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viernes, 3 de abril de 2009

EN ESTO PENSAD -- ABRIL 2009


El Candelero Quitado
Apocalipsis 2:1-7

¿Por Qué?
Bien podemos preguntar: “¿Por qué son a veces quitadas las iglesias locales, ya que son candeleros en un mundo de tinieblas?”
Hay ciertas cosas que no son causa de su eliminación. Los creyentes en Éfeso eran trabajadores energéticos. El Señor dijo: “Conozco tus obras”. Cuando pienso en obra, pienso en la epístola a Tito donde leemos una y otra vez acerca de las buenas obras y cómo debemos cuidar de mantenerlas. Hay mucho en aquella pequeña epístola acerca de las obras.
Fueron trabajadores incansables. El Señor habla de su arduo trabajo, y esta palabra “trabajo” significa trabajar hasta el punto de agotamiento. Significa trabajo hecho con sacrificio. Él les felicitó por esto. No les quita el candelero por su falta de trabajo. Dios dice: “la fe sin obras es muerta”. Si realmente, verdaderamente somos salvos, manifestaremos la realidad de la salvación mediante las buenas obras.
Fueron perseverantes. Varias veces habla aquí de su paciencia o perseverancia. Hebreos 12 habla de una carrera en la cual cada creyente corre. Dice que debemos despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia, para que podamos acabar la carrera que tenemos por delante. Esta carrera es un maratón largo y difícil, y Dios quiere que perseveremos. El Señor encomendó a los creyentes en Éfeso por su perseverancia.
También tuvieron discernimiento. Había algunos que profesaban ser apóstoles, pero los creyentes en Éfeso tuvieron el discernimiento para ver que eran fraudes, y los disciplinaron como tales. También soportaron la persecución y fueron felicitados por esto. Es interesante ver que hicieron estas cosas por causa del Nombre del Señor (Ap. 2:3). Siempre es bueno que los creyentes tengan al Señor delante suyo como su gran incentivo. Cuando hagan esto, entonces todo lo que hagan lo harán de corazón, como para el Señor y no los hombres, sean hermanos u otros, “por amor del nombre”. Esto es lo que hacían los efesios. El Señor no amenazó quitar su candelero por esto.
Tuvieron conocimiento. En la epístola a los Efesios tenemos la verdad de la Iglesia en la forma más sublime de todo el Nuevo Testamento. Es presentada como un edificio, una habitación de Dios por el Espíritu. Está vista como la novia de Cristo, siendo unida a su Señor en los lugares celestiales. La Iglesia también está vista como el cuerpo de Cristo. Esta epístola nos da la verdad más sublime que Dios ha revelado acerca de la Iglesia. No fue por su ignorancia que Él advirtió que iba a quitar el candelero. Fueron bien enseñados.
Fue porque dejaron su primer amor. Esto es básico. El Señor Jesús dijo a Sus discípulos en Juan 13:35, cuando estuvo a punto de dejarlos y volver al cielo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”. En 1 Juan 4:19-21 leemos: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano” .
En esta epístola tenemos el amor a Dios conectado con el amor a nuestros hermanos. Esto nos enseña que no podemos estar bien con Dios si no estamos bien con nuestros hermanos, y no podemos estar bien con ellos si no estamos bien con nuestro Padre celestial. Así que, Dios advirtió que iba a quitar su candelero porque había dejado su primer amor.

Los Resultados
Cuando se quita un candelero, es una pérdida al mundo alrededor. Esto es, el mundo al cual debemos ser testigos, pierde la luz que pudiéramos haber dado. Es una pérdida respecto a la luz de testimonio. Esta luz tiene que ver con cosas eternas. En Levítico 26:8 leemos que si el pueblo de Dios reverencia Su santuario y obedece Su Palabra, entonces “cinco de vosotros perseguirán a ciento, y ciento de vosotros perseguirán a diez mil”. Esta es la aritmética de Dios, no de los hombres. Nos enseña que al andar en comunión con el Señor y con Su pueblo, el efecto de nuestra presencia es aumentado.
Por ejemplo, si vamos a una ciudad y comenzamos a llamar a las puertas, y damos el evangelio a alguien, y nos preguntan: “¿Hay alguien más que cree así en esta ciudad?”, si podemos responder: “Sí, hay una congregación que se reúne en tal calle”, entonces hay autoridad añadida a nuestro testimonio. Si uno solo testifica no tiene tanto poder como cuando hay otros que tienen comunión con este testimonio.
Si el testimonio local del candelero es quitado, entonces el mundo pierde el impacto de un testimonio colectivo que era representado por el candelero y la luz que portaba.
Según la Ley no se debía condenar a una persona al menos que hubiera testimonio de dos o tres testigos que estuviesen de acuerdo acerca de su crimen y condenación. La expresión: “dos o tres testigos” nos recuerda el testimonio múltiple. Cuando hay más de uno, el poder y la validez del testimonio son intensificados. Si no hay iglesias locales, sino que el testimonio es sólo personal, hay menos impacto en el mundo. Cuán importante es el candelero de testimonio de cada asamblea local.
Frank Detrick
traducido de un número viejo de la revista “Counsel” (“Consejos”)
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LOS INFIELES

El primer infiel fue Lúcifer, quien después de altos privilegios, conocimientos y habilidades, se exaltó, se independizó, y arrastró tras sí a muchos cuando fue echado del cielo. Desde entonces la historia humana ha sido plagada con infidelidad. Adán y Eva fueron infieles a Dios y perdieron la comunión dulce con Él. La ingrata nación de Israel, como esposa infiel, se alejó de Jehová (Jer. 2:2-5).
En la obra del Señor los hijos y discípulos infieles han causado mucha tristeza, daño y confusión. Tristeza primeramente al corazón de Dios, así como a sus padres y maestros. Los hijos de Elí fueron tropiezo (1 S. 2:12-17). Los hijos de Samuel no anduvieron en sus caminos (2 S. 8:1-5), y dieron excusa a Israel a pedir un rey y rechazar a Dios. Los hijos de David y los tres hijos de Josías, entre otros, causaron problemas en el pueblo de Dios, porque no siguieron fielmente la fe y la práctica de sus padres. No honraron a sus padres, y así violaron el quinto mandamiento de Dios (Éx. 20:12).
Al justo Job le desamparó su propia esposa, y en lugar de darle apoyo le dijo: "¿Aun retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete" (Job 2:9). Esta era la idea del diablo (Job 1:11; 2:5), y es artimaña vieja suya el poner a la familia en contra del creyente fiel. Y esto es sin hablar de los "amigos de Job" que aprovecharon sus pruebas para acusarle de pecado.
Muchos discípulos se volvieron atrás de seguir al Señor Jesucristo porque consideraron duras Sus palabras (Jn. 6:60-66). No soportaron más la tensión y el conflicto de seguir a Aquel que estaba siendo espiado y criticado continuamente por los líderes religiosos. Desde entonces más de un supuesto discípulo se ha vuelto atrás después de un tiempo, considerando demasiado duro el camino que antes seguía (Lc. 9:57-62). Se cansan de hacer bien.
Demas había sido"colaborador" del apóstol Pablo (Flm. 24), pero luego le abandonó (2 Ti. 4:10), porque amaba al mundo. El camino de consagración, entrega y sufrimiento marcado por Pablo era demasiado difícil para Demas. Muchos hoy en día también se llamarían "discípulos" si no se les demanda que abandonden al mundo, ah, pero si tienen que escoger entre dos, ¡qué fuerte es la atracción del mundo!
El gran apóstol Pablo dice: "En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon" (2 Ti. 4:16). David lamenta así: "Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar" (Sal.41:9). La infidelidad, ingratitud, traición y el abandono de hermanos y supuestos amigos causa dolor a los siervos de Dios.
Así que, ser hijo, amigo o discípulo infiel no es nada nuevo, pero sigue causando tristeza y dolor al Señor y a otros. Al diablo le gusta causar este dolor especial del abandono o la traición, como con Judas Iscariote, que fue uno de los doce. Los que una vez fueron enseñados, pero se alejan y bajo el lema de "independencia" comienzan a cambiar y dejan de vivir como fueron enseñados, pecan contra luz, y tendrán que rendir cuentas a Dios por su apartamiento y por el daño que causan. La compañía de los infieles no es nada codiciable.
Pero, ¡cuán buenos los que son como Josué, fiel discípulo de Moisés, Timoteo y Tito, fieles discípulos de Pablo, que dan ánimo al corazón. Escribiendo a los filipenses, Pablo llama a uno: "compañero fiel" (4:3), y qué bendición es contar con hermanos así. A Timoteo Pablo escribe: "Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor" (2 Ti. 3:10-11). Aunque haya que sufrir, vale la pena ser fiel. Recordemos el consejo del Señor a la iglesia en Esmirna: "Sé fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida". Seamos fieles, porque Dios es fiel, y le agrada la fidelidad.
Carlos Tomás Knott
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Una calurosa bienvenida cristiana te espera entre los hermanos de la

ASAMBLEA BÍBLICA "BETEL"
Calle Torreblanca, nº6 (detrás de la muralla Macarena), 41003 Sevilla
Correspondencia: Apartado 1313, 41080 Sevilla, España
Internet: http://asambleabetel.blogspot.com

Horario de cultos semanales:
domingo: 11:00 mañana Cena del Señor y Exposición Bíblica
7:00 tarde (8:00 en verano) Predicación
jueves: 8:00 tarde Oración y Reflexión de la Palabra

"Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones". Hechos 2:42

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ATENCIÓN RELIGIOSOS:

DIOS DIO DIEZ MANDAMIENTOS,
NO DIEZ SUGERENCIAS,
Y EL SEGUNDO DE ELLOS ES:


"No te harás imagen, ni ninguna semejanza
de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra,
ni en las aguas debajo de la tierra.
No te inclinarás a ellas, ni las honrarás..."
Éxodo 20:4-5

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¡NOS SORPRENDE!

Sorprende ver cómo la gente carnavalea, todo el año, sin olvidar sus efemérides mundanas, aunque celebrarlas suponga un gran sacrificio (1 Jn. 2:15-17).

Sorprende ver y oír cómo por ejemplo en Carta Blanca, hay cristianos nominales, teóricos, frente a budistas, musulmanes y ateos, que parecieran tener una paz radiante, y donde Dios no sea necesario. Cristianos mimetizados por una razonable y pegajosa filosofía acomodaticia, tradicional, que se trueca en la subjetividad, en testimonio dulzarrón y sentimentaloide...

Sorprende ver a cristianos felices (?) que vuelan por libre SIN IGLESIA; y por tanto sin obediencia a la Palabra de Dios, que mariposean de local en local (¿de iglesia en iglesia?); impotentes de permanecer “en su propia asamblea”, tal como lo sugiere el sentido común y la Palabra de Dios, contando conque se predique en ella el Verdadero Evangelio (He. 10:25).
Obrar de otra manera es no entender o tal vez no querer entender las cosas del Espíritu (1 Co. 2:14 y siguientes).

SEÑOR:
Nos sorprende Tu Amor y Tu Paciencia para con nosotros. De verdad que nos sentimos pequeños e inútiles... y te necesitamos. Gracias Señor por Tu bondad y por Tu permanente disponibilidad.


tomado del boletín del Centro Cristiano Evangélico, C/Organista Plasencia, 21, Valencia, España, marzo 1993
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¡LOS POLLOS NO LO SABÍAN!

Viajaba en la carretera cuando de repente veía plumas flotando en elaire delante mío. Poco después encontré la causa de esto, al alcanzar un camión grande y lleno de jaulas de pollos. Adelanté el camión y pensé: “estos pobres pollos no saben que van almatadero”. Parecía que casi disfrutaban el paseo, pobrecitos, pero dentro de pocas horas estarían muertos, limpios, empaquetados y llevados al mercado para vender alos consumidores. ¡No sabían que estaban en el camino de la muerte!
Muchas personas son como aquellos pollos. Disfrutan el paseo que dan por la vida, pero no saben a dónde van, especialmente después de la muerte. Amigo lector, ¿sabes a dónde vas?

Lee la Biblia y verás a dónde irás a parar. La tele no te lo va a decir, ni el cine, ni muchísimas personas, porque ellas, como aquellos pollos, no saben a dónde van. Pero la Biblia te dirá la verdad. Quizá por esto muchas personas no la leen, porque tienen miedo de saber la verdad. Además, este Libro Divino te dirá cómo puedes obtener el perdón de tus pecados, tener paz y gozo ahora,y estar seguro de ir al cielo cuando mueras. Comienza leyendo el Evangelio según S. Juan.

Allí el Señor Jesucristo dice así: “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (S. Jn. 10:28). En otra parte del Nuevo Testamento el apóstol S. Juan escribió así: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios,para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Jn. 5:13).

Mi consejo: ¡Espabila, amigo, y no seas como esos pobres pollos!


adaptado de la revista Milk & Honey ("Leche y Miel"), octubre 2002, con permiso


martes, 10 de marzo de 2009

EN ESTO PENSAD -- MARZO 2009

La Vida Consagrada

Texto: Romanos 12:1-21

Hermanos queridos, aquí aparece el título “Deberes Cristianos”, cosas que nos tocan como creyentes, y la lectura concuerda con el título. ¿Es que en los 11 capítulos de Romanos anteriores no hay deberes? Sí, pero en estos 11 capítulos están expuestas las misericordias de Dios. Porque nuestra salvación es por gracia y por misericordia, y estas cosas están desgranadas en estos 11 capítulos.
Ahora, en base a estas misericordias, Dios a través del apóstol nos hace un ruego. ¿Por qué es un ruego, y no un mandamiento? Porque Dios puede mandarnos en Su soberanía, pero Él pide nuestra voluntad, consagración y entrega. El Dios de misericordia desea nuestra participación como respuesta voluntaria a Su inmensa bondad.
Me gustan tres palabras que el apóstol usa en el capítulo 6 de Romanos: sabiendo, consideraos, presentaos. Primero, en el versículo 6 dice: “sabiendo”. Dios no quiere que seamos ignorantes. En Isaías 5:13 dice que Israel Su pueblo fue llevado cautivo “porque no tuvo conocimiento”. Es fácil desviarse o equivocarse cuando uno no sabe lo que debe, pero respecto a las cosas de Dios, Él nos ha revelado y comunicado en Su Palabra todo lo que debemos saber. En Romanos 6:6 debemos saber que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo. Los creyentes están identificados con Cristo en Su muerte, y el efecto de esta muerte está sobre nosotros. Debemos saberlo y usar lo que sabemos para dirigir nuestra forma de pensar y actuar. Segundo, en el versículo 11 dice: “consideraos”. A la luz de lo que sabemos debemos considerarnos muertos al pecado. Es algo que nosotros tenemos que hacer si queremos realmente vivir la vida cristiana. Nuestra forma de pensar en nosotros mismos debe ser marcada por la verdad del Calvario. Tercero, en el versículo 13 dice: “presentaos vosotros mismos”, lo cual habla de una presentación voluntaria.
Así comienza el capítulo 12 de Romanos: “que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo”. Debe ser algo voluntario, en respuesta a la misericordia de Dios. Respondemos a la misericordia con gratitud, con alabanza, con adoración, pero también debemos responder con consagración. 1 Corintios 6:19-20 habla de esta consagración, recordándonos que ya no somos nuestros. Efesios 1:13-14 nos recuerda que Dios nos ha sellado, esto es, nos ha marcado como Suyos, entonces nunca más nos perderemos, porque Dios no pierde nada de lo Suyo.
A partir de Su venida, el Espíritu Santo no está con nosotros, sino en nosotros, y es considerable la diferencia. 1 Corintios 6:19 nos recuerda que somos templo, morada del Espíritu. Somos de Aquel que nos compró a precio de Su sangre y envió a Su Espíritu a sellarnos y morar en nosotros. No podemos entregarnos a Dios para ser propiedad de Él porque ya lo somos si somos creyentes. Esta decisión y transacción se tomó y se realizó en el momento de nuestra conversión. No es para ser propiedad, sino para que Él reciba de nosotros, de manera voluntaria y práctica, nuestra plena consagración. Pablo dice: “con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo” (Gá. 2:20). ¿Dónde está el yo de Pablo? Está crucificado juntamente con Cristo. ¿Cuál es el resultado? El creyente debe responder así: “Ya no vivo yo. Vivo ahora en pos de Cristo Jesús y por Su poder”.
Dios busca nuestra cooperación, nuestra entrega voluntaria. ¿Quién se la puede negar si realmente entiende y aprecia la obra de Cristo en la cruz? Hermanos, presentemos vuestros cuerpos al Señor, diciendo como Isaías en el capítulo 6 de su libro: “Heme aquí”. Es esta entrega voluntaria. Es agradable a Dios.
Me acuerdo de una ilustración hallada en un libro escrito por Ruth Paxson: Ríos de Agua Viva. Habla de una casa en Hong Kong que un colegio cristiano compró porque lindaba con su colegio y necesitaban el espacio debido al creciente número de estudiantes. Pero después de la compra no pudieron usarla porque el viejo dueño no la había desalojado. ¡Y Dios quiere que nosotros, los viejos dueños, entreguemos lo Suyo a Él, pues Él lo compró! Podría demandarlo porque es Suyo, pero nos ruega, pide nuestra consagración voluntaria.
Entonces, en el versículo 2 de Romanos 12 sigue el apóstol y nos instruye a no conformarnos a este siglo, porque este siglo no nos pertenece. Quiere decir: “No cojáis la forma de este mundo”, o como una paráfrasis dice: “no permitáis que el mundo os meta en su molde”. Si deseamos comprobar la buena voluntad de Dios, no podemos estar en el molde del mundo.
Usa la palabra “SINO” para marcar el contraste, y nos exhorta: “Transformaos”. No conformados, no metidos en el molde, sino transformados. Así nos quiere el Dios que en Sus misericordias nos ha salvado. La palabra transforma es en griego la palabra “metamorfosis”, que significa cambiar de forma. Frecuentemente es ilustrada con lo que pasa para producir la mariposa, porque pasa de larva gusano que come hojas a la hermosa mariposa que toma el néctar de la flor. Es una transformación, una metamorfosis. Hermanos, no estamos aquí hablando de nuestra glorificación, aquel cambio glorioso que sucederá cuando el Señor nos levante y nos lleve al cielo. Dios desea que ahora y en esta vida vivamos una transformación. Y ella impacta en los inconversos porque ellos inclusive más que a predicadores, necesitan ver a Cristo andando en nosotros –vidas cambiadas– unas vidas marcadas por la presencia y la voluntad de Dios. Cumpliendo así los “deberes cristianos”, las misericordias de Dios pueden ser visibles a los demás que todavía las necesitan. Que el Señor nos ayude a vivir para Él y agradarle ahora, para Su honor y gloria. Amén.
de apuntes tomados en un estudio dado por d. J. Álvarez, el 21 de septiembre, 2008

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Cristo En Medio De Las Iglesias


En Apocalipsis 1:10-20 tenemos la primera visión del Señor Jesucristo en el libro. En el versículo 13 es revelado en medio de los siete candeleros, que el versículo 20 identifica como las siete iglesias. Desde Su posición en el centro mismo de las iglesias, el Señor Jesucristo dirige a cada una de ellas. Las iglesias no tienen ninguna sede ni organización en el mundo. Jesucristo es su centro y cabeza. Él las gobierna. Cada iglesia tiene su gobierno establecido por Cristo, los ancianos que Él pone para pastorear a Su rebaño (1 P. 5:1-4). Pero más allá de un gobierno en la iglesia, bajo el señorío de Cristo, no existe otro gobierno entre las iglesias y su Señor.
Observamos que Juan, aunque apóstol del Señor y quizás el único que quedaba, no estaba en medio de las siete iglesias. Cada iglesia tenía una relación directa con el mismo Señor. No hay “apóstoles” ni “obispos” ni “papa” sobre las iglesias. Un hombre no puede ser anciano en más de una iglesia ni debe controlar a un grupo de iglesias. Tales cosas no están en el patrón del Nuevo Testamento. Los ancianos en Éfeso no podían ser ancianos en Esmirna, ni vice versa. Los que hoy intentan gobernar en más de una iglesia están fuera de juego. Están usurpando un lugar que pertenece sólo a Cristo, y deben arrepentirse de este su pecado.
Observamos que no había una iglesia madre que estaba en medio de las iglesias. La iglesia de Jerusalén no estaba en medio de las siete iglesias. La iglesia de Éfeso tampoco, aunque era la primera en la zona, y el apóstol Juan era de allí, y el apóstol Pablo había pasado tiempo allí. Ninguna iglesia gobierna a otra, ni debe dirigir los asuntos de otra. Los ancianos de una iglesia no deben intervenir en la vida de otra iglesia, pues no les corresponde. Han habido casos cuando hombres de otra iglesia han venido de visita y han declarado que una iglesia ya no puede celebrar la cena del Señor, y otros que intervinieron para “quitar” los ancianos y asumir ellos el gobierno de la iglesia. Todo este comportamiento carece de apoyo bíblico, y es una usurpación reprensible del Señorío de Cristo. El Señor Jesucristo está en medio de las iglesias, y Él tiene derecho a dirigir a todas y cada una. Esto lo hace mediante Su Palabra, Su Espíritu y Sus siervos.
Observamos además que no había ninguna organización, denominación ni federación en medio de las siete iglesias. Las iglesias pueden y deben gozar de una comunión informal, y la ayuda mutua, que son cosas buenas, pero SIN organización formal. No existía ningún “consejo de las iglesias de Asia” ni estaban obligados a reunirse y tomar decisiones que afectan a las iglesias, ni pretendían representarlas ante el gobierno. Hoy en día tampoco debe haber tales consejos de iglesias del país, la provincia o el departamento, pues estas cosas no están en la Palabra de Dios. Las iglesias del Señor,no se organizaban en denominaciones, ni entraron en ninguna organización que centralizaba el dinero, el poder, el control de la doctrina, las actividades, los predicadores, ni nada semejante. Todo lo que tiende a centralizar el control de las iglesias en manos humanas y no en la Persona de Cristo, está digno de nuestra sospecha y rechazo.
El Señor Jesucristo, todo glorioso, sabio y poderoso, está vivo, y Él es suficiente para Su Iglesia (universal) y para Sus iglesias (locales). Las iglesias no dependen las unas de las otras, sino del Señor Jesucristo. La Cabeza es quien dirige al cuerpo.
Ahora bien, la autonomía de las iglesias locales bajo el señorío de Cristo NO significa independencia ni libertad para hacer lo que les parece. El Señor está en el medio. Él y Su Palabra gobiernan todas las iglesias, así como las familias y los individuos. El Señor por supuesto puede escoger y enviar a Sus ministros, como en las siete cartas a las siete iglesias, con Su Palabra, la cual debe ser oída y obedecida con toda humildad.Cada iglesia decide si va a hacer de la Palabra del Señor o no. En las cartas a las iglesias, el Señor llama a cinco de ellas a arrepentirse, entonces ellas deciden si se arrepienten o no. Los mensajeros del Señor no toman las decisiones por las iglesias ni las gobiernan. Cuando las iglesias se dejan guiar por el Señor, obedecen a la Palabra del Señor inspirada por el Espíritu Santo, y gozan de un mismo sentir en el Señor, no es extraña que sean muy parecidas, pues tienen un gobierno central – en el cielo – que las dirige. Ninguna iglesia está independiente del Señor ni de Su Palabra. No hay iglesia, familia ni persona que tenga “libertad” ni mucho menos “derecho” a desechar ni modificar Sus instrucciones por razones de cultura, conveniencia, diversidad, convicciones personales, etc. El Señor todavía está en medio de Sus iglesias. Todos debemos estar atentos a Él y asirnos de la Cabeza (Col. 2:19). “Oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” todavía es un consejo bueno y vigente para todos nosotros.
Carlos Tomás Knott

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lunes, 2 de febrero de 2009

EN ESTO PENSAD -- FEBRERO 2009

El Sistema Solar: Un reto para los evolucionistas

Hace mucho, mucho, mucho tiempo no había nada. No había espacio, ni tiempo, ni materia... Al pasar el tiempo (que no existía), la m
ateria se unió (que no existía) y explotó.
El cuento de hadas madrinas que se enseña a nuestros estudiantes como “ciencia” “comprobada” (no he visto nunca evidencia alguna) dice que todo lo que existe en el universo es proveniente de aquella explosión o “Big Bang”.
Las estrellas, los planetas, las lunas... todo vino de aquella explosión. Las leyes físicas necesariamente requieren que exista cierta medida de similitud entre los seres resultantes de tal “explosión”. Esa es la lógica usada para justificar nuestra descendencia común del mono: “Como somos tan similares a los simios, debemos haber tenido una misma raíz”. Pues como las estrellas, y los cometas, y los planetas, y las lunas... todos vinieron de la misma explosión, ¿Es una necedad esperar que todos estos tenga rasgos comunes?
A continuación el lector podrá ver una fotografía compuesta y no a escala, que reúne múltiples de los planetas que forman nuestro sistema solar. El lector podrá notar que solamente falta Plutón en la fotografía.
Los planetas que se muestran son:
Mercurio, Venus, Tierra – con la luna a la derecha, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.
Note que contrario a toda lógica, fruto del modo de pensar basado en el evolucionismo, cada planeta es único. ¿Dónde están las similitudes que deberíamos esperar si todos proceden de la misma explosión?
Cuando ocurre una explosión, lo que resulta de ella es lo que había en el lugar que explotó. La materia que formó los planetas, si es cierto que ocurrió tal explosión, debe mostrar hoy algún tipo de similitud, pero es todo lo contrario. Cada planeta es único, exclusivo y con muy poco en común con el siguiente planeta.
De acuerdo con el dogma evolucionista, estudiando el campo magnético (o cualquier otra característica) de un planeta dado, podremos entender mejor la “evolución” del campo magnético de la tierra. Es por eso que cuando el Rover en Marte envía datos, los científicos alegan que “ello los ayudará a saber cómo ocurrió la evolución en la tierra”.
Pero... ¿Son los campos magnéticos, por ejemplo, similares en la tierra y en todos los demás planetas del Sistema Solar? ¡Por supuesto que no!
El razonamiento continúa: “Estudiando el planea hermano a la t
ierra, Venus, veremos cómo se formaron las placas tectónicas y cómo funcionan las capas tectónicas en la tierra...”
Pero... ¿Se ha comprobado que las placas tectónicas son similares en Venus y en la tierra? ¡Por supuesto que no! Las placas tectónicas ni ocurren en Venus. Y así por el estilo.
Si la evolución fuera un hecho comprobado como irresponsablemente afirma la prensa y religiosos científicos, no tuvieran que invertir miles de millones de dólares para probarlo. Las evidencias estarían por doquiera. Pero ¿cuál es la triste realidad?
Que como dijo recientemente Flew, el afamado ateo que se convirtió en creacionista: “Muchos no están dispuestos a seguir el principio de Sócrates: Sigue la evidencia, sin importar a dónde te lleve”.

por Lic. Dawlin A. Ureña, miembro de la Asociación Científica CRS - Creation Research Society

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LA BOMBA

Un hombre tiene un pozo de agua cerca de su casa, y una bomba espléndida colocada encima. Aunque la bomba en sí es un mecanismo perfecto, el hombre nunca ha podido sacar agua buena de aquel pozo. Antes al contrario, cuanto más trabaje con la bomba, peor está el agua que sube.
Un día este hombre tiene visita de alguien que resulta ser experto en estos asuntos. Y éste le explica que si perfora una gran roca que está cerca, sacará de abajo una amplia cantidad de agua pura. Desesperado, el hombre hace el experimento, y después de unos días de trabajo perfora la roca y halla el manantial esperado, resultando en una fuente de agua viva, pura y refrescante que sale con gran fuerza.
Ahora bien, ¿piensas que aquel hombre traerá ahora su bomba del pozo y la colocará sobre aquel manantial que chorrea agua buena?
¡Por supuesto que no! No es que tenga queja alguna de la bomba. Está tan buena como siempre. Pero ahora tiene aguas vivas de una fuente nueva, cual él nunca hubiera podido sacar del pozo con la bomba.
Ahora vamos a aplicar esta figura sencilla. “La ley no fue dada para el justo” (1 Ti. 1:9). En sí la ley es “santa, justa y buena”, pero cuando fue aplicada al ser humano en la carne, como la bomba que fue aplicada al pozo malo, sólo podía sacar lo que había allí.
¿Cuál entonces fue el requisito de la ley? Gálatas 5:14 nos dice: “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Sí, demandaba amor, pero salía odio perfecto, y no sólo esto, sino odio a Aquel que merecía sólo amor. “Me aborrecen sin causa” (Sal. 69:4). Entonces, se acabó lo del pozo viejo, y la bomba que sólo hacía su condición contaminada más y más obvia.
Ahora miremos al otro lado de la cuestión, ¡y qué contraste más refrescante es ir de lo viejo a lo nuevo!
Pero, puede preguntarse, ¿qué es este manantial nuevo? No es nada menos que el Espíritu de Dios —el Espíritu de vida en el alma del creyente (Jn. 4:14; 20:22; Gá. 5:22-25). El Señor Jesús dijo en Juan 7:38-39, “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él”.
¿Y qué sacamos de esta fuente nueva? Pues, el primer fruto producido por el Espíritu es justo la cosa que la Ley demandaba, pero no podía producir, esto es: amor (Gá. 5:14, 22).
George C. Cutting, traducido y adaptado de un artículo en la revista “Uplook”, febrero del 2007

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Una Gran Maravilla


En la Cena del Señor hemos cantado un himno que dice:
“Gran maravilla es que Jesús, el Hijo eterno del gran Dios,
Muriese en la afrentosa cruz, por un impío como yo”.
Y es en verdad una gran maravilla, que el Hijo de Dios muriese por pecadores como nosotros – como leemos en Isaías 53.
El versículo 7 dice: “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca”. Qué ejemplo que el Hijo de Dios, angustiado por nosotros, siendo Él inocente y nosotros culpables, pero Él enmudece. No es así con nosotros, porque a penas llegan angustias a nuestra vida y nos quejamos, lamentamos y protestamos. ¡Maravilloso, noble silencio del Cordero de Dios!
El versículo 10 comienza así: “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento”. Las palabras “con todo esto” se refieren a Sus perfecciones. Él era justo, impecable. No hizo engaño. No hizo pecado. Con todo eso, padeció y murió en nuestro lugar. ¡Qué maravilla, que Él muriese en la afrentosa cruz por un impío como yo!
En el versículo 11 leemos: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho”. De esta muerte angustiosa hay fruto, como el Señor Jesús dijo en Juan 12:24. “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”. Este fruto lo somos nosotros. Hebreos 12:2 dice acerca que nuestro Señor, “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz”. Habla del gozo que iba a venir de Su muerte redentora, porque mediante ella Él llevará muchos hijos a la gloria.
Cuán bueno es que vengamos aquí y con nuestro corazón y voz le glorifiquemos y le demos la alabanza y la gratitud de nuestros corazones, recordando toda esta maravilla que leemos en Isaías 53, que el Padre no le perdonó sino que quiso quebrantarlo por nosotros. ¡Gran maravilla! ¡Gran salvación! ¡Gran privilegio es el nuestro, de adorar así al gran Dios y Salvador!
de notas tomadas del pensamiento de J.A. después de la Cena del Señor, el 21 de septiembre, 2008

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¡CONSUMADO ES!

“He acabado la obra que me diste que hiciese” Juan 17:4

La muerte del Señor Jesús es la interpretación de la misma mente de Dios en medio de la historia humana. No cabe la posibilidad de considerar a Jesucristocomo un mero mártir. Su muerte no fue algo que le aconteció que Él podía haber evitado: Su muerte fue precisamente la razón por la que vino. Y acabó la obra de redención, ¡gloria a Él!

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sábado, 10 de enero de 2009

EN ESTO PENSAD -- ENERO 2009

SALID DE EN MEDIO DE ELLOS

“Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Corintios 6:17-18).

¿Qué debe hacer un cristiano cuando se encuentra en una iglesia que se ha tornado cada vez más liberal y modernista? Fue fundada por hombres que creían en la Biblia inerrante. También creían las doctrinas fundamentales de la fe. Tenía una gloriosa historia de fervor evangélico y de esfuerzo misionero. Muchos de sus ancianos eran eruditos bien conocidos y fieles predicadores de la Palabra. Pero los seminarios e institutos bíblicos los han sustituido por una nueva especie y ahora los pastores que salen de ellos predican un evangelio social. Todavía emplean fraseología bíblica, pero dan a entender algo completamente diferente con ella. Socaban las doctrinas más importantes de la Biblia, ofrecen explicaciones naturales para los milagros y hacen mofa de la moralidad bíblica. Salen al frente defendiendo la política radical y las causas subversivas. Hablan despectivamente de los fundamentalistas.
¿Qué debe hacer un cristiano? Quizás su familia ha estado relacionada con esa iglesia durante generaciones. Él mismo ha contribuido generosamente a través de los años. Sus amigos más íntimos están allí. Se pregunta qué les sucederá a los jóvenes de su iglesia, si él se va. ¿No debe permanecer en la iglesia y ser una voz de Dios mientras esto sea posible?
Sus argumentos le parecen plausibles. Sin embargo, su alma justa se aflige al ver que la gente acude a las reuniones de la iglesia en busca de pan semana tras semana, y no consigue sino piedras. Aprecia todo lo que le liga aún allí y se apena al oír que a su Salvador lo condenan con confusas alabanzas.
No hay duda acerca de lo que debe hacer. Debe dejar esa iglesia. Es el claro mandamiento de la Palabra de Dios. Si se deshace de ese yugo desigual, Dios se encargará de todas las consecuencias. Dios asumirá la responsabilidad por aquellos jóvenes y proveerá nuevas amistades. De hecho, Dios mismo promete serle un Padre con una intimidad que es conocida solamente por aquellos que son obedientes indiscutiblemente. “La bienaventuranza de la verdadera separación es nada menos que la gloriosa compañía del gran Dios”.
Willilam MacDonald, De Día en Día, CLIE, lectura para el 7 de septiembre.
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Además de lo que señaló el hermano MacDonald, en estos días conviene reflexionar y preguntar qué deben hacer los que se encuentran en alguna de "nuestras asambleas" (como se suele decir) que ha dejado de enseñar o de practicar la sana doctrina y la santidad como en tiempos pasados.
Hay asambleas donde ciertos hombres enseñando que la iglesia pasará por la Tribulación. Otros enseñan que Jesucristo podía haber pecado, aunque no pecó, lo cual es decir que tenía una naturaleza caída. Cada vez hay más que enseñan y emplean la psicología y psiquiatría, cosas que son la sabiduría del mundo, que proceden de fuentes inmundas. Hay "asambleas" donde enseñan involucrarse en movimientos políticos y obras sociales, aunque el Señor Jesucristo dijo: "Mi reino no es de este mundo".
Algunas "asambleas" reconocen y pagan salario a "un obrero" para que sea como el pastor y tenga casi todo el ministerio. En otras hombres titulados "los ancianos", pero claramente uno es como el pastor que dirige la iglesia, lo cual viene a ser en la práctica como las denominaciones con sus pastores.
Hay entre "nuestras asambleas" algunas, cada vez más, donde las mujeres no se cubren ni guardan silencio en la congregación. Una celebró una reunión congregacional para discutir el tema del velo y el silencio de la mujer creyente, dejando que se expresaran varias opiniones. Al final la conclusión fue que si alguna hermana quiere llevar el velo y guardar silencio en las reuniones, puede, pero no se le va a imponer esto a ninguna mujer.Como en los días de los jueces, no hay rey y cada uno hace lo que le parece.
Pero hay Rey, el Señor Jesucristo, aunque hay "asambleas " que no predican ni practican Su Señorío, ni creen que es necesario para la salvación, y lo dejan como algo opcional para la vida cristiana. Y se les nota la falta del señorío de Cristo en la vida de sus miembros. De hecho, cualquier asamblea que decide permitir cosas que el Señor y Sus apóstoles no permitieron, está en el error. No vale decir "no hay iglesias perfectas", aunque es cierto, porque no se habla aquí de perfecto, sino de obediente o no. La congregación de los santos no es un lugar para la desobediencia, la mundanalidad y la sabiduría carnal. Leamos 2 Corintios 6:14-7:1 y dejemos que la Palabra nos aconseje. Y recordemos que "nuestras asambleas" existen porque hubo un momento en la historia cuando ciertos creyentes reconocieron que había que salir de las denominaciones y congregarse en sencilla obediencia a la Palabra de Dios. Tales asambleas de los obedientes deben ser "las nuestras". Las demás, no sé quiénes realmente son.
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“Si alguien se separa de una enseñanza que es absolutamente falsa y no bíblica, no debemos reprenderle sino felicitarle. En tales casos la separación es una virtud y no un pecado”. J. C. Ryle

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LO QUE DIOS ABORRECE

Dt. 12:31 "No harás así a Jehová tu Dios; porque toda cosa abominable que Jehová aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses".

Dt. 16:22 "Ni te levantarás estatua, lo cual aborrece Jehová tu Dios".

Sal. 5:5 "Los insensatos no estarán delante de tus ojos. Aborreces a todos los que hacen iniquidad".


Sal. 11:5 "Jehová prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece".

Sal. 78:59 "Lo oyó Dios y se enojó, y en gran manera aborreció a Israel".

Pr. 6:16-19 "Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos".

Pr. 8:13 "La soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco".

Isa. 61:8 "Porque yo Jehová soy amante del derecho, aborrecedor del latrocinio para holocausto; por tanto, afirmaré en verdad su obra, y haré con ellos pacto perpetuo".

Jer. 7:29 "Corta tu cabello, y arr
ójalo, y levanta llanto sobre las alturas; porque Jehová ha aborrecido y dejado la generación objeto de su ira".

Amós 5:21 "Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas".

Mal. 2:16 "Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales".


He. 1:9 "Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros". (Sal. 45:7)

Ap. 2:6 "Pero tienes esto, que
aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco".
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¿Qué es Mundano?

La mundanalidad es amar cosas pasajeras. Es todo aquello que arrastra y aleja a un creyente del Señor. Una persona mundana es aquella cuyos planes terminan en la tumba. Jowett supo poner los puntos sobre las íes cuando dijo: “La mundanalidad es un espíritu, un carácter. No es tanto un acto sino una actitud. Es una pose, una postura... La mundanalidad es toda actividad humana que mantiene fuera a Dios. La mundanalidad es una vida sin llamamiento celestial, sin ideales, sin alturas. La mundanalidad no reconoce nada en absoluto del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. No tiene montes; es una vida plana, horizontal. La mundanalidad no tiene dimensión vertical. Tiene ambición, pero no tiene aspiración. Su lema es el éxito, no la santidad. Siempre dice: “adelante”, pero nunca dice: “asciende”. La persona mundana es la que nunca dice: ‘alzaré mis ojos a los montes’”.
En algunos círculos, la definición de mundanalidad se ha limitado principalmente a cuestiones de beber, fumar, apostar, bailar, jugar a las cartas, ir al cine y actividades similares. Pero abarca mucho más. El Dr. Dale escribió: “Ser mundano es abandonar la ley suprema a la que debemos lealtad, las glorias y terrores del universo invisible que se revela a la fe, y nuestra trascendente relación con el Padre de los espíritus por medio de Cristo Jesús nuestro Señor, para ser llevado por intereses inferiores”.
“Hermano, si dieras la vuelta para vivir una vida mundana, tendrás que volver a través de la tumba, pues ésta yace entre el cuerpo de Cristo, del cual tú formas parte, y el mundo que le rechazó. El mundo le echó fuera de sí, y nosotros hemos sido sepultados en Cristo por el mundo que aborrece a la iglesia”. 2
La paciencia divina tiene un límite para el que intenta obtener lo mejor de los dos mundos.

William MacDonald, de su libro Mundos Opuestos

martes, 9 de diciembre de 2008

EN ESTO PENSAD -- DICIEMBRE 2008

¿SOMOS SEGUIDORES DEL SEÑOR JESUCRISTO?

“Señor, te seguiré adondequiera que vayas” (Lucas 9:57).

Aveces pienso que hablamos y cantamos con demasiada ligereza acerca del señorío de Cristo, del compromiso total y de la rendición absoluta.
Repetimos como loros frases cortas e ingeniosas como: “Si Él no es el Señor absoluto, entonces no es Señor en absoluto”. Cantamos: “Todo a Cristo yo me rindo, lo que tengo, lo que soy”. Actuamos como si el compromiso total implicara poco más que asistir a la reunión de iglesia cada domingo por la mañana.
No es que no seamos sinceros, sino que no nos damos cuenta de todo lo que implica. Si reconociéramos el señorío de Cristo, estaríamos dispuestos a seguirle en la pobreza, el rechazo, el sufrimiento y aun la muerte.
“Algunos desmayan ante la vista de la sangre. Un día un joven entusiasta vino a Jesús con los propósitos más excelentes en su corazón. Dijo: “Señor, te seguiré adondequiera que vayas”. No podría haber nada más excelente. Pero Jesús no se emocionó. Sabía que aquel joven no entendía todo lo que implicaba su promesa. Respondió explicando que Él mismo no era sino un hombre sin hogar y que como las zorras, tendría que dormir a la intemperie en la montaña. Le mostró la cruz con un poco de carmesí sobre ella y frente a esto, el que estaba tan ansioso cayó en una palidez mortal. Suspiraba por sus bienes; el precio era más alto de lo que estaba dispuesto a pagar. Esto ocurre con mucha frecuencia. Algunos de vosotros no estáis en la batalla, no por falta de atractivo en el llamado de Cristo, sino porque teméis una pequeña pérdida de sangre. Por lo tanto decís gimoteando: ‘de no ser por estas infames pistolas, yo habría sido soldado’” (Chappell).
Si Jesús no se emocionó cuando el joven de Lucas 9 se ofreció a ir con Él todo el tiempo, estoy seguro de que sí se emocionó cuando Jim Elliot escribió en su diario: “Si salvara la sangre de mi vida, negándome a derramarla como un sacrificio, oponiéndome al ejemplo de mi Señor, entonces he de sentir el pedernal del rostro de Dios puesto contra mi objetivo. Padre, toma mi vida, ¡sí!, mi sangre, si así lo deseas, y consúmela con Tu fuego arrollador. No la salvaría, pues no me corresponde a mí salvarla. Tómala, Señor, tómala toda. Derrama mi vida como una oblación por el mundo. La sangre tan sólo tiene valor cuando fluye sobre Tus altares”.
Cuando leemos palabras como éstas, y recordamos que Jim derramó su sangre como mártir en Ecuador, algunos de nosotros nos damos cuenta de cuán poco sabemos de rendición absoluta. William MacDonald

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EL ORIGEN DE LA NAVIDAD NO ES CRISTIANO

La humanidad, de una u otra manera, siempre ha celebrado la Navidad. Así, no es casual que el nacimiento de los principales dioses solares de las culturas agrarias precristianas (Osiris, Horus, Mitra, Dionisio, Baco, etc.) se produjera en el solsticio de invierno. En los pueblos germánicos y galos, menos romanizados que sus vecinos, las ceremonias de adoración al Sol y a las fuerzas ocultas de la Naturaleza se realizaban a finales de diciembre y principios del nuevo año hasta bien entrada la Edad Media. Caldeos, egipcios, cananeos, persas, fenicios, hindúes, aztecas... La práctica totalidad de los pueblos han venerado al dios solar con la llegada del invierno. Y así hasta la llegada de Jesucristo, aunque no fue hasta el Concilio de Nicea (año 325 d.C.) cuando se declara oficialmente que es una divinidad y se fija como fecha de su natalicio la de la noche del 24 al 25 de diciembre, coincidiendo con el Nacimiento del Dios Invencible romano.
Pero si hay una historia que destila magia y misterio es la de los Reyes Magos. En el Nuevo Testamento sólo San Mateo habla de ellos; la posteridad se ha encargado de que ocupen el altísimo concepto que los niños tienen de ellos. Hasta el siglo IV de nuestra era su número variaba entre dos, cuatro, seis o incluso do
ce, aunque la cifra acabó por reducirse hasta tres. Otras curiosidades: Baltasar no fue negro hasta el siglo XVI. A los tres monarcas de los regalos se les ha identificado con los hijos de Noé, los reyes Sem, Cam y Jafet, que representaban a las tres razas que poblaban el mundo: Melchor, el más anciano, cano y portador del oro, a los europeos; el rubio Gaspar, que ofrenda al Niño Jesús incienso, a los semitas de Asia; y Baltasar, de piel oscura, barba y que lleva consigo la mirra, a los africanos. La tradición de los juguetes no se extendió hasta mediados del siglo XIX. Antes, Caspar repartía golosinas, miel y frutos secos; Melchor ropa y zapatos, y Baltasar hacía de malo al castigar a los menores con carbón, no precisamente el dulce que se prodiga hoy.
*extracto del artículo por José de la Fuente, revista secular, PAISAJES (RENFE), dic. 2004
¡Aun los incrédulos reconocen el origen mundano de la fiesta! Esto debe reprender y avergonzar a los creyentes que desean celebrarla como si fuese algo cristiano.


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El Cambio del Sacerdocio
(parte II)

Hebreos 5:1-4 habla acerca de los requisitos y los propósitos de los sumo sacerdotes humanos. En primer lugar, todo sumo sacerdote era: “tomado de entre los hombres”, esto es divinamente tomado y designado. El versículo 4 afirma: “Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón”. De entrada vemos que el sacerdocio no es una vocación, no puede uno elegir ser sacerdote como oficio o carrera, proseguir sus estudios, aprobar sus exámenes, tomar sus votos, ser ordenado y comenzar a oficiar y gozar de los privilegios de sacerdote. Este modelo es del mundo, pero no de Dios.
Segundo, versículo 1 dice que el sumo sacerdote es constituido: “a favor de los hombres, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados”. Esto es lo que los sacerdotes católico romanos pretenden hacer. Y verdad es que los seres humanos necesitamos a alguien que nos represente delante de Dios como mediador. Pero ese “alguien” no es el Papa, ni el resto de la curia romana, ni los santos, ni los ángeles, ni María.
Cuando Dios quitó el sacerdocio de la casa de Aarón y la tribu de Leví, no lo reemplazó con otro sacerdocio humano, igualmente débil e ineficaz (He. 7:18). Puso en lugar de aquellos sacerdotes a uno que es perfecto, y cuyo oficio no termina nunca. “Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”. En el orden de Melquisedec sólo hay uno ahora, y es el Señor Jesucristo mismo, quien vive: “según el poder de una vida indestructible” (He. 7:16). El Señor Jesús cumple los dos requisitos básicos, de (1) comunión con los hombres y (2) autoridad de Dios. Cuando se encarnó, se identificó con nosotros: “estando en condición de hombre” (Fil. 2:8). Y el Espíritu Santo cita en Hebreos 5:5-6 dos textos del Antiguo Testamento que demuestran que Jesucristo tenía (y tiene) autoridad de Dios: Salmo 2:7 y Salmo 110:4. En Su estilo magistral, porque es el Espíritu Santo y no la Iglesia Católica quien tiene el Magisterio, el Espíritu se sirve del Antiguo Testamento, la única Sagrada Escritura reconocida por los judíos, para enseñar que Jesucristo tiene esta autoridad. “Tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: “Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (He. 5:5-6). El versículo 10 lo afirma otra vez: “y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec”. ¿Más claro? ¡Agua!
¡Cuánto nos gustaría, y cuánto le gustaría al Señor Jesucristo, que nuestros amigos católico romanos se dieran cuenta del gran engaño y la usurpación que su sistema religioso ha hecho. ¿Dónde ha declarado Dios tan clara e inconfundiblemente que el Papa es el sumo sacerdote, el “sumo pontífice”, el “vicario”, que sirve de puente y portavoz entre Dios y los hombres? En ningún lugar en la Biblia. Fuera de ella Roma puede citar las fuentes que quiera, pero dentro de la Biblia es donde Dios habla y expone para nosotros Su Santa voluntad. El sacerdocio levítico y de Aarón fue “abrogado” (He. 7:12), pero no para hacer lugar a otra clase especial de sacerdotes humanos oficiando en la cuestión del perdón de los pecados. “Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre” (He. 7:28).
¡Sería una redundancia ridícula si ahora, con semejante mediador y sumo sacerdote como tenemos en el Señor Jesús, nos pusiéramos a ordenar de nuevo a unos hombres, meros seres humanos, con su debilidad mortal (He. 7:23)! ¿Un mediador entre el Mediador y los hombres? ¡Qué razonamiento más torcido! “Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5). Amigo lector, ¿es Jesucristo suficiente para ti? Si no lo es, entonces realmente no has llegado a comprender y creer en el Jesucristo del evangelio, ni tienes vida eterna. Pero cuando uno viene a Cristo, recibe perdón completo y obtiene en Él un perfecto y eterno mediador, ¿qué le pueden ofrecer unos débiles sacerdotes que sólo han sido constituidos por Roma? Absolutamente nada.
Dios declara qué clase de sacerdote nos conviene ahora, en lugar de Aarón y los de su casa: “Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos, que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo”. ¡Como sacerdote nadie menos que Jesucristo nos conviene! ¡Y por declaración divina (no romana), es así, gracias a Dios! “Tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario” (He. 8:1-2) y es el Señor Jesús. ¡Él intercede por nosotros! ¡Él ha ofrecido ya una vez para siempre un sólo sacrificio, tan eficaz y sublime que ya ha terminado con la cuestión de los pecados de todos los que creen en Él! ¿Cómo lo sabemos? ¡Porque en lugar de quedarse en la cruz (como representa el crucifijo), o en la tumba, Él resucitó, vive y está sentado a la diestra de Dios! ¿Acaso hay intercesor o ministro mejor que él? Si dijéramos que sí, sería una blasfemia. Dios cambió el sacerdocio, pero puso al Señor Jesucristo para siempre, y no a los hombres ordenados por Roma.

Carlos Tomás Knott

miércoles, 5 de noviembre de 2008

EN ESTO PENSAD -- Noviembre 2008

¡ESPERA!
“Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas” (Isaías 40:31)

Pensemos en lo importante que es esperar en el Señor, y lo qué significa para nosotros en términos prácticos. Entiendo que la palabra “esperar” viene de una palabra hebrea (qavah) que significa, entre otras cosas, recoger y unir. Al investigarlo, me sorprendió aprender que este matiz de la palabra viene de la fábrica de hilos, cuando se van juntando los hilos para hacer la cuerda. Cuantos más hilos se unen, más fuerte la cuerda. ¿Hay una manera en que podemos aplicar esto a nuestra esperanza en el Señor? Como todos sabemos, la tendencia es desesperarnos, perder el ánimo y no perseverar cuando pasamos por pruebas y dificultades, o si llevamos mucho tiempo pidiendo algo al Señor sin ver respuesta. Pero Dios bendice a aquellos que esperan en Él.
Primero, hay que esperar en el Señor, no en otros. No pongamos los ojos en los hombres porque ellos pueden fallar, incluso los que quieren hacernos bien. Ningún hombre es omnipotente, ninguno tiene toda sabiduría ni sabe el futuro. Sólo Dios es digno de nuestra esperanza, y mirad lo que Dios promete en nuestro texto. Los que esperan en el Señor:

1. Tendrán nuevas fuerzas.
2. Levantarán alas como las águilas.
3. Correrán y no se cansarán.
4. Caminarán y no se fatigarán.

Además, en Isaías 49:23 leemos: “no se avergonzarán los que esperan en mí”. A veces nos desanimamos cuando oramos y no vemos la respuesta. Nos cansamos de orar, de ir a las reuniones de la iglesia, de leer la Biblia, etc. Seamos honestos, estas son cosas que pueden pasar a cualquiera de nosotros, lo sé porque me ha pasado a mí. Cuando la gente que no hace esto vive mejor, y tiene más que nosotros, podríamos decir: “¿De qué me sirve?”, como el salmista en el Salmo 73 que se desanimó viendo la buena vida de los impíos. Cualquier creyente puede perder el ánimo, y es por eso que Dios nos anima a esperar en Él.
Pero hay que reflexionar y tener una vista larga. Los impíos no están mejor, sino peor, porque van a la perdición. Su camino desemboca allí. Y los que esperamos en el Señor tendremos nuevas fuerzas. El Señor responderá y nos bendecirá a Su tiempo. Puede que tarde según nuestro criterio, pero no faltará, porque Él es fiel y ha prometido. Entonces diremos que valió la pena esperar en el Señor. Que el Señor nos ayude a pensar más en Él y Su fidelidad. Cada vez que surjan problemas o pruebas, atemos otro hilo de esperanza a la cuerda de la fe, porque el Señor bendecirá a los que esperan en Él.

de un estudio dado por L. B., el 17 de mayo, 2007

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"Il Bambino"

El predicador E. Stanley Jones entró en una de las grandes catedrales en Roma, y vio una estatua del niño Jesús: “Il Bambino”. La gente había colgado toda clase de joyas en el cuello de "Il Bambino". Después de ver esto, salió a las calles de Roma y allí vio las caras chupadas y pálidas de los niños hambrientos. Entonces, escribió esta reflexión: “Me gustaría saber si el Bambino disfrutaba sus joyas. Decidí que si el Bambino disfrutaba sus joyas, entonces yo no podía disfrutar más el pensar en el Bambino".
Y así es en muchas iglesias. Hemos tomado a Cristo y le hemos cubierto con joyas y riquezas, con frases como: “qué bueno ver a cristianos ricos”. Le hemos hecho el Dios que bendice nuestro materialismo, nuestro hedonismo. Esto es repudiar por completo las enseñanzas del Señor Jesucristo. ¿Por qué digo esto? Porque la gracia del Señor Jesucristo se ve en que Él, siendo rico, se hizo pobre. Cuando enseñaba a Sus discípulos, decía cosas como: “Ay de vosotros, ricos”, pero nosotros no queremos presentarle al mundo así. Por eso le disfrazamos de rico, y pedimos a la gente que crea en el "Bambino" para ser prosperada. La misión de Jesucristo no fue traernos la prosperidad material, sino la salvación y el conocimiento de Dios. Su ejemplo fue: siendo rico se hizo pobre para enriquecernos espiritualmente. ¿Seguimos Su ejemplo?

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EL CAMBIO DEL SACERDOCIO

El Catolicismo Romano no podría existir sin un sacerdocio especial. Los sacerdotes romanos son necesarios para la celebración de los sacramentos que su Iglesia ha establecido. Por ejemplo, para celebrar la Eucaristía (Misa), que según Roma es un sacrificio incruento de Cristo, hace falta que el sacerdote realice el supuesto milagro de cambiar el pan en cuerpo verdadero de Cristo y el vino en Su verdadera sangre. Los sacerdotes también administran el sacramento de la confesión, al escuchar las confesiones de los feligreses y absolverles sus pecados. Bastan estos ejemplos para demostrar cuán necesario el sacerdote es al sistema que Roma estableció. Aquí no hablamos del sacerdocio general de todos los creyentes, sino más bien del oficio y la vocación especial de los que toman las órdenes santas y administran los sacramentos.
Los capítulos 5 y 7 de Hebreos tienen mucho que decir acerca del tema del sacerdocio, no el sacerdocio general de todos los creyentes, sino el sacerdocio especial, como mediador entre Dios y los hombres, con respecto al perdón de los pecados. El escritor de la epístola, bajo inspiración, tiene la tarea de guiar a sus lectores a dejar atrás un sacerdocio humano que Dios ya no aceptaba, y abrazar con todas sus benditas implicaciones el sacerdocio que Dios había establecido en lugar de aquel primero. La mente hebrea no conocía otro sacerdocio que el de la casa de Aarón, el cual fue establecido claramente por Dios en Éxodo, Levítico y luego también en Números en la ocasión de la rebelión de Coré. Éste quería para sí el sacerdocio, pero que fue rechazado y castigado por Dios con una muerte horrenda. Dado este fundamento histórico y bíblico del sacerdocio de Aarón, era considerable la tarea de convencer a los judíos a abandonar ese sacerdocio a favor de algo nuevo.
Observemos al leer Hebreos 5 y 7 que Dios no estableció otro sacerdocio humano para tomar el lugar de Aarón, sino que puso en su lugar a Cristo: “Sumo sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (5:6). Al reflexionar sobre el significado de este sacerdocio nuevo, perfectamente eficaz, inalterable y eterno, uno se da cuenta de que el sacerdocio establecido por Roma es algo falsificado y sin apoyo bíblico. Si miramos la historia de los sacerdotes de la tribu de Leví y la casa de Aarón, vemos claramente dictado por Dios en la Sagrada Escritura que ellos y sólo ellos debían ocupar este oficio, y cuáles eran los deberes de su ministerio. Si en el Nuevo Testamento Dios estableciera una nueva clase de hombres para oficiar y mediar, ¿no estaría igualmente clara la exposición bíblica acerca de quiénes podrían serlo y qué responsabilidades tendrían? ¿Por qué semejante laguna en el Nuevo Testamento respecto a los profesados “sacerdotes” católico romanos? ¿Por qué tiene la Iglesia Católica que salir de la Biblia en busca de instrucciones acerca de ellos? ¿No será porque Dios no lo mandó, sino que Roma se lo inventó, y también tiene que inventar todo lo demás respecto a su ordenación y ministerio? Como hemos de ver, el sacerdocio romano no es el nuevo sacerdocio que Dios estableció.


Carlos Tomás Knott
continuará, D.V., en el siguiente número

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jueves, 2 de octubre de 2008

EN ESTO PENSAD -- Octubre, 2008

Israel, Mi Amada
Mi deleite está en ella – Hepsiba – es el nombre que el Señor dio a Su antiguo pueblo. Los dieciséis profetas recibieron gozosos cientos de profecías de bendición para Israel. El Señor Jesús lloró sobre Jerusalén (no Tiro y Sidón) y quiso muchas veces juntarla como la gallina a sus polluelos. La Palabra de Dios nos instruye a orar por la paz de Jerusalén.
Hoy en día algunos israelíes están muy
dispuestos a sacrificarse por el proceso de la paz. En cambio, otros dan sus vidas en asesinatos suicidas a fin de sabotear esa paz.
Nosotros anticipamos la venida de nuestro Señor, esperanzados por los eventos que ocurren en Israel. Nuestros intereses en el arrebatamiento se centran en el Señor, Sus recompensas, Su novia, y el día de la boda. Seguramente Sus pensamientos también están centrados en esto. Pero también Se preocupará intensamente por Su amada Israel. ¿Qué dicen las Escrituras acerca de los siete años después del rapto?
Los israelíes nacidos de nuevo, por supuesto, ascenderán en las nubes para encontrarse en el aire con el Señor. Desgraciadamente, es evidente que estos serán sólo una minoría muy reducida de los 1
8.000.000 de judíos que viven hoy en día. Pronto la nación hará un pacto de siete años con el futuro dictador mundial, y comenzará la construcción del templo. Hoy se rumorea que los planes y las preparaciones se están finalizando, lo cual quiere decir que muy pronto comenzará la construcción. Acto seguido se inaugurarán los sacrificios.
Antes de q
ue los ángeles de ira empiezen a derramar los juicios de la Tribulación, otros pondrán el nombre del Padre como sello sobre 144.000 varones jóvenes de Israel. Aunque nunca aceptarán el número 666 del hombre de pecado, sus vidas serán preservadas durante la Tribulación. El Cordero se regocijará con ellos en el Monte de Sión, cantando un cántico nuevo que nadie más puede aprender (Ap. 14:1-5).
Estos varones jóvenes serán vírgenes y no se hallará en ellos ningún engaño. Estarán sin mancha delante de Dios. Serán las primicias del periodo de la Tribulación y seguirán al Cordero dondequiera que Él vaya. La novia también estará con el Cordero, de modo que estos jóvenes le serán a la novia como un compañero.
Suponiendo que más o menos un 10% de los 9.000.000 de varones en Israel se pueden considerar “jóvenes”, la sexta parte de estos son los 144.000. A menos que nuestras esperanzas de la segunda venida del Señor estén muy equivocados, es probable que los 144.000 estén vivos hoy día. Están viviendo vidas puras, todavía no entregados a Cristo, pero listos para creer cuando el Espíritu obre en ellos. Es un grupo interesante.

Su tarea después de ser sellados parece ser propagar el evangelio eterno. El fruto de este ministerio se puede ver en los muchos designados como ovejas a la mano derecha del Señor cuando Él se sienta para juzgar a los gentiles vivos. Pero antes que el Señor intervenga, muchos más creyentes nuevos serán muertos, tanto judíos como gentiles.
Cuando se abre el quinto sello, los israelíes creyentes que hayan sido muertos durante los siete años se ven bajo e
l altar como mártires (Ap. 6). Muchos más sobrevivirán los terrores de la Tribulación y le verán al Señor cuando Él aparezca. Ellos también creerán, con lágrimas de remordimiento por su rechazo nacional de su Rey (Zac. 12:10). Muchas ovejas gentiles heredarán el reino que les fue preparado desde la eternidad (Mt. 25:34), pero Israel será la nación predominante en el Milenio. Los apóstoles reinarán sobre las tribus (Mt. 19:28), y rápidamente construirán el templo, como se describe en Ezequiel.
Pronto vienen días grandes para Isr
ael y para la humanidad. Todavía más felices serán aquellos israelíes y los gentiles que aceptan a Cristo ahora, en la edad de la gracia. Así que, nunca dejemos de orar e interceder fervientemente en apoyo de todos los que trabajan para llevarle la Luz a Hepsiba, la nación amada de Dios.
R.E. Harlow, traducido de la revista “Missions” por Josué Knott

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"Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra". (Promesa de Dios a Abraham en Génesis 12:1-3)
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¿Cuán Importante Es La Doctrina Del Infierno?
(Parte II)
Donald Norbie

Debemos preguntar: "¿Qué creía el Señor Jesucristo mismo acerca de lo que hay después de la muerte?" Al leer la Biblia descubrimos que Él hablaba frecuentemente en los Evangelios sobre el Gehena como la morada final de los impíos. (Gehena, heb. gé-Hinon, el valle de Hinon, estaba situado fuera de Jerusalén, y se convirtió en un símbolo profético de juicio y castigo eterno, debido a su asociación con la vileza de la idolatría — Jer. 7:31-32).
El Señor advertía que el enojo y el desprecio hacen a sus portadores culpables de juicio y les exponen al fuego del Gehena (Mt. 5:22). Dijo que si uno pudiera escaparse de este lugar espantoso mediante la amputación de una mano o sacando su ojo derecho, sería sabio hacerlo (Mt. 5:29-30; 18:9). Advertía que Dios puede echar el cuerpo y el alma en el infierno (Mt. 10:28).
Advertía a los hipócritas, preguntándoles: “¿cómo escaparéis de la condenación del infierno?” (Mt. 23:33). Siete veces en Mateo el Señor advierte acerca del infierno. Marcos y Lucas relatan advertencias semejantes. Así que, el Señor Jesucristo creía en el infierno.
En Lucas 16 nuestro Señor corrió el telón para descubrir delante nuestro el mundo de la ultratumba. Describió a dos hombres que se conocían en esta vida, y lo que les aconteció después de la muerte. Uno de ellos, Lázaro, es llevado a la morada de los bienaventurados y allí es consolado con Abraham. Está totalmente consciente y capaz de expresarse. El otro gime después de la muerte, estando en agonía, “estoy atormentado en esta llama” (Lc. 16:24). ¿Hemos de creer que nuestro Señor estaba engañando a Sus seguidores, o realmente existe un lugar de castigo para los muertos? Concedido que no sabemos todo acerca de ese castigo, pero si las palabras tienen sentido y si Cristo dijo la verdad, entonces existe un lugar de castigo para los perdidos.
Esa realidad también fue proclamada por los apóstoles. Pablo, hablando acerca de los perdidos, afirma lo siguiente: “los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Ts. 1:9). Pedro escribe: “sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio” (2 P. 2:9). Juan advierte acerca del día venidero cuando pasará esto: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Ap. 20:15). La bestia y el falso profeta todavía existen y sufren después de estar 1.000 años en este lugar de juicio (Ap. 20:10). Juan dice que los pecadores: “tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21:8).
Tal es la enseñanza de la Escritura. Puede que alguno lo encuentre difícil de aceptar para la mente natural. En cuanto a tantas personas que son en un sentido “majas”, pero que excluyen a Dios de sus vidas, es difícil creer que un día ellas van a estar separadas de Él eternamente. Pero han hecho su elección.
La realidad de esto debe conmovernos, y movernos como creyentes a evangelizar con compasión y fervor a los que viviendo, están perdidos. ¡Nosotros tenemos el mensaje de vida y esperanza que necesitan!