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miércoles, 31 de diciembre de 2025

EN ESTO PENSAD -- enero 2026 -- 24 aniversario

 24º aniversario de la revista, ¡gracias a Dios!

¿Era calvinista H. A. Ironside? 
(parte 2)   por David Dunlap

viene del número anterior

La elección en Cristo
H. A. Ironside escribió a menudo sobre la doctrina bíblica de la elección. En su libro sobre cuestiones bíblicas titulado What’s the Answer? (“¿Cuál es la respuesta?”), afirmó lo siguiente:

“Hay dos cosas que están absolutamente claras en las Escrituras: una es que Dios, por Su presciencia, ha predestinado a todos los que creen en el Señor Jesucristo ‘para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo’ (Ro. 8.29). La predestinación nunca es para el cielo ni para el infierno, sino siempre para un privilegio especial en y con Cristo. Todos los que creen en Él fueron elegidos en Cristo ‘antes de la fundación del mundo’.
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Respecto a la doctrina de la elección, Ironside enseñó, al igual que los escritores de la Iglesia primitiva, que la elección se basa en el conocimiento previo de Dios de quienes creerían en Cristo. En su comentario sobre la Epístola a los Efesios desarrolla esta idea.

“Entonces escuchen al apóstol Pedro: ‘elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo’ (1 P. 1.2). Ahí tienen exactamente el mismo orden [que en 2 Ts. 2.13]. Dios Padre nos conoció de antemano desde la eternidad, pero dependía de nosotros confiarnos o no en Cristo. Cuando creemos –la obediencia a la fe– estamos bajo Su sangre derramada, y nuestra salvación queda asegurada para siempre. A veces, las personas tratan de poner toda la responsabilidad en Dios y dicen: “Si Dios no me ha elegido, no puedo ser salvo”. Si confías en Cristo, entonces sabrás que Dios te ha elegido”.
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Ilustración de la elección y la presciencia
“Cuando Pablo y sus compañeros se dirigían a Roma, se desató una terrible tormenta y tuvieron que arrojar parte de la carga al mar para aligerar el barco... Entonces apareció un ángel y habló con Pablo, quien llamó al capitán y le dijo: ‘…ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave...’ (Hch. 27.22-24). ‘Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros’ (v. 31)”. 

Ironside escribe además: 

“Había presciencia de Dios. Todos serían salvados y ninguno se perdería. Pero entonces Pablo dijo: ‘Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros’ ¿No les había dicho ya que nadie perecería? Sí, esa era la parte de Dios. Luego dijo: ‘Si estos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros’. Esa era la parte que les correspondía (la responsabilidad humana). Eran responsables de que nadie abandonara el barco. En lo referente a la doctrina de la elección y la responsabilidad humana es así. Todos los que sean salvos estarán en el cielo porque fueron elegidos en Cristo [la presciencia divina] antes de la fundación del mundo y, sin embargo, todos los que sean salvos estarán allí porque, como pobres pecadores, pusieron su confianza en el Señor Jesucristo. Puede que digas: ‘No puedo armonizar esto’. No es necesario que lo hagas; solo créelo y sigue gozoso tu camino”.
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Conclusión: la responsabilidad personal en la salvación
    Concluimos este estudio sobre las ideas de H. A. Ironside acerca de algunos aspectos del calvinismo relacionados con la responsabilidad personal, extraídas de su libro What’s the Answer? (“¿Cuál es la respuesta?”). Bajo el título “Predestinación”, Ironside escribe:


“De las Escrituras se desprende claramente que Dios no desea que nadie perezca, sino que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Por lo tanto, el predicador del evangelio puede y debe proclamar sin reservas que todo aquel que quiera puede tomar del agua de la vida gratuitamente (Ap. 22.17). No se trata de que se nos permita aceptar a Cristo como Salvador, sino de una sincera exhortación a hacerlo. Ninguna persona se perderá jamás porque Dios no le permita ser salva. El Señor Jesús dijo: “No queréis venir a mí para que tengáis vida” (Jn. 5.40).4

David Dunlap, Bible and Life Newsletter (“Boletín de Enseñanza Bíblica”) Vol. 31, No. 5, 
1 diciembre, 2024, web: www.bibleandlife.org, traducido y adaptado, con permiso del autor.

NOTAS:

1. H. A. Ironside, What’s the Answer? (“¿Cuál es la respuesta?”), Zondervan, Grand Rapids, MI, 1944, p. 43    

2.H. A. Ironside, In the Heavenlies, Ephesians (“En los lugares celestiales: Efesios”) Loizeaux Brothers, Neptune, Nueva Jersey, 1953, p. 30    

3.H. A. Ironside, In the Heavenlies, Ephesians (“En los lugares celestiales: Efesios”) Loizeaux Brothers, Neptune, Nueva Jersey, 1953, págs. 31-32    

4.H. A. Ironside, What’s the Answer? (“¿Cuál es la respuesta?”), Zondervan, Grand Rapids, MI, 1944, p. 44

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 Cristo, la sabiduría de Su obra


“Por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos” (Is. 29.14).

El Señor Jesús aplica el pasaje de Isaías 29.13 a los fariseos, que hacía tiempo que habían dejado de adorar con el corazón (Mr. 7.6). Se pueden inclinar las cabezas, doblar las rodillas y pronunciar palabras piadosas con los labios, pero los corazones pueden estar lejos de Dios. Los suyos estaban tan envanecidos y alejados que no reconocieron ni recibieron a su propio Mesías. Muchos, tanto en el pasado como en la actualidad, han cometido el mismo error al seguir ritos religiosos y dejar de lado la revelación de Dios, sustituyéndola por sus propios razonamientos, preceptos y tradiciones.
    En el verso 14, el Señor hará que perezca la sabiduría de los sabios. En tiempos de Isaías, esta sabiduría había prometido un pacto con Egipto ante la amenaza asiria (Is. 28.15). Debido a su alejamiento de Él, el Señor promete una obra maravillosa. Aunque esto se cumplió principalmente en aquel día en que sufrieron la derrota y la sabiduría de sus líderes quedó reducida a la nada, el apóstol Pablo lo aplica a la predicación de la cruz (1 Co. 1.18-19). Los hombres, en su insignificante sabiduría, desprecian el evangelio del Señor Jesús. Muchos siguen las apariencias de la religión, como lo hicieron los fariseos, pero cuando se les observa de cerca, se ve que simplemente siguen el ejercicio de su propio orgullo inflado. En su hipocresía, buscan justificarse a sí mismos, pero en realidad llevan una vida impía y están lejos de Dios. Se niegan a recibir la predicación de la cruz, que les parece “locura” (1 Co. 1.23).
    La sabiduría natural proviene de la mente de los hombres a medida que ven y oyen, pero la sabiduría espiritual solo se obtiene mediante la fe en lo invisible. Para confundir a la sabiduría humana, Dios elige a los insignificantes y aparentemente débiles, que tienen una fe sencilla como la de un niño y confían en el Salvador. La mayoría de los primeros cristianos eran esclavos. Para los humildes y los ignorantes, Cristo les es sabiduría (1 Co. 1.30). Solo a través de Él se conoce todo el consejo y los propósitos de Dios.
    La última y maravillosa obra de sabiduría de Dios fue entregar a Su Hijo por una raza rebelde. Con ello, Él abruma la insignificante sabiduría de los hombres, como la luz del sol del mediodía abruma a una vela. 
    “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1.30).
    “…Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col. 2.2-3).
 

Howard Coles, Coleford, Inglaterra, traducido y adaptado del libro Day By Day Christ Foreshadowed (“Día A Día, Cristo Presagiado”) lectura del 18 de septiembre, Precious Seed Publications

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 Las Cinco Solas de la Reforma

El lema principal de la Reforma se conoce como "las cinco solas":
 

    · Sola Scriptura (Solo por la Escritura) 
    · Sola Fide (Solo por la fe)
    · Sola Gratia (Solo por la gracia)
    · Solus Christus (Solo Cristo)
    · Soli Deo Gloria (Solo a Dios la gloria). 


    Sin embargo, sus enseñanzas niegan al menos tres ellas: "Solo la Escritura", "Solo la fe" y "Solo a Dios la gloria".
    En lugar de "Solo la Escritura", enseñan las doctrinas de Agustín, Calvino y el Sínodo de Dort, que contradicen la Escritura. En lugar de "Solo la fe", enseñan que la salvación es por elección soberana y que Dios otorga la fe solo a los ecogidos, pues no ama a los demás ni desea su salvación. De este modo, no glorifican a Dios, lo que contradice la afirmación: "Solo a Dios la gloria". 
  

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 Peligros Pastorales
por Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior
3. El Poder y la Presunción

Asombrosamente, Saúl que primero se había escondido, luego empezó a ejercer el poder de su posición de modo imperioso. Desobedeció una clara instrucción de la Palabra de Dios. El profeta Samuel claramente le dio el encargo divino: “Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos” (1 S. 15.3). No podía haberlo dicho más claramente. Cuando Saul no hizo como Dios había mandado, el profeta Samuel le reprendió: “Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?” (1 S. 15.17). Dios le tomó de la tribu más pequeña y de una familia insignificante. Pero luego Saúl el rey, olvidando sus orígenes humildes, presumía de hacer lo que le parecía. De este modo rechazó la Palabra de Dios. Pero en lugar de humillarse, intentó justificarse con la excusa de que los animales que perdonaron eran para sacrificar al Señor. Samuel respondió con palabras que retumban por los siglos y llegan hasta nosotros:
“¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 S. 15.22). 
    ¡La gran lección aquí es que la obediencia a la Palabra de Dios es mejor que buenas intenciones! 
    Así que, la timidez es un peligro, pero otro es el poder y la presunción. Un anciano podría, quizás incluso con buenas intenciones, actuar por su cuenta, unilateralmente, y descuidar o desobedecer la Palabra del Príncipe de los pastores. Podría olvidar que no es dueño, sino siervo. Ningun hombre debe tomar el señorío sobre la grey del Señor. Muchos han fracasado como ancianos porque olvidaron quiénes eran, quién es el Señor, y de quién son las ovejas. Abusan de su poder y autoridad, y en su presunción causan problemas y dolores en la asamblea. Tristemente, a través de los años muchos santos han sido “empujados” en lugar de “guiados”. Que el Señor guarde a las asambleas del abuso de poder de los que deben servir como ancianos.     
    
                continuará, d.v. en el siguiente número

                del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea

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¿Debemos Diezmar?

Se conoce el caso de un creyente que emigró a otro país y encontró un lugar donde reunirse con otros creyentes. Escribió al pastor de su iglesia en su país de origen para darle la noticia y pedirle consejo.  El pastor le contestó: “Está bien que te congregues con ellos y escuches la Palabra, siempre que sigas enviando tus diezmos aquí”. En muchas iglesias se enseña a la gente a diezmar. Los pastores se esfuerzan por tener más miembros, porque eso significa más diezmos, más dinero para ellos. Estos pastores son los que más enseñan y defienden el diezmo, por razones obvias.
    Algunos suelen citar pasajes del Antiguo Testamento anteriores a la dispensación de la Ley, queriendo decir que no es solo cosa del pacto de la Ley. Por ejemplo, en Génesis 4.4 se menciona que Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas. Es cierto, pero nada dice de diez por ciento, sino que fue una ofrenda voluntaria, como dice el mismo verso: “miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda”. También citan Génesis 14.20, “Y le dio Abram los diezmos de todo”. Pero, ¿a quién se lo dio? No se los dio a Dios, sino a Melquisedec, el rey de Salem y sacerdote de Dios. No era obligatorio, sino algo puntual que hizo para mostrar su gratitud por la victoria. Otros citan a Jacob y su voto de diezmar a Dios (Gn. 28.20-22), cuando intentó ganarse la bendición divina prometiéndole parte de las ganancias.
    Pero la práctica de diezmar en las iglesias es incorrecta por varias razones.
    En primer lugar, Dios estableció el diezmo como una obligación para la nación de Israel. “Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año” (Dt. 14.22). No era una ofrenda, sino más bien un impuesto o tributo. En Deuteronomio 12.6 y 11 vemos la distinción entre los diezmos y las ofrendas voluntarias, porque el diezmo no era voluntario sino obligatorio. En Malaquías 3.8 Dios acusó a Israel de robarle, “en vuestros diezmos y ofrendas”.
    Segundo, según la Biblia el diezmo no era dinero, porque se trataba de la décima parte del rebaño, del huerto o de la siega de los campos (por ej., trigo, cebada; Lv. 27.30-34; Dt. 14.23, 28). La idea de dar a un pastor o a una iglesia la décima parte del dinero que ganamos es algo ajeno a la Biblia.

    Tercero, en el Nuevo Testamento, y específicamente en la Iglesia, no es enseñado ni practicado. Es interesante leer lo que los apóstoles enseñaron a las iglesias respecto al dinero. No mencionan el diezmo porque pertenece a Israel bajo la ley. En la Iglesia, en la época de la gracia, no diezmamos sino ofrendamos. 
    1 Corintios 16.2 enseña: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”. La ofrenda debe ser sistemática, deliberada. Es decir, el primer día, el domingo, los creyentes debían poner aparte su ofrenda. No era un diezmo, sino “según haya prosperado”, cosa que cada uno debía decidir. Hay tiempos de abundancia y otros de escasez, pero de lo que el Señor nos ha dado, debemos presentarle una ofrenda. Uno de los propósitos era evitar el anunciar ofrendas especiales cuando visitaba el apóstol. No se recibían dinero de los inconversos (3 Jn. 7). 
    2 Corintios 9.7 comenta que la ofrenda debe ser voluntaria. “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”. Cada creyente debe ofrendar, pero la cantidad no es determinada por ley ni por otras personas. “Como propuso en su corazón” significa que debe tomar su propia decisión. Si desea usar el diez por ciento como una guía para empezar, puede, pero no es diezmo sino ofrenda. No debe ofrendar con tristeza ni por necesidad, es decir, no por obligación, sino gozosamente, con el deseo de honrar a Dios. Ofrendar es un privilegio que corresponde solo a los creyentes. Proverbios 3.9 enseña: “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos”. ¿Nuestras ofrendas son por cumplir, o realmente honran a Dios?
    El Señor Jesús enseñó algo acerca de la limosna, y aunque habla de la ofrenda, el precepto es válido para ella: “Cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” (Mt. 6.3). Es un asunto privado, entre el individuo creyente y Dios. No se debe publicar. No hay que comprometerse a dar cierta cantidad. 
    En algunas iglesias distribuyen sobres a cada creyente o a cada familia, para todo el año, para que cada semana pongan el dinero adentro y apunten en el sobre su nombre y la cantidad y fecha. Es una práctica ajena al Nuevo Testamento, y viola los principios que hemos considerado.
    En cuanto a la ofrenda, es el privilegio y también la responsabilidad de cada creyente. "Dios ama al dador alegre" (2 Co. 9.7). Dios afirma que la ofrenda es como una siembra, y que luego, en el cielo, habrá una siega. El Señor nos enseña a hacer tesoros en el cielo, no en la tierra (Mt. 6.19-21). 
    A veces las iglesias en el Nuevo Testamento mandaban ofrendas a los siervos del Señor, como el apóstol Pablo, para ayudarle en su ministerio (Fil. 4.15-16). Pero estos hombres no recibieron diezmos ni ningún salario, sino dependían del Señor. Fueron encomendados a la gracia de Dios.
    El hermano William MacDonald nos recuerda que, bajo la ley, lo que los judíos diezmaban no se consideraba una ofrenda, sino una deuda. La ofrenda era algo distinto, algo más. Un cristiano bajo la gracia debe honrar a Dios mejor que aquellos que estaban bajo la ley. 
    Pablo, para enseñar a los corintios sobre la ofrenda, presentó el ejemplo de la ofrenda voluntaria de los creyentes de Macedonia, que eran pobres, como una manifestación de la gracia de Dios.

“Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios” (2 Co. 8.1-5)

Carlos

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 4 Cosas Necesarias En Juan 3

1. La Necesidad del Pecador   v. 7    “Os es necesario nacer de nuevo”.
Solo podemos entrar en el reino espiritual mediante un nacimiento espiritual. (Jn. 3.3-8)
 

2. La Necesidad del Salvador   v.  14    “Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado”.  Porque sin derramamiento de sangre no se hace remisión de pecados. (He. 9.22)
 

3. La Necesidad del Soberano   v. 30    “Es necesario que él crezca”.  Para que en todo el Señor tenga la preeminencia (Col. 1.18). Así lo quiere el Padre.
 

4. La Necesidad del Creyente y Siervo    v. 30    “...pero que yo mengüe”.
"Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí" (Gá. 2.20).  "Será magnificado Cristo en mi cuerpo" (Fil. 1.20).

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 “A Los Suyos”  

parte 2

“Y puestos en libertad, vinieron a los suyos”. Hechos 4.23

Era un lugar de alabanza para ellos. ¡Qué paradoja, teniendo en cuenta sus sufrimientos! Contaron su historia a los demás y después alzaron juntos sus voces en alabanza a Dios. Las circunstancias no les deprimían ni les derrotaban. Así ocurrió en una ocasión posterior en la que se reunieron con el concilio: cuando salieron, estaban alegres por haber sido dignos de sufrir afrenta por Su Nombre (Hch. 5.41). Asegurémonos de considerar la asamblea como un lugar donde los corazones y las voces se elevan en alabanza al cielo. No hay ejercicio más estimulante o más fortalecedor para los creyentes.
    Pero también era un lugar de oración para ellos. “Señor, mira sus amenazas” (v. 29). Este clamor revela que sufrían profundamente por la oposición. No eran insensibles al precio de la fidelidad al Señor. Pero las reuniones del pueblo de Dios les ofrecían un lugar donde podían expresar abiertamente sus necesidades ante Dios. Haríamos bien en recordar esto, ya que parece muy extendida la práctica de abandonar las reuniones de oración en nuestros días. Es gratificante observar en el estudio de Hechos los ejemplos documentados de oración colectiva. Tenemos tantas necesidades espirituales hoy en día que debemos aprovechar cada oportunidad de orar, no solo por otros, sino también con otros.
    Así fue como la asamblea se convirtió en un lugar de poder para estos hombres. “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló” (v. 31). En la persecución sentían su debilidad, y al ser puestos en libertad fueron a donde sabían que eran amados y podían amar. Este era un lugar donde la presencia divina les proporcionaba refrigerio y renovaba su poder para dar testimonio sin temor. Al salir de nuevo, daban su propio testimonio personal de la resurrección en el poder del Espíritu Santo. ¡Qué vitalidad tan dinámica la suya! No es de extrañar que impactaran a los de afuera. Entre ellos también había gracia. Habían venido “a los suyos”; unidos, y se fortalecían.
    ¿Sabemos hoy dónde están los nuestros? ¿Nos gozamos de reunirnos con los hermanos de la iglesia local, donde compartimos las cosas que pertenecen a nuestra fe? Quizás tengamos que cuestionar nuestra actitud ante la comunión de la iglesia. ¿Dejamos que la comodidad, y no la convicción, determine dónde creemos que el Señor quiere que estemos? ¿Cuál es nuestro compromiso con los nuestros? Que siempre tengamos ese instinto en nosotros, plantado por el Espíritu Santo y preservado por nuestra obediencia al Señor, de encontrar ese lugar que pueda describirse de verdad como “los nuestros”. Es aquí donde encontraremos una esfera creciente de gozo y utilidad.

por Arthur T. Shearman, traducido de Milk & Honey (“Leche y Miel”), Vol. XX, April, 2006, No. 4)

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 Cristo el Amigo

“Y amigo hay más unido que un hermano” Proverbios 18.24

Antes de ir a la cruz nuestro Señor llamó “amigos” a Sus discípulos: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer” (Jn. 15.14-15).
    ¿Por qué la amistad de Jesús toca una fibra tan sensible? Creo que la razón principal está en que muchas personas se sienten solas. Aunque están rodeados de otras personas, no están rodeados de amigos. Pueden estar también aislados considerablemente de los demás. Éste es reiteradamente el caso con los ancianos que han sobrevivido a sus contemporáneos.
    La soledad es cruel. Es dañina para la salud física, mental y emocional. Corroe el estado de ánimo, pone los nervios de punta y hace sentirse cansado de la vida. Con mucha frecuencia empuja a la gente a la desesperación y les induce a pecar o les lleva a cometer locuras. Para estas personas la amistad de Jesús llega con las propiedades sanadoras del bálsamo de Galaad.
    El Señor Jesús es el Amigo más unido que un hermano. Es el Amigo que ama en todo tiempo (Pr. 17.17).
    El hecho de que el Señor Jesús no está corporalmente presente con nosotros, no restringe la realidad de Su amistad. Él nos habla por medio de la Palabra y nosotros le hablamos en la oración. Es de esta manera que se hace real a nosotros como el Amigo que necesitamos.

William MacDonald, del libro De Día en Día, CLIE

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 EL TERCER MANDAMIENTO

“No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” (Éxodo 20.7).
Se trata del peor de los pecados de la lengua. La boca sucia expresa la suciedad de la mente y el alma. El nombre de Dios es Santo, y Él advierte que no tendrá por inocente al que profane Su nombre. 
    Hay muy pocos pecados que muestren más claramente lo sucio y depravado que es el corazón humano, y la podredumbre que yace allí. El ser humano muestra su vileza cuando abusa del nombre del Dios Santo, Justo, Perfecto, Bueno, Alto y Sublime. 
    El nombre de Dios es bello y admirable; es fuente de consuelo y esperanza para quienes le aman, por lo que debería ser invocado con reverencia. Sin embargo, es pisoteado y ensuciado cada día por personas que dicen creer en Él, así como por las que no. ¡Es absurdo que un ateo blasfeme el nombre de Dios, pero sucede a menudo! 
    Jesucristo nos enseñó a decir: “Santificado sea tu nombre” (S. Mateo 6.9), pero lo asocian a lo más sucio y asqueroso que surge de la mente humana. ¡El Nombre divino que los ángeles susurran, cantan y adoran, los pecadores lo utilizan para desahogar su ira y frustración! 
    ¿Ha dicho usted alguna vez una palabrota, una palabra soez, siquiera en voz baja? ¿O tal vez solo lo ha pensado? ¿Sabe lo malo y abominable que es asociar el Nombre de Dios o las cosas sagradas con algo feo, sucio o malo? ¿Diría usted que hace sus necesidades en su padre o en su madre? ¡Claro que no! ¿Y le gustaría que otros hablasen así de su madre? ¡Claro que no! Entonces, ¡mucho peor decir algo así con el Nombre de Dios!  El apóstol Pablo escribe: 

“Pero ahora, desechad también vosotros todas estas cosas: Ira, enojo, malicia, maledicencia, lenguaje obsceno de vuestra boca”
(Epístola a los Colosenes, 3.8 La Biblia Textual, Sociedad Bíblica Iberoamericana). 
“No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo” (Epístola a los Efesios, 4.29, Nueva Traducción Viviente).
“ni palabras torpes, ni groserías, ni truhanerías, que desdicen de vosotros, sino más bien acción de gracias” (Epístola a los Efesios, 5.4, Nácar-Colunga).
    Esto incluye los insultos, los términos denigrantes, y el uso de vulgarismos, tan común en la actualidad. Hacen referencia a los genitales o al acto sexual. Por ejemplo, llaman “puta” (prostituta) a las cosas o a la madre. No se trata de que los demás le perdonen, pues ha ofendido e insultado a Dios. Además, los adultos que hablan así son culpables de enseñar a los niños a blasfemar.
    ¿Lo ha dicho o pensado, aunque sea una palabrota disimulada, como “ostras” en lugar de “hostia”, o “me cachis” en lugar de la palabra más fea, o “me cachis en diez” en lugar de “... en Dios”, “... en la hostia”, o “... en el copón”, etc.? ¿Exclama el santo Nombre de Dios en un momento de frustración, ira o rabia? ¿Ha jurado o exclamado “¡Dios mío!” o “¡por Dios!” acerca de algo? El Salmo 139.19-20 dice: 
“De cierto, oh Dios, harás morir al impío; apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios. Porque blasfemias dicen ellos contra ti; tus enemigos toman en vano tu nombre”. 
Además, el Señor Jesucristo afirmó: 
“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12.36).
Lo sucio e irreverente que sale de la boca procede de un corazón malo y contaminado. Jesucristo dice:
“Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre” (Mateo 15.18-20). 

¡CULPABLE!
  En resumen, las blasfemias, los vulgarismos, las groserías y las palabrotas nunca están justificadas, pues Dios las condena. Son ofensas graves y Dios promete que quienes así hablan serán castigados. ¿Ha tomado el Nombre de Dios en vano? Entonces, ha violado la ley. ¡Basta ya de ofender a Dios con la boca!

    Solo el Señor Jesús puede perdonarle  y limpiar su corazon y boca. Un hombre le dijo a Jesucristo: "Señor, si quieres, puedes limpiarme" y el Señor le respondió: "Quiero; sé limpio" (Mateo 8.2-3). Él sufrió y pagó por todos nuestros pecados, incluso por blasfemar. ¿Por qué no se arrepiente y confía en Él ahora?
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2026
por la gracia de Dios


“Este mes os será principio de los meses; 
para vosotros será éste el primero en los meses del año” 

Éxodo 12.2

Las resoluciones de Año Nuevo suelen ser buenas, pero frágiles, es decir, se rompen fácilmente. Las oraciones de Año Nuevo, en cambio, son mucho mejores, porque ascienden al trono de Dios y ponen en movimiento las ruedas de la respuesta. Al llegar al comienzo de otro año, sería bueno hacer nuestras las siguientes peticiones: 

· Señor Jesús, hoy me consagro nuevamente a ti. Deseo que tomes mi vida este año nuevo, comenzando ahora, y que la emplees para tu gloria. “Que mi vida entera esté consagrada a ti, Señor”.

· Te pido que me guardes del pecado, de cualquier cosa que deshonre Tu Nombre.

· Hazme dócil por el Espíritu Santo. Quiero avanzar y crecer en Ti. No permitas que me quede atrapado en un bache ni que me desvíe del camino.

· Que mi lema este año sea: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Jn. 3.30). Toda la gloria sea para Ti, y ayúdame a no tocarla.

· Enséñame a orar y esperar en ti antes de cada decisión. Me aterroriza la idea de apoyarme en mi propia prudencia. “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jer. 10.23).

· Muera yo al mundo y aun a la aprobación o censura de la mi familia o de mis amigos (Ro. 12.1-2). Dame el deseo único y puro de hacer las cosas que agradan a Tu corazón. 

· Guárdame de murmurar y criticar a los demás (Sal. 141.3-4). Más bien ayúdame a hablar cosas edificantes y provechosas. 

· Guíame a las almas necesitadas. Sea yo amigo de los pecadores, así como Tú lo eres. Inunda mis ojos de lágrimas de compasión por los que perecen.

 “Miraré a la multitud como mi Salvador la vio, 
Hasta que mis ojos de lágrimas se llenen. 
Contemplaré con dolor a las ovejas errantes, 
Y por amor a Él,  las amaré”. 

· Señor Jesús, no permitas que me vuelva frío, amargado o cínico a pesar de todo lo que pueda pasarme en la vida cristiana.

· Guíame en la administración de mi dinero. Ayúdame a ser buen administrador de todo aquello que me has confiado (Mt. 6.19-21).

· Ayúdame a recordar momento a momento que mi cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Co. 6.19-20), y que esta tremenda verdad influya en toda mi conducta.

· Y, Señor Jesús, ruego que este sea el año de Tu retorno. Anhelo ver Tu rostro y postrarme a Tus pies en adoración. Durante todo este año, que se mantenga fresca en mi corazón la esperanza bienaventurada. Líbrame de todo lo que pudiera detenerme aquí, y guárdame en la cúspide de la esperanza. “¡Ven, Señor Jesús!” (Ap. 22.20).
William MacDonald, De Día en Día, CLIE












domingo, 30 de noviembre de 2025

EN ESTO PENSAD - diciembre 2025

 diciembre, 2025                                                                                                        Nº266

 ¿Era calvinista H. A. Ironside?

escribe David Dunlap

El estimado H. A. Ironside (1876-1951) predicó su primer mensaje en las calles del sur de California a la edad de 14 años. Se le conocía como el “muchacho predicador de Los Ángeles”. Más tarde se convertiría en un poderoso predicador, un prolífico autor y consejero espiritual de muchos. Escribió más de 80 libros y panfletos, y sus comentarios bíblicos ocupan 32 tomos. Era un estudioso de la Biblia y un lector ávido, pero nunca asistió a ningún seminario ni escuela bíblica. Era uno de los líderes cristianos más conocidos de su generación.(1)
     Sin embargo, a veces se pregunta si el evangelista H. A. Ironside era calvinista, o se da por sentado que lo era porque defendía algunas doctrinas que a menudo se asocian con la teología reformada, como la doctrina de la “seguridad eterna”. A esto hay que añadir que Ironside no temía utilizar los términos tal y como los utiliza la Biblia, por lo que, cuando algunos lectores se topan con términos como “predestinación” o “elección”, los interpretan como si fueran de significado calvinista.

H. A. Ironside y el calvinismo
     Ironside escribe, por ejemplo, con respecto a Juan 6.37, (2) “Dices que no crees en la elección o la predestinación. Entonces tendrás que arrancar varias páginas de tu Biblia, porque hay muchas que magnifican la gracia soberana de Dios en la elección”. Si nos detuviéramos ahí, podríamos decir: “¡Ajá! ¡Un calvinista después de todo!”. ¡Pero sigamos leyendo! Ironside continúa: 

“En ninguna parte de la Biblia se nos dice que Dios predestine antes del nacimiento a unos para la perdición y a otros para la salvación, pero las Escrituras dicen: ‘Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos’ (Ro. 8.29). Moody tenía razón cuando decía que “los que quieren son los elegidos, y los que no quieren, los no elegidos”. (3)


     Es bien sabido que H. A. Ironside defendía en algunas doctrinas consideradas calvinistas, como la seguridad de la salvación, la depravación total y la elección. Aunque a veces parecía calvinista, H. A. Ironside estaba más de acuerdo con las enseñanzas no calvinistas que con el calvinismo en lo referente a las doctrinas clave del Nuevo Testamento. Nos gustaría examinar los escritos de este respetado evangelista, maestro de la Biblia y teólogo.

La Depravación total
     El Dr. Ironside aborda esta doctrina explícitamente en su libro Illustrations of Bible Truth (“Ilustraciones de verdades bíblicas”), donde, bajo el título “Depravación total”, escribe:

“Muchos se oponen a la doctrina de la depravación total basándose en que todos los hombres son capaces de hacer algo bueno, aunque no sean salvos. Todos reconocemos el valor de la decencia en el comportamiento, de un espíritu bondadoso, de la generosidad en el cuidado de los necesitados y de otras virtudes similares. Es posible que haya muchas cosas en él que otros puedan admirar, pero es absolutamente incapaz de hacer la voluntad del Señor, ya que su corazón está completamente alejado de Dios y, por lo tanto, en lo que respecta a la santidad, es totalmente depravado. Solo el nuevo nacimiento —la regeneración mediante la Palabra y el Espíritu de Dios— puede capacitarlo para mantenerse en línea con la voluntad divina establecida en las Sagradas Escrituras. Por muy justo que pueda parecer a los ojos de sus semejantes, debido a este defecto fatal, toda su justicia es como trapos de inmundicia a los ojos de Dios”. (4)


La obra convencedora del Espíritu Santo
     Aunque Ironside se aferraba firmemente a la doctrina de la depravación total, discrepaba de los calvinistas en lo relativo a las doctrinas de la gracia irresistible y la elección incondicional. Ironside prefería los términos “la obra convencedora del Espíritu de Dios” o “la santificación del Espíritu”, términos que utiliza la propia Escritura. En cuanto a la obra convicta del Espíritu Santo en los no creyentes, escribió en su comentario sobre 1 Pedro:

“No hay nada fatalista ni arbitrario en la elección tal y como se enseña en las Escrituras. El evangelio debe predicarse a todos, y todos los que creen en él pueden estar seguros de que están entre los elegidos. A través de la santificación del Espíritu, es decir, su obra de separación, los hombres son despertados y llevados a ver su necesidad de Cristo”. (5)

     De los escritos de Ironside se desprende claramente que él sostenía la necesidad de la obra interior del Espíritu Santo en los individuos, pero también que esta puede ser resistida por los seres humanos caídos. En su obra, expone la enseñanza del Nuevo Testamento sobre la obra convicta del Espíritu Santo cuando escribe:

“En primer lugar, nadie vendría jamás a Cristo si no fuera por la obra convencedora y santificadora del Espíritu Santo de Dios. A menos que el Espíritu de Dios despierte a un hombre, a menos que el Espíritu de Dios le haga ver su condición perdida, le convenza de las tremendas verdades de las Sagradas Escrituras, ningún hombre se volverá jamás por sí mismo a Cristo. Es un hecho muy solemne, pero es un hecho.... Por otro lado, es muy posible que el Espíritu de Dios actúe con poder convicto en el corazón del hombre y, sin embargo, que este haga lo que hicieron los judíos en los días de Esteban. De ellos está escrito: ‘Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo’ (Hch. 7.51).

     Por lo tanto, es posible ser convencido por el Espíritu y, sin embargo, resistirse al Espíritu. Pero debe haber la obra convencedora del Espíritu de Dios o nadie vendría jamás a Cristo”. (6) 

continuará, d.v., en el número siguiente

NOTAS:

1. Nota del editor: de joven adulto, William MacDonald servía al hermano Ironside y aprendía de él (como un buey joven con un buey viejo). Tras la Segunda Guerra Mundial, se hizo cargo de la librería cristiana de Ironside en Oakland (California) y lo acompañaba a las reuniones y conferencias de la zona.

2.  H. A. Ironside, Addresses on the Gospel of John (“Discursos sobre el Evangelio de Juan”) Loizeaux Brothers, Neptune, NJ, 1959, págs. 251-252

3. H. A. Ironside, Addresses on the Gospel of John (“Discursos sobre el Evangelio de Juan”) Loizeaux Brothers, Neptune, NJ, 1959, p 252 

4. H. A. Ironside, Illustrations of Bible Truth (“Ilustraciones de Verdades Bíblicas”), Moody, Chicago, IL, 1945), p. 95

5. H. A. Ironside, Addresses on the First Epistle of Peter (“Discursos sobre la Primera Epístola de Pedro”) Loizeaux Brothers, Neptune, NJ, 1980, p. 14

6. H. A. Ironside, Addresses on the Second Epistle to the Corinthians (“Discursos sobre la Segunda Epístola a los Corintios”) Loizeaux Brothers, Neptune, Nueva Jersey, 1954, págs. 40-41 

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Cristo, el gran médico

Texto: Isaías 35.1-6

El Señor Jesús está infinitamente por encima de todos los demás médicos, ya que durante Su vida terrenal nunca fue derrotado por ninguna enfermedad. No necesitaba hacer largas pruebas ni diagnósticos para descubrir qué le pasaba a cada persona, sino que sabía al instante cuál era el problema cuando se le presentaba un caso. De hecho, conocía todos los detalles del historial médico de cada persona sin necesidad de consultar los registros.
    Como el Dios creador mismo, Él recorrió Israel ejerciendo la máxima compasión por Su criatura, el hombre, y dispensando curaciones sin costo alguno a Sus pacientes. Las complejidades de la vista, el oído y el habla, productos de Su diseño, de modo que Él sabía exactamente qué estaba mal, fueron restauradas en muchos. Incluso el hombre nacido ciego, que quizá necesitaba ojos nuevos (Jn. 9.6), fue completamente restaurado.  Los cojos recuperaron la movilidad de las extremidades sin necesidad de aprender a caminar ni de someterse a largas sesiones de fisioterapia.  Una vez curados, no solo podían caminar, sino que también podían correr y saltar. La lepra, como tantas otras enfermedades, aislaba a quienes la padecían, pero Él podía llegar hasta ellos y curarlos por completo. Estamos seguros de que aquellos a quienes curó podían mirar la carne y las extremidades restauradas que antes habían sido literalmente devoradas, y ver de nuevo la carne como la de un niño pequeño (2 R. 5.14). A menos que hubiera circunstancias especiales en las que tal vez fuera necesario alimentar la fe, todas sus curaciones eran instantáneas. Los tiempos de curación se comprimían en un instante. Incluso podía curar a distancia, sin haber visto al paciente.
    Lo único que se requería de los enfermos o de sus familiares, era el ingrediente esencial de la fe. Esto tiene un significado para nosotros hoy en día, ya que podemos identificarnos con el hombre cuyo hijo estaba poseído por un demonio: “Creo; ayuda mi incredulidad” (Mr. 9.24). Todo esto nos lleva al día en que se cumplirá por fin la profecía de Isaías 35, cuando se eliminarán todas las consecuencias tristes del pecado que sufren los hombres. Entonces llegará el maravilloso y anhelado día de Su llegada en gloria y la inauguración del Reino de los Cielos sobre esta tierra enferma de pecado.
      El dolor y los suspiros desaparecerán, y habrá alegría y gozo. Isaías 35.10 promete: “Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido”.

Howard Coles, Coleford, Inglaterra, traducido del libro Day By Day Christ Foreshadowed  

(Día A Día, Cristo Presagiado) lectura del 17 de septiembre, Precious Seed Publications

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 La Navidad: Una Tradición y Celebración

 Establecidas por el Papa

Lucas 2.8 informa de que los pastores “velaban y guardaban” (gr. agrauleo), es decir, posaban, incluso de noche, “alojándose en un redil en un campo” (Vine). Esto indica que Cristo no nació en diciembre, ya que, debido a las inclemencias del tiempo invernal, los rebaños se recogían en octubre y no salían de nuevo hasta la primavera. Esa temporada todavía hoy es de nieve, viento y temperaturas bajas en Israel. ¿Cómo, pues, se llegó a celebrar el nacimiento de Jesucristo en diciembre? Un artículo de la revista National Geographic explica: 

“El mismo 25 de diciembre ya era una fecha de celebración para los romanos. En esta ocasión festejaban el Sol Invictus, un culto a la divinidad solar asociado al nacimiento de Apolo, dios del Sol... El emperador Constantino, encargado de establecer de forma oficial la fecha para la conmemoración del nacimiento de Jesús en el Imperio Romano, actuó con el apoyo del pontífice del momento: el papa Julio I. La jerarquía católica fijó la Navidad el 25 de diciembre, una fecha arbitrariamente escogida para favorecer la conversión de los paganos”.

    Pese a que sean ciertas estas cosas, hoy en día, pocos tienen la convicción o la fuerza moral necesaria para efectuar un cambio. Es más fácil dejarse llevar por la corriente, por el sentimentalismo, e intentar “cristianizar” algo que carece de base bíblica.

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 Peligros Pastorales

Stephen Hulshizer (1941-2019)

viene del número anterior


2. La Timidez

Al principio de 1 Samuel 10, Saúl fue ungido en privado por Samuel, para ser rey de Israel. Luego en el mismo capítulo Samuel convocó al pueblo para presentarle públicamente. Hizo pasar delante suyo a las tribus y familias para manifestar la elección divina de Saúl. Pero cuando llamaron a Saúl, “le buscaron, pero no fue hallado” (1 S. 10.21). Tristemente, después de que el Señor le había indicado, Saúl se escondió “entre el bagaje” (v. 22).
    A primera vista uno podría pensar que eso solo era su humildad, pero realmente era temor – la timidez. De modo similar, es posible que el Espíritu Santo prepare a uno como anciano (Hch. 20.28) –como solo Él puede hacer– pero que luego ese hermano se niega, o evade la responsabilidad. 
    ¿Podría ser que muchos ancianos fallan así, y no hacen la obra porque les falta convicción de que el Señor los ha levantado para esa obra tan importante? La falta de convicción conducirá a temeridad e ineficacia. Pueden preocuparse por su comodidad, o desear tanto ser amigos de todos, que no actúen como deben. Pero si Dios le ha levantado para servir en este ministerio, debería avanzar con denuedo santo, ponerse en la brecha y servir. 
     Para servir al Señor, es necesario el temor de Dios, no el del hombre. “El temor del hombre pondrá lazo” (Pr. 29.25). Hay que ser valiente en las cosas de Dios. 
     Moisés tuvo que reprender a Faraón. Un varón de Dios tuvo que reprender al sumo sacerdote Elí (1 S. 2.27). Samuel reprendió al rey Saúl (1 S. 15). El profeta Natán tuvo que reprender al rey David (2 S. 12.7). Elías reprendió al rey Acab. Reunió a todo Israel sobre el monte Carmelo para una confrontación con los profetas de Baal. Jeremías tuvo que ponerse en el templo y denunciar en nombre de Jehová a los que entraban a adorar (Jer. 7-10). Cuando Dios le llamó a servir, le dijo: “No temas delante de ellos” (Jer. 1.8, 17). “Pelearán contra ti” (Jer. 1.19). Al profeta Ezequiel le dijo: “no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque son casa rebelde” (Ez. 3.9). Juan el bautista tuvo que reprender a Herodes y Herodías por su matrimonio adúltero (Mt. 14.4), “no te es lícito tenerla”. Servir a Dios no es fácil. Serle fiel, anunciar y ejecutar Su Palabra puede provocar crítica, odio y censura. Hay que hacerlo a grandes y pequeños, sin acepción de personas (Ro. 2.11). Es necesario vencer el temor del hombre con el temor de Dios. Él es el Juez, y es ante Su tribunal que todos compareceremos. 
    Cuando Pablo fue llamado a ser apóstol, no hubo demora de su parte. Claramente se identificó así: “apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios” (1 Co. 1.1; 2 Co. 1.1; Ef. 1.1; Col. 1.1; 1 Ti. 1.1). Entendía que era llamado a ser apóstol a los gentiles. Pedro también entendió su llamamiento y se identificó como “anciano” (1 P. 5.1). También exhortó a otros ancianos: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto” (1 P. 5.2). No les consiente la vacilación, sino les exhorta a actuar con ánimo pronto. 
    David, el pastor de ovejas, no manifestó timidez cuando se acercó a la batalla y vio a Goliat desafiando al pueblo de Dios y blasfemando. Como verdadero pastor, se ofreció y corrió a la línea de combate. Confiaba que la batalla estaba en las manos de Dios. 
    Pablo exhortó a Timoteo a avivar el fuego del don que había en él, recordándole que “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Ti. 1.7).
    Pero también deben ser humildes, no altivos, los que el Señor llama a pastorear a Sus ovejas. Existe el denuedo con humildad. No es necesario ser bruto para ser valiente. 
    Pablo, que claramente conocía su llamamiento, también se clasificó como “el primero” de los pecadores (1 Ti. 1.15), “el más pequeño de los apóstoles” (1 Co. 15.9), y “menos que el más pequeño de todos los santos” (Ef. 3.8). Hay que ser humildes sin ser temerosos.
    La timidez es un peligro para los ancianos. Puede venir de falta de convicción de que el Espíritu Santo les haya levantado para pastorear a la grey del Señor. También puede ser porque ven su propia insuficiencia (2 Co. 2.16), y es bueno que la vean, para confiar en el Señor. Quizás algunos no creen que Dios pueda capacitarles para hacer la obra. La timidez puede ser fruto del amor propio, o de prioridades incorrectas en su vida – si pone a la carrera, la familia o la comodidad antes que el Señor.
    Ante los temores, recuerda el remedio de David. “Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores” (Sal. 34.4). “En el día que temo, yo en ti confío” (Sal. 56.3).                    

 continuará, d.v. en el siguiente número
del libro Peligros Pastorales, publicado por Libros Berea

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Cuando Spurgeon Se Convirtió

El 6 de enero de 1850, Dios salvó a Charles Haddon Spurgeon a la edad de 15 años. Sucedió de una manera muy inusual. Aunque había sido criado por padres y abuelos cristianos, la condición espiritual de Spurgeon era miserable. Sus oraciones parecían no recibir respuesta. Dios parecía estar distante. Su alma estaba atormentada. A continuación, transcribimos su relato de ese día, tomado de su Autobiografía.
    “A veces pienso que podría haber estado en la oscuridad y la desesperación hasta ahora si no hubiera sido por la bondad de Dios al enviar una tormenta de nieve, un domingo por la mañana, mientras me dirigía a un lugar de culto. Cuando no pude seguir adelante, giré por una calle lateral y llegué a un pequeño local de la iglesia metodista primitiva. En él había tal vez una docena o quince personas. Había oído hablar de los metodistas primitivos, de cómo cantaban tan fuerte que a la gente le dolía la cabeza, pero a mí no me importaba. Quería saber cómo podía ser salvo y, si ellos podían decírmelo, no me importaba lo mucho que me doliera la cabeza. 
    El ministro no vino esa mañana; supongo que se quedó aislado por la nieve. Por fin, un hombre muy delgado (un zapatero, sastre o algo por el estilo), subió al púlpito para predicar. Ahora bien, es bueno que los predicadores estén instruidos, pero este hombre era realmente ignorante. Se vio obligado a ceñirse a su texto, por la sencilla razón de que no tenía mucho más que decir. El texto era:

“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra” 
(Is. 45.22).

    Ni siquiera pronunciaba las palabras correctamente, pero eso no importaba.  Creí ver una esperanza para mí en ese texto. El predicador comenzó diciendo: “Mis queridos amigos, este es un texto muy sencillo. Dice: ‘Mirad’. Ahora bien, mirar no cuesta mucho esfuerzo. No hay que levantar el pie ni el dedo; solo hay que ‘mirar’. En realidad, no hace falta ir a la universidad para aprender a mirar. Puedes ser el mayor tonto y, sin embargo, puedes mirar. Un hombre no necesita ganar mil libras al año para poder hacerlo. Cualquiera puede mirar; incluso un niño puede mirar. Pero entonces el texto dice: “Mirad a mí”

    ¡Ay! —dijo él, con su acento de Essex—, muchos de vosotros estáis mirando en vuestro interior, pero no sirve de nada hacerlo. Nunca encontraréis consuelo en vosotros mismos. Algunos miran a Dios Padre. Pero, mirad a Él más adelante. Jesucristo dice: “Mirad a mí”. Algunos de vosotros decís: “Debemos esperar a que el Espíritu actúe”. Eso no os incumbe ahora mismo. Mirad a Cristo. El texto dice: “Mirad a mí”. Luego, el buen hombre continuó con su texto de esta manera: “Mirad a mí”; estoy sudando grandes gotas de sangre. “Mirad a mí”; estoy colgado en la cruz. “Mirad a mí”; estoy muerto y enterrado. “Mirad a mí”; resucito. “Mirad a mí”; asciendo al cielo. “Mirad a mí”; estoy sentado a la diestra del Padre. ¡Oh, pobre pecador,”Mirad a mí”, “Mirad a mí”! dice Jesucristo. 

Traducido. El artículo completo se halla en inglés en la siguiente dirección: 
https://founders.org/articles/the-remarkable-conversion-of-charles-spurgeon/

    Vemos que había pocas personas en la reunión, y quizás el único inconverso presente era el joven Spurgeon. No estaba presente el pastor, y el hombre que se levantó a predicar no tenía grandes conocimientos ni era un orador elocuente. Sin embargo, el poder está en la Palabra de Dios, pues el evangelio “es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Ro. 1.16). Así que, seamos fieles en predicar el evangelio, y no nos desanimemos por las circunstancias. Dios bendice Su Palabra y promete que ella no volverá a Él vacía (Is. 55.11).
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 “A Los Suyos”

“Y puestos en libertad, vinieron a los suyos”. Hechos 4.23


Mirando el contexto de estas palabras, es evidente que los apóstoles sintieron un gran alivio al ser “puestos en libertad”. Habían sido acusados ante el sumo sacerdote, su familia y los gobernantes, junto con los ancianos y los escribas. Gracias a los acontecimientos dramáticos relacionados con la curación del hombre cojo en la puerta del templo, quedó claro que había un poder extraordinario no solo en la predicación de los apóstoles, sino también en los hechos que la acompañaban. Vieron la audacia de Pedro y de Juan, y se fijaron en que eran personas indoctas y sin instrucción, hombres sencillos sin educación superior. No podían sino reconocer que habían estado con Jesús, ¡maravillosa recomendación! Tuvieron que admitir que se había realizado un milagro, pero aun así tomaron medidas severas para poner fin a sus actividades (v. 17). Pedro y Juan, sin embargo, estaban impulsados por una fuerza que los gobernantes no podían entender: “no podemos dejar de decir”. Así que les amenazaron, y les pusieron en libertad (v. 21). Mientras que los sacerdotes y los gobernantes murmuraban, todo el pueblo glorificaba a Dios por lo que se había hecho. “Y puestos en libertad, vinieron a los suyos”. Tenían a dónde ir. No obraban aisladamente, ni eran personas desconectadas de otras del mismo sentir. 
    Nos conviene meditar cuidadosamente estas palabras: “vinieron a los suyos”. Incluso en aquellos primeros días de la historia de la iglesia, había grupos de personas que tenían como prioridad los intereses de su Señor; estaban puestos en ciudades y pueblos como testimonio, proveyendo lugares de refugio y comunión para los santos perseguidos. Imaginamos que aquellos que fueron “puestos en libertad” sabían dónde estaba su hogar espiritual. Consideremos esta situación, y apliquemos su relevancia a la asamblea local de hoy. Es de gran valor conocer el lugar donde nos podemos reunir en armonía con creyentes del mismo sentir, y compartir su comunión con el Señor.
continuará, d.v. en el número siguiente

     por Arthur T. Shearman, traducido de Milk & Honey (“Leche y Miel”), Vol. XX, April, 2006, No. 4)

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 La Calma

La calma nos puede ser todo un desafío. Cierto día, Jesús quiso usar cinco panes y dos peces para alimentar a 5.000 hombres hambrientos, más mujeres y niños. Así que, bajo sus órdenes, “se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta” (Marcos 6.40). Sin alboroto y sin prisa – ¡Él estaba al control! Cuando fue sepultado, lo envolvieron en 34 kilos de ungüentos y telas, y lo colocaron en una cueva con una inmensa piedra en la puerta y una guardia romana apostada afuera las 24 horas del día. ¿Cómo iba a salir? ¡Sin pánico! Él se levantó de los muertos y atravesó todo en silencio. Cuando Pedro llegó, encontró “el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte” (Juan 20.7). El Salvador incluso se tomó el tiempo de doblarlo. Él siempre hace todo con calma y orden. ¡Y así es como está trabajando en tu vida también! 

del libro Devoción a Diario, por Juan Dennison,
Publicaciones Pescadores y Libros Berea

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EL SEGUNDO MANDAMIENTO

No te harás imagen
ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás”.  

Éxodo 20.4-5

El Belén (o nacimiento) del Vaticano

Este mandamiento incluye cualquier uso religioso de iconos, imágenes, esculturas de barro, piedra, madera, metal, u otros materiales. Dios lo prohíbe tajantemente. Además del texto citado anteriormente de Éxodo 20, está el de Deuteronomio 4.15-18, que en la Biblia católica dice:
    “Puesto que el día en que os habló Yavé de enmedio del fuego, en Horeb, no visteis figura alguna, guardaos bien de corromperos haciéndoos imagen alguna tallada, ni de hombre ni de mujer, ni de animal ninguno de cuantos viven sobre la tierra, ni de ave que vuela en el cielo, ni de animal que repta sobre la tierra, ni de cuantos peces viven en el agua, debajo de la tierra” (Nácar-Colunga). 
    Extrañamente, los católicos de todo el mundo creen que sus imágenes son una excepción a este mandamiento. Consideran que se refiere a imágenes paganas, no a las cristianas. Sin embargo, no existen imágenes cristianas, ya que Dios las prohíbe, y esta prohibición no se limita al Antiguo Testamento. Pero como es algo que han visto toda la vida, les cuesta creer que sea algo malo. Así, practican religiosamente lo que Dios llama pecado.
    Algunos argumentan que se trata de costumbres inofensivas de su cultura. Otros se quejan y dicen que no las adoran, sino que las veneran, y que les ayudan a recordar y a mostrar devoción. Pero deben preguntarse: ¿qué dice Dios al respecto? Al parecer, muchos no se molestan en considerar esto. La respuesta es clara y sencilla: “No te harás imágen ni ninguna semejanza...”. Por tanto, lamentablemente, cualquier uso de imágenes es exactamente lo que Dios prohíbe. 
    Pero hacen y utilizan imágenes, las ponen en plazas, en templos y capillas, en sus casas, las llevan en procesiones (especialmente en “Semana Santa”), se inclinan ante ellas y les rinden culto. Los belenes de Navidad, siempre populares, son ídolos. Besar la imágen del niño Jesús es idolatría. Todo eso es romper el segundo mandamiento. Por sincera que sea, si la tradición rompe los mandamientos de Dios, es una tradición pecaminosa. ¿Realmente te atreves a decir que muchos lo hacen y por eso no es nada malo? Recuerde el refrán: “Mal de muchos, consuelo de tontos”.
    Nadie puede negar que en el catolicismo las imágenes son una fuente de ingresos para la Iglesia y para quienes las crean y venden. En el Nuevo Testamento, los únicos que utilizaban imágenes eran los paganos, por ejemplo, los de Éfeso, Atenas y Corinto. Los santos apóstoles de Cristo denunciaron todo uso de imágenes como idolatría y vanidad, y nunca se permitió su uso en una iglesia cristiana. Considera lo que el apóstol san Pablo anunció públicamente en Atenas acerca de las imágenes: 

No debemos pensar que la divinidad es semejante al oro, o a la plata, o a la piedra, obra del arte y del pensamiento humano. Dios, disimulando los tiempos de la ignorancia, intima ahora en todas partes a los hombres que todos se arrepientan(Hechos de los Apóstoles 17. 29-30 Nácar-Colunga). 
    Según el texto bíblico, ¿de qué debían arrepentirse, si no era del uso de imágenes? Dios no es semejante a ellas ni puede ser representado por ninguna obra de arte, dice el apóstol en su doctrina (dogma). Por tanto, quienes tienen y usan imágenes no son cristianos apostólicos. Se parecen más a la Roma pagana que a la Iglesia cristiana de la Biblia.

    Amigo lector, ¿reconoce y se arrepiente de su  pecado de idolatría, o es un defensor acérrimo de sus tradiciones que violan la Ley de Dios? ¿Ha utilizado alguna vez una imagen con algún fin religioso, como la adoración o la veneración, o como accesorio o ayuda para ello? ¿Se ha inclinado alguna vez ante una figura, le ha rezado o la ha besado? ¿Ha servido de costalero para llevar una imagen en una procesión? ¿Tiene alguna imagen o figura, estampa o crucifijo en su casa o lugar de trabajo, o un “Sagrado Corazón” en su puerta? ¿Es usted inocente o culpable de la idolatría?  No diga que solo es su cultura.
    Quizás sea el principal pecado de las personas religiosas, pero les cuesta reconocerlo porque lo hacen de corazón y está muy arraigado en su interior. Si ha hecho o hace alguna de estas cosas, entonces no ha cumplido los Mandamientos, sino que es culpable de idolatría. Ahora bien, si reconoce su pecado, se arrepiente y confía en el Señor Jesucristo, “todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos de los Apóstoles 10.43). 
 

- - - - - - - - edición especial diciembre 2025 - - - - - - - -

             La tradición pagana que dio origen            al árbol de navidad

Ya lo ponían los babilonios

 
Roma: el árbol de navidad del Vaticano

 escribe J. M. Sadurní, especialista en actualidad histórica (Historia, National Geographic)

El cristianismo adoptó y transformó las costumbres paganas relacionadas con el culto a los árboles sagrados.
    Un profeta del siglo VII a.C. llamado Jeremías dijo que "las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva" (Jer. 10.3-4). Jeremías se refiere a la vanidad de adorar "objetos sin valor", propia de los paganos, en vez de venerar al Señor, "el Dios verdadero".
    A pesar de que el árbol de Navidad no existiese como tal, estos versículos revelan que cortar un árbol para adornarlo o, como hacían los babilonios, para dejar regalos debajo del mismo, es una costumbre ancestral. 
    Tertuliano, a quien algunos llaman "padre" de la iglesia, y escritor que vivió entre los siglos II y III d.C., critica los cultos romanos paganos de colgar laureles en las puertas de las casas y encender luminarias durante los festivales de invierno.
    De hecho, los romanos adornaban las calles durante las Saturnales, pero fueron sobre todo los celtas quienes decoraron los robles con frutas y velas durante los solsticios de invierno.
    Era una forma de "reanimar" el árbol y asegurar el regreso del Sol y de la vegetación. Y es que desde tiempos inmemoriales, el árbol ha sido un símbolo de la fertilidad y de regeneración.
    El cristianismo (más precisamente la cristiandad) adoptó y transformó estas tradiciones paganas ante la imposibilidad de erradicarlas. Un "misionero" católico (era monje benedictino, 672-754 d.C.) llamado Bonifacio taló un árbol ante la mirada atónita de los lugareños y, tras leer el Evangelio, les ofreció un abeto, un árbol de paz que "representa la vida eterna porque sus hojas siempre están verdes" y porque su copa "señala al cielo”.
    A partir de entonces se empezaron a talar abetos durante la Navidad, y por algún extraño motivo se colgaron de los techos. Martín Lutero puso unas velas sobre las ramas de un árbol de Navidad porque, según dijo, centelleaban como las estrellas en la noche invernal.
    Esta costumbre se fue generalizando y actualmente dos ciudades bálticas se disputan el mérito de haber erigido por primera vez un árbol de Navidad en una plaza pública: Tallin (Estonia) en 1441 y Riga (Letonia) en 1510.

de la revista Historia, por National Geographic, diciembre 2023, adaptado

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            DIOS MANDA:

 
"No te harás imagen, ni ninguna semajanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra... no te inclinarás a ellas, ni las honrarás".

Éxodo 20.4-54
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El árbol sagrado en un sello babilónico
 
El árbol sagrado de los egipcios


 
Sargon rinde culto al árbol sagrado



                            Unos espíritu frenta a un árbol sagrado, del palacio de Nimrod.                                     

El árbol sagrado celta de la vida
 
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Los templos católicos se adornan así para la Navidad, pues Roma sigue las costumbres de la antigua Babilonia.
Pero ¿por qué se unen a ellos algunas iglesias evangélicas? Imitan a los del mundo, y deshonran y desagradan a Dios.