Jesucristo: la Paz de Dios
Textos: Is. 26.3; Jn. 14.27; Fil. 4.6-7
Todo verdadero creyente tiene paz con Dios, pero qué bendición es experimentar la paz de Dios. “Tú guardarás en completa paz…” (Is. 26.3), es la promesa dada a aquellos cuyos pensamientos perseveran fijos en el Señor. Paz interior perfecta, paz de conciencia, paz en todo momento, en todas las circunstancias. Es un ejercicio que vale la pena practicar: “perseverar” en el Señor y descansar completamente en Él. Entonces nuestra porción será “completa paz”.
Un cristiano agitado no es un buen testimonio de paz. Pero, ¿cómo se cumple todo esto en nuestras vidas sin Aquel que es llamado el “Príncipe de Paz”? Él dijo a los Suyos en la hora más oscura, cuando la tormentosa nube del Calvario se cernía pesadamente sobre Él: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Jn. 14.27).
Sin duda, una de las lecciones más difíciles de la vida es permanecer en la paz de Dios cuando las presiones nos acosan y todo parece ir mal, y cuando nuestro corazón exclama: “¿Por qué a mí?” o “¿Por qué permite Dios esto?”
Pablo transmitió a los filipenses solo lo que había aprendido de su experiencia con el Señor. “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4.7). Se trata de una paz que el mundo no puede comprender; de hecho, está más allá de la comprensión de quienes confían en Él. Muchos creyentes han dado testimonio de la maravillosa paz que han recibido, una paz que supera sus propios recursos para alcanzarla, ya que han atravesado profundas decepciones y dolores.
Todo es gracias a Él, que nos amó y que le dijo a Pablo, el amado apóstol: “Bástate mi gracia” (2 Co. 12.9). Esta paz trasciende nuestra capacidad humana de comprensión, ya que proviene del Señor, la única fuente de paz verdadera y duradera. Los discípulos lo experimentaron, pues antes de que el Señor dijera al viento y a las olas: “Calla, enmudece”, primero los calmó con palabras de consuelo y tranquilidad. “¿Por qué teméis, hombres de poca fe?” (Mt. 8.26). Aprovechemos, pues, al máximo Su preciosa promesa y descansemos para siempre en Él.
“¡Paz, dulce paz! que brota de la cruz.
Nos habla paz la sangre de Jesús.
¡Paz, dulce paz! hacer la voluntad
de Cristo en nuestra vida da la paz.
¡Paz, dulce paz! cargados de dolor;
descanso y paz tenéis en el Señor.
¡Paz, dulce paz! en la separación;
la paz de Cristo da consolación.
¡Paz, dulce paz! en cuanto al porvenir,
Jesús nos guía y guarda hasta el morir.
¡Paz, dulce paz! la muerte alrededor;
Jesús venció la muerte y su terror.
¡Paz, dulce paz! no tardará Jesús,
y nos dará celeste paz y luz”.
Edward Bickersteth (1786-1850), traducido por Enrique Turrall (1867-1953)
Howard Coles, Coleford, Inglaterra, traducido del libro Day By Day Christ Foreshadowed (“Día A Día, Cristo Presagiado”) Precious Seed Publications, lectura del 8 de septiembre
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Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)
viene del número anterior
4. La Preeminencia
La Biblia claramente informa que a Diótrefes le gustaba “tener el primer lugar entre ellos” (3 Jn. 9). No dejó espacio ni oportunidad para otros, hasta tal punto que no recibió al apóstol Juan. Frecuentemente ocurre entre líderes que hay uno que busca el primer asiento entre los hermanos, hasta el punto de excluir a todos los demás. Puede caer en el error de creer que es “el hermano mayor” por su edad o tiempo en la asamblea, o que es “el mejor preparado” porque ha estudiado, o que la gente le seguirá porque es el más popular. O puede pensar que por su afluencia y las ofrendas que aporta tiene derecho a mandar. A veces es porque viene de “una familia principal” que controla la asamblea y tiene la última palabra en las decisiones.1 En todos esos obra la actitud de Diótrefes.
Pablo se dirige a este espíritu competitivo en su epístola a los filipenses. Aparentemente existía eso entre los santos ahí, y Pablo escribió:
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Fil. 2:3-4).
En este contexto el apóstol pone delante de ellos el sublime ejemplo del Señor Jesucristo: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Fil. 2:5). ¿Qué sentir hubo en Cristo Jesús? Él era Dios, y sin embargo no se estimaba, no pensaba en sí mismo, sino en nosotros los indignos. De ese modo Él descendió de las alturas de la gloria, tomó forma de siervo y fue hecho semejante a los hombres. Se humilló, tomo el lugar bajo, y descendió hasta la muerte de la cruz. Todo eso lo hizo buscando nuestro bien.
Vemos ese descenso ilustrado en el aposento alto cuando Él bajó y lavó los pies de los discípulos. Había necesidad, y como ninguno de los discípulos quería hacerlo, ¡Él lo hizo! ¡Cuán bella Su mente, y cuánto necesitamos considerar y seguir Su ejemplo, para que se vea en la práctica, en los tratos unos con otros este sentir de Cristo!
En las Escrituras hallamos que el pastoreo de las ovejas del Señor debe hacerse por hombres serviciales, no señores. El Señor mismo dijo que no vino para ser servido, sino para servir (Mr. 10:45). “Anciano” no es un título o grado, sino un servicio y sacrificio. Los ancianos no son reyes ni dueños, sino siervos. Rogamos al Señor que provea ancianos piadosos que gobernarán poniendo ejemplo y servirán humildemente sin buscar la preeminencia.
NOTA:
1. Por ejemplo, si una asamblea tiene tres ancianos y todos son de la misma familia, no es una situación espiritualmente saludable.
continuará, d.v. en el siguiente número
del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea
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A muchos les encantaría tener un teléfono nuevo (o varios), con gran memoria, buena cámara y muchas apps. Hay apps con GPS para guiarnos, para acceder a la cuenta bancaria, para pedir un taxi, y mucho más. Tienen apps de reloj y temporizador, despertador, correo electrónico y chateo, calendario, fotos, música, juegos, el pronóstico del tiempo, planes para viajar, alojamiento, restaurantes, supermercados, las noticias, etc. Además, hay apps de la red social, para curiosear en vidas ajenas, y para reportar constantemente tus movimientos y actividades. ¡Parece que los nuevos teléfonos pueden hacer casi todo menos fregar los platos!
Pero me alegra decirte que hay algo mucho mejor. Dios ha provisto Su infalible Palabra para cada creyente. Es un libro completo, divino y profundo, pero no académico ni filosófico, sino práctico, puesto al alcance de todos. Es nuestro consejero, alentador, guía, mapa, brújula, arma y defensa. Algunos no quieren separarse de su teléfono, pero lastimosamente muchos pasan más tiempo con el teléfono que con la Biblia que tanto necesitan. La vida cristiana es un peregrinaje, en el cual atravesamos este mundo, rumbo a la ciudad de nuestra ciudadanía celestial. Como dice un himno:
ronda el diablo en derredor.
Fortalece Tú mis pasos
en la lucha, oh, Señor”.
Un solado sin armadura ni arma, un viajero sin brújula ni mapa, uno que camina sin consejero fiel en este mundo, es la receta para fracaso y desastre. El apóstol Pablo, cuando se despidió de los ancianos de Éfeso, dijo: “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hch. 20.32). ¡Mirad qué poder, y qué recurso pone a su disposición! ¡Un teléfono no puede hacer esto!
La Palabra de Dios es un gran recurso. Primero, por ella conocemos a nuestro Dios y Su perfecta voluntad. Nos aconseja acerca de muchas cosas: prioridades, valores, amistades, matrimonio, peligros y tentaciones, dinero, y muchísimo más. El salmista dijo: “Tus testimonios son mis delicias y mis consejeros” (Sal. 119.24). En Proverbios 11.14 el padre enseña a sus hijos: “En la multitud de consejeros hay seguridad” (compara Pr. 15.22). No habla de psicólogos, asesores profesionales, ni de amigos de escuela. En la Palabra de Dios hay 66 consejeros; son libros divinamente inspirados que nos aconsejan con preceptos, ejemplos y advertencias acerca de toda la vida. Además, uno de los títulos del Señor Jesucristo es “Consejero” (Is. 9.6), y Sus consejos no son psicológicos, ni vienen por emociones, visiones, sueños o voces. Están escritos en Su Palabra.
Stephen Hulshizer (1941-2019)
En un mensaje pronunciado en una conferencia en 2003 y posteriormente publicado en la revista Emmaus Journal (Emmaus Bible College, Fall 2005), el ponente citó a un autor que dijo: “La música es la nueva denominación”. También dijo: “Los jóvenes de hoy e incluso los adultos nacidos entre 1946 y 1964, eligen sus iglesias en función de la música que ofrecen. Estas declaraciones no dejan lugar a dudas sobre el énfasis actual en la música dentro de la cristiandad. Francamente, para muchos, la música es más importante que el ministerio de la Palabra de Dios.
El orador continuó diciendo: “La música es esencial para la evangelización”. Añadió: “Vuestro crecimiento se verá afectado por vuestra música. Cambiar no es una opción, sino una necesidad”. Y, en relación con la música, afirmó: “Vosotros, los que sois los ancianos, tenéis la autoridad para hacer cambios, poner fin a las guerras y establecer los parámetros en los que vais a trabajar. Más adelante, comentó que, cuando los estilos de música se convirtieron en un tema conflictivo en su asamblea, los ancianos encontraron una solución creativa, pues establecieron dos reuniones de la Cena del Señor (énfasis añadido). El artículo completo en inglés está disponible en Internet en la web de ellos: www.emmaus.edu
Lamentablemente, en Norte América y Europa, muchas asambleas la Cena del Señor ahora ha caído presa de la influencia de la música. Tal vez la división de esta reunión, contraria al contexto en el que fue entregada a la asamblea en Corinto (1 Co. 11.17-18), demuestre claramente el énfasis que se pone hoy en día en la música.
En otra señal de los tiempos, una gran organización paraeclesial anunció un retiro para jóvenes en su revista mensual y destacó las siguientes palabras: “Preparaos para un fin de semana de diversión extrema, adoración de alta energía, enseñanza bíblica asombrosa y tiempo con vuestros amigos”. Con estas palabras, queda claro para los jóvenes que la música que se canta en nuestras asambleas no es lo que van a escuchar. Podría deducirse que el “combustible” de la “adoración de alta energía” será “música de alta energía”, ya sea de un grupo en directo o de grabaciones profesionales.
Está claro que la música ha contribuido a la división de muchas iglesias, como se puede ver simplemente con los letreros eclesiales que anuncian servicios “tradicionales” y “contemporáneos”. En el letrero de la entrada de una iglesia se anunciaba: “Próxima reunión de amantes del café. Sábado 24 de marzo, a las 19:30 h, con música de la banda Radical Departure”. Sin duda, el nombre de la banda indica el tipo de música que interpreta.
Lo que venimos diciendo no debe ser malinterpretado. La música en forma de himnos ha sido una parte importante del cristianismo desde sus inicios (Mt. 26.30; Hch. 16.25; He. 12.12; Stg. 5.13). Esta música era el resultado de aprender y apreciar la verdad, y se expresaba en forma de alabanza y adoración (Hch. 16.25; Col. 3.16; Ef. 5.18-19). No se trataba de música interpretada para el placer de un auditorio, ya fuera por una banda o por un coro, ni de un intento de elevar a los santos a una condición en la que pudieran adorar; ¡simplemente era la expresión de corazones que ya estaban adorando!
El “Movimiento de Música Cristiana Contemporánea” se ha extendido por el mundo cristiano a velocidad supersónica. Las generaciones pasadas se quedarían asombradas al ver lo que ha sucedido en el mundo de la música en las últimas décadas. Hoy en día, muchos creyentes mayores no son conscientes de la naturaleza y el alcance reales del movimiento y se ven abrumados de repente por él. Muchos creyentes han recibido un ultimátum: “acéptalo o márchate”, lo que a menudo ha causado divisiones y ha obligado a muchos a dejar iglesias a las que asistieron y a las que contribuyeron económicamente durante años.
Ahora existe una industria musical cristiana tan lucrativa que gran parte de ella está en manos de empresas seculares. Junto con esta industria, existe la lista de “Los 40 Principales de música cristiana”. Uno de los músicos más importantes de la industria anunció su próximo concierto y habló de la oportunidad de escuchar a algunas de las “estrellas nacientes” de la música cristiana.
Los de Berea, al oír la enseñanza del apóstol Pablo, escudriñaron “cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hch. 17.11).
También nos incumbe a nosotros investigar las Escrituras para comprobar si el énfasis moderno en la música se basa en la Biblia, y especialmente en el Nuevo Testamento, ya que en él está el patrón de la Iglesia.
continuará, d.v., en el siguiente número
Lucas Batalla
Texto: Proverbios 20.7
Nuestro texto dice: “Camina en su integridad el justo; sus hijos son dichosos después de él”. Hace poco que hablaba con una muchacha que me decía algo así: “Qué mal está ahora la juventud en todos los sentidos. Pocos quieren estudiar, pocos tienen trabajo, hay mucho vicio de alcohol, drogas, etc., mucho robo, males actitudes, hacen cosas malas y si alguien se le dice algo, se molesta, pone mala cara o hace algo peor, y responde con dureza y palabrotas. Los padres también ponen mal ejemplo y consienten lo malo. Los matrimonios no funcionan como matrimonios, y la familia ya no funciona como familia”. Me sorprendió un poco escuchar esas quejas de una persona no creyente. Esto es así en el mundo, pero con creyentes no debe ser así. Tenemos una vida diferente.
Los padres creyentes deben educar a sus hijos, y sencillamente, si andan en integridad, como dice nuestro texto, ahí está el ejemplo que dan, y eso afecta a los hijos. Por lo menos han tenido el ejemplo delante suyo y no podrán decir que no sabían como vivir. El buen ejemplo tiene poder. Esto no se va a perder. Se siembra una planta y necesita tiempo para crecer, pero crecerá. Al ejemplo debemos suplementar con sano consejo de la Palabra de Dios, y con la oración.
En cambio, qué diferente es el futuro de la persona que maldice a su padre o a su madre: Dios le castigará en esta vida, y también después. Se ponen de modo que sólo se puede orar por ellos y esperar que Dios haga algo, porque rechazan toda reprensión e instrucción.
Pero en todo caso los padres deben vivir en su integridad. Es el mejor regalo que pueden dar a los hijos. Este ejemplo quedará en su memoria siempre, y Dios lo puede usar para bien. No es así cuando dicen pero no hacen, cuando la vida cotidiana no muestra integridad, los hijos observan esto y aprenden la doblez, y desprecian los valores espirituales de los que dicen pero no hacen.
Consideremos algunos textos que nos animan a vivir en integridad.
El Salmo 37.26, hablando del justo, dice: “En todo tiempo tiene misericordia, y presta; y su descendencia es para bendición”. Las palabras “En todo tiempo” se refieren a toda la vida. No se puede limitar el buen comportamiento a un horario de reuniones. Nuestros hijos, nuestra descendencia, nos observa “en todo tiempo”.
Salmo 112.1-2 dice: “Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; La generación de los rectos será bendita”. La descendencia del hombre o la mujer que teme a Jehová es afectada por el ejemplo de su vida.
En 2 Timoteo 1.5 leemos de los ejemplos piadosos que tuvo Timoteo en su hogar cuando era joven: “trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también”. Algunos han sido disgustados por una fe fingida que vieron en sus padres. Pero la integridad espiritual y devoción de esas mujeres le afectó a Timoteo para bien.
En 2 Timoteo 3.14 leemos: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido”. En su relación con Pablo, Timoteo tuvo delante suyo el ejemplo de un hombre espiritual, que le enseñaba tanto con la vida como con la boca.
Es mejor darles este ejemplo de piedad e integridad que dinero, fincas y otros bienes materiales. Muchos jóvenes en casas afluentes han recibido esas cosas y sin embargo se han arruinado. En algunos casos parece que sólo se quedan en la casa o en la iglesia porque están cómodos, bien alimentados y divertidos. Aprovechan a los padres para obtener las cosas que quieren, pero no se acercan realmente al Señor con mucho interés.
Si no damos a Dios lo que debemos, si no hay amor, integridad y devoción en la vida del padre y de la madre, afectaremos para mal a los hijos e irán a la deriva. Para que sean dichosos después de nosotros, tenemos que asentar las bases –aún en la vejez– seguir firmes y fieles y no aflojar ni amargarnos. Debemos ser fieles y confiar que el Señor usará nuestra integridad en la vida de nuestros hijos. Ellos por supuesto tienen que decidir, y son responsables por sus decisiones, pero miremos bien cuál es nuestra parte.
También hay hijos de creyentes que son fieles ahora, y esto da gloria a Dios y gozo y aliento a los padres. Si queremos que nuestros hijos sean así, tenemos que hacer más que llevarles a los cultos o leerles algo de la Palabra. Hay que vivir realmente la vida cristiana, la vida espiritual, con integridad y constancia en el hogar, delante de ellos. Esto les impactará.
1. El Viejo Hombre Crucificado. “Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él” (Ro. 6.6). El verbo compuesto que se traduce “crucificado juntamente” significa ser crucificado en compañía de otros, como cuando los malhechores fueron crucificados con Cristo. El “viejo hombre” que fue crucificado con Cristo es lo que éramos en Adán, la suma total de nuestra vieja vida egoísta.
Cuando los gabaonitas vinieron a Josué, vinieron con “sacos viejos... cueros viejos... zapatos viejos... vestidos viejos”. Todo ese lote de basura debía haberse quemado, pero tomaron a Josué de sorpresa. Ahora bien, nuestro “Josué” no se engañó: nuestras viejas costumbres formadas en el pecado no deben dominarnos más cuando las veamos en el Calvario.
traducido de la revista UPLOOK, septiembre 2003
no hagas en él obra alguna”. Éxodo 20.10
Los Diez Mandamientos fueron entregados al pueblo de Israel, en tiempos del Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento se repiten todos menos el cuarto. Esto se debe a que el sábado, el día de reposo, fue establecido exclusivamente para Israel. Esto puede verse claramente en Éxodo 31.12-17, donde Dios afirma que el día de reposo “señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel”.
Sin embargo, las personas que quieren llegar al cielo guardando los Diez Mandamientos se ven obligadas a obedecer también el cuarto mandamiento. Esta obligación se menciona en la Epístola a los Gálatas 5.3-4, donde se afirma que no es admisible guardar unas cosas y no otras. La circuncisión y la ley eran para los judíos. No se pueden eligir unas partes y omitir otras. Quien se comprometa a hacer como los judíos, debe guardar toda la ley, como si fuera un judío,1 lo que incluiría el día de reposo.
El mandamiento dice: “es reposo para tu Dios” , no para usted. Quiere decir que para acercarse a Dios, para atenderle a Él y rendirle culto. El mandamiento acerca del día de reposo no consiste en quedarse en la cama para reposar, salir al campo ni otras cosas. Debería dedicar cada séptimo día, es decir, cada sábado, a Dios. ¿Así hace usted?
Ahora bien, algunos dicen que el domingo ocupa el lugar del sábado como el “día de reposo” para los cristianos. No hay ningún texto que enseñe esto, pero supongamos que así es.
De todas formas, habría problemas, ya que muchas personas solo utilizan el domingo para sus propios fines y gustos. Hoy en día, la gente no dedica ningún día a Dios.
En un muy pequeño pueblo de Altoaragón, había un sacerdote que tenía fama de oficiar misas muy cortas,por lo que muchas personas de otros pueblos asistían para “cumplir con Dios”, antes de marcharse para pasar el día en el campo. Algo similar ocurría en la parroquia de San Roque de Sevilla, donde una misa exprés de 27 minutos de duración era muy concurrida por el mismo motivo.
Pero en realidad, en la sociedad “moderna” del Occidente no hay interés en Dios, excepto cuando se está en apuros. El resto del tiempo muchos viven como si fueran ateos. El Salmo 10.4 dice “no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos”. La práctica hoy es incluir el domingo en el “fin de semana”, y se considera el lunes como el primer día de la semana. Sin embargo, la Biblia declara que el domingo, el día en que Cristo resucitó, es el primer día de la semana. No se trata de una cuestión cultural, sino bíblica y espiritual.
Jesucristo mandó: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (S. Mateo 6.33). Lamentablemente, para muchas personas Dios no es ninguna prioridad.
Pero como hemos venido diciendo, si usted se ve obligado a cumplir los Diez Mandamientos, este está incluido. ¿Considera de verdad que cumple el cuarto mandamiento? Veamos. ¿Ha trabajado usted alguna vez en ese día o lo ha utilizado para sí mismo en lugar de para congregarse y adorar a Dios? ¿Lo ha dedicado a otras cosas: a ver la tele, leer, hacer deporte, ir a la piscina o a la playa, montar a caballo, salir con los amigos, un proyecto de construcción o cultivar el huerto? ¿Pasa todo el día sin hacerle caso a Dios? Entonces, su “reposo” no es nada más que egoísta, no es espiritual, y no difiere en nada del reposo de quienes no creen en Dios.
¿Ha sido capaz de vivir egoístamente e ignorar a Dios durante todo un día? Entonces le ha robado un día a Dios, y ya sabe cuál es la sentencia:






