servir y agradar al Señor. ¡No dejemos de peregrinar, sino vivamos como peregrinos hasta que el Señor nos llame a Su presencia!

Carlos

 

    Peregrino Tú me hiciste; este mundo no es mi hogar.
    Me llamaste a seguirte, y contigo un día morar.

    CORO:  Guíame, guíame, por el pedregal,
                  Tenebroso de la vida a la patria celestial.
    
    Apresura mis pisadas, porque veo alrededor,
    Tantas cosas seductoras; guarda mi alma, oh Señor.
    
    Hay conflicto y peligro, ronda el diablo en derredor.
    Fortalece Tú mis pasos en la lucha, oh Señor.

    Oigo el coro de los santos: ¡Cómo canta al Señor!
    Yo deseo ir con ellos, y rendirte mi loor.

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¡El Rollo Fatal!


El Rollo en el Cielo, y sus Siete Sellos



Texto bíblico:
Apocalipsis 5.1- 8.2

La raza humana, con todos sus pecados, ha contaminado y arruinado al planeta y a la humanidad. Afligimos y corrompemos todo lo que tocamos. La naturaleza misma está cansada de nosotros. El apóstol Pablo declaró que “toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8.22). Pronto la paciencia de Dios acabará, y vendrá el fin. La humanidad no quiere que venga Cristo, porque cada uno quiere vivir a gusto suyo. Pero los juicios en Apocalipsis 6 son el “bombardeo” divino antes de la venida de Cristo. Tres grupos de siete juicios sacudirán el planeta: siete sellos, siete trompetas, y siete copas de ira. Presta atención, porque todo esto está a punto de caer.
    En Apocalipsis 5 Jesucristo recibe del Padre un libro, escrito por dentro y por fuera. Solo Cristo puede tomar y abrir el libro — las escrituras del planeta. El cielo irrumpe en alabanza cuando el Cordero de Dios lo toma. El planeta es Suyo, como Creador. Se alegran sabiendo que la hora llegó. Pero en la tierra parece que nadie se entera.
    En Apocalipsis 6, Juan vio a Cristo comenzar a abrir los sellos, y cada uno soltó un juicio sobre la tierra. El cumplimiento de eso causará enormes catástrofes mundiales, lo nunca visto. Nadie mandará ayuda humanitaria, pues todos estarán sufriendo
.
  Los primeros cuatro sellos mandan a la tierra jinetes sobre caballos, con terribles juicios. El primero, en el caballo blanco (Apocalipsis 6.1-2), no es Cristo, sino el Anticristo, el dictador mundial que viene. El segundo trae guerras y mortandad a nivel mundial (versos 3-4). El tercero trae gran hambruna al planeta (versos 5-6). El cuarto trae aun más muerte por hambre, pestes y guerras, de modo que ese jinete es llamado “Muerte” (versos 7-8). Como hoy, querrán creer que todo eso sucede por casualidad, pero NO ENTIENDEN que son juicios de Dios y expresan Su ira. Es el comienzo del fin del mundo, como dijo Cristo: “principio de dolores”, porque después vendrán más dolores (Mateo 24.8). Como dolores de parto – una vez que empiecen, nadie podrá detenerlos. Vienen con cada vez más frecuencia e intensidad. El quinto sello trae la voz de los mártires cristianos. Ruegan la venganza de Dios sobre sus perseguidores. ¡Ay de esos perseguidores! (versos 9-11). 

El sexto sello soltará grandes cataclismos en los cielos y la tierra: un gran terremoto sacudirá al planeta, habrá tinieblas, y la luna será como sangre. Las estrellas caerán, el cielo desvanecerá, caerán los montes (versos 12-17). ¡La ira de Dios se revela desde los cielos! Todos los fuertes del mundo tendrán gran pavor. Se esconderán como cucarachas que huyen de la luz. Se acabó la paciencia divina, y llegó “la ira del Cordero” (Apocalipsis 6.16). Pero la gente, aunque asustada, no se arrepentirá ni creerá en el Señor. Y se abrirá el séptimo sello (Apocalipsis 8.1), con siete ángeles con trompetas y más juicios.
    Amigo, éste es tu aviso. No demores más. Responde ahora, antes de que se abra aquel primer terrible sello. Arrepiéntete y confía en el Señor.
 

martes, 31 de enero de 2023

En Esto Pensad -- febrero 2023

 ¿Todos Se Congregan Al Nombre De Cristo?

A. J. Higgins

viene del nº anterior

El Carácter de la Congregación

    ¿Qué significa estar reunidos a Su Nombre, y qué criterio debo usar para determinar si estoy en verdad congregado así? No es suficiente decir que nos congregamos así, pues esa profesión debe ser respaldada por la manera de congregarnos.
    Congregarnos a Su Nombre significa que reconocemos Su autoridad, y Su Palabra nos rige. Su autoridad es revelada en Su Palabra, y mediada por el liderazgo espiritual que el Espíritu Santo ha levantado en la asamblea (los ancianos). Nosotros no podemos escoger cuáles cosas vamos a implementar en la asamblea. Nos inclinamos ante la autoridad de Su Palabra en todo asunto. Puede haber alguna vez una diferencia de opinión entre hermanos responsables acerca de la guía de la Palabra de Dios. Cuando eso suceda, debemos esperar pacientemente en Dios hasta que Él aclare cuál es Su voluntad.
    Congregarse a Su Nombre significa que estamos atraídos a Él y representamos Sus intereses. Cuando estaba en el mundo, Sus intereses siempre eran la voluntad, la Palabra y las obras de Su Padre. Ésta es la responsabilidad de los creyentes en toda asamblea local. Esto significa que el deseo y los propósitos de la asamblea son espirituales, y que ella existe para promover lo que es para el honor del Señor Jesús.
    Congregarse así significa que Él es adecuado para todo lo que necesitamos, y dependemos solo de Sus recursos. No miramos a una sede central, un fondo, un seminario, una universidad ni ninguna otra fuente. No apelamos al mundo respecto a nuestras necesidades. Él es suficiente para todo.
    Congregarnos a Su Nombre significa que proclamamos y damos a conocer Su Persona. Hacemos esto de varias maneras. Proclamamos la verdad de Dios. Como iglesia somos “columna y baluarte de la verdad” (1 Ti. 3.15), y así mantenemos la verdad acerca de Su Persona, para que todos puedan oír y ver. Pero también testificamos sobre Su Persona en nuestras vidas personales. Como los creyentes en Tesalónica, la transformación que ha hecho el evangelio en nosotros debe ser tan obvia que los demás vean la realidad del Dios vivo y del Cristo resucitado (1 Ts. 1.9-10).
    Además de todo esto, revelamos o proclamamos Su Persona de una manera muy significativa, esto es, por nuestras prácticas cuando nos congregamos a Su Nombre. Todo lo que se hace en una iglesia local refleja algo acerca de la Persona de Cristo. Esto significa que, si abandonamos o claudicamos en cualquier punto de la verdad, resulta que no reflejamos Su Persona. No rehusamos los nombres sectarios por razones de tradición o porque obstinadamente queremos quedarnos en el siglo XIX, en lugar de ponernos al día. Es porque solo Él es Aquel a quien debemos congregarnos (1 Co. 1). Nuestras hermanas cubren sus cabezas para testificar acerca de Él como Cabeza, cosa que un día todo el universo verá. Recordamos al Señor, cómo Él nos instruyó, y un día la memoria de Su muerte en la cruz ocupará a todo el mundo redimido. De modo similar, las prácticas del bautismo, la diversidad de los dones, el sacerdocio de los creyentes, la disciplina, el amor fraternal, y la pluralidad de ancianos testifican todos de algún aspecto de Su Persona, obra y gloria. Si elimináramos cualquiera de estos, me haría cuestionar si estoy realmente congregado a Su Nombre.
    Así que, esta manera de congregarse controla todo aspecto de la vida y práctica de la iglesia. Una iglesia fundamentalista puede tener un pastor excelente, un testimonio vigoroso en el evangelio, y mostrar genuino amor cristiano, y todo eso es encomiable. Pero si la Palabra de Dios no controla todos los aspectos, si las iglesias no llevan la señal de autoridad, si los dones residen en una sola persona, ¿Es eso congruente con “congregarse a Su Nombre” o con la manifestación de Su Persona?
    Valga la repetición, porque debemos enfatizar que no nos congregamos entorno a unas doctrinas conocidas como “doctrinas de las asambleas”. Nos congregamos a una Persona, y de ahí viene todo lo que valoramos como verdades de la asamblea. Es importante apreciar este orden.


Las Consecuencias

    Como resultado de entender lo que significa congregarse a Su Nombre, soy responsable de separarme de cualquier cosa que no se conforma a ese patrón. Es posible tener comunión a nivel personal con creyentes en cualquier lugar, pero sería claudicar si me asociara con un grupo que no se congrega a Su Nombre. Si se trata de transigencia respecto a la verdad de Dios, o hay que negarla en la práctica para reunirme con una compañía de personas, debo preguntarme si eso es lo correcto, si eso agrada al Señor. No debo condenar a otros que quizás sean más espirituales que yo en su vida personal. Mi responsabilidad es a la verdad de Dios que me ha sido revelada.
    Esta responsabilidad gobernará las decisiones que tomo. Evaluaré la oferta de un nuevo trabajo, no en base al salario y mi carrera, sino en base a la proximidad de una iglesia local que se congrega a Su Nombre, porque he aprendido lo que eso significa.
    Congregarme a Su Nombre no debe producir en mi un sentido vanidoso de exclusividad. Al contrario, debe causar gran humildad, ya que con toda la verdad que Dios nos ha dado, no llegamos a la meta debida en nuestra obediencia. En ciertos casos, otros con menos luz manifiestan más semejanza a Cristo y más amor a los demás.
    Si reconozco Su presencia, esto debe infundir en mí un sentido de reverencia y asombro, como lo que pasó con Jacob cuando reconoció que estaba en la casa de Dios (Gn. 28). Si verdaderamente reconozco que la iglesia local es Su morada en la tierra, pondré únicamente en ella todos mis energías y esfuerzos, para contribuir a ella y edificarla para Su honor.


Traducción del artículo por el Dr. A. J. Higgins, en la revista Truth & Tidings
 http://truthandtidings.com/2013/11/isnt-everyone-gathered-to-his-name

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LIBROS NUEVOS

Gracias a Dios, hemos podido publicar los siguientes libros:

Fornicación y Adulterio, por vv.aa.
¿Cuándo Es Mejor la Muerte?  por Carlos Tomás Knott
Gedeón: Un Joven Transformado en Siervo de Dios, por Camilo Vásquez
Rut: Una Historia de Redención, por Carlos Tomás Knott
Los Libros Apócrifos, por el finado Domingo Fernández

 

Disponibles en Libros Berea. https://berealibros.wixsite.com/asambleabiblica/libros 

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 El Camino del Verdadero Cristiano

"Si vas a ser un verdadero cristiano, entre otras cosas te diré esto: Será una vida solitaria, porque es un camino angosto, y se vuelve más angosto, y más angosto, y más angosto". Leonard Ravenhill (1907-1994)

Esto no significa que no tendrás amigos, pero serán pocos si eres obediente a las Escrituras y fiel al Señor.

"Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado" (Sal. 1.1).

"Por amor de ti he sufrido afrenta" (Sal. 69.7).

"Aborrezco la obra de los que se desvían; Ninguno de ellos se acercará a mí"  (Sal. 101.3) .

"No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; El que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos" (Sal. 101.7).

"Y los enemigos del hombre serán los de su casa" (Mt. 10.36, véanse vv. 34-35).

"No os unáis en yugo desigual con los incrédulos" (2 Co. 6.14).

 "... sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, CON los que de corazón limpio invocan al Señor" (2 Ti. 2.22).

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José, su Juventud y Familia

Lucas Batalla

Texto: Génesis 37

José, hijo del patriarca Jacob, es mencionado ocho veces en el Nuevo Testamento. Esteban le nombra cinco veces en su discurso y defensa en Hechos 7. Aparece en Hebreos 11.21-22, donde el verso 22 habla de su fe en Dios, que cumpliría Su promesa y sacaría de Egipto a los hijos de Israel. Finalmente, Apocalipsis 7.8 le nombra en la lista de las tribus de procedencia de los 144.000.
    Era un hombre de Dios, y tenemos mucho que aprender de él. Sus padres eran Jacob y Raquel, y nació fuera de la tierra prometida, durante los años que Jacob estuvo con Labán (Gn. 30.24-25). La narrativa sagrada de su historia comienza en Génesis 37, cuando tenía 17 años de edad (Gn. 37.2).
    Había problemas en su familia, que causaron tensiones y conflictos. Ciertos hermanos suyos, cuando estaban fuera de la vista de Jacob su padre, se conducían mal, y tenían mala fama (v. 2). Eran los hijos de Bilha y Zilpa, esto es, Dan, Neftalí, Gad y Aser (Gn. 30.6, 8, 11, 13). El muchacho José informaba a su padre de esas cosas. Seguramente los hermanos le tildaban de chivato, pero los malos eran ellos, no él, pues José andaba honestamente y honraba a su padre, mientras ellos eran deshonestos y le ocultaban cosas. Juan 3.20 les describe: “Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas”. Es una lástima que hoy también haya problemas así aun en casas de creyentes. La naturaleza humana se manifiesta también en esos hogares. Cada uno quiere hacer lo que le parece, e intenta ocultarlo. Esto produce vidas de doblez e hipocresía, y gran debilidad espiritual, y tales cosas son el campo de recreo del diablo, y producen conflicto entre los que desean agradar a Dios y los que no.
    Pero había otro problema. El texto sagrado no oculta que el patriarca Jacob favorecía a José (v. 3), porque había nacido en su vejez. Sus padres habían cometido este error, pues Isaac amaba a Esaú y Rebeca amaba a Jacob (Gn. 25.28), y Jacob luego cometió el mismo error. Los padres deben afirmar su amor y afecto a todos sus hijos.  Al manifestar su amor especial a José, Jacob contribuía a las tensiones entre los hermanos (Gn. 37.3-4). Cuatro veces leemos de la mala actitud de sus hermanos:
    v. 4     le aborrecían y no podían hablarle pacíficamente
    v. 5     le llegaron a aborrecer más todavía
    v. 8     le aborrecían aun más
    v. 11   le tenían envidia
    Que sepamos, Jacob no hizo nada para rectificar ese problema, y andando el tiempo, esas actitudes produjeron algo mucho peor. Los padres deben vigilar y estar atentos no solo referente a la conducta de sus hijos sino incluso de sus actitudes, pero en muchas casas hay laxitud y permisividad. Recordemos como padres que un día responderemos ante el tribunal de Cristo por la manera en que educamos a nuestros hijos, porque el Señor nos manda criarlos “en disciplina y amonestación del Señor” (Ef. 6.4).
    En los versos 5-11, como hemos notado, los hermanos no reaccionaron bien, y no solo por el favoritismo de Jacob sino también porque su mala conducta no quedó oculta. Vemos estas tensiones en las familias, si señalamos el pecado, si decimos a un pariente: esto es fornicación, o adulterio, u otro pecado, no les gusta. Quieren ser tolerados y que nadie les diga nada, pero eso no es el camino de Dios. “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Ef. 5.11). Además, el Señor dijo que si le seguimos fielmente, los de nuestra familia serán nuestros enemigos (Mt. 10.34-36).
    En aquel entonces Dios habló a José, no a sus hermanos, mediante dos sueños. El primero fue en los vv. 5-8 y el segundo en los vv. 9-11. Hebreos 1.1-2 aclara que Dios ya no habla así, pero en aquel entonces ciertas personas tuvieron visiones, sueños o encuentros con el ángel de Jehová. Así que, José comunicó a su familia lo que había soñado, pero no les gustó. No sabemos si él fue del todo prudente en su manera de expresarlo, porque su padre le reprendió (v. 10). Pero en todo caso parece que Dios indicaba como mínimo que sus hermanos debían respetarle, sin embargo, reaccionaron con envidia (v. 11). Su padre meditaba en eso, deseando entender su significado. Es bueno meditar en las cosas que no entendemos, porque puede que luego lleguemos a comprender mejor.
    En los versos 12-17 leemos que Jacob le envió a sus hermanos. José conocía la actitud de ellos, pero no puso pegas ni se negó a ir. Tenía 17 o quizás 18 años de edad, pero todavía respetaba a su padre y hacía las cosas que le decía. No tenía prisa para independizarse. Muchos jóvenes hoy no respetan ni obedecen a sus padres, y esto es causa de tristeza, pues “el hijo necio es tristeza de su madre” (Pr. 10.1).
    En los versos 18-22, sus hermanos le vieron venir y reaccionaron malamente. Dijeron con desprecio: “aquí viene el soñador” (v. 19), que aparentemente es el apodo que le dieron. En nuestras familias vemos a veces actitudes así, en los que no quieren que les leamos la Biblia ni que oremos en su presencia. Ellos escogieron otro camino, y no les gusta que nuestra conducta les recuerde el buen camino que dejaron. En cuanto a los hermanos de José, vemos el fruto de su odio y envidia, al decir: “matémosle” (v. 20). En su corazón ya habían cometido fratricida. Rubén intervino para librar a José, pero sugirió una alternativa no buena – echarlo en una cisterna, lo cual hicieron (vv. 23-24).
    Luego, en los versos 25-28, los hermanos se sentaron y comieron tranquilamente, oyendo pero ignorando a José que con angustia les rogaba (Gn. 42.21). Decidieron sacar provecho para sí, y por eso lo vendieron a los ismaelitas. Fue idea de Judá. En la ley Dios declara: “Asimismo el que robare una persona y la vendiere, o si fuere hallada en sus manos, morirá” (Éx. 21.16). Rubén descubrió lo que habían hecho, y lamentó grandemente (vv. 29-30). No sabemos por qué se ausentó en un momento tan crucial, pero sea esto una lección para nosotros. Si sabemos que alguien necesita socorro, no debemos perder el tiempo haciendo otras cosas, sino hacer que su ayuda sea nuestra prioridad.
    El resto del capítulo (vv. 33-36), relata el plan que formaron los hermanos, y cómo hicieron para engañar a Jacob, haciéndole creer que un animal había matado a José. No son pocos los hijos que engañan a sus padres, o mienten u ocultan cosas. Quizás dicen que son mentiras piadosas, pero todas las mentiras son diabólicas, pues él es el padre de mentira. Algunos llevan una vida doble, y sus padres no saben cómo realmente son. El pobre padre Jacob (vv. 33-35), creyó el engaño de sus hijos, y se angustió al ver la túnica de su hijo. Lloró y guardó luto por muchos días (v. 34) Dijo: “Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol” (v. 35). ¡Cuántos hijos han hecho llorar a sus padres, como esos egoístas y crueles hijos de Jacob! Vemos la conducta hipócrita y ridícula de sus hijos que intentaban consolarlo. ¿Qué consuelo podían dar ellos? ¡Eran la causa de su tristeza! La caravana llegó a Egipto, y José fue vendido como esclavo. 


 Quizás oraba e imploraba a Dios en todo el camino – no sabemos. Pero Dios tenía otro plan en Su providencia, y había que esperar años para ver el fruto de Su plan. Nosotros también debemos recordar que Dios está obrando en nuestras vidas, y no todo se hace enseguida, pero en todo trance Él cuida de los Suyos.
    Vemos, hermanos, en todo esto, que los pequeños conflictos de antes, y sus malas actitudes y conducta que no fueron corregidos puntualmente, causaron ese gran mal. Los padres no deben ser perezosos ni permisivos ni cobardes, sino diligentes en enseñar, observar y corregir a sus hijos. Deben gobernar bien a los de su casa. Y los hijos deben honrar a sus padres y obedecerles.  Seamos diligentes y piadosos en nuestros hogares, porque es de ahí que salen las personas para servir a Dios o a sí mismas. 
continuará, d.v.

del estudio que dio el 28 de agosto, 2022

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En La Cena del Señor, ¡Pensemos Solo En Él!

"Haced esto en memoria de mí" (Lc. 22.19; 1 Co. 11.24-25)

"En memoria" significa "recordándole", o "trayéndole a la mente". Si la mente y el corazón están llenos de Cristo, no saldrá otra cosa en la Cena celebrada en Su memoria. Todo himno hablará de Él, no de nosotros, no de la oración, la consagración, etc. sino de Cristo. Toda oración hablará de Él, y se ausentarán las peticiones y las gracias por otras cosas. Es la única hora en todas las actividades de la iglesia que se dedica enteramente a Cristo. Si un hermano varón habla en la reunión, no dará enseñanzas y exhortaciones, sino hablará de Cristo. No es hora para dar testimonio o explicar textos. Sus palabras deben acercarnos a la Persona y obra del Señor. Hablemos como el salmista: "Rebosa mi corazón palabra buena; Dirijo al rey mi canto; Mi lengua es pluma de escribiente muy ligero. Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; La gracia se derramó en tus labios; Por tanto, Dios te ha bendecido para siempre" (Sal. 45.1-2).

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ESCOGE  LO MEJOR


Proverbios 27:5 “Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto”.
    A nadie le gusta ser reprendido. Pero es malo reaccionar como el escarnecedor que no ama al que le reprende (Pr. 15.12). “El que aborrece la reprensión es ignorante” (Pr. 12.1). Todos necesitamos la reprensión alguna vez en la vida. Nadie es tan rico, grande o importante que no se le puede reprender. La reprensión es buena porque señala el problema, y eso puede ayudarnos a resolverlo y mejorar nuestra vida. Si sabemos que hay una ofensa o molestia, tenemos oportunidad de eliminarla. La corrección es para nuestro bien. Cuando es del Señor, sabemos que el motivo es amor, pues “el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (He. 12.6). Así Él nos trata como a hijos (v. 7). Los padres cristianos no deben consentir cosas malas en sus hijos, sino reprender y castigarlos en amor, para su bien. “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece, mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Pr. 13.24).
    Los amigos fieles, sobre todo los espirituales, pueden dar cordiales consejos (Pr. 27.9), y también, si es necesario, reprendernos. “Fieles son las heridas del que ama” (Pr. 27.6), porque habla con amor sincero, y busca nuestro bien. Lucas 17.3 enseña: “Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale”.
    En el caso de hombres ancianos (de edad), los más jovenes no deben reprenderles, sino exhortarles como a padres (1 Ti. 5:1), y también deben hablar con respeto a las mujeres ancianas, como a madres (1 Ti. 5.2).
    Pero el amor oculto no sirve para nada, porque no sabemos que existe, ni nos produce beneficio alguno. Si hay alguna falta o conducta indebida, lo mejor es reprenderle en lugar de andar con chismes y críticas a terceros. Si apreciamos a alguien, mejor es decirlo para darle ánimo. Y si amamos al Señor, no lo ocultemos ante el mundo., pues es parte de nuestro testimonio.

Proverbios 27:10 “Mejor es el vecino cerca que el hermano lejos”.
    El vecino cerca nos puede ayudar en un momento determinado, cuando el hermano lejos no esté en posición para hacerlo. Hay hermanos que físicamente están lejos, y otros que se alejan espiritualmente. Por ejemplo, Demas amaba al mundo y se alejó de Pablo. Otros se alejan en el corazón, pues ven la necesidad de un hermano, pero cierran contra él su corazón (1 Jn. 3.17). ¡Que curioso que a veces un vecino inconverso esté más dispuesto a ayudar que otros creyentes! Pero en todo caso, tenemos en el Señor un amigo fiel que nunca se aleja.

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 Es Pecado Hacer Acepción de Personas


Acepción de personas:  Acción de favorecer o inclinarse a unas personas más que a otras por algún motivo o afecto particular. Puede ser por cosas como el dinero, parentesco/apellido, nepotismo, rango social, nacionalidad, raza, edad, años en la iglesia, popularidad, belleza, nivel de estudios, sobornos, regalos, amistad, etc.
    Alguien dijo: "Cerca de la cruz de Jesucristo la tierra es llana". Dios juzga igualmente a todos, pues todos son pecadores y necesitan al Salvador.
    En el mundo, el dinero o la posición social suelen facilitar ciertos favores y un trato privilegiado. Estos privilegiados no guardan fila como los demás, ni pagan multas. Reciben permisos especiales que los demás no. Si la polícia de tráfico les para, dicen: "¿Sabes quién soy yo?" o nombran su parentesco o sus amistades importantes. "Soy hijo de don Fulano de tal", o "Soy amigo del presidente", etc. Pero nada de eso impresiona a Dios.
    Dios manda no hacer acepción de personas ni tomar cohecho (Dt. 10.17). "Con Jehová nuestro Dios no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de cohecho" (2 Cr. 19.7). Eliú le describe así: "...aquel que no hace acepción de personas de príncipes. Ni respeta más al rico que al pobre, porque todos son obra de sus manos" (Job 34.19).
    A Cristo le dijeron: "Maestro, sabemos que... no haces acepción de personas" (Lc. 20.21). Pedro declaró a los de la casa de Cornelio: "Dios no hace acepción de personas" (Hch. 10.34). Pablo declara: "Porque no hay acepción de personas para con Dios" (Ro. 2.11). Luego escribió esta misma verdad a los gálatas, los efesios y los colosenses (Gá. 2.6; Ef. 6.9; Col. 3.25). Pedro dijo que Dios "sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno" (1 P. 1.17). No importa de dónde eres, ni quién eres, ni quién es tu padre, ni cuánto dinero tienes. Dios no se deja impresionar por tales cosas, ni te tendrá consideración especial.    
    Y es feo cuando un cristiano haga acepción de personas o desee que otros lo hagan para con él. Nuestra fe en el Señor Jesucristo debe ser sin acepción de personas (Stg. 2.1, 9). Si procedemos con favoritismo o acepción, pecamos y desagradamos a Dios. Lo mismo puede decirse de los que buscan acepción/favores en base a su dinero, regalos, nombre, posición, etc. No sea hallado entre nosotros este pecado.

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¡El Fin Viene!

Apocalipsis significa “revelación”. Dios dio al apóstol Juan visiones de la venida y el reino de Jesucristo. Pronto acabará con toda política, religión y filosofía, y establecerá el reino profetizado miles de años antes, por el profeta Daniel. “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2.44).
    El mundo no quiere que Cristo reine, pero Él no necesita invitación, ni que le voten en un referéndum, ni que lleguen a un acuerdo. Es el Creador de todo, y tomará lo que es Suyo. Lee Génesis y lo verás, pues es el libro de los orígenes. Y Apocalipsis es el libro de la conclusión – cómo terminará todo. Apocalipsis 1.1 y 22.6 informa que en este libro Dios ha manifestado “las cosas que deben suceder pronto”. Apocalipsis 1.3 y 22.10 declaran: “el tiempo está cerca”.
    Debes prepararte, porque pronto Jesucristo el Creador y Rey vendrá, y no pacíficamente, sino con ira y juicio contra todos los rebeldes e incrédulos. Ha sido paciente, durante miles de años. Pero se nos acaba el tiempo y las oportunidades. Los capítulos 6-19 de

Apocalipsis se ocupan de los juicios y otros sucesos que tomarán lugar en los siete años antes de la segunda venida de Cristo para reinar. Juan vio tres grupos de siete juicios salir del cielo, de la mano de Cristo y del trono de Dios. Sacudirán al planeta en una escala nunca visto, de modo que ningún país podrá ayudar a otro porque todos sufrirán. Las Escrituras comparan esos juicios a la mujer encinta que tiene dolores de parto. Una vez que comiencen, nadie los parará. Se apoderan de la mujer, y vienen con cada vez más frecuencia e intensidad, hasta que nazca el niño. Cuando comiencen los juicios de Dios, vendrán así, con gran intensidad y dolor, y poco intervalo, uno detrás de otro, hasta que aparezca Cristo en el cielo, viniendo en las nubes con gloria y gran poder. Nadie podrá pararlo, amigo, y estos juicios están a punto de comenzar.
 
   Vendrán guerras, plagas, asteroides, temblores, sequías, hambre, y muerte. Ejércitos de monstruos demoníacos atacarán a los hombres. Habrá terremotos, truenos, voces, y señales en los cielos. ¿Cómo será esto? No es un misterio, pues Dios ha revelado en Apocalipsis lo que sucederá. Presta atención, porque estas profecías se cumplirán pronto, son las noticias de mañana.
    Jesucristo  abrirá los siete sellos del libro en Su mano. Esto comenzará la retoma del planeta, con los juicios divinos: el tiempo de la ira del Cordero. El séptimo sello, dará lugar a siete trompetas anunciando siete juicios más. Tan horribles serán que un ángel volará en el cielo gritando: “¡Ay, ay, ay de los moradores de la tierra!” Cuando se toque la séptima trompeta, otros ángeles comenzarán a derramar siete copas llenas de la ira de Dios. ¡No amor, sino ira! Si rehúsas creer en el Señor Jesucristo que murió por ti, solo quedará esa terrible ira. ¿Estás preparado para el fin?


sábado, 31 de diciembre de 2022

EN ESTO PENSAD - enero 2023

 Varón y  Hembra Los Creó


No es opinión, sino historia. En las Sagradas Escrituras no hay sexo indeterminado. No es cuestión de cómo uno siente o piensa. Somos criaturas, no creadores, y nuestro Hacedor deja bien claro cómo nos hizo: "...varón y hembra los creó" (Gn. 1.27). Este dato importante es repetido en Génesis 5.2, "Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados". Siglos después, Jesucristo afirmó la veracidad del registro en Génesis al decir: "¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?" (Mt. 19.4-5). El Evangelio según Marcos también cita al Señor Jesucristo diciendo:  "pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer" (Mr. 10.6-7).
    Varón y hembra no son términos filosóficos, sino biológicos. Además de decir claramente: "varón y hembra", Cristo dijo que el hombre (varón) dejará "padre y madre" (no padre y compañero, ni madre y compañera). "Y se unirá a su mujer" (no a otro hombre), ni la mujer se unirá a otra mujer, sino a su marido. Te guste o no, es lo que el texto sagrado dice.
    Pablo, en 1 Corintios 7.1-5 da instrucciones apostólicas acerca del matrimonio (hombre y mujer), y sus relaciones sexuales. El marido tiene a su mujer, y la mujer tiene a su marido. No hay lugar bíblico para relaciones extramatrimoniales (fornicación y adulterio) ni homosexuales (sodomía y lesbianismo). En Efesios 5.22-33 el Espíritu Santo guía a Pablo a escribir acerca del hombre y su esposa. Compara el matrimonio a Cristo y la iglesia (vv. 23, 25, 29, 32). Los que trastornan al matrimonio bíblico también deshonran a Cristo.
    En 1 Corintios 11 Dios nos comunica que los hombres no deben dejar crecer el cabello, pero las mujeres sí, pues es otra diferencia entre los sexos. Pero en el mundo hoy, se hacen las cosas en contra de la voluntad de Dios. Los hombres tienen pelo largo como debe tener la mujer, y las mujeres llevan pelo corto. Esto incluye a los jóvenes, y sus padres deben enseñarles y requerer su obediencia. No se trata de modas sino de la voluntad del Creador y Señor. "¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" (Lc. 6.46).

    El apóstol Pedro, en 1 Pedro 3.1-7, da instrucciones inspiradas acerca de mujeres y hombres en el matrimonio, pues en la Biblia el matrimonio no se comprende de otra manera, sino un varón con una mujer.
    Es de esperar que en el mundo haya ignorancia, confusión y contrariedad. Pero los creyentes no somos del mundo, ni debemos dejarnos influir por él. Las palabras del apóstol Pablo a los tesalonicenses también son validas para nosotros: "...aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios" (1 Ts. 4.1).

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Los Niños Son Personas

Los niños son personas también. Mientras el Señor Jesucristo estaba enseñando, "traían a Jesús unos NIÑOS MUY PEQUEÑOS para que los tocara" (Lucas 18.15 NLBA). Los bebés son tiernos, pero un bebé recien nacido es aún más tierno. Cuando el ángel les anunció a los pastores el nacimiento de Cristo, dijo: "Hallaréis al NIÑO envuelto en pañales, acostado en un pesebre" (Lucas 2.12). Cuando María llegó a la casa de Elisabet, Elisabet dijo: "Cuando escuché tu saludo, el BEBÉ saltó de alegría EN MI VIENTRE" (Lucas 1.44 NTV). Puede que el mundo diga que un feto es una masa de tejido, pero la Biblia lo llama un niño, tal como llama a un recién nacido o a un bebé. Los niños son personas también – ¡incluso los que no han nacido!

Juan Dennison, de su libro DEVOCIÓN A DIARIO,
Publicaciones Pescadores, lectura del 15 de noviembre

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 ¡Escoge Lo Mejor!

Proverbios 22:1 “De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro.”
    Más personas sueñan con el dinero que con el buen nombre pero escogen mal. La reputación de uno – su carácter y manera de vivir – no tiene precio. Los que estiman y escogen el dinero, tarde o temprano sacrifican la virtud para obtener o proteger sus riquezas. El Señor Jesucristo se hizo pobre, no rico (2 Co. 8.9). Pero tenía buen nombre: "anduvo haciendo bienes" (Hch. 10.38). Los ricos argumentan que con su dinero pueden hacer mucho bien, pero sin riquezas Cristo hizo más bien, ¡y Su nombre es bueno! (Fil. 4.8; Stg. 2.7). "Se difundió su fama por toda la tierra de alrededor" (Lc. 4.14). No tomes a los ricos como tu ejemplo, sino al Señor Jesucristo.

Proverbios 25:6-7 "No te alabes delante del rey, ni estés en el lugar de los grandes; porque mejor es que se te diga: Sube acá, y no que seas humillado delante del príncipe a quien han mirado tus ojos".
    Toma el lugar humilde en casa de otro, y no busques el mejor asiento o el lugar más destacado o ventajoso. No seas la persona que se codea con los grandes, tratando de ser importante o de colocarse. No te alabes, pues es muestra de amor propio y orgullo. "Alábete el extraño, y no tu propia boca; el ajeno, y no los labios tuyos" (Pr. 27.2). Humillate y no tendrás que ser humillado. Romanos 12.16 exhorta: "... no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión".

Proverbios 25:24 "Mejor es estar en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa".
    Algún lector dirá que ya comentamos eso en otro número. Pero Proverbios lo repite, así que debe ser importante. Otra vez la importancia del carácter. Desafortunadamente los jóvenes piensan más en la belleza que en el carácter. Dios desea que la mujer cristiana tenga "un espíritu afable y apacible" (1 P. 3.4), y que su conduta sea "casta y respetuosa" (1 P. 3.2). La mujer debe respetar a su marido, no reñirlo (Ef. 5.33). Deben ser "reverentes en su porte; no calumniadoras" (Tit. 2.3). Las madres cristianas deben poner ejemplo, y también enseñar a sus hijas, para que no sean mujeres rencillosas.

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Nuestro Tema Único En La Cena Del Señor

    

A. P. Gibbs, en su libro: ADORACIÓN, escribe: "La palabra más frecuentemente traducida por "adoración" en el Nuevo Testamento es "proskuneo". Significa reverenciar, o rendir homenaje, postrándose; rendir homenaje divino, adorar y glorificar. Bastarán unos pocos casos. En Mateo 2.2-11 observamos que los magos dijeron: "Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? ... venimos a adorarle ... vieron al niño... y postrándose, lo adoraron". El mismo término es utilizado para describir la respuesta de Cristo a la tentación de Satanás: "Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás" (Mt. 4.10). Nuevamente se usa en Juan 4.24, cuando nuestro Señor declara: "Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren". La palabra "latreus", rara vez utilizada, se refiere mayormente a la adoración en el santuario, y en este sentido es utilizada en Filipenses 3.3 y Hebreos 10.2.

Adoración, Ed. DIME, pág. 16

    
"Venimos a adorarle" (Mt. 2.2)
Así expresaron el propósito de su viaje. No habían venido para predicar o enseñar a los hombres, sino a adorar al Señor. ¿Cuál es nuestro propósito en la Cena del Señor? ¿Podemos decir cada domingo que hemos venido a adorarle? Entonces nuestra conducta será como la de esos magos.
    Algunos tienen costumbre de preparar un pequeño estudio o pensamiento que dar a los hermanos. Pero esto no es apropiado en la Cena del Señor porque ahí no debemos enseñar ni exhortar, sino hablar solo del Señor. "Haced esto en memoria de mí", es la orden divina. Todo lo que se dicen en la Cena del Señor debe tener que ver con Su Persona y obra. Dios quiere oír de nosotros lo que pensamos de Su Hijo.
    Ese día en Belén toda la atención estaba enfocada en la Persona de Cristo. Él fue adorado, reverenciado, admirado. Dieron sus regalos a Él, no los unos a los otros, ni a los padres. Y nosotros, cuando venimos a la Cena del Señor, ¿estamos totalmente enfocados en Cristo? ¿Es toda nuestra atención puesta en Él? Entonces, démosle los regalos de nuestro corazón, expresando en himnos de adoración, y en oraciones de adoración, cómo le estimamos. Estando en la presencia del Rey para adorarle, no cantemos ni hablemos de otra cosa.

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¿Todos Se Congregan Al Nombre De Cristo?


A. J. Higgins


Si has intentado alguna vez explicar a un amigo que formas parte de un grupo de creyentes que no toman nombres denominacionales , sino se congregan al Nombre del Señor Jesucristo, probablemente has oído esta pregunta: “¿No están todos los cristianos congregados al Nombre del Señor Jesús?” En su sinceridad y simplicidad, muchos opinan que Mateo 18.20 se aplica a cualquier grupo y tiempo cuando dos o tres creyentes se congregan. Casi no importa que sea para tomar café o pizza, o leer la Biblia. Y según ellos ciertamente se aplica a cuando ellos “van a la iglesia” y se reúnen con otros cristianos.
    Pero, ¿qué significa congregarse al Nombre del Señor? ¿Se aplica a cualquier reunión de creyentes en cualquier ocasión, cualquiera que sea su propósito?

El Contexto

 
    La lectura de Mateo 18 aclara que el contexto de esa declaración del Señor en el verso 20 es una iglesia local, no una reunión informal de amigos, ni una sali
da social de creyentes. “Dilo a la iglesia” (v. 17) debe resolver las dudas, porque viene hablando de la iglesia, no de encuentros informales o sociales. En el verso 18 el Señor les da autoridad para “atar y desatar”, lo cual confirma que se trata del gobierno de la iglesia. Pero algunos todavía objetan, diciendo que el Señor está en todas partes, así que, ¿cómo podemos limitar Su presencia a una iglesia local?

El Concepto

 
    Es importante distinguir entre la omnipresencia del Señor y Su presencia aprobadora. Por ejemplo, aunque el Señor es omnipresente, sin embargo, leemos que vino y “paseaba en el huerto, al aire del día” (Gn. 3.8). Vino de modo especial para morar entre los querubines en el tabernáculo con Israel en el desierto (Éx. 25.8, 22). La gloria de Jehová llenó el templo de Salomón cuando vino a morar allí (2 Cr. 7.1). Esos hechos y otros similares no contradicen Su omnipresencia. Del mismo modo, el creyente “indocto” de 1 Corintios 14.24 aprendió una verdad importante al observar la función de la asamblea. ¿Qué verdad aprendió? Que “…verdaderamente Dios está entre vosotros” (v. 25). En todos esos casos la presencia de Dios era posible porque las condiciones estaban de acuerdo a Su voluntad. Considera las siguientes declaraciones:

“…cómo Jehová había mandado a Moisés… así acabó Moisés la obra” (Éx. 40.32-33).

“Todas estas cosas, dijo David, me fueron trazadas por la mano de Jehová, que me hizo entender todas las obras del diseño” (1 Cr. 28.19).

Indican un patrón divino que fue dado para asegurar la presencia de Dios. Pero Dios nunca cesó de ser omnipresente cuando vino a morar entre Su pueblo. Mora entre ellos en comunión, pero llena el universo con Su deidad. Aunque está presente en todo lugar, solo mora donde las condiciones se conforman a Su voluntad y carácter.
    Por eso, cuando las Escrituras hablan de la presencia del Señor, no se trata de Su omnipresencia, sino de Su morada. Además de esto, todo creyente es morada del Espíritu de Dios (Ro. 8.9), su cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Co. 6.19), y es habitación también del Padre y del Hijo (Jn. 14.23). Pero esto no es lo mismo que estar “en medio de” dos o tres de ellos (Mt. 18.20).
    Hechos 19 relata la visita de Pablo a Éfeso y el alboroto que aconteció. Lucas, al describir los sucesos, dos veces emplea la palabra “asamblea” (vv. 39, 41). De hecho, es la misma palabra que en otros lugares se traduce “iglesia” y significa “una compañía llamada fuera”. Nota que en el verso 39, el escribano de la ciudad insiste que debe haber “legítima asamblea”, esto es, que debe haber una base correcta para congregarse. El hecho de que la gente desea reunirse como asamblea no es en sí una justificación para constituirse así. En lo referente a una iglesia local, solo hay una base “legítima” para congregarse así y considerarse una iglesia, y es el Nombre del Señor Jesucristo. Solo este nombre tiene autoridad, y solo él es razón adecuada para reunirse.


La Afirmación

 
    Pero todavía falta responder a la pregunta. Si se refiere solo a las reuniones de la iglesia, ¿qué de todas las iglesias que creen la Biblia, y las que se consideran “fundamentalistas”? ¿No están todas ellas congregadas al Nombre del Señor? Se suele preguntar algo así: “¿Cómo puede cualquier grupo ser tan creído como para afirmar que tiene exclusivamente Su presencia?”
    En primer lugar, siempre hay que tener en cuenta que la Palabra de Dios me es dada para juzgar mi propia senda, y no principalmente para juzgar a los demás. No debo preocuparme tanto por si la presencia del Señor está en algún otro lugar. Lo más importante, y que me debe preocupar, es si el grupo con que yo me congrego se reúne de acuerdo a Su Palabra y tiene derecho a afirmar Su presencia. Dejemos a Dios juzgar este asunto, y estemos seguros de que lo hará conforme a Su Palabra, no otra cosa. ¡El hecho de colgar en la pared el texto de Mateo 18.20 no asegura Su presencia!
    Pensando en esto, debo examinar si la compañía con que me asocio es consistente con Su presencia. No se trata de perfección, sino de conformidad bíblica al patrón de una iglesia neotestamentaria. Esto resulta de estar genuinamente congregados a Su Nombre. Ninguna iglesia local alcanza la perfección, porque está compuesta de creyentes, los cuales tienden a fallar. Pero no nos congregamos a la condición espiritual de los creyentes (unos son muy espirituales y estables, y otros no tanto). Nos congregamos a la Persona del Señor Jesucristo.

La Centralidad de Cristo

 
    Puede sorprender a algunos, pero no pertenezco a una asamblea porque sus enseñanzas se ciñen a la Palabra de Dios más que otros lugares, ni porque tiene un poquito más de la verdad que una buena iglesia denominacional. No nos congregamos a doctrinas – ni la doctrina del sacerdocio de todos los creyentes, ni la del bautismo, ni la de la pluralidad de ancianos, ni la de la diversidad de dones, ni la de la función de las hermanas. Todas esas son importantes, pero no nos congregamos a las doctrinas, sino a una Persona. Todas las doctrinas nacen y reflejan algo acerca de esa Persona. Nos congregamos al Señor Jesucristo. Él es nuestra atracción y nuestro recurso. No aceptamos ningún otro nombre que el Suyo. Hallamos nuestra atracción en Él, nuestra autoridad viene de Él, nuestra atención se enfoca en Él, y canalizamos hacia Él todas nuestras actividades.                             
     continuará, d.v. en el siguiente número

traducido del artículo por A. J. Higgins en la revista Truth & Tidings
http://truthandtidings.com

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¿Redimimos el Tiempo?

¿Qué quiere decir esto? Sencillamente, es lo opuesto a perder o  desaprovecharlo. No hay que perder el tiempo, pues es un pecado. Es un recurso que Dios nos da, y todos tenemos la misma cantidad. 24 horas en el día, 168 horas en la semana.
No hay tiempo que perder o malgastar. ¿Qué haces con el tiempo que Dios te concede?
    En las 168 horas semanales, algunos dirigen grandes empresas o incluso países, y otros estudian y trabajan incansablemente y con disciplina personal para aprovechar al máximo. Pero en esas mismas horas otros hacen poco más que comer, dormir y jugar. Algunos, adictos a las redes sociales, gastan cantidad de horas en Facebook, Twitter, Snapchat y cantidad de otros programas y redes, ocupándose en conversaciones livinanas y curioseando en vidas ajenas. Uno se pregunta si podrían pasar un día sin su teléfono en la mano o a su lado para mirarlo a cada rato. ¿No hay nada mejor que hacer? ¿Hay vida sin red social?
    Tengamos claro que el tiempo es un regalo de Dios, es también una responsabilidad, una mayordomía. Podemos estar seguros de que en el Tribunal de Cristo, se revisará nuestro uso del tiempo.
"Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría" (Sal. 90.12).

"Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,  aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos" (Ef. 5.15-16).

"Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo" (Col. 4.5).

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La Iglesia:
Posesión de Cristo, No de los Hombres


W. E. Vine  


En asuntos de doctrina es de vital importancia que actuemos basándonos en una autoridad totalmente fiable. Hay quienes creen que esa autoridad está en la Iglesia. Esto enseguida hace surgir ciertas cuestiones que debemos considerar: ¿qué es la Iglesia, y cuáles son su llamamiento, constitución y destino? Ninguna afirmación de autoridad de parte de cualquier hombre o compañía de hombres es admisible, hasta que demuestre que está correctamente fundada. No aceptamos ni accedemos a las demandas de nadie simplemente porque las hace.

Verdades Básicas

 
    Es axiomático que la Iglesia es la posesión de Cristo. Si Cristo no existiera, no habría Iglesia. El hecho de que hay Iglesia se basa en las verdades de Su encarnación, muerte expiatoria, resurrección y el cumplimiento de Su anuncio profético: “edificaré mi iglesia”.
    Nuestro conocimiento de esta declaración del Señor viene de los escritos del Nuevo Testamento. Ellos son la fuente principal de nuestro conocimiento de Cristo, Sus afirmaciones y la obra que realizó. Para establecer esto, deberíamos ofrecer pruebas de que el Nuevo Testamento contiene detalles y enseñanzas históricamente auténticos, y de su divina inspiración. No entraremos en el tema de la inspiración, autenticidad y autoridad de las Sagradas Escrituras porque estas cuestiones han sido tratadas en otra obra. Las evidencias de las Escrituras son de importancia primaria, y toda otra evidencia es secundaria. En cuanto a su validez, los libros del Nuevo Testamento fueron escritos por hombres que vivieron en el mismo tiempo y país que Cristo. Ellos escribieron en primer lugar para la generación que nació antes de la muerte de Cristo, y muchos de los escritores eran testigos de los sucesos descritos en sus narraciones. Algunos no tenían experiencia personal de algunos acontecimientos, pero disponían de amplios medios para verificar las historias que escribieron. Toda la evidencia – interna y externa – establece su veracidad. El contraste entre estos escritos y los que no son canónicos, sean contemporáneos o posteriores, testifica favorablemente de su validez, divina autoridad e inspiración.
    De los cuatro evangelios, únicamente el Evangelio según Mateo  contiene una declaración directa de Cristo acerca de Su Iglesia. Lo mismo es verdad acerca de una iglesia local. Pero en ambos casos, todo lo que el resto del Nuevo Testamento enseña es congruente con las declaraciones de nuestro Señor. Todo eso forma un cuerpo armonioso de doctrina sobre el tema. La veracidad de las Sagradas Escrituras y la divina autoridad de sus enseñanzas demandan nuestra adherencia y que aceptemos solo lo que está de acuerdo con el texto bíblico. Solo debemos seguir las enseñanzas que se conforman a las doctrinas enseñadas por Cristo y Sus apóstoles. Si aceptamos cualquier otra cosa, ponemos en tela de juicio la veracidad de las Escrituras y las divinas prerrogativas que ellas declaran.

El Término Ekklesia

    En el Nuevo Testamento la palabra ekklesia (lit. “llamado fuera”) tiene varias aplicaciones: una asamblea de ciudadanos griegos (Hch. 19.39), una turba violenta (vv. 32, 41), e Israel (Hch. 7.38). Aparte de esos, su uso tiene solo dos sentidos. Primero: significa toda la compañía de los redimidos durante la edad presente – la compañía de la que Cristo dijo: “edificaré mi iglesia” (Mt. 16.18). Más adelante ésta se describe como “la iglesia, la cual es su cuerpo” (Ef. 1.22-23). Segundo: significa una compañía que consiste exclusivamente de profesados creyentes, con referencia al lugar donde se acostumbran a congregar, y en plural, con referencia a un distrito.1
(continuará, d.v.)

del libro La Iglesia y las iglesias, por W. E. Vine,  publicado por Libros Berea

1 Hay una aparente excepción en Hechos 9:31 donde pone “las iglesias”, pero el texto griego pone el singular – iglesia. Esto parece indicar la iglesia en Jerusalén que acabó de ser esparcida (Hch. 8:1). En Romanos 16:23, Gayo era “hospedador... de toda la iglesia”, lo cual naturalmente indica que la iglesia en Corinto acostumbraba a reunirse en su casa, donde también Pablo se alojaba. 

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"...Edificaré mi iglesia" (Mt. 16.18). "Cristo amó a la iglesia" (Ef. 5.25). Ni Cristo ni los apóstoles comenzaron organizaciones paraeclesiales, sino iglesias locales. Las orgnizaciones no tienen base ni precedente bíblico. No nos desviemos del patrón bíblico, sino trabajemos en la iglesia.

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 ESPECIE EN PELIGRO


Al terminar el telediario, al moderador solo le faltó decir: “¡Oremos!”  En las noticias de esa tarde había un terremoto, sequía, hambre, varias guerras, huelgas, un atentado y crisis económica.  Se sentía cada noticia como un golpe. Pero luego dijo: “Que pasen muy buenas tardes”. ¡Cómo van a hacer eso después de esas noticias!
    Las buenas noticias son como una especie en peligro. Pero hay un lugar que las da. No está en la tele, sino en la Biblia. La palabra “evangelio” significa literalmente “buenas noticias”. ¿Y qué buenas nuevas son esas? En pocas palabras, según el apóstol S Pablo: “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:3-4)
    Este texto es quizás la más clara y concisa declaración de las buenas nuevas. Pensemos en su significado. “Cristo murió por nuestros pecados”. ¡Esto dice mucho! Dice que todos nosotros somos pecadores. Pecamos en pensamientos, palabras, actitudes, hechos y por omisión. Somos culpables, y además, en la Biblia Dios nos advierte que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6.23) y que todos somos “dignos de muerte” (Romanos 1.32). No es buena noticia, pero nos prepara para oír luego la parte buena, que es:
    “Cristo murió por nuestros pecados”. Pero mejor sería aplicarlo personalmente, y decir: “Yo soy pecador, digno de muerte. Nada más pagará por mis pecados”. No valen sacramentos ni buenas obras. La única paga es muerte.
    Y la buena nueva es que “Cristo murió”. Buena noticia para ti, pero no para Él. ¡Nosotros pecamos y Él murió!  En la cruz del Calvario, Jesucristo actuó como nuestro Sustituto. S. Pedro declaró: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2.24). Cristo, siendo Dios manifestado en carne, es el único capaz de sustituir a todos y pagar por todos sus pecados con un solo sacrificio. Aplícalo a ti mismo: “Dios demanda muerte por mis pecados. Pero Jesucristo tomó mis pecados y murió por mí. Al morir en la cruz Él pago la pena de muerte por mí”.
    Por eso decimos “buenas noticias” - Evangelio. Porque aunque mereces la muerte eterna, Jesucristo se encarnó, se cargó con tus pecados y sufrió la muerte por ti. ¡Eso sí es amor! Ahora puedes ser perdonado, no por ser buena persona ni religiosa, sino solo por confiar en Cristo tu Sustituto.
    Pero el texto dice más. “Que fue sepultado”.  Es un hecho histórico, que realmente murió y fue sepultado. ¡Y qué funeral! Envuelto en lienzos y con especias aromáticas, y puesto en la tumba con una sola entrada y salida.  Rodaron una gran piedra para sellar la entrada, y pusieron unos soldados romanos para guardarla. ¡Pero Él resucitó! El texto lo declara:
    “Y... que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”. Confucio, Buda y Mahoma y otros líderes religiosos siguen sepultados. Pero la tumba de Cristo está vacía.  No porque Él nunca estuviera allí, sino porque resucitó. Los ángeles de Dios dijeron la verdad: “No está aquí, sino que ha resucitado”.
    Si no hubiera sido verdad, fácilmente podrían demostrarlo. Solo tenían que producir el cuerpo y así refutarían las pretensiones de la resurrección. Pero nadie pudo hacerlo, por la sencilla razón de que Él realmente había resucitado, y las Escrituras profetizaron antes que lo haría.
    Lo que esto significa, es que el evangelio no es simplemente una historia bonita ni una filosofía, ni una parábola religiosa con una moraleja. Las buenas noticias son que Jesucristo murió por tus pecados, pero resucitó, vive, y es el Señor de todo. Él es quien ahora te ofrece perdón y vida nueva, y eterna. Solamente Él puede ofrecerte esto, porque Él ya pagó por ellos en el Calvario. Si confías en Él y lo que hizo por ti, todo el valor y mérito de Su muerte se te aplicará, y serás perdonado y salvo para siempre, con una vida nueva.
    Lo que necesitas, aparte de la convicción de que todo esto es verdad y aplicártelo, es creer, confiar en Él. No en una iglesia, ni en un sentimiento tuyo  ni nada así, sino en Él. Cree al Señor, cree que es verdad el mensaje del evangelio. Vuélvete de tus pecados y al mismo tiempo confía en el Señor Jesucristo como tu Salvador. Él te librará de tus pecados y de la pena de ellas – la muerte en el lago de fuego que es “la segunda muerte”.
    Si confías así en Él, no te preocupes, pues Él actuará instantáneamente a favor tuyo. Tendrás perdón. Tendrás nueva vida. Su Espíritu Santo hará Su morada en ti para ayudarte a vivir para Dios. Tendrás una nueva familia espiritual, hermanos y hermanas en la fe. Tendrás una herencia eterna reservada en los cielos. Dios será tu Padre por primera vez y para siempre. Jesucristo será tu Señor y Salvador. La Palabra de Dios se te abrirá y la entenderás como nunca antes. Y vivirás con la esperanza de ver al Señor Jesucristo cara a cara, cuando Él venga para llevar al cielo a los Suyos, para que estemos siempre con Él. Serás bendecido con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo. ¡Son buenas noticias, y nada hay como ellas! ¿A qué esperas?
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